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jueves, 4 de junio de 2026

Salarios: España, un país de mileuristas

Este verano aumentará la inflación, cerca del 3,5%, por la subida de la luz, los alimentos, el turismo y los viajes. Mientras, los sueldos suben menos del 3%. Esto agrava un problema de fondo, que explica por qué bastantes familias no llegan a fin de mes: muchos sueldos son demasiado bajos, según acaba de confirmar el INE. Tres datos. El salario más frecuente (1.080 euros netos) es más bajo ahora que en 2019. Casi el 30% de los sueldos están entre 1.046 y 1.326 euros netos (en 14 pagas). Y más de dos tercios de los trabajadores (12,4 millones de asalariados) ganan entre 1 vez el salario mínimo (1.038 euros netos en 14 pagas) y 2 veces el SMI (1.711 euros netos). Somos un país de mileuristas, con unos sueldos un 25,6% más bajos que en Europa. Por eso, los sindicatos piden subidas del 4 al 7%, ahora que las empresas llevan 5 años subiendo ventas y beneficios. Pero la negociación salarial no ha empezado y podría no haber acuerdo.

                            Enrique Ortega

Casi la mitad de las familias españolas  tienen problemas para llegar a fin de mes (el 44,2%, según el INE), básicamente porque la inflación acumulada (+23,5% entre 2020 y 2025) ha crecido más que los salarios (+16,66% en estos 6 años). Y con los precios altos, por el encarecimiento de la energía, las materias primas y los alimentos, los salarios crecen este año menos que la inflación: +2,94% en los convenios firmados hasta abril, mientras la inflación está en el 3,2% anual en abril y subirá más este verano, por el encarecimiento de la luz (han vuelto a subir el IVA y el impuesto de la electricidad el 1 de junio), los carburantes, los alimentos, la hostelería, el turismo y los viajes. Así que seguirá siendo difícil llegar a fin de mes, sobre todo los que pagan además alquileres altos e hipotecas más caras.

La clave vuelve a estar en los salarios, que son demasiado bajos para muchos trabajadores, según acaba de desvelar el INE, con su última estadística de estructura salarial (referida a 2024): el salario medio anual en España es de 29.540 euros brutos, lo que significa 1.631 euros netos en 14 pagas. Un sueldo medio que es mayor para los hombres (32.057,55 euros brutos, 1.748 netos en 14 pagas) que para las mujeres (26.904,90 euros brutos, 1.507 euros netos), cuya “brecha” salarial es el 16,8% que cobran de menos. Este sueldo medio ha subido 5.144,28 euros brutos desde 2019, un aumento medio del +21%. Subida que se ha comido la inflación, porque los precios subieron el +21.3% en estos 6 años.

Pero este dato es el salario medio anual, que se obtiene como media entre los que más ganan y los que menos. Un dato más relevante es el salario mediano, que es el salario que divide a los trabajadores en dos partes: la mitad que gana más y la mitad que gana menos. En 2024 era menor, 24.497,17 euros brutos, unos 1.352 euros netos (14 pagas). Un salario mediano que ha crecido menos desde 2019 (+4.146 euros), un +20,37% (+21,3% el IPC).

Y queda un tercer dato que es más revelador: el salario más frecuente, el que ganan un mayor porcentaje de trabajadores. En 2024 era aún menor, según el INE, de 16.520,18 euros brutos (1.080 euros netos en 14 pagas), el sueldo que cobraban el 3,84% de los asalariados. Y lo peor es que este salario más frecuente ha caído en los últimos 6 años: era de 18.489 euros brutos en 2019 y ahora está en 16.520 euros, lo que significa que el sueldo que ganan ahora el mayor grupo de trabajadores es un 10,6% más bajo. Además, si miramos cuantos trabajadores ganaban entre 16.000 euros brutos (1.046 euros netos en 14 pagas) y 23.000 euros brutos (1.326 euros netos), son casi un tercio ( el 29,5%) de los asalariados, casi 5,5 millones de asalariados que son “mileuristas.

Y otro dato llamativo: más de dos tercios de los trabajadores (el 67,01%) ganaban en 2024 entre 1 vez y 2 veces el salario mínimo (SMI), entre 15.876 euros brutos entonces (1.038 euros netos en 14 pagas) y 31.752 euros brutos (1.711 euros netos en 14 pagas). Eso significa que 12,45 millones de asalariados ganan menos de 1.711 euros netos al mes (en 14 pagas), una cantidad con la que difícilmente se puede sobrevivir si no hay otro sueldo, si hay hijos y si encima hay que pagar un alquiler o una hipoteca. Esta es la realidad de la mayoría de los salarios que nos reflejan los datos del INE, aunque sean de 2024.

Además de tener sueldos mayoritariamente bajos, en España hay grandes diferencias de salarios por sectores, ocupaciones y autonomías, según reflejan los datos del INE. Hay 6 sectores económicos especialmente mal pagados, cuyo sueldo medio (ojo, las medias no reflejan los muchos sueldos más bajos) está por debajo del sueldo medio de toda la economía, esos 29.540 euros brutos (1.631 euros netos en 14 pagas): son la hostelería (17.653 euros brutos, 1.139 euros netos en 14 pagas), las actividades artísticas (20.383 euros brutos, 1.241 euros netos), actividades administrativas (21.096 euros brutos, 1.265 euros mensuales netos), comercio (25.778 euros brutos, 1.545 mensuales netos), construcción (26.965 euros brutos, 1.616 euros netos mensuales) e inmobiliarias (28.854 euros brutos). Y cobran por encima de la media, 4 sectores económicos: suministro de energía (57.931 euros brutos, 2.873 euros netos mensuales), industrias extractivas (41.951 euros brutos), industria manufacturera (32.281 euros brutos) y suministro de agua (32.362 euros brutos).

El sueldo tiene mucho que ver no sólo con el sector, sino con el puesto que se ocupa en la empresa. Así, los que más ganan son los directores y gerentes (63.865 euros brutos, más del doble que la media), seguidos de lejos por técnicos y profesionales (entre 45.513 y 40.554 euros brutos) , siendo los sueldos más bajos los de los trabajadores no cualificados de los servicios (16.062 euros brutos, 1.050 euros netos mensuales), los trabajadores de la restauración (18.918 euros brutos), de la salud (19.479 euros brutos) y los peones del campo o la construcción (22.030 euros sueldo medio bruto). Y estas diferencias se multiplican entre los grandes ejecutivos de grandes empresas: ganan hasta 111 veces más que su empleado medio, hasta 4,4 millones de euros anuales, según Intermón Oxfam.

También hay grandes diferencias de sueldos por autonomías, en función del mayor o menor peso de los sectores mejor pagados y de su productividad y su aportación a la riqueza (PIB). Hay 4 regiones con el sueldo medio por encima de la media de España (29.540 euros, 1.643 euros netos mensuales): País Vasco (35.170 euros brutos anuales , 1.894 euros netos mensuales), Madrid (34.410 euros brutos), Navarra (32.605 euros brutos) y Cataluña (31.730 euros brutos. Los sueldos medios más bajos se cobran en Extremadura (24.974 euros brutos, 1.417 euros netos mensuales), Canarias (25.120 euros brutos), Castilla la Mancha (26.062), Andalucía (26.089), Castilla y León (26.177), Murcia (26.349), Galicia (26.547) y la Comunidad Valenciana (26.816 euros brutos).

