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jueves, 13 de noviembre de 2025

Somos casi 50 millones

El INE ha publicado este martes los censados en España: 49.442.844 habitantes. Somos casi 50 millones, el doble que en 1940 y 10 millones más habitantes que a comienzos del siglo. Y la previsión es rondar los 55 millones de habitantes en 2050, a pesar de la caída de la natalidad, a la mitad (de 2,77 hijos por mujer en 1975 a 1,12 en 2024). Este “milagro demográfico” es posible gracias a los inmigrantes: 1 de cada 5 censados hoy en España han nacido fuera, son 9,8 millones de habitantes. Y estos inmigrantes (2,7 millones ya nacionalizados españoles) van a aumentar, hasta ser 17,5 millones habitantes nacidos fuera de España en 2050, 1 de cada 3, según las proyecciones del INE. La población seguirá creciendo gracias a los inmigrantes, porque los nacidos en España seguirán cayendo (como pasa desde 2015) hasta 2050: serán 2,3 millones menos que ahora. Eso obliga a integrarlos en la economía y la sociedad, porque los necesitamos, no convertirlos en un arma política de la derecha y ultraderecha.

                                   Enrique Ortega

La población residente en España ha crecido de una forma imparable desde el final de la Guerra Civil. Si el Censo de 1900 reflejaba 18.618.086 habitantes, en los años 30 eran ya 23,67 millones y en 1940 el nuevo Censo de los vencedores registraba 26.015.907 habitantes. A partir de ahí, se superan los 30 millones en 1960 y a la muerte de Franco, en noviembre de 1975, éramos 35,8 millones de españoles. El nuevo siglo XXI comienza superando los 40 millones (40.470.182 el 1 de enero 2000) y se sobrepasan los 45 millones de habitantes al final del boom económico (el 1 enero 2008). Y después, la población sigue creciendo año tras año, hasta un máximo de 46.818.216 habitantes censados en enero de 2012. A partir de ahí, la población residente cae durante 4 años, hasta el 1 de enero de 2016 (46.418.884 habitantes), por la fuga de inmigrantes tras la crisis. Pero luego vuelven y la población total residente en España crece año tras año (incluso durante la pandemia) hasta alcanzar los 49.077.984 de habitantes a finales de 2024.

Este año 2025 la población de España ha seguido aumentando y el Censo publicado este martes por el INE registra ya 49.442.844 habitantes, 345.967 más que a finales de 2024. Y retrata el perfil de los que vivimos en España ahora: 39.617.578 hemos nacido aquí y otros 9.825.266 residentes han nacido fuera de España (aunque 2,7 millones están nacionalizados españoles: los considerados “extranjeros” son 7.132.324 habitantes). Esta es una tendencia de las últimas décadas: la población en España crece porque crecen los inmigrantes que vienen y viven aquí: los residentes nacidos fuera de España eran 2,33 millones en 2002, se duplicaron hasta los 5,2 millones en 2007, pasaron a ser 6,68 millones en 2012 y ahora (1 octubre) son ya 9,85 millones. A lo claro, que 1 de cada 18 censados en 2002 (el 5,6%) habían nacido fuera de España y ahora son 1 de cada 5 habitantes (el 19,87%).

Este fuerte aumento de inmigrantes ha permitido compensar estos años el relativo estancamiento de la población nacida en España primero (de 38,7 millones en 2002 a 39,58 en 2007 y 40,13 millones en 2012) y, después, la caída de esa población nacida en España desde 2015: éramos 40.541.831 habitantes nacidos aquí en enero de 2015 y somos 39.617.578 el 1 de octubre pasado. Casi 1 millón de habitantes menos nacidos en España (-924.253) debido a la caída de la natalidad en estos años y los anteriores: si nacían 2,77 niños por mujer en 1975, cayeron a 1,26 en el año 2.000 y a 1,12 en 2024, lo que explica el bajo crecimiento de la población nacida en España y la caída a partir de 2015.

Esta preocupante situación de la demografía en España (nacen pocos niños, porque las mujeres españolas tienen menos niños y a edades más tardías, mientras el 31,3% de todos los niños que nacieron en 2024 fueron de madres extranjeras) va a continuar en los próximos años, según las últimas proyecciones de población del INE hasta 2074. Ahí estiman que la población nacida en España seguirá cayendo, hasta los 37.331.032 habitantes en 2049, 2,28 millones menos que ahora. Y que caerá después, hasta los 33,3 millones de habitantes nacidos en España en 2074: serán 6.307.920 habitantes autóctonos menos que hoy. Y eso porque la tasa de natalidad seguirá baja, aunque algo más alta que hoy (el INE estima que será de 1,4 hijos por mujer en 2050, todavía muy por debajo de los 2,1 hijos por mujer que hacen falta para que no caíga la población nativa).

Este “apocalíptico” panorama demográfico, pasar de 39,6 millones de nacidos en España hoy a 33,3 en 2074, no será tan grave, porque esta pérdida de población se va a compensar con creces con la entrada de extranjeros: el INE prevé que los 9.825.266 habitantes actuales  nacidos fuera de España (insisto: 2,7 millones ya nacionalizados españoles) suban a 17.503.600 millones en 2049 (el 32% de la población total) y a 21.278.537 millones en 2074 (el 39% de la población total). A lo claro: que la población residente nacida fuera de España pase de ser 1 de cada 5 hoy a ser la tercera parte en 2050 y 1 de cada 2,5 habitantes en 2074.

Este aluvión de inmigrantes permitirá, según el INE, que la población censada en España siga creciendo en las próximas décadas. En 2026 alcanzaremos los 50 millones de habitantes y la previsión es llegar a 2049 con 54.834.632 habitantes censados. Y que en la segunda mitad de este siglo, la población en España crezca ligeramente hasta un máximo histórico de 54.969.675 habitantes en 2054 (+5,52 millones que hoy), para caer ligeramente después (por la menor entrada de inmigrantes), hasta los 54,74 millones de habitantes en 2069 y los 54.588.195 habitantes esperados por el INE para 2074 (+5,14 millones más que hoy).

