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jueves, 24 de noviembre de 2016

Sigue la "guerra" entre los súper


Los alimentos han moderado su subida en octubre, tras ser lo segundo que más subía en el IPC, por el clima y el récord de turistas. Eso podría consolidar otro aumento este año del gasto en el carrito de la compra, como en 2015, por primera vez desde 2008. Y acelera la “guerra” entre los súper por vendernos sus alimentos y artículos de droguería y limpieza, el segundo gasto de las familias, tras la vivienda. Una guerra que gana de lejos Mercadona: vende tanto como Carrefour, Día y Eroski juntos. Y sin ser el súper más barato, donde ganan el andaluz Dani y Alcampo. Otra “guerra” es la de marcas, donde las “marcas blancas” pierden terreno y suponen ya menos del 40% del mercado. Ahora, la pelea por el carrito se dirime en los alimentos frescos y en Internet, marginal hoy pero donde crecen los intermediarios. Eso sí, las “guerras” entre súper no evitarán que comer sea cada vez más caro, sobre todo en 2017.
 
enrique ortega

El carrito de la compra va este año algo más lleno, aunque apenas suban los salarios, porque hay 478.800 españoles más trabajando que hace un año (aunque sea con contratos precarios) y han venido 6 millones más de turistas hasta septiembre, que también compran. En el primer semestre de 2016, las compras de gran consumo (alimentación, limpieza y perfumería) habían crecido un 2,6%, según datos de Nielsen, superando así el 1,7% de aumento en 2015, el primer año que crecían estas compras desde 2008. Con ello, se espera cerrar el año 2016 con unas ventas que ronden los 75.000 millones de euros.

Los alimentos suponen el 90% de este gasto en el carrito de la compra y el otro 10% son artículos de limpieza e higiene personal, que ahora se compran más en el súper que en droguerías y perfumerías. Comer y beber es el segundo mayor gasto de las familias españolas, tras el gasto en vivienda, agua y energía (31,8%): los alimentos suponen el 15,1% del presupuesto familiar, 4.125 euros por hogar  en 2015, según la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE. Un gasto que se está recuperando lentamente, tras haberse reducido 500 euros por familia con la crisis (desde 2008).

Las familias españolas gastaron en alimentos para el hogar 67.043 millones de euros en 2015, según el informe del Ministerio de Agricultura, con un ligero aumento del 0,9% que en realidad suponía gastar menos en comida (-1,3%), por la subida de precios (+2,2%). El gasto medio en alimentación fue así de 1.502,9 euros por persona, unos 125 euros al mes. Y casi el 80% del gasto en alimentación se nos va en comprar 10 artículos: carne (21,83% del gasto familiar), pescado (13,38%), frutas frescas (8,91%), derivados lácteos (8,65%), hortalizas frescas (7,57%), pan (5,64%), bollería y cereales (4,19%), platos preparados (3,53%), leche (3,46%) y bebidas refrescantes (2,26%). Llama la atención que aumenta el gasto de las familias en yogures y derivados lácteos, pasta, platos preparados, salsas, frutas y hortalizas transformadas, agua envasada, bollería, cervezas y bebidas alcohólicas, mientras baja el consumo de los alimentos que componen la “dieta mediterránea”: aceite, frutas y hortalizas frescas, carne, pescado, huevos, arroz y pan, junto al café y el azúcar.

En los últimos años se ha agravado una “guerra” comercial entre las empresas para vendernos estos alimentos, además de los artículos de limpieza y perfumería. Y quienes dominan el mercado del carrito siguen siendo los supermercados, que tienen ya un 44,1 % de cuota, según el informe de Agricultura 2015. Les siguen la tienda tradicional (16,4%), las tiendas “descuento” (15,7%), los híper (13,9%) y otros (9,9%), con sólo un 0,8% de los alimentos vendidos por Internet. En las tres últimas décadas, se ha dado un cambio drástico en la venta de alimentos: España ha perdido 70.000 tiendas de alimentación (ahora hay 23.000, la cuarta parte que en 1985) pero tiene 16.900 supermercados más (18.527 hoy) y 377 hipermercados más (449 actualmente). Sólo en la venta de alimentos frescos dominan todavía las tiendas tradicionales (35,3% de las ventas), pero acortan distancia los súper (31,6% de las ventas totales de alimentos frescos).

