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lunes, 24 de julio de 2023

9ª subida de tipos (y prometen más)

Este jueves 27 de julio, el BCE subirá los tipos de interés hasta el 4,25%, el más alto desde 2008. Es la 9ª subida en el último año y no será la última: estudian subir otro 0,25% en septiembre y mantener los tipos altos, sin bajarlos casi, hasta 2025. La inflación en la zona euro ha bajado del 10,1 al 5,5%, no por la subida de tipos sino por la caída del precio del petróleo, gas, electricidad y alimentos. Y hay paises con la inflación muy baja, como España y Bélgica (1,6%), Grecia (2,8%) o Portugal (4,7%). Las subidas dañan a familias (hipotecas), empresas y paises (deuda), estancando la economía europea y provocando la recesión en 4 paises  (incluida Alemania).El BCE defiende más subidas de tipos porque les preocupa el repunte (mínimo) de los salarios en Europa. Pero no les preocupó la subida de los beneficios empresariales, aunque reconocen que son culpables de dos tercios de la inflación. No suban más los tipos: es ineficaz y perjudicial.

Enrique Ortega

Los Bancos Centrales de todo el mundo siguen con su “cruzada” contra la inflación, subiendo reiteradamente los tipos de interés desde hace más de un año. El pasado 22 de junio, el Banco de Inglaterra sorprendió subiendo los tipos de interés un +0,5%, hasta el 5%, la subida nº 13 hecha en Reino Unido desde diciembre de 2021. Y ese mismo día, subieron los tipos un +0,25% el Banco central de Suiza (hasta el 1,75%) y un +0,50% el Banco central de Noruega (hasta el 3,75%). Ahora, todo apunta a que la Reserva Federal USA volverá a subir los tipos este miércoles 26 de julio, otro +0,25% (será la 11ª subida hecha desde marzo de 2022), colocando el precio oficial del dinero en el 5,50%, el tipo más alto desde 2001. Y un día después, este jueves 27 de julio, está previsto que el Banco Central Europeo (BCE) se sume a  esta ola de subidas, aumentando los tipos otro +0,25% (la 9ª subida desde julio de 2022), hasta el 4,25%, el precio más caro del dinero en Europa desde julio de 2008.

El problema no es sólo que el BCE se sume a las subidas del resto, sino que hay unanimidad entre los Bancos Centrales sobre que “tienen que seguir subiendo los tipos, según se vio en la Cumbre monetaria de Sintra (Portugal), a finales de junio: todos creen que las tensiones de precios siguen ahí y no pueden bajar la guardia. “Aún no hemos terminado el trabajo”, dijo Christine Lagarde, la presidenta del BCE. La Reserva Federal USA anticipó dos subidas más este año (la de julio y septiembre), lo mismo que el BCE, aunque se han levantado voces internas (en Italia, Portugal y Francia) sobre que hay que esperar a ver qué hace la inflación antes de hacer más subidas en septiembre. Pero la representante de la ortodoxia alemana en el BCE, Isabel Schnabel, lo dejó claro: “es mejor pasarse que quedarse corto…”.

Por si los defensores de más subidas no fueran suficientes, en EEUU y en Europa, el Fondo Monetario Internacional (FMI) salió a la palestra, el 19 de julio, pidiendo a la eurozona “endurecer aún más la política monetaria y seguir subiendo tipos”, porque “la inflación va a seguir siendo alta durante algún tiempo”. Es más, el FMI defiende también que los paises europeos recorten los déficits públicos y la deuda, suprimiendo las actuales ayudas contra la inflación, que consideran “culpables” de que los precios no bajen más, al mantener el consumo y la inversión de familias y empresas. Tras las ayudas de estos años contra la pandemia y la inflación, el FMI vuelve a los “ajustes”…

En este contexto de “ortodoxia monetaria”, de defensa a ultranza de las subidas de tipos como la mejor receta contra la inflación, son pocos los que levantan la voz contra las subidas de tipos, por sus efectos negativos sobre familias, empresas y paises. Curiosamente, a finales de junio, la italiana Meloni y el portugués Costa coincidieron en Bruselas en criticar las subidas del BCE, por ser “una receta simplista” (Meloni) o por no tener en cuenta la naturaleza de la inflación, aplicando “un mal diagnóstico y una terapia errónea” (Costa). Francia y Holanda tampoco ven claro seguir con las subidas de tipos en septiembre, lo mismo que España, aunque no podrá manifestarlo al presidir el semestre europeo.

