En España siguen viviendo más mujeres que hombres: a 1 de enero de 2026, había censadas 25.237.515 mujeres, frente a 24.333.210 hombres, según el INE. En 2025, la población femenina aumentó menos (+199.587 mujeres censadas) que la masculina (+242.841 hombres), aunque las mujeres han aumentado más desde 2020 (+1.130.133 frente a +1.122.542 hombres) y en lo que va de siglo (+4.593.672 mujeres desde el año 2000, frente a +4.506.871 hombres). Pero hay un dato importante: crecen las mujeres inmigrantes, no las nacidas en España, cuya población ha caído este siglo (-100.202 nacidas en España entre 2000 y 2025). Este ha sido el gran cambio demográfico: en el año 2.000 vivían en España 452.413 mujeres nacidas fuera (el 2,18% de todas las mujeres) y en 2026 están censadas 5.111.724 mujeres nacidas fuera (el 20,25%), 1 de cada 5 mujeres.
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jueves, 5 de marzo de 2026
8-M y discriminación mujeres: lenta mejoría
Este domingo se celebra el 8-M, el Día de la
Mujer, cuya discriminación olvidamos el resto del año. Este 8-M
celebramos que hay más mujeres que nunca trabajando, menos paradas
y que su “brecha” salarial con los hombres sigue
reduciéndose. Pero tenemos más mujeres inactivas, menos trabajando,
con peores contratos, empleos y sueldos, más paradas cobrando menos desempleo,
con pensiones más bajas y más mujeres mayores dependientes sin ayudas… Demasiadas
discriminaciones, que apenas mejoran. Y tienen varias causas, que
urge resolver: la atadura de los cuidados (a hijos y padres), el desigual
acceso al trabajo y a los mejores empleos junto a las interrupciones en
su carrera laboral, que recortan sus pensiones, además de la poca
colaboración en casa de los hombres (“ayudan” pero no comparten
tareas). Es hora de tomar medidas más efectivas, en los cuidados,
las guarderías, la selección de personal y la negociación de los convenios,
para mejorar de verdad la situación de las mujeres. Tenemos que acabar con la
discriminación de media España. Enrique Ortega
En España siguen viviendo más mujeres que hombres: a 1 de enero de 2026, había censadas 25.237.515 mujeres, frente a 24.333.210 hombres, según el INE. En 2025, la población femenina aumentó menos (+199.587 mujeres censadas) que la masculina (+242.841 hombres), aunque las mujeres han aumentado más desde 2020 (+1.130.133 frente a +1.122.542 hombres) y en lo que va de siglo (+4.593.672 mujeres desde el año 2000, frente a +4.506.871 hombres). Pero hay un dato importante: crecen las mujeres inmigrantes, no las nacidas en España, cuya población ha caído este siglo (-100.202 nacidas en España entre 2000 y 2025). Este ha sido el gran cambio demográfico: en el año 2.000 vivían en España 452.413 mujeres nacidas fuera (el 2,18% de todas las mujeres) y en 2026 están censadas 5.111.724 mujeres nacidas fuera (el 20,25%), 1 de cada 5 mujeres.
Hay pues más mujeres que hombres y también más
mujeres en edad de trabajar (con más de 16 años) : 21.702.500
mujeres frente a 20.612.700 hombres, en diciembre de 2025.
Pero este desequilibrio se corrige si miramos las personas que tienen entre
16 y 64 años, la franja de edad en que normalmente se trabaja: hay 15.974.600 mujeres y
16.115.000 hombres, porque hay muchas más mujeres que hombres con más
de 65 años (son más longevas). A partir de aquí, empiezan las
discriminaciones a la mujer. La primera, que hay más mujeres “inactivas”,
que ni trabajan ni buscan trabajo, que “tiran la toalla” aunque están en
edad laboral, básicamente porque se dedican a “las tareas de la casa, a cuidar
a los hijos (y maridos) o a padres y adolescentes “dependientes” (el 75% de los
cuidadores son mujeres). A finales de 2025 había 9.921.300 mujeres inactivas
frente a 7.453.600 hombres. A lo claro: hay 2,5 millones de mujeres que han
renunciado de entrada a trabajar fuera de casa.
A causa de esta alta inactividad, la tasa de
actividad de las mujeres españolas (trabajan o buscan trabajo entre los 16
y 64 años) es del 72,30%, frente al 80,08% de los hombres: son 11.781.300
mujeres “activas” frente a 13.159.100 hombres, según la EPA 2025. Una
tasa de actividad algo superior a la de las mujeres europeas: allí
eran “activas” el 75,3% de las mujeres de 20 a 64 años, frente al 75,8% en
España en esa edad, muy inferior a la tasa de actividad femenina en Alemania
(80,2%) o Francia (77,5%), aunque es menor en Italia (61,9%), según
Eurostat (2024). Tras la pandemia aumentaron más las mujeres “activas”
(+937.200 desde 2019) que los hombres (+844.400), por la llegada de mujeres
inmigrantes y porque más mujeres mayores, con hijos “criados”, buscan ahora trabajo.
La 2ª gran discriminación es que hay menos mujeres
trabajando. No sólo porque hay menos mujeres “activas” (buscando trabajo) que hombres sino porque las que buscan tardan más en encontrar trabajo y lo
encuentran peor que los hombres, a pesar de estar más formadas (según
las estadísticas educativas), aunque tienen menos estudios “técnicos” (carreras
STEM: Ciencia, Tecnología,
Ingeniería y Matemáticas). A finales de 2025 había 10.457.500 mujeres
ocupadas, frente a 12.005.800 hombres, según la EPA. Son más
mujeres que nunca trabajando (eran 5,8 millones ocupadas en el año
2000, frente a 9,9 millones de hombres), pero sigue habiendo más hombres
trabajando (+1,54 millones), aunque hay más mujeres. Y otra vez, la tasa
de empleo femenino en España (66,5% población de 20 a 64 años)
es inferior
a la europea (70,8%) y a la de Alemania (77,7%) o Francia (72,2%),
superando a Italia (57,4%).
Con todo, las mujeres han conseguido llevarse
más nuevos empleos que los hombres tras la pandemia: trabajan ahora 1.299.200
mujeres más que a finales de 2019, frente a 1.197.200
nuevos empleos conseguidos por los hombres estos 6 años. Eso sí,
la mayor parte de estos nuevos empleos “ganados” por las mujeres han sido para
las mayores de 50 años (+920.500 empleos, el 70,85% del total), junto a
las de 45 a 49 años (+176.100), mientras perdieron empleo las mujeres de 35 a
44 años (-284.700 entre 2019 y 2025) y apenas ganaban empleo las chicas más
jóvenes (+158.800 empleos). En resumen, quienes consiguieron trabajo
estos 6 años son mujeres mayores, que dejaron de trabajar en
su momento y han vuelto, sobre todo en los servicios: empleo doméstico y
cuidados mayores y niños, hostelería, comercio, campo y trabajos eventuales,
muchas mujeres inmigrantes.
Los datos revelan que las mujeres copan menos del 50% de los
empleos en 73 de los 100 sectores económicos. Y aquí tropezamos con la 3ª
gran discriminación de las mujeres: trabajan en sectores más precarios y
peor pagados, con contratos de menos calidad, peores puestos y categorías. El
tipo de contrato es clave. Primero, las mujeres copan los contratos a
tiempo parcial, por horas o días: de los 3.089.700 asalariados a tiempo
parcial (menos jornada) que había a finales de 2025, 2.250.700 eran mujeres
(el 72,84%), según la
EPA . Y si trabajan mucho más a tiempo parcial que los hombres no es
porque quieran: la mayoría dicen que es porque no han encontrado trabajo a tiempo completo. Y 389.371 mujeres trabajan a tiempo parcial para
cuidar a un familiar (11 veces más que los hombres).
Y segundo, las mujeres tienen más contratos temporales
que los hombres: 1.633.600 mujeres con contrato temporal a finales de
2025, frente a 1.265.500 hombres “temporales. Y aunque han caído con la reforma
laboral (había 2,21 millones de mujeres con contrato temporal en 2019), crece
el porcentaje (eran el 50,31% del total en 2019 y ahora son el 56,34%).
