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lunes, 26 de mayo de 2025

Inundados de petróleo barato

No hay mal que por bien no venga. Así, los aranceles de Trump y las tensiones geopolíticas frenan la economía mundial pero también han provocado una caída del precio del petróleo, que cotiza a 64,71 dólares/barril, el precio más bajo desde 2021. Está barato porque hay un exceso de producción de crudo frente a una baja demanda, porque el mundo crece menos y aumentan las energías alternativas. Se espera que el petróleo siga barato este año y los próximos (sobre 65 dólares), lo que ha permitido ya una rebaja de los carburantes (Ojomenor de la debida) y una baja inflación, en España (2,2% en abril) y Europa (2,4%). Pero no hay que bajar la guardia, porque la importación de petróleo nos cuesta 46.251 millones de euros (2024), un 32% más que en 2019. Y España sigue con una altísima dependencia energética: importamos dos tercios de la energía que consumimos. El objetivo es ahorrar energía y potenciar las renovables, para rebajar esta dependencia e importar sólo el 50% de la energía en 2030.

                         Llenar el depósito cuesta entre 6,45 y 10 euros menos que hace un año

El precio del petróleo lleva más de 50 años condicionando la economía y nuestros bolsillos, desde las primeras crisis energéticas de los años 70. El precio del barril Brent sólo se desplomó con la pandemia (18,97 dólares/barril el 3 de febrero de 2020) y después recuperó su precio “habitual” (84,17 dólares/barril en octubre de 2021), para dispararse tras la invasión de Ucrania, en febrero de 2022 (llegó a costar un máximo de 118,67 dólares/barril en junio de 2022). Y a partir de ahí, osciló entre los 83 y los 91 dólares barril en 2022 y 2023, para caer este año, tras la victoria de Trump: costaba 75,53 dólares/barril el 5 de noviembre de 2024 (elecciones USA) y tras la amenaza de aranceles (3 de abril) cayó a un mínimo de 60,23 dólares el 5 de mayo: una caída de precio del -19,3% este año. Y ahora cotiza a 64,71 dólares/barril, el precio más bajo desde febrero de 2021 y una bajada del -13,31% desde principios de año (74,65 dólares costaba el barril el 31 de diciembre).

¿Por qué tenemos un petróleo tan barato? Hay varias causas. La más inmediata, que se ha producido un exceso de oferta: el 3 de mayo, los paises de la OPEP+ (los 14 paises de la OPEP más Rusia, México y otros 8 paises productores más) acordaron un aumento de su producción de 411.000 barriles diarios para junio, que se sumaban al aumento de 411.000 barriles acordado para mayo. Y se espera que en su reunión del 1 de junio mantengan una alta producción de crudo para el resto de 2025, dando un giro a su política de recortes de los últimos años, que muchos paises no cumplieron. En paralelo, la política de Trump es “perforar, perforar y perforar”, consolidando a USA como el mayor productor de crudo del mundo.

Además de estos acuerdos, hay tres paises productores con embargos y sanciones que podrían aumentar su producción y venta de crudo en los próximos meses, disparando más la oferta y haciendo caer los precios. Por un lado Irán, donde la posibilidad de un acuerdo nuclear con Trump podría aumentar sus exportaciones (de los 1,66 millones de barriles actuales a los más de 2 millones que vendía hasta 2018)  si desaparecen las sanciones de EEUU .Lo mismo puede pasar con Venezuela, si Trump suaviza sus sanciones y las medidas contra los barcos que transportan crudo venezolano. Y Rusia busca formas de exportar más crudo (a pesar de las sanciones), por paises y caminos indirectos, porque necesita urgentemente más ingresos para su guerra con Ucrania, tras la bajada del -13,77% en el precio del crudo.

Hay más petróleo en el mercado (y puede haber más en los próximos meses) mientras baja la demanda mundial de crudo, otra causa de que bajen los precios. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) acaba de publicar un informe donde anticipa que la demanda de petróleo crecerá este año la mitad que la oferta: la demanda crecerá este año en 740.000 barriles diarios  (hasta los 103,9 millones de barriles en 2025), mientras la oferta aumentará en 1,6 millones de barriles diarios (hasta los 104,5 millones de barriles en 2025), lo que augura un exceso de producción de crudo, que forzará a precios bajos, en torno a 65 dólares/barril (frente a 80,53 dólares de media en 2024).

La demanda mundial de crudo bajará en 2025 porque la economía mundial crecerá menos y porque muchos paises han reducido su consumo de energías fósiles gracias al aumento de la producción de energías renovables. La causa principal del “pinchazo” en la demanda mundial de petróleo es que la economía mundial va a crecer menos por los aranceles de Trump (aunque rebaje su envite, quedarán más altos de lo que estaban) y por la incertidumbre ante las crisis geopolíticas. La última previsión de la Comisión Europea refleja que el crecimiento mundial bajará del 2,3% en 2024 al 1,3% en 2025, por EEUU (crecerá +1,6% frente a +2,8% en 2024) China (4,1% frente al 5%) y Reino Unido (+1 frente a +1,1%) y el estancamiento de Europa (+1,1% crecimiento frente al 1% en 2024, con Alemania no creciendo nada este año) y Japón (+0,7% frente a +0,1% en 2024). Menos crecimiento (y riesgo de recesión si se agrava la guerra comercial) lleva a menos consumo de petróleo y como hay un exceso de oferta, a una bajada de precios (salvo nuevos” sustos” o guerras).

Además, hay muchos paises (España entre ellos) que han aumentado la aportación de energías renovables, tanto en la generación de electricidad (56% en España) como en el transporte (aunque la incursión del coche eléctrico va muy lenta, en toda Europa y más en España) y en la industria, que empieza a sustituir el fuel y el petróleo por electricidad renovable mucho más barata. Todavía el mundo sigue con su “adicción” al petróleo, pero a medio plazo habrá menos demanda y por eso tanto las grandes energéticas como los paises productores buscan fuentes alternativas de ingresos, sobre todo a partir de 2035.

