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lunes, 12 de mayo de 2025

El desarrollo humano se estanca

Los españoles y el resto de europeos estamos ahora preocupados por nuestra seguridad y por una nueva crisis si se mantienen los aranceles de Trump. Una visión “eurocentrista” de los problemas del mundo, que no escucha la última alerta de la ONU: el desarrollo humano se ha estancado en 2024 y de seguir así, los paises en desarrollo seguirán con problemas en los próximos 25 años. Además, este estancamiento económico global ha aumentado las diferencias entre paises ricos y pobres, otro detonante de tensiones geopolíticas. Y en paralelo, también desoímos otra alerta reciente de la OMS: el atraso económico y la pobreza acortan la vida en los paises más pobres y dentro de los paises, donde los más vulnerables viven menos años. En un momento donde Trump y el nacionalismo ultra atacan la cooperación internacional, es más urgente que nunca mantenerla y avanzar en el comercio y las inversiones internacionales, en reducir las diferencias entre paises ricos y pobres. Porque un mundo menos desigual nos beneficia a todos.


En 1990, la ONU introdujo un índice para medir el desarrollo de los paises: el índice de desarrollo humano (IDH), que mide 3 indicadores claves para reflejar la situación económica y social de un país: la esperanza de vida de la población, el nivel de estudios y educación y el nivel de vida (PIB per cápita descontando la inflación). Sobre estos 3 indicadores, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publica cada año el índice de desarrollo humano del mundo y el índice de los 193 paises analizados. Y el PNUD acaba de publicar el IDH de 2024, una “alerta” para el mundo: se ha estancado en 0,76 puntos en 2024, el mismo índice que en 2023 y casi el mismo que en 2019, antes de la pandemia (0,75).

El objetivo de la ONU era que este índice de desarrollo humano (IDH) llegara a 0,81 puntos en 2030, pero los expertos del PNUD alertan que va a ser difícil conseguirlo y que si seguimos la tendencia de estos últimos años, el IDH podría estancarse en esos 0,76 puntos actuales en 2030, algo que nunca ha pasado en las últimas décadas. Y eso porque los paises ricos crecen poco y se ha estancado el crecimiento de los paises en desarrollo, una situación agravada en los últimos meses por las crisis geopolíticas y las tensiones en el comercio mundial, por la amenaza de aranceles de Trump. Y además, se está frenando la bajada de tipos (en USA y Europa), lo que agrava los problemas de deuda de muchos paises.

El otro problema sobre el que alerta la ONU es el aumento de la desigualdad entre los paises, una brecha que se había reducido y que ha crecido tras la pandemia. Esta desigualdad se refleja en los distintos índice de desarrollo humano (IDH) que publica el PNUD (ver listado). Hay un primer grupo de 74 paises de “muy alto nivel de desarrollo”, con un IDH de 0,914 puntos, encabezado por Islandia (0,972 puntos), Noruega (0,970). Suiza (0,970), Dinamarca (0,962) y Alemania (0,959 puntos). EEUU ocupa el lugar 17 (0,938 puntos del IDH), Francia el 26º, España el lugar 28º (0,918 puntos) e Italia el 29º (0,915 puntos).

El segundo grupo de paises, por su “desarrollo humano” (esperanza de vida, educación y nivel de vida) lo integran otros 50 paises con un “alto nivel de desarrollo” (media IDH 0,777 puntos), donde están China (0,797 de IDH), Brasil (0,786) y muchos paises de Latinoamérica, Asia y Oriente medio. El tercer grupo lo integran 43 paises con un “nivel medio de desarrollo” (0,656 de IDH), entre ellos India (0,685) y varios paises de Asia y África. Y el cuarto grupo lo integran los 26 paises con “bajo nivel de desarrollo (0,515 puntos de IDH), los paises más pobres y con peor desarrollo humano del mundo. De los 10 últimos, 9 son paises de África: Sudán del sur (0,388 de IDH, la mitad que la media mundial), Somalia (0,404), República Centroafricana (0,414), Chad (0,416), Níger (0,419), Mali (0,419), Burundi (0,439), Burkina Fasso (0,459), Sierra Leona (0,467) y Yemen (0,470 puntos IDH).

El informe del PNUD (ONU) alerta que esta desigualdad en el desarrollo entre paises se ha agravado en 2024, el 4º año consecutivo en que crece la brecha entre paises ricos y pobres, tras haberse reducido en las dos décadas anteriores. Y alertan que esta mayor desigualdad mundial es un riesgo porque alienta el aumento de conflictos y de ruptura económica. Además, el informe muestra su preocupación por el futuro, ya que si se mantienen estas tendencias (estancamiento del IDH y aumento de la desigualdad entre paises), será difícil conseguir los Objetivos del Desarrollo previstos para 2030, entre ellos, acabar con el hambre en el mundo: actualmente pasan hambre 733 millones de personas y la ONU solo puede atender, con el programa de alimentos (WFP) a 123 millones de personas. ”Si sigue el estancamiento actual, los objetivos previstos para 2030 pueden demorarse décadas, haciendo del Planeta un lugar menos seguro, más dividido y más vulnerable a las perturbaciones económicas y ecológicas”, alerta Achim Steiner, administrador del PNUD (ONU).

