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lunes, 25 de septiembre de 2017

Doble paro que Europa por tener poca formación


España crea empleo (precario) pero seguimos con más del doble de paro que Europa y más de cuatro veces que Alemania. No es una maldición bíblica. La OCDE acaba de recordarnos una causa básica, la poca formación de los españoles: el 42% de adultos apenas tiene la ESO, frente al 20% en Europa. Y tienen baja formación el 35% de jóvenes, frente al 23% de europeos. Por eso trabaja menos gente, hay más paro y ganamos menos. Y lo peor es que estamos igual desde 2005. Y en vez de tomar medidas, se ha recortado el gasto en educación y formación. Pero ni Gobierno ni oposición han dicho una palabra del informe OCDE: están a "otras cosas". La OCDE pide que España gaste más en educación (somos el 6º país que menos gasta) y que apueste por otra educación, más práctica y ligada al empleo. Y que gastemos más y mejor en la formación de trabajadores y parados. Es la mejor receta contra el paro.


                                                                                                            enrique ortega    

Los datos del último informe de la OCDE (“Panorama de la educación 2017”) sobre la baja formación de los españoles, todos los adultos y también los jóvenes, son demoledores. En 2016, el 41,7% de los españoles adultos (25 a 64 años) tenían una formación baja (sólo tenían la ESO o ni siquiera), frente al 22% de adultos de la OCDE (35 paises desarrollados) y al 20% de adultos europeos (el 15% en Alemania). Y por si fuera poco, en el nivel medio de formación (con Bachillerato o Formación Profesional) sólo están el 22,6% de los adultos españoles, frente al 44% de adultos en la OCDE y el 46% en Europa (UE-22). Eso sí, por arriba, con formación universitaria o FP superior tenemos al 35,7% de adultos, casi igual que el 37% de adultos OCDE y por encima del 34% de adultos muy formados en Europa. En definitiva, hay muchos españoles con baja formación y sólo están peor (entre los 35 paises de la OCDE) Portugal (52% de adultos poco formados), Turquía (62%) y México (63%). Y tenemos  pocos españoles con formación media y bastantes universitarios.

Pero eso no sólo pasa entre los adultos. Los jóvenes españoles (25-34 años), que teóricamente son la generación “mejor formada”, están muy lejos de la formación del resto de jóvenes occidentales, según el último informe educativo de la OCDE: el 35% tienen baja formación (sólo tienen la ESO o ni siquiera) frente a menos de la mitad en la OCDE (16%) y en Europa (15% en UE-22 y 13% en Alemania, Francia y Reino Unido), con lo que somos el país europeo con más porcentaje de jóvenes poco formados y el tercero de la OCDE, tras Turquía (45% jóvenes poco formados) y México (53%). En un nivel medio (con Bachillerato y FP) están el 24% de los jóvenes españoles, frente al 42% en la OCDE y el 40% en la UE-22. Y otra vez, tenemos casi tantos jóvenes universitarios (41% como la OCDE (43%) y más que Europa (40% en UE-22). Una pirámide de formación totalmente “de locos”: muchos jóvenes muy formados, muchos jóvenes sin formación y pocos con formación media.

Lo peor es que esta baja formación ha mejorado algo entre los adultos españoles desde 2005 (entonces, el 50,3% tenía baja formación), pero sigue igual de mal entre los jóvenes, aunque han pasado 11 años: el 36% poco formados en 2005 y ahora el 35%. Y hay más. España es uno de los paises de la OCDE con menos peso de la Formación Profesional (FP), una formación con mucho empleo (74% en España y 80% en la OCDE) y poco paro: sólo el 12% de los adolescentes españoles (15-19 años) están matriculados en FP, menos de la mitad que en la OCDE (26%) y que en Europa (29% en UE-22), mientras tenemos más estudiando Bachillerato (47%) que la OCDE (36%) y Europa (35%).

