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lunes, 3 de agosto de 2020

5 libros para reformar el capitalismo


El coronavirus ha sumido al mundo en la mayor crisis económica y social de la historia reciente. Pero antes de la pandemia, el capitalismo no conseguía recuperarse y los ciudadanos sufrían las consecuencias de un crecimiento muy desigual, una guerra comercial y un auge del nacionalismo económico, con el Brexit y Trump. Aquí les traigo 5 libros recientes para intentar comprender mejor la situación de las economías antes de la pandemia y los problemas que siguen ahí, agravados por esta nueva recesión: bajo crecimiento, precariedad, desigualdad, proteccionismo, cambio tecnológico y climático y, sobre todo, falta de esperanza en un futuro mejor, con un auge de extremismos y populismos. Un libro divulgativo de un economista español, un análisis histórico, económico y político sobre la desigualdad de un economista francés con ventas millonarias, una historia (increíble pero real) sobre los megaricos y sus paraísos fiscales y dos Premios Nobel USA que proponen reformas posibles para salvar el capitalismo y nuestro futuro. Espero que les resulten interesantes. ¡Hasta septiembre!

enrique ortega

El título del primer libro que recomiendo es muy explícito: “Excesos. Amenazas a la prosperidad global”, del profesor Emilio Ontiveros, conocido por sus colaboraciones en El País y la SER. Es un buen principio para comprender el estado de la economía mundial antes del coronavirus, los problemas que teníamos y seguimos teniendo (agravados): un crecimiento muy desigual, que deja fuera a paises y ciudadanos, guerras comerciales y proteccionismo económico, excesivo peso de las finanzas, precariedad laboral y salarial, deterioro condiciones de vida, desigualdad educativa, destrucción del medio ambiente, falta de colaboración internacional y, al final, inseguridad global y pérdida de confianza en el futuro.

El libro de Ontiveros analiza cómo hemos llegado hasta aquí, los errores de la tercera globalización (1980-2010), iniciada con la llegada al poder de Reagan y Thatcher y la caída del muro de Berlín. Analiza con detalle la desregulación económica, la financiarización de las economías, el reparto internacional de la producción, el deterioro del trabajo, la “elusión” fiscal internacional,  la digitalización de las economías y las alteraciones en el poder mundial, con el ascenso de los paises emergentes, en especial China. Y cómo todo este proceso se ha traducido en un aumento de la desigualdad global y la sensación en muchos paises de que los jóvenes viven peor que sus padres, junto a una destrucción del medio ambiente y una demografía muy preocupante. Además, existe una mayor concentración empresarial y más poder de las multinacionales y mercados, que dictan normas y “vician” la democracia, decepcionando a millones de ciudadanos. Y asistimos a una nueva “guerra fría” entre USA y China, muy preocupante para el mundo, mientras Europa “no se encuentra”.

“Excesos” es un libro muy actual, con continuas referencias a China, USA (Trump) y Europa, sin olvidarse de España. Y un libro fácil de leer, escrito en un lenguaje entendible que nos ayuda a entender cómo hemos llegado a la economía de hoy. Pero Ontiveros no se queda ahí y propone soluciones (“Nada está perdido”), que pasan por un crecimiento inclusivo, fortalecer las instituciones multilaterales y “regenerar” el capitalismo, compatibilizando la rentabilidad de las empresas con las exigencias sociales y una fiscalidad justa. “Compatibilizar capitalismo y progreso, para que en los próximos años el mundo sea habitable”. Amén.

El segundo libro se centra en uno de los problemas más graves del capitalismo actual: la creciente desigualdad. Lo escribe el “economista estrella” del mundo, el francés Thomas Piketty, que vendió 2,5 millones de ejemplares de su anterior libro, “El capital del siglo XXI” (2013). Ahora, Piketty ha publicado “Capital e ideología”, que es una historia económica, social y política de la desigualdad, desde el siglo XIX hasta hoy. Y eso porque el autor cree que “la desigualdad es el gran desafío del mundo en el siglo XXI”, porque “resulta imposible afrontar el desafío climático o migratorio sin reducir las desigualdades”.

El libro de Piketty puede asustar si se ve en una librería, porque es un “tocho” de 1.247 páginas. Pero tiene “varios niveles de lectura”. Yo les sugiero dos. Empezar por leer la Introducción (57 páginas), seguir con la tercera parte ( Capítulo 16: las transformaciones del siglo XX, con un análisis muy interesante de la historia reciente de Europa y la desigualdad, incluyendo 6 páginas sobre “la trampa separatista y el nacionalismo catalán”) y acabar con el Capítulo 17 y las Conclusiones, donde diseña su modelo económico y social contra la desigualdad: una socialdemocracia avanzada, con un reparto del poder en las empresas, un impuesto progresivo sobre la propiedad, garantizar la justicia educativa y fiscal y conseguir una democracia justa y un nuevo orden económico internacional. Y luego, a ratos perdidos, ir leyendo el resto del libro, que es básicamente un libro sobre la historia económica, política y social del mundo, desde Europa y USA a China, Rusia, India y paises emergentes.

Capital e ideología” no es un libro de economía, es un gran libro de historia del mundo donde mezcla un análisis económico, político, social y cultural, analizando incluso décadas de resultados electorales en medio mundo para analizar la evolución de las ideologías. Porque Piketty cree que la desigualdad no es económica ni tecnológica, sino ideológica y política. Y que la historia del mundo la explican las ideologías, no la economía ni la lucha de clases. Por eso, culpa a la socialdemocracia de dejación de responsabilidades y de no haber sido alternativa al capitalismo neoliberal que nos ha traído la crisis y la desigualdad. Y aboga por un nuevo modelo económico, de cogestión económica y progresividad fiscal, similar al que rigió Europa tras la II Guerra Mundial. Atrévase con Piketty.

Para “desengrasar” un tercer libro más “liviano”: “Moneyland. Por qué los ladrones y los tramposos controlan el mundo y cómo arrebatárselo”, del periodista británico Oliver Bullough, considerado “libro del año 2019” por The Times y The Economist. Cuenta con detalle cómo viven y se mueven los megaricos, los que se han beneficiado de la tremenda desigualdad que desvelaba Piketty. Es una exhaustiva investigación por la tierra del dinero (“Moneyland”), el territorio que se han creado los superricos del Planeta, rusos, chinos, europeos o africanos supermillonarios que tienen pasaportes malteses, empresas pantalla panameñas, villas en Londres, fondos en Jersey o fundaciones en Liechtenstein. Estos “cleptócratas”, opina el autor,  son “una amenaza para la democracia porque con su impunidad minan la confianza de la gente en el sistema”.

