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jueves, 27 de marzo de 2025

La economía mundial, "patas arriba" por Trump

No lo hemos votado, pero ya sufrimos el desgobierno de Trump. No sólo porque ponga en peligro la seguridad, la democracia y el Estado del bienestar en Europa, con su apoyo a la extrema derecha y a Putin, sino porque nos afecta al bolsillo: el mundo crecerá menos este año y tendrá más inflación, por el proteccionismo y los aranceles de Trump, según alerta la OCDE. Y Europa seguirá estancada, con más inflación y sin poder bajar más los tipos, según el BCE. El daño dependerá de los aranceles que finalmente aplique Trump al resto del mundo (automóviles y otros), el  2 de abril. España los sufrirá (desde  el aceite y el vino a la maquinaria),  aunque menos que Alemania, Irlanda, Italia o Francia. Es urgente que Europa reaccione con más firmeza ante esta “epidemia Trump”, con más inversiones y proyectos para afianzar la competitividad, la industria, la tecnología y la descarbonización, para reanimar la economía y el empleo y asegurarnos la autosuficiencia, la seguridad  y la democracia.

               Trump concretará aranceles a Europa el 2 de abril

Hoy se cumplen 67 días desde la toma de posesión de Donald Trump como presidente de EEUU y parece que ha pasado un año, a juzgar por el tsunami que han provocado sus medidas (dictatoriales, contradictorias y nefastas) en EEUU y en el resto del mundo. No sólo está desmontando las bases políticas de la democracia más antigua del Planeta (249 años) sino que se ha dedicado a desmantelar la cooperación multilateral (OMS, ONU, Acuerdo del Clima …) y retornar al gobierno de la fuerza de las grandes potencias (EEUU, Rusia y China), relegando y desprotegiendo a Europa (que se ve obligada a gastar más en Defensa y Seguridad) , con ataques a su democracia liberal y su Estado del Bienestar, apoyando a la extrema derecha del continente, que defiende “menos Europa”, más nacionalismos, menos inmigrantes y no seguir luchando contra el Cambio Climático. Pero el desgobierno de Trump no sólo afecta a nuestra democracia y a nuestros derechos sociales, también a nuestro bolsillo.

La alerta la acaba de lanzar la OCDE, el organismo que agrupa a los 35 grandes paises de Occidente: la economía mundial va a crecer menos este año 2025, por las políticas proteccionistas de Trump y la incertidumbre geopolítica: el mundo crecerá el 2,2% en 2025 (-0,2% menos de lo previsto en diciembre) y el 1,6% en 2026 (-0,5% de lo que preveían hace sólo tres meses). El crecimiento será este año menor al esperado en EEUU (2,1%, -0,2%), la eurozona (1%, una rebaja del -0,3%), Alemania (0,4%, -0,3% que en diciembre), Francia (0,8%, -0.1 sobre lo previsto), Italia (0,7%, -0,2% frente a lo previsto antes) y Reino Unido (1,4%, -0,3% de rebaja), aunque España será el único país que crecerá más de lo previsto en diciembre (2,6%, +0,3%), junto con China (4,8%, +01% de lo previsto). México entrará en recesión (-1,3%) y Canadá apenas crecerá (0,7%, -1,3% que antes).

La otra consecuencia negativa de la incertidumbre económica desatada por Trump y sus aranceles es que subirá la inflación en el mundo: aumentará un 0.3% adicional en los próximos 3 años, según la OCDE, que estima una inflación mundial del 3,8% en 2025, un 2,2% en la zona euro (+0,1% que antes), 2,4% en Alemania (+0,4%) y un 2,8% en EEUU (+0,7% más de lo previsto en diciembre), mientras subirá al 2,5% en España (+0,4% sobre la previsión anterior), el 1,5% en Francia (-0,1%) y el 1,7% en Italia (-0,4%), disparándose la inflación en Canadá (3,1%, +1,1% que en diciembre) y México (4,4%, +1,1%).

En el caso específico de Europa, el BCE acaba de lanzar otra alerta: si Trump ejecuta su amenaza de aranceles a los productos europeos, la zona euro se estancará, creciendo sólo un 0,4% en 2025 (frente al 0,9% que esperaban creciera hace unos meses). Y además, subirá más la inflación, al encarecerse los productos importados de EEUU, del 2,3% que antes se esperaba al 2,8% en 2025. Y eso, advierte el BCE, les dificultará nuevas bajadas de los tipos de interés, que están en el 2,5% tras las 6 bajadas hechas en los últimos 9 meses. De hecho, el Euribor , que marca la revisión de las hipotecas, ha frenado sus bajadas y lleva una media mensual de 2,414%, superior al Euribor de febrero (2,407%).

Así que las medidas de Trump y la incertidumbre geopolítica que ha desatado supondrán un menor crecimiento de la mayoría de paises, que afectará a España (exportaremos menos y los turistas tendrán menos dinero para visitarnos y gastar, retrayendo además las inversiones extranjeras hacia España), nos subirá la inflación (por el encarecimiento de las importaciones, entre ellas la energía) y evitará que nos bajen más las hipotecas, lo que acabará frenando el consumo, la inversión y el empleo, con el riesgo de que el mayor gasto en Defensa y Seguridad que nos exigirá Europa obligue a relegar otras inversiones y gastos sociales. Demasiadas consecuencias como para no preocuparse.

Y todas estas previsiones negativas se han hecho sin que aún sepamos realmente los aranceles (impuestos a los productos extranjeros)  que va a imponer Trump al resto del mundo, porque en las últimas semanas se ha dedicado a amenazar y luego desdecirse, con lo que resulta difícil seguirle. Las decisiones que sí ha tomado han sido subir un 10% los aranceles a China el 4 de febrero y otro 10% adicional (20% en total) el 4 de marzo. Y decretar una subida de aranceles al acero y al aluminio del resto del mundo, desde el 12 de marzo. A partir de aquí, el resto de las subidas de aranceles  las anunciará el próximo miércoles 2 de abril , que Trump ha bautizado como “el día de la liberación”, asegurando a los norteamericanos que va a recaudar “miles de millones de dólares”… Eso sí, como "aperitivo", ayer Trump anticipó que subirá los aranceles un 25% a todos los coches extranjeros (Europa vende 750.000 coches al año a EEUU...).

¿Qué otros aranceles va a aplicar Trump el 2 de abril ? En un principio, su Administración ha hablado de gravar con aranceles los productos extranjeros de algunos sectores, como los automóviles, microprocesadores, productos farmacéuticos y alimentos y bebidas (vino, aceite). Pero ahora, parece que los futuros aranceles no serán tanto sectoriales como “recíprocos:  se centrarán en los paises con los que EEUU tiene más déficit comercial, además de los aranceles del 25% a sus vecinos Canadá y México (aprobados ya, pero con 2 prórrogas sobre su entrada en vigor). Eso significaría que los aranceles serían mayores con las regiones y paises con los que EEUU tiene un mayor déficit comercial.