La revolución demográfica que viene ya no es sólo que aumentará la población (y por tanto las necesidades económicas y sociales del país), sino que esa población española será diferente, con más viejos y menos jóvenes. Los mayores de 65 años pasarán de ser el 20,4% de la población en 2024 al 30,5% en 2055, según el INE, lo que disparará el gasto en pensiones, sanidad, Dependencia y servicios sociales. Pero además, en paralelo, se reducirá el porcentaje de jóvenes en edad de trabajar (de 20 a 64 años), pasando del 60,9% de la población total al 53,7% en 2051 (aunque se recuperarán hasta el 54,2% para 2074). Eso supone menos población para trabajar, pagar impuestos y cotizar para sostener las pensiones. El dato es muy preocupante: si en 2023 teníamos una “tasa de dependencia” del 53,4% (proporción de mayores de 64 años y menores de 16 sobre los activos), en 2053 será del 75,3%. A lo claro: si ahora tenemos dos personas en edad de trabajar por cada niño o mayor, en 2054 habrá 4 activos por cada 3 pasivos (que necesitan la aportación de los que están en edad de trabajar). O sea que habrá menos para crear riqueza y más para consumirla.

Por eso resulta clave que la población total siga creciendo, algo que sólo puede suceder por dos vías: o las familias tienen más hijos (algo que no se espera a medio plazo y menos si no hay políticas agresivas de fomento de la natalidad) o necesitamos más inmigrantes. La previsión del INE es que la inmigración neta (los que entran menos los que salen), que lleva desde 2022 aumentando por encima de los 700.000 inmigrantes netos anuales (+ 787.195 en 2024), continúe otros 2 años más creciendo a ese nivel (+775.198 en 2025 y +723.055 en 2026), para continuar otros dos años aumentando por encima del medio millón al año (+652.597 en 2027 y +578.003 en 2028), para bajar después (+407.477 inmigrantes netos anuales entre 2029 y 2033) y reducirse a unas entradas netas inferiores a las 300.000 anuales (menos de la mitad que ahora) a partir de 2034 y hasta 2074.

Como se ve, son “flujos” netos de inmigrantes muy importantes, sobre todo hasta 2028. Por eso urge una política de inmigración a medio plazo, no sólo para regular estas entradas y tratar de “redirigirlas” hacia los empleos, sectores y zonas que más interesen, sino sobre todo para integrar” de verdad a estos “nuevos españoles”, porque vamos a ser un país más diverso: no tiene nada que ver la España de 2002, con 1 de cada 18 habitantes nacidos fuera, con la España de hoy (con 1 de cada 5 habitantes foráneos) y menos aún con la España de 2049 (con un tercio de la población nacida en el extranjero). Eso pasa por políticas activas de “integración”, para incorporar mejor a esta población, desde las políticas de empleo y vivienda a la enseñanza, la sanidad, los servicios sociales o las pensiones.

Y en paralelo, ser un país con 50 millones de habitantes debería llevar al Gobierno y a nuestros políticos, autoridades locales y autonómicas a repensar las políticas de ordenación del territorio y los servicios públicos y sociales, porque no es lo mismo atender a esos 50 millones que a los 35,8 millones que vivían en España a la muerte de Franco. “Hay que tomar medidas para que la demografía no nos aplaste”, alerta el economista Daniel Manzano. Y es que detrás de la crisis de la sanidad, de la educación, de la vivienda y de los servicios sociales está el hecho de que en España vivimos casi 15 millones de personas más que hace medio siglo y, sin embargo, ni los servicios públicos ni la vivienda ni las infraestructuras han invertido medios y recursos suficientes para afrontar ese aluvión de población.

Además, tenemos que prepararnos para un futuro donde habrá todavía más población, mucho más envejecida y con más peso de habitantes nacidos fuera de España. Esto debería tenerse en cuenta para casi todo, para articular una estrategia demográfica que tenga en cuenta otro tipo de hogares (con menos personas y más mayores: 2 de cada 3 hogares estarán integrados en 2050 por una o dos personas, cuando ahora son la mitad), la mayor proporción de personas mayores (casi un tercio) y la enorme importancia de los inmigrantes (un tercio de la población en 2050, aunque muchos consigan la nacionalidad española). Cambios demográficos que exigen cambios económicos, territoriales, sociales y culturales.

Y sobre todo, vamos hacia una sociedad “mucho más diversa (ya lo es), que exige un comportamiento político y social “más plural”, más tolerancia y diálogo para asegurar una convivencia que impone la demografía y la economía. Las cifras son tozudas y el futuro las afianza: la España de hoy no tiene nada que ver con la de hace 50 años y basta con salir a la calle en cualquier pueblo o ciudad para comprobarlo. El gran reto de este siglo XXI, junto al clima y la tecnología, es la demografía. Y todos los paises y Gobiernos deben aprender a “gestionar la diversidad”, mientras los ciudadanos cambiamos nuestra mentalidad ante el gran Cambio Demográfico. Habría que abrir un gran debate político, económico y social sobre la población y los cambios demográficos, para aprovechar al máximo su potencial económico, social o cultural y minimizar sus efectos adversos.

Necesitamos otro Pacto nacional por la demografía y la inmigración, como el alcanzado por las pensiones o la violencia de género y el solicitado contra la Emergencia Climática. No podemos dejar que esta nueva realidad demográfica y migratoria sea sólo un arma política de la derecha y la ultraderecha. Hay que adaptarse a los cambios y sacarlos partido para mejorar el futuro. Menos demagogia y mentiras, más debate y medidas eficaces.

lunes, 31 de octubre de 2022

España 2037: más viejos y más solos

Estadística ha publicado sus proyecciones sobre la población de España dentro de 15 años: habrá menos “españoles” (más inmigrantes), serán más viejos (el 26% tendrá más de 65 años) y vivirán más solos (1 de cada 8 españoles). Un envejecimiento de la población, por la caída de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida, que tendrá importantes  consecuencias económicas: más gasto en pensiones, más gasto en sanidad y en cuidados a los mayores y menos personas activas trabajando y cotizando. Además, los que más crecerán serán los hogares con una persona sola, que serán un 30% del total, muchos de ellos mayores solos, lo que modificará los hábitos de consumo de los españoles, desde la comida que compran a los viajes que hacen. Y además, los que viven solos tienen un alto riesgo de pobreza y más problemas psicológicos. En ambos casos, más vejez y soledad. Hay que prepararse ya, con más gasto en los mayores, porque ahora gastamos menos que el resto de Europa.  

