jueves, 20 de junio de 2024
El teletrabajo vuelve a crecer
jueves, 2 de mayo de 2024
1º Mayo: salarios pierden frente a beneficios
Durante la última crisis, tras la pandemia y durante la inflación disparada de 2022 y 2023, las empresas han conseguido aumentar sus ventas, márgenes y beneficios, según un reciente estudio elaborado por CCOO a partir de los datos incluidos en el nuevo Observatorio de Márgenes Empresariales, creado por el Ministerio de Economía, la Agencia Tributaria y el Banco de España, con datos de cerca de 1 millón de empresas. El valor añadido (VAB) generado por los distintos sectores de la economía (valor de las ventas menos el de las compras) creció un +46,2% entre 2018 y 2023, un aumento inédito antes en nuestra economía: entre 2009 y 2015, el valor de lo producido se estancó (+0,14%), creció un 20% entre 2015 y 2018, con la recuperación, pero el valor añadido se duplicó con creces (+46,2%) en los últimos cinco años, a pesar de la pandemia, la guerra en Ucrania y la superinflación.
lunes, 20 de febrero de 2023
Atascos y retrasos en la economía hoy
Tengo una amiga a la que han tardado 9 meses en entregar un coche nuevo, por retrasos en la fabricación, el barco, transporte en tierra, renting y matriculación. Y el hijo de otro amigo ha tenido que esperar 6 meses para dar clases de conducir en una autoescuela de Madrid. No son dos casos aislados. Hay muchos productos y servicios que siguen con retrasos en la entrega (6 meses de media un coche) y seguimos con largas esperas para que nos atiendan en múltiples teléfonos y oficinas, incluidas las de empleo y de la Seguridad Social. Retrasos motivados porque siguen sin recuperarse las cadenas de producción y suministro y, sobre todo, porque falta personal. Un dato: las empresas privadas españolas tienen hoy 825.000 trabajadores menos que en 2007 (-4,6%), aunque la economía produce (PIB) un 23,5% más. Los cuellos de botella no se arreglan y eso provoca retrasos e inflación (+7,5% la subyacente, la más alta en España desde 1986). Urge que la producción y el empleo se recuperen.
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| Enrique Ortega |
La pandemia provocó un cambio radical en la economía: de un día para otro, hundió la actividad económica de los paises y el comercio mundial, provocando cortes en los suministros de productos y servicios en 2020. Y en 2021, cuando la actividad se fue recuperando, las empresas habían recortado plantillas y producciones, las navieras recortaron barcos y subieron fletes y estalló una guerra en Ucrania que encareció la energía y las materias primas, “la sangre” que permite funcionar a la economía mundial. El resultado fue la proliferación de “cuellos de botella”, que provocaron atascos en la economía y el comercio, en 2021 y 2022, con problemas para atender una demanda creciente, lo que disparó la inflación. Y todo indica que estos atascos y retrasos se mantienen, aunque menores, al inicio de 2023.
Eso lo confirman las mismas empresas. Según una Encuesta realizada en diciembre de 2022 a profesionales de logística y de la cadena de suministros, alrededor del 71,8% todavía están lidiando con interrupciones en la cadena de suministros, mientras el 57,7% está intentando sortear la escasez de transporte. Y el 93% de los encuestados creen que estos problemas logísticos van a continuar en 2023. Y otro estudio de la consultora Accenture revela que el 95% de las empresas han sufrido problemas de suministro, añadiendo que el 82% de sus directivos piensan que estos atascos no se resolverán hasta la 2ª mitad de 2023 o incluso más tarde. Y estos problemas afectan muy seriamente a la economía europea, porque un tercio de la producción de la UE depende de las cadenas mundiales de suministro.
Concretando el problema en Cataluña, otro estudio de KPMG refleja que un 95% de las empresas han sufrido alguna disrupción en sus suministros en 2021 y 2022: encarecimiento de las materias primas (el 81%), escasez de componentes (el 76%), aumento del precio de los transportes (76%), retrasos en la llegada de productos (71%), dificultades en la gestión de proveedores (43%) y dificultades para encontrar profesionales (29%). Y otra vez más, cuando se les pregunta cuando esperan “volver a la normalidad”, el 82% de las empresas catalanas encuestadas señalan que “en la 2ª mitad de 2023”.
