Las criptomonedas han pasado en 25 años de no valer casi nada al récord de los 100.000 dólares en diciembre. La primera criptomoneda, el bitcoin, empezó a funcionar en enero de 2009 y la han seguido después hasta 20.000 monedas digitales (ver historia de las criptomonedas). Son monedas y activos digitales que emplean un cifrado para identificar a su dueño y poder realizar transacciones. Un 20% están respaldadas por activos como el oro, el dólar y otras monedas, pero la mayoría (80% del mercado) son criptoactivos sin respaldo detrás de un activo concreto, sobre todo criptomonedas, monedas digitales que no tienen detrás el respaldo de un país y un Banco Central sino que las fabrican y emiten miles de empresas privadas, que controlan también su distribución y mercado. Las criptomonedas se basan en una red mundial de ordenadores descentralizada, unos “mineros” (que generan informáticamente nuevas monedas) y unas plataformas de compraventa, que permiten cambiar divisas por criptomonedas, almacenarlas en “billeteros digitales” y comprarlas y venderlas después, con altísimas comisiones, poca transparencia y enorme riesgo.
lunes, 16 de diciembre de 2024
Trump infla la burbuja de las criptomonedas
Las criptomonedas han pasado en 25 años de no valer casi nada al récord de los 100.000 dólares en diciembre. La primera criptomoneda, el bitcoin, empezó a funcionar en enero de 2009 y la han seguido después hasta 20.000 monedas digitales (ver historia de las criptomonedas). Son monedas y activos digitales que emplean un cifrado para identificar a su dueño y poder realizar transacciones. Un 20% están respaldadas por activos como el oro, el dólar y otras monedas, pero la mayoría (80% del mercado) son criptoactivos sin respaldo detrás de un activo concreto, sobre todo criptomonedas, monedas digitales que no tienen detrás el respaldo de un país y un Banco Central sino que las fabrican y emiten miles de empresas privadas, que controlan también su distribución y mercado. Las criptomonedas se basan en una red mundial de ordenadores descentralizada, unos “mineros” (que generan informáticamente nuevas monedas) y unas plataformas de compraventa, que permiten cambiar divisas por criptomonedas, almacenarlas en “billeteros digitales” y comprarlas y venderlas después, con altísimas comisiones, poca transparencia y enorme riesgo.
lunes, 11 de marzo de 2024
Vuelve la burbuja de las criptomonedas
jueves, 12 de mayo de 2022
Estalla la burbuja de las criptomonedas
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| Enrique Ortega a partir de El cambista y su mujer de Marinus van Reymerswale |
Los criptoactivos son monedas y valores digitales que emplean un cifrado para identificar a su dueño y poder realizar transacciones. La mayoría (el 80% del mercado) son criptoactivos sin respaldo detrás de un activo concreto, sobre todo criptomonedas, monedas digitales que no tienen el respaldo de un país o Banco Central sino que fabrican y emiten empresas privadas (el 55% del mercado lo copa el bitcoin y otro 25% el ethereum). El 20% restante son criptoactivos con respaldo de otros activos como el oro o el dólar (y otras monedas).
Se trata de un mercado muy reciente, dado que la primera criptomoneda, el bitcoin, apareció en 2008, y a ella la han seguido hasta 20.000 criptomonedas más. Ya en 2021, los criptoactivos suponían un mercado de 3,38 billones de dólares, de los que 2,8 billones era el valor de las criptomonedas. Y eso porque entre 2020 y 2021, este mercado de criptoactivos dio un salto de gigante: su volumen se multiplicó por 10, con la entrada de inversores institucionales, que buscaban altas rentabilidades de riesgo ante una Bolsa plana y unos tipos de interés cero. Europa representa el 25% del mercado mundial de criptoactivos (845.000 millones de inversión, casi el 1% de la inversión financiera total), por delante de Estados Unidos (18% del mercado total de criptoactivos).
España es el 5º mayor mercado europeo de criptoactivos, con 60.000 millones anuales de inversión (el 2,7% de la inversión financiera total), sólo por detrás de Reino Unido, Francia, Alemania y Paises Bajos, según un reciente informe del Banco de España, que alerta sobre la gran penetración de los criptoactivos entre los españoles: los poseen el 12% de los adultos (13% de los hombres y 10% de las mujeres), casi 4.700.000 personas, muchas más de las que se pensaba. Y lo más llamativo es que se trata de una inversión muy popular entre los jóvenes de 18 a 24 años, sobre todo entre los más internautas.
