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lunes, 5 de diciembre de 2022

El "pinchazo" de las tecnológicas

En noviembre estalló la crisis de las grandes empresas tecnológicas, desde Meta (Facebook) a Twitter y Amazon, que han anunciado despidos masivos para afrontar una gran caída de ingresos y beneficios, mientras sus acciones se han desplomado en Bolsa (perdieron 500.000 millones de euros en una semana). Se “pincha” así “la burbuja” de las grandes tecnológicas, que hicieron su agosto con la pandemia, disparando en 2020 y 2021 sus plantillas, inversiones y beneficios. Pecaron de optimismo y ahora les toca el ajuste interno, “desinflar” la burbuja. Pero no se trata de una crisis de fondo, porque estas empresas siguen siendo las mayores del mundo y las que tienen más futuro. Eso sí, tendrán que hacer cambios en su modelo de negocio, afrontando una mayor regulación de los Gobiernos y más competencia, así como unas relaciones laborales más conflictivas (ya les han  llegado los sindicatos y las huelgas). Así que estamos ante una crisis coyuntural de las tecnológicas, para reajustarse antes del próximo salto.

Enrique Ortega

Las grandes empresas tecnológicas ligadas a Internet han tenido un crecimiento imparable en este siglo, superando con creces la crisis de las “punto.com” , que estalló en marzo de 2000 (y provocó una caída del Nasdaq del -78% en año y medio). A partir de esa primera “purga”, se fueron consolidando las empresas más competitivas del sector. Y en 2020, las tecnológicas eran ya las mayores empresas del mundo, superando a las empresas líderes del siglo XX, las petroleras, automovilísticas y bancos: Apple sobrepasó a la petrolera saudí Aramco como la empresa con más valor en Bolsa del mundo en 2020. Y en 2021, 7 de las 10 mayores empresas del mundo (por capitalización en Bolsa) eran tecnológicas: Apple (1ª, con 2,60 billones de euros de valor, más del doble del PIB español), Microsoft (2ª, con 2,27 billones de euros), Alphabet-Google (3ª, con 1,65 billones), Amazon (5ª, tras la petrolera Aramco, con 965.073 millones de euros de valor), Meta-Facebook (7ª, tras Tesla, con un valor de 844.003 millones de euros), Nvidia (circuitos y procesadores, la 8ª en el ranking, con 663.563 millones € de valor) y la taiwanesa TSCM (semiconductores), la única gran tecnológica no estadounidense (10ª en el ranking, tras la financiera Berkshire, con 510.577 millones de euros de valor).

Si las tecnológicas ya eran grandes en 2019, la pandemia les permitió dar un salto de gigante, gracias a que los confinamientos dispararon la conectividad y el uso de Internet, el ocio digital y, sobre todo, el comercio online. Eso provocó un fuerte aumento de sus inversiones y de sus plantillas, a lo largo de 2020 y 2021. Un ejemplo: Amazon duplicó su plantilla en 2020, pasando de 798.000 empleados a 1,6 millones. Y gracias a este “tirón del negocio” por la pandemia, las tecnológicas duplicaron también ingresos y beneficios, disparando su valor en Bolsa. Otro ejemplo: Apple pasó de valer en Bolsa 1,16 billones de euros en 2019 a 2,60 billones de euros a finales de 2021… Y conjuntamente, las cinco grandes tecnológicas (Apple, Microsoft, Google, Amazon y Facebook) duplicaron con creces su valor en Bolsa entre 2019 (4,76 billones) y 2021 (10,13 billones de euros), según Bloomberg.

Así que las tecnológicas construyeron “otra burbuja” con la pandemia, que estalló en la primera semana de noviembre, al presentar sus resultados de 2022 (enero-septiembre). La nota común era una fuerte caída de ingresos, que también lo era de beneficios. En conjunto, las 5 grandes tecnológicas USA (Apple, Microsoft, Google, Amazon y Meta/Facebook) ganaron un 19,3% menos que en los 9 primeros meses de 2021, pese a que sus ingresos aumentaron globalmente un 9,2% (menos que el año pasado). Todas ganaron menos, pero el mayor recorte de beneficios lo tuvieron Amazon (pérdidas de -3.015 millones, las primeras desde 2015, frente a 19.137 millones ganados entre enero y septiembre de 2021), Meta (18.641 millones de beneficio, una caída del -36,2% este año), Google (46.582 millones de beneficio, una reducción del  -16,3%), Apple (65.502 millones, una caída del -1,1%) y Microsoft (51.186 millones de beneficio, una caída del 0,9% sobre el año pasado).