Así que los embudos y atascos en las cadenas de suministro y producción no se han resuelto. Se ve muy claro en el automóvil. Hoy, todavía la entrega de un coche se demora en España entre 4 y 6 meses (la media). Y hay casos en que es más, como el de mi amiga (9 meses), porque se van sumando retrasos. El primero, en la fabricación: faltan componentes (chips y otras piezas, así como aluminio), pero incluso las marcas que fabrican semiconductores (en este caso, es un coche coreano), “fabrican sobre pedido”: el coche se empieza a fabricar cuando el cliente lo ha comprado en el concesionario. Luego hay problemas con los buques que lo traen a España (o que lo exportan: en el puerto de Santander había en diciembre 15.000 coches fabricados en Navarra y Valladolid a la espera de que llegaran barcos para transportarlos, barcos que cambian de puerto a la caza del mejor encargo). Y ya en España, el coche tiene problemas para ser transportado al concesionario: la flota de camiones especiales para transportarlos se ha recortado un 25% tras la pandemia. Y cuando ya está en el destino, si es una gran ciudad, el cliente sufre los retrasos en el papeleo del renting (más de un mes) y en la matriculación (más de una semana). Total: 9 meses.
Pero no crean que estos retrasos se producen sólo al comprar un coche. Si intenta comprar una bicicleta, la lista de espera es de 3 y 4 meses. Y lo mismo ha pasado estas Navidades con compras de móviles, relojes inteligentes y aparatos electrónicos. También sufre retrasos la industria farmacéutica, con muchos medicamentos “en falta” (691 hoy, según la Agencia Española del Medicamento), porque a los laboratorios les fallan las cadenas de suministros de principios activos, dependientes de India y China. Incluso, en Galicia, hay ópticas que han sufrido retrasos de más de tres meses en el suministro de lentillas. Y hay obras y reformas de viviendas que se retrasan por la falta de materiales (hormigón, cemento, aluminio, acero, madera, ladrillo, cerámica), que cuando llegan son más caros y disparan los presupuestos iniciales. Incluso las compañías aéreas sufren retrasos en la entrega de aviones, como ha anunciado la europea Airbus.
En paralelo a estos atascos y retrasos en la cadena de producción y suministro, hay un serio problema en los transportes, sobre todo en el transporte marítimo, por el que nos llegan el 90% de los productos importados. La recuperación de la demanda tras el COVID, en el verano de 2021, pilló a las navieras con menos barcos y personal, lo que colapsó el comercio internacional y disparó el precio de los fletes. Un dato: transportar un contenedor de 40 pies (12 metros y unos 20.000 kilos de peso) pasó de costar 1.348 dólares en noviembre de 2020 a 10.377 dólares en septiembre de 2021. Y eso si la empresa encontraba un barco, porque iban a la caza de los transportes más rentables. Y luego, en el puerto, atasco para descargar (y cargar) y falta de camiones para transportarlo al destino. Hoy, el transporte marítimo ha bajado precios, pero siguen siendo más altos que antes de la pandemia (1.997 dólares a principios de febrero, según Drewry). Y la 2ª naviera del mundo, la danesa Maersk, acaba de pedir “un cambio radical en las cadenas de suministro”, porque “no funcionan”.
En paralelo a estos problemas en las cadenas de suministro y
transportes, en España, las empresas han
ajustado su actividad en 2021 y 2022, tratando de afrontar la recuperación
de la demanda (España creció un 5,5% en 2021 y un 5,2% en 2022) con las mínimas
inversiones y empleo, para tratar de mejorar sus márgenes tras las
pérdidas sufridas por la pandemia (2020). Y además, han casi congelado los
salarios de sus trabajadores. Y lo han conseguido: los beneficios empresariales crecieron un 13% en 2021 y otro 21,1% en
2022, 7 veces lo que han crecido los
salarios, según
el Banco de España. Y esta mejora de resultados se ha hecho gracias a que han aumentado las plantillas lo mínimo para seguir funcionado. El dato:
las empresas solo han creado 224.000 empleos
sobre los de 2019, según
la EPA.
