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lunes, 6 de noviembre de 2023

Jóvenes sin oportunidades

La OCDE ha dado la alerta en su reciente informe sobre España: los casi 7 millones de jóvenes españoles tienen serios problemas de altísimo paro, poco empleo y precario, bajos sueldos y difícil acceso a la vivienda, lo que hace que dos tercios sigan viviendo con sus padres. Y el 16% de nuestros jóvenes  tienen problemas de salud mental. Toda esta preocupante situación de los jóvenes es “un lastre para el potencial de crecimiento futuro de España”, advierte la OCDE.  Y propone medidas para mejorar la formación de los jóvenes, de la escuela a la Universidad, potenciando la Formación Profesional y contando más con las empresas para saber los perfiles que necesitan. También mejorar las oficinas de empleo, que hoy no sirven para colocar a los jóvenes. Promover viviendas en alquiler para jóvenes, además de ayudas autonómicas que hoy no funcionan. Y un Plan de empleo juvenil para incentivar su contratación y ofrecerles empleos decentes. Hay que dar más oportunidades a los jóvenes: nos jugamos el futuro.
   
                 Enrique Ortega

En España hay casi 7 millones de jóvenes entre 16 y 29 años (6.906.808 en 2022), un 14,5% de toda la población, según el INE. De ellos, el 46% trabajan (3.178.500 a finales de septiembre de 2023), otro 41,3% estudian (2.852.511) y el 12,7% restante (877.164 jóvenes) ni estudian ni trabajan, son “ni-nis”: España es el 4º país europeo con más jóvenes “ni-nis, tras Rumanía (19,8%), Italia (19%) y Grecia (15,4%), por encima de la media europea (11,7%) y sobre todo de Paises Bajos (sólo el 4,2% jóvenes son “ni-nis”), Suecia (5,7%), Portugal (8,4%), Alemania (8,6%), Irlanda (8,7%), Finlandia (9,5%) y Francia (12%).

El problema de fondo de muchos jóvenes españoles empieza en su educación, insuficiente en muchos jóvenes, señala el informe de la OCDE, que habla de que “salen de sus estudios con pocas habilidades”. De hecho, España es uno de los paises occidentales con más porcentaje de jóvenes poco formados: el 26,5% de los jóvenes de 25 a 34 años tiene sólo la ESO o menos, frente al 12,2% en Europa (UE-25) y el 13,8% en la OCDE, según el informe Panorama de la Educación 2023 de la OCDE. Y por el otro lado, España es uno de los paises occidentales con más jóvenes universitarios: el 50,5% de los jóvenes (25 a 34 años) tiene un título, frente al 44,7% en la UE-25 y el 47,2% en la OCDE. Pero, en cambio, tenemos pocos jóvenes con una formación intermedia (Bachillerato o FP), la que consigue muchos empleos: la tienen el 22,9% de los jóvenes españoles frente al 43,1% de los europeos y el 39,4 % en la OCDE. Y ello se debe, en gran medida, al poco peso de la Formación Profesional (FP) en España: sólo la cursaban (en 2021) el 24% de los que estudian al terminar la ESO (la mayoría hacen Bachillerato), frente al 37,2% en Europa, el 55% en Paises Bajos, el 51,5% en Italia, el 36,9% en Francia y el 32,1% en Alemania, según la OCDE.

En definitiva, tenemos muchos jóvenes con poca formación, demasiados que estudian carreras sin salida y pocos con estudios intermedios y FP, lo que más buscan las empresas. Una formación deficiente, que es fruto de nuestro menos gasto en educación, de unos planes de estudios muy memorísticos y poco prácticos, un profesorado insuficiente y precario (que precisa reciclarse) y una enseñanza pública colapsada por alumnos con problemas. Todo ello se traduce en altas tasas de repetición de los jóvenes (un 7,6% en ESO, el porcentaje más alto en Europa, donde sólo repiten curso el 2,2%) y en un mayor abandono escolar temprano (jóvenes que no estudian al acabar la ESO): un 13,9% en España frente al 9,7% en la UE. Además, los jóvenes españoles tienen peores resultados educativos en matemáticas, ciencias y comprensión lectora, según los informes PISA.

Con esta deficiente formación, a los jóvenes españoles les resulta más difícil trabajar que al resto de jóvenes europeos, también porque nuestra estructura económica (más pymes,  más servicios y menos industria, menos innovación y tecnología) ofrece menos empleo (75% de los adultos europeos trabajan frente al 64,5% de españoles). El informe de la OCDE revela que son más los jóvenes españoles que van directamente al paro al acabar sus estudios (el 9%, frente al 4% en la UE, el 2% en Alemania y el 3% en Holanda) y menos los que encuentran directamente un trabajo. La mayoría han de esperar 4 años o más, en el subempleo y en empleos precarios. Y al final, la tasa de ocupación de los jóvenes españoles no llegaba al 40% en 2022 (38,8% entre 15 y 29 años), según Eurostat, mientras en la UE-27 trabajan casi la mitad de los jóvenes (49,2%), el 79,3% en Paises Bajos, el 64,2% en Dinamarca, el 63,9% en Austria, el 61,7% en Alemania, el 58,7% en Irlanda, el 57,2% en Finlandia y Suecia, el 48,6% en Francia o el 43,1% en Portugal, estando sólo peor en Italia (33,8% jóvenes trabajando) y Grecia (33,1%).

