Mostrando entradas con la etiqueta ola de calor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ola de calor. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de julio de 2025

Ola de calor y Bruselas rebaja política climática

La primera ola de calor de este verano ha dejado un mapa de muertes y problemas en toda Europa, especialmente en España. Y junio ha sido el mes más cálido de la historia. No es casualidad: la ONU reitera que la culpa es del Cambio Climático, que el Planeta se está volviendo “más caliente y más peligroso”. Pero el miércoles, con Bruselas a 37 grados, la Comisión Europea “suavizó” su política climática, aprobando “un truco contable”: permite a paises y empresas emitir más CO2 del previsto si a cambio pagan a otros paises (pobres) que reduzcan sus emisiones. “Externalizan” la gestión de las emisiones como algunos proponen hacer con los inmigrantes… Y eso pasa cuando los autócratas de medio mundo, de Trump a Milei, niegan el cambio climático y el PP y Vox hacen políticas negacionistas en Murcia, Valencia, Extremadura o Aragón, además de en sus Ayuntamientos. No nos quejemos del calor extremo: exijamos a los políticos que aceleren las medidas contra la emergencia climática. Ya.  

                    Vendrán más olas de calor, antes y más graves y duraderas

Por si alguien tenía dudas del “Cambio Climático”, nos ha caído encima la primera ola de calor del verano, que por primera vez empezó en junio: el domingo 29 fue el día más caluroso en España desde que hay registros (1950) y más de 100 localidades superaron la semana pasada los 40 grados (46 grados en El Granado, Huelva). Y este junio ha sido el más cálido de la historia: 23,6 grados de media, 0,8 grados más que en junio 2017 (anterior récord).  La ola de calor no se ha sufrido sólo en España, sino que ha recorrido toda Europa, desde Reino Unido a Turquía, con muertos incluso en Francia e Italia. En España, el sistema MOMO (Instituto Carlos III) estima que ha habido 390 muertos en junio por la ola de calor, más 53 en los dos primeros días de julio, la mayoría mayores de 75 años (338 en junio).

Ya son varios años en que se producen olas de calor, sobre todo en España y la Europa del sur, con un tremendo saldo de muertes, incendios forestales y daños a la agricultura y la ganadería, las infraestructuras, el turismo  y las empresas, así como a los ecosistemas terrestres y marinos. En Europa se produjeron 47.690 muertos por olas de calor en 2023, según un estudio de Nature Medicine. Y en España, los datos del sistema MOMO señalan que hubo 3.521 muertos por olas de calor en 2024. Pero sólo en la primera mitad de 2025 (hasta junio), se estima que ha habido ya 2.168 muertos por altas temperaturas.

El calor extremo ya no es una novedad en el mundo y menos en la Europa del sur, donde llevamos varios años sufriendo olas de calor, especialmente desde 2022. “El Planeta se está volviendo más caliente y más peligroso: ningún país es inmune”, declaraba la semana pasada en Sevilla (a más de 40 grados) el secretario general de la ONU, Antonio Guterres. Y los expertos insisten: “la ola de calor no es una casualidad, es consecuencia del Cambio Climático, que la hace 5 veces más probable”, según la plataforma científica Climate Central. El “mecanismo” es bien conocido: la acumulación de gases de efecto invernadero (CO2, metano, óxido nitroso, hidrofluorocarbonos, perfluorocarbonos y hexafluoruro de azufre) hacen como de “paraguas” que retiene el calor solar y aumenta las temperaturas. En España, la temperatura media de 2024 fue 1,64 grados más alta que en 1961.

Los expertos de la ONU (IPPC) calculan que cada medio grado adicional de calentamiento global de la atmósfera causa aumentos importantes en la intensidad y frecuencia de las temperaturas extremas. Y dado que el Planeta sigue calentándose año tras año, estiman que los paises sufriremos cada vez más olas de calor, que llegarán antes (normalmente se daban en julio y agosto, pero ahora han sido en junio) y que serán más graves y duraderas. Así que no nos extrañemos de lo que está pasando: “el calor extremo ya no es un fenómeno raro, se ha convertido en la nueva normalidad”, alertó Antonio Guterres en Sevilla, pidiendo “más ambición” a los Gobiernos en la lucha contra esta “emergencia climática.