Y eso lo notamos los consumidores cada día, en retrasos y peor atención de la mayoría de las empresas. Lo han sufrido los clientes de luz y gas que han tratado de contratar una tarifa distinta, con retrasos infinitos en la atención telefónica y colas en las oficinas. Y lo mismo al requerir atención de una empresa de telecomunicaciones o del seguro del coche: redujeron al mínimo su atención con la pandemia y ahora apenas han reforzado sus plantillas, empeorando el servicio. Y lo mismo pasa cuando uno pide una reparación o un arreglo en casa (llevo 3 semanas esperando al marmolista…): todo el mundo tiene más pedidos y más trabajo del que puede atender, así que a esperar tocan.
Y también hay atascos y retrasos en la Administración pública, a pesar de que se han convocado oposiciones (insuficientes) en muchos organismos. Lo más preocupante sigue siendo “el atasco” en la sanidad pública, sobre todo en la atención primaria (el retraso para el médico de familia y pediatra está en una media de 8,54 días, según el CIS), pero también hay problemas en otros organismos. Empezando por las oficinas de empleo, donde se nota la pérdida de personal (-3.674 empleados en la última década más los 1.500 contratados temporales por la pandemia). El resultado es que “la gestión de una prestación por desempleo en el SEPE se puede dilatar más de 2 meses”, según el sindicato CSIF. También hay retrasos en las oficinas de la Seguridad Social, que no coge apenas llamadas y retrasa citas y expedientes (de jubilación), sobre todo en Madrid. Tal es el problema que el ministro Escrivá está estudiando “abrir las oficinas de la SS por las tardes”…
Y hay muchas otras oficinas públicas y organismos donde hacer una gestión es sufrir colas y retrasos, como la renovación del DNI (con demoras de hasta 2 meses en 2022) o en las Oficinas de extranjería, donde hay retrasos (y un mercado negro) hasta para pedir cita previa…para conseguir una cita dentro de varios años. Y no nos olvidemos de los Juzgados, campeones de los retrasos ya antes de la pandemia. Ahora, la situación ha empeorado y el plazo medio de los juzgados especializados para emitir un fallo es de 31,8 meses (y un máximo de 5 años). Y en los Juzgados de lo Social, la media de resolución son 14,5 meses. Pero es que el retraso empieza antes, en el retraso para que se vea en el Juzgado un despido o una reclamación de cantidad: en Sevilla, a finales de 2022, a un trabajador le fijaron como fecha de juicio el 2 de marzo de 2026… dentro de más de 3 años.
Todo apunta a que todos estos atascos y retrasos, desde comprar un coche a cambiar el seguro o el contrato del móvil y pedir la jubilación o el paro o ir a juicio van a tardar en resolverse y agilizarse. El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de advertir que “los cuellos de botella en las cadenas de producción van a seguir en 2023”, porque persisten los problemas en las infraestructuras logísticas y la escasez de mano de obra. Y eso a pesar de que estos “shocks” explican la mitad de la actual subida de precios en el mundo, según el FMI. Y por eso, a pesar de las medidas que toman los Gobiernos sobre la energía, la inflación de fondo (“subyacente”: sin energía ni alimentos elaborados) sigue muy elevada: +7% en la zona euro y +7,5% en España, la más alta desde 1986. Es lógico: si la demanda crece pero la economía arrastra retrasos, los productos disponibles son más caros.