Pero lo más preocupante es que hay muchos jóvenes españoles (18-24 años) que no estudian ni trabajan (ni buscan trabajo).Son los llamados “ni-nis”, un 23,2% de los jóvenes en España en 2016, frente al 15,3% en la OCDE y el 15,2% en Europa (UE-22), según el informe “Panorama de la Educación 2017”. Somos el 4º país occidental con más “ni-nis” y el segundo de Europa, sólo por detrás de Turquía (33% de “ni-nis”), Italia (28%) y Grecia (23,5%). Es toda una “generación perdida”, 745.000 jóvenes españoles que ha dejado de formarse y de buscar trabajo y que son el mayor fracaso como país.

Tras documentar el bajo nivel educativo de los españoles, el informe de la OCDE señala las consecuencias: menos empleo, más paro, peores salarios. Porque hay una estrecha relación entre menos formación y menos empleo. Así, los datos de la OCDE revelan que el porcentaje de adultos (25-64 años) empleados en España era en 2016 el 67%, muy por debajo de la media de la OCDE (75% de adultos empleados) y de la UE-22 (74% empleados). Y así somos el 2º país con menos empleo de la OCDE, tras Grecia (59% adultos trabajando), muy alejado de Suecia (84% adultos trabajan), Alemania, Dinamarca y república Checa (80%), Reino Unido o Francia, paises con mucha mejor formación de los adultos. Y lo mismo pasa con los jóvenes (25-.34 años), menos ocupados en España.

Menos empleo y más paro por la baja formación sobre todo, aunque también juega en contra un modelo económico poco competitivo, basado en el turismo, el ladrillo y los servicios, no en la industria y la tecnologíaEspaña triplica la tasa de paro de la OCDE (17,2 frente a 5,9%) y duplica con creces la de Europa (7,7% en la UE-28 en julio 2017), siendo el 2º país con más paro de los 35 OCDE, tras Grecia (21,7%). Y si miramos el paro juvenil (25-34 años), España es el tercer país de la OCDE (tras Eslovaquia y Grecia) con más paro entre los jóvenes con baja formación (30,5%, frente al 16,8% en la OCDE y el 20,4% en Europa) y el segundo (tras Grecia) con más paro entre los jóvenes con formación media (20,8% frente a 9,1% de paro en la OCDE y 10,3% en UE) e incluso entre los universitarios: sufren el 16% de paro en España, frente al 6,6% en la OCDE y el 7,4% en Europa.

Y también, a menos formación, menos salarios, señala la OCDE: los que tienen baja formación ganan en España un 29% menos que los que hicieron Bachillerato o FP Superior, mientras en la OCDE ganan sólo un 22% menos. Y los universitarios ganan en España un 53% más que los de Bachillerato o FP (y el doble que los poco formados), frente a un 56% más que ganan los universitarios OCDE. Incluso, el estudio analiza la relación entre formación y depresión: se deprimen menos los que tienen más formación. Tanto en España, un país con menos depresión (un 3% frente al 10% de los poco formados), como en la OCDE y en Europa (el 6% frente al 12% de deprimidos entre los poco formados).

Como vemos, el panorama de la formación de los españoles es bastante preocupante. Y nos coloca a la cola de Europa en “capital humano”, uno de los factores claves para competir y crear riqueza y empleo: España ocupa el puesto 44 de 130 paises en capital humano, en aprovechamiento de los trabajadores (formación y productividad), según el último ranking del Foro Económico Mundial. En Europa estamos sólo por detrás de Grecia y en el mundo nos superan en capital humano paises como los bálticos, Kazajistán, Tailandia, China, Rumanía, Rusia, Polonia, Eslovaquia, Hungría o Bulgaria. De esto no presume Rajoy.

¿Por qué la formación de los españoles es tan deficiente? La respuesta es doble: porque gastamos menos en educación y formación y porque la educación además funciona mal en España, según este informe de la OCDE. Primero, gastamos menos, un 18,5% menos en educación: 8.752 euros por alumno en 2014 frente a 10.759 euros en la OCDE y 10.897 euros en Europa (UE-22). Y si comparamos el gasto directo en educación por paises, España es el 6º país europeo que menos gasta en educación en relación a su riqueza: el 4,3% del PIB en 2014, sólo por delante de Luxemburgo (3,6% PIB), Hungría (3,8%), Republica checa y Eslovaquia (3,9%) e Italia (4%). Y lejos no solo del 5,2% del PIB que gasta la OCDE o del 4,9% que gasta Europa, sino del 6,6% que gasta Reino Unido, del 6,5% de Dinamarca, del 6,3% de Corea o del 6,2% del PIB que gastan Noruega, EEUU y Canadá.

