Como se esperaba, el Banco Central Europeo ha bajado hoy jueves los tipos de interés oficiales, otro -0,25%, hasta el 2%, el precio del dinero más bajo desde diciembre de 2022. Es la 8ª bajada de tipos del BCE desde hace un año: los bajó en junio, septiembre, octubre y diciembre de 2024, más en enero, marzo, abril y junio de 2025. Con estas bajadas, el BCE desanda el camino iniciado 2022, cuando aprobó 10 subidas de tipos, entre julio de 2022 y septiembre de 2023, subiendo los tipos del 0 al 4%, para contener la alta inflación.
jueves, 5 de junio de 2025
8ª bajada de tipos, pero suben los pisos
Como se esperaba, el Banco Central Europeo ha bajado hoy jueves los tipos de interés oficiales, otro -0,25%, hasta el 2%, el precio del dinero más bajo desde diciembre de 2022. Es la 8ª bajada de tipos del BCE desde hace un año: los bajó en junio, septiembre, octubre y diciembre de 2024, más en enero, marzo, abril y junio de 2025. Con estas bajadas, el BCE desanda el camino iniciado 2022, cuando aprobó 10 subidas de tipos, entre julio de 2022 y septiembre de 2023, subiendo los tipos del 0 al 4%, para contener la alta inflación.
jueves, 15 de junio de 2023
8ª subida de tipos: Europa en recesión
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| Enrique Ortega a partir de Buzz Lightyear |
La inflación mejora en todo el mundo, pero los Bancos centrales siguen con su dura política monetaria, subiendo tipos desde hace más de un año, para que baje aún más. Ayer mismo, la Reserva Federal USA hizo “una pausa” en las subidas, tras 10 aumentos de tipos desde el 16 de marzo de 2022, del 0 al 5,25%, el tipo máximo desde 2007. Pero la autoridad monetaria de EEUU anticipó que subirán los tipos otro 0,50% más este año, “porque la inflación sigue siendo muy elevada”. La próxima semana está prevista otra subida de tipos del Banco de Inglaterra, la 13ª desde diciembre de 2021, que colocaría los tipos del 0 al 4,75% en el último año y medio. Y hoy 15 de junio se reúne el Banco Central Europeo (BCE), para aprobar otra subida de tipos del +0,25%, la 8ª subida desde el 21 de julio de 2022. Con ello, el precio oficial del dinero en la zona euro subirá al 4%, el tipo más alto desde 2008. Recordemos que los tipos estuvieron en el 0% entre 2014 y 2022.
La justificación del BCE para volver a subir los tipos es que la inflación sigue demasiado alta (en mayo quedó en el 6,1%), muy alejada todavía del objetivo del 2% que defiende el BCE (y el resto de bancos centrales del mundo), aunque señalan que ha bajado tras las 7 subidas de tipos. Eso hay que matizarlo. Primero, la inflación en la zona euro sólo ha bajado del 8,6% en junio de 2022 (antes de la 1ª subida de julio) al 6,1% en mayo de 2023, según Eurostat. Mucho menos de lo que ha bajado en EEUU (del 9,1% al 4%), debido a que la economía USA sí estaba “recalentada”, con una mayor demanda y empleo, por lo que la subida de tipos ha surtido el efecto clásico de “enfriar la economía” y bajar precios. Pero en Europa, la inflación no se debe al tirón de la demanda (“inflación de demanda”) sino por el aumento de costes (“inflación de oferta”), por lo que la subida de tipos es menos efectiva: la clave era actuar sobre los costes, en especial la energía y las materias primas con precios disparados.
De hecho, si la inflación ha bajado algo en Europa (insisto: sólo del 8,6% al 6,1%) no ha sido por las reiteradas subidas de tipos sino porque se han moderado los precios de la energía y algunas materias primas. Veámoslo. El petróleo, que costaba 72,25 dólares el día antes de la invasión de Ucrania (24-F), llegó a subir a 129,22 dólares en marzo de 2022 y luego ha bajado hasta costar 75.46 dólares ayer, con la gasolina y el gasóleo más baratos que antes de la guerra en Ucrania. El gas, que costaba 88,89 euros/MWh antes de la invasión, saltó a 339,20 euros en marzo de 2022, para bajar drásticamente y cotizar ayer a 36.05 euros/MWh. Esa bajada ha reducido mucho el precio de la luz (junto a la excepción ibérica en España): de costar 195,85 euros/MWh el día anterior a la invasión a pagarse a 544 euros el 9 de marzo de 2022 y desplomarse a 89,72 euros/MWh ayer en el mercado mayorista, una caída clave para bajar la inflación general. Y también han bajado los precios internacionales de las materias primas y alimentos: el índice de precios de los alimentos de la FAO estaba en mayo en 124,3 puntos, un 21% por debajo del máximo histórico de marzo de 2022.
En resumen, que la inflación ha bajado en el mundo y en Europa, pero no por la drástica subida de tipos sino por la bajada de los precios de la energía, materias primas y alimentos, tras un reajuste en la demanda (menor consumo de empresas y particulares, ayudados por un invierno muy suave)), un aumento de energías renovables y, sobre todo, las medidas de diversificación de aprovisionamientos y las ayudas de los Gobiernos europeos (subsidios a los combustibles, rebajas del IVA a luz y alimentos y excepción ibérica). Y podrían haber bajado más los precios en Europa si las autoridades de Bruselas hubieran avanzado más en la reforma del mercado eléctrico y en las energías alternativas, dos asignaturas pendientes para que la inflación no repunte este invierno.
