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jueves, 26 de noviembre de 2020

El Black Friday dispara las ventas online


Llevan días bombardeándonos con ofertas para que compremos en este Black Friday de la pandemia, el más generalizado desde que en 2012 copiamos esta fiesta del consumo USA. Va a ser un test del “miedo” de los españoles a gastar, porque muchos están en paro o ERTE y otros temen que la recesión se alargue. Pero empresas y plataformas se han volcado en la campaña, intentando que adelantemos las compras de Navidad. Y se preparan para mover 100 millones de pedidos, mientras el pequeño comercio pierde ventas y Amazon monopoliza el 15% de todas las compras online. Con la pandemia, España ha disparado el comercio electrónico y son ya 22 millones los españoles que compran online, un porcentaje inferior a Europa. Eso sí, sólo el 6,5% de las empresas españolas venden por Internet, lo que exige un esfuerzo para digitalizar la economía, sobre todo las pymes. El objetivo del Plan España Digital 2025 (con fondos europeos) es que lo hagan el 25%. Toca reconvertirse.

El comercio electrónico ya había dado un gran salto en España antes de la pandemia. De hecho, en 2019, las ventas online facturaron en España 48.826 millones de euros, el triple que cinco años antes (15.891 millones en 2014), según la estadística oficial de la Comisión de la Competencia (CNMC). Y en estos años, el aumento de las ventas por Internet rondó el +25% anual. En 2020, el último dato oficial es del primer trimestre, con lo que no incluye los efectos de la pandemia y el confinamiento: el comercio electrónico facturó 12.243 millones de enero a marzo 2020, un 11,6% más que en el primer trimestre de 2019. Pero después, con el cierre de comercios y posterior limitación de horarios, todo apunta a que las ventas online se dispararon, al menos hasta la desescalada de junio, hasta un +20%. Y ahora parecen haberse estabilizado al alza, a la espera del Black Friday y la Navidad.

El último dato oficial, publicado por Estadística (INE) en noviembre, confirma este tirón del comercio electrónico en 2020: un 62,6% de los españoles (de 16 a 74 años) han comprado por Internet en el último año, según la encuesta telefónica hecha a 25.837 hogares entre el 2 de marzo y el 15 de septiembre. Son 22 millones de españoles que han comprado online,  1,6 millones más que un año antes y el doble de los que compraban por Internet en 2014  (27,5% de españoles). La encuesta revela que los que más compran online son los jóvenes de más edad (el 73,2% de los que tienen 25 a 34 años y el 69,2% de los que tienen entre 35 y 44 años), seguidos de los más jóvenes (61,8% entre 16 y 44 años), bajando entre los mayores (el 37.2% entre 55 y 64 años y el 20,5% de 65 a 74 años). Lo que ha cambiado con la pandemia es el gasto: en 2019, la mayoría se gastaba en viajes y espectáculos y ahora, en ropa y calzado (39,6%), ordenadores, móviles y tablets (24,.2%), artículos deportivos (22%) y productos para el hogar (4,5%), según el INE.

A pesar de este gran salto en el comercio electrónico, España todavía está retrasada respecto a las compras por Internet en la mayoría de Europa: en 2019, ocupábamos el puesto 11º por la cola en la Unión Europea (sólo por delante de Italia, Grecia, Portugal, Chipre y 6 paises del Este), con un 58% de compradores por Internet frente al 63% de media en la UE-28 y muy alejados de los paises punteros en comercio electrónico (87% de consumidores compran online en Reino Unido, 84% en Dinamarca, 82% en Suecia, 81% en Holanda, 79% en Alemania, 73% en Finlandia o 70% en Francia), según Eurostat. Eso sí, en compras totales por Internet, España es el 4º mercado europeo (48.826 millones facturados en 2019), sólo por detrás de Reino Unido, Alemania y Francia.

