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lunes, 6 de noviembre de 2023

Jóvenes sin oportunidades

La OCDE ha dado la alerta en su reciente informe sobre España: los casi 7 millones de jóvenes españoles tienen serios problemas de altísimo paro, poco empleo y precario, bajos sueldos y difícil acceso a la vivienda, lo que hace que dos tercios sigan viviendo con sus padres. Y el 16% de nuestros jóvenes  tienen problemas de salud mental. Toda esta preocupante situación de los jóvenes es “un lastre para el potencial de crecimiento futuro de España”, advierte la OCDE.  Y propone medidas para mejorar la formación de los jóvenes, de la escuela a la Universidad, potenciando la Formación Profesional y contando más con las empresas para saber los perfiles que necesitan. También mejorar las oficinas de empleo, que hoy no sirven para colocar a los jóvenes. Promover viviendas en alquiler para jóvenes, además de ayudas autonómicas que hoy no funcionan. Y un Plan de empleo juvenil para incentivar su contratación y ofrecerles empleos decentes. Hay que dar más oportunidades a los jóvenes: nos jugamos el futuro.
   
                 Enrique Ortega

En España hay casi 7 millones de jóvenes entre 16 y 29 años (6.906.808 en 2022), un 14,5% de toda la población, según el INE. De ellos, el 46% trabajan (3.178.500 a finales de septiembre de 2023), otro 41,3% estudian (2.852.511) y el 12,7% restante (877.164 jóvenes) ni estudian ni trabajan, son “ni-nis”: España es el 4º país europeo con más jóvenes “ni-nis, tras Rumanía (19,8%), Italia (19%) y Grecia (15,4%), por encima de la media europea (11,7%) y sobre todo de Paises Bajos (sólo el 4,2% jóvenes son “ni-nis”), Suecia (5,7%), Portugal (8,4%), Alemania (8,6%), Irlanda (8,7%), Finlandia (9,5%) y Francia (12%).

El problema de fondo de muchos jóvenes españoles empieza en su educación, insuficiente en muchos jóvenes, señala el informe de la OCDE, que habla de que “salen de sus estudios con pocas habilidades”. De hecho, España es uno de los paises occidentales con más porcentaje de jóvenes poco formados: el 26,5% de los jóvenes de 25 a 34 años tiene sólo la ESO o menos, frente al 12,2% en Europa (UE-25) y el 13,8% en la OCDE, según el informe Panorama de la Educación 2023 de la OCDE. Y por el otro lado, España es uno de los paises occidentales con más jóvenes universitarios: el 50,5% de los jóvenes (25 a 34 años) tiene un título, frente al 44,7% en la UE-25 y el 47,2% en la OCDE. Pero, en cambio, tenemos pocos jóvenes con una formación intermedia (Bachillerato o FP), la que consigue muchos empleos: la tienen el 22,9% de los jóvenes españoles frente al 43,1% de los europeos y el 39,4 % en la OCDE. Y ello se debe, en gran medida, al poco peso de la Formación Profesional (FP) en España: sólo la cursaban (en 2021) el 24% de los que estudian al terminar la ESO (la mayoría hacen Bachillerato), frente al 37,2% en Europa, el 55% en Paises Bajos, el 51,5% en Italia, el 36,9% en Francia y el 32,1% en Alemania, según la OCDE.

En definitiva, tenemos muchos jóvenes con poca formación, demasiados que estudian carreras sin salida y pocos con estudios intermedios y FP, lo que más buscan las empresas. Una formación deficiente, que es fruto de nuestro menos gasto en educación, de unos planes de estudios muy memorísticos y poco prácticos, un profesorado insuficiente y precario (que precisa reciclarse) y una enseñanza pública colapsada por alumnos con problemas. Todo ello se traduce en altas tasas de repetición de los jóvenes (un 7,6% en ESO, el porcentaje más alto en Europa, donde sólo repiten curso el 2,2%) y en un mayor abandono escolar temprano (jóvenes que no estudian al acabar la ESO): un 13,9% en España frente al 9,7% en la UE. Además, los jóvenes españoles tienen peores resultados educativos en matemáticas, ciencias y comprensión lectora, según los informes PISA.

Con esta deficiente formación, a los jóvenes españoles les resulta más difícil trabajar que al resto de jóvenes europeos, también porque nuestra estructura económica (más pymes,  más servicios y menos industria, menos innovación y tecnología) ofrece menos empleo (75% de los adultos europeos trabajan frente al 64,5% de españoles). El informe de la OCDE revela que son más los jóvenes españoles que van directamente al paro al acabar sus estudios (el 9%, frente al 4% en la UE, el 2% en Alemania y el 3% en Holanda) y menos los que encuentran directamente un trabajo. La mayoría han de esperar 4 años o más, en el subempleo y en empleos precarios. Y al final, la tasa de ocupación de los jóvenes españoles no llegaba al 40% en 2022 (38,8% entre 15 y 29 años), según Eurostat, mientras en la UE-27 trabajan casi la mitad de los jóvenes (49,2%), el 79,3% en Paises Bajos, el 64,2% en Dinamarca, el 63,9% en Austria, el 61,7% en Alemania, el 58,7% en Irlanda, el 57,2% en Finlandia y Suecia, el 48,6% en Francia o el 43,1% en Portugal, estando sólo peor en Italia (33,8% jóvenes trabajando) y Grecia (33,1%).