Si la drástica y continuada subida de tipos ha sido poco eficaz en Europa, porque tenemos una inflación de costes (no de exceso de demanda), sí ha sido eficaz para llevar a Europa a otra recesión, un riesgo del que los expertos (y este Blog) llevan advirtiendo meses. Porque es lo que provoca siempre una política monetaria restrictiva: encarece el precio del dinero y reduce el consumo y la inversión, frena la actividad y la economía se debilita hasta que deja de crecer. Es lo que buscan los Bancos Centrales: “enfriar la economía” y que “entre en coma”, para paralizar la demanda y ajustar la inflación. Por eso, las anteriores subidas de tipos provocaron otras recesiones, dos en los años 80. El problema ahora es que el “ricino monetario” lleva a la recesión pero no frena drásticamente la inflación, porque las subidas no dependen de una demanda excesiva, sino de los mercados del petróleo, el gas, la luz o los alimentos, y de la persistencia de la guerra en Ucrania, problemas que no resuelve la subida de tipos.
La dura realidad es que la economía de la zona euro ha pasado de crecer un +0,6% antes de la guerra (1º trimestre 2022) e incluso después (+0,8% creció en el 2º trimestre de 2022) a caer durante los dos últimos trimestres (la definición de “recesión"): -0.1% en el 4º trimestre de 2022 y -0,1% en el 1º trimestre de 2023, según Eurostat. Y lo peor: Alemania, “la locomotora europea”, está también en recesión (-0,5% y -0,3% decreció los dos últimos trimestres), al igual que Irlanda (-0,1 y -4,6%), Estonia (-1% y -0,6%) y Lituania (-0,5% y -2,1%) en la zona euro, más Hungría fuera (-0,6% y -0,3%). Los expertos del BCE y de Bruselas hablan de “recesión técnica”, para suavizar el problema, pero es una recesión sin más de la zona euro. Y contrasta con el crecimiento (débil) de EEUU en los dos últimos trimestres (+0,6% y +0,3%).
Lo peor es que esta recesión, fruto de la inútil subida de tipos del BCE, está afectando negativamente a la mayoría de los europeos, sobre todo a los más vulnerables. La reiterada subida de tipos ha encarecido drásticamente las hipotecas de 4 millones de familias españolas, que ven como el Euribor roza el 4%, cuando era negativo hasta marzo de 2022 y estaba en el +0,287% hace un año (mayo 2022). Eso supone que muchas familias llevan más de un año pagando más por su hipoteca, una subida de 250 euros al mes (más de 3.000 extras al año) los que la revisen ahora en junio. Eso está aumentando el esfuerzo que estas familias dedican a pagar su hipoteca, en perjuicio de su nivel de vida: la media de hipotecados destina ahora 683,5 euros mensuales a pagar la hipoteca, el 32,3% de sus ingresos. Y varias regiones y capitales superan esa media.
Además, los bancos llevan meses encareciendo sus hipotecas a los que quieren comprar una vivienda, con unos tipos medios del 3,683% en abril, frente al 1,38% que cobraban de media en 2021, antes de la subida de tipos. Y también los bancos han restringido la concesión de hipotecas, dado que ahora se llevan un mayor porcentaje de los ingresos de las familias. Y si los jóvenes y nuevas familias tienen más difícil conseguir una hipoteca, en vez de comprar un piso (las ventas llevan 3 meses cayendo) intentarán alquilarlo, lo que está disparando aún más los precios de los alquileres. Y si los españoles tienen que pedir un crédito personal, para comprar un coche o hacer un viaje, los tipos también han subido drásticamente: del 6,27% en febrero de 2022 al 8,07% en abril de 2023, según el Banco de España.
Junto a las familias, las empresas también llevan casi un año sufriendo la subida de tipos del BCE. El tipo medio de los créditos de menos de 250.000 euros (a pymes) ha subido del 1,70% (febrero 2022) al 4,53% (abril 2023), los créditos de 250.000 euros a 1 millón han más que triplicado su coste (del 1,35 al 4,31% en abril 2023) y los créditos superiores al millón de euros (para grandes empresas) han cuadruplicado con creces su coste, del 0,83% (febrero 2022) al 4,18% (abril 2023), según el Banco de España. Además de pagar más por financiarse, las empresas también tienen ahora más difícil conseguir créditos.
Y si miramos a los paises, los Gobiernos también tienen más dificultades para colocar su deuda pública, que en el caso de España es muy elevada (1,53 billones en marzo 2023): ahora hay que pagar más a los inversores por la subida de tipos del BCE. Así, el tipo del bono español a 10 años ha subido del 0,76% (febrero 2022) al 3,657% (diciembre 2022) y al 3,408% ayer. Con ello, habrá que destinar este año más dinero del Presupuesto para pagar esta deuda (estaban previstos 31.275 millones en 2023) y menos a gastos sociales.
