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jueves, 21 de septiembre de 2023

Retrocesos frente a la Crisis Climática

Las olas de calor del verano y las inundaciones han dejado claro que estamos ante una grave Crisis Climática (no un “Cambio Climático”: demasiado suave). Pero no hacemos nada para atajarla. Es más, las emisiones de CO2 aumentan este año, tras subir en 2021 y 2022. Y eso, porque los paises han subvencionado las energías fósiles para reducir la inflación, con ayudas a los carburantes, la luz  y el gas, alimentando emisiones. Y encima, en Europa avanzan las posiciones negacionistas, con el Partido Popular Europeo (incluido el PP español) votando en contra (en julio y septiembre) de 2 Leyes para proteger la naturaleza y reducir la contaminación. Y en España, con el PP (y Vox) gobernando 11 autonomías y 44 grandes ciudades, se está dado marcha atrás en las zonas de bajas emisiones o suprimiendo carriles bici. Ojo: la defensa del medio ambiente es de sentido común y no debe tener un sesgo político. Nos jugamos la salud, la economía y el Planeta. Es pura supervivencia.

                 Enrique Ortega

La ONU acaba de dar otra alerta ("hemos abierto las puestas del infierno") sobre la Crisis Climática, la enésima en los últimos años: las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero, culpables del “Cambio Climático”, siguen aumentando en 2023, un +0,3% en el primer semestre, por un mayor consumo de los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) en la industria y el transporte, aunque han bajado las emisiones de los hogares y la producción de electricidad. Y esto es grave porque ya subieron las emisiones de CO2 en 2022 (+1%) y en 2021 (+6%), tras la bajada (por la recesión derivada del COVID) en 2020 (-5,4%), por primera vez desde 2015. Con ello, se ha vuelto a batir el récord de CO2 en la atmósfera: en mayo de 2023, en Hawái, se alcanzaron las 424 partes por millón (ppm), el doble que al inicio de la Revolución Industrial (280 ppm en 1850) y la mayor concentración en los últimos 3 millones de años… 

El último informe de la ONU advierte que este récord de emisiones de CO2 ya han provocado una subida de la temperatura mundial de 1,15 grados sobre el año 1850, muy cerca del tope marcado en la Cumbre del Clima de París (2015): no superar en 1,5 grados para el año 2100. A este ritmo de emisiones, la temperatura subiría hasta 2,8 grados a finales del siglo, lo que provocaría un caos climático, con graves efectos para la salud, la agricultura y la alimentación y el Planeta, afectando más a algunas zonas y paises. Y recuerdan que la Crisis Climática ya ha provocado graves daños el mundo: más de 2 millones de muertes y 4,3 billones de dólares de pérdidas, sólo entre 1970 y 2021, afectado más a los paises en desarrollo (que se han llevado el 90% de las muertes y el 60% de las pérdidas). 

En definitiva, que aunque los desastres naturales (olas de calor, sequías, inundaciones, tornados, malas cosechas y hambre) son cada día más patentes, el mundo no aprende y sigue aumentando sus emisiones y alimentando la Crisis Climática. Unos más que otros. Así, entre enero y finales de julio de 2023, las emisiones mundiales de CO2 y otros gases de efecto invernadero han crecido un +0,5%, según los últimos datos de Carbon Monitor, aumentando las emisiones en el transporte terrestre (+0,8%), vuelos internacionales (+0,3%), industria (+0,2%) y vuelos nacionales (+0,1%), bajando sólo en la generación de electricidad (-0,1%). 

Las emisiones bajan este año en Europa (-4,3%), más en Alemania (-5,5%) e Italia (-5,4%) que en España (-2,6%) o Reino Unido (-1,3%), en EEUU (-3,6%), en Japón (-5,2%) y en Brasil (-2,6%), pero suben en China (+3,7%), India (+6,7%) y Rusia (+3,2%), tres paises claves porque emiten casi la mitad del total de CO2 mundial (30,3% China, 7,62% India y 5,1% Rusia). Los tres defienden que no pueden poner en peligro su crecimiento futuro y que los paises desarrollados llevan siglo y medio contaminando, además de que emiten más CO2 por habitante. De hecho, EEUU emite 14,24 Tm de CO2 por habitante y la UE 8,39 Tm frente a 8,73 Tm China y 1,90 India, aunque Rusia produce 13,52 Tm per cápita. 

