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lunes, 26 de diciembre de 2022

Los medicamentos vuelven a bajar

A partir del 1 de enero, notará que algunos medicamentos son más baratos, aunque sólo unos céntimos la mayoría. Bajan otro año más los precios de referencia, para rebajar la abultada factura en recetas y hospitales. Pero tiene dos efectos negativos. Uno, que agrava las débiles cuentas de miles de farmacias pequeñas, que venden más y ganan menos. Y otro, que desalienta a los laboratorios para vender en España, porque tenemos los medicamentos más baratos de Europa. Eso fomenta las exportaciones de medicinas (han crecido más del 40% en 2021 y 2022) y el desabastecimiento de algunos medicamentos en España (637 ahora). Además, las sucesivas rebajas de precios (15 desde 2010) han hecho que la mitad de las medicinas cuesten menos de 3,50 euros (pagamos entre 1 y 1,40 euros: menos que un café), lo que desalienta la investigación de nuevos fármacos. Urge ahorrar bajando las recetas, pero  evitando que falten medicamentos y  logrando que lleguen sin retraso los nuevos fármacos. Apostar por nuestra salud sin racanear.

Enrique Ortega

El aumento del gasto farmacéutico es una obsesión de todos los Gobiernos en las últimas dos décadas y sobre todo de las autonomías, que tienen que pagar la mayor parte de la factura (la otra parte la pagamos los pacientes, con los copagos). Y además, la previsión es que este gasto farmacéutico crezca más en el futuro, por el envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas y los nuevos medicamentos (cada vez más caros). Además, en España, el deterioro de la atención primaria fomenta que los médicos (sin tiempo para atender a los pacientes) receten más, a lo que se une un abuso de los antibióticos, los ansiolíticos y la automedicación. De hecho, las recetas han pasado de 706 millones en 2004 a más de 1.000 millones que se financiarán este año 2022.

El gasto farmacéutico se disparó en 2009, con un récord de recetas (casi 1.000 millones) y 12.505 millones de gasto en recetas más otros 4.000 millones de gasto farmacéutico en hospitales. A partir de 2010, se empezaron a bajar año tras año los precios de referencia, un sistema creado en 1997 por el que la sanidad pública (el SNS) sólo financia un precio máximo por cada medicamento recetado y si el fármaco tiene un precio superior, el farmacéutico está obligado a suministrar al paciente un medicamento más barato, preferentemente genérico (con la patente caducada). Es una forma de presionar a la baja los precios de los medicamentos de marca y forzar la venta de genéricos, más baratos, que ya suponen en España el 41% de los medicamentos vendidos (65% en Europa) y el 21% de las ventas.

La rebaja de los precios de referencia, desde 2010, surtió afecto, pero poco, ya que el gasto en recetas sólo bajó a 11.135 millones en 2011. Al llegar Rajoy a la Moncloa, en 2012, estableció un copago farmacéutico (los pacientes pagaban del 10 al 60% de la receta), que fue bastante efectivo: el gasto en recetas se redujo drásticamente en 2012 (9.770 millones) y 2013 (9.183 millones). Pero luego, el gasto en recetas volvió a aumentar en 2014 (9.360 millones) y año tras año, hasta 2019 (10.793 millones). En 2020, con la pandemia, el gasto en recetas  aumentó más (a 11.678 millones), pero sobre todo el gasto farmacéutico en hospitales (otros 7.883 millones, frente a 5.153 en 2014). Y en 2021, el gasto farmacéutico volvió a subir: 12.531 millones en recetas (+7,3%) y 8.425 millones (+6,9%) en hospitales, un total de 20.956 millones de euros, el 24% del gasto sanitario total. Y este año 2022, llevamos un gasto hasta septiembre de 16.122 millones, con lo que se podría cerrar el año con 21.500 millones de gasto farmacéutico en recetas y hospitales, todo un récord.

Frente a esta bola creciente del gasto farmacéutico, el Gobierno (este y los anteriores) han tomado dos medidas. Una, poco conocida, es la revisión mensual de precios de medicamentos, según van caducando las patentes y entran los genéricos: Sanidad envía una comunicación cada mes a los Colegios farmacéuticos con los precios que bajan, con el precio máximo que paga el SNS por un medicamento con receta. Y la segunda medida, a finales de cada año (en 2019 se hizo dos veces), es la publicación de una Orden con los nuevos precios de referencia y las nuevas agrupaciones de miles de medicamentos, que bajan de precio desde el 1 de enero, para ahorrar en el gasto en recetas y hospitales.

Esta vez, la Orden con los nuevos precios de referencia (BOE 28 noviembre) revisa los precios de 17.097 presentaciones de medicamentos, 13.552 dispensados en farmacias y 3.545 medicamentos hospitalarios, estableciendo los nuevos precios  a los que se financian desde el 1 de enero de 2023. La medida supondrá un ahorro de 270,89 millones en la factura farmacéutica pública (sólo un 1,25% del gasto esperado), que se repartirá entre un ahorro de 229,14 millones para los hospitales y 41,75 millones para las recetas en farmacia (que ahorrarán en su mayoría  las autonomías y poco los pacientes: pagaremos unos 4,7 millones menos en copagos en 2023). Este año, la rebaja de los precios de referencia es mayor que la hecha para 2022 (234,13 millones de ahorro) y para 2021 (170 millones).

