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lunes, 10 de febrero de 2025

China pincha la burbuja de la IA

El mundo de la tecnología y la Inteligencia Artificial (IA) sufrió un “shock” a finales de enero: una pequeña empresa china había desarrollado, con poca inversión, personal y tiempo, un modelo puntero de IA en código abierto, DeepSeek, que competía perfectamente con los gigantes USA, como ChatGPT o los de Google, Microsoft y Meta. En medio de la carrera por monopolizar la IA, China parece haberse adelantado a EEUU, donde Trump “apadrina” un proyecto millonario de IA norteamericana. Ahora, podría abrirse el camino para que Europa y pequeños paises entren en la carrera de la IA, que va a cambiar nuestras vidas. Europa ha sido pionera en un Reglamento para controlar la IA, pero va muy retrasada en inversiones, aunque ha puesto en marcha 7 macrocentros de IA, uno en Barcelona. Y el Gobierno Sánchez acaba de presentar ALIA, un modelo de IA en español, dentro de una estrategia para invertir 1.500 millones en avanzar en IA, en las empresas y servicios. No podemos perder este tren.


En los últimos años, asistimos en el mundo a una auténtica fiebre del oro” por la Inteligencia Artificial (IA). Inversores, Fondos y bancos se han lanzado a apoyar proyectos, mientras los gigantes de Internet (Google, Meta, Microsoft y Amazon) lanzan modelos de IA o invierten en gigantescos Centros de Datos (Data Centers) para investigar en la IA. Sólo en los últimos 5 años, la inversión del capital riesgo en Inteligencia Artificial ronda los 300.000 millones de dólares, según el Foro Económico Mundial. Y se estima que la inversión en IA ha superado los 70.000 millones de dólares en 2024, sobre todo en USA y China. La “fiebre por la AI” se justifica porque “nadie quiere quedarse fuera” y todos piensan que será una tecnología que cambie la economía y el mundo en unos años.

La aparición de ChatGPT, el 30 de noviembre de 2022, fue un hito en esta revolución de la IA: una empresa casi desconocida, OpenAI, fundada en 2015 por varios inversores tecnológicos (entre ellos Elon Musk y Microsoft, que ya no la controlan) lanzó un modelo de IA para internautas (ChatGPT) y consiguió un millón de usuarios en 5 días (ahora tiene 200 millones). Eso disparó las alarmas en los gigantes de Internet, que llevaban años invirtiendo en IA: Microsoft apostó por Copilot (febrero 2023), Meta (Facebook) afianzó LlaMA (febrero 2023) y Google renovó Bard y lanzó Gemini (diciembre 2023). Todos buscan lo mismo: desarrollar un modelo de IA que se popularizara y copara el mercado. Es la estrategia de “el ganador se lo lleva todo", la búsqueda de un “cuasi monopolio” en IA, como lo han conseguido Google (buscadores), Microsoft (sistemas operativos), Meta (redes sociales), Amazon (comercio online), Apple (dispositivos de alta gama) o Tesla (coches eléctricos).

En medio de esa “loca carrera” por conseguir el dominio del mercado de la IA (para después imponer sus condiciones, como Google, Apple o Amazon), OpenAI, la empresa norteamericana líder en IA, aprovechó la llegada de Trump al poder para lanzar el proyecto STARGATE, una inversión de 500.000 millones de dólares en 4 años para infraestructuras de IA, con el apoyo de Oracle (USA) y Softbank (Japón), más Nvidia (la empresa USA líder en fabricar los microchips que necesita la IA). Un proyecto millonario, presentado por Trump el martes 21 de enero (su 2º día en la Casa Blanca), tras haber firmado una “orden ejecutiva (otra) que anulaba las restricciones (sobre seguridad y control) que Biden había establecido para la IA . “Se inicia la edad de oro de la IA en Estados Unidos”, declaró eufórico.