Visto el panorama actual, la ONU se queja de que los paises no toman medidas para reducir  sus emisiones y las que toman son para aumentarlas. Así, denuncian que en los últimos dos años, casi todos los paises (sobre todo los desarrollados) han aprobado más ayudas y subvenciones a los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón, los grandes responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero), dentro de Planes para atajar la inflación. Sólo en 2022, las ayudas públicas mundiales a la utilización de combustibles fósiles fueron de 7 billones de dólares (6,5 billones de euros), 1 billón más que en 2020, según un informe del FMI. La mitad de estas ayudas públicas las han dado Asia oriental (China) y EEUU, el resto India, Rusia y la Unión Europea, precisamente los grandes emisores de CO2. España concedió en 2022 unos 10.500 millones de euros en ayudas públicas a los combustibles fósiles, desde la subvención a los carburantes (20 céntimos), al gas (industrias y particulares) y a la generación de electricidad (subvención al gas), lo que ha beneficiado a consumidores, eléctricas, gasistas y petroleras pero a la vez ha “alimentado” las emisiones. Por eso, la ONU pide suprimir estas ayudas y destinar esos billones a promover  energías limpias. 

Otro tema preocupante en la lucha contra la Crisis Climática es el avance de las posturas negacionistas en Europa, el continente que más ha apostado por el medio ambiente. El auge de la extrema derecha en la mayoría de paises europeos ha llevado a la derecha europea a asumir parte de sus postulados “negacionistas”, para no perder votos. Y así, en los últimos meses, hemos asistido a dos votaciones en el Parlamento Europeo donde el Partido Popular Europeo (y también el PP español) han votado en contra de dos Leyes promovidas por la Comisión Europea dentro del llamado Pacto Verde europeo. 

La primera Ley, la Ley de Restauración de la Naturaleza (LRN) procede de un Reglamento aprobado en junio de 2023 por la Comisión Europea para restaurar los ecosistemas europeos, el 80% dañados. La Ley, que pretende restaurar al menos el 20% de las zonas terrestres y marítimas europeas para 2030, salió adelante en el Parlamento europeo el pasado 12 de julio, con 336 votos a favor, 12 abstenciones y 300 votos en contra del PP europeo (y del PP español), junto a la extrema derecha europea (y Vox). Dos meses después, el 13 de septiembre, esos mismos partidos votaron en contra de la nueva Directiva de la Calidad del Aire, promovida también por la Comisión Europea para establecer límites más severos a los indicadores de contaminación, para 2035, en línea con los límites que recomienda la OMS. Y eso porque la contaminación atmosférica provoca más de 300.000 muertes al año en la UE (24.000 en España). A pesar de ello, la propuesta de Directiva tuvo 226 votos en contra (PP europeo y español, más la ultraderecha europea y Vox), 46 abstenciones y 363 votos a favor. 

Ahora, ambas Leyes medioambientales, aprobadas con fuerte oposición en el Parlamento Europeo, deben concretarse en una negociación entre la Comisión, el Parlamento y los distintos Gobiernos europeos. Pero el ambiente político es complicado, porque la derecha europea (PP europeo) está virando hacia posiciones negacionistas, preocupada por el ascenso de la extrema derecha ante las elecciones europeas de junio de 2024. Y además, crecen las posturas negacionistas, para “suavizar” las medidas medioambientales en muchos paises, no sólo en Polonia y Hungría. Así, el gobierno italiano de la ultraderechista Meloni bloquea los nuevos límites que estudia la Comisión Europea para las emisiones de coches a partir de 2030. Y Alemania ha tenido problemas internos  para aprobar la “Ley de calefacción”, para promover bombas de calor frente a las calefacciones de gas. En general, avanzan las posturas contrarias a medidas de defensa del medio ambiente, con la excusa de que atacan la economía, los agricultores y el nivel de vida. Ayer mismo, el Gobierno británico anunció que revisará a la baja sus objetivos medioambientales "para no dañar a la economía y a los británicos" . 