Enrique Ortega

Los problemas demográficos son uno de los grandes retos de España (y del mundo) este siglo XXI, junto al cambio climático y la tecnología. El primer gran problema es la caída de la población nacida en España, un fenómeno que empezó en 2015, por primera vez desde la Guerra Civil, y que va a continuar en las próximas décadas, según las proyecciones de población del INE. De momento, la población nacida en España lleva 7 años consecutivos cayendo, en -492.130 personas entre 2015 y 2021. Y la previsión es que siga cayendo en los próximos 15 años, bajando la población “española” en -1.342.831 habitantes más para 2037. Y también después, con lo que se perderían -6.475.079 habitantes entre 2022 y 2072, según las proyecciones del INE. Pasaríamos de los 40.066.227 habitantes nacidos en España hoy a 33.591.148 “españoles” en 2072.

Sin embargo, la población total “residente” en España ha aumentado en los últimos años y seguirá creciendo hasta 2072, gracias a la llegada de los inmigrantes. Ya entre 2015 y 2022, la población total residente en España ha crecido en casi un millón de personas (+992.706 residentes en estos 7 años), gracias a la inmigración, porque la población nacida en España se redujo (-492.130 personas). Y así seguirá pasando: en 2037, la población residente en España subirá a 51.669.140 habitantes (crecerá en +4.237.335 habitantes estos 15 años), gracias a la entrada neta de 5.647.585 inmigrantes, según prevé el INE. Y para 2071, la población residente en España será ya de 52.886.370 habitantes (crecerá +5.453.565 habitantes los próximos 50 años), gracias también a la llegada de 14.769.585 inmigrantes netos (llegadas menos salidas) entre 2022 y 2071.

Así que se producirá un tremendo cambio demográfico: si hoy, 84 de cada 100 residentes en España han nacido aquí, en 2072, la población residente nacida en España serán sólo el 63%. Un tercio de los que vivan en España habrán nacido fuera. Eso se debe a una fuerte caída de la natalidad en España (que reduce los nacimientos: 338.532 en 2021, la cifra más baja desde 1941) y a un envejecimiento de los españoles, que aumenta año a año las defunciones (449.270 en 2021). La caída de la natalidad se produce por dos motivos: hay menos mujeres españolas en edad fértil (entre 15 y 49 años), por la crisis de la natalidad en los años 80 y principios de los 90, y las mujeres españolas tienen menos hijos: 1,23 niños por mujer en 2020, la mitad que en 1976 (2,8 niños) y menos que la media europea (1,50 niños por mujer), que Francia (1,83), Alemania (1,53) o Italia (1,24), según Eurostat.

El aumento de la población residente en España durante los próximos 15 años (+4,2 millones de habitantes), gracias a los inmigrantes, será desigual. La población total aumentará hasta 2037 en 13 autonomías, sobre todo en Cataluña (+1.067.958 habitantes), Madrid (+1.039.391 habitantes), Comunidad Valenciana (+667.150), Andalucía (+487.750), Canarias (+349.464), Baleares (+306.142), Murcia (+243.473) y Castilla la Mancha (+110.370 habitantes). Y caerá la población total en otras 4 autonomías (-96.888 en Castilla y León, -66.921 en Asturias, -50.996 en Extremadura y -34.496 en Galicia), más Ceuta (-7.327) y Melilla (-2.571 habitantes), según las proyecciones del INE. Este aumento desigual de población se debe a que la inmigración exterior se va a concentrar en 6 autonomías, siendo mucho menor en el resto: Baleares (190,6 inmigrantes por 1.000 habitantes entre 2022 y 2036), Canarias (181,9), Madrid (152,5), Cataluña (140,9), Melilla (132,3) y la Comunidad Valenciana (130,2 inmigrantes netos por 1.000 habitantes).

El 2º gran cambio demográfico es que en las próximas décadas habrá más viejos entre la población española residente en España, debido a que seguirá aumentando la esperanza de vida, se vivirán más años: si a principios del siglo XX, los españoles vivían 34 años de media, en 2021 se vive ya más de 83 años (80,24 años los hombres y 85,83 las mujeres). Y la previsión del INE es que aumente más de 2 años para 2037 (83,32 y 87,76 años) y más de 4 años para 2071 (86,03 años vivirán los hombres y 90,05 las mujeres).

La consecuencia es que aumentará el número de mayores de 65 años: si en 2022 son ya el 20,1% de la población residente en España, dentro de 15 años (2037) serán ya el 26% y serán ya el 30,4% de la población total en 2050, bajando ligeramente este porcentaje para 2072 (serán el 29,5% de la población), según el INE. Y no sólo habrá más mayores de 65 años, sino que aumentará drásticamente el porcentaje de ancianos: los mayores de 80 años, que hoy son el 6,1% de la población residente serán ya el 11% en 2050 y el 12% en 2072. Y las personas con más de 100 años, que hoy son 14.287 habitantes, pasarán a ser ya 51.669 dentro de 15 años y habrá 226.932 personas centenarias dentro de 50 años.