Además, el FMI alerta al mundo de otro problema, que se suma al de la cadena de suministros y a la escasez de mano de obra: la nueva guerra fría, entre EEUU y China, cuyo último capítulo ha sido “la crisis de los globos”. El organismo advierte que este enfrentamiento geopolítico puede tener “consecuencias económicas”, con un aumento de restricciones tecnológicas (USA ya ha limitado exportaciones a China) y comerciales, que afectarán negativamente al comercio internacional. Y que pueden restar hasta un 7% de crecimiento a la economía internacional. A lo claro: que si no teníamos motivos suficientes de preocupación por los atascos y retrasos en las cadenas de suministro y el comercio internacional, ahora los enfrentamientos entre EEUU y China (y entre Europa y USA, con Rusia detrás de todo el nuevo escenario geopolítico) pueden traducirse en más restricciones comerciales, que afectarán a los consumidores y a la inflación.
¿Qué se puede hacer? Lo primero es recomponer las cadenas de suministro, algo en lo que están las empresas pero que tarda tiempo. Y que llevará a muchas compañías a diversificar sus proveedores, buscándolos más cerca. De ahí que se esté hablando de un cambio estratégico en la economía mundial: menos globalización y más regionalización. En lugar que las empresas busquen productos y componentes en el otro extremo del mundo, que los concentren en las regiones próximas: que Europa comercie más con Europa, Asia con Asia y América con América. Eso tiene ventajas de reducir riesgos geopolíticos y costes energéticos, pero tiene un coste: cuanta menos globalización, mayores precios.
Y después está la cuestión del transporte, que exigiría coordinar mejor el comercio mundial, buscando suprimir los cuellos de botella actuales y descongestionar puertos y transportes terrestres. La multinacional Maersk propone no sólo invertir en barcos más eficientes (y menos contaminantes, con hidrógeno verde) sino invertir con tecnología inteligente en las redes logísticas y tener almacenes repartidos entre distintos puertos, para evitar los “cuellos de botella” que se dan hoy en los principales puertos del mundo. Y por supuesto, aumentar las plantillas de las empresas logísticas.
En cuanto a los retrasos y atascos en los servicios de empresas privadas y organismos públicos, la medida clave es aumentar el empleo, sobre todo el empleo cualificado. Y aunque muchas empresas (de construcción, transportes, hostelería) se quejan de que no encuentran personal adecuado, en muchos casos eso se resolvería si pagaran mejor y formaran a sus empleados, evitando fugas e integrando mejor a los empleados jóvenes. Es hora de reforzar las plantillas para atender mejor a los clientes y vender más. Sobre todo si vemos este dato: las empresas privadas españolas tienen hoy 825.000 empleados menos que en 2007 (-4,6%), a pesar de que España produce (PIB) un 25,3% más que entonces. Esto ha aumentado los márgenes empresariales y la productividad (más producción con poca plantilla), pero a costa de retrasos y cuellos de botella en los productos y servicios que pagamos los consumidores. Y lo mismo el sector público: hay que reforzar los servicios públicos, aunque eso suponga tener que recaudar más (no de los que ya pagamos impuestos, sino de los que pagan poco).
La pandemia cayó como un terremoto sobre la economía, seguida de la réplica de la guerra de Ucrania y la inflación disparada. Ahora, cuando empezamos a recuperarnos (despacio), es hora de reconstruir la economía mundial (“el gran reinicio”), agilizando las cadenas de suministros, el transporte y la oferta de productos y servicios. Hay que “engrasar” la economía con inversión y empleo, para reducir cuellos de botella y evitar constantes retrasos, que dificultan crecer y ser más competitivos. Y que explican buena parte de la alta inflación que tenemos. No podemos acostumbrarnos a las esperas y retrasos. Hay que dinamizar la economía.
jueves, 19 de enero de 2023
FITUR 2023: el turismo roza el récord
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| Enrique Ortega a partir de la publicidad institucional |
El turismo se ha recuperado de la pandemia y la inflación en 2022. Lo reconoce con claridad la patronal turística Exceltur: “2022 marca la total recuperación de la actividad turística en España”. Y lo apoyan en unos datos contundentes. El PIB turístico, el valor de la actividad turística, alcanzó los 159.000 millones de euros en 2022, un 1,4% superior a 2019. Y eso ha permitido aumentar el empleo turístico (2,5 millones a finales de 2022), un +1,4% sobre el de 2019, un empleo que ahora es de más calidad, tras la reforma laboral (la tasa de temporalidad bajó del 30,4 % en febrero de 2022 al 8,8% de media anual, por la adopción generalizada de los contratos fijos discontinuos, de temporada). Y las empresas turísticas también han mejorado facturación y beneficios, a pesar del fuerte aumento de costes.
