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lunes, 23 de diciembre de 2019

La Navidad 2019 sostiene el consumo


No sabemos si en 2020 volverá a haber crisis, pero por si acaso, esta Navidad los españoles vamos a gastar más que la anterior: una media de 554 euros extras por familia, el 2º mayor gasto navideño en Europa. Gastaremos más en regalos, comida y ocio, aunque menos en viajes, a pesar de ser más pesimistas que los demás europeos: un 52,5% de españoles piensan que la economía está peor que hace 6 meses y el 46,5% cree que estará peor el verano que viene, según el último Barómetro del CIS. Pero de momento, estas Navidades, a gastar se ha dicho. Claro que no todos: 1 de cada 4 españoles lo está pasando mal, hay 1,8 millones en situación de pobreza extrema y 40.000 personas sin hogar, viviendo en la calle. Por eso, las ONGs ayudan estas Navidades a más de 3 millones de españoles. No les olvidemos y seamos solidarios. Gastemos con moderación y de forma sostenible, para no cargarnos más el Planeta.
 ¡Feliz Navidad¡

enrique ortega

La Navidad es siempre la gran fiesta del consumo. Pero este año 2019, los españoles vamos a gastar un 2,4% más que las Navidades 2018, cuando se redujo el gasto un 5%, por primera vez desde el inicio de la recuperación en 2014. España es el país europeo que celebra la Navidad durante más tiempo (15 días largos) y el 2º país que más gasta: 554 euros extras por familia, sólo por detrás de Reino Unido (639 euros) y por delante de  Italia (545 euros), Alemania (487 euros), Portugal (387 euros), Polonia (352 euros) o Rusia (367 euros), según una encuesta realizada en 10 paises europeos por la consultora Deloitte. La encuesta revela que no toda España gastará más esta Navidad: gastarán menos que la Navidad 2018 en Cataluña, la Rioja, Castilla la Mancha, Extremadura, Baleares y Canarias. Y gastarán más, el Centro, Norte y Levante, sobre todo Madrid, Galicia y Navarra.


El gasto navideño se reparte principalmente entre los regalos (238 euros frente a 193 de media en Europa), la comida (173 euros extras por familia, frente a 131 en Europa), el ocio (79 euros frente a 51) y los viajes (64 euros frente a 86 en Europa), el único gasto navideño que baja este año, según el estudio de Deloitte. Los mayores de 40 años son los que gastan más en regalos y los hogares jóvenes los que más gastan en comida y tecnología. Los regalos que más se compran son ropa y calzado, libros, perfumes, chocolates y videojuegos, aunque lo que más aumenta es regalar dinero. Y se espera vender un 4% más de juguetes este año, una media de 190 euros por niño. Un tercio de las compras navideñas ya se han anticipado este año en el Black Friday. Y un 28% se hacen por Internet, mientras el lugar preferido de compras físicas son los grandes almacenes (54%). Y dos tercios de las compras navideñas se hacen con tarjeta, el 20% en efectivo y el 8% restante con tarjetas regalo, financiación (préstamos o tarjetas revolving) o transferencias, según American Express.


El estudio de Deloitte refleja que los españoles gastaremos más esta Navidad que la mayoría de europeos a pesar de que somos más pesimistas sobre la situación económica y el futuro. Así, sólo un 60,3% de encuestados españoles ven la situación económica estable o creciendo (eran el 73,7% en las Navidades 2018), frente a un 63,8% de europeos. Y menos de la mitad de españoles (48,4) creen que la economía se mantendrá estable o creciendo en 2020, frente a un 53% de europeos. Al preguntarles por qué gastan en Navidad, los españoles explican su mayor consumo a pesar del pesimismo: por disfrutar y evitar pensar en los problemas, por las promociones, por que las compras online les permiten gastar más y, algunos, porque este año tienen más ingresos. De hecho, el 71% de los españoles encuestados tienen esta Navidad la misma renta o más que el año pasado. Y eso porque han subido más en 2019 los sueldos, las pensiones, el salario mínimo y el de los funcionarios. Y se han creado 346.300 nuevos empleos, aunque la mayoría sean precarios y estén mal pagados.


En cualquier caso, parece que los españoles no renunciamos a gastar más en Navidad, aunque notemos que la recuperación se ha enfriado en los últimos meses y temamos que 2020 puede ser peor. El último Barómetro del CIS, de noviembre 2019, es muy explícito: el índice de confianza del consumidor era de 77,4 puntos, lo que suponía una caída de 24,9 puntos sobre junio 2019 (índice 102,3). Y por si no fuera claro, el 52,5% de los españoles encuestados en noviembre creían que la situación económica era “peor” que 6 meses antes, el 34,5% “igual” y sólo un 7,8% “mejor”. Además, al preguntarles cómo veían la economía dentro de 6 meses, para el verano de 2020, el 46,5% de los encuestados la ven “peor”, un 20,5% igual y sólo el 21,6% peor. Y a pesar de este pesimismo, los españoles inundamos las tiendas, centros comerciales y carreteras, lanzados a una vorágine de compras, más incluso que la Navidad pasada. Que nos quiten lo bailao