El secreto del éxito de los súper, frente a las tiendas tradicionales y los híper, es su proximidad, su tamaño (ni demasiado grande ni demasiado pequeño), y su relación calidad-precio, el factor que más valoran los compradores, según el informe de Agricultura. Y al fijarnos en los súper y su “guerra comercial”, resalta el éxito de Mercadona, que consolida su liderazgo año tras año: ya controla el 23,3 % de este mercado de gran consumo (alimentación, limpieza y perfumería), tanto como Carrefour (8,8% de cuota), Día (8,6%) y Eroski (5,9%) juntos, quedando más lejos Lidl (4 %) y Auchan (3,6%) según datos de septiembre 2016 (Kantar Worldpanel). Ya no es sólo que Mercadona cope casi una cuarta parte de las ventas, sino que 9 de cada 10 hogares españoles compran en Mercadona (1.601 tiendas), mientras Día atrae al 65%, Carrefour al 59,3% y Lidl al 56,7% de las familias. Y además de vender más, Mercadona es también la cadena más rentable: vende 9.145 euros por metro cuadrado, el doble que Alcampo y el triple que Día. Una novedad en esta “guerra” desigual de los súper es el auge de los “súper regionales” (Consum, Ahorramás y marcas locales), que ganan cuota (11,2%) y llegan ya al 65% de los hogares españoles.

Mercadona es el líder indiscutible del gran consumo a pesar de que no es el súper más barato. Lo es el supermercado andaluz Dani, seguido de Alcampo (un 1% más caro), Mercadona y Lidl (6% más caros), Maxi Día y Carrefour (7% más caro), según el último estudio sobre los precios del carrito de la compra, realizado por la OCU en 1.193 establecimientos de 63 ciudades. El estudio revela que con la “guerra” entre súper han aumentado las diferencias de precios y ahora es posible ahorrarse 933 euros de media al año según donde compremos. Una diferencia que es mayor en las grandes ciudades (hasta 3.000 euros de diferencia según donde compremos en Madrid) y menor en las pequeñas (276 euros de diferencia en Zamora). De los grandes, el súper más barato es Alcampo y en frescos y online, Mercadona. Y en muchas ciudades, los supermercados locales son los más baratos en muchos productos.

Actualmente, los consumidores ya no miran tanto los precios y empiezan a gastar algo más en calidad y marcas(ver las líderes), otra de las “guerras” entre los súper. Y este año, las marcas blancas, que habían dado un salto enorme con la crisis, se están replegando, en Europa y en España: ya estaban en septiembre por debajo del 40% de las ventas (39,8%), según datos de Nielsen, tras haber llegado a controlar un 42,7% del mercado en 2013. Las razones de que las marcas blancas hayan “tocado techo” son varias. Por un lado, han subido sus precios en los dos últimos años, una vez que tenían “enganchados” a los clientes. Por otro, las marcas de fabricantes han contraatacado, con precios más bajos, ofertas y novedades. Y, sobre todo, los súper líderes, que tienen marcas propias (como Mercadona, Carrefour, Día, Auchan o Lidl) empiezan a ver que los clientes vuelven a las marcas y que con ellas pueden vender más y ganar dinero. Y a su vez, de los 100 grandes fabricantes de alimentación, 66 fabrican sus marcas y a la vez marcas blancas (vea quién), así que con ellas también venden más.

El problema, de cara al consumidor, es que ir a comprar a un súper líder puede “obligarnos” a comprar sólo determinadas marcas, las propias y las de fabricante que les dejen mejores comisiones. De ahí que muchos fabricantes denuncien competencia desleal de algunos supermercados, escondiendo o marginando marcas o simplemente no ofreciéndolas. Y eso va en contra del consumidor, porque la mayoría de artículos innovadores surgen en las marcas de fabricantes (9 de 10). Con todo, las marcas blancas también empiezan a innovar y están muy consolidadas en leche, aceite, latas, pizzas y comida preparada, zumos, helados y artículos de limpieza, mientras no crecen en bebidas, dulces, charcutería envasada, higiene y cuidado personal (sólo 15% ventas). Eso sí, las marcas blancas las compran todas las clases sociales (55,5% de españoles), aunque algo más las clase media y media-baja.

