Mostrando entradas con la etiqueta dividendos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dividendos. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de mayo de 2026

Dividendos y recompras: beneficios diferidos

Las empresas españolas llevan 5 años con un aumento histórico de ventas, márgenes y beneficios, pero eso no se traduce en un aumento de la inversión privada, que todavía está por debajo de 2019. Lo que está pasando es que las grandes empresas y bancos desvían más de la mitad de sus beneficios a sus accionistas por dos vías: unos dividendos récord y un aumento de las recompras de acciones propias, una nueva vía para hacer subir la cotización de las acciones y así aumentar lo que cobran los grandes ejecutivos de bancos y tecnológicas. La recompra de acciones era una fórmula muy usada en EEUU, pero tras la pandemia se ha generalizado en Europa y también en España: aquí, en el primer trimestre de 2026, estas recompras se han multiplicado por 6. Parece un tema “técnico”, pero el problema nos atañe porque muchas empresas especulan con sus acciones y no invierten lo que deben en sus negocios, su capital y sus empleados (sueldos y formación), en perjuicio de todos.

                              Recompra acciones propias en Bolsa: otra forma de diferir beneficios

Tras la grave crisis de la pandemia (2020), las empresas reanimaron sus ventas, márgenes y beneficios entre 2021 y 2025, cinco años de buenos resultados empresariales, a pesar de los altibajos por la guerra de Ucrania y el conflicto en Oriente Medio. En España, el margen bruto sobre ventas ha sido del 13,9% en 2025, según el Observatorio de Márgenes Empresariales (OME), siendo el beneficio bruto mucho mayor en inmobiliarias (29%), energía (28%) y hostelería (17% de margen bruto). Y otro dato: el beneficio neto de las 35 empresas del IBEX superó ligeramente los 70.000 millones de euros en 2025, más del doble de los 31.489 millones que ganaron en 2019, según sus propios balances.

¿Qué han hecho las empresas con estos beneficios? Pues más de la mitad de estas ganancias las han repartido entre sus accionistas, por dos vías: reparto de dividendos y recompra de acciones propias. El reparto de dividendos, un pago anual (dos veces al año) por cada acción, se disparó después de la pandemia, tras prohibir el BCE repartir dividendo a los bancos europeos en 2020. En Europa, las 600 grandes empresas del STOXX 600 repartieron 437.000 millones de euros en dividendos a sus accionistas en 2025, cifra que subirá a 454.000 millones en 2026 (+4%). Pero en España, el pago por dividendos creció mucho más (+128% entre 2020 y 2025), saltando de los 20.500 millones en 2021 a 41.503 millones en 2025. Y a esos pagos, las empresas cotizadas españolas han destinado 155.596 millones de euros en los últimos 5 años (2021 a 2025), una cifra récord. Y este año 2026, las empresas repartirán 25.848 millones de euros hasta junio (+17%, cuatro veces más que en Europa).

La otra vía para “diferir” beneficios, menos conocida, es la recompra de acciones propias: las grandes empresas y bancos recompran con sus beneficios una parte de sus acciones y las amortizan, es decir, desaparecen de los balances. Consecuencia: se reduce el número de acciones en circulación, lo que en principio aumenta su valor. Las empresas recompran acciones como una vía para reanimar la cotización de las acciones, cuando creen que están infravaloradas: al haber menos y mantenerse el valor de las empresas, debían subir. Pero la recompra de acciones propias tiene otra justificación menos explícita: la mayoría de los ejecutivos de las grandes empresas tienen una parte de su sueldo ligado a la cotización de las acciones (cobran en “stock options”, en opciones sobre acciones) y por eso su principal objetivo de gestión es conseguir que las acciones suban (como sea). Además, una tercera razón es que los accionistas no pagan impuestos con la recompra de acciones (sólo si las venden, por la plusvalía), mientras si pagan impuestos por los dividendos.

La recompra de acciones tiene una larga trayectoria en EEUU, desde 1982, cuando se aprobó un marco normativo y fiscal favorable, que apoyaba una cultura empresarial centrada en el valor de las acciones. Pero en Europa, la tradición eran los dividendos y las recompras están sujetas a un marco normativo de la UE sobre abusos de mercado (que impone límites al volumen y al precio) y se exige que las aprueben las Juntas de Accionistas. Sin embargo, tras la pandemia, las recompras de acciones propias también se han disparado en Europa. En conjunto, en todo el mundo, las recompras de acciones batieron récords en 2025: 1,46 billones de dólares en 2025, según Capital Group. Y las ejecutaron más de la mitad de las grandes compañías del mundo (el 52%), frente al 36% hace una década. EEUU concentra el 71% de las recompras mundiales de acciones propias, mientras Europa representa sólo el 10,8% de las recompras mundiales, ganando peso en Japón (recompraron acciones el 48% de las empresas en 2025). El protagonismo de estas recompras lo tienen los bancos y empresas financieras (el 26%), el sector tecnológico (el 21%: Apple ha destinado 440.000 millones de dólares a recomprar acciones propias en la última década), la energía, el sector de medios de comunicación y los grandes del sector minorista de la alimentación.

En Europa, aunque las recompras van muy por detrás a las de EEUU, el salto ha sido espectacular: 182.000 millones de euros gastados por las empresas en recomprar acciones propias en 2025, más del doble que hace 10 años (75.200 millones en 2015) y un 67% más que antes de la pandemia (109.000 millones en 2019). Entre las grandes empresas con más recompras en 2025 destaca la suiza Novartis (9.702 millones), seguida de las francesas Prosus (9.121 millones), Total Energies (7.030) o ASML (4.100 millones), la noruega Equinor (5.506 millones), la británica HSBC (5.297), el banco holandés ING (4.321 millones) o el Banco de Santander (4.073 millones), Barclays (3.859) y UBS (3.855). Algunos estiman que los bancos europeos han recomprado un 4% de sus acciones desde 2022. Y casi la mitad (el 44%) de las empresas europeas cotizadas en Bolsa recompraron acciones en 2025.

España se ha sumado tarde a esta “moda” de la recompra de acciones, pero con mucha fuerza, empujada por los bancos y las grandes empresas. En 2025, la recompra se hizo por un importe de 12.502 millones de euros, tras una cifra superior en 2024 (15.588 millones) y 2023 (13.415 millones). Pero este año 2026, la recompra de acciones en España se ha multiplicado por 6 en el primer trimestre, superando los 10.000 millones de euros. El Banco de Santander ha puesto en marcha dos programas para recomprar 10.000 millones en acciones entre 2025 y 2026. Y BBVA lleva más de 10.000 millones en recompra de acciones entre 2021 y 2026, mientras CaixaBank ha lanzado un nuevo programa de recompra por 500 millones de euros. Y del resto del IBEX 35, la mayoría tienen un programa de recompra este año: ACS (980 millones), Cellnex (800), Ferrovial (600), Endesa (517), IAG (500), Repsol (300), Iberdrola (200), Inditex (180), Viscofan (150)… Recompras que se suman a los dividendos.