Menos población española y una población más envejecida. Y el tercer gran cambio será que habrá más españoles viviendo solos, según otro informe reciente del INE, sobre la proyección de los hogares españoles hasta 2037. Si este año 2022, de los 18.916.118 hogares censados, un 26,8% son hogares con una sola persona (5.066.940 hogares unipersonales), para 2037 se espera  que haya 21.651.673 hogares y que los unipersonales supongan ya casi el 30% del total (6.450.937 hogares con una persona sola), siendo el tipo de hogar que más va a crecer en los próximos 15 años (+27,3%). Crecerán menos (+22%) los hogares con 2 personas (mayoritarios hoy: son 5.729.888 hogares), los de 3 personas (hoy son 3.834.147 hogares y crecerán sólo un +4,3%), los de 4 personas se reducirán (hoy son 3.176.268 hogares y caerán -4,1%) y crecerán poco (+5%) los hogares de 5 personas (1.110.875 hoy).

Actualmente, 1 de cada 10 españoles viven solos (5,021.119 personas, el 10,7% de la población), pero en 15 años serán 1 de cada 8 españoles los que vivirán solos (el 12,5% de la población, 6.378.123 personas), un 40% de ellos mayores de 65 años (la mayoría, mujeres, que son más longevas). A pesar de que aumentarán los hogares y los españoles que viven solos, todavía son muchos menos que en Europa, donde los jóvenes se emancipan antes y no hay una cultura de integración de los mayores en las familias como en la Europa del sur. De ahí que en Europa, un 14,8% de la población vive sola, aunque el porcentaje sube al 22,2% de la población en Dinamarca, al 21,5% en Finlandia y al 20,9% en Dinamarca.

Si nos fijamos en los mayores de 65 años que viven solos, sucede lo mismo: en España, el 25,2% de los mayores viven solos, mientras son menos en la Europa del sur (16,6% en Chipre, 24,4% en Grecia, 24,5% en Eslovaquia y 24,8% en Portugal) y más en la media europea (32,5% de mayores viven solos), en Alemania y Francia (36,2%), en Italia (28,5%) y sobre todo en los paises nórdicos (46,9% en Dinamarca y 39% en Finlandia).

Aunque los mayores españoles vivan menos solos que en Europa, la tendencia clara es que aumentan los hogares con 1 sola persona, la mitad de ellos mayores solos. Y esto tiene consecuencias económicas y sociales. Por un lado, alguien que vive solo tiene más dificultades para afrontar los gastos, máxime si hay una crisis (financiera, pandemia o inflación). Son más vulnerables. Y por eso, tienen  más riesgo de caer en la pobreza: ya en 2019, su tasa de pobreza era superior (27,4%) a la del resto de hogares (26,2%). Y con la pandemia y la inflación, esa diferencia se agravó: en 2020, el 32,6% de los “solos” estaban en riesgo de pobreza (frente al 27% de media española) y en 2021 la pobreza afectó al 34,6% de hogares solos (frente al 27,8% en todos los hogares). Es el 2º mayor porcentaje de pobreza, sólo superado por los hogares con mujeres solas con niños (54,3% son pobres).

Vivir sólo no sólo dificulta más llegar a fin de mes sino que modifica los hábitos de consumo y de vida, desde hacer la compra hasta viajar. Por eso, la industria alimentaria ya está modificando su oferta, ofreciendo alimentos con menos peso y contenido, para adaptarse a la compra de las personas solas (aunque falta mucho por hacer). Y también ha aumentado la oferta de ocio y viajes para personas solas, aunque muchas viajan con el IMSERSO. Y no podemos olvidar los problemas psicológicos que acarrea la soledad no deseada, según todos los expertos. De hecho, Más Madrid ya presentó en septiembre una proposición no de Ley para que las distintas Administraciones públicas destinen recursos y medios para ayudar a los mayores que viven solos, un problema cada vez más acuciante.

Al margen de vivir solo o con más gente, el envejecimiento de la población española es uno de los mayores problemas que debemos afrontar en el siglo XXI. Y tiene enormes consecuencias económicas y sociales, que deberían obligar a partidos e instituciones a un gran Pacto social por la población y contra el envejecimiento, porque va a exigir enormes recursos y medidas concretas para afrontarlo de aquí a 50 años.

El mayor problema que se plantea es pagar las pensiones al mayor número de pensionistas que habrá, con menos activos que hoy: hoy tenemos 3 activos por cada jubilado y en 2051 habrá 1,65 activos por cada mayor de 65 años. Y el número de pensionistas pasará de los 9,1 millones actuales a 15,6 millones en 2050, según el INE. Eso obliga a “racionalizar” el gasto en pensiones, tratando de aumentar lo posible los ingresos (cuotas y aportaciones presupuestarias) y “atemperar” los gastos, adecuando las pensiones futuras a la mayor esperanza de vida y a lo que se pueda pagar. La reforma de las pensiones que se hizo en 2021 es un paso en esa dirección, pero resulta insuficiente y habrá que ir haciendo ajustes de ingresos y gastos en función de la economía y la demografía.

Otro problema importante será adaptar el gasto sanitario a una población más envejecida. Ya hoy, se estima que el 45% de todo el gasto de la sanidad pública se dirige a atender a los mayores de 65 años, cuyo coste de atención sanitaria triplica el del resto de la población. Y además, dos tercios de estos mayores sufren 4 o más patologías crónicas (hipertensión, enfermedades cardiovasculares, diabetes, colesterol, asma, insuficiencias, alergias, depresión), patologías que serán crecientes en las próximas décadas, según la OMS. Así que en el futuro, al aumentar el porcentaje de mayores (el 30% de la población en 2050), habrá que destinar más recursos a la sanidad pública, hoy ya falta de recursos y medios. Y eso supone una planificación y una profunda reconversión de la atención geriátrica.

Y un tercer frente son los cuidados a los mayores: a más porcentaje de ancianos, más necesidades de gasto y atención a los dependientes, que se van a disparar. El Gobierno Sánchez ha estimado que para 2050 puede haber en España 1,6 millones de mayores dependientes, casi el doble de los 923.000 mayores dependientes reconocidos que existen hoy. Eso obliga a preparar con tiempo, recursos y personal su atención, que hoy es muy deficiente, con recursos escasos y 185.528 dependientes en lista de espera (con prestación reconocida pero sin recibirla), de los que 47.000 mueren cada año esperando. No se trata sólo de destinar más recursos sino de reorganizar toda la economía de los cuidados, reforzando la atención a domicilio, la teleasistencia, la ayuda a los cuidadores familiares, el refuerzo de las residencias y la planificación de nuevos hogares para mayores.

