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jueves, 20 de junio de 2024

El teletrabajo vuelve a crecer

Aumentan los empleados que teletrabajan uno o dos días por semana desde casa, el campo o la playa y también los que teletrabajan más de la mitad de su jornada semanal. En total, son 3,05 millones de teletrabajadores, un récord que supera el de 2021 (por la pandemia), aunque estamos por debajo del teletrabajo en Europa. Teletrabajan más las mujeres, los empleados de 35 a 54 años, en información y comunicaciones, finanzas y seguros, energía, actividades profesionales, inmobiliarias y educación, en Madrid, Cataluña, País Vasco, Comunidad Valenciana y Galicia. Mientras, los funcionarios reclaman poder teletrabajar 3 días por semana, como les prometieron, porque ahora sólo teletrabajan 1 día (algunos). En general, las pymes y muchas empresas son reacias a que sus empleados teletrabajen, porque les supone costes y temen “el escaqueo”. Pero está demostrado que en las actividades donde se puede teletrabajar (un tercio), se pierde menos tiempo en viajes y mejora la productividad de las empresas, facilitando la necesaria digitalización de la economía española. Trabajemos más a golpe de clic.

                    Enrique Ortega

La pandemia supuso un gran salto para el teletrabajo en España, que era marginal antes de 2020: en 2009, sólo teletrabajaban en España 1,12 millones de trabajadores, el 5,9% de los ocupados y diez años después, en 2019, sólo trabajaban a distancia 1,64 millones de ocupados, el 8,3% de la mano de obra, según el INE. Pero en 2020, con el COVID-19 y el confinamiento, el salto del teletrabajo fue espectacular: 3.015.200 trabajadores (1 de cada 6 ocupados) optaron por trabajar desde casa entre abril y junio de 2020, según la EPA. Al acabarse el estado de alarma y reanudarse la actividad casi normal, el teletrabajo perdió peso, pero aún cerró con 2,87 millones de españoles teletrabajando en 2020 (el 15% de los ocupados). Y en 2021, con las sucesivas oleadas de COVID, el teletrabajo logró su máximo: 3,03 millones trabajando a distancia (el 15,3% de los ocupados), la mayoría (1,86 millones) teletrabajando más de la mitad de su jornada semanal y el resto (1,16 millones) teletrabajando ocasionalmente, uno o dos días a la semana), según la última EPA.

En 2022, al superarse lo peor de la pandemia, el teletrabajo se desinfló y muchos trabajadores volvieron a sus fábricas y oficinas toda su jornada laboral. De hecho, en 2022 sólo teletrabajaron 2,81 millones de empleados (el 13,7% de los ocupados). Pero en 2023, en la primavera, el teletrabajo repuntó (2,91 millones en el 2º trimestre) y aunque cayó algo en verano (2,71 millones en el tercer trimestre), alcanzó un récord histórico en el último trimestre del año: 3,06 millones de personas teletrabajando. Y la tendencia se ha mantenido al inicio de 2024: 3,05 millones teletrabajando en el primer trimestre (un 14,4% de los ocupados), por encima del récord de 2021, tras la pandemia. Crece el teletrabajo, pero sólo los que teletrabajan “ocasionalmente” (uno o dos días a la semana): han pasado de 1,16 millones en 2021 (el anterior récord) a 1,46 millones a principios de 2024 (+300.000 teletrabajadores ocasionales). Porque los que teletrabajan “habitualmente” (más de la mitad de los días de su jornada semanal) han bajado, de 1,86 millones en 2021 a 1,59 millones en 2024.

Estos datos de la EPA indican claramente que lo que crece son los trabajadores que consiguen que sus empresas les permitan teletrabajar uno o dos días por semana, generalmente viernes o lunes (desde casa o desde una “escapada al campo o a la playa”), como una “compensación” para “retener a los empleados mejor formados y más necesarios”, en lugar de subirles más el sueldo. Son ya el 6,9% de los ocupados, un récord histórico (eran el 5,9% en 2021). Pero el teletrabajo “importante”, el que supone un cambio estructural en las condiciones laborales (trabajar más días a distancia que en la empresa), pierde peso desde 2021 y sólo lo disfrutan el 7,5% de los ocupados en 2024 (9,4% en 2021).

Con todo, este modelo de teletrabajo “híbrido” (1 o 2 días en casa y 3 o 4 días en la empresa) parece ser el que se está imponiendo en España, sobre todo entre los hombres (814.000 teletrabajan “ocasionalmente” frente a 670.000 mujeres) y los empleados de mediana edad (511.900 de los que trabajan ocasionalmente tienen entre 45 y 54 años y otros 384.900 teletrabajadores ocasionales tienen entre 35 y 44 años), básicamente en actividades de servicios, finanzas y seguros y administrativas, especialmente en grandes ciudades.

Analizando a todos los teletrabajadores (ocasionales y habituales), esos 3,05 millones que trabajaban a distancia en el primer trimestre, la mayoría son mujeres (53% del total), que aprovechan el teletrabajo para conciliar su empleo con la atención a niños y a mayores y las tareas del hogar. Y el teletrabajo se concentra entre los empleados de mediana edad (casi 1 millón de los 3 millones que teletrabajan tienen entre 45 y 54 años), así como entre los empleados de 35 a 44 años (800.000 teletrabajan), siendo casi inexistente el teletrabajo entre los menores de 24 años (menos de 90.000). Por sectores, el teletrabajo se concentra en los servicios (el 85%), sobre todo en las finanzas y seguros, la energía, el trabajo administrativo, las inmobiliarias y la educación, según un estudio de Adecco. Y por autonomías, destaca el teletrabajo en Madrid (19,1% de los ocupados, frente al 14,1% de media en España en 2023), por la mayor concentración de sedes centrales de empresas, Cataluña (14,1%), País Vasco (12,6%), Asturias (12,4%), Comunidad Valenciana(11,9%) y Galicia (11,8%).

De los 3,05 millones de empleados que teletrabajan, 2,1 millones son asalariados y el resto autónomos y empresarios, según un detallado estudio de CCOO. La mayoría de asalariados que teletrabajan  son mujeres (el 51,2%) y por sectores, destaca el altísimo teletrabajo de los asalariados de la información y telecomunicaciones (375.000, el 55% de los ocupados), finanzas y seguros (171.000 teletrabajadores, el 39% de ocupados), electricidad y gas (37% ocupados teletrabajan), actividades profesionales, científicas y técnicas (282.000 teletrabajan, el 32%), inmobiliarias (24% teletrabajan) y educación (330.000 teletrabajan, el 23% de ocupados). Hay otros sectores que tienen muchos teletrabajadores pero que suponen un bajo porcentaje del total de ocupados, como la industria (228.000 asalariados teletrabajan), la administración pública (194.000 teletrabajan) o el comercio (134.000). Y 6 autonomías concentran el 82% de todos los asalariados que teletrabajan: Madrid (22,8% asalariados teletrabajan, el doble del 11,6% de media en España), Cataluña (12,4%), País Vasco (11,8%), Comunidad Valenciana (10,7%) , Galicia (10,1%) y Andalucía (9,1%).