Pero que no nos engañe el bullicio y la publicidad. No todo el mundo se lanza a gastar estas Navidades: 1 de cada 4 españoles lo está pasando mal, esos 12.188.288 españoles que están en situación de pobreza y exclusión social, según la última estadística europea (AROPE 2018). Son españoles que ingresan menos del 60% del ingreso medio (ganan menos de 739 euros los solteros y menos de 1.552 euros las familias), 10 de esos 12 millones, o que sufren graves carencias o están subempleados, los 2 millones restantes. Demasiadas familias agobiadas por sus bajos ingresos, la precariedad de su trabajo o el paro del que no salen. Y entre ellas, destacan los 1.800.000 españoles que malviven en la pobreza más extrema, según Cáritas. Y muy especialmente, las 40.000 personas que viven sin techo, en la calle. Para todos ellos, también es Navidad, aunque apenas puedan gastar.


De hecho, Caritas ya ha advertido que este año han aumentado las peticiones de ayuda, sobre todo de españoles, jóvenes y mujeres solas con niños. Y recuerdan que 1 de cada 4 familias que les pide ayuda ahora tienen trabajo, no son los “pobres clásicos”. Con todo, las ONGs estiman que atenderán estas Navidades a más de 3 millones de personas, con comida, ropa y ayuda diversa (sobre todo, para pagar la luz y el alquiler). Muchos son nuestros vecinos, que necesitan ayuda aunque no lo creamos. Así que esta Navidad, además de gastar, seamos solidarios y ayudemos a los que podamos


Además, esta Navidad debemos pensar más que nunca en el medio ambiente. Estas fiestas son un verdadero “atentado a nuestro Planeta”: se dispara el consumismo, las compras innecesarias, el gasto en comida (un tercio se tira o desperdicia, porque compramos de más), el consumo de energía, en las casas y en las ciudades (ahí tienen el bochorno de Vigo y Madrid compitiendo por bombillas mientras tienen las urgencias médicas colapsadas…), los trayectos en coche y los residuos y basuras. Deberíamos intentar celebrar una Navidad más sostenible, como recomiendan desde Ecologistas en Acción, para no agravar más el Cambio Climático, ya bastante grave y sin freno desde muchos Gobiernos.


Bueno, no quiero ser “agorero” y estropearles la Navidad recordándoles que hay familias que lo pasan mal y que el Planeta nos pide ser más cuidadosos. Pero nadie ha dicho que la Navidad sea gastar por gastar y contaminar a tope. Al margen de las creencias de cada uno, la Navidad ha sido siempre una época de relacionarse con los demás, de estar más con la familia y los amigos, de solidaridad con los que menos tienen. Y eso cuesta poco, no exige gastar por gastar ni endeudarse para asustarnos en enero. Piénsenlo. Y vivan esta  Navidad de otra manera que la que nos venden los anuncios. Disfrutarán más.
¡ Feliz Navidad ¡ 

lunes, 25 de diciembre de 2017

Navidad 2017: más consumo y más pobreza


La Navidad  es la gran fiesta del consumo, más que una festividad religiosa. Este año, ha vuelto la fiebre de las compras, empujada por las promociones (boom de ventas anticipadas con el Black Friday y el Ciber Monday), las tarjetas que echan humo y medio millón de nuevos empleos (precarios). Pero junto a este consumismo de muchos, hay otra Navidad, la de los millones de españoles en paro o con sueldos bajísimos, que no están para gastar mucho: son 13 millones de españoles en riesgo de pobreza y exclusión social, según las estadísticas europeas, 1.242.000 más que antes de la crisis. Y la Comisión Europea acaba de poner a España “bajo vigilancia por la persistencia de la pobreza. Y “en situación crítica” por la creciente desigualdad. Ni con esas aprueba el Gobierno un Plan contra la pobreza, mientras Caritas y Cruz Roja reiteran que se agrava entre los que la sufren. Vale, estamos en Navidad, seamos felices, pero no olvidemos que hay dos Españas y dos Navidades.


enrique ortega

España es el país europeo que celebra la Navidad durante más tiempo (15 días) y con más gasto: 633 euros de media por familia, un tercio más de gasto que la media europea (445 euros), según una encuesta realizada por la consultora Deloitte en 10 países europeos. Sólo se nos acercan los británicos (614 euros de gasto navideño) y ya lejos están Italia (529 euros) y Alemania, quedando a la cola Polonia (257 euros), Holanda (295 euros) y Rusia (339 euros). Otro estudio, de American Express, eleva el gasto medio en Navidad a 907 euros por hogar, que también puede parecer bajo, pero pensemos que son medias: unos gastarán 3.000 euros y otros 600 y la media de gasto saldría 1.800 euros.

