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jueves, 20 de junio de 2019

Se fuma más: el mayor riesgo para la salud


Las ventas de tabaco en España vuelven a subir en 2019, tras aumentar en 2018, por primera vez desde 2015. Y han aumentado los fumadores, hasta los 9 millones, más que en 2005, antes de las dos Leyes antitabaco. El tabaquismo es el mayor problema de salud pública mundial para la OMS, porque provoca 8 millones de muertes al año, 52.000 muertes en España. Una epidemia que dispara gastos sanitarios y laborales, con un coste de 1 billón de euros, 16.000 millones en España. Médicos y expertos denuncian que “se ha bajado la guardia” contra el tabaco, aunque sea el mayor riesgo para la salud. Y piden que se cumpla la Ley que impide fumar en lugares públicos y se extienda a recintos deportivos, playas y coches con niños. Y subir los impuestos y el precio de la cajetilla, la mitad que en media Europa. Y que Sanidad pague los fármacos anti-tabaco, medida que aprobará este año. Guerra abierta al tabaco.

enrique ortega

El cigarrillo es el artefacto más mortífero en la historia de la civilización humana”, según declaró a la BBC el historiador británico Robert Proctor: sólo en el siglo XX produjo 100 millones de muertos, más que las dos guerras mundiales juntas. Y en este siglo XXI, si no se toman medidas drásticas, provocará otros 450 millones de muertos sólo hasta 2050, según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de reiterar que el tabaquismo es “una de las mayores amenazas para la salud en el mundo” y ha pedido a los paises que refuercen sus medidas contra el tabaco, dado que dos tercios del mundo no vigilan ni reducen su consumo.

Uno de cada cinco habitantes de la Tierra (mayores de 15 años) fuma: son 1.100 millones de personas y casi la mitad  acabarán enfermando o muriendo por el tabaco, el primer factor de riesgo de cardiopatías y quien provoca casi la mitad de las muertes cardiovasculares así como el 30% de los cánceres (el 80% de los de pulmón) y múltiples enfermedades respiratorias, así como infertilidad, abortos y problemas en los niños que respiran su humo. La OMS alerta que el tabaco mata a una persona cada 4 segundos: 8 millones de muertes al año, de las que 1 millón son no fumadores expuestos al humo de los demás (humo que contiene 4.000 productos químicos, de los que 250 son nocivos y 50 cancerígenos). De hecho, la OMS alerta que 165.000 niños mueren al año en el mundo por respirar humo ajeno. Y sobre  los fumadores activos, indica que 1 de cada 6 fallece prematuramente.

Además, la OMS advierte que las enfermedades provocadas por el tabaco están colapsando la sanidad de muchos paises, provocando enormes costes económicos, a los que hay que añadir los costes del tabaquismo para las empresas, por absentismo y bajas laborales. En conjunto, el coste económico del tabaquismo asciende a 1,4 billones de dólares anuales (1,16 millones euros), el 2% del PIB mundial, según un estudio de Tobacco Control. Y a ello habría que añadir los problemas que plantea el comercio ilícito, el contrabando de tabaco (1 de cada 10 cigarrillos en el mundo), que financia las mafias, el crimen organizado y el tráfico de personas, además de reducir los ingresos fiscales.

En Europa, el tabaco causa la muerte de 650.000 europeos al año, de ellos 52.000 españoles, según el Comité para la Prevención del Tabaquismo (CNPT). En España se fuma por encima del promedio de la OCDE: hay un 22,1% de mayores de 15 años que fuman diariamente (2016), frente al 16,8% en la OCDE, el 25% en Grecia, el 17% en Portugal, el 22% en Francia, el 20% en Italia y el 16% en Portugal, según el Barómetro de Salud de FEDEA 2018. Pero los últimos datos de Sanidad, la Encuesta EDADES 2017,  revela que está aumentado el número de fumadores: el 34% de los españoles (15 a 64 años) ha fumado en el último mes, frente al 30,8% en 2005 y el 32,8% de 2005, cuando se aprobó la primera Ley antitabaco, seguida de otra en 2010 (año con el 30% de fumadores). Y la última Encuesta del Semfyc, de mayo de 2019, lo confirma: en 2018 fumaban el 23,2% de españoles, un 2,3% más que en 2017.

Son unos 9 millones de fumadores (5 millones hombres y 4 millones mujeres), concentrados sobre todo en familias de rentas bajas y medias, aumentando los fumadores entre las mujeres y sobre todo entre los jóvenes: el 24% de los “veinteañeros” son fumadores, según la Encuesta de Semfyc. Y empiezan a fumar mucho antes. Somos el país europeo donde los adolescentes empiezan antes a fumar, a los 14 años, según la Encuesta ESTUDES (y cada vez más, a los 11 y 12 años). Y España encabeza también el ranking europeo de adolescentes que fuman, el 33% de las chicas y el 29% de los chicos de 14 a 18 años, según la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA). Un hábito que, según los médicos, causa serios problemas a los jóvenes: asma, enfermedades respiratorias y vasculares o trastornos en la alimentación y el sueño.