En paralelo a este informe de la ONU se ha publicado la semana pasada otro informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que tampoco ha tenido eco en los medios. Su conclusión es tremenda: la pobreza acorta la vida. El estudio revela que la falta de oportunidades laborales, de educación y vivienda son más determinantes para provocar problemas de salud que los factores genéticos y sanitarios. Y que el nivel de desarrollo supone que las personas vivan más o menos. Un ejemplo: en paises de altos ingresos (como Suecia o Japón), la esperanza de vida es 33 años superior a la de paises pobres (como Chad o República Centroafricana. Y reitera la OMS: “millones de personas sufren más riesgo de enfermedad y muerte por las condiciones socioeconómicas en que han nacido o por el grupo social al que pertenecen. La desigualdad sanitaria no es un accidente, es consecuencia de la forma en que la sociedad distribuye recursos y oportunidades”.

Este informe de la OMS no sólo refleja una desigualdad en la sanidad y esperanza de vida entre paises, según su nivel de desarrollo, sino también dentro de cada país, según las zonas y grupos sociales. Así, revela que en el mismo Japón, los hombres de las regiones más atrasadas viven 2 años y medio menos que los de las zonas ricas. En Canadá, los inuit viven de media 12,5 años menos que el resto de la población. Y en Australia, la población aborigen vive 10 años menos que la media de la población. También en España, los datos del INE reflejan que la esperanza de vida en los municipios más ricos (Majadahonda, Las Rozas, Pozuelo) es 6 años mayor que en los municipios más pobres y con más paro (Ceuta, la Linea de la Concepción, Melilla, Algeciras o Linares).

La OMS también alerta que el mayor o menor desarrollo afecta también a la mortalidad infantil: los niños nacidos en paises pobres tienen hasta 13 veces más de posibilidades de fallecer antes de cumplir los 5 años que los de las naciones más ricas. Y señala que si consiguiéramos reducir las desigualdades entre los paises (con inversiones en servicios sanitarios, sociales, educación, servicios públicos e  infraestructuras), se podría salvar la vida de 1,8 millones de niños del mundo cada año…

Volviendo al estancamiento del desarrollo humano (IDH), la ONU (PNUD) propone medidas para impulsar el crecimiento mundial, con más cooperación internacional por la vía de inversiones y comercio, al contrario de lo que propone Trump y la extrema derecha mundial. También es clave la inversión en educación y sanidad. Y en su informe, proponen aprovechar la Inteligencia artificial (IA) para impulsar el desarrollo de los paises más pobres, lo que exige solventar las actuales brechas de estos paises en su acceso a la electricidad, a Internet y a las aplicaciones de la IA. En definitiva, creen que la IA puede corregir parte de la actual desigualdad mundial, pero si se aplica mal, sin contar con los paises en desarrollo, puede agravar esa desigualdad, planteando un futuro a 2 velocidades…

El problema de fondo es que la economía mundial se ha estancado tras la pandemia, tras décadas de crecimiento, según revela otro informe, esta vez del Banco Mundial. Y no sólo crecen menos los paises ricos, sino que “ha pinchado” el crecimiento de los paises en desarrollo: crecieron una media del +5,9% entre 2000 y 2010, un +5,1% entre 2010 y 2020 y sólo el +3,5% entre 2020 y 2024, según el Banco Mundial. Y además, estos paises en desarrollo han crecido un 0,5% menos que las economías ricas desde 2014, lo que ha ampliado la brecha de desarrollo entre paises ricos y pobres.

Lo preocupante es su futuro: “los próximos 25 años serán más difíciles para las economías en desarrollo de lo que han sido los últimos 25 años”, augura Indermit Gill, economista jefe del Banco Mundial. Así que no sólo tenemos el problema de que se ha estancado el desarrollo humano de los más pobres (como dice la ONU) sino que seguirá estancado los próximos años. Y eso porque se han frenado las fuerzas que les hicieron crecer, sobre todo el comercio y las inversiones (y la deuda) . Y ahora, con un menor crecimiento también para los paises ricos, preocupa que los paises en desarrollo frenen sus exportaciones y reciban menos inversiones, mientras les sigue pesando la deuda (por los todavía altos tipos de interés) y se agravan las consecuencias negativas del cambio climático.

El futuro de las economías en desarrollo no sólo es importante para ellas sino también para las economías desarrolladas. Y a su vez, el crecimiento de EEUU, Europa y Japón es clave para promover el crecimiento de los paises en desarrollo. Actualmente, ambas crecen poco y se multiplican los problemas en el comercio mundial (aranceles y proteccionismo), las inversiones y la deuda. El informe del Banco Mundial señala que los paises en desarrollo necesitarán en los próximos años un nuevo modelo estratégico que acelere las reformas estructurales, fomente la inversión nacional y extranjera, fomente nuevas áreas de relaciones comerciales y promueva un uso más eficiente del capital, el talento y la energía. Y estos retos serán claves en América Latina, África y Asia, los paises con menos crecimiento futuro. Las dificultades serán el aumento de la incertidumbre de los inversores, las tensiones geopolíticas y comerciales y el temor a una mayor inflación, que frene la bajada de tipos y encarezca la deuda.

