España fue el primer país europeo en aprobar un Plan de Recuperación, el 27 de abril de 2021, para optar a las ayudas y créditos del Fondo “Next Generation EU”, unos 140.000 millones inicialmente adjudicados a España (70.000 en subvenciones a fondo perdido y 70.000 en créditos con bajo interés), con 4 objetivos básicos: la transición energética, la digitalización de la economía, las reformas económicas necesarias y la reducción de desigualdades regionales, sociales y de género. El Gobierno Sánchez envió el Plan a Bruselas el 30 de abril y un mes y medio después, el 16 de junio de 2021 lo aprobó la Comisión Europea (fue el primer Plan nacional aprobado), siendo ratificado por los ministros de Economía de la UE, el 13 de julio de 2021, “con la máxima calificación”.
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jueves, 21 de mayo de 2026
Quedan 100 días para adjudicar Fondos UE
A partir de este domingo 24 de mayo, quedan 100 días para
adjudicar los proyectos que se financian con los Fondos
europeos, 103.000 millones de euros para el Plan de Recuperación
puesto en marcha en 2021, tras la pandemia. Y hay que correr, porque a
finales de marzo sólo se habían adjudicado 67.000 millones, el 71% de
los Fondos, y el plazo se acaba el 31 de agosto. En principio, lo
que no se adjudique se pierde, aunque el Gobierno ha pedido a Bruselas una
prórroga de 6 a 12 meses. Y además, aprobó este martes un Fondo soberano
(“España crece”), con recursos de estos Fondos UE para seguir
promoviendo inversiones después de 2026. Además, faltan
reformas por aprobar (bloqueadas en el Congreso) para conseguir el
7º pago de Bruselas, 24.166 millones, antes de finales de año. Es mucho
dinero, que debería anteponerse a las peleas políticas. Porque los Fondos
Europeos han sido y son claves para modernizar la economía,
crecer más y crear millones de empleos. Ahora, no se puede perder ni un euro. Enrique Ortega
España fue el primer país europeo en aprobar un Plan de Recuperación, el 27 de abril de 2021, para optar a las ayudas y créditos del Fondo “Next Generation EU”, unos 140.000 millones inicialmente adjudicados a España (70.000 en subvenciones a fondo perdido y 70.000 en créditos con bajo interés), con 4 objetivos básicos: la transición energética, la digitalización de la economía, las reformas económicas necesarias y la reducción de desigualdades regionales, sociales y de género. El Gobierno Sánchez envió el Plan a Bruselas el 30 de abril y un mes y medio después, el 16 de junio de 2021 lo aprobó la Comisión Europea (fue el primer Plan nacional aprobado), siendo ratificado por los ministros de Economía de la UE, el 13 de julio de 2021, “con la máxima calificación”.
A partir de ahí, el Plan de Recuperación empezó a andar
y enseguida llegaron los primeros Fondos europeos: el 17 de agosto de 2021, el
Tesoro español recibió la
primera transferencia de la UE: 9.036 millones en concepto de “prefinanciación”.
El primer
desembolso oficial condicionado (tras el anticipo de agosto) llegó el 27
de diciembre de 2021: 10.000 millones de euros, recibidos tras
confirmar la Comisión que España había cumplido 52 hitos y reformas.
El 27 de junio de 2022, la Comisión Europea aprobó un 2º desembolso oficial a España: otros
12.000 millones de euros de subvención, recibidos tras cumplir 40
hitos más. Ya en 2023, el 17 de febrero, la Comisión Europea
autorizó el
tercer desembolso condicionado para España: 6.000
millones de euros, que llegaron el 28 de marzo, tras confirmarse que España
había cumplido otros 29 hitos y objetivos en 2022. Y en pleno verano, el 26 de
julio de 2024, España
recibió el 4º pago condicionado, de 9.883 millones de euros, tras
confirmar Bruselas que había cumplidos 61 hitos y objetivos más. El 5º pago
fue el
que más tardó en llegar, el 8 de agosto de 2025, siendo el de mayor
importe: 23.100 millones de euros, 7.100 millones en subvenciones y
16.000 millones en créditos, tras solicitar España (en
las Navidades de 2022) recibir también créditos europeos, a cambio de más reformas.
El 6º pago de Fondos europeos lo
ha solicitado España el pasado 3 de marzo, por un importe de 7.256
millones de euros (6.205 millones en subvenciones y 1.051 millones en
créditos), tras justificar el cumplimiento de otros 78 hitos y objetivos. La
Comisión Europea aprobará este pago en mayo y lo ratificará el Consejo en
junio. Con ello, España habrá recibido este verano un total de 78.294
millones de Fondos europeos (60.511 millones en subvenciones a fondo
perdido y 17.783 millones en créditos), tras haber cumplido 343 hitos y objetivos
de reformas, el 70% del total, según el Gobierno. Y queda
por recibir este año el 7º y último pago, a solicitar en
septiembre, por un importe de 24.166 millones de euros (18.649 millones
en subvenciones y 5.517 millones en créditos), un pago elevado, que implica
aprobar los hitos y reformas pendientes (247) y adjudicar los proyectos en
trámite.
El problema es que Bruselas obliga a los paises a adjudicar
los proyectos del Plan de recuperación antes del 31 de agosto de 2026, so
pena de perder el dinero disponible (en el caso de España, esos 24.166
millones). Y España, como el resto, va retrasada en las adjudicaciones. Al
31 de marzo de 2026, España había adjudicado 67.000 millones de
euros, el 71% de los Fondos disponibles, según
el balance hecho por el vicepresidente Cuerpo en el Senado. Estos Fondos UE
ya adjudicados benefician a 1.460.000 adjudicatarios, entre empresas
(70% son pymes y micropymes) y particulares, habiéndose transferido
17.000 millones a las autonomías, 9.300 a las Corporaciones locales y 40.000 a
la Administración del Estado, quienes ahora deben gestionar los
proyectos. La mayoría son proyectos de digitalización, infraestructuras y
cohesión territorial (corredores Mediterráneo y Atlántico), proyectos
industriales y tecnológicos de vanguardia y proyectos de energías
renovables, transición energética y movilidad sostenible.
Como se ve, aún
quedan muchos proyectos por adjudicar (unos 27.000 millones de
euros) y poco tiempo para hacerlo, ya que el 31 de agosto es la fecha
límite para asignar todas las inversiones financiables con Fondos UE (subvenciones
y créditos) mediante la resolución de las convocatorias y licitaciones
pertinentes. Y, en paralelo, España deberá justificar ante Bruselas que ha
cumplido todos los hitos y reformas pendientes (247) que se exigen para
recibir el 7º y ultimo pago (esos 24.166 millones). Una doble carrera
contra reloj, donde la mayoría de paises europeos están retrasados,
como España.
Por eso, la propia Comisión
Europea aprobó en junio de 2025 una
Comunicación a los paises donde les pidió que agilizaran los
Planes de Recuperación, suprimieran las reformas que no se pudieran cumplir
y aumentaran los proyectos con mucha demanda. En cumplimiento de esta petición,
el Gobierno aprobó
el 9 de diciembre una “Adenda de Simplificación del
Plan de Recuperación”, para agilizar el proceso administrativo de
adjudicación, priorizando proyectos y acelerando la aprobación de los hitos
y objetivos que dan acceso a las subvenciones (79.854 millones en total),
reduciendo los créditos a pedir (iban a ser 83.200 millones y se quedan ahora
en 22.800, porque España tiene un buen acceso al crédito libre, ahora barato),
lo que permitirá reducir los hitos y reformas vinculados a estos créditos.
Tras
la Adenda de simplificación, se eliminan 17 reformas con rango de Ley
(difíciles de aprobar y que ya no se harán) y quedarán 230 hitos o reformas,
que habrá que aprobar antes del 31 de agosto. España
ya ha renegociado 5 veces con Bruselas los programas de inversión y
las reformas, con el objetivo de no perder ni un euro de subvenciones (79.854
millones), aunque podría perder algunos créditos (22.800 millones en total), o
cambiar esos proyectos por subvenciones. Por un lado, se adelantan objetivos
y se cambian unos proyectos por otros, intentando incluir programas de defensa
(como ha hecho Polonia), inicialmente fuera del Plan de recuperación. Y se
negocia que los Fondos no gastados puedan rescatarse después en forma de
Fondos estructurales, con margen hasta 2027. Y la última carta: el
presidente Sánchez
planteó en la última Cumbre informal de Chipre
(24 de abril) que el Plan de recuperación se ampliara 6 meses o un año
más, para poder adjudicar los últimos proyectos y las últimas reformas,
una prórroga que sería bien vista por otros paises.
Si es complejo adjudicar
en 100 días los proyectos pendientes (unos 27.000 millones), quizás resulta
más complicado aprobar
en este plazo los hitos y reformas pendientes, máxime cuando el
Gobierno está en una permanente “minoría parlamentaria”, con el “chantaje”
de Junts y la oposición a todo del PP y Vox. El problema (grave) es
que sin estas reformas no llegarán los Fondos UE de la 7ª entrega
(24.166 millones). Entre estas reformas
prometidas a Bruselas y que están paradas están la
subida de impuestos al gasóleo, la Ley de Industria, el proyecto de
Ley de la Función Pública, el proyecto de Ley de Familias, la Ley de mejora
de la protección del desempleo, el real decreto que refuerza la universalidad
de la sanidad, la Ley de Protección de la Competencia, el sistema de cuotas de
autónomos…Proyectos y reformas atascados en el Parlamento. Mientras, el
Gobierno busca vías para aprobar otras reformas con normas y Reglamentos que no
tengan que convalidarse en el Congreso.
