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jueves, 27 de octubre de 2022

EPA septiembre 2022: se frena el empleo

La crisis desatada por la inflación y la guerra empieza a afectar al empleo, que crece menos, según la EPA publicada hoy : +77.700 empleos creados este verano, la quinta parte que el verano anterior, porque se creó menos empleo en el turismo y se perdió en agricultura y construcción, sobre todo de mujeres y jóvenes. Y subió el paro este verano, cuando normalmente baja, porque hay más “activos” buscando. Como muchos llevan más de un año parados, el 40% de los desempleados no cobra subsidio. Ahora, se teme que el empleo caiga en el 4º trimestre, tras haberse “salvado” de esta crisis: hay 360.800 ocupados más que antes de la invasión de Ucrania (la mayoría, empleos fijos, ahora el 80% de los asalariados). Urge proteger los empleos, sobre todo los más vulnerables (mujeres y jóvenes), con un pacto social que evite despidos, apoyándose en el mecanismo RED (los nuevos ERTES). Y subir (moderadamente) los salarios para que no se desplome más el consumo y evitemos la recesión. Salven los empleos.

Enrique Ortega

El verano suele ser una buena época para el empleo, por la temporada turística y los contratos en la enseñanza. Este año también, pero se ha frenado la subida de años anteriores, por la incertidumbre económica provocada por los altos precios y la guerra de Ucrania: se crearon +77.700 empleos entre junio y septiembre, según la EPA conocida hoy, la quinta parte que en el verano de 2021 (+359.300 empleos), muchos menos que en el de 2020 (+569.600 empleos, porque salíamos del “encierro” por el COVID-19) y algunos más que en el último verano anterior a la pandemia (+69.400 empleos en 2019). Con ello, se han creado +360.800 empleos este año, a pesar de la crisis desatada por la alta inflación y la guerra de Ucrania. Y en España hay ya 20.545.700 personas trabajando, todo un récord de empleo desde antes de la crisis financiera (20.646.000 ocupados en junio 2008).

En el tercer trimestre, el aumento del empleo ha sido gracias a los servicios (+114.300 empleos creados), sobre todo la hostelería, el turismo y el comercio, pero también ha creado  empleo la industria (+33.100), cayendo mucho la ocupación en la agricultura (-60.300 empleos) y en la construcción (-9.400). El empleo se ha creado menos en el sector privado (+25.400 empleos) que en el sector público (+52.300 empleos), por los nuevos contratos en enseñanza y sanidad, según la EPA. Y sorprende que la creación de empleo se haya dado sólo entre los hombres (+138.400 empleos), mientras las mujeres perdían empleo (-60.700 ocupadas), lo mismo que los jóvenes (-56.700 empleos entre 20 y 29 años), aumentando sobre todo la ocupación de los mayores de 55 años (+92.900 empleos, sobre todo hombres). Y por autonomías, el empleo ha crecido en el tercer trimestre en 12 regiones, encabezadas por Baleares (+41.700 empleos) y Cataluña (+38.800) y ha caído en las cinco restantes, sobre todo en Madrid (-64.400 empleos) y Murcia (-18.300).

La pequeña mejora del empleo en el tercer trimestre (+77.700) no se traducido una mejora del paro, que subió en verano (+60.800 parados, el único verano en que ha subido el desempleo desde 2014, con la excepción del de 2020, por la pandemia. Ello se debe a un fuerte aumento este verano de los españoles “activos”, que buscan trabajo: los “activos” han aumentado en +138.500 personas, impidiendo bajar las cifras del paro. Es un proceso que se ve trimestre a trimestre (hay 367.100 personas más buscando trabajo que antes de la pandemia). Y todo apunta a que seguiremos así, con lo que en los próximos meses sucederá lo mismo que ahora: el paro bajará menos de lo que sube el empleo.

El  paro subió en el tercer trimestre (+60.800 personas), por culpa de los servicios (+85.700 parados, los que se apuntaron a finales de septiembre, tras el fin de la temporada turística), los estudiantes que buscan su primer empleo (+50.800 personas) y los nuevos parados de la agricultura (+14.400) y la industria (+6.400 parados), bajando sólo el paro este verano en la construcción (-14.900 parados), según la EPA de septiembre. El desempleo bajó entre los hombres (-18.500 parados), pero subió este verano entre las mujeres (+79.300) y entre los más jóvenes (+64.100 parados entre 20 y 24 años), bajando entre los mayores de 55 años (-52.800 parados). Por autonomías, el paro sube en la mayoría, sobre todo en Madrid (+38.300), Comunidad Valenciana (+23.300) y Murcia (+17.600) y baja en Baleares (-22.500 parados), Castilla y León (-14.400) y las regiones del norte, la Rioja y Aragón, que se han beneficiado de un mayor turismo interior este verano.  

