Mostrando entradas con la etiqueta reputación banca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reputación banca. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de septiembre de 2017

Rescate bancario: más coste que los recortes


Rajoy y su Gobierno prometieron que el rescate bancariono iba a costar un euro a los españoles”. Ahora, el Banco de España dice que 41.150 millones de dinero público aportados a 14 Cajas y bancos son irrecuperables (7 de cada 10 euros). Y somos el país europeo de los grandes que más pierde con el rescate bancario: 2.286 euros por familia. Superan los 37.000 millones recortados por Rajoy para rebajar el déficit. Significa que sin el rescate bancario, no tendría que haber hecho los dolorosos recortes en sanidad, educación, paro, dependencia, tecnología, ayudas sociales y otros. Además, este enorme esfuerzo de todos ha servido para que los grandes bancos beneficiados, que se quedaron con las entidades saneados, sean ahora más fuertes: entre 5 controlan el 64% del mercado, más que en Europa, imponiendo tipos y comisiones. Y además, destruyen empleo, dan pocos créditos y no son transparentes. Es hora de pedir, a cambio de un ajuste tan costoso (por el que sólo hay 4 en prisión), una banca más ética, transparente, cercana y útil. Necesitamos una banca “nueva”.



                                                                                         enrique ortega

Entre 2010 y 2011, la Comisión Europea rescató a Grecia (mayo 2010), Irlanda (noviembre 2010) y Portugal (mayo 2011). España, demasiado grande para ser intervenida, se salvó del rescate como país por la puerta de atrás : el 9 de junio de 2012, el Gobierno Rajoy pidió finalmente 41.300 millones de ayudas europeas para rescatar a la banca. Y en estos años, hasta finales de 2016, se han destinado 77.702 millones de euros a sanear 14 Cajas y bancos, según el balance oficial del Banco de España publicado en septiembre. Han sido para Bankia (22.424 millones), Catalunya Bank (13.887 millones), Caja de Ahorros del Mediterráneo (11.093 millones), Novacaixagalicia (10.384 millones), Banco de Valencia (6.154 millones), Caja Castilla la Mancha (4.215 millones), Unnim (2642), BMN (1.645 millones), CEIIS (1.559 millones), Cajasur (1.192 millones), Banca Cívica (977 millones), Caja 3 (407 millones), Banco Gallego (245) y Liberbank (124 millones).

De estos 77.702 millones inyectados a esas 14 entidades, dos tercios (55.425 millones) son ayudas públicas (a través del FROB) y el tercio restante (22.277 millones) lo han aportado bancos y Cajas, a través del Fondo de Garantías. Pues bien, según el balance del Banco de España, de los 55.425 millones de ayudas públicas, ya se han recuperado 3.873 millones y se esperan recuperar otros 10.402 millones con la futura venta de Bankia-BMN (9.800 millones) y los 604 millones (ya recibidos) de Unicaja por Caja Duero. O sea, que de una aportación pública (FROB) al rescate bancario de 55.425 millones, son irrecuperables 41.150 millones, el 74%. A lo claro: se perderán 7,4 de cada 10 euros gastados, una media de 889 euros por español y 2.286 euros de coste final por cada familia. Y los ciudadanos también pagaremos buena parte de la otra parte de la factura, la que ha pagado la banca, los 22.277 euros aportados por el Fondo de Garantías y de los que sólo se han recuperado 673 millones: los pagaremos vía más comisiones (los clientes) y menos dividendos (los accionistas).

Pero al final, el coste del rescate bancario puede ser mayor de los 41.150 millones de que habla el Banco de España. Sobre todo, porque otros cálculos indican que el coste ha sido superior a los 77.702 millones que dice el banco emisor. Por un lado, el Tribunal de Cuentas ya elevó la cifra de ayudas a la banca a 107.914 millones de euros, en un informe de 2014, donde incluía créditos y avales no contemplados por el cálculo del Banco de España. Y la Comisión Europea, en su informe Scoreboard 2015, elevaba las ayudas públicas a la banca en España a 93.300 millones de euros, el 8,49% del PIB. Y señalaba que en toda la Unión Europea se han destinado 642.000 millones de euros (el 4,94% del PIB) a sanear la banca, siendo España el 7º país que más ha gastado, tras Irlanda (34,86% del PIB), Chipre (17,53%), Grecia (16,88%), Bélgica (12,04%), Eslovenia (10,11%) y Portugal (8,86% PIB).