El mundo no puede permitirse dar la espalda a los paises en desarrollo”, dijo hace un año en Washington el economista jefe y vicepresidente del Banco Mundial, Indermit Gill. Y no sólo por humanidad y por justicia, también por “egoísmo económico”: “La historia deja claro que cerrar las brechas de renta y desarrollo entre las naciones más pobres y las más ricas beneficia a todas las economías”, señaló el Banco Mundial. Porque si los 75 paises más pobres mejoran y se reduce la brecha con los ricos, todos saldremos ganando en crecimiento, comercio, inversiones, empleo, con menos guerras, tensiones y conflictos.

Ahora que parece que cada país y cada continente se cierran sobre sí mismos, es el momento de coordinar esfuerzos, de aunar fuerzas y reforzar las instituciones internacionales, para reducir el hambre, la pobreza y la desigualdad entre paises. Hasta ahora habíamos reducido la brecha entre ricos y pobres, pero ahora hay más desigualdad global, una fuente de conflictos, de más muertes y menos esperanza de vida. Hay que atajarla entre todos, con más comercio, inversiones y colaboración multinacional. Miremos un poco al mundo.

jueves, 25 de abril de 2024

Crece la "brecha" entre paises ricos y pobres

La gente no quiere leer sobre la pobreza (“no vende”). Por eso, los medios han escondido esta reciente noticia: la “brecha” entre los paises ricos y pobres se ha agrandado entre 2020 y 2024, por primera vez en este siglo, según el Banco Mundial, por la pandemia, la inflación, los conflictos y la subida de tipos. En paralelo, el Banco Mundial lanza otra alerta: será “poco probable” cumplir con el objetivo de acabar con la pobreza para 2030: los 700 millones de pobres actuales sólo bajaran a 600 millones. Pero creen que todavía se puede “cambiar el rumbo” y reducir la pobreza de los 75 paises más afectados (la mitad en África y el resto en Asia y América). Por un lado, estos paises tienen que reformar drásticamente sus economías, como hicieron China, India o Corea (antes pobres). Pero es clave la ayuda del resto, con inversiones y préstamos, ayudándoles a reestructurar su deuda y a afrontar el cambio climático. No miremos para otro lado.


La cuarta parte de la humanidad
(1.900 millones de personas) vive en 75 paises pobres, cuya situación económica y financiera es tan precaria que son los únicos paises del mundo que reciben subvenciones y préstamos a bajo interés del Banco Mundial (BM). Son los llamados “paises AFI” (porque reciben esa ayuda financiera de la Asociación Financiera Internacional (BM). Más de la mitad de estos 75 paises AFI, los más pobres, se encuentran en el África subsahariana (39 paises), otros 14 paises se encuentra en Asia oriental (principalmente pequeños estados insulares, otros 8 son paises de América Latina y el Caribe (Nicaragua, Honduras, Haití, Guyana y varios estados insulares) y el resto son pequeños paises de Asia central y meridional y de Oriente Medio (ver listado).

Estos paises llevaban tres décadas mejorando su nivel de vida, lentamente y con el paréntesis de la crisis financiera de 2008, pero su mejoría se ha frenado desde 2020, por la pandemia y los problemas posteriores: bajo crecimiento (3,4% en los últimos 5 años, el peor lustro desde la década de los años 90), alta inflación, caída del comercio mundial, conflictos geopolíticos y fuerte subida de los tipos de interés, que son una losa para su abultada deuda. La consecuencia es que en el quinquenio 2020-2024, la renta per cápita de la mitad de estos 75 paises AFI (los más pobres del mundo) ha crecido menos que la de las economías ricas, ampliando la “brecha mundial entre ricos y pobres, por primera vez en este siglo, según el informe publicado la semana pasada por el Banco Mundial.

Los datos que aporta este Informe son muy preocupantes. Uno de cada tres paises AFI (o sea, 25 paises) es más pobre hoy que en 2019, antes de la COVID. La tasa de pobreza extrema es más de 8 veces superior a la media del resto del mundo: 1 de cada 4 personas de los paises AFI (475 millones de habitantes) sobreviven con menos de 2,15 dólares al día (2 euros). Y en 31 paises AFI, los ingresos per cápita son menores a 1.315 dólares anuales (3,60 dólares diarios, 3,38 euros al día). Además, el 92% de las personas que padecen hambre o malnutrición viven en esos paises. Y la mitad de estos paises pobres se encuentran en situación de sobreendeudamiento o en grave riesgo de padecerlo, un pesado lastre para su futuro.