Para este año 2025, los analistas apuestan por un petróleo barato, por debajo de 65 dólares por barril : Goldman Sachs cree que podría bajar hasta 63 dólares en 2025 y 58 dólares en 2026, mientras Citibank apuesta por que baje hasta los 60 dólares.  El Gobierno español, en las previsiones económicas enviadas a Bruselas a finales de abril, preveía una estabilidad de precios del crudo en 2025 (apuesta por los 65 dólares/barril), 2026 (64,6 dólares/barril), 2027 (65,3 dólares/barril) y 2028 (66,5 dólares/barril), lo que daría una cierta “estabilidad” a la economía, sin los sobresaltos de subidas de 2022 y 2023.

De momento, la rebaja del precio del petróleo ya se ha traducido en una bajada de la inflación general, en España (al +2,2% en abril, el menor aumento desde el 1,8% de octubre) y en Europa (+2,4% de inflación anual en abril, la más baja desde el 2,3% de octubre). Los menores precios del petróleo han repercutido positivamente en todos los sectores, desde la agricultura y la industria al transporte, pero se han reflejado sobre todo en una sensible bajada de los carburantes, que han notado los bolsillos de los consumidores.

Así, el 22 de mayo, el litro de gasolina costaba de media en España 1,454 euros, lo que supone una rebaja del 4,6% en lo que va de año y del -12,26% sobre el coste de la gasolina hace un año (y en Europa, esta bajada ha sido del -3,12 y del -9,44%), según el Boletín Petrolero Europeo. Y el litro de gasóleo cuesta ahora 1,366 euros/litro de media en España, lo que supone una rebaja del -5,28% en este año y un -8,6% que el precio hace un año (en Europa, la bajada ha sido del -5,38% y del 8,36% respectivamente). A lo claro: la rebaja del petróleo ha conseguido que llenar un depósito de gasolina (50 litros) cueste hoy 10 euros menos que hace un año y llenarlo de gasóleo cuesta 6,45 euros menos. Sin embargo, hay expertos y consumidores que se quejan de que los carburantes han bajado menos que el petróleo en euros, hasta 15 céntimos por litro menos de lo debido.

Ahora se espera que un petróleo barato ayude a mantener bajo control el IPC (Bruselas apuesta por una inflación del 2,3% en 2025, en España y en Europa), aunque los aranceles tenderán a subir los precios de los productos importados. Pero tenemos otra “ayuda”, gracias a la política económica disparatada de Trump: el dólar se está depreciando y cotiza ahora rozando los 1,13 euros, lo que supone una revalorización del euro del +9,17%. Eso significa que el petróleo (que pagamos en dólares), nos resulta ahora más barato en euros (-9,17%). Así que a la rebaja del petróleo (-13,31%)  hay que sumar la bajada del dólar (-9,17%), con lo que pagamos casi un 22,5% menos por el crudo que al comienzo de 2025.

Esta rebaja en la factura petrolera es un enorme balón de oxígeno para España y para el resto de economías. Pero ojo: todavía el petróleo es un gran lastre. Para España, la factura de las importaciones de petróleo supuso un gasto en divisas de 46.251 millones de euros en 2024, +32,14% que la factura petrolera anterior a la pandemia (35.001 millones de euros importamos de petróleo en 2019). Y esta factura petrolera supone el 10,9% del importe de todo lo que importa anualmente España, un tremendo “lastre” todavía. Y eso porque la importación de gasolinas ha crecido un 21,2% desde 2019 (importamos 6,51 millones de Tm en 2024, según Cores), aunque han bajado las importaciones de gasóleos (un -5,4%, 29,83 millones de TM en 2024) y han aumentado las de fueloil (+3,9%, 8,55 millones de TM).

En definitiva, que aunque ahora el petróleo sea más barato y no suponga un problema grave para la economía (como ha pasado muchas veces antes), no podemos bajar la guardia, porque la factura del petróleo es muy abultada (cuesta la mitad que la sanidad pública en España y la cuarta parte que las pensiones) y somos uno de los paises europeos más vulnerables: ya que importamos casi todo el petróleo que consumimos. Y considerando toda la energía que consumimos, importamos el 66,8%, dos tercios del total. Así que aunque celebremos que el petróleo está barato, sigue siendo un gran lastre para la economía.

El gran objetivo del Plan energético aprobado por el Gobierno (el PNIEC ) es reducir esta dependencia energética de España al 50% en 2030 (de dos tercios a la mitad de energía importada), por varias vías: aumento de la electricidad renovable (el 81% para 2030, frente al 56% actual), sustitución del consumo de petróleo y fuel por electricidad renovable en la industria, reducción de los combustibles fósiles en el transporte (coche eléctrico, electrificación de trenes y transporte terrestre y marítimo alternativo) y, sobre todo, un ahorro del consumo de energía en toda la economía (del 10% sobre 2023). No son objetivos fáciles, pero hay una firme voluntad de reducir el peso del petróleo, sobre todo a partir de 2035. Y tanto los paises productores como las multinacionales energéticas dan por hecho que su futuro es muy negro y por eso diversifican sus negocios a medio plazo.

En resumen, que no todo está mal en el panorama económico mundial. El petróleo, que nos ha dado tantos “sustos” en las últimas décadas, anticipa unos años de precios bajos, con un mercado inundado de petróleo y una demanda a la baja, que “huye” del crudo. Y encima, la caída del dólar, por la loca política económica y comercial de Trump, nos ayuda también, porque necesitamos menos euros para pagar el barril en dólares. Pero no podemos confiarnos. Primero, porque en cualquier momento salta un conflicto geopolítico o aparece un nuevo problema económico y el petróleo dispara su precio. Y segundo, porque somos todavía muy dependientes del petróleo, cuyo coste es un tremendo lastre para España: cada día de 2025, hemos gastado 121,5 millones de euros en importar petróleo. Una tremenda factura que no controlamos.

jueves, 9 de mayo de 2019

La amenaza del petróleo


Éramos pocos y parió la abuela. Por si no bastara con el proteccionismo de Trump, el estancamiento de Europa, los temores sobre China y la subida de tipos, ha subido el petróleo: un +30 % desde enero. Ahora ronda los 70 dólares, pero podría subir, tras la amenaza de Trump con sanciones a 8 paises que compraban crudo a Irán. El problema de fondo es que se extrae menos petróleo (por Irán, Libia y Venezuela), la OPEP y Rusia han recortado producción y el consumo no baja, lo que sube el precio. Y eso hace peligrar la recuperación en Europa (muy floja) y en España, el país europeo más dependiente del petróleo. Estas subidas han encarecido los carburantes, entre un +11% y un +15% este año, los costes de las empresas y el déficit energético español (-25.000 millones de euros), lo que amenaza el crecimiento y el empleo. Habría que aprobar un Plan para “huir del petróleo”, en favor de otras energías, porque el petróleo es caro, muy volátil  y no lo controlamos. Es difícil, pero hay que hacerlo.