El libro detalla cómo estos megaricos de China, Nigeria, Ucrania, Rusia, Europa o EEUU han creado un Estado propio (“Moneyland”) donde “no existen fronteras”: hacen circular su dinero, sus hijos, sus propiedades y a ellos mismos dónde quieren, eligiendo las jurisdicciones para que las reglas y las restricciones de los demás no les afecten. “Una infraestructura global que permite a los corruptos robar en un sitio, ocultarlo en otro y gastarlo en el de más allá”, señala el autor. Y ofrece detalles de cómo se ha construido este sistema, que mueve 2,6 billones de dólares anuales, desde Suiza y los paraísos fiscales a Europa y USA. Y también propone soluciones para combatirlo, básicamente leyes, transparencia y colaboración internacional.

El cuarto libro que propongo leer es “Contra los zombis. Economía, política y la lucha por un mundo mejor”, del Premio Nobel norteamericano Paul Krugman. Es una recopilación de más de 90 artículos publicados en prensa (la mayoría en The New York Times) en los últimos 15 años. Su denominador común es desactivar una serie de ideas “zombis, un montón de ideas que Krugman llama así porque son “ideas que se resisten a morir”, que “deberían estar muertas porque no funcionan, pero que son repetidas por motivos políticos”.

La idea “zombi” a la que Krugman dedica más tiempo es que las rebajas fiscales producen un efecto milagroso y que bajar impuestos reanima la economía”, algo que “jamás ha funcionado” (insiste Krugman), que se ha demostrado falso desde la época de Reagan y Thatcher (aunque Pablo Casado lo siga repitiendo). La 2ª idea zombi más repetida es la austeridad, los recortes como salida a una crisis que tanto defendió Europa en 2010 y Rajoy desde 2012. “La austeridad es mala para la economía”, señala Krugman y lo argumenta. Otras ideas zombis que critica Krugman son que los programas sociales no se pueden financiar y son inviables, que no se puede dar cobertura sanitaria a todos los norteamericanos, que la desigualdad es inevitable, que la deuda es una bola de nieve imparable, que la tecnología supone desigualdad y paro o la bondad del proteccionismo de Trump. En definitiva, Krugman trata de denunciar las “malas ideas económicas” y  su libro ofrece también “alternativas para conseguir un mundo mejor”, como hacen también los demás libros que recomiendo.

Y acabo con el quinto libro, “Capitalismo progresista”, de otro Premio Nobel USA, Joseph Stiglitz, calificado de “manifiesto brillante y provocados para salvar al capitalismo de sí mismo”. El autor explica que hemos pasado de la economía del bienestar a “la era del malestar”, donde el capitalismo “ha fallado a mucha gente”, por su crecimiento escaso y desigual. El autor hace un repaso a los últimos 40 años de la economía mundial, de Reagan a Trump, deteniéndose en los tres grandes males del sistema: globalización mal gestionada, financiarización desmedida y un poder creciente del mercado, con la tremenda consecuencia de que “la economía se ha adueñado de la política y la democracia”. Y al final, plantea Stiglitz, “antes que la reforma económica hay que hacer la reforma política”.

El grueso del libro es la primera parte, que analiza ¿Cómo se ha perdido el rumbo?, detallando esos males ya apuntados: enorme poder del mercado, concentración desmedida de la riqueza, excesivo peso del sector financiero, una globalización mal gestionada (“el proteccionismo no es la respuesta”, insiste frente a Trump) y el desafío de las nuevas tecnologías para el empleo, la desigualdad y el poder del mercado. “Necesitamos que el Gobierno controle el mercado, que el mercado controle al Gobierno y que la sociedad controle a ambos”, señala. Una segunda parte propone medidas para reconstruir la economía y la política en EEUU. Y la parte final plantea alternativas para mejorar la vida de la gente, con una Agenda progresista para la regeneración del capitalismo, darle la vuelta a lo que se ha hecho mal en estos 40 años y “gobernar para el 99%, no para el 1% más rico”: controlar mercados, regular las finanzas, fiscalidad más justa, reequilibrar la globalización, aprovechar socialmente los cambios tecnológicos y frenar el deterioro ambiental. “No es demasiado tarde para salvar al capitalismo de sí mismo”, señala al final Stiglitz. Ojalá sea verdad.

Espero que estos 5 libros les interesen y ayuden a entender mejor el mundo. Lean, descansen y ¡hasta septiembre!

jueves, 26 de diciembre de 2019

Gastamos menos en Cultura


La recuperación económica iniciada en 2014 no se ha notado en el gasto en Cultura: en los dos últimos años, el gasto cultural ha bajado y todavía gastamos 100 euros menos por persona que en 2007. Y menos que la mayoría de Europa. El problema no es sólo que las familias hayan recortado su gasto en Cultura, sino que lo han hecho el Estado central y las autonomías (sobre todo) y los Ayuntamientos, que gastan hoy en Cultura 2.000 millones menos (-28,4%) que antes de la crisis. Y este menor gasto, privado y público, está afectando seriamente a las actividades culturales, con menos empleo y más precariedad que en 2008. Por eso, el sector pide al futuro Gobierno un Pacto de Estado para conseguir más dinero, menos IVA, desarrollar el Estatuto del Artista, luchar contra la piratería, una Ley de Mecenazgo y campañas para promover la Cultura dentro y fuera de España. Por un país más culto, que es siempre un país más próspero y más libre. Más Cultura

enrique ortega

La crisis de 2008 trajo consigo un recorte del gasto en todo y especialmente en cultura, un bien “prescindible”: si las familias españolas gastaban en Cultura 1.020 euros de media en 2007, pasaron a gastar 673 euros en 2013. Luego, en 2014, con la recuperación económica, se reanimó también el gasto cultural, más lentamente, en 2015 (717 euros) y 2016 (764 euros). Pero en los dos últimos años, el gasto en Cultura de las familias ha vuelto a caer: a 718,3 euros en 2017 y a 682,5 euros en 2018, según el Anuario de Estadísticas Culturales 2019, recientemente publicado por el Ministerio de Cultura. Eso supone que las familias españolas gastaron en Cultura un total de 12.714 millones de euros en 2018, un 2,3% de todo su gasto, el porcentaje más bajo desde 2007, cuando gastaban el 3,2% de sus ingresos.