Sólo unos días después, el lunes 27 de enero, estallaba una noticia que supuso una auténtica conmoción en el mundo tecnológico: una casi desconocida empresa china lanzaba una nueva oferta de IA, DeepSeek, igual o superior a ChatGPT y que puede descargarse gratis. Y además es una herramienta que se ofrece “en código abierto”, lo que abre la vía a que nuevos desarrolladores la utilicen y amplíen. Pero lo más llamativo era que la IA china se había desarrollado sólo en dos meses, con un reducido equipo de ingenieros y una pequeña inversión (6 millones de dólares frente a los más de 100 millones que costó el lanzamiento de ChatGPT en 2022). Y encima, DeepSeek se había lanzado a pesar de la prohibición a empresas chinas de comprar chips de EEUU, lo que hundió la cotización de Nvidia (su valor cayó en 589.000 millones de dólares en un solo día, algo nunca visto), la 2ª empresa con más valor del mundo (tras Apple), gracias a su “cuasi monopolio” en la fabricación de chips de alto rendimiento para la Inteligencia Artificial (IA).

Tras recuperarse de la conmoción inicial, OpenAI (ChatGPT) denunció que los chinos de DeepSeek lo habían conseguido “copiando, utilizando la información de sus años de entrenamiento de ordenadores, algo difícil de demostrar. Todo indica que DeepSeek hizo de la necesidad virtud y utilizó otras vías de investigación, recortando procesos, desarrollos, medios e inversiones. Y parece que el promotor de DeepSeek, Liang Wenfeng, un ingeniero chino de 39 años, utilizó sus conocimientos de IA para montar un fondo de inversión con el que ganó una pequeña fortuna para comprar chips de Nvidia antes del embargo y montar un pequeño equipo, con ingenieros universitarios chinos…

El caso es que el lanzamiento de DeepSeek ha provocado una auténtica revolución en el disparatado mundo de la Inteligencia Artificial (IA), abriendo nuevos caminos y señalando que la clave no está sólo en invertir sin límite, que no es cierto que “el que más gaste será el ganador”. Y ha bajado los humos a los gigantes USA de Internet y la IA, que tendrán que afrontar una “cura de humildad”: han invertido más que China y parece que van por delante en IA, pero no es definitivo. De hecho, el gigante chino Alibaba ha lanzado otro modelo de IA, Qwen 2,5 Max, que parece también muy competitivo. Pero sobre todo, el ejemplo de DeepSeek ha creado muchas esperanzas en Europa, muy atrasada en la carrera de la IA (apenas invirtió 10.000 millones en 2024), porque demuestra que se puede avanzar sin presupuestos millonarios, a golpe de innovación e investigación.

Europa lleva años fuera de esta carrera por la Inteligencia Artificial (IA), como ha estado también relegada en la revolución tecnológica y de Internet, donde los gigantes son multinacionales USA y alguna china. Sólo ha avanzado en regulación, aprobando en marzo de 2024 (Parlamento Europeo) el Reglamento de la IA, la primera norma en el mundo para regular los avances en la IA. Y poco más. En enero de 2024 puso en marcha un paquete de medidas para apoyar a las empresas innovadoras y a las pymes para la utilización de la IA. Y en febrero, se abrió en Bruselas la Oficina Europea de la IA.

Después, lo más destacado ha sido la aprobación del programa IA Factory, por el que la Comisión Europea y los paises destinarán 1.500 millones de euros a crear unos Centros europeos de desarrollo de la IA. En diciembre de 2024, la Comisión Europea eligió las 7 futuras “fábricas de la IA europea”, instaladas en Bolonia (Italia), Kajaani (Finlandia), Bisen (Luxemburgo), Linköping (Suecia), Stuttgart (Alemania), Atenas (Grecia) y Barcelona, donde se ha elegido el MareNostrum 5, el superordenador del Barcelona Supercomputing Center (BSC), que es el que tiene mayor capacidad de almacenamiento de datos en Europa y el tercero con mayor rendimiento del continente.

Los expertos creen que Europa debe ir más lejos y apostar al máximo por la IA, creando un “ecosistema” que promueva avances, apoyados en ayudas, en las Universidades y centros de investigación y atrayendo a empresas e ingenieros, que ahora sólo miran a EEUU. Precisamente, la Inteligencia Artificial es uno de los sectores elegidos en el Informe Draghi para impulsar la competitividad de Europa en las próximas décadas, lo que exigirá fuertes inversiones, pero sobre todo apostar por la innovación, la investigación y el talento.