La cifra total de parados EPA roza los 3 millones (2.980.200 parados estimados a finales de septiembre 2022), un dato que no se veía desde septiembre de 2008 (2.600.700 parados). Y la tasa de paro baja al 12,67%, según la EPA, mucho más baja que antes de la pandemia (13,78% en 2019) y la menor tasa de paro desde el verano de 2008 (11,23%). Eso sí, todavía duplicamos la tasa de paro europea (6% en la UE-27) y cuadruplicamos la alemana (3% de paro), según Eurostat.  Y es muy preocupante el salto en la tasa de paro de los  jóvenes (menores 25 años): pasa del 28,52% al 31,01% (13,8% en la UE-27).

Hay otros datos preocupantes del paro que mejoran. El primero, que hay 977.400 hogares con todos sus miembros en paro (-12.900 menos que el trimestre pasado). El segundo, que seguimos con 5 regiones que tienen una tasa de paro “escandalosa”, aunque ahora casi todas bajan del  20%, salvo Ceuta (30,82% de paro) : Andalucía (18,98%), Melilla (18,16%), Canarias (17,73%) y Extremadura (15,85%), que contrastan con 6 autonomías que tienen una tasa de paro casi europea (5,79% Baleares, 8,03% Rioja, 8,29% País Vasco, 8,61% Cantabria, 8,99% Navarra y 9,08% Aragón) . Y el tercero, que bajan los parados de larga duración, los que llevan más de 1 año sin trabajo: son 1.256.600 parados, el 42,16% de los parados (eran el 47,78% el trimestre pasado, pero el 43,5% a finales de 2019).

Esto provoca que a muchos parados se les acabe el desempleo y no cobren ya ningún subsidio, pasando a una situación de pobreza extrema. En agosto de 2022, último dato de Trabajo, cobraban alguna ayuda 1.796.339 desempleados: menos de la mitad (47,34%) cobraban un subsidio contributivo (según lo cotizado) de 872,20 euros de media y el resto (52,66) cobraban un subsidio asistencial de 463,21 euros. Pero en esta cifra están incluidos los 18.098 trabajadores que están en ERTE y cobran las tres cuartas partes de su sueldo del SEPE. Así que, en realidad, sólo 1.778.241 parados cobra algún subsidio, el 59,66 % de los parados que refleja la EPA de hoy. Eso significa que casi la mitad de los parados (40,34%) no cobran ninguna ayuda pública, empeorando la cobertura sobre 2019 (no cobraban el 38,5%). Así que sube el paro y también los que no reciben ayudas.

Visto los datos del empleo y el paro en el tercer trimestre de 2022, queda patente que España supera de momento la nueva crisis de la guerra de Ucrania, porque tenemos más ocupados (+ 360.800) y menos parados (- 123.600) que a finales de 2021. Concretando más, hay 385.000 afiliados más a la Seguridad Social que a principios de año, con un récord histórico de 20.224.355 afiliados a finales de septiembre, tras 17 meses consecutivos de aumento (desde mayo de 2021). Y el paro se ha reducido, a pesar de la guerra y la inflación, en -181.159 parados desde finales de enero hasta finales de septiembre, según Trabajo.

Con todo, la mejor noticia es que el empleo que se está creando en 2022 es menos precario, de más calidad, gracias a la reforma laboral aprobada a finales de 2021. Ya en el primer trimestre de 2022, el 22,7% de todos los contratos firmados fueron indefinidos, frente a sólo el 10,9% de los firmados en todo 2021, según los datos de Trabajo. En el 2º trimestre, el avance fue aún mayor: el 34,28% de todos los contratos firmados de enero a junio fueron indefinidos (3.281.900 contratos), más del triple que en todo el año 2021 (el 10,9%) y cinco veces más que entre 2014 y 2020 (sólo entre el 6 y el 8% de los contratos fueron indefinidos). Y ahora, en el tercer trimestre ha habido otro salto en la contratación indefinida y el balance anual es impresionante: un 37,04% de los contratos firmados entre enero y septiembre han sido indefinidos (5.250.400 contratos fijos firmados). Y sólo en septiembre de 2022, casi la mitad de los contratos firmados (el 46,72%) fueron indefinidos (775.856 contratos fijos), gracias al fuerte aumento de los contratos fijos discontinuos (han crecido un +811% este año), que son los contratos fijos que se hacen ahora a muchos de los que antes eran temporales en el turismo, hostelería y construcción : están “fijos” en las empresas, aunque trabajen por obra o temporada (el resto del tiempo no cuentan como parados aunque estén inactivos, una norma que viene desde el año 1985).