Además de trabajar menos, los jóvenes españoles tienen trabajos muy precarios. Por un lado, tienen un mayor porcentaje de contratos temporales que el resto de españoles, aunque esta temporalidad se ha reducido con la reforma laboral de 2022: un 68,11% de los contratos son temporales entre que trabajan entre 16 y 19 años, un 47,86% entre 20 y 24 años y un 26,48% entre 25 y 48 años, frente al 17,25% de contratos temporales entre todos los españoles que trabajan, según la EPA de septiembre. Y esa tasa de temporalidad de los jóvenes en España (35% entre los 16 y 29 años) es el triple que la media europea. Además, los jóvenes tienen un mayor porcentaje de empleo a tiempo parcial (por horas o por días): el 48,6% de los jóvenes que  trabajan con 16 a 19 años, el 30,9% de los ocupados con 20 a 24 años y el 14,3% de los que trabajan con 25 a 29 años. Eso da una media de un 22,5% de contratos a tiempo parcial entre los jóvenes (16 a 29 años), frente al 12,6% con trabajo parcial entre todos los ocupados en España. Y lo más importante: el 44% de los jóvenes que trabajan pocas horas(o días) lo hacen “obligados”, porque no encuentran un trabajo a tiempo completo, mientras en Europa sólo les pasa esto al 17% de los jóvenes que trabajan a tiempo parcial, según este informe de Trabajo.

Los jóvenes no sólo tienen trabajos más precarios, más contratos temporales y a tiempo parcial, sino que un tercio largo están “sobre cualificados”, realizan un trabajo para el que no necesitan la alta formación que tienen (economistas trabajando en un bar o abogadas de cajeras de supermercado): España lidera la sobre cualificación en la UE, con un 36,1% de nuestros universitarios, frente al 22,1% de los licenciados europeos, según Eurostat.

Con tanto empleo precario, los jóvenes españoles tienen sueldos más bajos que el resto de trabajadores: si el sueldo medio en España era de 25.896,22 euros brutos en 2021 (1.900 euros netos al mes en 12 pagas), según el INE, un joven de menos de 20 años ganaba casi la tercera parte (9.180 euros brutos, 675 euros netos al mes en 12 pagas),  un joven de 20 a 24 años ganaba la mitad (13.224 euros brutos, menos de 1.000 euros mensuales en 12 pagas) y un ocupado con 25 a 29 años ganaba una cuarta parte menos (19.089 euros brutos, sobre 1.400 euros netos al mes en 12 pagas). En definitiva, el sueldo medio de los menores de 29 años ronda los 13.830 euros brutos al año, la mitad que el conjunto de trabajadores. Y  los universitarios ganan menos de 1.500 euros al mes en los 4 años siguientes a licenciarse, según un estudio del BBVA e IVIE.

Estos bajos ingresos de los jóvenes les llevan a muchos a una situación real de pobreza y exclusión social, que se considera cuando alguien gana menos del 60% de los ingresos medios del país. En España, en 2022, había 9.522.000 personas en situación de pobreza, un 20,4% de los españoles, según los datos oficiales publicados por el INE. Y de ellos, 1.474.000 eran “pobres jóvenes”, de 16 a 29 años, según la EAPN. En consecuencia, los jóvenes son el 2º grupo de edad con más tasa de pobreza (el 22,5%), solo por detrás de los niños (27,7% de menores de 16 años viven en hogares “pobres”) y por encima de la tasa de pobreza de los de 30 a 44 años (19,2%), de 45 a 64 años (18%) y de los jubilados (18,7% pobres).

Con estos ingresos tan bajos, a los jóvenes les cuesta mucho emanciparse y aún más formar una familia, sobre todo en la última década, al haberse disparado los alquileres: han subido un +68,7% desde 2014 hasta ahora, según Idealista, y el alquiler medio está ya en 11,8 euros por metro cuadrado, lo que implica que un piso de 90 m2 se alquila ya por 1.062 euros (y por mucho más en Madrid, Barcelona y las grandes ciudades). Si el sueldo medio de un joven era de 1.089 euros en 2022 (según el Consejo de la Juventud), pagar un alquiler le suponía de media el 83,9% del sueldo. Y sumando los recibos obligatorios, se “comería” el 93,6% del sueldo.

 Por eso, la mayoría de los jóvenes españoles no pueden emanciparse, como alerta el reciente informe de la OCDE sobre España: el 66% de nuestros jóvenes (de 18 a 34 años) viven con sus padres, frente a una media del 49% en la UE-27. Y somos el 4º país europeo donde más jóvenes siguen viviendo con sus padres, tras Grecia (72% no se emancipan), Portugal (71%) e Italia (69%).Y este altísimo porcentaje de jóvenes que siguen viviendo  con sus padres (66%) contrasta con el bajísimo porcentaje en los paises nórdicos (13% en Suecia, 16% en Dinamarca) y el bajo porcentaje en centro Europa (31% jóvenes viven con sus padres en Alemania, 36% en Paises Bajos, 37% en Reino Unido, 43% en Francia y 44% en Bélgica), según el informe de la OCDE.