España busca desde hace años no perder el tren de la Inteligencia Artificial. Ya en diciembre de 2020, el Gobierno Sánchez aprobó la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA), con una inversión de 600 millones de euros. Y después, en 2012, la IA forma parte del Plan de Recuperación, con una inversión de 500 millones de Fondos europeos entre 2021 y 2023, que podría crear o mantener 15.986 empleos. Y en mayo de 2024, el Gobierno aprobó la Estrategia de Inteligencia Artificial 2024, para invertir 1.500 millones entre 2024 y 2025. Una parte de estos recursos han ido a mejorar el superordenador MareNostrum5 de Barcelona, a la financiación de desarrollos de IA (400 millones para empresas, dentro del programa Next Tech)  y para promover su utilización (350 millones para que la utilicen las pymes), a becas y formación de expertos en IA  y a la creación de la Oficina Española de IA, la primera abierta en Europa, en La Coruña, inaugurada en junio de 2024.

Además, estos fondos públicos han permitido crear ALIA, el primer modelo de IA en español, presentado por Pedro Sánchez el 10 de enero pasado. Dado que los modelos disponibles de IA para internautas y empresas (ChatGPT, Gemini, Copilot, LlaMA o DeepSeek) se han “entrenado” con textos e información mayoritariamente en inglés, lo que pretende ALIA es ofrecer un modelo que se ha entrenado básicamente con contenidos en español (aunque también está disponible en catalán, valenciano, vasco y gallego). Una herramienta que tiene un nivel tecnológico (hasta 175.000 millones de parámetros) equiparable a la primera versión de  ChatGPT y que tiene dos ventajas: es gratuita y de código abierto, lo que significa que las empresas (y expertos) pueden tomarla como punto de partida para desarrollar sus propios modelos de IA, con la ventaja de utilizar expresiones propias del español.

Ahora falta que todos estos proyectos y estas inversiones (españolas y europeas) vayan creando un ecosistema de desarrollo de la IA, desde la Universidad y los investigadores a empresas propias que desarrollen modelos innovación y modelos de IA. Y en paralelo, las empresas han de ir incorporando la Inteligencia Artificial en su día a día, porque hasta ahora la usan poco: sólo el 13,48% de las empresas europeas utilizaron la IA en 2024, según Eurostat. España es el país nº 13 en el ranking, con un 11,31% de empresas que usan la IA, muy por detrás de Dinamarca (27,58%), Bélgica (27,71%), Finlandia (24,37%), Paises Bajos (23,06%), Alemania (19,75%) o Irlanda (14,90%), pero por encima de Francia (9,91% empresas usan la IA), Italia (8,20%) o Portugal (8,63%). La mayoría de empresas españolas usan la IA para convertir el lenguaje hablado en formato legible y para el análisis del lenguaje escrito, sobre todo para atención al cliente y toma de decisiones, según Red.es.

En la sociedad y entre las empresas, hay bastante recelo ante el uso de la IA, tanto por cuestiones de seguridad como por temor a perder empleos (los estudios revelan que se perderán muchos, en sectores automatizables, pero se crearán muchos otros). Para valorar el potencial real de la IA, el Gobierno encargó a un grupo de expertos un informe, HispanIA 2040, que aborda las oportunidades y retos de la IA en España. El Informe, presentado el 20 de enero, concluye que la Inteligencia Artificial nos ofrece, ya ahora, “la oportunidad de ser más productivos y realizar algunas tareas con más rapidez y calidad”. Y detalla las ventajas que aporta al comercio, la consultoría y el transporte (mejora atención al cliente y aporta ganancias de eficiencia del 13%), a la Sanidad (ahorra el tiempo para atender a 5 pacientes más en Atención Primaria y reduce 22 días las listas de espera de especialistas), en Educación (libera a los profesores el tiempo de 1 día de enseñanza y mejora enseñanza de Matemáticas como si se impartiera medio año más) y a la Administración Pública (agiliza los procesos judiciales, la concesión de ayudas, la gestión medioambiental, el tráfico, la seguridad y defensa, la gestión del agua y el medio ambiente y hasta de las emergencias).