Y encima, España es el país europeo de los grandes que más lleva perdido en el rescate bancario, según los últimos datos de la Comisión Europeaun coste no recuperado de 48.000 millones (6.850 millones más de lo que dice el Banco de España), el 4,3% del PIB, que triplica el coste perdido por los 28 paises europeos (1,5%) y duplica con creces los costes no recuperados en el rescate bancario por los paises euro (1,9%). También supera lo perdido por Alemania (1,3% del PIB), Italia (0,2%) o Reino Unido (0,6%), mientras Holanda o Francia han recuperado con intereses las ayudas prestadas, igual que EEUU. Con ello, España es el 5º país europeo con más ayudas irrecuperables a la banca (4,2% PIB), tras Irlanda (17%), Grecia (15,6%), Eslovenia (13,3%), Chipre(10,7%) y Portugal (7%). Esta mayor factura del rescate bancario se debe, según los expertos, a que en España se actuó tarde (en 2012 en lugar de en 2009 y 2010, como otros paises), la crisis inmobiliaria era más profunda, la supervisión fue errónea (Banco de España y Gobiernos) y chocó con la resistencia y la politización de Gobiernos y autonomías (Cajas).   

Además, hay otras ayudas que no se incluyen en estas cifras, como las ayudas fiscales que van a tener durante muchos años los bancos que han comprado Cajas y bancos rescatados. Se llaman “créditos fiscales” y son millones que deja de recaudar Hacienda. CaixaBank, por ejemplo se apuntó 1.208 millones de créditos fiscales (menos impuestos, más beneficios) en 2013, por la compra del Banco de Valencia. Y lo mismo han hecho BBVA o Sabadell, los otros grandes que han comprado bancos en crisis. Hay también otros costes, como los 82.000 empleos perdidos en la banca desde 2008 (3 de cada 10 empleados) y el cierre de 16.000 sucursales bancarias (1 de cada 3), que provoca un deterioro del servicio a los clientes en media España. Y además, en estos 5 años de reconversión bancaria, los bancos supervivientes no han estado para prestar a empresas y familias, con lo que ha habido un coste adicional de menos créditos (-500.000 millones) y un mayor cobro de comisiones y tipos, para compensar sus propios costes (298.541 millones en saneamientos).

Pero eso sí, también hay quien ha salido ganando con este rescate bancario que tanto ha costado a los contribuyentes, empleados y clientes. Son los grandes bancos, que ahora son más grandes, sin haber gastado demasiado en unas compras que nos han costado a todos 41.150 millones. Los más beneficiados han sido CaixaBank, que se quedó con Banco de Valencia (6.154 millones de ayudas públicas irrecuperables) y Banca Cívica (toda la ayuda pública se ha recuperado) y Banco Sabadell, que adquirió la Caja de Ahorros del Mediterráneo (11.093 millones aportados por el Fondo de Garantías sin recuperar) y el Banco Gallego (340 millones de ayudas públicas irrecuperables). Y BBVA, que se adjudicó Cataluña Bank (11.803 millones de ayudas públicas irrecuperables) y Unnim (2.642 millones del Fondo de garantías irrecuperables). Luego están Banesco, el mayor banco de Venezuela, que compró Novacaixagalicia-Abanca (9.052 millones de aportaciones públicas irrecuperables) y Unicaja, que se adjudicó CEIIS, una entidad (Caja España + Caja Duero) a la que se aportaron 955 millones públicos irrecuperables. Y Cajastur, que se quedó con Caja Castilla la Mancha (4.215 millones del Fondo de garantías irrecuperables), BBK que compró Cajasur (392 millones públicos irrecuperables) e Ibercaja que adquirió Caja3 (Caja Inmaculada, Caja Círculo y Caja Badajoz), una de las tres entidades rescatadas donde se ha recuperado toda la ayuda pública, como en Liberbank (Cajastur, Caja de Extremadura, Caja Castilla-La Mancha y Caja Cantabria), que podría fusionarse con Ibercaja. Ahí están nuestras ayudas perdidas.