A raíz de estos resultados, los inversores se lanzaron a vender y las acciones tecnológicas se desplomaron en Bolsa (Nasdaq): el valor de los cinco gigantes (FAANG) cayó en 500.000 millones de euros sólo en la primera semana de noviembre. Y al 10 de noviembre, la cotización de las tecnológicas caía entre un -20% y un -54% desde enero de 2022. Y la caída bursátil ya revelaba que los inversores seleccionaban sus ventas, porque el desplome no ha sido igual para todos: los que más han sufrido la caída de cotización han sido Shopify (empresa canadiense de comercio electrónico : cayó un -74%), Peloton (la empresa de bicicletas estáticas que se hizo de oro con la pandemia: cayó un -71%), Meta (Facebook, WhatsApp, Instagram, con una caída de cotización del -67%), Zoom (la App de videochats cae un 55%), PayPal (pagos online: -55%), Netflix (-54%), Nvidia (microprocesadores: -48%), Intel (-44%), Amazon (-43%) y Google (su cotización cayó un -35%), siendo las que menos han perdido en Bolsa este año Microsoft (-27%) y Apple (-20%), según Bloomberg. Twitter fue sacada de Bolsa por Elon Musk el 27 de octubre, antes de la debacle, pero aun así perdía un -30% de su valor sobre el máximo que alcanzó en marzo de 2021.

Ante este desplome en Bolsa, las tecnológicas más afectadas se apresuraron a anunciar despidos en sus plantillas, para “calmar a los mercados”. El primero en anunciar un drástico ajuste fue Twitter, que se descolgó con el despido de 3.700 empleados (la mitad de la plantilla) y condiciones laborales más duras para el resto. Luego Meta anunció el despido de 11.000 empleados, el 13% de la plantilla. Y Amazon no desmintió la información periodística de que va a despedir a 10.000 empleados (el 3% de sus trabajadores fijos y un 1% de la plantilla total). Pero ojo: otras tecnológicas ya están despidiendo desde el verano, sobre todo en octubre: suman ya 137.000 despidos, en 859 compañías, entre ellas Peloton (4.000 despidos), la aplicación de mensajería Snapchat (1.000 despidos, el 20% de la plantilla), la plataforma de comercio electrónico Stripe (1.000 despidos), Microsoft (otros 1.000), Netflix (500 despidos) o Lyft (rival de Uber, 700 despidos más)…

¿Qué ha pasado para que estalle esta burbuja? Hay varias causas. La primera y fundamental, el final de la pandemia (de lo peor al menos) y la crisis provocada por la inflación y la guerra de Ucrania, que han reducido las compras (sobre todo el comercio electrónico) y el gasto tecnológico de particulares y empresas, desde el menor uso de los videochats o la TV a la carta a la venta de software, productos y servicios. Otro factor clave ha sido la caída del mercado publicitario online (la base del negocio, sobre todo de Google y Meta) por un menor gasto de los anunciantes (agobiados por la inflación y los costes) en webs y redes sociales y por el menor crecimiento del comercio electrónico. Una caída publicitaria agravada por la decisión de Apple de bloquear las cookies de terceros en sus dispositivos (usados por 860 millones de personas), a la que se unirá Google con Chrome en 2024.

Junto al final del “tirón” por la pandemia y “la vuelta a la normalidad”, otro factor que ha sido clave en esta crisis es la subida de los tipos de interés. Las grandes tecnológicas se han beneficiado más que nadie (junto a las inmobiliarias) del dinero barato (tipos cero) que hemos tenido desde 2008 y más recientemente desde 2020. Y eso porque el valor de las tecnológicas se calcula sobre sus previsiones de ingresos a medio plazo y esos ingresos potenciales se reducen cuando suben los tipos. Además, estos años pasados, con los tipos bajos, las tecnológicas han sido una atractiva inversión, que se reduce si suben los tipos y hacen más atractivas otras inversiones, como energéticas o banca. Y además, si suben los tipos, se encarece el capital, lo que obliga a las tecnológicas a recortar sus proyectos futuros. Por todo ello, las 6 subidas de tipos en EEUU este año (la primera en marzo y la última en noviembre), del 0 al 4%, ha sido “la puntilla” para las tecnológicas.

Además de estas causas globales, hay factores concretos que explican la mayor o menor crisis de algunas tecnológicas. Es el caso de Meta (Facebook, WhatsApp e Instagram), donde los inversores no acaban de entender “la apuesta por el Metaverso” y que se siente especialmente dañada por la caída de la publicidad online y la creciente competencia de la red china TikTok. En el caso de Twitter, el revuelo y la desorganización desatada por su nuevo dueño, Elon Musk, hace dudar sobre su viabilidad futura y está provocando que muchos usuarios busquen redes alternativas. Máxime tras la reciente advertencia de la Comisión Europea que exige  a Twitter, para cumplir las normas UE,  contar con más personalpara reforzar la moderación de contenidos y proteger la libertad de expresión”.

