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jueves, 14 de noviembre de 2013

La herencia de Aznar es alargada (hasta hoy)


La semana pasada, el ex presidente Aznar presentó el 2º volumen de sus Memorias y volvió a presumir de su gestión, de los éxitos económicos de sus Gobiernos. Pero no habló de su herencia, de los problemas que los españoles seguimos sufriendo hoy por sus errores de entonces: la explosión de la burbuja inmobiliaria, la crisis financiera, las subidas desmesuradas de la luz por su Ley eléctrica, las pérdidas de las autopistas que fomentó y cuyas pérdidas toca ahora nacionalizar, la obra faraónica (y medio vacía hoy) de la T-4 de Barajas, un Ejército sin medios por sus compras impagables de nuevo armamento y hasta una nueva Ley educativa que es un calco de la LOCE que Aznar aprobó en 2002… Y su peor herencia: no haber aprovechado los años de vacas gordas para implantar un nuevo modelo de crecimiento para España al margen del ladrillo y el turismo. Así que, señor Aznar, no presuma.
 
enrique ortega

José María Aznar llegó al poder en marzo de 1996, con sólo 290.000 votos de ventaja sobre Felipe González y se consolidó en el 2000, con mayoría absoluta hasta 2004, gracias a su “milagro económico”: fuerte crecimiento (del 1,6% en 1993-96 al 3,6% de 1.997 a 2002), mucho empleo (5 millones de ocupados más en 8 años), menos paro (del 22,2% en 1996 al 12% en 2004), menos inflación (del 4,30% en 1995 a 3,22% en 2004) y apenas nada de déficit público (del 5,5% PIB en 1996 al 0,1% en 2004).

Un “milagro económico” que Aznar se atribuye, pero que no es mayoritariamente suyo. El cambio de Gobierno coincide con el final de la crisis española de 1992-93 y el inicio de una fuerte recuperación internacional, cuya ola aprovecha toda Europa, que crece casi tanto como España en esa década. Y el otro gran empujón nos lo da la entrada de España en el euro, en 1.999, que acarrea tres grandes ventajas a nuestra economía: fuerte bajada de tipos (del 11% en 1995 al 3,5% en 2003-2005), un aluvión de ayudas europeas (España recibió cada año, entre 1996 y 2006, ayudas por importe del 1% del PIB, casi un tercio del crecimiento) y la apertura de España al exterior, con un salto de las exportaciones. Este marco de dinero barato promovió la burbuja inmobiliaria, motor del crecimiento en la época Aznar, junto a la ayuda de los inmigrantes (4,2 millones entre 1996 y 2007).

Puede decirse que la entrada de España en el euro fue un mérito de Aznar y su equipo económico. Y así es, pero ayudados por los sacrificios de todo el país: moderación salarial (pacto con los sindicatos en 1997), esfuerzo empresas para moderar precios, congelación de inversiones públicas y gastos sociales, subida de impuestos indirectos (mientras Aznar bajaba el IRPF dos veces antes de las dos elecciones) y, sobre todo, la privatización de 40 empresas públicas (pan para hoy…) que ingresó casi 30.000 millones de euros, claves para bajar el déficit y poder entrar en el euro.

Pero hablemos de hoy, de la herencia que nos dejó Aznar. Empezando por la más letal, el estallido de la burbuja inmobiliaria, que ha provocado un desplome de los precios de las viviendas a la mitad y el endeudamiento de muchas familias. La burbuja inmobiliaria se alimentó del dinero barato, pero su origen está en la Ley 7/1997, de 14 de abril, que liberaliza el suelo: Aznar legisla que todo el suelo es urbanizable, salvo que se justifique clasificarlo como no urbanizable. Y en abril de 1998, lo refuerza con otra Ley que da vía libre a autonomías y Ayuntamientos para que pongan suelo a disposición de los promotores. Y lo hacen: si en 1996 se inician 287.100 viviendas en España, en 2000 se inician 534.010 y en 2004 otras 686.920, casi el triple que al llegar Aznar (y la inercia sigue hasta un máximo de 760.130 viviendas iniciadas en 2006 con ZP, que no estalló la burbuja). Consecuencia: la vivienda en España se revalorizó un 191 % entre 1997 y 2007, la mayor subida en la OCDE, según The Economist. Algo que las familias sufren todavía hoy: unas porque su piso vale la mitad, otras porque están hipotecados hasta las cejas (con desahucios).