Ya no es sólo que los grandes bancos se hayan quedado con Cajas y bancos rescatados por todos a precio de saldo, sin pagar todo el dinero inyectado (público y privado). Es que además, gracias a estas compras, la gran banca se ha hecho más fuerte, sobre todo tras la reciente compra del Popular por el Santander (también a precio de saldo, 1 euro, y ayudas y créditos fiscales). Así, ahora, los 3 grandes grupos bancarios (Santander, CaixaBank y BBVA) controlan ya la mitad del mercado bancario (48,3% del crédito y 49,6% de los depósitos). Y si incluimos a Bankia  y Sabadell, los cinco grandes controlan el 64% del mercado bancario (el presidente de Bankia habla incluso del 72%), un porcentaje que llega al 75% (y lo supera incluso) en 21 provincias (Galicia, Aragón, las 2 Castillas, Gerona, Cáceres, Huelva y Tenerife), según ha alertado el Banco Central Europeo (BCE). Un oligopolio bancario que no se da en ningún otro país europeo, donde los 5 grandes bancos controlan el 48% del mercado en la zona euro, el 32% en Alemania, el 48% en Francia, el 41% en Italia y el 39% en Reino Unido. Y esta concentración aumentará en 2018, cuando se vendan Bankia-BMN (y aunque se prevé ingresar por la venta 9.800 millones, aun quedarán otros 14.271 millones públicos aportados irrecuperables).

Así que el rescate bancario se ha saldado con 41.150 millones de euros públicos perdidos, más ayudas fiscales indeterminadas, 82.000 despidos y 16.000 sucursales cerradas, menos crédito y más tipos y comisiones bancarias para los clientes. Un elevado coste que ha salvado los depósitos de millones de clientes, como dice Rajoy, pero ha hecho más fuertes a los grandes bancos, que este año han digerido ya la crisis y ganan 7.967 millones de euros en el primer semestre, un 21% más que el año pasado. Y que son más fuertes para imponer tipos y comisiones a los clientes, mientras no se “mojan” en dar créditos a las empresas (sobre todo a las pymes) y centran su actividad en dar créditos al consumo (a tipos más altos que en Europa) y más hipotecas. Y que siguen en los Juzgados, porque hay ya 57.000 demandas presentadas desde junio por clientes, por presuntos abusos en préstamos y cláusulas suelo.

O sea, que tenemos una banca poco transparente, que presta menos de lo que se pide, cobra altos tipos y muchas comisiones, paga poco por el ahorro y  además,  tiene una mala imagen entre los clientes: “la reputación de la banca está bajo mínimos. Es un problema muy serio”, ha dicho sin ambages el consejero delegado de CaixaBank. Un pobre balance para un sector que se ha beneficiado de 41.500 millones de ayudas públicas irrecuperables. Unas ayudas que han obligado al Gobierno Rajoy a hacer unos recortes drásticos estos años, para reducir el déficit: se han recortado desde 2012 unos 37.000 millones de euros en ayudas a los parados (-11.364 millones), en sanidad (-9.787 millones), educación (-7426 millones), Dependencia (-2.865 millones), ayudas a las familias (-1.200 millones), gastos sociales (-1.000 millones) y Ciencia (-3.741 millones en I+D+i), entre otros. Recortes que han sufrido millones de españoles y que se podrían haber evitado si las Cajas y bancos rescatados se hubieran gestionado mejor y si su supervisor (el Banco de España no ha hecho autocrítica) y los gobiernos de Aznar y Zapatero los hubieran auditado mejor y obligado a sanearse con sus propios medios, sin coste público, como han hecho con el Popular.