Al final, adaptarnos a un país con más viejos y más personas solas exige buscar más recursos para atender a los mayores, que ya son hoy insuficientes: España apenas destina el 0,9% del PIB al cuidado y atención de los mayores, muy por debajo del gasto medio que hacen los paises OCDE (1,5% del PIB, llegando al 3,7% en Noruega y el 4,1% en Holanda). Y la propia OCDE estima que, el envejecimiento de la población occidental obligará a duplicar el gasto en atender a los mayores (al 3% del PIB). Hay que prepararse y buscar recursos públicos, que sólo pueden venir del aumento de la recaudación, no de bajar impuestos. Y además, urge tomar dos medidas más en paralelo: aumentar la natalidad y aumentar el empleo (hoy trabajan en España 1,8 millones de personas menos de las que deberían trabajar si tuviéramos la tasa de empleo europea), para que haya más personas trabajando, cotizando y pagando impuestos, más población (españoles e inmigrantes) que sostengan y financien a ese 30% de mayores. Se lo merecen.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Población: menos españoles y más viejos


El coronavirus nos agobia tanto que no vemos otras noticias preocupantes, como la que nos dio este martes Estadística (el INE) y pasó desapercibida: perdemos población, porque nacen menos niños y mueren más viejos. Y para 2070, seremos 33,8 millones de españoles, 6,5 millones menos que hoy. La población residente  crecerá, pero solo gracias a los inmigrantes, porque en 2070 habrá 9,8 millones más de extranjeros viviendo en España. Además, la población española está cada vez más envejecida: si hoy, un 19,6% tiene más de 65 años (9,2 millones), en 2050 serán un 31,4% de la población (15,6 millones de personas), con lo que  habrá menos personas en edad de trabajar, menos a pagar pensiones e impuestos. Un preocupante panorama, más negro que en el resto de Europa, que exige un Pacto demográfico urgente, para apoyar la natalidad y las familias, para frenar esta caída de la población española que es un torpedo al crecimiento y al futuro. Hay que conseguir que nazcan más españoles.

La población mundial lleva siglos creciendo imparable, pero ahora también se frena. Desde la aparición del hombre en la Tierra, hace unos 200.000 años, hubo que esperar hasta el año 1804 para alcanzar los primeros 1.000 millones de personas. Llegar a los 2.000 millones, en 1927, costó más de un siglo( 123 años), pero los 3.000 millones se alcanzaron en la tercera parte de tiempo (33 años), en 1960. Y luego, se dieron los saltos en poco más de una década: 4.000 millones (1974), 5.000 millones (1987), 6.000 millones (1999) y 7.000 millones (2011). Ahora, se espera que la población mundial crezca algo más despacio, según las últimas previsiones de la ONU: 8.000 millones en 2027, 9.198 en 2040, 9.735 millones en 2050, 10.151 millones en 2060 y 10.875 millones en 2100.

Además de crecer menos rápido este siglo, la población mundial va a crecer de una manera muy desigual, cayendo la población en Europa (donde vive el 10% de la población mundial), según la ONU. Eso sí, seguirá creciendo en Asia (donde hoy vive el 61% de los humanos), en Africa (17% de la población), en Norteamérica (5% población) y menos en Latinoamérica (8% población mundial). A mediados de siglo, en 2050, el país más poblado será India (1.639 millones frente a 1.402 millones China) y en 2100 seguirá siéndolo, aunque con menos población (1.447 millones), seguida de China (1.065) y Nigeria (733 millones de habitantes frente a 206 millones hoy). Estados Unidos saltará de los 331 millones actuales a 379 (2050) y 424 millones a finales de siglo. Latinoamérica pasará de 654 millones (2020) a 762 (2050) y 679 millones (2100). Y Europa sufrirá una caída drástica de población: de 747,6 millones hoy a 710,4 en 2050 y 629,5 en 2100. España será uno de los paises con más pérdida de población, según estas previsiones de la ONU: de 46,7 millones este año a 43,6 en 2050 y 33,2 en 2100, casi 13 millones menos de población a finales de siglo.

Y todavía hay otros estudios que ralentizan más el crecimiento de la población mundial este siglo y auguran mayores caídas de población en Europa. Así, un estudio del Instituto IHME de la Universidad de Washington, publicado en Lancet en julio de 2020, prevé que el mayor pico de la población mundial se dé en 2060, con 9.700 millones de personas y que a partir de ahí baje la población mundial, hasta 8.800 millones en 2100 (2.000 millones menos que los 10.875 millones estimados por la ONU), debido al aumento de la educación femenina y a un mayor peso de las medidas de contracepción. Según este estudio, financiado por la Fundación Gates, la población se reducirá a la mitad este siglo en 23 paises, entre ellos Italia, Portugal, Japón, Corea del Sur, Tailandia y España, donde estiman que caerá de los 46 millones actuales a 23 millones en 2100.

En medio de estas previsiones internacionales, Estadística (el INE) publico este martes sus proyecciones de población para España entre 2020 y 2070.Y el dato es demoledor: la población española (nacida en España) caerá de 40,33 millones en 2020 a 37,10 millones en 2050 y a 33,79 millones en 2070. Habrá 6.540.263 españoles menos dentro de 50 años. Lo que supone reducir la población española en 130.805 personas cada año.