En el caso de Amazon, se ha visto especialmente afectada por la caída generalizadas del consumo (por la inflación) y   el aumento de costes derivado de la energía, así como por el desplome de Rivian, la fabricante de vehículos eléctricos USA donde participa. Y también le afecta la mayor competencia en su negocio internacional de instalaciones en la nube (AWS), donde se están volcando Google y Microsoft, que también sufren ahora el recorte mundial de clientes en la nube. Apple sufre la menor demanda de sus dispositivos (por la crisis) y los problemas de escasez de semiconductores y la menor operatividad (por la política de COVID cero) de sus plantas en China. Google ha conseguido mejorar sus ingresos publicitarios, a pesar de la caída generalizada, pero sufre el aumento de sus costes operativos y la falta de ingresos extraordinarios que ha tenido en el pasado. Y Netflix trata de recuperarse de la pérdida de suscriptores introduciendo publicidad.

¿Y ahora qué? Los expertos creen que el “pinchazo” de las tecnológicas va a ser pasajero, que van a tratar de reajustar” su negocio, tras dos años en que “han pecado de optimismo”. Pero casi nadie piensa que se trate de una crisis de fondo. Y la mayoría de expertos creen que el sector tecnológico se va a recuperar, tras unos meses de “duro aterrizaje” en la nueva realidad, que costará beneficios y despidos. El argumento clave es que la tecnología va a seguir siendo clave para la economía a medio plazo y que tanto los consumidores como las empresas seguirán confiando en las tecnológicas en el futuro. Eso sí, tendrán que hacer cambios en su modelo de negocio.

El primer gran cambio que saldrá de esta crisis es que aumentará la competencia, ya no podrán seguir como “monopolios intocables”, que imponen sus condiciones al mercado y cuando alguien les hace sombra lo compran. Seguirán intentando imponer su poder, pero cada vez tendrán enfrente más competidores. Es algo que ya sucede, porque el sector acapara el interés de muchos inversores. Un dato: ya hay 332 empresas tecnológicas que son “unicornios”, con un valor que supera los 1.000 millones de dólares. Muchas de ellas desaparecerán por el camino, pero alguna sobrevivirá y hará la competencia a las Apple, Amazon, Google, Meta o Microsoft de ahora. Y esa creciente competencia les va a obligar a gestionar su negocio de otra manera, con menos “prepotencia”.

Otro cambio que va a cambiar el negocio es la creciente regulación de los Gobiernos  sobre las tecnológicas. Ya hoy, los grandes de Internet están siendo vigilados de cerca por el Gobierno norteamericano y el Congreso, mientras Europa ha aprobado una regulación mucho más intrusiva que la norteamericana, proliferando los expedientes y multas a las tecnológicas. Y esto va a ir a más, en un intento de “poner coto” a su inmenso poder. Eso va a condicionar su operativa y su modelo de negocio, esperemos que en nuestro beneficio. Porque la actitud de los usuarios es de mayor vigilancia hacia su operativa, hacia la utilización en su beneficio de  nuestros datos, hacia una mayor defensa de nuestra privacidad.

Y un tercer cambio clave tendrá que darse en su modelo de relaciones laborales, hasta ahora basado en “el buenismo” (son empresas que presumen de "cuidar" a sus empleados y ponerles zonas de ocio en el trabajo) y la falta total de derechos laborales: ni sindicatos, ni contratos en muchos casos (muchos temporales) y cláusulas de confidencialidad abusivas. Esto se ha visto claramente con los últimos despidos, donde Twitter , por ejemplo, no ha respetado preavisos ni normas laborales. Son millones de trabajadores casi sin derechos, controlados por algoritmos, que han empezado a defenderse y que antes o después se organizaran globalmente, como sus empresas. De hecho. Amazon ha sufrido este Black Friday la primera “huelga mundial, convocada en 40 países

A partir de ahora, las tecnológicas tendrán que relacionarse de otra forma con sus trabajadores, al igual que con las empresas de la competencia, los Gobiernos y los inversores, con menos prepotencia y más visión a largo plazo. El futuro es suyo, pero no está asegurado: tienen que destinar recursos y medios a investigar, a innovar, cambiando estrategias cuando sea necesario y sin trampas para hundir a la competencia, sin abusar de los clientes. Y sabiendo que sólo los más agiles y mejor preparados sobrevivirán en este camino, donde las grandes tecnológicas del futuro quizás no hayan nacido aún. Porque sería peligroso que a mediados de este siglo XXI, las grandes empresas del mundo fueran las mismas que ahora.

jueves, 16 de enero de 2014

El negocio con nuestros datos en Internet


España ha sido el primer país europeo en sancionar a Google, en diciembre, por tres infracciones graves contra la privacidad de los internautas. Y la semana pasada fue Francia quien le sancionó por lo mismo. Europa  persigue así el abuso en la utilización de nuestros datos en Internet, con los que hacen negocio Google, Facebook, Twitter, Apple y demás operadores, que venden publicidad personalizada gracias a que conocen al dedillo nuestros hábitos. En España, hace casi dos años que se implantó una nueva normativa sobre cookies (los archivos que rastrean lo que hacemos), pero la mayoría de Webs no la cumplen. La Unión Europea ha elaborado un Reglamento de protección de datos que debe aprobarse en marzo, pero parece que, por presiones del Reino Unido, Google y los grandes de Internet, se retrasará hasta 2015. Así que, de momento, estamos bastante desvalidos en Internet, a merced que hagan negocio con nosotros impunemente. Ojo a lo que hacemos en la Red.
enrique ortega