Y hay otro tema que “clama al cielo”: tras un rescate bancario tan costoso para los españoles, sólo hay 4 directivos bancarios en la cárcel: 4 directivos de Novacaixagalicia, en prisión desde el 16 de enero, tras ser condenados a 2 años de cárcel. El presidente de esa Caja, Julio Fernández Gayoso, salió en libertad  el pasado 4 de agosto. Y otro ejecutivo bancario que pasó por prisión, Miguel Blesa, estaba en libertad y se suicidó en julio. Y aunque hay 274 directivos bancarios investigados en los juzgados, en 47 causas remitidas a la Fiscalía por el FROB, todos están en libertad. Y casi ninguno de ellos, que se beneficiaron de sueldos e indemnizaciones de escándalo, ha devuelto nada de los 41.500 millones públicos perdidos por su corrupción y mala gestión.

Así que lo peor no es sólo lo mucho que se ha perdido con el rescate bancario sino que no se ha castigado a los culpables y que los bancos beneficiados son más fuertes que antes y no cambian su comportamiento ante los clientes. Todavía se está a tiempo de aprovechar la nacionalización de Bankia y BMN (fruto de la fusión de Caja Murcia, Caixa Penedés, Caja Granada y Sa Nostra) para crear con estas dos entidades (fusionadas desde el 14 de septiembre) un banco público, que sea el contrapunto a una potente banca privada. En vez de malvenderlo a uno de los grandes (y hacerlos así más poderosos), el Gobierno y la posición deberían pactar utilizarlo como ariete para promover una banca más cercana, que preste más y sea más transparente. Y eso es lo que habría que exigir al resto de la banca: que si se ha beneficiado de 41.500 millones que hemos aportado todos, los reviertan a la sociedad, con una banca ética, justa, cercana útil y comprometida con la recuperación. No es mucho pedir dado lo que nos han costado a los españoles. Necesitamos una banca ”nueva” para encarar mejor el futuro.

jueves, 9 de febrero de 2017

Las batallas perdidas de la banca


A la banca le crecen los enanos de las sentencias judiciales en contra. Si en diciembre, el Tribunal Europeo de Justicia les obligaba a devolver las cláusulas suelo cobradas “abusivamente” en las hipotecas, el 26 de enero ese Tribunal dictaba otra sentencia permitiendo a los jueces examinar sin plazo todas las cláusulas hipotecarias. Y en los últimos años, decenas de sentencias de juzgados españoles han dado la razón a clientes frente a bancos y Cajas. Todo ello ha deteriorado aún más su imagen, muy afectada por la crisis, los desahucios y las preferentes. Ahora, el Gobierno estudia aprobar una nueva Ley Hipotecaria, para evitar abusos y pleitos futuros. Pero la banca tiene un grave problema de reputación, reconocido por ellos, que dificulta su negocio y su futuro, ante la creciente competencia de multinacionales tecnológicas y telecos. La banca es clave para una economía, pero no cuando apenas da créditos, nos brea a comisiones y trata de engañarnos. Necesitamos otra banca, ética, cercana, ágil y útil . Una banca “nueva” para afrontar mejor el futuro.
 
enrique ortega

La última sentencia en contra de la banca española es del 26 de enero, cuando el Tribunal de Justicia Europeo (TJE) de Luxemburgo dictaminó que limitar a un mes el plazo para reclamar contra una cláusula abusiva en una hipotecava contra las normas comunitarias”. No hay plazo para que el cliente reclame y además se permite a los jueces que examinen todas las cláusulas del contrato, para ver si hay más cláusulas presuntamente “abusivas”, además de la reclamada. Y hay pendiente otra sentencia del mismo TJE (que se espera también contraria) sobre un recurso de un cliente de Bankia al que se le ejecutó la hipoteca por un solo impago.