El petróleo y su precio condicionan tremendamente la economía internacional y la española. En 2008, tras la crisis financiera que estalló en EEUU, el petróleo se contagió de los temores mundiales y saltó a los 146 dólares/barril, el máximo histórico reciente, agravando la recesión. Luego, tras las medidas aplicadas para reanimar las economías, suavizó su precio, por debajo de los 80 euros en 2009 y 2010. A partir de ahí, volvió a subir, en torno a los 110 dólares entre 2011 y 2014, marcando otro máximo de 114,81 euros en junio de 2014. Y después, bajó durante año y medio, a 46,59 dólares en enero de 2015 y 27.88 euros/barril en enero de 2016, el mínimo histórico reciente. Un desplome del crudo del 75% en 18 meses, que ayudó decisivamente (junto a la bajada de tipos de interés y del euro) a consolidar la recuperación de la economía mundial y de España, no por los "éxitos" de Rajoy.

El precio del petróleo se mantuvo estable, en torno a los 50 euros, otro año y medio más, todo 2016 y la primera mitad de 2017, con un mínimo de 44,82 dólares en junio. Pero en verano de 2017, comenzó a subir y cerró el año en 66,70 dólares. Y la subida continuó todo 2018, superando en mayo pasado los 80 dólares barril y alcanzando un máximo de 85,92 dólares a principios de octubre de 2018, el precio más alto en casi tres años. Pero en el último trimestre bajó con fuerza y cerró el año 2018 con otro mínimo, en 50,49 dólares barril. Y todo este año 2019, el crudo está subiendo, hasta un nuevo máximo en abril (75,50 dólares el día 25) y un precio hoy de 70,20 dólares/barril, un 29,63% más caro que a principios de año y el precio más alto desde octubre de 2018.

Esta nueva subida de precios, la del verano-otoño de 2018 y la de 2019, tiene mucho que ver con Trump y su decisión de romper, en mayo de 2018, el acuerdo nuclear con Irán ,firmado en julio de 2015 por Obama y cuatro grandes paises más (Rusia, China, Reino Unido y Francia). El nuevo presidente de EEUU prohibió a los demás paises importar, desde noviembre de 2018, petróleo de Irán (para asfixiar su economía). Sólo permitió una excepción a 8 paises (China, Turquía, India, Japón, Corea del Sur, Italia, Grecia y Taiwán), para que importaran crudo iraní 180 días más. Y ahora, con fecha  2 de mayo, Trump acaba de poner fin a estas excepciones, con lo tampoco estos paises pueden ahora importar petróleo de Irán, que era antes de estas sanciones el 6º productor mundial de crudo. España no compra nada de petróleo iraní desde noviembre de 2018, aunque antes era nuestro 5º suministrador (le compramos 4.894.000 Tm de crudo en 2018, el 7,24% del total importado).

Estas amenazas de sanciones de Trump a quien compre petróleo iraní provocaron les fuertes subidas del crudo de 2018 y están detrás de las subidas de 2019. Y ahora, al cortarse el grifo también a grandes compradores, como China o Turquía (que amenazan con seguir comprando), se teme una subida adicional del petróleo en las próximas semanas. Y más si Irán cumple su amenaza de defenderse cortando el paso del estrecho de Ormuz, un paso de pocos kilómetros en el Golfo Pérsico por el que se exporta el 20% de todo el petróleo mundial, con una media de 14 superpetroleros atravesándolo cada día.

Al embargo petrolero a Irán (que antes exportaba 2,5 millones de barriles/día y en abril sólo 1 millón) hay que sumar otros problemas de suministro de crudo en Libia (por la guerra civil que amenaza la exportación de 1 millón de barriles/diarios) y Venezuela (el 10º productor mundial, con 1,44 millones de barriles/día, cuyas exportaciones están en peligro por el caos interno y las sanciones de Trump impuestas en abril), sin olvidar los problemas de bombeo en Angola (9º productor mundial), los conflictos en Nigeria y la guerra civil en Yemen (con terroristas pro-iraníes que amenazan las instalaciones petrolíferas de Arabia Saudí).

Junto es estos problemas geopolíticos, el mercado del petróleo se resiente de los recortes de producción acordados por los 14 paises de la OPEP y otros 10 paises productores (como Rusia, el 2º productor mundial de crudo). Primero acordaron reducir la producción en 2017 y después extendieron el recorte a 2018, para tratar de subir unos precios bajos que hundían sus economías. Y el 7 de diciembre pasado, volvieron a acordar un tercer recorte, a partir de enero de 2019, de 1,2 millones de barriles/día (800.000 la OPEP), con una Cumbre prevista el 25 de junio donde estudiarán si prorrogan el recorte hasta fin de año. Mientras, Trump presiona a Arabia Saudí (suníes) para que suban su producción y compensen así el recorte impuesto por las sanciones a su enemigo político-religioso, Irán (chiitas).

Al final, entre los embargos y los conflictos geopolíticos, la oferta real de petróleo se ha reducido y eso hace subir los precios internacionales del crudo, máxime cuando la demanda sigue fuerte, aunque se espera que se reduzca algo en 2019, por la desaceleración económica mundial. Con todo, la Agencia Internacional de la Energía espera que la demanda supere a la oferta a partir de junio y en la segunda mitad del año 2019, con lo que los expertos apuestan por un petróleo a más de 70 dólares, que podría superar los 80 y llegar incluso a 100 dólares si hay conflictos en algún país clave. Vamos, que habrá que estar pendiente del petróleo y también de la cotización del euro, porque el crudo se paga en dólares. Y si el dólar sigue subiendo, como ha pasado desde enero (se ha revalorizado un 3,5% frente al euro), pues eso encarece doblemente el petróleo que compramos.

