Tras la grave crisis de la pandemia (2020), las empresas reanimaron sus ventas, márgenes y beneficios entre 2021 y 2025, cinco años de buenos resultados empresariales, a pesar de los altibajos por la guerra de Ucrania y el conflicto en Oriente Medio. En España, el margen bruto sobre ventas ha sido del 13,9% en 2025, según el Observatorio de Márgenes Empresariales (OME), siendo el beneficio bruto mucho mayor en inmobiliarias (29%), energía (28%) y hostelería (17% de margen bruto). Y otro dato: el beneficio neto de las 35 empresas del IBEX superó ligeramente los 70.000 millones de euros en 2025, más del doble de los 31.489 millones que ganaron en 2019, según sus propios balances.
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jueves, 28 de mayo de 2026
Dividendos y recompras: beneficios diferidos
Las empresas españolas llevan 5 años con un
aumento histórico de ventas, márgenes y beneficios, pero eso no
se traduce en un aumento de la inversión privada, que todavía está por debajo
de 2019. Lo que está pasando es que las grandes empresas y bancos desvían
más de la mitad de sus beneficios a sus accionistas por dos vías: unos dividendos
récord y un aumento de las recompras de acciones propias, una nueva
vía para hacer subir la cotización de las acciones y así aumentar lo que cobran
los grandes ejecutivos de bancos y tecnológicas. La recompra de acciones era
una fórmula muy usada en EEUU, pero tras la pandemia se ha generalizado en
Europa y también en España: aquí, en el primer trimestre de 2026, estas
recompras se han multiplicado por 6. Parece un tema “técnico”,
pero el problema nos atañe porque muchas empresas especulan con sus acciones y no
invierten lo que deben en sus negocios, su capital y sus empleados
(sueldos y formación), en perjuicio de todos. Recompra acciones propias en Bolsa: otra forma de diferir beneficios
Tras la grave crisis de la pandemia (2020), las empresas reanimaron sus ventas, márgenes y beneficios entre 2021 y 2025, cinco años de buenos resultados empresariales, a pesar de los altibajos por la guerra de Ucrania y el conflicto en Oriente Medio. En España, el margen bruto sobre ventas ha sido del 13,9% en 2025, según el Observatorio de Márgenes Empresariales (OME), siendo el beneficio bruto mucho mayor en inmobiliarias (29%), energía (28%) y hostelería (17% de margen bruto). Y otro dato: el beneficio neto de las 35 empresas del IBEX superó ligeramente los 70.000 millones de euros en 2025, más del doble de los 31.489 millones que ganaron en 2019, según sus propios balances.
¿Qué han hecho las empresas con estos beneficios?
Pues más de la mitad de estas ganancias las han repartido entre sus
accionistas, por dos vías: reparto de dividendos y recompra de
acciones propias. El reparto de dividendos, un pago anual
(dos veces al año) por cada acción, se disparó después de la pandemia, tras prohibir
el BCE repartir dividendo a los bancos europeos en 2020. En
Europa, las 600 grandes empresas del STOXX 600 repartieron 437.000
millones de euros en dividendos a sus accionistas en 2025, cifra que subirá
a 454.000 millones en 2026 (+4%). Pero en España, el pago por dividendos
creció mucho más (+128% entre 2020 y 2025), saltando de los 20.500
millones en 2021 a 41.503
millones en 2025. Y a esos pagos, las empresas cotizadas españolas han
destinado 155.596 millones de euros en los últimos 5 años (2021 a
2025), una cifra récord. Y este
año 2026, las empresas repartirán 25.848 millones de euros hasta junio (+17%,
cuatro veces más que en Europa).
La otra vía para “diferir” beneficios, menos
conocida, es la
recompra de acciones propias: las grandes empresas y bancos
recompran con sus beneficios una parte de sus acciones y las amortizan, es
decir, desaparecen de los balances. Consecuencia: se reduce el
número de acciones en circulación, lo que en principio aumenta su valor.
Las empresas recompran acciones como una
vía para reanimar la cotización
de las acciones, cuando creen que están infravaloradas: al
haber menos y mantenerse el valor de las empresas, debían subir. Pero la recompra
de acciones propias tiene otra justificación menos explícita: la mayoría
de los ejecutivos de las grandes empresas tienen una parte de su sueldo
ligado a la cotización de las acciones (cobran en “stock options”,
en opciones sobre acciones) y por eso su principal objetivo de gestión es conseguir que las
acciones suban (como sea). Además, una tercera razón es que los
accionistas no pagan impuestos con la recompra de acciones (sólo
si las venden, por la plusvalía), mientras si pagan impuestos por los dividendos.
La recompra de acciones tiene
una larga trayectoria en EEUU, desde 1982, cuando se aprobó un marco
normativo y fiscal favorable, que apoyaba una cultura empresarial centrada en
el valor de las acciones. Pero en Europa, la tradición eran los
dividendos y las recompras están sujetas a un marco normativo de la UE
sobre abusos de mercado (que impone límites al volumen y al precio) y se exige que
las aprueben las Juntas de Accionistas. Sin embargo, tras la pandemia, las
recompras de acciones propias también se han disparado en Europa.
En conjunto, en todo el mundo, las recompras de acciones batieron
récords en 2025: 1,46 billones de dólares en 2025, según
Capital Group. Y las ejecutaron más de la mitad de las grandes compañías
del mundo (el 52%), frente al 36% hace una década. EEUU concentra el 71%
de las recompras mundiales de acciones propias, mientras Europa
representa sólo el 10,8% de las recompras mundiales, ganando peso en
Japón (recompraron acciones el 48% de las empresas en 2025). El
protagonismo de estas recompras lo tienen los bancos y empresas
financieras (el 26%), el sector tecnológico (el 21%: Apple ha
destinado 440.000 millones de dólares a recomprar acciones propias en la última
década), la energía, el sector de medios de comunicación y los grandes
del sector minorista de la alimentación.