Sólo un mes antes, el 21 de diciembre, el Tribunal de Justicia europeo conmocionó a la banca española con una sentencia en la que obligaba a devolver íntegramente el dinero cobrado con las cláusulas suelo de las hipotecas, por considerarlas “abusivas”. Ya en marzo de 2013, el Tribunal Supremo español declaró “ilegales” estas cláusulas y obligó a devolverlas, pero limitando el pago a esa fecha y no antes (se empezaron a utilizar desde 2009), para no deteriorar más las maltrechas cuentas de bancos y Cajas. Ahora, el Tribunal Europeo establece la retroactividad total: hay que devolver todo lo cobrado por cláusulas suelo.

Las “cláusulas suelo” establecen que si los tipos de interés caen por debajo de un determinado tipo (normalmente entre el 2 y el 3%), ese bajo tipo de interés no se aplica al cliente y se le cobra “el tipo suelo”. Empezaron a incluirse en las hipotecas en 2009, cuando los intereses bajaron incluso del 1%. También hay “cláusulas techo”, por si los tipos suben mucho, pero aquí los bancos se cubren mucho más y sólo actúan con tipos por encima del 13%. La mayoría de los clientes no eran informados por el banco (ni por el notario) de que su hipoteca contenía esa cláusula suelo y lo notaron cuando se desplomaron los tipos y ellos no lo disfrutaron tanto. Se estima que hay 1.400.000 españoles con hipotecas con cláusula suelo y que la banca debería devolver más de 5.544 millones de euros, según los datos recabados por la CNMV. Los bancos más afectados son Caixa Bank (1.250 millones a devolver), BBVA (1.200 millones), Popular (534 millones), Sabadell (490), Bankia (214), Unicaja (120) y BMN (80), mientras Santander y Bankinter no comercializaron hipotecas con esta cláusula.

A la vista de la sentencia europea, el Gobierno Rajoy trató de evitar un “atasco” en los juzgados, con 1,4 millones de clientes reclamando, y aprovechar para erigirse en “defensor de los consumidores”. Y aprobó un decreto ley, apoyado en el Congreso (31 de enero) por el PSOE, Ciudadanos, PNV y Coalición Canarias, para agilizar el pago de las cláusulas suelo en el plazo de 3 meses. Ahora, bancos y Cajas están obligados a enviar una carta a sus clientes informándoles de que tienen cláusula suelo, para que ellos soliciten información y digan si quieren acordar con el banco su devolución. Pero el banco podrá negarse a devolver la cláusula suelosi cree que no es opaca”, y al cliente sólo le quedará ir a los Tribunales. Si el banco admite que la cláusula “no es procedente”, negociará con el cliente para fijar la cantidad a devolver y cómo hacerlo, si en metálico o mejorando las condiciones de la hipoteca.

Todo esto “suena muy bien”, pero la banca ya ha dicho que no va a pagar todo, porque no cree que todas las cláusulas sean “improcedentes”. El más duro ha sido el Sabadell, que cree que sus cláusulas “no son nulas”. BBVA, Abanca (NovaCaixaGalicia), Popular y Cajamar, cuyas cláusulas fueron explícitamente anuladas por el Supremo en 2013, han dicho que esperarán a que ese Tribunal aclare lo que han de hacer. CaixaBank irá "caso por caso" y sólo Bankia ha dicho que va a pagar inmediatamente las cláusulas a sus 60.000 clientes afectados, por cuestión de “imagen” y para ahorrarse costas judiciales. El resto está ahora negociando con los clientes, entre la amenaza (“si no acepta lo que le ofrezco, nos vemos en los Tribunales, con más riesgo y coste para usted”) y la negociación (“le mejoro a cambio su hipoteca”), pero siempre con una idea central: evitar pagos en metálico. De hecho, la patronal bancaria AEB ha dicho que la banca destinará 3.339 millones a “provisionar” (cubrir) el pago de las cláusulas suelo, lo que supone sólo el 64% de lo que deberían pagar (5.544 millones).