Internet es una mina de oro de información, que facilitamos gratis cada día los 2.400 millones de internautas (más de 25 millones en España), al entrar en la Red y utilizar sus servicios, desde las búsquedas, envío de correos, compras, noticias, subida de fotos, vídeos o la participación en redes sociales. Vamos dejando un rastro (con las cookies, esos archivos que rastrean lo que hacemos) sobre nuestros hábitos y preferencias, datos que sirven para que los operadores de Internet vendan a empresas, bancos (o políticos) una publicidad personalizada, que es la base de su negocio, a nuestra costa. El anzuelo es que la mayor parte de estos servicios son gratuitos, pero no es verdad: los pagamos con nuestros datos.

Google, el mundipolio, es el mayor almacenista de nuestra información, sobre todo en España: es la puerta de acceso a Internet para el 98% de internautas (83% en el mundo).Y gracias a que tiene estos millones de datos, ingresa unos 500 millones de euros en publicidad online al año (el 50% del total, frente al 44% en el mundo). Vende más publicidad que nadie porque los anunciantes saben que la van a colocar de forma personalizada, ligada a los gustos de los internautas, que conocen muy bien porque vamos dejando rastro cada vez que usamos sus servicios: las búsquedas (qué nos interesa), el correo Gmail (hacen un filtrado de palabras clave y ficheros anexos, además de conocer tus contactos), Google Calendar (rutinas, horarios), Alertas, Google Reader o  iGoogle (temas que te interesan), You Tube, Google Docs (proyectos colaborativos), Google+ (círculos de amigos), Google Maps o Street View (ubicación, viajes), sin olvidar los datos que damos al utilizar smartphones (con Android).

Cuantos más servicios usamos, más sabe Google de nosotros y más imprescindible se hace para los anunciantes. En marzo 2012, Google modificó su política de privacidad, para integrar y explotar mejor los datos de más de 60 servicios y tener una foto más completa de los usuarios. La UE consideró que la nueva política de privacidad era contraria a la normativa europea de protección de datos y dio dos avisos a Google (octubre 2012 y abril 2013), para que la cambiara. Pero no lo hizo. Y en mayo 2013, las autoridades de 29 países europeos decidieron iniciar expedientes contra Google, país a país. El primero en resolverlo e imponer sanciones ha sido España (19 diciembre 2013), seguido de Francia (8 enero 2014).

La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) ha impuesto tres sanciones a Google, por un total de 900.000 euros (el 0,18% de su facturación publicitaria) por vulnerar los derechos de los internautas en el filtrado de Gmail, al cruzar los datos de sus diferentes servicios sin informar al usuario para qué se utilizan, al almacenarlos por tiempo indefinido y al obstaculizar (o impedir a veces) al internauta ejercer los derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición de sus datos. Google se ha limitado a decir, tras casi 2 años de “avisos” europeos, que “leeremos con atención el informe y decidiremos los siguientes pasos a dar”. O sea, nada. En EEUU, donde se sienten omnipotentes (fue la tercera empresa que más financió a Obama, que aplaude su trabajo), han salido impunes de varias investigaciones similares.

Pero no sólo Google tiene millones de datos de los internautas. Facebook, con 1.200 millones de usuarios, tiene también millones y restringidos a su red social, a la que damos la exclusiva de lo que subimos (fotos, textos, datos…) cuando nos registramos. Y cada vez que pinchamos Me gusta”, damos pistas de nuestras preferencias. Incluso cuando escribimos un comentario y borramos algo, lo censurado queda registrado. Por todo ello, hay denuncias también contra Facebook, por atentar a la privacidad. Y lo mismo podría decirse de Instagram (intentó vender fotos usuarios), Twitter, Apple (tiene la mayor base de datos de tarjetas de crédito del mundo) y miles de empresas de Internet. Y no sólo ellas: las operadoras de telefonía controlan nuestras llamadas, que guardan dos años por razones de seguridad (desde 2007). Y los smartphones son una gran fuente de datos sobre sus usuarios.

Los datos, los big data, son un gran negocio,” el petróleo del siglo XXI”, según el director de la AEPD. Una nueva industria que movió 46.000 millones de euros en 2013 y que multiplicará su tamaño por 44 para 2020. Los mayores proveedores de datos son Google y las compañías de Internet y alrededor de este negocio giran los analistas de datos (“minería” de datos), los brókeres de datos (que los comercializan) y quien los compran, desde publicitarios, empresas y bancos hasta políticos (Obama utilizó Internet para rentabilizar al máximo su campaña), incluso para espionaje (agencia NSA en USA y caso Snowden). Y luego está el mercado ilegal de datos, la venta de listados robados, como la red Operación Pitiusa (España), con más de 300 detenidos, que robaban y vendían datos de Hacienda, Seguridad Social, Sanidad, SEPE, Policía, Juzgados, bancos, Tráfico, catastro, eléctricas, operadoras telefonía, agencias de viaje, compañías aéreas…

