Mostrando entradas con la etiqueta copago. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta copago. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de diciembre de 2018

Faltan medicamentos (lo barato es caro)


El 1 de enero bajan la mayoría de medicamentos, unos céntimos: nos ahorraremos 8,44 millones de euros en la farmacia. Pero lo que parece una buena noticia, no lo es: los medicamentos llevan bajando desde 2010 y su precio no compensa en algunos casos, con lo que los laboratorios dejan de producirlos o los exportan a paises europeos donde cuestan un 30% más, como también hacen (fraudulentamente) algunos mayoristas y farmacias. El resultado es el desabastecimiento: han faltado más de 1.000 medicamentos a finales de noviembre y ahora hay más de 400 en falta. Los recortes de precios impuestos se nos han vuelto en contra: el que muchos medicamentos cuesten menos que un café (el Adiro, 1,48 euros, aunque un jubilado paga 15 céntimos) desalienta la oferta de fármacos y la investigación de otros nuevos, además de hundir a las pequeñas farmacias. Urge racionalizar el gasto por otras vías y saber que luchar contra las enfermedades es caro y no se puede racanear, porque es contraproducente. Lo barato es caro.


A finales de noviembre, saltó la alarma: llegó a haber más de 1.000 medicamentos con problemas de suministro, que no se encontraban en muchas farmacias, algunos muy populares como Nolotil, Adiro o Dalsy. Ahora, algunos se han repuesto, pero hoy todavía hay 405 medicamentos con desabastecimiento, según este listado que publica la Agencia española del Medicamento (AEMPS). El año 2017 llegó a haber 900 con problemas. Y eso que este listado sólo incluye los medicamentos con “desabastecimiento, pero los farmacéuticos tienen otro listado, el CISMED, que incluye los medicamentos  con “problemas de suministro”, donde hay más demanda que oferta, un barómetro previo al desabastecimiento y que detecta medicamentos “difíciles de conseguir” para las farmacias cada día.

El desabastecimiento de medicamentos provoca muchos problemas, sobre todo a los pacientes, que se ven obligados a hacer una “ronda de farmacias” para buscarlos y luego ir al médico para que les recete otro alternativo (casi todos lo tienen), que suele causar problemas a los más ancianos (porque cambia la caja o el color o el tamaño de las pastillas). Para los médicos es otro problema, porque colapsa más las consultas de los Centros de salud pidiendo el cambio de medicamento. En los hospitales, las encuestas revelan que el 25% sufren problemas de suministro a diario y el 45% semanalmente, con lo que gestionarlo les lleva 5 horas semanales. Y las farmacias pierden también mucho tiempo llamando a almacenes para encontrar medicamentos o vacunas. Y además, se ha denunciado que las farmacias rurales y las pequeñas tienen más difícil encontrar las medicinas que escasean.

¿Por qué faltan algunos medicamentos? En un 38% de casos, se debe a problemas en el proceso de fabricación del medicamento, según el análisis hecho por la Agencia (AEMPS) de los 590 medicamentos en falta el primer semestre de 2018. Un proceso que es complejo y multinacional: el principio activo se compra en un país (muchos en China e India), se empaqueta en otro y se vende en un tercero, con lo que cualquier problema trastoca la cadena y el suministro final. Es lo que pasó con Adiro: la materia prima (acido acetil salicílico) se produce en Asturias pero Bayer lo envía a Alemania para su envasado y ha chocado con obras en la planta de Leverkusen, provocando desabastecimiento, que intenta resolver  importando las cajas de su fábrica de Milán. En el caso de Nolotil, el laboratorio que lo vende (Boehringer) compra el principio activo (metamizol magnésico) a Sanofi, que ha tenido problemas de suministro y como vende en 100 paises, elige cómo repartir la escasez. En otros casos, se ha debido a un incremento puntual de la demanda (12%) o a un “retraso en la entrega” (21% según la AEMPS). Muchas veces, la multinacional farmacéutica tiene un pico de demanda en un país y “desvía” medicamentos de otro: es lo que pasó en 2017 con Clexane (heparina), en falta en España porque se exportó parte de la producción fabricada en España a Alemania (donde la pagan más cara).