El problema de la persistente subida de tipos es doble. Por un lado, es ineficaz, porque la inflación actual en Europa no está causada por una demanda disparada (“inflación de demanda”), que se pueda frenar encareciendo el precio del dinero, sino que estamos ante una inflación de costes (“inflación de oferta”), motivada por la subida disparada de la energía y los alimentos, ya antes de la invasión de Ucrania y agravada después. Así que por mucho que suban los tipos, eso no va a bajar los precios del petróleo, el gas, la electricidad o los alimentos. Por eso, los tipos empezaron a subir en la zona euro el 21 de julio de 2022, cuando la inflación era del 8,6% (en junio) y tras varias subidas, la inflación siguió aumentando, hasta un máximo del 11,1% en noviembre de 2022. Y sólo ha bajado este año, hasta el 5,5% en junio de 2023, porque han caído los precios del petróleo (por debajo de 90 dólares barril desde noviembre, 27 dólares ahora), el gas (27 dólares ahora frente a 72 a principios de año), la electricidad (92 euros/kWh frente a 147 euros en marzo) y los alimentos (el índice FAO de junio bajó -23,4% sobre marzo 2022). No porque los tipos hayan subido del 0 al 4,25% en un año.

El otro problema de la subida de tipos del BCE es que supone una receta homogénea para una inflación desigual entre paises. El precio oficial del dinero estará este jueves en el 4,25% para los 20 paises euro, un “ricino” igual para todos cuando su inflación es muy diferente: hay paises del euro con la inflación por debajo del 2%, el objetivo del BCE (1% Luxemburgo, 1,6% España y Bélgica), y otros con la inflación disparada (9% Estonia, 8,3% Croacia, 8,2% Lituania, 8,1% Letonia, 7,8% Austria, 6,8% Alemania, 6,7% Italia, 6,6% Eslovenia, 6,4% Holanda o 5,3% Francia), junto a una inflación moderada en Grecia y Chipre (+2,8%), Portugal (4,7%) e Irlanda (4,8%), según Eurostat. Y con una inflación aún más disparada en Hungría (19,9%), Eslovaquia (11,3%), Chequia (11,2%), Polonia (11%) o Rumanía (9,3%). En resumen: la receta ortodoxa de tipos altos hace falta a la Europa rica del norte pero no al sur, que tienen una inflación más baja. Pero el BCE impone tipos altos a todos.

El problema no es sólo que esta “receta” del “ajuste monetario duro” sea ineficaz (no baja la inflación, sobre todo la subyacente, sin energía y alimentos, porque se debe a una subida de márgenes, no a que la demanda esté disparada) e injusta para los paises con baja inflación, sino que además, tiene un alto coste para familias, empresas y paises, provocando una recesión en la economía europea, al frenar el consumo y la inversión. En el primer trimestre de 2023, la zona euro no creció nada (+0%), tras caer en el 4º trimestre (-0,1%). Y la UE-27 apenas crece: un +0,2% este 1º trimestre, tras caer --0,1% en el 4º de 2022. Hay 8 paises europeos cuya economía cayó en el primer trimestre 2023 (Alemania, Paises Bajos, Irlanda, Grecia, Malta, Estonia, Lituania y  Hungría) y 4 están en recesión (2 trimestres consecutivos cayendo): Alemania (-0,5 y -0,3%), la “locomotora europea”, Estonia (-1% y -0,6%), Lituania (-0,5% y -2,1%) y Hungría (-0,6 y -0,3%). Es lo que ha conseguido el BCE…

En España, que creció un +0,6% en el primer trimestre (un 4,2% anual, cuatro veces la media UE), el daño de la subida de tipos es muy evidente. Primero a los 4 millones de familias que están pagando una hipoteca y les sube la mensualidad al revisarla anualmente, por la subida del Euribor: en julio roza ya el 4,2%, cuando hace un año estaba en el 0,992% y en negativo hasta marzo de 2022. Esta continuada subida del Euribor (16 meses) ya ha provocado que muchas familias paguen más de hipoteca, una media de 260 euros más cada mes. Y eso está provocando problemas en las familias más vulnerables, sobre todo a 1.500.000 familias que tienen que destinar ahora más del 40% de sus ingresos a pagar la hipoteca (hay 600.000 familias con apuros para pagarla, según el Banco de España). Esta subida de tipos, además, retrae la compra de viviendas a jóvenes y nuevas familias (en mayo cayeron por 4º mes consecutivo la solicitud de hipotecas y las ventas) y encarece aún más los alquileres. Y también sube el coste de los créditos personales, para comprar un coche, electrodomésticos o un viaje: el tipo está ya al 8%, frente al 6,2% en 2022.