La Comisión del Mercado de Valores (CNMV) ya criticó en 2023 las recompras de acciones, alertando de que las empresas y los bancos no están sobrados de capital y por eso no deberían reducirlo amortizando acciones, porque eso tiene implicaciones estratégicas  para los sectores y la economía, recomendándoles “reforzar sus recursos propios a medio plazo si quieren seguir competiendo, crecer, competir internacionalmente y transformarse con éxito frente a una transición digital y económica que exige inversiones cuantiosas”. Y además, la CNMV niega que la recompra de acciones cree valor para los accionistas a medio plazo, porque las acciones suben al principio, pero siguen cotizando igual después.

Otros expertos critican también las recompras exageradas de acciones propias, sobre todo en EEUU (en 2021, las 500 grandes empresas del S&P500 destinaron 880.000 millones de dólares a recomprar acciones propias), propiciadas por los grandes ejecutivos de las tecnológicas y los bancos, que buscan sostenerse en el poder (y hacerse multimillonarios) a costa de impulsar como sea el precio de la acción, aunque sea restando recursos para promover inversiones y programas estratégicos en sus compañías (y a veces, a costa de recortes drásticos de plantillas para hacer subir las acciones). Así, Apple, por ejemplo, aumentó un +107% su beneficio neto entre 2017 y 2021, pero disparó +176% su beneficio por acción. Y los grandes accionistas (ellos mismos muchas veces) se llevan así una parte diferida de los beneficios sin pagar impuestos (hasta que no vendan).

El problema de fondo es que las empresas difieren más de la mitad de sus beneficios a dividendos y recompra de acciones propias en lugar de a invertir y fortalecer sus negocios. En España, los datos son claros: en los últimos 3 años, las empresas cotizadas han destinado 6 veces más a pagar dividendos y recompras que a adquirir otras empresas o fusionarse. Así, en 2023,2024 y 2025, las empresas cotizadas han destinado 150.601 millones de euros al pago de dividendos (109.096 millones) y a la recompra de acciones propias (41.105 millones), mientras sólo destinaron 25.844 millones a financiar compras y fusiones. A lo claro: su prioridad ha sido mejorar la cotización en Bolsa y retribuir más a los accionistas (a los dueños, sobre todo) que invertir y construir unas empresas más grandes y competitivas. Y la estrategia sigue en 2026: el primer trimestre, las cotizadas españolas gastaron 21.000 millones de sus beneficios en dividendos (12.500 millones) y recompra de acciones propias (8.500 millones), frente a 7.350 millones destinados a adquisiciones, según London Exchange Group.

Este mismo problema sucede en Europa y explica parte de su atraso inversor: en 2026 se esperan salidas de caja” por importe de 1,5 billones de euros, de los que el 23% irán a pagar dividendos (345.000 millones) y otro 9% a financiar recompras de acciones propias (135.000 millones más), destinando sólo el 11% a adquisiciones de empresas (165.000 millones), que son escasas y se circunscriben a compras de participaciones en mercados donde ya están presentes. Y por todo esto, sólo destinan el 56% de su flujo financiero a inversiones orgánicas, I+D, innovación y tecnología. Ante este parón inversor en Europa, la Comisión Europea quiere facilitar las fusiones en Europa, para que las grandes empresas destinen sus beneficios no a retribuir a los accionistas (a sí mismos) sino a crear “grandes campeones europeos”, multinacionales UE que puedan competir con USA y China.

En el caso de España, el exceso de dividendos y recompra de acciones choca con un problema grave que arrastramos tras la pandemia: el escaso crecimiento de la inversión, uno de los tres motores del crecimiento y el empleo (junto al consumo y las exportaciones). La inversión total lleva 5 años recuperándose en España, pero es por la inversión pública (ha subido un +51,7% en 2025 respecto a 2019, básicamente por el oxígeno de los Fondos Europeos), ya que la inversión privada sigue por debajo que antes de la pandemia (-3,3 % que en 2019), según este estudio de Funcas. Y por supuesto, la inversión privada sigue todavía en España por debajo de los niveles de 2007, antes de la crisis financiera.

En resumen, nos encontramos con un panorama donde ganan mucho las grandes empresas y los bancos (10.815 millones los 6 grandes en el primer trimestre,+27%), pero que no destinan esos mayores recursos a invertir en proyectos de futuro (la inversión privada sigue por debajo a la de 2019) y a afrontar un crecimiento interno y una mayor competitividad, sino que destinan cada vez más beneficios a retribuir a sus accionistas (y a ellos mismos) por la doble vía de unos dividendos crecientes y la recompra de acciones propias. Se dedican más a especular con las acciones que a buscar fusiones, acuerdos e inversiones para dar un salto estratégico que les favorecería a ellos y al país. Son empresas, en España, en Europa y en el mundo, que se dedican a “la ingeniería financiera y bursátil” antes que a invertir en sus negocios, balances (mejora de capital) y trabajadores (salarios, formación y empleo). Como se ve, no estamos ante una cuestión “técnica” sino estratégica y de justicia social: destinar los beneficios a crecer y crear más riqueza y empleo, no a que haya más multimillonarios.

jueves, 8 de febrero de 2024

Beneficios récord banca, por clientes y BCE

Los 6 grandes bancos españoles llevan 3 años seguidos con importantes beneficios, tras las pérdidas de 2020. En 2023 ganaron 26.355 millones, un +26% más que en 2022 y más del doble de beneficio que antes de la pandemia (2019). Los bancos ganan mucho más a costa de nosotros, sus clientes, que hemos pagado bastante más por créditos e hipotecas y que hemos cobrado poco por el ahorro, a pesar de la subida de tipos. Y nos cobran más comisiones y contienen costes, recortando plantillas y sucursales y subiendo los sueldos mucho menos que la inflación. Además, han tenido “un regalodel que no se habla: el pago del 4% por sus depósitos en el BCE (9.170 millones “extras” para la banca española). A pesar de estos beneficios récord, ofrecen subir los salarios un 8% los próximos 3 años, provocando hoy manifestaciones sindicales y una huelga en marzo. Ahora, los bancos creen que 2024 “les va a ir mejor, porque los tipos no bajarán hasta el verano. Seguiremos alimentando sus beneficios.

                  Enrique Ortega

Los 6 grandes bancos españoles, Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja, (que controlan el 77% del negocio bancario) se ha recuperado con fuerza de las pérdidas de la pandemia (- 5.536 millones en 2020, aunque en realidad sólo el Santander tuvo pérdidas ese año: -8.771 millones, por ajustes extraordinarios). Ya en 2021 tuvieron unos beneficios de +16.290 millones, sin contar ajustes extraordinarios. En 2022, con la subida de tipos del Banco Central Europeo (BCE), los beneficios de los 6 grandes aumentaron un +28%, hasta los 20.849 millones. Y en 2023, acaban de publicar otro aumento de beneficios del +26,4%, ganando 26.355 millones de euros, más del doble que antes de la pandemia (habían ganado 11.904 millones en 2019). Un beneficio bancario que marca un récord histórico, porque en 2007, antes de la crisis financiera, toda la banca española ganó 18.877 millones de euros, según la patronal bancaria AEB.