A pesar del nuevo salto en el teletrabajo, desde la primavera de 2023, España sigue por debajo del teletrabajo en Europa: ocupamos el puesto 13º en porcentaje de ocupados que teletrabajan, un 14,1% frente al 24,1% de media de ocupados que teletrabajan en la UE-27, según Eurostat (2023). Eso nos sitúa muy lejos de los paises líderes en teletrabajo, como Holanda (56,8% de los ocupados teletrabajan), Suecia (48%), Finlandia (43,3%) o Luxemburgo (43,1%) y también por debajo de Francia o Dinamarca) (el 36,4% de ocupados teletrabajan), de Austria (29,5%), Alemania (25,9%) o incluso Portugal (19,6%), aunque mejor que Italia (donde sólo teletrabajan el 13,1 de los ocupados). Y lo peor es que desde 2019 (antes de la pandemia) ha aumentado “la brecha” de teletrabajo con Europa (del 8,5 al 10% actual).

Una parte del retraso de España en teletrabajo se debe a nuestro modelo productivo: tenemos una economía muy basada en sectores y actividades donde es más difícil el trabajo a distancia (como el turismo, la hostelería y parte del comercio), un exceso de pymes (el 99% de las empresas), poco proclives a la digitalización y el teletrabajo, y una mano de obra menos formada digitalmente (12 millones de españoles no son capaces de manejarse en entornos digitales y otros 7,6 millones más solo acreditan habilidades digitales “básicas”, según este estudio de UGT). Además, nuestra estructura económica sólo permite teletrabajar a 1 de cada 3 ocupados, como mucho, según este estudio de CaixaBank: pueden hacerlo en la mayoría de los servicios, pero no en gran parte de la industria (sólo en un 25%), el comercio, la hostelería y el transporte (sólo el 23%), las actividades artísticas y recreativas (sólo el 19% del personal) o en la construcción (el 14%).

El teletrabajo crece, aunque lentamente, en las empresas privadas, pero ha caído en la Administración y en las empresas públicas. En abril de 2021 estaban teletrabajando un 30% de los empleados públicos (la mayoría 3 días por semana), para atender servicios esenciales. Pero en octubre de 2021, el Gobierno decidió que sólo teletrabajaran  un día los funcionarios de la Administración General del Estado (229.310 funcionarios) , una tendencia que siguieron los 2,3 millones de empleados públicos de autonomías y Ayuntamientos. Y aunque en 2022 aumentaron los empleados públicos que teletrabajaban, por el Plan de ahorro energético que siguió a la invasión de Ucrania, la mayoría de los funcionarios y empleados públicos ya no teletrabajan ( o sólo lo hacen 1 día a la semana). Y eso a pesar de que, en abril de 2021, los sindicatos de la Función Pública firmaron un acuerdo con el ministro Iceta para regular el teletrabajo de los empleados públicos: se les prometió 3 días por semana. Al día de hoy, siguen a la espera de un Decreto del Gobierno que cumpla lo prometido.

En el sector privado, muchas empresas, sobre todo pymes, no acaban de desarrollar el teletrabajo de sus empleados, a pesar de la Ley que regula el teletrabajo, que entró en vigor el 13 de octubre de 2021. En ella se reguló el teletrabajo (“voluntario y reversible”), obligando a las empresas a dotar a sus empleados del equipo necesario para teletrabajar y pagarles los gastos acarreados (equipos, wifi y electricidad), regulando la jornada, el alcance y los sistemas de control (y “desconexión digital”, un derecho de los teletrabajadores). Han pasado casi 3 años y muchas empresas no han aprobado sus Planes para fomentar el teletrabajo, a pesar de que sindicatos y patronal lo incluyeron (Capítulo X) en su V Acuerdo sobre el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC), firmado en mayo de 2023. Pero se avanza poco: así, en 2023, sólo se firmaron 181 nuevos convenios colectivos que regulaban el trabajo a distancia, según UGT.

El teletrabajo es una fuente de conflictos y demandas ante los Tribunales de lo Social, básicamente por reclamaciones de gastos que las empresas no asumen y por la falta del material adecuado para teletrabajar, así como por excesos en el control. En general, muchas empresas (sobre todo pymes) no son favorables a que sus empleados teletrabajen, por dos motivos: por el aumento de costes que les supone y por el miedo a que los teletrabajadores “se escaqueen”, un temor a no controlar bien el teletrabajo que hacen y los posibles abusos. Además, pesa mucho la cultura del “presentismo” en el trabajo, la costumbre de “calentar la silla” para justificar el trabajo de los empleados.

Sin embargo, la mayoría de expertos hacen hincapié en los enormes beneficios del teletrabajo. Básicamente, que se evita la pérdida de tiempo en los desplazamientos (hasta 3 horas diarias en las grandes ciudades) y la consiguiente factura para el medio ambiente (contaminación y gasto de combustibles fósiles), además de que el teletrabajo facilita la conciliación familiar y el cuidado de hijos y dependientes. Pero además, teletrabajar puede ser tan productivo o más que el trabajo presencial, ya que evita reuniones y pérdidas de tiempo innecesarias, permitiendo un mayor control de resultados, siempre que la empresa tenga un Plan concreto de teletrabajo y aporte medios y formación. Eso sí, el teletrabajo tiene algunos inconvenientes que hay que anticipar y evitar: menor seguridad y más riesgo de ciberataques, un posible bajón de la creatividad, dificultades para el trabajo en equipo (y el liderazgo) y menores oportunidades para la formación de los nuevos empleados.

La clave del teletrabajo es que la empresa (o la administración pública) tengan un Plan detallado de teletrabajo y destinen personal y medios para aplicarlo. Pero España tiene dos problemas “estructurales”, dos “cuellos de botella” para ampliar el teletrabajo: el primero, la baja formación digital de los trabajadores: 10,7 millones no se han formado nunca en competencias digitales, según la UGT. Sin embargo, el 64% de los adultos tienen competencias digitales básicas, más que en la media europea (54%), aunque sólo tenemos un 4,3% de especialistas TIC, frente al 4,6% en la UE-27, según el estudio DESI 2023. El 2º problema es el retraso digital de las empresas españolas, sobre todo las pymes. En general, invierten poco en herramientas digitales y España es el 5º país europeo con más empresas de bajo nivel digital: el 56,8%, frente al 45,8% en la UE-28, 38,4% en Reino Unido, 41,4% en Alemania y 50,3% en Francia, según este estudio de UGT.