La subida de tipos del BCE también la sufren las empresas, sobre todo las pymes, que tienen ahora más difícil endeudarse (los bancos miran “con lupa” los préstamos) y más caro: los créditos hasta 250.000 euros han más que duplicado su coste (del 1,7% en 2022 al 4,66% en mayo), los créditos de 250.000 euros a 1 millón han triplicado el tipo (del 1,35 al 4,51%) y los créditos de más de 1 millón de euros han cuadruplicado su coste (del 0,83 al 4,34%), según los datos del Banco de España. Y en cuanto a los paises, la subida del BCE encarece los intereses que han de pagar por la deuda pública. En el caso de España, con una deuda de 1.542.000 millones de euros en mayo (el 112% del PIB), ahora tenemos que dedicar más recursos públicos a pagar intereses: el bono a 10 años, por el que se pagaba el 0,76% en febrero de 2022, saltó a un tipo del 3,657% en diciembre de 2022, al 3,408 el 15 de junio y el vienes ya había que pagar a los inversores el 4,467%... Sin estas subidas, ya estaba previsto  destinar  31.275 millones del Presupuesto 2023 a pagar los intereses de la deuda.

En definitiva, que la receta de subida de tipos del BCE, aunque sirve poco para bajar la inflación (baja por los mercados de la energía y los alimentos), es muy dañina para las familias, empresas y paises más endeudados, por lo que recorta la actividad y el crecimiento en toda Europa. Y más en la Europa del sur, donde las familias, empresas y paises son más vulnerables a las subidas de tipos, porque tienen menos ingresos, menos competitividad y mucha más deuda pública y privada. Así que “el ricino” del BCE nos hace más daño, aunque lo necesitemos menos porque tenemos menos inflación.

Pero el BCE, la Reserva federal y el resto de bancos centrales (todos poseídos de la misma “ortodoxia monetaria”) siguen diciendo que “su trabajo no se ha acabado”, que seguirán las subidas (en septiembre) y que no habrá bajadas en 2024, quizás en 2025, cuando esperan que la inflación vuelva al 2%. Ahora, lo justifican en que “temen un repunte de los salarios”, que reanime la inflación en los próximos meses en Europa. Su argumento es que “falta mano de obra” en todos los paises y que como la actividad y la demanda sigue, hay “tensiones” en el mercado laboral que llevarán a mayores subidas de salarios. Y eso llevará a las empresas a nuevas subidas de precios para compensar los mayores costes salariales.

Los últimos datos de Eurostat sí revelan una subida de los costes salariales en el primer trimestre de 2023, tras tres años de bajos salarios por la pandemia y la inflación: han subido una media del +5% en la UE 27, frente al +3,3% que subieron al inicio de 2022. Pero, curiosamente, donde más suben los salarios es en la Europa rica del norte, la que tiene más inflación: Bélgica (+10,1%), Paises Bajos (+7,5%), Austria (+6,2%) y Alemania (+5%), mientras crecen menos en España (+4,4% en el primer trimestre), Francia (+4,3%) o Italia (+17%). Así que, de nuevo, el BCE aplica su ricino de subir tipos para frenar subidas de salarios que se están dando más en la Europa rica, que gana más por hora trabajada (39,5 euros en Alemania, un 40,5% más que los 23,5 euros por hora que se cobran en España).

Pero hay más. El BCE se preocupa ahora porque los salarios puedan subir este año y reanimar la inflación pero no se ha preocupado nada de la subida de los márgenes y beneficios empresariales en 2022. El propio BCE lo reconoció a finales de marzo: dos tercios de la subida de la inflación en Europa ha sido por la subida de los márgenes empresariales (beneficios) sobre todo en la energía, agricultura, industria, construcción, hostelería y restauración. Algo que contrasta con las subidas de precios entre 1.999 y 2022, cuando sólo en una tercera parte se debieron a subidas de los beneficios. Pero mientras el BCE no hacía nada para contener estos márgenes empresariales, ahora proponen seguir subiendo los tipos para frenar la subida de los salarios, que han perdido poder adquisitivo entre 2019 y 2022 en el sur de Europa (-5,7% en España, -0,3% en Italia) mientras lo ganaban en Alemania (+0,5%), Francia (+1,9%), Paises Bajos (+4,5%) y la mayoría de paises de la OCDE (+0,8%). No frenaron los beneficios récord que han disparado la inflación y ahora quieren frenar la subida de unos salarios que han pagado con su devaluación las últimas crisis.