Este año, otra “guerra” de los súper se ha centrado en los alimentos frescos, un nuevo intento de las grandes cadenas por quitar negocio a las tiendas tradicionales. Generalmente, las familias no iban al súper para comprar carne al corte, pescado fresco, frutas y verduras, pero cada vez intentan que también los echemos al carro, con productos casi igual de frescos y a mejores precios. Es la apuesta diferenciadora de Lidl, Día y Mercadona, junto a muchos súper regionales y locales, mientras se han quedado más relegados en esta batalla los híper, por mayores dificultades de aprovisionamiento.

Y también ha despuntado una “guerra” comercial más, que va a explotar a fondo en 2017: la pelea por vender artículos de gran consumo por Internet (alimentos, limpieza y perfumería). España, a pesar de ser un país muy enganchado a la Red, compra poco por Internet y menos todavía alimentos, droguería e higiene: sólo supone un 1,1% de las ventas totales, frente al 4,4% en el mundo, un 1,4% en EEUU, un 4% en China y un 3% en Europa (con diferencias entre el 8% de cesta online en Reino Unido y el 5,3% en Francia). Internet se usa para ver artículos y comparar precios, pero luego, sólo el 21% de los hogares compra alimentos, artículos de limpieza o de higiene por Internet. Seguimos yendo al súper y cargando el coche.

Pero esta situación ha empezado a cambiar, sobre todo desde que Amazon entró en este mercado, en septiembre de 2015, y más desde que incluso vende productos frescos y refrigerados por Internet (julio 2016). Esto ha revolucionado el mercado de la distribución y hay cadenas que ya se han “puesto las pilas, con webs más agresivas y ofertas de entrega más rápida (en 2 horas en Madrid o Barcelona) y menores costes, incluso ofreciendo comprar por Internet y cargarles después las compras en el coche, en el aparcamiento de la tienda. Además, otro acicate para animar las ventas online ha sido la aparición de nuevos intermediarios, nuevas empresas que venden  sus alimentos o los de otros, como Ulabox, Del Súper, Lola Market, Deliberry, Comprea o Tudespensa.com.

La clave para saber si la venta online de alimentos, bebidas, limpieza e higiene va a dar un gran salto en 2017, como algunos vaticinan, es ver qué hace Mercadona, que no parece estar por la labor: sólo vende un 1% por Internet (aunque 1 de cada 5 compras sea online) y pierde entre 30 y 40 millones de euros anuales con este canal. “No es nuestra prioridad”, han dicho, mientras se centran en crecer donde no están: País Vasco, Galicia y Portugal. Pero si los demás avanzan en ofertas de venta online, tendrán que “pasar por el aro” e incluso liderar el camino, sobre todo tras ver que Día se ha aliado con Amazon para vender alimentos online y que tanto Carrefour como Alcampo y el Corte Inglés apuestan por “el carrito online”.

Mientras asistimos a todas estas “guerras” comerciales por ganar nuestro carrito de la compra, sepamos que cada vez será más caro llenarlo. Primero, porque va a seguir habiendo una concentración de la oferta, con fusiones de empresas, buscando más tamaño y más poder frente a proveedores y clientes, como pasa en Europa: en España, los 5 grandes (Mercadona, Día, Carrefour, Eroski y Lidl) copan sólo el 50,6% del mercado, mientras en Portugal controlan el 89%, en Reino Unido el 80%, en Francia el 58% y en Alemania el 55%. Si se fusionan y se hacen más grandes, podrán imponernos más fácilmente marcas y precios. Pero además, crece la demanda de alimentos, dentro de España (con más ingresos y un récord de turistas) y en Europa (nuestras fábricas exportan cada año más), lo que también tira al alza de los precios. Y para “ayudar”, el clima está cada vez más loco, afectando al alza de frutas, verduras y carnes, mientras se hunde el campo y darnos de comer saldrá cada vez más caro. Empezando por 2017, año donde se espera una inflación total del 1,4%, frente al -0,1% de inflación anual media con que cerrará  2016.