Ahora, empresas y plataformas se han volcado en el Black Friday para consolidar el empuje de ventas por Internet desatado por la pandemia. El objetivo es conseguir unas ventas sin precedentes, aprovechando las restricciones a la movilidad y al aforo en los comercios. Y tratando de que los consumidores anticipen estos días las compras de Navidad y Reyes. Para conseguirlo, han anticipado el Black Friday a la semana pasada y en muchas plataformas seguirán las ofertas otra semana más, extendiendo las ventas a productos que estaban al margen del Black Friday (como juguetes o préstamos bancarios). Y con un gasto disparado en publicidad online y en los medios tradicionales.

Las grandes plataformas  de venta online y los operadores logísticos  se han preparado para una “avalancha de ventas, con un 30% más de empleados (1,1 millones) y un 22% más de superficie de almacenamiento (16 millones de m2): esperan entregar 100 millones de pedidos hasta fin de año, 50 millones en torno al Black Friday (y 10 millones sólo el próximo lunes 30 de noviembre, el “pico” de entregas). Pero algunos expertos no están tan seguros de que se disparen las ventas en este Black Friday de la pandemia, porque hay mucha gente afectada por la recesión (800.000 más en paro y 680.000 en ERTEs) y el resto tiene incertidumbre sobre el futuro, con lo que pueden restringir sus compras. De hecho, las familias ahorran más que nunca (el 21% de la renta en el 2º trimestre, el triple que en 2019), porque ahora no viajan y gastan menos fuera de casa.

Por todo ello, este Black Friday y la campaña de Navidad van a ser un test sobre “el miedo de los españoles” ante el futuro: si les pesa más la incertidumbre sobre el final de la pandemia y la recuperación o el bombardeo de mensajes para que compren a golpe de click. De hecho, algunos expertos ya han denunciado que las plataformas utilizan “maniobras” para fomentar compras online compulsivas: ofertas de tiempo limitado, contadores con los productos que quedan disponibles (manipulados en muchos casos), información sobre los que ya han comprado o descuentos falsos (suben precios antes para luego bajarlos), sin olvidar gastos ocultos que aparecen al confirmar la compra.

El auge de las ventas online tiene un efecto positivo para los consumidores: la mayor competencia, que se traducen en muchos casos en precios a la baja, como señala el Banco de España, quien añade que eso no perjudica a las empresas porque aunque les bajen los márgenes, también les bajan los costes al vender online, con lo que mantienen beneficios o incluso los suben. Pero eso sucede con las grandes empresas, no tanto con las pymes, que en muchos casos no acceden a las ventas online y sufren su competencia. De hecho, sólo el 6,5% de las empresas españolas pueden vender por Internet, según un estudio de Bee Digital a partir de una muestra en más de 1 millón de comercios. Y sólo el 40% del pequeño comercio se suma al Black Friday (la mayoría, con descuentos en las tiendas físicas), según la Confederación Española del Comercio (CEC).

La realidad es que las ventas online son un negocio de unas pocas grandes empresas y plataformas de Internet, donde destaca a mucha distancia Amazon: en 2019 facturó en España por 7.567 millones de euros (con 152 millones de entregas), el 15% de todas las ventas online y más que sus 10 siguientes competidores junto, según el ranking TOP 300 de E-Show Magazine. Le sigue muy de lejos la plataforma china AliExpress, que factura  1.320 millones (y entrega 42 millones de pedidos anuales). Y por detrás están El Corte Inglés (1.320 millones facturados online), Carrefour (813 millones), Ikea (734), Media Mark (615), Joom (452), Día (415), PC Componente (404) y e-Bay (399 millones). Un inciso sobre Amazon: sus ventas en España las factura a través de filiales en Luxemburgo y paraísos fiscales, con lo que en 2019 sólo pagó a Hacienda 3,53 millones de impuestos.

Otro punto negro de las ventas online es la utilización que hacen las grandes plataformas de los datos de sus clientes, de nuestros datos, sin olvidar los riesgos de seguridad que tenemos (robo de datos y tarjetas). Las autoridades europeas y la Agencia de Protección de Datos están muy preocupadas por la utilización de la información sobre nuestras compras y la posible reventa de nuestras pautas de consumo. Y no hay que olvidar la desprotección en muchos casos de los consumidores, en cuanto a sobreprecios, devoluciones, retrasos, etc.