A falta de datos concretos sobre España, sabemos que el 56% de los inversores en criptoactivos en Europa tienen entre 26 y 45 años y un alto nivel educativo, según un estudio hecho en la eurozona por la Fintech 2Gether, que revela su enorme atractivo para los llamados “nativos digitales”, jóvenes que creen que pueden “forrarse en poco tiempo” con las criptomonedas. De hecho, el 38% de los jóvenes españoles (entre 25 y 40 años) se plantean invertir en criptomonedas, según el neobanco Rebellion. Al amparo de este interés, proliferan las ofertas de criptomonedas en Internet, de plataformas de bitcoin y otras monedas virtuales. Y también han surgido ofertas de formación, algunas fraudulentas: en marzo, la unidad de delincuencia económica de la Policía Nacional detuvo a 8 cabecillas de IM Mastery Academy en España, acusados de “estafar con cursos virtuales sobre criptomonedas a miles de jóvenes” (a los que “captaban como una secta”, según los afectados). Aún así, esa empresa internacional convocó en Badalona, el 9 y 10 de abril, a 9.000 jóvenes de toda Europa a una Convención sobre criptomonedas, cobrando 200 euros a los asistentes. Su publicidad: “Alguna vez has sentido que estabas destinado a más”. La idea es ofrecer a los jóvenes “dar el pelotazo” y hacerse millonarios con las criptomonedas.
En medio del “boom” de los criptoactivos, el panorama económico ha cambiado, no sólo por la guerra de Ucrania (que fuerza a buscar inversiones más seguras) sino por la subida de los tipos de interés (dos veces ya en EEUU y una anunciada en Europa para julio). Dos hechos que han provocado una retirada de muchos inversores institucionales de los criptoactivos y un consiguiente desplome de las criptomonedas, en los últimos 6 meses (ver gráficos): el bitcoin ha perdido más de la mitad de su valor (de cotizar a 67.734 dólares el 9 de noviembre de 2021 a 29.698 dólares ayer 11 de mayo, una caída del -56,15%), lo mismo que el ethereum (cotizaba a 4.799 dólares el 9 de noviembre y a 2.177 el 11 de mayo, una caída del -54,6%). Y también han caído, aunque menos, los criptoactivos ligados al euro, al dólar y al oro.
Antes de este desplome, el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ya habían lanzado dos alertas a los inversores: ojo a los criptoactivos, a las criptomonedas, porque son una inversión muy peligrosa. En su 2ª alerta conjunta, publicada el 9 de febrero de 2022, ya advirtieron del “elevado riesgo de estas inversiones”, por la “extrema volatilidad, complejidad y falta de transparencia, que las convierte en una apuesta de alto riesgo”. Además, recordaban a los inversores (sin éxito, por lo que se ve) que los criptoactivos “no están regulados”, “no tienen consideración de medios de pago ni tienen respaldo de los Bancos Centrales ni están cubiertos por el Fondo de Garantía de depósitos e Inversiones”. Y tras insistir que son “instrumentos complejos”, no adecuados para pequeños inversores”, alertaban de que son “muy especulativos” y se puede perder todo lo invertido. Por si fuera poco, ambos organismos recordaban que en este mercado hay poca transparencia en la formación de precios, los criptoactivos tienen poca liquidez (hay dificultades para venderlos) y muchos problemas para reclamar, dado que las plataformas de venta y custodia son empresas extranjeras sin control de las instituciones financieras.
Precisamente, el gran problema de los criptoactivos es que se trata de un mercado sin regular, ni en Europa ni en el mundo. Tanto es así, que Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE), señalaba en abril que “se está creando un nuevo salvaje Oeste” con los criptoactivos. Y comparó su dinámica con la de las hipotecas de alto riesgo (las “subprime”) que causaron la grave crisis financiera de 2008. Con un agravante : el mercado de los criptoactivos (2,4 billones de dólares) duplica ya el tamaño de las hipotecas "subprime" (1,3 billones de dólares) Por eso, el BCE ha vuelto a alertar ayer del elevado riesgo de un mercado que funciona como un "esquema Ponzi": los inversores invierten mientras creen que los precios seguirán al alza, hasta que el entusiasmo se desvanece y todos empiezan a vender, estallando la burbuja.