Si miramos el gasto por persona en Cultura, también ha caído en los dos últimos años y estaba en 274,60 euros en 2018, algo mejor que al inicio de la recuperación (260 euros se gastaban en 2014) pero muy por debajo  (un 28,4% menos) del gasto cultural que hacía cada español en 2007: 375 euros (100 euros más que ahora), según las estadísticas de Cultura. Los que más gastan en Cultura son los jóvenes (389 euros de gasto entre 16 y 29 años), los solteros (384 euros), los que trabajan (309 euros los ocupados, 189 los parados y 214 euros los jubilados), los que tienen más estudios (195 euros gastan los que tienen la ESO o menos y 378 los universitarios), los que tienen más ingresos (382 euros gastan los que ganan más de 3.000 euros y sólo 168 los que ganan menos de 1000 euros) y los que viven en la España más poblada (300 euros gastan los que viven en ciudades de más de 100.000 habitantes y 240 los que viven en pueblos de menos de 10.000, con un mayor gasto en Navarra y Madrid y uno menor en Extremadura, Canarias y Galicia), según la detallada estadística del gasto cultural que incluye el Anuario de Estadísticas Culturales 2019.


El gasto en Cultura que hacen los españoles se reparte fundamentalmente entre el gasto en libros (14,7% del gasto total), el gasto que más cae, espectáculos (12,8%), soportes, equipos y accesorios audiovisuales (24,4%) y telefonía móvil y servicios relacionados con Internet (35,84%), un gasto que para muchos no se debería incluir dentro del concepto de “gasto cultural”, con lo que el gasto real en Cultura seria un tercio menor.

El gasto de las familias supone  un 71% del gasto total en Cultura. El otro 29% lo aporta el gasto público en Cultura, que “tira” del sector y lo dinamiza. El problema es que no ha hecho de contrapeso, sino que también ha caído durante la crisis (por los recortes)  y apenas ha mejorado con la recuperación. Así, si en 2008 se dedicaron al gasto público en Cultura 7.111 millones de euros, en 2011 ya había caído a 5.837 millones y en 2015, tras los duros recortes de Rajoy y sus dirigentes autonómicos y locales, había caído  a 4.877 millones, según los datos oficiales de Cultura. Y en 2017, último dato publicado, el gasto público en Cultura sólo ha subido a 5.092 millones de euros, que son 2.019 millones menos que en 2008 (-28,4%). El mayor recorte en el gasto cultural lo han hecho las autonomías (de 2.129 millones en 2008 a 1.144 millones en 2017, un -46,2%), seguidas del Estado central (de 1.075 a 678 millones, un -36,9%) y los Ayuntamientos (de 3.907 millones a 3.270, un -16,30%), que soportan casi dos tercios del gasto público total en Cultura en España. 


Estos datos indican que se han perdido más de 1 de cada 4 euros públicos que se gastaban en Cultura en 2008. Estos recortes han hecho mucho daño a las actividades culturales y a los artistas y creadores, más en unas regiones y ciudades que en otras, porque el recorte ha sido desigual. El resultado es que el gasto autonómico por habitante en Cultura es muy dispar: alto en Navarra (63,4 euros/habitante), País Vasco (52,2 euros), Extremadura (32,5) y Cantabria (30,2) y bajo en Canarias (10 euros/habitante), Castilla la Mancha (13,8 euros), Madrid (14,4 euros) y Aragón (14,6 euros), según los datos de Cultura.


La “tercera pata” del gasto cultural, junto al de las familias y las Administraciones públicas, la ponen las empresas, los bancos y las aportaciones particulares, que también recortaron mucho su mecenazgo cultural con la crisis y que no lo han recuperado tampoco. En especial, se echa de menos el importante patrocinio cultural de las Cajas de Ahorros, dado que han desaparecido o han sido absorbidas la mayoría de las 48 Cajas existentes en 2008.


Al final, entre tanto recorte y el menor gasto de las familias, la industria cultural se ha resentido. En 2017, según los últimos datos publicados, facturó por valor de 27.728 millones de euros, lo que aporta un 2,4% al crecimiento español (PIB). Una aportación mucho menor a la de antes de la crisis (aportaba el 3,1% del PIB en 2005 y el 2,8% en 2007) y que es similar a la del inicio de la recuperación (2,4% del PIB), sin mejorarla. Eso sí, hoy hay más “empresas culturales” (122.673) que en 2009 (112.643), pero son mucho más débiles y “precarias”: el 64,7% son empresas sin asalariados (autónomos), el 28,7% son microempresas (de 1 a 5 trabajadores), el 6% tienen de 6 a 49 trabajadores y sólo un 0,6% de todas las empresas culturales (736 empresas) tienen más de 50 trabajadores. Y además, las dos terceras partes de las empresas culturales están concentradas en Madrid (22%), Cataluña (20%), Andalucía (13,2%) y Comunidad Valenciana (9,6%), según Cultura.


El empleo cultural ha mejorado en los últimos años, pero todavía no ha recuperado la ocupación que había antes de la crisis: hay 690.300 personas trabajando en actividades culturales (el 3,6% del empleo total), todavía menos que los 706.300 empleados en la Cultura en 2008. Y se trata de un empleo precario, con menos asalariados (69,9% frente al 84% en toda la economía) y más autoempleo (30,1%), con más hombres (60,9%) que mujeres, más jóvenes y más universitarios (69,3%), pero con bajos sueldos y cotizaciones, que se traducirán en su día en menos paro y pensiones más bajas.


España está por detrás de Europa también en gasto cultural, sobre todo el que hacen las familias. La última estadística europea (Eurostat 2017) hace referencia no al gasto cultural sino al gasto en “entretenimiento y cultura: 1.100 euros por persona en España, frente a 1.200 euros en Italia, 1.400 euros de media en la UE-28 y Francia, 1.800 euros en Alemania, 2.200 en Reino Unido, 2.300 en Suecia y 3.700 euros en Islandia. Y a nivel de los hogares, un gasto en cultura “y entretenimiento” del 7,4% del gasto total de las familias, frente al 8,5% de media que gastan los hogares europeos.


En cuanto al gasto público en la Cultura, el esfuerzo español fue mucho mayor (sobre todo en la época dorada del ladrillo, traducida en conciertos, salas de exposiciones y centros culturales) y ahora está en la media europea, donde tienen más peso el gasto privado y el mecenazgo empresarial y financiero a la Cultura. Al final, España gasta el 1,1% del PIB en “ocio, cultura y culto” (ojo, aquí se incluyen las ayudas a la Iglesia), lo mismo que la media UE (1,1% del PIB) pero menos que Francia (gasta el 1,4% del PIB) y los paises nórdicos (1,5% del PIB gasta  Finlandia y un 1,7% Dinamarca), aunque más que Reino Unido(0,6% PIB), Italia (0,8% del PIB) y Alemania (gasta 1% del PIB), según la última estadística de Eurostat (2017).