La causa de este desplome de población es doble: caen los nacimientos y aumentan las muertes, algo que ya viene pasando en España desde 2016, el primer año en que cayó la población española  (-19.242 habitantes) desde la Guerra Civil. La natalidad cae en España por dos motivos. Uno, porque hay menos mujeres españolas en edad fértil (entre 15 y 49 años), por la crisis de natalidad en los años 80 y principios de los 90.Y el otro, porque las mujeres españolas tienen menos hijos: 1,23 niños por mujer en 2020, la mitad que en 1976 (2,8 niños por mujer) y menos que la media europea (1,55 en 2018), que Italia (1,29), Alemania (1,57), Reino Unido (1,68) o Francia (1,88), según Eurostat. Y entre tanto, la mortalidad ha aumentado más, a partir de 1976 (299.007 defunciones), subiendo a 420.408 defunciones en 2015 y 466.583 muertes que se esperan este año 2020 (50.000 por el COVID). Y en los próximos años se espera que las defunciones sigan aumentando, hasta un 40% (a 612.160 en 2050 y a 648.504 muertes en 2070), según el INE, por el creciente envejecimiento de la población española, que no se compensa con el aumento en paralelo de la esperanza de vida (hasta 86,22 años en 2070 frente a 50 años en 1941 y 73,34 años en 1975).

Esta fuerte caída de la población nacida en España (-6,5 millones los próximos 50 años) se va a compensar con el aumento de la población inmigrante residente en España: aumentará en 9.800.093 personas entre 2020 y 2070, según el INE. Los inmigrantes fueron clave en el crecimiento de población de principios de siglo, pero con la crisis, muchos se fueron a sus paises y el saldo fue negativo a partir de 2010, con pérdidas importantes en 2012 (-142.592 netos) y 2013 (-256.289). Pero los inmigrantes han vuelto y el saldo migratorio crece desde 2016 (+87.422), año tras año hasta 2020 (+109.571). Ahora, el INE estima que la inmigración siga creciendo más cada año, sobre todo entre 2025 y 2050 (con aumentos netos de inmigrantes de +177.000 a +275.000 cada año) y más después (+295.914 en 2070). Eso permitirá que la población inmigrante residente en España pase de 6.995.647 en 2020 (el 14,78% de la población total) a 12.801.714 en 2050 (el 25,64%) y 16.795.740 en 2070 (el 33,19%), según el INE. Así que habrá un inmigrante por cada 2 nacidos en España en 2070, cuando hoy son 1 inmigrante por cada 6 españoles.

Este creciente flujo migratorio “salvará” la población total en España, que gracias a los extranjeros no caerá, sino que aumentará en 3.259.830 residentes entre 2020 y 2070, según el INE: pasaremos de ser 47.329.981 habitantes en 2020 a 49.910.653 en enero de 2050 y 50.589.811 habitantes en enero de 2100. Pero ojo, con inmigrantes y todo, habrá 10 regiones españolas que perderán población entre 2020 y 2035, según el INE: Castilla y León (-10% y -239.064 habitantes), Asturias (-10% y -101.436 habitantes), Extremadura (-8,3% y -88.404 habitantes),Galicia (-6,6% y -178.257 habitantes), Cantabria (-5,3%), Ceuta (-3,9%), Castilla la Mancha (-3,3% y -66.756 habitantes), País Vasco (-1,7%), Aragón (-0,9%) y la Rioja (-0,3%). O sea, que la España vaciada se va a vaciar aún más. Las restantes regiones ganan población, sólo gracias a la inmigración, en especial Baleares (+14,9% y +179.921 habitantes), Madrid (+9,1% y +614.049 habitantes), Canarias (+8,4% y +182.272 habitantes), Murcia (+6,1% y +91.512 habitantes), Cataluña (+5,4% y +414.061 habitantes), Navarra (+4,5%) y la Comunidad Valenciana (+3% y +152.724 habitantes).

Vista la evolución prevista para la población española en el próximo medio siglo, el 2º grave problema, tras la caída de la población española, es su progresivo envejecimiento: si este año 2020 habrá un 19,6% de población (total) mayor de 65 años (9.276.676 habitantes), para 2050, los mayores serán ya casi un tercio de la población: el 31,4%, 15.671.945 personas, según la proyección del INE, que prevé una bajada posterior, hasta el 28,6% de mayores de 65 años en 2070 (14.468.685 personas). En definitiva, si ahora 1 de cada 5 españoles tiene más de 65 años, dentro de 3 décadas, los mayores serán 1 de cada 3 personas. Eso se debe a dos causas: la baja tasa de natalidad (recordemos, 1,23 hijos por mujer, cuando la “tasa de reemplazo”, para que los niños sustituyeran a los mayores, debería ser de 2,1 hijos/mujer) y el aumento de la esperanza de vida, que estará por encima de los 85 años en 2050: pasará de 80,01 a 84,65 los hombres y de 85,44 a 88,88 las mujeres (en 2049). Y subirá a casi 88 años de media en 2069 (85,81 hombres y 90 años las mujeres), según el INE.

Este aumento del envejecimiento situará a España como el país más envejecido del mundo en 2050, según la ONU. Y esto tendrá un impacto muy negativo sobre la economía española, como analiza este informe de CaixaBank. Por un lado, reduce la población en edad de trabajar, que además en España se recorta más por la caída de la natalidad, porque nacen menos niños que trabajen mañana: pasaremos de tener  28,8 millones de personas entre 20 y 64 años en 2020 a 25,9 millones en 2050, según el INE. La consecuencia es muy clara: si hoy hay 3 personas en edad de trabajar por cada mayor de 65 años, en 2050 habrá 1,65 activos por cada jubilado. Otra manera de verlo es comparar los españoles en edad de trabajar (los que han de crear riqueza y pagar impuestos y pensiones) con los españoles niños (menores de 16 años) y jubilados (más de 65 años). Es lo que se llama “la tasa de dependencia”: pasará de 53,4% en 2020 a 81,1% en 2050. A lo claro: si hoy tenemos 54,2 mayores y niños por cada 100 españoles en edad de trabajar, en 2050 serán 81,1. O sea, que si hoy cada inactivo tiene 1,84 activos para sostenerle, en 2050 tendrá 1,23 activos.