Este aumento de los fumadores, tras unos años a la baja o estabilizados, se confirma con los datos de ventas de tabaco en España, que aumentaron en 2018 (11.752 millones de euros, un +0,87%) y más este año 2019 (3,64 millones hasta abril, un +2,5%), tras bajar las ventas desde 2010 (salvo en 2015), según los datos del Comisionado para el Mercado de Tabacos. El número de cajetillas vendidas crece este año 2019 un +2,1% (690.000 hasta abril), tras 10 años bajando o estancadas (2,231 millones en 2018 frente a 2,237 en 2017), algo que se debe a dos factores. Uno, que muchos fumadores se han pasado del cigarrillo al tabaco de liar, más barato, cuyas ventas se han disparado: de 209 millones en 2007 a 1.002 millones de euros en 2018. Y el otro, el auge del contrabando de tabaco, que ya supone el 9,3% del consumo y que en algunas regiones, como Andalucía llega al 31,1% (casi la mitad viene de Gibraltar), según la consultora IPSOS. De hecho, en 2018 se aprehendieron 775.052 cajetillas de tabaco (7% ventas), según el Comisionado para el Mercado de Tabacos.  Y cada año se desmantelan fábricas clandestinas de tabaco, promovidas por mafias del Este.

España, con 4.580 millones de cigarrillos anuales (2017), es el 8º fabricante de tabaco en Europa (1,02%), un mercado que produjo 447.000 millones de cigarrillos en 2017 (950 cigarros por europeo), por un valor de 4.900 millones de euros, según datos de Eurostat. El primer fabricante es Alemania (31%, casi 150.000 millones de cigarrillos fabricados), seguida de Polonia (23%), Rumania (14%), Grecia y Portugal (5% cada uno) y Bulgaria (4%). En el mercado español, las cuatro grandes multinacionales tabaqueras se reparten las ventas, según el Comisionado para el Mercado de Tabacos: el 32,10% la norteamericana Philip Morris (Marlboro, LM, Chesterfield), el 28,23% Altadis, antigua Tabacalera controlada ahora por la británica Imperial Brands (R1, Ducados, BN, Fortuna, West), el 23,08% la japonesa JTI (Winston, Silk Cat) y otro 11,39% la británica BAT (Vogue, Lucky Strike, Rothsmans).

El negocio del tabaco vende en España por valor de 11.752 millones de euros, una cifra similar a la de 2007 (11.809 millones), aunque ha bajado desde el máximo de 2010 (12.992 millones), por las dos Leyes antitabaco. Y también se ha estabilizado la recaudación fiscal: el tabaco aportó 7.016 millones en impuestos en 2018, casi lo mismo que en 2017 (6.978) y un 14% más que en 2014 (6.153 millones). Una cifra insuficiente para financiar los costes sanitarios que provoca el tabaco en España, 7.695 millones anuales, según la cifra estimada por el CNPT sólo para paliar las 5 principales enfermedades que produce (patología coronaria, EPOC, asma, enfermedad cerebrovascular y cáncer de pulmón). Y a eso habría que añadir otros 8.780 millones de costes para las empresas, por absentismo, pérdida de productividad y limpieza. En total, 16.475 millones de costes anuales, a sumar a los miles de enfermos y los 1.000 muertos a la semana.

Por todo ello, el tabaco se ha confirmado como el mayor problema de salud pública, en el mundo y en España. Lo peor, según la OMS, es que la mayoría de personas no está informada de las graves consecuencias del tabaquismo: así, un estudio en China reveló que dos tercios de la población no sabía que el tabaco causaba graves enfermedades. Y además, no se toman medidas: sólo 26 paises (33% de la población mundial) disponen de servicios nacionales para ayudar a dejar de fumar, según la OMS. Y sólo 37 paises (15% de la población mundial) prohíben la publicidad del tabaco, mientras la mayoría apenas lo penalizan con impuestos: sólo 32 paises (10% población mundial) imponen impuestos al tabaco que superan el 75% de su precio. Y aunque hay ya 78 paises (47% población mundial) que advierten en las cajetillas de los riesgos del tabaco, estas advertencias (“el tabaco mata”) no funcionan.

En general, la guerra contra el tabaco no avanza apenas porque la industria tabaquera es muy poderosa y su negocio factura 633.000 millones de euros al año, algo más de la mitad del PIB español (1,2 billones). Con esta fuerza, las multinacionales intentan ganar nuevos mercados en paises pobres y en desarrollo (Asia, África y Latinoamérica) y nuevos clientes, entre las mujeres y los jóvenes, presionando a los Gobiernos para que no suban los impuestos al tabaco y buscando fórmulas para eludir las restricciones a la publicidad y para lanzar nuevos productos. Así, la OMS acaba de denunciar el uso de la Fórmula 1 y la MotoGP para hacer publicidad encubierta del tabaco en estos deportes multitudinarios. Y se han disparado las ventas de “tabaco alternativo”, los cigarrillos electrónicos (de 6 millones vendidos en 2011 a 38 millones en 2018) y el tabaco calentado (PTC), que utilizan ya 7 millones de fumadores en el mundo. Son dos formas de seguir fumando, que tratan de atraer a los jóvenes (en España, el 20,1% de los adolescentes de 14 a 18 años han “vapeado” alguna vez) y que son rechazados por nocivos, tanto por la OMS como por los médicos (“su nicotina les hace adictivos y es una puerta trasera para acabar fumando”) y el Ministerio de Sanidad.  