Ya no es sólo que gastemos menos, es que España ha recortado su gasto en educación desde 2010 (gastábamos el 4,5% del PIB), a pesar de que la baja formación se estancaba. Y no sólo el gasto directo en los centros sino también las ayudas a estudiantes y familias, con lo que el gasto total en educación ha caído del 9,4% del PIB en 2005 al 8,2% en 2014, según la OCDE. Y a pesar de ser uno de los paises con peor formación, España es el país de la OCDE que más ha recortado su gasto total en educación desde 2010, más que los otros 8 únicos paises OCDE (son 35) que también los han recortado. Mal camino.

Pero además de tener menos fondos, la educación funciona mal en España, según la OCDE. La mejor muestra, señalan, es el elevado abandono escolar temprano, de jóvenes (18 a 24 años) que dejan sus estudios al final de la ESO (o sin acabarla): eran el 19,97% en 2015, el porcentaje más elevado de toda la OCDE (35 paises desarrollados) y casi el doble que la media europea (11%), según la OCDE. Y los alumnos españoles que sí estudian tienen menos habilidades (en ciencias, matemáticas y lectura) que en la mayoría de la OCDE, según todos los informes PISA. Y están entre los que más repiten: un 36% de los que están en 4º de la ESO han repetido alguna vez, una de las mayores tasas de Europa y el triple que la OCDE, según el informe de la Fundación Europea Sociedad y Educación. Además, el último informe de la OCDE sobre España (marzo 2017) señala que la educación universitaria es “de baja calidad”, porque las habilidades de los universitarios están “entre las más bajas de la OCDE”. Y si tomamos a todos los adultos, la OCDE resalta que somos el 5º país con peor nota en comprensión lectora y matemática, sólo por delante de Chile, Turquía, Italia o Israel.

Por si fuera poco esta negativa radiografía de la enseñanza reglada, España también gasta poco y mal en la formación a adultos que han salido de las aulas, a trabajadores y parados. Somos uno de los paises con los adultos peor formados pero hacemos poco por mejorarlo. De hecho, el 53% de los adultos españoles no hacen ninguna formación, el 7º porcentaje más alto de la OCDE. Y del resto, sólo un 4% hacen una formación “formal·. Si miramos a los trabajadores, sólo un 11,9% hicieron algún curso de formación en 2015, frente al 14,7% en Europa, el 12,5% en Alemania, el 20,9% en Reino Unido o el 23% en Francia, según la Comisión Europea. Y mirando a los parados, sólo el 7,4% hicieron algún curso en 2015, frente al 9,6% de parados que se forman en Francia, el 23,7% en Alemania o el 25% en Italia.

Y todavía hay más. Para ser un país con adultos poco formados, el gobierno Rajoy ha recortado la aportación estatal a la formación profesional de adultos, a la séptima parte: de 934 millones en 2011 a 134 millones en 2015. Y aunque la aportación de empresas y trabajadores a la formación se ha mantenido, el problema es que una cuarta parte del dinero disponible no se gasta: se han perdido, por no solicitarse o hacerse cursos, 14.533 millones de cuotas entre 1993 y 2016, según ha denunciado la patronal CEOE, un dinero que los Gobiernos han gastado en otras cosas. Así que en la formación de adultos, falta demanda de cursos y la cuarta parte del dinero disponible no se gasta en formación. Así nos va.

La baja formación es, junto a la caída y el envejecimiento de la población, uno de los dos “talones de Aquiles” de la economía española, según el Banco de España. Mejorarla es uno de los retos claves para afrontar el futuro, ya que, para 2020, sólo un 15% del empleo disponible será para los europeos peor formados, ese 41,7% de españoles hoy, según un estudio de CEDECOP. Y en España, de los nuevos empleos disponibles dentro de una década (entre 8.8 y 10 millones), sólo el 2,3% serán para los que tengan poco formación, un 39,35% para los que tengan estudios medios y más de la mitad (58,4%) para los que tengan educación superior, según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie.