Este encarecimiento del petróleo, en dólares y en euros, amenaza la recuperación en Europa y en España, en un mal momento de la economía internacional, por el auge del proteccionismo, el menor crecimiento del comercio mundial, el estancamiento de la zona euro (Alemania prevé crecer sólo un 0,5% este año), la crisis en algunos paises en desarrollo (Argentina, Turquía, Brasil), el temor a un menor crecimiento en China y la subida iniciada en los tipos de interés. Ahora, la puntilla del petróleo más caro va a frenar ese menor crecimiento, afectando más a Europa y a España, porque son mucho más dependientes del crudo que la mayoría del mundo. Así, la UE-28 importa el 86,7% del petróleo que consume y el 96,3% la zona euro, con porcentajes muy altos en Francia (97,5% del petróleo es importado), Alemania (96,4% e Italia (91%), con la excepción de Reino Unido (sólo importa el 33,9% del crudo), según los últimos datos de Eurostat.

España es todavía más dependiente, ya que importamos el  99,2% del petróleo que consumimos. Y además, lo compramos en paises con muchos riesgos geopolíticos: las 67.586.000 toneladas de petróleo compradas en 2018 vinieron de Nigeria (14,02%), México (13,88%), Arabia Saudita (11,08%), Libia (8,09%), Irán (7,24%), Irak (6,92%), Brasil (6,85%), Angola (3,81%) o Rusia (1,50%), según la estadística de CORES. La factura petrolera es muy importante para España, ya que supone el 75% del déficit comercial español. Es una tremenda hipoteca que, según el precio del crudo, dificulta más o menos la marcha de la economía, gobierne quien gobierne. En 2008, el déficit energético (importaciones-exportaciones) alcanzó un récord de -47-768 millones de euros, que se mantuvo alto entre 2012 (-45.041 millones) y 2013 (-40.983 millones), para ayudar mucho a la recuperación, sobre todo en 2015 (-25.844 millones de déficit energético) y 2016 (-20.136 millones) para subir en 2017 (-24.671) y sobre todo en 2018 (-25.132 millones de déficit energético). Y volverá a subir este año, lo que nos empobrecerá como país.

Esta es la factura “grande”, pero luego cada empresa tiene la suya y al subir el coste del petróleo suben también el gas y las demás energías, incluida la electricidad, que ya es la 2ª más cara de Europa para las familias y la 4ª más cara para las empresas. Y estos mayores costes se acaban trasladando a los precios de casi todo, en especial de los viajes, los transportes, la alimentación y los servicios, lo que hace perder poder adquisitivo a los salarios y las pensiones. Y las familias lo notan mucho en el precio de la luz y los carburantes.

La subida del petróleo ya ha encarecido el gasóleo un +11,35% entre enero y el 6 de mayo (1,258 €/litro)  y la gasolina súper (1,358 €/litro) un +15,17%, según el Weekly Oil Bulletin de la UE, unas subidas mayores a las de la UE-28 (+7,4% el gasóleo y +11,7% la gasolina súper). Pero los precios en la gasolinera “camuflan” la subida real de los carburantes por el petróleo, ya que más de la mitad del precio final son impuestos. Si los descontamos y miramos la subida de los carburantes sin impuestos, resulta que el diesel (0,660 €/litro sin impuestos) ha subido en España un +19% (y es el 10º más caro sin impuestos de la UE) y la gasolina (0,649 €/litro  sin impuestos) ha subido un +29,45% (y es la 4ª más cara sin impuestos, tras Suecia, Dinamarca y Grecia). Subidas que también son mucho mayores a las subidas medias de los carburantes la UE-28: un +13,37% ha subido el diesel sin impuestos en Europa y un +25,7% la gasolina súper sin impuestos, según el boletín petrolero de la UE. Y el riesgo es que los carburantes sigan subiendo hasta el verano.

Al final, la subida del petróleo no sólo nos quita dinero del bolsillo sino que afecta a la marcha de toda la economía, porque reduce el consumo de las familias y aumenta los costes de las empresas, con lo que frena el crecimiento, la inversión y el empleo. O sea, que el petróleo es una amenaza seria para la recuperación, lo que preocupa doblemente porque los otros vientos de fuera (crecimiento, comercio mundial, zona euro, tipos) soplan también de frente. Y en este caso, España y el resto de Europa poco pueden hacer porque las grandes decisiones que afectan al precio del crudo se toman lejos y por otros.

Pero lo que sí podemos hacer, España y el resto de Europa, es aprovechar este nuevo “susto” del petróleo para decir ¡basta¡ y “huir del crudo lo más posible, no sólo porque condiciona demasiado nuestra economía y nuestro bolsillo sino porque es uno de los principales responsables del Cambio Climático que pone en peligro el Planeta. Es hora de que el futuro Gobierno y toda la sociedad apoyen un Plan de reducción del consumo de petróleo a medio plazo, para reducir el consumo de crudo en la industria, los transportes, las viviendas y los vehículos, dentro de un Plan más global contra el Cambio climático. Urge plantear objetivos y conseguir recursos para ayudar a las empresas y familias a reducir el consumo de petróleo y su sustitución por energías limpias y renovables, con más independencia de suministro y sin sobresaltos en los precios. Costará hacerlo, pero hay que hacerlo.

   

lunes, 28 de mayo de 2018

El petróleo frena la recuperación


El petróleo ha sido clave para ayudar a la economía española a salir de la crisis, al caer su precio de 114 dólares en 2014 a 46 en 2015 y 28 dólares en 2016. Pero el petróleo sube desde el verano y ha superado los 80 dólares, mientras también cae el euro, con lo que el coste del barril se ha encarecido un 18% desde enero. El viernes, el crudo bajó a 76,50 dólares, ante el anuncio de Rusia y la OPEP de que podrían subir la producción, por temor a un colapso del mercado ante la crisis de Venezuela e Irán. Pero el petróleo seguirá caro y corre peligro la recuperación mundial y más en España, uno de los países más dependientes del crudo importado. El Gobierno estima que si sigue caro, la economía crecerá este año un 0,7% menos y se crearán 150.000 empleos menos. Porque suben los carburantes y la inflación, baja el consumo y suben los costes de las empresas y el país. Urge tomar medidas para reanimar la economía ahora que soplan vientos en contra desde fuera: petróleo, tipos de interés, proteccionismo, crisis en Italia, bajo crecimiento Europa... Y más con la inesperada crisis política en España. No vale esperar y ver. Pero no está el patio político para pensar en la economía.
enrique ortega

El mundo tiene una gran dependencia del petróleo y su precio agrava o mejora los ciclos económicos. En 2008, tras la crisis financiera en EEUU, el petróleo se contagió de los temores mundiales y saltó a 146 dólares el barril, el máximo histórico reciente, agravando la recesión. Luego, ante las medidas para reanimar las economías, suavizó su precio, por debajo de los 80 euros en 2009 y 2010. A partir de ahí volvió a subir, en torno a los 110 dólares en 2011 y 2014. Y tras marcar otro máximo en junio de 2014, 114,81 dólares por barril, empezó una bajada durante año y medio, a 46,59 dólares en enero de 2015 y 27,88 euros, el mínimo histórico reciente, en enero de 2016. Una caída del precio del 75% en año y medio, que ayudó decisivamente a la recuperación de la economía mundial, y, sobre todo, de España (junto a la bajada de tipos y del euro, no por la política de Rajoy, como dice).