Veamos cuáles son. En 2024, el “agujero” comercial de EEUU (déficit, la diferencia entre lo que importa y lo que exporta) fue de 1,212 billones de dólares (1.212.000.000 millones $), mayor que en 2013 (1,062 billones) y en 2022 (1,173 billones), un déficit alentado por el fuerte consumo de los estadounidenses estos años y la pérdida de competitividad de algunas industrias y sectores, que han aupado a Trump. La cuarta parte de este déficit comercial USA es con China (-295.400 millones de dólares en 2024, menor que entre 2012 y 2022), seguido del déficit comercial con la Unión Europea (-235.571 millones de dólares), México (-171.189 millones $), Vietnam (-132.500 millones $), Taiwán (-73.900 millones $), Japón (-68.500 millones $) y Canadá (-63.336 millones $). Así que, lo probable es que Trump aumente más los aranceles a China, la UE, México, Vietnam, Taiwán, Japón y Canadá.

Después de China, la UE es la bestia negra de Trump, no sólo por el déficit comercial sino también porque su Gobierno está apoyado por “la tecnocracia de Internet” (Meta, Google, Amazon, X…), que han tenido y tienen serios “encontronazos regulatorios” (expedientes y multas) con la Comisión Europea, que les impone normas y Leyes. Además, el modelo político y social de la UE es “enemigo político” de Trump y su ultraderecha, que defienden recortes en la Administración, obligando a los norteamericanos a pagarse (aún más) la sanidad, la educación o recortando los gastos sociales. Son dos modelos sociales” enfrentados y la Administración Trump pretende debilitar a Europa recortando su papel en la OTAN (que obliga a un mayor gasto europeo en Defensa y Seguridad y apoyando a la extrema derecha europea, para exportar su “modelo” (antisocial, antinmigración y anti verde).

Pero los aranceles de Trump pretenden, sobre todo, debilitar a la economía europea y forzar más compras de productos “made in USA” (sobre todo energía) y la instalación en suelo norteamericano de más empresas extranjeras. Por eso, los grandes objetivos de Trump en Europa son las economías que más les venden, las que tienen un mayor superávit comercial con EEUU. En 2024, el superávit comercial de la UE-27 con EEUU fue de +198.200 millones de euros (+26% sobre 2023), según Eurostat, un superávit para Europa que ha ido en aumento, incluso durante el primer mandato de Trump (en 2018 era de +136.382 millones de euros y subió a +152.723 millones en 2020).

La mayor parte de este superávit europeo ( o del déficit comercial de EEUU frente a Europa) se concentra en 5 paises que serán los que más “sufran” ahora los aranceles de Trump: Alemania (+92.247 millones de superávit comercial con USA en 2024), Irlanda (+50.828 millones), Italia (+38.870 millones), Austria (+11.415 millones) y Suecia (+9.299 millones). Francia apenas tiene superávit comercial con EEUU (+2.989 millones euros) y sólo hay 2 paises de la UE que tengan déficit comercial con EEUU: Paises Bajos (-24.758 millones) y España (-5.981 millones de déficit comercial con EEUU en 2024).

Con estas cifras, lo “esperable” (con Trump es mucho decir) sería que los paises más afectados por los esperados aranceles USA a Europa sean Alemania e Italia, también Francia (son los 3 que más les venden), y menos Irlanda, porque allí hay instaladas muchas multinacionales USA. España podría verse menos afectada, porque tenemos déficit con EEUU y les vendemos poco (18.971 millones de euros en 2024), además de que estas ventas representan menos porcentaje del total exportaciones no europeas (el 12,3%) que en el caso de Irlanda (el 53,7% de sus exportaciones no UE van a EEUU), Austria (25,7%), Portugal (23,3%), Finlandia (23%) y Alemania (el 22,7% de las exportaciones no europeas van a EEUU). Pero eso no quita para que haya preocupación en algunos sectores españoles, “amenazados” por posibles aranceles de Trump: aceite de oliva, vino, piezas de automóvil, medicamentos, cerámica y motores/aparatos eléctricos.

La Comisión Europea (y no los paises) es quien tiene la competencia sobre comercio exterior y la que tiene que responder a los aranceles de Trump. Inicialmente, Bruselas elaboró una lista de productos made in USA a los que aplicar aranceles (impuestos) el 2 de abril: barcos de recreo, motos Harley Davison y ropa Levis, más productos agrícolas (soja) y bourbon, una lista de productos agrícolas e industriales que está pactando con los paises. Pero, finalmente, la Comisión ha decidido “posponer” 2 semanas, hasta el 16 de abril, la lista y la entrada en vigor de estos aranceles europeos que responden a las amenazas de Trump. Es una manera de “ganar tiempo”, para conocer la lista USA del 2 de abril y posibles negociaciones.

Al final, habrá que esperar al 2 de abril para ver hasta donde llegan los aranceles de Trump y la respuesta europea. Pero mientras, hay varias cuestiones claras. Una, que parte del daño está hecho, por el aumento de la incertidumbre económica, que está hundiendo el crecimiento y avivando la inflación. Dos, que los aranceles no benefician a nadie, tampoco a Europa, aunque Trump sólo entiende las respuestas enérgicas y habrá que responderle con aranceles que dañarán, no sólo a los norteamericanos sino también a los europeos. Y tres, que Europa está ante otro “momento crítico, como cuando llegó la pandemia o Rusia invadió Ucrania. Y como en estas dos crisis, ha de reaccionar unida y tomando medidas contundentes.

Si el desgobierno de Trump y el avance de las autocracias parece imparable, Europa tiene que reforzarse, no sólo políticamente (reforzando la integración europea y consiguiendo una mayor autonomía en Defensa y Seguridad) sino sobre todo económicamente. Si la epidemia del COVID dio lugar al Plan de Recuperación, la “epidemia Trump” debe obligar a poner en marcha otro Plan ambicioso, que permita invertir en modernizar la economía europea, con más tecnología, innovación , digitalización y descarbonización, que permita remontar los daños de los aranceles y mejorar el crecimiento y la competitividad europea en el mundo, buscando nuevos socios e inversores (Canadá, Latinoamérica, Australia, Asia) al margen de EEUU. Urge poner en marcha el Plan Draghi para asegurar el futuro de Europa.

No parece que Europa, con la crisis política en Alemania, Francia e Italia, haya optado por esta vía y de momento sólo avanza en la mejora de la seguridad, “asustada” por Rusia. Pero urge poner en marcha un 2º Plan de Recuperación europeo, avanzando en un tema clave: Europa necesita más recursos públicos (el Presupuesto europeo es ridículo: el 1% del PIB, mientras el Presupuesto Federal USA  asciende al 38,5% de su PIB ) y más inversión privada (urge la reforma de los mercados de capitales y promover multinacionales europeas) para financiar este “saldo adelante” que necesitamos. Y sobre todo, avanzar en una Europa más unida, frente al avance de la ultraderecha nacionalista. No son tareas fáciles.

lunes, 18 de diciembre de 2023

Jóvenes: viven peor que sus padres y abuelos

Los jóvenes menores de 35 años son “la generación perdedora” en España en este siglo, según un reciente estudio: han formado menos hogares, tienen menos ingresos y riqueza que en 2002 y posen menos viviendas, además de tener más pobres. Y en contrapartida, han mejorado ingresos y riqueza sus padres y sobre todo sus abuelos: los mayores de 65 años son “la generación ganadora” en España este siglo. Y ese mayor colchón, sobre todo por la mejora de las pensiones, les permite ayudar a hijos y nietos: un tercio de los mayores ayudaron a sus hijos  llegar a fin de mes el último año. Una red de ayuda familiar que ha evitado una mayor desigualdad intergeneracional pero que no puede ocultar el grave problema que tenemos, según alertó la OCDE: demasiados jóvenes en paro y con empleos y sueldos precarios, que no pueden emanciparse y formar una familia. Ahora tienen un nuevo Ministerio, pero faltan Planes para darles una salida vital.