Esta importante mejoría del turismo le permitió ser el motor del crecimiento económico de España en 2022, aportando el 61% de todo el crecimiento del país, según Exceltur, aportando 1 de cada 8 euros producidos en España (el 12,2% del PIB). Y eso ha sido posible por los dos motores que tiran (a medias) del turismo: el turismo nacional y el extranjero. Los españoles se lanzaron a viajar, a partir de abril, aumentando de forma considerable el gasto y las pernoctaciones sobre las de 2019 (sobre todo en apartamentos, campings y turismo rural, aunque también en hoteles). Y también se recuperó en gran parte la llegada de extranjeros, sobre todo de Holanda (+13% pernoctaciones hoteleras que en 2019), Luxemburgo (+5,6%), Irlanda (+7,2%), Portugal (+5,9%), Francia (+0,6%) y México (+17,6%), mientras han caído las pernoctaciones de turistas del Reino Unido (-6,8% sobre las de 2019), Alemania (-12,4%), Italia (-12,9%), paises nórdicos (-24,9%) y EEUU (-8,5%).
Centrándonos en este mercado, el turismo extranjero, España recuperó en 2022 un 85% de los turistas récord que llegaron en 2019, según la estimación de la ministra Reyes Maroto: espera cerrar el año con 71,5 millones de turistas internacionales, el doble que en 2021 (31.129.393 turistas extranjeros) y cuatro veces los que llegaron en 2020, cuando estábamos medio cerrados por la pandemia (18.957.856), aunque todavía falta recuperar un 15% de turistas internacionales para llegar a los 83.701.011 turistas extranjeros que vinieron en 2019. De momento, con las estadísticas disponibles (enero-noviembre), han llegado 67,4 millones de visitantes extranjeros, el 85,14% de los que llegaron en los 11 primeros meses de 2019, según los datos de Frontur. Baja sobre 2019 el peso de los turistas británicos (21,3% del total), nórdicos (5,92%) y norteamericanos (3,88%), pero sube el porcentaje que representan ahora los turistas de Francia (13,98%), Alemania (13,80%), Italia (5,55%) y Holanda (5,54%). Y aumentan los que se dirigen a Baleares (19,38% frente al 16,34% que llegaban en 2019: es la única región que ha recuperado los extranjeros de antes de la pandemia), Canarias (16,47%), y la Comunidad Valenciana (12%), mientras pierden mercado Cataluña (20,74% de turistas ahora frente al 23,12% del total en 2019), Andalucía (14,05%) y Madrid (8,30%).
Otro dato importante es que ha aumentado el gasto turístico de los extranjeros en 2022: se espera cerrar el año con 87.100 millones de ingresos (van 81.821 millones hasta noviembre), según la ministra, lo que supondría acabar con un 94% del gasto turístico récord alcanzado en 2019 (92.278 millones de euros). Esta mejoría del gasto, mayor que la de los turistas, se debe a que está aumentando la estancia media de los turistas extranjeros (7,5 días de media en 2022 frente a 6,8 días en 2019) y se gastan más, cada día de estancia (165 euros frente a 161) y en el total de su viaje (1.241 euros frente a 1.086), lo que indica una mayor calidad del turismo que llega, además de la subida de los precios turísticos.