Como vemos, adjudicar los últimos proyectos de inversión y aprobar
las últimas reformas en estos 100 días es una tarea gigantesca,
máxime sin la colaboración de la oposición. Pero debería ser una “prioridad
nacional”, porque España no puede permitirse perder ni un euro de los
casi 103.000 millones de Fondos europeos que nos corresponden (79.854
millones en subvenciones y 22.800 millones en créditos). Algunos
expertos estiman que, al ritmo actual de adjudicaciones y reformas, podríamos
perder el 10% (unos 10.000 millones).
El Gobierno Sánchez, además de presionar a Bruselas
para conseguir una prórroga, ha buscado una vía para recuperar el dinero que
no se gaste: este martes aprobó
la creación de un Fondo Soberano (“España Crece”) que
se financiará con 13.300 millones no gastados del Plan de Recuperación,
unos recursos que se destinarán al ICO (Instituto de Crédito Oficial, un
sucedáneo de “banco público”) para que con ellos financie proyectos de
inversión a partir de junio y, sobre todo, en 2027 y 2028. El
objetivo es que con estos “Fondos UE reciclados”, se puedan movilizar
inversiones por 120.000 millones de euros, arrastrando inversiones
privadas. El objetivo de este Fondo soberano (similar a los que
tienen Noruega y muchos paises del Golfo Pérsico) es seguir promoviendo
inversiones en sectores claves para modernizar la economía: digitalización,
descarbonización y sostenibilidad energética, tecnología, Defensa, vivienda
asequible y mejora de competitividad de las pymes. Ahora falta que la
Comisión Europea apruebe la creación de este Fondo “España Crece” con
Fondos UE.
En definitiva, España
tiene ante sí el mayor reto: cerrar en 100 días un Plan de Recuperación que
cumple 5 años y que ha transformado radicalmente la economía española,
disparando las inversiones en digitalización, energía, infraestructuras y
nuevas tecnologías. Este empujón de los Fondos europeos explica entre
el 10 y el 14% del crecimiento español entre 2021 y 2025, según
Funcas, que ha sido estos 5 años muy superior al de Europa (+21,9% creció el PIB en España, frente a +12,9% en la UE-27). Y junto al turismo, los
inmigrantes y las exportaciones, los Fondos UE han ayudado a crear
3.118.700 nuevos empleos en esos 5 años.
Ahora, no se trata de criticar si el cumplimiento del Plan
de recuperación va
lento o no (es el mayor reto inversor de nuestra historia para el
Estado, las autonomías, Ayuntamientos y empresas) y si se puede agilizar más
(hay más
de 3.700 funcionarios y empleados públicos trabajando en el Plan y se han
aportado ya más de 1,7 millones de documentos de verificación a Bruselas,
un tremendo reto burocrático). Lo importante es que hay que volcarse en estos 100
días que quedan, desde el Gobierno a todas las autonomías,
Ayuntamientos y empresas implicadas, para acelerar las adjudicaciones y
poner en marcha los proyectos. Y habría que lograr un pacto político
para que el Congreso trabajara a destajo (incluso en agosto) para aprobar como
sea las reformas que nos exige Bruselas, so pena de perder muchos millones.
Pero no parece que los políticos estén por acordar esta doble tarea, así que perderemos
dinero, proyectos y empleos. Es una “vergüenza nacional”.
España fue el primer país europeo en aprobar un Plan de Recuperación, el 27 de abril de 2021, para optar a las ayudas y créditos del Fondo “Next Generation EU”, unos 140.000 millones inicialmente adjudicados a España (70.000 en subvenciones a fondo perdido y 70.000 en créditos con bajo interés), con 4 objetivos básicos: la transición energética, la digitalización de la economía, las reformas económicas necesarias y la reducción de desigualdades regionales, sociales y de género. El Gobierno Sánchez envió el Plan a Bruselas el 30 de abril y un mes y medio después, el 16 de junio de 2021 lo aprobó la Comisión Europea (fue el primer Plan nacional aprobado), siendo ratificado por los ministros de Economía de la UE, el 13 de julio de 2021, “con la máxima calificación”.
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jueves, 1 de enero de 2026
2026, otro año de mayor crecimiento
2025 ha sido mejor de lo esperado hace
meses, cuando se temía una recesión mundial por los aranceles de Trump y los
conflictos geopolíticos. A final, el mundo ha crecido casi como en 2024 y
Europa languidece, mientras España crece casi el doble que la UE, por
5º año consecutivo. Y todo apunta a que en 2026, la economía
mundial crecerá como en 2025, sin sobresaltos, salvo la incertidumbre por las
guerras y conflictos o el temor a una crisis bursátil por la burbuja de
la Inteligencia Artificial. España volverá a crecer más que el resto
de Europa, empujada por el aumento de la población (inmigrantes) y el
empleo, que tirarán del consumo, junto a las mayores inversiones
por los Fondos europeos (que se acaban).Pero este fuerte crecimiento no
puede hacernos olvidar los problemas pendientes: subida de alimentos,
alquileres por las nubes, sueldos bajos, jóvenes sin horizonte, deterioro de
los servicios públicos (sobre todo la sanidad) y demasiada pobreza y
desigualdad. Hay que repartir el crecimiento.
¡Feliz 2026¡
El año 2025 se ha cerrado con la sensación de que ha sido mejor de lo esperado, como ya pasó en 2023 y 2024, sin que los aranceles de Trump o los conflictos geopolíticos nos hayan sumido en una recesión, como algunos temían en primavera. El crecimiento mundial habrá sido del +3,2%, según el FMI, parecido al de 2024 (+3,3%), aunque con diferencias entre Europa (+1,3%), EEUU (+2%) y Asia (+4,5%). Al final, la economía internacional no ha caído en recesión porque los aranceles se han retrasado y suavizado sobre la amenaza inicial, por la capacidad de paises y empresas para reaccionar y adaptarse, por las bajadas de tipos (que reanimaron la inversión y el consumo) y por el alivio de la energía, con precios bajos del petróleo y el gas tras los sustos de años anteriores. Eso sí, en 2025 vimos un mundo más fragmentado, de bloques comerciales y políticamente dividido. Este año 2026 se presenta bastante parecido, con un cierto dinamismo en la economía mundial, que podría crecer casi lo mismo (+3,1% prevé el FMI), con un crecimiento similar al de 2025 en EEUU (+2,1%), Europa (+1,4%) y China (+4,2%). Por un lado, se notarán más este año los aranceles de Trump, pero también avanzará la búsqueda de nuevos mercados por parte del resto del mundo. Y se esperan tipos bajos y energía barata, con el petróleo rozando los 62 dólares por barril, el precio más bajo desde febrero de 2021. Y se espera además que la inversión siga fuerte, empujada por la Inteligencia Artificial (IA), que movilizó 1,5 billones de dólares en 2025. Precisamente, el auge de la IA es un factor que puede contribuir a un salto de la productividad y el crecimiento, sobre todo en EEUU y China, pero también es un factor de incertidumbre: muchos expertos temen que la burbuja de la IA estalle en 2026 y provoque una debacle de las Bolsas, que han batido todos los récords en 2025.
Pero hay otras
incertidumbres en el panorama internacional para 2026, en
especial los conflictos geopolíticos (a Ucrania y Gaza de podría
sumar Venezuela), la guerra comercial entre USA y China, el aumento de la
deuda en EEUU y en todo el mundo (que podría llevar a recortes de gasto y a
subidas de tipos), el gasto en Defensa (que impide otros gastos sociales), el
progresivo envejecimiento de la población en Occidente y la
emergencia climática, que no se afronta con decisión por el auge del
negacionismo climático y causará nuevas y costosas emergencias (inundaciones, huracanes, incendios, sequías…).
En Europa, el año 2026 se presenta algo mejor,
según
las previsiones de otoño de la Comisión Europea: se espera un crecimiento
del +1,4% en la UE-27, el mismo que en 2025, pero con una cierta
recuperación en Alemania, el motor del continente (espera
crecer +1,2%, tras crecer sólo un +0,2% en 2025 y caer un -0,5% en 2024). Francia
también crecerá algo más (+0,9% frente a +0,7% en 2025) e Italia (+0,8%,
el doble que en 2025), aunque eso se contrapone con un elevado déficit
público en los tres paises para 2026 (-4,0% del PIB Alemania, -4,9% Francia
y -2,8% Italia), que dificultará reanimar más estas economías, máxime con el
estancamiento político en Francia y los enfrentamientos en Italia.