La Comisión Europea presentó en septiembre de 2020 una primera propuesta para regular este mercado “salvaje”, pero el Consejo Europeo no aprobó el proyecto de Reglamento hasta noviembre de 2021. Y ahora, está pendiente del Parlamento Europeo, que en febrero de 2022 ha aprobado su posición, para negociarla ahora con el Consejo y aprobarla antes de fin de año. La idea es aprobar una norma europea, que sustituya a la que tienen algunos paises (Alemania, Francia o Italia) y sea la norma futura para España y los paises donde no hay regulación. La propuesta, llamada MiCA, establece normas para proteger a los usuarios de criptoactivos y obligaciones a los emisores y distribuidores, estableciendo una supervisión nacional (del Banco de España aquí) y europea en el caso de algunos criptoactivos.
En paralelo, el G-20 encargó a diversos organismos financieros internacionales que preparen Recomendaciones a los paises, ya aprobadas por el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB), para abordar la supervisión y regulación de los criptoactivos, con un seguimiento regular. Y el GAFI, el organismo internacional que vigila el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo, aprobó una Guía en 2021 para que los paises vigilen este aspecto de las criptomonedas y criptoactivos: se estima que un 1% se utilizan con fines ilícitos, para blanqueo de capitales, estafas y robos de fondos. Otros paises, como China o Rusia, no tienen problemas de regulación: simplemente, han prohibido operar con criptoactivos.
Mientras se aprueba un Reglamento europeo, las autoridades españolas que vigilan las inversiones financieras, la CNMC (Mercado de Valores) y el Banco de España, han tomado medidas recientes sobre los criptoactivos. En enero de 2022, la CNMV aprobó un a Circular para regular la publicidad de criptoactivos: supervisará la publicidad que hagan las plataformas de venta y los influencers, exigiendo una “comunicación previa” cuando vaya dirigida a más de 100.000 personas. Y siempre, la Circular (que entró en vigor el 17 de febrero) exige que la publicidad incluya un mensaje indicando que la inversión en criptoactivos “no está regulada y puede implicar la pérdida total de la inversión”. Ya en noviembre de 2021, la CNMV dio “un toque de atención” al futbolista Andrés Iniesta, por anunciar en sus redes sociales (38 millones de seguidores en Instagram) el portal de venda de criptomonedas Binance.
La otra medida, aprobada en octubre de 2021 por el Banco de España, fue la creación de un registro obligatorio para las empresas que ofrezcan criptoactivos, amparándose en la normativa de prevención de blanqueo de capitales. Daba 6 meses para hacerlo, y una de las primeras empresas en registrarse fue la alicantina Bit2Me, una plataforma que ofrece criptomonedas. Pero este registro es sólo a efectos de control, ya que no implica que el Banco de España asegure estas inversiones. Es sólo un paso hasta que Europa apruebe su Reglamento MiCA sobre criptoactivos y España lo aplique aquí.
Hasta ahora, los bancos españoles se han mantenido bastante al margen de los criptoactivos, por su alto riesgo y la falta de normativa. Sólo el BBVA fue el primer banco de la zona euro en ofrecer la compra venta de bitcoin, en junio de 2021, aunque a través de su filial de Suiza (ahora lo ha ampliado al ethereum). Banco Santander se prepara a ofrecer fondos de inversión vinculados a inversiones en bitcoin, pero no compraventa directa, como tampoco el resto de bancos españoles, que “permiten la compra pero sin asesorar”. Y fuera de la banca, el bitcoin no consigue avanzar como medio de pago, aunque algunas empresas lo utilicen como “gancho publicitario” para vender, sin apenas uso (inmobiliarias, empresas de consumo, Cepsa, Uber y hasta una empresa de taxis de Madrid…).