El BCE y los demás “ortodoxos monetarios” se equivocan, a costa de los paises, familias y empresas más vulnerables. Si siguen por este camino, Europa seguirá estancada y se agravará la recesión en otoño, cuando no contemos tanto con la ayuda del turismo (verano récord) y las exportaciones (entorpecidas por los problemas del comercio mundial y un euro fuerte, que ha provocado una subida del 9,4% para los productos europeos que se paguen en dólares), más la esperada desaceleración de la economía China en la segunda mitad de 2023. Y además, se notarán más los efectos recesivos de los tipos altos, que hacen su mayor daño a partir de los 18 meses de iniciarse (diciembre 2023). Una economía europea estancada y con una inflación todavía alta, es el otoño que nos espera si el BCE mantiene su política de tipos altos y si los paises UE no toman medidas para seguir reanimando la economía, para no suprimir ayudas hasta que se acabe la guerra y Europa vuelva a crecer como antes. Dejen de remar a la contra.

lunes, 13 de junio de 2016

España: trabaja menos gente y trabaja peor


La economía parece algo complicado. Pero no lo es si se explica bien. Vean este dato: los alemanes producen el triple que los españoles (3 billones de euros frente a 1 billón) y son menos del doble de habitantes. Algo pasa. ¿Somos más tontos que ellos? No. Trabajamos menos gente y trabajamos peor, con menos eficacia. Lo mismo pasa con los británicos, franceses o italianos. Por eso viven mejor que nosotros. Así que el problema de fondo de España, al margen de que haya o no crisis, es que necesitamos cambiar de modelo económico: conseguir que trabaje más gente (ahora lo hacen sólo el 59% de los adultos) y con más productividad, en sectores y empresas más competitivos. Algo que pasa por más formación, más tecnología, más industria, empresas más grandes y más volcadas al exterior.  Casi nada. Un doble reto a 20 años vista, que deberían apoyar todos los partidos y fuerzas sociales. Porque ahí nos jugamos nuestro futuro.
 
enrique ortega

España es el quinto país que más produce en Europa: un billón de euros (1.081.190 millones en 2015), sólo por detrás de Alemania (3.025.900 millones de PIB), Reino Unido (2.450.081 millones de euros), Francia (2.190.122 millones €) e Italia (1.636.372 millones €), según Eurostat. Pero claro, la comparación es engañosa, porque depende también de la población que tenga cada país, ya que Alemania tiene casi el doble de población (81,2 millones de habitantes) y los demás casi un tercio más que España, tanto Reino Unido (64,8 millones), Francia (64,2 millones) o Italia (60,7 millones). Por eso, la comparación entre países suele hacerse tomando el PIB por habitante, lo que produce por habitante.

Y aquí, España ya no es la 5ª economía de Europa, sino que hay 12 paises europeos que tienen una economía más productiva que la española, que producen más por habitante. El líder es Luxemburgo, un país pequeño con muchos bancos y multinacionales, que produce 89.387 euros por habitante. Le siguen Dinamarca (46.655 €), Irlanda (45.977 €), Suecia (45.215 €), Holanda (39.864 €), Austria (38.594 €) y Finlandia (37.793 €), los más  “ricos del Norte”. Y después, Reino Unido (37.766 €), Alemania (37.266 €), Bélgica (36.146 €), Francia (34.074 €) e Italia (26.916 €). Los 12 paises europeos producen más por habitante que España (23.277 €), que está por debajo de la media de la Unión Europea (93 sobre 100). En definitiva, que cada alemán produce 1,6 veces lo que un español y el país tres veces más.

¿Por qué? La respuesta es sencilla y doble: porque trabaja más gente y trabajan mejor. Vayamos al primer punto: en España trabaja menos gente que en Alemania y que en la mayoría de Europa. Con datos de Eurostat 2014, en España trabajaban el 56% de los adultos (16-64 años), mientras en la UE-28 eran el 64,9% (y el 63,9% en la zona euro). Pero en los paises más avanzados (y más ricos), el porcentaje de ocupados superaba el 70% de la población en edad de trabajar: el 74,9% en Suecia, el 73,8% en Alemania, el 73,1% en Holanda, el 71,1% en Austria o el 71,9% en Reino Unidos. Y en los paises pobres del sur hay menos gente trabajando: 49,4% de adultos en Grecia, 54,6% en Croacia, 55,7% en Italia (Portugal, con el 62,6% de población ocupada es la excepción).