Lo que sí es similar es en qué se gasta en Navidad, en España y en Europa: la mayor parte en regalos (35-40%), seguidos de gasto en comidas (26-30%), viajes (11-16%) y ocio (12%). Y lo que más se compra por Navidad, además de comida y bebida, es tecnología (móviles, ordenadores y gadgets), videojuegos, música, ropa y calzado, perfumes y cosmética. Esta Navidad, la gran novedad es que un tercio de las ventas se han hecho en noviembre, empujadas por los descuentos del Black Friday y el Ciber Monday, lo que ha disparado las compras por Internet, que serán ya una cuarta parte de las compras navideñas. La otra novedad es el auge de las compras con tarjeta (más de 2.000 millones al mes desde febrero) y el tirón de los créditos personales, que son “la gasolina del consumo”: de marzo a octubre se han pedido más de 12.000 millones al mes en créditos al consumo, un 12,5% más que el año pasado, aunque los clientes estén pagando por ellos un elevado interés, del 8,84% TAE (frente al 6,15% que pagan en la zona euro).

Los descuentos, las ventas online, las tarjetas y créditos están siendo, junto a que hay medio millón más de españoles con trabajo (precario y mal pagado), los motores de una Navidad con más gasto, un 3,5% más según Deloitte. Pero ese mayor gasto navideño no incluye a los españoles que siguen pasándolo mal, porque están parados o tienen sueldos bajos, y que no están para gastar, tampoco en Navidad. Y es que hay 12.989.405 españoles en riesgo de pobreza o exclusión social, según la última estadística europea de Eurostat (2016), 1.242.000 más de los que tenían una situación precaria en 2008, según la Agencia Europea contra la pobreza (EARP). Con ello, España se coloca como el 7º país europeo con más pobreza (tasa AROPE) en 2016, con un 27,9% de la población en situación vulnerable, por encima de la UE-28 (23,5%) y sólo por detrás de Bulgaria (40%), Rumanía (38,8%), Grecia (35,6%), Lituania (30,1%), Italia (30%) y Letonia (28,5%), según Eurostat.     

Estos “pobres españoles” lo son porque cumplen uno de estos tres requisitos, según la EARP: o tienen bajos ingresos o sufren carencia material severa (retraso en los pagos de vivienda y otros recibos, no tener vacaciones ni TV ni teléfono) o una baja ocupación (trabajar menos de 2 horas diarias). El grueso de la pobreza está en los españoles con bajos ingresos, que ganan menos del 60% de la media del país: menos de 684 euros al mes si viven solos o  de 1.700 euros en una familia con 3 hijos. Pues bien, con ese perfil hay 10.382.000 españoles, el 22,3% de la población, el mayor porcentaje de pobreza en nuestra historia reciente, según el INE. Más que en 2008 (19,6% de pobreza) y más que en 2012 (20,4%), a pesar de la cacareada recuperación. Y lo peor es que más de la cuarta parte de los españoles pobres, 2,9 millones,  tienen un nivel de pobreza severa: ingresan menos del 30% de la renta media del país, menos de 342 euros al mes (solteros) o de 850 euros (familias con dos hijos).

Esta pobreza, que recordemos alcanza al 27,9% de los españoles, se debe principalmente a dos causas. Una, que sigue habiendo muchos parados (3.731.700 parados EPA en septiembre) y más de la mitad no cobran (el 52%). Y la otra, la precariedad laboral conduce a que los sueldos sean muy bajos (un 30% de los trabajadores son mileuristas), con lo que hay muchos españoles que tienen trabajo pero son pobres, concretamente 2 millones de asalariados pobres, el 13,1% de los ocupados, lo que nos convierte en el tercer país europeo con más porcentaje de trabajadores pobres, tras Rumanía (18,9%) y Grecia (14,1%), muy alejados del 9,5% de media en la UE-28.

Lo peor no es sólo que España tenga un nivel de pobreza escandaloso. Es que muchos pobres viven peor cada año que pasa, porque se les acaba el colchón del ahorro o las ayudas de la familia y amigos. Es lo que revela el último estudio de Cruz Roja española, que ha hecho un muestreo entre el millón y medio de personas necesitadas que atiende al año. La muestra indica que aumentan los atendidos sin ningún ingreso (23%), los parados (73%),los que trabajan en la economía sumergida (12% de los atendidos) y las familias con todos sus miembros en paro (el 38,5%). Y han aumentado los que no pueden tener su vivienda caliente (39,2% de los atendidos) y los que tienen problemas para pagar su vivienda (26,2%). Al final, Cruz Roja señala que han crecido los pobres entre las personas que atienden (son ya el 82,7%, un 3% más que en 2016) y sobre todo las familias con pobreza infantil (la 3ª mayor de Europa, alcanza al 94,6% de los atendidos). Caritas, que atiende a 4 millones de personas necesitadas, reitera que la pobreza en España se está haciendo crónica.

Ante este panorama, no debe extrañarnos que cada año haya 8 millones de españoles que acuden a los servicios sociales públicos, gestionados por los Ayuntamientos, que están superados por la creciente demanda de ayudas (comida, medicamentos, pago alquileres y recibos, empleos o un techo: hay 40.000 españoles viviendo en la calle, según Caritas) y los pasados recortes, que les han dejado sin medios y personal. Además, estos servicios sociales son muy desiguales por autonomías, que son las que tienen ahora esta competencia y los financian. Y son desiguales porque unas gastan mucho menos que otras. Así, mientras el País Vasco o Navarra gastan 600 euros por habitante en servicios sociales y Extremadura, Rioja y Cantabria algo más de 400 euros (la media española está en 339,69 euros), hay otras autonomías que gastan mucho menos en servicios sociales, como la Comunidad Valenciana (251,16 euros), Murcia (262,39) y Galicia (274,91), según un reciente estudio de los Directores y Gerentes de Servicios Sociales.