Además de trabajar menos, los jóvenes españoles tienen trabajos muy precarios. Por un lado, tienen un mayor porcentaje de contratos temporales que el resto de españoles, aunque esta temporalidad se ha reducido con la reforma laboral de 2022: un 68,11% de los contratos son temporales entre que trabajan entre 16 y 19 años, un 47,86% entre 20 y 24 años y un 26,48% entre 25 y 48 años, frente al 17,25% de contratos temporales entre todos los españoles que trabajan, según la EPA de septiembre. Y esa tasa de temporalidad de los jóvenes en España (35% entre los 16 y 29 años) es el triple que la media europea. Además, los jóvenes tienen un mayor porcentaje de empleo a tiempo parcial (por horas o por días): el 48,6% de los jóvenes que  trabajan con 16 a 19 años, el 30,9% de los ocupados con 20 a 24 años y el 14,3% de los que trabajan con 25 a 29 años. Eso da una media de un 22,5% de contratos a tiempo parcial entre los jóvenes (16 a 29 años), frente al 12,6% con trabajo parcial entre todos los ocupados en España. Y lo más importante: el 44% de los jóvenes que trabajan pocas horas(o días) lo hacen “obligados”, porque no encuentran un trabajo a tiempo completo, mientras en Europa sólo les pasa esto al 17% de los jóvenes que trabajan a tiempo parcial, según este informe de Trabajo.

Los jóvenes no sólo tienen trabajos más precarios, más contratos temporales y a tiempo parcial, sino que un tercio largo están “sobre cualificados”, realizan un trabajo para el que no necesitan la alta formación que tienen (economistas trabajando en un bar o abogadas de cajeras de supermercado): España lidera la sobre cualificación en la UE, con un 36,1% de nuestros universitarios, frente al 22,1% de los licenciados europeos, según Eurostat.

Con tanto empleo precario, los jóvenes españoles tienen sueldos más bajos que el resto de trabajadores: si el sueldo medio en España era de 25.896,22 euros brutos en 2021 (1.900 euros netos al mes en 12 pagas), según el INE, un joven de menos de 20 años ganaba casi la tercera parte (9.180 euros brutos, 675 euros netos al mes en 12 pagas),  un joven de 20 a 24 años ganaba la mitad (13.224 euros brutos, menos de 1.000 euros mensuales en 12 pagas) y un ocupado con 25 a 29 años ganaba una cuarta parte menos (19.089 euros brutos, sobre 1.400 euros netos al mes en 12 pagas). En definitiva, el sueldo medio de los menores de 29 años ronda los 13.830 euros brutos al año, la mitad que el conjunto de trabajadores. Y  los universitarios ganan menos de 1.500 euros al mes en los 4 años siguientes a licenciarse, según un estudio del BBVA e IVIE.

Estos bajos ingresos de los jóvenes les llevan a muchos a una situación real de pobreza y exclusión social, que se considera cuando alguien gana menos del 60% de los ingresos medios del país. En España, en 2022, había 9.522.000 personas en situación de pobreza, un 20,4% de los españoles, según los datos oficiales publicados por el INE. Y de ellos, 1.474.000 eran “pobres jóvenes”, de 16 a 29 años, según la EAPN. En consecuencia, los jóvenes son el 2º grupo de edad con más tasa de pobreza (el 22,5%), solo por detrás de los niños (27,7% de menores de 16 años viven en hogares “pobres”) y por encima de la tasa de pobreza de los de 30 a 44 años (19,2%), de 45 a 64 años (18%) y de los jubilados (18,7% pobres).

Con estos ingresos tan bajos, a los jóvenes les cuesta mucho emanciparse y aún más formar una familia, sobre todo en la última década, al haberse disparado los alquileres: han subido un +68,7% desde 2014 hasta ahora, según Idealista, y el alquiler medio está ya en 11,8 euros por metro cuadrado, lo que implica que un piso de 90 m2 se alquila ya por 1.062 euros (y por mucho más en Madrid, Barcelona y las grandes ciudades). Si el sueldo medio de un joven era de 1.089 euros en 2022 (según el Consejo de la Juventud), pagar un alquiler le suponía de media el 83,9% del sueldo. Y sumando los recibos obligatorios, se “comería” el 93,6% del sueldo.