El problema es que el clima empeora cuando en medio mundo se consolidan los líderes políticos que niegan el Cambio Climático, como Trump en USA o Milei en Argentina. Los autócratas del mundo y la extrema derecha han convertido la lucha contra las políticas “verdes” como uno de sus principales caballos de batalla cultural y política (junto a los inmigrantes, el feminismo y los impuestos). El “anti-ecologismo es una seña de identidad de la extrema derecha y parte de la derecha internacional, con su corolario de oposición a cualquier regulación medio ambiental (“imposición ideológica verde”, dice Vox) para frenar el Cambio Climático. Y con ello, hay cada vez más paises y Gobiernos que no toman medidas decididas para reducir las emisiones que provocan y aceleran las olas de calor.

En Europa, las últimas elecciones en la UE (junio 2024) supusieron una derechización del Parlamento Europeo y la Comisión, con un mayor peso de la derecha y la extrema derecha. Por eso, el PP Europeo vetó la Ley de Restauración de la Naturaleza, que puso salir adelante en el Parlamento europeo (julio de 2023) gracias al voto de socialistas, liberales, verdes, izquierda y algunos eurodiputados 'populares' que apoyaban la norma (324 votos a favor y 312 en contra). Y además, el PPE promovió el aplazamiento de la entrada en vigor de la Ley de Deforestación y diluyó la Ley de Biodiversidad. Con la nueva Comisión Europea y la extrema derecha negacionista ganando terreno en media Europa, ganan peso los que creen que Europa debe echar el freno a las políticas climáticas de vanguardia, porque perjudican a la competitividad de las empresas europeas.

El último ejemplo de esta “nueva ecología europea” lo dio la Comisión Europea el miércoles pasado, 2 de julio, precisamente cuando en Bruselas hacía unos inusuales 37 grados… El Gobierno europeo aprobó una enmienda a la Ley europea del Clima (en vigor desde julio de 2021) que pretende “flexibilizar” algunas medidas para reducir las emisiones europeas, manteniendo el mismo objetivo final de la Ley: que se reduzcan el 90% para 2040 (respecto a las de 1990) y emisiones netas cero para 2050.

La primera medida “de flexibilización” es que se permite a los paises, sectores y empresas que en vez de reducir las emisiones previstas, puedan reducirlas algo menos a cambio de que compren derechos de emisiones de CO2 a paises y empresas de fuera de la UE. Es decir, que un sector como el automóvil o la aviación, por ejemplo, pueden recortar menos sus emisiones de CO2 (desde 2036) siempre que a cambio compren derechos (paguen) a paises o empresas que hayan reducido emisiones, por ejemplo una empresa que tiene bosques en Brasil o una sociedad extranjera que ha invertido en renovables o en mecanismos de absorción de carbono. A lo claro: yo sigo emitiendo a cambio de pagar a otros (paises pobres y empresas del sur Global) para que emitan menos. Se trata de externalizar” una parte de las emisiones (hasta el 3%), un mecanismo que ya intentó Italia con sus inmigrantes (en Albania) o que hace Trump con las prisiones de El Salvador.

Además de este “nuevo mecanismo” para facilitar la descarbonización de empresas y sectores europeos, la enmienda aprobada permite otro mecanismo de “flexibilización”: la reducción de emisiones se podrá compensar entre sectores y empresas, de tal manera que se evita imponer un plan “rígido” de recorte, lo que ha sido aplaudido por las empresas. Y además se incluyen nuevos mecanismos para reducir emisiones y cobrar derechos de CO2, como la reforestación y las técnicas de captura y almacenaje de CO2 (poco desarrolladas y “poco viables”, según muchos expertos, que lo consideran una vía de posibles fraudes).