Así que cuando vayan a la compra ya saben lo que les espera: las grandes cadenas cada vez se pelean más porque carguen el carro con ellos, sobre todo sus marcas y los frescos. Y van a intentar que compremos más por Internet. Eso sí, pagando más, porque los alimentos seguirán subiendo y más en 2017, cuando “vuelve la inflación”. Así que atentos al carrito.

jueves, 24 de marzo de 2016

Crece el carro de la compra


Los españoles vamos con más alegría a la compra, tras estos años de crisis donde hemos llenado menos el carrito de casi todo, también de menos comida. En 2015, el consumo del hogar creció un 1,7%, el mayor aumento desde 2008. Compramos más alimentos frescos pero menos carnes, quizás por el informe de la OMS. Y ya no nos fijamos tanto en los precios, aunque seguimos volcados en las ofertas y las “marcas blancas”, cuyas ventas se han estabilizado. Para 2016, se espera otro aumento del consumo en el súper, no sólo de comida sino también de artículos de perfumería y cuidado personal. Eso sí, compramos poca comida por Internet, el gran reto pendiente de los grandes supermercados. Mientras, Mercadona, Día, Carrefour y Lidl crecen y acaparan casi la mitad de las ventas totales, imponiendo marcas y subiendo precios ahora que repunta el consumo. Y entre esa concentración en el súper y el cambio climático (malas cosechas), comer vuelve a ser más caro.
 

enrique ortega


Llenar el carro de la compra es el segundo mayor gasto de las familias españolas, tras el gasto en vivienda, agua y energía (32,4%): supone un 14,9% del presupuesto total, 4.028 euros de media en 2014, según la Encuesta de presupuestos familiares del INE. Y con la crisis, la mayoría de las familias restringieron este gasto de consumo, incluso de alimentos, para sacar dinero para pagar gastos más urgentes, como la casa, la luz, el teléfono o el colegio. Ahora, los datos recientes indican que las familias ya compran algo más: en 2015, el gasto de los españoles en alimentación, limpieza y perfumería ha sido de 71.000 millones de euros, un 1,7% más que en 2014, el mayor aumento de gasto desde 2008 (+4,6%), según el informe Nielsen 360. Si descontamos que el precio medio del carrito de la compra subió un 0,7%, eso significa que los españoles hemos comprado un 1% más en 2015. No es mucho, pero supone un cambio de tendencia.

Hemos llenado algo más el carrito de la compra porque hay más españoles trabajando (+959.000 nuevos empleos entre 2014 y 2015, aunque sean precarios) y porque los que tienen empleo ganan algo más (los sueldos subieron un 0,75% en 2015) y pagan algo menos de impuestos (han bajado las retenciones), mientras les han bajado algunos precios (como los carburantes o la luz) y las hipotecas, recuperando parte de la extra los funcionarios. Por todo ello, se ha hecho la compra con algo más de “alegría”, lo que se ha traducido en un gasto medio por familia de 4.179 euros en 2015, 41 euros más que en 2014, según el informe de  Kantar Worldpanel. Lo que más creció fueron las compras de productos frescos(+3,3%), sobre todo frutas (+9,8%) y verduras (+8,1%), pero también los alimentos envasados (+2,4%), las bebidas (+2,1%), los artículos de droguería (+1,7%) y perfumería (+0,3%). Sólo bajó en 2015 el consumo de carnes frescas (-2,2%), quizás por efecto del informe de la OMS que alertaba sobre el excesivo consumo de carnes preparadas: hay 500.000 españoles menos que compran ahora hamburguesas, salchichas y carne picada.

Las familias han ido a la compra mirando los precios pero no tan obsesionadas con las ofertas como en los años pasados: el precio ha pasado del 4º al 7º motivo para comprar, ganando peso la limpieza del súper, la calidad de los productos y el disponer de una oferta completa. Aquí, ha cobrado mucha importancia la oferta de alimentos frescos, que antes se compraban aparte y ahora se compran cada vez más en el súper, con el resto del carro. Eso se debe a que todos los grandes de la distribución se han volcado en mejorar la oferta de frutas, verduras, carnes y pescados, que suponen un tercio de las compras mensuales. Y con ello, las familias cargan más en su visita al súper y ahora van menos veces al mes. Otro cambio en los hábitos de compra es que crece el plato único y el “picoteo” (porque se cena de manera informal y antes, con lo que se acaba comiendo algo antes de irse a la cama). Y crece también la compra de comida extranjera (sushi, guacamole, noodles).