Este débil crecimiento y los problemas económicos y geopolíticos de los últimos años han acrecentado las debilidades que estos paises pobres ya tenían antes , lastrando su desarrollo económico, social y político. Además, estos países son los que más han sufrido (y sufrirán) las consecuencias negativas del cambio climático: en la última década, los daños por fenómenos climáticos en infraestructuras y cosechas se han duplicado. Y tampoco les ayuda el aumento de la violencia y los conflictos, en sus paises o en la región: 33 de los 75 paises AFI son Estados afectados por conflictos bélicos, políticos o sociales.  Por todo ello, el Banco Mundial titula su informe como “La Gran Regresión y teme que los años 20 de este siglo sean “una década perdida para el desarrollo”.

El problema además es que estos paises pobres se han estancado unos años en que lo han hecho también todas las economías : el crecimiento de la economía mundial bajó del 6,2% en 2021 al 3% en 2022, el 2,6% en 2023 y un 2,3% esperado para 2024, lo que supone el menor crecimiento de la economía mundial en las últimas 3 décadas, según el informe de enero del Banco Mundial . Eso provoca que los paises ricos y en desarrollo tengan menos potencial para ayudar a los paises pobres, por varias vías, entre ellas las inversiones y préstamos, que se han frenado. Y con la crisis, todos han reducido su ayuda al desarrollo y los proyectos de cooperación, lo que dificulta la lucha contra el hambre. Analicemos más en detalle la deuda y el hambre en los paises pobres.

La abultada deuda externa es uno de los problemas estructurales de los paises pobres, que se agrava con la subida de tipos y con la reducción de inversiones y préstamos de los paises ricos. De hecho, la deuda de los 75 paises más pobres ha crecido en los últimos años, mientras la reducían las economías avanzadas, que se han ”desendeudado”. Así, el país más endeudado del mundo es Sudán, con una deuda que supone el 280% de su PIB, muy por delante de la de Japón (254%), Italia (159%), Grecia (158%), EE. UU. (123%), Maldivas (121%), Cabo Verde (112%),  Francia (111%), Barbados (107%), Bélgica (105%), Reino Unido (104%) o España (106%), según el Banco Mundial. Y después les siguen en el ranking de más endeudados República Dominicana (98,7%), Egipto (96,4%), Bolivia (86,7%), El Salvador (84,4%), Gabón (73% PIB) y Angola (70,3%).

El otro problema estructural es el hambre, una epidemia en los 75 paises AIF, que apenas se ha reducido en los últimos años, por la menor renta per cápita. En todo el mundo hay 700 millones de personas en situación de pobreza extrema, viviendo con menos de 2,15 dólares al día (2 euros), según el último dato del Banco Mundial. El 60% de estas personas en pobreza extrema (pasando hambre) están en África subsahariana y más de la mitad son niños. Lo que ha pasado es que, entre 2020 y 2023 se han frenado los avances en la lucha contra la pobreza extrema y el hambre, por primera vez en décadas, y hay 122 millones de hambrientos más que en 2019. El Banco Mundial lanzó en octubre otra alerta: es “poco probable” que en 2030 se cumpla el Objetivo de Desarrollo y se suprima el hambre en el mundo. Habrá 600 millones en pobreza extrema en 2030.

A pesar de este negro panorama, el informe del Banco Mundial dice textualmente que “todavía se puede cambiar el rumbo”. Por dos vías. Una, con cambios drásticos en los paises pobres, que tienen un gran potencial: mucha población joven, numerosos recursos naturales y minería y un tremendo potencial energético (energía solar, eólica e hidráulica). Eso sí, necesitan mejorar la educación, la sanidad y las infraestructuras para aprovechar este potencial. Pero pueden hacerlo. Y el Banco Mundial pone el ejemplo de China, India y Corea, tres paises que en su día fueron pobres y ahora son economías fuertes. Pero para conseguirlo, necesitan una reforma a fondo de su política fiscal y monetaria, aprovechar las oportunidades comerciales, luchar contra la corrupción y mejorar sus estructuras políticas y sociales. Pero para todo ello, hay que avanzar en otra vía, la ayuda de los paises desarrollados.

Los paises ricos y en desarrollo necesitan comprometerse con los países pobres con inversiones, préstamos y asesoramiento. En los últimos años, tras la pandemia, la mayoría de los paises ricos y en desarrollo se han replegado del Tercer Mundo, recortando inversiones, préstamos y compras. A principios de abril, el subsecretario del Tesoro USA expresó su preocupación porque los acreedores privados y públicos se hayan alejado de los paises AIF (pobres), advirtiendo a China y a otros acreedores emergentes que “no pueden reducir sus préstamos a paises pobres justo cuando el FMI, el BM y otros bancos multilaterales están inyectando más fondos”. Es hora de renegociar la deuda (tipos y plazos), prestar más y destinar más inversiones a proyectos en paises pobres. Y sobre todo, ayudarles a invertir en energías limpias porque ellos solos no pueden hacerlo: crear ese Fondo de 100.000 millones de dólares del que se habla en cada Cumbre del clima.