Muchos expertos y ecologistas han criticado con dureza estas nuevas medidas de Bruselas, calificándolas de “trucos contables” para retrasar medidas efectivas contra las emisiones. Y creen que ante la grave emergencia climática que vivimos, “socaban la credibilidad de las políticas climáticas europeas”, según la Oficina Europea de Medio Ambiente (EEB). Para Greenpeace, las medidas “abren la puerta a hacer trampas para reducir las emisiones” y critican dejar en manos de terceros una responsabilidad que debe asumir Europa: “pagar a otros paises (pobres) para que reduzcan tus emisiones en tu nombre no es liderazgo, es posponer el problema”, añaden, criticando que la Comisión priorice los criterios económicos (competitividad e inversiones) sobre la urgencia medioambiental.

Ahora, estos cambios en la gestión de las emisiones han de ser ratificados por los Gobiernos europeos y por el Parlamento Europeo, algo que parece muy posible. Y el siguiente paso es que Europa apruebe su Plan Climático 2035, que debía haber presentado en febrero y que ahora se promete para septiembre. Ahí volveremos a ver si la Comisión Europea suaviza sus objetivos medioambientales, como se temen muchos expertos y ONGs. Mientras, la ONU insiste en que hay que avanzar más, que los paises “se tienen que poner las pilas” y aprobar Planes de recorte de emisiones más drásticos y eficaces. Porque con los Planes presentados hasta ahora por los 192 firmantes del Acuerdo de París, la temperatura de la Tierra aumentaría 2,6 grados para 2100, un aumento que trastocaría el clima y la economía, dado que supera con crecer el tope límite de 1,5 grados fijado como “sostenible” por los expertos.

La ONU y los científicos están muy preocupados porque la emergencia climática avanza a mayor ritmo y los paises no reducen emisiones sino que las aumentan: en 2024, las emisiones de CO2 en el mundo fueron de 37.400 millones Tm de CO”, un +0,8% que en 2023., según Carbón Monitor. China (responsable del 32% de las emisiones mundiales) aumentó sus emisiones un 0,2%, EEUU (responsable 13% emisiones totales) las bajó un 0,6%, la India (8% emisiones mundiales) las aumentó un 4,6%, la Unión Europea (7% emisiones totales) las bajó un 3,8% y el resto del mundo (38% emisiones) las subió un 1,1%. Y este año 2025, hasta abril, las emisiones mundiales han subido otro 3%, según Carbón Monitor. España aumentó sus emisiones de CO2 en 2024 (278 millones Tm, +0,9%).

Ante este panorama, con Trump en plan negacionista (“perfora, niño, perfora”) y China e India “a su aire”, el papel de Europa es aún más decisivo, aunque avancen los negacionistas. Por todo ello, la ONU organizó una “Cumbre Climática virtual” el 23 de abril, donde participaron Brasil y 17 líderes de economías desarrolladas (entre ellos Pedro Sánchez, de España), China, África y Asia, más paises e islas muy vulnerables al Cambio Climático, para impulsar Planes nacionales más ambiciosos contra el Cambio Climático. “Ya hemos negociado bastante: hay que pasar a la acción”, les dijo Antonio Guterres. El objetivo es tener en septiembre Planes climáticos hasta 2035 de los 192 paises firmantes del Acuerdo de París, para darles un impulso definitivo en la próxima Cumbre del Clima, que se celebrará del 10 al 21 de noviembre en Belém (Brasil). Será una COP30 clave.

Mientras los dirigentes europeos y mundiales no afrontan con decisión la lucha contra la emergencia climática (una “guerra mundial” que estamos perdiendo), los ciudadanos estamos cada vez más preocupados: el 85% de los ciudadanos europeos consideran que el Cambio Climático es “un problema grave , según el Eurobarómetro de junio. Pero luego apoyan y votan a partidos que, en muchos casos, niegan ese Cambio Climático y dicen que es “una cuestión ideológica”, como si no tuviera nada que ver con las olas de calor.