En España, con el avance de la derecha y la extrema derecha en las elecciones autonómicas y municipales de mayo, también han avanzado las posiciones negacionistas del Cambio Climático y las medidas medioambientales, con cada vez más políticos, medios y ciudadanos que critican lo que denominan “la religión climática de Occidente”. Y eso está suponiendo un retroceso en la lucha contra el Cambio Climático promovida por la Ley de 2020. 

Primero, en las 11 autonomías donde gobierna el PP (en 5, con la ultraderecha de Vox), ya se han dado muestras de una “menor sensibilidad medioambiental”: reducción normas medioambientales, ampliación de regadíos, reducción espacios protegidos, fomento de la caza,  reversión políticas europeas (como en el uso de pesticidas), freno limitaciones pesqueras… Por un lado, los políticos de Vox se han hecho con varias consejerías de Agricultura (Castilla y León, Extremadura, Comunidad Valenciana, Aragón) y en otros casos se ha suprimido la consejería de Medio Ambiente (Baleares) o se le ha dado a Vox el control de parte de las inversiones medioambientales (Murcia y el Mar Menor). 

Después, en las 44 capitales y grandes ciudades que ahora gobierna el PP (en muchas, con Vox), también se están dando retrocesos en las políticas medioambientales. Por un lado, varios Ayuntamientos han suprimido los carriles bici, algunos ya construidos (con Fondos europeos): es el caso de Valladolid, Elche, Palma de Mallorca, Gijón o Logroño (donde se ha eliminado un carril bici subvencionado ya con 2 millones de Fondos del programa UE Next Generation para luchar contra el Cambio Climático, como también Valladolid, Elche o Gijón). Y por otro, la mayoría de Ayuntamientos, en especial los gobernados por el PP y Vox, han paralizado la entrada en vigor de las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), para limitar el tráfico en el centro de las ciudades, proyectos que habían recibido también dinero de la UE. 

Veamos el negacionismo de estos Ayuntamientos para reducir la contaminación, cuando los expertos denuncian que cada año mueren por la contaminación 24.200 españoles y que es la causa principal de que aumenten los enfermos de cáncer en España. La Ley contra el Cambio Climático, aprobada por el Gobierno Sánchez en 2020, establecía que las 149 ciudades con más de 50.000 habitantes (donde viven la mitad de los españoles) tenían que poner en marcha, el 1 de enero de 2023, unas Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) para restringir el tráfico en los centros urbanos y así reducir la contaminación. La realidad fue que sólo aprobaron estas restricciones 20 ciudades, con la excusa de que no les había dado tiempo a implantar los sistemas de acceso, aunque la realidad es que no querían hacerlo por la cercanía de las elecciones municipales (28-M). Pero, pasadas las elecciones, la realidad es que, a primeros de agosto, sólo están activas las ZBE en 14 ciudades: Madrid, Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Pontevedra, Hospitalet, Badalona, Pamplona, Sant Cugat del Vallés, Rivas Vaciamadrid, Cornellá, A Coruña, Córdoba, la Línea de la Concepción y Badalona. Y en otras 120 siguen en trámite, mientras no se sabe nada del resto.   

Ahora, al menos 6 ciudades gobernadas por el PP (y Vox) han indicado que buscan retrasar o reducir las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE): Gijón (ahora permite aparcar en el centro coches sin etiqueta), Valladolid (quiere reducir la zona ZBE y retrasarla a finales de 2024), Castellón y Lorca, Majadahonda (el Ayuntamiento ya votó en febrero que no pondrá en marcha la ZBE) y Elche. El último Ayuntamiento “rebelde” ha sido Badalona, cuyo alcalde (por mayoría absoluta) es el exlíder del PP catalán García Albiol: este 25 de septiembre van a aprobar paralizar la ZBE aprobada por el anterior consistorio (y por la que recibieron 2 millones de euros de Fondos UE) y fijar una moratoria de 3 años para aplicarla. 

