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jueves, 7 de octubre de 2021

Más jóvenes "ni-nis" (sin salida)

Todo el mundo sabe, por sus hijos y nietos, que los jóvenes no lo tienen fácil, tras sufrir dos crisis en una década. Pero el último dato de la OCDE es escalofriante: 1 de cada 5 jóvenes españoles de 18 a 24 años ni estudia ni trabaja. Son 666.252 “ni-nis”. Y si miramos a los de 15 a 29 años, salen 1.510.511 jóvenes “ni-nis”. Son más que antes de la pandemia y el peor dato en Europa tras Italia. El problema no es tanto que el 46% de estos “ni-nis” no estudien (menos que en Europa) sino que la mayoría (54%) no trabajan. Y no porque no busquen  trabajo (lo buscan) sino porque no lo encuentran. Tardan más que en Europa en trabajar y cuando lo hacen, dos tercios sólo consiguen contratos temporales y mal pagados. La solución es formarles mejor y ayudarles a conseguir su primer empleo, lo que pretende el nuevo Plan de Garantía Juvenil 2021-2027.  Pero es insuficiente: urge un Plan de choque. Hay que dar una salida a los jóvenes.

Enrique Ortega

La pandemia ha afectado negativamente a la economía de casi todos, pero especialmente a los jóvenes, las mujeres y los inmigrantes. Y sobre todo, ha agravado la situación de los jóvenes de 26 a 36 años, “la generación de las 2 crisis” (la de 2008-2013 y la de 2020-21). Pero hay un grupo de jóvenes que preocupa especialmente, los llamados “ni-nis”, que ni estudian ni trabajan. Eran ya un número importante en 2010(el 20% de “ni-nis” entre 16 a 29 años), porque muchos jóvenes habían dejado sus estudios para trabajar en la construcción o en la hostelería, pero luego, con la anterior crisis, el porcentaje creció hasta un máximo del 22,5% de “ni-nis” en 2013. Y a partir de ahí, con la mejora de la economía, bajaron hasta un mínimo  del 14,9% de ni-nis en 2019. Pero con la pandemia, volvieron a crecer los jóvenes (16-29 años) que ni estudian ni trabajan: el 17,3% en 2020, según la EPA.

De hecho, España es el país europeo donde más han crecido los “ni-nis” en 2020, según el informe de la OCDE publicado en septiembre, “Education at a Glance 2021”: aumentaron un +14,4% frente a un +10,7% en Europa (UE-22) y +16,1% en la OCDE (37 paises). Y además, España es el 2º país de Europa con más “ni-nis” (tras Italia) y el 4º del mundo (tras Brasil, México e Italia). Con datos de 2020, España tenía un 19,9% de ni-nis entre los jóvenes de 18 a 24 años (son 666.252 jóvenes), frente al 13,3% Europa (UE-22) y el 15,1% la OCDE, destacando los porcentajes altos de Brasil (35,9%), México (23,4%) e Italia (35,9%) y los muy bajos de Holanda (7,6%), Alemania (8,1%), Noruega (8,8%) y Suecia (9,4%). Y si ampliamos la franja de edad, entre los 15 y los 29 años, España sigue como el tercer país del mundo con más ni-nis (tras Italia y México), con un 20,7% (1.510.511 jóvenes que ni estudian ni trabajan), por  delante la UE-22 (13,6% de “n-nis”) y de la OCDE (13,6%), según el informe.

Los “ni-nis” incluyen a los jóvenes que ni estudian ni trabajan (porque no buscan trabajo o porque lo buscan y no lo encuentran). ¿Qué porcentaje supone cada uno de los dos problemas? El informe de la OCDE lo deja claro y evidencia que en España, el problema de los ni-nis es más “laboral” que “educativo”. Así, centrándonos en los jóvenes de 18 a 24 años que son ni-nis (el 19,9% en España), menos de la mitad (un 46%, el 9,2% de los jóvenes de esa edad) son inactivos, no buscan trabajo (básicamente porque cuidan hijos o familiares, están enfermos o trabajan en la economía sumergida), mientras el 10,7% (el 56% de los ni-nis) no trabajan porque no pueden, porque no encuentran empleo aunque lo buscan. Sin embargo, en Europa (UE-22) y la OCDE la situación es diferente: el 60% de los ni-nis son inactivos, no buscan empleo, la mayoría mujeres que cuidan hijos o familiares o que ni pretenden trabajar. Concretamente, en todos los paises de la OCDE, salvo España, Portugal y Francia, hay más jóvenes “ni-nis” inactivos que parados buscando empleo.

Otra forma de ver que el problema de los “ni-nis” es más laboral que educativo es mirar lo que hacen los jóvenes de 18 a 24 años, según los datos que aporta la OCDE. En España, el 58,9% de esos jóvenes (3.348.002 en 2020) están estudiando, un porcentaje muy similar al de los jóvenes europeos (58,5% están educándose) y algo más que en la OCDE (53,2% jóvenes estudian). Sin embargo, al mirar cuántos jóvenes (18 a 24 años) trabajan, en España son sólo el 21,3%, frente al 28,1% en la UE-22 y el 31,8% en la OCDE. Y hay paises donde los jóvenes trabajan aún más, como Reino Unido (43%), Noruega (40%), Suecia (33,4%), Portugal (31,5%), Irlanda (30,3%) o Alemania (28,7%). En definitiva, en España hay un porcentaje similar de jóvenes estudiando pero mucho menos trabajando, la razón básica por la que tenemos más ni-nis. Aunque también tenemos más “abandono escolar” (jóvenes que no completaron la 2ª etapa de Secundaria, que no acabaron Bachillerato o FP): son el 16% de los jóvenes españoles (18 a 24 años), frente al 10,2% de media en Europa.

En consecuencia, reducir el porcentaje de “ni-nis” en España pasa por actuar en dos frentes: reducir el abandono escolar temprano (evitar que los jóvenes abandonen los estudios antes de terminar Secundaria), lo que exige reducir el número de repetidores y reforzar a los alumnos con problemas, y, sobre todo, conseguir que haya más jóvenes trabajando, el problema más grave. Porque actualmente, los jóvenes españoles tienen una tasa de empleo muy inferior a la del resto de Europa y la OCDE, según el informe “Education at a Glance”. Y eso pasa en todos los jóvenes, tengan más o menos formación. Entre los jóvenes universitarios (18 a 24 años), en España trabajan el 75% frente al 83% con empleo en la UE-22 o la OCDE (y el 88% en Alemania). Entre los jóvenes con Bachillerato hecho o FP, trabajan el 65% en España y el 76% en la UE o la OCDE. Y entre los jóvenes con la ESO o menos, trabajan sólo el 58% en España, similar a la OCDE y más que en la UE (56%).