En Europa, aunque las recompras van muy por detrás a
las de EEUU, el salto ha sido espectacular: 182.000
millones de euros gastados por
las empresas en recomprar acciones propias en 2025, más del doble que hace 10
años (75.200 millones en 2015) y un 67% más que antes de la pandemia (109.000
millones en 2019). Entre las grandes
empresas con más recompras en 2025 destaca la suiza Novartis (9.702
millones), seguida de las francesas Prosus (9.121 millones), Total Energies
(7.030) o ASML (4.100 millones), la noruega Equinor (5.506 millones), la
británica HSBC (5.297), el banco holandés ING (4.321 millones) o el Banco de
Santander (4.073 millones), Barclays (3.859) y UBS (3.855). Algunos estiman
que los bancos europeos han recomprado un 4% de sus acciones desde 2022. Y casi
la mitad (el 44%) de las empresas europeas cotizadas
en Bolsa recompraron acciones en 2025.
España se ha sumado tarde a esta “moda” de la
recompra de acciones, pero con mucha fuerza, empujada por los bancos y las
grandes empresas. En 2025, la recompra se hizo por un importe de 12.502
millones de euros, tras una cifra superior en 2024 (15.588 millones) y 2023
(13.415 millones). Pero este
año 2026, la recompra de acciones en España se ha multiplicado
por 6 en el primer trimestre, superando los 10.000 millones de
euros. El Banco
de Santander ha puesto en marcha dos programas para recomprar 10.000
millones en acciones entre 2025 y 2026. Y BBVA
lleva más de 10.000 millones en recompra de acciones entre 2021 y 2026,
mientras CaixaBank ha lanzado un nuevo programa de recompra por 500 millones de
euros. Y del resto del IBEX 35, la mayoría tienen un programa de
recompra este año: ACS (980 millones), Cellnex (800), Ferrovial (600), Endesa
(517), IAG (500), Repsol (300), Iberdrola (200), Inditex (180), Viscofan (150)…
Recompras que se suman a los dividendos.
La Comisión del Mercado de Valores (CNMV) ya criticó
en 2023 las recompras de acciones, alertando de que las empresas
y los bancos no están sobrados de capital y por eso no deberían reducirlo
amortizando acciones, porque eso tiene implicaciones estratégicas para los sectores y la economía,
recomendándoles “reforzar sus recursos propios a medio plazo si quieren
seguir competiendo, crecer, competir internacionalmente y transformarse con
éxito frente a una transición digital y económica que exige inversiones
cuantiosas”. Y además, la
CNMV niega que la recompra de acciones cree valor para
los accionistas a medio plazo, porque las acciones suben al principio,
pero siguen cotizando igual después.
Otros expertos critican
también las recompras exageradas
de acciones propias, sobre todo en EEUU (en 2021, las 500 grandes
empresas del S&P500 destinaron 880.000 millones de dólares a recomprar
acciones propias), propiciadas por los grandes ejecutivos de las
tecnológicas y los bancos, que buscan sostenerse en el poder (y hacerse
multimillonarios) a costa de impulsar como sea el precio de la acción,
aunque sea restando
recursos para promover inversiones y programas estratégicos en sus
compañías (y a veces, a costa de recortes drásticos de plantillas para hacer
subir las acciones). Así, Apple, por ejemplo, aumentó un +107% su beneficio
neto entre 2017 y 2021, pero disparó +176% su beneficio por acción. Y los grandes
accionistas (ellos mismos muchas veces) se llevan así una parte diferida de
los beneficios sin pagar impuestos (hasta que no vendan).
El problema de fondo es que las empresas difieren más
de la mitad de sus beneficios a dividendos y recompra de acciones propias en
lugar de a invertir y fortalecer sus negocios. En España, los
datos son claros: en los últimos 3 años, las empresas
cotizadas han destinado 6 veces más a pagar dividendos y recompras que a
adquirir otras empresas o fusionarse. Así, en 2023,2024 y 2025, las
empresas cotizadas han destinado 150.601 millones de euros al pago de
dividendos (109.096 millones) y a la recompra de acciones propias (41.105
millones), mientras sólo destinaron 25.844 millones a financiar compras y
fusiones. A lo claro: su prioridad ha sido mejorar la cotización en
Bolsa y retribuir más a los accionistas (a los dueños, sobre todo) que invertir
y construir unas empresas más grandes y competitivas. Y la estrategia
sigue en 2026: el primer trimestre, las cotizadas españolas gastaron 21.000 millones de sus beneficios en dividendos (12.500
millones) y recompra de acciones propias (8.500 millones), frente a
7.350 millones destinados a adquisiciones, según London Exchange Group.
Este mismo problema sucede en Europa y explica
parte de su atraso inversor: en 2026 se esperan “salidas
de caja” por importe de 1,5 billones de euros, de los que el 23%
irán a pagar dividendos (345.000 millones) y otro 9% a financiar recompras de
acciones propias (135.000 millones más), destinando sólo el 11% a
adquisiciones de empresas (165.000 millones), que son escasas y se
circunscriben a compras de participaciones en mercados donde ya están
presentes. Y por todo esto, sólo destinan el 56% de su flujo financiero a
inversiones orgánicas, I+D, innovación y tecnología. Ante este parón inversor
en Europa, la Comisión
Europea quiere facilitar las
fusiones en Europa, para que las grandes empresas destinen sus
beneficios no a retribuir a los accionistas (a sí mismos) sino a crear “grandes
campeones europeos”, multinacionales UE que puedan competir con USA y China.
En el caso de España, el exceso de dividendos y
recompra de acciones choca con un problema grave que arrastramos tras la
pandemia: el escaso crecimiento de la inversión, uno de los tres
motores del crecimiento y el empleo (junto al consumo y las exportaciones). La inversión
total lleva 5 años recuperándose en España,
pero es por la inversión pública (ha subido un +51,7% en 2025
respecto a 2019, básicamente por el oxígeno de los Fondos Europeos), ya que la
inversión privada sigue por debajo que antes de la pandemia (-3,3 %
que en 2019), según
este estudio de Funcas. Y por supuesto, la inversión privada sigue
todavía en España por debajo de los niveles de 2007, antes de la crisis
financiera.