En resumen, que familias, empresas y las cuentas públicas son los perjudicados por estas “dolorosas” subidas de tipos, que apenas bajan la inflación. Y sufre la economía en su conjunto, al entrar la zona euro en recesión, lo que perjudica a España, que aunque crece más que la mayoría de Europa (+0,4% y +0,5% en los dos últimos trimestres) sufre este estancamiento europeo en nuestras exportaciones y la llegada de turistas. Los grandes beneficiados por las reiteradas subidas de tipos del BCE son los bancos: cobran mucho más por hipotecas y créditos y pagan casi lo mismo por los depósitos. De hecho, la banca española está a la cola de Europa en el pago por los depósitos: pagan un 1,33% de media, frente al 2,27% en la zona euro, el 2,33% en Alemania, 3,03% en Francia y 3,11% en Italia, según el BCE. Este “racaneo” de la banca a la hora de pagar los depósitos (sobre todo al pequeño ahorrador) explica, junto al mayor coste de los créditos, que la banca española tenga unos beneficios récord con la subida de tipos: los grandes bancos han ganado 5.696 millones en el primer trimestre de 2023 (un +14% que al inicio de 2022).
Además de llevarnos a la recesión y dañar a familias, empresas y cuentas públicas, la subida de tipos tiene 2 riesgos más. Uno, que podría provocar una crisis del sector inmobiliario, al desencadenar una caída de ventas y precios que afectaría muy negativamente a los activos de fondos, inmobiliarias y empresas, desatando otra crisis financiera. Y la otra, que podría provocar una crisis de algunos bancos y, sobre todo, de la “banca en la sombra” (Fondos, Planes, aseguradoras, financieras…), que han crecido a costa de endeudarse con el dinero al 0% y que ahora se encuentran con que muchos activos valen menos (la deuda acumulada que tienen se deprecia según suben los tipos de la deuda nueva) y hay inversores que se ponen nerviosos y quieren su dinero, obligándoles a vender con pérdidas. Esto ya ha pasado, con la crisis del Silicon Valley Bank y algunos bancos regionales USA. Y por eso la Reserva Federal hizo ayer “una pausa” en su racha de subidas, para no alimentar otra crisis financiera.
Pero el BCE dice que las subidas de tipos no han terminado, que “estamos aproximándonos a la altitud de crucero”, aunque aún no hemos llegado, en palabras de Christine Lagarde, su presidenta. Y justifican próximas subidas (quizás otra de 0,25% en julio y otra más antes de fin de año, hasta poner los tipos en el 4,50%, aún por debajo del 5,75% previsto en USA y del 5% del Banco de Inglaterra. Aunque en el BCE hay paises “halcones” (más partidarios de las subidas: Alemania, Paises Bajos, Austria, Finlandia) y otros “palomas” (Italia, Francia, España y Portugal), todo indica que llevan la batuta los que quieren seguir subiendo tipos, con su presidenta a la cabeza, quien lo dijo muy claro en el Parlamento Europeo, el 5 de junio: “las decisiones oficiales del BCE garantizarán que los tipos de interés oficiales se sitúen en niveles suficientemente restrictivos para lograr un retorno oportuno de la inflación a su objetivo a medio plazo del 2%”.
A lo claro: seguirán subiendo los tipos mientras la inflación siga alta. Su última previsión es que la inflación en la zona euro bajará del 5,4% (2023) al 3% en 2024 y que no estará en el 2% hasta el tercer trimestre de 2025. Eso se traduciría en que el BCE subirá algo más los tipos en 2023, los mantendrá en 2024 y no piensa en bajarlos hasta el otoño de 2025, mientras la Reserva Federal USA anunció ayer que los bajará antes, en 2024. De ser así, la economía europea estará estancada este año y el que viene, con un grave coste para el empleo y la inversión. Y para las familias, las empresas y los paises. Eso si los tipos altos no nos dan un susto antes, provocando una grave crisis inmobiliaria o financiera, primero en EEUU y por contagio en Europa.
Todo por mantener la vieja política monetaria “neoliberal”, (criticada por estos dos Premios Nobel), tan inútil y peligrosa ahora como lo fueron los recortes impuestos en la década pasada. Ahora, los Gobiernos europeos (de distintas ideologías) “están en otra onda” (ayudas, no ajustes), pero el BCE sigue empeñado en aplicar su dañino “ricino” monetario. Los Gobiernos deberían reaccionar y, aunque sean “independientes”, pararles los pies: no más subidas de tipos.
jueves, 2 de febrero de 2023
5ª subida de tipos y Europa estancada
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| Enrique Ortega |
“Que la Reserva Federal USA tenga un martillo no quiere decir que tenga que salir a destruir la economía a martillazos…” Joseph Stiglitz, Nobel de Economía
Los bancos centrales (el BCE, la Reserva Federal USA o el Banco de Inglaterra) han reaccionado tarde contra la inflación, aplicando las subidas de tipos de interés más agresivas desde las de los años 80 (que provocaron dos recesiones y la mayor caída de actividad y empleo desde la II Guerra Mundial). Empezó EEUU, con una primera subida de tipos el 16 de marzo, a la que han seguido 7 subidas más, la última ayer 1 de febrero, en que la Reserva Federal (la FED) subió los tipos un +0,25%, lo que los sitúa en el 4,75% (desde el 0% en que estaban hace sólo 11 meses). Lo mismo ha hecho el Banco de Inglaterra, con 10 subidas desde la primera de diciembre de 2021, saltando los tipos del 0,25 al 4% actual. Y les ha seguido, aunque tarde, el BCE: hizo la primera subida el 21 de julio y hoy aprueba el 5º aumento del precio oficial del dinero (+0.5%), hasta el 3%.
