En 1990, la ONU introdujo un índice para medir el desarrollo de los paises: el índice de desarrollo humano (IDH), que mide 3 indicadores claves para reflejar la situación económica y social de un país: la esperanza de vida de la población, el nivel de estudios y educación y el nivel de vida (PIB per cápita descontando la inflación). Sobre estos 3 indicadores, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publica cada año el índice de desarrollo humano del mundo y el índice de los 193 paises analizados. Y el PNUD acaba de publicar el IDH de 2024, una “alerta” para el mundo: se ha estancado en 0,76 puntos en 2024, el mismo índice que en 2023 y casi el mismo que en 2019, antes de la pandemia (0,75). El objetivo de la ONU era que este índice de desarrollo humano (IDH) llegara a 0,81 puntos en 2030, pero los expertos del PNUD alertan que va a ser difícil conseguirlo y que si seguimos la tendencia de estos últimos años, el IDH podría estancarse en esos 0,76 puntos actuales en 2030, algo que nunca ha pasado en las últimas décadas. Y eso porque los paises ricos crecen poco y se ha estancado el crecimiento de los paises en desarrollo, una situación agravada en los últimos meses por las crisis geopolíticas y las tensiones en el comercio mundial, por la amenaza de aranceles de Trump. Y además, se está frenando la bajada de tipos (en USA y Europa), lo que agrava los problemas de deuda de muchos paises.
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lunes, 12 de mayo de 2025
El desarrollo humano se estanca
Los españoles y el resto de europeos estamos ahora
preocupados por nuestra seguridad y por una nueva crisis si se mantienen
los aranceles de Trump. Una visión “eurocentrista” de los
problemas del mundo, que no escucha la última alerta de la ONU: el
desarrollo humano se ha estancado en 2024 y de seguir así, los paises en
desarrollo seguirán con problemas en los próximos 25 años. Además, este
estancamiento económico global ha aumentado las diferencias entre paises
ricos y pobres, otro detonante de tensiones geopolíticas. Y en paralelo,
también desoímos otra alerta reciente de la OMS: el atraso
económico y la pobreza acortan la vida en los paises más pobres y dentro de
los paises, donde los más vulnerables viven menos años. En un momento donde Trump
y el nacionalismo ultra atacan la cooperación internacional, es
más urgente que nunca mantenerla y avanzar en el comercio y las inversiones
internacionales, en reducir las diferencias entre paises ricos y pobres.
Porque un mundo menos desigual nos beneficia a todos.
En 1990, la ONU introdujo un índice para medir el desarrollo de los paises: el índice de desarrollo humano (IDH), que mide 3 indicadores claves para reflejar la situación económica y social de un país: la esperanza de vida de la población, el nivel de estudios y educación y el nivel de vida (PIB per cápita descontando la inflación). Sobre estos 3 indicadores, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publica cada año el índice de desarrollo humano del mundo y el índice de los 193 paises analizados. Y el PNUD acaba de publicar el IDH de 2024, una “alerta” para el mundo: se ha estancado en 0,76 puntos en 2024, el mismo índice que en 2023 y casi el mismo que en 2019, antes de la pandemia (0,75). El objetivo de la ONU era que este índice de desarrollo humano (IDH) llegara a 0,81 puntos en 2030, pero los expertos del PNUD alertan que va a ser difícil conseguirlo y que si seguimos la tendencia de estos últimos años, el IDH podría estancarse en esos 0,76 puntos actuales en 2030, algo que nunca ha pasado en las últimas décadas. Y eso porque los paises ricos crecen poco y se ha estancado el crecimiento de los paises en desarrollo, una situación agravada en los últimos meses por las crisis geopolíticas y las tensiones en el comercio mundial, por la amenaza de aranceles de Trump. Y además, se está frenando la bajada de tipos (en USA y Europa), lo que agrava los problemas de deuda de muchos paises.
El otro problema sobre el que alerta la ONU es el
aumento de la desigualdad entre los paises, una brecha que se había
reducido y que ha crecido tras la pandemia. Esta desigualdad se refleja en los
distintos índice de desarrollo humano (IDH) que publica
el PNUD (ver listado). Hay un primer grupo de 74 paises de “muy alto
nivel de desarrollo”, con un IDH de 0,914 puntos, encabezado por
Islandia (0,972 puntos), Noruega (0,970). Suiza (0,970), Dinamarca (0,962) y
Alemania (0,959 puntos). EEUU ocupa el lugar 17 (0,938 puntos del IDH), Francia
el 26º, España el lugar 28º (0,918 puntos) e Italia el 29º (0,915 puntos).
El segundo grupo de paises, por su “desarrollo humano”
(esperanza de vida, educación y nivel de vida) lo integran otros 50 paises con
un “alto nivel de desarrollo” (media IDH 0,777 puntos), donde
están China (0,797 de IDH), Brasil (0,786) y muchos paises de Latinoamérica,
Asia y Oriente medio. El tercer grupo lo integran 43 paises con un “nivel
medio de desarrollo” (0,656 de IDH), entre ellos India (0,685) y varios
paises de Asia y África. Y el cuarto grupo lo integran los 26 paises con “bajo
nivel de desarrollo”
(0,515 puntos de IDH), los paises más pobres y con peor desarrollo humano del
mundo. De los 10 últimos, 9 son paises de África: Sudán del sur (0,388
de IDH, la mitad que la media mundial), Somalia (0,404), República Centroafricana
(0,414), Chad (0,416), Níger (0,419), Mali (0,419), Burundi (0,439), Burkina
Fasso (0,459), Sierra Leona (0,467) y Yemen (0,470 puntos IDH).