Ya no es sólo que España tenga sueldos bajos y muchos trabajadores sean “mileuristas”, sino que seguimos con sueldos mucho más bajos que en bastantes paises de Europa. Así, el salario por hora trabajada fue en España de 19,5 euros en 2025, un 25,6% del sueldo medio por hora pagado en la UE-27 (26,2 euros/hora), según Eurostat. Y quedamos muy lejos de lo que se paga por hora de trabajo en Luxemburgo (49,7 euros/hora), Dinamarca (44,7 euros), Irlanda (36,6 euros),Paises Bajos (36,3 euros), Alemania (34,5 euros), Francia (30 euros) o Italia (23 euros/hora), superando sólo a Portugal (15,6 euros) y Grecia (14,5 euros). Y no sólo se cobra menos ahora sino que el salario/hora ha crecido mucho menos en España que en Europa desde 2008 (+36,3% frente a +62,7% en la UE-27) y desde 2020 (+14,7% frente a +21,8% que ha subido el salario hora en la UE-27).

Al final, resulta que los sueldos en España ocupaban en 2025 el puesto 16 en el ranking de los 27 paises europeos desarrollados que integran la OCDE, encabezado por Suiza (107.487 euros brutos de sueldo medio), con Dinamarca en el 4º puesto (71.961 euros brutos), en el 5º Paises Bajos (69.028 euros), en el 7º Alemania (66.700 euros), en el 8º Reino Unido (65.340), en el 10º Bélgica (62.348 euros), en el 11º Irlanda (60.258 euros), en el 13º Suecia (50.338 euros), en el 14º Francia (45.964 euros), en el 15º Italia (36.594 euros) y en el puesto 16º España (32.678 euros brutos de media en 2025), quedando 9 paises europeos por debajo de los 30.000 euros de sueldo bruto medio (Portugal, el 22º, con 24.254 euros).

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las diferencias salariales en Europa, con sueldos más altos en el centro y norte que en el sur, se deben a 3 factores: la estructura económica y la mayor o menor productividad (muy ligada a la tecnología, el tamaño de las empresas y a la organización del trabajo), las instituciones del mercado laboral (más sueldos en los paises con sindicatos más fuertes y una negociación colectiva consolidada) y un mayor o menor coste de la vida (la alta inflación presiona al alza los salarios).

En España, la queja de los sindicatos es que el fuerte crecimiento de la economía y el aumento de ventas tras la pandemia ha beneficiado a las empresas, que han aumentado márgenes y beneficios, pero no a los trabajadores, cuyos sueldos crecen menos. Y aportan los últimos datos del Observatorio de Márgenes empresariales. Uno, que el valor añadido sobre ventas (ingresos menos costes) ha crecido un 24,5% en los últimos 4 trimestres (marzo 2026-marzo 2025), frente al 21,9% que crecieron de promedio entre 2009 y 2021. Y el margen bruto de las empresas (su rentabilidad operativa) es del 12,8%, frente a una tasa promedio del 10,5% entre 2009 y 2021. Y además, añaden, ha crecido más la productividad que los sueldos: entre 2018 y 2026, el margen bruto por asalariado que obtienen las empresas ha crecido un +53%, frente al +33% que ha crecido la remuneración media por asalariado en estos 8 años.

En definitiva, que en el reparto de la tarta del crecimiento y la riqueza, las empresas se llevan una mayor parte que los trabajadores. Y por eso, los sindicatos creen que es hora de que los salarios crezcan más, de repartir mejor el crecimiento. En el V Acuerdo para el Empleo y la negociación Colectiva (AENC) , firmado por los sindicatos y la patronal en 2023, se pactó una subida salarial del +4% para 2023 y del +3% para 2024 y 2025, más una cláusula de revisión del 1% si se disparaba la inflación, subidas que han sido básicamente respetadas en los convenios firmados (han subido un 10,46% estos tres años) y que han superado a la inflación (+9% de media los 3 años), mejorando algo el poder adquisitivo.

Ahora, cara a la firma del VI AENC, que debe pactar las subidas salariales para 2026, 2027 y 2028, los sindicatos exigen subidas mayores que las de los pasados años. Primero, porque los conflictos geopolíticos hacen temer un repunte de la inflación en todo el mundo y en Europa, donde la Comisión prevé una inflación del +3,1% este año (y del +3% en España), que podría aumentar si no acaba la guerra en Oriente Medio. Y segundo, porque los sindicatos creen que ya es hora de que los trabajadores se beneficien del crecimiento en sus sueldos, como han hecho las empresas con sus beneficios. Sobre todo los trabajadores que menos ganan, esos 5,5 millones de asalariados que ganan entre 16.000 y 23.000 euros brutos.

Por todo esto, el 29 de enero, UGT y CCOO presentaron su propuesta de negociación para acordar con la patronal el VI AENC que ampare los convenios de 2026 a 2028. Su posición de partida es exigir una subida salarial del 4% para 2026, 2027 y 2028, más una subida extra del 1 al 3% adicional para los trabajadores que ganan ahora entre el 10% y el 30% por debajo del salario medio anual en España (29.540 euros), además de una cláusula del revisión salarial del 1,5% por si se dispara la inflación. Además, quieren incluir en esta negociación colectiva la supresión de las horas extras gratis, la reducción de jornada, la precariedad laboral de los jóvenes y las mujeres, el grave problema de la vivienda para muchos trabajadores (y sus empresas), además de la regulación de los algoritmos y la Inteligencia Artificial.

Ha pasado casi medio año y no hay avances en la negociación salarial para 2026 y los dos años siguientes, cuando el V AENC se firmó el 10 de mayo de 2023. La patronal CEOE no parece interesada en sentarse con los sindicatos a negociar y muchas empresas, sobre todo las más pequeñas, creen que la subida será menor si no hay un aumento pactado. Además, la patronal CEOE lleva unos meses muy radicalizada, levantándose de las mesas de concertación (como en el tema de la reducción de jornada) y culpando al Gobierno (y a los sindicatos) de querer “imponerles” cambios legales, quejándose del exceso de absentismo y bajas laborales (en gran parte, por los problemas de la sanidad pública). Todo apunta a que los sindicatos presionarán a la patronal en septiembre, pero será un mal momento para la CEOE, porque en noviembre hay elecciones y quiere volver a presentarse Antonio Garamendi. Así que no está claro que este otoño se negocien las futuras subidas salariales, como se hace desde 2010.