El desplome actual del bitcoin y la inexistencia de regulación impiden el auge de las criptomonedas a corto plazo, aunque parece indudable que a medio plazo aumentará su peso, al menos el de las monedas digitales (-e-dólar, e-euro, e-yuan) y las inversiones digitales con contrapartidas (activos reales). Parece claro que el futuro del dinero será digital, aunque no debe depender de que miles de ordenadores creen las criptomonedas (con un altísimo coste de energía, como pasa hoy) sino que las creen los paises, con sus reservas y Bancos Centrales detrás. Mientras, las criptomonedas hoy son una tentación como el juego, donde puede ganarse mucho y perderse mucho, sin reglas y con mucha opacidad, sin posible defensa ante gigantes que operan sin control a nivel mundial. Desde “la burbuja” de los tulipanes holandeses en 1630 (un tulipán valía más que una casa) a las hipotecas subprime de 2008 y las criptomonedas de ahora, siempre ha habido alguien que ofrecía “duros a peseta”. Pura especulación y puro fraude. Ojo a las promesas de dinero fácil.
lunes, 13 de diciembre de 2021
Bancos: más monopolio y más comisiones
| Enrique Ortega |
En la última década, tras la anterior crisis de 2008, se ha trastocado la esencia del negocio bancario: coger dinero con una mano (lo más barato posible) y prestarlo con la otra (lo más caro posible). Por un lado, empresas y particulares han salido escaldados de endeudarse tanto y piden menos créditos, que ahora se miran con lupa para concederlos a cuentagotas, Y por otro, la bajada drástica de los tipos de interés hace que los márgenes de la banca se reduzcan, poniendo en peligro sus abultados beneficios (y el dividendo de sus accionistas). La solución que buscaron fue reducir costes de forma drástica, por dos vías: recorte brutal de plantillas (han perdido 113.000 empleados desde 2008, un 40% de su personal) y cierre de sucursales (han desaparecido 23.391 oficinas desde 2008, el 51,2%). Y en paralelo, han buscado ser más grandes, fusionándose con otros bancos o comprando entidades en crisis, para rebajar así sus costes y cobrar ayudas fiscales millonarias. Pero no ha sido suficiente. Y por eso, en los últimos años, nos fríen a comisiones a los clientes.
Actualmente, los ingresos por las comisiones que bancos y cajas nos cobran son claves para sus cuentas. Basta analizar los resultados de los 5 grandes bancos (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell y Bankinter) hasta septiembre de 2021: han ganado 15.582 millones de euros, superando los malos resultados de 2020 por la pandemia (-7.734 millones perdidos de enero a septiembre) e incluso ganan ya un +48,86% más que antes de la pandemia (10.467 millones de beneficios entre enero y septiembre de 2019). Y la partida que más les crece son los ingresos por comisiones: 15.444 millones que nos han cobrado de enero a septiembre de 2021, un +11,1% más que en los nueve primeros meses de 2020. Y por si creemos que se debe a la recuperación tras la pandemia, veamos la comparación con 2019: en los nueve primeros meses de 2019, los ingresos por comisiones de los 6 grandes bancos (entonces estaba Bankia, ahora en las tripas de CaixaBank) fue de 6.931 millones de euros, un -1% menos que en 2018. Así que este año han ingresado por comisiones cobradas a los clientes más del doble que en 2019 (+122,8%).
Pero como el crédito se recupera lentamente y los tipos apuntan a que seguirán bajos hasta 2023 (y ya no pueden cerrar más sucursales ni despedir a más empleados), los bancos ven que tienen que seguir ingresando más por comisiones para seguir aumentando beneficios. De ahí que en septiembre, las 10 mayores entidades financieras dieran otra vuelta de tuerca y anunciaran a sus clientes una nueva subida de comisiones. Una subida que afecta a casi todos los clientes y que es mayor en los no vinculados, los que no tienen la nómina o pensión domiciliada. Y en paralelo, a los que sí la tienen, les exigen ahora una mayor cuantía para subirles menos las comisiones: si antes se les exigía una nómina o pensión mínima de 600 euros, ahora ya son 800 euros. Y en algunos casos, como el Deutsche Bank, se exige ahora una nómina de 1.500 euros para subir menos las comisiones.
La mayoría de los bancos han subido en septiembre las tres vías que utilizan para cobrarnos comisiones: la comisión por mantenimiento de cuenta (el Santander ha subido esta comisión 94 euros anuales, Ibercaja 48 y Kutxabank 40 euros), la comisión por emisión de tarjeta (ha subido un 7,5%) y por mantenimiento de tarjeta (ha subido de 7 a 8,50 euros) y la comisión por descubierto (de 4 euros ha pasado a 18 euros), según el seguimiento hecho por la asociación ASUFIN.