Pero en un 47% de los casos, los desabastecimientos de medicamentos se deben “a causas desconocidas”, según una reciente denuncia de la Federación Internacional Farmacéutica (FIP), que pide “más transparencia” sobre un problema sanitario grave, que afecta a toda Europa, no sólo a España. Y en este 47%, muchos expertos incluyen una causa que cada vez cobra más peso, sobre todo en España: el bajo precio de los medicamentos. “El desabastecimiento de medicamentos se debe a los bajos precios en España”, denunció en octubre el Colegio de Farmacéuticos de Orense. Y es que, con las rebajas impuestas desde 2010, el 55% de los medicamentos tienen un precio de venta con IVA inferior a 3,50 euros (los usuarios pagamos 1,40 euros o menos). Y con estos precios, a muchos laboratorios no les compensa fabricarlos. Y como venden en 100 paises, planifican para venderlos en los paises con los precios más caros, exportando cada vez más los medicamentos que se fabrican en España. Baste recordar que España es uno de los paises europeos con los medicamentos más baratos, sólo por delante de Portugal, Eslovenia, Letonia y Estonia. Y una medicina cuesta de media un 33% menos en España que en Alemania, Luxemburgo, Finlandia, Bélgica o Irlanda y un 16% menos que en Francia o Italia.

Con estas diferencias de precio, la tentación de vender fármacos en otros paises, a costa de reducir la oferta en España, es muy grande. Baste decir que las exportaciones  de medicamentos se han multiplicado por 18 entre 1995 (562 millones de euros) y 2017 (10.061 millones), aunque este año bajan un 4% (7.719 millones hasta septiembre). Y luego están las exportaciones paralelas (“comercio inverso”), las que hacen fraudulentamente almacenes mayoristas y farmacias (limítrofes con Portugal o Francia), para vender medicamentos que debían  ir a farmacias españolas a paises que los pagan el doble o el triple.


Por todo esto es preocupante que el Gobierno Sánchez haya aprobado otra Orden ministerial para bajar los medicamentos el 1 de enero de 2019, como se viene haciendo desde 2010, en aplicación del sistema de precios de referencia, creado en 1997 para pagar menos a los laboratorios por las medicinas: la sanidad pública solo financia un precio máximo por medicamento recetado y si el fármaco tiene un precio superior, el farmacéutico está obligado a suministrar al paciente un medicamento más barato, preferentemente genérico (con la patente caducada). Es una forma de presionar a la baja los precios de los medicamentos de marca y forzar la venta de genéricos (más baratos), que ya suponen en España el 81% de los medicamentos vendidos y el 55% de las ventas.

Ahora, el Gobierno ha revisado a la baja el precio de 15.500 presentaciones farmacéuticas (se venden 17.500), la mayoría medicamentos que se venden en farmacias (12.825) y 2.916 utilizados en hospitales. Todos bajan unos céntimos y las mayores rebajas (ver listado nuevos precios) se notarán en algunos ibuprofenos (que bajan del 65 al 81%, medicamentos contra el colesterol (bajan del 5,25% al 48%), anticonceptivos y medicamentos contra el asma. La rebaja para los particulares será de 8,44 millones, pero los laboratorios recortarán sus ingresos otros 248,25 millones en 2019, según los datos de Sanidad.

Los riesgos de esta nueva rebaja de medicamentos son básicamente dos. Uno, que se agrave el desabastecimiento de algunos medicamentos, ahora que los laboratorios van a cobrar menos por ellos, aunque el Gobierno no ha bajado nada 29 medicamentos básicos para “evitar una indeseable situación de falta de suministro de medicamentos esenciales”, como reconoce textualmente la Orden de Sanidad. Y la otra, que los laboratorios reduzcan su investigación de nuevos fármacos, tras 8 años de recortes de precios. De momento, el sector farmacéutico ha subido su gasto en I+D+i (1.147 millones en 2017, el 20% de toda la investigación industrial hecha en España) y somos el segundo país del mundo, tras EEUU, con más ensayos clínicos de medicamentos. Pero los laboratorios instalados en España producen menos fármacos innovadores: sólo lo son 2 de cada 10 medicamentos autorizados. Y llevamos 18 años sin nuevos fármacos contra el Alzheimer, 20 años sin nuevos antibióticos y 30 años sin ansiolíticos innovadores, según denunciaron los farmacéuticos de Orense.

La otra consecuencia negativa de que las medicinas cuesten menos que un café es que las rebajas de precios están afectando muy negativamente a las cuentas de las 22.046 farmacias españolas, que no son “unas tiendas más” sino un eslabón clave del sistema sanitario (el más cercano y “confiable”). La mayoría de las farmacias venden más medicamentos que en 2010, dispensan más recetas, pero facturan menos, entre un 10 y un 20% menos, y además les han bajado los márgenes. Y el mayor problema se concentra en las 3.000 farmacias que venden menos de 300.000 euros, sobre todo las 903 farmacias rurales con “viabilidad económica comprometida” y que malviven gracias a ayudas autonómicas.

