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lunes, 10 de noviembre de 2025

Cumbre del Clima: "Emergencia", no "Cambio Climático"

Hoy 10 de noviembre se inicia en Brasil otra Cumbre del Clima (la COP 30), con pocas esperanzas de que los 197 paises tomen medidas eficaces contra el Cambio Climático, que es ya una “emergencia” climática. El pesimismo deriva de que Trump sacó a EEUU del Acuerdo de París, China, India y paises en desarrollo apenas recortarán emisiones (siguen consumiendo carbón, petróleo y gas) y Europa suaviza sus ambiciones climáticas, por el auge del negacionismo climático y el “pragmatismo”, forzados por la derecha y extrema derecha europeas (el PP español ha sido el único partido popular europeo, junto al polaco,  que ha votado en contra (junto a la ultraderecha europea) del recorte al 90% aprobado por la Comisión. Mientras, las emisiones siguen aumentando y provocan “emergencias” como los incendiosolas de calor del verano o la DANA de Valencia. Por eso, el gobierno Sánchez propone un Pacto de Estado para acordar medidas y frenar los daños climáticos (20.000 muertos directos en 5 años). Pacto rechazado por el PP y sus autonomías antes de conocerlo. Algo grave, porque afrontar la emergencia climática no es una cuestión de ideología, sino de pura supervivencia.

Guterres (ONU): "El mundo se dirige a la ruina si no se actúa. Es un fracaso moral y una negligencia mortal"

Esta Cumbre del Clima de Belém (10 al 21 de noviembre) es la número 30 de las Cumbres mundiales celebradas desde la primera Cumbre de la ONU sobre el Medio Humano de 1972. Y  coincide con el 10ª aniversario de la Cumbre de París (1975), donde casi 200 paises acordaron reducir las emisiones mundiales de CO2 para evitar que la temperatura de la Tierra subiera más de 2 grados a finales de siglo (y mejor evitar que suba más de 1,5 grados). Hoy, todo indica que los paises no han hecho sus deberes y que “el Cambio Climático va a más”, según señaló Antonio Guterres, secretario general de la ONU en la apertura de esta COP 30. Los últimos datos aportados por la OMM (ONU) son estremecedores: las emisiones de CO2 (el gas responsable del 66% del recalentamiento de la Tierra) han vuelto a aumentar en 2024 y su nivel de concentración en la atmósfera es ya de 423 partes por millón (ppm), frente a 284,7 en 1850, 385 en 1990 y 377,1 en 2009, el nivel más elevado de C02 en 800.000 años, según los científicos. Y también estamos en niveles récord de metano (1.942 ppm), responsable del 16% del calentamiento global) y de óxido nitroso (338 ppm de NO2), culpable de otro 6% del calentamiento global.

La consecuencia inmediata es el aumento de la temperatura de la atmósfera, que ya superó en 2024 los +1,55 grados sobre la temperatura de los niveles preindustriales (1850-1900). Y a este ritmo, ese aumento será habitual en la próxima década de los años 30 y la Tierra sufriría un aumento de la temperatura de 2,3 a 2,5 grados para el año 2100, según la ONU, lo que sería una catástrofe para el clima y la vida en el Planeta. De hecho, el calentamiento actual ya ha provocado una “emergencia climática”, en palabras de la ONU, emergencia que provoca “fenómenos climatológicos extremos” que puede ver cualquiera: olas de calor, sequías, incendios virulentos (este verano en España), lluvias e inundaciones (DANA de Valencia), huracanes y tifones más frecuentes y virulentos… Y una pérdida de los glaciares que ha provocado una subida del nivel del mar (entre 20 y 23 centímetros desde 1980), que podría superar los 30 cm a finales de siglo), poniendo en riesgo muchas zonas del Planeta. Y todo ello provoca además una pérdida de especies y biodiversidad, migraciones climáticas y unas pérdidas humanas (546.000 muertes anuales entre 2012 y 2021, según el 9º Informe Lancet Countdown)  y económicas (inconmensurables).

A pesar de este negro panorama que demuestran los científicos y la ONU, los paises siguen sin afrontar de verdad la “emergencia climática. Algo especialmente grave porque el 76% de las emisiones globales que están destrozando el clima y el Planeta son culpa del hombre, de sus actividades (energía y transporte, industria, agricultura, ganadería, vivienda y residuos). El secretario general de la ONU ha sido claro en la Cumbre de Brasil: “demasiados líderes mundiales están cautivos de los combustibles fósiles” (petróleo, carbón y gas). Los datos de la ONU lo corroboran: los Gobiernos gastaron 956.000 millones de dólares en ayudas públicas (subvenciones, minoración de impuestos, inversiones) a los combustibles fósiles sólo en 2023, tras la crisis energética por la invasión de Ucrania. Sólo España gastó 6.810 millones en subvenciones y ayudas(al gasóleo, la gasolina y la luz…). Y 17 de los 20 paises más destacados planean aumentar la producción de al menos 1 combustible fósil (algunos gas, otros carbón y otros petróleo) para 2030, según un estudio reciente.