Las cláusulas suelo es el último eslabón de una cadena de enfrentamientos de los bancos y Cajas españoles con sus clientes. El eslabón más grave fueron los desahucios: 598.747 durante la crisis (2008-2015), según datos del Consejo General del Poder Judicial, frente a 700.000 en toda Europa. Y el otro, el fraude de las participaciones preferentes, una especie de acciones sin cotización que bancos y Cajas vendieron a 856.388 clientes (350.000 de Bankia), captando así 42.582 millones de euros de inversores particulares, según los datos del periodista Andreu Missé, autor del libro “La gran estafa de las preferentes. Bancos y cajas ofrecieron esta inversión a partir de 2003, con el “visto bueno” del Banco de España y la CNMV, con el “gancho” de su alto interés (7 y 8%) y sin advertir de su alto riesgo a los clientes, muchos de ellos ancianos (hasta con Alzheimer) y analfabetos financieros. En otoño de 2011, a la vista de la crisis, bancos y Cajas impidieron que los inversores recuperaran su dinero (“corralito”) y en 2013, con el rescate bancario, Bruselas obligó al Gobierno Rajoy a que esos inversores perdieran una parte de su inversión (“quitas”), hasta el 70%. Eso abrió un rosario de manifestaciones y demandas, que acabó con un sistema de arbitraje por el que se devolvió el dinero en los casos más sangrantes, recuperando el resto sólo una parte de su inversión en preferentes.

En paralelo, los bancos han ido perdiendo batallas legales contra sus clientes. El 25 de noviembre de 2015, una sentencia del Supremo establecía como nulo un crédito rápido con un interés del 24,6%, por “usurario”. Y en julio de 2016, un juzgado de Vitoria era el primero en condenar a una entidad (Kutxabank) por cobrar 30 euros como comisión por reclamación de posiciones deudoras (por “descubierto”), algo que hacen todos los bancos y cajas (además de cobrar los intereses de demora). Y antes, un rosario de sentencias judiciales condenando distintas cláusulas que las entidades suelen incluir en las hipotecas: imponer que el cliente pague todos los costes (prohibido por sentencia del Supremo de diciembre 2015), limitación de los intereses de demora, redondeo al alza de tipos, vencimiento anticipado cuando se produce el impago de 3 cuotas, imposición de gastos procesales en caso de impago de cuota, ejecución hipotecaria de un crédito cedido (El Supremo lo declaró abusivo en 2009 y está pendiente de sentencia del Tribunal UE), dación en pago, cuota final abusiva (hasta el 20 y 30% del préstamo, para rebajar las cuotas mensuales) o sistema de cálculo de intereses, sin olvidar  la batalla de 60.000 clientes por haberles vendido “hipotecas multidivisas” con gran riesgo.

Todas estas sentencias y miles que hay cada día en los Tribunales evidencian una mala aplicación y muchos “agujeros” en la Ley Hipotecaria, reformada parcialmente en 2013 y 2015. Ahora, el Gobierno Rajoy ha propuesto aprobar una nueva Ley este verano, solicitando el acuerdo de la oposición. Su idea es incluir en las hipotecas una “ficha precontractual estándar, donde se informe al cliente de todas las cláusulas y que tendrá que firmar. La idea es buena porque explicita las condiciones de las hipotecas, pero tiene un problema: si el cliente no se entera bien, luego no podrá recurrir: “usted ya firmó que lo conocía”. Más impunidad si mantienen cláusulas abusivas.

La banca española ha reaccionado ante la sentencia de la cláusula suelo y ante el anuncio de una nueva Ley Hipotecaria con una amenaza: son más costes y eso supondrá que subirán las hipotecas. De hecho, ya han subido en el último año y las nuevas hipotecas en España son las más caras de Europa, según los datos del BCE: las nuevas hipotecas se dan a un tipo medio del 1,97% (noviembre 2016), frente al 1,79% en la eurozona, el 1,55% en Francia, el 1,62% en Alemania, el 1,82% en Portugal o el 2,05% de Italia. Y son aun comparativamente más caras las nuevas hipotecas a tipo fijo, que ya son mayoría en las nuevas hipotecas por “presión” de la banca a sus clientes: están al 2,2% en España, frente al 1,7% de media en la eurozona, 1,59% en Francia, 1,68% en Alemania y 2,2% en Italia. Ahora, todo apunta a que las hipotecas seguirán subiendo en 2017 y más en 2018, porque suben los tipos en los mercados (por el Brexit, Trump y la mayor inflación) y porque la banca nos repercutirá tantas sentencias contrarias.