Así que también para ser pobre o necesitar ayuda social es importante dónde uno viva. Este estudio da un suspenso (4,35 puntos) a los servicios sociales de las autonomías y sólo aprueba la atención social de 6 regiones: País Vasco (8,05 puntos), Navarra (6,95), Castilla y León (6,70), la Rioja (5,70), Asturias (5,40) y Cantabria (5,15). Y entre las 11 autonomías a las que suspende por sus servicios sociales, hay 4 regiones cuyos servicios sociales califican de “irrelevantes”: Comunidad Valenciana (1,05 puntos sobre 10), Murcia (2,35 puntos), Canarias (2,40) y Galicia (2,60 puntos). En estas regiones, mejor no ser pobre o necesitar ayuda.

Y claro, con unos servicios sociales públicos tan precarios, los millones de españoles con problemas para sobrevivir (hay 10.314.000 españoles en una situación vulnerable, porque son inactivos o están en paro o subempleados, según un informe de Fedea) tienen que echar mano de las ONGs (superadas y con pocos recursos) y de la familia o los amigos. Y cuanto más tiempo pasa (llevamos ya 9 años de crisis), menos recursos quedan para ayudar. Encima, España está a la cola de Europa en colaboradores y donantes a ONGs.

Pero la responsabilidad básica de luchar contra la pobreza debería ser del Estado, desde el Gobierno central a las autonomías y Ayuntamientos. La Comisión Europea acaba de “sacarles los colores”: en noviembre, dentro de su informe sobre Indicadores sociales 2016, Bruselas puso a Españabajo vigilanciarespecto a la pobreza, junto a tres países más (Bulgaria, Grecia y Lituania) tras varios avisos anteriores sobre la gravedad de la pobreza en España. Y encima, la Comisión Europea nos colocóen situación crítica” por la creciente desigualdad, debido a que España es el cuarto país europeo con más desigualdad (el 20% que más tiene ingresa 6,6 veces más que el 80% que menos tiene), tras Bulgaria, Rumania y Lituania, según Eurostat. Pero el Gobierno Rajoy no hace nada y la “oposicióntampoco se obsesiona por la pobreza.

Urge poner en marcha un Plan contra la pobreza, para ayudar a los que se han quedado “tirados” con la crisis y no se benefician de la recuperación. Este Plan debería actuar en cuatro frentes. Uno, ampliando los subsidios a los parados, porque hay 1.800.000 parados EPA que no cobran nada, además de mejorar su formación y ayudar activamente a su colocación. Todo ello costaría unos 2.000 millones. El segundo frente sería ampliar la renta mínima, que hoy cobran solo 323.406 beneficiarios. Pagar una renta básica  de 548 euros (el 85% del salario mínimo) a las 700.000 familias que no ingresan nada costaría 3.600 millones más de lo que hoy pagan las autonomías con la renta mínima (1.200 millones). En tercer lugar, habría que destinar una ayuda específica a las familias pobres con niños (casi 3 millones), lo que costaría unos 4.000 millones más. Y quedaría destinar nuevos recursos, otros 2.500 millones, a los Ayuntamientos y ONGs para paliar las necesidades más urgentes de esos 8 millones de españoles que acuden a ellos cada año. En total, unos 12.000 millones anuales para paliar la grave pobreza de España.

Parece mucho, pero se debe y se puede gastar. Se debe porque el gasto en protección social es más bajo en España que en el resto de Europa, según Eurostat: 24,7% del PIB frente al 28,6% en la UE-28, 48.000 millones menos de gasto cada año. Y se puede, porque también se han destinado recursos extras al rescate de la banca (42.590 millones) o de las autopistas (5.000 millones), al cierre del almacén de gas Castor (3.000 millones) o a  las eléctricas. Y porque se puede conseguir ese dinero y mucho más  (hasta 50.000 millones) si España reduce el fraude fiscal y consigue que paguen más los que pagan poco (multinacionales, grandes empresas y fortunas). Eso sí: si PP y Ciudadanos bajan impuestos en 2018, como pretenden, será más difícil luchar contra la pobreza en España.

Siento estropearles la comida de Navidad, pero estos días resulta más patente que nunca que hay muchos españoles que lo están pasando mal y se nos olvida. Que hay dos Españas y dos Navidades. Y estos días más que nunca se ve la urgencia de un Plan contra la pobreza. Eso sí, mientras llega o no, aprovechemos cada uno para ayudar a los que tenemos cerca y nos sentiremos mejor estas fiestas. Los pobres son nuestro mayor fracaso como país y ayudarles debe ser nuestro primer deber como personas. No los olvidemos. Y mientras, disfrutemos estos días de lo que tenemos y de nuestra familia y amigos.