Cara al futuro, una mayoría de los trabajadores está a favor del teletrabajo, un 27% para teletrabajar al 100% y un 38% apuesta por un modelo híbrido (teletrabajo ocasional y trabajo en la empresa), según un estudio de Edenred y Seresco. Incluso para muchos jóvenes, un motivo básico para cambiar de trabajo es que les impidan teletrabajar. Pero la realidad es que muchas empresas se están pensando reducir los días de teletrabajo e incluso suprimirlo, según una reciente Encuesta de EADA, donde las empresas temen por los costes y la pérdida de creatividad con el teletrabajo. Así que cara al futuro, nos debatimos entre un interés creciente de los trabajadores (sobre todo los más jóvenes) por el teletrabajo y una desconfianza empresarial creciente, salvo entre algunas grandes empresas y sectores. Hay que dar un empujón al teletrabajo donde se puede ampliar, porque es una garantía de mejorar la productividad y la digitalización de la economía, dos retos claves para España. Y de conseguir una mejor calidad del trabajo, que nos permita conciliar la profesión, los horarios, la familia y el ocio. Trabajemos más a golpe de clic.

jueves, 2 de mayo de 2024

1º Mayo: salarios pierden frente a beneficios

El 1º de Mayo es la oportunidad para cogerse un “macropuente” y no una fecha reivindicativa. Pero podemos aprovecharla para analizar la situación de los trabajadores, tras la pandemia y la superinflación. La conclusión parece clara: quienes se han beneficiado de la última crisis han sido las empresas, que han recuperado ventas, márgenes y beneficios, mientras los trabajadores perdieron poder adquisitivo y sus salarios crecieron la mitad que los márgenes empresariales, según un estudio de CCOO. Y lo más importante: en el reparto del pastel de la riqueza creada los últimos 15 años, los trabajadores han perdido peso, ganándolo las empresas. Por eso, es hora de reequilibrar la balanza y aprovechar estos mejores resultados empresariales para subir ahora más los salarios en España, que siguen estando entre los más bajos de Europa. Sin embargo, suben este año menos del 3%, menos que la inflación. Es hora de un mejor reparto del pastel, no sólo por justicia sino para lograr un crecimiento más equilibrado y sano.

                      Enrique Ortega

Durante la última crisis, tras la pandemia y durante la inflación disparada de 2022 y 2023, las empresas han conseguido aumentar sus ventas, márgenes y beneficios, según un reciente estudio elaborado por CCOO a partir de los datos incluidos en el nuevo Observatorio de Márgenes Empresariales, creado por el Ministerio de Economía, la Agencia Tributaria y el Banco de España, con datos de cerca de 1 millón de empresas. El valor añadido (VAB) generado por los distintos sectores de la economía (valor de las ventas menos el de las compras) creció un +46,2% entre 2018 y 2023, un aumento inédito antes en nuestra economía: entre 2009 y 2015, el valor de lo producido se estancó (+0,14%), creció un 20% entre 2015 y 2018, con la recuperación, pero el valor añadido se duplicó con creces (+46,2%) en los últimos cinco años, a pesar de la pandemia, la guerra en Ucrania y la superinflación.

¿Qué ha pasado, por qué el valor de lo que ha producido las empresas ha crecido tanto, a pesar de la crisis? . Por un doble efecto. Dos tercios de la mayor producción (del aumento del VAB) se debe a la inflación, a que las empresas han trasladado a los precios finales sus aumentos de costes. Pero otro tercio se debe también a que las empresas han vendido más, a un aumento de la facturación entre 2018 y 2023, a pesar de la crisis. Y eso ha pasado en todos los sectores, no sólo en la energía. De hecho, si excluimos las empresas energéticas, el conjunto de empresas españolas ha aumentado la producción generada (VAB: valor de las ventas-valor compras) en un +35%, más que nunca en este siglo.

Si la facturación y las ventas han sido récord, también lo han sido los resultados de las empresas españolas en el último quinquenio, a pesar de las crisis. Así, los márgenes empresariales, el resultado bruto de explotación (ingresos por ventas menos gastos por compras y costes de personal) también han tenido un crecimiento récord, según el Observatorio de Márgenes Empresariales: de 189.540 millones brutos ganados en 2021 se pasó a 310.527 millones ganados en 2023, un aumento del +63,8%, todo un récord histórico. Y aunque una parte de estos extraordinarios resultados se deben a las empresas energéticas, si las descontamos, los márgenes empresariales del resto de los sectores han aumentado un +40,83% entre 2021 y 2023  (y +25,7% sólo en 2023)…

Está claro que la inflación juega un papel clave en estos buenos resultados empresariales, ya que se vende a precios más altos y eso sube la facturación y los resultados. Pero si deflactamos los datos, si deducimos el efecto de la inflación en este aumento del margen empresarial, todavía subió un +35,8% entre 2018 y 2023. Y eso porque las empresas consiguieron trasladar el aumento de costes a los precios y trasladárselo a los consumidores y a la economía, provocando una inflación adicional, como reflejan con claridad los datos del Observatorio de Márgenes Empresariales (y como había alertado el BCE).

Este positivo balance de las empresas, al conseguir un aumento histórico de sus márgenes a pesar de la crisis, se ha concentrado sobre todo en el 20% de las empresas analizadas, las más grandes, que concentran el 91% del valor añadido (VAB) y el 98% de los márgenes empresariales, consiguiendo una mayor rentabilidad por sus ventas, según los datos del Observatorio de Márgenes Empresariales. Las actividades que han salido mejor paradas de la última crisis, que más han conseguido mejorar sus ventas y márgenes entre 2018 y 2023 son las actividades inmobiliarias (su beneficio operativo sobre ventas fue del 32% en 2023), la energía (24%), la hostelería (19%), la agricultura (+12%) y el comercio (+11% de beneficio operativo sobre ventas). La mejora de resultados se concentró en 2022 en la energía y en 2023 en los demás sectores.

Recopilando, las empresas españolas han aumentado sus márgenes brutos (beneficio operativo tras restar compras y costes a la facturación) un +63,8% entre 2018 y 2023, a pesar de las crisis, el doble de lo que subieron los salarios (+29,8% en esos 5 años), según destaca el informe de CCOO, a partir de los datos aportados por el Observatorio de Márgenes Empresariales. Y eso porque los trabajadores no han tenido fuerza para conseguir mayores aumentos de salarios en estos años, cuando han perdido poder adquisitivo: entre 2018 y 2023, los salarios crecieron un 4,75% por debajo de la inflación media.

Ya no se trata sólo de que las empresas mejoren su beneficio operativo y los trabajadores no consigan con sus salarios compensar la inflación. Es que, además, en el reparto de la producción que se crea año tras año, las empresas han aumentado el trozo de pastel que se quedan y los trabajadores llevan años reduciéndolo. Vayamos por partes.