Así que habría que dejar de hacer triunfalismo con el empleo y apostar por mejorar la educación y la formación de los españoles, para dejar de ser los eternos líderes en paro. Eso obliga a actuar en dos frentes: la educación de los jóvenes y la formación de trabajadores y parados. La primera medida debería ser blindar un mayor gasto en educación, tanto para la educación reglada como para la formación profesional. El objetivo podría ser gastar en educación la media europea: 5% del PIB. Eso, contando con que en 2017 gastaremos el 4,1% del PIB (46.000 millones de euros) supondría gastar 9.000 millones más al año. Y otros 2.000 millones en la formación de trabajadores y parados. Total, 11.000 millones, la cuarta parte de lo que nos va a costar el rescate de la banca.

Pero no basta con gastar más en educación y formación. Hay que plantearse una auténtica reforma educativa, pactada, que trate de conseguir otra educación, desde la guardería a la Universidad. Una educación menos memorística, basada más en el desarrollo de habilidades (ciencias, matemáticas, lectura, expresión verbal, idiomas, tecnología) y más ligada a lo que demandan  las empresas, con un mayor peso de la Formación Profesional. Y la propia OCDE nos propone gastar más en mejorar la formación de los profesores, volcándose en recuperar a los alumnos con problemas para reducir el abandono escolar. Y avanzar en la formación dual (trabajar y estudiar), que sólo siguen el 0,4% de los estudiantes de FP Superior (frente al 17% en la OCDE). Y trazar caminos para recuperar a los jóvenes ni-nis. En paralelo, hay que fomentar los cursos para adultos que trabajan y sobre todo para parados, en especial los jóvenes, las mujeres y los parados mayores de 45 años. Con cursos de formación más atractivos, más ligados al empleo y una gestión más transparente, que evite la corrupción detectada en Andalucía y Madrid.

En España trabaja menos gente que en Europa y por eso tenemos el doble de paro y somos menos ricos. Conseguir que haya más españoles trabajando, menos paro y mejores salarios obliga a mejorar la formación, que es muy deficiente. La OCDE, la Comisión Europea, el FMI y cientos de expertos lo llevan diciendo años. Y aquí, ni el Gobierno ni la oposición toman nota, están a “otras cosas”. Un año más, el informe de la OCDE sobre la educación es un tremendo revulsivo, que debería llevarnos a afrontar con urgencia uno de los grandes retos de España: mejorar la educación y la formación de niños, jóvenes y adultos. No miren para otro lado.

jueves, 29 de junio de 2017

Las fuerzas sociales exigen otra formación


Sindicatos y patronal están que trinan con el Gobierno por su política de formación: le han denunciado ante los Tribunales y el Defensor del Pueblo por marginarles y le critican que han caído un 23% las empresas que hacen formación, que no es útil para el empleo y que además no se gasta el 26% del dinero que pagan empresas y trabajadores con sus cuotas. Y exigen una nueva Ley para la formación, porque la de 2015 la aprobó el Gobierno Rajoy sin acuerdo de las fuerzas sociales y ha empeorado la situación. Urge tomar medidas porque España tiene un grave problema de formación (el 42,8% de adultos tienen poca) y sólo hacen cursos el 12% de los empleados y el 7,4% de los parados, muchos menos que en Europa. Por si fuera poco, la mitad del dinero de la formación recaudado desde 1993 se ha gastado en otras cosas. Un escándalo y un suicidio, porque en la formación nos jugamos el empleo del futuro.
 
                                                                                                                                                            enrique ortega    
Alta tensión entre las fuerzas sociales y el Gobierno Rajoy a cuenta de su política de formación a empleados y parados. En los últimos meses, la patronal y los sindicatos han denunciado al Gobierno a los Tribunales por no contar con ellos en la aprobación de los cursos de 2016, que han controlado sólo las oficinas de empleo (SEPE). Y también han denunciado al Gobierno ante el Defensor del Pueblo por negarles información sobre lo que han hecho con el dinero de la formación no gastado en 2016: han “sobrado” 64 millones de euros, un 26% de los fondos disponibles. Y por si fuera poco, sindicatos y patronal se quejan de que el Gobierno les ha enviado en mayo el tercer borrador de Reglamento para desarrollar la Ley de reforma de la formación, aprobada por decreto-ley hace más de 2 años, en marzo de 2015 (y convalidada como Ley 30/2015, en septiembre).