Pero quizás, el mayor problema de fondo del comercio electrónico es que fomenta una economía low cost, donde todo vale con tal de ofrecer el precio más bajo. Y eso pasa no sólo por rebajar la calidad y el servicio sino también por promover un mercado laboral precario en las empresas que ofrecen los productos low cost, con un exceso de contratos temporales (o falsos autónomos) y bajísimos salarios. Es algo en lo que no solemos pensar como consumidores: para conseguir esa camiseta o ese juguete electrónico “tirado de precio” estamos fomentando que una empresa “subcontrate y mal pague” a sus trabajadores. Y que muchas pequeñas empresas (un comercio o una librería) cierren.

A pesar de todas estas “pegas”, el comercio electrónico ha venido para quedarse y crecer, revolucionando la economía en este siglo. Así que habrá que adaptarse, sobre todo las pymes, que ahora apenas cuentan. Porque los consumidores estamos preparados para las compras online (32,8 millones de españoles, el 93,2% de la población, han usado Internet en los últimos 3 meses, según el INE), pero no la mayoría de nuestras empresas: sólo un 20,6% de empresas españolas venden por Internet, según un estudio de UGT, lo que nos sitúa en el puesto 11 de los 28 paises UE. Y menos aún las pequeñas empresas (98% del total): sólo venden online el 5,81% de las microempresas (menos 10 trabajadores) y el 18,17% de las pequeñas (10-50 empleados), frente al 28,86% de las medianas (50-250 empleados) y el 41,68% de las grandes empresas que sí venden por Internet.

Este problema, el bajo nivel digital de España y sus empresas es advertido por la Comisión Europea año tras año. En su último informe, España 2020”, publicado en febrero, las autoridades comunitarias alertaban otra vez sobre “la escasa utilización de las nuevas tecnologías que hacen las pymes españolas”, la falta generalizada de capacidades digitales de los españoles y la escasez de especialistas TIC (señalando que son sólo el 2,9% de los ocupados. Y pedían al Gobierno español más recursos y más formación en digitalización, mientras prometían movilizar más de 20.000 millones de euros en los próximos años para que Europa “plante cara” a EEUU y China en la inexorable revolución digital.

La pandemia ha acelerado el reto de la digitalización y el Consejo Europeo aprobó el 21 de julio un Plan de Recuperación (“Next Generation EU”) para invertir 750.000 millones de euros en modernizar las economías europeas, destinando un tercio de estos recursos (subvenciones y créditos) a la digitalización de las economías comunitarias. En esta línea, el Gobierno español aprobó el 23 de julio el Plan “España Digital 2025, que tiene dos grandes objetivos para fomentar el comercio electrónico. Uno, que en 2025 toda la población española tenga una cobertura aceptable de Internet (100 Mbps), permitiendo un acceso digno a la Red en la España vaciada (hoy, 13 millones de españoles no disponen de un acceso de calidad, según el informe “Las sombras de Internet en España”). Y el segundo, que un 25% del negocio de las pymes sea a través del comercio electrónico.

Para avanzar en este Plan “España Digital 2025” se cuenta con una parte importante de los Fondos europeos aprobados en julio, de los que 140.000 vendrán a España en los próximos 5 años. El Gobierno aprobó en octubre un Plan de Recuperación que va a destinar un tercio del total  (140.000 millones en los próximos 5 años),  a la digitalización de la economía, en especial de las pymes. En los tres primeros años (2021-2023), el objetivo es invertir 70.000 millones, 50.000 privados y 20.000 públicos (15.000 de los 72.000 millones de las subvenciones esperadas de Fondos europeos).  Y otros 70.000 millones entre 2024 y 2025. Todo para que tengamos una economía más digitalizada, con un mayor peso de Internet en los procesos productivos y en las ventas de las empresas.