Los riesgos de esta política de precios de los medicamentos, muy alejados de Europa, son claros. Y la ventaja, el ahorro en la factura farmacéutica, no es tan evidente: el gasto en farmacias se rebajó del récord de 11.135 millones en 2011 a 9.183 millones en 2013, pero luego no ha parado de subir desde 2014, hasta los 10.170 millones en 2017 (y crece otro 3,34% este año, con 8.738 millones gastados este año, hasta octubre), según los datos de Sanidad. Y a ello hay que sumar otros 6.500 millones de gasto farmacéutico en hospitales, que crece el doble que en las farmacias, por los costosos tratamientos. Pero aunque el gasto farmacéutico total (16.619 millones en 2017) sea muy importante, hay que señalar que su peso en la economía es todavía menor que en 2010 (supondrá el 1,43% del PIB en 2018, frente al 1,57% en 2010). Y que España, aunque sea “un paraíso de las recetas” (900.000 al año), gasta menos en medicamentos de farmacia que la mayoría de Europa: 223 euros per cápita, frente a 326 euros de media en la eurozona, 479 euros en Alemania, 382 euros en Francia o 250 euros en Italia, según Farmaindustria con datos de la OCDE (2016).

Aunque gastemos menos que Europa, el gasto farmacéutico es tremendo y se lleva el 24% de todo el gasto sanitario (70.804 millones en 2018). Y lo peor es que todo apunta a que aumentará en los próximos años, por tres factores: el envejecimiento de la población (más viejos que viven más años y consumen muchas medicinas), el aumento de las enfermedades crónicas (un 45% de adultos hoy las padecen y serán más en el futuro) y los nuevos tratamientos para algunas enfermedades (oncología, trasplantes, enfermedades autoinmunes, esclerosis múltiples…), que son muy costosos. Eso obliga a racionalizar el gasto farmacéutico, para compensar este mayor coste con algunas medidas de ahorro que no sea el desplome de precios de los medicamentos, sencillo pero muy arriesgado porque puede agravar los desabastecimientos y las “fugas” de medicamentos y laboratorios.

Una primera medida es reducir el número de recetas injustificadas, provocadas en muchos casos por la falta de tiempo de los médicos para atender a los pacientes (“receto y vete”), la inexistente medicina preventiva y la insuficiente mejora de hábitos de vida, dos vacunas contra las recetas, junto a campañas públicas para no despilfarrar en el consumo de fármacos (tenemos en casa decenas de cajas para tirar) y automedicarse menos. Los expertos insisten en que consumimos demasiados sedantes, estimulantes y sobre todo antibióticos: 1 de cada 2 españoles los ha tomado en el último año y los reciben 1 de cada 2 pacientes hospitalizados, según Sanidad, que considera “inadecuadas” entre el 40 y el 50% de las prescripciones de antibióticos, tanto en atención primaria como en hospitales. Un abuso que no sólo sube el gasto sino que crea un problema de resistencia a los antibióticos (superbacterias), que será en 2050 la primera causa de muerte en el mundo (con 10 millones de fallecimientos). Y controlar más el gasto farmacéutico hospitalario, el que más crece.

Mientras se intenta frenar el gasto farmacéutico, urge tomar medidas para evitar los desabastecimientos de medicinas, un grave problema sanitario que preocupa en toda Europa. Y más ante el Brexit. Las Agencias del Medicamento europeas han elaborado un Plan de trabajo hasta 2020 para reducirlos, con medidas como facilitar la autorización de nuevos fármacos, permitir prospectos en varios idiomas (para poder llevar los medicamentos a los paises donde falten) y un mayor control del camino que siguen las medicinas desde la fábrica a la farmacia, con la entrada en vigor (el 9 de febrero de 2019) de la “trazabilidad obligatoria”, la incorporación a los medicamentos de unos "códigos  Data Matrix 2D" que facilitarán detectar los medicamentos falsificados (el 1%) y vigilar si un medicamento ha sido desviado a otro país. Sin embargo, no se contemplan sanciones europeas a los laboratorios responsables de desabastecimientos ni restricciones a las exportaciones entre paises.