Pero este ligero
crecimiento de la UE y de sus tres mayores economías es muy
importante para España, porque son nuestros mayores clientes
(allí van el 33% de todas nuestras exportaciones) y los europeos que más
vienen como turistas (el 31,6% vienen de estos 3 paises europeos). Esto nos
ayudará más a crecer en 2026, un año en que la Comisión augura un crecimiento
para España del +2,3%, casi el doble que el de la UE-27 (1,4%) y Alemania
(1,2%). Con ello, será el 6º año consecutivo (de 2021 a 2026) en
que España crecerá más que la media europea: hemos crecido +11,1%
entre 2021 y 2025, más del doble de lo que han crecido estos años la UE-27 (+5,2%).
Y eso gracias al mayor aumento de la población y del empleo, al turismo, a las
exportaciones y a las inversiones promovidas por los Fondos UE.
Este año 2026, el mayor crecimiento español se
asentará en dos motores, según
las previsiones del Gobierno. Uno, el consumo de las familias, que
ha crecido ya en 2025, por el aumento de la población (+475.000 habitantes, por
la inmigración) y del empleo (se habrán creado unos 600.000 empleos el año
pasado), que han gastado más (y ahorrado menos), también porque los sueldos han
subido algo más (+3,49%) que la inflación media esperada (+2,8%) y porque la
bajada de tipos ha ayudado a los que tienen una hipoteca o un préstamo. El otro
motor del crecimiento, en 2025 y 2026, será la inversión (pública y
sobre todo privada), que crece gracias a la inyección de los fondos europeos
y a la renovación tecnológica de las empresas, ayudada por la bajada de
tipos.
El fuerte consumo de los hogares y la inversión empresarial
no sólo tiran del crecimiento sino que reflejan la confianza de empresas
y familias en la economía española, reforzadas por una
enorme confianza en España de los inversores internacionales, que se
demuestra en el aluvión de inversiones en el sector inmobiliario o energético
(renovables), pero también en hoteles, turismo, empresas, tecnología y centros
de datos. Una confianza que se traduce en que la prima de riesgo,
lo que tenemos que pagar de más como país para financiarnos (deuda a 10 años) respecto
a Alemania es menor en España (+0,44%) que el extra que tienen que pagar
Francia (+0,72%) o Italia (+0,67%).
Todo apunta a que 2026 será el 6º año consecutivo en
que España crecerá por encima de su potencial (+1,6%), gracias a una
serie de factores que aportan un crecimiento extra, según
el análisis de CaixaBank Research: los fondos UE (+0,6% adicional),
el aumento de población (+0,5%), los bajos tipos de interés
(+0,3%), el alivio de los precios energéticos (+0,1%), el mayor consumo
privado (+0,1%) y la mayor inversión en vivienda (+0,1% adicional).
Y hay otros factores que restarán crecimiento este año 2026: el menor
crecimiento de las exportaciones (restará -0,4% al PIB), el efecto negativo
de los aranceles USA (-0,1%), la incertidumbre geopolítica mundial
(-0,3%) y la política fiscal contractiva para seguir bajando el déficit
público (-0,2%) y otros factores (-0,1%). Ayudas y frenos que se suman al
crecimiento “normal” para conseguir ese +2,1% de crecimiento previsto para
2026.
Un crecimiento que no sólo es destacable por superar al de
la mayoría de paises sino porque es
“más sano” que el fuerte crecimiento de España en los años 90 o al
principios de este siglo. Porque España crece con una inflación moderada
(3%), creando mucho empleo (+600.000 en 2025), recortando el déficit
público (-2,1% en 2026 frente al -3,2% en 2024) y dejándolo por debajo del
déficit de Alemania, Francia o Italia, con menos deuda pública (que paga
tipos muy bajos) y, sobre todo, con un superávit
con el exterior (gracias a los ingresos por turismo, a las
exportaciones y a las inversiones extranjeras), algo inédito en el último
siglo.
Pero este crecimiento, alto y más sano, no puede esconder los
problemas económicos de España que siguen pendientes en
2026. El primero, la sensación que tienen muchos españoles de que “no
notan este crecimiento”, porque la mitad tienen problemas para llegar a
fin de mes (el 47,4% de
los hogares, según el INE), debido a que las subidas de precios se
han comido sus sueldos y pensiones. El problema es que arrastramos la alta
inflación de los años pasados (+15,4% subió el IPC entre 2022,2023, 2024 y
hasta noviembre de 2025), que ha superado la subida de los salarios (+13,45%
en estos 4 años), con lo que los españoles han perdido poder adquisitivo. Y han
perdido más los que menos ganan y gastan
más en alimentos (subieron +29% estos 4 años), vestido, calzado y
vivienda.
Precisamente, la vivienda es otro de los grandes
problemas para 2026, porque tiene unos precios prohibitivos tanto para comprar
( 2.605
euros/m2 de media, pero 5.089 euros/m2 en Barcelona y 5.758 euros/m2 en
Madrid) como para
alquilar: 14,6 euros/m2 de media (1.314 euros por un piso de 90m2), una
subida del 40,38% desde 2022, pero 24 euros/m2 en Barcelona (2.160 euros de
alquiler) y 22,8 euros/m2 en Madrid (2.052 euros). Esto deja fuera a
muchos jóvenes y familias o las obliga a dedicar la mitad de sus
ingresos o más al pago de un techo, mientras las autonomías
y el Gobierno son incapaces de pactar unas medidas para promover la
construcción de muchas más viviendas para alquiler y venta.
Otro gran reto para 2026 es el deterioro
de los servicios públicos (sanidad, educación, dependencia, servicios
sociales, transportes), que suponen serios problemas para la mayoría y un
gasto creciente, que también les dificulta llegar a fin de mes, ya sea
en un seguro privado, en la cuota de las guarderías privadas y los colegios
concertados, en las Universidades privadas (porque no han conseguido plaza en
las públicas, también con matrículas caras), en contratar a una persona para
cuidar de los mayores o en pagarles una residencia, en el bono transporte o en
los carburantes, los peajes y los seguros.
El mayor problema sigue siendo la
sanidad, cada vez más deteriorada por falta de profesionales y
recursos, lo que se traduce en que la demora media para ir al médico de
cabecera son casi 10 días (9,78), según
el último Barómetro del CIS, y una lista de espera de 128 días para el
especialista y 118 días para operarse (donde esperan 832.278 pacientes, según
Sanidad). Un deterioro que exige más gasto en Sanidad de las autonomías,
sobre todo de las que menos gastan por habitante: Murcia (1.511 euros),
Cataluña (1.516 euros), Comunidad de Madrid (1.537 euros), Andalucía (1.871
euros), Castilla la Mancha (1908 euros) y Baleares (1.981 euros) , las 6 por
debajo del gasto medio en España (2.013 euros/habitante), según
los Presupuestos autonómicos para 2026.
Otro gran problema para 2026 es ejecutar los Fondos
europeos recibidos y conseguir
las subvenciones y créditos pendientes: son 25.000 millones de ayudas a
fondo perdido y otros 6.800 millones en créditos, cuya recepción está
condicionada a que España apruebe 230 hitos y reformas este año, porque el 31
de agosto se acaban los Fondos europeos. Y no lo vamos a tener fácil, porque al
Gobierno Sánchez le faltan apoyos para aprobar en el Parlamento muchas de
esas reformas. Y si no se aprueban, no hay Fondos europeos, que han sido
y son uno de los factores claves para el crecimiento y el empleo logrados por
España.
Otro problema a afrontar en 2026 es reducir la desigualdad
y la pobreza, que en 2024 afectó a 9,6
millones de españoles, los que ingresaron menos del 60% de la media (personas
que ganan menos de 827 euros al mes en 14 pagas o familias con dos niños que
ingresan menos de 1.737 euros mensuales). Son el 19,7% de la población y el
objetivo del Gobierno es que este porcentaje baje al 19,4% en 2026 (serían más
“pobres”, porque sube la población). Y es especialmente preocupante la pobreza
“severa” (los que ingresan menos del 40% de la media), que afecta
a 4,3 millones de españoles, en especial mujeres solas con niños (hay
2,5 millones de niños y niñas que viven en “hogares pobres”, según
Save the Children), jóvenes, mujeres e inmigrantes.
Y seguimos teniendo el reto del paro, que es el
más elevado de Europa, tanto el global (10,5% frente al 6% en la UE-27 y el
3,8% en Alemania) como el paro juvenil (25,3% en España y 15,2% en Europa). Un
problema que exige Planes de empleo específicos para jóvenes y mujeres,
así como para mayores de 45 años (1.061.100 están parados, el 40,6% de
todos los parados, y muchos no van a encontrar ya trabajo nunca). Y también urge
reformar de una vez las oficinas de empleo autonómicas (SEPE), que
no utilizan las empresas para contratar (acuden a ETTS y conocidos) y tampoco ayudan
a los parados a encontrar empleo.
En resumen, 2026 puede ser otro año con una economía
internacional que mantenga su crecimiento en medio de la incertidumbre, una
economía europea que salga del túnel (débilmente) y una economía
española que siga creciendo más que el resto, lo que permitirá llagar a los
23 millones de empleos. Pero hay que resolver los problemas de los precios
de los alimentos y la vivienda (alquileres y venta), mejorando los
sueldos de una gran mayoría que los tiene bajos y se los come la inflación.