 Por eso, la mayoría de los jóvenes españoles no pueden emanciparse, como alerta el reciente informe de la OCDE sobre España: el 66% de nuestros jóvenes (de 18 a 34 años) viven con sus padres, frente a una media del 49% en la UE-27. Y somos el 4º país europeo donde más jóvenes siguen viviendo con sus padres, tras Grecia (72% no se emancipan), Portugal (71%) e Italia (69%).Y este altísimo porcentaje de jóvenes que siguen viviendo  con sus padres (66%) contrasta con el bajísimo porcentaje en los paises nórdicos (13% en Suecia, 16% en Dinamarca) y el bajo porcentaje en centro Europa (31% jóvenes viven con sus padres en Alemania, 36% en Paises Bajos, 37% en Reino Unido, 43% en Francia y 44% en Bélgica), según el informe de la OCDE.

Esta imposibilidad de independizarse (el 65% de los jóvenes que viven con sus padres querrían dejar el hogar familiar), junto al elevado paro juvenil (el 27,8% de los menores de 25 años están en desempleo en España, el doble que en la UE-27, con 14,2% de paro, y cinco veces el paro de los jóvenes alemanes, el 5,8%), la tremenda precariedad de su trabajo y el bajo sueldo de la mayoría provocan una gran insatisfacción en los jóvenes y aumentan su desinterés por participar en la sociedad donde viven y en la política. Y esa insatisfacción se manifiesta además en problemas de salud mental: un 16% de los jóvenes españoles encuestados por la OCDE reconocen haber sufrido algún trastorno mental (más del doble que en 2017). Y sólo la mitad buscó ayuda profesional. Otro estudio reciente, de la Fundación Mutua y FAD Juventud, alerta que el 59,3% de los encuestados (de 15 a 29 años) “reconocen padecer problemas de salud mental. Y un 31,7% de ellos están tomando fármacos por ello.

Este informe de la OCDE sobre España es tajante, tras analizar esta falta de oportunidades de nuestros jóvenes, su baja tasa de emancipación y su preocupante salud mental: “es un lastre para el potencial futuro de España”. Y a continuación, la OCDE aporta una serie de medidas para corregir lo que considera un hecho: que los jóvenes españoles “tienen más difícil que los de otros paises de su entorno la transición a una vida adulta independiente, productiva y feliz”. Proponen  al futuro Gobierno actuar sobre todo en la educación, el empleo, la vivienda y la salud mental de los jóvenes.

El primer conjunto de medidas que proponen se refieren a la mejora de la educación, desde la escuela a la Universidad, con programas concretos para reducir el abandono escolar, la mejora de la formación de los docentes y una enseñanza que mejore las habilidades de los alumnos. Y se centran sobre todo en potenciar más la Formación Profesional, donde faltan plazas públicas (300.000 según los sindicatos) y donde la nueva formación dual (que contempla impartir entre un 25% y un 35% de prácticas, unas 500 horas anuales) exige más de 1 millón de empresas que colaboren. Y sobre la formación universitaria, la OCDE pide que las empresas participen más con las Universidades en los planes de estudio.

Otro frente donde proponen cambios es en las políticas de empleo, para que las oficinas públicas de empleo ayuden más a los jóvenes a colocarse, sobre todo a conseguir el primer empleo (ahora, sólo el 2% encuentra empleo gracias a las oficinas de empleo). Advierten que los jóvenes españoles apenas acuden al SEPE: sólo el 25% contactan con las oficinas para buscar trabajo, frente al 53% que lo hacen en la UE o el 52% en Francia. Proponen más gasto y más personal (España destina la mitad que Europa) para conseguir que los jóvenes tengan más acceso a un trabajo, como se hace por ejemplo en Holanda.

Otra propuesta de la OCDE es que España aumente el parque público de viviendas, que sólo son 300.000 viviendas,  el 2,5% del parque total, frente al 9,3% en Europa (el 30% en Paises Bajos, 17,5% en Reino Unido y el 5% en Alemania). Urge promover más viviendas en alquiler (públicas y privadas), para afrontar los 120.000 viviendas que se necesitan cada año (y sólo se terminan 80.000), la mayoría para los jóvenes. Y mejorar las ayudas públicas a los jóvenes que conceden las autonomías, que la OCDE considera insuficientes: sólo benefician al 10% de los jóvenes en Madrid, por ejemplo, según lo que ingresan los jóvenes (los que ganan menos de 1.800 euros) y que el alquiler sea inferior a 900 euros al mes. Y además, la OCDE propone más atención a la atención pública mental de los jóvenes españoles.

En resumen, la OCDE propone mejorar las oportunidades de los jóvenes españoles, con más  empleo, mejores sueldos y alquileres más asequibles, para lo que se deben mejorar la educación y la contratación de los menores de 29 años, su inserción laboral, las ayudas al alquiler y a su salud mental. Urge mejorar el empleo de los jóvenes, su trabajo y su sueldo, facilitarles una vivienda y formar una familia. Conseguir que vivan mejor que nosotros.

jueves, 19 de octubre de 2017

Los "nuevos pobres" españoles


Cataluña acapara toda la atención y pasan desapercibidas noticias claves: hay 12,8 millones de españoles en la pobreza (viviendo con menos de 684 euros al mes), 2 millones más que antes de la crisis, según publicó este lunes Eurostat. De ellos, 3 millones viven en “pobreza severa” (con menos de 342 euros al mes). Y somos el 7º país con más pobreza de Europa y el 3º donde más crecieron los pobres desde 2008. Mucho hablar de recuperación, pero tenemos más pobres y hay más desigualdad que antes de la crisis. Y no piensen que los pobres son extranjeros que piden por la calle: el 82% de los pobres son españoles, un 32% incluso trabajan, otro 8,3% son jubilados y el 70% tienen una formación media o alta. Son los “nuevos pobres”, muy cerca de nosotros. Urge aprobar un Plan contra la pobreza, que afecta al 27,9% de españoles, con más ayudas públicas para niños y familias pobres, parados, trabajadores pobres y jubilados. Este sí que es un grave problema social.