Pero además, las petroleras y multinacionales energéticas  llevan todos estos años invirtiendo en combustibles fósiles (que matan), lo que les ha permitido multiplicar sus beneficios a costa del clima: un reciente estudio demuestra que las grandes petroleras (Shell, BP, Exxon Mobil y Chevron) han “pausado, retrasado o retiradoen 2025 sus compromisos climáticos anteriores. Y que las 100 principales empresas productoras de petróleo y gas tienen estrategias de producción que las llevarán a superar las cuotas de producción asignadas para poder reducir el calentamiento global en 1,5 grados máximo para 2100. En paralelo, la banca mundial, que presume cada vez más de “verde”, aumentó un 29% sus préstamos a las empresas de combustibles fósiles en 2024 (hasta 611.000 millones de dólares), superando en un 15% a los préstamos que conceden al sector verde mundial.

A lo claro: los paises, las empresas energéticas y la banca echan ayudas y dinero al fuego de la emergencia climática. Y miran para otro lado cuando la ONU y sus organismos técnicos les piden tomar medidas y recortar emisiones, como se comprometieron hace 10 años en la Cumbre de París. La actitud de los paises, poco conocida, es escandalosa: tenían que haber entregado a la ONU sus Planes de recortes de emisiones para 2035 en febrero de 2025, según lo acordado en París. Pues bien, sólo 10 paises cumplieron, con lo que la ONU les amplió el plazo hasta el 30 de septiembre, coincidiendo con una Cumbre paralela a la Cumbre anual de la ONU en Nueva York. Y resulta que para ese 2º plazo, sólo 64 paises de los 197 firmantes del Acuerdo de París presentaron su Planes, incumpliendo EEUU (Trump sacó al país del Acuerdo en enero), China (anunció su intención por videoconferencia) e incluso la Unión Europea (aprobó su Plan el 4 de noviembre)…

Pero lo peor no es que la mayoría de paises hayan retrasado sus Planes de recorte de emisiones para 2035, sino que los paises que lo han presentado (antes y estos días) proponen unos recortes de CO2 ridículos, un 11% de media, según los expertos de la ONU. Y el recorte debería ser mucho mayor: habría que reducir las emisiones un 35% para 2035 (sobre las de 1990) para no superar los 2 grados a finales de siglo. Y eso ya sería mucho y con efectos peligrosos para el clima, por lo que defienden un recorte de las emisiones del -55% hasta 2035 para garantizar que la temperatura no sube más del 1,5% en que ya estamos (2023,2024 y 2025 han sido los años más calientes de la historia).

En definitiva, que vísperas de esta Cumbre del Clima de Brasil, la mayoría de los paises “no habían hecho sus deberes y los que prometen recortes, sólo proponen reducir sus emisiones la quinta parte de lo que hace falta. Ese desinterés ante la emergencia climática se ha visualizado en las importantes ausencias a esta Cumbre de Brasil, a la que no asisten los líderes de 4 de los 5 países que más contaminan: China (29,2% de las emisiones mundiales de CO2), Estados Unidos (11,1% emisiones), India (8,2% ) y Rusia (4,8%. Sí asisten los líderes de la UE (el 4º mayor emisor de CO2 del mundo, con un 5,95% del total), con la presidenta Von der Leyen, Macron, Metz y Sánchez (más el británico Stamer), pero con una política medioambiental más “suavizada por la presión de la derecha y la extrema derecha.

China es clave para los recortes de emisiones, que han prometido menores y dilatados en el tiempo (a partir de 2035 y 2040, para no truncar su crecimiento actual, basado todavía en el carbón, el petróleo y el gas, aunque son líderes mundiales en energías renovables. Lo mismo pasa con la India, Brasil y otros paises en desarrollo, que además piden ayudas de los paises ricos (que llevamos medio siglo contaminando al máximo) para reconvertir energéticamente sus economías (falta por aportar al Fondo de 100.000 millones de dólares previsto). Rusia aumentara sus emisiones para 2035, por su apuesta por el gas. Y Estados Unidos, el otro país clave, se ha lanzado con Trump a la producción y consumo de petróleo y gas (“perfora, niño, perfora”, es su lema), apostando incluso de nuevo por el carbón, lo que aumentará sus emisiones, no las reducirá.