Para la mayoría, los que compramos medicamentos con receta en la farmacia, esta nueva rebaja se va a notar poco, (ver listado con los nuevos precios). Veamos algunos ejemplos: crema Betnovate para la dermatitis (baja de 2,87 a 2,86 euros, -0,38%), Pulmicort, para el asma (baja de 3,08 a 3,06 euros, -0,65%), Climen para terapia hormonal menopausia (baja de 3,70 a 3,14%. -15%), Ursobilane para cálculos biliares (baja de 15,05 a 14,99 céntimos, -0,4%), heparina Clexane (baja de 40,62 a 38,29 euros, -5,73%), Equasym para el déficit de atención hipercinético (baja de 29,18 euros a 26,07, -10,6%) o Forsteo pluma recargada para la osteoporosis (baja de 317,27 euros a 252,16, -20,5%). Estos son los nuevos precios venta al público, no los que pagan los pacientes, que sólo abonan el copago (10% los jubilados y entre el 30 y el 40% del PVP los trabajadores). Así que en muchas de las 13.552 presentaciones rebajadas en las farmacias, la rebaja será de unos céntimos.

Los que sí van a notar esta nueva rebaja de los medicamentos (y van 15 ya) son las 22.164 farmacias que hay en España, sobre todo las más pequeñas (3.000 venden menos de 300.000 euros anuales) y especialmente las 858 farmacias rurales “con viabilidad económica comprometida”. Ya sufrieron una caída de ventas en 2020, con la pandemia, y aunque se recuperaron algo en 2021, su facturación vuelve a estancarse o caer en 2022, con la menor venta de test COVID y mascarillas. Lo que sucede a la mayoría de las farmacias es que dispensan más recetas y facturan menos, porque los precios de los medicamentos financiados llevan bajando desde 2010, además de los “sustos mensuales” (revisión adicional de algunos precios). Eso pone en riesgo la viabilidad económica de muchas farmacias,  claves en la atención sanitaria, como se ha visto con la pandemia: ven reducir su facturación mientras les aumentan los costes. Y tratan de buscar alternativas en las ventas sin receta (cremas y demás), que les suponen el 30% de los ingresos. Pero el núcleo de su actividad, las recetas (el 70% de las ventas) se resiente año tras año.

Otro riesgo de esta nueva bajada de precios de los medicamentos está en los laboratorios. Tras 15 años de rebajas de precios, los medicamentos en España son los más baratos de Europa, un 15% por debajo de la media de la eurozona. Y tras cada rebaja, los laboratorios (extranjeros y españoles) se ven desincentivados a vender en España, donde la mitad de los medicamentos cuestan menos de 3,50 euros, según Farmaindustria (y nosotros, con el copago, los pagamos entre 0,35 y 1,40 euros: más baratos que un café). Esta rebaja continuada de los precios de referencia provoca dos consecuencias: hay desabastecimiento de algunos medicamentos en España y cada vez más se desvían a otros mercados, sobre todo al centro y norte de Europa, donde los cobran más caros que en España.

El problema más serio es el desabastecimiento de algunos medicamentos en España, que se ha agravado en los últimos años, a pesar de que las últimas Órdenes de nuevos precios de referencia aplican excepciones y precios ponderados para determinados medicamentos esenciales, asegurando además un precio mínimo de 1,60 euros. Pero aún así, los farmacéuticos alertan que cada vez hay más medicamentos “en falta”, en concreto 637 hoy, según la web de la Agencia del Medicamento, que quita importancia al problema señalando que el desabastecimiento afecta sólo al 3,42% de las presentaciones. Pero la propia Agencia reconoce que el desabastecimiento de medicamentos ha crecido un 31% en el primer semestre de 2022. Según su informe, el 25,3% se deben a problemas de fabricación, otro 24,6% a déficit de capacidad en las plantas, un 22% a aumentos de la demanda y el 8% restante a problemas en el suministro de principios activos. Pero muchos expertos reiteran otra causa: con los bajos precios que tienen algunos medicamentos, a los laboratorios no les compensa producirlos. O les compensa más venderlos fuera de España, más caros.

Un indicador de lo que está pasando es el tremendo salto que han dado las exportaciones de medicamentos desde España, sobre todo en 2021 y 2022: ya saltaron de 7.162 millones de euros exportados en 2007 a 10.482 en 2012 y luego volvieron a saltar a 12.558 millones en 2020, para crecer más del 40% el año pasado y este: 17.646 millones exportados en medicamentos en 2021 y 20.017 en 2022, sólo entre enero y octubre, lo que duplicarán este año las exportaciones de medicamentos de antes de la pandemia. Los medicamentos son la 3ª mayor partida exportadora de España, tras los coches y los derivados del petróleo. Y las principales exportaciones han ido,  en 2022,  a Bélgica, Suiza, China y Francia.

Los recortes continuados en el precio de los medicamentos (que apenas suponen ahorro en la factura farmacéutica), no sólo ponen  en peligro las cuentas de muchas farmacias y provocan desabastecimiento de medicamentos sino que además, desincentivan la llegada a España de nuevos fármacos innovadores. Los datos son muy explícitos. Por un lado, los españoles sólo accedemos a la mitad de los nuevos medicamentos que se autorizan en Europa: en 2022, solo estaban disponibles en España 85 de los 160 nuevos fármacos autorizados en Europa entre 2017 y 2020, según la patronal Farmaindustria. Un porcentaje (53%) que, además, baja año tras año (llegaron el 62% en 2018) y es muy inferior al de Alemania (llegan el 92% de los nuevos fármacos), Italia (79%), Reino Unido (68%) o Francia (62%). Y además de no llegar la mitad, los nuevos fármacos que llegan tardan 517 días en autorizarse su inclusión para financiarlos, frente a 337 días de media en Europa (y los 180 días que debería tardarse legalmente).