En paralelo, las familias siguen apostando por hacer sus compras en los supermercados (medianos y pequeños), alejándose de comprar en las tiendas tradicionales de barrio: en los últimos 30 años han desaparecido 70.000 tiendas de barrio. Actualmente sólo se mantienen 23.000 tiendas pequeñas, frente a 18.527 supermercados (había 1.622 en 1985), 9.016 autoservicios, 449 hipermercados (había 72 en 1985) y 10.442 droguerías.

Las compras las hacemos cada vez más en las 6 grandes cadenas de distribución, ligadas a supermercados e hipermercados. El líder sigue siendo Mercadona, con el 22,3% de las ventas en 2015 (vendió 20.831 millones de euros, un 3% más, ganando 611 millones). Ya vende tanto como los tres siguientes: Grupo Día (8,6% mercado), Carrefour (8,5%) y Eroski (6,2%, el único que perdió cuota en 2015). Y completan el ranking Auchan (Alcampo), con el 3,8% de cuota, y el súper alemán Lidl, con el 3,6%, que ya este año 2016 se ha colocado en 5º lugar, tras ser el súper que más crece, junto al grupo Día. La previsión de Kantar Worldpanel es que Mercadona, Día, Carrefour y Lidl ganen un 0,5% de cuota de mercado cada uno en 2016, en perjuicio de Auchan, Eroski y las tiendas tradicionales.

Con tanto poder de venta, estos grandes supermercados siguen imponiendo sus “marcas blancas” en las estanterías de sus centros, aunque se han estancado las ventas en 2015, como ya sucedió en 2014. Así, las “marcas blancas”, de distribuidor, se llevaron el 33,8% de las ventas en 2015, un porcentaje similar al de 2014 (33,9%) y al de 2013 (33,9%). Y eso ha pasado tanto en alimentación (36,5% marcas blancas) como en droguería (48,9% marcas blancas) o perfumería (12,1%), donde la cuota de los distribuidores se ha estabilizado. Las razones son varias: algunos productos y marcas han subido precios (aprovechando que el cliente está “enganchado” a las marcas blancas), se han lanzado pocos productos nuevos y las marcas del fabricante han reaccionado, lanzando ofertas y precios más competitivos.

Con todo, las “marcas blancas” de alimentación, droguería y perfumería han venido para quedarse, con o sin crisis. Y la prueba es que las compran todas las clases sociales: suponen un 55,5% de todas las unidades vendidas (en volumen) en los súper (y un 33,9% en dinero), y ese porcentaje de compras “blancas” se mantiene en las clases alta y media alta (53,1% compras), en la clase media (55,4%) y en la clase más baja (55,8%), según un estudio de Kantar Worldpanel.  Eso significa que las marcas blancas tienen su propia reputación, de buena relación calidad-precio. Y que están consolidadas en nuestros hábitos de compra, a pesar de que resten innovación a los alimentos. De hecho, en 2015 sólo salieron al mercado 118 productos innovadores y 9 de cada 10 fueron de marcas de fabricantes. Los grandes supermercados “pasan” de ofrecer artículos innovadores: Mercadona sólo vendió el 10% y Lidl el 2%, mientras Alcampo ofrecía el 40% y Carrefour el 70%. Eso resta competitividad a una industria, la agroalimentaria, que es la segunda mayor industria española, tras el turismo.

Este año 2016 se espera que vuelva a crecer el carrito de la compra, más incluso que en 2015, no sólo con alimentos (sobre todo frescos) sino también con artículos de perfumería y cuidado personal (cremas, colonias, etc.), donde han empezado a competir los súper. Y que aumenten las ventas de alimentos no cocinados (para hervir y plancha) y saludables, con ofertas específicas para mayores y hogares unifamiliares, los nuevos nichos de mercado. Y, sobre todo, los grandes supermercados se van a volcar en vender por Internet, la gran asignatura pendiente del sector. Mercadona, por ejemplo, sólo vende un 1% del total por la Red, una parte del negocio que le acarrea 40 millones de euros perdidos al año.