Y además, hay que mejorar los servicios públicos, que afectan a la
mayoría y a su bolsillo. Pero sobre todo, hay que repartir
mejor el crecimiento, que no nota mucha gente, porque existe
todavía una gran desigualdad, que sólo pueden corregir los impuestos, las
ayudas y las políticas públicas. Pero eso resulta difícil con el actual enfrentamiento
político, que impide acuerdos para mejorar la vida de la gente. Algo
que se complica mucho más en un año electoral, donde las
tensiones políticas podrían afectar negativamente a la recuperación de la
economía. Al final, ese es nuestro mayor riesgo.
Con todo, que tengan un buen año. ¡Feliz 2026¡
El año 2025 se ha cerrado con la sensación de que ha sido mejor de lo esperado, como ya pasó en 2023 y 2024, sin que los aranceles de Trump o los conflictos geopolíticos nos hayan sumido en una recesión, como algunos temían en primavera. El crecimiento mundial habrá sido del +3,2%, según el FMI, parecido al de 2024 (+3,3%), aunque con diferencias entre Europa (+1,3%), EEUU (+2%) y Asia (+4,5%). Al final, la economía internacional no ha caído en recesión porque los aranceles se han retrasado y suavizado sobre la amenaza inicial, por la capacidad de paises y empresas para reaccionar y adaptarse, por las bajadas de tipos (que reanimaron la inversión y el consumo) y por el alivio de la energía, con precios bajos del petróleo y el gas tras los sustos de años anteriores. Eso sí, en 2025 vimos un mundo más fragmentado, de bloques comerciales y políticamente dividido. Este año 2026 se presenta bastante parecido, con un cierto dinamismo en la economía mundial, que podría crecer casi lo mismo (+3,1% prevé el FMI), con un crecimiento similar al de 2025 en EEUU (+2,1%), Europa (+1,4%) y China (+4,2%). Por un lado, se notarán más este año los aranceles de Trump, pero también avanzará la búsqueda de nuevos mercados por parte del resto del mundo. Y se esperan tipos bajos y energía barata, con el petróleo rozando los 62 dólares por barril, el precio más bajo desde febrero de 2021. Y se espera además que la inversión siga fuerte, empujada por la Inteligencia Artificial (IA), que movilizó 1,5 billones de dólares en 2025. Precisamente, el auge de la IA es un factor que puede contribuir a un salto de la productividad y el crecimiento, sobre todo en EEUU y China, pero también es un factor de incertidumbre: muchos expertos temen que la burbuja de la IA estalle en 2026 y provoque una debacle de las Bolsas, que han batido todos los récords en 2025.
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lunes, 22 de diciembre de 2025
A por los últimos Fondos europeos
Una de las prioridades que se ha fijado el
presidente Sánchez para 2026 es recibir todos los Fondos europeos
pendientes, “sin perder un euro”. Y eso porque los Fondos se
acaban el 31 de agosto y España todavía debe recibir 25.000 millones
en subvenciones. Pero para conseguirlos, debe seguir aprobando reformas,
algo que el Gobierno tiene muy difícil con el veto de Junts en el
Parlamento. Por eso, ha aprobado un cambio
de estrategia, para agilizar la gestión
de estos Fondos y renegociar con Bruselas las reformas pendientes, renunciando
a algunas y flexibilizando otras, renunciando además a recibir la mayor parte
de los créditos europeos previstos (ahora que España se financia barato). Pero el
Gobierno no lo tiene fácil, porque en 2026 se acaba el plazo para gestionar
las ayudas, que si no se pierden. Y todos nos jugamos mucho en ello,
porque los Fondos europeos han sido uno
de los motores del crecimiento y del empleo de España desde 2021. Habría que pactar
para no perderlos. Enrique Ortega
Empecemos recordando el origen y la evolución de estos Fondos europeos. En la madrugada del 21 de julio de 2020, en plena pandemia, los líderes europeos aprobaban por unanimidad el Plan de Recuperación, dotado con 750.000 millones de euros hasta 2026, para que Europa superara la nueva crisis y afrontara los retos energético y digital, con subvenciones y créditos europeos. Si en la crisis financiera de 2010-2014, Merkel y el resto de líderes europeos afrontaron los problemas con ajustes y recortes, sobre todo para los paises del sur, en esta ocasión se optó por el camino contrario: reanimar la economía con fondos europeos (y con emisión de deuda de los 27, algo “prohibido” antes) y aprovechar la nueva crisis provocada por la COVID-19 para modernizar la economía europea y ayudar a los paises a invertir en la reconversión energética y digital de sus economías.
España fue el primer país europeo en aprobar un
Plan de Recuperación, el
27 de abril de 2021, para optar a las ayudas y créditos del
Fondo “Next Generation EU”, unos 140.000 millones inicialmente
adjudicados a España (70.000 en subvenciones a fondo perdido y 70.000 en
créditos con bajo interés), con 4
objetivos básicos: la transición energética, la
digitalización de la economía, las reformas económicas necesarias y la
reducción de desigualdades regionales, sociales y de género. El Gobierno
Sánchez envió el Plan a Bruselas el 30 de abril y un mes y medio después, el
16 de junio de 2021 lo
aprobó la Comisión Europea (fue el primer Plan nacional aprobado),
siendo ratificado por los ministros de Economía de la UE, el 13 de julio de
2021, “con la máxima calificación”.
A partir de ahí, el Plan de Recuperación empezó a andar
y enseguida llegaron los primeros Fondos europeos: el 17 de agosto de 2021, el
Tesoro español recibió la
primera transferencia de la UE: 9.036 millones en concepto de “prefinanciación”.
A partir de ahí, se establecían 8 desembolsos oficiales, 8 entregas
de Fondos europeos hasta agosto de 2026, que se irían abonando a medida que
España justificara a la Comisión Europea que se habían hecho las reformas e
inversiones exigidas. Había que “sudar” para recibir cada entrega…
El primer
desembolso oficial condicionado (tras el anticipo de agosto) llegó el 27
de diciembre de 2021: 10.000 millones de euros, recibidos tras
confirmar la Comisión que España había cumplido 52 hitos y reformas,
entre ellas la Ley de Cambio Climático, la mejora de la conectividad, el Plan
de Ciencia, la modernización de la Administración Pública y los Planes para la
igualdad retributiva de hombres y mujeres. Además, España tuvo que aceptar y
firmar antes, en noviembre de 2021, el Reglamento de concesión de los Fondos
europeos aprobado por la Comisión, una exigente “hoja de ruta” para asegurar su
buen funcionamiento.
España siguió con su calendario de reformas e inversiones y el
27 de junio de 2022, la Comisión Europea aprobó un 2º desembolso oficial a España: otros
12.000 millones de euros de subvención, recibidos tras cumplir 40
hitos, entre ellos la reforma laboral, la 1ª fase de la reforma de las
pensiones, la estrategia de movilidad sostenible, la hoja de ruta de la eólica
marina, la Carta de Derechos Digitales, la Ley Riders (repartidores), las
medidas fiscales para el despliegue de la Red 5-G, la modernización de la Agencia
Tributaria, el Plan de acción para la Atención Primaria y la Ley de la Cadena
Alimentaria.
Ya en 2023, el 17 de febrero, la Comisión Europea
autorizó el
tercer desembolso condicionado para España: 6.000
millones de euros, que llegaron el 28 de marzo, tras confirmarse que España
había cumplido otros 29 hitos y objetivos en 2022, entre ellos la Ley
Concursal, la Ley de Formación Profesional, la reforma de la cotización de
autónomos y la Ley de medidas contra el fraude fiscal. Esta vez, la
luz verde al tercer pago costó más, porque España tuvo que convencer a la
Comisión de los cambios en el sistema de control y auditoría implantados para
cumplir con los estándares de vigilancia europeos, una
herramienta llamada CoFFEE, perfilada por Economía y Hacienda.
Y en pleno verano, el 26 de julio de 2024, España
recibió el 4º pago condicionado, de 9.883 millones de euros, tras
confirmar Bruselas que había cumplidos 61 hitos y objetivos más, en la
transformación digital, la transición energética, pensiones, educación,
tratamiento de aguas, digitalización de servicios públicos y cooperación
internacional.
El 5º pago de los Fondos europeos fue el
que más tardó en llegar, el 8 de agosto de 2025, aunque fue el de mayor
importe: 23.100 millones de euros, 7.100 millones en subvenciones y 16.000
millones en créditos, tras haber solicitado España (en
las Navidades de 2022, con retraso respecto a otros paises) recibir también
créditos europeos a bajo interés, también a cambio de reformas. Esta 5ª entrega
fue además la primera en que España
recibió menos de lo previsto (iban a ser 25.000 millones), por no haber
conseguido aprobar la mayor fiscalidad del diesel (vetada
en el Congreso por el PP, Vox, UPN y Podemos) y por diferencias en las
compensaciones a los trabajadores públicos eventuales.
Tras estos 5 pagos, España ha recibido ya casi 48.000
millones de subvenciones (47.943 millones), el 60% del importe total
adjudicado (79.854 millones, el mayor importe a fondo perdido, por delante de
Italia) y 16.000 millones en créditos, el 19,2% del total de préstamos a
bajo interés previstos (83.000 millones). Unos Fondos europeos recibidos a
cambio de cumplir 264 hitos y objetivos, de los que sólo quedaron
pendientes la subida de la fiscalidad del diesel (no han ampliado el plazo
hasta finales de marzo de 2026), la reforma de la temporalidad del empleo
público y la digitalización de las entidades locales.