En resumen, nos encontramos con un panorama donde ganan
mucho las grandes empresas y los bancos (10.815 millones los 6
grandes en el primer trimestre,+27%), pero que no destinan esos mayores
recursos a invertir en proyectos de futuro (la inversión privada sigue
por debajo a la de 2019) y a afrontar un crecimiento interno y una mayor
competitividad, sino que destinan cada vez más beneficios a retribuir a sus
accionistas (y a ellos mismos) por la doble vía de unos dividendos crecientes y
la recompra de acciones propias. Se dedican más a especular con las acciones
que a buscar fusiones, acuerdos e inversiones para dar un salto estratégico que
les favorecería a ellos y al país. Son empresas, en España, en Europa y en
el mundo, que se
dedican a “la ingeniería financiera y bursátil” antes que a invertir
en sus negocios, balances (mejora de capital) y trabajadores (salarios,
formación y empleo). Como se ve, no estamos ante una cuestión “técnica”
sino estratégica y de justicia social: destinar los beneficios a
crecer y crear más riqueza y empleo, no a que haya más multimillonarios.
Tras la grave crisis de la pandemia (2020), las empresas reanimaron sus ventas, márgenes y beneficios entre 2021 y 2025, cinco años de buenos resultados empresariales, a pesar de los altibajos por la guerra de Ucrania y el conflicto en Oriente Medio. En España, el margen bruto sobre ventas ha sido del 13,9% en 2025, según el Observatorio de Márgenes Empresariales (OME), siendo el beneficio bruto mucho mayor en inmobiliarias (29%), energía (28%) y hostelería (17% de margen bruto). Y otro dato: el beneficio neto de las 35 empresas del IBEX superó ligeramente los 70.000 millones de euros en 2025, más del doble de los 31.489 millones que ganaron en 2019, según sus propios balances.
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lunes, 11 de marzo de 2024
Vuelve la burbuja de las criptomonedas
En pocas semanas, 400.000 españoles han hecho cola en
Centros comerciales para que les escanearan el iris a cambio de
unas pocas criptomonedas (80 euros). Coincide con una nueva fiebre
por la compra de bitcoins y otras monedas digitales, que cotizan otra vez a
precios récords, tras casi 2 años de desplome, al estallar en 2021 la anterior
burbuja, donde se perdieron 2 billones de dólares. Pero los inversores, la
mayoría jóvenes, no aprenden, y han vuelto a las compras masivas,
amparados por los nuevos Fondos en bitcoin y una anunciada reducción de la
oferta: son 580 millones de personas las que tienen criptomonedas, 4,7
millones en España. El BCE se lo acaba de repetir: “el valor
real del bitcoin es cero”. Es sólo especulación. Pero proliferan
plataformas, webs y cajeros de compraventa, mientras Europa ha aprobado un Reglamento
sobre criptomonedas que no entra en vigor hasta el 30 de diciembre. Ojo
donde mete su dinero: nadie da duros a peseta, por muy digital
que sea. Enrique Ortega, a partir de "El cambista y su mujer", de Marinus van Reymerswale
Los últimos datos señalan que 580 millones de personas
en el mundo eran usuarios de criptomonedas en 2023, un +34% que en 2022,
según
crypto.com. Más de la mitad (296 millones) han operado con Bitcoin, la
cripto líder del mercado, y una cuarta parte (124 millones de usuarios) con Ethereum,
a las que se suman, muy lejos, otras criptomonedas como Thether USDT, BNB,
Solana, XRP, USDC o Cardano, las ocho con
más capitalización. En conjunto, las criptomonedas alcanzan una capitalización
(valor de mercado al precio actual) que ronda los 2,5 billones de dólares
(más que el PIB español), de los que 1,35
billones corresponden al Bitcoin. En España, un 12% de los adultos
poseen criptomonedas, unas 4.700.000 personas, según
estima el Banco de España. Eso nos coloca como el 5º país europeo con
más inversores en criptomonedas, tras Reino Unido, Francia, Alemania y
Paises Bajos.
Los criptoactivos
son monedas y activos digitales que emplean un cifrado para identificar a su
dueño y poder realizar transacciones. Un 20% están respaldadas por activos como
el oro, el dólar y otras monedas, pero la mayoría (el 80% del mercado) son criptoactivos
sin respaldo detrás de un activo concreto, sobre todo criptomonedas, monedas digitales que no tienen
detrás el respaldo de un país y un Banco Central sino que las fabrican y
emiten miles de empresas privadas, que controlan también su
distribución y mercado. Las criptomonedas se basan en una red mundial de
ordenadores descentralizada, unos “mineros” (que generan
informáticamente nuevas monedas) y las plataformas de compraventa, que
permiten cambiar divisas por criptomonedas, almacenarlas en “billeteros
digitales” y comprarlas y venderlas después, con altísimas comisiones.
Se trata de un mercado muy reciente, ya que la
primera criptomoneda, el bitcoin, empezó a funcionar en enero de 2009
(ver
historia criptomonedas) y a la que han seguido hasta 20.000 criptomonedas,
9.000 de ellas registradas actualmente. Al principio, su valor fue muy escaso,
con pocos compradores, lo que hizo que el bitcoin cotizara en 2015 a 327
dólares. A finales de 2016 superó ya los 900 dólares y en 2017 dio el
primer gran salto, cotizando a 19.345 dólares en diciembre. Hubo una
corrección en 2018 y 2019, seguido de una caída por la pandemia (5.165 dólares
en marzo 2020), para iniciar un fuerte repunte en octubre de 2020, que llevó al
bitcoin a un primer
máximo histórico: cotizó a 64.400 dólares el 12 de noviembre de 2021. A
partir de ahí, empezaron las ventas masivas y se
desinfló la burbuja, hasta alcanzar un mínimo de 15.409 dólares en
diciembre de 2022.