                    Enrique Ortega

La primera novedad en el excelente Informe sobre la España de este siglo, elaborado por la Fundación AFI Emilio Ontiveros, es el gran aumento de población: hemos pasado de ser 40,5 millones de habitantes en el año 2000 a 47,5 millones en 2022. Un aumento de población de 7 millones de personas (+17%), muy superior al del resto de Europa: +12% en  Francia, +4% en Italia y sólo un +1% de aumento en Alemania estos 22 años. Un aumento récord de la población, a pesar de la caída de la natalidad, debido casi totalmente a la llegada de inmigrantes extranjeros (6 de los 7 millones de aumento de la población). En paralelo, también han crecido los hogares españoles, de 14,7 millones en 2002 a 18,8 millones en 2020, un +28%, el doble que aumentó la población. Y eso se debe a que ahora los hogares son más pequeños, con menos personas: de 2,8 en 2000 se ha pasado a 2,5 de media. El motivo: que ahora hay más hogares unipersonales (el 26,3% en 2020 frente al 20,8% en 2002) y con sólo 2 personas (el 30,3% frente al 25,9% en 2002), el 55% de todos los hogares hoy (cuando en 2002 eran el 45%).

Otro cambio importante, junto al menor tamaño de los hogares, es que los hogares formados por jóvenes se han desplomado: si en 2002, el 14,7% de los hogares españoles tenían de cabeza de familia a un joven (menor de 35 años), en 2020 sólo el 6,7% de las familias tenían un cabeza de familia joven. Y también ha caído el porcentaje de familias de 35 a 44 años (del 21,9% al 19,5% en 2020). Sin embargo, los hogares con un cabeza de familia mayor de 45 años han ganado peso, del 63,4 al 74,8% del total. Esto se debe no sólo al envejecimiento de la población española sino especialmente a la drástica caída de hogares jóvenes, por falta de empleo y recursos para emanciparse y formar una familia.

El estudio de la Fundación AFI resalta que España ha crecido mucho en este siglo (el PIB se ha duplicado, de 647.851 millones de euros en 2000 a 1.346.377 millones en 2022), pero ha sido básicamente por el enorme aumento de la población, porque hay mucha más gente trabajando (sobre todo inmigrantes): 21,26 millones de ocupados hoy frente a 17,81 en el año 2.000 (trabajan 3,5 millones de personas más). Pero el problema, destaca el estudio, es que España se ha estancado: produce por habitante lo mismo en 2022 (17.236 euros de renta bruta disponible per cápita)  que en 2002 (17.236 euros en términos reales). Eso significa, además, que España ha ampliado la “brecha” (distancia) de productividad con Europa: si en 2002 producíamos el 80% de la media europea por habitante, en 2022 produjimos el 72,88%. Y nos hemos distanciado también de Alemania  (67,6% de su PIB por habitante en 2002 y 58,42% en 2022) y Francia (del 78,34 al 69% ahora), aunque hemos reducido distancia con Italia (del 73,3% al 79,8% de su PIB por habitante).

En términos de hogares, no de PIB por habitante, la “brecha” (distancia) de España con la Europa rica es mayor, porque en estos años se ha reducido además el tamaño de los hogares españoles. Por un lado, la renta media bruta por hogar (antes de pagar impuestos y cotizaciones), descontando el efecto de la inflación, era de 38.000 euros en 2022, inferior a los 40.000 euros por hogar en 2002, según la Fundación AFI. Esta renta media bruta no sólo ha caído en este siglo en términos reales (descontando la inflación) sino que también ha aumentado la distancia con la renta media de los hogares europeos: en 2022 era un 15% inferior a la de Alemania, un 13% inferior a la de Francia y un 10% inferior a la media de la zona euro, siendo sólo un 7% superior a la renta media por hogar de Italia.

Dentro de España, también hay una “brecha” de ingresos entre los hogares según la edad del cabeza de familia, penalizando a la generación más joven, según demuestra el estudio. Lo normal es que la mayor renta se consiga en las edades intermedias y luego baje entre los mayores: por eso, la mayor renta se obtiene en los hogares de 35 a 44 años (33.120 euros en 2022), seguida de los hogares entre 45 y 64 años (30.000 euros), los de menos de 35 años (27.500 euros), los hogares entre 65 y 74 años (25.500 euros) y los mayores de 77 años (17.500 euros). Pero la sorpresa salta cuando el Informe AFI compara estos ingresos de los hogares hoy con los de esas edades en 2002. Y resulta que en todas las edades han caído los ingresos, salvo en los hogares mayores de 65 años, cuyas rentas han crecido en este siglo: un +18,6% los hogares con el cabeza de familia de 65 a 74 años y un +25% los hogares encabezados por un mayor de 77 años. En el resto, las rentas han caído este siglo, sobre todo en los hogares encabezados por un menor de 35 años: ingresan 27.500 euros ahora frente a 32.500 euros en 2002 (-15,4%).

En consecuencia, las tres crisis de este siglo (la crisis financiera de 2008-2013, la pandemia de 2020 y la crisis por la alta inflación y la guerra de Ucrania de 2022) se han cebado sobre todo en los hogares encabezados por jóvenes (menores 35 años), que tienen empleos y sueldos más precarios,  mientras han salido ganando los hogares encabezados por mayores de 65 años, que tienen mayores ingresos, por el cobro de mayores pensiones ahora derivadas de cotizar por sueldos mayores en las décadas finales del siglo XX.

Otra peculiaridad de España frente al resto de Europa es que los hogares españoles ahorran mucho menos y con grandes altibajos, según revela el Informe AFI. En el año 2.000, los hogares españoles ahorraban sólo el 9,5% de su renta disponible, frente al 12,5% la zona euro y Francia, el 16,5% los alemanes y el 12% los italianos. En 2007, en pleno “boom”, el ahorro de los españoles cayó al 3% y en 2009, con la crisis financiera subió al 12%, para bajar después al 5% entre 2013 y 2017. Y aunque el ahorro se disparó con la pandemia, más en España (25% de la renta) que en Europa (23%), ha vuelto a caer al 8% en España en 2022, frente al 14% en la zona euro y el 21% de la renta en Alemania. Los expertos creen que en España hay “mayor propensión al consumo que al ahorro”, ayudado por un mayor apoyo entre las redes familiares y unas pensiones más “generosas” (la pensión media supone el 80,4% del salario medio en España frente al 59,9% de media en Europa, según la OCDE). 