Además, el 44% de las mujeres trabaja en los 7 sectores
económicos con los sueldos más bajos. Y de las 10 actividades con peores
nóminas, 7 tienen una mayor proporción de mujeres que de hombres
trabajando, según un
estudio de CCOO: servicio doméstico, hostelería, sanidad, cuidados,
actividades auxiliares, actividades artísticas y recreativas, comercio.
Pero además, hay muchas más mujeres que hombres trabajando en las
categorías laborales más bajas y en los empleos menos cualificados,
ocupando también menos puestos directivos, una muestra de la
menor promoción de la mujer en las empresas: sólo el 34,5% de las mujeres
trabajadoras ocupan puestos de gerentes y directivos.
Esta mayor precariedad de los contratos y la mayor actividad
en sectores y puestos peor pagados conduce a la 4ª gran discriminación de
las mujeres: tienen peores sueldos que los hombres. El sueldo medio bruto
de los hombres era de 2.593 euros mensuales en 2024, frente a 2.163,2
euros las mujeres, según
el Decil de Salarios de la EPA. Eso supone una “brecha salarial” para
las mujeres del 16,58%, “brecha” que ha ido bajando tras la pandemia, ya
que era del 18,58% en 2019. Una mejoría que se explica por la fuerte subida
del salario mínimo (SMI) desde 2018 (+66%, de 735 a 1.221 euros en
2026), que afecta sobre todo a las mujeres (son
el 61% de los 2,5 millones que cobran el SMI), y por los Planes de igualdad en algunas empresas (no en la mayoría). Una mejora de la
brecha salarial que se está dando en toda Europa, donde es más baja (12%).
La “brecha salarial”, aunque ha mejorado,
sigue siendo muy desigual por edad, nivel de estudios,
sectores y empleos, tamaño empresa, tipos de contrato, puestos de trabajo y
sector de actividad, complementos y autonomías, según
este estudio del Instituto de las Mujeres. La brecha salarial de las
mujeres es mayor entre los trabajadores más jóvenes (20-24 años) y entre
los mayores de 40 años, más entre las inmigrantes (22,7%) que
entre las españolas (16,30%), más entre los que tienen poca formación
(29,5%) que entre los universitarios (16,7%), más en la industria y los
servicios que en la construcción, más en las actividades
administrativas (29,55%), sanidad y
servicios sociales (23,8%), actividades científicas y técnicas (22,8%),
comercio (22,44%), finanzas y seguros (20,52%), inmobiliarias (19,89%),
industria (17,10%), energía (16,67%) y hostelería (16,18%), más según la antigüedad,
pluses y complementos (que cobran menos las mujeres) y más en las pymes
que en las grandes empresas. Y por
autonomías, la mayor brecha salarial se da en Navarra (20,68%),
Asturias (20,06%), Murcia (19,15%), Aragón (19,14%) y Cantabria (18,59%),
siendo intermedia en la Comunidad Valenciana (16,92%), Cataluña (16,75%),
Madrid (16,55%) y Andalucía (16,14%) y baja en Canarias (4,74%), Baleares
(8,76%), Extremadura (11,91% y País Vasco (12,81%).
Y pasamos a otra gran discriminación de las mujeres, la
5ª: hay más mujeres en paro que hombres. A finales de 2025 había en España 2.477.100 parados EPA, de
los que 1.323.800 eran mujeres paradas y 1.153.300 hombres
desempleados. El paro femenino cayó en 2025 la mitad que el
masculino (-38.800 frente a -79.500), aunque ha caído algo más
desde 2019 (-362.000 frente a -352.800 el masculino), sobre todo entre
las mujeres de 25 a 54 años (-354.500 paradas) , mientras subió el paro entre
las mujeres mayores de 55 años ( +19.900 paradas), porque intentan ahora
recolocarse y aportar ingresos al hogar. Con todo, la tasa de paro femenina (11,24% en 2025) es mayor que la masculina
(8,76%) y casi duplica la tasa de paro
de las mujeres europeas (6%), siendo mucho mayor el paro en las
mujeres jóvenes (24,1% de paro en España y 14,8% en la UE-27).
No es solo que haya más paradas que parados, es que
además, las mujeres cobran menos desempleo, la 6ª discriminación, porque
la mayoría han cotizado menos años y por sueldos más bajos. Así, en 2025, había
452.994 mujeres cobrando una prestación de desempleo contributiva y 410.820
hombres. Y estas paradas cobraban de media 31,24 euros de paro al día (937,20
euros mensuales), frente a 36,35 euros diarios que cobraban los
parados hombres (1.087,5 euros mensuales). Eso supone una “brecha en
el desempleo” del -13,83% (en 2024 era el -14,20%), según
los datos del SEPE. Pero hay más: esta brecha en el desempleo contributivo
(el paro asistencial es igual para hombres y mujeres: 480 euros mensuales) es mayor
entre las paradas con más edad: sube al -17,2% en las paradas
de 50 a 54 años, al -20,72% en las de 55 a 59 años y al -21,72% en las paradas de
más de 60 años.
Y tras una vida con menos actividad y menos empleo peor
pagado, las mujeres se jubilan con peores pensiones, la 7ª discriminación. Por
un lado, la pensión media de los hombres es de 1.629,91 euros
frente a los 1.130,24 euros de las mujeres, según
los datos de la Seguridad Social al 1 de febrero de 2026. Una “brecha
de pensiones” del -30,66%, que se ha reducido los últimos años
gracias a la subida del SMI y de algunos sueldos, más el
complemento de brecha de género que el Gobierno aplica desde febrero de
2021. Y en las pensiones de jubilación, la pensión media de las
mujeres es de 1.259,6 euros, una “brecha” del -29,56% sobre
la jubilación media de los hombres (1.778,08 euros mensuales). Sólo en las pensiones
de viudedad, las mujeres cobran más que los hombres (1.003,89
euros frente a 666,10 euros).
Queda otra discriminación, la 8ª: la desigualdad en Dependencia,
debido a que las mujeres viven más años que los hombres (86,53 años de
media frente a 81,38 años) y por tanto tienen más riesgo de ser
dependientes al final de su vida y necesitar ayuda. De hecho, casi
2 de cada 3 dependientes con más de 80 años son mujeres (el 62,66% en
2025). Y por eso, sufren más que los hombres los problemas
de la Dependencia, tanto el retraso en las ayudas (a finales de 2025 había
258.167 dependientes en listas de espera y 32.704 mayores murieron
el año pasado antes de recibirlas) como en su escasa cuantía o servicio
(pocas residencias y más ayudas low cost, como la teleasistencia o la ayuda a
domicilio).
Y por si fueran pocas estas discriminaciones, las mujeres
sufren otra más, la 9ª de la lista: la discriminación que sufren en su
propia casa, porque cargan con la mayor parte de las tareas del hogar y de
los cuidados de niños y padres, complicando más su vida laboral. De hecho, el
45,86% de las mujeres cargan con la mayor parte de las tareas del hogar,
algo que sólo hacen el 14,92% de los hombres. Y otro 34,96% realizan una
parte importante de las tareas,
aunque compartida. Esto significa que el 80,82% de las mujeres cargan con
las tareas del hogar, frente al 48,61% de los hombres. Y un 51,37% de los
hombres (unos 12 millones) confiesan que “hacen poco o nada”, según la última Encuesta
del INE (2021). Además, el 40,2% de las mujeres se ocupan “mayoritariamente”
de los niños, frente al 4,8% de los hombres. Y un 48,3% cuida a los mayores
(frente al 20,5% de los hombres).
En resumen, un preocupante panorama, donde
persisten las discriminaciones año tras año, aunque algunas mejoren lentamente,
por lo que la igualdad tardará décadas. Por eso, urge
tomar medidas en tres terrenos claves. Uno, en los cuidados, tanto de
los niños como de los mayores dependientes. Eso exige mejorar la
atención a la infancia, desde las guarderías a la gratuidad de la
enseñanza de 0 a 3 años, junto a la multiplicación de guarderías en empresas y
centros públicos, para facilitar el trabajo de las mujeres y la conciliación
familiar. Por otro lado, hay que dotar de más financiación y mejorar la
gestión de la Dependencia, para reducir las listas de espera y facilitar la
atención externa a los mayores dependientes en sus casas, quitando presión a
las mujeres. En segundo lugar, hay que lograr un pacto laboral en las
empresas para mejorar el acceso laboral de las mujeres y reducir
las diferencias laborales y salariales en los convenios. Y en tercer
lugar, todas las políticas públicas deben fijarse como objetivo reducir
las discriminaciones de las mujeres, desde la educación al empleo, el desempleo,
las ayudas sociales y la jubilación.