Y estas subidas de tipos (ver gráfico) van a seguir, sobre todo en Europa, que va más retrasada respecto a las bajadas de EEUU y Reino Unido. Christine Lagarde, la presidenta del BCE, ya anticipó en enero en Davos que “seguirá con los tipos al alza, porque la inflación es demasiado alta”. Por ello, tras la subida de hoy (+0,50%, como en julio y diciembre, inferior al aumento del +0,75% de septiembre y octubre), se espera otra subida similar (+0,5%) en marzo, colocando el tipo oficial del dinero en el 3,5%. Y a partir de ahí, el BCE esperará a ver cómo se comporta la inflación, aunque su objetivo de precios, el 2% de inflación, no se espera rozar en la zona euro hasta 2025 (2,3%, tras un 6,3% en 2023 y un 3,4% en 2024).
El BCE, como la FED o el Banco de Inglaterra, aplican la vieja receta de la subida de tipos contra la inflación, que en esta ocasión no da los frutos esperados porque el origen de las subidas es distinto. No estamos ante una “inflación de demanda”, motivada por un alto consumo e inversión, que recalienta la economía y exige subir tipos para “enfriarla”. Estamos más bien ante una “inflación de oferta”, motivada por la subida de los costes energéticos y de las materias primas, agravada por un atasco en las cadenas de producción, distribución y comercio tras la pandemia. Y por eso, la subida de tipos no puede evitar el grueso de la inflación actual, la subida del petróleo, del gas, la electricidad o los alimentos.
Esto es más cierto en Europa que en EEUU, donde el problema no es tanto la subida de la energía (sube, pero USA es el primer productor mundial de petróleo y gas) como el pleno empleo y la tensión en los salarios, por lo que la subida de tipos ha sido más efectiva que en Europa: la inflación bajó del 7,9% en febrero (antes de la 1ª subida de marzo) al 6,5% de diciembre, mientras en la zona euro, los precios apenas bajan (desde el 8,6% en junio, antes de la 1ª subida, al 8,5% en enero 2022, según Eurostat). Y lo peor: la inflación de fondo ("subyacente") ha subido del 3,7% en junio al 6,9% en diciembre y al 7% ahora en enero de 2022.Y es que, por mucho que el BCE suba los tipos, los problemas actuales de los mercados energéticos (sobre todo en Europa) y los alimentos (dependencia, falta de competencia, exceso márgenes), más los efectos negativos de la guerra en Ucrania, no se evitan. Y por eso, la inflación apenas baja.
Así que el BCE sube los tipos (la 5ª vez hoy), pero la inflación sigue ahí, y sólo ha bajado un poco en los últimos 3 meses (del 10,6% en octubre al 8,5% en enero 2022). Conclusión: la vieja receta monetaria es ineficaz frente a una inflación de costes, agravada por la guerra en Ucrania. Pero no verlo y persistir en la ortodoxia tiene un alto coste, porque los altos tipos (una subida histórica: del 0 al 3,5% en 8 meses) van a frenar el crecimiento antes o después, poniendo a las economías en riesgo de recesión. Sobre todo en Europa, donde la economía está estancada: el PIB no creció nada en el 4º trimestre de 2022 en la UE-27, según Eurostat. Y sólo un mínimo +0,1% en los 19 paises de la zona euro. Pero es que la actividad económica cayó a finales de 2022 en varios paises europeos, algunos claves: Alemania (-0,2%), Italia (-0,1%), Austria (-0,7%), Suecia (-0,6%), Chequia (-1,7%) o Lituania (-1,7%), según Eurostat. Y los paises que no cayeron, apenas crecieron: Francia (+0,1%), Bélgica (+0,1%), Portugal y España (+0,2%).
Así que subir otra vez los tipos es arriesgarse a empezar el año 2023 con una recesión en Europa, sin que a cambio se consiga doblegar la inflación (hasta 2025). Y eso, porque el dinero más caro va a frenar (más) el consumo de las familias, el principal motor del crecimiento), así como las ventas y la inversión de las empresas (otro motor de la economía), aumentando además los costes de la deuda de los paises, que tendrán menos márgenes para gastar y dar ayudas, para reanimar el consumo, la inversión y las economías. Demasiados daños sobre el crecimiento y el empleo para encima no aplacar la inflación.
El primer efecto de las subidas de tipos ya lo sufren las familias en los últimos meses, cuando tienen que revisar sus hipotecas, ahora con mensualidades más altas. El Euribor (el precio del dinero al que se prestan los bancos entre sí) lleva en positivo desde abril de 2022, tras estar en negativo desde 2016. Y ha pasado de un mínimo del -0,502% en diciembre de 2021 al máximo de +3,337% en enero de 2023 (la subida más rápida en su historia). El problema es que este Euribor es el que se utiliza en el 75% de las hipotecas a tipo variable (3,87 millones de hipotecas) para revisar anualmente (o semestralmente) su pago. Y eso se traduce en que las familias que revisen su hipoteca en febrero (una hipoteca tipo de 150.000 euros a 25 años, con una revisión del Euribor+1%) tendrán que pagar 286 euros más al mes (3.432 euros más al año). Y como el BCE seguirá subiendo los tipos, el Euribor seguirá subiendo (rozará el 4% este año), con lo que las futuras revisiones de hipotecas tendrán más subidas, sobre todo las que se revisen hasta agosto (cuando el Euribor empezó a subir más).