Los jóvenes trabajan menos en España por el modelo económico español (que ofrece menos empleo a todos: el 69% de los españoles de cualquier edad trabajan frente al 77% en la UE y el 82% en Alemania) y, sobre todo, porque tienen más dificultades para acceder a un empleo, según el informe de la OCDE. Así, un 28% de los  licenciados en España (los jóvenes con más empleo) siguen en paro a los 4-5 años de terminar sus estudios, mientras en la UE y en la OCDE sólo están en paro un 12% tras esos años. De hecho, la tasa de empleo de los jóvenes en España (16-24 años) es el 38,4%, casi la mitad que la del conjunto de españoles (63,5% de las personas de 16 a 64 años trabajaban en junio 2021, según la EPA).

Y además de tener muchas dificultades para conseguir su primer empleo, los jóvenes en España consiguen trabajos muy precarios y mal pagados. Lo más escandaloso es el altísimo porcentaje de contratos temporales que tienen: un 67,9% de los jóvenes que trabajan (16 a 24 años) tienen contratos temporales, frente al 25,1% en el conjunto de trabajadores, según datos de Trabajo. Y lo peor es que el 67,2% son “temporales involuntarios”, los cogen porque no tienen otra cosa (en la eurozona, son el 26,3%). Y los jóvenes duplican los contratos a tiempo parcial, por horas o días: un 41,28 de sus contratos, frente al 24,4% en el conjunto de los trabajadores. Y aquí también, el 43,5 % tienen estos contratos de forma “involuntaria”, sin escogerlos, frente al 21,4% entre los jóvenes europeos.

Y luego están los sueldos, que en muchos casos no llegan ni a “mileuristas”. Si el sueldo medio anual (bruto) es en España de 24.395 euros (2019), según el INE, los jóvenes menores de 20 años ganan dos tercios menos (9.101 euros brutos anuales), los de 20 a 24 años la mitad (12.640 euros) y los de 25 a 29 años, más de una cuarta parte menos (17.772 euros brutos anuales). Además, los jóvenes que han empezado a trabajar en la última década ganan menos que antes de la crisis: en 2018, el sueldo medio de los menores de 30 años era 12.954 euros anuales, un 5,66% menos de lo que ganaban en 2010 (13.732), según denuncia UGT con datos del INE. Y los que entraron a trabajar en 2013 cobraban un -7,2% menos que los jóvenes que empezaron a trabajar en 2007. Y ahora, tras la pandemia, los sueldos de los jóvenes se verán lastrados a la baja durante 15 años, según Fedea.

Un panorama poco halagüeño para los jóvenes que sí trabajan, aunque es peor para los jóvenes en paro, que son todavía un 33% de los menores de 25 años (451.000 jóvenes a finales de agosto), más del doble que la media europea (16,2% de paro juvenil) y el peor dato de toda Europa, alejado incluso de Grecia (30,8% de paro juvenil), Italia (27,3%) o Portugal (22,6%) y muy lejos del paro juvenil de Alemania (7,5%) o Francia (19,9%), según Eurostat. Y un paro juvenil que se ha agravado con la pandemia: hay 134.400 jóvenes más en paro (menos 25 años)  ahora que a finales de 2019, según la última EPA.

Volviendo a los “ni-nis”, los jóvenes que ni estudian ni trabajan, la clave para que salgan de esa situación es mejorar su formación, según la mayoría de los expertos. Porque la formación de los jóvenes españoles es peor que la del resto de Europa y la OCDE, según el último informe “Education at a Glance”: entre los 25 y 34 años, tenemos más universitarios que Europa (47,4% de estos jóvenes frente a 44,5% en la UE-22) y la OCDE (45,5%), pero la mitad de jóvenes con mediana formación, con el Bachillerato o la FP (24,3% frente al 43,1% en la UE-22 y el 40,2% en la OCDE) y también más jóvenes con poca formación, con la ESO o menos (28,3% en España frente al 12,3% en la UE-22 y el 14,8% en la OCDE). Y eso explica, en buena medida, que nuestros jóvenes trabajen aquí menos que fuera: a más nivel de formación, más acceso al empleo, según el informe de la OCDE.

Esta mejora de la formación de los jóvenes, sobre todo de los “ni-nis”, pasa por completar la formación de los que no han terminado Bachillerato y FP (“repescarlos”) y por redirigir a más jóvenes a la Formación Profesional, tras la ESO: España tiene un bajo porcentaje de jóvenes en FP (el 33% de los titulados en Secundaria), frente a la media europea (46,3% jóvenes Secundaria hacen FP en la UE-23) y a paises como Alemania (44,2%), Italia (58%) o Reino Unido (62,6% de los titulados), paises con una elevada tasa de empleo joven. Eso obliga a crear más plazas públicas en Formación Profesional, donde este curso han faltado 50.000.  Y además, urge reconvertir la formación universitaria, para conseguir una enseñanza más ligada a lo que piden las empresas y evitar la baja empleabilidad de los licenciados.

Frente al grave problema de los “ni-nis”, la Comisión Europea creó en 2013 la Garantía Juvenil, un sistema por el que se hacía una oferta a los jóvenes europeos que ni estudiaban ni trabajaban: ofrecerles en 4 meses un trabajo o un curso de formación. De momento se han beneficiado 24 millones de jóvenes europeos, aunque el problema de los “ni-nis” sigue ahí y creciendo ahora tras la pandemia. En España, el sistema de la Garantía Juvenil no ha tenido demasiado eco y se ha informado poco sobre sus resultados, aunque había 2 millones de jóvenes inscritos a finales de agosto, según el SEPE. En junio pasado, el Gobierno aprobó un nuevo Plan de Garantía Juvenil Plus 2021-2027, que se financiará con fondos europeos (del FSE). Un programa que ofrece dos opciones a los jóvenes “ni-nis”: un curso de formación o un empleo, en 4 meses, con la colaboración de 50 Centros de inserción juvenil, 50 Clúster de empleo joven y 15.000 empresas colaboradoras.

Está bien, pero urge además poner en marcha un Plan de choque contra el paro juvenil, que el presidente Sánchez anunció en mayo (“1.365 millones para facilitar la formación y contratación de 1 millón de jóvenes)  pero del que no se sabe más. La grave situación de los jóvenes (un tercio parado y el resto trabajando en precario) exige un Plan ambicioso, a medio plazo, con medidas en varios frentes: educación (lucha contra abandono escolar y refuerzo alumnos con problemas), formación, acceso al primer empleo (un contrato de formación y prácticas sin abusos, como en el caso de “los becarios”), ayudas a la contratación de jóvenes, mejora de su calidad en el empleo y salarios dignos, más un abanico de medidas para facilitar su emancipación y la creación de nuevas familias. Aquí es clave resolver su problema de vivienda, para lo que el cheque de 250 euros para alquilar puede ser un principio.