 ¡Feliz Navidad¡  

jueves, 24 de diciembre de 2015

Dos Españas, dos Navidades


Basta salir a la calle estos días para ver que esta Navidad está más animada que las anteriores, desde las tiendas y los restaurantes a los supermercados. Y hemos comprado mucho por Internet. La previsión es que sea la mejor Navidad desde el inicio de la crisis, aunque la mejoría de ventas se apoya en ofertas y descuentos, en una economía “low cost”. Pero ojo, que la Navidad no sea un espejismo: seguimos en crisis y el mayor consumo viene sólo de una parte de españoles, los que tienen trabajo (medio millón más), menos retenciones y una extra. Pero hay otra España, los 10,3 millones de personas que son oficialmente “pobres” que no están para consumir, que viven de la ayuda de sus familias y las ONGs y para los que esta Navidad es gris y triste, porque no tienen ayudas ni salidas. Seamos solidarios con ellos, los tenemos muy cerca. Y ¡Feliz Navidad a todos¡ 
 

enrique ortega


Nos bombardean con la “noticia”: esta va a ser “la mejor Navidad de la crisis, con el mayor consumo navideño desde 2008. La patronal de los grandes almacenes espera un aumento de ventas del 5 al 7%, mientras otro estudio de ESADE estima que los españoles gastarán esta Navidad entre un 4 y un 5% más que el año pasado. Y las tiendas online esperan que las ventas por Internet den un salto histórico, con 3.460 millones de ventas online, un 10% más que en 2014. Unos y otros se apoyan en ofertas y descuentos, que empezaron en el Black Friday y que no terminarán hasta las rebajas de enero, después de Reyes. Se trata de una verdadera “fiebre consumista”, apoyada en un amplio abanico de ofertas y “productos gancho”, que configuran una verdadera economía “low cost”, compras a golpe de descuento. Con todo, las ventas están aún un 25% por debajo de las de 2007.

Dos tercios de los españoles tienen la sensación de que estas Navidades pueden gastar más, según una encuesta europea de Deloitte, que revela que las familias españolas van a ser las quintas europeas que más gasten: una media de 684 euros por familia, un 9,8% más que el año pasado. Un gasto que se irá en regalos (269 euros), comida (208 euros), ocio (83) y viajes (124 euros), con la mayoría de las compras en tiendas físicas (62% híper y 31 % grandes almacenes), aunque muchos habrán seleccionado antes en Internet (a través del móvil) lo que van a comprar y dónde, aumentando mucho las compras por la Red (ya un tercio). Eso sí, el gasto navideño varía mucho según el presupuesto familiar: un 38% de las familias gastarán menos de 500 euros extras estas navidades, un 29% entre 500 y 1.000 euros y el resto no sabe cuánto gastará, según un estudio de los consumidores CECU. Eso sí, casi la mitad de ese gasto será en regalos (47%), un 19% en comida y un 13% en juguetes.

Hay varios factores económicos que explican por qué estas Navidades se va a consumir más en España. El primero, porque hay más españoles con trabajo: en noviembre había 447.872 personas más afiliadas a la Seguridad Social que en diciembre de 2014, con lo que puede decirse que hay 500.000 españoles más con trabajo que en las Navidades de 2014. Y aunque muchos sean contratos precarios y mal pagados, temporales y a tiempo parcial (la cuarta parte por menos de una semana), suponen más ingresos para muchas familias. Y si han estado en paro, lo normal es que aprovechen y gasten en lo que no han podido. Además, en octubre se pagó a casi 3 millones de funcionarios un 25% de la extra que les quitaron en la Navidad de 2012 y saben que en 2016 van a cobrar el 50% restante (ya cobraron un primer 25% en enero 2015), con lo que este colectivo también se animará a gastar más. Y lo mismo los pensionistas, que cobraron su habitual extra navideña a principios de diciembre. Además, a todos los trabajadores se les descuentan desde enero menos retenciones en la nómina (30 euros menos de media), al haber bajado el Gobierno el IRPF de 2015, a lo que hay que sumar una rebaja adicional de retenciones desde el pasado 1 de julio (otros 16 euros al mes de media), con lo que son 46 euros más de ingresos estos últimos meses.

Todo ello hace que los 18 millones de españoles con un trabajo (15 millones de asalariados y 3 millones de autónomos) tengan estas Navidades más dinero para gastar, aunque muchos de ellos estén intranquilos porque tienen un trabajo precario y sueldos muy bajos: el sueldo más frecuente entre quienes trabajan en España es de 15.500 brutos al año (menos de 1.000 euros netos al mes en 14 pagas), según el INE. Y más de uno de cada cinco asalariados (el 22,2%) son “trabajadores pobres”, 3.318.655 españoles, según la OIT.

Pero hay otra España que está mucho peor, porque están sin trabajo (4.850.800 parados EPA en el tercer trimestre) o ni siquiera se consideran parados, porque ya ni buscan empleo (mujeres, mayores de 45 años y 1.850.000 jóvenes que ni estudian ni trabajan). En total, hay 10, 8 millones de españoles que son oficialmente pobres, según el INE, porque ingresan menos del 60% de la renta media de los españoles (o sea, menos de 663 euros al mes las personas solas y menos de 1.393 euros al mes las familias con dos hijos). Y esta Navidad hay 837.000 pobres más en España que en las Navidades 2014, según el INE. Con este nivel de ingresos, que en muchos casos es cero (hay 721.900 hogares sin ingresos, según la EPA, y 1.572.900 hogares donde ningún  adulto trabaja), resulta difícil gastar, sea o no Navidad.