El resultado evidente de la reforma laboral es que aumentan mes a mes los asalariados con contrato indefinido, que eran el 74% de los trabajadores hace un año (septiembre 2021) y que ahora son ya un 79,81%, con un 20,19% todavía de asalariados con contrato temporal, el mayor porcentaje en Europa (la media de temporales es del 15% de los asalariados). Y el ministro Escrivá ha anticipado que el 84% de los contratos firmados en octubre habrán sido indefinidos. Los que más se están beneficiando de los contratos fijos son los jóvenes, cuyos contratos son ahora fijos en un 75% (antes de la reforma, lo eran menos de la mitad).Y además de conseguir más contratos indefinidos, la reforma laboral está consiguiendo contratos temporales que duran más, al penalizar la cotización de los contratos por días o menos de una semana, que ahora se hacen mucho menes.

Otro fruto de la reforma laboral es que está aflorando “empleo sumergido, se están “regularizando empleos” que antes no estaban legalizados ni reconocidos, que formaban parte de la “economía sumergida”. Trabajo estima que, desde finales de 2019 hasta ahora, han aflorado 285.000 empleos “ilegales”, un tercio de los nuevos afiliados (850.000 desde el inicio de la pandemia). Y eso porque las ayudas públicas y los ERTES han compensado a muchas empresas (250.000 asalariados “legalizados) y autónomos (35.000 han aflorado) a darse de alta en la Seguridad Social para poder recibirlas. Y esto, además de aumentar las cifras de ocupados (y reducir las de parados) ha aumentado las cotizaciones de la Seguridad Social (+2.900 millones) y los ingresos fiscales (sobre todo en IRPF).

Ahora, se teme por el empleo en el 4º trimestre, ante las previsiones de que caiga el crecimiento económico, en Europa y en España, lo mismo que en el primer trimestre de 2022, por la inflación (frena el consumo)  y la subida de tipos de interés. Sin embargo, en octubre, la Seguridad Social espera otro aumento de afiliados, +15.000 nuevos, con lo que aumentará en 400.000 los afiliados ya este año. El Gobierno cree que el empleo mantiene su dinamismo, a pesar de la inflación y la guerra. Y su previsión es que, aunque crezcamos poco, el empleo siga aumentando, aunque menos: unos 400.000 nuevos empleos este año 2022, frente a los 840.600 empleos creados en 2021.

Se confía en que el empleo aguante, aunque la economía “pinche” en los próximos 6 meses,  porque las ventas de las empresas siguen altas en muchos sectores (y sus beneficios) y   las exportaciones (con el euro débil)  están ayudando mucho, lo mismo que la moderación de los salarios (han subido un 2,61% los convenios firmados hasta septiembre), aunque les hayan aumentado la mayoría de los costes y se frene el consumo. Y, sobre todo, porque los sectores o empresas con más problemas tienen a mano un nuevo mecanismo para afrontar crisis coyunturales sin despedir: el mecanismo RED. Se trata de una medida incluida en la reforma laboral, que prorroga y adapta el viejo sistema de los ERTEs: permite a las empresas con problemas solicitar una reducción de jornada o una suspensión temporal de contratos, con exenciones de cuotas y desempleo para los trabajadores temporalmente afectados. Ya se ha activado para las agencias de viajes.

Nos esperan unos meses difíciles, también para el empleo. Pero hay que hacer todo lo posible para que no se pierdan puestos de trabajo, una mayor prioridad en España que en el resto de Europa por dos razones: tenemos el doble de paro y aquí trabaja menos gente, unos 1,8 millones menos de los que deberían trabajar con la tasa de empleo europea. Así que no podemos dejar que esta nueva crisis, desatada por la inflación, destruya empleo, como se consiguió evitar con la pandemia (ahora trabajan 578.800 españoles más que en 2019). Y eso pasa por mantener las ayudas públicas a familias y empresas y relanzar el pacto social entre patronal y sindicatos, pactando subidas salariales “razonables” para 2023 y un nuevo salario mínimo, que contrarresten la inflación y sostengan el consumo, las ventas y el empleo. Y sobre todo, remar todo el país en la misma dirección: afrontar solidariamente la crisis, repartir sus costes y salvar los empleos. Son sagrados.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Navidades en crisis (aún no es "historia")