Al final, cada año pasa lo mismo con el 8-M: se
habla mucho de la discriminación de la mujer y se hacen manifestaciones
de protesta, pero se
avanza poco. Y menos cuando la derecha y la ultraderecha
ponen en duda esta desigualdad y promueven que a los hombres no les
preocupe. Estamos ante uno
de los grandes retos de este siglo, junto a la emergencia climática,
la demografía o la tecnología. Afrontarlo y resolverlo a medio plazo no
debería depender de las posturas políticas porque es un objetivo justo
y necesario: lograr que nadie sea discriminado por nacer mujer. Conseguir
la igualdad para media España. Ganaríamos todos.
En España siguen viviendo más mujeres que hombres: a 1 de enero de 2026, había censadas 25.237.515 mujeres, frente a 24.333.210 hombres, según el INE. En 2025, la población femenina aumentó menos (+199.587 mujeres censadas) que la masculina (+242.841 hombres), aunque las mujeres han aumentado más desde 2020 (+1.130.133 frente a +1.122.542 hombres) y en lo que va de siglo (+4.593.672 mujeres desde el año 2000, frente a +4.506.871 hombres). Pero hay un dato importante: crecen las mujeres inmigrantes, no las nacidas en España, cuya población ha caído este siglo (-100.202 nacidas en España entre 2000 y 2025). Este ha sido el gran cambio demográfico: en el año 2.000 vivían en España 452.413 mujeres nacidas fuera (el 2,18% de todas las mujeres) y en 2026 están censadas 5.111.724 mujeres nacidas fuera (el 20,25%), 1 de cada 5 mujeres.
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martes, 4 de marzo de 2025
8-M: las mujeres siguen discriminadas
Este sábado se celebra el 8-M, el Día de la Mujer,
cuya discriminación olvidamos el resto del año. Este aniversario
celebramos que hay más mujeres que nunca (25 millones) y que trabajan
más de 10 millones. Pero sigue habiendo más mujeres inactivas, menos
trabajando, con peores contratos, empleos y sueldos (la brecha
salarial con los hombres se mantiene en -19,6%), más paradas
y cobrando menos desempleo, con pensiones más bajas y más mujeres dependientes
sin ayudas… Demasiadas discriminaciones que apenas mejoran. Y que tienen tres orígenes: los cuidados
(las mujeres tienen que cuidar a hijos y padres), el desigual acceso al
trabajo y a los mejores empleos y las interrupciones en la carrera
laboral que recortan sus pensiones. Y sobre todo, porque los hombres
“ayudamos” en casa pero no “compartimos tareas” para que puedan
trabajar más y mejor. Es hora de mejorar la atención a la Dependencia,
aumentar guarderías y mejorar la contratación y los convenios
para las mujeres. Acabar con la discriminación de media España. Enrique Ortega
Curiosamente, el número de mujeres ha aumentado en España este siglo mucho más que los hombres. Así, el 1 de enero de 2025 se superaron los 25 millones de mujeres censadas (25.009.634), casi 1 millón más que hombres (24.068.350 habitantes), según el INE. Es la mayor distancia entre mujeres y hombres en este siglo (+817.504 en el año 2.000 y +485.970 en 2008). Y de los 8,6 millones de habitantes más que hay en España (49,07 millones frente a 40,47 millones en el 2000), las mujeres han aumentado en +4.365.791 personas este siglo, más que los hombres (+4.242.011). Ha crecido el número de mujeres nacidas en España (+1,84 millones desde 2002), pero sobre todo han crecido las mujeres inmigrantes (+2,2 millones), que ya eran 3.390.951 en enero de 2025. Así que viven en nuestro país más mujeres que nunca (25 millones) y el 13,5% son mujeres nacidas fuera de España (en 2002, las extranjeras eran sólo el 5,5% de las mujeres).
Más mujeres que hombres y también más mujeres en edad de
trabajar (más de 16 años): 21.487.600 mujeres frente a 20.322.500
hombres. Pero a partir de ahí, empiezan las discriminaciones a la mujer.
La primera, que hay más mujeres inactivas, que ni trabajan ni buscan
trabajo, que “tiran la toalla” aunque están en edad laboral, básicamente porque
se dedican a “las tareas de casa”, a cuidar a los hijos (y maridos) o a
padres y adolescentes dependientes (el 75% de los “cuidadores” son mujeres). A
finales de 2024, había 9.973.700 mujeres
inactivas frente a 7.383.000 hombres. A lo claro: hay 1.900.000 mujeres que han "renunciado" de entrada a
trabajar.
A causa de esta 1ª discriminación, la tasa
de actividad de las mujeres (trabajan o buscan trabajo entre 16 y 64
años) es del 71,38%,
frente al 77,91% en los hombres. Una tasa mucho menor a la de las mujeres
europeas: allí son “activas” el 70,2% de las mujeres de 20 a 64 años,
frente al 65,7% en España, el 77,2%% en Alemania, el 71,7% en Francia y el
56,5% en Italia (otro país con pocas mujeres “activas”), según
Eurostat. Desde la pandemia y tras la crisis de la energía y la alta
inflación, hay en España más mujeres “activas” (+669.800 que en 2019), pero
todavía sigue habiendo menos mujeres “activas” que hombres (11,4
millones frente a 12,77), aunque sean más población.
La 2ª gran discriminación es que hay menos mujeres con
empleo. No sólo hay menos mujeres “activas” que lo buscan, sino que las
mujeres tardan más en encontrar trabajo y lo encuentran peor que los hombres, a
pesar de que están más formadas, según las estadísticas educativas. Así, a
finales de 2024 había 10.151.200 mujeres ocupadas, frente a 11.706.600
hombres ocupados,
según la EPA. Son más mujeres que nunca trabajando en España (había 5,8
millones de mujeres trabajando en el año 2000, frente a 9,9 millones de hombres),
pero sigue habiendo más hombres con trabajo (+1,55 millones), aunque hay
más mujeres. Y otra vez, la tasa de empleo femenino en España (70,5% de las que
tienen entre 20 y 64 años) es inferior a la de las mujeres europeas (75,3%
trabajan).
Además, las mujeres han conseguido llevarse más nuevos
empleos que los hombres tras la pandemia: trabajan ahora 992.900 mujeres
más que en 2019, frente a 898.000 hombres más. Eso sí, la mayor
parte de estos empleos “ganados” por las mujeres han sido para las mayores
de 50 años (+642.200 empleos), ya que las de menos edad apenas han ganado
empleo (+64.000 para las mujeres entre 16 y 40 años) y lo han perdido las
mujeres de 40 a 50 años (-7.200 empleos). Así que las que consiguieron trabajo
son mujeres mayores, que dejaron de trabajar en su momento y han
vuelto, sobre todo en los servicios (empleo doméstico y cuidados, hostelería,
comercio y trabajos eventuales, muchas inmigrantes).
Con todo, las mujeres
copan menos del 50% de los empleos en 73 de los 100 sectores económicos. Y
aquí tropezamos con la 3ª gran discriminación laboral de las mujeres: trabajan
en sectores más precarios y peor pagados, con contratos de menos calidad,
peores puestos y categorías. Empezando por el tipo de contrato, las mujeres copan
los contratos a tiempo parcial: de 3.059.000 asalariados a tiempo parcial (menos
jornada o menos días), 2.252.600 son mujeres (el 73,6%), según la última EPA. Y si
trabajan menos horas o días que los hombres no es porque quieran:
la mayoría de las mujeres dicen que es porque no encuentran otro trabajo a tiempo
completo. Y 357.000 mujeres trabajan a tiempo parcial para cuidar a un familiar
(11 veces más que los hombres: sólo 33.000 lo hacen).
Las mujeres tienen también más contratos “temporales” que los hombres: de los 2.876.700
asalariados con contrato temporal (diciembre 2024), 1.609.800 son mujeres (el
17,90% de las que trabajan, frente al 13,20% de los hombres).