Esta imposibilidad de independizarse (el 65% de los jóvenes que viven con sus padres querrían dejar el hogar familiar), junto al elevado paro juvenil (el 27,8% de los menores de 25 años están en desempleo en España, el doble que en la UE-27, con 14,2% de paro, y cinco veces el paro de los jóvenes alemanes, el 5,8%), la tremenda precariedad de su trabajo y el bajo sueldo de la mayoría provocan una gran insatisfacción en los jóvenes y aumentan su desinterés por participar en la sociedad donde viven y en la política. Y esa insatisfacción se manifiesta además en problemas de salud mental: un 16% de los jóvenes españoles encuestados por la OCDE reconocen haber sufrido algún trastorno mental (más del doble que en 2017). Y sólo la mitad buscó ayuda profesional. Otro estudio reciente, de la Fundación Mutua y FAD Juventud, alerta que el 59,3% de los encuestados (de 15 a 29 años) “reconocen padecer problemas de salud mental. Y un 31,7% de ellos están tomando fármacos por ello.

Este informe de la OCDE sobre España es tajante, tras analizar esta falta de oportunidades de nuestros jóvenes, su baja tasa de emancipación y su preocupante salud mental: “es un lastre para el potencial futuro de España”. Y a continuación, la OCDE aporta una serie de medidas para corregir lo que considera un hecho: que los jóvenes españoles “tienen más difícil que los de otros paises de su entorno la transición a una vida adulta independiente, productiva y feliz”. Proponen  al futuro Gobierno actuar sobre todo en la educación, el empleo, la vivienda y la salud mental de los jóvenes.

El primer conjunto de medidas que proponen se refieren a la mejora de la educación, desde la escuela a la Universidad, con programas concretos para reducir el abandono escolar, la mejora de la formación de los docentes y una enseñanza que mejore las habilidades de los alumnos. Y se centran sobre todo en potenciar más la Formación Profesional, donde faltan plazas públicas (300.000 según los sindicatos) y donde la nueva formación dual (que contempla impartir entre un 25% y un 35% de prácticas, unas 500 horas anuales) exige más de 1 millón de empresas que colaboren. Y sobre la formación universitaria, la OCDE pide que las empresas participen más con las Universidades en los planes de estudio.

Otro frente donde proponen cambios es en las políticas de empleo, para que las oficinas públicas de empleo ayuden más a los jóvenes a colocarse, sobre todo a conseguir el primer empleo (ahora, sólo el 2% encuentra empleo gracias a las oficinas de empleo). Advierten que los jóvenes españoles apenas acuden al SEPE: sólo el 25% contactan con las oficinas para buscar trabajo, frente al 53% que lo hacen en la UE o el 52% en Francia. Proponen más gasto y más personal (España destina la mitad que Europa) para conseguir que los jóvenes tengan más acceso a un trabajo, como se hace por ejemplo en Holanda.

Otra propuesta de la OCDE es que España aumente el parque público de viviendas, que sólo son 300.000 viviendas,  el 2,5% del parque total, frente al 9,3% en Europa (el 30% en Paises Bajos, 17,5% en Reino Unido y el 5% en Alemania). Urge promover más viviendas en alquiler (públicas y privadas), para afrontar los 120.000 viviendas que se necesitan cada año (y sólo se terminan 80.000), la mayoría para los jóvenes. Y mejorar las ayudas públicas a los jóvenes que conceden las autonomías, que la OCDE considera insuficientes: sólo benefician al 10% de los jóvenes en Madrid, por ejemplo, según lo que ingresan los jóvenes (los que ganan menos de 1.800 euros) y que el alquiler sea inferior a 900 euros al mes. Y además, la OCDE propone más atención a la atención pública mental de los jóvenes españoles.

En resumen, la OCDE propone mejorar las oportunidades de los jóvenes españoles, con más  empleo, mejores sueldos y alquileres más asequibles, para lo que se deben mejorar la educación y la contratación de los menores de 29 años, su inserción laboral, las ayudas al alquiler y a su salud mental. Urge mejorar el empleo de los jóvenes, su trabajo y su sueldo, facilitarles una vivienda y formar una familia. Conseguir que vivan mejor que nosotros.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Jóvenes "ni-nis" pierden ayudas europeas


Hay dos datos económicos de octubre que han pasado casi desapercibidos. Uno, que España es el 4º país de la OCDE con más jóvenes que ni estudian ni trabajan (“ni-nis”): 1.603.226, el 22,7% de los jóvenes de 15 a 29 años. El otro, que España es el tercer país que menos se ha beneficiado del Plan europeo de empleo juvenil, aprobado en 2013: las ayudas han llegado al 10,7% de “ni-nis” españoles, frente al 60% de “ni-nis” alemanes o el 80% de franceses. Y lo peor: 4 de cada 5 “ni-nis” españoles no se han inscrito aún en este Plan, no saben que existe. Y un tercer dato, de propina : sólo 1 de cada 8 nuevos empleos creados en los últimos tres años han sido para menores de 30 años. Son tres graves muestras de un país y un Gobierno que no afrontan la grave situación de los jóvenes: viven peor que sus padres y con ellos (el 78%). Urge darles prioridad en un Plan de choque contra el paro y en un urgente Pacto educativo, para mejorar su formación y empleo. No podemos dejarles tirados.
 
enrique ortega

Esta ya larga crisis se ha cebado sobre el empleo de los jóvenes: de los 3,8 millones de empleos perdidos en España entre junio de 2008 (el momento mejor) y marzo de 2014 (el peor), un 60% (- 2.283.600 empleos) los perdieron los jóvenes, los menores de 30 años. Y el tajo fue tan tremendo que los jóvenes perdieron en estos 5 años más de la mitad de los empleos que tenían en 2008. Por eso, España es el país desarrollado donde más cayó el empleo juvenil entre 2007 y 2015, según un informe de la OCDE de octubre. Y lo atribuyen a que en España muchos jóvenes trabajaban en la construcción y en la hostelería, con muy poca formación, y por eso la crisis los echó a un lado con más virulencia.