Así que si las familias no tienen bastante con la subida de los alimentos (que no bajan apenas), carburantes, luz, gas y casi todo, ahora les sube la hipoteca, lo que frenará más su consumo, que hasta ahora se mantenía al ralentí gracias a los ahorros y el aumento del empleo. Y los que más sufrirán esta subida de tipos y del Euribor serán, otra vez, las familias más vulnerables con hipoteca: el Banco de España ya alertó hace meses que el encarecimiento de las hipotecas hará que el 14% de las familias con hipoteca (unas 770.000 familias) se conviertan en “vulnerables”, al subirles ahora los intereses a pagar por encima del 40% de sus ingresos. Y aunque el Gobierno y la banca han pactado un Código de Buenas Prácticas (voluntario para las entidades), dirigido a reducir la subida de cuota en los colectivos más vulnerables (con ingresos menores a 29.400 euros), la realidad es que sólo van a beneficiar a 1 millón de los 3,5 millones de hipotecados. Y además, si ahora van a pagar la misma cuota, no más (a pesar de la subida del Euribor), es a costa de más años pagando la hipoteca, con lo que acabarán pagando más intereses.
Otro problema de la subida de tipos y del Euribor es que se encarecen las nuevas hipotecas, lo que perjudica también a las personas (sobre todo jóvenes) que están pensando en contratar una hipoteca para poder acceder a una vivienda, dado que los alquileres están por las nubes (1.000 euros de media, frente a 820 euros mensuales una hipoteca). Actualmente, los bancos están tratando de “pillar” a los nuevos clientes con hipotecas a tipo fijo (el 75% de las nuevas), que son más caras (del 3,2% al 3,70% las más baratas) y están subiendo (se vislumbran a un tipo entre el 4 y el 4,75% este año), mientras todavía mantienen tipos atractivos en las hipotecas a tipo variable (Euribor+0,50 y hasta +0,60%), aunque sólo para sus mejores clientes, que han de cumplir múltiples condiciones. Y están aumentando las hipotecas mixtas (a tipo fijo los primeros 5-10 años y luego variable).
Además de pagar más por la hipoteca, pasada o futura, las familias ya sufren la subida de tipos por las tarjetas de crédito y por los créditos personales, para comprar un coche, un electrodoméstico o un viaje: el tipo medio ha subido un 12,6%, del 6,10 que costaban en diciembre de 2021 al 6,87% en noviembre d 2022, según el Banco de España.
Esta subida de tipos afecta también muy negativamente a las empresas, cuya deuda ascendía a 765.000 millones de euros a finales de 2022, según el Banco de España. Los tipos de sus créditos suben con el Euribor a 3 meses, que ha saltado de ser negativo (-0,523 en enero de 2022) a subir al +2,482% a finales de enero. Eso se traduce en una fuerte subida de los créditos a pymes (del 1,69% al 3,28% en noviembre para los créditos de menos de 250.000 euros y del 1,29 al 3,20% en los créditos de 250.000 a 1 millón), y también en los créditos a grandes empresas (han subido del 1,04 al 2,90%), según el Banco de España. Y si para muchas pymes era complicado financiarse, ahora lo será más.
Y queda un tercer efecto negativo de la subida de tipos, sobre la deuda pública y el Presupuesto. La subida de tipos encarece la colocación de la deuda pública de los paises y en especial de España, que ha alcanzado un récord de deuda (tras las ayudas públicas que han exigido la pandemia y la inflación): alcanza ya los 1.503.799 millones de euros, el 115,6% del PIB español, un récord histórico. Y el tipo del bono español a 10 años ha subido del 0,76% en enero de 2022 al 3,30% que había que pagar ayer para colocar esa deuda. Y eso significa que habrá que dedicar más recursos a pagar los intereses de esa deuda en 2023 (ya estaba presupuestado pagar 31.275 millones en 2023), un dinero que no podrá ir a gastos sociales o a inversiones públicas. Y eso contando con que el BCE siga ayudando a los paises del sur de Europa (sobre todo a Italia y España) a colocar su deuda, evitando los problemas y la grave crisis de la deuda que sufrimos en 2010.
En definitiva, demasiados efectos negativos de una subida de tipos ineficaz, que puede abocar a Europa a una recesión en la primera mitad de 2023. Y todo porque los bancos centrales, independientes de los Gobiernos y a los que nadie elige, se mantienen en sus viejas políticas monetarias restrictivas, vigilando sólo la inflación y sin preocuparse por la recesión, los daños a familias, empresas y Presupuestos. Reconocen que sus políticas “son dolorosas”, pero reiteran que no pueden hacer otra cosa contra la inflación que llevar a las economías a “un coma”, para cortar por lo sano. Unas políticas monetarias que siguen ancladas en el pasado, mientras los Gobiernos, incluidos los de derechas, han cambiado en estos años, abandonando la austeridad que se aplicó en la crisis financiera y buscando ahora, frente a la COVID y la inflación, reanimar las economías con ayudas públicas.