Pero los bajos salarios son un problema, no sólo para los trabajadores que los cobran sino para el conjunto de la economía: si los salarios no suben algo más que la inflación, será difícil sostener el aumento del consumo, uno de los motores del crecimiento y el empleo. Así que mejorar los salarios, para que sean más “europeos” no sólo es una cuestión de justicia (el 64% de los trabajadores están por debajo del salario medio, según los sindicatos) sino también de economía: necesitamos mejorar los salarios para mantener el consumo y seguir creciendo y creando empleo. Hay que conseguir que más españoles noten la mejoría de la economía, repartir mejor el crecimiento. Y para eso tienen que subir más los salarios en los próximos años, sobre todo los más bajos. Se puede y se debe.

lunes, 25 de noviembre de 2019

Mileuristas: mitad jóvenes y un tercio mujeres


Los sueldos subieron un 2,9% en 2018, hasta los 1.944 euros brutos de media. Es "la mayor subida anual en la última década", dicen algunos con triunfalismo. Es cierto. Pero no dicen que la subida de salarios de la recuperación (+3,35% desde 2014) se la ha comido la inflación (+4,2%), igual que la subida desde 2007. Y que ahora los salarios son mucho más desiguales y que hay dos grupos con un salario mileurista: la mitad de los jóvenes y casi un tercio de las mujeres, cuya “brecha salarial” con los hombres ha aumentado en los dos últimos años. Y además, un tercio de los que trabajan son pobres, según las estadísticas europeas. Así que nada de triunfalismos: los sueldos siguen bajos y son un 23% menores que la media europea y un 40% más bajos que en  Alemania. Nuestras empresas siguen buscando competir  “a la China”, con sueldos bajos, en perjuicio de nuestros ingresos. Urge tener unos sueldos decentes y competir con otras cosas.


enrique ortega

En 2018, el sueldo medio de los españoles que viven de un salario (16.215.800 trabajadores) fue de 1.944,40 euros brutos (unos 1.750 euros netos), con una subida anual del 2,9%, la mayor de la última década, desde 2008 (en que subieron un 8%), según el INE. Parece que la devaluación salarial se ha acabado, tras unas subidas mínimas  en 2011 (+0,2%), 2012 (+0,5%), 2013 (+1%), 2014 y 2015 (+0,7%), 2016 (cayeron un -0,8%) y 2017 (+0,6%). Pero el dato “no es para tirar cohetes”. Primero, porque la subida del salario medio durante estos 5 años de recuperación (2014-2018) ha sido de 63,10 euros al mes, poco más de 2 euros al día. Y, sobre todo, porque esa subida (+3,35%) “se la ha comido la inflación, que subió un 4,2% estos años, según el INE. Y si tomamos la subida salarial desde 2007 (+301 euros mensuales, un +18,32%), también ha sido menor que la de los precios (+20%).


Pero lo peor es que los salarios son ahora más desiguales que antes. Hay un 30% de los asalariados (4,86 millones de trabajadores) que ganan menos de 1.250 euros brutos al mes, lo que significa que en neto (1.075 euros mensuales) son casi mileuristas. Y al otro lado, otro 20% (3,24 millones de trabajadores) que ganan más del doble, más de 2.674,70 euros brutos al mes (unos 2.280 euros netos). Y, sobre todo, hay un 10% de asalariados (1,62 millones) que malviven con sueldos inferiores a 748,7 euros brutos al mes (695 euros netos). Son trabajadores pobres, una cifra que abarca a un tercio de los trabajadores, según la estadística europea: un 32,6% de los españoles pobres trabajan,  según el último estudio de la Red Europea contra la pobreza (EAPN).


La radiografía de los salarios españoles que acaba de publicar el INE (Decil de salarios 2018) revela que hay dos colectivos que sufren especialmente los bajos salarios: los jóvenes y las mujeres. Empezando por los más jóvenes, destaca que la mitad sean mileuristas o menos: un 49,9% de los jóvenes asalariados menores de 25 años (son 462.173 jóvenes) ganan menos de 1.046,90 euros brutos al mes (962 euros netos). Y de ellos, el 29% (268.598 jóvenes) son “pobres” y ganan menos de 748 euros brutos al mes (695 euros netos). Si ampliamos la edad, de 25 a 34 años, uno de cada cuatro jóvenes son mileuristas o menos (el 24,5%, 837.434 jóvenes) porque ganan menos de 1.046,90 euros brutos (962 euros netos). Y de ellos, el 10,9% (372.572 jóvenes) son “pobres” y ganan menos de 748 euros brutos (695 euros netos), según el INE


Sumando ambos grupos, tenemos 1.299.607 jóvenes asalariados (de 16 a 34 años), casi 1 de cada 3, que son mileuristas o menos porque ganan 1.046,90 euros brutos al mes (962 euros netos). Y de ellos, la mitad (641.170 jóvenes asalariados, casi 1 de cada 7) que son “pobres”, porque ganan menos de 748 euros brutos al mes (695 euros netos). Con estos ingresos tan bajos,  se explica que el 81% de los jóvenes no puedan independizarse ni formar una familia.


Vayamos a las mujeres. El 41,1% de las mujeres asalariadas (7.759.260 en total) ganan menos de 1.260,90 euros brutos al mes (1.075 euros netos), más del doble de mujeres mal pagadas que de hombres (sólo el 19,7% de los asalariados varones ganan menos de 1.260,90 euros brutos, según el INE). Y si miramos las que son mileuristas o menos, las que ganan menos de 1.046,90 euros brutos (962 euros netos), son casi un tercio de las mujeres asalariadas, el 29,1 % (2,25 millones de trabajadoras). Fijándonos en las asalariadas “pobres”, las que ganan menos de 748,90 euros brutos al mes (695 euros netos), son un 15,6% de las mujeres trabajadoras (1.210.000 asalariadas), el triple que hombres (sólo el 4,8% de los asalariados varones ganan menos de 748,90 euros brutos al mes).

Además, las estadísticas revelan que en los dos últimos años se ha agravado la “brecha salarial” entre hombres y mujeres en España. En 2018, el salario medio bruto de las mujeres fue de 1.708,40 euros, el 79,04% del salario bruto de los hombres (2.161,40 euros), según el INE. Eso da una “brecha salarial” del 20,96%, superior a la de 2017 (20,19% de brecha) y la de 2016 (19,98%), aunque inferior a la de 2014 (23,89% de brecha salarial).


Las mujeres ganan menos que los hombres, según el INE, porque tienen más empleos a tiempo parcial, tienen más contratos temporales y trabajan más en sectores peor pagados. Son razones que explican también en buena medida por qué los jóvenes ganan menos: tienen más contratos temporales, en sectores peor pagados y no tienen apenas antigüedad, factores que juegan mucho en el sueldo, según la radiografía de salarios del INE.


El factor que más hunde los sueldos es la jornada de trabajo. Los asalariados con un contrato a tiempo parcial (muchas mujeres y jóvenes) ganan la tercera parte de lo que ganan los que trabajan a jornada completa: 746,10 euros brutos frente a 2.177,10 euros de media, según el INE. Otro factor decisivo es el tipo de contrato: los trabajadores con contratos temporales (un tercio de los asalariados españoles, la mayoría de los jóvenes y un alto porcentaje de mujeres) ganan dos tercios del sueldo de un trabajador con contrato indefinido: 1.389,70 euros brutos al mes frente a 2.142 euros brutos.