Primero, veamos qué ha sucedido en los últimos 5 años. El valor de la producción generada (Valor Añadido Bruto, VAB: valor ventas menos valor compras) ha aumentado de 394.807 millones a 574.416 millones (ese +46,2%) entre 2018 y 2023. Pues bien, dos tercios  (el 67%) de ese aumento del pastel se ha ido a aumentar los márgenes empresariales y sólo un tercio (el 33%) a mejorar los salarios. Y como eso se viene repitiendo desde antes, el resultado es que las empresas (beneficios empresariales) se llevan ya más de la mitad de la producción generada (VAB): su cuota subió en 2023 al 54% del VAB total, frente al 48% que se llevaron en 2018 y al 45% en 2009. Y en contrapartida, los salarios se han llevado en 2023 un 46% del pastel generado (VAB), frente al 52% en 2018 y al 55% en 2009.

A lo claro: que España ha mejorado lo que produce, pero este crecimiento se lo han llevado más los beneficios empresariales que los salarios de los trabajadores, que año tras año se llevan un trozo menor del pastel, aunque crezca.  Este es el trasfondo de quien ha salido ganando y perdiendo de la penúltima crisis, la de la pandemia y la alta inflación (como también sucedió, y con peores resultados, tras la crisis financiera).

Tras este análisis, el informe de CCOO señala que la excelente situación contable de las empresas, con unos márgenes y beneficios históricos, es “un buen punto de partida para subir los salarios sin riesgo a generar presiones inflacionistas”. Su idea es que las empresas viven un gran momento de ventas y márgenes, un fuerte dinamismo, que además está mejorando por otros factores que ayudan: la electricidad y la energía sigue con precios bajos (lo que rebaja costes), muchas materias primas se han abaratado y el BCE va a reducir los tipos de interés a partir de junio, lo que debería reanimar la actividad y la inversión. Por todo ello, insiste CCOO, las empresas tienen margen para asumir subidas de salarios.

Pero la realidad no apoya sus deseos. De hecho, los sueldos están subiendo este año 2024 menos que en 2023, a pesar de estos excelentes resultados empresariales: hasta marzo, los 8,4 millones de trabajadores con convenio han pactado una subida media del +2,91%, inferior a la subida de 2023 (+3,60%) y 2022 (+3,02%), según Trabajo. Y una subida salarial inferior también a la inflación anual (+3,3% en abril, según el INE). Así que, de momento, los trabajadores con convenio pierden poder adquisitivo en 2024, tras perder un -8,66% entre 2021 y 2023. Y si los sueldos suben este año en torno al 3% y la inflación oscila entre el 2,7 y el 3% (como esperan el FMI y el Banco de España), poco van a ganar de poder adquisitivo los trabajadores. Sobre todo, los 6 millones que no han firmado convenio. Y de los que han firmado, si la inflación se dispara (por el petróleo, las guerras o nueva crisis), sólo un tercio tienen firmada cláusula de revisión salarial.

A la vista del hecho, probado por el Observatorio de Márgenes Empresariales, de que las empresas han mejorado sus ventas, márgenes y beneficios, es hora de plantearse que los salarios deben mejorar en España, porque las empresas tienen más “colchón” para subirlos, a costa de una parte de sus márgenes, no a costa de disparar otra vez la inflación. Hasta ahora, la estrategia de España ha sido ser la China de Europa, competir fuera (exportaciones) y dentro (ofertas “low cost”) gracias a tener unos sueldos de los más bajos del continente. Los datos son claros: el sueldo por hora de los españoles es  18,2 euros, frente a 24 euros de media en la UE-27, 31,6 euros en Alemania, 28,7 en Francia o 21,5 euros en Italia, siendo sólo menores en Portugal (13,7) o Grecia (12,8 euros), según Eurostat. Y ese dato mide sólo los sueldos en empresas de 10 y más trabajadores, con lo que el sueldo medio real por hora, contando las microempresas, debe ser menor.

Además de ser sueldos muy bajos en el contexto europeo, los trabajadores españoles llevan años con menores subidas de sueldos que el resto de trabajadores europeos. Así, entre 2018 y 2023, el pago por hora trabajada ha crecido un +27% en España y casi el doble en la media europea (+49%), un +45% en Alemania, un +37% en Francia, un 35% en Italia o un 38% en Portugal, según Eurostat. Eso significa que si los sueldos suben menos y la inflación lo mismo o más (en los últimos meses), los trabajadores españoles están entre los europeos que más pierden poder adquisitivo, un -0,4 % desde el año 2.000, según la OCDE.

Y además, esos son datos medios, porque la pérdida de poder adquisitivo ha sido mayor entre los trabajadores que menos ganan, que en España son demasiados. Así, aunque el sueldo medio bruto en España sea de 2.128 euros mensuales (1.800 euros netos), según el INE, un 30% de los asalariados ganan menos de 1.440 euros brutos (1.224 netos) y otro 40% gana entre 1.440 y 2.373 euros brutos  (entre 1.224 y 2.000 euros netos). Así que un 70% de trabajadores tienen sueldos más bajos que la media, sobre todo mujeres y jóvenes (que ganan de media 1.005,21 euros al mes en 12 pagas, según el Observatorio de la Juventud).

Tener los salarios mucho más bajos que el resto de Europa puede ayudar a las empresas a competir (deberían competir por producto y calidad, no sólo por costes), pero tiene dos graves consecuencias. Una, que afecta muy negativamente a muchas familias, que no pueden llegar a fin de mes. De hecho, casi la mitad de las familias (46,4%) tienen problemas: un 8,9% llegan a fin de mes “con mucha dificultad”, otro 12,7% llegan “con dificultad” y un 24,8% más llegan a fin de mes “con cierta dificultad”, según la Encuesta de Condiciones de Vida 2023. Y otra Encuesta de la OCU eleva al 63% las familias “con dificultades para llegar a fin de mes”. Esto es un riesgo para la economía, porque si los trabajadores y sus familias no pueden consumir, se retrae uno de los motores del crecimiento y el empleo.

Así que este 1º de Mayo tiene todo el sentido relanzar el debate de los salarios, defender que las empresas que pueden (sobre todo las más grandes y rentables) deben subir más los salarios de sus trabajadores, para sostener el consumo y la actividad, siempre que en contrapartida se trate de mejorar la productividad. Una productividad que mejoraría si suben los salarios, porque 4 de cada 10 trabajadores se consideran mal pagados, según una Encuesta del Instituto 40dB para El País publicada en enero pasado.