El problema es que los Gobiernos y la mayoría de los economistas no ponen en cuestión esta dañina subida de tipos, más en Europa, que está estancada (mientras USA creció un 0,7% en el 4º trimestre de 2022). Algunos sí, como el Nobel norteamericano Joseph Stiglitz: “subir los tipos más de lo necesario en un intento quijotesco de controlar la inflación en poco tiempo no sólo producirá sufrimiento ahora, sino que dejará cicatrices duraderas, sobre todo en aquellas personas que tienen menos capacidad de soportar los efectos de políticas desacertadas como éstas (…) Que la Reserva Federal USA tenga un martillo no quiere decir que tenga que salir a destruir la economía a martillazos…”. Una alerta clara.
Europa debía criticar la actuación del BCE y avanzar en otros caminos para combatir la inflación. El primero y fundamental, revisar a fondo los mercados energéticos, sobre todo el mercado eléctrico, ampliando a todos los paises la excepción ibérica y el tope al gas, que explica mucho por qué España tiene la menor inflación de la UE (5,8% en enero). Y avanzar más rápidamente en las energías limpias, reduciendo el consumo de petróleo y gas, a la vez que se fomenta la competencia en los mercados energéticos, en manos de poderosas multinacionales que multiplican sus márgenes a costa de todos. Y lo mismo en el mercado alimenticio y las materias primas. En paralelo, Europa debería aprobar un Fondo europeo de ayudas (como el Fondo de Recuperación que se aprobó frente a la COVID), para familias y empresas vulnerables, en lugar de que cada país vaya por libre (los ricos, como Alemania, con más cuantía, y otros, como España, a costa de disparar la deuda, que pagarán nuestros hijos y nietos). Y desde luego, tratar de reanimar las estancadas economías europeas, en vez de provocar una recesión. Dejen de subir los tipos de interés.
jueves, 8 de septiembre de 2022
Segunda subida (peligrosa) de tipos de interés
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| Enrique Ortega |
Los tipos de interés son una herramienta básica de la política económica. El precio oficial del dinero lo fijan los bancos centrales (Banco Central Europeo, Reserva Federal USA, Banco de Inglaterra, Banco de Japón…), instituciones independientes de los Gobiernos, para que puedan decidir libremente cuando encarecen o abaratan el dinero, como principal “arma” contra la inflación. Cuando las economías crecen mucho, hay un exceso de consumo e inversión, los precios se disparan y hay riesgo de que la inflación se “coma” los ingresos de familias y empresas, provocando una crisis. Receta: los bancos centrales suben los tipos de interés, el dinero es más caro, se gasta y se invierte menos y la economía “se enfría”. Es lo que pasó en la “burbuja” de principios de siglo, cuando los tipos estaban en el 5,25% (USA, 2006 y 2007) y el 4% (Europa 2007). Pero llegó la crisis financiera, en 2008, y los bancos centrales hicieron lo contrario (ver gráfico): bajaron el precio oficial del dinero para “reanimar la economía”, bajando los tipos al 0% (en 2009 en USA y en 2016 en Europa), donde han estado hasta que estalla la actual inflación, desatada por la invasión de Ucrania.
La inflación “objetivo” para todos los bancos centrales es el 2% anual. Y como rondaba esa cifra, más con el parón económico de la pandemia, han estado “tranquilos” hasta 2021. El año pasado, la recuperación de la actividad tras lo peor del COVID, la mayor demanda, la falta de productos en China y otros productores, más los “atascos” en el comercio marítimo mundial, ya dispararon los precios en primavera y verano (4,2% inflación en USA en mayo y 3% en la zona euro en agosto). A finales de 2021, la inflación creció más (6,8% anual en USA y 5% en la zona euro), debido a la energía y a las maniobras de Putin para recortar la oferta de gas. Pero tanto el BCE como la Reserva Federal esperaron a tocar los tipos: pensaron que era una inflación “temporal”, que se iría corrigiendo. Pero con la invasión de Ucrania (24-F 2022), la inflación mundial se disparó (7,9% en marzo en USA y 7,4% en la zona euro).
La Reserva Federal USA no esperó más y el 17 de marzo de 2022 subió los tipos de interés un +0,25% (por primera vez desde 2018), cuando llevaban en el 0% desde marzo de 2020, por la pandemia. Y como la inflación no cae, sino que sigue subiendo (hasta un máximo del +9,1% en julio, el récord en 40 años), la Reserva Federal hace tres subidas más (+0,50% en mayo y +0,75% en junio y julio), hasta dejar los tipos en el 2,25%, aunque volverá a subirlos este mes de septiembre (+0,50%) y los siguientes, en un escenario que prevé dejarlos en torno al 3% a finales de 2022.