Además, el 44% de las mujeres trabaja en 7 sectores
económicos que son los que tienen los sueldos más bajos. Y de
las 10 actividades con nóminas más bajas, en 7 hay más mujeres que hombres
trabajando: servicio doméstico, hostelería, sanidad, cuidados, actividades auxiliares,
actividades artísticas y recreativas y comercio, según
este estudio de CCOO. Pero también, hay muchas más mujeres trabajando en
las categorías laborales más bajas y en empleos menos cualificados,
ocupando menos puestos directivos, donde se frena la promoción a mujeres: sólo
el 34,5% ocupan puestos de gerentes y directivos.
Esta mayor precariedad en los empleos de las mujeres conduce
a la 4ª gran discriminación laboral: tienen peores sueldos que los
hombres. El sueldo medio bruto de los hombres es de 29.615 euros
frente a 24.758 euros las mujeres, según la EPA (Decil de
Salarios 2023). Eso supone una “brecha salarial” para las mujeres del
-19,6% (lo que tendría que subir su sueldo para igualarse a los hombres). Una
brecha que se ha estancado: era del -19% en 2022, aunque mejora respecto a 2019
(-22,6%), 2014 (-31,4%) y 2008 (-30%), según CCOO. Y una brecha salarial
que es menor en España que en el resto de Europa, según
Eurostat: era del -8,7% en 2022 (diferencia por sexo en el salario
hora), frente al -17,7% en Alemania, -13,9% en Francia
y -4,3% de diferencia salarial en Italia.
Esta “brecha
salarial” del -19,6% en España, según el INE,
es mayor en 6 sectores de actividad, algunos con mucho peso del empleo
femenino: actividades administrativas (-36% de diferencia salarial las
mujeres), actividades profesionales, científicas y técnicas (-35%), sanidad y
servicios sociales (-31%), comercio (-31%), inmobiliarias (30%) y finanzas
(-28%). Los estudios revelan que la principal causa de esta “brecha
salarial” entre mujeres y hombres es el alto porcentaje de empleo femenino
a tiempo parcial, que explica el 64% de la brecha, según
CCOO. Y otro factor clave son los “complementos salariales”, la
parte que se cobra junto al sueldo base: las mujeres apenas
cobran “pluses” por nocturnidad, penosidad, esfuerzo físico o disponibilidad
horaria, que pesan mucho en las nóminas de los hombres. Además, las mujeres
cobran también menos por “antigüedad”, porque muchas han interrumpido sus
carreras laborales para cuidar hijos y padres.
Y pasamos a otra discriminación de las mujeres, la 5ª:
hay más mujeres en paro que hombres. A finales de 2024 había en España 2.595.500
parados EPA , de los que 1.362.600 eran mujeres paradas y 1.232.900 hombres
desempleados. La tasa de paro femenina es más alta (11,83%) que
la masculina (9,53%) y también mucho más alta que la tasa de paro de las
mujeres europeas (6,2%). Eso sí, tras la pandemia, el paro femenino
se ha reducido algo más (-296.200 desde 2019) que el masculino (-273.200),
aunque esta bajada se ha dado sobre todo entre mujeres de 25 a 54 años,
mientras subió el paro femenino entre las más jóvenes (+11.000) y entre las
mujeres mayores de 55 años (+13.400 paradas que en 2019), porque intentan ahora
recolocarse y ayudar económicamente en casa.
No sólo es que haya más mujeres paradas que hombres, es
que además cobran menos desempleo, la 6ª discriminación, porque
han cotizado menos años y por sueldos más bajos. Así, aunque hay más mujeres
paradas que hombres, en noviembre de 2024 (último
dato de Trabajo) había 451.041 paradas cobrando una prestación
contributiva y 430.615 parados hombres. Y estas paradas cobraban una media
de desempleo de 941
euros al mes, frente a los 1.076,4 euros que cobraban los parados
hombres. Una “brecha” en el desempleo del -14,20%, que es mucho mayor
en las paradas de más edad (-18,47% de brecha en las paradas de 50 a 54
años, -23,18% las desempleadas de 55 a 59 años y -24,11% de brecha en el
desempleo para las paradas de 60 y más años). Sólo cobran el mismo subsidio
(463,21 euros mensuales) que los hombres el millón largo de mujeres
(1.006.862 paradas) que cobran el subsidio asistencial (frente a
795.591 hombres).
Y tras una vida con menos actividad, menos y peores
empleos, las mujeres se jubilan con peores pensiones, la 7ª
discriminación. Por un lado, la pensión media de los hombres es de 1.564,53
euros, frente a 1.071,76 euros las mujeres, según
los datos de la Seguridad Social al 1 de enero de 2025. Una “brecha”
de pensiones del -45,97%. Y si miramos la diferencia de pensiones de jubilación
(las cobran 3,84 millones de hombres y 2,71 millones de mujeres), la brecha es
similar, del -43,95%: 1.714,47 euros de jubilación media para los
hombres, frente a 1.190,95 euros la jubilación de las mujeres. Sólo
cobran más pensión las viudas (por sus maridos) que los viudos:
960 euros (2,14 millones de mujeres viudas) frente a 639,90 los hombres (sólo
las cobran 209.625 viudos).
Queda otra discriminación más, la 8ª: la desigualdad en
la Dependencia, debido a que las mujeres viven más años que los
hombres (86,20 años de media frente a 80,74) y por tanto tienen
más riesgo de necesitar ayuda y ser dependientes al final de su vida.
De hecho, casi 2 de cada 3 dependientes con más de 80 años son mujeres (el
61,06% en 2024). Y por eso sufren más que los hombres el problema de
los retrasos en las ayudas (142.446 dependientes a finales de 2024) y en
el reconocimiento de la dependencia (otros 127.879 están pendientes de
valoración), según
el balance de los Directores de Servicios Sociales. Y estos retrasos
provocan que 94 dependientes mueran cada día sin recibir la ayuda
solicitada o a la que tienen derecho, 57 de ellas mujeres dependientes.
Por si fueran pocas estas discriminaciones, las mujeres
sufren otra discriminación más, la 9ª de la lista, la que sufren en
su propia casa, porque cargan con la mayor parte de las tareas del hogar
y de los cuidados de niños y padres, complicando más su vida laboral. De hecho,
el 45,86% de las mujeres cargan con la mayor parte de las tareas del hogar,
algo que sólo hacen el 14,92% de los hombres. Y otro 34,96% de mujeres realizan
una parte importante de las tareas, aunque compartida. Esto significa que el
80,82% de las mujeres cargan con las tareas del hogar, frente al 48,61% de
los hombres. Y un 51,37% de los hombres (unos 12 millones) confiesan que
“hacen poco o nada”, según la última Encuesta
del INE (2021). Además, el 40,2% de las mujeres se ocupan “mayoritariamente”
de los niños, frente al 4,8% de los hombres. Y un 48,3% de cuidar a los
mayores (frente al 20,5% los hombres).
En resumen, que trabajan más mujeres que nunca, pero
siguen con la discriminación de trabajar menos, con empleos más precarios y
peor pagados, con más paro y peor desempleo y pensiones, con más años de vida y
un mayor riesgo de ser dependientes. Y con poca ayuda en casa de los hombres,
que “ayudan” pero no comparten tareas y cuidados.
Cara al futuro, hay tres
medidas claves para reducir las discriminaciones de las mujeres.
Una, mejorar la atención a la Dependencia, para que los ancianos y
jóvenes dependientes tengan más ayudas públicas (a domicilio y en centros de
día y residencias) y no supongan “una carga” para las mujeres, a costa de su
vida laboral. La segunda, una mayor atención a la infancia, desde el
aumento de guarderías públicas asequibles a las ayudas por hijo, fomentando la
conciliación entre la vida laboral y familiar, con más tareas compartidas por
los hombres. Y la tercera, un Pacto social entre patronal y sindicatos, para reducir
las desigualdades en las empresas y los convenios, desde el acceso al
primer empleo a la igualdad en la contratación y en la promoción, buscando reducir
la brecha salarial con mayores subidas de los sueldos más bajos (que suelen ser
los de las mujeres).
Al final, cada año pasa lo mismo con el 8-M: se
habla mucho de la discriminación de la mujer, se hacen manifestaciones
de protesta, pero se
avanza poco para conseguir una igualdad que, a este paso, tardará
décadas en conseguirse. Avanzar en la igualdad de la mujer requiere pactar
medidas concretas, en el Parlamento, en los convenios y en las familias, al
margen de posiciones políticas y enfrentamientos de género. Estamos ante uno
de los grandes retos de este siglo, como la crisis climática, la
digitalización o la tecnología: lograr que alguien no sea discriminado por
nacer mujer. Conseguir la igualdad para media España. Ganaríamos
todos.
