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jueves, 6 de febrero de 2025

Reducción de jornada: ojo a cómo se aplica

El Gobierno ha aprobado la reducción de jornada de 40 a 37,5 horas semanales, para implantarla antes de fin de año. Los españoles trabajan una media de 38,3 horas, así que la rebaja será de 48 minutos semanales. Pero hay 4 sectores donde se reducirá más de hora y media: hostelería, información, comercio y agricultura. Otro cambio: los que tienen un contrato a tiempo parcial, podrán trabajar menos o pedir subida de sueldo. Además, se aprueba la “desconexión digital: no habrá que estar contactado fuera del horario laboral. Y se obliga a las empresas a un control digital de horarios. Ahora queda lo difícil: aprobarlo en el Parlamento, dada la oposición de Junts y PP, que apoyan las críticas  de las empresas, por el alto coste y la imposición legal. Habrá cambios y ayudas a las pymes para adaptarse. Pero la tecnología y los nuevos hábitos llevan al recorte horario. Próxima estación: más teletrabajo y 4 días de trabajo semanal. 

                                        Enrique Ortega

Esta es la 4ª vez en poco más de un siglo que España cambia legalmente la jornada laboral. La primera vez fue el 4 de abril de 1919, cuando el Gobierno de Romanones (liberal) aprobó (tras la huelga de "La Canadiense") la jornada laboral máxima de 48 horas semanales (8 horas por 6 días de trabajo, frente a las 12 horas habituales entonces), adelantándose unos meses al primer Convenio mundial por las 48 horas semanales, aprobado por la OIT en octubre de 1919.Tras el largo paréntesis de la dictadura franquista, el 2º cambio llegó en marzo de 1980: el Gobierno Suárez (UCD) aprobó la jornada de 42 horas semanales. Poco después, en julio de 1983, el Gobierno de Felipe González (PSOE) aprobaba la jornada máxima de 40 horas, que rige hoy. Y casi 41 años después, este martes 4 de febrero de 2025, el Gobierno de coalición (PSOE y Sumar) aprobó  la jornada laboral de 37,5 horas semanales, media hora menos de trabajo al día.

La jornada laboral se ha reducido en todo el mundo en las últimas décadas, de la mano de la tecnología y la digitalización y asentada en un cambio de costumbres, donde se valora cada vez más la conciliación familiar y el ocio. Con ello, el horario de trabajo medio en Occidente (36 paises OCDE) era de 1.742 horas anuales en 2023 (horas efectivas), con los paises más ricos trabajando menos horas (1.343 Alemania, 1.380 Dinamarca, 1.413 Paises Bajos, 1.437 Suecia.  1.500 Francia, 1.524 Reino Unido), salvo EEUU (1.799 horas), Italia (1.734) y Japón (1.524), ocupando España un horario intermedio (1.632 horas anuales). Otra estadística, de Eurostat (2023), que refleja todas las horas (incluidas extras), revela que la jornada laboral media en Europa es de 40,4 horas semanales y que España está en linea, con una jornada total (ojo: de los que trabajan a tiempo completo) de 40,3 horas, algo más que Francia (40 horas) y Alemania o Bélgica (40,2 horas), Paises Bajos (39,3) y Dinamarca (38,9) y menos horas que Italia (40,5), Portugal (41,3) o Suecia (41,5 horas semanales).

Las estadísticas internacionales indican que España no destaca por trabajar más ni menos, está en la media. Pero las estadísticas españolas revelan que los españoles ya trabajan menos de la jornada semanal legal de 40 horas. Si tomamos los datos del INE, la EPA de 2024, los que han trabajado en el 4º trimestre han trabajado 36 horas semanales de media, aunque hay una gran diferencia entre lo que trabajan los empleadores (46,8 horas) y lo que trabajan los asalariados (34,9 horas semanales: 36,9 horas los hombres y 32,7 horas las mujeres). La otra manera de medirlo es ver la jornada pactada en los convenios en 2024, aunque sólo afecta a los asalariados con convenio (10,6 millones). Eso nos indica que la jornada media pactada en 2024 fue de 1.755,74 horas, lo que equivale a 38,32 horas semanales. Y hay sectores, como el campo, la hostelería, el comercio y una parte de la industria que tienen una jornada mayor.