¿Por qué gana tanto dinero la banca española? La respuesta corta es que estos millones han salido de nuestros bolsillos, de las familias, empresas y el Presupuesto. Precisando más, hay que recordar la esencia del milenario negocio bancario, que es simple: consiste en coger dinero con una mano (lo más barato posible) y prestarlo con la otra (lo más caro posible), reduciendo al mínimo los costes por el camino. Y lo que ha pasado, sobre todo en 2022 y 2023, es que la banca ha cobrado mucho más por los créditos, hipotecas y deuda pública (aprovechando las 10 subidas de tipos del BCE) y apenas nos ha pagado más por los ahorros, mientras recortaba plantillas y congelaba sueldos, aumentando las comisiones que nos cobra. Y encima, ha tenido un regalo extra, cobrando más por los depósitos que tienen en el BCE y el Banco de España. Veámoslo.

Los bancos europeos han encarecido el dinero que prestan siguiendo la estela del BCE, que subió 10 veces los tipos de interés (la 1ª, el 21 de julio de 2022), desde el 0% en que estaban (desde 2014), hasta dejarlos en el 4,5% en septiembre de 2023, el precio más alto del dinero desde 2001. Esto se tradujo en una subida generalizada y acumulativa de los créditos a familias, empresas y Gobiernos (deuda). En España, 4,5 millones de familias pagan una hipoteca, que se ha encarecido desde 2022. El tipo medio de las nuevas hipotecas subió del 1,82% en diciembre de 2021 al 2,66% en diciembre de 2022 y el 3,27% en noviembre de 2023, según el INE. Y el Euribor mensual con que se revisan las hipotecas antiguas subió del 0,013% en abril de 2022 al 3,018% en diciembre y al 3,679% en diciembre de 2023. Y en paralelo, subieron los créditos al consumo (del 6,10% en 2021 al 8,52% en diciembre del 2023), y el tipo de las tarjetas, según el Banco de España.

Los bancos también subieron los créditos a las empresas: a las pymes, para importes de hasta 25.000 euros, el tipo subió del 1,69% en diciembre de 2021 al 5,14% en diciembre de 2023.  Los créditos de 250.000 euros a 1 millón subieron del 1,29% (diciembre 2021) al 5,01% (diciembre 2023). Y los créditos de más de 1 millón de euros pasaron del 1,04 al 4,94%, según el Banco de España. Y también el Estado tuvo que pagar más por colocar su deuda entre los inversores (un 13% colocada en la banca). Los bonos a 10 años pasaron de colocarse al 0,76% en febrero de 2022 al 3,738% en septiembre de 2023. Y las Letras del Tesoro (el 15,5% las compran los bancos), que se colocaban al 0,078% en mayo 2022 saltaron al 3,216 un año después y al 3,30% en la última subasta de 2023. 

Esta subida de tipos de la banca a familias, empresas y al Estado ha mejorado su margen, en 2022 y 2023. Y sobre todo porque, en paralelo, la banca española apenas ha subido lo que nos paga por el ahorro. A finales de 2022, pagaban por los depósitos (a menos de 2 años) una media del 0,64%, menos de lo que pagaba toda la banca de la zona euro (1,20%). Un pago por el ahorro que era la cuarta parte de lo que cobraban entonces por una hipoteca (2,66%). En 2023, tras una “bronca” del BCE, los bancos europeos (y españoles) empezaron a pagar más por el ahorro, todavía poco: un 1,8% en diciembre en España (depósitos a menos de 2 años) frente al 2,28% de media los bancos de la zona euro. Así que las familias españolas, que tenían más de 1 billón de euros en depósitos (2022) veían que los bancos apenas se los remuneraban mientras les subían las hipotecas y créditos.

Este esquema de negocio, prestar más caro y pagar poco por el ahorro, ha permitido a los bancos españoles (y europeos) mejoren su margen, sobre todo en 2022 y 2023. Tomando los datos de los 5 grandes bancos españoles (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell y Bankinter), han aumentado su “margen de intereses” (lo que cobran menos lo que pagan) en 2023 un +44% en España (+20% en todo el mundo), hasta los 26.969 millones de euros, destacando el fuerte aumento del margen de BBVA (+49%), Santander (+46%) y CaixaBank (+44%).

Además del beneficio por el aumento del margen de intereses, otro ingreso importante lo han obtenido por las comisiones que nos cobran, con las que han ingresado otros 24.013 millones, un aumento de sólo el +1,3% (+9,7% en 2022), porque la subida de tipos les ha permitido subir menos comisiones a los clientes. Pero aún así, el BBVA las subió un +17% (6.288 millones ingresados), Santander un +7% (12.057 millones por comisiones) y Sabadell otro +7% (1.386 millones), mientras las bajaba un 5,1% CaixaBank (3.658 millones).

Los bancos no sólo ganan más dinero porque presten más caro, paguen poco por el ahorro y nos cobren comisiones por casi todo. En 2022 y 2023, una parte de sus mayores beneficios han sido gracias a sus empleados, a que han recortado plantillas y apenas han subido los salarios. La banca viene ajustando plantillas desde 2009, por la crisis financiera: pasaron de tener un máximo de 278.000 empleados en 2008 a menos de la mitad en 2022 (130.000), tras cerrar 24.000 sucursales (de 43.000 a menos de 19.000). Sólo en 2022, los 6 grandes bancos recortaron sus plantillas en 5.900 empleados (hasta 120.600) y cerraron 1.360 sucursales, lo que les ayudó a recortar costes y aumentar beneficios. Además, congelaron salarios en 2019 y 2020, firmando en enero de 2021 un convenio que subió los sueldos de la banca +0,25% en 2021, +1% en 2022 y +1,25% en 2023, con lo que sus empleados perdieron poder adquisitivo estos dos últimos años de alta inflación (aunque en noviembre pasado revisaron la subida salarial de 2023, que acabó siendo del +4,5%).

Por si no fuera bastante con los tipos, las comisiones y el recorte de costes, en 2023 (y en 2022), los bancos tuvieron un regalo extra, del que apenas se habla: el BCE (y el Banco de España en nuestro caso) les pagaron un alto interés, del 4%, por las reservas que los bancos españoles tienen depositadas. Una remuneración que beneficia a todos los bancos europeos: ganaron 140.000 millones de euros “extras” en 2023 por los 3,7 billones que tienen en reservas en el BCE y en sus bancos centrales. A los bancos españoles, les ha supuesto un ingreso extra de 9.170 millones de euros en 2023, un tercio de sus beneficios (los bancos alemanes se han llevado 49.107 millones y los franceses 35.925 millones). Un dinero público que se les abona con total seguridad y ningún riesgo, mientras los bancos beneficiados apenas pagan una media del 0,35% a sus ahorradores. Por ello, un grupo de expertos y diputados europeos mandaron una carta en diciembre al BCE quejándose de esta “ayuda a la banca” y exigiendo que aumenten las reservas bancarias no remuneradas.