Y la Unión Europea, que era (y todavía es) el paladín de la lucha contra el Cambio Climático ha frenado sus impulsos reformadores, forzada por las posiciones “negacionistas” de una buena parte de la derecha (PPE) y de la extrema derecha, que ataca en todos los paises (y en España, en las autonomías) el Pacto Verde Europeo. Eso ha llevado al Consejo y a la Comisión Europea a retrasar su ley del Clima y los nuevos Planes de recortes de emisiones (el NDC), que no aprobaron hasta el martes pasado, tras una reunión maratoniana (1 día y toda la noche siguiente) de los ministros de Medio Ambiente. Al final, han acordado un recorte de emisiones del 90% para 2040 (sobre las de 1999). Pero este objetivo tiene “truco”: Francia, Alemania y los paises del Este han forzado una cláusula para que un 5% de ese recorte se pueda “comprar” en el mercado internacional (hay una “Bolsa” de derechos de emisiones de CO2) con dinero de los Fondos europeos y otro 5% con dinero de los propios paises que lo necesiten para cumplir…A lo claro: pagar a otro país que emite de menos por lo que un país emite de más. Y además, reconocen el papel en la transición energética de los combustibles de bajas emisiones en el transporte y retrasan un año las exigencias de emisiones que se piden al transporte por carretera y a los edificios.

Europa está ahora dividida en la lucha contra la emergencia climática, con paises que quieren ir más despacio, argumentando que las políticas climáticas “no pueden poner en peligro la industria y la competitividad europea” (los más duros, Hungría, Polonia y República Checa, apoyados ahora por Suecia, Francia, Alemania e Italia) y otros paises que defienden que “no hay futuro para Europa si no se descarboniza la economía” y que puede ser “una oportunidad” para crear nuevas industrias y empleos (grupo encabezado por España y en el que están otros 13 paises más, entre ellos Portugal, Finlandia, Paises Bajos, Austria e Irlanda. Y esta división interna (y dentro de cada país, por el auge del “negacionismo” y la extrema derecha) es más preocupante porque Europa es uno de los continentes más vulnerables ante la emergencia climática, especialmente los paises del sur, como se ha visto estos años en Grecia, Italia, Francia, Portugal y España.

Precisamente, la DANA de Valencia y los incendios de este verano hicieron que al comienzo de este curso político, el 1 de septiembre, el presidente Sánchez propusiera a las fuerzas políticas y sociales, administraciones, científicos, entidades y ciudadanos, un Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática, similar al que se consiguió con las pensiones (Pacto de Toledo) y contra la violencia de género. Al día siguiente, el Consejo de Ministros aprobó 10 medidas que proponen incorporar a ese Pacto de Estado, entre ellas crear una Agencia de Protección Civil y Emergencias, una Red Nacional de Refugios Climáticos en ciudades y pueblos (para afrontar las olas de calor), reforestación y mejor gestión forestal, nuevos Planes Hidrológicos, una reordenación del territorio y las infraestructuras para hacer frente a inundaciones y sequías, más ayudas al medio rural (el mejor aliado en las políticas medioambientales), la creación de 2 Fondos públicos (uno para responder a fenómenos extremos y otro para prevenirlos a nivel local y autonómico), dotar de más medios a los bomberos y servicios de emergencias (creando un nuevo Cuerpo técnico), formación en emergencias en centros educativos y Universidades y la exigencia a Europa de que sea más ambiciosa en los objetivos medioambientales y su financiación.

Parecen medidas “razonables” a la vista de los fenómenos climáticos extremos que hemos sufrido, que se esperan sean cada vez más frecuentes y graves. Pero el PP dijo que no lo apoyaría el 31 de agosto, incluso antes de conocer la propuesta: Feijoo se negó a apoyar este Pacto de Estado, reiterando que el Gobierno Sánchez ha sido incapaz de gestionar los incendios de este verano (sic) y que “se pone de perfil ante cualquier desgracia” (sic). Así que aunque Sánchez y el Ministerio de Transición Ecológica ya han celebrado Jornadas públicas (con expertos y ciudadanos (la primera en Ponferrada en octubre)  para explicar el Pacto, no han asistido ni alcaldes ni políticos del PP (ni por supuesto de Vox).

Así que los ciudadanos de a pie, que sufrimos las olas de calor (3.644 muertes entre junio y agosto) las sequías (y las enormes pérdidas para el campo, junto a subidas extras de los alimentos), las inundaciones y la contaminación (que causa en España 10.000 muertes al año, según Sanidad) y las pérdidas económicas por el clima y sus destrozos (12.200 millones de pérdidas solo este verano, el país líder por pérdidas climáticas en Europa, según un estudio de la Universidad de Mannheim) asistimos impotentes a una Cumbre del Clima donde los paises que más contaminan no se comprometen apenas a recortar emisiones y permiten que las empresas energéticas (y los bancos) ganan millones a costa del clima, del Planeta y de nuestras pérdidas y muertes (20.000 directas en España los últimos 5 años, según dijo Sánchez en Brasil). Y en España, cuando el Gobierno propone un Pacto de Estado para afrontar un problema que ha destrozado medio país (incendios y DANAs), el PP rechaza hablar y Vox niega el cambio climático (¿qué puede pasarle a las políticas climáticas si un día Gobiernan juntos?).