Los dos problemas, nuevos medicamentos que no llegan y otros que tardan demasiado en poder recetarse, tienen una causa común: los bajos precios que se pagan en España. Hay una negociación permanente entre Sanidad y los laboratorios para fijar el coste de los nuevos fármacos, donde algunos laboratorios intentan “abusar” con los precios que piden y Sanidad intenta “ahorrar en la factura farmacéutica” retrasando la autorización, a costa ambos de los pacientes que esperan un nuevo fármaco para sus dolencias (muchas graves).

Además, el racaneo en los precios de los nuevos medicamentos (una parte justificado y otra no) disuade también a los laboratorios para investigar en España, máxime cuando el proceso de crear un nuevo medicamento tarda de 10 a 12 años y sólo 3 de cada 10 nuevos medicamentos generan retornos suficientes como para compensar la inversión realizada en la investigación, según Farmaindustria. Eso sí, España compensa a los grandes laboratorios por su excelente sanidad hospitalaria y el potencial investigador de nuestras Universidades, lo que se traduce es que somos el país líder en Europa en ensayos clínicos de nuevos medicamentos y el 2º del mundo, tras EEUU. Y esta es una baza que utiliza Sanidad, la aportación pública a la investigación, para intentar pagar menos por los nuevos fármacos.

Otro factor a tener en cuenta, según la industria farmacéutica, es que la inversión en nuevos medicamentos acaba ahorrando costes al sistema sanitario: por cada euro invertido en fármacos innovadores, se ahorran entre 2 y 7 euros en prestaciones sanitarias (consultas, ingresos hospitalarios e intervenciones), según algunos estudios. Eso sí, en España, las bajadas de precios y los intentos de ahorro han reducido el peso de los fármacos innovadores (los que tienen menos de 10 años): tenían un 32,5% de cuota en 2013 y bajaron al 28,3% en 2018, según el último dato de Farmaindustria. Y los propios médicos se quejan de que no disponen de fármacos nuevos para muchas enfermedades.

Al final, hay una oportunidad de mejorar la oferta de medicamentos a un precio asumible: potenciar la industria farmacéutica, aprovechando las ayudas europeas. Es lo que pretende Europa, para ser más autosuficiente tras el “susto” de la pandemia: en noviembre de 2021, el Parlamento Europeo aprobó la Estrategia Farmacéutica Europea, que contempla ayudas públicas a la investigación farmacéutica para conseguir nuevos fármacos “europeos” a precios asequibles, potenciando las compras públicas, como se hizo con las vacunas. A partir de ahí, las multinacionales ya han empezado a posicionarse, para trasladar sus actuales fábricas de Asia a la Unión Europea. En esta carrera, España quiere adelantarse, para lo que aprobó, ya en noviembre de 2021, un Plan, el PERTE de Salud de Vanguardia, para movilizar y financiar la fabricación de medicamentos y terapias innovadoras, destinando a ello 982 millones de Fondos europeos entre 2022 y 2023. El PERTE pretende digitalizar el sistema sanitario y parte de la atención sanitaria y potenciar terapias avanzadas en el tratamiento de enfermedades (en especial la diabetes, enfermedades degenerativas y el ELA) y el desarrollo de fármacos innovadores, en colaboración con la industria farmacéutica, los investigadores y los grandes hospitales, buscando que España sea un país atractivo para las multinacionales farmacéuticas y sus ensayos clínicos.

La semana pasada, el PERTE de Salud de Vanguardia consiguió un gran logro: los directivos de las 14 principales multinacionales farmacéuticas y de los mayores laboratorios españoles acudieron a La Moncloa para ofrecer al presidente Sánchez su colaboración para convertir a España en un polo europeo de producción de nuevos medicamentos, al igual que somos el 2º mayor fabricante europeo de automóviles: se comprometieron a invertir 8.000 millones de euros entre 2023 y 2025 para impulsar la investigación y producción de fármacos en España y contratar a 4.500 jóvenes al año para sus 103 plantas españolas. Y creen que el Gobierno español puede atraer a otros paises a seguir este camino, promoviendo una potente industria farmacéutica europea. Por su parte, el presidente Sánchez se comprometió a elaborar un Plan Estratégico para la Industria Farmacéutica, para reforzar el abastecimiento, facilitar el acceso a nuevos fármacos y colaborar en la sostenibilidad del sistema sanitario.