En consecuencia, con esta caída dramática del empleo juvenil, el paro se ha disparado entre los menores de 30 años: si en junio de 2008 había 943.800 parados entre 16 y 29 años, ocho años después, en junio de 2016, los parados jóvenes eran ya 1.249.600, un 32,4% más. Y la tasa de paro se ha duplicado: es del 63,52% entre los jóvenes de 16 a 19 años (era del 41% en 2008), del 43,33% entre los de 20 a 24 años (era del 18,56%) y es del 26% entre los 25 y 29 años (era del 11,8% en 2008). En conjunto, el 42% de los jóvenes de 16 a 25 años está en paro en España en septiembre (EPA tercer trimestre), más del doble que en Europa (19,6%).

Este es el primer problema de los jóvenes españoles: su bajo empleo y su elevado paro, sólo superado por Grecia. Pero hay otro muy preocupante: España es líder en Europa en abandono escolarsegún los recientes datos de Eurostat. Concretamente, un 19,8% de jóvenes españoles (18 a 24 años) habían dejado sus estudios prematuramente (sólo con la ESO o sin terminarla): son 631.520 jóvenes españoles que habían abandonado las aulas en 2015. Un porcentaje que casi duplica la tasa europea de abandono escolar, el 11%, aunque hay 17 paises que la mantienen por debajo del 10%, mientras se acercan a ese nivel Alemania (10,1%) y Reino Unido (10,8%). La causa de este elevado abandono escolar en España es el deterioro del sistema educativo (los recortes) y, sobre todo, las fugas provocadas por la burbuja inmobiliaria y el turismo en la década del 2.000, que provocó la huida de estudiantes a la construcción y el turismo (con un récord de abandono escolar del 32,2% en 2014).

Estos dos problemas, alto paro juvenil y enorme abandono escolar, se traducen en un colectivo de jóvenes llamados ni-nis”: ni estudian ni trabajan. Y lógicamente, aquí España también está en cabeza: somos el cuarto país con más “ninis” de Occidente, un 22,7% de los jóvenes de 15 a 29 años, sólo por detrás de Turquía (29,8%), Italia (26,9%) y Grecia (24,7%). Y muy por delante del porcentaje de “ni-nis” de Europa  y la OCDE (14,6%, ambos), EEUU (14,4%) o Japón (10,1%), según los datos que ha sacado la OCDE en octubre. En los 34 países de la OCDE hay 40 millones de jóvenes “ni-nis”, de los que 13 millones son europeos y 1.603.226 jóvenes españoles “ni-nis” (15-29 años). El mayor porcentaje de “ni-nis” se da entre los jóvenes de 25 a 29 años (19,7% “ni-nis” en Europa y 25% en España), seguidos de cerca por los jóvenes de 20 a 24 años (17,3% “ni-nis” en la UE y 22,2% en España), destacando que el mayor porcentaje de jóvenes que ni estudian ni trabajan se da entre las mujeres, sobre todo entre las madres solteras, según la OCDE.

El Parlamento Europeo promovió, desde 2010, que había que dar alguna salida a estos 13 millones de “ni-nis” europeos y consiguió que el Consejo europeo del 7 y 8 de febrero de 2013 hiciera un hueco presupuestario (mínimo, de 6.400 millones hasta 2020) para aprobar un Plan de empleo Juvenil, que salió adelante en la Cumbre europea del 22 de abril de 2013. El Plan se llamó Garantía Juvenil  y suponía ofrecer a los jóvenes europeos (antes de 4 meses desde que acabaran sus estudios o estuvieran en paro) una de estas 3 alternativas: un trabajo, unas prácticas remuneradas o formación.

La iniciativa, aunque con pocos recursos, era buena, pero empezó sufriendo muchos retrasos antes de ser puesta en marcha por los países europeos. Y más en España. El Gobierno Rajoy estuvo meses peleando con Bruselas para que nos adelantaran los fondos (España es el país que recibe la mayor aportación del Plan, casi 1.900 millones) y el resultado  es que el Consejo de Ministros no dio luz verde a  la Garantía Juvenil hasta el 4 de julio de 2014, 14 meses después de que lo aprobara el Consejo Europeo. Y una vez aprobado formalmente, su implantación ha seguido siendo lenta: a finales de 2014 sólo se habían inscrito 20.660 jóvenes, al año (30 junio 2015) sólo 71.101 y han tenido que pasar 2 años para superar los 300.000 inscritos (y eso, tras subir en julio de 2015 la edad para inscribirse en el Plan, de 25 a 29 años). A finales de septiembre de 2016 (último dato oficial) había 341.097 jóvenes inscritos en el Plan de Garantía Juvenil, sólo un 21% de los 1.603.226 jóvenes de 16 a 29 años que ni estudian ni trabajan en España, según la OCDE.

O sea, que 4 de cada 5 “ni-nis” españoles no se han registrado todavía en el Plan de empleo europeo de 2013. Los expertos lo achacan, además del retraso en aprobarlo en España, a que no se ha divulgado suficiente entre los jóvenes, como critica el Instituto de la Juventud. Otra crítica es que el proceso de inscripción resulta complejo. Y otro problema es que la puesta en marcha del Plan la gestionan las autonomías y cada una va a su aire: así, lo están haciendo mejor Andalucía (38% de todos los inscritos), Cataluña (13%) y Madrid (10%) pero van muy lentos en Extremadura, Castilla la Mancha o Murcia (4% inscritos), en Aragón (2%), Baleares y Canarias (3%) o en Ceuta (726 inscritos), la Rioja (933), Navarra (4.797) y País Vasco (4.378 jóvenes inscritos).