Tenemos una gran revolución por delante para que la tienda de barrio o la librería de la esquina vendan una parte importante de su facturación por Internet. La pandemia, con el confinamiento y las limitaciones a la movilidad, ha forzado a muchas pymes a ponerse las pilas, pero queda una gran tarea por hacer, para formar plantillas, reconfigurar procesos y adaptarse a las nuevas tecnologías. Y también los consumidores tenemos que adaptarnos a un mundo cada día más digitalizado. Pero no hay otro camino. Eso sí, Internet no debería servirnos para comprar por comprar, para disparar el consumismo, porque eso agrava el cambio climático y la precariedad laboral. Hay que comprar con cabeza, lo que nos haga falta, para no acabar con unos recursos naturales limitados. Con o sin Black Friday.

lunes, 24 de diciembre de 2018

Una Navidad 2018 con menos gasto


La Navidad es la gran fiesta del consumo: las familias gastan más que el resto del año en comida, bebida, regalos, ocio y hasta en algún viaje. Pero este año, las tiendas notan que se gasta con menos “alegría” (incluso en juguetes), quizás porque la inflación se ha comido las escasas subidas de salarios y pensiones y porque muchas compras se adelantaron a noviembre, al Black Friday. Y también porque soplan vientos de crisis, de que la economía se ha enfriado y 2019 puede ser peor. Con todo, los españoles somos los europeos que más gastamos en Navidad, entre 600 y 924 euros por familia de media. Pero una de cada cuatro familias está en situación de pobreza, en paro o con trabajos precarios, y en Navidad sufren más sus privaciones. Por eso, las ONGs ayudan estos días a más de 3 millones de españoles. Son fechas en que hay que ayudar más a los que lo pasan peor: no miremos para otro lado. ¡Feliz Navidad!


España es el país europeo que celebra la Navidad durante más tiempo (15 días) y con más gasto: 601 euros de media por familia, un tercio más de gasto que la media europea (456 euros), según una encuesta realizada en 10 paises europeos por la consultora Deloitte. Sólo nos superan este año los británicos (646 euros), a pesar del Brexit, y gastamos mucho más que Alemania (476 euros por hogar), Italia (541), Portugal (431), Bélgica (441), Polonia (323) o Rusia (284 euros). La encuesta revela que algunas autonomías gastan más en Navidad (Baleares, Madrid y el País Vasco gastan hasta 100 euros más por familia) y otras menos (Castilla y León, Castilla la Mancha, la Rioja y Navarra), aunque todas tienen algo en común: este año van a gastar un 5% menos que en la Navidad de 2017. Otro estudio, de American Express, eleva el gasto navideño a 924 euros por familia, un 2% más que el año pasado. Pero son gastos medios: unos gastarán 1.500 euros y otros 300 y salen 900 de media.

El estudio de Deloitte y la sensación de muchas tiendas y grandes almacenes es que esta Navidad viene con menos gasto. Y es lógico, porque en 2018 se ha “despertado” la inflación y los precios han llegado a subir el 2,3% en septiembre y octubre, la mayor subida  desde abril de 2016. Y aunque ha bajado en noviembre y lo hará también en diciembre, se espera que la inflación acabe el año en el 1,7%. Eso significa que se habrá “comido” la subida de las pensiones (1,6%) y más aún la subida de salarios: los convenios han subido este año el 1,7% (lo que los precios), pero la subida real de todos los trabajadores (con o sin convenio) ha sido del 1,2% hasta septiembre, según la encuesta de costes salariales del INE. O sea que el poco aumento de sueldo se lo han comido con creces los precios. Eso explica que se gaste menos, sobre todo si se tiene miedo de que “las cosas vayan a peor en 2019”, ante el frenazo de la economía mundial y sobre todo europea. Además, otro factor que también juega es que muchos españoles han adelantado las compras de regalos a noviembre, al Black Friday: ya se hacen ahí un 33% de todas las compras navideñas, frente al 52% en diciembre y el 4,8% en enero, según detalla la encuesta de Deloitte.