Más de año y medio de caída de cotizaciones (”el
invierno de las cripto”), entre mediados de 2022 y principios de
2024, que se llevaron por delante a millones de pequeños inversores, que perdieron
más de 2 billones de dólares, y provocaron quiebras y cierres de empresas y
plataformas de venta muy conocidas, como FTX, Terra (Luna), Three Arrons
Capital, Celsius o Voyager, con historias de emprendedores digitales famosos
ante el juez o en la cárcel.
Muchos pensaron que era el final de las criptomonedas,
el fin de otra burbuja especulativa más, pero no ha sido así: la
fiebre por el bitcoin y las demás cripto ha vuelto en el último mes y
con fuerza: el 6 de febrero empezó este último “rally”, pasando el bitcoin
de cotizar a 40.064 dólares a un máximo histórico de 68.562 dólares el 4 de
marzo, para superarlo y cerrar en otro máximo histórico este viernes: 68.720 dólares (ver gráfico cotización). Y a su vera, se ha disparado también la cotización
de otras criptomonedas, incluso las
llamadas “memes”, unas criptomonedas con caras de perro o de
la rana Pepe (¡ en serio¡) , como Dogecoin (apoyada por Elon Musk: ¡ya
vale tanto como Telefónica!), Shiba Inu, Pepe Coín, Dogelon Mars,
Samoyed Coín o Mona Coin, que se
han revalorizado hasta un 1.000% en el último mes. La fiebre de
compra ha vuelto, olvidando la debacle de 2022 y hay millones de
inversores que meten dinero cada día en todo lo que huela a “criptomonedas”, por
si acaso. Las llaman inversiones FOMO (“Fear of missing out”) : “miedo
a quedarse fuera”…
Los expertos explican esta nueva “burbuja cripto” por
tres causas. La primera, porque los inversores esperan una bajada de
tipos de interés (en primavera o verano) y eso les hace buscar otras
alternativas de inversión. La segunda causa, clave en la subida de cotización
de las cripto estas últimas semanas, es que Estados
Unidos aprobó, el 10 de enero, la comercialización de los primeros
Fondos (ETF) en bitcoin, lo que permite ahora que muchos inversores “más
serios” (Fondos, instituciones, bancos, grandes inversores) se lancen a
poner su dinero en Fondos (ETF) que replican a bitcoin, pero que pueden
comprar en instituciones “serias” (Fondos, gestoras y bancos de inversión) y
operar con ellos sin problemas, sin tener que recurrir a billeteras virtuales y
plataformas de bitcoin. Y pagando comisiones mucho más bajas que en las
plataformas de criptos.
La autorización de 11 Fondos (ETF) en bitcoin la dio la
Comisión del Mercado de Valores USA, la SEC (el equivalente a la CNMV
española), que lleva años vigilando y criticando el bitcoin. Y lo
hizo por imposición judicial,
en cumplimiento de una sentencia del Tribunal de Apelación de Columbia
contraria a los expedientes de rechazo a la aprobación, tras múltiples litigios
legales de poderosos Fondos y bancos de inversión, que querían unirse al
negocio cripto. Pero la autorización de la SEC es forzada, como
señaló su presidente al aprobar los nuevos Fondos (ETF) de bitcoin: “Hoy hemos
aprobado determinados Fondos cotizados sobre el bitcoin al contado, no hemos
aprobado ni respaldado al bitcoin. Los inversores deben mantener la cautela
ante los innumerables riesgos asociados al bitcoin y a los productos cuyo valor
está vinculado a las criptomonedas”…
A pesar de esta “advertencia”, los grandes inversores han
aprovechado la aprobación de Fondos (ETF) de bitcoin, que suponen un
salto cualitativo para las criptomonedas, para entrar
a saco en este nuevo mercado, disparando un 35% las cotizaciones del
bitcoin ( y las demás cripto, hasta las “memes”…). La ETF en bitcoin más popular, IBIT,
comercializada por Black Rock (la mayor gestora de fondos del mundo)
recibió hasta 10.000 millones de inversiones en las primeras 7 semanas, un
récord histórico. Y hasta la fecha, los 4 mayores Fondos (ETF) en bitcoin han
captado ya cerca de 20.000 millones de dólares.... Una carrera a la que se
han apuntado los principales Fondos y bancos de inversión, salvo Vanguard, la 2ª
mayor gestora USA, argumentando que “es más especulación que inversión”.
La 3ª causa que ha disparado las cotizaciones de las criptomonedas
es el inminente recorte
de los bitcoins disponibles, un proceso que se repite cada 4 años para
controlar la oferta y mantener los precios. Lo llaman el
“halving” (“reducir a la mitad”) que consiste en reducir a la
mitad la recompensa que los “mineros” (los que generan bitcoin) reciben por
validar bloques en el blockclain de bitcoin. Su objetivo es recortar la
oferta de bitcoin, que tiene un máximo (hay otras criptomonedas que no, lo
que infla su oferta), para estabilizar los precios. Y los inversores
saben que las tres ocasiones anteriores en que se ha recortado la oferta
(noviembre de 2012, julio de 2016 y mayo de 2020), la cotización se disparó,
porque suelen bajar los precios y es un buen momento para comprar y
posicionarse a medio plazo. En el último recorte, la cotización saltó
de 9.558 (mayo 2020) a 61.283 (marzo 2021). Y ahora, con el recorte que se
espera para abril (no hay fecha: entre el 8 y el 22), creen que
volverá a subir.
En medio de esta nueva euforia de muchos inversores
(pequeños y grandes) por las criptomonedas, que olvida la reciente crisis, los
expertos del sector apuestan porque la cotización
del bitcoin supere este año los 100.000 dólares y alcance entre120.000
y 150.000 dólares en 2025, al margen de esperadas correcciones. Todo apunta
a una nueva “burbuja cripto”, donde los grandes Fondos y bancos
de inversión aprovecharán los picos y serán los primeros que abandonen el
barco, en perjuicio de los pequeños inversores (muchos jóvenes), que sostienen
el tinglado, pagando altas comisiones y perdiendo al final casi todo lo
invertido Es lo que pasó en la anterior burbuja cripto y lo que volverá a
pasar, porque se trata de un activo especulativo, no
apoyado en ningún activo con valor real.