En definitiva, reitero lo abordado decenas de veces en este blog: los jóvenes son uno de los graves problemas pendientes que tenemos, empeorado con la pandemia. Su penosa situación es un fracaso de todos nosotros como país. Los jóvenes, empezando por los “ni-nis”, deben ser una prioridad en la recuperación. Hay que darles una salida. Son nuestro futuro.

lunes, 16 de septiembre de 2019

OCDE: las causas del fracaso escolar de España


El martes pasado, mientras nuestros políticos se peleaban por una investidura fallida, la OCDE publicaba su diagnóstico sobre la educación en los paises desarrollados. Y su dictamen sobre España es demoledor. Tanto que, al final, 1 de cada 5 jóvenes españoles no estudian ni trabajan, 1.325.747 jóvenes “ni-nis que no ven futuro, tras sufrir España el mayor abandono escolar de Europa. Un fracaso educativo muy serio, agravado en algunas autonomías, aunque nuestros alumnos dan más horas de clase y tienen más profesores. El problema es que “estudian mal”, memorizando y sin ayudarles a pensar, como demuestra el Informe PISA. Y que gastamos menos en educación, con lo que hay más alumnos por aula y faltan medios y profesores, que ganan hoy menos que en 2005. Resultado: tenemos demasiados jóvenes y adultos con poca formación y el doble de paro que Europa. Un balance dramático, aunque a nuestros políticos no les preocupe. Urge un Pacto de Estado para mejorar nuestra enseñanza: la educación de hoy es la economía de mañana. 


La radiografía que hace la OCDE en su informe “Panorama de la educación 2019” es muy preocupante para España. El dato clave es que un 39,9% de los españoles adultos (25-64 años) tiene poca formación (la ESO o menos), frente al 18,7% en Europa (UE-23) y el 21,5% en la OCDE (34 paises desarrollados). Y que otro 22,9% tiene una formación media (Bachillerato o FP básica), un porcentaje mucho más bajo que el 46,2% de Europa y el 44% de la OCDE, mientras estamos equiparados en universitarios: 37,3% de los adultos españoles, frente al 35,6% en Europa y el 38,6% en la OCDE. O sea, que el último medio siglo de educación nos han dejado un país con el doble de adultos poco formados y la mitad medianamente formados, lo que explica que tengamos el doble de paro. Y si miramos sólo a los jóvenes (25-34 años), a los formados en las últimas tres décadas, el informe revela que un 32,3% están poco formados (ESO o menos) y el 23,4% medianamente (Bachiller y FP básico), aunque un 44,3% sean universitarios.

Este mal resultado educativo es fruto de varios fracasos. El primero, que muchos niños y adolescentes repiten curso, básicamente por falta de apoyo docente: casi 1 de cada 3 estudiantes de 15 años han repetido curso alguna vez, el 31,4% en el curso 2016-17, según las estadísticas de Educación. Un porcentaje de repetidores que oscila entre el 47,4% de Ceuta, el 41,5% de Aragón o el 39,2% de Murcia y el 21,8% de Galicia o el 23,8% del País Vasco. Y antes, a los 12 años, ya han repetido curso el 14,3% de alumnos. Y así, España es el país de la OCDE con más repetidores, triplicando la media internacional (11,3%) y muy lejos de los paises líderes en educación (3% de repetidores en Finlandia). Un fracaso humano y económico (cada repetidor cuesta al país 20.000 euros, según algunos expertos).

El siguiente eslabón del fracaso escolar son los alumnos que, cansados de repetir y quedar marginados (por falta de apoyo expreso), acaban dejando los estudios al final de la ESO (etapa obligatoria) y no completan el Bachillerato o la FP básica. El dato del abandono escolar temprano en España es impresionante: un 17,9% de los jóvenes de 18 a 24 años en 2018 (eran el 30,3% en 2006), frente al 10,6% en la UE-28, según los últimos datos de Eurostat, que refleja cómo España es líder europeo en abandono escolar, muy por delante de Holanda o Austria (7,3% de abandono escolar), Finlandia (8,3%), Francia (8,9%), Alemania (10,3%) o Reino Unido (10,7%), Portugal (11,8%) o Italia (14,5%).

Al final, hayan abandonado prematuramente sus estudios o los hayan terminado, los jóvenes españoles tratan de encontrar un empleo. Y lo tienen muy difícil, según el informe de la OCDE, porque nuestro modelo económico (muchos servicios y pymes y poca industria y grandes empresas) no ofrece mucho y porque su formación no responde a lo que necesitan las empresas. El resultado es que un 78% de los jóvenes universitarios (25-34 años) trabaja en España, frente al 84% en Europa. Y que el 12% de jóvenes españoles con carrera está en paro, el doble que en Europa y la OCDE (6%), según la OCDE. Y entre los que abandonaron sus estudios y tienen la ESO o menos, el 25% están parados (16% en la UE).

Con todo ello, llegamos a un último dato preocupante: un 20,2%, 1 de cada 5 de jóvenes españoles de 18 a 24 años (649.000 jóvenes) ni estudian ni trabajan, son la viva fotografía de nuestro fracaso educativo y laboral. Un porcentaje de “ni-nismuy variable por autonomías (entre el 21,4% en Canarias y el 9,9% en el País Vasco) y que es el 3º mayor de Europa (tras el 25,7% de Italia y el 22,3% de Grecia),  muy superior a la media europea (13,1%) e internacional (14,3% de “ni-nis” en la OCDE) y muy alejado de Holanda (6,9% de “ni-nis”), Noruega (8,8%) o Alemania (9,6%). Y si abrimos el abanico, a los jóvenes entre 15 y 29 años, el dato es similar: España tiene un 19,5% de ni-nis, frente al 12,7% de Europa (23,9% en Italia y 9,2% en Alemania) y el 13,2% de la OCDE. Nada menos que 1.325.747 jóvenes españoles que ni estudian ni trabajan, una generación medio perdida.

 ¿Cuáles son las causas de este fracaso educativo? El informe de la OCDE tiene el mérito de descartar algunas. Como el número de horas de clase: España es el país europeo con más horas de clase en Secundaria (1.054 horas anuales frente a 874 en Europa y 919 en la OCDE) y el 4º con más horas de clase en Primaria (792 horas anuales frente a 769 en Europa y 799 en la OCDE), mientras Finlandia, el gran modelo educativo, es quien tiene menos horas de clase (808 en Secundaria y 651 en Primaria). El problema tampoco está en el número de alumnos por profesor: en España hay menos (14 alumnos por profesor en Primaria frente a 14 en Europa y 15 en la OCDE, 12 en la ESO frente a 11 en Europa y 13 en la OCDE y 11 en Bachillerato frente a 12 en Europa y 13 en la OCDE). Y tampoco que nuestros profesores estén mal pagados: ganan más de entrada (entre 40.813 en Primaria y 45.509 euros en Bachillerato, frente a una franja de 33.000 a 35.000 euros en Europa y la OCDE)

Entonces, ¿donde está la causa? Una básica es que gastamos menos en Educación: un 4,3% del PIB entre gasto público (3,1%) y privado (1,2%) en enseñanzas no universitarias, frente al 4,5% de media en Europa (Reino Unido gasta el 6,2%, Francia el 5,2% y Alemania el 4,2%) y al 5% del PIB que gasta la OCDE. Y no es casualidad que Finlandia, un modelo en educación, gaste el 5,5% de su PIB.