La mayor parte del gasto navideño (241 euros de media por familia) son regalos, siendo los más comprados la ropa, los libros, perfumes, chocolates, dinero y videojuegos, junto a los juguetes para los niños, aunque los regalos más deseados por los hombres son el dinero, ropa y viajes, frente a ropa, libros y dinero que son los más deseados por las mujeres, según la  encuesta de Deloitte. El segundo capítulo del gasto navideño es la comida y bebida, con las compras concentradas en pescados y mariscos, carne, jamón, dulces y cava. El tercer capítulo son los viajes, cuyo gasto crece este año (un 34% de españoles tiene previsto viajar estas Navidades, según American Express, aunque muchos para ver a la familia), ayudado por el puente de fin de año, que propicia “escapadas” sobre todo dentro de España. Y quedan los gastos de ocio (82 euros por familia), los que más crecen, para asistir al teatro o a un espectáculo aprovechando la Navidad.

Dentro de los regalos, un sector que está notando la caída de ventas son los juguetes: la facturación se quedará este año un 4% por debajo de la de 2017, según estimaciones de El Corte Inglés y la consultora NPD, aunque los fabricantes son más optimistas y creen que las ventas de juguetes en Navidad y Reyes (que concentran el 70% de las ventas anuales) aumentarán entre el 1 y el 2% (o sea, se estancarán si descontamos la inflación). Las causas de este freno de ventas en los juguetes son varias, además del enfriamiento del consumo: hay menos niños y dejan muy pronto de querer juguetes (a los 12 años como máximo, antes que en otros paises), pero sobre todo porque los niños de ahora apuestan por “juguetes tecnológicos” que no fabrican las empresas jugueteras, como móviles, tablets y videojuegos, además de artículos deportivos y patinetes. Entre los juguetes más vendidos, las empresas españolas lideran este año las ventas (Famosa), con muñecas, mascotas interactivas, coleccionables y juegos de mesa.

Esta Navidad 2018 crecerán de nuevo las ventas por Internet, aunque todavía su peso (27% de las ventas navideñas) es inferior al que tienen en Europa (31%) y EEUU (57% online). Y en las ventas físicas (después de consultar antes los productos y precios por Internet…), destacan las que hacemos en grandes almacenes y cadenas especializadas. Y la gran protagonista de todas las compras navideñas es la tarjeta de crédito, que ha vuelto a batir todos los récords: 82,06 millones de tarjetas en junio de 2018, con un gasto medio anual por cliente de 3.156 euros anuales, un 26% más que hace una década.

Sin embargo, las estadísticas demuestran que este otoño, las ventas a crédito con tarjeta (tarjetas “revolving”: no se pagan las compras hechas cada mes al comienzo del mes siguiente sino una cantidad fija cada mes, como cuota de un préstamo que tiene la tarjeta) se han frenado: si entre septiembre y octubre de 2017 se financiaron 24.623 millones de euros, en esos mismos meses de 2018 (últimos datos publicados por el Banco de España) se han financiado menos compras, 24.563 millones de euros. Quizás porque ha bajado el gasto y también porque muchas familias, que no consiguen llegar a fin de mes, se lanzan a pedir créditos al consumo para pagar sus compras, créditos que se han disparado: si en 2017 se concedieron 29.389 millones (el doble que en 2014), este año ya se han concedido 28.440 millones sólo hasta octubre, último dato publicado por el Banco de España. Créditos, a 1 y 5 años, para comprar coche, ordenador, TV, muebles, electrodomésticos o viajes,  y por los que se pagan intereses elevados, del 8,76 % TAE en octubre, muy superiores a los europeos (6,19% TAE), según el Banco de España.