Lo ha dicho bien claro (22 de febrero) el Banco Central
Europeo (BCE), al hilo de la fuerte subida del bitcoin: “reiteramos que
el valor real del bitcoin es cero”, escribieron
en el blog del BCE dos de sus economistas, Ulrich Bindseil y Jürgen Schaaf.
Y añadieron: “tras 15 años, el bitcoin ha fracasado en su promesa de ser una
moneda global y descentralizada y sus transacciones siguen siendo lentas y
costosas, además de haber sido incapaces de combatir su uso por los
ciberdelincuentes”. Estiman que el bitcoin se utilizó para blanquear 23.800
millones de dólares en 2023 y para que empresas y particulares pagaran 1.100
millones de dólares en chantajes de ciberdelincuentes (por “ransomware”,
secuestro de datos). Los economistas
del BCE reiteran que el bitcoin no tiene ningún activo real detrás,
contamina el medio ambiente (su “minería” consume mucha electricidad) y su
cotización es “un espejismo” que se desplomará a medio plazo, porque su
valor real es cero. “Se trata sólo de especulación y habría
que tomar medidas drásticas contra su uso”, concluyen.
La Comisión Europea presentó en septiembre de 2020 una
primera propuesta para regular este mercado “salvaje” (según otro miembro
del BCE), tan peligroso como lo fueron en su día las hipotecas de alto
riesgo (las “subprime) que provocaron la crisis financiera de 2008. El Reglamento
MiCA, la primera normativa europea para regular la operativa en
criptomonedas, lo aprobó el Parlamento
Europeo en abril de 2023 y el Consejo
Europeo en mayo, publicándose
el 9 de junio en el Diario Oficial de la UE. Pero se concede un periodo de
adaptación a entidades y paises, con lo que la nueva normativa no
entrará en vigor hasta el 30 de diciembre de 2024 (algunos temas, el 30
de junio de 2024).
Mientras, el Banco de España y la Comisión Nacional del
Mercado de Valores (CNMV) han lanzado ya dos
alertas a los inversores sobre
las criptomonedas. En su 2ª alerta conjunta, publicada
el 9 de febrero de 2022, ya advirtieron del “elevado riesgo de estas
inversiones”, por la extremada volatilidad, complejidad y falta de
transparencia. Además, recordaban a los inversores (sin éxito, por lo que se
ve) que los criptoactivos “no están regulados, no tienen consideración de
medios de pago ni tienen el respaldo de los Bancos Centrales ni están cubiertos
por el Fondo de Garantía de Depósitos e Inversiones”. Y, tras insistir que
son “instrumentos complejos, no adecuados para pequeños inversores”, alertaban
que “son muy especulativos y se puede perder todo lo
invertido”. Por si fuera poco, ambos organismos reiteraban que es un
mercado con poca transparencia en la formación de precios, con poca
liquidez (hay dificultades para venderlos) con muchos problemas para
reclamar a plataformas que están en el extranjero, sin control.
En paralelo a estas “advertencias”, la CNMV ha regulado la publicidad de las criptomonedas, supervisando
miles de webs, plataformas e influencers, lo que llevó a dar un “toque
de atención” (en 2021) al futbolista Andrés Iniesta, por anunciar en sus
redes sociales (38 millones de seguidores en Instagram) la plataforma de criptomonedas
Binance. Y el Banco de España creó, en octubre de 2021, el
primer registro obligatorio para las empresas que ofrezcan criptoactivos
en España: hay
registradas 89 empresas (36 en 2023), aunque el propio Banco de España
reconoce que eso no significa que supervise su actividad: sólo podrá
hacerlo a partir de 2025, cuando entre en vigor el Reglamento MiCA europeo.
A pesar de tantas advertencias, los inversores
españoles siguen lanzados a operar con bitcoins y otras criptomonedas,
sobre todo los más jóvenes. Un ejemplo reciente refleja
esta “fiebre cripto” : unos
400.000 españoles (ojo: casi el 1% de la población), la
mayoría jóvenes, han hecho cola en las últimas semanas en los stands de la
empresa de Inteligencia Artificial de ChatGPT (Open AI) para que les escanearan
el iris y les
pagaran la información con 13 criptomonedas de
WordCoin (80 euros), la nueva cripto creada por Sam Altman, el
padre de Chat GPT. Con ello, la empresa mata dos pájaros de un tiro:
consigue datos biométricos claves y a cambio relanzan una nueva moneda,
cuya cotización se ha disparado un 35% tras esta operación que han realizado también
en otros 36 paises, desde EE. UU. a Japón y desde Noruega o Turquía a
Sudáfrica.
Parece increíble, pero estamos ante una nueva burbuja
cripto, con muchos inversores pequeños y jóvenes lanzados a este mercado
como si fuera un casino, a pesar de las reiteradas advertencias del
BCE, Banco de España, CNMV y múltiples expertos: ”es una estafa piramidal
posmoderna” (Nobel
P. Krugman), “es una herramienta de lavado de dinero y evasión fiscal“
(Nobel
J. Stiglitz), “es como ir al casino” (Warren
Buffet, uno de los mayores inversores del mundo). Y frente a un “lobby”
poderoso de la industria cripto, que consigue enormes fortunas a
base de comisiones y compraventas especulativas y opacas, a costa de sus
clientes más vulnerables, que son los que se arruinan. Urge parar esta especulación, con normas, supervisión, multas y cárcel. Y quien
piense entrar en este mundo cripto, recuerde: nadie da duros
a peseta, por muy digital que sea.