Los expertos que han elaborado HispanIA 2040 insisten en que el mayor desafío es que la IA llegue a la mayoría de empresas y trabajadores, porque si no perderíamos empleo y competitividad, agravando la desigualdad. Y para lograrlo, proponen invertir en IA en áreas estratégicas (biotecnología y ciberseguridad), crear un sistema de datos integrados que circulen por todo el país (empresas, instituciones y autonomías), impulsando modelos propios y cuidando el medio ambiente (los Centros de Datos consumen mucha energía y agua) y la ciberseguridad. Y defienden que la IA se despliegue “con criterios éticos, preservando la privacidad, la propiedad intelectual y la protección de datos. Y “con transparencia en los algoritmos”, para que no incurra en sesgos e injusticias.

Al final, el informe HispanIA 2040 deja claro que “las oportunidades que ofrece la IA son múltiples y si las aprovechamos de manera responsable deberían compensar con creces los posibles efectos negativos”. Y que la IA debe “ayudarnos a conseguir una sociedad más próspera, más justa y con más calidad de vida”. Así que, a pesar de los miedos que tenemos todos a que las máquinas desarrollen tareas humanas, estos expertos españoles creen que hay más ventajas que inconvenientes. Y que España, como Europa, debe volcarse al máximo en esta revolución tecnológica, la más importante desde la electricidad e Internet. No podemos perder este tren.

lunes, 24 de abril de 2023

Fiebre (y temor) por la Inteligencia Artificial

Los inversores y las Bolsas están a la caza de empresas que desarrollen la Inteligencia Artificial (IA).Y los internautas multiplican la utilización de ChatGPT, un sistema que permite crear textos e imágenes, lo que ha provocado la investigación de España (APD) y varios paises por posible vulneración de datos. Mientras, las empresas utilizan cada vez más aplicaciones de Inteligencia Artificial, con una pelea entre China y EEUU para liderar la IA, que cambiará nuestras vidas y recortará muchos empleos, sustituidos por máquinas. España quiere ser uno de los líderes europeos en Inteligencia Artificial, a la que destinará 600 millones de Fondos Europeos. Y ha sido el primer país en crear un Centro de IA (en A Coruña) y probar una normativa, que Europa aprobará en 2024. La IA será la mayor revolución tecnológica desde la electricidad, pero se teme que avance sin control, por lo que miles de expertos han pedido una moratoria para planificar su futuro. Objetivo: que las máquinas no escapen del control humano.

Enrique Ortega a partir de Le faux miroir de René Magritte

La Inteligencia Artificial (IA) busca que una máquina o una red de máquinas sean capaces de aprender y desarrollar tareas humanas, desde escribir o traducir a diagnosticar enfermedades, conducir un coche, investigar o invertir. Las primeras computadoras se crearon en EEUU en los años 40 y ya en 1950 se creó el primer experimento de Inteligencia Artificial, el proyecto Theseus: un ratón a control remoto capaz de encontrar la salida de un laberinto. En los años 90 aparecieron programas para juegos contra humanos y ya en 2012, el desarrollo AlexNet reconocía imágenes y objetos. En 2020 se avanza en el reconocimiento del comportamiento humano y el 1 de diciembre de 2022 aparece ChatGPT, un sistema de chat basado en modelos de lenguaje por IA que permite elaborar investigaciones, informes, traducciones, artículos, fotos y vídeos, gracias al reconocimiento de voz e imágenes.

Los expertos creen que, antes o después, se conseguirá que las máquinas (los ordenadores, solos o con robots) realicen (con menos coste y aceptable calidad) una gran parte de las tareas humanas, que exista “una Inteligencia Artificial a nivel humano”: un 50% de los científicos encuestados creen que esto sucederá antes de 2061 y el 90% están seguros que será “antes de 100 años”,  aunque muchos creen que se logrará “un gran avance” ya para 2050. Todo apunta a que la Inteligencia Artificial (IA) será la mayor innovación en la historia de la humanidad desde la electricidad (finales siglo XIX), permitiendo grandes avances en la Ciencia, sobre todo en energía, medicina, movilidad y sustitución de trabajos rutinarios y desagradables. Pero tiene dos graves incertidumbres: su efecto negativo sobre el empleo y el temor a un descontrol, que permita manipulaciones y controles de la sociedad por Gobiernos y grandes empresas.