Frente a estos intentos de la poderosa industria tabaquera por sobrevivir, la OMS ha propuesto a los Gobiernos las 6 medidas MPOWER (iniciales en inglés de cada una): vigilar el consumo de tabaco y medidas de prevención, proteger a toda la población del humo, ofrecer asistencia a los que quieran dejar de fumar, advertir de los peligros del tabaco, hacer cumplir las prohibiciones sobre publicidad, promoción y patrocinio y aumentar los impuestos al tabaco. Y además, controlar el contrabando, un tabaco aún más peligroso para la salud.

En España, los principales Colegios de médicos, enfermeros, farmacéuticos, psicólogos  y otros profesionales de la salud, junto con numerosas sociedades científicas y asociaciones de pacientes y consumidores, firmaron en junio de 2018 esta “Declaración por la salud y para elavance de la regulación del tabaco en España”. En ella, advierten que “se ha bajado la guardia” en la lucha contra el tabaquismo, dado que 1 de cada 4 adultos fuma y sigue habiendo una gran parte de la población expuesta al humo, porque se permite fumar en muchos lugares públicos y en los regulados, no se cumple la Ley antitabaco. Y dado que el tabaco “causa la muerte prematura a la mitad de los fumadores habituales”, piden al Gobierno que se tomen con urgencia medidas, básicamente cuatro.

La primera y fundamental, actuar sobre los impuestos del tabaco. Por un lado, aumentar el impuesto del tabaco (especiales + IVA), que es más bajo en España: supone un 78,8% del precio de venta, en línea con Portugal (78,1%), Italia (74,4%) y Alemania(74,4%), pero mucho más bajo que en Finlandia(86%), Reino Unido e Irlanda (84%), Grecia (83,9%), Polonia (81,2%) o Francia (80,8%), según datos de Eurostat (2016). Y con ello, una cajetilla de Marlboro, por ejemplo, cuesta en España 5 euros (como en Portugal), en Italia 5,40, en EEUU 6,2 euros, en Francia 8 euros, en Reino Unido 11,23 euros y en Australia 18,34 euros. Por otro, equiparar los impuestos a todo el tabaco, porque ahora pagan menos el tabaco de liar o de pipa (cuyas ventas también se han disparado, para fumarlo) y los electrónicos. Los expertos indican que una subida de precio del 1% reduce el consumo de tabaco un 10%.

La segunda medida es actuar sobre la publicidad del tabaco, siendo más estrictos en la prohibición legislada (ampliándola a tabaco de liar, pipas, cigarrillos electrónicos y estancos) y suprimiendo los patrocinios. Y aprobar el “etiquetado neutro”, cajetillas sin marca y con fotos y advertencias de riesgo (vea aquí fotos de cajetillas así etiquetadas). Esta medida baja las ventas, porque quita a la cajetilla todo el “atractivo” de la marca y diseño actual. Ya ha sido aprobada por 9 paises: Australia (2012), Francia y Reino Unido (2016), Noruega e Irlanda (2017), Nueva Zelanda y Hungría (2018), Uruguay (enero 2019) y Eslovenía (para enero 2020), según este informe. Y estudian implantarlo Canadá, Finlandia, Bélgica, Rumanía, Turquía y otros 11 paises de Asia, África y Latinoamérica.

La tercera medida importante que proponen es exigir el cumplimiento de la prohibición de fumar en los lugares públicos que fija la Ley, ampliando la prohibición a cigarrillos electrónicos y a otros lugares públicos (recintos deportivos o playas y paradas de autobuses) y en coches con niños, una prohibición que va a aprobar este año la Generalitat de Cataluña. Y en paralelo promover campañas públicas contra el tabaco y en favor de los "hogares sin humo".

Su cuarta propuesta es incluir los tratamientos contra el tabaco en la sanidad pública (SNS), dado que consideran el tabaquismo comouna enfermedad más que hay que tratar”. Hoy por hoy, los medicamentos contra el tabaco (parches y pastillas), sólo se financian en Navarra, desde 2017 (el paciente paga sólo una parte, como en las demás recetas), con un gran resultado (tienen un 10% de fumadores menos que la media). Si se incluyera en el SNS, el coste sería de unos 61 millones de euros, pero ayudaría a la deshabituación de 18 de cada 1.000 fumadores: unas 200.000 personas dejarían de fumar al año, según un estudio de la Universidad Internacional de Cataluña. Eso habría que combinarlo con unidades contra el tabaquismo en los hospitales, ayuda psicológica y mayor formación a los médicos de familia. Con esta combinación, fármacos financiados y atención psico-sanitaria, podrían dejarlo del 30 al 40% de los fumadores, frente al 5% que hoy lo consiguen sin ayuda, según estima la sociedad científica Sociodrogalcohol. Es mucho: ahorraría 350 muertes a la semana y 5.600 millones de costes sanitarios y laborales anuales. Es como para intentarlo.