                                                                                              enrique ortega

Hay ya 117,5 millones de europeos viviendo en situación de pobreza, el 23,4% de la población (UE-28) y un millón y medio de pobres más que en 2008, según las estadísticas de 2016 (indicador AROPE) publicadas este 16 de octubre por Eurostat. Los paises del Este lideran el ranking europeo de pobreza, con Bulgaria (40,4% de la población es pobre) y Rumania (38,8%), seguidas de Grecia (35,6%), Lituania (30,1%), Italia (28,7%), Letonia (28,5%) y España (27,9% de población en la pobreza: 12.830.000 españoles), que es además el tercer país europeo donde más ha crecido la pobreza con la crisis, tras Grecia y Chipre (en 2008 había en España un 23,8% de pobres, 2 millones menos que ahora). Los paises del centro y norte de Europa son los que tienen menos pobres, una lista encabezada por la Republica Checa (13,3% población es pobre), Finlandia (16,6%), Dinamarca (16,7%), Holanda (16,8%), Austria (18%), Eslovaquia (18,1%), Francia (18,2%), Suecia (18,3%), Eslovenia (18,4%) y Alemania (19,7%).  

¿Cómo se mide la pobreza? El indicador europeo (AROPE) considera “pobre” a cualquier  persona que cumpla una de estas tres condiciones: tener bajos ingresos (menos del 60% de la renta media de cada país), tener una privación material severa (cumplir 4 de estos 9 factores: no poder pagar el alquiler o las facturas, no poder calentar casa, no poder pagar gastos imprevistos, no comer carne, pescado o proteínas cada 2 días, no poder tomar 1 semana vacaciones o no tener coche, lavadora, TV en color o teléfono) o personas que viven en hogares con muy poco empleo.  En España hay 12.830.000 personas (el 27,9% de los españoles), que cumplen alguna de estas tres condiciones .Y de ellos, hay 1.025.736 españoles que cumplen las tres condiciones a la vez, son “pobres por partida triple”.

La mayoría de los pobres (europeos y españoles) lo son por el primer criterio, por tener bajos ingresos: tienen “pobreza monetaria” el 17,2% de los europeos y el 22,3% de los españoles, 10.382.000 personas (de los 12.830.000 pobres totales), según Eurostat. Y eso porque ingresan menos del 60% de la renta media española: menos de 8.209 euros al año los solteros (684 euros al mes) y menos de 13.681 euros las familias con dos hijos menores (1.140 euros al mes). Esta “pobreza monetaria” ha aumentado en 21 de los 28 paises europeos desde 2008, pero es España el país donde esta pobreza ha aumentado más con la crisis (del 19,8 al 22,3% de los españoles). Y España es el tercer país europeo con más pobreza por bajos ingresos, sólo por detrás de Rumania (25,3% población con pobreza monetaria) y Bulgaria (22,9% de la población).

Y dentro de esta pobreza monetaria (ingresar menos del 60% de la renta del país), hay una “pobreza severa”, que sufren los que ingresan menos del 30% de la renta media, en España menos de 4.104 euros al año los solteros (342 euros al mes) y 6.840 euros al año las familias con dos hijos menores (570 euros al mes). Son los pobres de los pobres”, un 6,4% de los españoles, 2.900.000 personas, según Eurostat, que cifra en un 8,1% de la población europea la “pobreza severa” (40,6 millones de europeos). Un dato que se agrava en Canarias (13,6% de población con pobreza severa), Andalucía (9,9%) y Murcia (8,1%).

El segundo criterio de pobreza, la privación material severa (no poder hacer frente a gastos, vacaciones o faltarles cosas) afecta a un 7,5% de europeos y al 5,8% de españoles (a 2.667.000 personas en 2016), según Eurostat, estando España en el ranking de los paises con menos pobreza de este tipo, debido sobre todo al apoyo de la familia, mayor que en el resto de Europa. Y en el tercer criterio de pobreza, vivir en hogares con poco empleo, que afecta al 10,4% de europeos España vuelve a la parte alta del ranking: ocupa el tercer lugar, con un 14,9% de españoles afectados (6.851.000 personas), sólo por detrás de la pobreza por poco empleo de Irlanda (19,2% población) y Grecia (17,2%).