El informe
del PNUD (ONU) alerta que esta desigualdad en el desarrollo entre
paises se ha agravado en 2024, el 4º año consecutivo en que crece la
brecha entre paises ricos y pobres, tras haberse reducido en las dos
décadas anteriores. Y alertan que esta mayor desigualdad mundial es un riesgo
porque alienta el aumento de conflictos y de ruptura económica.
Además, el informe muestra su
preocupación por el futuro, ya que si se mantienen
estas tendencias (estancamiento del IDH y aumento de la desigualdad entre
paises), será difícil conseguir los Objetivos del Desarrollo previstos
para 2030, entre ellos, acabar con el hambre en el mundo: actualmente pasan
hambre 733 millones de personas y la ONU solo puede atender, con el
programa de alimentos (WFP)
a 123 millones de personas. ”Si sigue el estancamiento actual, los objetivos
previstos para 2030 pueden demorarse décadas, haciendo del Planeta un lugar
menos seguro, más dividido y más vulnerable a las perturbaciones económicas y
ecológicas”, alerta Achim Steiner, administrador del PNUD (ONU).
En paralelo a este informe de la ONU se ha publicado la
semana pasada otro
informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que tampoco ha
tenido eco en los medios. Su conclusión es tremenda: la pobreza acorta la
vida. El estudio revela que la falta de oportunidades laborales, de
educación y vivienda son más determinantes para provocar problemas de salud que
los factores genéticos y sanitarios. Y que el nivel de desarrollo supone que
las personas vivan más o menos. Un ejemplo: en paises de altos ingresos
(como Suecia o Japón), la esperanza de vida es 33 años superior a
la de paises pobres (como Chad o República Centroafricana. Y reitera
la OMS: “millones de personas sufren más riesgo de enfermedad y muerte
por las condiciones socioeconómicas en que han nacido o por el grupo social al
que pertenecen. La desigualdad sanitaria no es un accidente, es consecuencia de
la forma en que la sociedad distribuye recursos y oportunidades”.
Este informe
de la OMS no sólo refleja una desigualdad en la sanidad y esperanza de
vida entre paises, según su nivel de desarrollo, sino también dentro
de cada país, según las zonas y grupos sociales. Así, revela que en el
mismo Japón, los hombres de las regiones más atrasadas viven 2 años y
medio menos que los de las zonas ricas. En Canadá, los inuit viven de
media 12,5 años menos que el resto de la población. Y en Australia, la
población aborigen vive 10 años menos que la media de la población. También en
España, los datos del INE reflejan que la esperanza de vida en los
municipios más ricos (Majadahonda, Las Rozas, Pozuelo) es 6 años mayor que en
los municipios más pobres y con más paro (Ceuta, la Linea de la Concepción,
Melilla, Algeciras o Linares).
La OMS
también alerta que el mayor o menor desarrollo afecta también a la
mortalidad infantil: los niños nacidos en paises pobres tienen hasta
13 veces más de posibilidades de fallecer antes de cumplir los 5 años que los de
las naciones más ricas. Y señala que si consiguiéramos reducir las
desigualdades entre los paises (con inversiones en servicios sanitarios, sociales,
educación, servicios públicos e infraestructuras),
se podría salvar la vida de 1,8 millones de niños del mundo cada año…
Volviendo al estancamiento del desarrollo humano (IDH), la ONU
(PNUD) propone medidas para impulsar el crecimiento mundial,
con más cooperación internacional por la vía de inversiones y comercio, al
contrario de lo que propone Trump y la extrema derecha mundial. También es
clave la inversión en educación y sanidad. Y en su informe,
proponen aprovechar
la Inteligencia artificial (IA) para impulsar el desarrollo de los
paises más pobres, lo que exige solventar las actuales brechas de estos paises
en su acceso a la electricidad, a Internet y a las aplicaciones de la IA. En definitiva,
creen que la IA puede corregir parte de la actual desigualdad mundial, pero si
se aplica mal, sin contar con los paises en desarrollo, puede agravar esa
desigualdad, planteando un futuro a 2 velocidades…
El problema de fondo es que la economía mundial se ha
estancado tras la pandemia, tras décadas de crecimiento, según revela otro
informe, esta vez del Banco Mundial. Y no sólo crecen menos los paises
ricos, sino que “ha pinchado” el crecimiento de los paises en desarrollo:
crecieron una media del +5,9% entre 2000 y 2010, un +5,1% entre 2010 y 2020 y sólo
el +3,5% entre 2020 y 2024, según
el Banco Mundial. Y además, estos paises en desarrollo han crecido un 0,5%
menos que las economías ricas desde 2014, lo que ha ampliado la brecha de
desarrollo entre paises ricos y pobres.
Lo preocupante es su futuro: “los próximos
25 años serán más difíciles para las economías en desarrollo de lo que han sido
los últimos 25 años”, augura
Indermit Gill, economista jefe del Banco Mundial. Así que no sólo tenemos
el problema de que se ha estancado el desarrollo humano de los
más pobres (como dice la ONU) sino que seguirá estancado los próximos
años. Y eso porque se han frenado las fuerzas que les hicieron crecer, sobre
todo el comercio y las inversiones (y la deuda) . Y ahora, con un menor
crecimiento también para los paises ricos, preocupa que los paises en
desarrollo frenen sus exportaciones y reciban menos inversiones, mientras les
sigue pesando la deuda (por los todavía altos tipos de interés) y se agravan
las consecuencias negativas del cambio climático.
El futuro de las economías en desarrollo
no sólo es importante para ellas sino también para las economías desarrolladas.