La vorágine de compras, el “consumismo” de la Navidad, no puede hacernos olvidar que 1 de cada 4 españoles lo está pasando mal y quizás lo sufre más en estas fiestas. Son los 12.236.000 españoles (el 26,6% de la población) considerados “pobres” en la estadística europea AROPE, porque ingresan menos del 60% de la media (familias con 2 hijos que ganan menos de 17.896 euros al año o solteros con ingresos inferiores a 8.522 euros anuales). Son básicamente parados, jóvenes, inmigrantes, mujeres y madres solas con niños, destacando especialmente la pobreza infantil: afecta al 22% de los niños españoles (menores de 18 años), casi el doble que en la OCDE (13% niños son pobres), siendo España el tercer país industrializado con más niños pobres, tras Israel y Turquía (25%). Y además, según destaca la OCDE, 8 de cada 10 niños españoles en edad escolar sufren “carencias materiales”, sobre todo en vivienda y educación, por el paro y precariedad de sus padres.

Esta enorme pobreza, mayor que la de antes de la crisis, lleva ya incrustada en muchas familias españolas entre 5 y 10 años, con lo que se ha “enquistado” y se ha hecho crónica en algunos lugares y grupos sociales, como advierte Cáritas, aumentando su marginación social  y agravando su situación económica, porque se han “comido” ya los colchones que tenían de ahorro y los de sus familias. Es lo que revela también un estudio de Cruz Roja española, que ha hecho una encuesta entre el millón y medio de personas necesitadas que atiende al año. La muestra indica que crecen los atendidos sin ningún ingreso (23%), los que siguen en paro (73%), los que trabajan en la economía sumergida (12% de los atendidos) y las familias con todos sus miembros en paro (el 35%). Y han aumentado también los que no pueden tener su vivienda caliente (39,2% de los atendidos) y los que tienen problemas para pagar su vivienda (26,2%). Y alertan de que han crecido las familias con pobreza infantil. Por su parte, Cáritas, que atiende a 4 millones de personas necesitadas, reitera cada año que la pobreza en España se está haciendo “más profunda” y “crónica”.

En Navidad, la mayoría de españoles nos volcamos con estas familias pobres, recogiendo alimentos y dinero que reparten cientos de ONGs. Es un “parche” pero un parche necesario, que ayuda a mucha gente, aunque una sociedad moderna exigiría tomar medidas desde el Estado, para reducir al mínimo esta preocupante lacra social, que además lastra el crecimiento y la recuperación, según ha reiterado la propia ministra de Economía. Urge aprobar un Plan contra la pobreza, centrado en los niños, las familias con hijos, los ancianos, jóvenes y parados. Y además, reformara fondo la política de gasto social, porque tanto la OCDE como la Comisión Europea nos han  reiterado este año que el gasto social es escaso (gastamos menos que Europa, unos 25.700 millones menos que la media UE cada año) y está mal hecho, porque los impuestos y la redistribución no ayuda más a los que menos tienen, no sirve para corregir las desigualdades sino que las agrava.

Mientras Gobierno y oposición se deciden a ocuparse de los españoles que lo pasan mal y no se benefician de la recuperación (beneficia 4 veces más a los ricos que a los pobres, según Intermón Oxfam), la vida sigue y los más pobres tratan de sobrevivir a otra Navidad, a costa de hacer sacrificios, pedir ayuda a familia y amigos o endeudarse. Y el resto de españoles, aprovechan estos días para olvidarse de los problemas cotidianos y disfrutar de comidas y regalos con los suyos, tratando de no pensar en cómo será 2019. Es normal, pero no olvidemos que cerca de nosotros hay personas que estos días sufren más sus carencias. Y si podemos, deberíamos ayudarles y no mirar para otro lado. Al margen de la religión, la Navidad puede y debe hacernos más humanos, más solidarios. Que así sea. 
¡ Feliz Navidad ¡

jueves, 22 de diciembre de 2016

Navidad 2016: desigual y "low cost"