La mayor parte de este dinero europeo recibido estos 5 años
ha sido ya adjudicado y está en vías de invertirse. A finales de septiembre de
2025, este era el
balance publicado por el Gobierno: 79.854 millones asignados y
convocatorias de proyectos resueltas por 58.787 millones de euros, el 69,7%
del dinero recibido. El dinero asignado ha beneficiado a 1.294.037
adjudicatarios, la mayoría microempresas (41,4%) y grandes empresas (27,1%), UTEs
(15,3%(, fundaciones (11,5%) y hogares /4,7%). Y estos Fondos europeos se han repartido
por autonomías, recibiendo algo más de la mitad entre Madrid (9.018
millones), Cataluña (8.826), Andalucía (7.011), Comunidad Valenciana (5.084),
Castilla y León (4.179), Galicia (3.764), País Vasco (3.539) y Aragón (3.251
millones).
Ahora, quedan
todavía tres o cuatro pagos pendientes, pero queda poco
tiempo, porque los proyectos que opten a los Fondos europeos deben estar
aprobados antes del 31 de agosto de 2026. Así que España (y el resto de
paises europeos) vamos contra reloj, porque el dinero que no se consiga antes
de esa fecha se pierde. Por eso, la Comisión Europea lanzó una alerta en junio
pasado, aprobando una Comunicación (”Next
Generation EU. Camino a 2026”) en la que pedía a los paises miembros “revisar
sus Planes para simplificar procedimientos y maximizar la absorción de Fondos
europeos”, porque el
proceso va lento, según los datos disponibles: en subvenciones a fondo
perdido, la Comisión ha desembolsado 231.200 millones de los 291.000 previstos;
y en créditos, se han concedido 145.700 de 359.000 millones previstos.
A raíz de este toque de atención, el Gobierno ha
trabajado en un reajuste de su estrategia de gestión de los Fondos
europeos. Pero además, ha tratado de “hacer de la necesidad virtud”,
dado que tiene un problema adicional: hay muchas reformas pendientes, que
exige Bruselas para los siguientes pagos, y que están paralizadas en el
Parlamento, por el veto de Junts y la dificultad de pactar reformas
con Podemos. Así que el Gobierno ha aprovechado para aprobar cambios que
agilicen la gestión de Fondos y traten de superar los vetos legislativos. Esos
son los objetivos de la “Adenda
de Simplificación del Plan de Recuperación”, aprobada por el
Consejo de Ministros el 9 de diciembre. Veamos su contenido.
Por un lado, la
Adenda pretende agilizar los procesos de verificación y
ejecución de los proyectos vinculados a Fondos europeos, para reducir burocracia.
Por otro, se busca reforzar las prioridades estratégicas,
fortaleciendo los programas relacionados con la supercomputación y la
descarbonización. En tercer lugar, se mantiene el objetivo de solicitar todas
las subvenciones pendientes, pero se renuncia a una parte de los créditos
adjudicados: en lugar de llegar a los 83.000 millones de créditos previstos,
se van a solicitar sólo 22.800 millones, por dos razones. Una, porque España
se financia ahora barato en los mercados, casi al tipo que nos ofrece
Bruselas (al 3,22% a 10 años, cuando los créditos de Bruselas son al 3,13%). Y
la otra, porque al renunciar a estos créditos, España ya no tendrá que
afrontar las reformas que llevan aparejados y que tanto le cuesta al Gobierno
aprobar en el Parlamento.
Pero hay más
cambios. El principal, que
se modifica el calendario pendiente de reformas: 100 hitos
pendientes se abandonan, otros 160 hitos se modifican y quedan pendientes 230
hitos que se esperan cumplir, algunos cambiando Leyes por reformas que no precisen
ser convalidadas en el Parlamento, algo que el Gobierno deberá ir pactando con
la Comisión Europea. El objetivo está claro, en
palabras del propio Pedro Sánchez: “no vamos a perder ni un euro”
de las subvenciones europeas pendientes.
El objetivo es entonces recibir los 24.811 millones de
subvenciones pendientes a lo largo de 2026 y también los 6.800 millones
de créditos pendientes (menos imprescindibles), en
tres o cuatro pagos, condicionados a la aprobación
de múltiples reformas, algunas de ellas estancadas en el Parlamento y
otras pendientes de aprobar por el Gobierno: Ley del Cine, Ley de la Industria,
Ley de Universalidad del Sistema Nacional de Salud (SNS), Ley del Medicamento,
el nuevo marco del personal estatutario del SNS, la Ley de ordenación profesional
en el ámbito del Deporte, la Ley de Familia, la Ley para regular los lobbies,
la Ley de protección de la Competencia (“Ley de OPAS”), la revisión de los beneficios
fiscales del sistema tributario o el régimen sancionador de la pesca marítima.
Esta aprobación de la Adenda por Bruselas es un alivio para el Gobierno cara al tramo final del Plan de Recuperación. Pero sigue ahí el meollo de la cuestión: o España aprueba
nuevas reformas que convenzan a la Comisión Europea o no
recibiremos los 25.000 millones de Fondos que faltan (ni los 6.800
millones de créditos). Por eso, Pedro Sánchez comentó
a los periodistas, en los corrillos de la copa de Navidad en Moncloa, que “la
amnistía y los Fondos europeos serán los grandes hitos de 2026”, en lo que
se va a volcar el presidente, que buscará desesperadamente “abrir una ventana
con Junts” el año próximo. Todo indica que su gran prioridad será recibir esos
25.000 millones de Fondos europeos, “no perder ni un euro”. Y eso pasa por dos
cosas. Una, mantener el Gobierno hasta finales de agosto (unas
elecciones anticipadas, con los meses de interregno, supondrían perder esos
Fondos). Y la otra, conseguir sacar adelante la mayor parte de las reformas
exigidas, lo que obliga a pactar con Junts.
El panorama es muy difícil, pero conseguir esos
últimos Fondos europeos es clave para seguir creciendo y para
mantener la inversión y el empleo en muchos sectores y empresas. Quizás
no nos demos cuenta, pero los Fondos Europeos han sido uno de los motores del
crecimiento español desde 2022 a 2024: han
aportado un 2,4% de todo el crecimiento del PIB en esos tres años
(12,4%). A lo claro: que 1 de cada 5 euros producidos han sido gracias
a los Fondos europeos. Y su efecto inercial seguirá en el futuro: se
estima que hasta 2031 aportarán un crecimiento extra del PIB del 3,4%.
Así que nos jugamos mucho como país en recibir
estos Fondos europeos que faltan, 31.800 millones (subvenciones y créditos) de
los 103.000
millones previstos entre 2021 y 2026. Pero para no perderlos, España tiene
que hacer una serie de reformas económicas que exige Bruselas. El dilema
es claro: o se pactan estas reformas como sea o ese dinero se pierde (y
con él, inversiones y empleos claves para el futuro). Y tenemos un plazo para
acordar: el 31 de agosto de 2026. Ahora o nunca. No parece que los
políticos lo entiendan.
Empecemos recordando el origen y la evolución de estos Fondos europeos. En la madrugada del 21 de julio de 2020, en plena pandemia, los líderes europeos aprobaban por unanimidad el Plan de Recuperación, dotado con 750.000 millones de euros hasta 2026, para que Europa superara la nueva crisis y afrontara los retos energético y digital, con subvenciones y créditos europeos. Si en la crisis financiera de 2010-2014, Merkel y el resto de líderes europeos afrontaron los problemas con ajustes y recortes, sobre todo para los paises del sur, en esta ocasión se optó por el camino contrario: reanimar la economía con fondos europeos (y con emisión de deuda de los 27, algo “prohibido” antes) y aprovechar la nueva crisis provocada por la COVID-19 para modernizar la economía europea y ayudar a los paises a invertir en la reconversión energética y digital de sus economías.
De momento, la Comisión Europea aprobó el pasado miércoles esta Adenda de España, dando el visto bueno a la revisión de 160 reformas previstas y la eliminación de 17 reformas con rango de Ley, entre ellas la Ley de regulación de lobbies, la Ley de movilidad sostenible, la Ley del mercado de valores y la equiparación fiscal del diesel y la gasolina. También desaparece la obligación de aprobar la Ley del cine y la Ley de modificación de la pesca, aunque el Gobierno intentará aprobarlas igual. Y en el caso de otras 5 Leyes, se ha acordado sustituirlas por otras normas "de similar ambición.