Este dato es una bomba de relojería para las pensiones y para el sostenimiento del Estado del Bienestar: cada vez habrá más personas mayores y menos jóvenes para trabajar, pagar impuestos y cotizar para financiar las pensiones de sus padres. Y además, los estudios demuestran que el envejecimiento de la población reduce la productividad de las empresas y los paises. De hecho, este estudio de CaixaBank revela que el envejecimiento en España en la década de 2010 a 2019 (+4,7%) ha provocado que España creciera un 0,6% menos cada año. Y está previsto que el mayor envejecimiento lastre el crecimiento futuro: lo recortará -07% cada año entre 2020 y 2029, -0,6% anual entre 2030 y 2039 y -0,1% anual entre 2040 y 2049, según este estudio de CaixaBank. Es muchísimo y eso se traduce en menos empleo y menos renta, en un nivel de vida peor del que podríamos tener.

Así que perder población y encima que seamos cada vez más viejos es una tremenda hipoteca sobre el futuro. Para muchos expertos, es uno de los tres grandes retos de España este siglo, junto al cambio climático y a la revolución tecnológica que se va a comer parte de los actuales empleos. Por eso, urge tomar medidas en cuanto se pueda, a pesar de los agobios inmediatos del coronavirus, porque actuar sobre la población tarda décadas en dar frutos. Dentro del paquete de reformas a medio plazo, una prioridad debe ser la población: urge un Pacto demográfico para conseguir que nazcan más niños, a la vez que se organizan los flujos de inmigración legal, que necesitamos para cubrir el desplome de población española. Necesitamos cuanto antes un Plan de fomento de la natalidad, asentado en 4 patas. Una, establecer más ayudas a las familias, desde las guarderías y enseñanza a la sanidad, transporte, vivienda, luz,  agua, subsidio de paro o la Dependencia. Dos, establecer una fiscalidad de apoyo a la natalidad, con propuestas como mejorar la pensión de los que tengan más hijos (campaña “Más hijos, más pensión) o contabilizar como tiempo cotizado los años en que las madres cuidan a sus pequeños. Tres, avanzar en las políticas de conciliación laboral en las empresas. Y cuatro, favoreciendo el trabajo de la mujer, que tiene más paro y  peores empleos y sueldos por su potencial maternidad.

Mejorar la natalidad y perder menos población es uno de los retos claves para salvar el futuro. España tiene el doble de paro que Europa y menos riqueza (el 91% de la media UE-28) porque aquí trabaja menos gente y trabajamos con menos eficacia (productividad). Tenemos ya 1,5 millones menos trabajando de los que deberíamos si tuviéramos la tasa de empleo europea. Y encima, dentro de tres décadas, habrá 3 millones menos de españoles en edad de trabajar. O lo recomponemos, o no podremos sostener la sanidad, la educación, las pensiones, la dependencia y los servicios públicos. Por eso es tan fundamental que haya más niños, a la vez que dejamos entrar a más inmigrantes: unos y otros nos salvarán.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Más PIB, por las drogas y el puterío


Por arte de magia (contable), España ha crecido 116.185 millones más de lo dicho en los últimos  4 años. Y también crecerá más este año y los siguientes, ahora que el Gobierno ha cambiado la metodología de cálculo del PIB, como ha hecho toda Europa: contabilizará la investigación, los gastos militares y también los negocios de la droga, la prostitución, el contrabando y el juego ilegal. Cuatro actividades ilegales que se suman a la economía legal y consiguen que el PIB español crezca un 2,6% extra cada año. Un “enjuague contable que permite al Gobierno Rajoy reducir el déficit público (% sobre PIB) y gastar 2.000 millones más en 2015 (año electoral). Y también rebajar el peso de la deuda pública, que ronda el 100% del PIB. Pero es sólo maquillaje: la realidad es que se frena el escaso crecimiento (Banco de España), debemos lo mismo y tenemos igual agujero en las cuentas públicas. Y, sobre todo, seguimos siendo más pobres que Europa (PIB por habitante). Hacen “ingeniería contable” pero no se atreven a que parte de esa economía ilegal desaparezca o pague impuestos.
enrique ortega

El PIB (Producto Interior Bruto) es el valor de los bienes y servicios producidos por un país. Todos los países lo miden con la misma metodología (del FMI), para poder compararse. Y cada equis años, las estadísticas se revisan y actualizan. A Europa le toca ahora cambiar el sistema de 1995 (SEC 1995) por uno actualizado, el SEC 2010 , que entra en vigor en octubre de 2014 (EEUU lo cambió en agosto de 2013). Los cambios (obligatorios) son de dos tipos. Por un lado, se contabilizan de otra manera algunos gastos, como los de investigación (I+D) y Defensa, que ahora se consideran inversiones, lo que sube automáticamente el PIB. Y por otro, se incluyen en el PIB actividades ilegales que antes no se contabilizaban: drogas, prostitución y contrabando. Con ambos cambios, el PIB de la Unión Europea tendrá una subida extra del 2,4%, según Eurostat. Aunque los países que ya lo han aplicado han tenido una mayor subida extra del PIB: +7,6% en Holanda (donde existe un pujante negocio legal de drogas blandas y prostitución), +4,5% en Reino Unido y +3,2% en Francia.

Incluir los negocios ilegales en el PIB europeo ha supuesto un gran debate. La propuesta partió de Holanda (la más beneficiada) y contó con la oposición inicial de Alemania, Francia, Italia y España, que argumentaban lo difícil de medirlos de forma homogénea. Al final, el asunto llegó al Tribunal de Cuentas de la UE, que dictaminó a favor de incluirlos, una decisión aprobada en forma de Reglamento (marzo 2014) por la Comisión Europea, favorable a inflar el PIB para así conseguir recaudar más de los países (pagan un % sobre su PIB).