Rajoy lanzó la consigna: “Estas serán las primeras Navidades de la recuperación”. Pues no: los grandes comercios esperan subir sólo un 1% las ventas. Y los consumidores señalan que la mitad de las familias gastarán igual que las Navidades 2013 (poco), un 32% menos y sólo un 16% más. La crisis no es historia, como dice Rajoy, en contra de lo que opinan la mayoría de españoles: piensan que la situación económica es mala (38,9%) o muy mala (46,9%), según el Barómetro del CIS de noviembre. Y eso, porque dos tercios de las familias siguen con problemas, según el Informe Foessa: 5,4 millones de parados, 1,2 millones de ancianos con bajas pensiones, 2,2 millones de trabajadores con sueldos mínimos Enhorabuena¡: se los suben 3 euros...) y muchos de los 2 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan, más bastantes mujeres y mayores de 55 años. Para ellos, serán otras Navidades de crisis. Y peor lo tienen los 3 millones de pobres, 20.000 sin techo. No les olvidemos estos días y ayudémosles. ¡Feliz Navidad¡
 
enrique ortega

Esta Navidad va a ser un termómetro de si hay o no recuperación. La propaganda del Gobierno reitera que las tiendas y los restaurantes “están llenos”, pero los datos son menos optimistas. La patronal de los grandes comercios (Anged) cree que las ventas en diciembre crecerán un 1%, con lo que esperan un ligero aumento en 2014, tras 6 años de caídas. Pero los españoles no están por gastar mucho estas Navidades: la mitad de las familias gastará igual, un 32% gastará menos y sólo un 16% gastará más que en las Navidades de 2013, según un sondeo de la asociación de consumidores CECU, que habla de un gasto medio de 500 euros extras por familia estas fiestas. Casi la mitad para regalos (209 euros) y el resto en comida, ropa y juguetes, cuyas ventas aumentarán entre un 1 y un 2%. Y habrá menos viajes estas fiestas, sólo para un tercio de españoles. El boom de ventas va a estar en Internet, por donde comprarán regalos un 53% de los internautas, según TNS. Y como tiendas y empresas no lo ven claro, están con ofertas y súper rebajas para vender.

Al final, el consumo es cuestión de tener dinero para gastar y de confianza. Y la mayoría de españoles son pesimistas sobre el presente y el futuro, a pesar de que Rajoy les diga que la crisis es ya historia del pasado”. El índice de confianza del consumidor ha bajado en noviembre al nivel más bajo de los últimos seis meses: 83,6 sobre 200. Y la mayoría de españoles piensa que la situación económica es mala (38,9%) o muy mala (46,9%), según el Barómetro del CIS de noviembre. Y lo peor, no creen que vaya a mejorar: piensan que dentro de un año, la situación económica será igual (45,6%) o peor (24,3%) y sólo un 19% cree que será mejor. Y así, claro, no se animan a gastar. Los que pueden, porque otros no pueden. Y es que hay dos Españas y por tanto habrá dos Navidades (o mejor, cuatro).

Una España es la de los que tienen trabajo: 17,5 millones de españoles, de los que 14,4 millones son asalariados, 2 millones autónomos sin empleados y casi un millón empresarios. Una España a la que se han sumado 338.112 españoles que han encontrado trabajo desde las Navidades pasadas (la mayoría precario y mal pagado). Este grupo podría gastar algo más porque han bajado los precios (la inflación anual lleva cinco meses bajando, hasta el -0,4%) y pagan menos en carburante (por el desplome del petróleo) y en la hipoteca (por la bajada del euribor). Pero el problema es que a la mayoría no les han subido los sueldos (algunos han bajado) y les han quitado horas extras y complementos (y vales de comida). Y, sobre todo, que un tercio de ellos tienen contratos precarios (temporales y a tiempo parcial), mal pagados. De hecho, el sueldo más frecuente (2013) era de 15.500 euros brutos al año, según el INE, 1.107 euros brutos al mes (14 pagas), que netos son menos de 1.000 euros, Y según Hacienda, 7,7 millones de trabajadores declaran ganar menos de 1.000 euros al mes. Con estos ingresos, no es como para gastar mucho aunque tengan trabajo.