Vayamos a otra burbuja, la financiera, donde Aznar también tuvo mucho que ver. Por un lado, en 1997 puso a un compañero de oposiciones, Miguel Blesa, al frente de Caja Madrid, quitando a un profesional reconocido como Jaime Terceiro, que la había hecho grande. Y su protegido acabó hundiendo la entidad, entre el ladrillo y operaciones especulativas que le han llevado a la cárcel. Y su vicepresidente Rato culminó el desaguisado, con una polémica multi-fusión y salida a Bolsa, errores que han costado a los españoles 24.500 millones, además de ser el detonante de una crisis financiera que nos costará más de 100.000. Y Aznar nombró en 2000 a Jaime Caruana gobernador del Banco de España, la entidad que debía haber evitado la burbuja financiera y que no lo hizo, a pesar de la advertencia de sus inspectores, que en mayo de 2006 enviaron esta carta a Solbes denunciandola complaciente actitud del Banco de España ante el crecimiento del crédito”. Algo más de un año después, ni Caruana ni Rato, su mentor y entonces gerente del FMI, fueron incapaces de predecir desde Washington la Gran Recesión. Doble fallo.

Tercera burbuja, la eléctrica: tenemos centrales para producir 100.000 Mw y sólo gastamos ahora 40.000. Ello se debe a la crisis y a que los incentivos de la época Aznar han multiplicado las centrales, sobre todo térmicas de gas y fuel. Pero hay más: pagamos la luz más cara de Europa (tras Irlanda y Chipre), que ha subido un 88% desde 2006, porque en 1997 Aznar (hoy asesor de Endesa) aprobó una Ley del Sector Eléctrico que fija un sistema de precios que reconoce a las eléctricas un extracoste que pagamos todos. Se paga por la luz lo que cuesta producirla en la central más cara (térmicas de gas y fuel), beneficiando a las centrales con menos costes (hidráulicas y nucleares). Es como pagar lo mismo por la carne picada al que la prepara con pollo o con chuletón. Y como esos precios no cubren los costes de la mayoría de centrales, les compensa con una serie de primas. Y así nos sube el recibo.

Cuarta burbuja: autopistas. En su segunda Legislatura, Aznar apoyó la construcción de una docena de autopistas de segunda generación, la mayoría en los alrededores de Madrid, con la presión de Esperanza Aguirre, que quería “tener autopistas como los catalanes”. Muchas iban paralelas a autovías gratuitas y han acabado siendo ruinosas, sin tráfico. Pero no es problema: el negocio era construirlas (sus dueños son las grandes constructoras) y si salía mal, el Estado saldría en su ayuda: Aznar pactó con ellas la inclusión de la responsabilidad patrimonial de la Administración (RPA), que comprometía al Estado a pagar su deuda si ellas no podían. Y ahora que hay 6 autopistas en suspensión de pagos, el Gobierno Rajoy va a nacionalizar a 10 de estas autopistas, cargando al contribuyente con sus 3.600 millones de deuda. Eso después de que ZP y Rajoy les hayan dado 5.200 millones de ayudas públicas desde 2010. Y un aumento extra de peajes, del 30% en diez años.

Aznar no sólo inauguró autopistas, también AVEs (prometió que todos los españoles “tendrían uno a 30 kilómetros de su casa”) y obras faraónicas como la T-4 de Barajas, que inauguró en febrero de 2004 (un mes antes elecciones), dos años antes de que despegara de ella un avión (2006), una infraestructura que costó seis veces más de lo presupuestado (6.200 millones) y que ahora está medio vacía, sumida en la crisis de Iberia, una de las empresas públicas privatizadas por Aznar y cuyo primer accionista fue muchos años Caja Madrid (Blesa y Rato), incapaces de enderezarla. De estas privatizaciones también tenemos herencia, la de unos monopolios públicos que se han convertido en oligopolios privados, que nos imponen sus precios. Es el caso de Repsol, denunciada por la Comisión de la Competencia por manipular y pactar precios de los carburantes, en perjuicio de los conductores. O Telefónica, beneficiada por Aznar en 2004 (como otras telecos) al no hacer subasta de licencias de telefonía móvil (como Alemania y Gran Bretaña), con lo que pagaron al Estado 480 millones de euros en vez de 6.000.