Otro factor clave para los sueldos es el sector económico donde se trabaja, según los datos del INE. Las actividades peor pagadas son las de empleadas de hogar (750,20 euros brutos frente a 1.944,40 euros de media), las tareas agrícolas (1.249 euros brutos), la hostelería (1.235 euros brutos), las actividades administrativas (1.348 euros), las inmobiliarias (1.571 euros) y el comercio (1.585 euros brutos), trabajos donde hay mayoría de mujeres. Y los trabajos mejor pagados son la energía (3.633,5 euros brutos), finanzas y seguros (3.350 euros), información y comunicaciones (2.741 euros), administración pública (2.563) y educación (2.365 euros). Obsérvese que una mujer de la limpieza gana 4,5 veces menos que un bancario y un joven que trabaja en hostelería 3 veces menos que en una compañía eléctrica.


Aún más importante que el sector es el puesto que se ocupa. Así, trabajar sin cualificación (el 16,4% de las mujeres asalariadas) tiene un sueldo medio de 1.103 euros brutos. Y los que son vendedores o trabajan en restauración (la ocupación del 29,3% de las mujeres) ganan 1.406 euros brutos de media, casi la cuarta parte del sueldo medio de un directivo (4.102 euros brutos). Además, si es en una gran empresa, las diferencias son escandalosas: los máximos directivos de las empresas del IBEX cobran 123 veces el sueldo medio de sus empleados (455 veces en Inditex), según un informe de Intermón Oxfam.


En general, en una gran empresa ganan más también los asalariados: 2.708,60 euros brutos de media, el doble de sueldo medio que tiene un asalariado en una micropyme (0-10 empleados): 1.388 euros brutos. Y también ganan más, en general, los que trabajan en el sector público: el sueldo medio de los asalariados públicos (funcionarios, sanidad, educación, etc.) es de 2.654,40 euros brutos al mes, un tercio más alto que el sueldo medio en el sector privado, que es de 1.772 euros brutos al mes, según el INE.


Otro factor clave, que explica los bajos salarios de la mayoría de  jóvenes, es la antigüedad. Los que llevan menos de 1 año en el trabajo ganan de media 1.343,70 euros brutos al mes, un 21,9% menos que la media (1.994,40 euros). Y los que llevan de 1 a 2 años ganan 1.539,50 euros brutos, un 20,8% menos. Sólo los que tienen 10 años o más de antigüedad, los contratados antes de la crisis (generalmente trabajadores mayores), ganan 2.448,40 euros brutos de media, un 26% más que la media. Y también cuenta mucho la formación: los peor formados (la ESO o menos) ganan la mitad (1.276 euros brutos de media) que los universitarios (2.455,30 euros de media).


Al final, hay grandes diferencias de sueldos por autonomías, porque tienen una diferente estructura económica (más o menos industria o servicios, más o menos empresas grandes, más o menos empleo público, más o menos trabajadores formados…). Así, las autonomías donde menos se gana son Extremadura (1612,30 euros brutos), Canarias (1.679,30), Andalucía (1.749), Murcia (1.761,80) y Castilla la Mancha (1.776,60 euros brutos). Y donde más se gana en Madrid (2.264,60 euros brutos), País Vasco (2.241,60), Cataluña (2.067,60) y Navarra (2.049,70 euros). En definitiva, un extremeño gana un 28,8% menos que un madrileño, una situación sólo algo mejor que en 2014 (ganaba un 30,10% menos), según el INE.


Bueno, ya nos hacemos una mejor idea de los salarios en España y de qué dependen. Nos falta saber que siguen siendo mucho más bajos que en Europa, porque con la crisis, las empresas han tratado de competir no subiendo apenas los salarios y contratando con salarios nuevos más bajos. Y aumentando la jornada, con muchas horas extras no pagadas. Así, en 2018, el salario por hora trabajada era en España de 16 euros, un 23,45% menos que el salario hora de Europa (20,9 euros/hora) y un 30% menos que el salario en la zona euro (22,8 euros por hora), según Eurostat. Y ahora somos el país nº 16 con sueldos más bajos de Europa, sólo más altos que en Portugal (11,3 euros/hora), Grecia (12,6), Malta, Chipre y 11 paises del Este. Y quedamos muy lejos de los sueldos de Alemania (26,9 euros/hora, un 40,5% más), Francia (24,1 euros), Reino Unido (22,5 euros) e Italia (20,2 euros/hora).


Subir los salarios en España y aproximarlos a Europa no es sólo una cuestión de justicia, para recuperar el poder adquisitivo perdido en la última década, incluso con la recuperación. Es también una cuestión de equidad, porque mientras los salarios apenas crecen y son cada vez más desiguales, los beneficios empresariales han crecido más: pasaron de 450.170 millones en 2007 a 511.842 millones en 2018 (+13,7% de aumento), la mejor cifra de la historia, mientras la remuneración de los asalariados pasaba de 522.556 millones cobrados en 2007 a 569.686 millones en 2018 (+9% de aumento), según el INE. Y eso con 1,1 millones menos de españoles trabajando hoy que antes de la crisis.


Y además, subir más los salarios es una exigencia económica: es clave para que las familias puedan mantener y aumentar su consumo, que es ahora (con el gasto público y la inversión), el principal motor de la recuperación, dado que han “pinchado” las exportaciones y el turismo. Y otro argumento adicional: sólo con mejores salarios pueden recuperarse las cotizaciones de la Seguridad Social y la recaudación de impuestos, dos factores claves para apuntalar las pensiones y el Estado del Bienestar.


En definitiva, que “llega la hora de subir los salarios”, como declaró el comisario europeo Pierre Moscovici en abril. Hay riesgo de que haya otra crisis, pero eso no puede ponerse como excusa para volver a frenar las subidas de sueldos en 2020. España tiene que seguir creciendo y compitiendo con Europa, sí, pero no a costa de “tirar” los sueldos, de que seamos la China de Europa y la mitad de los jóvenes y un tercio de las mujeres ganen menos de 1.000 euros netos y malvivan. Hay que apostar por unos salarios decentes, a cambio de mejoras en la productividad que pasan por ser más eficaces, producir con más tecnología, aumentar el tamaño de las empresas, digitalizarlas y a la vez mejorar la formación y la organización de sus empleados. Producir más y mejor para poder pagar mejores salarios. Otro reto más que tenemos pendiente.