Además de ahorrar menos y consumir más, los hogares españoles también invierten, aunque mayoritariamente lo hacen en comprar una vivienda  (representa hasta el 80% de los activos de las familias) y sólo los hogares con más renta invierten en activos financieros (que representan el 20% de las inversiones de los hogares), sobre todo en depósitos (el 40% de las inversiones financieras de las familias), los Fondos (12%) y valores y bonos (7%), con un menor peso que en Europa de las inversiones en Planes (7%) y seguros (otro 7%). Y otra diferencia con Europa: los hogares españoles se han endeudado mucho más que los europeos, sobre todo para comprar un piso, aunque también para invertir. De hecho, entre 2007 y 2010, la deuda de las familias españolas llegó a representar el 144% de la renta bruta disponible, muy por encima de la tasa de deuda europea (110%) y mundial. Eso sí, tras la crisis financiera, los hogares españoles se han desendeudado y en 2020, la tasa de endeudamiento bajó al 90% de la renta bruta disponible en España,  inferior a la de la zona euro (107%). Pero ahora, tras las 10 subidas de tipos de interés, un 15% de los hogares tienen todavía una deuda excesiva, según el Banco de España.

Curiosamente, los hogares españoles acumulan una mayor riqueza que los hogares europeos, porque la mayoría (el 73%) tienen su vivienda en propiedad, a diferencia de Europa (61% hogares con vivienda en propiedad en la zona euro, 78% en Italia, 59% en Francia y 43% en Alemania. Y eso aumenta su patrimonio, al haberse revalorizado mucho la vivienda en este siglo. Pero ojo, esto ya no se cumple con los hogares jóvenes: si en 2002, el 67% de los hogares jóvenes (menores 35 años) tenían su casa en propiedad, en 2020 sólo eran propietarios el 36% de los hogares jóvenes, frente al 73% de propietarios entre los hogares de 45 a 54 años y el 84% de propietarios entre los hogares hoy encabezados por mayores de 55 años (cuyo porcentaje de propiedad no ha caído apenas). Eso supone un cambio drástico en el modelo de tenencia de la vivienda y una enorme dependencia de los hogares jóvenes del alquiler, lo que reduce su renta disponible.

Otro elemento clave que analiza el Informe AFI es la riqueza de los hogares españoles, conseguida tras años de ingresos, compra de vivienda e inversiones. Y refleja 2 evidencias. Una, que la riqueza neta crece hasta determinada edad  y que luego decrece, porque las familias “tiran” de la riqueza y el ahorro acumulado. Precisamente, esa edad donde los hogares alcanzan su mayor pico de riqueza ha aumentado: si en 2002 estaba entre 55 y 64 años, ahora el pico de acumulación, el máximo de riqueza se da más tarde, entre los 65 y 74 años. Y la otra evidencia que refleja el estudio es que son los hogares encabezados por mayores de 65 años los que más han mejorado su riqueza real: un +53,8% los que tienen entre 65 y 74 años y un +70% los mayores de 70 años. El resto han visto caer su riqueza real en este siglo (por el deterioro de sus ingresos comentado antes y un menor patrimonio para revalorizar). Y otra vez más, los que han visto una mayor caída de su riqueza neta son los jóvenes (menores de 35 años): un -63%, más que los hogares entre 35 y 44 años (-41,6% caída riqueza este siglo) y los que tienen entre 45 y 54 años (-27,2%). 

En resumen, que los jóvenes aparecen con claridad como “la generación perdedora” en este siglo, con la mayor caída en el número de hogares, en la renta disponible, en la propiedad de la vivienda y en la riqueza real conseguida. Y los “ganadores” son sus abuelos, los mayores de 65 años, aunque también salen mejor parados sus padres (35 a 65 años). Ya la OCDE alertó en octubre a España de que tenemos un grave problema con los jóvenes: altísimo paro (28% entre menores de 25 años frente al 14,8% en la UE-27), baja ocupación (38,8% entre 15 y 29 años frente al 49,2% en la UE-27 y el 61,7% en Alemania), excesiva precariedad (35% contratos temporales, el triple que en Europa) y bajos salarios (el sueldo medio menores 29 años ronda los 13.830 euros brutos, la mitad que en el conjunto de trabajadores). Y eso provoca que un 22,3% de los jóvenes (16 a 29 años) estén en situación de pobreza (ganan menos del 60% de la media española), incluso trabajando, y dos tercios (el 66% de jóvenes de 18 a 34 años) sigan viviendo con sus padres, frente al 49% en Europa. E incluso, que un 16% de los jóvenes españoles tengan problemas de salud mental, según la OCDE.

En definitiva, los jóvenes españoles han sufrido duramente las crisis de este siglo y viven hoy peor de lo que vivían sus padres en el año 2.000. Mientras, sus padres y abuelos, que viven mejor, les están ayudando, lo que evita que su situación sea aún peor, según revela una Encuesta hecha por la Fundación BBVA a 1.127 mayores de 60 años. De hecho, un 37% de los mayores de 60 años afirma haber ayudado a sus hijos en el último año para afrontar gastos cotidianos, como hacerles la compra, pagarles los recibos de luz o agua o darles dinero para llegar a fin de mes. Sin olvidar que un 51% reconoce haber ayudado a sus hijos a independizarse, un 72% les ha prestado ayuda para formarse y otro 16% les ha ayudado económicamente para emprender un negocio o invertir. El estudio concluye que estas ayudas de los mayores a sus hijos han sido claves para que en España no haya más pobreza y desigualdad, para que muchos jóvenes hayan sobrevivido a las crisis.

A pesar de estas ayudas, que “parchean” la situación, España tiene un grave problema con los jóvenes, según alertó en octubre la OCDE: su preocupante situación es “un lastre para el potencial de crecimiento futuro” del país. Y por eso, pedían al Gobierno medidas educativas (mejora de la formación, desde la escuela a la FP y la Universidad), medidas laborales (para promover la empleabilidad de los jóvenes y el relevo de los mayores) y medidas en la vivienda, para mejorar las ayudas al alquiler y promover viviendas para familias jóvenes, con financiación accesible y avales públicos. También urgen otras políticas, desde el ocio a la integración social y política de la juventud, para evitar su aislamiento social o su deriva a posiciones extremistas o populistas. Ahora, por primera vez, España tiene un nuevo Ministerio de Infancia y Juventud, pero falta un Plan de medidas (urgentes y a medio plazo), para que los jóvenes de dentro de 20 años vivan mejor que sus padres hoy.

jueves, 23 de noviembre de 2023

España amplia su distancia con paises OCDE

La OCDE, la organización que integra a las 35 mayores economías de Occidente, acaba de dar otro “toque” a España: nuestra producción por habitante ha caído en los últimos 20 años respecto a la media OCDE, donde ocupamos el puesto 19º (14º en 2000), por la crisis financiera y la pandemia. También hemos retrocedido en el ranking mundial, donde somos la 14ª mayor economía pero el país nº 42 en PIB por habitante, que determina la renta y el nivel de vida. La culpa está en que seguimos teniendo menos productividad, porque trabaja menos gente y trabaja con menos eficacia, debido a la baja cualificación de los trabajadores, el menor tamaño de las empresas, el bajo peso de la industria y la tecnología, la caída de la inversión y el modelo de organización empresarial. Al final, su receta es mejorar la productividad, nuestra gran asignatura pendiente para mejorar el nivel de vida y el futuro. Algo de lo que no hablan ni políticos ni medios.