En España, la Agencia del Medicamento prepara un nuevo Plan 2019-2021 para garantizar el suministro de medicamentos. Mientras, habría que tomar algunas medidas urgentes como agilizar las alertas a los médicos (para que no receten medicamentos con problemas de suministro) y permitir a los farmacéuticos que tengan más autonomía para cambiar medicamentos no disponibles (pueden hacerlo en muchos casos, pero no cambiar cápsulas por comprimidos, ni inyectables, insulinas, medicamentos contra el asma o de especial control), para que el paciente no tenga que ir a por otra receta. Y se podría obligar a los almacenes a tener un stock de medicamentos susceptibles de desabastecimiento, como hacen en Portugal. También urge crear un canal de urgencia online para distribuir medicamentos escasos y que los farmacéuticos no tengan que ir  “a la caza de una medicina” o los pacientes “peregrinar” de farmacia en farmacia (“tienen Adiro en tal farmacia”, como nos dicen cuando buscamos algo en el Corte Inglés o Decathlon). Y por supuesto, una mayor vigilancia de laboratorios, mayoristas y farmacias para que no desvíen medicamentos que hacen falta aquí a otros paises para ganar más con ellos.

En definitiva, cuando vaya a la farmacia en enero verá que las medicinas le costarán unos céntimos menos. Pero piense que el que sean tan baratas no le beneficia, porque puede provocar que mañana no encuentre algún medicamento o que para conseguir un tratamiento contra el cáncer, su hospital tenga que comprarlo en el extranjero, 30 veces más caro, como ya ha pasado con Aspen Pharmacare, que en 2014 dejó de producirlos en España. Y piense que aunque cuesten menos que un café, no hay que tomar medicinas por tomarlas ni tenerlas almacenadas en casa, porque su coste para el país es tremendo. Y si no lo racionalizamos entre todos, desde los médicos a los pacientes, habrá más copagos. Y si racaneamos al pagar los medicamentos, faltarán y no se innovarán. Al final, lo barato es caro.

jueves, 21 de abril de 2016

Más gasto en medicamentos "extranjeros"


El gasto en medicamentos ha crecido en 2015 y en 2016, como en 2014, tras el fuerte recorte de 2010 a 2013, por el copago y la retirada de medicamentos financiados. Han vuelto a crecer las recetas (se hacen 100.000 por hora), pero sobre todo el gasto farmacéutico de los hospitales (+26%),por el fármaco para la hepatitis C. Y la mayor parte de ese gasto va a las multinacionales farmacéuticas, mientras los laboratorios españoles pierden peso en el ranking. Ahora, Montoro y Bruselas presionan a las autonomías para que recorten su gasto farmacéutico, como “atajo” para reducir el déficit público. Y aunque todavía hay mucho despilfarro en las recetas, el gasto farmacéutico público es un 25% inferior al europeo y los precios de las medicinas son de los más bajos de Europa, lo que disuade a las multinacionales de investigar en España. Habría que poner orden: gastar más en medicamentos innovadores, que tardan hasta 2 años en venir a España, y no acumular un inútil botiquín en casa.
 
enrique ortega

El gasto farmacéutico público ha vuelto a subir en 2015, como en 2014, tras los drásticos  recortes sufridos en 2012 y 2013. El récord de gasto farmacéutico se alcanzó en 2009 (12.505 millones) y ya en 2010, Zapatero tomó las primeras medidas de ahorro (imposición de rebajas de precios a los laboratorios y descuentos a las farmacias), que luego amplió Rajoy en 2012, con el copago a pensionistas (10%) y activos (40-60%) más el “medicamentazo”, la retirada de 412 fármacos de la financiación pública, además de las sucesivas rebajas de precios impuestas a laboratorios y farmacias. Con todo ello, el gasto farmacéutico se redujo un 26,5%, hasta un mínimo de 9.183 millones de gasto en 2013. Pero en 2014, el efecto ahorro del copago se redujo y aumentaron las recetas y el gasto, un 1,93%. Y en 2015 crecieron otra vez las recetas (882 millones, 100.000 recetas por hora) y el gasto (+1,85%), hasta los 9.360 millones. Una tendencia que continúa este año 2016: el gasto en recetas ha crecido un 2,93% hasta finales de febrero.

Pero el mayor aumento del gasto farmacéutico no se está dando en las recetas de los particulares sino en los hospitales, cuyo gasto farmacéutico creció un 26,2% en 2015, hasta sumar 6.668 millones de euros (dos tercios del gasto en recetas). Y eso, sobre todo, por la inclusión de los medicamentos contra la hepatitis C, que ha supuesto un gasto “extra” de 1.100 millones en 2015 (uno de los “culpables” de haberse disparado el déficit público, según el ministro Montoro). Pero no es sólo por eso: el gasto farmacéutico en los hospitales lleva dos años subiendo mucho por la inclusión de tratamientos innovadores (más costosos) contra el cáncer, enfermedades autoinmunes y contra la esclerosis múltiple. Y se espera que este gasto farmacéutico hospitalario crezca los próximos años por encima del 10%.