Y a su vez, el crecimiento de EEUU, Europa y Japón es clave para promover el
crecimiento de los paises en desarrollo. Actualmente, ambas crecen poco y se multiplican
los problemas en el comercio mundial (aranceles y proteccionismo), las
inversiones y la deuda. El
informe del Banco Mundial señala que los paises en desarrollo
necesitarán en los próximos años un nuevo modelo estratégico que
acelere las reformas estructurales, fomente la inversión nacional y extranjera,
fomente nuevas áreas de relaciones comerciales y promueva un uso más eficiente
del capital, el talento y la energía. Y estos retos serán claves en América
Latina, África y Asia, los paises con menos crecimiento futuro. Las
dificultades serán el aumento de la incertidumbre de los inversores, las
tensiones geopolíticas y comerciales y el temor a una mayor inflación, que
frene la bajada de tipos y encarezca la deuda.
“El mundo no puede permitirse dar la espalda a los
paises en desarrollo”, dijo
hace un año en Washington el economista jefe y vicepresidente del Banco
Mundial, Indermit Gill. Y no sólo por humanidad y por justicia, también por
“egoísmo económico”: “La historia deja claro que cerrar las brechas de renta
y desarrollo entre las naciones más pobres y las más ricas beneficia a todas
las economías”, señaló
el Banco Mundial. Porque si los 75 paises más pobres mejoran y se
reduce la brecha con los ricos, todos saldremos ganando en
crecimiento, comercio, inversiones, empleo, con menos guerras, tensiones y
conflictos.
Ahora que parece que cada país y cada continente se
cierran sobre sí mismos, es el momento de coordinar esfuerzos, de aunar
fuerzas y reforzar las instituciones internacionales, para reducir el
hambre, la pobreza y la desigualdad entre paises. Hasta ahora habíamos reducido
la brecha entre ricos y pobres, pero ahora hay
más desigualdad global, una fuente de conflictos, de más muertes y
menos esperanza de vida. Hay que atajarla entre todos, con más comercio,
inversiones y colaboración multinacional. Miremos un poco al mundo.
En 1990, la ONU introdujo un índice para medir el desarrollo de los paises: el índice de desarrollo humano (IDH), que mide 3 indicadores claves para reflejar la situación económica y social de un país: la esperanza de vida de la población, el nivel de estudios y educación y el nivel de vida (PIB per cápita descontando la inflación). Sobre estos 3 indicadores, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publica cada año el índice de desarrollo humano del mundo y el índice de los 193 paises analizados. Y el PNUD acaba de publicar el IDH de 2024, una “alerta” para el mundo: se ha estancado en 0,76 puntos en 2024, el mismo índice que en 2023 y casi el mismo que en 2019, antes de la pandemia (0,75). El objetivo de la ONU era que este índice de desarrollo humano (IDH) llegara a 0,81 puntos en 2030, pero los expertos del PNUD alertan que va a ser difícil conseguirlo y que si seguimos la tendencia de estos últimos años, el IDH podría estancarse en esos 0,76 puntos actuales en 2030, algo que nunca ha pasado en las últimas décadas. Y eso porque los paises ricos crecen poco y se ha estancado el crecimiento de los paises en desarrollo, una situación agravada en los últimos meses por las crisis geopolíticas y las tensiones en el comercio mundial, por la amenaza de aranceles de Trump. Y además, se está frenando la bajada de tipos (en USA y Europa), lo que agrava los problemas de deuda de muchos paises.
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jueves, 25 de abril de 2024
Crece la "brecha" entre paises ricos y pobres
La gente no quiere leer sobre la pobreza (“no
vende”). Por eso, los medios han escondido esta reciente noticia: la
“brecha” entre los paises ricos y pobres se ha agrandado entre 2020 y 2024,
por primera vez en este siglo, según el Banco Mundial, por la pandemia,
la inflación, los conflictos y la subida de tipos. En paralelo, el Banco
Mundial lanza otra alerta: será “poco probable” cumplir
con el objetivo de acabar con la pobreza para 2030: los 700 millones
de pobres actuales sólo bajaran a 600 millones. Pero creen que todavía se
puede “cambiar el rumbo” y reducir la pobreza de los 75 paises más
afectados (la mitad en África y el resto en Asia y América). Por un lado, estos
paises tienen que reformar drásticamente sus economías, como hicieron
China, India o Corea (antes pobres). Pero es clave la ayuda del resto,
con inversiones y préstamos, ayudándoles a reestructurar su deuda y a afrontar
el cambio climático. No miremos para otro lado.
La cuarta parte de la humanidad (1.900 millones de
personas) vive en 75 paises pobres, cuya situación económica y
financiera es tan precaria que son los únicos paises del mundo que reciben
subvenciones y préstamos a bajo interés del Banco Mundial (BM). Son los
llamados “paises AFI” (porque reciben esa ayuda financiera de la Asociación Financiera
Internacional (BM). Más de la mitad de estos 75 paises AFI, los más
pobres, se encuentran en el África subsahariana (39 paises),
otros 14 paises se encuentra en Asia oriental (principalmente pequeños
estados insulares, otros 8 son paises de América Latina y el Caribe
(Nicaragua, Honduras, Haití, Guyana y varios estados insulares) y el resto son
pequeños paises de Asia central y meridional y de Oriente Medio (ver listado).
Los datos
que aporta este Informe son muy preocupantes. Uno de cada tres paises
AFI (o sea, 25 paises) es más pobre hoy que en 2019, antes de la
COVID. La tasa de pobreza extrema es más de 8 veces superior a la media del
resto del mundo: 1 de cada 4 personas de los paises AFI (475 millones de
habitantes) sobreviven con menos de 2,15 dólares al día (2 euros). Y en
31 paises AFI, los ingresos per cápita son menores a 1.315 dólares anuales
(3,60 dólares diarios, 3,38 euros al día). Además, el 92% de las
personas que padecen hambre o malnutrición viven en esos paises. Y la
mitad de estos paises pobres se encuentran en situación de sobreendeudamiento o en
grave riesgo de padecerlo, un pesado lastre para su futuro.