En definitiva, que parece que se abre el camino para que España sea un país puntero en la producción de medicamentos innovadores, que facilite la investigación y asegure nuestro suministro a precios asequibles. Eso obligará a respaldar esas inversiones de futuro con precios razonables y financiables, huyendo del racaneo que apenas ahorra y provoca desabastecimientos. Por nuestra salud y nuestra economía.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Faltan medicamentos (lo barato es caro)


El 1 de enero bajan la mayoría de medicamentos, unos céntimos: nos ahorraremos 8,44 millones de euros en la farmacia. Pero lo que parece una buena noticia, no lo es: los medicamentos llevan bajando desde 2010 y su precio no compensa en algunos casos, con lo que los laboratorios dejan de producirlos o los exportan a paises europeos donde cuestan un 30% más, como también hacen (fraudulentamente) algunos mayoristas y farmacias. El resultado es el desabastecimiento: han faltado más de 1.000 medicamentos a finales de noviembre y ahora hay más de 400 en falta. Los recortes de precios impuestos se nos han vuelto en contra: el que muchos medicamentos cuesten menos que un café (el Adiro, 1,48 euros, aunque un jubilado paga 15 céntimos) desalienta la oferta de fármacos y la investigación de otros nuevos, además de hundir a las pequeñas farmacias. Urge racionalizar el gasto por otras vías y saber que luchar contra las enfermedades es caro y no se puede racanear, porque es contraproducente. Lo barato es caro.


A finales de noviembre, saltó la alarma: llegó a haber más de 1.000 medicamentos con problemas de suministro, que no se encontraban en muchas farmacias, algunos muy populares como Nolotil, Adiro o Dalsy. Ahora, algunos se han repuesto, pero hoy todavía hay 405 medicamentos con desabastecimiento, según este listado que publica la Agencia española del Medicamento (AEMPS). El año 2017 llegó a haber 900 con problemas. Y eso que este listado sólo incluye los medicamentos con “desabastecimiento, pero los farmacéuticos tienen otro listado, el CISMED, que incluye los medicamentos  con “problemas de suministro”, donde hay más demanda que oferta, un barómetro previo al desabastecimiento y que detecta medicamentos “difíciles de conseguir” para las farmacias cada día.

El desabastecimiento de medicamentos provoca muchos problemas, sobre todo a los pacientes, que se ven obligados a hacer una “ronda de farmacias” para buscarlos y luego ir al médico para que les recete otro alternativo (casi todos lo tienen), que suele causar problemas a los más ancianos (porque cambia la caja o el color o el tamaño de las pastillas). Para los médicos es otro problema, porque colapsa más las consultas de los Centros de salud pidiendo el cambio de medicamento. En los hospitales, las encuestas revelan que el 25% sufren problemas de suministro a diario y el 45% semanalmente, con lo que gestionarlo les lleva 5 horas semanales. Y las farmacias pierden también mucho tiempo llamando a almacenes para encontrar medicamentos o vacunas. Y además, se ha denunciado que las farmacias rurales y las pequeñas tienen más difícil encontrar las medicinas que escasean.

¿Por qué faltan algunos medicamentos? En un 38% de casos, se debe a problemas en el proceso de fabricación del medicamento, según el análisis hecho por la Agencia (AEMPS) de los 590 medicamentos en falta el primer semestre de 2018. Un proceso que es complejo y multinacional: el principio activo se compra en un país (muchos en China e India), se empaqueta en otro y se vende en un tercero, con lo que cualquier problema trastoca la cadena y el suministro final. Es lo que pasó con Adiro: la materia prima (acido acetil salicílico) se produce en Asturias pero Bayer lo envía a Alemania para su envasado y ha chocado con obras en la planta de Leverkusen, provocando desabastecimiento, que intenta resolver  importando las cajas de su fábrica de Milán. En el caso de Nolotil, el laboratorio que lo vende (Boehringer) compra el principio activo (metamizol magnésico) a Sanofi, que ha tenido problemas de suministro y como vende en 100 paises, elige cómo repartir la escasez. En otros casos, se ha debido a un incremento puntual de la demanda (12%) o a un “retraso en la entrega” (21% según la AEMPS). Muchas veces, la multinacional farmacéutica tiene un pico de demanda en un país y “desvía” medicamentos de otro: es lo que pasó en 2017 con Clexane (heparina), en falta en España porque se exportó parte de la producción fabricada en España a Alemania (donde la pagan más cara).

Pero en un 47% de los casos, los desabastecimientos de medicamentos se deben “a causas desconocidas”, según una reciente denuncia de la Federación Internacional Farmacéutica (FIP), que pide “más transparencia” sobre un problema sanitario grave, que afecta a toda Europa, no sólo a España. Y en este 47%, muchos expertos incluyen una causa que cada vez cobra más peso, sobre todo en España: el bajo precio de los medicamentos. “El desabastecimiento de medicamentos se debe a los bajos precios en España”, denunció en octubre el Colegio de Farmacéuticos de Orense. Y es que, con las rebajas impuestas desde 2010, el 55% de los medicamentos tienen un precio de venta con IVA inferior a 3,50 euros (los usuarios pagamos 1,40 euros o menos). Y con estos precios, a muchos laboratorios no les compensa fabricarlos. Y como venden en 100 paises, planifican para venderlos en los paises con los precios más caros, exportando cada vez más los medicamentos que se fabrican en España. Baste recordar que España es uno de los paises europeos con los medicamentos más baratos, sólo por delante de Portugal, Eslovenia, Letonia y Estonia. Y una medicina cuesta de media un 33% menos en España que en Alemania, Luxemburgo, Finlandia, Bélgica o Irlanda y un 16% menos que en Francia o Italia.