El Gobierno ya ha reaccionado ante esta “rebeldía negacionista” de la derecha, que incumple la Ley vigente contra el Cambio Climático. Por un lado, la ministra de Transición Ecológica amenazó el martes con llevar al Ayuntamiento de Badalona y a los demás a los Tribunales. Y por otra, el Ministerio de Transportes ha recordado a los Ayuntamientos que el Gobierno transfirió 1.500 millones de euros de Fondos europeos para que los municipios implantaran carriles bicis o Zonas de Bajas emisiones. Y que si no lo hacen, tendrán que devolverlos. 

En resumen, que la crisis Climática avanza, en el mundo y en España, y los Gobiernos siguen financiando las energías fósiles (para intentar rebajar la inflación) y avanzan las posturas negacionistas (promovidas por la ultraderecha y “asumidas” por una gran parte de la derecha), en Europa y en España. Malas noticias, porque  la realidad es que los síntomas de la Crisis Climática se agravan y causan cada día muertes y daños. Sólo en 2021, los daños por el Clima en Europa fueron de 15.154 millones de euros, según Eurostat. Y rondan los 500.000 millones las pérdidas por causas climáticas en Europa desde 1.980, sin olvidar los miles de muertos por las olas de calor (6.000 en España en 2022), incendios, desastres naturales, contaminación y enfermedades asociadas). Y a eso hay que sumar los daños en la agricultura y las cosechas (que disparan el precio de los alimentos), en el turismo y las infraestructuras y en la economía, sobre todo en la Europa del sur y el este y sur de España. 

Urge una reflexión: la lucha contra la Crisis Climática debería ser una cuestión “de sentido común”, al margen de la política: hay que preservar el medio ambiente para evitar una crisis climática que acabe con vidas, cultivos, la economía y el Planeta. Los científicos llevan años diciéndonos qué hay que hacer: dejar de utilizar los combustibles fósiles y cambiar el modelo de vida y crecimiento, para que sea sostenible. Aprobar medidas concretas  para reducir más drásticamente las emisiones de CO2 (un -43% en 2030 y 0 emisiones netas para 2050, según la ONU) y reducir la contaminación que mata. Salvar el medio ambiente no debe ser de izquierdas ni de derechas. Es algo obvio, una cuestión de supervivencia.

jueves, 17 de diciembre de 2020

Clima: la próxima pandemia (sin vacuna)

 

Se han cumplido 5 años de los acuerdos de la Cumbre del Clima de París y el mundo sigue emitiendo más gases de efecto invernadero. Incluso con la pandemia, las emisiones sólo han caído un -5,3% y crecerán cuando la economía se recupere. Por eso, la ONU ha pedido a los paises que declaren “la emergencia climática” y que no retrasen más los recortes de emisiones. Europa se ha adelantado y las rebajará un -55% para 2030. Falta ver qué hacen China y EEUU, ahora con Biden. Pero urge recortar las emisiones, porque los efectos negativos del Cambio Climático se han agravado: subida temperaturas, incendios, inundaciones, huracanes…Y los científicos advierten: el Cambio Climático va a provocar futuras pandemias, con millones de muertes por altas temperaturas, contaminación, hambre y migraciones, favoreciendo nuevas enfermedades como la COVID 19. Y contra estas “pandemias climáticas” no habrá vacunas. Sólo queda evitarlas ahora, reduciendo emisiones todos, desde los Gobiernos a las empresas y cada uno de nosotros. Avisados estamos.

 

Recreación de Enrique Ortega a partir de El Jardín de las Delicias de El Bosco.

La pandemia ha bajado las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del Cambio Climático, pero más en los primeros meses (-23% hasta finales de mayo), con el confinamiento duro, y menos a partir del verano (crecen desde julio), siendo ya mayores las emisiones en noviembre que en enero de 2020, según este gráfico de Carbon Monitor. El balance, hasta el 30 de noviembre, es de una bajada de las emisiones mundiales de CO2 del -5,3%, un recorte que es mayor en Estados Unidos (-13,2%), Europa (-9%), India (-8,7%) o Brasil (-11%) y menor en China (-0,5% emisiones) y Rusia (-3,6%), según el último informe de Carbon Monitor. España es uno de los paises donde más han caído las emisiones de CO2 con la pandemia (-14,6% hasta finales de noviembre), al reducirse en la producción de electricidad (-7%), por el menor uso del carbón, en el transporte (-4,1), por la menor movilidad, y en la industria (-2,6%), siendo mínima la reducción en la aviación (-0,5%) y las viviendas (-0,4%).