De momento, la ministra de Sanidad en funciones ya dijo en mayo que están preparando el expediente para incluir los fármacos antitabaco en las recetas, quizás este año, aunque va a depender de las autonomías (que pagan la parte pública de los medicamentos) y de los laboratorios, con los que se quieren negociar precios (las pastillas cuestan 68 euros para un mes y los parches 107 euros). También se abordará con las autonomías exigir un mayor cumplimiento de la Ley antitabaco en espacios públicos, quizás aprobando su extensión a espacios deportivos, paradas de autobús, playas y coches. Y Sanidad abre también la puerta a aprobar una nueva Ley antitabaco en esta Legislatura.

Son medidas concretas que habría que aplicar sin demora, en una guerra sin cuartel contra el tabaco, el mayor riesgo para la salud. Es urgente que nos lo tomemos en serio, cada uno y el país en conjunto. Porque nos estamos jugando la vida, la de los que fuman y la de los que estamos al lado y respiramos su humo, niños y embarazadas sobre todo. Adiós al tabaco.

jueves, 6 de julio de 2017

El consumo de tabaco apenas baja


La venta de tabaco lleva 4 años estabilizada en España, entre 2013 y 2016, tras haber bajado casi a la mitad desde 2009, por las Leyes antitabaco de 2005 y 2010, cuyo efecto se ha  frenado. Y aunque este 2017 bajan algo las ventas, por la subida de impuestos y precios en enero, los médicos alertan de que todavía el 31% de españoles fuman cada día, más que la media europea. Y les preocupan sobre todo los jóvenes: España es el país europeo con más adolescentes que fuman y donde empiezan antes, entre los 11 y 13 años. Por todo ello, médicos y expertos piden un Plan nacional contra el tabaquismo, con más recursos, Campañas públicas (no se hacen desde 2007), ayudas a los tratamientos farmacológicos y psicológicos, cajetillas sin marca  y una subida de impuestos, la medida más efectiva. Y eso porque el tabaco causa 55.000 muertos al año y provoca el 12% del gasto sanitario público. Guerra abierta al tabaco.



                                                                     enrique ortega  

Uno de cada cinco habitantes de la Tierra (mayores de 15 años) fuma: son 1.100 millones de personas y muchos acabarán enfermando y muriendo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que considera al tabaco como el primer factor de riesgo sanitario, por delante del sobrepeso y el sedentarismo. De hecho, el tabaco es responsable de 100 millones de muertes en el mundo durante el siglo XX, el doble de muertes que provocaron las 2 Guerras Mundiales. Y si no se toman medidas drásticas, el tabaco provocará otros 450 millones de muertes en el mundo sólo en la primera mitad de este siglo XXI (2000-2050), según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Además de provocar enfermedades y muertes, el tabaco tiene un alto coste económico, tanto para las empresas (por absentismo y pérdida de productividad) como para los sistemas sanitarios: su coste asciende a 1,4 billones de dólares anuales, el 2% del PIB mundial, según un estudio de Tobacco Control.

En el mundo, el tabaco provoca cada año 7 millones de muertes, la mayoría a los propios fumadores (6,1 millones), pero también a los que están al lado (890.000 muertes de “fumadores pasivos”), según la OMS, que revela que el 80% de las muertes por tabaco se producen en paises pobres y en desarrollo. Y 700.000 muertes por tabaco se producen cada año en Europa, 55.000 muertes en España. Los médicos alertan que el tabaco es el primer factor de riesgo de cardiopatías y provoca casi la mitad de las muertes cardiovasculares en varones de 30 a 44 años, así como el 30% de todos los cánceres (el 80% de los de pulmón) y muchas enfermedades respiratorias e incluso en niños (que comparten el humo de sus padres). Se estima que en España, el tabaco provoca unos gastos sanitarios de 8.000 millones de euros anuales (el 12% del gasto sanitario público) y unos costes a las empresas de otros 8.000 millones, evaluando los costes de las bajas y la menor productividad.

En España, las leyes antitabaco de 2005 (con normas que restringían la venta, la publicidad y el consumo) y de 2010 (limitando fumar en lugares públicos) supusieron un gran freno al consumo de tabaco, que bajó casi a la mitad: de 4.067 millones de cajetillas vendidas en 2009 a un mínimo de 2.375 millones de cajetillas en 2013. Pero a partir de ahí, el efecto disuasorio se frenó y el consumo de tabaco se ha estabilizado en 2014 (2.339 millones de cajetillas vendidas), 2015 (2.325 millones) y 2016 (2.323 millones de cajetillas), según los datos del Comisionado para el Mercado de Tabacos. Y lo mismo ha pasado con el importe de las ventas: si en 2013 las tabaqueras ingresaron 10.217 millones de euros en España, en 2015 y 2016  habían ingresado 10.312 millones, un 1% más. A favor del estancamiento en el consumo de tabaco han jugado unos precios estables y la mejora de la economía.

Ahora, en 2017, el consumo de tabaco ha bajado algo, un 3% de enero a mayo (870 millones de cajetillas frente a 898 en 2016), según los datos oficiales, porque el tabaco subió de precio en enero, entre10 y 15 céntimos por cajetilla, al repercutir las tabaqueras la subida de impuestos aprobada por el Gobierno en el Presupuesto 2017 (el tipo específico subió un 2,5% y el 6,8% para el tabaco de liar). Una subida que pactaron las tabaqueras entre ellas, según denuncia el expediente abierto por la Comisión de la Competencia (CNMC), que acusa a Philip Morris, Altadis, Japan Tobacco Internacional y British American Tobacco (las 4 multinacionales que controlan el 96% del tabaco que se vende en España) de pactar precios y normas de mercado, lo que puede acarrearlas elevadas multas a estas tabaqueras.