Dentro de esta España con trabajo, hay un grupo arriba sin problemas para gastar: son los que tienen buenos sueldos, los ricos y millonarios, unos 400.000 españoles. De hecho, hay 125.191 contribuyentes que declaran ganar 147.320 euros anuales de media, según Hacienda. Y entre ellos están los grandes directivos de las empresas del IBEX, que ganaron 789.721 euros en 2013, con una subida del 3,5%. O el Gobernador del banco de España, cuyo sueldo (174.734 euros brutos) subió un 5% en 2013 mientras sigue pidiendo moderación salarial... O los directivos públicos, como el presidente de la SEPI (empresas públicas, la mayoría con pérdidas), que gana 210.000 euros, el doble que Rajoy. Y no hay que olvidar a los grandes inversores (subió la Bolsa y les duplicaron los dividendos) y a los millonarios, que han crecido un 24% en 2014 y son ya 161.400 españoles (con más de 1 millón de dólares de patrimonio).

La otra España son los que tienen problemas económicos, dos tercios de las familias según el VIII Informe Foessa: 11.746.000 españoles que tienen problemas de empleo (tres cuartas partes), de vivienda (dos tercios) o de salud y medicamentos (la mitad). Aquí tenemos que incluir a los 5.427.700 parados (EPA septiembre), a los pensionistas con bajas pensiones (1.253.000 reciben menos de 600 euros al mes) y a muchos de los jóvenes ni-nis (2 millones de jóvenes que ni trabajan ni estudian), mujeres y mayores de 55 años (dos colectivos donde hay muchos ni-nis, que ni trabajan ni buscan trabajo porque saben que no se lo van a dar a ellos, y  no tienen edad para jubilarse). Son más de 7 millones de españoles con una economía de subsistencia, que hacen milagros (con ayuda de la familia y amigos) para llegar a fin de mes. Y que no están para muchos gastos estas Navidades.

Dentro de esta España con problemas económicos hay otro grupo que aún lo pasa peor, unos 5 millones de españoles en exclusión severa, según el VIII Informe Foessa. Una bolsa de pobreza (2,3 millones son niños, según UNICEF) integrada por tres clases de españoles: los 2.899.645 parados EPA que no cobran ningún subsidio (el 53,5% de los parados), los 2.271.130 trabajadores pobres que cobran el salario mínimo (645,3 euros hoy:  Rajoy se siente "generoso" y lo sube 3,3 euros para 2015 ) o menos y los 527.793 pensionistas que reciben menos de 400 euros, más los jóvenes, mujeres y mayores sin ingresos. Y dentro de estos españoles pobres, está el último escalón: 3 millones de familias en extrema pobreza, según Cáritas (Observatorio 2013), quien advierte que la pobreza se está haciendo más crónica (a la mayoría de pobres llevan ya 3 años atendiéndoles) y más extensa: ya no se trata sólo de inmigrantes y parados, ahora hay pobres entre familias con trabajo, sobre todo mujeres con niños, familias numerosas, jóvenes y ancianos.

Al final, son dos Españas (o mejor cuatro), con distintos ingresos (crece la desigualdad) y que sufren de forma diferente la crisis. Las dos primeras podrían gastar algo más estas Navidades, aunque sin alegrías porque no ven claro el futuro. Pero las otras dos, con pocos o ningún ingreso, lo tienen muy negro: la crisis les dura ya 6 años y se les acaban los ahorros y las ayudas de familia y amigos. Y tienen menos sitios donde recurrir. El Gobierno Rajoy y las autonomías han recortado el gasto en los servicios sociales, sobre todo de los Ayuntamientos, que atienden a 8.319.000 españoles (2013), que acuden a pedir ayuda, desde ropa, comida o medicinas a un techo (hay 20.000 españoles que viven en la calle), un subsidio o un empleo. Y las ONGs (que se financian en un 70% de ayudas públicas) ven caer sus recursos mientras aumentan los españoles que les necesitan (Cáritas atiende ya a 2,5 millones de personas y 3 millones comen cada día gracias a los bancos de alimentos).

Esta es la España real, con datos oficiales. Y para la mayoría, la crisis sigue ahí y no es historia. Así que si oye que ha mejorado el consumo estas Navidades, piense que es un espejismo: gastarán más los que pueden, un tercio de los españoles. Los otros dos tercios, siguen con estrecheces y sin ver claro el futuro. Y demasiados millones siguen en la pobreza. Son en los que deberíamos pensar estas Navidades, intentando ayudarles en lo posible. No podemos arreglar la crisis, pero sí colaborar para que algunos la sufran menos. Serán las sextas Navidades de la crisis pero que sean al menos unas Navidades solidarias.
¡Feliz Navidad ¡