El petróleo se mantuvo estable, en torno a los 50 euros, otro año y medio, todo 2016 y la primera mitad de 2017. Pero el verano pasado comenzó a subir y cerró el año en 66,7 dólares. Y la subida ha seguido este año 2018, sobre todo en mayo, cuando el día 17 superó los 80 dólares por barril, el precio más alto desde hacía tres años y medio (noviembre de 2014). Luego se mantuvo por encima de los 79 dólares, hasta que el viernes 25 bajó a 76,50 dólares barril, tras el anuncio de la OPEP y Rusia de que estudiaban producir más petróleo, "para evitar un shock del mercado", ante la crisis de producción en Venezuela e Irán. Aún con esta bajada, que podría continuar esta semana, el petróleo cuesta un 15,05% más que en enero. Y si añadimos que el petróleo hay que pagarlo en dólares y que el billete verde también ha subido (un 2,90% frente al euro desde enero), el barril nos cuesta ya un 18% más que en enero.

¿Por qué ha subido tanto el petróleo? El último detonante ha sido Donald Trump, al denunciar en mayo el acuerdo nuclear con Irán y anunciar nuevas sanciones, entre ellas la prohibición de comprarles petróleo. Irán es el 5º productor mundial (produce 3,82 millones de barriles al día) y, tras el acuerdo con Obama de 2015, estaba exportando entre 500.000 y 1,5 millones de barriles al día: la mitad podrían no llegar ahora al mercado mundial. Otro problema geopolítico que resta barriles es Venezuela (el 10º productor mundial, con 1,44 millones de barriles al día), con serios problemas de bombeo que le suponen producir 500.000 barriles diarios menos. Y también ayuda a recortar la producción mundial de crudo la tensión política en Yemen (con terroristas pro-iraníes que amenazan las instalaciones petrolíferas de Arabia Saudita), Libia (ha recuperado su producción de 1 millón de barriles al día, pero es un país muy inestable) y Angola (el 9º productor mundial), con serios problemas de bombeo que le han hecho perder 300.000 barriles al día desde finales de 2017.

Estos distintos problemas geopolíticos han agravado un problema anterior: el recorte de producción acordado por la OPEP y Rusia en 2016 y 2017. El 30 de noviembre de 2016, los 14 países de la OPEP (liderados por Arabia Saudita, el 3º productor mundial, tras EEUU y Rusia) y Rusia (el 2º) acordaron recortar la producción de crudo en 1,8 millones de barriles día desde enero de 2017. En mayo de 2017 extendieron el acuerdo y el 29 de noviembre de 2017, se sumaron a este acuerdo de la OPEP y Rusia otros 10 países productores no OPEP, entre ellos México, Nigeria y Libia, acordando extender ese recorte de la producción (-1,8 millones barriles/día) a todo el año 2018. Y lo están cumpliendo.

Así que el problema de fondo, más que la crisis con Irán o Venezuela, es que la oferta de petróleo se ha recortado drásticamente en el último año, mientras, a la vez, aumenta la demanda de crudo, un 5% en los últimos tres años, por el tirón de la recuperación. Y se prevé que la demanda crezca más este año 2018, superando los 100 millones de barriles al día, por primera vez en la historia reciente, según la Agencia Internacional de la Energía (AEI). Y además, los países y las empresas se encuentran con bajas reservas de crudo, con lo que el déficit oferta/demanda tira al alza de los precios. Y lo seguirá haciendo en los próximos meses, con lo que varios expertos auguran un petróleo a 100 dólares en 2019. La clave estará en lo que decidan la OPEP y Rusia en su Cumbre del 22 de junio, donde podrían "suavizar" sus recortes actuales y producir algo más en la 2ª mitad de 2018, porque tienen miedo "que el mercado colapse" por la caída de producción en Venezuela y las nuevas sanciones a Irán. 

Llegue a 100 dólares o se quede en torno a los 75 dólares,  el petróleo costará este año más de lo previsto (entre el 10 y el 15% más) y eso afecta muy negativamente a toda la economía mundial, a Europa y muy especialmente a España, porque somos uno de los países con mayor dependencia del petróleo importado. Así, España importa el 71,9% de toda la energía que consume, frente al 53,6% de media en la UE-28, el 35,3% de Reino Unido, el 47,1% de Francia, el 63,5% de Alemania y el 77,5% de Italia, según los últimos datos de Eurostat (2016). Y si nos centramos en la dependencia del petróleo, España importa el 99,2%, frente al 86,7% de media europea, el 33,9% de Reino Unido, el 91% de Italia, el 96,4% de Alemania y el 97,5% de Francia: somos el 2º país europeo más dependiente del petróleo, tras Grecia (importa el 99,6%).

Esta enorme dependencia del petróleo importado hace que España sea muy sensible a los vaivenes de precios. Y si entre 2014 y 2017 nos ahorramos 13.000 millones en la factura del petróleo (un regalo del 1,3% de crecimiento extra del PIB), ahora nos tocará pagar más: la factura del petróleo (que costó 30.326 millones de euros en 2017) podría subir hasta 9.000 millones más en 2018, si los precios siguen como hasta ahora. Y esta factura la pagaremos todos, sobre todo las empresas (más costes) y los ciudadanos (carburantes más caros y una subida generalizada de precios).