A pesar de esta mínima bajada de ventas en 2017 , los expertos destacan que la caída del consumo de tabaco lleva años estabilizada, sin avanzar. Y más porque los datos oficiales de consumo no reflejan el tabaco de contrabando que se fuma: el tabaco ilegal supone el 7,7% del consumo legal (nada menos que 180 millones de cajetillas), segúndatos de Altadis, aunque hay dos zonas donde supone un tercio del consumo: Andalucía (el 28% del tabaco que se fuma es de contrabando) y Extremadura (20%). Por eso, aunque Andalucía es una de las regiones españolas con más fumadores, figura por debajo de la media en la estadística oficial de consumo de tabaco, publicada por el Comisionado para el Mercado de Tabacos: 64 cajetillas por habitante, frente a las 79 cajetillas de media en España o las 116 cajetillas de Navarra y las 114 de Baleares. Y lo mismo, el contrabando, explica el bajo consumo oficial de tabaco de Extremadura (82 cajetillas por persona) y Galicia (76).

Al final, los datos indican que España sigue teniendo un alto porcentaje de fumadores, a pesar de las leyes antitabaco: un 31% de españoles entre 15 y 64 años han fumado en el último mes, según el Informe 2016 sobre Alcohol, Tabaco y Drogas ilegales, publicado por el Ministerio de Sanidad. Y el último Eurobarómetro indica que España es el 9º país europeo que más fuma: un 28% de españoles (datos 2015), por encima de la media europea (26% en la UE-28), por debajo de Grecia (38% fumadores), Bulgaria y Francia (36%), Letonia (32%), Polonia (30%), república Checa o Lituania (29%), pero muy por encima de paises que han reducido drásticamente el consumo de tabaco, como Suecia (7% de fumadores), Reino Unido(17%) o Dinamarca, Bélgica, Irlanda y Holanda (20% fumadores).

Con todo, lo que más preocupa a médicos y expertos son los jóvenes: el 25,9% de los chicos y chicas españoles entre 14 y 18 años ha fumado en el último mes, según la última encuesta ESTUDES (datos 2014). Y los pediatras han dado la alerta: España encabeza la clasificación europea de adolescentes que fuman, el 33% de las chicas y el 29% de los chicos de 14 a 18 años, según datos de la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA). Y además, somos también el país europeo donde los adolescentes comienzan antes a fumar, entre los 13 y 14 años, según la Encuesta ESTUDES (y cada vez más, a los 11 y 12 años). Un hábito que causa serios problemas médicos a los adolescentes, como asma, enfermedades respiratorias y vasculares, además de trastornos en la alimentación y el sueño.

Rajoy, en cinco años y medio de Gobierno, no ha tomado ninguna medida extra contra el tabaquismo, salvo trasponer la Directiva europea del tabaco de mayo de 2014, aprobando el pasado 9 de junio una serie de normas, con 13 meses de retraso (somos, junto a Luxemburgo, el país de los 28 que más se ha retrasado en aplicar las normas antitabaco europeas, que debían haberse adoptado en mayo de 2016). El cambio principal, que las tabaqueras llevan aplicando desde hace un año (para evitar problemas con Bruselas) es que las cajetillas tienen ahora alertas sanitarias (fotos y textos) más grandes, que ocupan el 65% del frontal y el 50% de los laterales. También se eliminan los tabacos con sabores y el mentolado, aunque se da de plazo a las tabaqueras hasta 2020. Y se prohíben las cajetillas de menos de 20 cigarrillos, exigiendo además un tamaño mínimo a las bolsas del tabaco de liar. Y se restringe el cigarrillo electrónico, con más advertencias en el envase y una reducción de líquidos.

Son pasos en la buena dirección, aunque lleguen con retraso. Pero médicos y expertos creen que hay que ir más allá, que España ha perdido iniciativa en la lucha contra el tabaco frente a otros paises europeos más decididos, como Reino Unido o los paises nórdicos. Y proponen dar un salto, como en 2005 y 2010, considerando el “tabaquismo como una enfermedad crónica” y aprobando  un Plan integral contra el tabaco, propuestas lanzadas en común por el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT), la Fundación Española del Corazón (FEC) y la Asociación Española contra el Cáncer (AECC). Un Plan estatal, con apoyo político y más recursos, para promover medidas eficaces contra el tabaquismo.

La primera medida sería financiar los tratamientos farmacológicos y psicológicos contra el tabaquismo, que hoy no cubre la sanidad pública, salvo ayudas parciales a la financiación de fármacos en Canarias y Cataluña. No tiene sentido que se financien los medicamentos contra la diabetes o la tensión arterial y no los medicamentos con vareciclina y otros sustitutos de la nicotina, que podrían ayudar a dejar de fumar y evitar muchas enfermedades y costes sanitarios, lo mismo que determinados tratamientos psicológicos. De hecho, los gobiernos autonómicos de Navarra, Comunidad Valenciana y Madrid han anunciado que van a subvencionar los tratamientos antitabaco. Pero los médicos creen que debería ser una medida estatal, dentro de un Plan nacional contra el tabaquismo que también refuerce la atención a los fumadores en toda la sanidad pública, desde pediatras y médicos de familia a la ampliación de las unidades de tabaquismo de los hospitales, con más medios y recursos.