Eso significa que si en España trabajara el mismo porcentaje de adultos que en Alemania (el 73,8% en vez del 56% de 2014, que ahora, en marzo de 2016, ha subido al  59%), deberían trabajar 5.356.785 españoles más, personas que hoy no trabajan (están en paro, en su casa, emigrados o estudiando). Y si trabajáramos en la misma proporción que Europa (UE-28), debería haber 2.678.392 españoles más trabajando. Así que esta es una de las razones de por qué producimos menos que Alemania y muchos países de Europa: tenemos mucha menos gente trabajando. O visto de otra manera, el modelo económico que tenemos no consigue emplear a más gente y por eso producimos menos, generamos menos riqueza.

La segunda razón de que produzcamos menos es que trabajamos peor, los que trabajan (menos que en Europa) son menos productivos. España está en el puesto nº 33 en el ranking mundial de competitividad (2015-2016), publicado por el World Economic Forum, liderado por Suiza, Singapur, EEUU, Alemania y Holanda Y estamos en competitividad por detrás de 16 países europeos, la mayoría mucho más pequeños. Eso, ¿Qué significa? Que cada español que trabaja produce menos por hora. Un ejemplo. La productividad aparente del trabajo en España era de 31,3 euros por hora trabajada (3º trimestre 2015), frente a 46,1 euros por hora trabajada en Alemania, según un estudio de La Caixa. O sea, que cada trabajador español produce dos tercios de lo que produce un trabajador alemán.

Vayamos al por qué. Hay dos razones. Una, que en España tienen más peso sectores económicos que exigen más personal y son menos productivos, como la construcción, el comercio, el turismo o la hostelería, y tienen menos peso sectores con más tecnología y menos personal, más productivos. Eso explica una parte, la más pequeña (el 17,6%) de la diferente productividad entre España y Alemania, según el estudio de la Caixa. La otra causa es la importante, porque explica el 82,4% de la diferencia: que España es menos productiva que Alemania en cada sector y en cada empresa, sean los mismos o diferentes.

Y ¿por qué nuestras empresas son menos productivas que las alemanas? Los expertos hablan de varias razones. La primera y muy importante, el tamaño de las empresas, que sí importa. De las 2.779.146 empresas censadas en España en 2015, el 94,5% eran microempresas (de 0 a 9 trabajadores), un porcentaje mucho mayor que en Europa (92,1% en la UE-28), Alemania (81,8%), Reino Unido (89,4%), Francia (93,9%) o incluso Italia (94,4%), según datos de Eurostat . En empresas pequeñas (10-49 trabajadores) tenemos menos (5,4% España frente a 6,6% la UE-28, 8,7% Reino Unido y 15,1% Alemania). En medianas (50-249 trabajadores) tenemos muchas menos: 0,7% en España, frente al 1,1% en la UE-28, 2,6% en Alemania, 1,5% en Reino Unido, 0,8% en Francia y 0,5% en Italia. Y donde hay más diferencia es en grandes empresas (+250 trabajadores): en España son el 0,1% del total (3.918 grandes empresas en 2015), la quinta parte que en Alemania (0,5% del total, unas 9.000 empresas) y menos que en Reino Unido (0,4%) y Francia (o,2%), aunque igual que Italia (0,1%).

En líneas generales, las grandes empresas (también las españolas) son más productivas que las medianas y que las pequeñas y microempresas, porque aprovechan mejor las economías de escala (al fabricar más, les bajan los costes medios), utilizan más capital, tienen mejor financiación, innovan y utilizan más tecnología, exportan más,  emplean a trabajadores más formados y generalmente tienen una mejor organización del trabajo. Baste decir que si España tuviera la misma estructura empresarial que Alemania, el mismo tipo de empresas, nuestra productividad sería un 13% mayor, según cálculos del Círculo de Empresarios. Produciríamos 142.000 millones más al año. Sólo por eso.

Pero hay más razones de que seamos menos productivos. Otra importante es la tecnología. En España, los recortes en I+D+i (-2.183 millones entre 2012 y 2016) han llevado a que sólo invirtamos el 1,23% del PIB en tecnología, frente al 2% en Europa. Pero ese retraso es mayor en las empresas privadas, que sólo invierten el 53% del gasto total en tecnología, mientras en Alemania las empresas invierten el 68% del total (que además es casi el triple que en España, el 3,09% del PIB). Y eso se traduce en lo que fabrica cada país: España fabrica en sectores de baja (alimentos, calzado, textil)  y media tecnología (coches, maquinaria), mientras Alemania y los grandes paises europeos fabrican más en sectores de media y alta tecnología, que suelen estar además vinculados a las grandes empresas.