Al final, estos retrasos reiterados en la aplicación del Plan de Garantía Juvenil se han traducido en la segunda noticia de este blog: España es el tercer país europeo que menos se ha beneficiado del Plan europeo de empleo juvenil, según el reciente balance de la Comisión Europea: sólo han recibido ayudas un 10,7% de los jóvenes sin trabajo ni formación (ni-nis), él menor porcentaje tras Hungría (3% jóvenes) y Malta (6%), empatados con Italia (10,7%) y muy alejados de Alemania (60% de ni-nis han recibido ayudas) y Francia (80% de jóvenes beneficiados), dos paises con la tercera parte de paro juvenil que España pero que ya tenían preparada toda la infraestructura de webs y solicitudes antes incluso de aprobarse el Plan. Y hay otro problema con España: las ayudas que se han dado a los jóvenes “ni-nis” con dinero europeo han sido sobre todo para formación (55%), sólo un 32% han recibido un trabajo y el resto unas prácticas, mientras en Europa, el 70,2% de jóvenes han recibido un empleo y sólo un 13,6% cursillos o un 16,2 % cursillos. O sea, España no sólo ha conseguido menos ayudas, sino que se han traducido en menos empleos y más cursos que en Europa.

Esta es la dura realidad a la que se enfrentan los jóvenes españoles: tienen el doble de paro y no se benefician de las ayudas europeas, por incompetencia del Gobierno (y su propio “abandono” como “ni-nis”). Y eso les pasa cuando las empresas españolas, que llevan dos años y medio creando empleo (precario sí, pero empleo), tampoco cuentan con ellos, con los jóvenes. El dato es esclarecedor: de los 1.392.300 nuevos empleos creados en España en 2014, 2015 y 2016 (hasta septiembre), sólo 173.600 (un 12,4% han sido para jóvenes menores de 30 años, según la EPA. O sea, que sólo 1 de cada 8 nuevos empleos son para los jóvenes. Con una excepción, este verano: de los 226.000 nuevos empleos creados, 159.200 (nada menos que dos tercios) fueron para menores de 30 años, según la EPA del tercer trimestre. Ahora falta ver los próximos trimestres para saber si se ha iniciado o no un cambio de tendencia. 

Pero hasta ahoralos jóvenes se han quedando fuera de los nuevos empleos. Y los que consiguen un trabajo, tardan y es muy precario. Los jóvenes que acaban sus estudios necesitan 2 años para encontrar empleo (el doble que los alemanes) y 6 años en encontrar un trabajo fijo (frente a 2 años de alemanes o daneses), que muchas veces no es para lo que estudiaron (el 57% de los jóvenes están “sobrecualificados” para el trabajo que hacen), según un documentado estudio de la OCDE (2015). Y además, los jóvenes sufren más la precariedad que el resto de españoles: un 71% de sus contratos son temporales y un 42% trabajan a tiempo parcial (un tercio, por menos de una semana). Y por ello, su sueldo es muy bajo: el salario medio bruto de un joven de 20 a 24 años era de 11.835 euros brutos (690 euros netos en 14 pagas), la mitad del salario medio español (22.858 euros brutos), según los últimos datos del INE (2014).

Con estos ingresos, los pocos jóvenes que trabajan (2.382.500, el 33,7% de los 7.062.670 jóvenes españoles que tienen entre 16 y 29 años) apenas pueden mantenerse. Y peor están esa mayoría de jóvenes restante, que no tienen trabajo ni ingresos. Todo ello se traduce en una gran penuria económica de los jóvenes, que les impide emanciparse: un 70% de los jóvenes españoles de 22 a 29 años viven con su familia, frente a un 16% en Francia, un 21% en Alemania y un 30% en Reino Unido, según el informe de la OCDE de 2015. Y si ampliamos la franja de edad, de 16 a 30 años, el 78,5 % de los jóvenes españoles viven con sus padres, más hombres (82,6%) que mujeres (74,4%), según datos del Consejo de la Juventud (2014). En definitiva: los jóvenes españoles viven peor que sus padres y con ellos.

Los datos son demasiado abrumadores como para no hacer nada. ¿Qué se puede hacer? Algunos repiten “soluciones mágicas” frente al paro juvenil, “atajos interesados”. Como la receta del FMI, que propuso a Europa, en 2014, bajar el salario mínimo (en España es de 655 euros al mes, una miseria) para animar a las empresas a que contraten a jóvenes. O la patronal CEOE, que ha pedido varias veces al Gobierno aprobar un contrato de formación para menores (… ¡de 35 años¡) que tenga un salario inferior al mínimo (similar a los famosos “mini-jobs”  de 400 euros que tanto se utilizan en Alemania). En definitiva, ofrecerles “contratos basura” aprovechando que casi  la mitad está en paro.