De hecho, el PP español ha sido el único partido popular europeo (junto al PP de Polonia) que votó este lunes 10 de noviembre junto a la ultraderecha europea (en una Comisión del Europarlamento) en contra del recorte de emisiones del 90% propuesto por la Comisión (y que salió adelante en la Comisión del Parlamento Europeo por 55 frente a 32 votos). 

Es hora de que los ciudadanos salgan a las calles y presionen a sus Gobiernos en todo el mundo para que se den cuenta de que estamos ante una “emergencia climática”, de la que nos han venido advirtiendo los científicos y que ahora sufrimos todos. “El mundo se dirige a la ruina si no se actúa. Es un fracaso moral y una negligencia mortal”, acaba de decir el secretario general de la ONU en la Cumbre de Brasil. Pero predica en el desierto. El problema para el mundo es que se acaba el tiempo para actuar. Ojo: la lucha contra la emergencia climática no es una cuestión política, sino de pura supervivencia.  

jueves, 17 de diciembre de 2020

Clima: la próxima pandemia (sin vacuna)

 

Se han cumplido 5 años de los acuerdos de la Cumbre del Clima de París y el mundo sigue emitiendo más gases de efecto invernadero. Incluso con la pandemia, las emisiones sólo han caído un -5,3% y crecerán cuando la economía se recupere. Por eso, la ONU ha pedido a los paises que declaren “la emergencia climática” y que no retrasen más los recortes de emisiones. Europa se ha adelantado y las rebajará un -55% para 2030. Falta ver qué hacen China y EEUU, ahora con Biden. Pero urge recortar las emisiones, porque los efectos negativos del Cambio Climático se han agravado: subida temperaturas, incendios, inundaciones, huracanes…Y los científicos advierten: el Cambio Climático va a provocar futuras pandemias, con millones de muertes por altas temperaturas, contaminación, hambre y migraciones, favoreciendo nuevas enfermedades como la COVID 19. Y contra estas “pandemias climáticas” no habrá vacunas. Sólo queda evitarlas ahora, reduciendo emisiones todos, desde los Gobiernos a las empresas y cada uno de nosotros. Avisados estamos.

 

Recreación de Enrique Ortega a partir de El Jardín de las Delicias de El Bosco.

La pandemia ha bajado las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del Cambio Climático, pero más en los primeros meses (-23% hasta finales de mayo), con el confinamiento duro, y menos a partir del verano (crecen desde julio), siendo ya mayores las emisiones en noviembre que en enero de 2020, según este gráfico de Carbon Monitor. El balance, hasta el 30 de noviembre, es de una bajada de las emisiones mundiales de CO2 del -5,3%, un recorte que es mayor en Estados Unidos (-13,2%), Europa (-9%), India (-8,7%) o Brasil (-11%) y menor en China (-0,5% emisiones) y Rusia (-3,6%), según el último informe de Carbon Monitor. España es uno de los paises donde más han caído las emisiones de CO2 con la pandemia (-14,6% hasta finales de noviembre), al reducirse en la producción de electricidad (-7%), por el menor uso del carbón, en el transporte (-4,1), por la menor movilidad, y en la industria (-2,6%), siendo mínima la reducción en la aviación (-0,5%) y las viviendas (-0,4%).

La ONU estima que la rebaja de emisiones por la pandemia oscilará entre el -5% y -7% este año 2020, mientras la Agencia Internacional de la Energía (IEA) apuesta por una rebaja del -7%. Sería la mayor reducción del siglo, tras una estabilización de emisiones en 2019, un crecimiento anual del +0.9% en la década 2010-2018 y del +3% en la década 2000-2009. El problema vendrá ahora, a la vista de la subida de emisiones desde el verano: la IEA estima que el consumo energético aumentará del +4% al 9% anual en la próxima década y con esta mayor demanda, tras la pandemia, volverán a subir las emisiones.