Otro factor que cuenta es el peso de la industria, que ha caído drásticamente en España: si al inicio de la democracia, la industria aportaba el 39% de la riqueza (PIB), ahora sólo supone el 15,5% de la producción del país, mientras en Europa (UE-28) supone el 19% y en Alemania aporta el 25% de la producción, con una mayor productividad que la construcción o los servicios, que tienen más peso en España. Y la industria no sólo aporta más productividad sino también más empleo estable, sobre todo las grandes empresas industriales. Y aquí, las industrias tienen también menos tamaño y empleo: la media son 10 empleados por industria, frente a 17 en Europa y 35 empleados por industria en Alemania.

También explica la mayor o menor productividad que un país consiga exportar más o menos. Y España, aunque ha pegado un gran tirón exportador con la crisis, está aún muy retrasado frente a Alemania y los paises más competitivos de Europa: En 2015, las exportaciones españolas suponían el 23,63% del PIB, lo que nos colocaba como el 5º país de Europa con menos peso relativo de las exportaciones, sólo por delante de Chipre (9,46%), Grecia (14,65%), Reino Unido (16,15%) y Francia (20,88%), pero muy alejados de Alemania (las exportaciones suponen el 39,60% del PIB), Irlanda (51,48%) o Portugal (27,8%) y, sobre todo, de países más pequeños donde las exportaciones suponen hasta cuatro veces lo que en España: Bélgica (87,8% del PIB), República Checa (87,11%), Eslovaquia (87,10%), Hungría (81,78%), Holanda (75,35%) o Eslovenia (74,77%). Eso se debe a que hay pocas empresas que exporten: de los 2,77 millones de empresas, sólo exportan unas 150.000 y de forma habitual (en los últimos cuatro años), menos de 50.000 empresas.

Otro factor clave de que seamos menos productivos es la baja formación de los españoles. Los últimos datos de la OCDE (“Panorama de la educación 2014”) son escalofriantes: un 45% de los españoles adultos (25-64 años) tienen un nivel educativo bajo (sólo con la ESO acabada o ni siquiera), frente al 21% en Europa (UE-21) o el 24% de la OCDE (34 países más desarrollados), y muy lejos de Suecia (12% de adultos poco formados), Alemania (14%), Finlandia (15%), Reino Unido (22%), Irlanda (25%) o Francia (27%). En el medio, también tenemos menos adultos con formación media (bachillerato y FP Básica): un 22% en España frente al 48% en Europa y el 44% en la OCDE. Y sin embargo, por arriba, estamos en cabeza de universitarios: un 32% en España frente al 29% en la UE y el 33% en la OCDE.

Y si miramos a los parados, 4.791.000 en marzo de 2016 (EPA), un 20,1% de los españoles en edad de trabajar, no sólo tenemos el doble de paro que Europa (10,2% en la zona euro) y cinco veces más que Alemania (4,2% paro en abril), sino que nuestros parados tienen también un grave problema para volver a trabajar, su baja formación: el 52,5% de los parados (más de 2,5 millones) tienen sólo la ESO o incluso menos y otro 23,3% más sólo Bachillerato o FP básica. Por todo ello, trabajadores y parados españoles tienen difícil afrontar un futuro europeo donde, en 2020, sólo el 15% de los empleos serán para personas con baja formación (el 45% de españoles y 52,5% de los parados), según un estudio de CEDECOP.

Pero no sólo los parados y los trabajadores españoles tienen poca formación: también les pasa a sus jefes, los empresarios españoles: se sitúan a la cola de Europa en capacidades de gestión, sólo por delante de los griegos, según una evaluación del World Management Survey citada por el último informe económico del Banco de España, para quien estos pobres resultados en España pueden atribuirse a "una menor formación de los cuadros directivos o a un menor grado de profesionalización de la gestión empresarial en relación a otros países europeos, en especial en las pymes". Así que también hay que mejorar la formación empresarial para ser más eficientes y productivos.