La ONU estima que la rebaja de emisiones por la pandemia oscilará entre el -5% y -7% este año 2020, mientras la Agencia Internacional de la Energía (IEA) apuesta por una rebaja del -7%. Sería la mayor reducción del siglo, tras una estabilización de emisiones en 2019, un crecimiento anual del +0.9% en la década 2010-2018 y del +3% en la década 2000-2009. El problema vendrá ahora, a la vista de la subida de emisiones desde el verano: la IEA estima que el consumo energético aumentará del +4% al 9% anual en la próxima década y con esta mayor demanda, tras la pandemia, volverán a subir las emisiones.

Suban o no, las emisiones hechas en los dos últimos siglos están ahí, acumuladas en la atmósfera y trastocando la naturaleza y el Clima. Ya en 2019 se batió el récord histórico de concentración de CO2 en la atmósfera: 410,5 ppm (partes por millón), casi el doble que los niveles alcanzados en el periodo pre-industrial (278 ppm en el siglo XVIII). Y el récord no fue sólo en las emisiones de CO2, el gas que más contribuye (en un 85%) al calentamiento global, sino también en las emisiones de metano (1.877 ppmm, partes por mil millones, 2,4 veces el dato del siglo XVIII), en un 60% procedente de la ganadería, la agricultura, los combustibles fósiles y la gestión de residuos,  y de oxido nitroso (332 ppm frente a 279 en el siglo XVIII), los otros dos gases de efecto invernadero, que retienen (como el CO2) el calor en la atmósfera y degradan la capa de ozono. Y en 2020, esa concentración de CO2 en la atmósfera ha seguido aumentando: el 18 de abril se batió otro récord en el Observatorio  tinerfeño de Izaña (418,7 ppm) y hoy está en 413,49 ppm en el Observatorio de Hawái, en cuya web se puede ver cada día.

Los científicos que trabajan para la ONU ya han alertado que el problema de esta elevada concentración de gases de efecto invernadero es que sus efectos negativos sobre el Clima se han acelerado más de lo previsto en 2015, cuando se firmaron los Acuerdos de la Cumbre de París. Así, el informe presentado el 2 de diciembre por la Oficina Meteorológica Mundial (OMM), dependiente de la ONU, destaca el fuerte aumento de la temperatura en el mundo: 2020 será uno de los tres años más cálidos de la historia, junto a 2016 y 2019. Y con ello, la temperatura del Planeta habrá subido este año +1,2 grados sobre la que había en la época pre-industrial (1.850-1900), con lo que se podrían superar los +1,5 grados de subida para 2024 y superar los 3 grados a finales de este siglo, cuando en la Cumbre de París se fijó como objetivo no superar los 1,5/2 grados, porque subir más sería acabar con el Planeta.

El informe de la OMM (“Estado del Clima 2020”) no sólo alerta sobre el fuerte aumento de la temperatura por las emisiones sino que destaca otros efectos negativos sobre la naturaleza y el Clima. El primero, el aumento de los incendios devastadores en Australia, Siberia, costa oeste de EEUU y América del Sur, los más activos desde que existen registros. El segundo, la reducción del hielo ártico, el nivel más bajo en 42 años, fruto de unas temperaturas árticas 5 grados por encima de lo normal (38 grados en Siberia el 20 de julio). El tercero, la consiguiente subida del nivel del mar por el deshielo, con un aumento del nivel del mar de 3,3 milímetros por año desde 1993. Y además, un fuerte deterioro de medio marino, debido a que los océanos absorben la mayor parte del calor del Planeta (el 90%) y una cuarta parte del CO2, lo que calienta y acidifica los mares, destruyendo especies y ecosistemas. Otra consecuencia del Cambio Climático es el aumento de los “fenómenos meteorológicos extremos”, que en 2020 se han dado con más frecuencia y virulencia: fuertes inundaciones (este de África y Sahel, Asia meridional, China y Vietnam), récord de tormentas tropicales (96 ciclones, 30 en el Atlántico) y huracanes (2 de categoría 4 en Centroamérica).