lunes, 10 de diciembre de 2018

Un Plan (tardío y escaso) contra el paro juvenil


El Gobierno Sánchez aprobó el viernes pasado un Plan de choque por el empleo joven, que Rajoy debió aprobar en 2012 o en 2014. Como no se ha hecho nada, la situación de los jóvenes españoles es penosa: un tercio está en paro (el doble que en Europa) y los que trabajan lo hacen con más precariedad que los adultos: un 57% tienen contratos temporales y un 28% trabajan a tiempo parcial. Y su sueldo, ni siquiera mileurista, ha caído entre el 9 y el 28% sobre 2008. Por eso, el 81% de jóvenes siguen viviendo con sus padres. Un negro panorama que les provoca “precariedad vital” y desconfianza  ante el futuro.  Urge  centrarse en su formación (peor que la de los jóvenes europeos, aunque no se diga), incentivar su contratación, que tengan salarios dignos y ayudarles con la vivienda y a crear una familia. El Plan de choque es un punto de partida, pero Gobierno y oposición deberían volcarse en medidas más ambiciosas para mejorar la penosa situación de nuestros jóvenes.

enrique ortega

La crisis se cebó especialmente en los jóvenes españoles. Lo dicen claramente las estadísticas oficiales : de los 3.802.800 empleos perdidos en España entre 2007 (3º trimestre) y 2014 (1º trimestre), el 72,15% (2.744.000 empleos) fueron empleos perdidos por los jóvenes (de 16 a 29 años), según la EPA. Y lo peor es que la recuperación ha beneficiado también menos a los jóvenes: de los 2.577.400 empleos creados entre 2014 y 2018 (3º trimestre), sólo 484.900 son de jóvenes (16 a 29 años), el 18,8% del total. O sea que 3 de cada 4 empleos perdidos con la crisis fueron de jóvenes y ahora solo consiguen 1 de cada 5 nuevos empleos creados con la recuperación. Y todavía hay 2.259.100 jóvenes menos trabajando hoy que en 2007, así que los jóvenes tienen pendiente todavía recuperar un 45% de sus empleos perdidos.

Y este penoso balance, de la crisis y la recuperación, podría ser peor para los jóvenes si no hubieran contado con “una gran ayuda”: la pérdida de población, hay menos jóvenes. Si en 2007 había 8.377.400 jóvenes españoles (16 a 29 años), se produjo una fuerte caída en 2014 (había ya 6.764.600 jóvenes), que continúa hoy (6.584.300 jóvenes), según el INE. Así que hay 1.793.100 jóvenes menos hoy que en 2007 (se han perdido 1 de cada 5 jóvenes: si no hubiera caído esa población joven, la situación de los que quedan sería peor: serían más a repartirse el poco empleo existente. Además, España ha tenido “otra ayuda”: con la crisis, muchos jóvenes en paro o sin perspectivas de empleo han vuelto a estudiar, con lo que además de haber menos jóvenes (por la caída de la población), ha habido menos jóvenes “activos”, buscando trabajo: si en 2007 había 5.637.700 jóvenes activos (trabajando o parados buscando trabajo), en 2018 hay 3.702.900 jóvenes (16 a 29 años), según el INE, casi 2 millones de “activos” menos, lo que también ha “aliviado” el mercado de trabajo. Y la explicación es que muchos jóvenes, en vez de buscar un trabajo casi imposible, han vuelto a estudiar.

A pesar de estas dos “ayudas (menos jóvenes y menos buscando trabajo), ha habido poco empleo para los jóvenes (sólo se han llevado 1 de cada 5 nuevos empleos) y por eso ha crecido el paro juvenil, que, a pesar de la recuperación, duplica todavía hoy el de 2007: es del 45,43% entre 16 y 19 años (era del 29,19% en 2007, aunque llegó al 70,16% en 2014), del 30,10% entre 20 y 24 años (14,78% en 2007 y 52,86% en 2014) y del 19,31% entre 25 y 29 años (frente al 8,09% en 2007 y 32,76% en 2014), según la EPA, el doble y el triple que el paro total en España, que es del 14,55% (7,93% en 2007 y 25,93% en 2014).

Y lo peor es que el paro juvenil en España se ha alejado del europeo, tanto con la crisis como con la recuperación. Si en 2007, el paro de los jóvenes españoles (15 a 29 años) era del 12,9%, muy parecido al de Europa (12% la UE-28 y 12,1% la zona euro), en 2014, tras la crisis, se había distanciado enormemente y lo duplicaba con creces: 39,7% de paro juvenil (15 a 29 años) en España frente a 17,7% en Europa (UE-28) y el 19,6% en la zona euro. Y aunque ha bajado con la recuperación, en 2017 la distancia con Europa es el doble que en 2007: tenemos un 29,4% de paro juvenil (15-29 años), frente al 13,2% en la UE-28, el 15,4% en la zona euro, el 5,8% de Alemania, el 8,4% de Reino Unido, el 17% de Francia o el 26,7% de Italia, siendo superados sólo por Grecia (35,6%), según Eurostat. Y si tomamos sólo el paro de los menores de 25 años, tenemos más del doble que Europa: 34,9% de paro juvenil en octubre 2018, frente a 15,3% en la UE-28, 17,3% en la zona euro, 6,2% en Alemania, 10,9% en Reino Unido, 21,4% en Portugal, 21,5% en Francia y 32,5% en Italia, superándonos solo el paro juvenil de Grecia (32,5%), según la última estadística de Eurostat.

El problema de los jóvenes no es sólo que haya muchos en paro (934.500 parados en septiembre 2018, el 31,6% de los jóvenes activos) sino que los pocos que trabajan (2.768.500 en septiembre 2018, el 44% de los jóvenes en edad de trabajar) lo hacen con mucha precariedad: dos tercios de los jóvenes empleados (66%) tienen un contrato temporal y/o a jornada parcial, frente a un tercio (30%) los mayores de 30 años, según un estudio de Comisiones Obreras. Y lo peor es que la crisis ha aumentado la precariedad de los jóvenes, hoy mayor que en 2006. Así, el porcentaje de jóvenes con contrato temporal era en 2017 del 57,50%, frente al 55% en 2006 (y el 44% en 2009), mientras en el conjunto de trabajadores españoles se ha reducido (del 34% de temporales en 2006 al 27% en 2017). Y lo mismo pasa con los contratos a tiempo parcial: los tenían un 28,17% de jóvenes (16-29 años) en 2017, frente al 15,4% de contratos a tiempo parcial en 2006, según CCOO.

Y esto es el balance de precariedad de todos los jóvenes empleados, porque los contratos que se hacen ahora son aún más precarios: el 90% de los nuevos contratos hechos en 2018 son temporales y un 35% a tiempo parcial. Y sólo el 4% de los contratos nuevos de los jóvenes son “de calidad”: indefinidos y a tiempo completo. Además, cada vez hay más rotación: si en 2007, cada asalariado joven firmaba una media de 3,4 contratos al año, en 2017 se firmaron 5,7 contratos de media por joven (16-29 años). Y los contratos temporales de los jóvenes son por menos tiempo: en 2017, un tercio fueron por menos de un mes. Y eso les llevó a estos jóvenes a firmar hasta 46 contratos temporales en 2017, según el informe de COOO.