                 Enrique Ortega

Lo que marca el poderío de un país no es sólo cuanto produce y su valor (PIB) sino cuanta gente trabaja para lograr esa producción (PIB por habitante), entre cuantos hay que repartir lo conseguido (renta per cápita). Así, España produjo en 2022 por valor de 1.346.377 millones de euros (PIB) y Paises Bajos produjo por valor de 958.549 millones de euros. España es una economía más grande (la 4ª mayor de la UE, tras Alemania, Francia e Italia) que la neerlandesa (la 5ª economía europea), pero mucho menos eficiente: aquí somos 47,4 millones de habitantes para conseguir (y repartir) ese PIB y en Países Bajos 17,8 millones. Por eso, lo importante es la producción por habitante (PIB por habitante): 28.280 euros en España y 54.150 euros en Paises Bajos. Por eso, los holandeses tienen más renta y son más ricos que los españoles. 

Y lo mismo pasa a nivel mundial. España era en 2022 la 14ª mayor economía del mundo, por detrás del PIB de Estados Unidos (24.162.663 millones de euros, 18 veces la producción de España), China (17.174.722 millones euros, 12,7 veces el PIB de España), Japón (4.017.108 millones), Alemania (3.876.810, 2,8 veces el PIB de España con menos del doble de población), India (3.213.281), Reino Unido (2.913.623), Francia (2.639.092, el doble de PIB que España con un tercio más de población), Rusia (2.116.735), Canadá (2.030.446), Italia (1.946.479 millones), Brasil (1.825.767), Australia (1.614.888) y Corea del Sur (1.346.377), tras haber superado el año pasado a México (1.341.808 millones de PIB). Pero si tenemos en cuenta la población, España baja al puesto 42º en el ranking mundial del PIB por habitante: nos superan Paises Bajos, Austria, Bélgica, Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Irlanda, Islandia, Malta, Luxemburgo, República Checa, Eslovenia, Estonia, Lituania, Andorra, Suiza, Mónaco, San Marino, Liechtenstein, Arabia Saudí, Brunei, Kuwait, Catar, Singapur, Nueva Zelanda, Cuba y Bahamas (ver listado PIB por habitante paises).

La OCDE acaba de publicar un informe sobre la evolución del PIB por habitante en 27 paises desarrollados (entre ellos España), de los 35 que integran la organización. Y nos ha dado un nuevo “toque”: España crece mucho pero es uno de los paises occidentales que ha aumentando su “brecha”, su distancia, con el PIB por habitante medio de la OCDE en los últimos 20 años. Según sus datos, si en el año 2000, la producción española por persona (PIB por habitante) era el 88% de la media OCDE, en 2020 se ha ampliado la distancia al 76%, tras la crisis financiera y la pandemia. También han aumentado su brecha con la media OCDE Francia (de superarla, el 102% al 0,89% en 2020), Italia (del 107% al 80%), Portugal (del 78% al 68%) y Grecia (del 75% al 57%), la Europa del sur, sobre todo por el tremendo impacto de la crisis de deuda de 2010-2013. Y España ocupaba en 2020 el puesto 19º en el ranking OCDE del PIB por habitante cuando en el año 2000 éramos el país nº 14 (nos han “adelantado” Corea, Nueva Zelanda, República Checa, Eslovenia y Lituania).

Los grandes paises de la OCDE apenas han empeorado su posición, tanto EEUU (de tener el 134% del PIB por habitante de la OCDE al 129%), Japón (del 98% al 92%), Alemania (del 109% al 108%) o Reino Unido (del 99% al 91%), lo mismo que Finlandia, Paises Bajos, Austria o Bélgica. Y curiosamente, los que más han reducido su “brecha” con la OCDE (PIB por habitante) han sido los paises del Este de Europa (Polonia, por ejemplo, tenía el 44% del PIB medio de la OCDE y ahora tiene el 70%), los paises nórdicos (Suecia, Dinamarca y Noruega ya superaban el PIB por habitante de la OCDE en el año 2000 y ahora lo superan más), mejorando también y reduciendo su “brecha” Corea, Nueva Zelanda y Turquía.

Este aumento de la “brecha” de España con los paises desarrollados entre 2000 y 2022, que refleja el informe de la OCDE, se ha repetido en el aumento de la brecha de España con la Unión Europea, según los datos de Eurostat. En 2022, España tuvo un PIB per cápita (ajustado por el nivel de precios de cada país) que fue el 85% del PIB per cápita de la UE-27, reduciendo así la brecha de 2021 y 2020 (teníamos en 83% del PIB per cápita europeo). Y esa “brecha” es mayor que antes de la pandemia (en 2019 producíamos el 93% que Europa por habitante, tras producir más del 100% de la UE-27 sólo entre 2002 y 2009). Este dato, que refleja la productividad y por tanto la riqueza de cada país, nos coloca (año 2022) en el puesto 18º en el ranking europeo de producción por habitante, tras los 11 paises que producen más que la media europea (Luxemburgo, Irlanda, Dinamarca, Países Bajos, Austria, Bélgica, Suecia, Alemania, Finlandia, Malta y Francia, por ese orden) y de los 6 restantes que tienen un PIB por habitante inferior a la media UE-27 pero mayor que España (Italia y los 5 paises que nos han “adelantado” en los últimos años: Eslovenia, Chipre, República Checa,  Lituania y Estonia). Todos producen más que España por habitante.

El informe de la OCDE destaca la pérdida de la productividad de España, que sigue por debajo de la productividad media de la OCDE (86,3 dólares por empleado frente a 89,1 dólares de media y los 144,5 dólares que los paises más competitivos). Otros datos revelan que la producción por hora trabajada (PIB por hora) en España se ha estancado, ya que era el 74% de la de la eurozona y el 61% de la alemana en el año 2000 y sigue siendo del 76% de la eurozona y del 63% de la alemana en 2022, según este estudio de CaixaBank Research. Y además, España ocupa el puesto 36 en el ranking mundial de productividad que publica el Foro Económico Mundial (2022) y mide 12 variables, quedando por detrás de 18 paises europeos que se consideran más competitivos: Dinamarca (el 1º de este ranking mundial), Suiza (2º), Suecia (4º), Paises Bajos (6º), Finlandia (8º), Noruega (9º), Irlanda (11º), Luxemburgo (13º), Alemania (15º), Islandia (16º), Austria (20º), Bélgica (21º), Estonia (22º), Reino Unido (23º), República Checa (27º), Francia (28º), Lituania (29º) y Letonia (35º).