Y luego está el Ejército, al que Aznar quiso ganarse en 1997 aprobando un ambicioso Programa de compra de armamento (PEAS), comprometiendo un gasto de 24.000 millones hasta 2025. Como era una cantidad desorbitada, se inventó un truco contable: dar un crédito sin interés (lo pagamos todos) de 14.000 millones a las empresas de armamento, para que fueran fabricando y Defensa les pagaría a partir de 2011. Pero vino la crisis y no había dinero, mientras la factura había subido a 35.000 millones. Resultado, Rajoy lleva dos años (2012 y 2013) aprobando créditos extraordinarios para pagar esta herencia (2.659 millones ya), mientras recorta en sanidad, educación o gastos sociales. Y volverá a aprobarlos en 2014 y 2015, mientras el Ejército no tiene dinero ni para maniobras o misiones internacionales.

Y como colofón, la polémica Ley Wert de Educación, la LOMCE, es la herencia de la LOCE, la Ley de Educación que aprobó Aznar en diciembre de 2002 (sólo con apoyo de Coalición Canaria) y que apenas entró en vigor, porque Zapatero la anuló por decreto en mayo de 2004. Los principios de aquella LOCE son los de la Ley Wert: religión evaluable, reválidas, obsesión por las asignaturas técnicas y desprecio música y artes, centralización, apoyo a la enseñanza concertada, distintos itinerarios en ESO y bachillerato, la cultura del esfuerzo y la excelencia por encima del apoyo a los chavales con problemas… Volvemos a 2002.

Como se ve, la herencia de Aznar es alargada, sin contar  con que los españoles hemos heredado su delfín (Rajoy) y buena parte de su equipo económico (de Guindos y Montoro), culpables de parte de esta herencia aunque ahora no vayan a la presentación del libro de Aznar. Pero la peor herencia es que Aznar no aprovechó sus ocho años de vacas gordas (como tampoco ZP los cuatro suyos) para sentar las bases de una nueva economía, alejada del ladrillo y apoyada en la innovación y la tecnología, la industria y la exportación, con una fuerte inversión en la formación y la empleabilidad de los españoles. Subido en burbujas varias, todo era Jauja, hasta que estalló la crisis y caímos más que los demás en la recesión y el paro.

Por desgracia, Aznar no es algo pasado, sino que su sombra está presente en nuestras vidas, desde que pagamos la luz o la hipoteca hasta los peajes, la gasolina o las misiones en Mali, sin olvidar la educación de nuestros hijos. No lo olviden cuando le oigan. Y Aznar, que deje de presumir.  