Curiosamente, el número de mujeres ha aumentado en España este siglo mucho más que los hombres. Así, el 1 de enero de 2025 se superaron los 25 millones de mujeres censadas (25.009.634), casi 1 millón más que hombres (24.068.350 habitantes), según el INE. Es la mayor distancia entre mujeres y hombres en este siglo (+817.504 en el año 2.000 y +485.970 en 2008). Y de los 8,6 millones de habitantes más que hay en España (49,07 millones frente a 40,47 millones en el 2000), las mujeres han aumentado en +4.365.791 personas este siglo, más que los hombres (+4.242.011). Ha crecido el número de mujeres nacidas en España (+1,84 millones desde 2002), pero sobre todo han crecido las mujeres inmigrantes (+2,2 millones), que ya eran 3.390.951 en enero de 2025. Así que viven en nuestro país más mujeres que nunca (25 millones) y el 13,5% son mujeres nacidas fuera de España (en 2002, las extranjeras eran sólo el 5,5% de las mujeres).
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jueves, 7 de marzo de 2024
8-M: récord de mujeres trabajando
Mañana se celebra el 8-M y
hablarán de la discriminación que las mujeres sufren todo el
año. Hay avances: un récord histórico de mujeres trabajando (9,92
millones) y la brecha salarial con los hombres baja al -18,6%,
la menor en 15 años. Pero sigue la discriminación: menos
mujeres activas, menos trabajando (-1,4 millones que hombres), con peores
contratos, puestos y sueldos (-4.341 euros de media), más paro, menos desempleo
(cobran -16,28%), pensiones más bajas (-45% de jubilación) y sufren más la
falta de ayudas a la Dependencia. La principal causa de su discriminación es que
las mujeres cargan con “los cuidados” (hijos y dependientes), descuidando
su profesión. Por eso, necesitamos enseñanza gratuita de 0 a 3 años y reforzar
la Dependencia, para liberarlas. También aplicar Planes de igualdad en
las empresas (2 de cada 3 no tienen). Y que los hombres ayuden en casa.
Urge un Pacto nacional por la igualdad, desde la escuela al trabajo y
los hogares, para mejorar la difícil situación de media España. Enrique Ortega
Lo primero que choca es que la población femenina ha aumentado más que la masculina en España, según el Censo del INE, tanto en los últimos 5 años (+973.195 mujeres frente a +790.763 hombres, entre el 1 de enero de 2019 y el 1 de enero de 2024) como en los últimos 16 años (+1.797.909 mujeres frente a +1.216.062 hombres entre 2008 y 2024). Pero ojo, al mirar la cifra de habitantes con más detalle, se ve que la cifra de mujeres nacidas en España ha bajado (-16.610 mujeres entre 2008 y 2024, frente a +44.287 hombres) y que si hay más mujeres censadas en España hoy es porque han venido muchas mujeres nacidas en el extranjero (hay +1.724.519 que en 2008, según el INE), sobre todo latinoamericanas, marroquíes y rumanas. Así resulta que, de las 24.875.363 mujeres censadas el 1 de enero en España, 4.528.894 nacieron en el extranjero (el 18,2%).
Lo positivo es que ,en los
últimos años, muchas mujeres se han lanzado al mercado laboral,
para aportar ingresos al hogar (muchas de ellas, inmigrantes). Y así las
mujeres activas, que trabajan o buscan empleo, aumentaron en +609.300
entre 2019 y 2023, mientras los hombres activos sólo crecieron
en +309.400. Las que más se han lanzado a buscar trabajo son las mujeres
mayores de 45 años, sobre todo entre 55 y 64 años (casi +500.000 activas),
que buscan trabajo como cuidadoras o empleadas de hogar y en el comercio, la
hostelería y la limpieza. Pero, aunque hay más mujeres en edad de trabajar, sólo
hay 11.453.400 mujeres activas (trabajan o buscan trabajo) frente a
12.624.100 hombres, según
la EPA.
La segunda gran discriminación
es que estas mujeres activas encuentran menos empleo que los hombres. Los
datos educativos revelan que las mujeres acaban más formadas que los hombres,
pero encuentran más dificultades para acceder al primer empleo:
hay menos chicas que chicos trabajando entre los 16 y los 24 años. Un factor
importante es que los roles de género llevan a que las niñas y
adolescentes opten más por estudios y carreras de humanidades frente a las de
ciencias, que son “más de chicos”. Un
estudio reciente revela que la segregación se da tanto en
FP (sólo un 7% de chicas se gradúan en titulaciones técnicas frente al 52%
de chicos) como en la Universidad (sólo hay un 14% de mujeres en Informática,
un 27% en carreras técnicas y un 37% en matemáticas y estadísticas), lo que reduce
su empleabilidad. Además, también cuenta la discriminación en las
pruebas de selección, en las prácticas y becas y en “la cultura” de muchas
empresas, que en igualdad de condiciones “prefieren contratar a un
hombre que a una mujer”.
Al final, el resultado es
que hay 1,4 millones de mujeres menos trabajando que hombres (aunque
insisto, son más en edad de trabajar). A finales de 2023, había en
España 21.246.900 personas ocupadas, 11.323.500 hombres (el 53,9%) y 9.923.400 mujeres. Un
dato que refleja la discriminación laboral de la mujer, aunque también llama a
la esperanza, porque las mujeres han conseguido una mayor parte de los
nuevos empleos creados en España en 2023 (+437.200 de
los 783.000 creados) y entre 2019 y 2023
(+765.100 empleos, un 63,3% de los 1.208.500 creados en total). Con
ello, el empleo femenino bate un récord histórico en España: nunca ha habido
tantas mujeres trabajando (9.923.400 en diciembre de 2023) y son
1,2 millones más del anterior récord de empleo femenino (8.714.900 mujeres
ocupadas en septiembre de 2008). Mientras, los hombres, aunque les ganan en
empleos (11.323.500), todavía trabajan menos que en septiembre de 2007
(récord empleo masculino: 12.175.900). En 2024 se espera que
trabajen en España más de 10 millones de mujeres, superando un listón
impensable, aunque seguirá la discriminación mientras trabajen más hombres.
La tercera gran discriminación
es que las mujeres tienen peores contratos, puestos de trabajo y categorías
que los hombres. La reforma laboral (que entró
en vigor el 31 de marzo de 2022) ha beneficiado a todos los
trabajadores, reduciendo los contratos temporales y la precariedad, pero
más a los hombres que a las mujeres, según los datos de la EPA.
Así, el porcentaje de asalariados
con contrato temporal ha bajado entre los hombres del 24,93% en 2019 al 14,2%
a finales de 2023 (-10,73%) y del 27,37% al 18,9% entre las mujeres
(-8,47%). Eso se debe, sobre todo, a que la mayor tasa de temporalidad se da
en el sector público, donde hay más porcentaje de mujeres, sobre todo en
sanidad y educación.
Con todo, el dato clave
para explicar gran parte de la discriminación laboral de la mujer es que siguen
aumentando los
contratos a tiempo parcial (por horas o días): se hicieron +87.600
nuevos en 2023, +75.400 de ellos a mujeres. Eso refleja lo que pasa: las
mujeres encuentran más trabajo que antes, pero la mayoría es a tiempo parcial.
De hecho, de las 2.869.300 personas ocupadas a tiempo parcial, el 74% son
mujeres (2.121.000). Y ojo, no es porque lo quieran así: la mitad de
ellas dicen que es porque no encontraron un trabajo a jornada completa y de la
otra mitad, solo un 10% eligió esa jornada, el 40% restante lo hace para
cuidar a hijos y mayores dependientes.
Además de tener peores contratos,
las mujeres se concentran en sectores con trabajos peor pagados y en
categorías laborales más bajas, al margen de su formación. Unos ejemplos del INE:
encargados (7,6% de los hombres y 4,7% de las mujeres), mandos intermedios
(7,8% frente a 6,7%), directores de pequeña empresa o sucursal (8,3% frente a
4,9%). Además, el
INE indica que sólo había un 34,8% de mujeres en cargos directivos
(directoras o gerentes) de empresas en 2023. Y en los Consejos de
Administración de las empresas
del IBEX sólo hay un 37,3% de mujeres consejeras, un 20% en cargos
ejecutivos, un 26% en la alta dirección y sólo un 11,8 % son presidentas.