Precisamente, el temor más inmediato ante la IA es que se sustituyan empleos por máquinas, acelerando la robotización de la economía. Goldman Sachs estima que hasta 300 millones de empleos en el mundo (casi el 10% del total) pueden verse afectados por los futuros sistemas de IA, llegando a afectar hasta el 25% de los empleos en EEUU y Europa. Los trabajos con más riesgo de ser sustituidos por la IA son los trabajos más cualificados y los más rutinarios, especialmente los empleos administrativos, los profesionales y técnicos, matemáticos, asesores financieros, periodistas, abogados, arquitectos, traductores y gestores. A cambio, se crearán trabajos nuevos, en especial ligados a la programación de las máquinas (“ingenieros de peticiones”) y el tratamiento de datos.

Otro problema de la Inteligencia Artificial (IA) es que agravará la crisis climática, porque la mayor utilización de ordenadores y centros de proceso de datos aumentará el consumo de energía: podría multiplicarse por 5, según algunos expertos. Y además, aumentará el consumo de agua, necesaria para refrigerar los sistemas. Baste decir que el consumo de electricidad mensual de OpenAI, la empresa que gestiona el ChatGPT, equivale al consumo anual de electricidad de 175.000 empresas danesas… Pero el mayor temor ante la IA es que las máquinas (y los Gobiernos y empresas que las gestionan) controlen nuestras vidas: vigilancia y reconocimiento facial, control de datos, manipulación de información y desinformación, consumos dirigidos, amenazas bélicas…. Y el temor final: que las máquinas escapen al control humano y acaben dominando nuestras vidas.

En medio de estos temores y recelos, los inversores y las Bolsas no quieren quedar fuera de esta revolucionaria tecnología y hay “una fiebre mundial para invertir en IA”, por  participar en esta tecnología que va a dominar el futuro, lo que está recaudando millones de dólares para las empresas que avanzan en proyectos de IA, sobre todo en EEUU. De hecho, la inversión corporativa en Inteligencia Artificial se ha multiplicado por 13 en la última década, pasando de 14,57 millones invertidos en 2013 a 79,62 millones en 2018 y 276,14 millones en 2021, según los datos de Our World y la Universidad de Stanford, aunque en 2022 la inversión bajó a 189,59 millones. El gran cambio es que antes, la investigación en IA se hacía en las Universidades, y en los últimos años se están creado empresas privadas (startups) que buscan invertir y rentabilizar la investigación en IA, apoyadas por los gigantes de Internet.

En paralelo, los avances en Inteligencia Artificial (IA) forman parte de la pelea estratégica entre EEUU y China, porque ambos paises saben que será una tecnología clave para configurar el poder económico y militar del futuro, desde la energía, los nuevos fármacos y nuevos materiales a la terapia génica, los análisis de comportamientos y las futuras armas. De momento, EEUU está por delante, en inversiones, científicos que investigan (el 60%) y computación cuántica, pero China tiene planes concretos (anunciados en 2017) para ser líder de la Inteligencia Artificial en 2030. Por eso, el presidente Biden prohibió (en octubre de 2022) que las empresas norteamericanas vendan a China chips de IA. En medio de esta pelea (económica y geoestratégica) por la IA, Europa está muy rezagada y corre el riesgo de quedarse atrás en esta carrera por la tecnología clave del futuro.

La aplicación de la Inteligencia Artificial (IA) en las empresas está creciendo mes a mes, de una forma callada pero efectiva: se estima que la mitad de las empresas del mundo han utilizado ya alguna aplicación de IA en alguna unidad de negocio, según la consultora McKinsey, siendo más en EEUU y Asia (59% empresas) que en Europa (48%), paises en desarrollo (44%) y China (41%), dominando las aplicaciones de chats y asistentes virtuales para uso comercial. De momento, hay 4 áreas claves de aplicaciones de IA: tecnologías de lenguaje natural (asistentes virtuales y chatbots, análisis de comportamiento, traducción automática, resúmenes de textos), simuladores, plataformas de inteligencia de decisiones (análisis financiero, diagnósticos y tratamientos sanitarios, marketing y publicidad) e IA basada en datos (recomendaciones a usuarios, análisis para conceder créditos, diagnósticos médicos y prevención de fraudes conforme a comportamientos tipo).