Así que la jornada real ya está por debajo de las 40 horas semanales (38,32 horas), con grandes empresas en torno a las 35/36 horas y otras por encima de las 39 horas. Dada esta desigualdad horaria y la tendencia social a reducir la jornada laboral (a la que hay que sumar una hora larga de ida y otra de vuelta en muchas ciudades), los sindicatos llevan años forzando a un recorte de jornada, para fomentar la conciliación familiar y laboral. Y en paralelo, piden un control efectivo de la jornada, porque muchas empresas “abusan de las horas extras”: no superan las 40 horas semanales, pero “fuerzan” a sus plantillas a hacer horas extras, muchas sin pagarlas (ni cotizar por ellas). Trabajo estima que se hacen 3 millones de horas extras gratis a la semana, con las que las empresas se ahorran 3.254 millones al año (en salarios y cotizaciones), sobre todo en hostelería, comercio, industria y educación.

Por todo ello, el Gobierno de coalición incluyó en su programa para esta Legislatura el recorte de la jornada laboral, tras 41 años sin tocarla. Y lo justifica en que la productividad ha aumentado un 53% desde 1983 pero eso ha beneficiado más a las empresas que a los trabajadores, cuyos sueldos han subido mucho menos y trabajan casi las mismas horas. Además, creen que hay un apoyo social mayoritario (Encuestas) a reducir la jornada y que la medida puede mejorar la productividad y reducir el absentismo. Eso sí, tendrá un coste para las empresas, porque la condición es bajar la jornada legal manteniendo los salarios.

La idea del Gobierno Sánchez era pactar la rebaja de jornada con sindicatos y patronal. Pero no ha sido posible, porque la patronal (CEOE y CEPYME) se retiró de la negociación en diciembre, tras 11 meses de reuniones, argumentando el alto coste de la medida y pidiendo que el horario quedara para la negociación colectiva, no que se impusiera por Ley. Así que la vicepresidenta Yolanda Díaz pactó la rebaja en solitario con CCOO y UGT, el 20 de diciembre. Y aún quedaba otra batalla, en el seno del Gobierno: el ministro de Economía (y el PSOE) querría haber retrasado la rebaja uno o dos años (hasta el final de la Legislatura), buscando como fuera (con ayudas) el acuerdo con la patronal, mientras Yolanda Díaz (Sumar) se ha empecinado en implantar la jornada de 37,5 horas antes de final de año, para “revitalizar” su imagen política tras la continua caída en las Encuestas.

En medio del descuerdo social (sin la patronal) y el pacto político “in extremis” dentro del Gobierno, el Consejo de Ministros aprobó este martes un anteproyecto de Ley con 3 cambios importantes. El primero, la rebaja de la jornada laboral, a 1.712 horas en cómputo anual, que son las 37,5 horas semanales. Eso supone una rebaja de la jornada semanal media pactada en convenio (38,32 horas en 2024) de 48 minutos semanales, según Trabajo.

Pero hay 4 sectores donde la rebaja se va a notar mucho más, porque la jornada se reducirá más de hora y media, según estima Trabajo: hostelería (trabajarán -112 minutos), información y comunicaciones (-109 minutos), comercio (-98 minutos) y agricultura (-97 minutos semanales). En otros sectores, la jornada semanal bajará en torno a una hora: actividades administrativas y auxiliares (-67 minutos), otros servicios (-66 minutos), actividades profesionales, científicas y técnicas (-62 minutos), industrias extractivas (-55), manufacturas (-54 ) y actividades artísticas (-51 minutos semanales). Y se notará poco la rebaja en el transporte y almacenamiento (-47 minutos semanales), la construcción (-37), sanidad y servicios sociales (-23), inmobiliarias (-20) y energía (-13 minutos semanales). Y 4 sectores no tendrán ningún recorte de jornada, porque ya trabajan menos de 37,5 horas: finanzas y seguros, Administración Pública, educación y suministro de agua.

Esta reducción de jornada, a 37,5 horas semanales, afectará a los que tienen contrato a tiempo completo. Pero también afecta a los que tienen jornada a tiempo parcial: podrán trabajar menos (el porcentaje en que baje la jornada completa) o mantener su jornada parcial pero con una subida de sueldo. Así, si alguien trabajaba 30 horas semanales (el 75% de la jornada), ahora trabajará 28,12 horas o, si decide mantener su anterior jornada, la empresa le debe compensar (en este ejemplo, subirle un 6,26% el sueldo).