Con todo, quizás lo más llamativo es que patronal y sindicatos están preparando una declaración conjunta para denunciar los graves problemas de la política de formación en España, que en su opinión “se ha deteriorado aún más” con la última Ley, que el Gobierno aprobó en 2015 sin contar con las fuerzas sociales. Denuncian que ha caído un 23% el número de  empresas que hacen formación, de 478.600 en 2013 a 368.300 en 2016, menos del 30% de todas las empresas que cotizan, cuando en Europa hacen cursos de formación entre el 50 y el 75% de las empresas, según los paises. Y ello lo explican porque la nueva ley ha encarecido los cursos y ha dejado de cofinanciar los cursos de las empresas entre 5 y 10 trabajadores, lo que ha expulsado a muchas micropymes de la formación. Además se quejan de la falta de transparencia en la adjudicación de los cursos y que, tras la reforma, se han concentrado en menos empresas, muchas vinculadas a grandes consultoras: sólo 19 entidades se reparten el 305 de los fondos (casi 3 millones cada una), mientras otras 287 se llevan una dotación media de 67.000 euros. Y además, se quejan de que los cursos son demasiado generalistas, poco ligados a lo que necesitan las empresas y el 80% son online.

Con todo, su mayor crítica es que no se gasta el dinero destinado a la formación y eso demuestra el fracaso de la política que se hace. Año tras año, las empresas no piden parte del dinero destinado a ayudarles a la formación (ellas tienen que aportar entre el 10% y el 40% del coste de los cursos, según su tamaño) y el problema es que ese dinero se pierde, porque el Gobierno y las autonomías lo gastan en otras políticas de empleo (bonificación de cuotas, trabajos de parados, prácticas en empresas, ayudas a emprendedores…) o se lo ahorran, para reducir su déficit. Y además, se niegan a informar a empresas y sindicatos qué hacen con estos remanentes, a pesar de que el dinero de la formación sale de las cuotas que pagan las empresas (0.6% de la masa salarial) y los trabajadores (0,1%). Y año tras año, quedan remanentes de estas cuotas sin gastar, entre el 20 y el 26%. La patronal CEOE estima que no se han gastado 1.000 millones de los fondos de formación sólo desde 2012.

Este dato es un escándalo y un suicidio en un país que necesita formar a sus trabajadores como el comer, porque la formación de los adultos españoles es muy baja comparada con Europa: el 42,8% de los españoles de 15 a 64 años sólo tiene la ESO o menos, frente al 26,6% de europeos con poca formación, según el último dato de Eurostat (2016). Y en la franja media de estudios, con bachillerato o FP, tenemos sólo a un 24,6% de los españoles adultos, frente a un 46,3% de europeos. Eso sí, en el nivel universitario tenemos más porcentaje de adultos que Europa: un 32,6% frente al 27,1%. Y si esto sucede entre todos los adultos, preocupa más que esa brecha de formación se mantiene también entre los jóvenes (25-34 años): tenemos un 34,7% de jóvenes que tienen sólo la ESO o menos, frente a sólo un 16,5% de jóvenes poco formados en Europa. Y con formación media, 24,4% de jóvenes frente a 45,4%.

Unos datos tremendos, como para desperdiciar la cuarta parte de los fondos para formación. Y más cuando España, además de tener adultos poco formados, gasta menos en formación y hace menos cursos que el resto de Europa. Así, sólo un 11,9% de los españoles que trabajan hicieron algún curso de formación en 2015, frente a una media del 14,7% en Europa (UE-28), el 12,5% en Alemania, el 20,9% en Reino Unido, el 23% en Francia, el 31,5% de Suecia o el 37,4% de los trabajadores en Dinamarca, según datos de la Comisión Europea y el Banco de España. Y si miramos a los parados, sólo el 7,4% de los desempleados hicieron algún curso de formación en 2015, frente al 9,6% en Francia, el 23,7% en Alemania y el 25% de parados que se forman en Italia, países con la mitad o menos de parados que España.