¿Por qué somos menos productivos que media Europa y por eso, menos ricos?  Hay una respuesta corta: porque trabajamos menos gente y trabajamos peor, con menos eficacia. En España trabajan el 64,4% (diciembre 2022) de las personas entre 15 y 64 años, frente al 69,8% en la UE-27 y el 76,9% en Alemania o el 81,8% en Paises Bajos. Eso significa que si tuviéramos la tasa de empleo europea, en España deberían trabajar (y producir) 1,7 millones de personas más. Y si fuéramos como Alemania, tendríamos 4 millones de ocupados más. Este bajo nivel de empleo tiene que ver con nuestro modelo económico, basado más en los servicios (turismo y comercio) y menos en la industria, con empresas menos tecnológicas, que exportan menos y productos de bajo valor añadido.

Además de trabajar menos españoles de los que deberíamos, trabajamos “peor”, con menos eficacia y competitividad. Si vemos el mapa de la productividad de Europa, estamos en el 2º nivel de productividad por empleado, muy por debajo de centro Europa y los paises nórdicos (salvo Madrid, País Vasco y Navarra) y que Francia o Alemania, siendo sólo menor la productividad de los paises del Este (salvo República Checa, Eslovenia, Estonia y Lituania, que nos superan). ¿Por qué somos menos productivos? No es culpa de los trabajadores, sino de una serie de problemas estructurales, que resume este estudio de CaixaBank Research.

El primer “hándicap” que reduce la competitividad de España es que tenemos demasiados trabajadores, empresarios y autónomos poco formados, lo que es un problema porque los empleados con más nivel educativo y más cualificados son más productivos. En cuanto a los asalariados, el 30% tienen en España un nivel bajo de formación (y un 21% un nivel medio) frente a sólo el 19% en la eurozona (donde el 42% tienen formación media), según un estudio del Banco de España. Lo mismo pasa con los empresarios españoles: el 32% tienen un nivel educativo bajo (y un 27% medio), frente al 20% en Europa (y el 39,5% medio). Y también los autónomos: 38% con formación baja aquí (y 22% media) frente al 20,5% en Europa (y el 39,5% con nivel medio, casi el doble que en España).

El segundo “hándicap” es el menor tamaño de las empresas españolas (las grandes son más productivas). En España, sólo el 2,11% tienen más de 50 empleados y crean el 35% del empleo total, mientras en Alemania, esas empresas grandes y medianas (rondan el 5%) crean el 66% del empleo total. El problema de fondo es que tenemos demasiadas pequeñas empresas y microempresas (98,89% del total), que producen la mitad por trabajador (32.000) que las grandes (68.000 euros), por lo que deberían fomentarse las fusiones.

El tercer “hándicap”, que frena las mejoras de la productividad es el bajo gasto en innovación y tecnología, tanto a nivel de país (España invierte el 1,3% del PIB en I+D+i frente al 2% la UE, el 2,3% de Francia o el 3,2% en Alemania) como las empresas (había un 21,4% menos de empresas que invertían en tecnología en 2021 que en 2008, sobre todo pymes, y la inversión privada en tecnología supone sólo el 56% de la inversión tecnológica total frente al 66% en Europa, según COTEC). Eso se traduce en que producimos y exportamos productos y servicios con menos valor añadido que los paises punteros de Europa.

Otro “hándicap” clave, que limita nuestra productividad es la menor inversión, tanto pública como privada. Por un lado, la inversión pública se redujo un -60% entre 2010 y 2014, por lo recortes impuestos por Bruselas, lo que ha limitado el gasto en infraestructuras públicas y de transporte, así como el gasto social, factores claves para crecer y competir. Y a pasar de la recuperación posterior y de los Fondos europeos, la inversión pública en España sigue un 55% por debajo a la que teníamos en 2009, según un informe de la Fundación BBVA, que refleja cómo la inversión pública en España (1,94% PIB) es un tercio menor a la europea (3,02%) y la cuarta parte que en Finlandia (4,22%) o Suecia (4,65%). Y la inversión privada de las empresas lleva años muy floja, más tras las subidas de los tipos de interés.

Los expertos añaden otros factores que han frenado la productividad en España: la mayor precariedad del empleo (más contratos temporales y a tiempo parcial), sobre todo antes de la reforma laboral de 2022 (hoy tenemos un 17,26 de asalariados temporales, menos “productivos”, frente al 14,1% en Europa), el exceso de normativas (máxime con 17 autonomías que tienen múltiples competencias) y una gestión empresarial demasiado centrada en el “ordeno y mando”, con poca integración laboral y sindical, junto a un clima laboral deteriorado (“sólo el 30% de los trabajadores están contentos con su trabajo y el 70% están descontentos con su sueldo”, según una Encuesta de Infoempleo Adecco ), que no ayuda a mejorar la productividad en España.

Visto el aumento de la brecha económica (PIB por habitante) entre España y la OCDE, el organismo internacional plantea una prioridad: mejorar la productividad. Y proponen a España 5 medidas: impulsar la competitividad de las empresas (pymes) y regiones más retrasadas, con un PIB por habitante inferior a la media (Andalucía, Canarias, Extremadura, Melilla, Castilla la Mancha y Murcia), proporcionar habilidades laborales y reciclaje a los empleados y parados con menos formación, fomentar la inversión pública (y privada) en infraestructuras y servicios públicos, vivienda, innovación y tecnología, mejorando el acceso de las empresas a la financiación, coordinar mejor la gobernanza entre los distintos niveles de Gobierno (Estado, autonomías y Ayuntamientos) y descentralizar la capacidad estratégica, administrativa y fiscal, para favorecer la igualdad territorial.

En definitiva, España crece (más que otros paises) pero seguimos con un problema de fondo: trabajan menos personas de las que deberían y lo hacen con menos eficacia que en otros paises, lo que provoca que seamos menos productivos, un 85% de la media europea. Y por eso, hay 17 paises europeos que producen más por habitante y  tenemos menos nivel de vida, somos más pobres que la Europa del centro y norte. Un problema que arrastramos desde hace décadas y que ha ido a peor desde el año 2.000, tras tres crisis. Ahora es el momento de afrontarlo, de tomar las medidas necesarias, que nos reitera la OCDE: más formación, fusiones de empresas, más industria, innovación y tecnología, más inversión pública y privada, empleos de calidad y mejor organización del trabajo. Sólo así seremos más productivos, un reto clave del que apenas se habla. Y sólo así viviremos mejor. A ello.

lunes, 6 de noviembre de 2023

Jóvenes sin oportunidades

La OCDE ha dado la alerta en su reciente informe sobre España: los casi 7 millones de jóvenes españoles tienen serios problemas de altísimo paro, poco empleo y precario, bajos sueldos y difícil acceso a la vivienda, lo que hace que dos tercios sigan viviendo con sus padres. Y el 16% de nuestros jóvenes  tienen problemas de salud mental. Toda esta preocupante situación de los jóvenes es “un lastre para el potencial de crecimiento futuro de España”, advierte la OCDE.  Y propone medidas para mejorar la formación de los jóvenes, de la escuela a la Universidad, potenciando la Formación Profesional y contando más con las empresas para saber los perfiles que necesitan. También mejorar las oficinas de empleo, que hoy no sirven para colocar a los jóvenes. Promover viviendas en alquiler para jóvenes, además de ayudas autonómicas que hoy no funcionan. Y un Plan de empleo juvenil para incentivar su contratación y ofrecerles empleos decentes. Hay que dar más oportunidades a los jóvenes: nos jugamos el futuro.
   