Este débil crecimiento y los problemas económicos y
geopolíticos de los últimos años han acrecentado
las debilidades que estos paises pobres ya tenían antes , lastrando
su desarrollo económico, social y político. Además, estos países son los que
más han sufrido (y sufrirán) las consecuencias negativas del cambio
climático: en la última década, los daños por fenómenos climáticos en
infraestructuras y cosechas se han duplicado. Y tampoco les ayuda el aumento
de la violencia y los conflictos, en sus paises o en la región: 33 de
los 75 paises AFI son Estados afectados por conflictos bélicos, políticos o
sociales. Por todo ello, el Banco
Mundial titula
su informe como “La Gran Regresión” y teme que los años 20 de
este siglo sean “una década perdida para el desarrollo”.
El problema además es que estos paises pobres se han
estancado unos años en que lo han hecho también todas las economías
: el crecimiento de la economía mundial bajó del 6,2% en 2021 al 3% en
2022, el 2,6% en 2023 y un 2,3% esperado para 2024, lo que supone el menor
crecimiento de la economía mundial en las últimas 3 décadas, según
el informe de enero del Banco Mundial . Eso provoca que los paises ricos
y en desarrollo tengan menos potencial para ayudar a los paises pobres, por
varias vías, entre ellas las inversiones y préstamos, que se han
frenado. Y con la crisis, todos han reducido su ayuda al desarrollo y los
proyectos de cooperación, lo que dificulta la lucha contra el hambre.
Analicemos más en detalle la deuda y el hambre en los paises pobres.
La abultada deuda externa es uno de los problemas
estructurales de los paises pobres, que se agrava con la subida de tipos y con
la reducción de inversiones y préstamos de los paises ricos. De hecho, la
deuda de los 75 paises más pobres ha crecido en los últimos años,
mientras la reducían las economías avanzadas, que se han ”desendeudado”. Así, el
país más endeudado del mundo es Sudán, con una deuda que supone el
280% de su PIB, muy por delante de la de Japón (254%), Italia (159%), Grecia
(158%), EE. UU. (123%), Maldivas (121%), Cabo Verde (112%), Francia (111%), Barbados (107%),
Bélgica (105%), Reino Unido (104%) o España (106%), según el Banco Mundial. Y
después les siguen en el ranking de más endeudados República Dominicana
(98,7%), Egipto (96,4%), Bolivia (86,7%), El Salvador
(84,4%), Gabón (73% PIB) y Angola (70,3%).
El otro problema estructural es el hambre, una
epidemia en los 75 paises AIF, que apenas se ha reducido en los últimos años,
por la menor renta per cápita. En todo el mundo hay 700 millones de personas
en situación de pobreza extrema, viviendo con menos de 2,15 dólares al día
(2 euros), según el último
dato del Banco Mundial. El 60% de estas personas en pobreza extrema
(pasando hambre) están en África subsahariana y más de la mitad son niños.
Lo que ha pasado es que, entre 2020 y 2023 se han frenado los avances en la
lucha contra la pobreza extrema y el hambre, por primera vez en décadas, y hay
122 millones de hambrientos más que en 2019. El Banco
Mundial lanzó en octubre otra alerta: es “poco
probable” que en 2030 se cumpla el Objetivo de Desarrollo y se suprima
el hambre en el mundo. Habrá
600 millones en pobreza extrema en 2030.
A pesar de este negro panorama, el informe del Banco
Mundial dice textualmente que “todavía se puede cambiar el rumbo”.
Por dos vías. Una, con cambios drásticos en los paises pobres,
que tienen un gran potencial: mucha población joven, numerosos
recursos naturales y minería y un tremendo potencial energético (energía solar,
eólica e hidráulica). Eso sí, necesitan mejorar la educación, la sanidad y las
infraestructuras para aprovechar este potencial. Pero pueden hacerlo. Y el
Banco Mundial pone el ejemplo de China, India y Corea, tres
paises que en su día fueron pobres y ahora son economías fuertes. Pero para
conseguirlo, necesitan una reforma a fondo de su política fiscal y
monetaria, aprovechar las oportunidades comerciales, luchar contra la
corrupción y mejorar sus estructuras políticas y sociales. Pero para todo
ello, hay que avanzar en otra vía, la ayuda de los paises
desarrollados.
Los paises ricos y en desarrollo necesitan
comprometerse con los países pobres con inversiones, préstamos y asesoramiento.
En los últimos años, tras la pandemia, la mayoría de los paises ricos y en
desarrollo se han replegado del Tercer Mundo, recortando
inversiones, préstamos y compras. A principios de abril, el
subsecretario del Tesoro USA expresó su preocupación porque los acreedores
privados y públicos se hayan alejado de los paises AIF (pobres), advirtiendo
a China y a otros acreedores emergentes que “no pueden reducir sus
préstamos a paises pobres justo cuando el FMI, el BM y otros bancos
multilaterales están inyectando más fondos”. Es hora de renegociar la
deuda (tipos y plazos), prestar más y destinar más inversiones a
proyectos en paises pobres. Y sobre todo, ayudarles a invertir en energías
limpias porque ellos solos no pueden hacerlo: crear
ese Fondo de 100.000 millones de dólares del que se habla en cada Cumbre
del clima.
“El mundo no puede permitirse dar la espalda a los
paises AIF”, dijo
la semana pasada en Washington el economista jefe y vicepresidente del
Banco Mundial, Indermit Gill. Y no sólo por humanidad y por justicia,
también por “egoísmo económico”: “La historia deja claro que cerrar las
brechas de renta y desarrollo entre las naciones más pobres y las más ricas
beneficia a todas las economías”, señala
el Banco Mundial. Porque si estos 75 paises más pobres mejoran y se
reduce la brecha con los ricos, todos saldremos ganando en
crecimiento, comercio, inversiones, empleo, con menos guerras, tensiones y
conflictos.