Suban o no, las emisiones hechas en los dos últimos siglos están ahí, acumuladas en la atmósfera y trastocando la naturaleza y el Clima. Ya en 2019 se batió el récord histórico de concentración de CO2 en la atmósfera: 410,5 ppm (partes por millón), casi el doble que los niveles alcanzados en el periodo pre-industrial (278 ppm en el siglo XVIII). Y el récord no fue sólo en las emisiones de CO2, el gas que más contribuye (en un 85%) al calentamiento global, sino también en las emisiones de metano (1.877 ppmm, partes por mil millones, 2,4 veces el dato del siglo XVIII), en un 60% procedente de la ganadería, la agricultura, los combustibles fósiles y la gestión de residuos,  y de oxido nitroso (332 ppm frente a 279 en el siglo XVIII), los otros dos gases de efecto invernadero, que retienen (como el CO2) el calor en la atmósfera y degradan la capa de ozono. Y en 2020, esa concentración de CO2 en la atmósfera ha seguido aumentando: el 18 de abril se batió otro récord en el Observatorio  tinerfeño de Izaña (418,7 ppm) y hoy está en 413,49 ppm en el Observatorio de Hawái, en cuya web se puede ver cada día.

Los científicos que trabajan para la ONU ya han alertado que el problema de esta elevada concentración de gases de efecto invernadero es que sus efectos negativos sobre el Clima se han acelerado más de lo previsto en 2015, cuando se firmaron los Acuerdos de la Cumbre de París. Así, el informe presentado el 2 de diciembre por la Oficina Meteorológica Mundial (OMM), dependiente de la ONU, destaca el fuerte aumento de la temperatura en el mundo: 2020 será uno de los tres años más cálidos de la historia, junto a 2016 y 2019. Y con ello, la temperatura del Planeta habrá subido este año +1,2 grados sobre la que había en la época pre-industrial (1.850-1900), con lo que se podrían superar los +1,5 grados de subida para 2024 y superar los 3 grados a finales de este siglo, cuando en la Cumbre de París se fijó como objetivo no superar los 1,5/2 grados, porque subir más sería acabar con el Planeta.

El informe de la OMM (“Estado del Clima 2020”) no sólo alerta sobre el fuerte aumento de la temperatura por las emisiones sino que destaca otros efectos negativos sobre la naturaleza y el Clima. El primero, el aumento de los incendios devastadores en Australia, Siberia, costa oeste de EEUU y América del Sur, los más activos desde que existen registros. El segundo, la reducción del hielo ártico, el nivel más bajo en 42 años, fruto de unas temperaturas árticas 5 grados por encima de lo normal (38 grados en Siberia el 20 de julio). El tercero, la consiguiente subida del nivel del mar por el deshielo, con un aumento del nivel del mar de 3,3 milímetros por año desde 1993. Y además, un fuerte deterioro de medio marino, debido a que los océanos absorben la mayor parte del calor del Planeta (el 90%) y una cuarta parte del CO2, lo que calienta y acidifica los mares, destruyendo especies y ecosistemas. Otra consecuencia del Cambio Climático es el aumento de los “fenómenos meteorológicos extremos”, que en 2020 se han dado con más frecuencia y virulencia: fuertes inundaciones (este de África y Sahel, Asia meridional, China y Vietnam), récord de tormentas tropicales (96 ciclones, 30 en el Atlántico) y huracanes (2 de categoría 4 en Centroamérica).

Este aumento extra de la temperatura y los fenómenos meteorológicos extremos han provocado el rebrote de enfermedades (como el dengue o el virus del Nilo), plagas (de langosta en Africa), malas cosechas, hambre y migraciones masivas: se calcula que 10 millones de personas se han desplazado en Asia y África durante el año 2020 por estos desastres climáticos. Y no sólo sufre el hombre, sino también el Planeta, donde 1 millón de especies están en peligro de extinción, con miles de ecosistemas destruidos. “Estamos en guerra con la naturaleza”, resumía el secretario general de la ONU hace unos días.

La cuestión ahora es no sólo salvar el Planeta, sino salvar vidas. Porque los científicos han lanzado otra dramática alerta, a través de un Estudio elaborado por 140 expertos  mundiales y publicado en diciembre en la revista The Lancet: la crisis climática es la mayor amenaza sanitaria del siglo XXI y amenaza al mundo con otra pandemia. Una pandemia que vendrá por 2 vías, si no se atajan las emisiones. La primera, por un colapso de los sistemas sanitarios de la mayoría de los paises, debido a un fuerte aumento de enfermedades y muertes por olas de calor (ya se produjeron 296.000 muertes en 2018, de ellas 104.000 en Europa y 3.160 en España), por un aumento de enfermedades infecciosas ligadas al aumento de la temperatura (dengue y malaria), por los daños cardíacos y pulmonares ligados al aumento de incendios, por el hambre y la peor alimentación derivados de sequías e inundaciones y del menor rendimiento de los cultivos, así como por el aumento de la contaminación atmosférica (7 millones de personas mueren al año en el mundo por la mala calidad del aire, 524.000 de ellas en Europa, según la AEMA).