El mundo no puede permitirse dar la espalda a los paises AIF”, dijo la semana pasada en Washington el economista jefe y vicepresidente del Banco Mundial, Indermit Gill. Y no sólo por humanidad y por justicia, también por “egoísmo económico”: “La historia deja claro que cerrar las brechas de renta y desarrollo entre las naciones más pobres y las más ricas beneficia a todas las economías”, señala el Banco Mundial. Porque si estos 75 paises más pobres mejoran y se reduce la brecha con los ricos, todos saldremos ganando en crecimiento, comercio, inversiones, empleo, con menos guerras, tensiones y conflictos.

 Ahora que parece que cada país y cada continente se cierran sobre sí mismos, es el momento de coordinar esfuerzos, de aunar fuerzas y reforzar las instituciones internacionales, para reducir el hambre, la pobreza y la desigualdad entre paises. Hasta ahora habíamos reducido la brecha entre ricos y pobres, pero ahora hay más desigualdad global. Hay que atajarla entre todos.

jueves, 5 de mayo de 2016

Cooperación española: recortes de vergüenza


Mucho vender la “marca España” por el mundo y resulta que somos el país que más ha recortado la ayuda a los países pobres y el cuarto país que menos dinero aporta al mundo subdesarrollado. Con la crisis, el Gobierno Rajoy ha recortado ayudas dentro pero más fuera, donde hay 900 millones de personas en pobreza extrema. La OCDE acaba de publicar un  informe demoledor sobre la ayuda española: gastamos poco y mal en los países pobres. Y las ONGs denuncian sobre todo el hundimiento de  la ayuda humanitaria, para situaciones de emergencia (como la de Ecuador), que ha pasado de 320 millones anuales a sólo 50 millones. Urge recuperar la Cooperación de España en el mundo, que fue ejemplar hasta 2008. Todos los grupos políticos (salvo el PP)  han aprobado una proposición no de ley para triplicar la ayuda en la próxima Legislatura. Se puede y se debe. Porque ayudar a los más pobres tiene una triple recompensa: moral, política y económica. No nos avergüencen.
 
enrique ortega

Los fondos de ayuda al desarrollo (FAD) es el dinero que los países ricos destinan a ayudar a los países pobres, con proyectos para luchar contra la pobreza y el subdesarrollo. Con la crisis, todos los países occidentales recortaron sus aportaciones, que cayeron entre 2007 y 2009, estancándose después. Pero ahora, los últimos datos de la OCDE revelan que la ayuda al desarrollo (FAD) se está recuperando: creció un 6,8% en 2015, por tercer año consecutivo, y alcanzó los 146.680 millones de dólares (28 países). Eso supone que ahora dedican un 0,30% de su PIB para ayudar a los países pobres, volviendo a los niveles de ayuda de 2006, aunque el dato tiene "truco": inflan las ayudas al desarrollo incluyendo en ellas lo que los países ricos gastan "dentro" en atender a los refugiados (12.000 millones de dólares en 2015). Y aún así, todavía están lejos del objetivo del 0,7%, que comprometieron gastar con la ONU, en 1970. Los que más gastan en ayudar a los países pobres son Estados Unidos (31.080 millones dólares), Reino Unido (18.700), Alemania (17.780), Japón (9.320) y Francia (9230 millones dólares) , pero gastan poco en relación a su riqueza (0,17% de su PIB USA o el 0,51% Alemania) y sólo hay 6 países que gastan en ayuda al desarrollo más del 0,7% que propone la ONU: Suecia (1,40% de su PIB), Noruega (1,05%), Luxemburgo (0,93%), Dinamarca (0,85%), Países Bajos (0,76%) y Reino Unido (0,71%).

España está en el pelotón de cola de la ayuda al desarrollo: gastó 1.446 millones de euros en 2015, un 0,13% del PIB, el cuarto país que menos ayuda a los países pobres, sólo por delante de la República Checa (0,13%), Eslovaquia y Polonia (0,10%), incluso menos que Grecia (0,14%) o Portugal (0,16%), según el ranking 2015 que acaba de publicar la OCDE. Y  España es el país occidental que más ha recortado su ayuda al desarrollo con la crisis: un -73,7%, pasando de gastar 5.500 millones de euros en 2008 a 1.446 millones en 2015, casi la cuarta parte. El impresionante recorte muestra el cambio drástico que ha dado la ayuda exterior española: si en los años 80 gastábamos mucho menos que los demás (0,04% del PIB frente al 0,34 total en 1983), en los años 90 nos equiparamos (0,28% frente a 0,29% en 1993) y en la década del 2000 superábamos incluso al resto de la OCDE, con un máximo en 2008: España dedicó el 0,45% de su PIB a ayudas al desarrollo frente al 0,30% de los 28 países ricos. Pero en 2011, Zapatero pega el primer tajo a la Cooperación (baja al 0,29%) y en 2012 y 2013, Rajoy pega dos tijeretazos más, para bajarla al actual 0,13% del PIB. En resumen: de ser “un país modelo” en ayuda al desarrollo hemos pasado a ser “un vergonzoso ejemplo”.