El recorte de jornada beneficiará, según Trabajo, a 12,5 millones de asalariados (a 2 de cada 3) , de ellos 10,5 millones con un contrato a tiempo completo (que trabajarán algo menos) y 2 millones de trabajadores con contrato a tiempo parcial (1,5 millones son mujeres). En conjunto, los 4 sectores más beneficiados por la rebaja de jornada son el comercio (2.435.500 trabajadores beneficiados), la industria manufacturera (2.073.500 beneficiados), la hostelería (1.424.100 beneficiados ) y la construcción (1 millón de beneficiarios), seguidos muy de lejos por las actividades administrativas (852.600 beneficiados), actividades profesionales, científicas y técnicas (729.600), sanidad y servicios sociales (692.400), transporte y almacenamiento (672.900), información y comunicaciones (626.900), actividades del hogar (601.200), el campo (460.900), la educación (239.200) y las actividades artísticas, ocio y entretenimiento (193.000 beneficiarios).

Por autonomías, las regiones donde se trabajan más horas y cuyos trabajadores notarán más la nueva jornada serán Canarias, Murcia, Andalucía, Comunidad Valenciana, Baleares y Cataluña.

El 2º cambio de la Ley propuesta es que se refuerza el control horario de las empresas, que en muchos casos se hace mal o no se hace (pymes), lo que facilita la proliferación de horas extras y los horarios excesivos. Ahora, se obliga a las empresas a instalar un sistema de control digital, en un plazo de 6 meses tras la aprobación de la Ley, un sistema que debe estar disponible online para la inspección de trabajo y para los sindicatos. Y si no se instala o funciona mal, se multiplican las multas, no por empresa (como ahora), sino por trabajador.

El tercer cambio es también muy importante: se implanta la “desconexión digital”, con lo que los trabajadores ya no estarán obligados a estar en contacto permanente con su empresa (móvil, correo, WhatsApp…) y sus jefes no podrán contactarle fuera del horario laboral, lo que en algunos casos ha provocado estrés laboral y problemas mentales.

La patronal no apoya esta reforma por dos razones básicas. Una, de principios: defiende que el horario laboral es un tema a decidir en la negociación colectiva, entre empresas (patronal) y trabajadores (sindicatos), sin “injerencia” del Gobierno, un argumento que olvida que hay unos 6 millones de asalariados sin convenio, que trabajan en pequeñas empresas, sin capacidad de negociar sus horarios. Y así hemos llegado a la situación actual, donde hay dos tipos de trabajadores: los de grandes empresas, que trabajan menos, y los de empresas pequeñas, que trabajan mucho más (y aún más los autónomos). Por eso, muchos paises fijan por Ley la jornada (como Francia, que la fijó el año 2000 en 35 horas semanales).

La otra crítica, mucho más razonable, es que reducir la jornada tiene un coste. Un estudio de CEPYME lo cifra en 11.792 millones, dos tercios concentrado en el comercio, la industria, la hostelería y las actividades administrativas. Y la patronal CEOE habla de un coste de 24.000 millones, unos 2.000 euros por empleado afectado. Este es un tema que merece la pena analizar con detalle y tratar de resolver con ayudas a las empresas (pymes) y sectores más afectados, como prometió el Gobierno a la patronal si pactaba la rebaja de horarios. También habría que buscar mejoras de productividad para compensar este aumento de costes. Pero, en cualquier caso, no hay que olvidar un dato: las empresas llevan 4 años aumentando márgenes y beneficios, mientras los trabajadores han perdido poder adquisitivo. Ahora se trata de “repartir el crecimiento”, trabajando algo menos a costa de las mayores ventas y beneficios de muchas empresas (no todas).