Con esta subida, la comisión media por cuenta queda ahora en 140 euros anuales para los clientes vinculados (110 euros por mantenimiento de cuenta y 30 por la tarjeta de débito) y mucho más para el resto, sobre todo los que no tienen nómina o pensión ni recibos domiciliados. Pero esto es una media, según ASUFIN. Porque hay entidades que cobran mucho más, como Santander (el banco que cobra más comisiones: 276 euros de media, 1,5 veces más que hace un año) o Bankinter (180 euros de media). Y otros que cobran menos, como Abanca (78 euros de comisión media, la entidad más barata) o Unicaja (92 euros anuales, 60 por mantenimiento de cuenta y 32 por la tarjeta). Y además, se han disparado las comisiones que los bancos cobran por tener acciones o Fondos de inversión.
La subida constante de comisiones no tiene sólo un fin recaudatorio, de asegurar ingresos que la banca no consigue con su negocio tradicional. Es una forma también de “seleccionar clientes”, según denuncia ASUFIN: me interesan los que tienen más ingresos y “tienen todo conmigo” (desde la nómina a la hipoteca o los Fondos de inversión), porque son clientes “rentables”. Y el resto, los que tienen nóminas bajas y encima no se vinculan conmigo, les breo a comisiones y les cobro por todo, hasta 2 euros por retirar dinero de ventanilla, buscando que se harten y se vayan, porque “no quiero ese tipo de clientes”. Esta estrategia es más propia de los grandes bancos, con millones de clientes y muchas oficinas, que son los más duros con la subida de comisiones. Y “abren más la mano” los pequeños, los necesitados de clientes.
Esta estrategia está creando una brecha bancaria entre unos clientes, los rentables, y el resto, que no interesan tanto y sufren las consecuencias, porque no pueden “vivir sin los bancos” en una sociedad tan bancarizada como la española. Sólo les queda quejarse y poner reclamaciones (las motivadas por comisiones crecieron un 91% en 2020), que no van a ningún lado, porque las comisiones son legales y están comunicadas al Banco de España. Y la otra vía es cambiar de banco e intentar negociar con otro, si se tienen “contrapartidas” (nómina, pensión, hipoteca, acciones, Fondos…), algo que le falta a muchos clientes.
Los bancos y cajas nos cobran ahora más comisiones no sólo porque “lo necesitan más” sino “porque pueden hacerlo”, porque ahora que son menos tienen más poder sobre el mercado y sus clientes. Es una de las consecuencias negativas de las fusiones: hay menos bancos para operar y los que quedan son más fuertes. De hecho, los 5 grandes bancos españoles controlan ya dos tercios del mercado bancario (el 66,4% de los activos). Una concentración bancaria que supera la de Francia, Italia o Alemania. Veamos los datos. El indicador de concentración bancaria es el índice Herfindalh-Hirschman. España tiene un índice de 1.081 puntos, según el BCE, que indica una “concentración moderada”, todavía alejada de la “concentración alta” (índice superior a 1.800, que tienen Finlandia, Holanda, Lituania, Chipre o Grecia) y de la situación de "monopolio" (índice superior a 2.500, que sólo tiene Estonia), aunque es uno de los paises donde el índice se ha duplicado (era 497 en 2008). Pero tenemos una concentración bancaria (índice 1.081 puntos) que casi duplica la de Francia (688) o Italia (675) y triplica la de Alemania (325 puntos).
Pero la mayor fuerza de la banca no es sólo que haya menos entidades. Es que además, como han cerrado más de la mitad de sucursales, las oficinas bancarias que quedan abiertas tienen mucho más poder en media España. Y digo en media España porque el 54% de los municipios españoles no tienen ninguna sucursal bancaria (4.443 de 8.151 municipios, ver el mapa de oficinas cerradas por autonomías), según los datos del Banco de España y el INE. Eso supone 1,6 millones de españoles sin una oficina bancaria cerca. El resto, el 46% de localidades con banco, tienen en muchas ocasiones los servicios de un solo banco, con lo que tienen muy fácil subir comisiones y seleccionar clientes. El Banco de España acaba de publicar el dato y es impresionante: en 1 de cada 3 códigos postales donde hay banco sólo opera una única entidad bancaria. Hay un monopolio bancario de hecho.