El problema de esta otra España, la España que lo está pasando realmente mal (Europa amplía hasta 13,5 millones el número de españoles en situación precaria, según el indicador AROPE de Eurostat) es que la crisis dura ya 7 años y muchos ya no saben qué hacer para sobrevivir. Sólo hay 1.583.498 españoles pobres que reciben ayudas, o bien un subsidio asistencial de 426 euros al mes de la Seguridad Social (lo cobran 1.204.333 parados) o bien una renta mínima de las autonomías, entre 300 y 662 euros al mes, según donde vivan (se benefician 379.165 personas más). Así que quedan 8.739.502 millones de españoles pobres sin ayuda (o 12 millones, según los datos europeos), que tienen que malvivir gracias a las ayudas de sus familias, las ONGs o los servicios sociales municipales (recortados). Y cada Navidad que pasa les resulta más angustioso comer, pagar el alquiler, la luz o el colegio de los niños. Como para comprar regalos, mariscos y salir a cenar fuera por Navidad.

Así que cuando oiga hablar de que estas son “las Navidades de la recuperación, que las tiendas, los restaurantes y las carreteras están llenas, piense que esta es sólo una parte de España, la que ha sobrevivido mejor a esta crisis, pero que hay otra España, con muchos millones de personas, que siguen pasándolo mal y que cada día que pasa sin trabajo y sin ingresos es un día que se agrava su penosa situación. Es algo que debería ser una prioridad para el próximo Gobierno, pero mucho me temo que no tomen medidas efectivas, que no aprueben un Plan contra la pobreza, como tampoco hicieron en la anterior legislatura. Así que no quedará más remedio que seguir con la solidaridad de muchos españoles, con la ayuda de las familias y las ONGs, que atienden ya (sin recursos)  a 3 millones de pobres.

Mire a su alrededor estas Navidades y no piense sólo en compras y regalos. Vea también que hay muchos millones de españoles que necesitan ayuda, porque no se han podido recuperar de la crisis. Y eso nos podía haber pasado a cualquiera. Por eso, deberíamos ser solidarios: ayudar a los que lo necesitan y con donaciones y ayudas a las ONG que trabajan con ellos. Que puedan pasar lo mejor posible estas Navidades, las séptimas ya de la crisis. Ayudemos en lo posible a los que lo están pasando mal. Nos sentiremos mejor. 
¡Feliz Navidad a todos¡

jueves, 10 de diciembre de 2015

Los españoles prefieren pagar en metálico


Diciembre es el mes de las compras y lo chocante es que la mayoría se pagan en metálico, aunque estamos en la era de Internet: el 84% de las compras se pagan en efectivo, lo que explica que seamos el país de Europa con más cajeros. Precisamente, los bancos van cobrar desde enero 2 euros por sacar dinero en cajeros a los no clientes, una medida que muchos creen que pretende acabar con el dominio del dinero en metálico, que no gusta al Gobierno (por el fraude fiscal) ni a los bancos (es más barato manejar el dinero online). Los expertos prevén que los pagos en metálico irán a menos y ya hay países, como Suecia, donde muchas tiendas no aceptar pagar “cash”. Esperan que crezcan los pagos online y con el móvil, donde Google, Apple y nuevas empresas compiten con los bancos y las tarjetas. Parece que el dinero quedará para coleccionistas. Pero, de momento, el "cash" manda en nuestras compras.
 

enrique ortega


La historia del dinero es casi tan antigua como nuestra reciente civilización. Tras largos siglos de trueque, en el año 9.000 a.C. se empezó a pagar con sal, especias, semillas de cacao y conchas, hasta que se acuñan las primeras monedas, en el siglo VII a.C., en el reino de Lidia (hoy Turquía), del que era rey Craso. Los romanos inventaron el cheque, pero hubo que esperar hasta el siglo VII de nuestra era para asistir a la primera impresión de billetes, en China (su uso oficial empezó en el año 802), billetes que no se imprimieron en Europa hasta 1661, en Suecia. Y en España, los primeros billetes se imprimieron en 1783, con Carlos III. Un largo camino que ha llevado al dinero “en metálico” a ser el gran protagonista de nuestras compras, en todo el mundo: el 85% de las transacciones y en el 60% de su valor se realiza en dinero contante y sonante, según un reciente estudio de la consultora PwC.

Sin embargo, el uso del dinero metálico varía mucho de unos países a otros: desde utilizarse en el 99% de las compras en África al 45% de las compras en Estados Unidos, pasando por el 66% en Europa, donde también hay muchas diferencias. De hecho, el dinero se usa menos que otros medios de pago en el norte de Europa (40% en Holanda, 41% en Suecia y Francia, 44% en Bélgica y 48% en Gran Bretaña), salvo en Alemania (67% pagos son en efectivo), y más en la Europa del sur, en especial en España: aquí se utiliza en el 84% de las compras, según el estudio de MasterCard Advisors 2013, y somos el cuarto país europeo con más uso del efectivo, tras Grecia (98%), Polonia (95%) e Italia (94%).