Centrándonos otra vez en España, el Ministerio de Cultura acaba de publicar los resultados de una amplia Encuesta sobre “los hábitos culturales de los españoles” (2018). La práctica cultural más extendida en el último año fue escuchar música (87,2% de los encuestados), seguida de leer (65,8%), ir al cine (57,8%), visitar monumentos (50,8%), ir a museos o galerías (46,7%), asistir a espectáculos el 46,8% (conciertos modernos el 30,1%, clásicos el 9,4% y teatro el 24,5% de los encuestados) y un 26,8% acudir a bibliotecas.


Respecto a los libros, la facturación editorial ha crecido un 2% en 2019 (2.350 millones de ventas esperadas), por 6º año consecutivo de mejoría, gracias a que España es una potencia editorial en el mundo, aunque no seamos una potencia lectora por desgracia. El sector editorial sufre directamente dos problemas ajenos: uno, la piratería (en 2019 se han descargado 425 millones de libros ilegales, lo que supone dejar de ingresar 215 millones) y el otro, la crisis de las librerías, por culpa de las ventas online (Amazon) y la piratería. 


En cuanto al cine, cayó (por segundo año consecutivo) la cifra de espectadores en 2018 (98,9 millones, un 0,9% menos que en 2017, frente a 108 millones en 2008) y también la recaudación (587,5 millones de euros, un 0,90% menos), con un claro dominio de las películas extranjeras (1.483 y 482,7 millones recaudados) sobre las españolas (464 y 103 millones de euros). Los museos (un 73,5% públicos) han sido un éxito en 2018, con 65,4 millones de visitantes (5 millones más que en 2017). Y choca también que el 26,8% de los encuestados hayan visitado físicamente o por Internet las 6.636 bibliotecas (60,8% públicas). Eso sí, sólo un 9,5% de los encuestados asistieron a festejos taurinos, 1.521 celebrados en 2018 (sólo 369 fueron “corridas de toros”), menos de la mitad de los que se celebraban en 2007 (3.800). 


Salvo escuchar música, las actividades culturales de los españoles son muy “modestas” y las hacen menos de la mitad de los encuestados. Quizás porque la Cultura ha quedado relegada por el “enganche” a Internet y a la televisión. En 2019, 32.316.000 españoles conectaron con Internet, el 80% de la población (en 2007 eran 9,94 millones, el 26,2%), según la tercera oleada del EGM. Y se conectaron a Internet para comunicarse más que para consumir Cultura: un 97,1% para usar WhatsApp, el 71,8% por el correo electrónico, el 68,1% para conectarse a las redes sociales, un 65,4% a distintas APPs, un 61,9% para leer noticias, un 39,3% para utilizar la banca online, un 39,2% para escuchar música online, un 39% para ver vídeos y un 24,2% para comprar bienes y servicios… Más entretenimiento que “Cultura”


Y el otro gran entretenimiento es ver la TV, en abierto y cada vez más series y películas en canales de pago (6,8 millones de abonados en marzo 2019) que ofrecen las telecos o multinacionales especializadas (Netflix, HBO, Amazon Prime, Apple TV, Disney+). En noviembre de 2019, hubo 31,9 millones de españoles (el 70,7% de la población) que se conectaron diariamente a la televisión, con 236 minutos de media (3 horas y 56 minutos), según la última estadística de Barlovento Comunicación. Eso sitúa a España como el 4º país más “teleadicto” de Europa, tras Polonia (264 minutos), Rusia e Italia (248).


Volviendo a la Cultura, Cultura, el sector está algo más optimista que hace un par de años, a pesar de la caída del gasto privado y público, pero da un suspenso a su actividad (4,7 puntos en 2018, frente a 4,4 en 2017 y 5,1 en 2011), según la última Encuesta hecha a los agentes culturales por la Fundación Alternativas en 2018: baja la nota que dan al sector del libro y las bibliotecas(4,3), sube algo la valoración al sector audiovisual (4,7 puntos) y sólo aprueban el diseño y la creación publicitaria (5,3 puntos). Como puntos fuertes destacan el potencial digital de la cultura (más oferta y más barata) y como puntos débiles, la poca eficacia y medios de las políticas culturales públicas, la remuneración de los creadores y la lamentable proyección exterior de la cultura (critican el concepto “empresarial” de la Marca España).


El Informe 2019 sobre “el Estado de la Cultura”, también de la Fundación Alternativas, señala que los sectores más valorados por los gestores culturales son (por este orden) la gastronomía, la moda, la literatura, el diseño, la fotografía y la arquitectura (casi todas al margen del concepto “tradicional” de Cultura). Y bajan del puesto 6º las actividades culturales más “puras”: el teatro, las artes plásticas, la música clásica y contemporánea, el cine, la danza y los museos (por este orden descendente). Y frente a la posible explicación de que la decadencia de la Cultura más “clásica” se debe al auge de la Cultura digital, los gestores culturales lo niegan. Y se apoyan en que la facturación de contenidos digitales fue de 9.834 millones de euros en 2017, menos que en 2011 (10.172 millones), según la ONTSI.


Cara al futuro, el mundo de la Cultura pide al futuro Gobierno que promueva un Pacto de Estado por la Cultura, al margen de las ideologías, asentado en distintas medidas. La primera, recuperar el gasto público en Cultura de antes de la crisis, lo que supondría gastar 2.000 millones más al final de la Legislatura, sobre todo el Estado central y las autonomías. La segunda, desarrollar los temas laborales, fiscales y normativos del Estatuto del creador y del artista (aprobado por unanimidad en el Congreso en septiembre de 2018), para lo que existe una Comisión integrada por 12 Ministerios, implantar el IVA del 4% a los libros y periódicos  digitales (iba en el frustrado Presupuesto para 2019) y aplicar uno general del 10% a toda la producción artística y cultural, luchar más eficazmente contra la piratería, aprobar de una vez la Ley de Mecenazgo (prometida por el PP en 2013), apoyar financieramente a RTVE (eslabón clave en la promoción cultural) y realizar campañas de apoyo a la Cultura (lectura, cine, artes escénicas…), favoreciendo un acceso menos desigual. En definitiva, apostar por la Cultura para mejorar el país y nuestra vida. Más Cultura.