Las provincias con más códigos postales en situación de monopolio bancario son Toledo (70 códigos postales), A Coruña (60), Badajoz (59), Pontevedra (54), Cáceres y Girona (53), Lleida (50), Orense (48), Ciudad Real y Cuenca (47), Barcelona (46), Asturias (45), Zaragoza (44), Valencia (43) y Zamora (40), según el Banco de España. Así que los españoles que tienen menos bancos donde elegir son los que viven en Extremadura, Galicia, Castilla la Mancha y Cataluña. Apenas aparece Castilla y León porque ahí el problema es otro: el 83,41% de sus municipios no tienen ninguna oficina bancaria.
Esta situación de monopolio beneficia sobre todo a CaixaBank, que opera en solitario (sin competencia) en 460 códigos postales (de los 1.619 existentes), seguida a mucha distancia de Abanca (monopolio en 187 códigos postales, sobre todo en Galicia), Unicaja (monopolio en 127 códigos postales, sobre todo en Andalucía), Ibercaja (monopolio en 127 códigos postales, sobre todo en Aragón) y varias Cajas (Kutxabank, Caja Mar, Caja Sur) y Cajas Rurales (Eurocaja Rural, Albacete, Ciudad Real, Jaén). Curiosamente, el Santander sólo está en monopolio en 23 códigos postales y el BBVA en 32.
Estos datos oficiales (Banco de España) reflejan el panorama bancario tan desolador que tenemos: más de media España sin una oficina bancaria y en la otra media, un tercio de lugares con sólo un banco o Caja que hace y deshace. Y todo ello con menos oficinas y menos empleados, con un peor servicio que ahora nos cobran mucho más caro. Unas comisiones bancarias que se han duplicado en los últimos dos años y que seguirán subiendo, cada trimestre o semestre, hasta que se recupere más el crédito y suban los tipos. Y como telón de fondo, unos bancos con más poder, que “seleccionan” a sus clientes.
Ante este panorama, poco se puede hacer, salvo intentar negociar con nuestra entidad o cambiar de banco (que hará lo mismo). Quizás apostar por la banca online (ING y Openbank), que suelen cobrar menos comisiones, o arriesgarnos con los “neobancos” (N26, Revolut, Bnext, Bitsa, Rebellion Pay, Bnc10, Monesa, Qonto, Nickel, Vivid Money…), que buscan entrar en España (sin comisiones) y que no sabemos lo que nos cobrarán en el futuro. Incluso las telecos nos ofrecen servicios bancarios: Movistar Pay, Orange Bank… Y tenemos un amplio abanico de plataformas de pago, desde PayPal a Amazon Pay o Google Pay.
El Parlamento Europeo nos abrió en 2016 otro camino, la “cuenta bancaria básica”, que Rajoy retrasó al máximo (fue aprobada a finales de 2017) y que la vicepresidenta Calviño no ha perfilado hasta marzo de 2019. Se trata de una cuenta bancaria que permite realizar los servicios básicos (domiciliar recibos, realizar transferencias y disponer de una cuenta de débito para sacar dinero en cajeros y pagar en comercios europeos), con el pago de una comisión de 3 euros mensuales (36 euros al año). Los bancos y cajas están obligados a hacernos esta cuenta básica, que tiene 2 limitaciones: no podemos abrirla si ya tenemos una cuenta en el banco (hay que abrirla en otro donde no seamos clientes) y tiene un límite de 120 operaciones al año (adeudos y transferencias).
La verdad es que esta cuenta no ha tenido mucho éxito, porque la mayoría de clientes no saben que existe y la banca no les informa. Y también porque exige cambiar de banco, con las complicaciones de cambiar nómina, pensión y domiciliaciones. Pero puede ser una alternativa para los clientes que usen poco su banco. Otra vía, que se abrió también en marzo de 2019, es la cuenta bancaria básica gratuita, para personas sin recursos (que ingresen menos de 13.557 euros los solteros, menos de 16.947 euros las familias de menos de 4 miembros y menos de 20.336 euros la familias de 4 y más miembros). Permitirá realizar los servicios bancarios básicos, como la otra cuenta básica, pero gratis.
Para la mayoría de españoles, sólo nos queda intentar descifrar las comisiones que nos cobran periódicamente los bancos y tratar de “negociar” que las suban menos, aunque tengamos que darles algo a cambio (como hacernos un seguro o comprar un Fondo). Estamos en manos de los bancos y cajas y cada vez más, porque hay menos oficinas cerca, con mucha más fuerza para imponernos sus condiciones: “son lentejas…”. Ni la Comisión Europea ni los Gobiernos ponen coto a esta prepotencia. Así que habrá que seguir pagando.