Con estas diferencias de precio, la tentación de vender fármacos en otros paises, a costa de reducir la oferta en España, es muy grande. Baste decir que las exportaciones  de medicamentos se han multiplicado por 18 entre 1995 (562 millones de euros) y 2017 (10.061 millones), aunque este año bajan un 4% (7.719 millones hasta septiembre). Y luego están las exportaciones paralelas (“comercio inverso”), las que hacen fraudulentamente almacenes mayoristas y farmacias (limítrofes con Portugal o Francia), para vender medicamentos que debían  ir a farmacias españolas a paises que los pagan el doble o el triple.


Por todo esto es preocupante que el Gobierno Sánchez haya aprobado otra Orden ministerial para bajar los medicamentos el 1 de enero de 2019, como se viene haciendo desde 2010, en aplicación del sistema de precios de referencia, creado en 1997 para pagar menos a los laboratorios por las medicinas: la sanidad pública solo financia un precio máximo por medicamento recetado y si el fármaco tiene un precio superior, el farmacéutico está obligado a suministrar al paciente un medicamento más barato, preferentemente genérico (con la patente caducada). Es una forma de presionar a la baja los precios de los medicamentos de marca y forzar la venta de genéricos (más baratos), que ya suponen en España el 81% de los medicamentos vendidos y el 55% de las ventas.

Ahora, el Gobierno ha revisado a la baja el precio de 15.500 presentaciones farmacéuticas (se venden 17.500), la mayoría medicamentos que se venden en farmacias (12.825) y 2.916 utilizados en hospitales. Todos bajan unos céntimos y las mayores rebajas (ver listado nuevos precios) se notarán en algunos ibuprofenos (que bajan del 65 al 81%, medicamentos contra el colesterol (bajan del 5,25% al 48%), anticonceptivos y medicamentos contra el asma. La rebaja para los particulares será de 8,44 millones, pero los laboratorios recortarán sus ingresos otros 248,25 millones en 2019, según los datos de Sanidad.

Los riesgos de esta nueva rebaja de medicamentos son básicamente dos. Uno, que se agrave el desabastecimiento de algunos medicamentos, ahora que los laboratorios van a cobrar menos por ellos, aunque el Gobierno no ha bajado nada 29 medicamentos básicos para “evitar una indeseable situación de falta de suministro de medicamentos esenciales”, como reconoce textualmente la Orden de Sanidad. Y la otra, que los laboratorios reduzcan su investigación de nuevos fármacos, tras 8 años de recortes de precios. De momento, el sector farmacéutico ha subido su gasto en I+D+i (1.147 millones en 2017, el 20% de toda la investigación industrial hecha en España) y somos el segundo país del mundo, tras EEUU, con más ensayos clínicos de medicamentos. Pero los laboratorios instalados en España producen menos fármacos innovadores: sólo lo son 2 de cada 10 medicamentos autorizados. Y llevamos 18 años sin nuevos fármacos contra el Alzheimer, 20 años sin nuevos antibióticos y 30 años sin ansiolíticos innovadores, según denunciaron los farmacéuticos de Orense.

La otra consecuencia negativa de que las medicinas cuesten menos que un café es que las rebajas de precios están afectando muy negativamente a las cuentas de las 22.046 farmacias españolas, que no son “unas tiendas más” sino un eslabón clave del sistema sanitario (el más cercano y “confiable”). La mayoría de las farmacias venden más medicamentos que en 2010, dispensan más recetas, pero facturan menos, entre un 10 y un 20% menos, y además les han bajado los márgenes. Y el mayor problema se concentra en las 3.000 farmacias que venden menos de 300.000 euros, sobre todo las 903 farmacias rurales con “viabilidad económica comprometida” y que malviven gracias a ayudas autonómicas.

Los riesgos de esta política de precios de los medicamentos, muy alejados de Europa, son claros. Y la ventaja, el ahorro en la factura farmacéutica, no es tan evidente: el gasto en farmacias se rebajó del récord de 11.135 millones en 2011 a 9.183 millones en 2013, pero luego no ha parado de subir desde 2014, hasta los 10.170 millones en 2017 (y crece otro 3,34% este año, con 8.738 millones gastados este año, hasta octubre), según los datos de Sanidad. Y a ello hay que sumar otros 6.500 millones de gasto farmacéutico en hospitales, que crece el doble que en las farmacias, por los costosos tratamientos. Pero aunque el gasto farmacéutico total (16.619 millones en 2017) sea muy importante, hay que señalar que su peso en la economía es todavía menor que en 2010 (supondrá el 1,43% del PIB en 2018, frente al 1,57% en 2010). Y que España, aunque sea “un paraíso de las recetas” (900.000 al año), gasta menos en medicamentos de farmacia que la mayoría de Europa: 223 euros per cápita, frente a 326 euros de media en la eurozona, 479 euros en Alemania, 382 euros en Francia o 250 euros en Italia, según Farmaindustria con datos de la OCDE (2016).

Aunque gastemos menos que Europa, el gasto farmacéutico es tremendo y se lleva el 24% de todo el gasto sanitario (70.804 millones en 2018). Y lo peor es que todo apunta a que aumentará en los próximos años, por tres factores: el envejecimiento de la población (más viejos que viven más años y consumen muchas medicinas), el aumento de las enfermedades crónicas (un 45% de adultos hoy las padecen y serán más en el futuro) y los nuevos tratamientos para algunas enfermedades (oncología, trasplantes, enfermedades autoinmunes, esclerosis múltiples…), que son muy costosos. Eso obliga a racionalizar el gasto farmacéutico, para compensar este mayor coste con algunas medidas de ahorro que no sea el desplome de precios de los medicamentos, sencillo pero muy arriesgado porque puede agravar los desabastecimientos y las “fugas” de medicamentos y laboratorios.