domingo, 11 de septiembre de 2011

Fichajes millonarios en un fútbol en bancarrota

La Liga de las estrellas se ha estrenado esta temporada con una huelga en agosto, la primera en 27 años, para forzar a los Clubs a pagar sus deudas con 200 jugadores. Es una prueba más  de la burbuja del fútbol español, líder mundial en triunfos deportivos  y también en pérdidas y en deudas, con 12 Clubs en concurso de acreedores, seis en Primera División. El fútbol, como la economía, ha gastado sin medida y la mayoría de los 42 equipos, sobre todo los más modestos, están en bancarrota. La UEFA y la LFP quieren sanear el fútbol en tres años y que los equipos con deudas desciendan. Sin embargo, este verano se han gastado un 31 % más en fichajes, incluso equipos en suspensión de pagos.
www.enriqueortega.net
El fútbol, el deporte rey, es también un negocio que genera en España más de 10.000 millones de euros al año, el 1% del PIB. Pero es un negocio ruinoso: la UEFA ya ha advertido que la mitad de los equipos europeos está en números rojos, con 1.200 millones de pérdidas. Y España, el país campeón del mundo  tiene las peores cuentas: los Clubs llevan cuatro temporadas con pérdidas (385 millones de euros, 285 en Primera y 94 en Segunda) y lanzados a una loca carrera de fichajes y gastos que han sostenido endeudándose. Y en  junio de 2010, su deuda superaba los 4.000 millones: 3.456 millones los Clubs de Primera (659 Madrid, 548 Barça, 470 Valencia, 452 Atlético de Madrid, 267 Villareal, 173 Espanyol) y 556 los de Segunda. En total, deben más del doble de lo que facturan y 20 veces más de lo que debían en 1.992.
Los Clubs de fútbol, como la economía española, han vivido (y viven) por encima de sus posibilidades, en base a su particular “cuento de la lechera”: gastan millones en fichajes, pensando acabar en la Champions y arrasar en ingresos, pero luego los goles no entran y las cuentas no salen, sólo las deudas. El truco ha sido declararse en concurso de acreedores y no pagar, tampoco a los jugadores, evitando la quiebra y el descenso. Esta temporada, 12 equipos están en concurso, 6 de Primera (Zaragoza, Mallorca, Betis, Rayo, Sporting y Racing) y otros 6 de Segunda (Hércules, Huelva, Xerez, Córdoba, Cádiz y Poli Ejido), pero desde 2004 ya son 23 los Clubs que se han acogido a concurso para sortear pagar.
Las cuentas del fútbol no cuadran porque sus gastos son disparatados: un 85% son fichajes y sueldos, muchos millonarios. De los 1.000 jugadores profesionales de 1ª y 2ª, la mitad ganan 1 millón de euros al año, 50 superan los 4 millones y hay 10 (como Ronaldo o Mesi) que ganan 10 millones o más. Y a eso hay que sumar comisiones (20%), impuestos, gastos varios, directivos, etc. Y los ingresos no crecen igual. De hecho, la Liga española, la mejor del mundo, es sólo la tercera que más ingresa en Europa (1.622 millones en 2010), muy por detrás de la Premier League inglesa (2.479 millones €) y de la Bundesliga alemana (1.664) y cerca de la Serie A francesa (1.532 millones). Eso se debe a  que la Liga española ingresa relativamente menos por  socios y entradas (24,5 millones de espectadores en los campos frente a casi 43 en Alemania), por temas comerciales y, sobre todo, por las retransmisiones por TV.
La Liga de las estrellas ingresa por TV 612 millones, la mitad que la Premier League(1270 millones),menos que la Liga italiana(915 millones) y casi lo mismo que la Liga francesa(607).Y además, los ingresos por TV están mal repartidos en España: el 48% se lo llevan el Barça (157 millones) y el Madrid (140 millones), que ingresa 12 veces lo que el Betis (12 millones), cuando en Inglaterra el Manchester se lleva menos del triple que el último equipo. Este desigual reparto es fruto de que los Clubs negocian individualmente con Mediapro (también en concurso), mientras que en el resto de Europa son las Ligas las que se venden y negocian conjuntamente, consiguiendo más ingresos y un reparto más equitativo. Aquí, se intenta  cambiar el sistema, pero no podrá ser hasta 2014-15, ya que antes están casi todos los partidos vendidos.
El fútbol español adolece de una gestión poco profesional (muchos constructores haciendo negocios paralelos y ahora jeques que buscan lo mismo) y un descontrol oficial, con cuentas que llegan con 4 años de retraso a la LFP. Y con la crisis, muchos Clubs han visto reducir sus ingresos: 9 se han quedado esta temporada sin patrocinio en sus camisetas (Valencia, Sevilla, Atlético o Villareal) y otros de 2ª sin la ayuda de Ayuntamientos, Diputaciones o autonomías.
La Asamblea de la LFP aprobó en julio un Reglamento de Control Económico, impulsado por la UEFA para toda Europa, que pretende auditar a los Clubs, acabar con sus deudas en 3 años y que destinen menos del 70% a fichajes, so pena de sanciones que irán del descenso a la suspensión. Un intento de poner orden que choca con la política loca de fichajes de este verano, alguno de 40 millones: 344 millones gastados, un 31% más que en 2010. Y dos equipos, Zaragoza (en concurso) y Atlético, utilizando la ingeniería financiera para fichar a jugadores a través de un fondo de inversión radicado en un paraíso fiscal… O el Granada, recién salido de la suspensión de pagos, gastando 7,6 millones.
Al final, la burbuja sigue ahí, con los Clubs lanzados a la carrera de gastar para conseguir triunfos. Una Liga en la que hay un duopolio (Madrid-Barça), con presupuestos de 500 millones, a años luz económicamente del resto, con lo que muchos piensan que "hay 18 equipos que no pueden ganar la Liga".  Y que si los Clubs gestionan bien y ajustan sus cuentas, no estarán nunca arriba de la tabla, como le ha pasado al Deportivo de la Coruña, ahora en 2ª después de ganar la Liga hace diez años. Por eso va a ser difícil acabar con los triunfos a base de talonario. Pero no queda más remedio. La burbuja del fútbol, sus sueldos y su deuda, es una provocación en un país con 5 millones de parados. Y más ahora que han metido el déficit cero en la Constitución.