Ahora que parece que cada país y cada continente se cierran
sobre sí mismos, es el momento de coordinar esfuerzos, de aunar
fuerzas y reforzar las instituciones internacionales, para reducir el
hambre, la pobreza y la desigualdad entre paises. Hasta ahora habíamos reducido
la brecha entre ricos y pobres, pero ahora hay más desigualdad global.
Hay que atajarla entre todos.
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jueves, 5 de mayo de 2016
Cooperación española: recortes de vergüenza
Mucho vender la “marca
España” por el mundo y resulta que somos el país que más ha recortado la ayuda a los países pobres y el cuarto país que menos dinero aporta
al mundo subdesarrollado. Con la crisis, el Gobierno Rajoy ha recortado ayudas
dentro pero más fuera, donde hay 900 millones de personas en pobreza extrema.
La OCDE acaba de publicar un informe
demoledor sobre la ayuda española: gastamos
poco y mal en los países pobres.
Y las ONGs denuncian sobre todo el hundimiento
de la ayuda humanitaria, para situaciones de emergencia (como la
de Ecuador), que ha pasado de 320
millones anuales a sólo 50 millones. Urge
recuperar la Cooperación de España en el mundo, que fue ejemplar hasta
2008. Todos los grupos políticos (salvo
el PP) han aprobado una proposición
no de ley para triplicar la ayuda en la
próxima Legislatura. Se puede y se debe. Porque ayudar a los más pobres
tiene una triple recompensa: moral, política y económica. No nos
avergüencen.
![]() |
| enrique ortega |
Los fondos de ayuda al desarrollo (FAD) es el dinero que los países ricos destinan a
ayudar a los países pobres, con proyectos para luchar contra la pobreza y el
subdesarrollo. Con la crisis, todos
los países occidentales recortaron sus
aportaciones, que cayeron entre 2007 y 2009, estancándose después. Pero ahora,
los últimos datos de la OCDE revelan que la
ayuda al desarrollo (FAD) se está recuperando: creció un 6,8% en 2015, por tercer año consecutivo, y
alcanzó los 146.680
millones de dólares (28 países). Eso supone que ahora dedican un 0,30% de su PIB para ayudar a los países
pobres, volviendo a los niveles de ayuda de 2006, aunque el dato tiene "truco": inflan las ayudas al desarrollo incluyendo en ellas lo que los países ricos gastan "dentro" en atender a los refugiados (12.000 millones de dólares en 2015). Y aún así, todavía están lejos del objetivo del 0,7%, que
comprometieron gastar con la ONU, en
1970. Los que más gastan en
ayudar a los países pobres son Estados
Unidos (31.080 millones dólares), Reino
Unido (18.700), Alemania (17.780), Japón
(9.320) y Francia (9230 millones
dólares) , pero gastan poco en relación a su riqueza (0,17% de su PIB USA o el 0,51%
Alemania) y sólo hay 6 países que gastan
en ayuda al desarrollo más del 0,7% que
propone la ONU: Suecia (1,40% de su
PIB), Noruega (1,05%), Luxemburgo (0,93%), Dinamarca (0,85%), Países Bajos
(0,76%) y Reino Unido (0,71%).
España está en el pelotón de cola de la ayuda al desarrollo: gastó 1.446 millones
de euros en 2015, un 0,13% del PIB, el
cuarto país que menos ayuda a los países pobres, sólo por delante de la
República Checa (0,13%), Eslovaquia y Polonia (0,10%), incluso menos que Grecia
(0,14%) o Portugal (0,16%), según el ranking 2015 que acaba de publicar la OCDE. Y España
es el país occidental que más ha recortado su ayuda al desarrollo con la
crisis: un -73,7%, pasando de gastar
5.500 millones de euros en 2008 a 1.446
millones en 2015, casi la cuarta
parte. El impresionante recorte muestra el cambio drástico que ha dado la ayuda exterior española: si en los años 80
gastábamos mucho menos que los demás (0,04% del PIB frente al 0,34 total en
1983), en los años 90 nos equiparamos (0,28% frente a 0,29% en 1993) y en la
década del 2000 superábamos incluso al resto de la OCDE, con un máximo en 2008: España dedicó el
0,45% de su PIB a ayudas al desarrollo frente al 0,30% de los 28 países
ricos. Pero en 2011, Zapatero pega el primer tajo a la Cooperación (baja al 0,29%) y en 2012 y
2013, Rajoy pega dos tijeretazos más, para bajarla al actual 0,13% del PIB. En
resumen: de ser “un país modelo” en
ayuda al desarrollo hemos pasado a ser “un
vergonzoso ejemplo”.
El recorte a las ayudas al desarrollo y la
Cooperación internacional no lo ha hecho sólo el Gobierno central, sino también las autonomías, Ayuntamientos,
Universidades, Fundaciones, entidades y empresas: hay más de 900 entidades
que ayudan y suponen un 15% del gasto total. Y este desplome de fondos ha
supuesto el cierre de proyectos en
muchos países y la desaparición de un
tercio de las ONGs,
según un informe de la Caixa. En España hay unas 2.000 ONGs que gestionan ayudas
al desarrollo en unos 100 países y su futuro es muy incierto porque dependen en
un 60% de recursos públicos (recortados). Las ONGs que no han cerrado han
tenido que recortar plantillas, sueldos y proyectos, mientras buscan
desesperadamente recursos de empresas y particulares. Porque si en 2010, los
fondos públicos al desarrollo llegaban a
665 ONGs españolas, en 2012 sólo
llegaron a 78 ONGs.
El problema no es solo que se gaste casi la cuarta parte en Cooperación internacional. Otro
problema grave es que además se gasta mal. Primero, porque no
se gasta todo el menguante dinero disponible: en 2012, un tercio de la
ayuda al desarrollo no llegó a su destino por problemas de gestión de los
créditos reembolsables. En 2013 sólo se
gastó el 69% del presupuesto disponible y en 2014 no debió subir del 70%.