En España, esta contradicción entre lo que piensan los ciudadanos y algunos de sus partidos es especialmente relevante, porque el negacionismo de Vox se ha acabado contagiando al PP, que utiliza cada vez más las políticas ambientales como “una bandera de enganche” para captar votos. Y además, los pactos PP-Vox en algunas autonomías han llevado a varios Gobiernos a aprobar medidas que favorecen la crisis climática, así como en sus Ayuntamientos (retraso zonas de bajas emisiones y supresión carriles bici) . En Murcia, el pacto presupuestario PP-Vox (junio) incluye modificar la Ley de Protección del Mar Menor y un rechazo explícito “a las políticas medioambientales europeas”, lo mismo que ha hecho Mazón en la Comunidad Valenciana para aprobar sus Presupuestos con Vox. Y también en Extremadura se han revisado normativas de protección ambiental, como en Castilla y León, Andalucía, Cantabria y Aragón, con o sin Vox. Da miedo pensar lo que harían si Feijoo y Abascal llegan a la Moncloa 

No podemos retroceder en la acción climática”, acaba de decir el Secretario General de la ONU. Pero no parece que esa sea la prioridad de muchos políticos mundiales, europeos y españoles. Así que no basta con quejarse de la ola de calor. Habría que salir a la calle y manifestarse a favor de políticas más decididas contra la emergencia climática, para salvar el Planeta y nuestras vidas. Y sobre todo, no votar a nadie que sea “negacionista”. El Cambio Climático está aquí y es un problema más grave que las guerras, la inmigración o el paro. Es una cuestión de supervivencia. Y si retrasamos las medidas o las “suavizamos” nos estamos engañando y poniendo en peligro. Ya lo sabemos: si no se reducen drásticamente las emisiones, habrá más olas de calor, más graves y más mortíferas. Seguro.

jueves, 11 de julio de 2019

La 3ª mayor sequía del siglo


Tras la última ola de calor, las temperaturas serán más altas más altas de lo habitual este verano. Y como ha llovido un 25% menos este año, sufrimos  ya la tercera peor sequía de este siglo. Con ella, agricultores y ganaderos tienen pérdidas millonarias y los consumidores sufriremos subidas de precios en muchos alimentos este verano. Y como los pantanos están medio vacíos, habrá zonas turísticas con problemas de agua y la luz será más cara, al haber caído un 41% la producción hidroeléctrica. Y han aumentado los incendios: ya hay más superficie quemada que en todo 2018, con “mega incendios” cada vez más virulentos. Todos estos problemas vienen de lo mismo: del Cambio Climático, que afecta cada vez más a España y que agravará sus consecuencias en los próximos años. Urge aprobar un Plan contra el Cambio Climático, como toda la UE, junto a medidas de choque para limpiar los montes, asegurar más las cosechas y aprovechar mejor el agua. Hay que salvar nuestro entorno.


La última ola de calor, en Europa y más en España, ha sido un serio aviso de la naturaleza sobre los efectos del Cambio Climático. Las temperaturas, entre el 26 y el 30 de junio, han sido las más elevadas en un mes de junio de los últimos 40 años, según la Agencia española de Meteorología (AEMET). Y en 14 capitales españolas se registraron las temperaturas más altas de su historia. Al final, la temperatura media es 1,30 grados más elevada (16,78ºC) que en los años 80 (15,48ºC). Pero no es sólo un problema de España: el pasado mes de junio fue el más cálido registrado en el Planeta y el 2º más cálido en Europa, tras el anterior récord de junio 1999, según el programa Copernicus de la UE.

Y la previsión para este verano, entre julio y septiembre es que las temperaturas sigan altas, +0,5ºC por encima de lo habitual en las tres últimas décadas, según la AEMET, que advierte que en el noroeste de España, la temperatura podría subir +1ºC sobre lo habitual en otros veranos, sin contar con que no se repita una nueva ola de calor. Porque advierten que estas olas de calor son ahora 10 veces más frecuentes que en el siglo pasado y lo serán más en el futuro. Olas de calor que van a ser más frecuentes y cada vez con temperaturas más altas, según advierte el Informe Word Weather Atribution, que señala que la ola de calor de junio registró 4ºC más de temperatura que las olas de calor de hace un siglo.