Precisamente, la inclusión en la sanidad pública de un nuevo tratamiento contra la hepatitis C ha revolucionado el ranking de ventas de medicamentos en España en 2015, al situar como líder al laboratorio estadounidense Gilead, con su medicamento Sovaldi contra la hepatitis C, desplazando al líder habitual, el laboratorio suizo Novartis, según los datos de IMS Health. En tercer lugar se sitúa Johnson&Johnson (USA), que también ha crecido en el mercado hospitalario con su nuevo producto contra la hepatitis C, Olysio. Y ha bajado al cuarto lugar del ranking el gigante norteamericano Pfizer, que fue el líder en España hasta 2013. Le siguen dos laboratorios norteamericanos, MSD y Abbvie (6º en el ranking por la venta de otro medicamento hospitalario contra la hepatitis C, Viekirax), el suizo Roche, la francesa Sanofi, el británico Glaxo (que también crece en hospitales por su medicamento contra el VIH, Triumeq), siendo 10º el alemán Bayer.

Estos 10 grandes laboratorios venden casi la mitad (48,8%) de todos los medicamentos que se consumen en España. El primer laboratorio español es Cinfa, en el puesto 11º del ranking, y en el Top 20 sólo hay 3 laboratorios españoles más: Esteve (16º), Almirall (19º) y Ferrer (20º). Los laboratorios españoles han ido perdiendo peso y retrocediendo en el ranking. Si en 2006 había 2 españoles entre los 10 grandes (Almirall en el 4º puesto y Esteve en el 9º), en 2013 ya habían bajado (Almirall al 11º puesto, Esteve al 8º y uno nuevo, Cinfa al 10º)  y en 2014 habían desaparecido del Top 10 (Esteve al 14º, Cinfa al 16º y Almirall al 17. En el mercado de las farmacias, los tres laboratorios líderes son Novartis (Suiza), Pfizer (USA) y Sanofi (Francia), colocándose en cuarto lugar la empresa navarra Cinfa, líder en la venta de medicamentos genéricos (sin patente) y situándose lejos Esteve (8º), Almirall (12º), Ferrer (13º) y Normon (18º). En el mercado de hospitales, el líder es Gilead (USA, por la hepatitis C), Roche (Suiza, por sus terapias contra el cáncer), Johnson &Johnson (USA), Novartis (Suiza) y 5 multinacionales más, con única excepción de la española Grifols en el Top 10.

En general, los laboratorios españoles han sufrido más que las multinacionales los recortes de ventas y la rebaja de precios impuestas entre 2010 y 2014, que han tratado de eludir exportando más. Pero, sobre todo, les afecta mucho su menor tamaño para lanzar nuevos medicamentos innovadores, que son los que más están creciendo de ventas en hospitales. En general, se están especializando en fabricar medicamentos genéricos, que suponen ya la mitad de las ventas en farmacias (y un 70% de los envases vendidos) pero que les dejan poco margen. Y es una pescadilla que se muerde la cola: no tienen tamaño, no innovan, no compiten y caen en el ranking de ventas, cada vez más dominado por las multinacionales.

Las multinacionales farmacéuticas consideran a España un mercado importante, el 5º europeo en ventas (tras Reino Unido, Francia, Alemania e Italia) y el 6º en fabricación de medicamentos (tras los 4 anteriores e Irlanda), con importantes fábricas destinadas al mercado europeo y terceros países. Pero en los últimos años, con la caída drástica de ventas, se han planteado reducir su peso aquí. Y eso porque hasta 2015 no aumentaron las ventas de medicamentos (un 3,7%, según el INE) tras 5 años de caídas. Y esto es preocupante, porque las multinacionales invierten e innovan en base a sus perspectivas de ventas. Por otro lado, las multinacionales invierten bastante en innovación en España (953 millones de euros en I+D+i en 2014), pero más de la mitad de esos recursos se destinan a ensayos clínicos, a probar aquí sus medicamentos innovadores, pero sólo destinan un 15% de ese dinero a investigación básica, que es la clave para desarrollar futuros medicamentos.

Así que el mercado de los medicamentos está copado por las multinacionales pero investigan fuera (aquí “prueban” sus nuevas medicinas) y los laboratorios españoles tienen poco tamaño e innovan poco. Los expertos alertan que en España hay dinero (público en su mayoría) para las dos primeras fases de la investigación farmacéutica (I y II), pero faltan recursos para la siguiente fase, cuando los investigadores necesitan 1,5 millones de euros para desarrollar una molécula. Y eso pasa por contar con capitales privados (business angels) y alianzas entre investigadores, laboratorios españoles y multinacionales para lanzar medicamentos innovadores. Pero para eso necesitan que tire el mercado.