En cualquier caso, estamos ante un anteproyecto de Ley, aprobado por la vía de urgencia, que ahora pasará las consultas técnicas y legales, para ser aprobado otra vez por el Gobierno y enviado al Parlamento. Así que no se debatirá hasta el verano. Y entonces, el Gobierno deberá lograr el apoyo de Junts, que ya ha dicho que quiere cambios (ayudas a las empresas y quizás más flexibilidad). Y el PP se encontrará con el dilema de votar en contra (como hizo con la reforma laboral, lo que ahora se ve como una equivocación) o abstenerse, dado que todas las Encuestas reflejan que una mayoría de españoles está a favor de reducir la jornada laboral. En cualquier caso, será difícil que los convenios se adapten a tiempo para que el 31 de diciembre estén en vigor las 37,5 horas en todas las empresas.

Parece claro que el mundo, con la digitalización y la tecnología (más aún con la Inteligencia Artificial) va en la dirección de trabajar menos horas. Pero no basta con aprobar una Ley para imponerlo. Es más eficaz pactar la nueva jornada, sector a sector y empresa a empresa, en una negociación donde entren horarios, sueldos, condiciones de trabajo, empleo  y productividad, aportando el Estado las ayudas necesarias para que las empresas más vulnerables se adapten. Esa es la negociación que hará falta una vez se apruebe la Ley, porque si no, lo que ahora es un deseo generalizado (“trabajar menos”) se nos volverá en contra, si se aplica mal y daña al crecimiento y al empleo. Por eso hay que ser flexibles y realistas, no buscar titulares y votos.

Y en paralelo, hay que ir planificando el trabajo del futuro, que será mucho menor que ahora, porque una parte de los empleos los cubrirán ordenadores y máquinas. Hay que ir pensando de otra manera, en repartir el trabajo que haya”, lo que obligará a dar más peso al teletrabajo (creció con la pandemia, pero se ha recortado) y a pensar en la jornada de 4 días a la semana , que ya están estudiando paises punteros como Japón o Reino Unido. Hay que repensar el trabajo actual y su inevitable revolución futura, superando el debate de la jornada: qué trabajos se van a mantener, cuáles cambiarán radicalmente y cómo nos adaptamos. Ese es nuestro verdadero reto.

jueves, 2 de marzo de 2023

Menos horas de trabajo (y bajarán más)

Los españoles trabajamos la mitad que hace siglo y medio, 10 horas menos al mes que hace una década y 1 hora menos a la semana que antes de la pandemia. Se trabajan 35,5 horas a la semana y bajan año tras año por los avances tecnológicos, el auge de los servicios, el envejecimiento de las plantillas y el mayor trabajo de las mujeres, que dominan el empleo a tiempo parcial. Pero muchas empresas hacen la “trampa” de aumentar las horas extras, la mitad sin pagarlas, para ajustar plantillas. Ahora, la jornada laboral se reducirá otras 3 horas semanales en la próxima década, según el Banco de España. El problema de fondo es que los robots, la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías ponen en peligro un tercio del empleo actual, lo que reducirá el trabajo. Y habrá que repartirlo: trabajar menos horas. De ahí las experiencias de la semana laboral de 4 días, un éxito en Reino Unido, que se empieza a probar en España.

Enrique Ortega

Los trabajadores llevan siglo y medio peleando por trabajar menos horas. Todavía se conmemoran, el 1 de mayo, las protestas sangrientas en Estados Unidos, en 1886, por la jornada de 8 horas, en un siglo donde los obreros trabajaban entre 12 y 14 horas diarias. Y curiosamente, España fue el 2º país del mundo en aprobar la jornada laboral de 8 horas (48 horas a la semana, con un día de descanso semanal), en abril de 1919, tras la Unión Soviética (la aprobaron en 1917), a raíz de una huelga general en Cataluña, en apoyo de La Canadiense, que duró 44 días. Tras el paréntesis del franquismo y la primera Transición, hubo que esperar a diciembre de 1982, cuando el primer Gobierno de Felipe González aprobó la jornada semanal de 40 horas, que entró en vigor en junio de 1983, hasta hoy.

Junto a la pelea sindical, la tecnología ha sido el otro elemento clave para la reducción de la jornada laboral, al permitir producir más en menos horas. Eso explica que la jornada laboral se haya reducido a la mitad en el último siglo y medio: se trabajaban en España  3.000 horas anuales en 1.870 (3.300 en la Europa industrializada y 3.100 en EEUU), se bajó a 2.500 horas en 1920 (2.550 en Europa y 2.800 en USA), a 2.050 horas en 1950 (2.100 en Europa y 2000 en EEUU), a 1.800 horas anuales en 1990 (1.550 en Europa y 1.800 en USA) y 1.641 horas en 2021 (1.566 horas anuales en la UE-27 y 1.791 horas en EEUU), según las series históricas y los últimos datos de la OCDE.