Junto a las mayores temperaturas, el otro problema es que no llueve. La primavera ha registrado un 15% menos de lluvia de lo habitual y ha sido la 6ª primavera más seca de este siglo, según la AEMET. Y como el invierno también fue seco, el problema es que en 2019 ha llovido un 25% menos de lo habitual en las tres últimas décadas, con lo que estamos oficialmente en situación de sequía, en el 3º año más seco del siglo XXI, tras las anteriores sequías de 2017 y 2005. Un ejemplo: en Madrid, en mayo, se registraron 0 litros de precipitaciones por m2, algo que sólo había sucedido una vez antes en la historia (en 2015). La sequía afecta especialmente a Coruña, Burgos, Vizcaya, Huesca, sur de Castilla y León, Madrid, Extremadura, oeste de Castilla la Mancha, tercio occidental de Andalucía, norte de Tenerife y la Palma, según la AEMET. Y es grave en el extremo sur de Castilla y León, oeste de la comunidad de Madrid y oeste de la provincia de Toledo.

La AEMET no se atreve a hacer previsiones de lluvias para este verano, pero teme que la sequía se agrave porque no haya lluvias que compensen las elevadas temperaturas esperadas. Y eso, cuando los embalses están al 54,83% de capacidad (8 de julio), bastante por debajo del año pasado en estas fechas (estaban al 69,49% de capacidad). La situación más grave se da en las cuencas del Segura (embalses el 27,89% de capacidad) y Júcar (al 37,46%), pero también están muy bajos los embalses de las cuencas del Guadiana (al 46,36%), Guadalquivir (46,10%) y Tajo (al 47,48%).

Las altas temperaturas y la sequía propician los incendios forestales, que ya han batido récords en el primer semestre: hasta el 30 de junio se quemaron 43.929 hectáreas en 6.627 incendios forestales, más superficie quemada que en todo el año 2018 (25.162 hectáreas quemadas en 7.143 fuegos), según datos del Ministerio de Agricultura. Y lo peor es que ahora, los incendios son más graves y extensos (“mega incendios”), más virulentos y difíciles de atajar y con más daños humanos y materiales. De hecho, en lo que llevamos de siglo XXI se han producido ya 457 grandes incendios, de más de 500 hectáreas, algo casi sin precedentes en el siglo pasado. Y la ONU, a través del panel de expertos para el Cambio Climático (IPCC) ya ha advertido que el calentamiento global va a aumentar un 38% el riesgo de incendios forestales de aquí a 2040, aumentando los “mega incendios” o “teraincendios” como los sufridos por California, Portugal o el norte de España el año pasado.

La AEMET advierte del elevado riesgo de incendios este verano en la mayor parte de la España peninsular, debido a las altas temperaturas y a la desertificación del territorio, que afecta ya al 37% de la superficie española. Además, los expertos en incendios advierten que la rapidez en apagar los grandes incendios sufridos en las últimas semanas en Cataluña, Toledo y Ávila pueden servir de “combustible” para próximos incendios, si no se aplican con urgencia medidas de limpiezas de los montes. Para la AEMET, las zonas con mayor riesgo de incendio este verano son el Pirineo y el Cantábrico, porque tienen bosques muy viejos que han perdido la humedad tras varios años de fuerte sequía.

Las altas temperaturas y la sequía han dañado muchas cosechas y provocado graves pérdidas a agricultores y ganaderos. A principios de julio, la sequía afectaba ya a 1 millón de hectáreas de cereales (el 16,6% de la superficie cultivada), donde se perderá el 40% de la cosecha (la 2ª peor del siglo, tras la de 2017), con pérdidas que rondan los 1.000 millones de euros (la mitad en Castilla y León y el resto entre Castilla la Mancha, Aragón y Andalucía). Y la sequía también está perjudicando otros cultivos, como el olivar, el viñedo y el almendro. Y además, la falta de pastos encarece la alimentación de muchos animales, obligando también a mayores importaciones de cereales y piensos.