El segundo riesgo de una futura pandemia está en la destrucción de la naturaleza y los ecosistemas, porque la explotación insostenible de los recursos naturales y las extinciones masivas de especies están en el origen de las recientes enfermedades zoonóticas (que se transmiten de los animales al hombre), desde la gripe A , el Sida, el SARS o la COVID 19, con virus que han saltado de animales (primates, murciélagos, roedores, aves y animales domésticos) al hombre, como refleja el muy recomendable libro “Contagio”, de David Quammen. En definitiva, según reiteran los  científicos de la ONU, está demostrado que la destrucción de ecosistemas, la desforestación y la eliminación de hábitats naturales “propicia que los virus en animales salten a los humanos y se conviertan en pandemias mundiales”. Y dan una cifra aterradora: en la naturaleza hay 1,7 millones de virus, de los que entre 500.000 y 700.000 virus animales tienen potencial para infectar a los humanos.

Así que el Cambio Climático no solo puede destruir el Planeta sino que antes nos puede destruir a los humanos, no sólo porque nos quedemos sin recursos sino porque enfermemos, porque provoque otra pandemia, más grave que esta de la COVID 19, por oleadas de calor, enfermedades o nuevos virus. Y en la mayor parte de los casos, sin vacuna posible. Por eso, por el grave riesgo que conlleva el Cambio Climático, la ONU ha lanzado en diciembre otro llamamiento a los paises: que declaren “la emergencia climática”. Que no pierdan más tiempo, que recorten ya y con decisión sus emisiones para evitar una “pandemia climática. Porque apenas se ha avanzado en los últimos 5 años, desde la Cumbre de París.

Sobre el papel, parecería que la lucha contra el Cambio Climático ha avanzado mucho estos años, salvando la excepción de EEUU por Trump: hay 126 paises que han prometido reducir a cero sus emisiones de gases de efecto invernadero en 2050. Pero la realidad es otra: la ONU advirtió en vísperas de la Cumbre virtual del aniversario del Acuerdo de París, celebrada el 12 de diciembre, que sólo 5 paises se habían comprometido a hacer para 2030 recortes extras sobre el 40% prometido hace cinco años. Y si no se empieza ya a tomar medidas y recortar más, será imposible alcanzar el objetivo de cero emisiones en 2050.

La Unión Europea llegó la madrugada del 11 de diciembre, en vísperas de la Cumbre climática virtual, a un acuerdo de última hora para recortar las emisiones de los 27 paises un -55% en 2030 (en lugar del -40% prometido antes), con lo que Europa sigue liderando la lucha contra el Cambio Climático. China se comprometió a emisiones cero en 2060, pero falta ver cómo lo concreta. Y Estados Unidos se sumará pronto a los recortes, según ha prometido el próximo presidente Biden. Falta concretar los compromisos de Japón y Corea (0 emisiones en 2050) y los recortes (claves), de India, Rusia y Brasil. La cita para ver si todos actúan de verdad será la próxima Cumbre del Clima, en noviembre de 2021 en Glasgow.

La pandemia de la COVID 19 ha frenado la lucha contra el CC en la mayor parte del mundo, pero también abre la vía a una solución, porque en muchos paises, la estrategia de la reconstrucción económica pasa por fuertes inversiones en una economía más verde. Es la apuesta de Europa, donde una parte importante de su Plan de recuperación “Next Generation EU” (17.500 millones de 750.000 millones en cinco años) y de los próximos Presupuestos 2021-2027 (374.000 millones de 1,8 billones) se van a destinar a la reconversión energética. Y es también la apuesta de España, que destinará  a inversiones verdes un 37% de los Fondos europeos (72.000 millones en 2021-2023), a las que sumar créditos e inversiones privadas, hasta sumar un total de 200.000 millones de inversiones verdes en la próxima década, con la idea de crear 275.000 empleos verdes anuales, según el Plan Nacional de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030.

Parece que Europa y España van por buen camino, pero la ONU ha advertido que muchos otros paises no: denuncia que el mundo ha invertido 10 billones de euros en ayudas contra la crisis desatada por la COVID 19, pero la mayoría son gastos que aumentan las emisiones de CO2 o son neutrales y sólo una minoría de este gasto van a reducir el Cambio Climático. “Estamos viendo que los paises del G-20 están invirtiendo un 50% en actividades relacionadas con los combustibles fósiles (…) Es inaceptable que las generaciones futuras reciban un montón de deuda y que esa deuda se haya utilizado para destruir el Planeta”, denunció António Guterres, secretario general de la ONU el 2 de diciembre. Y 18 ONGs han denunciado también que, desde 2016 hasta hoy, los mayores bancos y fondos de inversión del mundo han prestado 1,6 billones de euros  e invertido otros 900.000 millones en acciones y bonos de empresas que operan con combustibles fósiles.