Actualmente, España (1.641 horas anuales) está a medio camino entre los paises que trabajan más horas (1.872 horas anuales Grecia, 1.838 Rumanía, 1.791 EEUU, 1.669 Italia, 1.649 Portugal o 1.607 Japón) y los paises que trabajan menos horas, la Europa rica del centro-norte (1.349 Alemania, Dinamarca 1.363, Noruega 1.424 o Francia 1.490 horas anuales). Y nuestra jornada laboral está por encima de la media europea (1.566 horas anuales en la UE-27), aunque trabajamos menos que la media de la OCDE (1.716 horas semanales en los 44 paises más desarrollados, con México en cabeza: 2.127 horas de trabajo).

En la última década (2011-2021), la jornada de trabajo ha bajado en todo el mundo, una media de 95 horas anuales, según la OCDE (de 1.811 horas a 1.716) y algo más en Europa (-101 horas, de 1.667 a 1.566) y en España: la jornada anual ha bajado en 121 horas (de 1.762 a 1.641 horas), unas 10 horas menos de trabajo al mes. Y esa tendencia, la reducción de la jornada laboral, se ha acentuado con la crisis financiera de 2008 y después, con la pandemia y la inflación. Así, la media efectiva de horas semanales trabajadas ha pasado de 38,1 horas (2008) a 37,1 horas /2013), a 36,6 horas en 2019 y a 35,5 horas semanales a finales de 2022, según la última EPA (INE). O sea, que trabajamos 2,6 horas menos a la semana que hace 15 años y 1,1 horas menos que antes de la pandemia.

Esta es la jornada media de los que trabajan, pero hay grandes diferencias por sexo, edad, sector y puesto de trabajo. La jornada de los hombres (37,7 horas de media) es mayor que la de las mujeres (33 horas), que trabajan más por días y por horas. Y en general, trabajan más horas los jóvenes que los más mayores. Además, trabajan más horas los empresarios (43,9 horas a la semana) y los autónomos (41,9 horas) que los asalariados (34,5 horas semanales de media), trabajando más los empleados privados (34,6 horas) que los públicos (33,9 horas), según la EPA. Y a más categoría, más horario (40,1 horas los directores generales, 37,7 los trabajadores cualificados y 31,2 horas las ocupaciones”elementales”). Por sectores, el mayor horario lo tiene la agricultura (40,2 horas semanales), seguida del transporte (38,4 horas), la minería (38 horas), la construcción (37,6 horas) y la hostelería (37 horas semanales). Y tienen el horario más bajo la educación (30,4 horas semanales), la sanidad y servicios sociales (34,1) y las administraciones públicas (34,8 horas).

La jornada lleva décadas bajando por la tecnología y la innovación (que permiten producir más en menos tiempo) y por otras razones, destacando  el aumento del trabajo a tiempo parcial (por horas o días), que explica el 40% de la reducción de jornada, según el Banco de España. En 1987, sólo un 5,2% de los ocupados trabajaba a tiempo parcial, pero en 2008 ya lo hacían el 12,48% de los trabajadores (2.479.000 ocupados) y ahora son ya el 13,59% de los trabajadores (2.781.700 ocupados a tiempo parcial en 2022). Este cambio se debe al aumento del trabajo de las mujeres: son ya 2.045.600 las que trabajan a tiempo parcial (el 73,5% del total), la mayoría porque no encuentran trabajo a jornada completa o para poder cuidar a hijos y padres. Otras razones que explican la reducción de jornada son el mayor trabajo en los servicios (con menores horarios que la industria o la construcción), el alto porcentaje de contratos temporales (hacen menos horas) y el envejecimiento de las plantillas: los mayores de 55 años trabajan semanalmente 1 hora menos que los jóvenes.