Cara a lo que queda de 2024, el dilema es claro: o los salarios se moderan (como proponen las subidas ofrecidas por la patronal) o las empresas moderan sus márgenes y beneficios, para poder subir algo más los salarios (el 4% y más) sin que repunte la inflación. Es lo que llaman un “Pacto de rentas, algo de lo que no quieren hablar la patronal y la derecha. Por eso, otro año más, intentan “moderar” los salarios para no “moderar” los beneficios. Una opción que no sólo es injusta socialmente, sino también perjudicial para la economía: necesitamos que el consumo familiar  siga tirando de la economía, para que no se frenen el crecimiento y el empleo. Y eso será difícil si los sueldos crecen el 3% o menos, como muchos proponen. Así que las empresas deberían pagar salarios más altos (aunque ganen menos) para vender más y que la economía crezca en 2024. Si no, la economía se desinflará y todos perderemos. Un debate para este 1º de mayo.

lunes, 20 de febrero de 2023

Atascos y retrasos en la economía hoy

Tengo una amiga a la que han tardado 9 meses en entregar un coche nuevo, por retrasos en la fabricación, el barco, transporte en tierra, renting y matriculación. Y el hijo de otro amigo ha tenido que esperar 6 meses para dar clases de conducir en una autoescuela de Madrid. No son dos casos aislados. Hay muchos productos y servicios que siguen con retrasos en la entrega (6 meses de media un coche) y seguimos con largas esperas para que nos atiendan en múltiples teléfonos y oficinas, incluidas las de empleo y de la Seguridad Social. Retrasos motivados porque siguen sin recuperarse las cadenas de producción y suministro y, sobre todo, porque falta personal. Un dato: las empresas privadas españolas tienen hoy 825.000 trabajadores menos que en 2007 (-4,6%), aunque la economía produce (PIB) un 23,5% más. Los cuellos de botella no se arreglan y eso provoca retrasos e inflación (+7,5% la subyacente, la más alta en España desde 1986). Urge que la producción y el empleo se recuperen.

Enrique Ortega

La pandemia provocó un cambio radical en la economía: de un día para otro, hundió la actividad económica de los paises y el comercio mundial, provocando cortes en los suministros de productos y servicios en 2020. Y en 2021, cuando la actividad se fue recuperando, las empresas habían recortado plantillas y producciones, las navieras recortaron barcos y subieron fletes y estalló una guerra en Ucrania que encareció la energía y las materias primas, “la sangre” que permite funcionar a la economía mundial. El resultado fue la proliferación de “cuellos de botella”, que provocaron atascos en la economía y el comercio, en 2021 y 2022, con problemas para atender una demanda creciente, lo que disparó la inflación. Y todo indica que estos atascos y retrasos se mantienen, aunque menores, al inicio de 2023.

Eso lo confirman las mismas empresas. Según una Encuesta realizada en diciembre de 2022 a profesionales de logística y de la cadena de suministros, alrededor del 71,8% todavía están lidiando con interrupciones en la cadena de suministros, mientras el 57,7% está intentando sortear la escasez de transporte. Y el 93% de los encuestados creen que estos problemas logísticos van a continuar en 2023. Y otro estudio de la consultora Accenture revela que el 95% de las empresas han sufrido problemas de suministro, añadiendo que el 82% de sus directivos piensan que estos atascos no se resolverán hasta la 2ª mitad de 2023 o incluso más tarde. Y estos problemas afectan muy seriamente a la economía europea, porque un tercio de la producción de la UE depende de las cadenas mundiales de suministro.

Concretando el problema en Cataluña, otro estudio de KPMG refleja que un 95% de las empresas han sufrido alguna disrupción en sus suministros en 2021 y 2022: encarecimiento de las materias primas (el 81%), escasez de componentes (el 76%), aumento del precio de los transportes (76%), retrasos en la llegada de productos (71%), dificultades en la gestión de proveedores (43%) y dificultades para encontrar profesionales (29%). Y otra vez más, cuando se les pregunta cuando esperan “volver a la normalidad”, el 82% de las empresas catalanas encuestadas señalan que “en la 2ª mitad de 2023”.

Así que los embudos y atascos en las cadenas de suministro y producción no se han resuelto. Se ve muy claro en el automóvil. Hoy, todavía la entrega de un coche se demora en España entre 4 y 6 meses (la media). Y hay casos en que es más, como el de mi amiga (9 meses), porque se van sumando retrasos. El primero, en la fabricación: faltan componentes (chips y otras piezas, así como aluminio), pero incluso las marcas que fabrican semiconductores (en este caso, es un coche coreano), “fabrican sobre pedido”: el coche se empieza a fabricar cuando el cliente lo ha comprado en el concesionario. Luego hay problemas con los buques que lo traen a España (o que lo exportan: en el puerto de Santander había en diciembre 15.000 coches fabricados en Navarra y Valladolid a la espera de que llegaran barcos para transportarlos, barcos que cambian de puerto a la caza del mejor encargo). Y ya en España, el coche tiene problemas para ser transportado al concesionario: la flota de camiones especiales para transportarlos se ha recortado un 25% tras la pandemia. Y cuando ya está en el destino, si es una gran ciudad, el cliente sufre los retrasos en el papeleo del renting (más de un mes) y en la matriculación (más de una semana). Total: 9 meses.

Pero no crean que estos retrasos se producen sólo al comprar un coche. Si intenta comprar una bicicleta, la lista de espera es de 3 y 4 meses. Y lo mismo ha pasado estas Navidades con compras de móviles, relojes inteligentes y aparatos electrónicos. También sufre retrasos la industria farmacéutica, con muchos medicamentos “en falta” (691 hoy, según la Agencia Española del Medicamento), porque a los laboratorios les fallan las cadenas de suministros de principios activos, dependientes de India y China. Incluso, en Galicia, hay ópticas que han sufrido retrasos de más de tres meses en el suministro de lentillas. Y hay obras y reformas de viviendas que se retrasan por la falta de materiales (hormigón, cemento, aluminio, acero, madera, ladrillo, cerámica), que cuando llegan son más caros y disparan los presupuestos iniciales. Incluso las compañías aéreas sufren retrasos en la entrega de aviones, como ha anunciado la europea Airbus.

En paralelo a estos atascos y retrasos en la cadena de producción y suministro, hay un serio problema en los transportes, sobre todo en el transporte marítimo, por el que nos llegan el 90% de los productos importados. La recuperación de la demanda tras el COVID, en el verano de 2021, pilló a las navieras con menos barcos y personal, lo que colapsó el comercio internacional y disparó el precio de los fletes. Un dato: transportar un contenedor de 40 pies (12 metros y unos 20.000 kilos de peso) pasó de costar 1.348 dólares en noviembre de 2020 a 10.377 dólares en septiembre de 2021. Y eso si la empresa encontraba un barco, porque iban a la caza de los transportes más rentables. Y luego, en el puerto, atasco para descargar (y cargar) y falta de camiones para transportarlo al destino. Hoy, el transporte marítimo ha bajado precios, pero siguen siendo más altos que antes de la pandemia (1.997 dólares a principios de febrero, según Drewry). Y la 2ª naviera del mundo, la danesa Maersk, acaba de pedir un cambio radical en las cadenas de suministro”, porque “no funcionan”.

En paralelo a estos problemas en las cadenas de suministro y transportes, en España, las empresas han ajustado su actividad en 2021 y 2022, tratando de afrontar la recuperación de la demanda (España creció un 5,5% en 2021 y un 5,2% en 2022) con las mínimas inversiones y empleo, para tratar de mejorar sus márgenes tras las pérdidas sufridas por la pandemia (2020). Y además, han casi congelado los salarios de sus trabajadores. Y lo han conseguido: los beneficios empresariales crecieron un 13% en 2021 y otro 21,1% en 2022, 7 veces lo que han crecido los salarios, según el Banco de España. Y esta mejora de resultados se ha hecho gracias a que han aumentado las plantillas lo mínimo para seguir funcionado. El dato: las empresas solo han creado 224.000 empleos sobre los de 2019, según la EPA.