Con tanto paro y tanta precariedad, el salario de los jóvenes es muy bajo: el salario medio anual de los jóvenes menores de 20 años fue de 7.182 euros brutos (508 euros/mes netos en 12 pagas), el de los jóvenes de 20 a 24 años fue de 11.316 euros brutos (801 euros/mes netos en 12 pagas) y el de los jóvenes de 25 a 29 años de 19.339 euros brutos (1.369 euros/mes netos en 12 pagas), según la última estadística del INE (sueldos 2016). Eso supone que el sueldo de los jóvenes es el 31% (16-19 años), el 49% (20-24 años) o el 68% del sueldo medio de todos los trabajadores (23.156 euros brutos en 2016). Y son tan bajos porque los sueldos de los jóvenes se han reducido con la crisis, se han devaluado entre 2008 y 2016: cayeron un -20% los sueldos de los menores de 20 años, un -15% los de 20 a 24 años y un -9% los sueldos de los jóvenes de 25 a 29 años, mientras aumentaban un +6% en el total de trabajadores, según la Encuesta anual de estructura salarial del INE.

Con estos sueldos, muchos jóvenes no llegan ni a “mileuristas y tienen serios problemas para sobrevivir. De hecho, con la crisis han crecido los jóvenes “pobres, considerados así por la estadística europea AROPE cuando ingresan menos del 60% de la media española (menos de 8.522 euros anuales los solteros y menos de 17.896 euros anuales las familias con 2 hijos): son ya pobres un tercio de los jóvenes de 16 a 29 años (el 34,8% en 2017), un 12% más que en 2008 (22,8% de los jóvenes eran pobres). Y esta tasa de pobreza juvenil es mucho mayor que la media española (26,6% son pobres) y que en el resto de las edades (25% de pobres entre 30 y 44 años o 16,4% de pobres entre los mayores de 65 años).

Con tanto paro, tanta precariedad y unos sueldos tan bajos, los jóvenes españoles viven en lo que CCOO llama “la precariedad vital”: su objetivo es vivir al día, sobrevivir, sin demasiadas esperanzas de mejorar. Saben que tienen muy difícil cosas “normales” para sus padres, como alquilar o comprar un piso y formar una familia. Y tampoco irse de casa: el 80,6% de los jóvenes españoles menores de 30 años vivían con sus padres en 2017, nada menos que 5.236.860 jóvenes, 4 de cada 5 en esas edades, según el Observatorio del Instituto de las Juventud. Y hay 8 autonomías donde suben del 82% los jóvenes no emancipados: Andalucía, Extremadura, Murcia, Asturias, Cantabria y el País Vasco. Un dato que contrasta con el 70% de jóvenes no emancipados que hay en Europa.

Si el presente de los jóvenes es difícil, a pesar de la recuperación, el futuro se presenta aún más problemático, por dos razones. Una, porque para 2030, un tercio de los empleos actuales (34%) están en riesgo, por la robotización de la economía, según un reciente estudio de la consultora PWC hecho en 27 países, que señala a España como el 4º país más afectado por la automatización del trabajo, tras Eslovaquia (perdería el 44% de los empleos actuales), Italia (-39%) y Alemania (-37%). Y la otra, porque el empleo del futuro será más especializado y el 70% de los nuevos empleos que se creen en 2025 requerirán una “alta formación”, según la Comisión Europea. 

Y nuestros jóvenes (25-34 años) tienen todavía baja formación, aunque un tercio largo sean universitarios, según el último informe educativo de la OCDE: el 35% tienen baja formación (sólo tienen la ESO o ni siquiera) frente a menos de la mitad en la OCDE (16%) y en Europa (15% en UE-22 y 13% en Alemania, Francia y Reino Unido), con lo que somos el país europeo con más porcentaje de jóvenes poco formados y el tercero de la OCDE, tras Turquía (45% jóvenes poco formados) y México (53%). En un nivel medio (con Bachillerato y FP) están el 24% de los jóvenes españoles, frente al 42% en la OCDE y el 40% en la UE-22. Y eso sí, tenemos casi tantos jóvenes universitarios (41% como la OCDE (43%) y más que Europa (40% en UE-22).

Así que es verdad que tenemos “los jóvenes mejor preparados de la historia”, pero también es verdad que están “peor formados que los jóvenes europeos”. Y no es porque los jóvenes sean vagos y no estudien, sino porque muchos abandonaron el colegio o el Instituto para trabajar en los años del ladrillo (sin acabar su formación) y otros han dejado las aulas “por imposible”, con una tasa de “fracaso escolar” que es la 2ª mayor de Europa, tras Malta (tenemos un 18,3% de jóvenes entre 18 y 34 años que han abandonado sus estudios, frente al 10,6% de media de la UE-28). Pero no es verdad que los jóvenes españoles “ni estudian ni trabajan”: sólo son “ni-nis” realmente el 8% y el 92% restante están trabajando, estudiando, buscando empleo, de cuidadores o trabajando en el hogar, según el informe de CCOO, que rechaza “culpabilizar a los jóvenes” de su situación. Y también que estén en paro por estar “sobrecualificados”: no trabajan porque el modelo productivo español no es capaz de darles empleo, no porque estén demasiado formados, señala CCOO.

Visto el panorama y el futuro de los jóvenes, habría que haber tomado medidas hace años, pero el Gobierno Rajoy no hizo casi nada, salvo apuntarse (con una mala gestión) a un Plan europeo de Garantía Juvenil, aprobado en 2013, que ha resuelto poco: sólo 419.606 jóvenes habían encontrado un trabajo (precario) entre 2014 y principios de 2018, según el Ministerio de Trabajo. En septiembre, el presidente Sánchez prometió un Plan de choque por el Empleo joven, cuyo borrador (ha habido 18) se envío a las autonomías (que lo tienen que gestionar), los sindicatos y la patronal CEOE (que puso inicialmente "pegas" y ahora lo apoya), que le han dado el visto bueno el 5 de diciembre, con lo que se aprobó en el Consejo de Ministros del pasado 7 de diciembre. Ahora, son las autonomías las que han de aplicarlo, cada una a su ritmo, y se espera que lo pongan en marcha para marzo de 2019.  

El Plan de choque por el empleo joven es un “parche”, porque sólo contará con 2.000 millones de gasto en tres años (665 en 2019,666 en 2020 y 668 en 2021), casi lo que ya se ha pagado (1.800 millones) a las 9 concesionarias de autopistas por rescatarlas de la quiebra. Pero “bienvenido sea” a la vista de la penosa situación de los jóvenes. El grueso del Plan (1.138 millones) se gastará en formación de los jóvenes, para recuperar a 100.000 sin título de la ESO, formar a 80.000 en idiomas y otros 226.000 jóvenes en temas digitales. Otra partida importante (616,5 millones) irá a bonificar la contratación de los jóvenes, pagando cotizaciones a empresas y autónomos. Y la “medida estrella” es contratar a 3.000 orientadores laborales, para que ayuden a los jóvenes a colocarse desde las oficinas de empleo (en 2012, Rajoy despidió a 3.000 orientadores del SEPE). Además, El Plan de choque incluye aprobar un Estatuto del becario y becas para jóvenes que no terminaron la ESO. El objetivo es bajar el paro juvenil (16-24 años) del 33% actual  al 23,5% en 2021.