Mientras, el BCE “se ha estado pensando” subir tipos, porque temía llevar a Europa a la recesión si encarecía el dinero en plena crisis por la invasión de Ucrania. Y finalmente, presionado por los bancos centrales más “ortodoxos” (Alemania, Holanda, Austria y países bálticos), decidió subir tipos moderadamente (+0,50%) el 21 de julio, la primera subida del dinero en Europa desde noviembre de 2011. Y hoy, 8 de septiembre (con una inflación histórica del +9,1% en la zona euro en agosto), el BCE aprobará la 2ª subida de tipos (frente a las 5 subidas que hará EEUU), que podría ser incluso del +0,75%, dejando el precio oficial del dinero en el 1,25% (o el 1%), la mitad que en USA.Y hay fuertes presiones de países y expertos para que la subida del dinero siga y ronde el 2% a finales de año.
Hasta aquí, el distinto camino en la subida de tipos de EEUU y Europa, mientras también han subido tipos los demás países, desde Reino Unido (1,75%) o Canadá (2,50%) a China (3,65%), salvo Japón (-0,10%). La duda es si la receta de subir tipos servirá contra la inflación actual, porque esta vez (a diferencia de los años de la burbuja previa a 2008) no estamos ante una inflación de demanda (no suben los precios porque haya mucha actividad y la economía esté “recalentada”) sino ante una inflación de oferta (de costes), por el aumento desmesurado de la energía, los alimentos y las materias primas. Y por eso, ya hay expertos que alertan de que la receta “ortodoxa” de combatir la inflación encareciendo el dinero no va a funcionar, porque la subida de tipos no evitará que sigan subiendo el gas natural, la electricidad, el petróleo, los carburantes o los alimentos. Mercados que se rigen por otros mecanismos y donde Putin juega con los precios como “arma de guerra” contra Occidente.
El problema es que la subida de tipos puede no funcionar contra la inflación, pero es seguro que va a empeorar la situación de las familias y empresas europeas. De hecho, ya lleva meses haciéndolo, al haber subido el Euribor (el tipo al que se prestan los bancos europeos entre ellos) desde diciembre de 2021: estaba en negativo (-0,502) y se puso en positivo ya en abril (+0,013%), tras la primera subida de tipos en USA (marzo), y ha cerrado agosto en el +1,249%, el Euribor más alto desde mayo de 2012 (+1,266%). Y los expertos prevén que el Euribor cierre el año en el entorno del +1,8 al +1,9%, tras estar en negativo (por los tipos al 0%) entre febrero de 2016 y marzo de 2021.
¿Qué consecuencias tiene esta fuerte subida del Euribor? La primera y más llamativa, que las familias pagarán más por su hipoteca: se estima que hay 5,5 millones de hipotecas “vivas”, de las que 4,1 millones (el 75%) son a tipo de interés variable y el 90% de ellas referenciadas al Euribor (pagan de interés el Euribor más un diferencial del 1 al 2%). Así que las 3,6 millones de familias con una hipoteca variable referenciada al Euribor les ha subido o les va a subir su cuota mensual cuando la revisen (anualmente). La estimación es que, con el Euribor actual, la cuota de una hipoteca media (150.000 euros a 25 años) les suba 120 euros al mes (1.400 euros al año). Y será más cuanto más suban los tipos y el Euribor.
Además de pagar más por su hipoteca, los jóvenes y las familias tendrán más difícil conseguir una hipoteca nueva, porque ahora, al subir las cuotas y el dinero, los bancos “mirarán con lupa” (más) a los solicitantes, porque temen que les suban los impagos, dado que el endeudamiento de las familias ha aumentado con la pandemia, hasta los 704.000 millones de euros, según el Banco de España. Y lo mismo pasará con la solicitud de los créditos personales, que también se han encarecido. Además, la banca está tratando de que los clientes (nuevos y antiguos) contraten hipotecas a tipo fijo (más caras), que ahora parecen más convenientes, pero que pueden ser una mala opción a 25 años, cuando lo normal es que la inflación y los tipos vuelvan a niveles normales (en torno al 2%).
La subida de tipos perjudica también a las empresas, que ya están sufriendo la subida del Euribor a 3 meses, el que se utiliza con sus créditos: ha pasado del -0,572% en diciembre de 2021 a un tipo récord del +0,654% a finales de agosto. De hecho, en el primer semestre de 2022 (antes de la 1ª subida del BCE), el interés medio de los créditos a las empresas había subido entre un +11 (los préstamos de hasta 250.000 euros) y un +22% (los préstamos de más de 1 millón de euros), según el Banco de España. Así que las empresas tendrán que pagar más por los nuevos créditos y por los que ya tienen. El saldo “vivo” del crédito de la banca a las empresas es de 561.373 millones de euros y dos tercios de esa deuda está referenciada a tipo variable, los que más van a notar la subida de los tipos y el Euribor. Y estos mayores costes financieros les llegan a las empresas cuando aún están pendientes de pagar los créditos ICO solicitados para afrontar la pandemia (lo peor lo tienen las pymes, que están pendientes de devolver 130.000 millones de estos créditos).