Todas estas discriminaciones
laborales, en los contratos, puestos de trabajo y categorías, se traducen en
una 4ª discriminación, la más visible: las mujeres ganan menos
que los hombres. Hay dos maneras de medir esta “brecha salarial”, las dos
con datos del INE: una, el sueldo
principal que refleja la EPA (último dato 2002) y la otra, la Encuesta de Estructura
Salarial (último dato 2021). Según la primera estadística, el sueldo
medio de los hombres fue de 27.642 euros brutos en 2022 y el de las mujeres 23.301
euros, 4.341 euros menos. Es una “brecha salarial” (lo que debería subir el
sueldo de la mujer para equipararse) del -18,63%, alta, pero la menor
en los últimos 15 años en España, según
CCOO, que recuerda que ha bajado del -31,4% máximo en 2014 al -22,6% en 2019
y al -20,9% en 2021. Si nos atenemos a la estadística de salarios, en
2021, el salario medio bruto de los hombres era de 28.388 euros frente a 23.175
euros las mujeres, 5.213 euros menos,
una “brecha” del -22,5% según CCOO (no el 18,4% que dice el INE),
porque es el porcentaje que tendría que subir el sueldo de la mujer para
equipararse al hombre. Y esa brecha, medida con esta otra estadística, también ha
mejorado y es la menor desde 2008 (-28%).
¿Por qué ganan menos las
mujeres? Un
informe de CCOO responde que el 70% de esta discriminación
salarial se debe a que tienen un exceso de contratos a tiempo
parcial (el 74% del total), contratos por horas o días en los que ganan
menos de la mitad de lo que ganarían con un contrato a jornada completa
(11.650 euros frente a 28.185, según
el INE). Según el sindicato, si las mujeres tuvieran el mismo porcentaje
que los hombres de trabajo a jornada completa, la brecha salarial
bajaría del -18,6 al -5,7%, a menos de la tercera parte.
Hay otro factor más que
explica los menores salarios de las mujeres: los sectores en los que
trabajan mayoritariamente, que tienen sueldos más bajos. Así, el 42% de
las
mujeres asalariadas se concentran en 7 sectores que pagan un
salario por debajo de la media (2.128 euros mensuales en 2022, según la EPA): empleo
doméstico (cobran 981 euros brutos de media), hostelería (1.390
euros), agricultura, ganadería y pesca (1.477), actividades administrativas
y auxiliares (1.567), actividades artísticas y recreativas (1.598),
otros servicios, entre ellos los cuidados (1.599 euros) y comercio
(1.771 euros).
Y llegamos a la 5ª gran
discriminación: hay más mujeres que hombres en paro, debido a que
aumentan las que buscan trabajo y la mayoría de empleos se los llevan los
hombres. A finales de 2023, en España había 2.830.600 parados (EPA), de los que 1.530.000 eran mujeres
(13,3% de tasa de paro) y 1.300.600 eran hombres (10,30% de tasa de paro
sobre activos). Y se ha reducido menos el paro entre las mujeres que entre
los hombres, tanto
en 2023 (-93.000 frente a -100.400) como respecto a 2019,
antes de la pandemia (-128.800 frente a -205.500 que redujeron el paro los
hombres). La mayor parte del paro femenino se concentra en mujeres que
trabajaban en la hostelería (144.600), el comercio (116.000),
sanidad y servicios sociales (66.200), administrativas y servicios auxiliares
(61.600), la educación (52.800) y la Administración Pública (-51.400), aunque
la mayoría son paradas que perdieron su empleo hace más de 1 año
(620.500).
Y estas mujeres paradas sufren
la 6ª gran discriminación: el seguro de desempleo les cubre menos
(porque muchas, por los cuidados, han interrumpido su cotización o no han
cotizado) y les paga un subsidio menor. En 2023, había 983.997 mujeres
beneficiarias del desempleo (sólo 408.000 con prestación contributiva, según
lo cotizado y 574.729 con prestación asistencial), frente a 790.537
beneficiarios hombres (391.823 con prestación contributiva y 398.874
asistencial), según
el SEPE. Pero como hay más mujeres paradas que hombres, la tasa de
cobertura de las mujeres (el porcentaje que reciben alguna ayuda)
fue del 63,3% de media frente al 75,7% los hombres. Y además de
estar menos cubiertas, cobraron menos de subsidio contributivo (el asistencial
son 480 euros mensuales, iguales para todos):
888 euros de media mensual las mujeres frente a 1.032.6 los hombres. Otra
“brecha”, en el cobro del desempleo, del -16,28% (-20,29%
para paradas de 50 años a 60 años y -23,20% para paradas mayores de 60
años), según
los datos del SEPE.
Como las mujeres trabajan menos,
ganan menos e interrumpen sus carreras de cotización o cotizan menos años (por
los cuidados), también tienen pensiones más bajas que los hombres, la
7ª mayor discriminación de la mujer: la pensión media de las mujeres, el
1 de febrero de 2024, era de 1.020,93 euros, frente a 1.506,02 los
hombres, según
la SS, una “brecha” en todas las pensiones del -47,51%. Y
en el caso de las pensiones de jubilación (que cobran 2.639.170 mujeres,
frente a 3.811.619 hombres), la diferencia es también enorme: 1.132,89 euros
de jubilación cobran de media las mujeres frente a 1.647,8 euros los
hombres, otra “brecha” del -45,45%. La mayor brecha, fruto de las brechas
de una vida…
Y queda otra discriminación más,
la 8ª: la discriminación en la Dependencia, debido a que las mujeres
viven más que los hombres (85,8
años de media frente a 80,3) y por tanto tienen más riesgo de necesitar
ayuda y ser dependientes al final de su vida. De hecho, casi 2 de cada 3
dependientes con más de 80 años son mujeres (el 63,11%). Y por eso sufren
más los problemas de retrasos en las ayudas (hay
158.198 dependientes reconocidos “en lista de espera” para recibir las
ayudas, lo que provoca que 70 dependientes mayores mueran cada día sin
recibirlas, 44 de ellos mujeres) y de falta de medios y
atención, desde la ayuda a domicilio a la teleasistencia y la falta de
residencias.
Por si fueran pocas estas discriminaciones
laborales, las mujeres sufren también otra discriminación en su propia casa,
porque cargan con la mayor parte de las tareas del hogar y de los cuidados de hijos
y padres, complicando más su vida laboral. De hecho, el 45,86% de
las mujeres cargan con la mayor parte de las tareas del hogar, algo que sólo
hacen el 14,92% de los hombres. Y otro 34,96% de mujeres realizan una
parte importante, aunque compartida. Eso supone que el 80,82% de las mujeres
cargan con las principales tareas del hogar, frente al 48,61% de los hombres. Y un 51,37%
de los hombres (casi 10 millones) confiesan
que hacen poco o nada, según
la última Encuesta del INE (2021). Un 40,2% de las mujeres se ocupan
mayoritariamente del cuidado de los niños, frente al 4,8% de los
hombres. Y un 48,3% se encargan mayoritariamente del cuidado de los
mayores, frente al 20,5% de los hombres.
En resumen, que aunque su ocupación mejora y baja la brecha salarial con los hombres, la situación de las mujeres
en 2024 sigue siendo muy preocupante. Para CCOO,
el problema de fondo es que hemos relegado a la mujer a los
cuidados (de niños y padres o familiares dependientes) y con eso la
hemos condenado a interrumpir su carrera laboral y tener más problemas para
optar a mejores puestos, fomentando el trabajo a tiempo parcial y los bajos
salarios. Se ha avanzado con la reforma laboral y las subidas del salario
mínimo (que favorecen más a las mujeres), pero las desigualdades
siguen ahí, de fondo, porque las mujeres siguen “atadas” a los
cuidados. Por eso, muchos expertos apuestan por tomar 2 medidas
claves para “liberarlas en parte”: aprobar la gratuidad de la enseñanza de 0
a 3 años (pendiente Presupuestos 2024) y mejorar la atención a la Dependencia,
para que haya más ayudas y recursos, más atención pública a los dependientes en
el hogar, en centros de día y en residencias.