Al final, el pasado 6 de marzo, la Agencia Española de Protección de
Datos (AEPD)
prohibió a Worlcoin seguir recogiendo datos del iris durante 3
meses ni utilizarlos, mientras va a investigar su operativa la Agencia de Datos
europea. Pero el caso revela que el mundo cripto moviliza a los jóvenes,
sea para lo que sea y aunque hayan tenido que hacer luego nuevas
colas para cambiar estos criptos en cajeros, que les han cobrado hasta el 25% de comisión…
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miércoles, 7 de noviembre de 2012
Suben los alimentos, cae el campo
Cuando vayamos al supermercado, notaremos que han subido los alimentos, sobre todo el pan, las pastas, los huevos, la leche, el
aceite, las carnes y el pescado. Y eso, porque están subiendo los alimentos en el mundo y por la sequía en España, que ha reducido cosechas y producciones a unos agricultores
y ganaderos asfixiados por la subida
de los piensos, el gasóleo, la luz y los fertilizantes. Al final, nosotros pagaremos más por los alimentos, muchos
de ellos importados, pero la subida
apenas llegará al campo español y se quedará en los intermediarios, que se llevan las tres cuartas partes de los
precios. Con ello, seguirá el
abandono del campo (se produce la mitad que hace 10 años, tras los recortes
de Bruselas) y dependeremos más de los
alimentos importados. Y comer será
cada vez más caro.
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Las alarmas
saltaron en septiembre en los países en
desarrollo, al ver como subían
los precios de los alimentos básicos (cereales,
maíz, soja, arroz), entre un 20 y un
40% desde enero. Temían que se repitieran las grandes subidas
de 2007-2008, que llevaron a 70 millones de personas a la pobreza
extrema y provocaron graves tensiones políticas (la primavera árabe). Por eso, se reunió de urgencia el G-20, aunque el último informe del
FMI reduce la gravedad,
asegurando que esta subida no es tan preocupante porque no se acompaña como
entonces de una crisis energética,
que hizo subir los biocombustibles (producidos
con maíz o caña de azúcar), limitados ahora por Bruselas.
En cualquier caso, el hecho es que los cereales, carnes y pescados están subiendo en el mercado mundial,
por tres razones. Una coyuntural, la sequía
en Estados Unidos, la mayor desde
1.956 (que ha reducido un tercio la
cosecha de maíz y soja), y en Rusia
y Ucrania, que ha recortado su
producción de cereales (trigo y maíz).
Y dos estructurales: la especulación
sobre los alimentos (con tipos bajos
y escasa inversión, hay mucha liquidez
que va a futuros y opciones sobre alimentos, como un valor más para jugar
a la Bolsa) y la demanda creciente
de los países en desarrollo, que crecen y quieren
comer cada vez más y mejor. De hecho, la FAO señala que los alimentos
van
a seguir subiendo porque la producción tendría que aumentar un 70% hasta 2050 (algo difícil) para satisfacer la
creciente demanda mundial.
En España, estas
subidas internacionales (que se agravarán con los efectos del huracán Sandy) son la puntilla a un campo que ha
sufrido en el último año la peor climatología
posible: sequía (el invierno y la primavera fueron los más secos desde
1938), heladas en febrero, pedrisco en mayo-julio y calor extremo en agosto.
Con ello, han caído drásticamente las cosechas y han subido los piensos (+40% desde enero), además del gasóleo,
la luz
y los fertilizantes. Y agricultores
y ganaderos no han podido subir apenas precios (sólo los huevos han subido
un 18,7%), por la presión de las industrias
y los grandes distribuidores, que han aumentado
las importaciones de alimentos para contener precios.
El eslabón más débil son los ganaderos,
sobre todo los de la leche, un producto escaparate en los supermercados, lo que lleva a tirar precios. El Gobierno aprobó desde
el 3 de octubre la obligación de un contrato
entre ganaderos e industrias, para evitar abusos, pero algunas organizaciones
denuncian
que se sigue pagando por debajo de coste: 0,29 euros/litro, cuando producirla
cuesta 0,35 (y la pagamos por encima de
0,65 € /litro). El resultado es el abandono
de muchas explotaciones lecheras, tras el drástico recorte de los últimos años
(de 124.000 en1995 a sólo 21.000 ahora), mientras nos inundan de leche europea.
Otro producto escaparate para los supermercados son los huevos, donde la nueva normativa europea (“de bienestar animal”) obliga a los avicultores, desde el 31 de julio, a disponer de más espacio y mejoras en las granjas, lo que ha provocado reducir las gallinas un 22%, cierres de granjas y subidas de precios, así como más importaciones de huevo en polvo para la industria (de Brasil o India), sin tantas garantías. Y en enero de 2013, esa normativa se aplicará a las granjas de cerdos (subirán los precios).
Otro producto escaparate para los supermercados son los huevos, donde la nueva normativa europea (“de bienestar animal”) obliga a los avicultores, desde el 31 de julio, a disponer de más espacio y mejoras en las granjas, lo que ha provocado reducir las gallinas un 22%, cierres de granjas y subidas de precios, así como más importaciones de huevo en polvo para la industria (de Brasil o India), sin tantas garantías. Y en enero de 2013, esa normativa se aplicará a las granjas de cerdos (subirán los precios).
La leche o los huevos reflejan lo que pasa con los alimentos: suben los costes en origen pero agricultores y ganaderos no pueden
subir tanto los precios a los distribuidores,
por la presión
de las importaciones a bajo precio (y menos calidad) y porque no tienen
poder frente a los grandes compradores
(distribuidores de marcas
blancas, industrias y grandes supermercados) : cuatro operadores controlan el 60% de las ventas, según alertó en 2011 la Comisión Nacional de la Competencia . Y al final, nosotros pagamos mucho más al comprar,
porque en el camino del productor al consumidor suben hasta cuatro veces y más los precios, según el observatorio
de precios IPOD (ver listado por alimentos).
Antes o después, las
subidas de los precios internacionales de cereales, carnes y pescados, más
la subida de los piensos y otros costes y el efecto de la sequía en España, se trasladarán al consumidor, con subidas en el pan, pastas, leche, huevos,
carnes, pescados y aceites, sobre todo porque el Gobierno no toma medidas
efectivas para rebajar márgenes en
los intermediarios, a pesar de tener la inflación
en máximos.