Y eso lo notamos los consumidores cada día, en retrasos y peor atención de la mayoría de las empresas. Lo han sufrido los clientes de luz y gas que han tratado de contratar una tarifa distinta, con retrasos infinitos en la atención telefónica y colas en las oficinas. Y lo mismo al requerir atención de una empresa de telecomunicaciones o del seguro del coche: redujeron al mínimo su atención con la pandemia y ahora apenas han reforzado sus plantillas, empeorando el servicio. Y lo mismo pasa cuando uno pide una reparación o un arreglo en casa (llevo 3 semanas esperando al marmolista…): todo el mundo tiene más pedidos y más trabajo del que puede atender, así que a esperar tocan.

Y también hay atascos y retrasos en la Administración pública, a pesar de que se han convocado oposiciones (insuficientes) en muchos organismos. Lo más preocupante sigue siendo “el atasco” en la sanidad pública, sobre todo en la atención primaria (el retraso para el médico de familia y pediatra está en una media de 8,54 días, según el CIS), pero también hay problemas en otros organismos. Empezando por las oficinas de empleo, donde se nota la pérdida de personal (-3.674 empleados en la última década más los 1.500 contratados temporales por la pandemia). El resultado es que “la gestión de una prestación por desempleo en el SEPE se puede dilatar más de 2 meses”, según el sindicato CSIF. También hay retrasos en las oficinas de la Seguridad Social, que no coge apenas llamadas y retrasa citas y expedientes (de jubilación), sobre todo en Madrid. Tal es el problema que el ministro Escrivá está estudiando “abrir las oficinas de la SS por las tardes”…

Y hay muchas otras oficinas públicas y organismos donde hacer una gestión es sufrir colas y retrasos, como la renovación del DNI (con demoras de hasta 2 meses en 2022) o en las Oficinas de extranjería, donde hay retrasos (y un mercado negro) hasta para pedir cita previa…para conseguir una cita dentro de varios años. Y no nos olvidemos de los Juzgados, campeones de los retrasos ya antes de la pandemia. Ahora, la situación ha empeorado y el plazo medio de los juzgados especializados para emitir un fallo es de 31,8 meses (y un máximo de 5 años). Y en los Juzgados de lo Social, la media de resolución son 14,5 meses. Pero es que el retraso empieza antes, en el retraso para que se vea en el Juzgado  un despido o una reclamación de cantidad: en Sevilla, a finales de 2022, a un trabajador le fijaron como fecha de juicio el 2 de marzo de 2026… dentro de más de 3 años.

Todo apunta a que todos estos atascos y retrasos, desde comprar un coche a cambiar el seguro o el contrato del móvil  y pedir la jubilación o el paro o ir a juicio van a tardar en resolverse y agilizarse. El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de advertir que “los cuellos de botella en las cadenas de producción van a seguir en 2023”, porque persisten los problemas en las infraestructuras logísticas y la escasez de mano de obra. Y eso a pesar de que estos “shocks” explican la mitad de la actual subida de precios en el mundo, según el FMI. Y por eso, a pesar de las medidas que toman los Gobiernos sobre la energía, la inflación de fondo (“subyacente”: sin energía ni alimentos elaborados)  sigue muy elevada: +7% en la zona euro y +7,5% en España, la más alta desde 1986. Es lógico: si la demanda crece pero la economía arrastra retrasos, los productos disponibles son más caros.

Además, el FMI alerta al mundo de otro problema, que se suma al de la cadena de suministros y a la escasez de mano de obra: la nueva guerra fría, entre EEUU y China, cuyo último capítulo ha sido “la crisis de los globos”. El organismo advierte que este enfrentamiento geopolítico puede tener “consecuencias económicas”, con un aumento de restricciones tecnológicas (USA ya ha limitado exportaciones a China) y comerciales, que afectarán negativamente al comercio internacional. Y que pueden restar hasta un 7% de crecimiento a la economía internacional. A lo claro: que si no teníamos motivos suficientes de preocupación por los atascos y retrasos en las cadenas de suministro y el comercio internacional, ahora los enfrentamientos entre EEUU y China (y entre Europa y USA, con Rusia detrás de todo el nuevo escenario geopolítico) pueden traducirse en más restricciones comerciales, que afectarán a los consumidores y a la inflación.

¿Qué se puede hacer? Lo primero es recomponer las cadenas de suministro, algo en lo que están las empresas pero que tarda tiempo. Y que llevará a muchas compañías a diversificar sus proveedores, buscándolos más cerca. De ahí que se esté hablando de un cambio estratégico en la economía mundial: menos globalización y más regionalización. En lugar que las empresas busquen productos y componentes en el otro extremo del mundo, que los concentren en las regiones próximas: que Europa comercie más con Europa, Asia con Asia y América con América. Eso tiene ventajas de reducir riesgos geopolíticos y costes energéticos, pero tiene un coste: cuanta menos globalización, mayores precios.

Y después está la cuestión del transporte, que exigiría coordinar mejor el comercio mundial, buscando suprimir los cuellos de botella actuales y descongestionar puertos y transportes terrestres. La multinacional Maersk propone no sólo invertir en barcos más eficientes (y menos contaminantes, con hidrógeno verde) sino invertir con tecnología inteligente en las redes logísticas y tener almacenes repartidos entre distintos puertos, para evitar los “cuellos de botella” que se dan hoy en los principales puertos del mundo. Y por supuesto, aumentar las plantillas de las empresas logísticas.

En cuanto a los retrasos y atascos en los servicios de empresas privadas y organismos públicos, la medida clave es aumentar el empleo, sobre todo el empleo cualificado. Y aunque muchas empresas (de construcción, transportes, hostelería) se quejan de que no encuentran personal adecuado, en muchos casos eso se resolvería si pagaran mejor y formaran a sus empleados, evitando fugas e integrando mejor a los empleados jóvenes. Es hora de reforzar las plantillas para atender mejor a los clientes y vender más. Sobre todo si vemos este dato: las empresas privadas españolas tienen hoy 825.000 empleados menos que en 2007 (-4,6%), a pesar de que España produce (PIB) un 25,3% más que entonces. Esto ha aumentado los márgenes empresariales y la productividad (más producción con poca plantilla), pero a costa de retrasos y cuellos de botella en los productos y servicios que pagamos los consumidores. Y lo mismo el sector público: hay que reforzar los servicios públicos, aunque eso suponga tener que recaudar más (no de los que ya pagamos impuestos, sino de los que pagan poco).