Y el mercado farmacéutico español no despega. Crece el gasto (en 2014,2015 y 2016), pero todavía poco si lo comparamos con el resto de Europa. España era en 2014 el segundo país europeo con menos consumo de medicamentos por habitante: 988 unidades al año, sólo por detrás de Italia (802) y  un 12% menos que la media de la eurozona (1.116 unidades/año), muy alejados de Francia (1.391) o Alemania (1.223). Y dadas las rebajas de precios impuestas a los laboratorios y farmacias, los medicamentos en España tienen el precio más bajo de toda Europa, según datos de Farmaindustria (año 2014): una media de 0,20 euros por unidad estándar, un 15% menos que la media de precios de la eurozona (0,24 €/Ud.)) y un 33% menos que el precio en Alemania (0,30 euros).

La consecuencia de que España, tras los recortes, tenga ahora los precios de los medicamentos más baratos de Europa (salvo Portugal y algunos países del Este), es doble. Por un lado, que los laboratorios tienen menos incentivos para investigar y descubrir fármacos innovadores: de hecho, lo son 2 de cada 10 medicamentos autorizados. Es la primera consecuencia de que el 51% de los medicamentos cuesten menos de 3,5 euros. La segunda es que con precios tan bajos, los laboratorios tienden a exportarlos, a venderlos en  Alemania, Gran Bretaña, Holanda, Bélgica y algunos países del Este, donde los precios están hasta un 30% más altos que en España. Y también se exportan ilegalmente, a través de “redes” de almacenes y farmacias, que “distraen” fuera medicamentos y vacunas destinados a los españoles. Esto provoca desabastecimientos de algunas medicinas en España, en farmacias y hospitales, sobre todo de algunas vacunas, anticancerígenos y fármacos contra los efectos de la quimioterapia, los trasplantes, la leucemia, la epilepsia y el Parkinson. Ahora, en abril de 2016, hay 199 medicamentos “en falta, según esta lista que publica cada día la Agencia Española del Medicamento. La mayoría se sustituyen por otros fármacos, pero eso causa incertidumbre a muchos pacientes, sobre todo a los más mayores.

Y hay una tercera consecuencia: la continua rebaja de precios y la caída de ventas está hundiendo las cuentas de muchas farmacias (sus márgenes han caído un 34% en los últimos 5 años), asfixiadas además por el retraso en los pagos de muchas autonomías (en especial Cataluña). Y esto es especialmente grave en España, porque las farmacias no son una tienda más sino un eslabón clave de la atención sanitaria, ya que colaboran con los médicos en el correcto tratamiento de los pacientes.

En definitiva, que en España había un gasto farmacéutico excesivo, con bastante despilfarro en muchos casos, pero que al Gobierno Rajoy y a las autonomías se les ha ido la mano con los recortes y corremos el riesgo de cargarnos una industria, la farmacéutica, que no va a lanzar medicamentos innovadores si no les salen las cuentas, si España tiene los precios de las medicinas mucho más bajos que en el resto de Europa. Y además, hay otro riesgo: que ahora, el Gobierno y las autonomías utilicen los medicamentos para rebajar más el déficit público, para cumplir con Bruselas, como ya hicieron entre 2010 y 2014.

Otra consecuencia de estos recortes: los españoles tardamos más que los demás europeos en probar los nuevos medicamentos, que en muchos casos salvan vidas. Así, desde que la Agencia Europea del Medicamento aprueba un nuevo fármaco hasta que lo prescribe un médico, en Alemania pasan 3,5 meses, en reino Unido 3,9 meses, en Francia, 10,8 meses, en Italia 14,5 meses y en España, 15,8 meses, según la consultora IMS Health. Y para tratamientos oncológicos (los más caros), aquí pasan hasta 24 meses. La única razón de esta demora es el intento de ahorrar en medicamentos, para lo que demoran la autorización Sanidad, las propias autonomías y hasta la comisión de cada hospital (que es la que autoriza cada medicamento en Madrid, las dos Castillas, Extremadura o Murcia). Y en ocasiones, los recortes en los tratamientos provocan muertes: es el caso de Galicia, donde la Fiscalía ha llevado al Gobierno autonómico a los tribunales por la muerte de 6 pacientes a quien no se aplicó la vacuna contra la hepatitis C por "ahorro presupuestario".