Hasta aquí los caminos por los que la gran banca española ha conseguido 26.355 millones en 2023, más del doble que en 2019. Unos beneficios que se reparten de una forma muy desigual. Este año, la mitad del beneficio irá a los 5,6 millones de accionistas de la banca, que recibirán esos 13.000 millones en forma de dividendos (un pago por acción que les abonan dos veces al año) y recompra de acciones: los bancos compran acciones propias, para reducir su número y conseguir así que suban de precio (cotización). Ya en 2022, los 6 grandes bancos destinaron un 44% de sus beneficios (8.340 millones) a dividendos y recompra de acciones, pero el BCE y el Banco de España, les pidieron moderación, destinar más beneficios a aumentar su solvencia y su capital. Este año, no les han hecho caso y reparten más, en perjuicio de su ratio de capital, inferior al de otros grandes bancos europeos.

Otra parte del beneficio se destina a los presidentes y directivos de los grandes bancos, que cada año ganan más. Ya en 2022, tres de los cuatro banqueros mejor pagados de Europa fueron españoles:  Ana Patricia Botín, Presidenta Santander (11,74 millones), José Ángel González, consejero delegado BS (9,57 millones), Christian Sewing, consejero delegado Deutsche Bank (8,93 millones) y Carlos Torres, Presidente BBVA (8,29 millones), seguidos por Omur Genç, consejero delegado BBVA, el 6º del ranking (7,15 millones), Gonzalo Cortázar, consejero delegado CaixaBank, en 10º lugar (3,90 millones) y César González Bueno, consejero delegado de Sabadell, en el puesto 13º (2,47 millones). Ya en 2021, 221 banqueros españoles ganaron más de 1 millón de euros, según la EBA, con un ingreso medio de 2,16 millones de euros.

Pero hay más. El sueldo medio de los equipos de alta dirección del Banco de Santander fue de casi 3,6 millones por cabeza en 2021, 64,5 veces el salario medio de la plantilla del banco (55.673 euros) Y en el BBVA, la remuneración media de la alta dirección fue de 1,58 millones anuales, 18,6 veces el sueldo medio de la plantilla (34.000 euros), según un estudio hecho por CCOO sobre los directivos de las empresas del IBEX. Y el primer ejecutivo del Sabadell gana 412 veces la media de su plantilla, 220,7 veces el del Santander, 181,8 veces en el BBVA, 54,4 en CaixaBank y 20,2 veces en Bankinter.

Mientras, los grandes banqueros se quejan de que una parte (mínima) de sus beneficios se los lleva el Gobierno Sánchez, que aprobó un impuesto extraordinario sobre los beneficios de la banca para 2022 y 2023 (prorrogado para 2024), impuesto recurrido ante la Audiencia Nacional. En 2023, toda la banca pagó 1.260 millones por este impuesto extraordinario, de ellos 1.045 millones pagados por los 5 grandes (el 5,07% de los 20.589 millones ganados en 2022). Y en 2024, se estima que toda la banca pagará otros 1.650 millones por este impuesto extraordinario, de ellos 1.450 los 5 grandes bancos (el 5,55% de los 26.088 millones ganados por ellos en 2023). El año pasado, CaixaBank pagó 373 millones extras (7,7%), Santander 224 millones (2 de cada 100 euros de beneficio), BBVA 215 millones (2,6%), Sabadell 256 y Bankinter 77,5 millones.

En medio de tan abultados beneficios, dividendos y sueldos de directivos, la plantilla de la banca acaba de recibir una rácana oferta de convenio para los próximos tres años: +8% de subida salarial entre 2024 y 2027 (+2,75% de subida en 2024, cuando se prevé una inflación del +3,3%, 2,25% para 2025 y +1,5% de aumento en 2026 y 2027). Enfrente, los sindicatos piden una subida del +23% en estos cuatro años (+17% fijo y otro 6% en función del IPC y de los resultados de la banca). Y como no ven posibilidades de acuerdo, han convocado manifestaciones para hoy 8 de febrero y amenazan con una huelga en marzo.

Cara a 2024, los grandes banqueros españoles se muestran muy optimistas.” Si 2023 ha sido bueno, 2024 va a ser aún mejor”, ha dicho sin rubor Ana Patricia Botín, del BS. “El beneficio seguirá creciendo”, ha añadido el presidente del BBVA.  Y esperan ganar más por tres razones. Una, porque se prevé que el BCE no baje los tipos hasta el verano y poco (sólo un -0,5% en 2024, según la OCDE). Dos, porque todavía habrá mejora de márgenes en la primera mitad del año, por la revisión de algunos créditos e hipotecas, mientras seguirán sin pagar más por el ahorro. Y la tercera, porque van a vigilar los costes (con subidas salariales mínimas) y aumentarán las comisiones, mientras este año no tendrán que hacer aportaciones al Fondo de Garantía de Depósitos y al Fondo Único de Resolución (2.500 millones de ahorro).

En resumen, que la banca española lleva 3 años de fuertes beneficios y va a por el 4º, a costa de clientes, empresas, deuda y empleados. Es bueno que la banca tenga beneficios y no pérdidas (porque las acabamos pagando los contribuyentes), pero ya es hora de ajustar las estructuras, los dividendos y los sueldos de los directivos para que la banca pueda ser rentable de una forma “moderada” y racional, buscando un mejor servicio a los clientes, una financiación más flexible y barata a las empresas y una gobernanza más transparente. Beneficios sí, pero sin abusar de su posición dominante y beneficiando a familias, empresas y economía. Quizás sea mucho pedirles, pero si no lo hacen, que luego no se quejen de los impuestos.

lunes, 13 de marzo de 2023

Depósitos: la "tacañería" de los bancos

Este jueves, el BCE vuelve a subir los tipos de interés, al 3,5%. Y se encarecen las hipotecas, con el Euribor rozando el 4%. Pero si tiene dinero ahorrado, los bancos sólo le pagan un 0,59% de media. Y los hogares tienen casi un billón de euros en depósitos, sin sacarles rentabilidad aunque suban los tipos. Pero los bancos sí están haciendo el agosto: no pagan casi nada por el ahorro y cobran mucho más por hipotecas y créditos. Los 6 grandes bancos ganaron 20.850 millones en 2022 (+28%), un récord histórico. Algunos ahorradores hacen cola para comprar Letras del Tesoro, que pagan el 3,29%. Pero la mayoría siguen sin sacar rentabilidad a sus depósitos y la banca les ofrece comprar Fondos de inversión, con bajo interés y muchas comisiones. Todo apunta a que la rentabilidad de los depósitos no subirá del 1%, sobre todo porque los 6 grandes bancos controlan el 75% del ahorro y no quieren pagar más. Estamos en sus manos.