Otra necesidad es impulsar Campañas de prevención contra el tabaquismo, sobre todo en los jóvenes. No se entiende que la última campaña antitabaco se hiciera en 2007. Ni que la Dirección general de Tráfico, por ejemplo, gaste 12 millones de euros en las Campañas de prevención de accidentes y el Estado no gaste un euro en Campañas contra el tabaco, que mata 50 veces más que el tráfico y la carretera.

Un tercer frente de actuación es subir los impuestos, la medida más eficaz contra el tabaco según la OMS. En España, la fiscalidad del tabaco (impuestos especiales más IVA) supone un 78,7% del precio final. O sea, que si una cajetilla de Marlboro cuesta 4,95 euros hoy, 3,89 euros son impuestos. Un porcentaje mayor de impuestos del que pagan los carburantes (51% del precio final) o el alcohol (42%). Pero aun así, el tabaco en España está en la media de impuestos en Europa. Paga más que en Alemania (74,4%), Italia (76,7%), Holanda (77,5%) o Bélgica (77,5%), pero menos que en Finlandia (86% precio final), Reino Unido (84%), Irlanda (84,1%), Grecia (83,9%) o Polonia (81,2%). O sea, que hay margen para subir impuestos en España. Y más cuando el precio del tabaco en España es un 16% más barato que la media europea, según los últimos datos de Eurostat (2015): su índice de coste es 84, frente a 100 en la UE-28, 118 en Suecia, 127 en Francia o el 218 de Reino Unido (casi el triple de precio que España). Sólo hay 14 paises de los 28 con el tabaco más barato que en España y de ellos, 12 son paises del Este (los otros dos, Grecia y Chipre).

También se puede avanzar en el diseño de las cajetillas: médicos y expertos creen que sería más disuasoria  una cajetilla sin marca, un empaquetado genérico sin logos ni información promocional. Australia ya introdujo estas cajetillas “blancas” en 2012 y luego las han aprobado Reino Unido, Irlanda, Francia y Hungría. La Comisión Europea deja que esto lo decida cada país, pero el Gobierno Rajoy no quiere aprobar estas cajetillas, que defiende la OMS. Otras medidas propuestas son el control de la publicidad encubierta del tabaco (en la TV y el cine), el mayor rigor con las terrazas de bares y restaurantes y ampliar los espacios sin humo: a los estadios de fútbol (como ha legislado el Gobierno vasco), a los alrededores de edificios públicos, hospitales y centros educativos, e incluso al interior de coches y hogares donde se fume y haya niños menores. Ampliar más aún la “guerra contra el tabaco”.

Se fuma menos pero todavía se fuma demasiado y llevamos tres años de “impasse” en la batalla contra el tabaco, que se cobra 150 muertos diarios y colapsa nuestra sanidad. Hay que tomárselo más en serio, con medidas más duras y eficaces, la principal que el tabaco sea más caro: subir un 5% la cajetilla (25 céntimos) evitaría 3.000 muertes en España los próximos 20 años, según cálculos del CNPT. Habría que hacerlo, dentro de ese Plan integral contra el Tabaco que debería aprobarse cuanto antes. Hay que acabar de una vez con un hábito que enferma, mata, arruina nuestra sanidad y amenaza a los más jóvenes. Guerra al tabaco, una epidemia que debería terminar este siglo.

jueves, 18 de febrero de 2016

Adiós al tabaco "español"


En junio cierra la fábrica de tabaco de Logroño, la última que produce cigarrillos (Fortuna y Ducados) en la Península. Con ella, son 12 las fábricas de tabaco cerradas en España desde 1999, con 6.000 empleos perdidos. Es la consecuencia de un desplome del consumo (se venden la mitad de cajetillas que en 2008) y de un aumento del contrabando, que supone ya 1 de cada 10 cajetillas vendidas. La industria del tabaco está en crisis en EEUU y Europa y sólo aumentan las ventas en Asia, por lo que las multinacionales trasladan allí sus fábricas. Pero el tabaco causa todavía demasiadas muertes en el mundo, una cada 6 segundos. Y España es el 9º país con más fumadores de Europa y donde los jóvenes empiezan antes. Por eso, los médicos piden que suban los precios del tabaco (aquí es más barato) y que las cajetillas denuncien más claramente que mata. Entre el empleo y la salud, la opción está clara.
 

enrique ortega


El tabaco fue una de las grandes industrias de España en el siglo XIX, aportando hasta un 16% de la riqueza del país. Pero hoy sólo supone el 1% del PIB y las ventas se han desplomado al nivel de consumo que había en 1965: en 2015 se vendieron en  España 2.325 millones de cajetillas, casi la mitad que en 2008 (4.514 millones). La facturación cayó mucho menos, sólo un -11,8% (de 12.365 millones vendidos en 2008 a 11.904 millones en 2015), porque el precio del tabaco se ha disparado en estos años, sobre todo por la subida de impuestos: la cajetilla ha subido un 77% desde 2008 y un paquete de Marlboro (la marca más vendida) ha pasado de costar 3 euros (2008) a valer ahora 4,85 euros.