Junto a las familias y las empresas, el Estado (el Presupuesto, todos) también sufrirá la subida de tipos hecha y por hacer. Primero, porque se han encarecido (y se encarecerán más) los intereses que hay que pagar por la deuda pública: si en enero de 2022, España colocaba sus bonos a 10 años pagando un 0,60% de interés, en junio ya pagábamos el 2,779% y ayer 7 de septiembre había que pagar a los inversores el 2,709% (una “prima” de riesgo o plus de 1,14% frente al bono alemán, que se colocaba pagando el 1,5640%). Este encarecimiento de la deuda, por la subida de tipos, irá a más y aumentará la factura de intereses del Presupuesto 2022 y 2023, después de pagar 31.675 millones en 2021 (la segunda mayor partida de gasto público, tras las pensiones). El problema es que esta mayor factura en pagar los intereses de la deuda pública podría ser de 12.000 millones extras entre 2022 y 2025, según la AIReF, lo que significa que la subida de tipos puede comerse en tres años el presupuesto anual de sanidad, educación y cultura juntos.
Así que la subida de tipos y de los intereses de la deuda complica aún más las cuentas públicas, restando recursos para otros gastos y ayudas (después de que las medidas contra la inflación hayan supuesto ya un gasto público extra de 30.000 millones de euros). Y todo será medianamente asumible mientras no estalle otra crisis de la deuda en Europa, como en 2010-2012. El BCE ha asegurado que no va a permitir que los mercados “especulen” contra la deuda de Italia, Grecia, España y Portugal, encareciéndola aún más, para lo que aprobó en julio un “mecanismo anti fragmentación”, que permite la compra extraordinaria de deuda de los países que sean injustificadamente “atacados” por los mercados. Hasta ahora ha funcionado, pero veremos si es efectivo tras las elecciones en Italia, el 25 de septiembre, cuando existe el riesgo de que “vuelva el baile” contra la deuda de los países del sur.
En definitiva, que la receta de subir tipos contra la inflación tendrá un alto coste para familias, empresas y las cuentas públicas de los países. Y hay un coste más: la depreciación del euro. Al tener EEUU un tipo de interés más alto que Europa y reforzarse el dólar como “moneda refugio” de esta crisis (como en todas), el euro lleva meses perdiendo valor frente al dólar y ayer cotizaba a 0,9904 euros por dólar, el precio más bajo desde que existe la moneda europea (llegó a cotizar a 1,2324 euros en junio de 2021) y una caída del -12,7% desde la invasión de Ucrania (cotizaba el 23-F a 1,1344 euros por dólar). Eso significa que la caída del euro encarece un +12,7% todos los productos importados que Europa y España pagamos en dólares (la mitad de lo que importamos). Así que otra consecuencia de la subida de tipos es que cae el euro y eso “alimenta más la inflación”, al tener que pagar más euros por el gas, el petróleo, los carburantes, alimentos y materias primas que compramos en dólares...
Como vemos, la medicina de subir tipos tiene muchas contraindicaciones, un alto coste, sin que tengamos garantías de que baja la inflación (muy poco en USA y nada en Europa). A pesar de eso, los responsables de los bancos centrales, reunidos en agosto en USA, abogaron por más subidas, por “más ricino”, aun reconociendo que “la guerra contra la inflación puede ser algo doloroso para las familias y empresas” (Jerome Powell, presidente Reserva Federal USA). En el BCE, hay hoy un debate entre “halcones” (Alemania, Holanda, Austria, bálticos) y “palomas “ (Francia, España) para ver si suben más (0,75%) o menos (0,50%) los tipos y cuanto más hay que subirlos los próximos meses, dado el riesgo de que la medida recorte el crecimiento y provoque una recesión en Europa.
Además, lo que está claro es que el coste de la subida de tipos, aunque “doloroso” para todos, es mayor para las familias y empresas más vulnerables: afecta más a las familias con menos ingresos que están hipotecadas y a las pymes en peor situación tras la pandemia, así como a los países más endeudados (Grecia, 189% deuda/PIB, Italia (152,6% deuda, Portugal, 127% deuda y España, 117,7% deuda). Así que “el ricino de los tipos” no afecta por igual a todos. De hecho, el propio Banco de España considera que “afectará más a las familias más vulnerables”, porque pagar ahora la hipoteca les supondrá más del 36% de sus ingresos (ya recortados por la subida de la energía y los alimentos, que se llevan una mayor porción de sus gastos que en las familias más ricas).
En resumen, que la receta de subir los tipos en plena crisis de inflación puede ser ineficaz y es muy costosa para muchas familias, empresas y países vulnerables, entre ellos España. Así que habría que aplicar la medicina con mucho cuidado, para no agravar más la salud de los más afectados por la disparada inflación. Y convendría buscar otras recetas. Empezando por una estrategia energética internacional, que busque ahorrar en el consumo de energías fósiles contaminantes (petróleo y gas) y racionalizar la oferta, con acuerdos con los países productores y medidas de defensa contra los precios disparados (como la decisión del G-7 y la Comisión Europea de poner un tope al precio del petróleo y gas). También hay que reestructurar los mercados de alimentos y materias primas, con acuerdos internacionales y stocks de seguridad, que eviten altibajos de precios y hambrunas). Hay que recomponer las cadenas de suministros, racionalizando el tráfico marítimo, y diversificando la producción de componentes, para que Occidente no dependa tanto de Asia. Y hay que conseguir una política racional de producción de bienes y servicios, para evitar la falta de productos, inversiones y plantillas (mal pagadas) en medio mundo. Hay que “redefinir” el capitalismo, tras la pandemia y la inflación. Medidas a medio plazo, pero más eficaces que el atajo de subir tipos.