Con todo, hay que resaltar que en muchas empresas, esta reducción de la jornada laboral es “un espejismo”, porque hacen “trampa: reducen la jornada laboral, pero aumentan las horas extras. Y así afrontan el mayor trabajo, sin aumentar plantilla ni jornada. Es lo que revelan las cifras oficiales del INE: se ha pasado de 5.346.600 horas extras semanales en 2011 a 6.005.600 en 2019 y a 6.783.900 horas extras semanales hechas en 2022, según la EPA. Sólo el año pasado se han hecho en España 506.000 horas extras más que en 2021. Ojo: en el 4º trimestre de 2022, las empresas perdieron empleo (-81.900 ocupados), pero aumentaron en 580.000 las horas extras.

Y para más INRI, casi la mitad de las horas extras no se pagan, se fuerza a los trabajadores a que las hagan “gratis”: en 2022, de las 6.783.900 horas extras hechas semanalmente, 2.897.200 no se pagaron (el 42,7% del total), según el INE. Son 376.500 horas extras gratis más de las que se hacían antes de la pandemia (2.520.700). Y curiosamente, quien hace más horas extras gratis son las mujeres (1,53 millones), donde han crecido un 49,6% desde 2019, sobre todo en la educación, la sanidad y la investigación, lo que indica que muchas empresas y organismos han hecho frente a la mayor actividad tras la pandemia forzando a las mujeres, mayoritarias en estos sectores, a hacer horas extras, la mitad gratis.

Los sindicatos denuncian constantemente esta práctica, el aumento creciente de las horas extras, porque es un sistema que utilizan las empresas para no contratar nuevos trabajadores y mantener su actividad. Un ejemplo: las 778.300 horas extras más hechas en 2022 que antes de la pandemia hubieran dado trabajo a 22.000 personas. Para evitar este “fraude contra el empleo”, los sindicatos exigen que se cumpla el registro horario en las empresas y más medios en la inspección de Trabajo, para detectar las horas extras no declaradas. Un ejemplo reciente han sido las visitas de inspectores a empresas de consultoría, fuera del horario habitual, y las huidas de empleados de las oficinas para que no les pillaran trabajando…

Incluso con la trampa de rebajar jornada aumentando horas extras, el hecho cierto es que la mayoría trabajan menos horas cada año. Y la previsión es que siga siendo así: la jornada semanal se reducirá en otras 3 horas para 2033, según un reciente estudio del Banco de España, debido a que van a seguir pesando los factores que explicaban la reducción de jornada: mejora de la tecnología y la innovación, aumento del trabajo a tiempo parcial, mayor empleo en los servicios y envejecimiento de las plantillas.

Con todo, la clave de la jornada laboral en el futuro será la tecnología y sus efectos sobre el empleo a medio plazo. De momento, es un hecho es el avance de la robotización de la economía, con 50 millones de robots instalados en el mundo en 2020, cuatro veces más que en 2018. Y de ellos, 3,5 millones de robots industriales, instalados sobre todo en la industria del automóvil y la electrónica, lo que ha recortado empleos y horarios. De momento, esta automatización industrial afecta a los empleos de mediana cualificación, más fáciles de sustituir por máquinas que los más cualificados, mientras en los de baja cualificación (y salarios bajos) invertir en tecnología compensa menos. A medio plazo, el efecto de la automatización es preocupante: el 46% de los empleos están en riesgo de ser sustituidos en la OCDE, según el estudio “Survey of Adult Skills” 2018 de Nedelkoska y Quintin. Y España es el 6º país con más riesgo de perder empleos con la automatización: un 30% de los trabajos están en riesgo significativo (más del 70% de probabilidades de perderse) y otro 22% están en riesgo alto (50-70% de probabilidades), en total, un 52% de empleos en riesgo.

Otro estudio, de la consultora McKinsey advierte que la automatización de la economía afectará a un 30% de los empleos mundiales: un 15% se perderá, otro 3/5% cambiará y otro 10% obligará a cambiar de profesión. Es una alerta a los paises para que hagan un tremendo esfuerzo de reconversión laboral, con importantes inversiones educativas en nuevas competencias y titulaciones. Y eso sin que todavía sepamos el alcance de la 4ª Revolución Industrial, el efecto que van a tener sobre el empleo la inteligencia artificial, el Internet de las cosas, el Big Data, los vehículos autónomos, los nuevos materiales, la impresión 3D, las nuevas energías, la biotecnología… Está claro que, al menos inicialmente, obligará a perder muchos empleos y a reconvertir el trabajo futuro, aunque también será una fuente de nuevos empleos para los que se adapten y formen.