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lunes, 30 de diciembre de 2024
Sin más reformas no hay más Fondos europeos
El 20 de diciembre, el Gobierno español envió una
carta a Bruselas para pedir el 5º pago de los Fondos europeos
adjudicados. Un día antes, el Gobierno Sánchez peleó a fondo en el Congreso
para aprobar varias Leyes que exige la Comisión Europea para hacernos
ese pago. Una de las medidas exigidas, la subida del impuesto al gasóleo (+11 céntimos/litro), no se ha podido pactar y se pospone hasta marzo. Pero si no se implanta el 1 de abril, Bruselas nos quitará parte de los Fondos se esta 5ª entrega. Hasta ahora, el Gobierno ha aprobado 181 reformas y han
llegado ya 48.000 millones de subvenciones europeas, a los que sumar los
8.000 millones pedidos ahora. Faltan 3 entregas más, en 2025 y 2026, por
24.000 millones (y otros 84.000 millones en créditos). Pero todo
este dinero europeo no llegará si España no aprueba otras 500 reformas, algunas de ellas Leyes
que han de pactarse en el Parlamento. Y con la oposición a la contra y el
Gobierno débil (chantajeado por sus socios), no parece nada fácil
asegurar los futuros Fondos europeos. Por favor, pacten y no perdamos dinero. Enrique Ortega
Recordemos la pequeña historia de los Fondos europeos. En la madrugada del 21 de julio de 2020, en plena pandemia, los líderes europeos aprobaban por unanimidad el Plan de Recuperación, dotado con 750.000 millones de euros hasta 2026, para que Europa superara la nueva crisis y afrontara los retos energético y digital, con subvenciones y créditos europeos. Si en la crisis financiera de 2010-2014, Merkel y el resto de líderes europeos afrontaron los problemas con ajustes y recortes, sobre todo para los paises del sur, en esta ocasión se optó por el camino contrario: reanimar la economía con fondos europeos (y con emisión de deuda de los 27, algo “prohibido” antes) y aprovechar la nueva crisis provocada por la COVID-19 para modernizar la economía europea y ayudar a los paises a invertir en la reconversión energética y digital de sus economías.
España fue el primer país europeo en aprobar un
Plan de Recuperación, el
27 de abril de 2021, para optar a las ayudas y créditos del
Fondo “Next Generation EU”, unos 140.000 millones inicialmente
adjudicados a España (70.000 en subvenciones a fondo perdido y 70.000 en
créditos con bajo interés), con 4
objetivos básicos: la transición energética, la
digitalización de la economía, las reformas económicas necesarias y la
reducción de desigualdades regionales, sociales y de género. El Gobierno
Sánchez envió el Plan a Bruselas el 30 de abril y un mes y medio después, el
16 de junio de 2021 lo
aprobó la Comisión Europea (fue el primer Plan nacional aprobado),
siendo ratificado por los ministros de Economía de la UE, el 13 de julio de
2021, “con la máxima calificación”.
A partir de ahí, el Plan de Recuperación empezó a andar
y enseguida llegaron los primeros Fondos europeos: el 17 de agosto de 2021, el
Tesoro español recibió la
primera transferencia de la UE: 9.036 millones en concepto de “prefinanciación”.
A partir de ahí, se establecían 8 desembolsos oficiales, 8 entregas
de Fondos europeos hasta agosto de 2026, que se irían abonando a medida que
España justificara a la Comisión Europea que se habían hecho las reformas e
inversiones exigidas. Había que “sudar” para recibir cada entrega…
España siguió con su calendario de reformas e inversiones y el
27 de junio de 2022, la Comisión Europea aprobó un 2º desembolso oficial a España: otros
12.000 millones de euros de subvención, recibidos tras cumplir 40
hitos, entre ellos la reforma laboral, la 1ª fase de la reforma de las
pensiones, la estrategia de movilidad sostenible, la hoja de ruta de la eólica
marina, la Carta de Derechos Digitales, la Ley Riders (repartidores), las
medidas fiscales para el despliegue de la Red 5-G, la modernización de la Agencia
Tributaria, el Plan de acción para la Atención Primaria y la Ley de la Cadena
Alimentaria.
Ya en 2023, el 17 de febrero, la Comisión Europea
autorizó el
tercer desembolso condicionado para España: 6.000
millones de euros, que llegaron el 28 de marzo, tras confirmarse que España
había cumplido otros 29 hitos y objetivos en 2022, entre ellos la Ley
Concursal, la Ley de Formación Profesional, la reforma de la cotización de
autónomos y la Ley de medidas contra el fraude fiscal. Esta vez, la
luz verde al tercer pago costó más, porque España tuvo que convencer a la
Comisión de los cambios en el sistema de control y auditoría implantados para
cumplir con los estándares de vigilancia europeos, una
herramienta llamada CoFFEE, perfilada por Economía y Hacienda.
Y en pleno verano, el 26 de julio de 2024, España
recibió el 4º pago condicionado, de 9.883 millones de euros, tras
confirmar Bruselas que había cumplido 61 hitos y objetivos más, en la
transformación digital, la transición energética, pensiones, educación,
tratamiento de aguas, digitalización de servicios públicos y cooperación
internacional. Con este 4º pago condicionado (de los 8 previstos),
España había recibido (en julio de 2024) un
total de 48.000 millones de subvenciones europeas
(a fondo perdido), el 60% del total adjudicado (al final, 79.954
millones de euros, en vez de los 70.000 inicialmente previstos, por ajustes
en el PIB y nuevos Fondos). Con ello, España es el país europeo al que la
Comisión ha entregado más Fondos europeos y también el país que ha cumplido
más hitos (181).
Ahora, en plenas Navidades, España
pide a Bruselas el pago de la 5ª entrega de Fondos europeos, otros
8.000 millones de euros, que llegarán en 2025. Y además, pide también la
1ª entrega del paquete de créditos (a bajo interés), 16.000 millones de
euros, que nos corresponden como parte del paquete de 84.000 millones en
créditos del Plan de Recuperación adjudicados a España por el Consejo Europeo, en
octubre de 2023. La entrega de este primer paquete de créditos (el 20% del
total) es también a cambio de nuevas reformas (30 hitos), a las
que se comprometió España al solicitarlos
en diciembre de 2022. De estos 84.000 millones en créditos, 24.000
los gestionará el Banco Europeo de Inversiones (el BEI, presidido por Nadia
Calviño) y 40.000 el ICO (Instituto de Crédito Oficial), que los canalizará a empresas, particulares e instituciones para proyectos “verdes”,
innovación, tecnología, vivienda y digitalización.
Esta 5ª solicitud de subvenciones (y la 1ª de
créditos) a Europa se hizo sólo un día después de que el
Gobierno Sánchez lograra
aprobar en el Congreso, al 19 de diciembre,
varios proyectos de Ley que exige Bruselas para hacernos
el nuevo pago de Fondos Europeos. Por un lado, el Gobierno consiguió aprobar “in
extremis” una Ley con medidas fiscales “descafeinada”, porque el veto conjunto de Junts y PNV habían sacado
el impuesto a las energéticas (por presiones de Repsol e Iberdrola). Y por otro,
una negociación de última hora con Podemos permitió aprobar dos Leyes sobre
la Eficiencia de la Justicia y el Derecho de Defensa, también exigidas por
Bruselas.
Eso sí, el Gobierno no
pudo aprobar en el Congreso la subida del impuesto al gasóleo (+11
céntimos por litro con el IVA, lo que encarecerá 6 euros el llenar un depósito), para equiparar
su impuesto (0,3790 euros por litro) al de la gasolina (0,4726 euros por litro),
por presión de Podemos, que justificó su veto en que la subida perjudica
a los más vulnerables, aunque es una exigencia medioambiental de la UE (el gasóleo emite más CO2 y partículas que la gasolina) y clave para recaudar más (ingresaría 1.500 millones al año). Por eso, el Gobierno quiere aprobar esta subida en el primer trimestre de 2025, para intentar convalidarla después y que entre en vigor el 1 de abril de 2025. De momento, Bruselas ha pactado con el Gobierno una prórroga, para aprobarla antes de finales de marzo. Pero si no logra los apoyos para convalidarla
en el Congreso, España
perderá parte de los 8.000 millones del 5º pago solicitado
ahora.
Con la solicitud de esta 5ª entrega de ayudas, el
Gobierno suma 84 hitos más a los 181 cumplidos antes
(hasta julio, cuando recibimos el 4º pago). Pero quedan muchas reformas,
hitos e inversiones que aprobar, concretamente el 50% de todos los
hitos comprometidos por España al presentar el Plan de recuperación en
2021 y la adenda para solicitar los créditos adicionales de 2022. En
total, faltan por cumplir otros 265 hitos. Este va a ser el gran
problema de España (no sólo de su Gobierno) en 2025 y 2026: necesitamos
aprobar nuevas reformas e inversiones (pactadas con la Comisión Europea) para
seguir recibiendo subvenciones y créditos. Y el
Gobierno Sánchez está en una situación
de peligrosa minoría, teniendo que pelear en el Congreso cada Ley que
aprueba y cada convalidación de Decretos-Leyes. Así que cuando el PP hace “pinza”
con Junts (o Podemos veta) para tumbar una Ley comprometida con
Bruselas, no sólo es “una derrota política de Sánchez”, sino que ponen en
peligro los Fondos europeos que tanta falta nos hacen.
En los dos últimos meses, un
batallón de funcionarios del Estado, autonomías, Ayuntamientos y
Universidades (800, según Economía) han trabajado en miles de reuniones
para aportar más de 325.000 documentos a otro “batallón” de funcionarios de
la UE, con los que están permanentemente en contacto (online) para presentar
las reformas e hitos aprobados y justificar las inversiones adjudicadas.