Y luego hay otros factores que también juegan en contra de la productividad de España: un mayor coste del dinero y del crédito para las empresas (sobre todo para las pymes) que en Europa (al menos que en Alemania y los países del norte), unos mayores costes de la energía (entre un 10 y un 20% superiores), aunque a cambio España tenga menores impuestos efectivos para las empresas (impuesto Sociedades)  y menores costes salariales:  el pago por hora trabajada fue de 15,8 euros en España (2015), frente a 19 euros en Europa (UE-28), 21,8 euros en la zona euro (UE-19), 20 en Italia, 22 en Reino Unido, 24 en Francia, 25 en Alemania y 35,6 euros por hora en Dinamarca, según Eurostat. Eso sí, lo que no tienen que hacer los españoles es trabajar más horas: España trabaja 1.689 horas al año, según la OCDE, 318 más que los alemanes, 216 más que los franceses y 12 horas más que los británicos. Pero nos cunden menos.

Al final, todos estos factores  explican que “trabajemos peor”, con menos productividad y eficacia que los alemanes y muchos europeos. Y que por eso, y porque trabajemos menos gente, produzcamos menos y seamos más pobres que la Europa rica. La solución es también doble: hay que conseguir que trabajen más españoles y que trabajen mejor.

Conseguir que trabajen más españoles pasa por crecer más y porque las empresas creen más empleo estable, además de reducir drásticamente las horas extras (equivalen a 273.000 empleos que no se crean). Y crecer más exige reanimar la economía, con más inversiones (públicas y privadas) y más consumo, para lo que hay que subir más los salarios (empezando por el salario mínimo). Y todo ello pasa por un Plan, en Europa y en España, para reanimar el crecimiento y el empleo, con inversiones en infraestructuras, tecnología y formación y educación Además, España debe gastar más en políticas activas de empleo, para ayudar a recolocar a los parados, con más formación y una modernización de las oficinas de empleo (SEPE), que no funcionan y sólo encuentran trabajo al 1,7% de los parados.

Conseguir que los españoles que trabajan sean más productivos pasa por aumentar el tamaño de las empresas (fomentando fusiones de pequeñas y medianas), por ayudarlas a que gasten más en tecnología e innovación (gastando también más el estado en I+D+i), fomentando la reindustrialización del país, apostando por las tecnologías de la información (TIC) y la digitalización de las empresas, fomentando que más empresas exporten a más países (con ayudas, créditos y avales), rebajando los costes energéticos y financieros y mejorando la organización interna de las empresas, con mayor participación de unos trabajadores con mejores contratos y sueldos (unos trabajadores contentos e integrados son siempre más “productivos”). Y sobre todo, apostar como país por la formación y la educación, para adaptar  a los trabajadores y parados a los puestos de trabajo del futuro.

Son grandes retos, que tardan décadas en conseguirse. Pero hay que empezar ya, si queremos reducir la brecha con la Europa rica, si queremos ser tan eficientes como ellos. Hay que conseguir que trabajen entre 2 y 5 millones más de españoles de los 18 millones que trabajan hoy. Y que trabajen mejor, con más eficacia y productividad. Es un reto de todos, al margen de partidos e ideologías. Pero no podremos conseguirlo si no se plantea ya, si no se pone encima de la mesa, también en estas elecciones. Ya saben por qué vamos detrás de los alemanes. Ahora falta que se empiecen a tomar medidas para acercarnos a ellos. Al menos nuestros nietos.

domingo, 29 de enero de 2012

Vivienda: ayudas a la compra y recortes al alquiler

Ha sido, junto a la subida de impuestos, la decisión más polémica del Gobierno Rajoy: recuperar la desgravación a la compra de vivienda y mantener el IVA superreducido, dos medidas que cuestan 6.000 millones de euros, lo que nos van a subir los impuestos. Y todo para ayudar a las inmobiliarias y a los bancos a vender el stock de 750.000 viviendas. Una decisión contraria a lo que defienden los organismos internacionales y el Banco de España, que proponen ayudar al alquiler, no a la compra. Pero Rajoy ha quitado las ayudas al alquiler a los jóvenes y alquilar desgrava menos que comprar. Con ello, España es el país de Europa con menos alquileres y la mitad de los jóvenes viven con sus padres.

enrique ortega
Comprar un piso tenía ayudas fiscales desde 1.979, lo que ha contribuido a la burbuja inmobiliaria. Zapatero las quitó el 1 de enero de 2011, salvo para las rentas más bajas, y ahora Rajoy recupera la desgravación para la compra de vivienda habitual (desde el 1 enero 2011): se podrá deducir el 15% de la hipoteca (intereses y capital), hasta un máximo de 9.040 euros al año. Una medida que beneficia más a las rentas más altas, las que más pueden invertir y deducirse (hasta 60.266 € al año de pago de hipoteca). Además, el Gobierno mantiene el IVA superreducido del 4% para la compra de cualquier vivienda nueva, sea la habitual o segunda o tercera vivienda, una decisión que ya criticó Bruselas a Zapatero.
Las dos medidas, que benefician a unos 7 millones de españoles que pagan hipoteca, tendrán un coste anual de 6.000 millones de euros (750 la rebaja del IVA y unos 5.200 millones la desgravación), que saldrán de la subida de impuestos aprobada por Rajoy (6.200 millones) y que vamos a pagar este año unos 13 millones de contribuyentes.

