De hecho, la inversión total alcanzó los 306.748 millones
de euros en 2024, un 20,6% más que en 2019, antes de la pandemia (254.566
millones de euros, según el INE). La inversión total creció en 2021, 2022, 2023
y 2024, pero si descontamos la inflación de estos años, el crecimiento
real de la inversión en España ha sido sólo del +0,6% entre
2019 y 2024, según
el informe de la Fundación BBVA e Ivie. Y además, la inversión ha
perdido peso en la economía, como motor del crecimiento, mientras lo
ganaban el consumo público, el privado y las exportaciones. Así, de aportar el
20,3% del PIB en 2019 ha pasado a aportar el 19,5% en 2024 (mientras en
la zona euro, la inversión aporta el 21,5% del PIB).
Sorprende que la inversión empresarial privada no despegue a
pesar de los Fondos europeos “Next Generation”: España es el país que
más subvenciones ha recibido y ya se habían adjudicado
44.163 millones a finales de 2024, de
los 80.000 millones que nos
corresponden. El 21,1% de las empresas encuestadas por el Banco de España han
solicitado estos Fondos UE y casi la mitad reconoce que no harían las
inversiones que tienen previstas si no esperaran contar con esos Fondos
europeos, sin los cuales habrían invertido menos.
Pero estas propuestas y medidas tienen un coste: Europa
necesita invertir 800.000 millones de euros al año, lo que supone
cuadruplicar el Plan Marshall (de la postguerra europea) y superar con creces el
Plan de Recuperación aprobado tras la pandemia (contemplaba invertir
750.000 millones de euros entre 2021 y 2026, unos 125.000 millones al año). Draghi
señaló 3 vías para conseguir
estos ingentes recursos: la financiación privada, de las Bolsas (creando
un único mercado de capitales), la banca (avanzando en la unión bancaria y las
fusiones transfronterizas) y los ahorradores (Europa ahorra mucho más que EEUU,
pero 300.000
millones de ahorro europeo se desvían a financiar a EEUU), los préstamos
del BEI (Banco Europeo de Inversiones) y la financiación pública
(el Presupuesto UE es ridículo comparado con el de EEUU: un 1% del PIB de los
27) y la emisión de deuda europea, bonos que emitirían
conjuntamente los 27 (como se hizo con el Plan de Recuperación), para financiar
proyectos industriales, tecnológicos y medioambientales.
España
debe apuntarse a este “tren inversor”, aprovechando al máximo los Fondos
europeos pendientes de adjudicar y relanzando la inversión interna, tanto
la pública como la privada, con incentivos, fiscalidad y normativa a favor de
los proyectos innovadores y competitivos. Hay
que “mimar” la inversión, canalizar el ahorro, los
beneficios empresariales y los impuestos a proyectos que modernicen la economía
y nos hagan un país más competitivo, con más innovación, tecnología,
digitalización y descarbonización. Todo para relanzar la inversión,
que es la clave para asegurar el crecimiento y el empleo del futuro.