jueves, 22 de febrero de 2018

Poco gasto cultural, por educación y renta


La recuperación tampoco llega a la Cultura: el consumo cultural de las familias ha caído un tercio desde 2007, si contamos la inflación. Y el Estado, autonomías y ayuntamientos se gastan en cultura un 33% menos que antes de la crisis. El resultado es desolador: el 40% de españoles no leen nunca, el 60% no pisa un museo, el 77% no va al teatro, el 75% no asiste a un concierto y el 46% no va al cine. Eso sí, estamos enganchados al móvil y a Internet y somos los europeos que vemos más TV, tras Italia: 4 horas diarias. Los que no consumen cultura dicen que no es porque sea cara, sino porque “no tienen interés”. La clave es la educación más que la renta: los que más consumen cultura son los españoles con más estudios. Por eso, los expertos insisten en promover la cultura desde el colegio y gastar más desde la Administración. Porque un país más culto es también un país más próspero


enrique ortega

La crisis hizo caer drásticamente el consumo de los hogares españoles, al desplomarse sus ingresos, que ahora, con la recuperación, todavía son menores que antes de la crisis: 28.200 euros por familia en 2016, aún por debajo de los 32.000 euros de 2007, según el INE. Una caída del 11,8% en el gasto, que no se ha repartido por igual, sino que ha habido partidas donde las familias han restringido más su gasto. Entre ellas, el gasto en cultura: si el récord se dio en 2007, con 374 euros por español, bajó hasta un mínimo de 260,10 euros en 2014, se mantuvo en 2015 y subió hasta 306,70 euros de gasto cultural en 2016 (último año con datos oficiales), una caída del 18,12%, que sitúa el gasto en cultura de los españoles al nivel de 2011. Y si tenemos en cuenta la inflación de estos años (+14,5% entre 2007 y 2016), resulta que el gasto real de los españoles en cultura ha caído casi un 33% en estos diez años.

Pero además, este es un dato “engañoso”. Porque el INE, en la Encuesta de Presupuestos Familiares, incluye en consumo cultural gastos que poco tienen que ver con la cultura. Así, en 2016, casi la mitad de ese “gasto cultural” (el 48%) es gasto en equipos audiovisuales, ordenadores y tabletas, móviles y cuotas de teléfono e Internet, en total 147,18 euros anuales por persona. Otro 22,2% son libros y publicaciones, pero aquí se incluye el gasto en libros de texto, periódicos y revistas, con lo que el gasto en libros no de texto es de 24,30 euros al año por español. Y entrando en lo que se puede considerar “cultura cultura”, quedan dos partidas de gasto: 38,10 euros al año por persona en cine, teatro y otros espectáculos culturales y 3,82 euros anuales en museos, bibliotecas, parques y similares.

En total, 42 euros al año por persona en gastos claramente culturales. El doble de lo que nos gastamos en comprar agua mineral (23,5 euros) o cerveza (27,62 euros), la tercera parte del gasto en fumar (124 euros), menos que lo que gastamos en juegos de azar (60.67 euros) y la séptima parte de lo que gastamos en comer o cenar en restaurantes (281,80 euros anuales), según la Encuesta de Presupuestos Familias del INE (2016). Penoso.

Con este gasto cultural tan bajo, no deberían extrañarnos los datos de hábitos culturales de los españoles, publicados por el INE y el Ministerio de Educación y Cultura que, año tras año, revelan que “pasamos” de la cultura. Vean si no: en el último año (2015, últimos datos oficiales), sólo un 39,4% de españoles fueron a un museo, un 42,8% visitaron un monumento, un 25,6% fueron a una biblioteca, un 62% leyeron, un 23,2% fueron al teatro, un 2,6% a la ópera, un 7% al ballet, un 8,6% a conciertos de música clásica, un 24,5% a un concierto de música actual y un 54% al cine… En todos los casos, curiosamente, acuden más a actos culturales los jóvenes y personas de mediana edad, más las mujeres que los hombres. Y en todas los actividades culturales, la asistencia es mayor en las autonomías más ricas (Madrid, Navarra y País Vasco, más la excepción de Asturias) y entre los que tienen un mayor nivel de estudios. Y consumen también más cultura los que trabajan que los parados y jubilados, sobre todo los que ganan más de 2.000 euros y viven en grandes ciudades.

Un inciso sobre la lectura, al hilo del recientemente publicado Barómetro de la lectura 2017. Ahí se indica que un 65,8% de españoles han leído un libro en el último trimestre, pero hay que restar un 6% que sólo leen por trabajo, con lo que queda un 59,8% de españoles “lectores (que han leído un libro en los últimos 3 meses). O sea que, un 40% de españoles no lee, frente a un 30% de no lectores en Europa. Si contamos los que han leído un libro la última semana, bajamos al 47,7% de los españoles. Y lo peor: han bajado los que leen diariamente o casi todos los días: si en 2012 eran el 31,2%, ahora son el 29,9%. Y aunque globalmente hay más lectores, se compran menos libros (de 10,9 a 9,4 de media). Y ha caído también el préstamo de libros en las bibliotecas, que sólo pisan el 25,6% de españoles. Otra vez, los más lectores son los jóvenes menores de 25 años y las mujeres. Y algo muy llamativo: cuando se pregunta por qué no leen, los españoles contestan que por falta de tiempo (47,7%) y porque “no le gusta/no le interesa leer” (35,1%) o prefiere hacer otras cosas (18,7%). Sólo un 0,7% de los encuestados dice que no lee “porque los libros son caros”.

Los españoles no van a museos, a bibliotecas, a conciertos, al teatro o al cine, pero pasan muchas horas diarias enganchados al móvil y a Internet. Y ahí, acceden a otro tipo de “cultura online”, aunque la mayor parte del tiempo están subiendo fotos (71,6%), viendo aplicaciones (67,23%), leyendo prensa digital (66,2%) más que viendo contenidos audiovisuales(películas, series, vídeos y música, el 59,5%), libros electrónicos (23,5% internautas), videojuegos (23,3%), cursos de formación (20,3%) o generando contenidos (19,8%), según la última encuesta 2017 del Observatorio de las telecomunicaciones y la Sociedad de la Información (ONTSI). Eso sí, la mayoría de estos contenidos no los pagan: el 80% de las películas que ven, el 89% de la música, el 89,4 % de los libros electrónicos, el 91% de los videojuegos y el 92,4% de la formación. Cada día hay más piratería.

Y además de al móvil y a Internet, los españoles están enganchados a la televisión: 240 minutos de media (4 horas diarias), según  el balance 2017 de Barlovento TV, lo que nos convierte en el segundo país europeo que más ve la tele, tras Italia (4 horas y 45 minutos), según el informe IHD Markit 2016. Es la tercera actividad a la que dedicamos más tiempo al año (2 meses), sólo por detrás de dormir y trabajar o estudiar. Y lo más llamativo es que el 73,4% de españoles mayores de 4 años ve la TV cada día: eso son 32,7 millones de españoles de audiencia media diaria.