Este menor gasto en educación se traduce en muchas limitaciones que ayudan al fracaso educativo. Una, el tener más alumnos por clase: 21 alumnos en Primaria en España frente a 20 en Europa y 21 en la OCDE, pero 25 en Secundaria frente a 21 en Europa y 23 en la OCDE, siendo España el país europeo con más alumnos por clase, junto a Francia. Y otra vez Finlandia como ejemplo : tiene 20 alumnos por clase en Primaria y 19 en Secundaria (6 menos que España). Otro problema de la falta de recursos: los profesores están poco incentivados. Ganan más de entrada sí, pero luego les cuesta mucho mejorar su sueldo: tardan 39 años en llegar al máximo sueldo, mientras los profesores en Europa lo consiguen a los 28 años de docencia y en la OCDE a los 25 años. Eso desincentiva su “carrera profesional”. Y más aún, los recortes salariales que han sufrido en la última década: los profesores de la ESO, por ejemplo, ganan hoy un 6% menos que en 2018, según la OCDE, mientras los europeos ganan un 4% más y los de paises OCDE un 9% más. 


Y además, tienen más carga de trabajo que sus colegas internacionales: 880 horas en Primaria (754 en la UE y 783 en la OCDE), 713 en la ESO (673 y 709) y en Bachillerato (693 frente a 643 y 667). Pero, además de trabajar más horas, dedican más horas a dar clase (el 50%, frente al 44% en la OCDE), lo que no es bueno, porque tienen menos horas que en ningún país europeo para tutorías, refuerzos y preparación de clases, que, según la OCDE son básicos para mejorar la calidad de la enseñanza.

Precisamente, la otra clave de nuestro fracaso educativo, junto al menor gasto, es el tipo de educación que se imparte en España:”demasiado memorística y poco práctica”, resumen los expertos de la OCDE. Y con un exceso de asignaturas, con programas muy diferentes según las autonomías (hasta con libros muy diferentes, según denuncian los editores). Con un exceso de clases teóricas y pocas extraescolares y prácticas (en Corea del Sur, otro país que es un modelo educativo, dan 30 horas semanales de clase y 20 extraescolares). Se trata de “cumplir el programa” más que aprender a pensar. “Lo que menos necesitan los alumnos, en un mundo donde abunda la información accesible,  es proporcionarles cantidades industriales de información. La clave es que tengan capacidad analítica y crítica, que tengan herramientas y capacidades para tener éxito”, decía Gara Rojas, analista de la OCDE al presentar el informe en Madrid.

Así que, junto a la falta de recursos (aulas, profesores, refuerzos), el gran problema es que España sigue anclada en una educación del siglo XIX, que trata de que los jóvenes aprendan las cosas de memoria y no de prepararles para el futuro, consiguiendo que analicen y piensen, que tengan “capacidades”. Y eso se traduce, año tras año, en los malos resultados en el informe PISA, que mide las capacidades de los jóvenes de 15 años en el mundo. En la edición de 2018 (resultados de 2015), España ocupó el lugar 18 en el ranking europeo de “competencia en Ciencia”, el 15º en “comprensión lectora” y el 20º en “competencia en matemáticas”, aunque en línea con la media de la OCDE. Pero además, el problema es que hay autonomías con peores resultados, sobre todo Andalucía, Extremadura, Canarias y Murcia, a la cola en educación (y en gasto). Y a la cabeza en paro.

Otra gran deficiencia de nuestro sistema educativo, según el informe de la OCDE, es el menor peso de la Formación Profesional, que durante muchos años se ha considerado una “enseñanza de segunda categoría”, para “tontos y pobres”. Y por ello, a pesar del salto dado en los últimos años, sólo un 34,8% de los que acaban la ESO en España pasan a la FP, frente al 47,2% de jóvenes en Europa y el 43,2% en la OCDE, con muchos paises donde hay más jóvenes que estudian FP que Bachillerato, según el informe OCDE: República Checa (72,9%), Finlandia (71,3%), Eslovenia (70,4%), República Eslovaca (68,9%), Austria (68,8%), Paises Bajos (67,5%), Suiza (64,8%), Luxemburgo (61%), Bélgica (59,2%), Australia (56%), Italia (55,6%), Rusia (54,4%), Reino Unido (53,1%), Polonia (51,1%) y Noruega (50,4%), la mayoría de ellos con las tasas más bajas de paro juvenil por esta mayor enseñanza “aplicada”.

Y es que, al final, el informe de la OCDE refleja con datos un hecho: a más educación, más empleo, mejores sueldos y menos paro. Por eso, con la deficiente educación y baja formación que tenemos, no debería extrañarnos que España tenga menos empleo (tenemos 1.800.000 empleos menos que la media de Europa: un 67% de adultos trabajando frente al 73,2% en la UE-28), más del doble de paro (13,9% frente al 6,3% en la UE-28) y unos salarios mucho más bajos (16 euros por hora frente a 37,4 en Dinamarca, 26,9 en Alemania, 24,1 en Francia, 22,5 en Reino Unido, 20,9 en la UE-28 y 20,2 euros en Italia, según Eurostat). En parte es por nuestro modelo económico (un exceso de servicios y una falta de industria y tecnología), por nuestra organización empresarial (demasiadas pymes, pocas grandes empresas y poco trabajo en equipo en una gestión bastante autoritaria), pero mucho es fruto de la deficiente educación, de tener una mano de obra mal formada. Y cara al futuro, con la revolución tecnológica, lo tenemos peor, porque ese 39,9 % de adultos  mal formados (sólo con la ESO o menos) van a tener muy difícil trabajar este siglo.