Está claro que los paises, bancos y Fondos de inversión tienen que salir de los proyectos y empresas que emiten gases y envenenan el Planeta. Y multiplicarse las empresas, ciudades y Estados que incorporan, en su día a día, la estrategia de cero emisiones para 2050. La economía sucia tiene que quedarse sin financiación, no ser rentable. Pero nosotros, los ciudadanos, también tenemos mucha responsabilidad. Tenemos que cambiar los hábitos de consumo cuanto antes: dejar de comprar coches contaminantes (sobre todo SUV), ser menos consumistas (la compra online contamina mucho, por las entregas: Amazon emitió en 2018 44,4 millones de Tm de CO2, más que 7 paises de la UE), usar menos el avión (en trayectos cortos, el tren) y el coche, comer menos carne (ganadería emite metano y No2), reciclar, aislar mejor las casas y reducir la calefacción y, sobre todo, estar dispuestos a pagar más impuestos por carburantes, luz e impuesto de matriculación para reducir emisiones. Vivir “de otra manera” para emitir menos gases y combatir el Cambio Climático. No sólo para salvar el Planeta (no hay Planeta B) sino para evitar nuevas pandemias. Es la única vacuna.

jueves, 11 de julio de 2013

Los recortes avivan los incendios forestales


Con el mes de julio, llegó el fuerte calor y los temores por nuevos incendios forestales. Los expertos temen otro verano difícil, porque hay mucha hierba alta en los montes y porque la mayoría de las autonomías han hecho nuevos recortes en personal y medios contra incendios, como en 2011 y 2012. Y mientras, no hay una política forestal, de limpieza de los montes, que están abandonados, lo que facilita los incendios. De hecho, desde 1961 se ha quemado en España un 30% de la superficie forestal. Hay que invertir en limpiar y hacer rentables los bosques, que pueden ser una fuente de empleo y riqueza en zonas rurales. Y no recortar medios contra incendios, porque ahorrar sale caro en daños y víctimas. Además, con el cambio climático, que conlleva sequías y subida de las temperaturas, los riesgos de incendios forestales aumentarán más cada verano. Salvemos el monte cuidándolo durante todo el año.
 
enrique ortega

Va a ser otro verano complicado de incendios forestales. La alerta la han dado los agentes forestales, en su reciente Congreso de Toledo: las lluvias del invierno y primavera han producido muchas hierbas y matojos, muy altos, que prenderán con facilidad cuando el calor las seque. Y además, casi todas las autonomías han hecho nuevos recortes en los medios contra incendios, que ya se revelaron escasos en los grandes incendios del verano 2012, el peor desde 1.994: 15.000 incendios, 209.000 hectáreas quemadas (1% superficie forestal, como toda Guipúzcoa), 11 muertos y 38 grandes incendios en Comunidad Valenciana, Cataluña, Canarias y Castilla y León. Más de 200 millones de euros en pérdidas, que no podrán compensarse con los 16,9 millones de ayudas aprobados por el Gobierno nueve meses después, en abril de 2013.

Por tercer año consecutivo, la mayoría de las autonomías han recortado sus servicios contraincendios, sobre todo las más afectadas por los fuegos del verano pasado. Así, en Cataluña, los bomberos se han manifestado contra los recortes, mientras la partida contra incendios ha pasado de 178 millones (2011) a 155,5 (2013). En la Comunidad Valenciana, se han mantenido los recortes de 2012 (-15 millones) y se ha suprimido por segundo año el programa Pamer, que pagaba a 2.123 parados para que limpiaran el monte próximo a pueblos y urbanizaciones. En Castilla y León, el presupuesto para este verano se reduce en 18 millones, tras los recortes de 2011(-40%) y 2012 (-50%). Y en Canarias, los Cabildos sufren los recortes del Gobierno regional.

En general, todas las autonomías han reducido sus medios contraincendios: menos aviones (201), menos brigadas terrestres (o las mismas con menos agentes), menos personal contratado y congelación plantilla de forestales (10 años sin oposiciones), más EREs en empresas forestales, falta de medios materiales (coches, bulldozer, máquinas…) y equipos más una  reducción del tiempo de campañas (de 8 meses a 4 y hasta 2 meses). Entre tanto, el Estado central, que sólo cumple  tareas de apoyo  a las autonomías, aumentó su presupuesto antiincendios para este verano (de 93 a 120 millones, aunque una parte es para indemnizar a las zonas quemadas), pero a cambio ha quitado cinco aviones (quedan 65, aunque comprará uno nuevo) y recortó un 20% el presupuesto contraincendios de los Parques nacionales.