La mezcla de menos consumo cultural y más piratería ha hundido a las empresas culturales, una industria que facturó 27.030 millones en 2015 (el 2,5% del PIB), 4.223 millones menos que en 2008, según las cuentas de Cultura. Por el camino han aumentado las empresas (hay 114.099, 2.500 más que en 2008) pero se han perdido 46.500 empleos (había 544.700 empleos en la industria cultural española en 2016, un 3% del empleo total).

Las Administraciones públicas no han ayudado a la cultura en estos años de crisis, sino que han hecho recortes muy drásticos que han agravado la situación. Así, si en 2008, el gasto público en Cultura era de 7.111 millones de euros, cayó a 5.779,2 millones en 2011 y a 4.770,6 millones en 2015, último año con datos oficiales. Eso supone una caída del gasto público en Cultura del -33%, la mayor  por detrás de Grecia (-40%) en Europa, donde el gasto cultural cayó de media un 2% durante la crisis, aunque subió en Francia y Alemania. Con los últimos datos disponibles (2014), España es uno de los países con menos gasto público en cultura: 91,74 euros por habitante frente a 113,54 euros en la UE-28 o los 123,74 euros en la zona euro. Y muy alejados del gasto público en Cultura de la Europa del norte (256 euros/habitante en Dinamarca, 200 euros en Suecia o 162 euros en Finlandia). Y en 2015, este gasto público cultural suponía el 0,4% del PIB en España, más que Reino Unido (0,3%), igual que en Alemania o Italia y menos que en Francia (0,7%) o Suecia (0,5% del PIB).

El menor recorte en Cultura lo han hecho los Ayuntamientos, aunque al ingresar menos por el “ladrillo” también gastan ahora menos en actos culturales: de gastar 3.907 millones en 2008 han pasado a gastar 2.654 millones en 2015 (-32%), según los datos del Ministerio de Cultura. Pero esta cifra es engañosa: la mayor partida de “gasto cultural” de los Ayuntamientos (611,5 millones en 2015) es para “fiestas populares y festejos”. O sea que destinan a encierros y verbenas más del doble de lo que gastan en bibliotecas (307,3 millones) y museos (372 millones)… El mayor recorte en Cultura (-49%) lo han hecho las autonomías (de 2.129 millones en 2008 a 1.080,93 en 2015), donde las que más gastan son Navarra (51,5 euros por habitante), País Vasco (49,6) y Extremadura (43 euros) y las que menos Canarias (7,3 euros por habitante), Aragón (12,5) y Madrid (12,8). Y el Estado central ha pasado de gastar 1.075 millones (2008) en Cultura a 672 millones en 2015 (-37,4%).

Bueno, el panorama parece claro: somos un país poco interesado en la Cultura y las autoridades ayudan cada año menos. Algunos piden bajar el IVA y el coste de la cultura, pero no parece que esté ahí el problema. Cuando se pregunta a los españoles, en la Encuesta de hábitos culturales 2016, por qué no van al teatro, a los conciertos, a las bibliotecas, a los museos o al cine, la respuesta mayoritaria es que “no tienen interés”. Y la segunda, la falta de tiempo. Sólo en el cine, la respuesta más utilizada (28,9% de los encuestados) es “porque es muy caro”. Son unas respuestas muy evidentes.

Ahondando en esta razón primordial, la “falta de interés”, un reciente estudio del Observatorio de la Caixa revela que la clave para el consumo cultural no es el precio sino la educación. Profundizando en los datos del INE, el estudio revela que, para cualquier nivel de renta, son los individuos con más nivel de estudios los que asisten con más frecuencia a actividades culturales. Así, en los museos o bibliotecas, los que tienen sólo formación primaria acuden un 13,2%, los que tienen secundaria un 31,9% y los universitarios un 59,7%. Lo mismo en la asistencia a espectáculos, desde conciertos al teatro: 12,18%, 31,18% y 55,76% entre los universitarios. E incluso entre los que van al cine: acuden un 12,5% de los que tienen sólo educación primaria y el 68,41% de universitarios. En definitiva, señala el estudio, la renta cuenta para consumir más o menos cultura, pero cuenta mucho más el nivel educativo que tengan las personas. Es el factor más relevante para gastar en Cultura.

Estas conclusiones son decisivas para plantearse cómo aumentar la Cultura de los españoles: la clave es mejorar su formación. Promover el interés por la cultura desde la infancia, en el Colegio, el Instituto y la Universidad, con ayuda de las familias y educadores. Hacen falta planes para fomentar la lectura, el teatro, la música, la danza y el cine en la enseñanza, con ayuda de los medios públicos de comunicación (no hay programas de teatro ni de libros en TVE ni en las cadenas públicas autonómicas). Y en paralelo, aumentar los recursos públicos para fomentar la Cultura, sobre todo en los barrios y pueblos, trasvasando el dinero de festejos populares a "cultura de verdad" (algo a lo que no se atreven los alcaldes).

Otra vía de promoción de la Cultura es recabar apoyo de las empresas, con una Ley de Mecenazgo (prometida para 2013 y que ahora el Gobierno anuncia para antes de 2020) que facilite fiscalmente las inversiones culturales de empresas y particulares (como hace muy bien Francia). Y luchar más eficazmente contra la piratería (que afecta al 87% de los contenidos), mientras se aprueba un Estatuto del artista y creador, para estabilizar su trabajo (el 30% no tienen un sueldo fijo y sus ingresos son muy precarios). Y una mayor coordinación cultural entre el Estado, las autonomías y ayuntamientos, porque cada uno “va a su aire”.

También se puede pensar en bajar el IVA a la Cultura (que Rajoy subió en 2012 del 8% al 21%), porque es más alto en España que en la mayoría de Europa (5,5% en Francia, 7% en Alemania, 9% en Irlanda, Grecia y Finlandia, 12% en Italia, 13% en Portugal o 20% en Reino Unido). Pero ojo: recordemos que el precio no es la razón de que haya poco consumo cultural (salvo en el cine) y que bajar el IVA a todos beneficia más a los que más ganan, que son los que suelen tener más formación y más cultura consumen. Quizás sería mejor dedicar lo que íbamos a gastar en bajar el IVA cultural a fomentar la cultura en la educación. Y sobre todo, a fomentar la cultura online, con mejores contenidos, entre las generaciones jóvenes

Algo habrá que hacer, porque la caída del gasto en Cultura es un mal indicativo para todo y también para la economía: un país culto es un país más eficiente y con mejor nivel de vida. Debería intentarse un gran Pacto por la Cultura, entre el Estado, autonomías, Ayuntamientos, empresas, centros de enseñanza, telecos y empresas de Internet, políticos y familias, con más recursos públicos y con un Plan de acción a medio plazo. La Cultura es clave para mejorar nuestra vida.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Curso escolar 2016-2017: muchas incertidumbres