El informe educativo de la OCDE y los datos que aporta son apabullantes, aunque hayan pasado casi desapercibidos, sobre todo para unos políticos que sólo piensan en las elecciones. Pero deberían hacernos reflexionar y actuar, forzando a que en la próxima Legislatura se pacte una nueva Ley de Educación que empiece a cambiar las cosas, con más gasto educativo (al menos el 5% del PIB que gastan los paises OCDE, 11.200 millones más al año) y, sobre todo, con otro tipo de enseñanza, menos memorística, que enseñe a los alumnos a pensar, razonar y tener herramientas para trabajar. Una tarea que llevará varias décadas. Pero hay que empezar cuanto antes. Porque la educación de hoy es la economía de mañana.

jueves, 5 de julio de 2018

Dime qué son tus padres y te diré qué serás tú


Lo llaman “el ascensor social”: que un hijo de padres pobres suba de escalón social (algo difícil) y que un hijo de padres con posibles baje de clase (más difícil todavía). La OCDE revela que el “ascensor social” está averiado en Occidente y que España tiene poca movilidad social a corto plazo (la gente no mejora en unos años), algo más de padres a hijos (pero el 28% de los hijos de familias con bajos ingresos se quedan ahí) y mejora más a largo plazo, aunque hacen falta 4 generaciones para dar “el salto social”. Las causas de esta baja movilidad social en España son el paro y la educación: los jóvenes españoles no están suficientemente preparados, hay demasiado abandono escolar y demasiado paro juvenil. Por eso, la OCDE nos “receta” mejorar las ayudas a los parados, gastar más en educación y becas, ayudar a las familias pobres con niños y aprobar impuestos más progresivos. Para que “el ascensor social” funcione.

enrique ortega

Nace ya criado el que de padre rico es engendrado
Refrán popular
El aumento de la desigualdad, uno de los grandes males de este siglo, acarrea un deterioro de la movilidad social: los ricos son cada vez más ricos y los pobres se mantienen ahí, sin poder mejorar su situación, sin subir en “el ascensor social”, según revela un reciente estudio de la OCDE. Si se compara la desigualdad y el salto de rentas entre generaciones, lo que se llama “la curva del gran Gatsby”, se comprueba que en Occidente hay tres grupos de países, según el estudio de Miguel Requena, catedrático de la UNED. Uno, los países escandinavos y Canadá, con alta movilidad social: menos del 20% de la ventaja o desventaja de los padres se traslada a los hijos. Otro, de los países con baja movilidad social, como EEUU, Reino Unido e Italia, donde la mitad (50%) de la ventaja o desventaja de los padres se traslada a los hijos. Y un tercer grupo, donde estarían España y Francia, con una movilidad intermedia tirando a baja, porque el 40% de la situación de los padres se traslada a los hijos.

En cualquier caso, una de las lacras de esta última crisis, con su secuela de paro y precariedad laboral, es que ya hay muchos hijos que viven peor que sus padres. “El ascensor social en España está parado desde los años 90”, señala Ildefonso Marqués en su libro “La movilidad social en España”. Según sus investigaciones, la movilidad intergeneracional está “estancadadesde hace 25 años, aunque sí ha mejorado la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación, pero no lo suficiente. Y Requena aporta un dato llamativo: el 63% de los hijos de profesionales y directivos logran un título universitario frente a sólo un 26% los hijos de los trabajadores. O sea, que no todos los jóvenes españoles puedan ser universitarios.

Lo que sí es cierto es que España tiene más universitarios que nunca: un 41,2% de españoles entre 30 y 34 años tienen estudios superiores (47,5% mujeres y 41,2% hombres), más que la media europea (39,9% de universitarios), más que Alemania (34%) e Italia  (26,9%) y sólo menos que Francia (44,3%) y Reino Unido (48,3%), según Eurostat. Pero eso tampoco indica que vayan a encontrar un trabajo acorde a su formación. De hecho, a la hora de trabajar, pesa mucho el origen social, según el libro de Marqués, porque juegan mucho los “añadidos” al título universitario (máster, postgrados en el extranjero, idiomas…)  y, sobre todo, las relaciones y “contactos” de la familia del universitario. Así se explica que los universitarios hijos de directivos y profesionales tienen 2,8 veces más probabilidades de llegar a ser directivos o profesionales que los universitarios hijos de trabajadores, según el catedrático Requena. Y 1,4 veces más que los universitarios hijos de las clases medias.

España es uno de los países occidentales con baja movilidad social a corto plazo, según el reciente estudio “A Broken Social Elevator? How to Promote Social Mobility”, de la OCDE: el 55% de la población está “atascado en el mismo escalón social, sin posibilidad de mejorar en unos años. Y esa escasa movilidad a corto plazo se agrava en los extremos: el 20% más pobre de la población española  tiene pocas posibilidades (36%) de mejorar su situación en 4 años, frente al 43% que la mejoran en la OCDE. Y el 20% más rico de españoles permanece en ese alto nivel en los siguientes 4 años, frente al 68% en la OCDE. Esta menor movilidad social a corto en España se explica, según la OCDE, por el alto nivel del paro de larga duración (la mitad de todos los parados llevan más de un año sin trabajar) y por la precariedad laboral, muchos contratos temporales y a tiempo parcial mal pagados.

España mejora algo en la movilidad a medio plazo, de padres a hijos, lo mismo que pasa en los países del sur de Europa, según este informe de la OCDE. Así, el porcentaje de hijos de padres con bajos ingresos que terminan con bajos ingresos es del 28% en España, menos que en la OCDE (31%), siendo también más los que acaban ricos (19% frente a 18% en la OCDE). Y en la franja alta, el porcentaje de hijos de padres con ingresos altos que acaban también con ingresos altos  es el 34%, inferior a la OCDE (42% hijos de ricos acaban ricos), siendo también más los hijos de ricos que bajan de escalón (el 20% frente al 18% en la OCDE). Pero ojo, hay otro dato demoledor: 1 de cada 2 hijos de gerentes acaban de gerentes mientras sólo consiguen ese puesto 1 de cada 5 hijos de un trabajador manual.

Y lo que no acaba de funcionar es la movilidad educativa, donde España se sitúa a la cola de la OCDE, junto a Portugal. Y es que más de dos tercios (69%) de los hijos de padres con alto nivel educativo acaban en la Universidad en España mientras que sólo lo consiguen menos de la cuarta parte (el 22%) de los hijos de padres con bajo nivel educativo, según la OCDE. Y al mismo tiempo, el 56% de los niños de padres con un nivel educativo bajo también permanecen en bajos niveles educativos en España, frente a sólo el 42% en la OCDE. O sea, que falla estrepitosamente el ascensor educativo, aunque creamos que no. Y esto se debe, sobre todo, a los altísimos niveles de “abandono escolar” en España, que afecta más a las familias con bajos ingresos: el 18,3% de los jóvenes (18-24 años) no termina la ESO, frente al 10,6% en la UE-28, el 10% en Alemania o Reino Unido y el 8,9% en Francia, según Eurostat.