En paralelo, los sindicatos se
quejan de que las empresas, sobre todo las pymes, no se han tomado en
serio los decretos que obligan a llevar un registro de salarios (obligatorio)
y a aprobar Planes de igualdad, que son obligatorios en las empresas de
más de 50 trabajadores desde el 8 de marzo de 2022. Han pasado 2 años y CCOO
estima que no
existen estos Planes en el 66% de las empresas. Y tampoco el
sector público, desde los Ayuntamientos a las autonomías, Ministerios y
empresas públicas, está dado ejemplo. Y falta una política de racionalización
de horarios, desde las empresas a los restaurantes, locales de ocio y
TV, que permita a las mujeres conciliar su trabajo con su familia. Y queda la gran
asignatura pendiente, el reparto de tareas en el hogar, donde los hombres tienen
que hacer mucho más (no sólo “ayudar”…) Y también los chicos adolescentes.
Al final, cada año pasa lo
mismo con el 8-M: se habla mucho de la discriminación
de la mujer, pero se avanza poco, poniendo parches a un problema muy
complejo, como pasa también con la Crisis Climática. Y a este paso, la
igualdad de la mujer tardará 135 años, según
el Foro de Davos. Urge pactar acuerdos legislativos, económicos, laborales,
educativos, sociales y familiares, para afrontar uno de los grandes retos
de este siglo, al margen de las ideologías: lograr la igualdad para
media España. Ganaríamos todos.
Lo primero que choca es que la población femenina ha aumentado más que la masculina en España, según el Censo del INE, tanto en los últimos 5 años (+973.195 mujeres frente a +790.763 hombres, entre el 1 de enero de 2019 y el 1 de enero de 2024) como en los últimos 16 años (+1.797.909 mujeres frente a +1.216.062 hombres entre 2008 y 2024). Pero ojo, al mirar la cifra de habitantes con más detalle, se ve que la cifra de mujeres nacidas en España ha bajado (-16.610 mujeres entre 2008 y 2024, frente a +44.287 hombres) y que si hay más mujeres censadas en España hoy es porque han venido muchas mujeres nacidas en el extranjero (hay +1.724.519 que en 2008, según el INE), sobre todo latinoamericanas, marroquíes y rumanas. Así resulta que, de las 24.875.363 mujeres censadas el 1 de enero en España, 4.528.894 nacieron en el extranjero (el 18,2%).
A partir de aquí, de las mujeres
que viven en España, analicemos su situación. La primera
discriminación es que hay muchas más mujeres inactivas, que no buscan
trabajo y se quedan en casa. De los 40.818.900 españoles en edad de
trabajar (más de 16 años), a finales de 2023 (EPA), 20.996.800 son
mujeres y 19.822.100 hombres. Pero casi la mitad de esas mujeres
potencialmente activas decidieron quedarse en casa (9.543.400 mujeres “inactivas”,
el 45,5%), frente a menos hombres (7.198.100 “inactivos”, el 36,3%). Y cuando
se busca la causa, el 20% de mujeres inactivas lo justifica en que atienden
a menores y dependientes (de 25 a 49 años suben al 29,4%), frente al 4,9%
de hombres que lo aducen. En otros casos, las mujeres no buscan trabajo porque
tienen menos formación, piensan que no lo encontrarán o porque han decidido “dedicarse
a su hogar”.
Y
otro factor que, según
CCOO, pesa muy negativamente es que las mujeres cobran muchos menos
complementos que los hombres y eso aumenta la brecha salarial final,
que no es tan grande en el salario base. Así, las mujeres no suelen cobrar
complementos como los que se abonan por esfuerzo físico, penosidad, nocturnidad
o disponibilidad horarias, que suelen estar “masculinizados”. También cobran
menos complemento por antigüedad, dado que la maternidad acorta sus
carreras profesionales. Y en paralelo, como tienen menos puestos directivos,
cobran también menos pluses y bonus discrecionales ligados a tareas
directivas.
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lunes, 16 de julio de 2018
Las mujeres, cuidadoras sin cobrar
Las mujeres
siguen discriminadas y lo peor
no es la brecha salarial (ganan un 22,3% menos) sino que trabajan mucho menos que los hombres. La Organización
Internacional del Trabajo (OIT)
acaba de decirnos por qué: hay 2,5 millones de españolas que no pueden trabajar porque tienen que cuidar a sus hijos y padres, gratis. Y en el mundo, eso les pasa a 606
millones de mujeres. Además, las que sacan tiempo para trabajar fuera de casa, tienen peores empleos, por "las ataduras" de
los cuidados. El mayor obstáculo a la igualdad de las mujeres es que tienen
que cuidar
a niños y ancianos, según la OIT,
por lo que proponen quitarlas parte
de ese trabajo y que lo hagan también el Estado y los hombres. Y urgen a
los Gobiernos a que mejoren el gasto en guarderías, permisos de paternidad, conciliación
laboral y cuidado de los ancianos, para que las mujeres puedan pensar en
trabajar fuera, como los hombres. Liberarlas de una parte de los cuidados en casa.
Cuidar a niños y ancianos es el trabajo más importante que se hace en el mundo: en 2015 había 2.100 millones de personas necesitadas de cuidados, 1.900 millones niños menores de 14 años y 200 millones de ancianos dependientes, según el último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Y estiman que para 2030, serán ya 2.300 millones (2.000 millones de niños y 300 millones de ancianos) los que necesiten cuidados, 1 de cada 3 habitantes del mundo. Pues bien, las tres cuartas partes de este trabajo de cuidado, el 76,2%, lo hacen las mujeres, según el informe “Care work and care Jobs for the future of work”, recién publicado por la OIT. Las mujeres dedican al cuidado de los hijos y ancianos una media diaria de 4 horas y 25 minutos, frente a 1 hora y 23 minutos los hombres.
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| enrique ortega |
Cuidar a niños y ancianos es el trabajo más importante que se hace en el mundo: en 2015 había 2.100 millones de personas necesitadas de cuidados, 1.900 millones niños menores de 14 años y 200 millones de ancianos dependientes, según el último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Y estiman que para 2030, serán ya 2.300 millones (2.000 millones de niños y 300 millones de ancianos) los que necesiten cuidados, 1 de cada 3 habitantes del mundo. Pues bien, las tres cuartas partes de este trabajo de cuidado, el 76,2%, lo hacen las mujeres, según el informe “Care work and care Jobs for the future of work”, recién publicado por la OIT. Las mujeres dedican al cuidado de los hijos y ancianos una media diaria de 4 horas y 25 minutos, frente a 1 hora y 23 minutos los hombres.
La mayor parte de este
trabajo, el cuidado diario de niños y mayores, se hace gratis y hay que sumarlo a las tareas domésticas, que también
hacen mayoritariamente las mujeres. Al final, cada día se dedican 16.400
millones de horas al trabajo no remunerado en casa, lo que supone el
trabajo de 2.000 millones de personas trabajando 8 horas diarias. Si ese trabajo
doméstico y del cuidado de niños y mayores se pagara, supondría 11.000 millones
de dólares, con lo que esta actividad supondría el 9% del PIB mundial, según la OIT. Una actividad no remunerada, que recae sobre las mujeres y niñas
del mundo, más en países de ingresos medios y bajos, en mujeres casadas adultas,
con niños pequeños, poca educación y que viven en zonas rurales de países en
desarrollo. Y un trabajo que recae más entre las más pobres: las mujeres ricas pagan porque les cuiden a niños y padres.
Esta actividad, el trabajo de cuidados no remunerado,
es “el
principal obstáculo” para que la mujer trabaje fuera de casa, según el informe de la OIT. En 2018, hay 647
millones de personas en el mundo que
no pueden trabajar fuera de casa por “responsabilidades familiares”, por
tener que cuidar a niños y ancianos. Y de ellos, 606 millones son mujeres, el 41% de todas las mujeres inactivas del
mundo. Las mujeres más “penalizadas”
con los cuidados de niños y ancianos son las madres de niños pequeños (tienen
una tasa de empleo del 47,6% frente al 87,9% los hombres), sobre todo en los
países árabes, Asia Pacífico y países de ingresos medios, según el informe de la OIT, siendo menores las diferencias de empleo para las
madres con niños pequeños en países ricos y en África.
Hay otras mujeres
que además de cuidar su casa, a sus niños y ancianos, consiguen sacar unas
horas para trabajar fuera de casa.