Este aumento extra de la temperatura y los fenómenos meteorológicos extremos han provocado el rebrote de enfermedades (como el dengue o el virus del Nilo), plagas (de langosta en Africa), malas cosechas, hambre y migraciones masivas: se calcula que 10 millones de personas se han desplazado en Asia y África durante el año 2020 por estos desastres climáticos. Y no sólo sufre el hombre, sino también el Planeta, donde 1 millón de especies están en peligro de extinción, con miles de ecosistemas destruidos. “Estamos en guerra con la naturaleza”, resumía el secretario general de la ONU hace unos días.

La cuestión ahora es no sólo salvar el Planeta, sino salvar vidas. Porque los científicos han lanzado otra dramática alerta, a través de un Estudio elaborado por 140 expertos  mundiales y publicado en diciembre en la revista The Lancet: la crisis climática es la mayor amenaza sanitaria del siglo XXI y amenaza al mundo con otra pandemia. Una pandemia que vendrá por 2 vías, si no se atajan las emisiones. La primera, por un colapso de los sistemas sanitarios de la mayoría de los paises, debido a un fuerte aumento de enfermedades y muertes por olas de calor (ya se produjeron 296.000 muertes en 2018, de ellas 104.000 en Europa y 3.160 en España), por un aumento de enfermedades infecciosas ligadas al aumento de la temperatura (dengue y malaria), por los daños cardíacos y pulmonares ligados al aumento de incendios, por el hambre y la peor alimentación derivados de sequías e inundaciones y del menor rendimiento de los cultivos, así como por el aumento de la contaminación atmosférica (7 millones de personas mueren al año en el mundo por la mala calidad del aire, 524.000 de ellas en Europa, según la AEMA).

El segundo riesgo de una futura pandemia está en la destrucción de la naturaleza y los ecosistemas, porque la explotación insostenible de los recursos naturales y las extinciones masivas de especies están en el origen de las recientes enfermedades zoonóticas (que se transmiten de los animales al hombre), desde la gripe A , el Sida, el SARS o la COVID 19, con virus que han saltado de animales (primates, murciélagos, roedores, aves y animales domésticos) al hombre, como refleja el muy recomendable libro “Contagio”, de David Quammen. En definitiva, según reiteran los  científicos de la ONU, está demostrado que la destrucción de ecosistemas, la desforestación y la eliminación de hábitats naturales “propicia que los virus en animales salten a los humanos y se conviertan en pandemias mundiales”. Y dan una cifra aterradora: en la naturaleza hay 1,7 millones de virus, de los que entre 500.000 y 700.000 virus animales tienen potencial para infectar a los humanos.

Así que el Cambio Climático no solo puede destruir el Planeta sino que antes nos puede destruir a los humanos, no sólo porque nos quedemos sin recursos sino porque enfermemos, porque provoque otra pandemia, más grave que esta de la COVID 19, por oleadas de calor, enfermedades o nuevos virus. Y en la mayor parte de los casos, sin vacuna posible. Por eso, por el grave riesgo que conlleva el Cambio Climático, la ONU ha lanzado en diciembre otro llamamiento a los paises: que declaren “la emergencia climática”. Que no pierdan más tiempo, que recorten ya y con decisión sus emisiones para evitar una “pandemia climática. Porque apenas se ha avanzado en los últimos 5 años, desde la Cumbre de París.