Puede que algún día aparezca un problema, pero pocos procesos se vigilan
tanto y por tantas personas como la solicitud, recepción y adjudicación de los
Fondos Europeos. Y en
estas reuniones es donde España negocia retrasar una reforma unos meses
(como la del gasóleo) o posponerla a 2025 o 2026 a cambio de anticipar
otra. Técnicos que deben estar al tanto de las peleas políticas en el Congreso,
porque de ellas dependen que el Plan de Recuperación avance.
De momento, España es un “alumno ejemplar” en Europa
en el cumplimiento del Plan de Recuperación (y el país más “vigilado”,
por ser el primero donde se prueban los controles europeos). Cuando recibamos
el 5º pago ahora solicitado, habrán
llegado 56.000 millones de subvenciones europeas, el 70% del total.
Y España afianzará así su liderazgo, siendo el país que más Fondos UE ha
recibido y el que ha cumplido con más hitos y reformas. Y también es uno de
los paises que más porcentaje de esos Fondos UE ha adjudicado: 44.163 millones, un 92% del
dinero recibido en las 4 primeras entregas (48.000 millones) y un 55,30% del
dinero total asignado en subvenciones a España (79.854 millones), según
el último balance hecho por el ministro de Economía el 12 de diciembre.
De esos 44.163
millones europeos ya adjudicados, un 40,1% han ido a microempresas
y pymes, un 25,7% a grandes empresas, un 15,9% a uniones temporales de empresas
(UTEs), un 14,4% a Fundaciones y otras instituciones y un 3,9% a hogares, según
el Balance oficial. Y más de la mitad de las adjudicaciones han ido a las
autonomías (26.595 millones), que tienen que gestionar su reparto. Las
que han recibido hasta ahora más Fondos europeos son Andalucía (4.168
millones), Cataluña (3.974) y Madrid (2.948 millones).
El Plan de Recuperación y la llegada y adjudicación
de los Fondos europeos avanza, pero queda
más de la mitad por recorrer y sólo tenemos año y medio por
delante: lo que no se haya adjudicado para agosto de 2026 (subvenciones
y créditos) se perderá. Así que queda la mayor parte de la tarea. En los tres primeros años del Plan
(2022, 2023 y 2024) hemos recibido 48.000 millones en subvenciones (el
60%) y queda recibir, en 2025 y primera mitad de 2026 (año y medio) los casi
32.000 millones restantes. Pero el gran reto son los créditos: los
84.000 millones llegarán en 2025 y primera mitad de 2026, poco más de
año y medio para que las empresas e instituciones los soliciten y se
les adjudiquen.
El Gobierno es consciente de que ahora, el
gran reto de los Fondos Europeos es “canalizar
los créditos”, porque no son tan fáciles de “adjudicar” como las
subvenciones (a fondo perdido), dado que hay que devolverlos (aunque
a un interés bajísimos y con carencias). Por eso, ya en febrero de 2024 se
aprobaron las 5
nuevas líneas de crédito del ICO (40.000 millones), que ahora se están
tratando de “movilizar” entre las empresas: linea ICO verde
(22.000 millones), linea ICO empresas y emprendedores (8.150
millones), linea ICO vivienda (4.000 millones para promover
viviendas en alquiler), línea Spain Audiovisual Hub (1.712
millones) y linea Fondo Next-Tecno (4.000 millones en créditos para
financiar tecnologías disruptivas que promuevan la innovación y digitalización).
Pero hay otra tarea más difícil: que España apruebe
en paralelo las reformas e inversiones comprometidas con Bruselas,
porque sin ellas no llegarán los 114.500 millones que faltan. Y dados
los enfrentamientos políticos, que ponen en peligro cada entrega de Fondos, haría
falta un gran Pacto político: el compromiso de pactar todas las
reformas que nos exige Bruselas para enviarnos nuevos Fondos. No
se puede perder ni un euro por las guerras políticas y los “chantajes” entre
partidos. Es un tema muy serio: no puede “jugar” con las cosas de
comer… Pero, por desgracia, algunos lo seguirán haciendo, poniendo en peligro
un dinero y unas reformas que benefician a todos los españoles. Por favor, sean
sensatos.
Recordemos la pequeña historia de los Fondos europeos. En la madrugada del 21 de julio de 2020, en plena pandemia, los líderes europeos aprobaban por unanimidad el Plan de Recuperación, dotado con 750.000 millones de euros hasta 2026, para que Europa superara la nueva crisis y afrontara los retos energético y digital, con subvenciones y créditos europeos. Si en la crisis financiera de 2010-2014, Merkel y el resto de líderes europeos afrontaron los problemas con ajustes y recortes, sobre todo para los paises del sur, en esta ocasión se optó por el camino contrario: reanimar la economía con fondos europeos (y con emisión de deuda de los 27, algo “prohibido” antes) y aprovechar la nueva crisis provocada por la COVID-19 para modernizar la economía europea y ayudar a los paises a invertir en la reconversión energética y digital de sus economías.
El primer
desembolso oficial condicionado (tras el anticipo de agosto) llegó el 27
de diciembre de 2021: 10.000 millones de euros, recibidos tras
confirmar la Comisión que España había cumplido 52 hitos y reformas,
entre ellas la Ley de Cambio Climático, la mejora de la conectividad, el Plan
de Ciencia, la modernización de la Administración Pública y los Planes para la
igualdad retributiva de hombres y mujeres. Además, España tuvo que aceptar y
firmar antes, en noviembre de 2021, el Reglamento de concesión de los Fondos
europeos aprobado por la Comisión, una exigente “hoja de ruta” para asegurar su
buen funcionamiento.
Recapitulando: España ha adjudicado 44.163 millones
de Fondos europeos en tres años y tiene ahora poco más de año y medio para
adjudicar otros 114.500 millones (30.500 en subvenciones y 84.000 en
créditos). Una tarea inmensa, que exige
un enorme esfuerzo de gestión, no solo al
Gobierno central sino sobre todo a autonomías, Ayuntamientos, Universidades,
instituciones y empresas. Una tarea que debería ser la gran prioridad
para todos, porque es un dinero con fecha de caducidad (agosto
de 2026) y con el que nos jugamos modernizar la economía española y
asegurar el crecimiento y el empleo futuros.
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lunes, 8 de abril de 2024
España crece, pero la inversión no tira
España crece cinco veces más que la zona euro,
gracias al tirón del turismo, el consumo y las exportaciones.
Pero el 4º motor de la economía, la inversión, falla: apenas
crece y es menor que en 2019, antes de la pandemia. Un problema
preocupante, porque la inversión es el mejor cimiento del crecimiento y
empleo futuros. La inversión pública ha mejorado tras la
pandemia, pero no despega la inversión privada (el 90% de toda la
inversión), porque las empresas han destinado sus mayores beneficios a “desendeudarse”
(devolver créditos), no a invertir. Y por la fuerte subida de tipos. Lo
positivo es que gana peso la inversión en maquinaria y tecnología y lo
pierde la inversión inmobiliaria. Bruselas ha pedido a España que
las empresas inviertan más en innovación y tecnología, porque gastan la
mitad que las europeas. Hay que agilizar la ejecución de los Fondos europeos,
promover la inversión por todos los medios (incluidos fiscales) y rebajar
la crispación política, porque no ayuda a invertir. Enrique Ortega
España se recuperó de la pandemia ya en 2022 y en 2023 creció un 2,5% (cinco veces más del 0,5% que creció la zona euro), empujada por un turismo récord, un consumo que aguanta (por la menor inflación y la creación de 783.000 empleos el último año) y unas exportaciones casi récord (+31,9% sobre 2019). Pero el 4º motor del crecimiento, la inversión, apenas crece y es el único indicador importante que sigue por debajo de 2019 (232.034 millones de inversión bruta, un -1,6% menos que antes de la pandemia), mientras en el resto de Europa (salvo en Alemania) y en EE. UU. ya crece más que en 2019. De hecho, la inversión en España ha crecido un 2,7% de media entre 2021 y 2023 mientras la economía (el PIB) ha crecido un 4%. Así que la inversión no está ayudando al crecimiento. Y eso es preocupante, porque la inversión es clave para modernizar el tejido productivo, este capital es el cimiento básico para asegurar el crecimiento y el empleo en el futuro.
¿Qué está pasando con la inversión? Hay dos
causas que la han retraído, en España y en todo el mundo. Una, la
debacle económica de la pandemia, que hundió las ventas y la economía y
que tardó en recuperarse, en 2020 y 2021, por los “embudos” en las cadenas de
suministro internacionales. Y este factor ha afectado más a la inversión
en España, porque muchas de las inversiones dependen más de las cadenas
internacionales (automoción, textil, energía, química y farmacia). La otra
causa ha sido la
drástica subida de los tipos de interés (del 0 al 4,5% entre
2021 y 2023), que ha retraído la inversión, más en España porque aquí
las empresas dependen más del crédito bancario. Y otro factor autóctono es que
las empresas españolas han aprovechado sus altos
beneficios de los últimos años no para invertir sino para devolver
créditos, con lo que ahora están menos endeudadas que las europeas: así,
entre diciembre de 2021 y septiembre de 2023, las empresas españolas han
reducido su deuda en 38.924 millones, según
el Banco de España, dejándola en el
menor porcentaje de los últimos 10 años (939.924 millones, el 64,2% del PIB
frente al 80% en 2021).