En 2022, con la mejora del turismo nacional y extranjero, el sector turístico ha aumentado ventas y beneficios, pero de una forma dispar, según Exceltur: los más beneficiados han sido los hoteles de sol y playa (aumentan su facturación un 7,2% sobre 2019) y los que menos los hoteles urbanos (+3,5%), empeorando todavía sus ventas (sobre 2019) las agencias de viajes (facturan un -15,5%), las compañías de transportes (-5,4%) y las empresas de alquiler de coches (-3,1% ventas sobre 2019). Las regiones que más se han beneficiado de la recuperación del turismo, en 2021 y 2022, son las zonas costeras y algunas de interior: las empresas turísticas ya facturan más que en 2019 en Baleares, Canarias, Andalucía, la España verde (Galicia, Asturias y Cantabria), Extremadura, Aragón y Castilla la Mancha. En resumen, que el negocio turístico se ha recuperado ya en toda España salvo en Cataluña, Madrid, Comunidad Valenciana, Murcia, País Vasco, Navarra y Castilla y León.
Ahora, en 2023, el sector confía en que “se consolide la recuperación turística”, en un año que “irá de menos a más”, según vaticina la patronal Exceltur, que espera que el turismo tome impulso a partir de primavera (la Semana Santa cae del 3 al 9 de abril). Y apuestan a que el PIB turístico vuelva a crecer, otro +5,9%, con lo que el turismo aportaría a la economía 11.649 millones más que antes de la pandemia (2019), siendo otro año más uno de los motores del crecimiento económico español, junto a las exportaciones, el consumo y los Fondos europeos. La patronal cree que este año, la mejoría turística se apreciará sobre todo en los hoteles urbanos, las empresas de transportes y los hoteles de vacaciones, mejorando sobre todo los destinos turísticos ligados al turismo extranjero, en especial Madrid y Barcelona (que superarán sus ventas de 2019), aunque esperan que sigan creciendo las ventas turísticas en las zonas de sol y playa, el turismo interior y la España verde.
Otros expertos coinciden en señalar a 2023 como el año de la recuperación definitiva del turismo en España, a pesar de las incertidumbres económicas. Un informe de CaixaBank apuesta también por un crecimiento del PIB turístico (+4%), situándolo por encima del de 2019, gracias a 2 factores positivos: la recuperación de la movilidad aérea en Europa (lastrada en 2022 por la saturación de los aeropuertos y la alta inflación) y la recuperación del turismo “de larga distancia”, tanto de EEU y Latinoamérica como de Asia (en especial China, Japón y Corea, los tres paises con mayor potencial, dado que sus viajes están un 70% por debajo a los de 2019). Eso sí, plantean 2 temores sobre 2023: que Europa crezca poco (sobre todo Reino Unido y Alemania, dos mercados claves) y el negativo efecto de la subida anual de los precios turísticos: +13,7% han subido los hoteles, +17,5% los vuelos internacionales y +12,2% los paquetes turísticos internacionales, según el INE.
Hay otro factor importante que afectará a la llegada del turismo extranjero en 2023: la cotización del euro. En 2022, la depreciación de la moneda europea (-6%) ayudó a la llegada de turistas de fuera de la zona euro, porque viajar les costaba un 6% menos. Ahora, con la subida de tipos, el euro se está recuperando (hoy cotiza a 1,0808 dólares y sube un +1% sobre el cierre de 2022) y los expertos creen que podría subir a 1,135 dólares en marzo y a 1,10 euros en agosto, lo que supondría un encarecimiento adicional de los hoteles y paquetes turísticos para visitantes de fuera de la Europa del euro. Y eso es más preocupante porque dos paises competidores, Turquía y Egipto, están devaluando sus monedas, lo que hace aún más baratas sus tarifas turísticas.
Aunque el sector turístico ve con optimismo 2023, insiste en pedir al Gobierno “que no baje la guardia” con las ayudas al sector implantadas en 2020, por la pandemia, en especial que mantenga el periodo de carencia para devolver los créditos ICO y el ERE que aún disfrutan las agencias de viaje y algunas empresas turísticas que no se han recuperado. Además, Exceltur reitera su petición de que el Gobierno intervenga ante el imparable crecimiento de los pisos turísticos, que suponen una competencia desleal (muchos no están legalizados), encarecen los alquileres y agravan un sentimiento “anti turismo” en ciudades donde colapsan los centros urbanos. Según sus datos, en 2022, las plazas en apartamentos turísticos crecieron en 73.894 (un +35%), con un elevado incumplimiento de las normativas autonómicas y locales. Y ya hay, sólo en las 20 principales ciudades españolas, más de 862.000 plazas en apartamentos turísticos, 2,5 veces más de las que había en 2010 (346.921 plazas).