Y es que “el carrito de la compra online” no tira en España, a pesar de que somos un país de internautas. Las compras online crecieron un 10% el año pasado pero sólo suponen un 0,9% de las compras totales de alimentos, droguería y perfumería, frente al 3,9% que supone el consumo online a nivel mundial (y el 5% en Francia o Reino Unido). Las familias usan Internet para comparar precios antes de hacer la compra, pero luego van al súper y cargan el coche con comida y artículos de limpieza y perfumería. ¿Qué sucede? Por un lado, la mentalidad de los españoles no es comprar comida por Internet: nos gusta mirar, comparar y comprar. Además, los precios y a veces los gastos de envío no compensan y nos exige estar en casa para recogerlo. Pero, sobre todo, las grandes cadenas tampoco se han volcado en Internet: todavía piensan que un consumidor gasta más si va a la tienda y se ve obligado a pasear por ella para comprar, comprando “por impulsos” más de lo que pensaba al ir.

Pero todo apunta a que en los próximos años, Internet va a revolucionar también las compras de alimentos, que crecerá el “e-carrito”, con la renovación digital de los actuales supermercados (Mercadona va a invertir a lo grande en ello) y nuevas empresas, como Amazon, que en septiembre pasado inició la venta online de alimentos y productos de limpieza. Por un lado, aumentará con las compras online de leche, zumos y bebidas, pañales y alimentos para mascotas, las “compras de maletero”, que pesan y abultan y que nos pueden mandar a casa. Y por otro, se espera que sigan creciendo las compras online de perfumería y limpieza, productos donde el e-commerce tiene ya hoy la mayor cuota de ventas.

Este año 2016 se espera un nuevo repunte del carrito de la compra, según Nielsen y Kantar Worldpanel, con más ventas de productos frescos, horno y panadería, así como perfumería y cosmética. Y aunque seguirán las ofertas y las guerras de precios, todo apunta a que volverán a subir globalmente los precios, ante la mayor demanda. Es lo que pasó en 2015: los alimentos subieron un 1,8%, a pesar de que la inflación global acabó en el 0%. Y lo mismo está pasando en 2016: en los dos primeros meses, los alimentos han estabilizado su precio (+0%), a pesar de que la inflación total ha bajado al 2,3%. Y están subiendo los cereales, el pan, las carnes, el pescado, los lácteos y las legumbres, según el INE. Con un clima tan cambiante, fallan muchas cosechas y eso, junto al mayor consumo, encarece los alimentos.

Otra cosa que se espera en 2016 es que los grandes supermercados refuercen su poder, que aumente la concentración en el sector, menor en España que en el resto de Europa: aquí, los 5 grandes (Mercadona, Día, Carrefour, Eroski y Lidl) coparán este año el 48% del mercado de gran consumo, mientras en Portugal controlan el 89% del mercado, en Reino Unido el 80%, en Francia el 58% y en Alemania el 55%. El camino ya se inició en 2014, con la venta de 160 súper de Caprabo/Eroski  a Día y seguirá este año con la venta de 36 híper de Eroski a Carrefour. Y Mercadona abrirá 60 nuevas tiendas en 2016. Más poder para unos pocos, que nos “imponen” sus marcas, sus descuentos, sus promociones y mucho de lo que comemos. Y que imponen a agricultores, ganaderos e industrias sus condiciones y precios, quedándose con la mayor parte del beneficio de los alimentos, en su camino del campo al plato. Es lo que hay y poco podemos hacer, salvo comprar con cabeza, no con la vista. Atentos al carrito.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Guerra de precios en el supermercado


La inflación lleva ya cuatro meses en negativo (hacen falta 12 meses para caer en la deflación), por la bajada del teléfono, los carburantes, el ocio y los alimentos, que han caído un -0,2 % en lo que va de año. Ahora, la cesta de la compra seguirá bajando, por la caída del consumo y el exceso de oferta, derivado de las buenas cosechas y las menores ventas a Rusia. Otro factor clave será la guerra de precios en los supermercados, que se está acelerando, ahora en los alimentos frescos. Una guerra comercial que está cambiando en 2014: bajan precios las marcas de fabricante y los suben algunas marcas blancas, que han frenado su avance. Mercadona toca techo, mientras crecen Día, Lidl y Carrefour. Pero todos ganan fuerza frente a la industria alimentaria (reduce márgenes) y frente al campo (el eslabón más débil de la cadena), que cobra menos por sus productos. Al final, ganamos los consumidores, pero a un alto precio para fabricantes y productores.
 