Otra Navidad en crisis y van ya ocho (en la de 2008, no la sentíamos todavía). Pero este año se ve más animación en las calles, más consumo, a pesar de que una cuarta parte de los españoles no puedan gastar, porque siguen en paro o tienen sueldos mínimos. Son unas Navidades muy desiguales, con el gasto empujado por ofertas y descuentos, unas Navidades “low cost”, que empezaron el Black Friday y avanzan batiendo récords de compras con tarjetas de crédito. Durante unos días, todos queremos gastar, disfrutar y olvidar la crisis. Pero no olvidemos que uno de cada cuatro españoles es oficialmente pobre y que 3 millones sufren una pobreza extrema, que contrasta más en estas fiestas de Navidad. Seamos solidarios con ellos, cada uno a su manera. Y apoyemos que en 2017 se busque una salida a estos “otros españoles”, aprobando una renta básica como la que piden algunos partidos, sindicatos y ONGs. No los olviden estos días. Y ¡Feliz Navidad¡
 
enrique ortega

La fiebre del consumo ha vuelto a España por Navidad. Y este año, incluso mucho antes: a finales de noviembre, con el Black Friday, que ha disparado entre un 30% y un 50% las compras este año, adelantando regalos navideños a golpe de descuentos y promociones. Una costumbre importada de EEUU que empieza a preocupar a muchos comerciantes, los medianos y pequeños, porque les obliga a ajustar mucho los precios (y los beneficios) y porque  luego les provoca una fuerte caída de ventas en las fechas navideñas, que no compensa el aumento de las ventas anticipadas. En cualquier caso, parece un fenómeno imparable, sobre todo en compras de tecnología, electrónica, informática y regalos.

Con todo, esta Navidad se espera un aumento de ventas del 4%, con un gasto medio de 682 euros por español, según un estudio de Deloitte, que nos coloca en un puesto medio del ranking europeo de gasto navideño, por detrás de Reino Unido (1.146 euros), Dinamarca (763), Bélgica (737) o Francia (727 euros) y por delante de Italia (614 euros), Alemania (529) o Portugal (431). Eso sí, este es el gasto medio, pero hay grandes diferencias en la Navidad de los españoles. Así, un 17% gastarán más de 500 euros estas fiestas, un 43% entre 200 y 500 euros y un 32% sólo gastarán entre 100 y 200 euros, según otro estudio de Vente-Privee.

Esta Navidad, hay factores económicos que apoyan un mayor gasto de los españoles. El principal, que hay unos 620.000 españoles más trabajando que las Navidades pasadas, según la EPA (y 1,5 millones de ocupados más que a principios de 2014), si bien tienen contratos precarios (92% temporales y 42% a tiempo parcial) y sueldos muy bajos. Y los 18,5 millones de españoles que trabajan tienen también sueldos muy bajos: el sueldo más habitual es de 16.490 euros brutos, según el INE (2014), lo que se traduce en unos 950 euros netos en 14 pagas. Y hay 6.580.000 españoles, 1 de cada 3 ocupados (asalariados o autónomos) que cobran el salario mínimo (655 euros) o menos, según un estudio realizado por el profesor Felgueroso. Así no debe extrañarnos que un 13,7% de los hogares digan que no llegan a fin de mes, que el 39,4% no pueda hacer frente a gastos imprevistos y que el 9,4% no pueda pagar la hipoteca, el alquiler, la luz y otros recibos, según el INE.

A pesar de esta precariedad y bajos ingresos, el consumo lleva dos años subiendo y más en Navidad. Y eso, porque cayó mucho con la crisis y aún no nos hemos recuperado: el gasto medio por hogar cayó de 31.711 euros en 2008 a 27.420 euros en 2015, un -13,5%, según el INE. Y sobre todo, porque los españoles, en cuanto tienen ingresos, se lanzan a consumir y más en Navidad, sobre todo “para olvidarse de la crisis”, según el estudio europeo de Deloitte. Y lo hacen empujados por ofertas “low cost”, de productos y servicios con descuentos, bonificaciones y promociones, más baratos a costa de menor calidad. Y muchos, además, compran estos días “a golpe de tarjeta”: la tarjeta de crédito ha batido todos los récords este año, tanto en número de plásticos (48,09 millones en septiembre, que serán más ahora) como en pagos realizados (32.713 millones en el tercer trimestre), superando al dinero sacado en cajeros (31.317 millones en el tercer trimestre), según datos del Banco de España.