domingo, 10 de febrero de 2013

Sedantes, alcohol y drogas contra la crisis


La crisis no se nota sólo en las tiendas y en las oficinas del paro. La notan también los médicos y los farmacéuticos: se han  triplicado las consultas por depresión y se han duplicado las ventas de ansiolíticos, los segundos medicamentos más vendidos en España. Y seguimos bebiendo mucho alcohol, sobre todo los jóvenes: la mitad de los que tienen 18 años se ha emborrachado en el último mes. Y España es el país europeo con más consumo de cannabis y cocaína, incluso entre menores. Pastillas, alcohol y drogas como falsos remedios para superar el paro o el estrés laboral que sufren cuatro de cada diez trabajadores. Un problema que se plantea cuando la sanidad pública está en plenos recortes y cuando las empresas no pueden aplicar planes eficaces de salud laboral. Pero urge tomar medidas para que la crisis no se lleve por delante nuestra salud. Porque luego no se recupera.
enrique ortega

Los síntomas son cansancio, estrés y apatía. Cada día, miles de españoles acuden a su médico buscando un remedio a su ansiedad o estrés. Muchos son parados y otros trabajadores con problemas en su empresa. Y la mayoría, mujeres agobiadas por sacar adelante su casa. No siempre presentan un cuadro de depresión: las más de las veces, han somatizado sus problemas y acuden con hipertensión, desnutrición y obesidad, diarreas, dolores de estómago, mareos, palpitaciones o anemias. Pero el origen está en la ansiedad, el estrés o la depresión que tienen detrás. Y que no es fácil de curar.

No hay datos globales, pero los médicos de familia aseguran que se han triplicado las consultas por depresión. Baste un ejemplo. En Andalucía, la región con más paro (35,86%) y pobreza (4 de cada 10 andaluces), 800.000 personas acudieron el año pasado a la consulta de su médico por ansiedad o depresión, según la Consejería de Sanidad: son 1 de cada 8 andaluces mayores de 16 años. Y las bajas por depresión duplican al resto.

El colectivo más vulnerable son los 6 millones de parados, sobre todo los mayores de 50 años, que ven su vida un fracaso sin salida. La mitad de los desempleados cae en la depresión, según la última encuesta de la SER. El 40% tiene dificultad para dormir, muchos tienen relaciones tensas con su familia y problemas sexuales. El riesgo de padecer una enfermedad mental es cinco veces mayor en los parados que en los activos, según el último Congreso de Psiquiatría Y a un 15% se le acaba diagnosticando depresión (un 20% en mayores de 65 años). Además, son los más proclives al suicidio. En España hay un suicidio al día (en Italia hay 2 y en Grecia 4,7) y se estima que la tercera parte son por culpa de la crisis (el último,un padre de familia con deudas antesdeayer en Córdoba).

Los que trabajan también tienen ahora más problemas de salud, por el temor a perder su empleo y el endurecimiento de sus condiciones laborales. Se estima que dos de cada tres trabajadores (11,3 millones) está más estresado, un problema que afecta ya a 40 millones de europeos, según los especialistas en medicina del trabajo (AEEMT). Esto nos acarrea unas pérdidas de 5.000 millones anuales, en menos productividad y más bajas laborales (una de cada cuatro bajas es por estrés), sin olvidar el aumento de accidentes laborales.

El estrés laboral no es una enfermedad sino que la enfermedad puede ser consecuencia del estrés, por lo que es clave detectarlo a tiempo por sus síntomas: mentales (dificultad para concentrarse, malhumor, nerviosismo), físicos (agotamiento, dolor de cabeza, sequedad bucal) y de conducta (comer o dormir poco o en exceso, consumir alcohol o drogas). Los más afectados por el estrés laboral son los más jóvenes y los mayores de 50 años.

Unos y otros, parados y trabajadores con estrés, buscan resolver sus problemas con pastillas, alcohol y drogas. De las tres, se ha disparado el consumo de sedantes, tanto tranquilizantes como somníferos con receta (Lexatín, Orfidal, Tranquimazín, Stilnox…): los tomaban en 2011 un 11,4% (4,3 millones de españoles mayores de 16 años), más del doble que en 2005 (5,1%). El porcentaje es mayor en mujeres (15,3%, frente al 7,6% en los hombres) y mayores de 35 años, aunque un 5,2 % de los adolescentes (14-18 años) reconocen haber tomado sedantes en el último mes. España está a la cabeza de la OCDE en el consumo de ansiolíticos (51,9 dosis diarias por 1.000 habitantes, el doble de las 24,1 dosis en 18 países) y somníferos (26,8 dosis por 1.000 habitantes frente a 24,9 en la OCDE).