Las medidas a tomar deberían ir por otro lado. La receta básica de la OCDE, en su largo informe sobre España de 2015, es más y mejor formación, mejorar la educación de los jóvenes españoles, desde el Colegio a la Universidad.  Y eso porque consideran que nuestros jóvenes están mal formados, como revela periódicamente el informe PISA. Y además, lo que se les enseña, poco tiene que ver con lo que luego demandan las empresas. Eso exige un cambio en el sistema educativo, con dos objetivos: recuperar parte de los alumnos perdidos (esos 631.520 jóvenes españoles que han abandonado las aulas) y conseguir formarles mejor, a ellos y al resto. Porque el 98% de los empleos del futuro (para 2025) van a ser solamente para los que estén muy formados, para los que tengan educación superior (un 58,4% para universitarios y FP superior) o estudios medios (39,3% de los empleos), según la Fundación BBVA e Ivie. Y en España, hoy, los jóvenes están poco formados para ese reto: un 40% de los jóvenes de 16 a 34 años tienen sólo la ESO (o ni siquiera) frente al 29% en Europa. Y sólo el 30,7% tiene Bachillerato o FP, frente al 45% en Europa. Eso sí, tenemos más universitarios que Europa (29,3% de jóvenes frente a un 26%), pero falla la parte de abajo de la pirámide educativa.

Junto a un gran cambio educativo, el  otro bloque de medidas en favor de los jóvenes deberían ser cambios en la política de empleo: urge poner en marcha un Plan de choque contra el paro centrado en los jóvenes, las mujeres y los mayores de 50 años. Y eso pasa por un mayor esfuerzo en formación, en cursos eficaces para parados jóvenes, ligados a lo que demandan las empresas, junto a un mayor esfuerzo en la formación dual, en acuerdos con empresas para que complementen con prácticas la formación de los jóvenes, sobre todo en la Formación Profesional (FP), que debe relanzarse mucho más (como en Europa). Y urge una reforma de las oficinas de empleo (SEPE), con más medios y personal, para que puedan asesorar a los jóvenes a colocarse (hoy sólo colocan a un 1,7% de los parados).

La tarea no es sencilla, pero lo grave es que se hace muy poco mientras se están perdiendo varias generaciones de españoles, en el paro y la apatía, sin darles una salida educativa ni profesional. No podemos tolerar el drama de los ni-nis, que 1 de cada 4,5 jóvenes españoles ni trabaje ni estudie, no sepan qué hacer con su vida. Es un fracaso de todo el país, que hipoteca la vida de todas las familias y nuestro futuro. Incluso la política y la democracia.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Jóvenes: viven peor que sus padres (y con ellos)


La OCDE ha presentado un informe demoledor sobre la situación de los jóvenes españoles: tardan el doble que los alemanes en encontrar trabajo (no de lo que han estudiado), no consiguen un contrato fijo antes de 6 años, el 71% tiene contratos temporales, trabajaban por horas (sin quererlo) más que nadie en Europa y ganan 890 euros, un 35% menos que en 2008 (dos de cada tres jóvenes no ingresan nada). En resumen: los jóvenes españoles viven peor que sus padres y un 78% se ven forzados a vivir con ellos, frente al 21% en Francia o el 16% en Alemania. ¿Qué se puede hacer? La OCDE da la receta: mejorar su formación, desde el colegio a la Universidad, volcándose en la lectura, las matemáticas y la tecnología. Y ofrecer más cursos para los parados jóvenes, reformando las oficinas de empleo. Urge tomar medidas, porque la mitad de los jóvenes están parados y la otra mitad subempleados. Así no hay futuro.
 

enrique ortega


Los jóvenes españoles ya empiezan con problemas cuando acaban sus estudios: necesitan 2 años para encontrar trabajo, el doble que los alemanes, según el informe sobre España presentado por la OCDE a finales de septiembre. Y tardan 6 años en encontrar un trabajo fijo, frente a 2 años los alemanes o daneses. Un trabajo que en la mayoría de los casos (71%) no tiene que ver con su perfil: el 55% están “sobrecualificados” para el empleo que tienen. O sea, han hecho una carrera para acabar de tele operadores o cajeras de supermercado. Y encima, a la mayoría, las empresas no les tutelan ni forman, según la OCDE. Y después de todo, dos de cada tres jóvenes becarios acaban sus prácticas sin quedarse en la empresa.

Cuando finalmente trabajan, su empleo es muy precario: 3 de cada 4 jóvenes españoles (71%) tienen un contrato temporal (el triple que los jóvenes europeos), según la OCDE (tras la EPA de septiembre, son ya el 73,1%). Y casi la mitad (42,9%) tienen un contrato a tiempo parcial, por horas o días, el triple que el conjunto de trabajadores (15,3%). Y no trabajan por horas porque lo busquen, sino porque no encuentran trabajos a jornada completa: el 22% trabaja por horas de forma involuntaria, más que en ningún otro país de la OCDE (sólo trabajan por horas de forma involuntaria el 4% de jóvenes y en Europa el 8%). Con esta precariedad, los jóvenes españoles son muy vulnerables si la empresa va mal o si caen las ventas.

Actualmente, los jóvenes se benefician poco de los nuevos empleos: sólo 26.100 de los 544.700 empleos creados en el último año han ido a jóvenes de 16 a 29 años (EPA). Y si tomamos toda la Legislatura, hay 2.895.100 jóvenes (16-29 años) trabajando, 431.000 jóvenes menos con empleo que cuando Rajoy llegó a la Moncloa. Eso sí, el paro juvenil ha bajado: hay 1.378.000 parados jóvenes (16-29 años), 237.400 menos que en diciembre de 2011. Esta aparente contradicción se debe a que muchos jóvenes han tirado la toalla y ya no son "activos", son desanimados” que han dejado de buscar trabajo: o no buscan ya trabajo o estudian o se han ido al extranjero: en esta Legislatura, 525.328 jóvenes (18-35 años) han abandonado España y se estima que al menos la mitad lo han hecho para buscar trabajo en el extranjero.