enrique ortega

Los alimentos llevan subiendo cuatro meses seguidos, desde julio, poco y más ahora(+0,5% en octubre), por efecto de la mayor demanda estival (por el turismo), la sequía de primavera y las subidas de precios en los mercados internacionales. Pero como habían caído antes, desde febrero, al final los alimentos son ahora más baratos que a principios de año: sus precios han caído -0,2%, sobre todo los alimentos elaborados (-0,3%), lo que ayuda decisivamente (la alimentación supone un 20% del IPC) a que la inflación anual lleve cuatro meses en negativo (-0,1% en octubre), junto a las bajadas en las comunicaciones (- 5,7% anual), el ocio y la cultura (-1,9%), los carburantes (-1,1%), el menaje del hogar (-0,6%) y los gastos médicos (-0,2%).

Ahora, la industria de la alimentación teme que los precios de los alimentos caigan, por el efecto de varios factores. El fundamental, que cae la demanda, por culpa de la crisis, el paro y los salarios bajos: el gasto de los españoles en alimentación cae este año un -0,7%, según la OCU, tras las caídas de 2012 y 2013. Pero también cuenta que hay más oferta de alimentos, por las buenas cosechas de algunos productos (aceite y vino) y el recorte de las ventas de alimentos españoles a Rusia, por las sanciones europeas. Con ello, la industria alimentaria teme una mayor bajada de precios, sobre todo entre los alimentos frescos y algunos elaborados, que ya han bajado mucho en el último año, según el IPC: azúcar (-15,6%), patatas (-15,3%), aceites (-8,6%), huevos (-3,6%), cerdo (-2,8%), pollo (-2,5%) y bebidas alcohólicas (-1,4%).

Pero hay otro hecho que juega a favor de la bajada de precios: la fuerte competencia entre los supermercados, donde la caída de las ventas ha agravado la guerra de precios, multiplicándose las ofertas, los descuentos e incluso las ventas a pérdida de “productos escaparate” (los productores han denunciado casos en el vino, el aceite, la leche, el pollo, el pan y algunas frutas). Y esta guerra de precios tiene ahora mismo tres frentes de batalla que están cambiando sin parar: distribuidores contra fabricantes, fabricantes contra productores (agricultores y ganaderos) y distribuidores entre sí. Veamos.  

Los distribuidores son el eslabón más fuerte de esta cadena y tratan de afrontar la caída de ventas con una rebaja de precios, para mantener sus márgenes. Y para ello, presionan a las industrias alimentarias, para que les den más por menos, aprovechando su fuerza: los cinco principales distribuidores controlan el 64% de las compras (Mercadona el 27%, Carrefour el 12,2%, Eroski y Día el 9,5% y Alcampo el 5,8%). Un oligopolio que impone sus condiciones a una industria alimentaria muy fragmentada (la mayoría pymes): en España hay unas 30.000 industrias agroalimentarias, que facturan 90.000 millones de euros, mientras en Alemania hay la sexta parte de empresas (5.000) y facturan más del doble (160.000), con lo que tienen más poder de negociación frente a los supermercados e híper.

Las industrias alimentarias, para conseguir fabricar más barato, presionan a los productores (agricultores y ganaderos), el eslabón más débil de la cadena alimentaria, que reciben cada vez menos por sus alimentos. Es el caso de los productores de leche, a los que las industrias están pagando entre 2 y 3 céntimos menos por litro, en contratos a 3 y 6 meses que se revisan a la baja. O los viticultores, que han denunciado que las bodegas no les hacen contratos por escrito o les pagan a más de 30 días (dos medidas ilegales). Y denuncian la proliferación de las ventas a pérdidas, también prohibidas. Los productores tienen el mismo problema de los fabricantes: son muchos y dispersos (un millón de agricultores y ganaderos), son débiles frente a la industria y la distribución. En España hay 4.000 cooperativas agrarias que facturan unos 19.000 millones de euros, entre todas como las cuatro mayores cooperativas de Holanda. Así tienen poca fuerza para negociar precios. En general, los agricultores y ganaderos, se quejan de que sus costes suben (energía, piensos, fertilizantes) y no sus ingresos, mientras crecen los márgenes de los intermediarios: los productos agrícolas se venden 4,57 veces más caros de lo que ellos reciben y los ganaderos 3,10 veces, según el índice de precios en origen y destino (IPOD) que elaboran COAG y asociaciones de consumidores.