Voy a centrarme en la pobreza monetaria, la determinada por los bajos ingresos, que afecta al 22,3% de los españoles, 10.382.000 personas en 2016, según Eurostat. Muchos piensan que estos pobres son personas extranjeras mal vestidas que piden por la calle. Pero no es así. Los “nuevos pobres” españoles son en muchos casos vecinos nuestros, personas con formación y que van incluso a trabajar cada día, según el retrato robot  de los pobres españoles elaborado por la Red europea de Lucha contra la pobreza (EAPN España): son casi por igual hombres (49,6%) que mujeres (50,4%), el 82,1% son españoles, la mitad son adultos (30-64 años), un 24,2% menores de 18 años (España es el tercer país europeo en pobreza infantil, tras Rumanía y Grecia, según Unicef) y un 10% mayores de 65, su nivel de estudios es medio-alto (un 55,8% de los pobres tienen educación secundaria, un 28% primaria e incluso un 15,2% educación superior) y la mayoría de los pobres trabajan (32,6%), estando otro tercio en paro (31,4% de los pobres), un 8,3% jubilado y el resto inactivo.

Quizás lo más chocante es que, tras la crisis, se puede estar trabajando y ser pobre. Concretamente, un 14,1% de los trabajadores son pobres en España (y un 12,5% en Europa), lo que da unos 2,5 millones de asalariados y autónomos con bajos ingresos (menos del 60% de la media), bien porque tienen un contrato precario bien porque trabajan sólo algunos días o meses y además lo hacen por horas. Y también hay muchos jubilados pobres: casi la mitad de las pensiones (el 49,8%, un total de 4.716.000, según la EAPN) están por debajo de los 684 euros mensuales, el umbral de la pobreza. Concretamente, el 40% de las pensiones de jubilación, el 70% de las de viudedad  y de 90% de las que cobran los huérfanos. Y casi el 10% de todas las pensiones (el 9,9% del total, 936.950 pensiones) están por debajo de los 342 euros al mes, con lo que incurren en “pobreza severa”.

Así que no sólo los parados son pobres (el 52% no cobran ya el desempleo). Y además, resulta preocupante el desigual reparto de la pobreza. Por un lado, entre los mismos pobres: la cuarta parte mejor situada (algo más de 2,5 millones) ingresan 636 euros al mes, otra cuarta parte 535 euros, un tercer cuarto 398 euros de media y la cuarta parte más desfavorecida (algo más de 2,5 millones de españoles) ingresa sólo 166 euros, la cuarta parte que los pobres mejor situados, según la EAPN. Son los pobres de los pobres”. Y también hay una gran desigualdad por regiones: Canarias (44,6% población pobre, según el indicador europeo AROPE), Ceuta (41,9% pobres), Andalucía (41,7%), castilla la Mancha (37,9%), Extremadura (35,8%) y Murcia (34,8%) lideran la pobreza en España, a años luz de Navarra (13% población pobre), País Vasco (15,9%), la Rioja y Cataluña (17,9% pobres). Son las 2 Españas, el verdadero problema de fondo de la España autonómica.

Lo grave no es sólo que España tenga ahora 2 millones de pobres más que antes de la crisis y que la pobreza afecte a españoles que antes eran incluso clase media. Es que, para más INRI, los ricos viven ahora mejor que antes de la crisis y ha aumentado la desigualdad, según los recientes datos de la EAPN. Basten dos. Ahora (2016), el 20% de españoles más ricos ingresan 6,6 veces lo que el 80% más pobre, cuando en 2008 la relación era de 5,6 veces. En Europa, la proporción es menor (5,2 veces) y con ello España es el tercer país europeo con más desigualdad, sólo por detrás de Rumanía y Macedonia (7,2 veces). El otro dato, el índice de Gini (indicador internacional de desigualdad, entre 0 y 100: cuanto más alto peor). España tiene un índice de 34,5 en 2016, frente al 32,4 en 2008. Y frente al 30,9 de índice medio en Europa, somos el 7º país europeo con el índice Gini de desigualdad más alto, sólo por detrás de Serbia, Lituania, Rumanía, Bulgaria, Letonia y Estonia, según Eurostat. Como resumen, sepamos que el 10% de españoles más ricos acapara la misma porción del pastel de renta (una cuarta parte) que el 50% de los españoles más pobres. Muy gráfico.

Aunque Rajoy y su Gobierno no lo dicen, organismos internacionales como la Comisión Europea y la OCDE, alertan periódicamente sobre la pobreza y la desigualdad en España, porque son una rémora para la recuperación. Y ya le han dado variasrecetas al Gobierno, sin que les hagan caso. En primer lugar, Bruselas y la OCDE coinciden en pedir más ayudas públicas a las familias, sobre todo las que tienen hijos. Y eso porque España gasta en ayudar a las familias la tercera parte que los paises europeos (un 0,6% del PIB frente al 1,7% en la UE-28). Y además, están mal orientadas: el 2% de las ayudas familiares se destinan a las rentas más bajas, frente al 20% en la UE. En segundo lugar, ambos organismos proponen aumentar las ayudas directas a los más pobres, tanto las del Estado central como las de las autonomías (pagan una renta básica muy dispar, de 300 euros en Murcia a 665 euros en el País Vasco, a sólo 466.266 familias). Y en tercer lugar, la Comisión Europea y la OCDE piden que España gaste más en subsidios de paro (el 52% de los parados EPA no cobran nada) y en políticas activas de empleo (gasta un 0,5% del PIB, frente al 0,9% de Francia o el 0,64% de Alemania, que tienen la mitad o la cuarta parte de paro).