Pero la principal petición de los empresarios turísticos al Gobierno es que gaste de otra manera los Fondos europeos. Dentro del Plan de Recuperación se contempla un capítulo (el Componente 14) para el turismo, con el objetivo de “transformar y modernizar el sector turístico, aumentando su competitividad y resiliencia”. Son 3.400 millones a invertir entre 2021 y 2023 (el gasto puede hacerse hasta 2026), para intervenir en 4 ámbitos: conseguir una mayor sostenibilidad (medio ambiental, socioeconómica y territorial), la transformación digital de los destinos y empresas turísticas (para reducir su dependencia de los tour operadores extranjeros), conseguir una mayor resiliencia en regiones muy dependientes del turismo (en Baleares y Canarias, supone un 35% de la economía y hasta el 40% del empleo) y mejorar la competitividad del sector y su eficiencia energética. En conjunto, se espera que estos programas e inversiones creen 100.000 nuevos empleos turísticos.
El problema está a la
hora de concretar el destino de estos
Fondos europeos para el turismo. La opción que ha elegido el Gobierno,
apoyado por la mayoría de autonomías y Ayuntamientos, es diversificar estas ayudas,
que lleguen al mayor número de proyectos y localidades posibles. De hecho, ya
se han repartido 860 millones en Planes de sostenibilidad turística,
adjudicados a 1.489 Ayuntamientos,
con una ayuda media de 600.000 euros. La patronal Exceltur defiende que lo mejor hubiera sido concentrar el grueso de los Fondos en los grandes municipios
turísticos y se quejan de que, de los 20 grandes destinos, sólo han
recibido Fondos 17 localidades, con una ayuda media de 7,2 millones, que
consideran insuficientes para reconvertir a fondo su vieja oferta de sol y playa. Y también
se quejan de que el 97,4% de los
empresarios turísticos no han accedido a ninguna financiación UE.
Realmente, los Fondos europeos son una gran oportunidad para reconvertir el turismo español, desde las instalaciones (algunas viejas) a la oferta turística, incluida una digitalización a fondo y un esfuerzo por la sostenibilidad territorial (ojo: hay 12 localidades españolas que reciben más de 1 millón de turistas al año) y medioambiental (el turismo es responsable del 9% de las emisiones de CO2), sin olvidar la falta de servicios, infraestructuras y agua. Además, ahora que el turismo se recupera, es hora de corregir el exceso de concentración del sector, tanto en verano (el 45% de los turistas llegan entre junio y septiembre), como en origen (el 87% de los turistas extranjeros proceden de Europa) como en destino (el 91% de los turistas extranjeros van a 6 autonomías: Cataluña, Baleares, Canarias, Andalucía, Comunidad Valenciana y Madrid, que se benefician en exclusiva del 93% del gasto que hacen los extranjeros en España).
Así que España debe apostar por un turismo más diversificado, tanto en fechas como en origen y destino, un turismo que no destroce los territorios y respete mejor el medio ambiente, que actualice y modernice su oferta y sea capaz de vender por Internet sin intermediarios, buscando no tanto la cantidad (los millones de turistas) como la calidad y el gasto. Todo esto debe incluirse en la Hoja Estratégica del Turismo para 2030, que está elaborando el Gobierno con el sector. Hay que remozar y modernizar nuestra primera industria, para que sea más competitiva y consolide su crecimiento y empleo, básicos para España. Y en paralelo, urge modernizar el resto de la economía, fomentando la industria, la agricultura, la tecnología y la innovación, los sectores con futuro, para que España sea “más que sol y playa”, para que no dependamos tanto del turismo para crecer y crear empleo. Diversificar.