Y también porque la banca española afronta un futuro complicado, con tipos todavía bajos y un margen estrecho, que les obliga a seguir recortando gastos (tras cerrar 16.000 oficinas y despedir o prejubilar a 80.000 trabajadores desde 2010, aunque acabamos de saber que hay 126 ejecutivos bancarios que ganan más de 1 millón de euros...), seguir fusionándose (el Popular puede ser absorbido y quizás Bankia y BMN se fusionen en 2017) y, sobre todo, a conseguir ingresos extras como sea, básicamente subiéndonos las comisiones. Hasta septiembre de 2016, los 11 principales bancos ingresaron 7.000 millones por comisiones, que habrán sido 9.500 millones en todo 2016 (26 millones diarios), un 23,2% de sus ingresos totales (28,2% en la banca europea). Una fuente clave de ingresos, dado que apenas conceden créditos. En las cuentas del Santander de 2016, los 10.180 millones ingresados en comisiones suponen el 23,2% de su margen. En el resultado de BBVA en 2016, las comisiones aportaron  4.718 millones, el 27,65% del margen. Y en el caso de CaixaBank, el 50,2% de su margen (¡ la mitad ¡) de 2016 fue gracias a las comisiones (2.090 millones). Ahora, los grandes bancos ya han anunciado que van a cobrarnos más comisiones, con el apoyo del Banco de España, sobre todo en tarjetas, fondos, Bolsa, seguros y las cuentas de los clientes que menos “interesan”, porque no dan negocio.

La banca española tiene el doble reto seguir aumentando sus beneficios (para remunerar a los accionistas), aunque sea a costa de brear a comisiones a sus clientes (“no va a ser fácil ni pacífico”, ha reconocido el presidente de la patronal bancaria AEB), y hacer frente a la creciente competencia de los gigantes de Internet (Google, Apple, Amazon, Facebook) y las telecos, lanzados al negocio de transferencias y pagos online, pagos por móvil, créditos y hasta inversiones, mientras la banca tradicional reacciona tarde y mal al reto digital. Ojo: el 30% de los españoles dicen que se pasarían a Google, Apple o Facebook si fueran bancos (y el 41% de los jóvenes), según un estudio de Accenture.

Con todo, el mayor reto de la banca española es superar su “mala reputación, un problema reconocido por ellos mismos: “la reputación de la banca está bajo mínimos. Es un problema muy serio”, ha dicho sin ambages el consejero delegado de CaixaBank. Con tan mala imagen, empeorada tras cada sentencia contraria, la banca tiene muy difícil competir y avanzar. “El mundo ha cambiado y eso obliga a hacer las cosas de otra manera”, ha reconocido Ana patricia Botín, presidenta del Santander. Pero no basta. Tendrían que reconocer los errores del pasado, cambiar presidentes y directivos y empezar a actuar de otra manera de verdad, con rigor, transparencia y sin engaños. Y apostar por ejercer su negocio, por dar créditos (pueden dar más, según el FMI), y no jugar a recibir dinero sin coste (del BCE y los clientes) e invertirlo en deuda pública en vez de prestarlo: el crédito nuevo sigue de capa caída y cayó un 14% en 2016). Y la banca tampoco se moja en el futuro, no invierte en la industria ni en sectores punteros como en el siglo pasado.

La banca es un elemento clave del sistema, el corazón que bombea el dinero que mueve la economía. Pero apenas cumple esta función y los ciudadanos están escarmentados de tanto engaño, tantos cobros injustificados, tanta opacidad. Y la mayoría desconfía de la banca. Urge que el sector se tome en serio su reconversión, protagonizando una revolución interna, en favor de una banca ética, justa, cercana, útil y comprometida con la recuperación. No es mucho pedir tras haberla "salvado" con más de 100.000 millones de dinero público. Necesitamos “otra banca” para encarar mejor el futuro.