Mientras las empresas se lanzan con precaución a probar las utilidades más “comerciales” de la IA, los internautas se han contagiado la “fiebre” de estas aplicaciones, los chats que incorporan reconocimiento de voz e imágenes. El 1 de diciembre de 2022, la empresa norteamericana OpenAI, fundada en 2015 por varios inversores tecnológicos (entre ellos Elon Musk, de Tesla, que se retiró en 2008, y Microsoft), lanzó al gran público ChatGPT, un modelo de IA para internautas. Y en sólo 5 días, tenía 1 millón de usuarios (cifra que Facebook tardó en conseguir 10 meses), lo que multiplicó en las redes imágenes (falsas) creadas por ordenador, como la del Papa Francisco con un abrigo blanco acolchado o Trump arrestado. Este “boom” de ChatGPT obligó a Google a anunciar, a principios de febrero de 2023, que incorporará a su buscador su propio chatbot,  Bard, en el que lleva años trabajando. Y unas horas después, Microsoft anunciaba que incorporaría ChatGPT (proyecto al que inyectó 10.000 millones de dólares más en enero) a su buscador Bing y al navegador Edge. Meta (Facebook) también tiene su sistema de IA, LlaMa.

Este “boom” del ChatGPT ha despertado recelos en varios Gobiernos del mundo, que han decidido investigarlo. Incluso Italia lo ha prohibido, bloqueándolo el 31 de marzo, tras acusar a la compañía (OpenAI) de no respetar la normativa de Protección de Datos, al permitir fugas y no verificar la edad de los usuarios. Francia también investiga y en España, la Agencia de Protección de Datos (AEPD) ha iniciado una investigación de oficio y pide a las autoridades europeas que evalúen los problemas de privacidad de ChatGPT. En todos los casos, los reguladores temen la mala utilización de datos de los usuarios, además de los riesgos que conlleva una aplicación que puede generar informes, datos, fotos e imágenes falsas, sin que el internauta pueda detectar esa manipulación. Además, Europol  ha alertado de que ChatGPT facilita los ciberataques y la ciberdelincuencia.

Estos problemas con ChatGPT han reavivado el temor que tienen muchos expertos ante los avances descontrolados de la Inteligencia Artificial (IA). Muchos creen que, en los últimos meses, los laboratorios de IA han entrado “en una carrera sin control para desarrollar e implementar mentes digitales cada vez más poderosas que nadie, ni siquiera sus creadores, pueden entender, predecir o controlar de forma fiable”, según denuncian más de 4.000 expertos e investigadores en esta carta abierta de finales de marzo. Los firmantes, entre ellos líderes de empresas tecnológicas como Musk (Twitter), Apple (Wozniak) o Skype (Tallinn) y el ensayista israelí Harari, piden una moratoria inmediata de al menos 6 meses, para replantearse las investigaciones de IA y planificarlas y gestionarlas con cuidado, dado que la Inteligencia Artificial representa “un cambio profundo” en la historia de la vida en la Tierra.

En paralelo a esta masiva petición de una moratoria a la IA, son numerosos los paises que ya han aprobado normativas sobre la IA, aunque sean más teóricas que eficaces. Según el informe de la Universidad de Stanford, publicado el 3 de abril, 31 paises han aprobado ya más de 125 normas relacionadas con la IA (37 en 2022), destacando EEUU (22), Portugal (13), España (10, Italia y Rusia (9), Bélgica (6), Reino Unido (6) y China (sólo 3 normas desde 2016). A pesar de ello, los expertos critican que la IA “avanza como en el Lejano Oeste”, sin control, mirando más las oportunidades (beneficios) que los riesgos. Y reiteran los riesgos de desprotección, manipulación y control de datos de empresas y usuarios.