El desplome en la venta de cigarrillos se debe a varias causas. Empezó con la prohibición de la publicidad del tabaco, desde enero de 2006, y se agravó con la crisis, que hizo que mucha gente fumara menos (se ha pasado de 20 a 14 cigarrillos al día de media) y marcas más baratas. Pero el gran cambio se dio el 1 de enero de 2011, cuando entró en vigor la Ley que prohíbe fumar en bares, restaurantes, oficinas y edificios. Posteriormente, en 2011, 2012 y 2013 subieron los impuestos al tabaco, que suponen un 80% del precio final de los cigarrillos. Y eso hizo subir la venta de tabaco de contrabando, que no paga impuestos. La puntilla ha sido la crisis de Oriente Medio, que ha recortado las exportaciones de tabaco “español” a Siria e Irak, antes importantes compradores.

Con la crisis y la prohibición de fumar en locales, las tabaqueras hicieron frente a la caída de ventas lanzando una “guerra de precios”, con objeto de promocionar marcas más baratas que siguieran captando clientes y ganaran cuota de mercado. Surgió así el tabaco “low cost”, por debajo de 4 euros la cajetilla, que deja menos margen pero mantiene fumadores (Altadis disparó las ventas de West Brooklyn, fabricado en Logroño). Y empezó la moda de fumar tabaco de liar, más barato, aunque su venta se retrajo al subirle los impuestos en 2013 (ahora han subido las ventas de tabaco de pipa, para liar, que paga menos impuestos). En 2015, el mercado español de cigarrillos se lo repartieron las multinacionales Philip Morris (USA), con Marlboro (15% cuota) y Chesterfield (8,8%), Japan Tobacco (JTI), con Winston (12,5% de cuota) y Camel (7%), y la británica Imperial Tobacco (dueña de Altadis, fruto de la fusión de Tabacalera y la francesa Seita), con la marca Fortuna (7,4% de cuota).

El lobby (grupo de presión) de las tabaqueras (multinacionales) lleva años quejándose, en Bruselas y en España, de que el desplome de su negocio se debe a la fuerte subida de impuestos al tabaco, que ha disparado el contrabando. Y dan un dato: si en 2010, el tabaco de contrabando suponía el 3,9% de las ventas, en 2014 llegó al 12,5%. Eso obligó a muchos países europeos a tomar medidas contra el contrabando, porque mermaba sus ingresos fiscales. Y así, en 2015 el contrabando ya ha bajado al 10,6% en España, según Altadis, aunque hay dos zonas donde supone un tercio de las ventas: Andalucía (el 34% del tabaco que se consume es de contrabando) y Extremadura (31%).

En Europa, el contrabando de tabaco surgió hace una década, pero en España se ha recrudecido a partir de 2013, por el surgimiento de fábricas de tabaco clandestinas, creadas en polígonos industriales por mafias europeas (lituanas, polacas, bielorrusas o griegas), que importan maquinaria (como si fuera agrícola), tabaco a granel y tecnología, fabricando millones de cajetillas (hasta 3 millones a la semana) de tabaco ilegal (“pata negra” o “polvorón” ) que luego son distribuidos por pueblos y ciudades por mafias españolas. En los dos últimos años, las fuerzas de seguridad han desmantelado 8 de estas fábricas de tabaco ilegal por toda España. Además, hay multinacionales tabaqueras europeas (la griega Karelia o la luxemburguesa H. Van Landewyck) que fabrican "marcas blancas" de tabaco que acaban en el mercado ilegal español (y europeo). La tercera vía del contrabando es Gibraltar: miles de cajetillas que pasan cada día a España por carretera o en lanchas, con la connivencia del gobierno gibraltareño, según ha denunciado España y las tabaqueras.

El éxito del tabaco de contrabando es su precio, la mitad que el tabaco legal, lo que permite a un fumador habitual ahorrarse una media de 100 euros al mes. El problema lo tienen no sólo las tabaqueras, que pierden un 10% de sus ventas, sino el Estado, que también recauda menos: en 2015, Hacienda ingresó 9.137 millones de euros por  impuestos del tabaco (impuesto especial más IVA) y se estima que dejó de ingresar otros 1.000 millones por el contrabando. Una actividad ilegal poco castigada, ya que los responsables detenidos suelen acabar con penas de hasta 2 años de prisión. Y el tránsito por Gibraltar no baja.

La caída de ventas, por el menor consumo, el auge del contrabando y la caída de exportaciones, ha provocado que la multinacional británica Imperial Tobacco decida cerrar a finales de junio la fábrica de Altadis en Logroño, fundada en 1890 y en la que trabajan 471 personas, fabricando Fortuna, Ducados o West Brooklyn . Con ella, son ya 12 las fábricas de tabaco cerradas en España en los últimos diecisiete años, en Madrid (1999), La Coruña, Gijón, San Sebastián, Valencia, Alicante y Málaga (2002), Tarragona y Sevilla (2007), Cáceres (2012) y Cádiz (2014). Y ya no quedará ninguna fábrica de cigarrillos en la Península (sólo una fábrica de puros y puritos en Santander), manteniéndose sólo una factoría de Japan Tobacco (JTI) en Canarias. Adiós al tabaco “español”.