Segundo, porque una buena parte de la ayuda se gasta en burocracia, en gastos administrativos, no en proyectos
concretos. Y además, expertos y ONGs se quejan de que no hay auditorías que sigan la eficacia de las ayudas (por no hablar de corrupción, como el caso que saltó en la Comunidad Valenciana).
Otro problema es que dos
tercios de toda la ayuda española al desarrollo no la gestiona España: se
tramita a través de organismos multilaterales,
que gestionan el 67% de toda la ayuda exterior,
mientras en los demás países OCDE sólo se canaliza así el 27% de toda la ayuda.
Eso significa que la mayor parte de nuestra ayuda son contribuciones fijas a organismos multilaterales (el 78%,
contribuciones obligatorias a la Unión Europea, que es la que las gasta) y que sólo un tercio de toda la ayuda es
bilateral, de España con cada país. Y aquí hay otro problema: el
Gobierno Rajoy ha cambiado las prioridades y ha centrado buena parte de
esta ayuda exterior en países de renta media (como Perú, Colombia y Ecuador), por interés
de las empresas españolas que invierten fuera (los que venden la “Marca
España”), recortando la ayuda a los
países más pobres y en conflicto, que deberían ser los prioritarios (han pasado de llevarse el 25% al 18% de la ayuda total). Así, la Cooperación española con los países del
Magreb y el África subsahariana (de donde salen las pateras con inmigrantes)
ha caído un 91% desde 2011.
Otra crítica que
hacen expertos y ONGs a la Cooperación española es que Rajoy ha cambiadoe l modelo de gestión, quitando recursos al Ministerio de Exteriores y
la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID), el organismo más
profesionalizado, que han pasado de
gestionar el 47% de los recursos (2011) a sólo el 12% (2015). Y se
los ha dado a los Ministerios económicos, para ligar más la ayuda exterior
al crecimiento internacional de las empresas españolas. Así, ahora, más de la mitad del presupuesto (recortado a 1.446 millones de euros) lo gestionan Hacienda (el 50%, sólo para
“transferir” las cuotas a los organismos multilaterales) y Economía (15%), además de muchos otros Ministerios e
instituciones públicas, porque otro problema de la Cooperación española es que la hacen multitud de organismos, con poca coordinación entre ellos. Los expertos y ONGs critican también
que la ayuda española se dirige a demasiados proyectos y países, 23 de Latinoamérica y África (Bolivia,
Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua,
Paraguay, Perú, República Dominicana, Mauritania, Marruecos, Sahara y
territorios Palestinos, Malí, Níger, Senegal, Etiopía, Guinea Ecuatorial,
Mozambique y Filipinas).
Estos problemas de la Cooperación española y otros más
aparecen en el último informe del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE,
que cada 4 años evalúa la ayuda española y que publicó en marzo su informe de 2015. Es un análisis muy crítico con la política española de ayuda al
desarrollo, que denuncia la escasez de recursos, la descoordinación y
falta de control administrativo, el exceso de burocracia que se exige a las
ONGs, la desaparición de las
contribuciones voluntarias de España a organismos de la ONU (desde el PNUD
a ACNUR o UNICEF) y sobre todo denuncia
la caída drástica de la ayuda humanitaria española, la ayuda para catástrofes (como la de Ecuador): ha caído de 320
millones que se gastaron en 2009 a los 50 millones gastado en 2015, sólo un 4% de la ayuda total al desarrollo.
La OCDE recomienda a España, sobre todo, que
aumente su ayuda al desarrollo, con el objetivo de gastar ese 0,7% objetivo de la ONU (recordemos que gastamos el 0,13%). Y sobre todo, pide
que se suba la ayuda humanitaria, hasta el 10% del gasto total (serían 144
millones en vez de 50). Y proponen
más
coordinación entre organismos, menos
burocracia y concentrar la ayuda en
menos proyectos y en los países más
pobres y con graves conflictos. Propuestas en las que coinciden los
expertos y ONGs,
que como Intermón Oxfam o Unicef,
piden además que el futuro Gobierno cree una
Secretaría de Estado de Cooperación (suprimida por Rajoy en diciembre de 2011), que potencie
la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID) y que concentre las ayudas en menos países (España tiene proyectos en unos 100
países, frente a los 28 países donde trabaja Reino Unido, que gasta 15 veces
más en Cooperación) y menos proyectos,
más especializados, buscando programas donde España tiene experiencia y ventaja comparativa, como salud, seguridad
alimentaria, infancia, educación o infraestructuras básicas. Y todos piden una política de Estado para la Cooperación, que dedique recursos en educar a los españoles
sobre la importancia de la ayuda exterior.
Los españoles, teóricamente, somos solidarios con los países más pobres: un 90% considera que la ayuda al
desarrollo es importante y un 57% cree que debe ser prioritaria para el
Gobierno español, según el Eurobarómetro de 2015.
Y un 50% de los españoles creen que se dedican pocos o muy pocos recursos a la
Cooperación, según la encuesta del CIS (marzo 2015). Pero cuando se pregunta si hay que recortar antes fuera
que dentro de España, la mayoría
contesta que sí, lo que parece “avalar ”los recortes de Rajoy a la Cooperación (han pasado bastante
desapercibidos). Y más en un país donde hay
menos tradición de ayudas particulares a ONGs: sólo
un 20% de españoles donan a ONGs, el porcentaje más bajo en Europa
(33%), muy por debajo del 34% de Alemania, el 38% de Italia, el 49% de Francia
o del 55% de Reino Unido. Y además, estas donaciones
han caído con la crisis: de 800 millones en 2006 a menos de 500 en 2014,
según un estudio de la Asociación de Fundraising.