El objetivo es conseguir vender más pisos y dar salida al stock de 750.000 pisos nuevos que tienen inmobiliarias y bancos. Pero es dudoso que se consiga así. Primero, porque la desgravación y la rebaja del IVA van a frenar la caída de precios (hasta un 8%, según el Banco de España), ya que con ayudas se puede pagar más. Segundo, porque para que alguien compre un piso necesita tener un empleo y confianza en el futuro: hay 5,27 millones de parados y un 16,9% de los españoles temen perder su empleo este año, según el CIS. Y tercero, porque para comprar un piso hace falta tener un mínimo ahorrado (un 30% para la entrada y gastos, unos 45.000 euros para un piso de 150.000) y que un banco o Caja te den un crédito, algo difícil (por la alta morosidad) y caro: dedicar un tercio de los ingresos a pagar la hipoteca implica ganar unos 2.000 € al mes y dos tercios de los españoles son mileuristas.

En definitiva, que las ayudas son caras y su efecto dudoso, según muchos expertos, como la OCDE, el FMI, la Comisión Europea y el Banco de España, contrarios a las ayudas a la compra de viviendas, porque alimentan la burbuja inmobiliaria y el endeudamiento. Todos son partidarios de fomentar el alquiler, pero el Gobierno Rajoy ha hecho lo contrario, con dos medidas. Una, quitar la ayuda de 210 euros para pagar el alquiler durante 4 años a los jóvenes que ganen menos de 22.000 €, lo que perjudicará a 70.000 jóvenes cada año (los 300.000 que cobran la ayuda la seguirán recibiendo hasta que acaben los 4 años). La otra, quitar la deducción por alquiler (el 60%) a los propietarios que ganen más de 24.107 €. O sea, que para desgravar por compra de vivienda no importa lo que se gane y para alquilar sí.

Además, se teme por el futuro de la Sociedad Pública de Alquiler (SPA), que gestiona 14.000 alquileres de propietarios, a los que ya está endureciendo los contratos, lo que ha provocado una campaña de reclamaciones judiciales de la OCU. Y por el futuro de la vivienda pública en alquiler, que en España es sólo del 2% cuando en Francia o Reino Unido alcanza el 15% de la VPO. Y todo ello cuando estaban aumentando los pisos en alquiler, con la crisis y las mayores facilidades jurídicas al desahucio por impago, bajando los alquileres hasta un 8 % el último año, algo que ahora puede frenarse con estas medidas, que perjudican sobre todo a los jóvenes y a las rentas más bajas.

España es un país de propietarios: 80 % de las viviendas son en propiedad y sólo hay un 16% en alquiler, frente a una media del 40% en Europa (y un 58% de alquiler en Alemania, un 42% en Francia o un 31% en Gran Bretaña, donde más de la mitad de los alquileres son públicos). Una peculiaridad que tiene mucho que ver con la cultura a favor de la propiedad (en 1.970, un 30% de la vivienda era en alquiler), con los tipos de interés bajos y con unas ayudas a la compra más generosas: Alemania o Reino Unido han suprimido la desgravación, Dinamarca o Suecia la han reducido y la mayoría de países OCDE que la tienen sólo desgravan los intereses, no el principal de la hipoteca.

La apuesta de Rajoy por la compra en vez de por el alquiler va en contra de 6 millones de jóvenes que no consiguen irse de casa (el 54,2% vive con sus padres frente a un 46% en Europa), contra la movilidad laboral (clave para reducir el paro) y a favor del endeudamiento de las familias y el ladrillo, dos factores que han causado esta crisis. Por eso muchos expertos critican estas medidas, que nos costarán una subida de impuestos para ayudar a inmobiliarias y bancos a vender sus pisos. Hay que cambiar el chip, apostar por el alquiler y ayudar a los jóvenes a emanciparse. También aquí, vamos por el camino equivocado.