El paro juvenil ha bajado, pero está a un nivel escandaloso: el 46,6% de los menores de 25 años está sin trabajo, el doble que en Europa (25%) y seis veces más que en Alemania (7,5%). Lo grave no es que casi la mitad de los jóvenes españoles esté sin trabajo, sino tres datos más poco conocidos. Uno, que dos tercios de estos parados jóvenes no cobran desempleo. Dos, que casi la mitad (47,2%) llevan más de un año sin trabajar y casi un tercio (29%) más de dos años, según la EPA. Y cuanto más llevan sin empleo, más difícil les resulta encontrarlo. Y tres, que muchos parados jóvenes  tienen poca formación: el 48% de los parados menores de 30 años tienen sólo la ESO obligatoria o menos, según la EPA. Y así, les resulta muy difícil colocarse, cuando ahora hay una vacante por cada 102 parados. Y menos si el 80% de los jóvenes parados carece de experiencia, porque buscan su primer empleo.

Hablemos de lo que ganan los jóvenes. Dos tercios (64,5%) no ingresan nada, porque no tiene trabajo remunerado o porque son parados sin subsidio, según el Observatorio de la Juventud (2014).Y los que trabajan, como tienen contratos precarios, están muy mal pagados y, con la crisis, han perdido un tercio de su sueldo, según la OCDE: si en 2008 ganaban 1.210 euros al mes de media, en 2013 ganaban 890 euros. Otro estudio de Fedea cifra el sueldo de los jóvenes españoles entre 600 y 1.100 euros al mes. Y un estudio del Observatorio de la Juventud (2014) lo sitúa en 990 euros, mientras el INE acaba de decir que los menores de 25 años ganan de media 1.030,6 euros (ojo,brutos: netos serían  850 euros). Eso los que tienen sueldo, porque muchas veces trabajan como becarios y no cobran nada: sólo el 42% de los jóvenes becarios recibe alguna compensación económica (y al 71% de ellos no les da para vivir). Incluso el 52% de los becarios mayores de 30 años no percibe un salario, según InfoJobs.

Con estos bajos salarios, muchos de los jóvenes que “tienen la suerte de trabajarson “pobres” (ganan un 60% de la renta media española): el 33% de los jóvenes españoles (y el 53,6% entre los jóvenes parados). Pobres o no, la mayoría tiene una “economía de subsistencia”, con graves problemas para llegar a fin de mes. Y por eso, la mayoría no pueden pagar un alquiler (605 euros de media), menos después de que el Gobierno Rajoy haya recortado las ayudas para el alquiler de los jóvenes: sólo la reciben un 16,2% de los jóvenes en España (Renta básica de emancipación), frente al 54,2% de los jóvenes franceses o el 36% de los holandeses, según el estudio de la OCDE. Y ni sueñan con comprar un piso: les supondría pagar entre 788 y 900 euros al mes por una hipoteca y eso si se la dan: la mayoría de los bancos exigen un contrato estable y unos ingresos mínimos (2.000 euros, el triple del pago) para concederla.

Así que sólo les queda una salida: vivir con sus padres. Actualmente, el 78,5% de los jóvenes españoles (hay 6.663.801 jóvenes de 16 a 30 años) viven con sus padres, más hombres (82,6%) que mujeres (74,4%), según los últimos datos del Consejo de la Juventud (2014). El informe de la OCDE habla de que un 70% de los jóvenes españoles (22-29 años) con contratos fijos siguen viviendo con sus padres, frente a un 16% en Francia, un 21% en Alemania y un 30% en Reino Unido. Y que sólo un 10% de los jóvenes españoles (22-29 años) viven en alquiler, frente al 58% de los jóvenes en Alemania, el 47% en Francia, el 42% en Holanda y el 33% en Reino Unido. Datos de los que no presume Rajoy…

En resumen, que los jóvenes españoles, tras la crisis, viven peor que sus padres (y con ellos). Y la mayoría cree que va a seguir siendo así: sólo el 29% de los jóvenes españoles cree que vivirá mejor que sus padres en el futuro (y el 43% de los alemanes), según un estudio europeo de YouGov. Un pesimismo que se traduce en su actitud ante la política, la sociedad  y su propio futuro: 1 de cada 6 jóvenes (16-24 años) son “ni-ni”, ni estudia ni trabaja, 608.100 jóvenes “ni-nis” a mediados de 2015, según Afi y Asempleo. Y la quinta parte de ellos (un 21%) son “ni-ni-nis”: ni estudian, ni trabajan ni buscan trabajo. Son 128.000 jóvenes menores de 25 años que están en casa “a verlas venir”, sin perspectivas. Excluidos. Y si ampliamos la edad, hay 1.549.000 jóvenes españoles menores de 30 años que son “ni-nis” (según la última EPA), casi uno de cada cuatro jóvenes (23,24%), el mayor porcentaje de “ni-nis” de Europa (13%) y el 2º mayor de la OCDE, tras Turquía (29%). Una estadística escalofriante, que no cita Rajoy.