Una primera medida es reducir el número de recetas injustificadas, provocadas en muchos casos por la falta de tiempo de los médicos para atender a los pacientes (“receto y vete”), la inexistente medicina preventiva y la insuficiente mejora de hábitos de vida, dos vacunas contra las recetas, junto a campañas públicas para no despilfarrar en el consumo de fármacos (tenemos en casa decenas de cajas para tirar) y automedicarse menos. Los expertos insisten en que consumimos demasiados sedantes, estimulantes y sobre todo antibióticos: 1 de cada 2 españoles los ha tomado en el último año y los reciben 1 de cada 2 pacientes hospitalizados, según Sanidad, que considera “inadecuadas” entre el 40 y el 50% de las prescripciones de antibióticos, tanto en atención primaria como en hospitales. Un abuso que no sólo sube el gasto sino que crea un problema de resistencia a los antibióticos (superbacterias), que será en 2050 la primera causa de muerte en el mundo (con 10 millones de fallecimientos). Y controlar más el gasto farmacéutico hospitalario, el que más crece.

Mientras se intenta frenar el gasto farmacéutico, urge tomar medidas para evitar los desabastecimientos de medicinas, un grave problema sanitario que preocupa en toda Europa. Y más ante el Brexit. Las Agencias del Medicamento europeas han elaborado un Plan de trabajo hasta 2020 para reducirlos, con medidas como facilitar la autorización de nuevos fármacos, permitir prospectos en varios idiomas (para poder llevar los medicamentos a los paises donde falten) y un mayor control del camino que siguen las medicinas desde la fábrica a la farmacia, con la entrada en vigor (el 9 de febrero de 2019) de la “trazabilidad obligatoria”, la incorporación a los medicamentos de unos "códigos  Data Matrix 2D" que facilitarán detectar los medicamentos falsificados (el 1%) y vigilar si un medicamento ha sido desviado a otro país. Sin embargo, no se contemplan sanciones europeas a los laboratorios responsables de desabastecimientos ni restricciones a las exportaciones entre paises.

En España, la Agencia del Medicamento prepara un nuevo Plan 2019-2021 para garantizar el suministro de medicamentos. Mientras, habría que tomar algunas medidas urgentes como agilizar las alertas a los médicos (para que no receten medicamentos con problemas de suministro) y permitir a los farmacéuticos que tengan más autonomía para cambiar medicamentos no disponibles (pueden hacerlo en muchos casos, pero no cambiar cápsulas por comprimidos, ni inyectables, insulinas, medicamentos contra el asma o de especial control), para que el paciente no tenga que ir a por otra receta. Y se podría obligar a los almacenes a tener un stock de medicamentos susceptibles de desabastecimiento, como hacen en Portugal. También urge crear un canal de urgencia online para distribuir medicamentos escasos y que los farmacéuticos no tengan que ir  “a la caza de una medicina” o los pacientes “peregrinar” de farmacia en farmacia (“tienen Adiro en tal farmacia”, como nos dicen cuando buscamos algo en el Corte Inglés o Decathlon). Y por supuesto, una mayor vigilancia de laboratorios, mayoristas y farmacias para que no desvíen medicamentos que hacen falta aquí a otros paises para ganar más con ellos.

En definitiva, cuando vaya a la farmacia en enero verá que las medicinas le costarán unos céntimos menos. Pero piense que el que sean tan baratas no le beneficia, porque puede provocar que mañana no encuentre algún medicamento o que para conseguir un tratamiento contra el cáncer, su hospital tenga que comprarlo en el extranjero, 30 veces más caro, como ya ha pasado con Aspen Pharmacare, que en 2014 dejó de producirlos en España. Y piense que aunque cuesten menos que un café, no hay que tomar medicinas por tomarlas ni tenerlas almacenadas en casa, porque su coste para el país es tremendo. Y si no lo racionalizamos entre todos, desde los médicos a los pacientes, habrá más copagos. Y si racaneamos al pagar los medicamentos, faltarán y no se innovarán. Al final, lo barato es caro.

jueves, 2 de marzo de 2017

Gasto farmacéutico: sube y subirá más


A principios de año, la desconocida ministra de Sanidad soliviantó a los pensionistas al decir que estudiaban subir el copago farmacéutico a los que ganaban más de 18.000 euros. Quedó en un globo sonda, pero hay un serio problema detrás: el gasto farmacéutico aumentó en 2016, por tercer año consecutivo, tras los recortes de 2010 a 2013. Y el gasto va a seguir subiendo, porque cada vez hay más viejos que viven más años y los tratamientos son más caros (por ejemplo, los del cáncer). Y eso aunque España sea el 2º país europeo con menor gasto farmacéutico y el 6º con los medicamentos más baratos (las medicinas cuestan como una cerveza), al haber forzado el Gobierno su bajada, lo que resulta negativo para la investigación y provoca desabastecimientos. Hay que afrontar en serio el problema, ahorrando donde se pueda pero sabiendo que alargar la vida tiene un alto coste en medicamentos que hay que financiar como sea. No “racaneen” con la salud.
 