Ahora, cara a la próxima
Legislatura, todos los partidos políticos, salvo el PP, han apoyado en
abril una proposición no de Ley presentada por Ciudadanos
que defiende subir la ayuda al
desarrollo del 0,13% al 0,40% (media hoy en Europa) para 2020. Eso
supondría gastar 2.800 millones en 2017 (0,25%) y llegar a los 4.400 millones de euros en 2020, el triple que ahora. Y además, se
comprometen a que un 10% sea en forma de
ayuda humanitaria. Los expertos, ONGs
y la mayoría de partidos creen que este “salto en la Cooperación” es posible
y que bastaría con destinar a la ayuda exterior la mitad de lo que España
ingrese con la tasa
Tobin, el impuesto a las actividades financieras que debe entrar en vigor en 2017 (se prevé
que ingrese 5.000 millones extras anuales). Además, se podrían conseguir más recursos privados, de empresas
(cuando se apruebe una Ley de Mecenazgo)
y particulares, si se estableciera una nueva casilla en la Renta (IRPF), para poder destinar un 0,7% de la
declaración a Cooperación (como se hace para la Iglesia y fines sociales).
Habrá que esperar al próximo
Gobierno, que tiene que aprobar antes de fin de año un nuevo Plan de Cooperación 2017-2020. Pero España no puede seguir “mirándose el ombligo
de su crisis” y estando a la cola en la ayuda a los países pobres. Es una
vergüenza inadmisible. Primero, por una
cuestión ética y moral, de pura solidaridad. Pero también es una forma de desactivar tensiones geopolíticas, de reducir la presión migratoria, y de defender mejor los intereses de España por el mundo. Gastar en
ayudas y solidaridad con los países más pobres es una obligación ética pero
también el mejor pasaporte de la “marca España”. No seamos rácanos. Porque ayudar a los demás siempre
tiene recompensa. Moral, política y
económica.
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domingo, 12 de febrero de 2012
Somos menos solidarios con la crisis
Otro recorte del
Gobierno Rajoy ha ido a la Cooperación, a la ayuda al desarrollo de países pobres: habrá 900 millones menos este
año, que se suman a los recortes de Zapatero
en los tres años anteriores. Con eso, España,
que era el 7º país más solidario del mundo, se aleja del objetivo de gastar
el 0,7% pactado por todos los partidos en
2007. Y además, empresas y particulares
estamos dando menos ayudas a las ONGs, que recortan proyectos y plantillas.
Hay crisis sí y mucha necesidad de ayudas en España, pero si descuidamos la Cooperación internacional, perderemos peso económico
y político en el mundo, sobre todo en Latinoamérica y África. Ayudar a otros países es también una
manera de vender la marca España.
España llegó tarde a la Cooperación
internacional, como a casi todo: hasta diciembre de 1991 no ingresamos en
el Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE. Empezamos aportando pocos fondos,
hasta que Zapatero se lo tomó como una prioridad
y España pasó a multiplicar por cuatro su
ayuda al desarrollo entre 2002 y 2008 (de 1.712 millones a 5.500),
convirtiéndose ese año en el 6º
país donante del mundo, tras EEUU, Francia, Alemania, Reino Unido y Japón.
En esto llegó la crisis y los fondos
estatales para la Cooperación se recortaron, más de 2.000
millones entre 2009 y 2011, quedando en el 0,4%
del PIB.
Al final, la ayuda al desarrollo tendrá este año poco más de 3.000 millones de euros, casi la mitad que en 2008. Un 0,3% del PIB, lejano del 0,7% que pactaron para 2012 todos los grupos políticos, al firmar en diciembre de 2007 el llamado Pacto de Estado contra la Pobreza. España ha bajado ya al 7º puesto del ranking solidario (nos han superado los Países Bajos), mientras muchos países, como Alemania, Francia o Gran Bretaña, están aumentando sus ayudas al desarrollo y Europa se plantea alcanzar el 0,7% de esfuerzo para 2015 (ya lo cumplen Dinamarca, Noruega, Suecia, Países Bajos y Luxemburgo).
Los menores fondos públicos en Cooperación están provocando la crisis de las ONGs, que canalizan el 14% de las ayudas y tienen una gran dependencia de los fondos públicos: suponen un 60% de su financiación y una de cada tres depende de la Administración para su supervivencia. Y eso, porque los españoles no somos muy solidarios: sólo 3,6 millones son socios de ONGs y pagan una media de 13 euros al mes, siendo de los países donde la población menos aporta a las ONGs. Ahora, con el recorte de fondos, muchas han tenido que reducir proyectos y plantilla y otras tendrán que cerrar, porque hay demasiadas: 3.000 ONGs, de las que sólo 7 tienen más de 100.000 socios y sólo 12 más de 10 millones de presupuesto.
La mayoría de españoles cree que España debe intentar alcanzar el 0,7%, según el Barómetro de la Fundación Carolina, pero creen también que la ayuda es poco eficaz. De hecho, también lo piensan muchos expertos: exceso de instituciones públicas y privadas, falta de una dirección estratégica, baja calidad de los programas, exceso de gasto (50% de la Cooperación) en aportaciones a organismos multilaterales (que las canalizan sin que España pueda decidir apenas) y un escaso peso de la Cooperación a través de la Agencia Española de Cooperación (AECID) y de las ONGs, cuya existencia depende en exceso de las ayudas públicas, lo que fomenta clientelismo político y poca independencia.