La pandemia cayó como un terremoto sobre la economía, seguida de la réplica de la guerra de Ucrania y la inflación disparada. Ahora, cuando empezamos a recuperarnos (despacio), es hora de reconstruir la economía mundial (“el gran reinicio”), agilizando las cadenas de suministros, el transporte y la oferta de productos y servicios. Hay que engrasar” la economía con inversión y empleo, para reducir cuellos de botella y evitar constantes retrasos, que dificultan crecer y ser más competitivos. Y que explican buena parte de la alta inflación que tenemos. No podemos acostumbrarnos a las esperas y retrasos. Hay que dinamizar la economía.

jueves, 19 de enero de 2023

FITUR 2023: el turismo roza el récord

Esta semana se celebra FITUR, la Feria del turismo, en medio de un generalizado optimismo por los datos de 2022: el sector ha recuperado la facturación y el empleo de 2019, antes de la pandemia. Y el turismo, tanto el nacional como el extranjero, “ha salvado la economía”, al aportar dos tercios de todo el crecimiento de España en 2022. Ahora, se espera que el turismo siga creciendo en 2023 y se superen el récord de turistas (83,7 millones) y de ingresos (92.278 millones de euros) de 2019, siendo otra vez el motor de la economía española. Todo ello apoyado en una recuperación del turismo español, europeo y, sobre todo, asiático y americano, aunque con el riesgo de unos precios altos y un euro más caro. Se trata de salir del bache de la pandemia y apuntalar el futuro de la primera industria española con los Fondos europeos (3.400 millones), consiguiendo un turismo sostenible de más calidad, que no solo busque sol y playa.

Enrique Ortega a partir de la publicidad institucional

El turismo se ha recuperado de la pandemia y la inflación en 2022. Lo reconoce con claridad la patronal turística Exceltur: “2022 marca la total recuperación de la actividad turística en España”. Y lo apoyan en unos datos contundentes. El PIB turístico, el valor de la actividad turística, alcanzó los 159.000 millones de euros en 2022, un 1,4% superior a 2019. Y eso ha permitido aumentar el empleo turístico (2,5 millones a finales de 2022), un +1,4% sobre el de 2019, un empleo que ahora es de más calidad, tras la reforma laboral (la tasa de temporalidad bajó del 30,4 % en febrero de 2022 al 8,8% de media anual, por la adopción generalizada de los contratos fijos discontinuos, de temporada). Y las empresas turísticas también han mejorado facturación y beneficios, a pesar del fuerte aumento de costes.

Esta importante mejoría del turismo le permitió ser el motor del crecimiento económico de España en 2022, aportando el 61% de todo el crecimiento del país, según Exceltur, aportando 1 de cada 8 euros producidos en España (el 12,2% del PIB). Y eso ha sido posible por los dos motores que tiran (a medias) del turismo: el turismo nacional y el extranjero. Los españoles se lanzaron a viajar, a partir de abril, aumentando de forma considerable el gasto y las pernoctaciones sobre las de 2019 (sobre todo en apartamentos, campings y turismo rural, aunque también en hoteles). Y también se recuperó en gran parte la llegada de extranjeros, sobre todo de Holanda (+13% pernoctaciones hoteleras que en 2019), Luxemburgo (+5,6%), Irlanda (+7,2%), Portugal (+5,9%), Francia (+0,6%) y México (+17,6%), mientras han caído las pernoctaciones de turistas del Reino Unido (-6,8% sobre las de 2019), Alemania (-12,4%), Italia (-12,9%), paises nórdicos (-24,9%) y EEUU (-8,5%).

Centrándonos en este mercado, el turismo extranjero, España recuperó en 2022 un 85% de los turistas récord que llegaron en 2019, según la estimación de la ministra Reyes Maroto: espera cerrar el año con 71,5 millones de turistas internacionales, el doble que en 2021 (31.129.393 turistas extranjeros) y cuatro veces los que llegaron en 2020, cuando estábamos medio cerrados por la pandemia (18.957.856), aunque todavía falta recuperar un 15% de turistas internacionales para llegar a los 83.701.011 turistas extranjeros que vinieron en 2019. De momento, con las estadísticas disponibles (enero-noviembre), han llegado 67,4 millones de visitantes extranjeros, el 85,14% de los que llegaron en los 11 primeros meses de 2019, según los datos de Frontur. Baja sobre 2019 el peso de los turistas británicos (21,3% del total), nórdicos (5,92%) y norteamericanos (3,88%), pero sube el porcentaje que representan ahora los turistas de Francia (13,98%), Alemania (13,80%), Italia (5,55%) y Holanda (5,54%). Y aumentan los que se dirigen a Baleares (19,38% frente al 16,34% que llegaban en 2019: es la única región que ha recuperado los extranjeros de antes de la pandemia), Canarias (16,47%), y la Comunidad Valenciana (12%), mientras pierden mercado Cataluña (20,74% de turistas ahora frente al 23,12% del total en 2019), Andalucía (14,05%) y Madrid (8,30%).

Otro dato importante es que ha aumentado el gasto turístico de los extranjeros en 2022: se espera cerrar el año con 87.100 millones de ingresos (van 81.821 millones hasta noviembre), según la ministra, lo que supondría acabar con un 94% del gasto turístico récord alcanzado en 2019 (92.278 millones de euros). Esta mejoría del gasto, mayor que la de los turistas, se debe a que está aumentando la estancia media de los turistas extranjeros (7,5 días de media en 2022 frente a 6,8 días en 2019) y se gastan más, cada día de estancia (165 euros frente a 161) y en el total de su viaje (1.241 euros frente a 1.086), lo que indica una mayor calidad del turismo que llega, además de la subida de los precios turísticos.

En 2022, con la mejora del turismo nacional y extranjero, el sector turístico ha aumentado ventas y beneficios, pero de una forma dispar, según Exceltur: los más beneficiados han sido los hoteles de sol y playa (aumentan su facturación un 7,2% sobre 2019) y los que menos los hoteles urbanos (+3,5%), empeorando todavía sus ventas (sobre 2019) las agencias de viajes (facturan un -15,5%), las compañías de transportes (-5,4%) y las empresas de alquiler de coches (-3,1% ventas sobre 2019). Las regiones que más se han beneficiado de la recuperación del turismo, en 2021 y 2022, son las zonas costeras y algunas de interior: las empresas turísticas ya facturan más que en 2019 en Baleares, Canarias, Andalucía, la España verde (Galicia, Asturias y Cantabria), Extremadura, Aragón y Castilla la Mancha. En resumen, que el negocio turístico se ha recuperado ya en toda España salvo en Cataluña, Madrid, Comunidad Valenciana, Murcia, País Vasco, Navarra y Castilla y León.