Esta semana acaban de volver al colegio o al instituto más de 8 millones de niños y adolescentes, que cursan Primaria, ESO, Bachillerato o FP. Y comienzan un nuevo curso lleno de incertidumbres. La principal, como hace un año, si se va a aplicar la LOMCE y si habrá reválidas en junio próximo para 700.000 estudiantes de 4º de la ESO y 2º de Bachillerato. Pero además, los centros no saben su presupuesto, porque las autonomías no van a recibir más dinero del Estado, al prorrogarse para 2017 los Presupuestos de este año, por falta de Gobierno. Y mientras, los padres tendrán que hacer frente a nuevos gastos, desde los libros al comedor o transporte escolar, sin que haya más becas ni ayudas. Entre tanto, es un clamor la petición de un Pacto educativo, que asegure recursos y estabilidad a la enseñanza, para reducir el abandono escolar (España es líder en Europa) y mejorar la formación para que los jóvenes encuentren trabajo. Urge un Pacto educativo este curso.
 
enrique ortega

Otro curso más, aumentan los  niños y jóvenes que inician el curso escolar: serán unos 8.150.000 alumnos de enseñanzas no universitarias, 39.000 más que el curso pasado. Bajarán algo los inscritos en educación infantil, 1.800.000 (por la menor natalidad y los altos precios) y subirán ligeramente los alumnos de primaria (2.925.000), ESO (1.870.000) y Bachillerato (700.000), aunque el mayor aumento se dará, otro año más, en Formación Profesional (790.000 alumnos), por la mejora de los cursos y las mayores salidas profesionales. Se espera una ligera caída de la enseñanza pública, que acoge al 68% de los alumnos, mientras sube ligeramente la concertada (24%) y se estabiliza la enseñanza privada (8%). Eso sí, las diferencias son grandes por autonomías: hay regiones con una mayor penetración de la enseñanza pública, como Castilla la Mancha (82,1%), Extremadura (80%), Canarias (78,5%) o Andalucía (75%) y otras donde la pública casi iguala a la enseñanza concertada y privada, como el País Vasco (sólo 51,1% de alumnos en la pública) y Madrid (54,9%).

Un curso con más alumnos y también con más profesores, porque muchas autonomías (controladas en su mayoría por la izquierda) han aprobado oposiciones para cubrir plazas de profesores, tras haber desaparecido 33.684 docentes (el 8,1%) entre 2012 y 2015 por los recortes y no cubrir jubilaciones, según datos de CCOO. El problema es que las autonomías, que financian el 84% del gasto español en educación, van a tener problemas financieros este curso, no sólo porque les está cayendo la recaudación (como a Hacienda), sino porque van a tener menos ingresos de los previstos, al no poderse aprobar un nuevo Presupuesto para 2017 y prorrogarse el actual, por falta de Gobierno. De hecho, el Gobierno en funciones ya les ha dicho que, al no haber nuevo Presupuesto, tendrán que rebajar su déficit en 2017 al 0,3% y no al 0,7% prometido en abril, lo que les obligará a gastar 4.000 millones menos. En todo, pero sobre todo en educación, sanidad e inversiones, los principales gastos. Y por si fuera poco, el Gobierno en funciones advierte que sin Presupuestos, no se podrán subir las becas este curso 2016-2017...

Y todo eso será un problema extra para una educación que lleva con recortes desde 2010. Según los datos oficiales de Educación, el Presupuesto educativo ha pasado de un máximo de 53.895 millones en 2009 (el 4,99% del PIB) a 46.469 millones en 2015, el 4,23% del PIB. Eso supone un recorte de gasto de 7.426 millones de euros en 6 años. Y este año 2016, aunque el Presupuesto ha aumentado en 208 millones, han sido básicamente para la aplicación de la LOMCE, para financiar los nuevos ciclos de la FP básica y la elección de los nuevos itinerarios en 3º y 4º de la ESO. Con lo que, en realidad, para las partidas ordinarias de la enseñanza, ha habido este curso menos Presupuesto que el pasado. Como ya pasó en 2014-2015 y como volverá a suceder este nuevo curso, al prorrogarse el actual Presupuesto. Con ello, las autonomías y los centros tendrán que hacer malabarismos para aumentar profesores, mejorar su oferta y ofrecer más servicios. Un dato esclarecedor: en Cataluña habrá este nuevo curso 1.010 colegios en barracones, 14 más que el curso pasado…

Además de la penuria económica, a las autonomías, los centros, sus profesores y alumnos les preocupa  lo que va a pasar con la LOMCE, la Ley educativa aprobada en 2013 por el PP (en solitario) y que todos los demás grupos han prometido derogar si gobiernan. De momento, el gobierno en funciones del PP la sigue aplicando y el pasado 29 de julio, el Consejo de Ministros aprobó un real decreto para obligar a las autonomías a establecer, antes de finales de noviembre, las condiciones de las reválidas que han de hacer obligatoriamente (en junio próximo) los 700.000 alumnos de 4º de la ESO y 2º de Bachillerato. De entrada, 13 autonomías están en contra de hacer estas reválidas (12 no gobernadas por el PP más Castilla y León), que han sido también criticadas por el Consejo escolar del Estado, los profesores (el 80,7% las rechaza, según una encuesta hecha por la Universidad Autónoma de Madrid), los sindicatos (amenazan con movilizaciones este otoño) y varias asociaciones de padres. Todos creen que estas pruebas excluyen a los alumnos con problemas y no mejoran la enseñanza.

Pero el Gobierno en funciones insiste en obligar a las autonomías a que fijen ya las condiciones de estas reválidas, ya que serán ellas las que establezcan las preguntas y el calendario, lo que supondrá una disparidad en las pruebas entre regiones. La reválida de 4º de la ESO, que sólo se hace en 5 países europeos (Italia, Reino Unido, Portugal, Estonia y Malta), sería esta primera vez una prueba piloto, pero en el futuro, si se mantiene, sería un filtro obligado para pasar al Bachillerato (contaría un 30% en la nota final y el otro 70% la nota media de toda la ESO). La reválida de 2º de Bachillerato, que se hace también en 23 países europeos, será esta primera vez una prueba, sin contar como nota, pero será obligatoria para acceder a la Universidad, ya que sustituye al anterior examen de Selectividad. Y lo peor es que cada Universidad diseñará su prueba, con lo que puede haber desigualdad entre los alumnos según donde la hagan.