Todo apunta a que habrá menos trabajo a medio plazo, porque una parte de lo que hacen ahora los trabajadores lo harán las máquinas y los ordenadores. Eso obligará a repartir el menor trabajo disponible, con lo que se reducirá aún más la jornada laboral, por efecto de la tecnología. De ahí que aumenten los defensores de la jornada semanal de 4 días, que supondría pasar de la actual jornada de 40 horas a 32 horas semanales. En Reino Unido se ha hecho un proyecto piloto, donde han participado 61 empresas (durante 6 meses), apoyado por las Universidades de Oxford, Cambridge y Boston, siguiendo el “modelo 100-80-100”: mantener el 100% del salario, reducir un 80% la jornada y mantener el 100% la productividad. El resultado ha sido muy alentador: 56 de las 61 empresas han decidido prorrogar esta jornada. Y 18 de ellas, han optado ya por implantar la jornada semanal de 4 días.

En España, la iniciativa de la jornada semanal de 4 días partió de Iñigo Errejón, de Más País, que pactó con el Gobierno en 2021 incluir una partida en los Presupuestos 2022 para implantar un proyecto piloto. Al final, el proyecto se retrasó hasta diciembre de 2022, cuando el BOE publicó una Orden de Industria para destinar 10 millones de euros (menos de los 50 millones previstos inicialmente) para subvencionar con hasta 150.000 euros a las empresas “del sector privado industrial” que se comprometan a reducir su jornada laboral “un mínimo del 10%” durante 2 años, manteniendo los sueldos. Se espera que las ayudas se convoquen este mes de marzo, tras lo cual se recibirán las solicitudes y se evaluarán por la Fundación de la Escuela de Organización Industrial (EOI), una institución pública dependiente de Industria. La idea es buena, pero tiene dos “pegas”: su escasa dotación (da para financiar 66 proyectos) y que está restringida al sector industrial (en Reino Unido, el proyecto piloto a acogido desde negocios de “fish&chips y despachos de abogados  a una start up de robótica…).

Los sindicatos defienden esta jornada semanal de 4 días, pero piden que sea resultado de una negociación entre las empresas y sus trabajadores, manteniendo los salarios, no una imposición (para recortar costes). Y ponen como mal ejemplo el caso de Desigual, que aprobó en 2021 la jornada laboral de 4 días para empleados de oficina, reduciéndoles un 6,5% los salarios, advirtiendo que “serían despedidos” los que no aceptaran el cambio. De momento, a la espera de implantarse el programa piloto de Industria, hay muchas pequeñas empresas y negocios que están “probando” esta nueva semana laboral de  4 días. Y muchos la ven “positiva”, porque mantiene la productividad (incluso mejorándola) y permite reducir las fugas de empleados y los días perdidos (bajas), recortando también costes. Y se facilita además  la conciliación laboral y la pérdida de horas camino al trabajo, así como su coste energético. Recordemos que el 21% de los trabajadores tardan más de una hora en ir a trabajar, según el INE. Y en Madrid, el 36,68% de los que trabajan emplean más de una hora…

Mientras el teletrabajo ha dado marcha atrás (sólo el 14% de los ocupados teletrabajó en 2022, frente al 17,6% en 2021 y el 37% en 2020), la semana laboral de 4 días se presenta como una posible alternativa para sectores y negocios donde la tecnología permitirá reducir las horas de trabajo (mejor que reducir los empleos). Pero no será suficiente. Habrá empresas y trabajos que van a desaparecer, por imperativo de la revolución tecnológica. Y en estos casos, sólo queda reconvertirse a fondo, preparándose para empleos que hoy ni siquiera existen. Es uno de los grandes retos de todos los paises en este siglo. Y habrá muchos que, por su edad o situación, no puedan reciclarse ni tengan la opción de trabajar menos horas. Simplemente, se quedarán fuera de los empleos futuros. Eso exigirá avanzar en la renta básica, para asegurar la subsistencia a los perdedores de esta nueva revolución tecnológica. Hoy suena extraño, pero será algo necesario en pocos años, como la semana laboral de 4 días. El trabajo va a sufrir una revolución inimaginable.