Además, no ha ayudado a recuperar la inversión la
incertidumbre geopolítica internacional, con la guerra de Ucrania primero y
el conflicto en Palestina ahora. Y en España, los cambios electorales y la
tremenda crispación política. Ahora, debería ayudar al despegue de la inversión
la esperada bajada de tipos (en junio), aunque será lenta y larga, la
moderación salarial (los españoles cobran 18 euros por hora de trabajo, 6
euros menos que la media europea y 13 euros menos que en Alemania, según Eurostat) y el mantenimiento del consumo y el empleo, que permiten a las
empresas mantener beneficios, con los que podrían invertir más.
Pero al margen de la coyuntura, la
inversión lleva siendo un problema en España desde hace década y media.
Entre 1995 y 2007, España vivió un “boom
inversor”, apoyado en el ladrillo y las inversiones inmobiliarias,
lo que duplicó la inversión bruta (de 141.493 millones en 1995 a 288.335
millones en 2007). Pero llegó la crisis financiera y estalló la burbuja
inmobiliaria, desplomando la inversión (hasta un mínimo de 177.852 millones de
euros en 2013, una caída del -38,3% sobre 2007). A partir de ahí, la inversión
empezó a remontar, hasta los 235.829 millones en 2019. Luego llegó la
pandemia y volvió a caer, en 2020 y 2021, recuperándose en 2022 y 2023
(232.034 millones), pero quedando todavía por
debajo de la inversión anterior a la pandemia. Y en 2023, cuando la
economía ha crecido un 2,5%, la inversión ha crecido sólo la tercera parte
(0,8%), según el INE.
Las cifras totales de inversión no revelan tanto el problema
como su menor
peso en la economía: lo que ha pasado es que la economía ha
crecido (desde 2014) más que la inversión. Y así, si la inversión llegó
a suponer el 30% de la economía (del PIB) en 2006, el mejor año, redujo ese
peso año tras año, hasta suponer el 20% en 2019 e incluso bajar ese
porcentaje al 19,34% del PIB en 2023. Un peso de la inversión, antes y
ahora, que es menor al que tiene la inversión en el resto de Europa,
donde supone un 22% de media (del PIB). Y en la mayoría de los paises,
salvo Alemania, la inversión pesa más ahora que en 2019.
Este menor peso de la inversión en España, año tras
año desde 2006, es especialmente preocupante porque la
inversión es la clave para modernizar la economía y destinar recursos a las
nuevas tecnologías y a la innovación. Pero junto a este menor peso de la
inversión, hay otro dato positivo del balance de la última década
y media, según
este reciente estudio de la Fundación BBVA e Ivie: ha perdido peso la
inversión inmobiliaria y lo ha ganado la inversión en maquinaria, servicios
privados y públicos. A lo claro: menos ladrillo y más tecnología.
El gran cambio es que la inversión
inmobiliaria ha pasado de representar el 41% de la inversión total en
2007 a representar el 29% de toda la inversión en 2021-23, según
el estudio. Y en contrapartida, ha crecido el peso de la inversión no
residencial, del 59 al 71%. Esto se ve más claro en los últimos tres años
(2021-2023): ha crecido la inversión en servicios privados (+4,8%),
tanto los tradicionales (+5,5%) como los servicios de intensidad digital
(+4,3%), en industrias manufactureras (+3,7%) y la inversión en
servicios públicos (+2,1%), mientras cayó la inversión residencial, en
construcción (-3,7%), en energía (-1,5%) y en agricultura,
ganadería y pesca (-5,2%).
Eso se ha traducido en mayores
inversiones estos últimos 3 años
en maquinaria (26,95% del total), equipos de transporte (10%), tecnología
de la información (TIC, el 10% de la inversión) y activos inmateriales (servicios,
el 12,8%), mientras la construcción no residencial (infraestructuras, naves,
locales) se lleva ahora el 33,4% restante de la inversión total, la mitad que
hace 16 años. En definitiva, todavía se invierte poco, menos que la mayoría
de Europa, pero se invierte más que antes en destinos más productivos que el
ladrillo.
Con todo, la vieja burbuja del ladrillo es todavía un
gran lastre para España y para el futuro de la inversión. Y eso,
porque los activos inmobiliarios suponen un 88% del stock de capital que
tenemos, del capital acumulado (4,2 billones de euros en 2023), un stock que
hay que mantener cada año para cubrir su depreciación. De
hecho, el 75% de la inversión que se hace cada año es para “mantener” ese stock
de capital, donde pesa demasiado el ladrillo (naves, locales,
terrenos, inmuebles), mucho más que en el resto de Europa (en Alemania,
los activos inmobiliarios suponen el 82% del stock de capital y en Reino Unido
el 80%).
Por eso, por tener que dedicar un 75% de la inversión a
cubrir la depreciación del capital, el
capital neto sólo supone un 25% de lo que se invierte cada año y
es lo que podemos dedicar a modernizar la economía. Esta inversión neta
ha caído también desde 2007 (era de 146.498 millones), a la mitad en 2009
(75.704 millones) y a menos de la 6ª parte en 2013 (21.558 millones),
recuperándose después hasta 2019 (62.538 millones) y cayendo con la pandemia,
para no haberse todavía recuperado en 2023 (51.760 millones). La
inversión pública se ha recuperado en parte por las ayudas frente a la
COVID y la inflación (aunque sigue un 55% por debajo de 2009), pero la
inversión privada (que supone el 90% de la inversión
total) se ha recuperado más lentamente desde 2021.
Ahora, la prioridad debe ser recuperar la inversión
(sobre todo la privada), que puede generar más crecimiento y empleo,
dado que se dirige a sectores y destinos más productivos que el
ladrillo. La propia Comisión
Europea acaba de pedir a España
que refuerce la inversión empresarial, sobre todo en innovación y tecnología,
donde las empresas españolas invierten la mitad que las europeas (el 0,8% del
PIB frente al 1,5% de media en la UE-27 y el 2,5% que invierten en I+D+i las
empresas de Bélgica o Suecia). Además, la mayoría de expertos
reiteran la importancia de recuperar la inversión, porque es
la clave para aumentar la productividad de España, más baja que la de la
mayoría de Europa: nuestra producción por habitante (PIB per cápita
descontando la inflación) es el
89% de la media UE-27, porque trabajamos menos gente (2 millones menos
de los que deberían) y porque trabajan con menos eficacia, entre otras causas
porque invertimos menos en modernizar la economía.
El resultado es que España, la 4ª mayor economía
de la UE (tras Alemania, Francia e Italia) ocupa el puesto 16º en
producción por habitante (y en renta o nivel de vida), tras Luxemburgo,
Irlanda, Holanda, Dinamarca, Austria, Bélgica, Suecia, Alemania, Finlandia,
Malta, Francia (estos 11 paises tienen un PIB por habitante superior a la media
UE), Italia (97%), Chipre (95%), Eslovenia y Chequia (91%), según
el ranking recientemente publicado por Eurostat. Y ojo, España
lleva más de una década produciendo por debajo de la media europea: tenemos
una “brecha” con Europa desde 2010 (96% del PIB por habitante de la
UE-27 ese año, mejor del 89% que tenemos ahora, en 2023).
Si queremos recortar esta “brecha” económica con Europa, ser
más productivos, los
expertos insisten en que hay que reconvertir la economía, fomentar la
innovación y la tecnología, apostar por la industria, mejorar la formación de
los trabajadores y de los gestores, aumentar el tamaño de las empresas,
fomentar la exportación, conseguir una economía más verde y digital. Y todo
esto exige aumentar la inversión, tanto la pública (en
servicios públicos e infraestructuras) como sobre todo la inversión privada.
Y para ello, urge promover nuevos proyectos, con el apoyo de los Fondos
europeos, reduciendo burocracia y agilizando las inversiones, que deben
fomentarse con ayudas e incentivos fiscales. Y también es clave reducir
la crispación política y clarificar el futuro de esta Legislatura,
porque la incertidumbre no ayuda. Todo para relanzar la inversión,
la clave para asegurar el crecimiento y el empleo del futuro.
España se recuperó de la pandemia ya en 2022 y en 2023 creció un 2,5% (cinco veces más del 0,5% que creció la zona euro), empujada por un turismo récord, un consumo que aguanta (por la menor inflación y la creación de 783.000 empleos el último año) y unas exportaciones casi récord (+31,9% sobre 2019). Pero el 4º motor del crecimiento, la inversión, apenas crece y es el único indicador importante que sigue por debajo de 2019 (232.034 millones de inversión bruta, un -1,6% menos que antes de la pandemia), mientras en el resto de Europa (salvo en Alemania) y en EE. UU. ya crece más que en 2019. De hecho, la inversión en España ha crecido un 2,7% de media entre 2021 y 2023 mientras la economía (el PIB) ha crecido un 4%. Así que la inversión no está ayudando al crecimiento. Y eso es preocupante, porque la inversión es clave para modernizar el tejido productivo, este capital es el cimiento básico para asegurar el crecimiento y el empleo en el futuro.
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