Esta “guerra” de las futuras reválidas inquieta a los centros, profesores, alumnos y familias, mientras el ministro de Educación en funciones insiste que la LOMCE es una Ley orgánica y “hay que cumplirla. Y amenaza incluso con tomar medidas contra las autonomías que no lo apliquen, como ya hicieron el curso pasado con la prueba al final de 6º de Primaria: 7 de cada 10 estudiantes no hicieron este examen, incluido en la LOMCE, y 7 autonomías acabaron denunciadas ante la alta inspección educativa (Cataluña, Andalucía, Aragón, Cantabria, Comunidad Valenciana, Extremadura y Baleares), con expedientes aún no resueltos. Ahora, todo va a depender de los pactos políticos y del futuro Gobierno. De que se confirme la LOMCE o de que se pacte una nueva Ley orgánica antes de junio próximo.

Otra novedad de este curso, impuesta por la LOMCE, es que se refuerzan Lengua, Matemáticas y Ciencias, mientras se dejan de lado las enseñanzas artísticas (música, dibujo y artes plásticas) y la filosofía. Por ejemplo, este nuevo curso deja de ser obligatoria en 2º de Bachillerato la Filosofía (sigue en 1º), lo que ha provocado una movilización de intelectuales y docentes que ha llevado a que 10 autonomías la sigan manteniendo como obligatoria en todas o en algunas especialidades, mientras no será obligatoria en otras 7 autonomías que no han “apostado” por la Filosofía (Galicia, Madrid, Castilla y León, País Vasco, Navarra, Canarias y la Comunidad Valenciana. Otra muestra de disparidad educativa entre autonomías.

Además de las materias a enseñar y la escasez de Presupuestos, los centros se enfrentan a buscar fórmulas para mejorar la calidad de la enseñanza, tras los recortes que han llevado a aumentar los alumnos por clase, reducir las clases de refuerzo y los desdobles y reducir la atención a la educación especial. Y hay que plantearse mejorar las plantillas de docentes (675.000), no sólo para recuperar los 33.684 perdidos sino para mejorar su situación laboral, lo que se traduciría en una mayor eficacia docente. De hecho, hay una gran precariedad laboral, con muchos interinos sin plaza (10.000 más que en 2009), con una plantilla de profesores muy envejecida y mal pagada: los recortes en los salarios brutos han sido, entre 2010 y 2016, de entre el 44% (maestros) y el 57% (profesores de secundaria y catedráticos), según un estudio de FETE-UGT. Y se mantienen grandes diferencias por regiones: el salario bruto de un maestro de primaria es mucho menor en Galicia (1.971 euros) que en el País Vasco (2.335 euros) y lo mismo en secundaria (2.231 euros en Galicia frente a 2.934 en Ceuta o Melilla).

Y mientras, los alumnos y sus familias ven cada año cómo les sube la factura del colegio o instituto, mientras han bajado las becas (hay 200 millones y 40.000 beneficiarios menos que en 2011) y las ayudas, para libros, comedor o transporte (de 126 a 46 millones de euros). Y lo peor es que becas y ayudas son cada vez más desiguales entre autonomías (ver listado). Para este curso, vuelven a subir los libros de texto (un 1,1%), el gasto de comedor y el transporte, así como las matrículas, uniformes y otros gastos. Actualmente, tener un hijo en edad escolar supone un gasto en septiembre de unos 600 euros, entre libros (de 200 a 400 euros), uniformes (200-300 euros), comedor (110 euros),  transporte (80-100 euros) y gastos de matrícula o abono mensual, que aunque se dice “voluntario” es realmente obligatorio en los centros concertados. Y luego, ese gasto se mantiene, con extraescolares, seguros, APAS y otros extras, en unos 250 euros mensuales por niño. No es extraño que el gasto educativo haya sido el único, junto al sanitario, que ha aumentado en las familias con la crisis, un 36,7% entre 2010 y 2016, según la Encuesta de Presupuestos familiares del INE.

Una educación polémica, desigual, sin medios, cara para las familias y que encima lleva al abandono escolar de uno de cada cinco alumnos: España es líder en Europa, con un 20% de jóvenes que dejan sus estudios, el doble que en la UE (11% de abandono escolar). Urge pues, otro curso más, afrontar este grave problema y mejorar un sistema educativo que además no prepara a los jóvenes para el trabajo, ya que casi la mitad (46,5%) está en paro. Por eso, desde la comunidad educativa se pide un Pacto educativo, un acuerdo que establezca unas normas para varias décadas, al margen de quien gobierne, y terminar con los vaivenes legislativos que nos han traído las 7 leyes educativas de la democracia. Todo el mundo habla de la necesidad del Pacto, pero los políticos son incapaces de firmarlo, por lo que muchos plantean que se geste primero entre la comunidad educativa, expertos y familias.

La base de cualquier Pacto educativo debería ser asegurar una financiación suficiente para la educación, al margen de Gobiernos y coyunturas. España gasta hoy un 4,2% de su riqueza (PIB) en educación, por debajo de la media europea, que es del 5 al 6% del PIB. Eso obligaría a gastar más, a recuperar primero los 7.500 millones perdidos desde  2009 y luego aumentar unos 10.000 millones más de gasto cada año. Y crear un fondo interno de homogeneización, para que no haya autonomías que gasten más y otras menos en educación. Después, hay que fortalecer las plantillas y los centros, con más recursos para educación infantil y la Formación Profesional, por la que hay que apostar decididamente, para ponernos a nivel europeo. Y en paralelo, revisar contenidos y formas de estudio, buscando una educación más práctica, más ligada a lo que demanda el futuro y las empresas, sin olvidar la importancia formativa de las enseñanzas artísticas y sociales. Y todo ello, con una mayor participación de centros, profesores, expertos y familias y una menor politización de la educación.

España tiene el doble de paro que Europa porque tenemos una estructura económica y empresarial menos competitiva pero también porque tenemos una peor educación, según los últimos datos de la OCDE (“Panorama de la educación 2014”): un 45% de los españoles adultos (25-64 años) tienen un nivel educativo bajo (sólo con la ESO acabada o ni siquiera), frente al 21% en Europa (UE-21) o el 24% de la OCDE (34 paises más desarrollados), y muy lejos de Suecia (12% de adultos poco formados), Alemania (14%), Finlandia (15%), Reino Unido (22%), Irlanda (25%) o Francia (27%). En el medio, también tenemos menos adultos con formación media (bachillerato y FP Básica): un 22% en España frente al 48% en Europa y el 44% en la OCDE. Y sin embargo, por arriba, estamos en cabeza de universitarios: un 32% en España frente al 29% en la UE y el 33% en la OCDE. Así nos va. Esto es algo que hay que arreglar a medio plazo, pero hay que empezar ya, con otra enseñanza. A ver si este es el último curso antes de un cambio educativo a fondo. Es uno de los grandes retos del país.