Ahora, en 2023, el sector confía en que “se consolide la recuperación turística”, en un año que “irá de menos a más”, según vaticina la patronal Exceltur, que espera que el turismo tome impulso a partir de primavera (la Semana Santa cae del 3 al 9 de abril). Y apuestan a que el PIB turístico vuelva a crecer, otro +5,9%, con lo que el turismo aportaría a la economía 11.649 millones más que antes de la pandemia (2019), siendo otro año más uno de los motores del crecimiento económico español, junto a las exportaciones, el consumo y los Fondos europeos. La patronal cree que este año, la mejoría turística se apreciará sobre todo en los hoteles urbanos, las empresas de transportes y los hoteles de vacaciones, mejorando sobre todo los destinos turísticos ligados al turismo extranjero, en especial Madrid y Barcelona (que superarán sus ventas de 2019), aunque esperan que sigan creciendo las ventas turísticas en las zonas de sol y playa, el turismo interior y la España verde.

Otros expertos coinciden en señalar a 2023 como el año de la recuperación definitiva del turismo en España, a pesar de las incertidumbres económicas. Un informe de CaixaBank apuesta también por un crecimiento del PIB turístico (+4%), situándolo por encima del de 2019, gracias a 2 factores positivos: la recuperación de la movilidad aérea en Europa (lastrada en 2022 por la saturación de los aeropuertos y la alta inflación) y la recuperación del turismo “de larga distancia”, tanto de EEU y Latinoamérica como de Asia (en especial China, Japón y Corea, los tres paises con mayor potencial, dado que sus viajes están un 70% por debajo a los de 2019). Eso sí, plantean 2 temores sobre 2023: que Europa crezca poco (sobre todo Reino Unido y Alemania, dos mercados claves) y el negativo efecto de la subida anual de los precios turísticos: +13,7% han subido los hoteles, +17,5% los vuelos internacionales y +12,2% los paquetes turísticos internacionales, según el INE.

Hay otro factor importante que afectará a la llegada del turismo extranjero en 2023: la cotización del euro. En 2022, la depreciación de la moneda europea (-6%) ayudó a la llegada de turistas de fuera de la zona euro, porque viajar les costaba un 6% menos. Ahora, con la subida de tipos, el euro se está recuperando (hoy cotiza a 1,0808 dólares y sube un +1% sobre el cierre de 2022) y los expertos creen que podría subir a 1,135 dólares en marzo y a 1,10 euros en agosto, lo que supondría un encarecimiento adicional de los hoteles y paquetes turísticos para visitantes de fuera de la Europa del euro. Y eso es más preocupante porque dos paises competidores, Turquía y Egipto, están devaluando sus monedas, lo que hace aún más baratas sus tarifas turísticas.

Aunque el sector turístico ve con optimismo 2023, insiste en pedir al Gobiernoque no baje la guardia” con las ayudas al sector implantadas en 2020, por la pandemia, en especial que mantenga el periodo de carencia para devolver los créditos ICO y el ERE que aún disfrutan las agencias de viaje y algunas empresas turísticas que no se han recuperado.  Además, Exceltur reitera su petición de que el Gobierno intervenga ante el imparable crecimiento de los pisos turísticos, que suponen una competencia desleal (muchos no están legalizados), encarecen los alquileres y agravan un sentimiento “anti turismo” en ciudades donde colapsan los centros urbanos. Según sus datos, en 2022, las plazas en apartamentos turísticos crecieron en 73.894 (un +35%), con un elevado incumplimiento de las normativas autonómicas y locales. Y ya hay, sólo en las 20 principales ciudades españolas, más de 862.000 plazas en apartamentos turísticos, 2,5 veces más de las que había en 2010 (346.921 plazas).

Pero la principal petición de los empresarios turísticos al Gobierno es que gaste de otra manera los Fondos europeos. Dentro del Plan de Recuperación se contempla un capítulo (el Componente 14) para el turismo, con el objetivo de “transformar y modernizar el sector turístico, aumentando su competitividad y resiliencia”. Son 3.400 millones a invertir entre 2021 y 2023 (el gasto puede hacerse hasta 2026), para intervenir en 4 ámbitos: conseguir una mayor sostenibilidad (medio ambiental, socioeconómica y territorial), la transformación digital de los destinos y empresas turísticas (para reducir su dependencia de los tour operadores extranjeros), conseguir una mayor resiliencia en regiones muy dependientes del turismo (en Baleares y Canarias, supone un 35% de la economía y hasta el 40% del empleo) y mejorar la competitividad del sector y su eficiencia energética. En conjunto, se espera que estos programas e inversiones creen 100.000 nuevos empleos turísticos.

El problema está a la hora de concretar el destino de estos Fondos europeos para el turismo. La opción que ha elegido el Gobierno, apoyado por la mayoría de autonomías y Ayuntamientos, es diversificar estas ayudas, que lleguen al mayor número de proyectos y localidades posibles. De hecho, ya se han repartido 860 millones en Planes de sostenibilidad turística, adjudicados a 1.489 Ayuntamientos, con una ayuda media de 600.000 euros. La patronal Exceltur defiende que lo mejor hubiera sido concentrar el grueso de los Fondos en los grandes municipios turísticos y se quejan de que, de los 20 grandes destinos, sólo han recibido Fondos 17 localidades, con una ayuda media de 7,2 millones, que consideran insuficientes para reconvertir  a fondo su vieja oferta de sol y playa. Y también se quejan de que el 97,4% de los empresarios turísticos no han accedido a ninguna financiación UE.

Realmente, los Fondos europeos son una gran oportunidad para reconvertir el turismo español, desde las instalaciones (algunas viejas) a la oferta turística, incluida una digitalización a fondo y un esfuerzo por la sostenibilidad territorial (ojo: hay 12 localidades españolas que reciben más de 1 millón de turistas al año) y medioambiental (el turismo es responsable del 9% de las emisiones de CO2), sin olvidar la falta de servicios, infraestructuras y agua. Además, ahora que el turismo se recupera, es hora de corregir el exceso de concentración del sector, tanto en verano (el 45% de los turistas llegan entre junio y septiembre), como en origen (el 87% de los turistas extranjeros proceden de Europa) como en destino (el 91% de los turistas extranjeros van a 6 autonomías: Cataluña, Baleares, Canarias, Andalucía, Comunidad Valenciana y Madrid, que se benefician en exclusiva del 93% del gasto que hacen los extranjeros en España).

Así que España debe apostar por un turismo más diversificado, tanto en fechas como en origen y destino, un turismo que no destroce los territorios y respete mejor el medio ambiente, que actualice y modernice su oferta y sea capaz de vender por Internet sin intermediarios, buscando no tanto la cantidad (los millones de turistas) como la calidad y el gasto. Todo esto debe incluirse en la Hoja Estratégica del Turismo para 2030, que está elaborando el Gobierno con el sector. Hay que remozar y modernizar nuestra primera industria, para que sea más competitiva y consolide su crecimiento y empleo, básicos para España. Y en paralelo, urge modernizar el resto de la economía, fomentando la industria, la agricultura, la tecnología y la innovación, los sectores con futuro, para que España sea “más que sol y playa”, para que no dependamos tanto del turismo para crecer y crear empleo. Diversificar.