Volviendo a Internet, el origen de los datos está en las cookies, los archivos que guardan la información sobre lo que hace el usuario en  la Red y que explotan las Webs y los operadores de servicios. La UE tiene una Directiva sobre cookies de 2009, poco efectiva y que España empezó a aplicar, con mucho retraso, el 1 de abril de 2012, al aprobarse el Real Decreto 13/2012. Obliga a informar al usuario de que se utilizan cookies y a obtener su consentimiento, tácito o expreso. Pero la nueva norma, casi dos años después, no se cumple. Primero, porque muchas webs no lo tienen implantado. Segundo, porque en la mayoría, las cookies se instalan antes de que el internauta dé su consentimiento. Y sobre todo, porque es un chantaje: si no aceptas las cookies, sólo te queda salir de la página.

La Unión Europea lleva años trabajando en una nueva normativa sobre protección de datos, que sustituya a la vieja Directiva de 1995. La Comisión aprobó un nuevo Reglamento de protección de datos en enero de 2012, pero no se aprobó en la comisión del Parlamento Europeo hasta el 21 de octubre de 2013. Su objetivo es unificar las diferentes leyes nacionales y tener una norma europea que obligue a Google y a todas las empresas de Internet a tres cosas importantes: que informen al usuario de lo que hacen con sus datos, que tengan derecho al acceso, corrección y olvido de sus datos y dificultarles crear perfiles concretos de los usuarios. La presión de las grandes empresas de Internet para evitar que se apruebe este Reglamento ha sido tremenda y a última hora, parece que Cameron ha conseguido de Merkel que no se apruebe en marzo de 2014 y se retrase a 2015. Hay que recordar que el presidente de Google, Eric Schmidt, pertenece a un comité asesor de Cameron.

En definitiva, hay una ardua batalla, económica y política, por controlar y hacer negocio con nuestros datos personales y nada nos asegura que vayamos a estar más protegidos en el futuro. Y el problema se agravará, porque en dos años se duplicará el número de internautas, hasta los 5.000 millones, según Google. Y si ahora sólo se explotan el 10% de nuestros datos, pronto nos sacarán más jugo, gracias al boom de la industria de datos. Estamos cercados. Y sin muchas salidas, salvo que prescindamos de Internet, algo impensable. Hay que ser cuidadosos con lo que hacemos en Internet y presionar a los políticos para que defiendan nuestra privacidad. Estamos desnudos.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Móviles: fuerte crisis y nueva guerra de tarifas


Esta Navidad se multiplican las ofertas de móviles, una nueva batalla de la guerra de tarifas que dura ya año y medio. Pero ni con esas. El número de móviles lleva nueve meses cayendo: hay 2 millones menos este año. Y también se gasta menos, a pesar de que el teléfono es lo único que ha bajado en el IPC el último año. Con menos móviles y menos consumo, arreciará la guerra de los móviles, aunque haya operadoras que se queden por el camino y otras ganen menos. Al final, las cuentas no salen y si tienen que invertir más, para que no se bloquee  Internet, saldrá de nosotros, los clientes. Sobre todo de los que tienen smartphones, los que acceden a Internet, datos y vídeos, que son los que pagan más con el móvil. Ojo a las ofertas con mucha letra pequeña : nadie regala nada.  
enrique ortega

Hay más móviles que españoles (53,7 millones) y aunque no nos separamos de ellos ni para dormir, también están en crisis. En febrero empezó a caer el número de líneas móviles y ya son nueve meses continuados de pérdida de contratos : - 2.039.000 hasta octubre. Y sigue cayendo la  venta de móviles (-20% este año, tras -10% en 2010), por la crisis, las menores subvenciones de las operadoras y el aumento del tiempo exigido de permanencia (de 12 a 24 meses).

Además de haber menos móviles y menos contratos, gastamos menos: el gasto en móviles se ha reducido un 25,4% en el último año (de 33 a 30,3 euros al mes), según el último informe  TIC. Han caído sobre todo los SMS (por WhatsApp), las tarjetas prepago (inmigrantes y jóvenes) y los “pinchos”, porque la gente aprovecha a conectarse en el trabajo o en casa. La crisis y la guerra de tarifas han ayudado también a bajar precios: las tarifas de teléfono son lo único que baja en el IPC en 2012 y se han reducido ya un 50% desde 2007. A ello ha ayudado la imposición de Bruselas para que las operadoras reduzcan el coste de las llamadas y acceso a Internet que se hacen desde o hacia el extranjero, que bajaron en julio (y bajarán más en 2013 y 2014).