En España, los grandes incendios no llegaron hasta el verano de 1.975, gracias a una decidida política forestal iniciada con la II República y continuada con el franquismo, con la repoblación forestal y el trabajo en los montes de la población rural. Pero la despoblación del campo (perdió 3 millones de habitantes en los años 60 y primeros 70) fue la puntilla para el monte y los incendios: ya no se recogía la leña, se abandonó la resina, no había ovejas y cabras pastando (3 millones menos) y nadie limpiaba caminos y montes. Además, se había repoblado mal, con pinos y eucaliptos que arden fácilmente. Y la especulación inmobiliaria hizo el resto, con viviendas y urbanizaciones en zonas forestales desatendidas. Al final, el problema es que los bosques producen 46 millones de m3 de leña y sólo se recogen 19. El resto queda tirado y es un polvorín, que explota a la mínima negligencia o provocación humana o natural.

España lleva 40 años sin cuidar el bosque y con las autonomías preocupadas más por atajar los incendios que en invertir en políticas forestales. Y con la crisis y los recortes, los esfuerzos van más a combatir los incendios que a prevenirlos: hay miles de torres de vigilancia vacías, por falta de personal, y no se invierte en tecnología de prevención, desde satélites a vehículos no tripulados o helicópteros con infrarrojos. Y menos en limpiar los montes y caminos forestales, la verdadera política antiincendios.

Tampoco se ha avanzado en concienciar a los ciudadanos contra los incendios forestales, un 95 % causados por el ser humano (41% por negligencias y 22% son intencionados, según la Generalitat catalana). Hay que hacer campañas para cambiar la mentalidad, como se ha hecho con los accidentes de tráfico. Y endurecer la lucha contra los pirómanos. Hay pocas detenciones, por falta de medios para investigar: sólo 300 detenidos al año, para 15.000 incendios. Y menos condenas, por falta de jueces, fiscales  y peritos especializados: con 2.306 sumarios abiertos por incendios sólo en 2011, únicamente hay 12 pirómanos cumpliendo condena en las cárceles y la mayoría de causas son sobreseídas por falta de pruebas y porque los jurados populares no les condenan. Ahora, el nuevo Código penal, en vigor este otoño, eleva las penas (de 3 a 9 años) y será un juez quien dicte las sentencias.

Otra preocupación del mundo forestal es la Ley de Montes que prepara el Gobierno Rajoy, porque abre las puertas a que las autonomías recalifiquen terrenos quemados con carácter excepcional, algo prohibido por la reforma que hizo el Gobierno ZP en 2006: hay que esperar al menos 30 años, para evitar pelotazos urbanísticos como el que llevó a construir el parque Terra Mítica tras el incendio de 1992. La Comunidad Valenciana ya abrió la posibilidad de recalificar antes terrenos quemados en su ley de Montes de 2012, lo mismo que hizo Aragón en 2006. Cambios normativos que podrían incentivar los incendios .

Hacen falta más medios e inversiones forestales, más campañas de concienciación y más dureza contra los pirómanos. Pero sobre todo, no acordarnos sólo de los bosques en verano: los incendios se apagan en invierno, durante todo el año, limpiando y manteniendo los bosques. Por eso es urgente que autonomías y Ayuntamientos pongan en marcha Planes forestales, monte a monte. Y negociar con Bruselas más ayudas a agricultores y ganaderos que cuiden los montes, con limpieza y pastoreo. Ahora estamos perdiendo fondos rurales europeos (Fondos FEADER), que financian programas de reforestación y lucha contra incendios, porque son cofinanciados y el Estado español y las autonomías no ponen su parte (Castilla la Mancha ha perdido dos programas de 81 millones). También hay que apoyar la industria de la madera, para que el bosque pueda ser rentable, con pymes y proyectos de biomasa (recogida de madera para calefacción y generación eléctrica).

El abandono de los montes ha llevado a la quema de 7,5 millones de hectáreas desde 1.961, un 30% de la superficie forestal de España. Parar esa sangría exige invertir en limpiar y cuidar los bosques, algo caro (3.000 euros por hectárea), pero más costoso es combatir los incendios (una hora de helicóptero son 300 euros) y sus secuelas: sólo en la última década se han perdido más de 1.000 millones de euros por los incendios.

Los incendios irán a más, porque el cambio climático tenderá a aumentar la sequía y las temperaturas, agravando los riesgos de nuestro clima mediterráneo (altas temperaturas y poca humedad). Por eso, hay que tomarse en serio la política forestal, con inversiones y ayudas, no sólo para evitar pérdidas y muertes, sino porque puede ayudarnos a salir de la crisis, creando empleo y actividad en las zonas rurales. No nos acordemos de los montes sólo cuando se queman. Son una fuente de trabajo y riqueza. Y mejoran el medio ambiente.