Sean compras “low cost” o a crédito, compras son. Y estas Navidades se van a centrar en regalos (265 euros por español), comida (212 euros, lo que más crece), viajes (132 euros) y ocio (73 euros), según el estudio de Deloitte. En regalos, predomina el regalo útil, siendo “el trío ganador” la ropa y calzado, los libros y la perfumería y cosméticos, sin olvidar los juguetes, donde los españoles gastan 170 euros por niño al año (el 54% en Navidad), la mitad de lo que gastan los franceses, alemanes o británicos, según datos de NPD. Una cuarta parte de todas las compras navideñas las harán los españoles por Internet, un gasto online que crece en regalos y viajes, aunque el mayor uso de la Red es para comprar precios y buscar ofertas. Y las tres cuartas partes de compras “físicas” se concentran en los grandes almacenes (51%), comercios minoristas (44%), súper (41%) y cadenas especializadas (33%).

Esta será otra Navidad “desigual, donde la fiebre del consumo no puede hacernos olvidar que todavía hay 4.320.800 españoles sin trabajo, 1 de cada 5 en edad de trabajar, según la EPA. Y que más de la mitad de ellos (el 53%) no cobran nada, porque se les ha acabado el paro o no han tenido nunca derecho a él. Son sobre todo jóvenes, mujeres y mayores de 50 años, los que peor están pasando la crisis. Y eso hace que una cuarta parte de las familias españolas sean “oficialmente pobres”, según las estadísticas europeas (AROPE): 13.180.000 personas, el 28,6% de hogares, que ingresan menos del 60% de la media del país (menos de 8.011 euros los solteros y menos de 16.823 euros las familias con dos hijos). Y de ellos, 3 millones de españoles están en situación de pobreza extrema, la tercera parte niños.

Esta “otra España”, esa cuarta parte de españoles pobres, sobreviven  Navidad tras Navidad como pueden, con la ayuda de familiares, amigos y multitud de ONGs, que atienden ya  a 2,5 millones de necesitados y dan de comer a 1,5 millones de personas cada año, gracias a los bancos de alimentos. Un drama social que choca más en estas fiestas pero que pervive todo el año, sin que el Gobierno Rajoy haya tomado medidas, a pesar de las advertencias de Bruselas. Paliar la pobreza debería ser una “prioridad nacional” para 2017, aumentando los fondos para el desempleo y generalizando las rentas mínimas, hoy escasas y muy diferentes según las autonomías. Los sindicatos UGT y CCOO han pedido una Ley de rentas mínimas para los 2,1 millones de hogares que ingresan menos del 75% del salario mínimo (menos de 491,40 euros): proponen pagarles 426 euros al mes, lo que costaría 11.000 millones al año. Ayudar al menos a los casos más urgentes, a la mitad (5.500 millones), debería ser una prioridad del Presupuesto 2017, aunque no lo contemplan ni Rajoy ni “la oposición”.

Bueno, disfrutemos de esta Navidad con la familia y los amigos, gastando “con cabeza” y sin endeudarnos a golpe de tarjeta. Pero, sobre todo, no olvidemos a los que lo están pasando mal, a esa cuarta parte de españoles que sobreviven sin trabajo y sin casi ingresos, y para los que la Navidad es un triste recordatorio de su penosa situación. Ayudémosles  a título individual, cada uno como pueda. No olvidemos que existen, que hay “dos Navidades” como hay “dos Españas”. Y presionemos para que los partidos y el Parlamento se ocupen de ayudarlos también, con ingresos, formación y ayudas para que consigan un trabajo digno.

Olvidemos por unos días la crisis, pero no a nuestros conciudadanos peor parados. Y disfruten del descanso y de las fiestas. ¡Feliz Navidad ¡