Los usuarios tratan de ajustar su factura del móvil y siguen cambiándose de compañía (475.000 en octubre), volviendo al nivel de infidelidad de hace un año (500.000), aunque desde junio las operadoras sólo tienen un día para hacer contraofertas (antes eran cuatro). La guerra de precios, iniciada en junio de 2011, no ha parado y aunque ahora se utiliza menos el gancho de regalar terminales para captar clientes (Movistar apenas lo hace y Vodafone, Orange y el resto, con menos ayudas y más exigencias), sigue la guerra de ofertas low cost, ahora centrada en paquetes todo incluido (móvil, fijo y ADSL), un galimatías donde resulta difícil comparar y donde hay demasiada letra pequeña: cuota mensual fija, recarga mínima (tarjetas), límites de llamadas o de teléfonos a llamar, consumo mínimo, compromisos de permanencia, alto precio consumo extra de datos… Demasiadas “trampas” y reclamaciones.

La guerra de tarifas ha redibujado el mapa del móvil, haciendo daño a los grandes, sobre todo a Telefónica (Movistar ha perdido 4,8 millones de clientes, pasando del 45% de cuota en 2007 al 36,77% actual), pero también a Vodafone (-2 millones de clientes, pasando del 30,5% al 27,15%) y a Orange (de 22,5% en 2007 al 21,37% ahora), en beneficio de los nuevos operadores que entraron a partir de 2006: Yoigo (de la sueca Telia Sonera, que pasa del 1% al 6,19% de cuota) y los operadores móviles virtuales, que dan servicio apoyándose en la red de los demás (Pepephone, MasMóvil, Simyo, Lycamobile, Lebara, Carrefour, Día y muchos otros, que ya tienen casi 4,57 millones de clientes, un 8,52% de cuota). Y en el último año, han entrado con fuerza Jazztel y Ono.

La guerra de ofertas ha provocado ya una mayor rebaja en la factura del móvil (-18,50% en 2011 y otro -10% este año) y debería bajar más en 2013, porque desde abril entra en vigor la rebaja de tarifas mayoristas (que cobran los grandes operadores a las empresas virtuales) impuesta por Bruselas: las tarifas pasarán de 4 céntimos minuto (4,98 Yoigo) a 1,09 céntimos en julio, una caída muy significativa, aunque los usuarios sólo se beneficiarán de un 20% de la rebaja (0,6 céntimos sobre un precio medio de 8 céntimos minuto). Con todo, queda mucha rebaja por hacer, ya que las tarifas de móviles en España son todavía un 50% más elevadas que en Europa (en 2011 eran un 60% más, según Eurostat).

Pero no va a ser fácil que la guerra de tarifas y las bajadas continúen mucho más. Primero, porque están dañando mucho las cuentas de las compañías: una docena de operadores virtuales han caído en los dos últimos años e incluso los grandes tienen problemas. A Telefónica le ha caído un -12,9% el negocio móvil en España (sube en Alemania y Reino Unido) y otro -14,2% a Vodafone España (que está hablando de despidos, tras haberle inyectado su matriz 12.460 millones desde 2009 para sanearla). Y segundo, porque las operadoras necesitan hacer fuertes inversiones (150.000 millones hasta 2020 en Europa) para que no se colapsen las redes (el tráfico en Internet se va a multiplicar por 18 en cinco años, según Cisco) y para instalar redes 4G que permitan ofrecer Internet de alta velocidad (+ 100 megas).

De momento, las operadoras se dedican a hacer caja vendiendo parte de su capital (23% de Telefónica Alemania en 2012 y el 10/15% de Telefónica Latinoamérica en 2013) o todo ( KPN ha vendido Symio a Orange y Telia Sonera busca comprador para Yoigo), además de pedir al Gobierno pagar menos impuestos (tributar el 6,9% sobre facturación en vez del 10,8% actual) y no financiar a RTVE (lo tienen recurrido ante el Tribunal europeo de Luxemburgo). Además, Telefónica y 40 operadoras europeas han presentado una propuesta a la Comisión donde piden que una parte de la inversión en redes la paguen los grandes usuarios: Google, Facebook, Twitter y Apple.

Pero entre tanto, los que pagamos (aunque menos) somos los usuarios, sobre todo los que utilizan el móvil para acceder a Internet y usar servicios de datos, vídeos o aplicaciones. De hecho, un 40% de los internautas acceden a través del móvil y los teléfonos inteligentes (smartphones) son una “droga” que nos han facilitado las operadoras para engancharnos al  consumo más caro, el de datos, el único cuya factura crece: el pago por banda ancha móvil ha pasado de 10,7 a 12,7 euros al mes de media. Y en Telefónica, por ejemplo, los ingresos por datos (un tercio de su negocio móvil) son los que más crecen este año, un 14,2%.