                 Enrique Ortega

En España hay casi 7 millones de jóvenes entre 16 y 29 años (6.906.808 en 2022), un 14,5% de toda la población, según el INE. De ellos, el 46% trabajan (3.178.500 a finales de septiembre de 2023), otro 41,3% estudian (2.852.511) y el 12,7% restante (877.164 jóvenes) ni estudian ni trabajan, son “ni-nis”: España es el 4º país europeo con más jóvenes “ni-nis, tras Rumanía (19,8%), Italia (19%) y Grecia (15,4%), por encima de la media europea (11,7%) y sobre todo de Paises Bajos (sólo el 4,2% jóvenes son “ni-nis”), Suecia (5,7%), Portugal (8,4%), Alemania (8,6%), Irlanda (8,7%), Finlandia (9,5%) y Francia (12%).

El problema de fondo de muchos jóvenes españoles empieza en su educación, insuficiente en muchos jóvenes, señala el informe de la OCDE, que habla de que “salen de sus estudios con pocas habilidades”. De hecho, España es uno de los paises occidentales con más porcentaje de jóvenes poco formados: el 26,5% de los jóvenes de 25 a 34 años tiene sólo la ESO o menos, frente al 12,2% en Europa (UE-25) y el 13,8% en la OCDE, según el informe Panorama de la Educación 2023 de la OCDE. Y por el otro lado, España es uno de los paises occidentales con más jóvenes universitarios: el 50,5% de los jóvenes (25 a 34 años) tiene un título, frente al 44,7% en la UE-25 y el 47,2% en la OCDE. Pero, en cambio, tenemos pocos jóvenes con una formación intermedia (Bachillerato o FP), la que consigue muchos empleos: la tienen el 22,9% de los jóvenes españoles frente al 43,1% de los europeos y el 39,4 % en la OCDE. Y ello se debe, en gran medida, al poco peso de la Formación Profesional (FP) en España: sólo la cursaban (en 2021) el 24% de los que estudian al terminar la ESO (la mayoría hacen Bachillerato), frente al 37,2% en Europa, el 55% en Paises Bajos, el 51,5% en Italia, el 36,9% en Francia y el 32,1% en Alemania, según la OCDE.

En definitiva, tenemos muchos jóvenes con poca formación, demasiados que estudian carreras sin salida y pocos con estudios intermedios y FP, lo que más buscan las empresas. Una formación deficiente, que es fruto de nuestro menos gasto en educación, de unos planes de estudios muy memorísticos y poco prácticos, un profesorado insuficiente y precario (que precisa reciclarse) y una enseñanza pública colapsada por alumnos con problemas. Todo ello se traduce en altas tasas de repetición de los jóvenes (un 7,6% en ESO, el porcentaje más alto en Europa, donde sólo repiten curso el 2,2%) y en un mayor abandono escolar temprano (jóvenes que no estudian al acabar la ESO): un 13,9% en España frente al 9,7% en la UE. Además, los jóvenes españoles tienen peores resultados educativos en matemáticas, ciencias y comprensión lectora, según los informes PISA.

Con esta deficiente formación, a los jóvenes españoles les resulta más difícil trabajar que al resto de jóvenes europeos, también porque nuestra estructura económica (más pymes,  más servicios y menos industria, menos innovación y tecnología) ofrece menos empleo (75% de los adultos europeos trabajan frente al 64,5% de españoles). El informe de la OCDE revela que son más los jóvenes españoles que van directamente al paro al acabar sus estudios (el 9%, frente al 4% en la UE, el 2% en Alemania y el 3% en Holanda) y menos los que encuentran directamente un trabajo. La mayoría han de esperar 4 años o más, en el subempleo y en empleos precarios. Y al final, la tasa de ocupación de los jóvenes españoles no llegaba al 40% en 2022 (38,8% entre 15 y 29 años), según Eurostat, mientras en la UE-27 trabajan casi la mitad de los jóvenes (49,2%), el 79,3% en Paises Bajos, el 64,2% en Dinamarca, el 63,9% en Austria, el 61,7% en Alemania, el 58,7% en Irlanda, el 57,2% en Finlandia y Suecia, el 48,6% en Francia o el 43,1% en Portugal, estando sólo peor en Italia (33,8% jóvenes trabajando) y Grecia (33,1%).

Además de trabajar menos, los jóvenes españoles tienen trabajos muy precarios. Por un lado, tienen un mayor porcentaje de contratos temporales que el resto de españoles, aunque esta temporalidad se ha reducido con la reforma laboral de 2022: un 68,11% de los contratos son temporales entre que trabajan entre 16 y 19 años, un 47,86% entre 20 y 24 años y un 26,48% entre 25 y 48 años, frente al 17,25% de contratos temporales entre todos los españoles que trabajan, según la EPA de septiembre. Y esa tasa de temporalidad de los jóvenes en España (35% entre los 16 y 29 años) es el triple que la media europea. Además, los jóvenes tienen un mayor porcentaje de empleo a tiempo parcial (por horas o por días): el 48,6% de los jóvenes que  trabajan con 16 a 19 años, el 30,9% de los ocupados con 20 a 24 años y el 14,3% de los que trabajan con 25 a 29 años. Eso da una media de un 22,5% de contratos a tiempo parcial entre los jóvenes (16 a 29 años), frente al 12,6% con trabajo parcial entre todos los ocupados en España. Y lo más importante: el 44% de los jóvenes que trabajan pocas horas(o días) lo hacen “obligados”, porque no encuentran un trabajo a tiempo completo, mientras en Europa sólo les pasa esto al 17% de los jóvenes que trabajan a tiempo parcial, según este informe de Trabajo.

Los jóvenes no sólo tienen trabajos más precarios, más contratos temporales y a tiempo parcial, sino que un tercio largo están “sobre cualificados”, realizan un trabajo para el que no necesitan la alta formación que tienen (economistas trabajando en un bar o abogadas de cajeras de supermercado): España lidera la sobre cualificación en la UE, con un 36,1% de nuestros universitarios, frente al 22,1% de los licenciados europeos, según Eurostat.