La tercera batalla de esta guerra de precios en la cesta de la compra se da entre los propios distribuidores y siguen ganándola los supermercados baratos, que lideran las ventas (34% del mercado), encabezados por Mercadona (22,3% ventas totales), Día (7,8%), Carrefour (7,7%), Eroski Súper (3,3%), Lidl (3%) y Alcampo (2,9%), según Worldpanel Distribución 2014. Les siguen las tiendas tradicionales (30,7% de las ventas), resto de supermercados (21%) y los híper (14% ventas), los que más pierden junto a las tiendas de siempre. En los últimos meses, la pelea se ha trasladado de los productos envasados a los frescos (frutas, verduras, carnes y pescado son ya el 53% de las ventas), mientras proliferan además ofertas y descuentos en los productos envasados.

En este frente de batalla, el de la distribución, las cosas están cambiando en 2014, según revela el estudio Kantar Worldpanel 2014. Primero, las marcas blancas han caído ligeramente en el primer semestre (del 37% al 36,8% en alimentación envasada, del 49,3% al 49,2% en droguería y del 12,1% al 11,7% en perfumería y cuidado personal). Y en contrapartida, han subido ventas (+2,7%) y ganan algo de cuota las marcas de fabricante, tras haber bajado sus precios y multiplicado sus ofertas en el último año. Segundo, algunas marcas blancas han subido sus precios un 2,2% de media (aprovechando que habían conseguido clientes “cautivos” con las bajadas anteriores) mientras las marcas de fabricante bajaban un 2,1%, según el Informe de Supermercados de la OCU. Los que más han subido sus marcas blancas han sido Carrefour (+10,1%), Aldi (+3,7%), Día (+3,6%), Hipercor (+1,1%) y Lidl (+0,7%), mientras las bajaban Alcampo, Eroski y Mercadona. Y tercer cambio, Mercadona toca su techo en 2014: gana cuota (+0,6%) pero sólo por los alimentos frescos, porque se ha estancado (+0,1%) en los productos envasados. Y los que más están creciendo son Lidl, Carrefour y sobre todo Día, que ha comprado El Árbol y 160 supermercados de Eroski.

Teóricamente, los beneficiarios de esta guerra de precios y sus múltiples batallas somos los consumidores. Pero ojo, no está tan claro. Primero, porque las ofertas encubren en muchas ocasiones pérdidas de cantidad (menos tamaño a menos precio) y de calidad. Segundo, porque muchas ofertas de “productos escaparate” encubren precios más altos en otros productos que cargamos en el mismo carro. De hecho, el coste anual de la cesta de la compra es 527 euros mayor en Mercadona que en Alcampo, según un reciente estudio de la OCU sobre las cadenas más baratas. Y tercero y fundamental, esta guerra de precios que nos viene también al bolsillo está descapitalizando nuestra industria alimentaria (cerrando muchas empresas e impidiendo que otras innoven) y empobreciendo el campo, lo que es más grave: si a los agricultores y ganaderos no les compensa producir alimentos (en la última década, las producciones agrícolas y ganaderas ya se han reducido a la mitad), quedaremos en manos de los alimentos importados, de precios más volátiles y peor calidad.

Así que, ojo: bajan los alimentos, pero no todos ni en todos los supermercados por igual. Y si se sigue forzando la guerra de precios, muchos quedarán en el camino, sobre todo pequeños fabricantes, agricultores y ganaderos. Alguien (el Gobierno y la recién creada Agencia de Información y Control Alimentario) tiene que poner orden y evitar que los grandes distribuidores impongan su Ley, como ha pedido la Comisión Europea. Y para eso, hay que aplicar de verdad la Ley de la cadena alimentaria, aprobada en 2013 con consenso político y apoyo del campo. No todo vale para bajar los precios, aunque parezca que la ley del más fuerte nos beneficia. Pero en realidad, seguimos pagando por la comida el triple o el cuádruple de lo que vale producirla: alguien se lo queda por el camino. Mal negocio.