Enrique Ortega

El tipo de interés oficial del dinero está en el 3% y subirá este jueves al 3,5%, tras la 6ª subida del BCE desde julio de 2022. Con ello, el Euribor, el tipo al que se prestan los bancos y que determina el precio de las futuras hipotecas, roza ya el 4%, cuando estuvo en negativo hasta marzo de 2022 (-0,237). Pero si miramos la otra parte, lo que pagan los bancos por el dinero, el interés es mínimo: los depósitos bancarios se remuneraban al 0,64% de media a finales de 2022, según el Banco de España. Y en enero de este año, los bancos han bajado incluso lo que pagan por el dinero, al 0,59% de media, casi seis veces menos de lo que cobran por una hipoteca: 3,345% de interés en enero, según el Banco de España.

Este tipo mínimo del 0,59% es el que los bancos españoles están pagando por el casi billón de euros que las familias tienen en depósitos: se superó, por primera vez en la historia, el listón del billón de euros en diciembre de 2022 (1.004.342), un 48% más que en 2008 (678.904 millones ahorrados por los hogares en depósitos) y un gran salto desde antes de la pandemia (853.200 millones en depósitos en 2019), porque las familias se lanzaron a ahorrar tras el confinamiento y la incertidumbre por la nueva crisis. Los bancos han estado estos años sin pagar casi nada por estos depósitos: remuneraban el 0,07% en junio de 2022, antes de la primera subida de tipos del BCE, y sólo subieron al 0,27% en septiembre, para cerrar el año pagando el 0,64%, que ahora baja al 0,59%.

Además de no pagar casi nada por el ahorro, los bancos españoles son los que menos pagan entre los bancos de los grandes paises europeos, según los datos del BCE: ese 0,69% que pagaban en diciembre por los depósitos a menos de 2 años es menor del 1,20% que pagaban los bancos de la zona euro, del 1,83% que pagaban los bancos italianos o el 1,40% de los bancos alemanes, con 9 paises europeos pagando más del 1% por los depósitos. Y en los depósitos a más de 2 años, los bancos españoles pagaban un 0,97% de media a finales de 2022, frente al 1,81% que pagaban los bancos de la zona euro, el 2,15% de Italia, el 2,11% de Francia y el 1,70% de los bancos alemanes. No sólo pagan menos por el ahorro. Los bancos españoles también cobran más por las hipotecas: 3,345% en enero de este año, frente al 3,160% que cobraban los bancos de la zona euro.

El Banco Central Europeo (BCE) ya ha lanzado varias advertencias a los bancos europeos, apoyadas por el Banco de España, para que suban el interés a los depósitos, quejándose de que esta vez no han repercutido apenas la subida de tipos en el ahorro, como sí hicieron en las subidas de tipos de 2005 y 2010. El BCE tiene otra razón de peso para “amonestar a los bancos: si está subiendo los tipos oficiales (6 veces este jueves) es porque encareciendo el dinero quiere frenar la actividad, para bajar la inflación. Pretenden no sólo encarecer el crédito sino también subir en paralelo el interés que se paga por los depósitos, para que las familias ahorren más y gasten menos, para frenar así la demanda y la inflación. Así que la “racanería” de la banca desbarata sus planes

La banca ha reaccionado subiendo algunos tipos de sus depósitos, pero sólo a modo de “efecto escaparate”, utilizando bancos online o subiendo la remuneración a algunos clientes y empresas, pero no el interés medio que pagan, que incluso bajó en enero. Y esta resistencia a pagar más por el ahorro se debe a que la banca no lo necesita, porque tiene un “exceso de liquidez, no necesita más recursos para prestar tras todos estos años en que el BCE se ha dedicado a crear liquidez, comprando deuda, para evitar una mayor crisis tras la pandemia. Actualmente, la proporción entre préstamos y depósitos supera el 90% en la banca española (prestan menos del dinero disponible). Una situación completamente diferente a la de 2007, cuando les faltaba liquidez para prestar (la ratio entre préstamos y depósitos superaba el 140%), e incluso la de 2009 a 2015 (con una ratio prestamos/depósitos del 110 al 120%). En resumen: como no necesitan dinero para prestar (les sobra liquidez), apenas lo pagan.

Ante este panorama, hay muchos ahorradores enfadados con la banca, que están buscando otro destino para su dinero. Ya en enero y febrero, muchos se lanzaron a comprar Letras del Tesoro a un año, con colas ante las oficinas del Banco de España después de que colapsase la web del Tesoro para comprar Letras online. La fiebre por las Letras del Tesoro sigue ahí y en la subasta del 7 de marzo se han recibido peticiones por 1.050 millones de particulares, tras anteriores peticiones de 1.200 millones en enero y febrero, duplicando con creces cada mes las peticiones de Letras de particulares en todo 2021 (400 millones). En esta subasta de marzo, el Tesoro ha pagado un tipo del 3,295% (2.983% en enero), 5,5 veces más rentabilidad de la que paga la banca por los depósitos y con una mínima comisión (0,15%).

Una parte de los ahorradores se han ido a las Letras, pero son una minoría: el saldo en depósitos de las familias bajó en enero (por primera vez), pero sólo en 13.300 millones, con lo hay casi 1 billón de euros rentando el 0,59%. A partir de ahí, los ahorradores “pelean con sus bancos” para que les den más intereses. Y la banca responde de dos maneras. Por un lado, trata de subir algo el interés a sus mejores clientes (de “banca privada”) y a las empresas (que son “más exigentes” y tienen más recursos), que están recibiendo un tipo del 1,66% (el triple que la media de clientes). Y por otro, intentan colocarles Fondos de inversión, un producto sencillo para ellos y por el que reciben altas comisiones de las gestoras (que cobraron a sus clientes 3.500 millones en 2021 en concepto de comisiones).

Ahora, pues, la pelea de los bancos no es por captar el ahorro (no hay “guerra del pasivo, como en 2007 o en 2019, porque los bancos no necesitan liquidez) sino por evitar que sus clientes se vayan, ofreciéndoles Fondos con la etiqueta de “alta rentabilidad”. De hecho, los Fondos están captando la mitad del dinero que se ha ido de los depósitos a plazo, según INVERCO, que prevé un aumento de dinero en los Fondos del 9,66% en 2023, hasta alcanzar los 336.000 millones de euros. La banca está centrando su oferta de Fondos, frente a las Letras del Tesoro, en Fondos conservadores, concretamente en 4 tipos: Fondos de renta fija (ligados a la deuda pública), Fondos monetarios (deuda a corto), Fondos “garantizados” y Fondos con “rentabilidad objetivo”, dos fórmulas que ofrecen una rentabilidad garantizada, que no es tal, como advierte la CNMV, que se queja de que los bancos no advierten a sus clientes del riesgo que tienen todos los Fondos. En cualquier caso, el “truco” es ofrecer una “rentabilidad escaparate”, que evite fugas de clientes y asegure jugosas comisiones.