Serían tres vías urgentes para atajar la pobreza, pero hacen falta más. Por un lado, hay que actuar contra la precariedad laboral, que es la causa de crezcan los trabajadores pobres. Urge reducir la temporalidad y los contratos basura, para mejorar los salarios más bajos. Y aprobar medidas para mejorar el empleo juvenil, el origen de la creciente pobreza entre los menores de 30 años. Y en paralelo, tratar de subir las pensiones más bajas, sobre todo de viudedad y orfandad, que están detrás de muchos pobres ancianos y adolescentes.

Por otro lado, el Estado central debe utilizar más los impuestos para reducir la pobreza y la desigualdad, haciendo lo contrario de lo que ha hecho Rajoy estos años: utilizando más los impuestos directos (renta y sociedades) para que paguen más los que más tienen y con esos mayores ingresos (deben pagar más las grandes empresas, multinacionales y los ricos, que evaden impuestos “legalmente”). Y reduciendo el peso de los impuestos indirectos, desde el IVA a los impuestos de carburantes, tabaco o alcohol, que son los que más han subido, algo injusto, porque los sufren comparativamente más los que más tienen. Y además, aprobar un nuevo sistema de financiación autonómica más justo y solidario, que reduzca más la pobreza en la España pobre (y que lleva 30 años siendo la más pobre).

Los datos europeos de la pobreza y la desigualdad en España son un escándalo, aunque parece que la mayoría no se inmuta con ellos, Gobierno y “oposición” incluidos. Pero están ahí y no se corrigen con la recuperación. El hecho cierto es que hay más de 10 millones de españoles muy vulnerables, según la estadística de pobreza de Eurostat y un reciente estudio de Fedea y Accenture, que incluye como tales a los parados (4 millones), inactivos a los que les gustaría trabajar (721.000) y trabajadores con contratos precarios y muy bajos salarios (5,3 millones). Son 1 de cada 3 españoles en edad de trabajar, que no dan el perfil clásico de pobres pero que lo son. Demasiados para no hacer nada.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Los jóvenes españoles, muy dependientes


Esta larga crisis ha provocado que muchos jóvenes españoles vivan peor que sus padres. Y que vivan con ellos: un 80% de jóvenes entre 16 y 29 años siguen viviendo con sus padres, frente al 70% en Europa. Es la muestra del fracaso de una generación agobiada por el abandono escolar, el paro, el subempleo, los contratos precarios y los sueldos de miseria, que se acaban traduciendo en que no pueden pagar un alquiler ni un piso para emanciparse. Y uno de cada tres jóvenes está en situación de pobreza, muchos de ellos incluso trabajando. Urge poner en marcha ya un Plan de choque contra el paro que fomente el empleo de los jóvenes, porque sólo uno de cada tres trabaja. Y mejorar su educación, porque estamos formándoles mal como revela el reciente informe PISA. Además, Gobierno, autonomías y Ayuntamientos deberían crear parques de viviendas de alquiler barato para jóvenes. Ayudarles a que sigan su camino fuera de la casa familiar. Que puedan buscarse el futuro.
 
enrique ortega

Antes, hasta principios de este siglo, la mayoría de los jóvenes españoles nos íbamos de casa cuando acabábamos los estudios y empezábamos a trabajar. Pero con la crisis, los jóvenes ahora no se emancipan y siguen viviendo con sus padres hasta los 30 años y después. Si en 2008, un 28% de españoles se emancipaban, en 2016 el porcentaje ha bajado ya del 20%, por primera vez en los últimos doce años: sólo un 19,7% de jóvenes de 19 a 29 años se han ido de casa en 2016, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Eso supone que el 80,3% de los jóvenes españoles (5.233.406 jóvenes) sigue viviendo con sus padres, frente al 70% de media en Europa. Y si tomamos a jóvenes algo más mayores, entre 22 y 29 años, el 70% de los españoles viven con su familia, frente a un 16% en Francia, un 21%  en Alemania o un 30% en Reino Unido, según el informe de la OCDE de 2015.

Se emancipan más las mujeres jóvenes (24% se van) que los hombres (15,6%) y se van más de casa los mayores de 25 años (41,3%) que los que tienen entre 16 y 24 años (se emancipan el 6,2%), sorprendiendo que sólo se emancipen el 72,8% de los que tienen entre 30 y 34 años, según los datos del Instituto de la Juventud. Y cuando los jóvenes consiguen irse de la casa familiar, casi todos se van con otros jóvenes y sólo un 16,7% se van a vivir solos. Los que más se emancipan son los que tienen estudios superiores y los que no tienen apenas estudios (porque los dejaron para trabajar). Y hay una gran diferencia por autonomías. Se emancipan muy pocos jóvenes en Navarra (16,2%), Extremadura y Cantabria (16,4%), Murcia (17,4%) o Andalucía (18,1%) y bastante más que la media en Baleares (25,1%), Cataluña (24%), Madrid (21,1%) y La Rioja (20%), las autonomías con mayor renta.