Las primeras consecuencias del petróleo caro ya las estamos sufriendo en los carburantes, que suben desde marzo. La gasolina roza los 1,40 euros por litro (1,38 euros la semana pasada), el máximo desde hace tres años. Y el gasóleo ronda los 1,30 euros por litro (1,28 la semana pasada), el precio más alto desde diciembre de 2014. Con ello, llenar un depósito cuesta ahora entre 5 y 8 euros más que hace unos años, un dinero que las familias no podrán gastar en otra cosa. Y la subida del petróleo, si se mantiene, también subirán los precios del transporte (sobre todo, los billetes de avión), el comercio (sobre todo online, por encarecerse las entregas), la industria y los alimentos, haciendo subir el IPC (en vez del 1,6% podría acabar el año por encima del 2%), con lo que salarios y pensiones perderían poder adquisitivo. Y a las empresas les subirán los costes, con lo que se reducirán sus beneficios, salvo que recorten otros costes (salarios) o frenen inversiones y empleo.

La subida del petróleo encarece costes y precios y la consecuencia es que las familias consumen menos y las empresas venden e invierten menos, con lo que se reduce el crecimiento y el empleo. El propio Gobierno ha estimado que si el petróleo sigue en torno a los 80 dólares barril, la economía española crecería este año un 0,7% menos de lo previsto (2% en vez de 2,7%) y se crearían 150.000 empleos menos (unos 300.000). Y eso en un escenario “moderado”, sin “sustos” en Irán, Corea del Norte o Venezuela. Además, con menos crecimiento, habrá menos recaudación y no se podrá recortar tanto el déficit público. Y con menos empleo, habrá poco aumento de cotizaciones para pagar las pensiones.

Pero no sólo el petróleo juega en contra de la recuperación. Otra amenaza es la subida de los tipos de interés en Europa, que está a la vuelta de la esquina tras varios años de tipos 0 que han ayudado a España (uno de los países más endeudados del mundo) a salir de la crisis. Ahora, si el petróleo dispara la inflación, EEUU volverá a subir los tipos (quizás en junio, tras subirlos 6 veces desde diciembre 2015) y el BCE podría adelantar la subida prevista para dentro de un año, lo que supondría otro frenazo en el crecimiento, sobre todo para España (encarecería los intereses de la deuda pública y los créditos de empresas y familias). Una subida del 1,25% en el precio del dinero podría reducir el crecimiento del PIB un 1% a medio plazo, lo que supondría crear otros 125.000 empleos menos al año.

Y también juega en contra de España la debilidad de la recuperación en Europa, donde Alemania creció sólo un 0,3% en el primer trimestre (la mitad que en los anteriores) y Francia un 0,3% (también la mitad), mientras Reino Unido sufre ya las consecuencias del Brexit (con un exiguo crecimiento del 0,1%) e Italia (+03% crecimiento) está paralizada por su política interna y el extraño Gobierno que han formado, que ya encarece su deuda (y la de España), con peligro de detonar otra crisis del euro. Y todo ello puede frenar las exportaciones españolas, que ya han caído en marzo (-2,4%), afectadas por la atonía europea y el aumento del proteccionismo en el mundo (promovido por Trump). Y recordemos que las exportaciones han sido otro de los motores de la recuperación en España, junto al petróleo y los tipos.

Así que el problema no es sólo que suba el petróleo sino que lo hace cuando empiezan a subir los tipos de interés, se frena la economía europea y crecen las tensiones comerciales que dificultan las exportaciones. O sea, que los vientos que nos han favorecido estos años, “soplando a favor de la recuperación, soplan ahora de frente”, en contra. Y por si no fuera suficiente, estalla la crisis política en España, a raíz de la sentencia del caso Gürtel y la moción de censura presentada por el PSOE, que provocan una enorme incertidumbre económica, otra amenaza (interna) para la recuperación.

Antes de este "shock político", el Gobierno Rajoy no hacía caso al cambio en los "vientos exteriores" y seguía con su política favorita: “esperar y ver”. Pero habría que tomar medidas porque la subida del petróleo y el resto de la incertidumbre económica internacional nos afectan muy directamente, recortando el crecimiento y el empleo y empobreciendo a los ciudadanos, tanto a los trabajadores (salarios) como a los pensionistas, que volverán a perder poder adquisitivo este año. Por eso, Gobierno y “oposición” deberían acordar un Plan de choque, para empujar la economía desde dentro ahora que “vienen mal dadas” de fuera. Pero claro, "no está el patio para pactos", aunque la pelea política agrave aún más los problemas económicos externos.

Pero si pasa la tormenta política, quien gobierne y la oposición deberían impulsar cuanto antes medidas urgentes. El Plan de choque debería  empezar por recaudar más, para poder financiarlo. Y eso pasa por subir el IVA (como acaba de pedir el Banco de España), reduciendo los artículos que pagan sólo el 10% y el 4%,  y subir los impuestos a los carburantes (como llevan años pidiendo la Comisión Europea, la OCDE y el FMI), no sólo para recaudar más sino para reducir las emisiones de CO2 (que han subido un 7,4% en 2017). Con ambas medidas se podrían conseguir 4.000 millones extras en un año y dedicar esos recursos a aumentar las inversiones públicas que hacen falta (tecnología, formación, infraestructuras, digitalización, ayudas a la exportación), tratando así de mantener el crecimiento y el empleo. Y en paralelo, habría que forzar una mayor subida de salarios (en torno al 3%), para que no caiga tanto el consumo con la subida de precios. Y a medio plazo, plantearse un Plan de ahorro energético, para sustituir petróleo por otras energías (en el transporte, generación de electricidad y viviendas), para que los vaivenes del petróleo no nos hundan periódicamente la economía.