enrique ortega

2016 fue el tercer año consecutivo en que subió el gasto farmacéutico, tras las medidas adoptadas por Zapatero y Rajoy para reducir el gasto en recetas, que llegó a un máximo de 12.505 millones en 2009. A partir de 2010 empezó a bajar y sobre todo en 2012, al aprobar el Gobierno Rajoy en julio el copago farmacéutico (del 10% los pensionistas al 40-60% los activos) y en agosto la no financiación de 425 medicamentos (el “medicamentazo), además de la rebaja de los precios de referencia desde 2010. Con todo ello, la factura en recetas bajó a un mínimo de 9.183 millones de euros en 2013. Pero luego ha vuelto a subir, en los últimos tres años, cerrando 2016 con un gasto en recetas de 9.912 millones de euros. Un mayor gasto que se debe, básicamente, a que cada vez hay más viejos (cada año hay 120.000 nuevos jubilados), que viven más años y aumentan las enfermedades crónicas.

Pero hay más gasto en medicamentos que el de las recetas que llevamos a la farmacia. En los últimos años ha crecido mucho el gasto farmacéutico en hospitales, sobre todo en 2015, por la inclusión de los nuevos medicamentos contra la hepatitis C (que costaron 1.090 millones ellos solos). Así, en 2015 se llegó a un récord de gasto hospitalario en recetas de 6.537 millones (+25,92%), al que se sumaron otros 3.200 millones de productos farmacéuticos sin receta. Y aunque en 2016 este gasto ha bajado (el tratamiento de la hepatitis C costó sólo 421 millones), son otros 10.500  millones de gasto farmacéutico hospitalario, que sumados a los 9.912 del gasto en recetas en farmacias supera ya los 20.000 millones de gasto farmacéutico público, el 30% de todo el gasto sanitario público que se hace en España.

Con todo, aunque sube el gasto farmacéutico en España, en farmacias y hospitales, todavía es muy inferior al del resto de Europa. El gasto público farmacéutico por habitante es un 25,3% inferior a la eurozona, según los últimos datos de la OCDE. Y gastamos menos en fármacos porque consumimos menos medicamentos y además porque las medicinas son aquí más baratas. En cuanto al consumo, España es el 2º país de la eurozona con menos consumo anual de medicamentos por habitante, según datos de Farmaindustria: 998 unidades frente a 1.123 en la UE-19, un 11% menos de consumo farmacéutico (un 24% menos que Alemania y un 37% menos que Francia). Y en cuanto al precio, con las bajadas forzadas por los distintos Gobiernos desde 2010, España es el 6º país europeo con las medicinas más baratas, tras los 3 paises bálticos, Eslovaquia y Portugal : cuestan 0,20 euros por unidad standard, frente a 0,24 euros en la eurozona (+16%) y 0,22 euros en Francia o Italia.

Con ello, aunque ha subido el gasto farmacéutico total en España, el gasto por receta se ha estabilizado en los últimos 17 años: era de 10,98 euros por receta en 1999 y ha cerrado en 10,99 euros en 2016. Esto se debe al abaratamiento de muchos medicamentos y a la fuerte penetración de los genéricos (79,5% de las unidades y el 53,7% en valor) frente a los medicamentos de marca. Con ello, el 51% de los medicamentos que se recetan cuestan ya menos de 3,5 euros y pagamos por ellos 1,40 euros o menos (los pensionistas). Así que la mayoría de medicinas cuestan lo que una cerveza y bajando… Esto es bueno para el bolsillo, pero malo para la salud. Primero porque a los laboratorios les compensa cada vez menos investigar en España y prefieren instalarse en paises europeos con las medicinas un 25% más caras. Segundo, porque ese bajo precio fomenta las exportaciones y el trasvase ilegal de medicamentos a otros paises, provocando desabastecimiento de algunas medicinas (ahora hay 240 fármacos “en falta”, según se ve en esta web de la Agencia española del Medicamento). Y en tercer lugar, si los fármacos son demasiado baratos,  se hunden las cuentas de las farmacias (facturan más recetas pero ingresan menos), un eslabón clave de la asistencia sanitaria en España. De hecho, de las 22.000 farmacias, hay 3.000 al límite de su viabilidad económica, según la patronal FEFE, sobre todo en las zonas rurales.

Volviendo al gasto farmacéutico, todo apunta a que seguirá creciendo más en el futuro en todo el mundo, como anticipa el último informe de la OCDE. Y más en España, porque será a medio plazo el país más envejecido de Europa: si los mayores de 65 años suponen hoy el 18,2% de los españoles, serán el 25% en 2029 y el 38,7% en 2064, según las previsiones del INE. En paralelo, también aumentará la esperanza de vida (de 82,8 a 92,6 años), con lo cual habrá más ancianos que vivirán más años y por tanto consumirán más fármacos. Y un tercer factor de mayor gasto será el aumento de las enfermedades crónicas: un 45% de los adultos padecen ya hoy algún mal crónico (hipertensión, diabetes, artrosis, colesterol, reumatismo, asma, alergias…) y este porcentaje aumentará por encima del 60% en el futuro.