Actualmente, entre un 40 y un 60 % de las consultas de los médicos de atención primaria encubren problemas de ansiedad, estrés o depresión. Pero los médicos de la Sanidad pública no tienen tiempo ni medios (formación y unidades especiales de atención mental) para afrontar el problema de fondo y buscan una  salida rápida: recetar ansiolíticos. Una medida que está bien para uno o dos meses, pero que se acaba haciendo crónica. Y así crea dependencia y muchos  efectos secundarios: insomnio, ansiedad, trastornos funcionales… Haría falta potenciar las unidades de salud mental, pero la Sanidad pública carece de psicólogos: hay 4,3 por 100.000 habitantes frente a 51 en Alemania (o 23 en Ecuador).

Otras personas con problemas recurren al alcohol y a las drogas, cuyo consumo ha bajado ligeramente pero es altísimo. Dos de cada tres españoles ha consumido alcohol en el último mes y un 15% de los españoles se ha emborrachado rápido (“binge drinking”), el 30% hombres y el 18% mujeres. Pero lo más grave son las borracheras de los jóvenes, casi niños, que pasan del Cola-Cao al botellón como “salida” a la falta de futuro: el 36% de los chicos de 20 a 24 años (y 21%de las chicas) se han dado un atracón de alcohol en el último mes. Y el 52,8 % de los chicos de 18 años (46,6% a los 17 años, 38,8% a los 16, 32% a los 15 y 16% a los 14 años). Un  auténtico drama que a veces acaba en urgencias, por coma etílico o accidente de tráfico.

Y quedan los que se drogan para evadirse de la crisis. España es el país europeo con mayor consumo de cannabis (lo consumen el 7,6% de la población frente al 3,6% en Europa, el 6,9% en Italia o el 4,6% de Francia) y cocaína (1,3% de españoles lo ha consumido en el último mes, frente al 0,5% en Europa). Un consumo que ha caído ligeramente, porque hay menos dinero para comprar, pero que es demasiado alto entre los jóvenes: un 8,2% entre 15 y 17 años ha consumido cannabis en el último mes, pero llega al 40,1% entre los jóvenes de 18 años (30,6% entre los de 16 y 10% entre los de 14 años). Tremendo. Y luego pasa, que en los controles de Tráfico que se hicieron el verano pasado, el 56% de los conductores dieron positivo en drogas. Y casi la mitad de los muertos en las carreteras en 2011 tenían droga, sedantes o alcohol  en la sangre.

Todo esto, sedantes, alcohol y drogas, ya se consumía antes, pero ahora mucho más con la crisis. Y entre más personas, sobre todo jóvenes, mujeres y mayores de 50 años. Por eso es urgente un Plan de salud contra la crisis, en las empresas y en la sanidad pública, gastando más en detección y en prevención, para evitar que el estrés y la depresión acaben en enfermedades mentales (muy complejas de curar) o en suicidios. Hace falta crear unidades específicas de atención en los ambulatorios, una inversión que rebajaría luego el coste de las bajas laborales por depresión y su coste farmacéutico y hospitalario.

La crisis nos ha traído paro, empleo precario y pobreza, pero también más enfermedades. Y contra esto hay que luchar con decisión, sin reparar en gastos, porque de la crisis saldremos pero si salimos enfermos todo será más complicado. Hay que apostar por la salud y evitar los atajos de pastillas, drogas y alcohol. Nos destrozan como personas y como país.