La poca formación y el desprecio por hacer cursos de empresas, trabajadores y parados es uno de los talones de Aquiles de la economía española y la recuperación, según el último informe del Banco de España 2016. Y eso porque el empleo del futuro sólo será para los más formados: para 2020, el 50% de los empleos en Europa serán para trabajadores con formación media, el 35% para los que tengan niveles altos y sólo quedará un 15% del empleo para los europeos que tengan baja formación (el 42,8% de los españoles adultos), según un estudio de CEDECOP. Y centrados en España, de los nuevos empleos disponibles aquí dentro de una década (entre 8,8 y 10 millones), sólo el 2,3% serán para los que tienen baja formación, un 39,35 para los que tengan estudios medios y más de la mitad restante (58,4%) para los que tengan educación superior, según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie.

Por todo ello, parece claro que nos jugamos el empleo futuro en mejorar la formación de los españoles, sobre todo los más jóvenes. Y por eso, los sindicatos y la patronal, casi siempre a la greña, se han puesto de acuerdo en exigir reformas urgentes al Gobierno. La primera y fundamental, que lo que las empresas y trabajadores coticen por formación se gaste en formación. Porque según estima la patronal CEOE, de los 35.215 millones de euros ingresados por la cuota de formación profesional desde 1993 a 2016, sólo 20.682 millones se han gastado realmente en formación. El resto, el 41,3% de lo recaudado se ha gastado en otras cosas o se lo han “ahorrado” los distintos Gobiernos. Y además de gastar lo recaudado, el Gobierno debe aportar más a la formación, porque Rajoy ha recortado a la séptima parte la aportación estatal: de 934 millones en 2011 a 134 millones en 2015 (la tercera fuente de ingresos, los fondos europeos, se mantienen estables, en 100 millones anuales).

Aparte de gastar más en la formación, se trata de gastarlo mejor y con más transparencia. Las fuerzas sociales se quejan de que los procesos de petición y gestión de las ayudas para la formación son muy burocráticos (duran más de 9 meses), con demasiado ocultismo y poca transparencia, máxime ahora que han echado a sindicatos y patronal del organismo de supervisión. Y se quejan también de la falta de coordinación entre la Administración central y las autonomías. Por otro lado, piden una mayor participación de las empresas privadas, sobre todo de las pymes, en la selección y oferta de los cursos, porque critican que la mayoría de cursos están obsoletos y existe una oferta formativa  desequilibrada: deja sin cursos  a aquellas ramas formativas que no resultan rentables a las academias privadas, por lo que los sindicatos piden más participación en la formación de los centros educativos públicos. Y además, que se incluya la formación como un elemento clave en la negociación de los convenios, para que los sindicatos peleen por la formación junto a los salarios, el horario y las condiciones de trabajo.

Y junto a estas peticiones de sindicatos y patronal, una petición más: buscar la transparencia y evitar el fraude y la corrupción en la gestión de los cursos de formación, como se ha detectado en demasiados casos en Madrid y Andalucía. De hecho, el Ministerio de Empleo acaba de reclamar a 41.000 empresas (entre ellas Inditex, Ikea, Repsol, Mercadona, el Barça...)  que devuelvan descuentos de cotizaciones cobrados indebidamente por cursos a empleados. Formación sí, pero no como un negocio paralelo de sindicatos y patronal o empresas para complementar su maltrecha financiación. Eso exige controles, pero sin que se eternicen los procesos con lentas y complejas solicitudes que hunden la formación, como ha pasado desde 2015. Y sobre todo, no quedarse sólo en controles de legalidad, sino multiplicar los controles de eficacia. Porque si no pasará lo que pasa ahora: que se hacen cursos inútiles y faltan trabajadores cualificados en lo que necesitan las empresas. De hecho, en el mercado laboral español faltarán 1,9 millones de profesionales altamente cualificados en 2020, según un estudio de Randstad: científicos, ingenieros, tecnólogos y matemáticos que tendrían que estar formándose ahora.