Toda esta operativa de los bancos, que se resume en cobrar lo más posible por el crédito y pagar lo menos posible por el ahorro, ha sido una bendición para sus márgenes, que se han disparado con la actual subida de tipos, multiplicando sus beneficios. Además de mejorar el negocio con sus clientes, la banca española (y europea) ha hecho también negocio con el BCE, aprovechando sus medidas para asegurar la liquidez en Europa. Trataré de explicarlo, porque es algo complejo y poco conocido, pero bastante escandaloso.

El Banco Central Europeo (BCE), a la vista de la debilidad de la economía europea primero y de la pandemia después, inyectó 2,2 billones de euros a la economía, a través de líneas de financiación a la banca (a 742 bancos europeos), un dinero por el que las entidades pagaban un interés negativo (o sea, cobraban) del -0,5% primero  y el -1% después. Muchos bancos europeos no prestaron todo este dinero y lo depositaron en el BCE, que les cobraba por ello el interés que recibían (primero el -0,5% y luego el -1%). Hasta aquí bien. Pero en julio, el BCE elevó la remuneración a los bancos de estos depósitos al 0%, con lo que la banca europea hacía negocio, al haber recibido dinero del BCE al -1%. Y en septiembre, el Banco Central Europeo elevó el tipo de interés a los bancos (“tipo de facilidad de depósito”) al 0,75%, con lo que el negocio que hacían por depositar el dinero que les habían prestado en el BCE (“arbitraje”) era “redondo”. Tal es así, que a principios de septiembre sólo tenían depositados en el BCE 683.000 millones y para finales de octubre ya tenían 4,6 billones.

El beneficio extra de la banca europea con este dinero, que en su mayoría les había prestado el BCE (para prestar y reanimar la economía, no para especular), era importante: sólo en el cuarto trimestre de 2022, los expertos estimaron que ganarían 8.000 millones extras, sobre todo los bancos españoles e italianos, los que más han utilizado este sistema. De hecho, la estimación hablaba de que este “arbitraje” permitiría a Unicaja y Bankinter aumentar un 50% sus beneficios en el 4º trimestre de 2022 y a CaixaBank un 30%. Finalmente, el 27 de octubre, el BCE cambió el sistema y desde el 23 de noviembre, los bancos cobran el mismo interés por el dinero depositado en el BCE que lo que pagan por los créditos recibidos. Pero en estos meses, han hecho un negocio redondo, a costa del BCE y los europeos.

Con este negocio extra y el habitual de subir los márgenes (cobrando más por el crédito que lo que pagan por el ahorro), la banca española ha hecho su agosto, mientras familias y empresas se agobian con la subida de tipos. En 2022, los 6 grandes bancos (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja) han tenido un beneficio de 20.850 millones, un 28% más que en 2021, los mejores resultados de su historia para Santander y BBVA.

Y además, dos bancos españoles son los más rentables de Europa, con la mayor rentabilidad sobre el capital tangible (RoTE): BBVA (6.420 millones de beneficio, un 15,3% de rentabilidad) y Santander (9.605 millones y el 13,4%), por delante del finlandés Nordea (3.595 millones de beneficio y 13,3%), del francés Credit Agricole (8.144 millones de beneficio y 12,6%), del italiano UniCredit (5.227 millones de beneficio y 10,7%) y el francés BNP Paribas (3.145 millones y 10,2% de rentabilidad). Y en 7ª posición está CaixaBank (3.145 millones y 9,8% de rentabilidad), por delante del francés Societé Genérale (2.108 millones y 9,6%), del holandés ABN Amro (1.867 y 8,7%) y Deutsche Bank (5.025 millones y 8,4% de rentabilidad).

Los bancos españoles ganan más, entre otras cosas, porque sus clientes pagamos más por las hipotecas y créditos y cobramos menos por los depósitos y el ahorro. Y su beneficio récord, a costa de la mejora de márgenes (ingresaron 71.532 millones por margen de intereses) y la drástica subida de comisiones (ingresaron 26.280 millones en 2022) se ha destinado en mayor medida a repartir dividendos a sus accionistas y a pagar “supersueldos”. Así, este año 2023, los grandes bancos repartirán entre el 40 y el 55% de sus beneficios en dividendos, con lo que también lideran la banca europea: el Sabadell se sitúan en primer lugar por rentabilidad de dividendo (9%), cerca del italiano Intesa San Paolo (9,1%), ocupando el 6º lugar el BBVA (6,9%) y el 8º CaixaBank (6,4% de rentabilidad por dividendo).

Otra parte del histórico beneficio se ha ido en sueldos a directivos y ejecutivos. Ya en 2021, hubo 221 banqueros españoles que cobraron más de 1 millón de euros (se repartieron casi 500 millones en sueldos, con 2,16 millones de media), siendo los terceros mejor pagados de Europa, tras Austria (38 banqueros con 2,41 millones de media) y  Liechtenstein (10 banqueros y 2,31 millones), por delante de Francia (1,88 millones para 371 banqueros), Alemania (1,76 millones para 589) e Italia (1,69 millones para 351 banqueros).

Con estos beneficios, dividendos y sueldos, el Gobierno Sánchez y el Congreso aprobaron  un impuesto temporal sobre beneficios extraordinarios de la banca, por la subida de tipos, que grava el 4,8% de los intereses y comisiones cobrados en España. Así esperan recaudar 1.500 millones sobre los beneficios de 2022 y otros 1.500 millones sobre los beneficios 2023. El 15 de febrero, la patronal bancaria AEB y la de las Cajas (CECA) presentaron dos recursos ante la Audiencia Nacional contra este impuesto. Y además, cada banco ha recurrido ya el pago del impuesto que han tenido que hacer en febrero, como anticipo a cuenta del impuesto correspondiente a 2022. Además de esta “batalla jurídica”, los bancos utilizan el impuesto como “argumento” para explicar por qué no pagan más por los depósitos

En los próximos meses, no se espera que la banca remunere mejor el ahorro, salvo “ofertas escaparate” que ya están haciendo bancos online, neobancos y bancos tradicionales sólo para sus mejores clientes y empresas. Los expertos creen que, con el Euribor al 4%, los bancos no pagarán más del 25%, o sea que el tope estará en el 1% de media. Al menos hasta que el BCE reduzca más la liquidez en Europa, a partir de junio. Pero si no tira el crédito y las hipotecas se frenan por los altos tipos, tampoco la banca va a necesitar más liquidez ni entrar otra vez en peleas por el ahorro. Sobre todo cuando entre los 6 grandes bancos controlan el 75% de los depósitos. Poco podemos hacer ante un oligopolio.