Está claro que hay que combatir el despilfarro de medicamentos, aunque parece que ya han bajado las “bolsas” de medicamentos inútiles en casa (acumulados por jubilados que los tienen casi gratis y activos que se han "acostumbrado" al copago). Pero no hay que frenar el gasto farmacéutico “necesario”, sobre todo en hospitales, que va a crecer más cada año, a medida que aumente la esperanza de vida y los fármacos innovadores. Y un dato importante, frente al mito del “despilfarro”: España gasta menos en medicamentos que el resto de Europa. El gasto farmacéutico público por habitante en España es 224,8 euros (2013), un 25,3% inferior a la media de gasto farmacéutico de la eurozona (300,9 euros) y menor al de Bélgica (342 euros), Francia (369), Alemania (402) o Irlanda (424).

Así que ojo a la hora de hacer más recortes en medicamentos: si no hay ventas, si la mayoría de los medicamentos cuestan lo que una cerveza, las multinacionales buscarán otros mercados y lanzarán sus nuevos fármacos donde haya demanda. Quedaremos al margen de la innovación. Y nuestros laboratorios serán cada vez más pequeños y menos innovadores. Hay que ordenar el mercado, recortando consumos innecesarios y promoviendo demandas justificadas, que tiren de la industria más innovadora. Y promover fusiones y alianzas de los laboratorios españoles, para que no queden al margen del futuro y lo paguen nuestros enfermos. Ayudar a planificar un mercado con sentido, huyendo del recorte por el recorte. La salud tiene un precio y hay que pagarlo. Sin despilfarro, pero sin una tacañería que puede costar vidas.

domingo, 6 de enero de 2013

Más copagos en la Sanidad pública

La sanidad pública la pagamos cada día con nuestros impuestos. Pero como el gasto se ha disparado (hay más hospitales, la tecnología es más cara y vivimos más), el Gobierno Rajoy nos cobra un extra por cuidar nuestra salud: los copagos. Empezó en julio con el copago farmacéutico y ha añadido nuevos copagos por las ambulancias, las prótesis, alimentos dietoterápicos y algunos fármacos hospitalarios. Desde el 1 de enero, hay un re-copago de un euro por receta en Madrid, que se suma al de Cataluña. Y este año serán privatizados 25 grandes hospitales en ocho autonomías gobernadas por el PP. Como las autonomías incumplirán sus déficits, habrá más recortes en sanidad en 2013, con nuevos copagos. Tras 16.000 millones de recortes desde 2010 (25% del gasto), la sanidad pública está a punto de estallar, en perjuicio de los pacientes, que cada vez pagamos más por ella. Hace falta un gran Pacto nacional para blindar su financiación y mejorar seriamente su gestión.


enrique ortega

Sanidad acabó el año 2012 como lo empezó: con recortes y copagos. El 19 de diciembre pactó con sus autonomías (ante el rechazo de Andalucía, Asturias, País Vasco y Cataluña) implantar este año cuatro nuevos copagos en la sanidad  pública. Uno de 5 euros por traslado no urgente en ambulancias, con un máximo de 10 a 60 euros al año (6 a 60 los enfermos crónicos) según la renta. El segundo, un copago por prótesis (audífonos, prótesis, implantes, muletas o sillas de ruedas): se pagará del 10% al 60% del coste, con un tope  de 20 a 60 euros, según ingresos. El tercer copago, para los alimentos dietoterápicos, que toman pacientes de cáncer y cirugías digestivas, por los que se pagarán del 10 al 60% del precio (máximo 1 euro por envase).Y el cuarto, 32 medicamentos que sólo se dispensan con receta hospitalaria (para cánceres, hepatitis, linfomas y enfermedades víricas), por los que se pagará un máximo de 4,13 € por envase.

Además, se han recortado prestaciones de la sanidad pública para 2013: en la prueba del talón (ahora se utilizará el análisis para detectar 5 enfermedades, frente a autonomías que analizaban 33), en los tratamientos de reproducción asistida (se limitan a mujeres menores de 40 años y parejas que no tengan hijos sanos), implantes oculares, rehabilitación y genética. Y se revisará el Catálogo de  prestaciones sanitarias, para recortarlas en 2013 y 2014.

Estos nuevos recortes se suman al gran recorte de gastos de 7.000 millones aprobado en abril de 2012, con el copago de los medicamentos, la retirada de financiación pública a 400 medicamentos (que ahora pagan íntegramente los pacientes) y la retirada de la tarjeta sanitaria a emigrantes sin papeles (unos 150.000), medida cuestionada por una resolución del Tribunal Constitucional y que no aplican cuatro autonomías “insumisas” (País Vasco, Andalucía, Asturias y Cataluña), mientras tratan de “paliarla” otras cinco (Castilla y León, Comunidad Valenciana, Galicia, Navarra y Canarias) y las 8 restantes lo aplican a rajatabla, con la oposición de médicos y ONGs.