En definitiva, que patronal y sindicatos se han puesto de acuerdo en pelear por otra formación en España y han propuesto sus reformas al resto de partidos políticos, que están de acuerdo con ellos, salvo el PP. Es el momento de proponer un gran Pacto por la formación de los empleados y los parados, con más recursos y una gestión más eficiente y transparente, para mejorar el nivel de unos adultos y parados poco formados. Es una de nuestras grandes asignaturas pendientes, como insisten la Comisión Europea, la OCDE y el Banco de España. Porque en la formación nos jugamos el empleo del futuro.

lunes, 24 de marzo de 2014

Formación escasa, inútil y con mucho fraude


El fraude en los cursos de formación en Madrid y Andalucía ha hecho saltar por los aires el sistema de formación a trabajadores y parados, que pagan con sus cuotas empresas y empleados. No sólo hay poco control, sino que estos cursos son muchas veces obsoletos, largos e inútiles, sobre todo para los parados (sirven, eso sí, para que salgan de las listas del paro mientras los hacen). Y además, el 82% de las empresas no utilizan las ayudas para formar a sus empleados. Algo especialmente grave en un país con el doble de paro que Europa y donde el 46 % de la población tiene un nivel de formación baja (el doble que en la UE). Ahora, el Gobierno ha propuesto a sindicatos y patronal una reforma de la formación, para hacerla más eficaz y transparente. Pero hacen falta más recursos para formación, recortados un 25% desde 2009. Sin formación no hay empleo estable.
                     

La formación es la principal asignatura pendiente de España, incluso sin tener el doble de paro que Europa: casi la mitad de los españoles (46%) entre 24 y 64 años tiene un nivel educativo básico (no superan la primera etapa de la ESO), casi el doble que la media europea (24%), según la OCDE (2011). Y eso es especialmente grave porque el futuro va a exigir trabajadores más formados: para el año 2020, el 50% de los empleos en Europa serán para trabajadores con niveles medios, el 35 % para niveles altos y sólo quedará un 15% para niveles bajos, según un estudio del CEDEFOP. Si esto es así, a España le pillará sin preparación, porque nos sobran trabajadores con niveles bajos de formación (42%) y nos faltan de niveles medios (23%), aunque estamos en línea con la educación superior (35%). Además, una de las mayores debilidades de nuestro mercado laboral es la falta de competencias básicas (idiomas, informática, matemáticas, competencias personales, espíritu emprendedor) de los españoles: un 35% de los ocupados y un 54 % de los parados carecen de ellas.

Un panorama desolador, frente al que España esgrime un escaso esfuerzo en formación. Se gasta poco y menos cada año, por los recortes: 1.815 millones este año 2014, un 25% menos que en 2009 (2.413 millones). Y de este Presupuesto para formación, el Gobierno Rajoy ha quitado este año unos 200 millones para desviarlos a políticas activas de empleo (bonificación de cuotas, trabajos de parados, prácticas en empresas, emprendedores…), según denuncian los sindicatos. Con ello, serán 1.614 los millones para formación, destinados a trabajadores ocupados (899,5 millones), parados (654,6 millones) y empleados públicos (60 millones). Un dinero que procede casi en su totalidad de las cuotas  a la Seguridad Social de empresas (0,6%) y trabajadores (0,1%) por formación profesional (1.777,6 millones), más el dinero procedente de Europa (Fondo Social Europeo). Y con el que hicieron cursos de formación 3.402.100 trabajadores ocupados y 207.407 parados en 2012.

Un tercio de estos Fondos para la formación (580 millones) se les da a las empresas, como bonificación de cuotas a la SS, para que organicen cursos de formación para sus trabajadores y les den permiso para hacer cursos fuera (el sistema les paga el sueldo cuando faltan). En 2012, 459.620 empresas se beneficiaron de estas ayudas a la formación, pero la mayoría de empresas no hacen cursos. De hecho, entre 2005 y 2009, el 82% de las empresas españolas no utilizaron estas ayudas a la formación y se han perdido 835 millones en estos cuatro años, según la consultora Garben. Las pymes son las que menos hacen cursos de formación (26,9% de las micropymes y 61% de las pymes) y las que más las grandes (91,8%).