En resumen, pagamos menos por llamadas pero más por acceder a Internet, sobre todo por los servicios más sofisticados de los smartphones. Los que debían  pagar más son las empresas y usuarios profesionales, ya que el 80% de los internautas utilizan poco la red. Que paguen más los que más usan la autopista. Pero es más fácil sacar un euro más a muchos millones que no estudian su factura que a pocos con fuerza para negociar. Es también la ley del móvil.

domingo, 2 de octubre de 2011

La guerra de los móviles

Hay más móviles que españoles. Y una feroz competencia entre compañías para robarse clientes: medio millón cambian cada mes, con el gancho de un móvil gratis o mejores tarifas. La novedad es que las grandes compañías han entrado este verano en la guerra de tarifas, con ofertas de 6 céntimos minuto, que cuestan más por la letra pequeña. Todo apunta a que la guerra de precios seguirá, pero no mucho más. Las operadoras necesitan hacer grandes inversiones en redes, que sólo pueden salir de los clientes, además de intentar cobrar a Google y las redes sociales. Llamar será más barato, pero nos cobrarán más por Internet, datos, vídeos y aplicaciones.
www.enriqueortega.net
La telefonía móvil genera unos ingresos de 14.000 millones de euros, 2,5 veces los de la telefonía fija y el 58% del negocio de las telecomunicaciones. En España hay 55,7 millones de líneas de móviles  y casi 32 millones de usuarios, el 92% de los españoles entre 16 y 75 años. Un servicio donde los precios han caído a la mitad en los últimos diez años, debido a la feroz competencia entre operadoras. Si antes estaba sólo Telefónica (Movistar) con Vodafone y Orange, hace cuatro años se forzó la entrada de Yoigo (la sueca Telia Sonera) y los operadores móviles virtuales (Mas Móvil, Simyo, Jazztel, Pepephone, Happy Móvil , Labara,  Eroski móvil,  Carrefourline...), que ofrecen servicio sin tener red (alquilándola a los grandes).
El resultado es que Yoigo tiene 2,5 millones de clientes y los operadores virtuales casi 3 millones más. Y han arrebatado ya casi un 11% de cuota de móviles a Telefónica (40,82%), Vodafone (28,15%) y Orange (20,09%). En junio, los grandes reaccionaron entrando en la guerra de precios, que empezó Movistar bajando a 6 céntimos minuto. Un gancho que tiene “truco”, ya que hay que sumar el establecimiento de llamada (sale así un mínimo de 17,70 céntimos por llamada), una cuota mensual (6 €) y un consumo mínimo, además de mucha letra pequeña. En julio, la guerra se trasladó a las tarifas de Internet móvil, el negocio que más crece (somos el país líder en Europa y 10 millones de usuarios acceden ya a Internet desde el móvil, la tablet o con el pincho del portátil). Y en agosto, Movistar y Orange lanzaron la guerra de tarifas en ADSL, buscando matar dos pájaros de un tiro: mantener cuota en banda ancha y contratar más móviles.
El gancho de las ofertas de los grandes no es la nueva tarifa, sino cambiar gratis de móvil. Los operadores  se gastan casi 2.000 millones al año en subvencionar terminales (financian así a Apple o Samsung), más de lo que invierten en redes, una política que empieza a cuestionarse, aunque tiene su sentido: están financiando teléfonos inteligentes (Smartphone), que les interesan más porque son los que van a consumir los servicios más caros (datos, vídeo, aplicaciones). Con el gancho de cambiar de teléfono, medio millón de usuarios cambian de compañía cada mes (6,6 millones en 2010), manteniendo su número (portabilidad), lo que nos convierte en el país más infiel de Europa.  A partir de junio de 2012, el plazo para cambiar pasa de 4 días a 1, con lo que las operadoras tendrán menos tiempo para contra ofertar (ahora, 4 de cada 10 se quedan) y habrá menos fugas.
Ojo al cambio por conseguir un nuevo móvil: muchas veces se acaba pagando más, entre 216 y 296 euros al año, según un estudio de Doctor SIM. Y eso, por la exigencia de contratar una costosa tarifa de datos o una tarifa de voz inadecuada,  junto a la obligación de permanencia (18 y 24 meses), cuestionada por alguna sentencia judicial y que lleva a cargar con unas tarifas que enseguida se quedan obsoletas.
La guerra de tarifas va a seguir y hay quien apuesta por caídas de precios del 30%, hasta 2,5 céntimos minuto (que ya cobra Pepephone). Margen hay porque España es uno de los países con las tarifas más altas de Europa (en Lituana están por debajo de 1 céntimo minuto). Pero no sólo hay que mirar la tarifa escaparate, sino la letra pequeña y sus trampas: cuota mensual, consumo mínimo, requisitos, recarga mínima (tarjetas), coste SMS (15 céntimos), alto precio consumo datos, límites en la navegación…
Las grandes compañías no podrán bajar mucho más los precios, porque necesitan ingresos para invertir en redes, para que no se colapsen con el auge de Internet móvil y para ofrecer Internet móvil de alta velocidad (4G). Su problema es que han inoculado al cliente un virus, el teléfono inteligente (Smartphone), que consume muchos datos y vídeo (You Tube) y amenaza con saturar la Red. España es el país donde más se valora Internet en el móvil y ya hay 12 millones de Smartphone (un tercio de los vendidos en 2010).