En resumen, que el petróleo y otros problemas exteriores van a frenar la recuperación y habría que intentar contrarrestarlo, no sentarse a ver cómo evoluciona el barril, los tipos de interés, Italia, Irán, Corea o las guerras comerciales. Algo se puede hacer aquí para “empujar a la economía desde dentro”. Para eso están el Gobierno, los políticos y las empresas. Aunque ahora estén todos "en otras cosas". Pero ojo: peligra la recuperación.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Suben petróleo, euro y tipos: un mal cóctel



Está pasando desapercibido, por Cataluña y el puente, pero el petróleo cuesta ya más de 63 dólares barril, un precio que duplica con creces el mínimo de 2016 y que supone una subida del 42% sobre este verano. Y en paralelo, el euro ha subido otro 12,5% este año frente al dólar, mientras el precio del dinero se prepara para subir, tanto en EEUU como en Europa, tras varios años de coste cero. Son tres subidas preocupantes, porque el petróleo barato, el euro débil y el dinero barato han sido responsables de más de la mitad del crecimiento de la economía española en los últimos tres años, no la política de Rajoy. Y ahora, si cambia el viento exterior y en vez de tenerlo “de cola” lo tenemos “de cara”, la recuperación y el empleo peligran. Por eso, ante esta incertidumbre exterior, es importante que el Gobierno no recorte más en el Presupuesto 2018 y reanime la economía. Que "empuje" desde dentro.


enrique ortega


El petróleo agudizó la crisis financiera, al saltar de los 36,61 euros por barril en septiembre de 2008 a 126,65 euros en la primavera de 2011 (+245%), un elevado precio que se mantuvo hasta los 115 euros de junio de 2014. A partir de ahí, empieza a bajar con fuerza y cierra el año 2014 con un precio de 55,46 dólares por barril. Durante 2015 siguió bajando, con altibajos, hasta los 37,36 dólares a fin de año. Y el 20 de enero de 2016 alcanzó su precio mínimo, 27,88 dólares por barril. O sea, el precio del petróleo cayó un 75% entre 2014 y 2016, la tercera mayor caída del crudo en los últimos 24 años, desde la década de los 90. A partir de este desplome, el petróleo volvió a subir en 2016, hasta cerrar el año pasado en 57 dólares barril y luego bajó a un mínimo de 44,82 dólares en  junio de 2017. Pero es sólo una tregua, porque el crudo volvió a subir este verano y el 27 de octubre superaba la barrera de los 60 dólares barril, un precio que se mantiene y ahora ronda los 63 dólares.

Eso significa que el petróleo vuelve a costar caro, un 128% más que en enero de 2016 y un 41% más que este verano. Es mucha subida en poco tiempo. El primer detonante de estas nuevas subidas fue la decisión de la OPEP y Rusia, el 30 de noviembre de 2016, de recortar la producción de crudo (en 1,8 millones de barriles diarios), por primera vez en 8 años, para reanimar los precios. El 25 de mayo de este año, los firmantes acuerdan extender el recorte hasta marzo de 2018 y hace dos semanas, el 29 de noviembre, una nueva reunión en Viena de la OPEP (14 países) y otros 10 países productores (entre ellos Rusia, el 2º productor mundial, México y Nigeria y Libia, que no se habían sumado a los recortes anteriores) acordó extender los recortes de producción durante todo 2018.

Si cumplen con los recortes, como han hecho en 2017, los precios del petróleo podrían  mantenerse en los próximos meses entre 60 y 65 dólares barril, por encima de la última previsión del Gobierno Rajoy para 2018, que es un precio del petróleo de 54,8 dólares por barril. Este mayor precio puede trastocar el crecimiento y las cuentas de la economía mundial y muy especialmente de España, uno de los países europeos más dependientes del crudo. De hecho, la factura energética hasta septiembre se ha encarecido en 9.000 millones de euros sobre la del año pasado (30.000 millones frente a 21.000). Y esta mayor factura del petróleo (y del gas) puede restar a España un 0,5% de crecimiento del PIB, más incluso que la crisis política en Cataluña. Para entender la importancia del cambio de tendencia, recordemos que la bajada del petróleo entre 2014 y 2016 ahorró a España casi 60.000 millones de euros en la factura energética, añadiendo un 2,5% al crecimiento del PIB esos años.

Además, esta subida del petróleo ya está encareciendo los costes de las empresas y recortando sus beneficios, según los datos del Banco de España: el margen de las 884 mayores empresas ha crecido sólo un 0,8% hasta septiembre, por el alza de costes de la energía, y eso ha provocado que sus beneficios suban solo un 4,8%, la mitad que en 2016. Y también notamos la subida del petróleo los ciudadanos, en el coste de la luz (la factura media ha subido 79 euros hasta finales de noviembre) y en los carburantes. La gasolina sube ya un 6% sobre el precio de julio y el gasóleo otro 9,2%. Y esta subida del crudo se arrastrará a toda la economía, con lo que la inflación media de 2017 subirá al 2%, comiéndose la mínima subida de los salarios (+1,4% aumento convenios) y pensiones (+0,25%). Y los expertos apuestan porque el petróleo mantenga alta la inflación también en 2018, en el 1,6%.

Otra subida clave para España es la del euro. La cotización nos había dado una tregua, como el petróleo, bajando de un máximo de 1,35 euros por dólar a principios de 2014 a 1,038 euros por dólar el 20 de diciembre de 2016, un 23% menos. Y muchos expertos apostaban porque este año 2017 iba a llegar al 1x1 con el dólar: que cotizaran igual el euro y el dólar. Pero la errática política de Trump en USA y la recuperación política y económica en Europa (débil) han trastocado la bajada y este año 2017, el euro ha vuelto a subir, superando incluso los 1,20 euros por dólar (1,2065 el 20 de agosto), para quedar ahora en torno a 1,185 euros por dólar, lo que supone una revalorización del 12% sobre el valor de principios de año. Y si Merkel consigue armar un gobierno de coalición la próxima semana o si la Reserva Federal USA no sube los tipos este mes, es probable que el euro acabe el año cerca de los 1,20 euros por dólar y se encamine a los 1,25 euros/dólar en 2018, según los expertos.

La subida del euro es una mala noticia para Europa, porque es un continente que exporta más de lo que importa y ahora sus productos son un 12% más caros que en enero. Pero tener un euro fuerte hace aún más daño a España que al resto de Europa, según un estudio de Goldman Sachs. Y eso porque España exporta muchos “productos intermedios” a Alemania y Francia, por ejemplo. Y si estos países exportan ahora menos fuera de Europa (por la fortaleza del euro), también nos comprarán menos. Un recorte indirecto que se suma al recorte directo que pueden sufrir las exportaciones españolas al resto del mundo por la subida del euro, que encarece nuestros productos un 12%. Y eso es especialmente preocupante porque un 48% de las exportaciones españolas se dirigen a países no euro, que pagan ahora en dólares y otras monedas devaluadas, con lo que nuestros productos les salen más caros. Y recordemos que las exportaciones son uno de los motores del crecimiento español en los tres últimos años: sólo en 2016, aportaron la 8ª parte del PIB (0,5% del 3,2%).