Los dos tercios restantes del dinero para formación se canalizan a través de sindicatos y patronal (250 millones) y, sobre todo, de las autonomías, que gestionan con el SEPE (antiguo INEM) el dinero de los cursos para parados (654,6 millones), donde también participan sindicatos y patronal. Aquí es donde se han detectado los fraudes (con alumnos inexistentes y dinero desviado a pagar sueldos y gastos de patronales y sindicatos), en Madrid (15 millones de fraude y 14 detenidos) y Andalucía (7 millones de fraude). Los sindicatos se defienden, diciendo que ellos sólo controlan el 6,24% del dinero (3,06 CCOO y 3,18% UGT) que gestiona la Fundación Tripartita (888 millones en 2014) y que la mayoría se lo reparten la patronal (7%), los autónomos (2%) y los centros privados de formación (6%). Pero no incluyen aquí que también participan en los cursos para parados, el otro tercio del pastel. Y aunque hay teóricos controles sobre todos los cursos, las auditorías son parciales y no en profundidad.

En definitiva, se gasta poco en formación y se gasta mal. En España, hacen formación continua menos del 25% de trabajadores (no llegan a 4 millones, entre ocupados y parados), frente a un 40% de media que se forman en Europa (y un 55% en Alemania). Y se gasta mal, porque las empresas que hacen formación (con las cuotas de todos) la centran en directivos, mandos intermedios y técnicos y no en los que más la necesitan, los empleados menos cualificados, jóvenes, mujeres y mayores de 55 años, según denuncian los sindicatos. Además, la mayoría de los cursos son presenciales (sólo 18,2% son a distancia, más un 9,9% de tele formación) y centrados en cuatro ramas (58% cursos): administración y gestión, comercio y marketing, seguridad y medio ambiente y servicios socioculturales.

Peor están los cursos para parados (58% tienen poca formación), que han sufrido un duro recorte: si en 2009 se destinaban 1.017 millones, ahora se gasta un tercio menos, 654,6 millones, aunque hay 2,7 millones de parados más. Y cada vez son menos los parados que hacen cursos: si en 2009 eran unos 600.000, ahora son la tercera parte (207.407 en 2012, según la Fundación Tripartita). Se ofrecen menos cursos, demasiado largos (dos tercios son de más de 200 horas y el 42% entre 200 y 400 horas), quizás porque eso baja las estadísticas del paro: cuando hacen cursos, los parados salen de las listas. Además, muchos de estos cursos tienen contenidos y métodos de aprendizaje obsoletos, siendo casi en exclusiva presenciales. Y no se hacen segmentando a los parados según su formación, con lo que están haciendo estos cursos los parados con más formación y no los que más los necesitan. Además, por su mala organización y dispersión (17 autonomías), los cursos para parados cuestan 6 veces más que el resto de cursos de formación, según un estudio de Élogos.

Los escándalos de los cursos de formación en Madrid y Andalucía han forzado al Gobierno a cambiar el sistema, en el que se han sentido cómodos sindicatos y patronal los últimos 20 años. La reforma, que el Gobierno quiere aprobar esta primavera, pretende abrir los cursos a cualquier empresa de formación y hacer más transparente y controlado el proceso, incluyendo un buzón de denuncias. Y los sindicatos proponen crear una Agencia nacional de Formación Profesional y que los centros públicos de FP impartan más cursos en el futuro. Un problema grave a resolver es la descoordinación, ya que gran parte de la formación (a parados) depende de las autonomías, que han creado 17 diferentes sistemas. Y hay que fomentar, con incentivos fiscales, el gasto de las propias empresas en formación, que ha caído a la mitad.

Hay que gastar mejor en formación, con más controles contra el fraude y sobre todo más controles de eficacia, para que los cursos ayuden a encontrar trabajo y mejorar el empleo. Pero, sobre todo, hay que gastar más: dedicar 1.815 millones de euros (80 euros al año por español en edad de trabajar) es una miseria que no nos debemos permitir, cuando hemos gastado 25 veces más en sanear la banca. Habría que dedicar el doble de recursos, con más eficacia y transparencia, si queremos mejorar la mala formación de los españoles. Porque sin formación, no hay ni habrá empleo estable. En la formación está nuestro futuro.