El recorte a las ayudas al desarrollo y la Cooperación internacional no lo ha hecho sólo el Gobierno central, sino también las autonomías, Ayuntamientos, Universidades, Fundaciones, entidades y empresas: hay más de 900 entidades que ayudan y suponen un 15% del gasto total. Y este desplome de fondos ha supuesto el cierre de proyectos en muchos países y la desaparición de un tercio de las ONGs, según un informe de la Caixa. En España hay unas 2.000 ONGs que gestionan ayudas al desarrollo en unos 100 países y su futuro es muy incierto porque dependen en un 60% de recursos públicos (recortados). Las ONGs que no han cerrado han tenido que recortar plantillas, sueldos y proyectos, mientras buscan desesperadamente recursos de empresas y particulares. Porque si en 2010, los fondos públicos al desarrollo llegaban a 665 ONGs españolas, en 2012 sólo llegaron a 78 ONGs.

El problema no es solo que se gaste casi la cuarta parte en Cooperación internacional. Otro problema grave es que además se gasta mal. Primero, porque no se gasta todo el menguante dinero disponible: en 2012, un tercio de la ayuda al desarrollo no llegó a su destino por problemas de gestión de los créditos reembolsables.  En 2013 sólo se gastó el 69% del presupuesto disponible y en 2014 no debió subir del 70%. Segundo, porque una buena parte de la ayuda se gasta en burocracia, en gastos administrativos, no en proyectos concretos. Y además, expertos y ONGs se quejan de que no hay auditorías que sigan la eficacia de las ayudas (por no hablar de corrupción, como el caso que saltó en la Comunidad Valenciana).

Otro problema es que dos tercios de toda la ayuda española al desarrollo no la gestiona España: se tramita a través de organismos multilaterales, que gestionan  el 67% de toda la ayuda exterior, mientras en los demás países OCDE sólo se canaliza así el 27% de toda la ayuda. Eso significa que la mayor parte de nuestra ayuda son contribuciones fijas a organismos multilaterales (el 78%, contribuciones obligatorias a la Unión Europea, que es la que las gasta) y que sólo un tercio de toda la ayuda es bilateral, de España con cada país. Y aquí hay otro problema: el Gobierno Rajoy ha cambiado las prioridades y ha centrado buena parte de esta ayuda exterior en países de renta media (como Perú, Colombia y Ecuador), por interés de las empresas españolas que invierten fuera (los que venden la “Marca España”), recortando la ayuda a los países más pobres y en conflicto, que deberían ser los prioritarios (han pasado de llevarse el 25% al 18% de la ayuda total). Así, la Cooperación española con los países del Magreb y el África subsahariana (de donde salen las pateras con inmigrantes) ha caído un 91% desde 2011.

Otra crítica que hacen expertos y ONGs a la Cooperación española es que Rajoy ha cambiadoe l modelo de gestión, quitando recursos al Ministerio de Exteriores y la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID), el organismo más profesionalizado, que han pasado de gestionar el 47% de los recursos (2011) a sólo el 12% (2015). Y se los ha dado a los Ministerios económicos, para ligar más la ayuda exterior al crecimiento internacional de las empresas españolas. Así, ahora, más de la mitad del presupuesto (recortado a 1.446 millones de euros) lo gestionan Hacienda (el 50%, sólo para “transferir” las cuotas a los organismos multilaterales) y Economía (15%), además de muchos otros Ministerios e instituciones públicas, porque otro problema de la Cooperación española es que la hacen multitud de organismos, con poca coordinación entre ellos. Los expertos y ONGs critican también que la ayuda española se dirige a demasiados proyectos y países, 23 de Latinoamérica y África (Bolivia, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Paraguay, Perú, República Dominicana, Mauritania, Marruecos, Sahara y territorios Palestinos, Malí, Níger, Senegal, Etiopía, Guinea Ecuatorial, Mozambique y Filipinas).

Estos problemas de la Cooperación española y otros más aparecen en el último informe del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE, que cada 4 años evalúa la ayuda española y que publicó en marzo su informe de 2015. Es un análisis muy crítico con la política española de ayuda al desarrollo, que denuncia la escasez de recursos, la descoordinación y falta de control administrativo, el exceso de burocracia que se exige a las ONGs, la desaparición de las contribuciones voluntarias de España a organismos de la ONU (desde el PNUD a ACNUR o UNICEF) y sobre todo denuncia la caída drástica de la ayuda humanitaria española, la ayuda para catástrofes (como la de Ecuador): ha caído de 320 millones que se gastaron en 2009 a los 50 millones gastado en 2015, sólo un 4% de la ayuda total al desarrollo.