Al copago farmacéutico en toda España se sumó el 23 de junio otro copago en Cataluña, de un euro por receta, para medicamentos a partir de 1,67 euros, con un tope de 61 euros al año por paciente y con el que la Generalitat recauda 8 millones al mes. Un re-copago farmacéutico que ha implantado Madrid el 1 de enero (precipitadamente, en papel), con un tope de 72 euros, para recaudar 83 millones en 2013. El Gobierno Rajoy impugnó en diciembre el re-copago de Cataluña y dice que impugnará en enero el de Madrid ante el Tribunal Constitucional, que se espera suspenda ambos en unas semanas (o meses), porque suponen una doble imposición y vulneran el principio de igualdad de los españoles, que pagan distinto por los medicamentos según donde vivan. Pero en el camino, Madrid y Cataluña nos habrán sacado a los usuarios unos 20 millones en tres meses (cada una), que la mayoría no vamos a reclamar luego euro a euro.

El copago farmacéutico estatal ,implantado en julio, ha servido para frenar algo el despilfarro en el consumo de medicamentos, sobre todo de los pensionistas, que ahora pagan un porcentaje con un tope anual (8,18 y 60 euros, según ingresos). De hecho, el gasto farmacéutico ha caído en 931 millones en los primeros cinco meses de copago, aunque cae más el gasto (-11,46%) que el número de recetas (-4,62%), porque lo que más ha caído es el precio de los medicamentos, forzados laboratorios y farmacias por el Gobierno.

Todo apunta a que los copagos van a seguir en 2013 y 2014, porque las autonomías no reducen suficientemente su déficit (7 no cumplen, según Hacienda) y la sanidad es su mayor gasto (40% Presupuestos). Además de recortar prestaciones, podrían aprobarse nuevos copagos por acudir a urgencias, por día de hospitalización o comidas, y ampliar el copago a toda la farmacia hospitalaria. Ello preocupa a los médicos, que temen que el efecto acumulativo de los copagos en los enfermos crónicos y polimedicados lleve a algunos pacientes a no medicarse. A nivel económico, la crítica al copago es que recae más sobre los activos con rentas bajas y que no hay un límite sobre la renta (en Alemania, los copagos no superan el 2% o el 1% en enfermos crónicos).

Entre tanto, 2013 será el año donde avanzará la privatización de hospitales en Madrid, Castilla la Mancha y otras siete autonomías del PP (Comunidad Valenciana, La Rioja, Galicia, Extremadura, Castilla y León, Baleares y Canarias).Aunque hay un trasfondo ideológico (“lo privado es mejor que lo público”), la razón básica es que estas autonomías tratan de quitarse gastos de funcionamiento, aunque sea en detrimento de la calidad del servicio y a veces con más gasto final (porque se acaban revisando al alza las concesiones, como pasó en Madrid y como piden ahora los hospitales privatizados en Valencia).

En cualquier caso, el problema real es que la sanidad española ha saltado por los aires por un doble efecto: han crecido exponencialmente los gastos (por los nuevos hospitales y centros, el encarecimiento de las tecnologías y la mayor esperanza de vida) y han caído por la crisis los ingresos del Estado y las autonomías, que han recortado drásticamente el Presupuesto: en 2013 habrá 16.000 millones menos de gasto sanitario que en 2009 (-25%). Y así, no hay sistema que resista.

La solución sólo puede venir por dos caminos. Uno, conseguir más recursos para la sanidad pública: España gastaba menos que la OCDE en 2009 y mucho menos ahora (1.210 euros por habitante en 2012). Ello exige recaudar más, pero no con el céntimo sanitario (1.800 millones que pagan los automovilistas) ni con copagos (injustos), sino con impuestos, para que financien más la sanidad los que más tienen (particulares y empresas). Por otro, hay que gastar y gestionar mejor, aprovechando al máximo los recursos sanitarios (consultas mañana y tarde, aparatos y quirófanos funcionando las 24 horas…), con criterios de eficiencia económica y médica. Y dando más autonomía a los hospitales y centros, a cambio de rigurosos objetivos de resultados y calidad y con exigentes auditorías externas independientes.

Con los recortes no se salva la sanidad pública ni tampoco sin cambios drásticos en su gestión. Hace falta acabar con los enfrentamientos y las protestas, que acaban pagando los pacientes (6.000 operaciones sin hacer y 40.000 consultas pendientes). Es urgente un gran Pacto nacional para asegurar a la sanidad recursos suficientes para una década y garantías de que se gastan con eficacia, dejando a los médicos que se impliquen sin privilegios. Si no, cada vez tendremos una sanidad peor y con más copagos injustos.