¿Qué se puede hacer? Algunos repiten “soluciones mágicas” frente al paro juvenil, “atajos interesados”. Como la receta del FMI, que propuso en 2014 a Europa bajar el salario mínimo (que en España es de 648,60 euros, una miseria) para incentivar que las empresas contraten a los jóvenes. Y la patronal CEOE ya ha pedido varias veces al Gobierno aprobar un contrato de formación para menores (… ¡de 35 años¡) que tenga un salario inferior al mínimo (los famosos “mini-jobs” de 400 euros que tanto se dan en Alemania). En definitiva, ofrecerles contratos basura para aprovecharse de que la mitad están en paro.

La receta básica de la OCDE, en su largo informe sobre España, es más y mejor formación, mejorar la enseñanza de los jóvenes españoles, desde la secundaria a la Universidad. Y eso porque nuestros jóvenes están mal formados, no sólo en las asignaturas habituales de la enseñanza obligatoria (la cuarta parte deja la ESO antes de acabarla, un tercio repite curso y casi la cuarta parte de los alumnos acaba sus estudios 2 años más tarde que el resto) sino que además, están a la cola de Europa (informe PISA) en “habilidades” que son claves para encontrar un trabajo y ser más productivos en las empresas : competencia matemática (estamos por detrás de 21 de los 24 países analizados), comprensión lectora (“dificultades para manejar una información sencilla y razonar”) y ciencia (tecnología e informática). Y lo mismo pasa entre los universitarios: el 40% de los jóvenes (25-34 años) acaba una carrera, pero carece de habilidades y de la formación que necesitan las empresas. Por eso (y por nuestro modelo económico) tenemos el doble de jóvenes en paro que Europa.

La OCDE propone que España se vuelque más en mejorar la educación, con más medios y más profesores y una enseñanza más volcada en lo que demandan las empresas, sobre todo en la Universidad. Y pide un esfuerzo especial en la Formación profesional (FP), donde el atraso de España es más patente: sólo uno de cada tres alumnos que acaban la ESO van a FP, frente al 45% en la UE-28 o en Alemania. Y en la Universidad, insisten en fomentar las carreras técnicas y en informar mejor a los alumnos de los estudios que demanda el mercado : actualmente, las empresas contratan universitarios que estudiaron Administración de Empresas(ADE), Economía y Derecho (40,2% contrataciones), Ciencias e Ingenierías (27,6%), Informática y las TIC (17,7%) frente a sólo un 4,8% de contratos a los que estudiaron Humanidades y Ciencias Sociales, según el ranking de la Fundación Universidad-Empresa.

Y en paralelo, la OCDE propone reforzar la formación de todos los trabajadores y de los parados. Y eso, porque España tiene un problema serio, una mano de obra con poca formación: casi la mitad de los españoles (45%) adultos (25-64 años) tiene un nivel de educación bajo (sólo con la ESO acabada o menos), frente a un 21% de adultos poco formados en Europa y un 24% en la OCDE, según el estudio “Panorama de la Educación 2014”. En medio, tenemos la mitad de adultos medio formados (con Bachillerato y FP básica: un 22%, frente al 48% en Europa y el 44% en la OCDE. Y sin embargo, estamos a la cabeza en universitarios: 32% en España frente a 29% en Europa y 33% en la OCDE. Y eso en cuanto a “títulos”. Pero si tenemos en cuanta las “habilidades”, la situación es peor: hay 10 millones de españoles adultos (1 de cada 3) con bajas competencias en lectura y/o matemáticas, según el informe de la OCDE presentado en septiembre.

La otra prioridad, según la OCDE, es formar a los parados, con cursos más eficaces y atractivos (hoy, sólo el 4% de los parados españoles hacen cursos, según la Fundación Tripartita). Ello exige más recursos y una mayor implicación de las empresas. Además, la OCDE reitera que España gaste más en políticas activas de empleo, donde el Gobierno Rajoy ha recortado un tercio el Presupuesto (de los 7.714 millones de 2011 a 4.746 en 2015. Y recuerda que gastamos menos en políticas activas de empleo que los países nórdicos, Alemania y el centro de Europa, que tienen una tercera parte de paro. La OCDE insiste también en otra vieja petición a España: que reforme a fondo las oficinas públicas de empleo (SEPE), que sólo encuentran trabajo a un 2% de parados. Pide más funcionarios (dan el dato que en España hay 1 funcionario por cada 269 parados, en Alemania 1x47 parados y en Reino Unido 1x22), más recursos y que las oficinas de empleo se vuelquen con los jóvenes parados, yendo en su busca y ayudándoles a emplearse (como hace Finlandia).

Urge un Plan de empleo juvenil, dentro de un Plan global por el empleo. Y más tras el fracaso del publicitado Plan europeo de empleo juvenil, el Sistema de Garantía Juvenil, aprobado por Europa en 2013, con 6.500 millones  (1.887 para España), con el objetivo de ofrecer un trabajo, un curso o unas prácticas a todos los jóvenes europeos menores de 25 años. En España no se puso en marcha hasta julio de 2014, pero de momento sólo hay 85.000 jóvenes inscritos de 800.000 jóvenes potencialmente beneficiarios. Hay que volcarse en este Plan, con medios y recursos, y complementarlo con formación y políticas de colocación, con más incentivos. Y a medio y largo plazo, urge un Pacto educativo que prepare mejor a los jóvenes para trabajar, forzando que las empresas les hagan contratos dignos y estables.

No podemos permitir que nuestros hijos vivan peor que nosotros, forzados a vivir a costa nuestra. Es un gran fracaso, nuestro más que suyo, como generación y como país. Tenemos que presionar para que hagan algo ya.