La OCDE recomienda a España, sobre todo, que aumente su ayuda al desarrollo, con el objetivo de gastar ese 0,7% objetivo de la ONU (recordemos que gastamos el 0,13%). Y sobre todo, pide que se suba la ayuda humanitaria, hasta el 10% del gasto total (serían 144 millones en vez de 50). Y proponen  más coordinación entre organismos, menos burocracia y concentrar la ayuda en menos proyectos y en  los países más pobres y con graves conflictos. Propuestas en las que coinciden los expertos y ONGs, que como Intermón Oxfam o Unicef, piden además que el futuro Gobierno cree una Secretaría de Estado de Cooperación (suprimida por Rajoy en diciembre de 2011), que potencie la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID) y que concentre las ayudas en menos países (España tiene proyectos en unos 100 países, frente a los 28 países donde trabaja Reino Unido, que gasta 15 veces más en Cooperación) y menos proyectos, más especializados, buscando programas donde España tiene experiencia y ventaja comparativa, como salud, seguridad alimentaria, infancia, educación o infraestructuras básicas. Y todos piden una política de Estado para la Cooperación, que dedique recursos en educar a los españoles sobre la importancia de la ayuda exterior.

Los españoles, teóricamente, somos solidarios con los países más pobres: un 90% considera que la ayuda al desarrollo es importante y un 57% cree que debe ser prioritaria para el Gobierno español, según el Eurobarómetro de 2015. Y un 50% de los españoles creen que se dedican pocos o muy pocos recursos a la Cooperación, según la encuesta del CIS (marzo 2015). Pero cuando se pregunta si hay que recortar antes fuera que dentro de España, la mayoría contesta que sí, lo que parece “avalar ”los recortes de Rajoy a la Cooperación (han pasado bastante desapercibidos). Y más en un país donde hay menos tradición de ayudas particulares a ONGs: sólo un 20% de españoles donan a ONGs, el porcentaje más bajo en Europa (33%), muy por debajo del 34% de Alemania, el 38% de Italia, el 49% de Francia o del 55% de Reino Unido. Y además, estas donaciones han caído con la crisis: de 800 millones en 2006 a menos de 500 en 2014, según un estudio de la Asociación de Fundraising.

Ahora, cara a la próxima Legislatura, todos los partidos políticos, salvo el PP, han apoyado en abril una proposición no de Ley presentada por Ciudadanos que defiende subir la ayuda al desarrollo del 0,13% al 0,40% (media hoy en Europa) para 2020. Eso supondría gastar 2.800 millones en 2017 (0,25%) y llegar a los 4.400 millones de euros en 2020, el triple que ahora. Y además, se comprometen a que un 10% sea en forma de ayuda humanitaria. Los expertos, ONGs y la mayoría de partidos creen que este “salto en la Cooperación” es posible y que bastaría con destinar a la ayuda exterior la mitad de lo que España ingrese con la tasa Tobin, el impuesto a las actividades financieras que debe entrar en vigor en 2017 (se prevé que ingrese 5.000 millones extras anuales). Además, se podrían conseguir más recursos privados, de empresas (cuando se apruebe una Ley de Mecenazgo) y particulares, si se estableciera una nueva casilla en la Renta (IRPF), para poder destinar un 0,7% de la declaración a Cooperación (como se hace para la Iglesia y fines sociales).

Habrá que esperar al próximo Gobierno, que tiene que aprobar antes de fin de año un nuevo Plan de Cooperación 2017-2020. Pero España no puede seguir “mirándose el ombligo de su crisis” y estando a la cola en la ayuda a los países pobres. Es una vergüenza inadmisible. Primero, por una cuestión ética y moral, de pura solidaridad. Pero también es una forma de desactivar tensiones geopolíticas, de reducir la presión migratoria,  y de defender mejor los intereses de España por el mundo. Gastar en ayudas y solidaridad con los países más pobres es una obligación ética pero también el mejor pasaporte de la “marca España”. No seamos rácanos. Porque ayudar a los demás siempre tiene recompensa. Moral, política y económica. 

domingo, 12 de febrero de 2012

Somos menos solidarios con la crisis

Otro recorte del Gobierno Rajoy ha ido a la Cooperación, a la ayuda al desarrollo de países pobres: habrá 900 millones menos este año, que se suman a los recortes de Zapatero en los tres años anteriores. Con eso, España, que era el 7º país más solidario del mundo, se aleja del objetivo de gastar el 0,7% pactado por todos los partidos en 2007. Y además, empresas y particulares estamos dando menos ayudas a las ONGs, que recortan proyectos y plantillas. Hay crisis sí y mucha necesidad de ayudas en España, pero si descuidamos la Cooperación internacional, perderemos peso económico y político en el mundo, sobre todo en Latinoamérica y África. Ayudar a otros países es también una manera de vender la marca España.

enrique ortega
España llegó tarde a la Cooperación internacional, como a casi todo: hasta diciembre de 1991 no ingresamos en el Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE. Empezamos aportando pocos fondos, hasta que Zapatero se lo tomó como una prioridad y España pasó a multiplicar por cuatro su ayuda al desarrollo entre 2002 y 2008 (de 1.712 millones a 5.500), convirtiéndose ese año en el 6º país donante del mundo, tras EEUU, Francia, Alemania, Reino Unido y Japón. En esto llegó la crisis y los fondos  estatales para  la Cooperación se recortaron, más de 2.000 millones entre 2009 y 2011, quedando en el 0,4% del PIB.