Con ello, seguirá
subiendo la cesta
de la compra y en paralelo, seguirá
cayendo
el campo, que sufre una doble crisis. Ya se han reducido a la mitad
en los últimos 10 años las producciones agrícolas y ganaderas (Galicia, por
ejemplo ha perdido el 65% de sus granjas lecheras), empujadas por los recortes
de Bruselas,
que prefiere importar alimentos a mantener subvenciones
a los agricultores europeos (se llevan el 40% del Presupuesto y las quiere recortar para 2014-2020, lo que
afectará sobre todo a Francia y a España). Y con ello, caerán más las rentas
agrarias (están por debajo del año 2000, con la mitad de ingresos que
en las ciudades), el campo se
despoblará más, no habrá relevo
generacional (uno de cada tres agricultores tiene más de 65 años) y tendremos que comer más productos
importados, que crean riqueza y empleo
fuera de España. Triste panorama. En
cualquier caso, comamos carne, pescado o leche española o brasileña, vietnamita
o francesa, comer será cada vez más caro.
Es lo que hay.
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domingo, 6 de noviembre de 2011
El carrito de la compra, más caro
En los últimos meses, muchos alimentos han subido de precio: azúcar, frutas, zumos, arroz, café, cereales, cerveza…El último estudio de la OCU es concluyente: se ha acabado la guerra de precios, incluidas las marcas blancas, que copan el mercado. El problema es doble. Por un lado, están subiendo los alimentos en el mercado internacional, por la mayor demanda, las malas cosechas y la especulación. Por otro, la enorme concentración de los distribuidores (cuatro marcas venden el 58% de los alimentos) está empezando a ser negativa para la competencia. Y mientras, los agricultores y ganaderos se llevan la quinta parte del precio que pagamos. Cara al futuro, todo apunta a que comer será cada vez más caro.
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| enrique ortega |
Pero los precios están repuntando en los últimos meses y ya hay fabricantes que reconocen estar subiendo los zumos (por la subida de las frutas y el azúcar), el arroz, el café, los cereales y pastas o la cerveza. Y la OCU señala, en su última encuesta, que ha finalizado la guerra de precios de 2009 y 2010 y que la mayoría de cadenas están subiendo precios. De momento, el propio IPC ya lo refleja: los alimentos han subido un 2,3 % en el último año (la inflación, el 3,1), con fuertes subidas en el azúcar (+26,9%), el café (+12,5%), el pollo (+6,9%), los cereales (+6,9%), el pescado (+4,9%) o los lácteos(+4,8%), mientras subían poco la leche(+0,3%) y el aceite(+1,8%),dos “productos escaparate” en los supermercados y con excedentes.
La causa inmediata de estas subidas es el aumento del precio internacional de muchos alimentos, sobre todo cereales, azúcar, arroz, lácteos y café, que han subido más del 40% en el último año, según la FAO. De hecho, desde 2008 asistimos a una gran volatilidad de los precios de los alimentos, por tres causas. La primera, la mayor demanda de alimentos de los países en desarrollo y el aumento de población (80 millones de bocas más cada año), mientras los cultivos apenas crecen, caen las existencias y cualquier sequía o inundación provoca sobresaltos de precios. La segunda, el aumento de los precios de la energía y la apuesta por los biocombustibles( subvencionados), que fuerza la subida del maíz, trigo, azúcar y aceites. Y la tercera, la especulación pura y dura: los alimentos se han convertido en activos para invertir, que mueven billones de dólares, amplificando la volatilidad de precios.
Pero también hay otras causas de la subida de los alimentos. La concentración de los distribuidores y el auge de las marcas blancas (42% ventas), que fue positiva al principio para bajar precios, puede haber llevado ya a echar del mercado a muchos fabricantes y a una menor competencia de los que han quedado por producto, uno o dos fabricantes de marca y la marca blanca del distribuidor. Así lo refleja el reciente estudio de la Comisión de la Competencia, donde se indica que cuatro grandes distribuidores (Mercadona, Carrefour, Eroski y Auchan) controlan ya el 58 % del mercado alimenticio, empleando prácticas restrictivas de la competencia: cláusulas con fabricantes, pagos comerciales, información sobre productos…
Las marcas blancas están aquí para quedarse y ya las compran el 87 % de los consumidores (habitualmente en conservas, pastas, legumbres, arroz, leche, lácteos y congelados), sobre todo los menores de 45 años, especialmente en Aragón, Andalucía y Madrid. Y aunque son más baratas (-31,7%), parece que los precios han tocado suelo y ahora que están asentadas, los distribuidores van a tratar de subirlas, poco a poco. Y mientras, tratan de seguir ganando márgenes a costa de agricultores y ganaderos. De hecho, estamos pagando casi cinco veces más caros los alimentos que el precio que recibe el campo, según el observatorio de COAG: casi el doble por el aceite, cinco veces por los tomates o las acelgas, siete veces más por el plátano, el doble por el pollo o la leche y cuatro veces más por la ternera…
El Gobierno se despide sin haber aprobado la Ley que prometió al campo para regular (como hace Francia) los contratos entre productores y distribuidores de alimentos, que imponen su ley, controlando las ventas (un 63% en supermercados e híper, frente al 27% de la tienda tradicional, en extinción). Un poder que puede imponer ahora subidas de precios, forzado por unos mercados internacionales al alza, donde los alimentos van a duplicar su precio en los próximos 20 años, según Intermón Oxfam. Y eso porque la demografía (2.000 millones de bocas más que alimentar para 2030) y el cambio climático son una bomba de relojería sobre una agricultura mundial que no avanza (las hectáreas cultivables se han reducido a la mitad desde 1960), donde faltan tecnología e inversión y donde los precios los fijan pocos países (EEUU, China y Rusia) y 500 multinacionales (3 en cereales).
La alternativa, intentada por la FAO y el G-20, es promover la inversión en la agricultura, reduciendo el proteccionismo y la especulación. Y en Europa, ayudar a agricultores y ganaderos, para asegurarnos los alimentos. Pero eso cuesta enormes subvenciones, que Bruselas quiere recortar ahora, con lo que España recibiría 5.000 millones en vez de los 7.000 actuales. Eso volverá a echar a más gente del campo. Y comer será aún más caro.