Sobre el papel, parecería que la lucha contra el Cambio Climático ha avanzado mucho estos años, salvando la excepción de EEUU por Trump: hay 126 paises que han prometido reducir a cero sus emisiones de gases de efecto invernadero en 2050. Pero la realidad es otra: la ONU advirtió en vísperas de la Cumbre virtual del aniversario del Acuerdo de París, celebrada el 12 de diciembre, que sólo 5 paises se habían comprometido a hacer para 2030 recortes extras sobre el 40% prometido hace cinco años. Y si no se empieza ya a tomar medidas y recortar más, será imposible alcanzar el objetivo de cero emisiones en 2050.

La Unión Europea llegó la madrugada del 11 de diciembre, en vísperas de la Cumbre climática virtual, a un acuerdo de última hora para recortar las emisiones de los 27 paises un -55% en 2030 (en lugar del -40% prometido antes), con lo que Europa sigue liderando la lucha contra el Cambio Climático. China se comprometió a emisiones cero en 2060, pero falta ver cómo lo concreta. Y Estados Unidos se sumará pronto a los recortes, según ha prometido el próximo presidente Biden. Falta concretar los compromisos de Japón y Corea (0 emisiones en 2050) y los recortes (claves), de India, Rusia y Brasil. La cita para ver si todos actúan de verdad será la próxima Cumbre del Clima, en noviembre de 2021 en Glasgow.

La pandemia de la COVID 19 ha frenado la lucha contra el CC en la mayor parte del mundo, pero también abre la vía a una solución, porque en muchos paises, la estrategia de la reconstrucción económica pasa por fuertes inversiones en una economía más verde. Es la apuesta de Europa, donde una parte importante de su Plan de recuperación “Next Generation EU” (17.500 millones de 750.000 millones en cinco años) y de los próximos Presupuestos 2021-2027 (374.000 millones de 1,8 billones) se van a destinar a la reconversión energética. Y es también la apuesta de España, que destinará  a inversiones verdes un 37% de los Fondos europeos (72.000 millones en 2021-2023), a las que sumar créditos e inversiones privadas, hasta sumar un total de 200.000 millones de inversiones verdes en la próxima década, con la idea de crear 275.000 empleos verdes anuales, según el Plan Nacional de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030.

Parece que Europa y España van por buen camino, pero la ONU ha advertido que muchos otros paises no: denuncia que el mundo ha invertido 10 billones de euros en ayudas contra la crisis desatada por la COVID 19, pero la mayoría son gastos que aumentan las emisiones de CO2 o son neutrales y sólo una minoría de este gasto van a reducir el Cambio Climático. “Estamos viendo que los paises del G-20 están invirtiendo un 50% en actividades relacionadas con los combustibles fósiles (…) Es inaceptable que las generaciones futuras reciban un montón de deuda y que esa deuda se haya utilizado para destruir el Planeta”, denunció António Guterres, secretario general de la ONU el 2 de diciembre. Y 18 ONGs han denunciado también que, desde 2016 hasta hoy, los mayores bancos y fondos de inversión del mundo han prestado 1,6 billones de euros  e invertido otros 900.000 millones en acciones y bonos de empresas que operan con combustibles fósiles.

Está claro que los paises, bancos y Fondos de inversión tienen que salir de los proyectos y empresas que emiten gases y envenenan el Planeta. Y multiplicarse las empresas, ciudades y Estados que incorporan, en su día a día, la estrategia de cero emisiones para 2050. La economía sucia tiene que quedarse sin financiación, no ser rentable. Pero nosotros, los ciudadanos, también tenemos mucha responsabilidad. Tenemos que cambiar los hábitos de consumo cuanto antes: dejar de comprar coches contaminantes (sobre todo SUV), ser menos consumistas (la compra online contamina mucho, por las entregas: Amazon emitió en 2018 44,4 millones de Tm de CO2, más que 7 paises de la UE), usar menos el avión (en trayectos cortos, el tren) y el coche, comer menos carne (ganadería emite metano y No2), reciclar, aislar mejor las casas y reducir la calefacción y, sobre todo, estar dispuestos a pagar más impuestos por carburantes, luz e impuesto de matriculación para reducir emisiones. Vivir “de otra manera” para emitir menos gases y combatir el Cambio Climático. No sólo para salvar el Planeta (no hay Planeta B) sino para evitar nuevas pandemias. Es la única vacuna.