Estas mujeres consiguen empleos peores, más precarios y mal pagados, según la OIT, porque se ven obligadas a trabajar menos horas o en actividades
marginales. Así, las mujeres sin hijos trabajan de media 46,1 horas a la semana
pero cuando tienen un hijo trabajan ya solo 41,5 y cuando tienen tres hijos o más, trabajan sólo 38,1 horas a la semana
(frente a 45 horas los hombres). La mayor
brecha de horas trabajadas se da entre las madres con hijos y sin hijos de
Europa y Asia central, según la OIT. Y además de trabajar menos (y ganar menos), las mujeres con hijos o ancianos a su cargo trabajan más por cuenta
propia, como autónomas, para sobrevivir, muchas de ellas en la economía
sumergida (62%), sin cotizar (el 53%) y sin derechos laborales.
En España, la economía del cuidado atiende a 10 millones de personas: 7 millones de
niños pequeños y 3 millones de mayores dependientes, según los datos de la OIT, que estima que este colectivo será de 8,8 millones de
españoles para 2030 (5,6 millones de niños pequeños y 3,2 millones de
ancianos). El trabajo de cuidado no remunerado supone unas 130 millones de
horas diarias, lo que supone el trabajo de 16 millones de personas. Si se pagara, sólo con el salario
mínimo, serían 168.000 millones de euros, que no están contabilizados pero que
suponen el 14,9% del PIB español, con lo que la economía de los cuidados sería la primera actividad económica en
España, como lo es en el resto del mundo.
Y dos tercios de
estos cuidados no remunerados, el 68%, los hacen las mujeres españolas, según el informe de la OIT: las mujeres dedican 4 horas y 23 minutos diarios a
los cuidados no remunerados, más del doble que los hombres (2 horas y 6
minutos). Esto se traduce en que muchas mujeres no pueden pensar en trabajar
porque tienen que cuidar a sus hijos y padres dependientes. La OIT
estima que hay 2,5 millones de españolas que no pueden acceder
por eso al mercado laboral y se quedan en casa. De hecho, hay 9.374.800 mujeres
en España que son inactivas (ni trabajan ni buscan trabajo), frente a 6.734.700
hombres. Y el tener que cuidar a hijos y padres también es un hándicap para trabajar, las que lo intentan: de
hecho, hay 8.590.200 mujeres trabajando frente a 10.284.000 hombres, según la EPA. La tasa de empleo de los hombres es del
67,55% y la de las mujeres del 56,59%. Menos mujeres activas y ocupadas, en
gran parte porque tienen que cuidar la casa y a su familia (gratis). Y a más
hijos pequeños, menos porcentaje de mujeres trabajando. Y más en los hogares
con bajos ingresos, según la Encuesta de condiciones de vida del INE.
Hay otras mujeres españolas
que cuidan cobrando, pero como pasa en el resto del mundo, su trabajo es más precario. En España, hay
unos 3,8 millones de personas trabajando
en el cuidado remunerado, entre la educación, la sanidad, el trabajo social
y la dependencia (hay 390.000 cuidadores profesionales, el 89% mujeres) y el
trabajo doméstico (612.000, la mayoría mujeres e inmigrantes), según la OIT. En líneas generales, este empleo ligado al cuidado de niños,
ancianos y hogares es más precario (temporal y por horas) y peor pagado que el
resto, incluso mucho no legalizado y vinculado a la economía sumergida.
El informe de la OIT propone aumentar el gasto público en la economía del cuidado, para
liberar a las mujeres del trabajo no remunerado y mejorar el que cobran.
Actualmente, existen enormes diferencias por países en el gasto público en
políticas de cuidado: los más preocupados son los países nórdicos (que gastan en cuidados del 8,8% del PIB en
Suecia al 7% en Finlandia), seguidos de lejos por otros países europeos (del 4,2% del PIB en Francia y el 4% de España y Alemania al 3% de Italia) a
porcentajes ínfimos en países en
desarrollo (0,5% en México o Turquía y el 2% del PIB en China), según la OIT.
La OIT propone
que los Estados (y los hombres) se hagan
cargo de parte de las tareas de cuidado que hoy hacen las mujeres, en su
mayoría gratis. Y eso supondría duplicar
el gasto público mundial en cuidados, pasando el gasto del 8,7% del PIB (2015) al
18,3% para 2030, lo que permitiría crear
149 millones de empleos remunerados nuevos en el sector del cuidado, uno de
los sectores de trabajo con más futuro. El mayor esfuerzo, señala la OIT, habría que hacerlo en las zonas del mundo con menos atención
pública al cuidado de niños y ancianos: África, Asia-Pacífico, estados árabes y
algunos países de Latinoamérica. Además, plantean extender la protección a la
maternidad (de 184 países, 107 no cumplen
el convenio de protección de la maternidad de la OIT), los servicios de cuidado de niños menores de 3 años (sólo
los tienen el 18,3% de los niños del mundo) y la atención a los ancianos y discapacitados graves (sólo el 27,8%
tienen atención pública en el mundo).
En definitiva, que el
trabajo de cuidados (hijos, padres, hogar) no remunerados es el principal obstáculo para la liberación de la mujer, en el mundo
y en España. Y lo será aún más en las
próximas décadas, porque aunque habrá menos niños aumentará el número
de ancianos (un tercio de los españoles tendrán más de 65 años en 2066,
según el INE). Así que hay que
buscar una solución, que, según la OIT, pasa por “las tres R”: reconocer el valor del trabajo de cuidados, reducir su precariedad y redistribuir los cuidados no remunerados
que hoy hacen las mujeres entre el
Estado (servicios y ayudas públicas) y
los hombres. Los datos de Eurostat (2016) son impactantes. Primero, el 95% de las mujeres españolas
(25-49 años) cuida y educa a los hijos diariamente (el 92% en la UE-28), frente
al 68% de hombres (igual que en Europa, aunque en Suecia son el 90% y en Grecia
el 53%). Segundo, el 84% de las mujeres españolas cocinan y hacen diariamente
las tareas domésticas frente al 42% de hombres (en la UE-28 son el 34%, en
Suecia el 56% y en Grecia el 16%). Y tercero, las mujeres en España trabajan
una media de 26,5 horas a la semana en casa, frente a 14 horas los hombres, según el INE. Eso sí, la igualdad llega
con los nietos: hombres y mujeres dedican 16 horas semanales (las mismas) a
cuidarles.
Se trata de actuar en dos frentes a la vez. Por un lado, tomar medidas para “repartir” el
cuidado de los hijos, entre mujeres, hombres y el Estado: fomento de
las guarderías públicas e incentivos y
ayudas a las guarderías privadas (extendiéndolas en las empresas), aumento de
los permisos de paternidad, más ayudas fiscales a la familia y
una política decidida de conciliación
familiar en los trabajos, con horarios más razonables. Por otro, actuar
para mejorar la situación de los ancianos y jóvenes dependientes, un colectivo potencial de 3 millones de
personas que deberían ser atendidos más en el ámbito público que en el privado.
O si se les atiende en casa, que los cuidadores familiares tengan más ayudas
(el Gobierno Rajoy dejó de cotizar por ellos en 2012 y les rebajó la ayuda) y un mejor trato
fiscal (en Francia, el 50% de los gastos privados en cuidados se deducen del
IRPF). Y junto a estas actuaciones, habría que aprobar un Plan de empleo para mujeres con hijos, facilitando su
vuelta al trabajo y mejorando sus contratos y sueldos, hoy muy precarios.
Mucho se habla de la discriminación
de la mujer, de que ganan menos que los hombres (-22,3% de brecha salarial, según el INE), pero se habla
poco de que su mayor discriminación es que trabajan menos que los hombres, porque muchas son “esclavas” de su casa, sus hijos
pequeños y sus padres ancianos. Sólo
quitándoles parte de este trabajo de cuidados, que además hacen gratis, se podrán dedicar a trabajar como el resto
y ser independientes de verdad. La
solución es que muchas de sus tareas las cubra el Estado, con nuestros impuestos, y otras las
repartan con los hombres. Claro que para eso, tenemos que cambiar
de mentalidad: el 44% de los europeos (44% de las mujeres y 43% de los
hombres) piensan que “el rol más
importante de la mujer es el cuidado del hogar”, según el Eurobarómetro de noviembre 2017. Así no hay forma de avanzar.
Etiquetas:
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