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miércoles, 20 de abril de 2011
Inside Job: el cine nos cuenta la crisis
Les propongo un plan para esta Semana Santa: ir al cine, a ver Inside Job, la película que ha ganado este año el Oscar al mejor documental. Dos horas trepidantes, tan reales como la crisis misma, que ha costado al mundo 14 billones de euros y perder 50 millones de empleos (2,2 millones en España). Saldrán del cine como si hubieran visto una película de terror, no sólo por la maldad de los responsables de la crisis como por el temor de que vuelva a repetirse. Una lección de economía clara, entretenida y muy didáctica, que nos da muchas claves sobre los orígenes de esta crisis y sobre las equivocadas recetas para salir de ella.
Inside Job (“Trabajo Interno”, literalmente, aunque la expresión se traduce mejor como “Sabotaje interno”) es la mejor descripción que conozco de la actual crisis económica. Su director, guionista y productor, el norteamericano Charles Ferguson, explica los antecedentes de la crisis de 2008, los protagonistas, sus actuaciones y consecuencias con decenas de testimonios, documentos, cuadros, gráficos y un lenguaje claro, directo y cinematográfico, con mucho ritmo, imágenes impactantes y una música trepidante (Vean el tráiler).
Inside Job (“Trabajo Interno”, literalmente, aunque la expresión se traduce mejor como “Sabotaje interno”) es la mejor descripción que conozco de la actual crisis económica. Su director, guionista y productor, el norteamericano Charles Ferguson, explica los antecedentes de la crisis de 2008, los protagonistas, sus actuaciones y consecuencias con decenas de testimonios, documentos, cuadros, gráficos y un lenguaje claro, directo y cinematográfico, con mucho ritmo, imágenes impactantes y una música trepidante (Vean el tráiler).
Al salir del cine, impresionado por la película (¡qué envidia para un periodista económico¡ ), apunté en el autobús a casa una serie de lecciones claves de la crisis que da la película:
1. La crisis se gestó antes, en las décadas de los ochenta y los noventa. Tras cuarenta años sin crisis, gracias al control impuesto a la banca en los años treinta, como reacción a la crisis del 29, el sistema financiero empieza a fortalecerse y a especular, con la desregulación y el poder de la banca de inversión.
2. El poder financiero se asienta en la Casa Blanca, en la Reserva Federal y en Wall Street con Reagan (1981-1989), Bush padre (1989-1993), Clinton (1993-2011) y Bush hijo (2001-2009). Los cuatro tienen en común a un hombre: Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal entre 1987 y 2006. Su máxima: menos leyes y más mercado. No a la regulación financiera. El policía deja el campo a los especuladores.
3. La barra libre del crédito y la burbuja especulativa de inicios del siglo es el fruto de la falta de regulación, del poder de la banca de negocios, alejada de la economía real. Venden humo (hipotecas basura) y acaban venciendo seguros sobre papelitos (CFDs).
4. Las agencias de rating (Moody´s y otras) les dan la cobertura técnica a cambio de millonarias comisiones, dando la máxima calificación (triple AAA) a activos que son basura. Y lo hacen hasta el día antes de estallar la crisis.
5. Los especuladores están drogados por los beneficios, con sueldos millonarios, casas de lujo, yates, aviones, droga y prostitución de lujo. Y la codicia arrastra a los ciudadanos a pedir hipotecas y vivir como ricos en esta burbuja especulativa.
6. Hubo expertos que avisaron que la burbuja podía estallar y se les atacó. Y muchos economistas “serios”, de Harvard y Columbia, se vendieron con informes y estudios a favor de la desregulación y la burbuja especulativa, tranquilizando a los inversores.
7. En 2007 y 2008, los propios bancos de inversión advierten el riesgo y se dedican a especular contra él, a ganar dinero apostando a la caída de los bonos basura.
8. Cuando estalla la crisis, los reguladores, los que tenían que haberlo evitado, les dan 700.000 millones de dólares de dinero público y les dejan cobrar en 2008 bonus millonarios. Muchos de los que están en el Gobierno en 2008-2009 habían estado en bancos de inversión y agencias de rating en las tres décadas anteriores.
9. Obama vuelve a contar con muchos de ellos en su Administración, renovando en su cargo a Ben Bernake, presidente de la Reserva Federal desde 2006 (con Bush hijo). Y en la Casa Blanca siguen mandando muchos de los economistas y políticos que miraron a otro lado cuando se gestó la crisis. Y que ayudaron a los culpables.
10. Nadie ha acabado en la cárcel. Y el sistema financiero americano ha vuelto a ganar mucho dinero y tiene más poder que antes, según la conclusión final de Inside Job.
La película deja claro que ha sido una crisis financiera, provocada y no evitada, contagiada por Estados Unidos al resto del mundo, que lo ha sufrido en sus bancos primero y luego en la economía real. Por eso resulta muy duro que políticos y sesudos expertos ( ¿a sueldo de quién?) defiendan que la receta para salir de la crisis es el ajuste puro y duro, que los pensionistas portugueses, los hospitales o colegios españoles o los funcionarios griegos paguen los platos rotos (sin olvidar a Islandia, un paraíso natural quebrado por los especuladores , como bien explica Inside Job). Y lo peor es esa sensación final de que los culpables han salido indemnes y millonarios. Y que la historia puede volver a repetirse, porque la codicia está en los genes de los humanos.
Lo dicho, vayan a ver Inside Job, aunque sólo la pongan en 14 cines de seis ciudades (Madrid, Barcelona, Zaragoza, Sevilla, Bilbao y San Sebastián). Debería ser obligatoria en colegios y Universidades (de hecho, Sony ha preparado una Guía para maestros, pasa enseñar sobre la crisis a partir de la película). Para que nuestros hijos aprendan como se inocula el virus de la codicia y de la especulación y no caigan en la próxima crisis. Porque lo intentarán de nuevo.
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