Un problema añadido a la sequía es que la mayoría de agricultores no tienen aseguradas sus cosechas: en cereales, sólo están aseguradas 2,2 millones de las 6 millones de hectáreas de cereales cultivadas. Eso hace que las indemnizaciones que va a pagar la empresa pública Agroseguros, desde el 15 de julio (100 millones de euros, para 980.000 hectáreas), sólo llegarán a una parte de los agricultores afectados, mientras otros no serán indemnizados porque no tenían seguro. Y no lo tenían, según los sindicatos agrarios, porque han subido mucho en los últimos años (entre un 20 y un 80% desde 2015) y son muy caros, a pesar de que las ayudas públicas subvencionan un 41% del coste. Además, para los que sí aseguran sus cosechas, si hay un siniestro (sequía), se reducen las coberturas y suben las primas para la próxima campaña, lo que retrae a los agricultores a contratarlos.

La sequía y la pérdida de cosechas, desde cereales a aceite, vino, frutas y hortalizas, se está traduciendo ya en subidas de precios de muchos alimentos. Y habrá más subidas de los alimentos este verano, coincidiendo con la mayor demanda del turismo. Hasta mayo, la sequía ha provocado subidas en el pan (+1,7% anual, frente a +0,8% de subida global del IPC), carne de cordero (+2,1%), cerdo (+3%), pollo (+1,1%), lácteos (+1,2%), legumbres y hortalizas frescas (+4,8%) y patatas (+14,5%), según el último IPC de mayo (INE). Y no sólo es que los agricultores y ganaderos suban sus precios, porque cosechan y producen menos y con más costes, sino que los distribuidores y grandes supermercados “aprovechan la ocasión” para subir los alimentos por el camino, del campo a la ciudad: los productos agrícolas suben 4,88 veces lo que se paga al agricultores y las carnes 3,18 veces lo que se paga al ganadero, según este listado de precios (IPOD) que publica cada mes la organización agraria COAG.

Las altas temperaturas y la sequía no sólo provocan muertes, incendios, pérdidas de cosechas y subidas de los alimentos, sino que también afectan al recibo de la luz, porque la climatología adversa reduce la electricidad de origen eólico (aire) e hidráulico (embalses). De hecho, hasta finales de junio, la producción de electricidad de origen hidráulico había caído un -41,7% y la eólica un -3,8%, según el balance de Red Eléctrica (REE). Eso se traducirá en aumentos de la factura de la luz este verano. De momento, en julio, el kilowatio se ha encarecido en el mercado eléctrico: de 48,32 euros/MWh el 1 de julio a 56,02 euros/MWh el 5 de julio, según la estadística diaria de precios de OMIE.

Y al final, esta sequía récord puede traducirse también en problemas de suministro de agua en algunas zonas de España, sobre todo en Levante y Andalucía, donde a la falta de agua en los embalses se sumará un número récord de turistas españoles y extranjeros (el Gobierno espera 29,6 millones de turistas extranjeros entre julio y septiembre, medio millón más que el verano pasado), que dispararán el consumo de un agua escasa.

En resumen, que el Cambio Climático está aquí y se traduce en altas temperaturas, sequía y altos costes para todos. Y lo más preocupante es que todos estos problemas que ya sufrimos se agravarán en los próximos años, como ya advirtió la ONU en 2011: aumentará la temperatura media y habrá olas de calor más frecuentes y más cálidas, con menos lluvias y más sequía. Y estos problemas serán más graves en el sur de Europa y especialmente en España, según los expertos. Por su situación geográfica y porque tenemos 2 problemas adicionales: un mayor grado de desertificación que el resto de Europa (7 de las 10 cuencas europeas con sequía están en España)  y un mayor problema de falta de agua (somos el 3º país europeo con más “estrés hídrico: consumimos un 34% de los recursos disponibles, frente al 10% de media en la OCDE)). Eso hace que gran parte de España se vea “muy afectada” por el Cambio Climático”: 32 millones de españoles según el Gobierno, básicamente los que viven en el sureste de España, Castilla la Mancha y el valle del Ebro.