La industria del tabaco tiene problemas en todos los países y más tras haber sido 2015 el primer año en que cayeron las ventas de tabaco a nivel mundial. En EEUU, las ventas han caída a la tercera parte desde 1982 y en Europa casi a la mitad, pero crecen en Asia (por China y la India), en África y Latinoamérica. Eso provoca que las multinacionales cierren plantas en EEUU y Europa (el año pasado, Imperial Tobacco cerró sus plantas de Nantes, en Francia, y Nottingham, en Reino Unido) y que ahora se cierre la planta de Logroño, a pesar de la oferta de ayudas del Gobierno Rajoy  y de ser la tercera fábrica más eficiente entre las 40 plantas de Imperial Tobacco en el mundo. Se trata de poner las fábricas donde está ahora el consumo, en los países emergentes.

A pesar de la caída de ventas, el tabaco es un gran problema sanitario en todo el mundo: en EEUU, causa la muerte de 500.000 norteamericanos cada año (con un coste de 300.000 dólares anuales). En Europa, según la Comisión Europea, el tabaco mata al año a 700.000 personas, con un coste sanitario de 25.000 millones de euros. Y en España, el tabaco sigue siendo la primera causa de enfermedad y muerte, según los médicos: provoca 55.000 fallecimientos al año, con unos elevados costes sanitarios (8.000 millones al año) y a las empresas (8.780 millones por pérdida de productividad, absentismo y gastos limpieza).

Y a pesar de la caída del consumo, España sigue fumando mucho: fuman diariamente un 23% de los españoles adultos y un 2,3% más de forma ocasional, según la última Encuesta de Salud del INE (2014). Y la tasa de fumadores sólo ha bajado un 2% tras estos 5 años de prohibir fumar en lugares públicos. Además, España es el 9º país de Europa con más fumadores, según el Eurobarómetro de 2014: nos daba un 29% de fumadores, frente al 26% de media de toda Europa (y el 17% en USA), sólo por detrás de Grecia, Bulgaria, Croacia, Francia, Chipre, Eslovenia, Hungría y Letonia. Y lo peor: España es el país europeo donde los jóvenes empiezan antes a fumar: a los 16,7 años de media, casi un año antes que en el conjunto de Europa (17,6 años), según el Eurobarómetro de 2014.

Y mucho tiene que ver el precio: en España, el tabaco es más barato que en la mayoría de Europa, con un precio medio de la cajetilla de 4,30 euros (2014), que está muy alejado de los 10,78 euros por cajetilla de Noruega, los 9,45 de Reino Unido o los 9,30 de Irlanda, y por debajo de los 6,83 euros de Suiza, 6,60 euros de Francia, los 6,32 de Holanda, los 5,64 de Dinamarca, los 5,26 de Alemania o incluso los 5 euros por cajetilla de Italia, según datos del Comité nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT).

En mayo de 2016 entrará en vigor la nueva Directiva Europea contra el tabaco, aprobada en 2014 tras muchas presiones del “lobby” tabaquero, que obliga a vender unas nuevas cajetillas, con más espacio para fotos y advertencias de que el tabaco mata (ver aquí nuevos diseños). Pero los médicos y el Comité nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) piden que el futuro Gobierno español que vaya más allá y obligue a las tabaqueras a implantar el “empaquetado genérico”, una nueva cajetilla neutra, con el mismo color, tamaño y forma, sin logotipos y con más espacio para advertir que el tabaco mata. Lo implantó Australia en 2012, lo ha aprobado Irlanda y Reino Unido  y está pendiente en Francia, Finlandia y Hungría, mientras el Gobierno Rajoy lo descartó. Además, los médicos y la Comisión Europea advierten contra el cigarrillo electrónico, que consideran ineficaz, no inocuo (el vapor contiene sustancias tóxicas) y un elemento que “normaliza” el fumar.

Pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) cree que hay que “ir más allá” en la guerra contra el tabaco, porque provoca la muerte de una persona cada 6 segundos, 6 millones de personas al año, que, al ritmo actual, serán 10 millones de muertes en 2030. Y la OMS cree que lo único de verdad efectivo contra el tabaco es subir el precio, por lo que pide a todos los países que suban los impuestos al tabaco. Según cálculos del CNPT, subir un 5% la cajetilla en España evitaría 3.000 muertes en los próximos 20 años.

Al final, el dilema que se plantea es optar entre mantener el empleo en la industria del tabaco o arremeter contra ella con todos los medios, aunque se cierren fábricas, porque está demostrado que causa muchas muertes y enormes costes sanitarios. La elección parece clara: la salud antes que nada. No pueden chantajearnos con el paro. Cierren y váyanse. Pero no nos vendan tabaco hecho en Asia, sin crear trabajo aquí. Hay que acabar de una vez con un consumo y una industria que mata. Es otro gran reto del mundo para el siglo XXI.