En el tercer eslabón, la movilidad social a largo plazo, España mejora, gracias a lo avanzado en la transición y antes de la crisis de 2008, con las mejoras en la educación, las becas y las ayudas públicas, junto a un sistema fiscal más progresivo que el actual. Gracias a todo ello, los niños españoles nacidos en una familia de bajos ingresos tardarían 4 generaciones (los tataranietos de los niños de hoy) en alcanzar el ingreso medio, algo menos que el promedio que tardarían en la OCDE (4,5 generaciones). Eso nos sitúa en una posición intermedia, según la OCDE: peor que los países nórdicos (en Dinamarca tardarán 2 generaciones y en Noruega, Finlandia y Suecia, 3 generaciones), igual que muchos países occidentales (en Nueva Zelanda, Canadá, Grecia, Bélgica, Australia, Japón y Holanda harían falta también 4 generaciones) , mejor que otros (en Portugal, Irlanda, Corea, EEUU, Reino Unido, Italia, Suiza y Austria hay que esperar 5 generaciones) y bastante mejor que el resto (en Francia y Alemania hay que esperar 6 generaciones y en China o India, 7).

Sin saber estos datos concretos, la percepción de los españoles es que “el ascensor social” no funciona: somos el 2º país occidental que menos confía en “la meritocracia” y que más importancia da al “origen social”, según la OCDE: el 53% de españoles cree que tener padres con ingresos y mejor educación es “la clave para triunfar en la vida”, frente al 37% que lo creen en los 35 países de la OCDE. Y también somos los occidentales más pesimistas sobre la posibilidad de mejorar de status: sólo el 25% de los españoles contestaron en la encuesta de la OCDE que iba a mejorar su situación financiera ese año (2015).

En definitiva, que los españoles tenemos interiorizado que la clave para triunfar es la familia donde se nace, no lo que uno se esfuerza después. Y esto se ha agravado con la crisis, porque hay muchos jóvenes que piensan que estar formados ya no sirve: ven que tienen una carrera y hasta un máster y acaban sirviendo en un Burger o de cajera de supermercado. Pero es una percepción errónea, como demuestra el estudio del profesor Requena: la educación es un factor más relevante que el origen social, es el factor clave para el futuro de cualquiera. Y lo demuestra con tres argumentos. Uno, la educación aumenta las posibilidades de ascender en la escala social y más cuanto más bajo se está. Dos, reduce las posibilidades de descender: caen más de clase social los que están menos preparados. Y tres, la educación reduce el riesgo de quedarse en paro: la tasa de paro de los universitarios españoles en del 9,32%, frente al 17,22% de paro entre los que tienen bachillerato, el 22,79% de los que no acabaron la ESO y el 45,89% de paro de los analfabetos, según la EPA de marzo de 2018.

Y aunque no lo parezca, otro factor clave para la movilidad social es la salud. Y eso porque la salud también “se hereda”, depende mucho de la situación social de los progenitores, según el informe SESPAS 2014, que demuestra, con datos empíricos, que los niños y niñas de familias con bajos ingresos corren el riesgo de tener peor salud y con ello un peor nivel educativo, que les mantenga en su misma clase social cuando lleguen a adultos. En caso de familias pobres con niños, el riesgo de estos  niños es que su posible mala salud les haga bajar en el ascensor social. Incluso se ha detectado que niños de familias desfavorecidas tienen mayores problemas para el desarrollo cognitivo en sus primeros años, claves para su formación.

En definitiva, falla el ascensor social, en Occidente y en España, más tras esta dura crisis, por sus secuelas de paro, precariedad, pobreza y desigualdad. Pero hay un factor clave, la educación, que es mucho más preocupante en España, según los datos impactantes de la OCDE (“Panorama de la educación 2017”): un 41,7% de los españoles adultos (25-64 años) tienen un nivel educativo bajo (sólo con la ESO acabada o ni siquiera), frente al 20,3% en Europa o el 22,4% en la OCDE, el peor dato europeo, salvo Portugal (53,1% poco formados), muy lejos del 13,1% de poco formados de Alemania, el 20,2% de Irlanda, el 21,9% de Francia, el 22,9% de Holanda, el 35,7% de Reino Unido o el 39,9% de Italia. En medio, tenemos menos adultos con formación media : el 22,5% de españoles tienen Bachillerato o FP, frente al 46,4% en Europa y el 44,2% en la OCDE, con lo que somos el 2º país europeo con menos adultos de formación media, tras Reino Unido (18,4%), muy lejos de Alemania (58,2% adultos con Bachillerato o FP), Francia (43,5%), Italia (42,4%), Holanda (41,1%), Irlanda (37%) y hasta Grecia (41,4%) o Portugal (23,1%). Y por arriba, tenemos más universitarios que la mayoría: un 35,7% de los adultos en España, frente al 33,4% en Europa, el 36,7% en la OCDE, el 28,3% en Alemania o el 34,6% en Francia.

Y este preocupante panorama educativo se agrava con otros datos, referidos a la calidad de la enseñanza en España. Como los del informe PISA, que revelan el atraso de los jóvenes españoles (15 años) en habilidades importantes para trabajar, como habilidades en Ciencia (493 puntos, el puesto 30 en el ranking mundial), en matemáticas (486 puntos, el puesto 30º), comprensión lectora (496 puntos, el 25º en el ranking) o conocimientos financieros (469 puntos, el país 10º de los 15 evaluados por la OCDE). Otro problema preocupante, es el elevado nivel de abandono escolar temprano, clave para frenar la movilidad social: un 18,3 % de los jóvenes de 18 a 24 años, 3.120.000 jóvenes) que  han abandonado la enseñanza obligatoria antes de terminarla, lo que nos convierte en el 2º país europeo con más abandono escolar, tras Malta (18,6%), muy por encima de la media europea (10,6%). Y encima, somos el 7º país europeo con más “ni-nis”, jóvenes de 18 a 24 años que ni estudian ni trabajan: son el 17,1% (casi 3 millones de jóvenes), frente al 14,3% en Europa.

Si el estado de la educación en España es preocupante, lo es más lo poco que se hace para mejorarla. Por un lado, se gasta menos en educación: un 4% del PIB en España, frente al 4,7% en la UE-28 y Reino Unido, el 6,9% en Dinamarca, el 5,4% en Francia o el 4,2% en Alemania, según Eurostat. Y además, la enseñanza superior es más cara en España: la Universidad tiene las tasas más altas de Europa, sólo por detrás de Irlanda, Reino Unido, Holanda e Irlanda, según un estudio de la Conferencia de Rectores (CRUE). De hecho, el coste medio de un grado en España es de 1.262 euros al año (desde 2.011 euros en Cataluña a 713 en Galicia y 756 en Andalucía), frente a 184 euros en Francia y ningún coste en Alemania, Austria, Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca. Y aún son más caros los másteres: 1.991 euros de media en España frente a 256 euros en Francia y un menor coste en el resto.

Y frente a este mayor coste, España gasta en becas entre la mitad y un tercio que la media de la OCDE. Y además, el gobierno Rajoy rebajó las aportaciones a becas (de 943 millones en 2011 a 838 en 2016) y sus importes medios (de 3.247euros en 2010 a 2.649 euros en 2016). Y también restringió los criterios (económicos y académicos) para concederlas, con lo que hay unos 70.000 universitarios necesitados que se han quedado sin poder solicitar beca, según ha denunciado la Conferencia de Rectores (CRUE).