 

jueves, 6 de mayo de 2021

Banca: despidos escandalosos

En plena pandemia, mientras la mayoría de empresas tratan de salvar sus empleos, los grandes bancos españoles planean despedir este año a 21.000 empleados, el 11,2% de su plantilla. Y no es por la actual crisis (ya tienen beneficios), sino por el ajuste del negocio y las fusiones que el Gobierno apoyó, aunque ahora critique los despidos. Y los sindicatos (que han pactado otros 100.000 despidos antes) amenazan con movilizaciones porque ahora les bajan las indemnizaciones… El problema de fondo es que la banca tiene que cambiar totalmente su modelo de negocio, ante la competencia de los bancos online y los gigantes de Internet, porque así no sobreviven ni con la cuarta parte de plantilla. Y es un escándalo que despidan en plena crisis, cuando han recibido ayudas públicas y tienen elevados beneficios para repartir dividendos a sus accionistas y pagar sueldos y bonus estratosféricos a sus directivos. Y encima, nos dejan sin servicio en media España y nos “fríen” a comisiones a los clientes. Necesitamos “otra banca”.

Enrique Ortega

Seguimos pagando los platos rotos de la “burbuja financiera” que se creó en España a comienzos de este siglo y que estalló en 2008. A finales del siglo XX y comienzos del XXI, bancos y Cajas se lanzaron a una loca carrera por dar crédito, sobre todo al ladrillo, lo que les permitió conseguir 122.438 millones de euros de beneficios entre 2000 y 2008, el triple que en la década anterior. Para ello, llenaron España de sucursales (de 25.786 en 1980 a 45.707 en septiembre de 2008) y de empleados (pasaron de 226.804 a 276.497 en 2008). Pero entre 2008 y 2010 estalló la burbuja y bancos y Cajas comenzaron los ajustes, cerrando sucursales (18.778 entre 2008 y 2016) y despidiendo personal, año tras año: 9.114 en 2009, 5.994 en 2010, 15.433 en 2011, 11.664 en 2012, 18.339 en 2013 (el récord hasta 2021), 14.297 en 2014, 5.100 en 2015 y 9.574 en 2016. Y no se paró ahí, porque han seguido cerrando sucursales y ajustando plantillas hasta 2019. En total, bancos y Cajas han cerrado 23.073 sucursales (el 50,5%) y despedido 94.922 empleados (el 34%).

Este duro proceso de ajuste, junto a los cierres y absorciones de entidades por la crisis financiera de 2013, les ha permitido mantener un alto nivel de beneficios: 100.604 millones ganados entre 2009 y 2019. Pero cada vez les resulta más difícil ganar más, porque el negocio bancario se ha complicado. Por un lado, apenas hay demanda de crédito, porque empresas y bancos salieron escaldados de endeudarse, y encima los tipos de interés están en el 0%, con lo que su margen bancario se resiente. Y por otro lado, cada vez tienen más competencia, de nuevos financiadores de empresas y particulares,  nuevos bancos online sin estructura que les quitan clientes y los gigantes de Internet (Apple, Google, Amazon, Facebook) y las telecos, que ofrecen servicios financieros. La solución que ven es lanzarse a nuevas fusiones, ganar tamaño para competir mejor. Pero las fusiones tienen un problema: se duplican sucursales y personal: hay que hacer más recortes.

Y así llegamos a 2021, en que hay que ejecutar los despidos y cierres de sucursales derivados de las fusiones anteriores, tras el paréntesis de 2020, por la pandemia. CaixaBank anuncia primero 8.291 despidos (que ahora reduce en 500), el tercer ERE en 2 años, fruto de la absorción de Bankia (culminada en marzo de 2021). Dos días después es BBVA el que anuncia 3.800 despidos (que también reduce luego en 350). Y Santander ya ha negociado el despido de 3.572 empleados más, el tercer ERE en 6 años, esta vez como consecuencia de la absorción en 2018 del Popular. Y quedan los despidos de 1.800 empleados del Sabadell, 750 despidos más de Ibercaja y 2.000 más por la fusión de Unicaja y Liberbank. En total, los expertos creen que habrá 21.000 despidos en la banca este año 2021, lo que supone un 11,5% de sus ya menguadas plantillas (181.575 empleados). Y en paralelo, se cerrarán este año otras 4.000 sucursales más (de las 22.589 que quedaban).

Varios ministros del Gobierno han criticado estos despidos en un año de pandemia, donde “no estamos para despidos”. Pero este Gobierno apoyó con entusiasmo la fusión de CaixaBank con Bankia (y antes la absorción del Popular), aunque sabían que iban a acarrear despidos. Y choca también la crítica de los sindicatos bancarios, que amenazan ahora con “movilizaciones, cuando han pactado antes sin problemas casi 100.000 despidos desde 2008. La diferencia está en que los despidos actuales ofrecen menos indemnizaciones y eso es lo que critican, no los despidos. De hecho, los EREs de la banca han sido “un chollo” para los despedidos, que han disfrutado de condiciones que ya querrían el resto de despedidos: indemnizarles con el 65 al 80 % del sueldo, apuntarse al paro a los 58 y jubilarse anticipadamente a los 63 años. Ahora, Caixabank ofrece bajas indemnizaciones (20 días por año y hasta el 50% del sueldo) y la mitad de los despedidos son menores de 50 años, que no podrán jubilarse anticipadamente. Y además, CaixaBank empeora también las condiciones de los empleados que se quedan: les quita pagas (una curiosa, “por defunción de familiares”), ayudas por natalidad, recorta las mejoras salariales y, sobre todo, reduce la aportación del Plan de pensiones de los empleados. Por eso tanta protesta.

Estos nuevos despidos de los grandes bancos son escandalosos por varias razones. La primera, porque España no está para despidos masivos, con casi 4 millones de parados y una tasa de paro que duplica con creces la europea. Y se fomentan las jubilaciones anticipadas, que quiere penalizar la prometida reforma de las pensiones. Además, no se hacen porque la banca tenga pérdidas. En 2020, el año de mayor recesión económica (-10,8%) desde la guerra civil, todos los grandes bancos tuvieron beneficios (1.361 millones CaixaBank, 230 millones Bankia, 1.305 millones BBVA), salvo el Santander (-8.771), que apuntó pérdidas por una actualización del Fondo de comercio de sus filiales y por provisiones extras. Pero en 2021, los beneficios de la banca se disparan. El Santander los ha multiplicado por 5 en el primer trimestre , mientras BBVA ha ganado 1.210 millones (perdió 1.792 el primer trimestre de 2020). Y lo mismo CaixaBank, que ha multiplicado también por 5 sus beneficios este primer trimestre (+514 frente a +90 el año pasado. Mientras, FACSET prevé que los 7 grandes mejoren un 60% sus beneficios y ganen este año 15.000 millones de euros.

Pero además, estos despidos son un escándalo porque algunos reducen plantilla cuando han recibido ayudas públicas, como CaixaBank, que se queda con una Bankia donde los españoles han puesto 24.000 millones de ayudas públicas (que ya veremos si recuperamos). Y la fusión le permite además a CaixaBank conseguir beneficios fiscales, ahorrarse 7.400 millones en impuestos. Y también conseguirá otros 7.878 millones de beneficios extraordinarios, por el fondo de comercio negativo: la diferencia entre lo que CaixaBank paga y su valor en libros se computará como beneficio contable. Y estas ayudas fiscales y contables han beneficiado también en estos años, de una u otra forma,  a Santander, BBVA o Sabadell, que han absorbido Cajas y bancos en crisis.