En España, el pago en efectivo lo utilizan el 100% de los españoles, mientras sólo el 90,8% usan la tarjeta de débito, el 85% los pagos por transferencia, el 76% hacen pagos con tarjeta de crédito y el 30% de españoles pagan ya online, según una encuesta de PwC. Con estas preferencias se obtiene que el 84% de los pagos en España se hacen en metálico, el 8% por domiciliaciones y transferencias, el 7% por tarjetas y el 1% por cheques, según datos del Banco de España. Esta preferencia de los españoles por el pago en efectivo puede tener dos razones. Una, el alto fraude fiscal, los muchos pagos que se hacen “en negro” y sin pagar el IVA (España es uno de los países europeos con más “economía sumergida”, casi un 25% del PIB). Y la otra, que a los españoles les gustan menos las tarjetas (por su coste y porque muchos comercios no las aceptan todavía) y no acaban de fiarse de pagar online.

Este gusto de los españoles por pagar “a tocateja” nos lleva a ir mucho al cajero, para tener efectivo con el que pagar. España tiene la mayor red de cajeros de Europa: 50.441 cajeros en 2015, 1 cajero por cada 920 habitantes. Y se hacen 905 millones de extracciones al año (2014), una media de dos veces al mes por cada español adulto. Esta enorme “dependencia” de los españoles del efectivo y los cajeros es utilizada por la banca para conseguir ingresos extras, cobrando comisiones a los que sacan dinero y no son clientes. Hasta ahora cobraban 0,75 euros de media por extracción (si era en otro banco de una red distinta) o 0,65 euros (si era en un cajero de la misma red del banco emisor de la tarjeta). Pero en marzo de 2015, la Caixa rompió las reglas y empezó a cobrar una segunda comisión de 2 euros directamente a los no clientes que sacaban dinero en sus cajeros, medida que iban a seguir los demás bancos en otoño. Pero el Gobierno intervino y sacó en octubre  un Decreto obligando a los bancos a cobrar sólo una comisión, no dos, por sacar dinero en cajeros de otros bancos.

Ahora, los bancos están ultimando su estrategia, pero todo apunta a que empezarán a cobrar en enero una sola comisión de 2 euros (entre 1,5 y 2 euros, pero luego aplicarán el máximo) a los bancos de los no clientes que saquen dinero en sus cajeros, comisión que luego los bancos repercutirán integra o en parte a sus clientes. Todo apunta a que los que saquen dinero fuera de su banco pagarán más que ahora y que la banca ingresará unos 100 millones extras por las nuevas comisiones, salvo que el Gobierno (en campaña) lo pare antes.

En cualquier caso, muchos interpretan esta subida de comisiones como un intento de la banca por acabar con el dinero en metálico: los cajeros les reportan comisiones, pero mover dinero tiene también un alto coste para la banca. Y desde luego, es mucho más barato moverlo online, con un simple apunte informático. Al Gobierno, a cualquier Gobierno, tampoco le gusta  el dinero metálico: es una gran fuente de fraude fiscal. Por eso, tampoco verían mal una subida de la comisión de los cajeros (aunque digan lo contrario por electoralismo). Y de hecho, Rajoy ha penalizado los pagos en metálico: desde el 19 de noviembre de 2012 están prohibidos los pagos en metálico superiores a 2.500 euros de un particular a un profesional o a una empresa y entre empresas, medida que intenta frenar los pagos “en negro” y sin IVA. Hacienda pone multas del 25% de los pagos ilegales, aunque el particular infractor se puede librar de pagar la mitad de la multa si lo denuncia. Y sólo en 2014 hubo casi 5.000 denuncias.

Como vemos, los españoles seguimos agarrándonos al pago en efectivo, incluso cuando están prohibidos. Pero en el resto de Europa y del mundo, la tendencia es que el dinero en efectivo se usa cada vez menos. Y hay países, como Suecia, donde ya hay tiendas que no aceptan pagos en cash. Los expertos creen que esto pasará cada vez más y que vamos hacia un mundo sin dinero, algo que muchos expertos defienden porque reduciría los negocios ilegales (droga, prostitución, armas), la falsificación y sobre todo el fraude fiscal internacional, quitando fuerza al crimen organizado, una lacra económica que mueve ya 3 billones de dólares al año, un 22% del comercio legal, según datos del Foro Económico Mundial.

Dinero seguirá habiendo, pero menos. Y también se espera que bajen los pagos por tarjeta (inventados en 1950 por Diner´s Club, en EEUU), que han aumentado en el mundo los últimos años por el tirón de los países en desarrollo, que se están sumando a los pagos con plástico mientras caen en los países ricos, donde los pagos con tarjeta suponen el segundo medio de pago, con un peso del 9,1%, que es muy elevado en Estados Unidos (38,8% de las compras), menos en Europa (12,7%), algo más en Asia (24,8%) y muy escaso en Latinoamérica (3%) y África (1%), según un estudio de PwC.