domingo, 23 de octubre de 2011

Pelea por asegurarnos el coche

Por todos lados nos bombardean para que cambiemos de seguro del coche: dos por uno, descuentos del 50%, le devolvemos su dinero si lo encuentra más barato… Las aseguradoras están lanzadas a una guerra de precios, con enormes gastos en publicidad, para intentar crecer en un mercado estancado, donde hay 3 millones menos de coches asegurados que hace cinco años. De momento, las compañías aguantan el envite porque hay menos siniestros y reducen costes vendiendo seguros por Internet. Pero todo apunta a que se ha tocado suelo en esta guerra de precios y en 2012 podrían subir los seguros de coches. Con todo, ojo a mirar sólo el precio del seguro: no todos venden lo mismo y, muchas veces, lo barato es caro.
enrique ortega
El seguro del automóvil supone la quinta parte de todos los seguros y es el principal seguro en España: facturó 11.535 millones de euros en 2010, el tercer año consecutivo de bajada de primas, un hecho que se está repitiendo este año (-1,73% caída ventas en el primer semestre). La razón principal es que siguen cayendo los vehículos asegurados (en 2009 y 2010), hasta los 28,7 millones (3 millones menos que en 2005), debido a que el parque envejece y se venden pocos coches nuevos (este año, unos 800.000, la mitad que antes de la crisis). Pero hay otras causas de que el seguro de coches facture menos. Por un lado, la crisis, que obliga a  los conductores a reducir gastos y las coberturas de sus seguros, pasando muchos coches de todo riesgo a terceros. Y luego están las bajadas provocadas por  la guerra de precios.
Con menos mercado y una dura competencia, las aseguradoras llevan ya seis años de bajadas de precios: la prima media ha bajado un 13% desde 2004, pasando de 459 a 403 euros en 2010. Eso ha sido posible por la bajada de los siniestros (menos accidentes y menos pagos por daños) y por el recorte de costes que supone vender más seguros por teléfono y por Internet. De hecho, la venta directa de seguros supone ya el 18% de las primas, con lo que España es ya el cuarto país en venta directa de pólizas, tras Reino Unido, Holanda y Alemania.
Precisamente, Internet ha servido para azuzar la competencia en la venta de seguros, gracias a los comparadores de precios, que ya utilizan un 70% de clientes. La publicidad de seguros de coches ha crecido este año un 93% (un 117% en Internet) y todas las compañías se han lanzado a vender seguros por la red, con ofertas escaparate y descuentos del 30 al 50%. Y con ello, los conductores se dedican  a comparar precios y cambiar de compañía, una media del 20% de clientes (7 de cada 10, de compañías tradicionales).
Pero ojo, no todos los seguros de coches están bajando. Los mayores descuentos se dan en el seguro a todo riesgo con franquicia (para coches nuevos) y en el seguro a terceros ampliado (para coches viejos), pero sube el seguro a terceros básico (donde más pagan las compañías) y el todo riesgo sin franquicia, junto a lunas o asistencia. Además, lo importante es saber que no todas las ofertas son iguales: las coberturas son diferentes y una asistencia en viaje puede no valer para problemas en la ciudad o para coches de más de 10 años, por ejemplo. Hay que mirar bien lo que se contrata, la letra pequeña, no sólo la tarifa escaparate, el precio, la razón por la que un 60% de conductores se cambia de seguro.
Los expertos recomiendan contratar tres coberturas, además de la responsabilidad civil (obligatoria): asistencia en viaje (barata y muy útil), seguro del conductor (cuesta menos asegurar al conductor que al coche y la indemnización es elevada en caso de accidente) y la defensa jurídica (barata y muy importante). No aconsejan lunas (muy caro), defensa de multas o retirada del carnet (sólo para profesionales) ni el seguro a todo riesgo (salvo para coches nuevos y financiados), porque es muy caro y no cubre de verdad todos los riesgos. Y advierten del terceros ampliado (el que más ha crecido con la crisis) y lo que incluye de verdad. 
La guerra de precios en los seguros de coches podría estar tocando suelo (como en los móviles) por el estrechamiento de márgenes: este año ya, la rentabilidad técnica es negativa (por cada 100 euros que ingresa en primas pierde 1,5), por el aumento de siniestros, los mayores costes y los menores ingresos, por la guerra de precios y el contagio a los propios asegurados, que piden rebajas para no irse. Por eso, hay expertos que apuestan por subidas del seguro de coches en 2012. Y más en 2013, debido a una serie de factores nuevos que subirán costes: reforma del baremo de indemnizaciones (un herido o un muerto cuesta a las aseguradoras hasta diez veces menos que en el resto de Europa), subida de los seguros a las mujeres en enero de 2013 y bajada a los hombres (ahora, ellas pagan menos y la UE lo considera “discriminación”) y mayores exigencias de solvencia (7.000 millones más de capital) por la Directiva europea Solvencia II (2014).
Con todo, la duda es quien empieza a subirlos y se arriesga a perder cuota. Por eso, lo que puede pasar es que siga la pelea de precios y las compañías lo compensen “por detrás”, con menos coberturas, peor servicio, reducción de bonificaciones y nuevas exigencias (como contratar un seguro de hogar para conseguir un seguro de coche barato). Y mientras, ganan los asegurados nuevos (en precio) y pagan los antiguos, al recibir un peor servicio. En esta guerra, habrá fusiones y cierres de aseguradoras y sobrevivirán  las más solventes y las que puedan reducir costes, con innovación y tecnología. Nosotros, como usuarios, tenemos que fijarnos en las coberturas, en el servicio, no sólo en el precio. Nadie da duros a peseta.