Hechas las críticas y los recortes, se trata de gastar mejor los fondos para Cooperación. En plena crisis, mucha gente piensa que ser solidarios fuera es un lujo, cuando hay tantas necesidades en España. Pero no hay que ser miope: la ayuda al desarrollo, además de un imperativo moral de cualquier país avanzado, es una pieza clave para reforzar la presencia política y económica de España en el mundo. El esfuerzo de los últimos años ha tenido mucho que ver con la presencia de España en el G-20. Y tendrá mucho que ver con la pretensión española de convertirse en 2015 en miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Y es clave para reforzar nuestra presencia en África (como lucha además contra la inmigración ilegal) y en Latinoamérica (muy deteriorada tras el fracaso de la última Cumbre Iberoamericana y cara a la del otoño 2012 en Cádiz), para fomentar nuestras inversiones y comercio.
En definitiva, hay que ser solidarios por convicción, como una obligación moral de ciudadanos que comemos y tenemos agua, salud y un techo, a pesar de la crisis. Pero además, por un egoísmo inteligente: la cooperación y la ayuda al desarrollo es la forma más inteligente y eficaz de defender los intereses de España en el mundo. Más que las fotos para vender la marca España. Es algo que saben muy bien Gran Bretaña o Francia. Y por eso, España no puede ser miope, pensando a corto con los recortes. Hace falta cumplir el pacto de Estado de 2007 y fomentar la Cooperación, gastando mejor. Y promoviendo que todos ayudemos más. Porque ayudar siempre tiene su recompensa. Moral, política y económica.
![]() |
| enrique ortega |
Rajoy ha seguido por esta senda, con un primer recorte
de 900 millones para 2012, además de quitar rango a la Secretaria de Estado de Cooperación (la ha
fusionado con la de Iberoamérica), suprimir
la Comisión delegada de Cooperación y
la Dirección general de Políticas de Desarrollo,
que era el alma de la cooperación
española en Exteriores. Y las autonomías,
que aportan el 11% de los fondos de Cooperación, han recortado otros 100 millones para 2012, tras un recorte de 160
millones entre 2010 y 2011. Castilla la
Mancha ha suprimido todos sus fondos, la Comunidad Valenciana y Cataluña los han reducido a la mitad y Galicia
un 48%. También los Ayuntamientos
(que aportan un 3% de las ayudas al desarrollo) han metido la tijera, suprimiéndose las deducciones en Madrid. Y lo mismo las Universidades (9 millones de ayudas), empresas, bancos y Cajas, ahora con aportaciones
mínimas.
Al final, la ayuda al desarrollo tendrá este año poco más de 3.000 millones de euros, casi la mitad que en 2008. Un 0,3% del PIB, lejano del 0,7% que pactaron para 2012 todos los grupos políticos, al firmar en diciembre de 2007 el llamado Pacto de Estado contra la Pobreza. España ha bajado ya al 7º puesto del ranking solidario (nos han superado los Países Bajos), mientras muchos países, como Alemania, Francia o Gran Bretaña, están aumentando sus ayudas al desarrollo y Europa se plantea alcanzar el 0,7% de esfuerzo para 2015 (ya lo cumplen Dinamarca, Noruega, Suecia, Países Bajos y Luxemburgo).
Los menores fondos públicos en Cooperación están provocando la crisis de las ONGs, que canalizan el 14% de las ayudas y tienen una gran dependencia de los fondos públicos: suponen un 60% de su financiación y una de cada tres depende de la Administración para su supervivencia. Y eso, porque los españoles no somos muy solidarios: sólo 3,6 millones son socios de ONGs y pagan una media de 13 euros al mes, siendo de los países donde la población menos aporta a las ONGs. Ahora, con el recorte de fondos, muchas han tenido que reducir proyectos y plantilla y otras tendrán que cerrar, porque hay demasiadas: 3.000 ONGs, de las que sólo 7 tienen más de 100.000 socios y sólo 12 más de 10 millones de presupuesto.
La mayoría de españoles cree que España debe intentar alcanzar el 0,7%, según el Barómetro de la Fundación Carolina, pero creen también que la ayuda es poco eficaz. De hecho, también lo piensan muchos expertos: exceso de instituciones públicas y privadas, falta de una dirección estratégica, baja calidad de los programas, exceso de gasto (50% de la Cooperación) en aportaciones a organismos multilaterales (que las canalizan sin que España pueda decidir apenas) y un escaso peso de la Cooperación a través de la Agencia Española de Cooperación (AECID) y de las ONGs, cuya existencia depende en exceso de las ayudas públicas, lo que fomenta clientelismo político y poca independencia.
Hechas las críticas y los recortes, se trata de gastar mejor los fondos para Cooperación. En plena crisis, mucha gente piensa que ser solidarios fuera es un lujo, cuando hay tantas necesidades en España. Pero no hay que ser miope: la ayuda al desarrollo, además de un imperativo moral de cualquier país avanzado, es una pieza clave para reforzar la presencia política y económica de España en el mundo. El esfuerzo de los últimos años ha tenido mucho que ver con la presencia de España en el G-20. Y tendrá mucho que ver con la pretensión española de convertirse en 2015 en miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Y es clave para reforzar nuestra presencia en África (como lucha además contra la inmigración ilegal) y en Latinoamérica (muy deteriorada tras el fracaso de la última Cumbre Iberoamericana y cara a la del otoño 2012 en Cádiz), para fomentar nuestras inversiones y comercio.
En definitiva, hay que ser solidarios por convicción, como una obligación moral de ciudadanos que comemos y tenemos agua, salud y un techo, a pesar de la crisis. Pero además, por un egoísmo inteligente: la cooperación y la ayuda al desarrollo es la forma más inteligente y eficaz de defender los intereses de España en el mundo. Más que las fotos para vender la marca España. Es algo que saben muy bien Gran Bretaña o Francia. Y por eso, España no puede ser miope, pensando a corto con los recortes. Hace falta cumplir el pacto de Estado de 2007 y fomentar la Cooperación, gastando mejor. Y promoviendo que todos ayudemos más. Porque ayudar siempre tiene su recompensa. Moral, política y económica.
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