¿Qué se puede hacer? A corto plazo, hay que actuar sobre los incendios, el consumo de agua y la sequía en las cosechas. En el terreno de los incendios, el Gobierno en funciones debería pactar un Plan de choque para limpiar los montes, con una dotación extra de recursos a Ayuntamientos, Diputaciones y autonomías, para que pongan en marcha este verano actuaciones urgentes en las zonas más deterioradas. Y, a medio plazo, hay que aprobar un Plan de montes para gestionar la política forestal, favorecer el pastoreo y el aprovechamiento industrial de la madera, gastando en limpieza de los montes y en prevención (ahora sólo se gasta en combatir los incendios). Y hay que aprovechar mejor los Fondos europeos (Fondos FEADER), que se pierden porque las autonomías no cofinancian su parte.

En cuanto al agua, cada vez más escasa, hay que racionalizar su uso, limitando el agua para el riego agrícola, que consume el 70% del agua dulce disponible, según Agricultura (y el 82% según Ecologistas en Acción). Habría que reducir las 4 millones de hectáreas de riego actuales a 3/3,2 millones y mejorar su eficiencia, subiendo las tarifas de riesgo. Y en paralelo, subir las tarifas de agua a los consumidores particulares, porque son las 8ª más baratas de Europa y encarecerlas reduciría el consumo, lo mismo que reducir las fugas y pérdidas (suponen hasta el 19% del consumo). Además, habría que conseguir más agua por tres vías: recuperación de aguas subterráneas (acuíferos), desaladoras y recuperación de aguas residuales. Además, es hora de retomar las inversiones públicas en infraestructuras hidráulicas, que han caído un 65% en la última década (de 1.983 millones en 2008 a 703 millones en 2017).

En tercer lugar, hay que ayudar más a los agricultores y ganaderos en su lucha contra la sequía, con inversiones y ayudas para que consigan explotaciones que consuman menos agua y con seguros agrarios más asequibles, porque la sequía seguirá ahí por muchos años y no les puede abocar a la quiebra cada mala cosecha. Y el Gobierno debe vigilar especialmente los canales de comercialización en épocas de sequía, para que no haya especuladores que se aprovechen y nos encarezcan de más el carrito de la compra.

Pero la clave es luchar contra el Cambio Climático, que es el origen de casi todos los problemas que estamos sufriendo. Ya no hay dudas: o actuamos con urgencia o luego será demasiado tarde, como viene avisando la ONU desde hace una década. Y España tiene que hacer más, porque es el 3º país europeo que más ha aumentado sus emisiones de efecto invernadero entre 1990 y 2017: un +17,9%, sólo superado por Chipre (+57,8%) y Portugal (+19,5%), mientras el conjunto de la UE las reducía un -23,5%. Y además, porque si hay un país que sufre y sufrirá más el Cambio Climático es España, junto a la Europa del sur.

La Comisión Europea pidió a los 28 paises UE un Plan eficaz contra el Cambio Climático, que el Gobierno Sánchez envió a Bruselas a finales de febrero. En esencia, el Plan español, considerado por los expertos como uno de los más ambiciosos, propone suprimir el uso del carbón en 2030, reducir las nucleares y contar con un 42% de energías renovables para 2030, además de reducir el uso del diesel y la gasolina en los transportes (plantea suprimir los coches de combustión a partir de 2040). Ahora, la futura Comisión Europea tendrá que analizar a fondo el programa español y el resto, con la idea de que se apruebe antes de finales de 2019 en el Parlamento (si es que hay Gobierno y no se repiten las elecciones). En cualquier caso, es prioritario aprobar un Plan eficaz, al margen de las peleas políticas, porque hay que reducir ya las emisiones de gases de efecto invernadero si no queremos más olas de calor, más sequías, más problemas de cosechas y alimentos, más escasez de agua.

La lucha contra el Cambio Climático debería ser una de las prioridades de la próxima Legislatura, junto a las medidas apuntadas contra los incendios, la sequía y la falta de agua. La naturaleza es un elemento clave de la vida y de la economía y si nos la cargamos, no habrá recuperación sino una crisis más profunda y letal. Lo sabemos pero no acabamos de tomar medidas. El Gobierno, las empresas y los consumidores. Es una tarea de todos. Y urgente.