Además de este Plan, hay que tomar otras medidas en tres frentes para ayudar a los jóvenes, como propone CCOO. Uno, el educativo, ampliando la educación infantil de 0 a 3 años (los “cimientos” de la formación), extendiendo la educación obligatoria a los 18 años, apostando por la Formación Profesional y mejorando las becas. El segundo, el laboral, con un Estatuto del becario, una mejora de los contratos de formación, reducir la precariedad (con más inspecciones de Trabajo), unos salarios dignos y una “carrera profesional” para los jóvenes. Y un tercer frente de mejora de su calidad de vida, con ayudas al alquiler, parque público de viviendas para jóvenes y ayudas a la emancipación, junto al fomento de la familia y la natalidad, claves en un país que va a un “suicidio demográfico” (menos jóvenes y más viejos). Todo esto y más debería ser objeto de un gran Pacto por la juventud, que deberían apoyar todas las fuerzas políticas y sociales, al margen de ideologías. Porque se trata de “dar una salida” a los jóvenes, la clave del presente y futuro de España. Nada menos.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Bajan los sueldos y Europa pide que suban


Es muy fuerte: la economía y los beneficios empresariales llevan 4 años subiendo pero los sueldos bajaron en 2016, por primera vez en 10 años. Y ahora, los españoles ganan 94 euros al mes más que en 2008 (+0,4%), un aumento ridículo que se ha comido la inflación (+11.7%). Para compararnos con Europa, sepamos que un español tarda 19 meses en ganar lo que un alemán en un año. O sea, tenemos unos sueldos de pena: el 30% de los trabajadores son mileuristas y el 70% ganan menos de 1.557 euros netos al mes. Y no solo es injusto que los sueldos no se beneficien de la recuperación, es que además pueden ponerla en peligro, porque no se reanima el consumo y hacen peligrar las pensiones. Por ello, la Comisión Europea y el BCE acaban de pedir que los sueldos suban en Europa. Mientras, los salarios perderán poder adquisitivo en España, en 2017 y 2018. Y así se frena el crecimiento y el empleo.


enrique ortega

El INE acaba de dar la alerta: el salario medio de los españoles bajó en 2016, por primera vez en los últimos 10 años: el sueldo bruto fue de 1.878,1 euros al mes, un 0,8% menos que en 2015, según el Decil de Salarios de la EPA 2017. Ese es el sueldo bruto y si descontamos cotizaciones y otros conceptos, quedaría en 1.596 euros netos en 12 pagas (o 1.368 euros netos en 14 pagas). Un sueldo muy bajo. Y esa es la media. Quiere decir que hay trabajadores que ganan menos. Concretamente, pueden hacerse tres bloques de sueldos entre los 15.282.000 asalariados españoles, según el INE. Un 30% (4,5 millones) son mileuristas: ganan menos de 1.229 euros brutos al mes (1.045 netos en 12 pagas o 895 euros netos en 14 pagas). Otro 40% de trabajadores (6,11 millones) están regular pagados: ganan entre 1.229,3 y 2.137 euros brutos al mes (entre 1.045 y 1.816 euros en 14 pagas y entre 895 y 1.557 euros en 14 pagas). Y sólo hay un 30% de asalariados (4,5 millones) relativamente bien pagados: ganan más de 2.137 euros brutos mensuales (más de 1.816 euros netos en 14 pagas o más de 1.557 euros netos en 12 pagas).

Como puede verse, los sueldos son bajos en España y apenas han subido en los últimos años. De hecho, el sueldo medio bruto anual ha pasado de 21.638 euros en 2008 a 22.771 euros en 2016, según la Encuesta de coste laboral del INE. Son 1.133 euros al año, 94 euros más al mes (+0,4%), un aumento mínimo que se ha comido con creces la inflación (+11,7% de inflación media en esos 8 años). Y ese ha sido el aumento medio de los que trabajan. Porque un joven que entra ahora a trabajar, recibe un sueldo que es un 12% inferior al que se cobraba en 2008, según FUNCAS. Y esta devaluación de los nuevos sueldos, causada por el alto paro y la reforma laboral de 2012, ha tirado de todos los sueldos a la baja.

Además de bajos, los sueldos en España son muy desiguales, según el Decil de Salarios del INE 2017. Primero, por sexos: las mujeres ganan un 20% menos que los hombres (1.661 euros brutos frente a 2.075), debido a que tienen empleos más precarios (más contratos temporales y a tiempo parcial) y en sectores peor pagados (servicio doméstico, comercio, administrativas y hostelería). Segundo, por edad: un 71,2% de los jóvenes menores de 25 años son mileuristas (ganan menos de 1.229 euros brutos) y cobran 7,7 euros la hora, la mitad de lo que cobran los mayores de 55 años (14 euros la hora). Tercero, por la formación: el 90% de los que tienen poca formación (la ESO o menos) son mileuristas o tienen sueldos medios (entre 1.229 y 2.137 euros brutos). Cuarto, por tipo de contrato: los trabajadores temporales ganan un 63% menos que los trabajadores con contrato indefinido y los que trabajan a tiempo parcial, unas horas, ganan el 35% de los que trabajan a jornada completa. También juega mucho la antigüedad (los que llevan más de 10 años trabajando ganan casi el doble que los nuevos) y el puesto de trabajo: los directores y gerentes ganan el triple que un camarero.

Con todo, un elemento clave de desigualdad salarial es el sector donde se trabaja, según los datos del INE. Los salarios más bajos se concentran en el servicio doméstico (832 euros brutos al mes, 7007 euros netos), el campo (1.159 euros brutos) y la hostelería (1.172 euros brutos) y los más altos en banca y seguros (3.126 euros brutos de media), eléctricas (3.070), información y comunicaciones (2.655) y educación (2.378 euros brutos). También cuenta mucho el tamaño de la empresa: el salario medio bruto en las pymes de menos de 10 empleados (1.363 euros mensuales) es la mitad que en una gran empresa (2.640 euros de sueldo medio bruto). Y ganan más, en general, los que trabajan para la Administración pública (2.623 euros brutos) que los que trabajan en una empresa privada (1.694 euros, un tercio menos), ganando más los funcionarios de las autonomías y menos los de los Ayuntamientos. Por último, hay mucha diferencia de sueldos por autonomías: donde más se gana es en el País Vasco (2.235 euros de sueldo medio bruto, un 19% más que los 1.878 euros de la media española), Madrid (2.165,8 euros brutos), Navarra (2.085), Asturias (1.957 euros) y Cataluña (1.952 euros). Y donde menos en Extremadura (1.613 euros brutos, un 14% menos que la media española), Murcia (1.628 euros), Canarias (1.631 euros) y Andalucía (1.686 euros).