En España, se paga con tarjetas de crédito sólo el 7% de las compras. En verano había 68,25 millones de tarjetas (43,64 millones de crédito y 24,61 millones de débito), 8,15 millones menos que en 2008, antes de la crisis, según el Banco de España. Hay menos tarjetas, pero se usan bastante: se hacen 72 compras y un gasto de 3.360 euros por segundo, 105.854 millones al año pagados con tarjeta. Pero los españoles usamos las tarjetas menos que la mayoría de europeos: 52 compras al año por persona (una a la semana, frente a 79 compras en la UE-28, según el BCE. Los que más compran con tarjeta son los nórdicos (230 compras los suecos, 224 los daneses, 167 los británicos, 130 los franceses y sólo 39 los alemanes) y los que menos los europeos del sur (4 compras los búlgaros y rumanos y 7 los griegos).

En general, Europa está retrasada en el uso de las tarjetas respecto a EEUU: se usan para hacer el 12,7% de los pagos, frente al 38,8% en EEUU, según PwC. Por eso, el BCE quiere fomentar su uso, como un instrumento de pago “eficiente, seguro y fiable”. Y la Comisión Europea lleva desde 2009 peleando con VISA y MasterCard (les ha abierto varios expedientes) para que bajen las comisiones que cobran por el uso de las tarjetas. Y en abril de 2014, el Parlamento europeo aprobó un Reglamento que regulará las comisiones máximas de las tarjetas, como hicieron antes EEUU, Canadá o Australia: será de un 0,3% máximo para las tarjetas de crédito y un 0,2% para las tarjetas de débito. El Reglamento y las nuevas comisiones entrarán en vigor en Europa en 2016.

Pero el Gobierno Rajoy quiso adelantarse y aprobó en junio de 2014 estas nuevas comisiones europeas, que entraron en vigor en julio de 2014. Con ello, las comisiones de las tarjetas de crédito, que eran de las más altas de Europa, bajaron del 0,74 de media al 0,30%, y las de débito, que estaban en el 0,30% (mínimo 0,32 € por operación) pasaron al 0,20% (y 0,07€). Una buena noticia para los comerciantes, que siempre se han quejado de que las altas comisiones eran la causa de que las tarjetas se utilizaran poco en España, sobre todo en los pequeños pagos, que tenían comisiones abusivas (25 céntimos por un pago de 3 euros). Sin embargo, los consumidores no tenemos motivos de satisfacción, según ADICAE. Primero, porque los comercios se han quedado con la rebaja de la comisión en las tarjetas y no han bajado precios. Y sobre todo porque los bancos, que ahora ingresan menos, han tratado de resarcirse subiendo el coste y la anualidad por tarjeta a sus clientes.

El caso es que las compras con tarjeta crecen poco y el número de plásticos cae año tras año. Por un lado, eso se debe a que todavía hay muchos comercios y negocios que no las aceptan, por su elevado coste (del TPV y la comisión) y sus riesgos: de hecho, sólo el 39% de las empresas que facturan entre 1 y 100 millones de euros aceptan tarjetas (en 2010 eran el 22,7%), según un reciente informe de MasterCard. Y a los usuarios les sigue preocupando la seguridad (aunque las tarjetas con Pin ya no pueden clonarse) y su alto coste, no sólo la anualidad del banco sino el altísimo coste que tiene aplazar los pagos (se pagan intereses por lo pendiente) y las tres comisiones que se pagan por un descubierto.

Cara al futuro, los expertos creen que el pago con tarjeta irá a menos en todo el mundo (como el pago en metálico) y que en unas décadas la mayoría de los pagos se harán online, sobre todo a través de los móviles inteligentes. Ya hoy, el 21,7% de los españoles realiza pagos a través del móvil, la cuarta parte a través de “monederos virtuales” (wallets), el medio de pago que más crece en todo el mundo. A nivel global, la pelea está entre Google Wallet  y Apple, que en octubre 2014 sacó en USA su canal Apple Pay, mientras también se han sumado a esta batalla (no en España todavía) Samsung Wallet y PayPal , que domina desde el año 2.000 los pagos a través de Internet, con 162 millones de cuentas activas en 203 países (4 millones de cuentas en España). La banca trata de reaccionar y no perder los pagos vía móvil, con propuestas de BBVA Wallet (1 millón de descargas en 4 países) y la Caixa Wallet, sobre todo. Y tampoco quieren perder un trozo de pastel las operadoras de telecomunicaciones, con propuestas como Yaap (Telefónica) o YvPay (bancos), a las que acaba de sumarse con fuerza Vodafone Wallet, que permite pagar por móvil con cualquier tarjeta. Y además proliferan las propuestas de pagos entre particulares (los usan el 5,4% de españoles), como Paym o Pingit . Y también están las propuestas de pago a través de las redes sociales (Facebook y Twitter).

Todavía son fórmulas de pago incipientes, que necesitan un mayor conocimiento, más seguridad y un mayor desarrollo. Pero parece claro que con el auge de Internet y los móviles, el pago del futuro será online, aunque necesitan mejorar la tecnología y la seguridad, con el respaldo (y la competencia) de bancos, gigantes tecnológicos y telecos. Será una auténtica revoluciónen los medios de pago, a costa de las tarjetas y el dinero metálico, que pasará a ser un recuerdo para coleccionistas. Pero eso, aún tardará: el dinero se resiste a morir.