Esta baja emancipación de los jóvenes es el fruto final de un fracaso generacional que empieza incluso antes de acabar sus estudios y continúa con su penosa experiencia laboral. De entrada, uno de cada cinco jóvenes españoles de 18 a 24 años (el 19,8%) había abandonado sus estudios prematuramente (sólo con la ESO o sin terminarla), lo que sitúa a España como líder europeo en abandono escolar, muy por delante del 11% de la UE-28 (y de los 17 paises europeos que lo mantienen por debajo del 10%), según los datos recientes de Eurostat. Y además, la crisis ý el desempleo se ha cebado más sobre los jóvenes: de los 3,8 millones de empleos perdidos en España entre junio de 2008 y marzo de 2014, un 60% (2.283.600 empleos) los perdieron los jóvenes, los menores de 30 años).

Por ello, la tasa de paro de los jóvenes duplica con creces a la del resto de españoles: un 42% frente al 19,02 %, según la EPA de septiembre 2016. Una tasa de paro juvenil (16-25 años) que también duplica el paro juvenil europeo (19,6%). Y aunque ha bajado el paro juvenil de larga duración (más de 1 año), hasta el 44% de todos los jóvenes desempleados, si consideramos sólo a los jóvenes en paro que habían trabajado antes, el 67% lleva más de un año sin trabajar. Eso lleva a nuestros jóvenes a conseguir otro ”récord europeo”: somos el cuarto país de Occidente con más “ni-nis”, jóvenes de 15 a 29 años que ni estudian ni trabajan, un 22,7%, sólo por detrás de Turquía (29,8%), Italia (26,9%) y Grecia (24,7%), según la OCDE. Y la mayoría, sin cobrar el paro ni beneficiarse de las ayudas del Plan europeo de empleo  juvenil (“Garantía Juvenil”), que se compromete a buscarles en 4 meses un curso de formación, unas prácticas o un empleo: las ayudas sólo han llegado al 10,7% de los “ni-nis” españoles, frente al 60% de los “ni-nis” alemanes o el 80% de los franceses.

Los jóvenes españoles que no han caído en el abandono escolar y terminaron sus estudios son la generación más formada de nuestra historia (16-29 años): el 35,6% tiene estudios secundarios obligatorios, el 32,2% estudios secundarios postobligatorios y un 23,6% tienen una carrera universitaria, con lo que sólo un 7,6% carecen de estudios o tienen sólo primaria, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Pero aun así, tienen muy difícil empezar a trabajar. De hecho, de los 1.392.300 nuevos empleos creados en España entre 2014 y 2016 (septiembre), sólo 173.600 de estos empleos han sido para jóvenes menores de 30 años (el 12,4%). O sea, que sólo 1 de cada 8 nuevos empleos están siendo para los jóvenes.

Y por eso, sólo 1 de cada 3 jóvenes de 16 a 29 años trabaja (2.382.573 jóvenes, el 36,6% de los 6.517.318 jóvenes en esa edad), frente a 2 de cada 3 españoles que trabajan de todas las edades. Y entre los 16 y los 24 años, sólo 1 de cada 5 jóvenes trabaja (el 20%). El 96% son asalariados y sólo un 6% son autónomos. Y casi la mitad de los jóvenes que trabajan (el 44%) lleva haciéndolo menos de 1 año. Lo más llamativo es que los contratos de los jóvenes son muy precarios. El 92,5% de sus nuevos empleos son temporales y el 42% son a tiempo parcial (la tercera parte, por menos de una semana). Y más de la mitad de los jóvenes ocupados (el 56,3%) hacen trabajos para los que están “sobrecualificados”.

Con tantos contratos precarios, los sueldos de los jóvenes son muy bajos: el salario medio de un joven de 20 a 24 años es de 11.835 euros brutos (690 euros netos en 14 pagas), menos de la mitad del salario medio español (27.360 euros brutos), según los últimos datos del INE (2014). Y según el último estudio de salarios de la EPA (2015), dos de cada tres jóvenes (el 67,9% de los asalariados menores de 25 años) reciben un salario mensual inferior a 1.215,70 euros brutos, unos 996 euros netos en 12 pagas. Pero es que, según las declaraciones de la renta (IRPF), un 75% de los jóvenes de 18 a 25 años ganan menos del salario mínimo (menos de 645 euros al mes en 14 pagas), según la Agencia Tributaria.