Tras esta radiografía de los sueldos españoles, comparémoslos con los europeos. Según un estudio de Adecco, el sueldo medio bruto en España (2016) era un 15,4% inferior a la media de los sueldos europeos (1.636 euros frente a 1.934 euros). España se sitúa en la zona intermedia, con 12 paises europeos donde se gana más: en cabeza, Dinamarca, donde se ganan 3.637 euros brutos (más del doble que en España), Luxemburgo (2.986 euros) e Irlanda (2.668), seguidos de Alemania (2.576 euros, un 36,5% más), Reino Unido (2.395 euros brutos), Francia (2.249 euros) o Italia (1.977 euros). Y hay otros 15 paises con sueldos más bajos que España, de los que en 12 ganan menos de 1.000 euros brutos (Grecia, Portugal y 10 paises del Este, con Bulgaria (380 euros brutos de sueldo) y Rumanía (499 euros) a la cola.

La comparación de los sueldos españoles con la Europa rica se resume en este dato: un trabajador español necesita trabajar 19 meses para ganar lo que un alemán en un año. Y en este otro: España es el tercer país europeo con más porcentaje de trabajadores pobres, los que ganan menos del 60% de la renta media del país. Tenemos un 13,1% de trabajadores que pueden considerarse “pobres” aunque tengan un empleo (son 2 millones de asalariados), frente a un 9,5% de media en la UE-28 o en Alemania y Portugal, el 11,5% de Italia, el 8,6% en Reino Unido o el 7,9% en Francia. Y sólo nos ganan en porcentaje de trabajadores pobres Rumanía (el 18,9%) y Grecia (14,1%). Como para presumir de salarios.

España ya tenía antes de la crisis sueldos más bajos que Europa, pero ahora se ha agravado la brecha salarial porque los sueldos han subido menos en España en los últimos años, por el elevado paro y la reforma laboral aprobada por Rajoy en 2012. Así, los salarios en convenio, que habían subido un 12% entre 2007 y 2011, como si no hubiera crisis (y eso provocó una mayor pérdida de empleo) moderaron las subidas después, en 2012 (+1,16%), 2013 (+0,53%), 2014 (+0,57%), 2015 (+0,48%), 2016 (+1,06%) y 2017 (+1,4% hasta octubre). Y como los precios han subido más, los salarios españoles, además de bajos, han perdido poder adquisitivo, más que los europeos: un -8,6% entre 2008 y 2015, según el INE. Y aunque lo ganaron en 2016 (porque cayó la inflación media un -0,2%), volverán a perder poder adquisitivo en 2017 (la inflación media será del 2%) y en 2018 (1,6% de inflación prevista).

Estos datos de los salarios, con mínimas subidas que se come la inflación, contrastan con la recuperación de la economía (crece desde 2014) y sobre todo, con la recuperación de los beneficios empresariales, que crecen desde 2014. Así, las empresas españolas ganan ya un 1,6% más que antes de la crisis, según la Contabilidad nacional del INE (473.032 millones en 2016 frente a 465.182 millones en 2008). Y las grandes empresas del IBEX, que pelean por no subir los sueldos a sus empleados, han ganado un 18% más este año (31.683 millones hasta septiembre), mientras los sueldos de los convenios suben un 1,4%. Y con esto, los salarios han perdido un trozo en el reparto del pastel de la renta nacional (PIB): si en 2008 se llevaban el 51,6%, en 2016 era el 47,6%, mientras los beneficios empresariales mantienen su porción (42,2%) y aumentaba el trozo de renta nacional que se llevan los impuestos (de 8,8% en 2008 al 10,25% actual).

Mientras los trabajadores españoles apenas han visto mejorar sus sueldos, la competitividad de España no ha mejorado, sino que ha empeorado, a pesar del “sacrificio salarial”. Y eso porque hay otras cosas que cuentan a la hora de competir en Europa y en el mundo: los precios (la inflación lleva 15 meses seguidos subiendo más en España que en Europa), la moneda (el euro ha subido frente al dólar y eso encarece los productos españoles fuera de Europa) y otros costes, como la energía (la luz le cuesta a nuestras industrias un 28,3% más que a las alemanas y un 30,3% más que a las francesas, según Industria), el dinero (los créditos a empresas y familias son más caros en España), la distribución (hay demasiados “intermediarios” que suben los precios) y la logística (España compite peor por estar físicamente en un extremo de Europa). Así que de poco vale que los sueldos españoles no suban o incluso bajen (2016) si a las empresas les sube la luz, el dinero o el transporte.

Es hora de que suban más los salarios y dejemos de ser la China de Europa. Primero, por pura justicia, porque no puede ser que suban los beneficios de bancos y empresas pero no los sueldos de quienes trabajan. Pero también por pura economía: si los sueldos se estancan y se los come la inflación, las familias reducen su consumo, crecen poco las ventas, se crece menos y se crea menos empleo. Además, con sueldos bajos, los jóvenes no pueden pensar en independizarse y formar una familia y tener hijos, en un país envejecido donde cae la población. Y así, con menos gente trabajando y mal pagada es difícil asegurar el futuro de las pensiones, que tienen un “agujero” de 18.950 millones de euros.

Por todo ello, muchos expertos han empezado a pedir que suban más los salarios, como acaba de hacer la Comisión Europea: “sería importante para sostener la expansión en Europa”, ha dicho el economista jefe de la Comisión, preocupado porque la recuperación no avanza, por los riesgos económicos (subida del petróleo, el euro y, pronto, los tipos de interés) y políticos (Brexit, Trump, populismos y Cataluña). Y el presidente del BCE, Mario Draghi, ha pedido a los agentes sociales "que den prioridad a las subidas de sueldos" en Europa. Pero no parece que el Gobierno Rajoy ni los empresarios españoles estén por la labor. Por un lado, Hacienda ofrece a los funcionarios una  subida del 5,34% en los próximos 3 años (hasta el 8% con productividad), que los sindicatos consideran insuficiente. Y la patronal no ha sido capaz de llegar a un acuerdo salarial para 2017 y tampoco parece posible lograrlo para 2018, al ofrecer subidas del 1,5 al 2%, que apenas cubrirían la inflación prevista (1,6%). Mientras, UGT pide un 3% de subida salarial para 2018.

Si es verdad que la economía se recupera, tienen que subir más los salarios, sobre todo en los sectores y empresas que han recuperado sus ventas y beneficios, que han salido claramente de la crisis. Hay que buscar un pacto salarial con un calendario de subidas importantes a cuatro años vista. Y en paralelo, Gobierno y oposición deben pactar una mayor subida del salario mínimo, que está en 707 euros, para colocarlo en 1.000 euros de aquí a cuatro años (en Alemania o Francia, el salario mínimo está hoy en 1.480 euros). Sólo así, con sueldos dignos, puede alimentarse el consumo, el crecimiento y el empleo. Claro que para eso hace falta, en paralelo, reducir la precariedad laboral, porque si los salarios españoles son tan bajos es porque un tercio de los contratos son precarios y mal pagados. Sólo con contratos decentes se pueden conseguir sueldos decentes. Empecemos a mejorar ambos. No podemos seguir siendo la China de Europa. Porque tirar los sueldos no basta para competir mejor. Y arruina al país, además de hundir a la mayoría de las familias.