En España, el INE ha aplicado la nueva metodología a las cuentas de 1.995 a 2013 y así ha inflado el PIB un +2,6 % extra cada año, lo que significa que haaumentado” la producción española en 116.185 millones extras sólo entre 2010 y 2013 (falta conocer la subida extra del PIB desde 1995 al 2010). O sea, que por arte de magia (contable), en estos últimos cuatro años (2010-2013), España ha producido un 10,7% más.  La mitad de la subida  (1,34%) se debe a considerar el gasto en investigación (I+D) y Defensa como inversiones, otra parte (0,39%) se debe a la mejora de varias estadísticas (censo, EPA) y el resto (0,87%) se debe a la inclusión de cuatro actividades ilegales, las drogas, la prostitución,el contrabando y el juego ilegal). El problema que ha tenido el INE es cómo medir estos negocios si son ilegales. Para ello ha usado múltiples fuentes, desde las estadísticas de captura de alijos de droga de la policía a los datos de ONGs que trabajan con prostitutas  y clubs de alterne a las estadísticas de contrabando de Altadis. Es, pues, una estimación. El INE ha calculado que estos negocios ilegales aportan al PIB unos 9.200 millones al año: 5.000 las drogas, 3.500 la prostitución y 700 millones más el contrabando y el juego ilegal.   

Ciertamente, se han quedado cortos, porque estos negocios ilegales mueven más de 50.000 millones al año. El que más dinero mueve son las drogas, dado que España se ha convertido en el líder europeo en consumo de cocaína, tras GB (1 millón de españoles la han consumido en el último año), mientras hemos quintuplicado la producción anual de marihuana (105.000 plantas decomisadas en 2013, sobre todo en Murcia, Málaga, Granada, Alicante y Valencia). Si la policía incautó drogas en España por valor de 2.700 millones de euros (2012), se estima que eso supone entre un 10 y un 15% de lo que mueve el sector. O sea que hablamos de un negocio de unos 30.000 millones de euros. En el caso de la prostitución, la estimación de los expertos es que hay entre 100.000 y 300.000 prostitutas en España y que el negocio mueve unos 18.000 millones anuales. Sobre el contrabando, sólo en tabaco se estima (Altadis) que un 7,7% de las cajetillas no pagan impuestos (un 10% en Andalucía y hasta un 20% en Málaga, Sevilla o Cádiz). Un estudio de la Complutense eleva el contrabando al 12% del consumo de tabaco, lo que supone un negocio ilegal de 1.400 millones de euros (además de un fraude fiscal de 1.038 millones). Y falta el juego ilegal, que mueve unos 84 millones anuales en España, según un reciente estudio.

Ahora, el INE va a contabilizar parte de estos negocios ilegales, lo que llevará a una subida extra del PIB año tras año (han sido + 26.193 millones en 2013), empezando por el pasado (1.995-2.013) y de cara al futuro. El cambio le va a venir muy bien al Gobierno Rajoy, ya en el Presupuesto para 2015: no sólo creceremos alguna décima más sino que tendremos “menos déficit público”  y “menos deuda”, ya que ambos se calculan como porcentaje sobre el PIB (si sube el denominador, baja el porcentaje de déficit o deuda). Así, el déficit público bajará unas dos décimas: si se aplica a 2013, se rebajaría el déficit del 6,62% que quedó al 6,46%, con lo que ahora si cumpliríamos el objetivo (6,50%). Será más fácil cumplir el 5,5% para 2014. Y en 2015, el Gobierno Rajoy tendrá 2.000 millones más para gastar sin subir el déficit ("un buen regalo" para un año electoral). Y en la deuda pública, el cambio del PIB supondrá rebajar casi tres décimas: si en junio 2014 la deuda pública estaba en el 98,9% del PIB, ahora quedaría en el 96,4%.¡Vaya consuelo !.

El cambio en el PIB maquillará un poco los problemas, pero seguirán ahí, con toda su fuerza: el agujero de las cuentas públicas sigue elevado (ingresaremos este año 55.000 millones menos de los que gastemos) y lo mismo la deuda, que ha superado el billón de euros (1.012.643 en junio, 269.112 millones más que cuando Rajoy llegó al Gobierno). Y lo peor: por subir contablemente el PIB no vamos a ser más ricos. De hecho, España seguirá siendo más pobre que la media europea (el 13º país con más renta en el ranking UE-28), con un 95% de la renta comunitaria (PIB por habitante), muy alejado de  Holanda (127%), Alemania (124%), Francia (108%) o Gran Bretaña (106%) y por debajo de Italia (98%). Y es que con la crisis, hemos pasado de tener más renta que la media (105% en 2007) a menos (95% en 2013, según Eurostat). Y la mitad de los españoles viven ya con menos de 1.000 euros al mes.

Así que los problemas y el retraso de España siguen ahí, a pesar de los maquillajes contables del PIB. Y se utiliza para hacer “ingeniería contable” a la economía ilegal, en lugar de aprovechar para que una parte de ella aflore y pague impuestos. Es lo que hizo en su día Holanda, donde la prostitución está legalizada (cotiza a la SS y paga impuestos) y también las drogas blandas. Aquí, la organización de inspectores de Hacienda (IHE) cree que el INE infravalora la economía ilegal y aseguran que podrían recaudarse unos 6.000 millones sólo de la prostitución (si tributara al 30%). Y podrían sumarse otros 5.000 si se legalizara la marihuana, sin olvidar la recaudación por combatir mejor el contrabando de tabaco (Gibraltar) y el juego ilegal.

No es fácil “blanquear” esta economía ilegal y hacer que contribuya a recaudar más. Pero hay que intentarlo. Y sobre todo, no podemos sumar estas actividades ilegales sólo para el PIB y no para Hacienda. De acuerdo que es una exigencia comunitaria. Pero no nos engañemos: es un maquillaje. Los problemas están ahí y crecer más de verdad pasa por reanimar la economía (se está frenando, según el Banco de España), favorecer el consumo (mejorar salarios y contratos, menos impuestos indirectos) y la inversión (ayudas fiscales y tirón de la inversión pública), además del necesario tirón europeo, con más gasto en Alemania y países ricos de Europa (como pide el presidente del BCE y no quiere Merkel). Lo demás son trampas contables, engañarnos al solitario.