La OCDE, en su estudio sobre el ascensor social en Occidente, reitera que la clave para que haya más movilidad social es la educación. En el caso de España, la OCDE nos propone 5 medidas: reforzar el apoyo a los parados (mejorando las oficinas de empleo), mejorar la formación de los jóvenes (promoviendo la Formación Profesional) y la educación de adultos, afrontar el abandono escolar temprano, mejorar la calidad de la enseñanza y actuar frente a los altos niveles de pobreza infantil, con ayudas directas a los niños y mejorando los trabajos e ingresos de los padres. Además, la OCDE y los expertos coinciden en otras medidas básicas para mejorar la movilidad social: más gasto en becas y en educación (sobre todo en pre-escolar y primaria, los años claves para reducir las diferencias de origen familiar), universalización y mejora de la sanidad, reducir la evasión fiscal en las herencias y diseñar sistemas fiscales progresivos, que contribuyan a reducir desigualdades. En definitiva, que el Gobierno ayude a evitar que los que nacen pobres mueran pobres y también lo sean sus hijos y nietos. Que el “ascensor social” funcione mejor. Otro gran reto para este siglo.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Los jóvenes españoles, muy dependientes


Esta larga crisis ha provocado que muchos jóvenes españoles vivan peor que sus padres. Y que vivan con ellos: un 80% de jóvenes entre 16 y 29 años siguen viviendo con sus padres, frente al 70% en Europa. Es la muestra del fracaso de una generación agobiada por el abandono escolar, el paro, el subempleo, los contratos precarios y los sueldos de miseria, que se acaban traduciendo en que no pueden pagar un alquiler ni un piso para emanciparse. Y uno de cada tres jóvenes está en situación de pobreza, muchos de ellos incluso trabajando. Urge poner en marcha ya un Plan de choque contra el paro que fomente el empleo de los jóvenes, porque sólo uno de cada tres trabaja. Y mejorar su educación, porque estamos formándoles mal como revela el reciente informe PISA. Además, Gobierno, autonomías y Ayuntamientos deberían crear parques de viviendas de alquiler barato para jóvenes. Ayudarles a que sigan su camino fuera de la casa familiar. Que puedan buscarse el futuro.
 
enrique ortega

Antes, hasta principios de este siglo, la mayoría de los jóvenes españoles nos íbamos de casa cuando acabábamos los estudios y empezábamos a trabajar. Pero con la crisis, los jóvenes ahora no se emancipan y siguen viviendo con sus padres hasta los 30 años y después. Si en 2008, un 28% de españoles se emancipaban, en 2016 el porcentaje ha bajado ya del 20%, por primera vez en los últimos doce años: sólo un 19,7% de jóvenes de 19 a 29 años se han ido de casa en 2016, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Eso supone que el 80,3% de los jóvenes españoles (5.233.406 jóvenes) sigue viviendo con sus padres, frente al 70% de media en Europa. Y si tomamos a jóvenes algo más mayores, entre 22 y 29 años, el 70% de los españoles viven con su familia, frente a un 16% en Francia, un 21%  en Alemania o un 30% en Reino Unido, según el informe de la OCDE de 2015.

Se emancipan más las mujeres jóvenes (24% se van) que los hombres (15,6%) y se van más de casa los mayores de 25 años (41,3%) que los que tienen entre 16 y 24 años (se emancipan el 6,2%), sorprendiendo que sólo se emancipen el 72,8% de los que tienen entre 30 y 34 años, según los datos del Instituto de la Juventud. Y cuando los jóvenes consiguen irse de la casa familiar, casi todos se van con otros jóvenes y sólo un 16,7% se van a vivir solos. Los que más se emancipan son los que tienen estudios superiores y los que no tienen apenas estudios (porque los dejaron para trabajar). Y hay una gran diferencia por autonomías. Se emancipan muy pocos jóvenes en Navarra (16,2%), Extremadura y Cantabria (16,4%), Murcia (17,4%) o Andalucía (18,1%) y bastante más que la media en Baleares (25,1%), Cataluña (24%), Madrid (21,1%) y La Rioja (20%), las autonomías con mayor renta.

Esta baja emancipación de los jóvenes es el fruto final de un fracaso generacional que empieza incluso antes de acabar sus estudios y continúa con su penosa experiencia laboral. De entrada, uno de cada cinco jóvenes españoles de 18 a 24 años (el 19,8%) había abandonado sus estudios prematuramente (sólo con la ESO o sin terminarla), lo que sitúa a España como líder europeo en abandono escolar, muy por delante del 11% de la UE-28 (y de los 17 paises europeos que lo mantienen por debajo del 10%), según los datos recientes de Eurostat. Y además, la crisis ý el desempleo se ha cebado más sobre los jóvenes: de los 3,8 millones de empleos perdidos en España entre junio de 2008 y marzo de 2014, un 60% (2.283.600 empleos) los perdieron los jóvenes, los menores de 30 años).

Por ello, la tasa de paro de los jóvenes duplica con creces a la del resto de españoles: un 42% frente al 19,02 %, según la EPA de septiembre 2016. Una tasa de paro juvenil (16-25 años) que también duplica el paro juvenil europeo (19,6%). Y aunque ha bajado el paro juvenil de larga duración (más de 1 año), hasta el 44% de todos los jóvenes desempleados, si consideramos sólo a los jóvenes en paro que habían trabajado antes, el 67% lleva más de un año sin trabajar. Eso lleva a nuestros jóvenes a conseguir otro ”récord europeo”: somos el cuarto país de Occidente con más “ni-nis”, jóvenes de 15 a 29 años que ni estudian ni trabajan, un 22,7%, sólo por detrás de Turquía (29,8%), Italia (26,9%) y Grecia (24,7%), según la OCDE. Y la mayoría, sin cobrar el paro ni beneficiarse de las ayudas del Plan europeo de empleo  juvenil (“Garantía Juvenil”), que se compromete a buscarles en 4 meses un curso de formación, unas prácticas o un empleo: las ayudas sólo han llegado al 10,7% de los “ni-nis” españoles, frente al 60% de los “ni-nis” alemanes o el 80% de los franceses.

Los jóvenes españoles que no han caído en el abandono escolar y terminaron sus estudios son la generación más formada de nuestra historia (16-29 años): el 35,6% tiene estudios secundarios obligatorios, el 32,2% estudios secundarios postobligatorios y un 23,6% tienen una carrera universitaria, con lo que sólo un 7,6% carecen de estudios o tienen sólo primaria, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Pero aun así, tienen muy difícil empezar a trabajar. De hecho, de los 1.392.300 nuevos empleos creados en España entre 2014 y 2016 (septiembre), sólo 173.600 de estos empleos han sido para jóvenes menores de 30 años (el 12,4%). O sea, que sólo 1 de cada 8 nuevos empleos están siendo para los jóvenes.