Mientras se debate sobre la moratoria y la regulación, la Inteligencia Artificial avanza imparable, sobre todo en EEUU y China. En Europa, la Comisión Europea aprobó en abril de 2021 un Paquete de medidas de IA, con el que pretende invertir 1.000 millones al año de Fondos públicos europeos y movilizar inversiones privadas y de los paises, para alcanzar una inversión total europea en IA de 20.000 millones de euros anuales en esta década. Pero los programas concretos se encuentran retrasados y apenas se ha invertido en proyectos piloto, mientras las grandes empresas europeas contratan sus aplicaciones de IA con los gigantes tecnológicos de EEUU (Microsoft, IBM, Google).

En España, la apuesta por la Inteligencia Artificial (IA) viene de noviembre de 2020, cuando se aprobó la Estrategia Nacional de IA, para impulsar la investigación, promover el talento nacional en IA y atraer a expertos extranjeros, desarrollar plataformas e infraestructuras de datos, integrar la IA en el tejido económica y la Administración pública y establecer un marco ético y regulatorio. Posteriormente, en 2021, la IA forma parte del Plan de Recuperación, con una inversión de 500 millones de Fondos europeos entre 2021 y 2023, que podría crear y mantener 15.986 empleos. Y dentro de la Estrategia Digital 2016, se ha avanzado en distintas medidas: creación del Consejo Asesor de la IA (julio 2020), aprobación Carta de Derechos Digitales (julio 2021), PERTE de nueva economía de la Lengua (marzo 2022), para promover la IA en español, creación de Quantum Spain (adjudicado, en julio de 2022, al BSC de Barcelona el 1º ordenador cuántico del sur de Europa), el Programa Nacional de Algoritmos Verdes o la creación del Centro Nacional de Neurotecnologías (creado en diciembre 2022, en la Universidad Autónoma de Madrid), con 16 cátedras en IA.

El Gobierno Sánchez, a través de la vicepresidenta Calviño, ha reiterado su apuesta para que España sea uno de los líderes europeos en Inteligencia Artificial. Para ejemplificarlo, ha tomado dos iniciativas. Una, institucional,  la creación (diciembre 2022) de la Agencia Nacional de Supervisión de la IA, en A Coruña, la 1ª Agencia de este tipo que se crea en Europa y que echará a andar en junio de 2023. Y la otra normativa: España se ha prestado a pilotar la futura legislación europea sobre IA, con un “Sanbox regulatorio” que se va a ensayar este año con las empresas españolas, para que el futuro Reglamento europeo de IA se apruebe antes de final de año, bajo presidencia española, y entre en vigor en 2024.

A pesar de esta apuesta política e institucional, España no está avanzada en la aplicación de la IA, según un estudio de BBVA Research: utilizan esta tecnología sólo un 8% de las empresas (no financieras y con más de 10 empleados), un porcentaje similar a Francia (7%), Bélgica o Austria, pero inferior a Dinamarca (24%), Portugal (17%), Finlandia (16%) o Alemania (15%). El objetivo del Gobierno y su Plan de IA es que para 2030, utilicen la IA en su operativa el 75% de las empresas españolas. El estudio señala que España ha avanzado mucho en el marco ético, regulatorio e institucional de la IA, pero poco en programas concretos, donde se tropieza con problemas a la hora de la selección y seguimiento de proyectos. Y señala un hándicap: España cuenta con menos recursos que otros paises: Alemania va a destinar el 0,14% del PIB a IA hasta 2025, Italia el 0,14%, Francia el 0,06% hasta 2023 y España sólo el 0,05% del PIB hasta 2023, casi la tercera parte de recursos que Alemania o Italia.

En resumen, la Inteligencia Artificial (IA) va a revolucionar nuestro futuro económico, laboral y social, en un mundo donde la incorporación de las máquinas avanza imparable y con escasa regulación. Y no podemos quedarnos al margen, a pesar de las incertidumbres y los riesgos. España tiene que apostar de forma decidida por la IA, con más recursos y más implicación de las empresas, asegurando el tratamiento de datos y las garantías jurídicas, evitando que las máquinas vayan más allá de la ética y los derechos de los ciudadanos. Esta nueva revolución tecnológica es imparable y tanto Europa como España no pueden quedarse al margen de la pelea entre EEUU y China. Nos jugamos el futuro.