Con estos bajos salarios del tercio de jóvenes que trabajan y como los dos tercios restantes no ingresan apenas, el resultado es que 1 de cada tres jóvenes españoles son pobres: el 38,2% de los jóvenes de 16 a 29 años (casi 2,5 millones) ingresan menos del 60% de la media de españoles, son “oficialmente pobres”, frente al 28,6% del conjunto de españoles y el 23,7% de europeos, según estadísticas del INE. Y sube al 57,9% de pobreza entre los jóvenes desempleados y al 65,7% de pobres entre parados de 16 a 24 años. Llama la atención que una cuarta parte de los jóvenes que trabajan (24,5%) son trabajadores pobres.

Visto este panorama laboral y salarial de los jóvenes en España, se explica que un 80,3% siga viviendo con sus padres. Porque con un ingreso medio de 10.690,16 euros por joven (763 euros en 14 pagas) y 20.452 por hogar joven (1.460 euros en 14 meses), los ingresos que estima hoy el Instituto de la Juventud, poco se puede hacer para sobrevivir y menos alquilar o comprar un piso. Un joven asalariado tendría que dedicar un 60,9% de su sueldo a pagar una hipoteca de una casa modesta (145.000 euros) y una pareja joven, el 32% de sus ingresos. Y para pagar un alquiler (610 euros de media), un joven trabajador tendría que destinar el 68,6% de su sueldo y un hogar joven el 68,6% de su sueldo (y más del 75% si es en Madrid, Barcelona o el País Vasco), según las cuentas del Instituto de la Juventud. La consecuencia es que sólo el 30% de los hogares jóvenes con mayores ingresos puede comprar o alquilar, la mayoría endeudándose de por vida. Y que los jóvenes que dejan su familia y alquilan un piso fuera tienen obligatoriamente que compartirlo.

Esta precariedad laboral, esta penuria económica y la consiguiente dependencia de los jóvenes españoles con sus familias tienen serias consecuencias sobre su futuro, desde el retraso en el matrimonio, el bajo número de hijos, su menor consumo y el bajo ahorro para seguir formándose y para mejorar su futura jubilación. Y tiene también mucho que ver con su comportamiento social y su bajo interés por la política. ¿Qué se puede hacer? Algunos proponen “soluciones mágicas” frente al paro juvenil, “atajos interesados”. Como la receta del FMI, que propuso a Europa bajar el salario mínimo (que es de 655 euros, una miseria) para animar a las empresas a contratar a los jóvenes. O las reiteradas propuestas de la patronal CEOE para que el Gobierno apruebe un contrato de formación para menores (…de 35 años), con un salario inferior al mínimo, similar a los famosos “mini-jobs de Alemania, que tienen 7,5 millones de jóvenes (trabajan 15 horas a la semana por menos de 450 euros). Al final, el argumento que utilizan es: mejor un “contrato basura” que el paro.

Pero eso es un chantaje simplista. Hay que buscar alternativas de fondo para los jóvenes, que vayan a la raíz de los problemas. La receta básica de la OCDE, en su largo informe sobre España (2015) es más y mejor formación, mejorar la educación de los jóvenes españoles, desde el Colegio a la Universidad. Porque ahora, nuestros jóvenes tienen estudios pero están mal formados, según acaba de revelar otro año más el reciente informe PISA 2015: la nota de los alumnos españoles de 15 años se ha estancado en ciencias y matemáticas y sólo mejora levemente en lectura durante los últimos 15 años . Se trata de recuperar a los alumnos perdidos (esos 631.520 jóvenes que han abandonado las aulas) y conseguir formarles mejor, a ellos y al resto. Porque el 98% de los empleos del futuro (para 2025) van a ser solamente para los que estén muy formados, para los que tengan educación superior (un 58,4% de los futuros empleos) o estudios medios (39,3%), según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Y eso exige un esfuerzo educativo extra en estos años, sobre todo en Formación Profesional (FP) y en un cambio de los estudios universitarios.

Junto al reto educativo, el otro gran frente de actuación es la política de empleo, con un Plan de choque contra el paro centrado en los jóvenes, las mujeres y los parados mayores de 45 años, como acaba de pedir al Gobierno Rajoy la misión del FMI que ha analizado la economía española. Y eso exige medios para mejorar la formación de los parados y para colaborar con las empresas en contratos de formación y prácticas de jóvenes, fortaleciendo la formación dual. Y una reforma a fondo del SEPE (antiguo INEM), que no ayuda a encontrar empleo. Y en tercer lugar, urge una política de vivienda que piense en los jóvenes, desde el Estado a las autonomías y Ayuntamientos, con promociones públicas para alquileres jóvenes y creando parques públicos de alquileres baratos para jóvenes con las viviendas de los bancos. Y mejorar o recuperar las ayudas fiscales para las familias jóvenes que compren o alquilen.

En definitiva, no podemos ser insensibles a estas estadísticas que confirman el fracaso de una generación de jóvenes, sus familias y todo el país. Es un drama cotidiano que hay que afrontar sin demora, porque las soluciones exigen tiempo. Hay que darles una salida, pelear porque nuestros hijos sigan adelante, se vayan de casa y se ganen un futuro mejor. Debería ser un gran reto de todos.