Y por eso, sólo 1 de cada 3 jóvenes de 16 a 29 años trabaja (2.382.573 jóvenes, el 36,6% de los 6.517.318 jóvenes en esa edad), frente a 2 de cada 3 españoles que trabajan de todas las edades. Y entre los 16 y los 24 años, sólo 1 de cada 5 jóvenes trabaja (el 20%). El 96% son asalariados y sólo un 6% son autónomos. Y casi la mitad de los jóvenes que trabajan (el 44%) lleva haciéndolo menos de 1 año. Lo más llamativo es que los contratos de los jóvenes son muy precarios. El 92,5% de sus nuevos empleos son temporales y el 42% son a tiempo parcial (la tercera parte, por menos de una semana). Y más de la mitad de los jóvenes ocupados (el 56,3%) hacen trabajos para los que están “sobrecualificados”.

Con tantos contratos precarios, los sueldos de los jóvenes son muy bajos: el salario medio de un joven de 20 a 24 años es de 11.835 euros brutos (690 euros netos en 14 pagas), menos de la mitad del salario medio español (27.360 euros brutos), según los últimos datos del INE (2014). Y según el último estudio de salarios de la EPA (2015), dos de cada tres jóvenes (el 67,9% de los asalariados menores de 25 años) reciben un salario mensual inferior a 1.215,70 euros brutos, unos 996 euros netos en 12 pagas. Pero es que, según las declaraciones de la renta (IRPF), un 75% de los jóvenes de 18 a 25 años ganan menos del salario mínimo (menos de 645 euros al mes en 14 pagas), según la Agencia Tributaria.

Con estos bajos salarios del tercio de jóvenes que trabajan y como los dos tercios restantes no ingresan apenas, el resultado es que 1 de cada tres jóvenes españoles son pobres: el 38,2% de los jóvenes de 16 a 29 años (casi 2,5 millones) ingresan menos del 60% de la media de españoles, son “oficialmente pobres”, frente al 28,6% del conjunto de españoles y el 23,7% de europeos, según estadísticas del INE. Y sube al 57,9% de pobreza entre los jóvenes desempleados y al 65,7% de pobres entre parados de 16 a 24 años. Llama la atención que una cuarta parte de los jóvenes que trabajan (24,5%) son trabajadores pobres.

Visto este panorama laboral y salarial de los jóvenes en España, se explica que un 80,3% siga viviendo con sus padres. Porque con un ingreso medio de 10.690,16 euros por joven (763 euros en 14 pagas) y 20.452 por hogar joven (1.460 euros en 14 meses), los ingresos que estima hoy el Instituto de la Juventud, poco se puede hacer para sobrevivir y menos alquilar o comprar un piso. Un joven asalariado tendría que dedicar un 60,9% de su sueldo a pagar una hipoteca de una casa modesta (145.000 euros) y una pareja joven, el 32% de sus ingresos. Y para pagar un alquiler (610 euros de media), un joven trabajador tendría que destinar el 68,6% de su sueldo y un hogar joven el 68,6% de su sueldo (y más del 75% si es en Madrid, Barcelona o el País Vasco), según las cuentas del Instituto de la Juventud. La consecuencia es que sólo el 30% de los hogares jóvenes con mayores ingresos puede comprar o alquilar, la mayoría endeudándose de por vida. Y que los jóvenes que dejan su familia y alquilan un piso fuera tienen obligatoriamente que compartirlo.

Esta precariedad laboral, esta penuria económica y la consiguiente dependencia de los jóvenes españoles con sus familias tienen serias consecuencias sobre su futuro, desde el retraso en el matrimonio, el bajo número de hijos, su menor consumo y el bajo ahorro para seguir formándose y para mejorar su futura jubilación. Y tiene también mucho que ver con su comportamiento social y su bajo interés por la política. ¿Qué se puede hacer? Algunos proponen “soluciones mágicas” frente al paro juvenil, “atajos interesados”. Como la receta del FMI, que propuso a Europa bajar el salario mínimo (que es de 655 euros, una miseria) para animar a las empresas a contratar a los jóvenes. O las reiteradas propuestas de la patronal CEOE para que el Gobierno apruebe un contrato de formación para menores (…de 35 años), con un salario inferior al mínimo, similar a los famosos “mini-jobs de Alemania, que tienen 7,5 millones de jóvenes (trabajan 15 horas a la semana por menos de 450 euros). Al final, el argumento que utilizan es: mejor un “contrato basura” que el paro.

Pero eso es un chantaje simplista. Hay que buscar alternativas de fondo para los jóvenes, que vayan a la raíz de los problemas. La receta básica de la OCDE, en su largo informe sobre España (2015) es más y mejor formación, mejorar la educación de los jóvenes españoles, desde el Colegio a la Universidad. Porque ahora, nuestros jóvenes tienen estudios pero están mal formados, según acaba de revelar otro año más el reciente informe PISA 2015: la nota de los alumnos españoles de 15 años se ha estancado en ciencias y matemáticas y sólo mejora levemente en lectura durante los últimos 15 años . Se trata de recuperar a los alumnos perdidos (esos 631.520 jóvenes que han abandonado las aulas) y conseguir formarles mejor, a ellos y al resto. Porque el 98% de los empleos del futuro (para 2025) van a ser solamente para los que estén muy formados, para los que tengan educación superior (un 58,4% de los futuros empleos) o estudios medios (39,3%), según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Y eso exige un esfuerzo educativo extra en estos años, sobre todo en Formación Profesional (FP) y en un cambio de los estudios universitarios.

Junto al reto educativo, el otro gran frente de actuación es la política de empleo, con un Plan de choque contra el paro centrado en los jóvenes, las mujeres y los parados mayores de 45 años, como acaba de pedir al Gobierno Rajoy la misión del FMI que ha analizado la economía española. Y eso exige medios para mejorar la formación de los parados y para colaborar con las empresas en contratos de formación y prácticas de jóvenes, fortaleciendo la formación dual. Y una reforma a fondo del SEPE (antiguo INEM), que no ayuda a encontrar empleo. Y en tercer lugar, urge una política de vivienda que piense en los jóvenes, desde el Estado a las autonomías y Ayuntamientos, con promociones públicas para alquileres jóvenes y creando parques públicos de alquileres baratos para jóvenes con las viviendas de los bancos. Y mejorar o recuperar las ayudas fiscales para las familias jóvenes que compren o alquilen.

En definitiva, no podemos ser insensibles a estas estadísticas que confirman el fracaso de una generación de jóvenes, sus familias y todo el país. Es un drama cotidiano que hay que afrontar sin demora, porque las soluciones exigen tiempo. Hay que darles una salida, pelear porque nuestros hijos sigan adelante, se vayan de casa y se ganen un futuro mejor. Debería ser un gran reto de todos.