Otra razón por la que estos despidos son escandalosos es que la banca los justifica para reducir costes y equilibrar sus cuentas cuando llevan décadas destinando entre un 40 y un 50% del beneficio neto a pagar dividendos a los accionistas, no a reducirlos para reconvertirse y competir mejor. En 2019, repartieron 7.300 millones en dividendos (el 44% del beneficio de 2018), que podrían haber ido a evitar los 5.607 despidos de ese año. En 2020 repartieron menos, unos 2.000 millones, porque el BCE aprobó una recomendación el 27 de marzo para que renunciaran al pago de dividendos y la recompra de acciones, para “garantizar la solvencia y la financiación”. Pero algunas Juntas de accionistas ya lo habían aprobado para esa fecha y así BBVA, Sabadell, Bankia, Abanca, Ibercaja y Cajamar repartieron todo el dividendo en el primer trimestre de 2020 (con cargo a los beneficios 2019). Y sólo Santander y CaixaBank recortaron la cuantía, según el Banco de España. Ahora, tras este lapsus, van a repartir de nuevo dividendos en abril y mayo, un 15% de los beneficios de 2019 y 2020. Sí hay dinero para pagar a los accionistas, no para mantener las plantillas.

La cuarta razón por la que estos despidos bancarios son un escándalo es que contrastan con los sueldos millonarios y los “bonus” (primas) de los directivos bancarios, que están entre los banqueros mejor pagados de Europa (ver cuadro) . Mientras el BBVA despide 3.450 nuevos empleados este año, su presidente ganó 4,09 millones en 2020 (tuvo el detalle de bajarse el sueldo, por la pandemia, desde los 7,28 millones en 2019) y su consejero delegado 3,43 millones (6,19 en 2019), más bonus, acciones y planes de pensiones. Y mientras Caixabank despide a otros 7.791 empleados (y recorta ingresos al resto), su consejero delegado gana 2,83 millones (3,76 millones en 2019) y el nuevo presidente Goirigolzarri (que era el de Bankia) ha triplicado su sueldo (de 500.000 a 1,65 millones). Y lo mismo en el Santander (6,82 millones la presidenta y 6,02 millones el consejero delegado) y en el Sabadell (1,99 y 1,46 millones), sin olvidar los sueldos y bonus de sus ejecutivos.

Y además, el cierre de sucursales (a finales de 2021 habrá 18.500, el 40% de las que había en 2008) y los despidos (habrá 160.500 empleados, el 58% que en 2008) perjudicarán al servicio que se ofrece a la mayoría de los clientes. La patronal bancaria siempre argumenta que España tiene muchas más oficinas que el resto de Europa (1 por 1.700 habitantes frente a 1 por 5.000 en Alemania), pero olvidan decir que aquí hay más dispersión de población. Y que tenemos menos empleados de banca por habitante: 37 por 100.000 habitantes frente a 54 de media en la UE-27. Y además, la reconversión bancaria se ha cebado más en la España rural: la mitad de los municipios españoles (4.114 municipios) no tienen oficina bancaria, según un estudio de IVIE. Y ese dato sube al 80% de los pueblos en 6 provincias (Ávila, Salamanca, Guadalajara, Segovia y Soria), a más del 75% de los municipios en otras tres (Burgos, Valladolid y Zamora) y al 60% de los pueblos en Cuenca o Teruel. Y además, con los últimos cierres y los que habrá en 2021, los más afectados por la falta de sucursales, cajeros y empleados son las grandes ciudades, en especial Madrid y Barcelona.

El ajuste de la banca no sólo nos afecta a los clientes porque nos atienden peor, al contar con menos sucursales y empleados, sino que sobre todo lo notamos en que intentan cobrarnos más comisiones, para compensar lo que no ingresan por créditos e hipotecas. Ya en 2020, los 5 grandes bancos consiguieron 23.666 millones de euros por cobro de comisiones, más de la cuarta parte (un 27,67%) de su margen bruto. Y el Banco de España les anima incluso a seguir subiéndolas, para mantener sus beneficios. Con ello, los 10 principales bancos españoles cobran de media 140 euros al año de comisiones a sus clientes menos vinculados, un coste que varía entre los que más cargan comisiones (Caixa Bank y Santander, una media de 240 euros al año) y el que menos (45 euros de comisiones Bankinter), con 120 euros el Sabadell y otros (ver cuadro con lo que cobran las entidades). Y ahora, con la crisis, BBVA, Santander y CaixaBank han dado “una vuelta de tuerca” a sus clientes, exigiéndoles que contraten más servicios para no cobrarles más comisiones.

Con la crisis financiera y los cierres y despidos de 2013, bancos y Cajas empeoraron su imagen pública ante los clientes: “La reputación de la banca está bajo mínimos. Es un problema muy serio”, dijo en 2015 Gonzalo Gortázar, hoy consejero delegado del mayor banco de España, Caixabank. Y desde entonces, no ha mejorado, con los despidos, cierres y cobro de comisiones. De hecho, “los clientes desconfían más de su banco tras la COVID por el cobro de comisiones”, según un reciente estudio “Emociones de la banca 2021”. Así, tienen aún más difícil competir, sobre todo entre los jóvenes, con los neobancos por Internet (N26, Qonto, Pleo, Vivid…), tarjetas y medios de pago online (PayPal, Vialet, Nickel) , nuevas financieras (hay 403 Fintech), telecos que ofrecen cuentas y créditos (Orange, Movistar) y los grandes de Internet (Google, Amazon, Apple).

El problema de la banca española no es que tenga muchos empleados o sucursales: ni siquiera con la cuarta parte de su plantilla puede afrontar los bajos tipos de interés, la escasa demanda de crédito y el reto tecnológico. No es una cuestión de recortar costes al máximo, sino de recomponer su negocio desde casi cero, repensarlo y diversificarlo totalmente. Y en ese camino, tendrán que reconvertir sus plantillas no suprimirlas (formarlas en otro negocio) y recomponer sus relaciones con los accionistas (el beneficio tendrá que ir a cimentar un nuevo futuro) y el sueldo de sus directivos. Y, sobre todo, el servicio que prestan a los clientes y lo que cobran por ello, en un mundo de servicios low cost y gratuitos. En paralelo, los Gobiernos tendrán que asegurar otros canales de financiación a empresas y particulares, no sólo dejarnos en manos de la banca. Y lo mismo el BCE y el Banco de España: tendrán que asegurar que el dinero (la sangre de la economía) fluye con flexibilidad y sin tanta especulación, con más oferta, no sólo 4 bancos que controlan dos tercios del mercado.

Necesitamos la banca, pero otra banca, más transparente, más eficiente y más justa, volcada en la recuperación y el empleo, no en destruirlo. Y necesitamos otras empresas que compitan con ellos en prestarnos múltiples servicios financieros, pero con más control público que ahora, para que no suframos más sustos y crisis. Controlar a quien mueve nuestro dinero es clave.