Con tanto empleo precario, los jóvenes españoles tienen sueldos más bajos que el resto de trabajadores: si el sueldo medio en España era de 25.896,22 euros brutos en 2021 (1.900 euros netos al mes en 12 pagas), según el INE, un joven de menos de 20 años ganaba casi la tercera parte (9.180 euros brutos, 675 euros netos al mes en 12 pagas),  un joven de 20 a 24 años ganaba la mitad (13.224 euros brutos, menos de 1.000 euros mensuales en 12 pagas) y un ocupado con 25 a 29 años ganaba una cuarta parte menos (19.089 euros brutos, sobre 1.400 euros netos al mes en 12 pagas). En definitiva, el sueldo medio de los menores de 29 años ronda los 13.830 euros brutos al año, la mitad que el conjunto de trabajadores. Y  los universitarios ganan menos de 1.500 euros al mes en los 4 años siguientes a licenciarse, según un estudio del BBVA e IVIE.

Estos bajos ingresos de los jóvenes les llevan a muchos a una situación real de pobreza y exclusión social, que se considera cuando alguien gana menos del 60% de los ingresos medios del país. En España, en 2022, había 9.522.000 personas en situación de pobreza, un 20,4% de los españoles, según los datos oficiales publicados por el INE. Y de ellos, 1.474.000 eran “pobres jóvenes”, de 16 a 29 años, según la EAPN. En consecuencia, los jóvenes son el 2º grupo de edad con más tasa de pobreza (el 22,5%), solo por detrás de los niños (27,7% de menores de 16 años viven en hogares “pobres”) y por encima de la tasa de pobreza de los de 30 a 44 años (19,2%), de 45 a 64 años (18%) y de los jubilados (18,7% pobres).

Con estos ingresos tan bajos, a los jóvenes les cuesta mucho emanciparse y aún más formar una familia, sobre todo en la última década, al haberse disparado los alquileres: han subido un +68,7% desde 2014 hasta ahora, según Idealista, y el alquiler medio está ya en 11,8 euros por metro cuadrado, lo que implica que un piso de 90 m2 se alquila ya por 1.062 euros (y por mucho más en Madrid, Barcelona y las grandes ciudades). Si el sueldo medio de un joven era de 1.089 euros en 2022 (según el Consejo de la Juventud), pagar un alquiler le suponía de media el 83,9% del sueldo. Y sumando los recibos obligatorios, se “comería” el 93,6% del sueldo.

 Por eso, la mayoría de los jóvenes españoles no pueden emanciparse, como alerta el reciente informe de la OCDE sobre España: el 66% de nuestros jóvenes (de 18 a 34 años) viven con sus padres, frente a una media del 49% en la UE-27. Y somos el 4º país europeo donde más jóvenes siguen viviendo con sus padres, tras Grecia (72% no se emancipan), Portugal (71%) e Italia (69%).Y este altísimo porcentaje de jóvenes que siguen viviendo  con sus padres (66%) contrasta con el bajísimo porcentaje en los paises nórdicos (13% en Suecia, 16% en Dinamarca) y el bajo porcentaje en centro Europa (31% jóvenes viven con sus padres en Alemania, 36% en Paises Bajos, 37% en Reino Unido, 43% en Francia y 44% en Bélgica), según el informe de la OCDE.

Esta imposibilidad de independizarse (el 65% de los jóvenes que viven con sus padres querrían dejar el hogar familiar), junto al elevado paro juvenil (el 27,8% de los menores de 25 años están en desempleo en España, el doble que en la UE-27, con 14,2% de paro, y cinco veces el paro de los jóvenes alemanes, el 5,8%), la tremenda precariedad de su trabajo y el bajo sueldo de la mayoría provocan una gran insatisfacción en los jóvenes y aumentan su desinterés por participar en la sociedad donde viven y en la política. Y esa insatisfacción se manifiesta además en problemas de salud mental: un 16% de los jóvenes españoles encuestados por la OCDE reconocen haber sufrido algún trastorno mental (más del doble que en 2017). Y sólo la mitad buscó ayuda profesional. Otro estudio reciente, de la Fundación Mutua y FAD Juventud, alerta que el 59,3% de los encuestados (de 15 a 29 años) “reconocen padecer problemas de salud mental. Y un 31,7% de ellos están tomando fármacos por ello.

Este informe de la OCDE sobre España es tajante, tras analizar esta falta de oportunidades de nuestros jóvenes, su baja tasa de emancipación y su preocupante salud mental: “es un lastre para el potencial futuro de España”. Y a continuación, la OCDE aporta una serie de medidas para corregir lo que considera un hecho: que los jóvenes españoles “tienen más difícil que los de otros paises de su entorno la transición a una vida adulta independiente, productiva y feliz”. Proponen  al futuro Gobierno actuar sobre todo en la educación, el empleo, la vivienda y la salud mental de los jóvenes.

El primer conjunto de medidas que proponen se refieren a la mejora de la educación, desde la escuela a la Universidad, con programas concretos para reducir el abandono escolar, la mejora de la formación de los docentes y una enseñanza que mejore las habilidades de los alumnos. Y se centran sobre todo en potenciar más la Formación Profesional, donde faltan plazas públicas (300.000 según los sindicatos) y donde la nueva formación dual (que contempla impartir entre un 25% y un 35% de prácticas, unas 500 horas anuales) exige más de 1 millón de empresas que colaboren. Y sobre la formación universitaria, la OCDE pide que las empresas participen más con las Universidades en los planes de estudio.

Otro frente donde proponen cambios es en las políticas de empleo, para que las oficinas públicas de empleo ayuden más a los jóvenes a colocarse, sobre todo a conseguir el primer empleo (ahora, sólo el 2% encuentra empleo gracias a las oficinas de empleo). Advierten que los jóvenes españoles apenas acuden al SEPE: sólo el 25% contactan con las oficinas para buscar trabajo, frente al 53% que lo hacen en la UE o el 52% en Francia. Proponen más gasto y más personal (España destina la mitad que Europa) para conseguir que los jóvenes tengan más acceso a un trabajo, como se hace por ejemplo en Holanda.

Otra propuesta de la OCDE es que España aumente el parque público de viviendas, que sólo son 300.000 viviendas,  el 2,5% del parque total, frente al 9,3% en Europa (el 30% en Paises Bajos, 17,5% en Reino Unido y el 5% en Alemania). Urge promover más viviendas en alquiler (públicas y privadas), para afrontar los 120.000 viviendas que se necesitan cada año (y sólo se terminan 80.000), la mayoría para los jóvenes. Y mejorar las ayudas públicas a los jóvenes que conceden las autonomías, que la OCDE considera insuficientes: sólo benefician al 10% de los jóvenes en Madrid, por ejemplo, según lo que ingresan los jóvenes (los que ganan menos de 1.800 euros) y que el alquiler sea inferior a 900 euros al mes. Y además, la OCDE propone más atención a la atención pública mental de los jóvenes españoles.

En resumen, la OCDE propone mejorar las oportunidades de los jóvenes españoles, con más  empleo, mejores sueldos y alquileres más asequibles, para lo que se deben mejorar la educación y la contratación de los menores de 29 años, su inserción laboral, las ayudas al alquiler y a su salud mental. Urge mejorar el empleo de los jóvenes, su trabajo y su sueldo, facilitarles una vivienda y formar una familia. Conseguir que vivan mejor que nosotros.