Pero el daño de tener un euro fuerte no acaba ahí, en encarecer y dificultar nuestras exportaciones. Es también un torpedo al turismo, el gran motor de nuestro crecimiento: si el euro ha subido un 12% este año, significa que los turistas de fuera de la zona euro han de pagar un 12% más para venir a España, además de sufrir ya la subida de viajes (el combustible supone un tercio de los costes de las aerolíneas) y hoteles. Y esto afecta al 40% delos turistas que nos visitan, a 32 de los 82 millones que se esperan este año, especialmente a los británicos, nórdicos, rusos, americanos y asiáticos. Menos mal que el euro se ha revalorizado menos frente a la libra, un +2,6% este año, con lo que su fortaleza afecta menos a los turistas británicos, que suponen el 23% de todos los que nos visitan.

Y hay un tercer efecto negativo de tener un euro fuerte, del que no se suele hablar. Los empresarios exportadores, turísticos y el resto (a los que les suben costes por la mayor inflación), tratan de contrarrestar esta subida del euro, que encarece un 12% sus productos y servicios, recortando otros costes. Y donde lo tienen más fácil es en los salarios: ahora tratarán de que suban poco o nada, deteriorando más los sueldos y contrataciones. Y además, si estaban pensando en aumentar la plantilla, esperarán a que el euro (y el petróleo) bajen. Así que, mira por donde, la subida del euro y de la energía son dos obstáculos para que los trabajadores consigan mayores subidas de salarios en 2018. Y con ello, las familias tendrán menos dinero para gastar, sobre todo ahora que sube la inflación. Eso debilitará el consumo interno y frenará el crecimiento y la recuperación.

Y vayamos a la tercera subida que se barrunta, la de los tipos de interés. La bajada del precio del dinero, desde 2008, salvó al mundo de una catástrofe, a Europa del hundimiento del euro y a España del rescate: el BCE bajó los tipos del 3,75% en 2008 al 0% en que están desde 2015, inyectando además liquidez en la economía con la compra masiva de deuda pública, lo que salvó a Europa y a España (no la política de Rajoy). Ahora, todo apunta a que va a cambiar la situación. Por de pronto, en EEUU ya se han producido 4 subidas de los tipos de interés en los dos últimos años (diciembre 2015, diciembre 2016, marzo y junio 2017), con lo que los tipos oficiales están ahora entre el 1 y el 1,25%. Y la próxima semana se reúne la Reserva Federal USA (12 y 13 diciembre) para decidir si los sube otro 0,25%, algo que quizás retrase a la primavera de 2018 (porque la recuperación y el empleo no son fuertes). Pero haga lo que haga EEUU ahora, el BCE tendrá que acabar siguiendo su senda y subiendo los tipos en 2018, entre 0,25 y 0,50% a lo largo del año. Así que se acabará la época del dinero barato, lo que puede frenar la recuperación, en Europa y en España.

La subida de tipos, antes o después, es más preocupante para nosotros porque España es uno de los países más endeudados del mundo, con más de 2,73 billones (con b) de deuda actualmente, que nos cuesta una enorme factura en intereses, factura que aumentará en 2018.La mayor parte de la deuda, 1.135.869 millones de euros, es deuda pública, del Estado y la Seguridad Social ( 821.250 millones), las autonomías (283.984) y Ayuntamientos(30.635 millones), deuda que ha aumentado un 40% desde que gobierna Rajoy. La otra parte es deuda privada, de las empresas (897.876 millones de euros, a septiembre 2017) y de las familias (706.023 millones de deuda, sobre todo en hipotecas), deuda que ha bajado ya por debajo de la que tenían en 2006, gracias a importantes amortizaciones. Este elevado endeudamiento hace a España muy vulnerable, según la Comisión Europea,  ante las esperadas subidas de tipos, que van a suponer un mayor pago de intereses a la administración, las empresas y las familias. O sea, más gasto público (que puede forzar más recortes) y más costes privados, otra amenaza para la inversión, el consumo, el crecimiento, la recuperación y el empleo.

En definitiva, que está cambiando el panorama económico: si entre 2014 y 2017 España se benefició de “viento de cola” exterior, con ayuda de un petróleo más barato, un euro débil y dinero casi gratis, que han sido claves para la recuperación, ahora empezamos a sufrir el “viento de cara”, con subidas del petróleo, el euro y los tipos que pueden frenar el crecimiento y el empleo, más de lo ya esperado para 2018, un año donde Bruselas espera que España crezca el 2,5%, seis décimas menos que 2017 (+3,2%). Así que ojo a la coyuntura internacional, que nos puede hacer más daño que la crisis en Cataluña.

Ante este cóctel peligroso (petróleo caro, euro fuerte y tipos al alza), España tendría que reforzar su frente interno, tratando de reanimar la economía el próximo año, no aprobando más recortes, como piensa el Gobierno Rajoy para el Presupuesto 2018. No está la coyuntura exterior como para forzar más ajustes, sobre todo si España cierra este año con un déficit público del 3,1% del PIB, casi en línea con el sacrosanto 3% que exige la disciplina del euro. Y sin embargo, sí hace falta tomar medidas para crecer más y contrarrestar el freno que van a suponer el petróleo, el euro, los tipos y la crisis en Cataluña. Habría que reanimar los salarios, con subidas por encima del 2%, y reanimar la inversión pública, con la ayuda de una mayor recaudación, que es posible si se reduce el fraude fiscal y pagan más impuestos los que pagan pocos (grandes empresas, multinacionales y los más ricos). Recordemos que hay margen para recaudar más, porque España ingresa 96.000 millones menos al año que la media de países euro (el 37,7% del PIB en vez del 46,1%, según Eurostat).

La clave, pues, está en ingresar más para gastar más y contrarrestar así el “viento en contra” que se ha levantado en la economía mundial y que afecta especialmente a España, más vulnerable que otros países europeos a las subidas del petróleo, el euro y los tipos. Un debate que nadie plantea, ni Gobierno ni “oposición”, enfangados en las elecciones catalanas, pero que es de gran calado para todos: nos jugamos la recuperación y el empleo.