El problema es europeo, ya que las operadoras tendrán que invertir 150.000 millones en redes hasta 2020. Telefónica y otras 40 operadoras han presentado una propuesta a la Comisión Europea, para que una parte de la inversión la paguen los grandes usuarios: Google, Twitter, Facebook y Apple, que sacan millonarios beneficios de usarlas. Y otra parte, los clientes, según lo que usen la red (el 80%, poco). Las operadoras estudian una doble tarifa: una más barata para la mayoría y otra más cara para empresas y proveedores de servicios, aplicaciones y contenidos.

En definitiva, hay mucho truco en esta guerra de tarifas. Ojo a los regalos envenenados (móviles inteligentes que gastan más).Recordar que a veces lo barato es caro por falta de calidad y servicios. Y que la era de los precios bajos se está acabando, porque Bruselas y los Gobiernos van a ayudar a las operadoras a invertir en redes, a costa de nuestra factura. Lo que hace falta es que se reparta mejor de verdad y que paguen más los que más consumen, empresas y algunos profesionales, no el internauta de a pié.

martes, 25 de enero de 2011

Redes sociales : temor a otra burbuja en Internet

Facebook puede ganar el Oscar este año con “La red social”, después de que su fundador, Mark Zuckeberg, de 26 años, haya sido elegido por Time “hombre del año”. Son dos muestras del éxito de una compañía en la que hay lista de espera para invertir millones de dólares y que vale más que empresas punteras como Boeing, Nokia, o Inditex. El dinero caliente se ha lanzado a Internet y en concreto a las redes sociales, que van a salir pronto a Bolsa. Todo suena demasiado a la burbuja y a la crisis de las punto.com del año 2.000, con Terra como ejemplo de especulación. Dicen que esto es “distinto”, pero habrá que estar atento. Ya se sabe que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedr@.
En plena crisis, los fondos de inversión llevan más de un año buscando iniciativas en Internet y pagando millones de dólares por ellas. Sólo en 2010 hubo casi 7 operaciones de compra al mes de proyectos.com.Pero en la primera quincena de enero, la fiebre inversora en la Red se ha disparado: 35 operaciones por un valor de 1.250 millones de dólares.

La más importante la de Facebook, la primera red social del mundo (con 500 millones de usuarios), donde el banco de inversión Goldman Sachs (protagonista también en la burbuja del 2000) ha invertido 500 millones de dólares y ha ofrecido a sus clientes VIP invertir otros 1.500 millones de dólares. Ya hay peticiones por 7.000 millones y con ello, Facebook ha duplicado su valor desde junio y ahora “vale” 50.000 millones de dólares, más que empresas como Boeing, Nokia, Time Warner, BBVA o Inditex.
Twitter, con 175 millones de usuarios, acaba de conseguir 200 millones de dólares de un fondo que valora la compañía en 4.000 millones de dólares. Y a Groupon, una web de cupones de descuento (con 12 millones de registros) le han inyectado 950 millones de dólares, lo que supone valorarla en 4.750 millones. Linkedin, la red social para profesionales (85 millones de usuarios) planea salir a Bolsa en 2011 y los bancos dicen que vale 2.200 millones de dólares. Y Zynga, creadora del videojuego Farmville (con 80 millones de jugadores) ha disparado su valoración hasta los 5.500 millones de dólares tras anunciar que saldrá este año a Bolsa.
Como estas empresas no cotizan en Bolsa, el dinero les está llegando… a través de Internet, de webs de compraventa como SecondMarket, que sólo acepta operaciones por 2 millones de dólares. Wall Street está queriendo meter mano en estas operaciones, pero sólo podrá hacerlo si las empresas tienen más de 499 accionistas ( y claro, evitan superar esa cifra). En cualquier caso, los expertos creen que se está calentando motores para salir a Bolsa, Facebook en 2012. El esquema es simple: compra ahora una minoría, se crea el interés por la empresa, se sube el valor y luego se saca a Bolsa para vender las acciones con enormes plusvalías. Y si estalla la burbuja, lo pagan los pequeños inversores a la búsqueda de chollos.com. Es la historia de Terra.
Los defensores de Facebook y Twitter como gran negocio insisten en sus millones de usuarios y su potencial. Pero, por lo poco que sabemos (apenas dan datos) son negocios poco brillantes: Facebook factura 2.000 millones de dólares y gana menos de 500. Y Twitter ingresó 150 millones de publicidad. Quiere decir que el inversor está comprando una empresa a un precio que es 25 veces los ingresos y tardará 100 años en recuperar la inversión…Puede que sepan hacer millones de amigos, pero no millones de dólares. De momento.
En España, la principal red social, Tuenti (10 millones de usuarios) fue comprada  en agosto por Telefónica, que pagó 75 millones de euros (y ha facturado 10 millones en 2010). Pero quizás Movistar pueda hacer negocio, si consigue colocarles un servicio de móvil virtual a bajo coste. Por aquí podría venir el negocio de las redes sociales: vender productos a millones de usuarios, así como herramientas corporativas para empresas, ya que con la publicidad sólo no sale el chollo.com. Estamos avisados: que no nos vendan la moto.com.