martes, 28 de diciembre de 2010

El ajuste de las Cajas, también lo pagamos todos

En plenas Navidades, la mayoría de las Cajas de Ahorros han estado cerrando fusiones para alumbrar un nuevo mapa de un sector que apenas había cambiado en el último siglo. El Banco de España les había dado un ultimátum: o ponéis orden para Nochebuena o lo ponemos nosotros. Y vaya si lo han hecho: ha habido fusiones contra reloj, para pasar de 45 Cajas a 17, se van a cerrar 2.300 oficinas y salen unos 20.000 trabajadores (1 de cada 6), la mayoría por prejubilaciones. Pero una cuarta parte del ajuste la pagaremos todos los españoles, financiando el paro durante dos años a los prejubilados de las Cajas, que salen con 55 años, lo que nos costará 1.100 millones de euros. Y además recibirán préstamos públicos del FROB para financiar el ajuste de un sector con beneficios.
Las Cajas son el eslabón más débil del sistema financiero español, por varias razones. La principal, porque soportan el 65% de la crisis del ladrillo (170.000 millones en activos inmobiliarios), con una elevada morosidad. La segunda, porque tienen una débil estructura de capital. La tercera, por su exceso de capacidad, fruto de haber aumentado en la última década oficinas (+30%) y plantillas (+32%), mientras la banca las recortaban (-6%).La cuarta, una gestión muy condicionada por los políticos locales y autonómicos (y hasta los Obispados).Y la última, que este año se han intervenido dos Cajas (CCM y Caja Sur) y los mercados temen que haya más Cajas en apuros(11 han tenido pérdidas en el tercer trimestre).
Pero las prisas ahora por ajustar las Cajas se deben a dos factores más. Uno, que necesitan con urgencia liquidez y apelar a los mercados para refinanciar en 2011 más de 40.000 millones de deuda. El otro, que la normativa europea Basilea III les obligará en 2011 a mayores exigencias de capital. Y para ello, tendrán que convencer a los inversores que son entidades saneadas y bien gestionadas.
La reforma ha consistido en un puzle de 12 fusiones entre Cajas de distintas autonomías o de la misma (caso de las Cajas de Galicia o Castilla y León), buscando siempre que una Caja sana se haga cargo de una o varias con problemas. Caja Madrid, Bancaja y 5 Cajas pequeñas han hecho la mayor fusión financiera de nuestra historia, creando la tercera entidad tras Santander y BBVA. Otras fusiones importantes son las protagonizadas por Cajastur, Catalunya Caixa, Caja Murcia y Caja Navarra. Ahora quedan 17 grupos de Cajas, tres veces más grandes, con un 15% menos de personal, y una estructura más ágil, como bancos, para poder captar accionistas y capital en la Bolsa y en los mercados. Y con una gestión más profesionalizada, aunque siguen los políticos: en el grupo Caja Madrid-Bancaja, por ejemplo, de los 22 consejeros hay 2 ex- ministros (Rato Y Virgilio Zapatero) y otros 11 cargos políticos.
El mayor coste del ajuste de las Cajas será para reducir el personal en 20.000 empleados, de los que 17.000 saldrán por prejubilaciones a los 55 años. El Ministerio de Trabajo, el que quiere que todos nos jubilemos a los 67 años, les va a autorizar un ERE para que los dos primeros años cobren el paro y lo pague el INEM (o sea,todos), así como sus cotizaciones a la Seguridad Social (además, los prejubilados pagarán menos impuestos en el cobro de su indemnización al ser un ERE). Esta fórmula de ajuste laboral, de las que no han disfrutado los bancos en sus múltiples prejubilaciones, les supondrá un ahorro de 1.100 millones que paga el Estado. Y también recibirán 12.000 millones de préstamos públicos del FROB.
Ahora, las Cajas tendrán que digerir estas complicadas fusiones y buscar capital para sanearse y reforzarse. Y en enero, se desnudarán, al tener que publicar el riesgo que tienen con el ladrillo, un dato clave para los mercados. Habrá que ver si mantienen su “trato de Cajas” frente al cliente, qué pasa con su Obra Social  y si pierden cuota frente a los bancos. Ojala no haga falta un segundo ajuste, porque también nos tocaría pagarlo.