Pero lo que más preocupa cara al futuro gasto farmacéutico son los costosos tratamientos de algunas enfermedades, en particular el cáncer (que sufrirá uno de cada dos españoles que nacen ahora), las enfermedades autoinmunes, el VIH o la esclerosis múltiple. Cada vez hay más investigación y se aprueban nuevos tratamientos innovadores, muy costosos. El ejemplo más preocupante son los nuevos fármacos contra el cáncer, que suponen ya el 16,9% de la factura farmacéutica de los paises desarrollados (aunque sólo un 12,2% del gasto farmacéutico total en España). Cada vez aparecen nuevos tratamientos (1/3 de los fármacos innovadores son oncológicos), más caros: si España quiere incorporar las nuevas terapias oncológicas que se aprobarán hasta  2020, tendríamos que aumentar el gasto en 1.000 millones los próximos 5 años, según la consultora IMS Health. Y lo mismo con muchas otras enfermedades.

El problema de cara al futuro es que la industria farmacéutica avanza a toda velocidad y muchos paises, como España, no pueden pagar los nuevos tratamientos. La consecuencia es que los Gobiernos retrasan la aplicación de los nuevos fármacos. Y en España, las autonomías y hasta los propios hospitales, que son los responsables finales de introducir o no un nuevo medicamento. En consecuencia, el enfermo grave se enfrenta a la “lotería” de si el último medicamento aprobado, que puede alargar su vida, se lo darán o no en su hospital. De hecho, los oncólogos  de 144 hospitales públicos de toda España han denunciado que la introducción de algunos medicamentos oncológicos se retrasa entre 8 meses en Andalucía, 17 en Aragón, 27 en Asturias o 58 meses en Castilla y León. Y además, el Tribunal de Cuentas y la Comisión de la Competencia (CNMC) denuncian que el sistema público de aprobación de nuevos fármacos (en autonomías y hospitales) es opaco y discrecional, sin informes que rindan cuentas con transparencia.

Así que los laboratorios presionan con nuevos fármacos a precios desmesurados, sin que los Gobiernos, aisladamente, puedan forzar bajadas (como defiende la OCDE). Y las autonomías y hospitales tratan de ahorrar, retrasando su aplicación, a costa de la salud de los pacientes. Un mecanismo infernal que habría que romper con una selección muy rigurosa de los nuevos tratamientos (aprobando sólo los realmente eficaces, como propone la OCDE) y buscando más recursos para pagarlos. El FMI acaba de proponer a España introducir nuevos “copagos” en la sanidad, pero este sistema de “copagos”  es doblemente injusto: afecta más a los que menos ingresos tienen, a los ancianos y a los enfermos crónicos. Parece más justo aumentar la recaudación fiscal  (España ingresa por impuestos 50.000 millones menos que la media de Europa, según la Comisión Europea) y dedicar más recursos públicos al gasto farmacéutico, ya que es un 25,35 inferior al de la eurozona. Y también gastamos menos en Sanidad, 13.200 millones menos de gasto público al año que la media de la eurozona, según Eurostat.

Pero no sólo hay que gastar más en medicamentos, para afrontar el envejecimiento de la población, el aumento de los enfermos crónicos y los costosos nuevos tratamientos oncológicos y otros fármacos innovadores. También hay que racionalizar el gasto farmacéutico, para reducir en lo posible las recetas injustificadas, sobre todo de antibióticos, sedantes y estimulantes. De hecho, España está entre los tres paises europeos con mayor consumo de antibióticosuno de cada  dos españoles ha tomado antibióticos en el último año y uno de cada dos pacientes hospitalizados reciben antibióticos, según el Ministerio de Sanidad, que considera inadecuadas entre el 40 y el 50% de las prescripciones de antibióticos tanto en atención primaria como en hospitales. Un abuso que no sólo sube el gasto sino que crea un problema de resistencia a los antibióticos (superbacterias), que será en 2050 la primera causa de muerte en el mundo (10 millones de fallecimientos), por delante del cáncer (8,2 millones). Y también hay abuso en el consumo de sedantes y estimulantes, con y sin receta.

Urge racionalizar el gasto farmacéutico, reduciendo el gasto  innecesario (antibióticos injustificados, ansiolíticos y estimulantes)  y aumentando el gasto imprescindible (que salve y aumente vidas), con más ingresos. Y es imprescindible negociar a nivel europeo con los poderosos laboratorios la implantación de nuevos tratamientos innovadores, para que no hundan los Presupuestos públicos. También hace falta revisar los copagos, pero no para subirlos como se plantea otra vez el Gobierno Rajoy , sino para reducirlos al mínimo, como puro elemento disuasorio que evite el despilfarro de recetas (acumular “botiquines”  en casa), porque se ha demostrado que el copago afecta negativamente a ancianos y enfermos crónicos (concentran el 50% del copago), que retraen sus tratamientos de medicinas (a costa de un mayor gasto sanitario posterior, porque recaen).

Ya pagamos impuestos para que nos atiendan en los hospitales y nos den los fármacos adecuados, no hace falta pensar en más copagos que supongan pagar por partida doble los medicamentos. Pero sí habría que plantear una estrategia de futuro para los medicamentos, para estimar la factura que se nos viene encima y cómo pagarla, huyendo de trampas como retrasar la aplicación de los nuevos fármacos para no disparar el déficit. No podemos “racanear” con los tratamientos farmacológicos necesarios y arriesgarnos  a que alguien se muera o viva menos por falta de fondos públicos. Es un tema muy serio que hay que afrontar cuanto antes, con planificación y más recursos, sin recortes ni demagogia. Nos jugamos la vida en ello.