Rajoy ha seguido por esta senda, con un primer recorte de 900 millones para 2012, además de quitar rango a la Secretaria de Estado de Cooperación (la ha fusionado con la de Iberoamérica), suprimir la Comisión delegada de Cooperación y la Dirección general de Políticas de Desarrollo, que era el alma de la cooperación española en Exteriores. Y las autonomías, que aportan el 11% de los fondos de Cooperación, han recortado otros 100 millones para 2012, tras un recorte de 160 millones entre 2010 y 2011. Castilla la Mancha ha suprimido todos sus fondos, la Comunidad Valenciana y Cataluña los han reducido a la mitad y  Galicia un 48%. También los Ayuntamientos (que aportan un 3% de las ayudas al desarrollo) han metido la tijera, suprimiéndose las deducciones en Madrid. Y lo mismo las Universidades (9 millones de ayudas), empresas, bancos y Cajas, ahora con aportaciones mínimas.

Al final, la ayuda al desarrollo tendrá este año poco más de 3.000 millones de euros, casi la mitad que en 2008. Un 0,3% del PIB, lejano del 0,7% que pactaron para 2012 todos los grupos políticos, al firmar en diciembre de 2007 el llamado Pacto de Estado contra la Pobreza. España ha bajado ya al 7º puesto del ranking solidario (nos han superado los Países Bajos), mientras muchos países, como Alemania, Francia o Gran Bretaña, están aumentando sus ayudas al desarrollo y Europa se plantea alcanzar el 0,7% de esfuerzo para 2015 (ya lo cumplen Dinamarca, Noruega, Suecia, Países Bajos y Luxemburgo).

Los menores fondos públicos en Cooperación están provocando la crisis de las ONGs, que canalizan el 14% de las ayudas y  tienen una gran dependencia de los fondos públicos: suponen un 60% de su financiación y una de cada tres depende de la Administración para su supervivencia. Y eso, porque los españoles no somos muy solidarios: sólo 3,6 millones son socios de ONGs y pagan una media de 13 euros al mes, siendo de los países donde la población menos aporta a las ONGs. Ahora, con el recorte de fondos, muchas han tenido que reducir proyectos y plantilla y otras tendrán que cerrar, porque hay demasiadas: 3.000 ONGs, de las que sólo 7 tienen más de 100.000 socios y sólo 12 más de 10 millones de presupuesto.

La mayoría de españoles cree que España debe intentar alcanzar el 0,7%, según el Barómetro de la Fundación Carolina, pero creen también que la ayuda es poco eficaz. De hecho, también lo piensan muchos expertos: exceso de instituciones públicas y privadas, falta de una dirección estratégica, baja calidad de los programas, exceso de gasto (50% de la Cooperación) en aportaciones a organismos multilaterales (que las canalizan sin que España pueda decidir apenas) y un escaso peso de la Cooperación a través de la Agencia Española de Cooperación (AECID) y de las ONGs, cuya existencia depende en exceso de las ayudas públicas, lo que fomenta clientelismo político y poca independencia.

Hechas las críticas y los recortes, se trata de gastar mejor los fondos para Cooperación. En plena crisis, mucha gente piensa que ser solidarios fuera es un lujo, cuando hay tantas necesidades en España. Pero no hay que ser miope: la ayuda al desarrollo, además de un imperativo moral de cualquier país avanzado, es una pieza clave para reforzar la presencia política y económica de España en el mundo. El esfuerzo de los últimos años ha tenido mucho que ver con la presencia de España en el G-20. Y tendrá mucho que ver con la pretensión española de convertirse en 2015 en miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Y es clave para reforzar nuestra presencia en África (como lucha además contra la inmigración ilegal) y en Latinoamérica (muy deteriorada tras el fracaso de la última Cumbre Iberoamericana y cara a la del otoño 2012 en Cádiz), para fomentar nuestras inversiones y comercio.

En definitiva, hay que ser solidarios por convicción, como una obligación moral de ciudadanos que comemos y tenemos agua, salud y un techo, a pesar de la crisis. Pero además, por un egoísmo inteligente: la cooperación y la ayuda al desarrollo es la forma más inteligente y eficaz de defender los intereses de España en el mundo. Más que las fotos para vender la marca España. Es algo que saben muy bien Gran Bretaña o Francia. Y por eso, España no puede ser miope, pensando a corto con los recortes. Hace falta cumplir el pacto de Estado de 2007 y fomentar la Cooperación, gastando mejor. Y promoviendo que todos ayudemos más. Porque ayudar siempre tiene su recompensa. Moral, política y económica.