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jueves, 25 de diciembre de 2025

Navidad 2025: más ocupados, más consumo

Estamos otra vez en Navidad, la fiesta por excelencia del consumo. Y este año, vuelve a crecer el gasto de las familias, en regalos, comida y viajes, un gasto que empezó con el Black Friday y seguirá hasta las rebajas de enero. En total, gastaremos un 6,2% más, porque hay más población, 600.000 personas más trabajando que las Navidades pasadas y los sueldos han subido algo más que los precios, aunque siguen disparados los alimentos, la vivienda, los hoteles y la hostelería. Pero recordemos que hay varias Navidades, según el nivel de vida de las familias: casi 10 millones de españoles (1 de cada 5) están en situación de “pobreza monetaria” (ganan  menos del 60% de la media) y les cuesta mucho llegar a fin de mes como para derrochar en Navidad. Por eso, Cáritas y otras ONGs piden que miremos alrededor estos días y ayudemos a los que lo necesitan. Celebremos estas fiestas con familia y amigos, pero sin olvidarles y apoyándoles. 
¡ Feliz Navidad ¡

            Gran Vía de Madrid: pobres junto a luces y compras de Navidad

El gasto de las familias españolas crece especialmente estos días, pero en realidad lleva creciendo desde el inicio del verano. Así, en el tercer trimestre, el consumo familiar creció un +1.2%, el mayor aumento en el último año (había crecido un +05% y un 0,7% en los dos trimestres anteriores), según el INE, lo que impulsó la economía, junto al turismo y la inversión, tras “pinchar” las exportaciones (por los aranceles y el estancamiento europeo). Y ahora, en este 4º trimestre, todo apunta a que el consumo habrá crecido algo más, empujado por el Black Friday (aprovechado para comprar anticipadamente los regalos de Navidad y Reyes) y por el mayor gasto previo a estas fiestas navideñas.

CaixaBank Research ha detectado que el 25% de todo el gasto anual con tarjeta (presencial y online) se concentra entre el 22 de noviembre y el 8 de diciembre. Y este año ha vuelto a repetirse, con un aumento del gasto del 24% sobre el resto del año y un +6,2% sobre el que hicimos en estas fechas de 2024. El mayor aumento de este gasto “prenavideño” se ha dado en electrodomésticos y tecnología (+76%), moda (+77%) y muebles (+48%), sobre todo entre los mayores de 65 años (+30%) y en Madrid, Canarias, Cataluña y Andalucía, donde el gasto ha crecido en esas dos semanas más de un 25% sobre el resto del año.

¿Por qué ha vuelto a subir el consumo antes de Navidad? Hay varias razones. La primera, porque ha aumentado la población que vive en España, sobre todo por la llegada de inmigrantes: éramos 49.442.844 habitantes a 1 de octubre, +345.967 habitantes más que en las Navidades pasadas. Y con el aumento de población esperado para el 4º trimestre (128.500 el año pasado), podríamos acabar este año con 475.000 habitantes más que en 2024. Pero además de ser más a gastar, hay más personas con empleo, la 2ª razón que explica el aumento de gasto: a finales de septiembre había 22.387.100 personas ocupadas, +529.200 que en las Navidades pasadas. Y con el aumento de empleo esperado para este 4º trimestre, cerraremos el año con 600.000 personas más trabajando que en 2024.

Además, estos trabajadores récord tienen contratos más estables (el 85% de los asalariados tienen ahora un contrato indefinido), que les permiten gastar con menos “miedo”, y su sueldo ha subido este año (+3,49% hasta noviembre, según los convenios) algo más que los precios (+3% ha subido la inflación anual hasta noviembre, según el INE), aunque la mayoría siguen preocupados por las mayores subidas de los alimentos sin elaborar (+6,6%), la vivienda (+5,7%) y los hoteles y restaurantes (+4,55). Y también ayuda a gastar algo más el ahorro en el pago de las hipotecas de 4 millones de familias, al haber bajado el tipo de interés oficial (el BCE lo bajó del 3% en las Navidades pasadas al 2% ahora) y con ello, el Euribor (que ha bajado del 2,43% en diciembre de 2024 al 2,21% en noviembre de 2025).

Todo esto explica que las familias españolas hayan gastado más este Black Friday y en el puente de diciembre y augura un mayor gasto en Navidad y Reyes, empujado por un crecimiento de la economía que duplica con creces el europeo (+2,9% esperado este año, frente al +1,3% la UE-27). De hecho, España será uno de los paises europeos donde más aumentará el gasto estas Navidades, un +4,8%, sólo superado por Hungría (+5,2%) y Polonia (+5%), por delante del gasto esperado en Paises Bajos y Reino Unido (+3,5%), la UE-27 (+3,1%), Alemania (+2,9%), Italia (+2,1%) y Francia (+1,7%), según la encuesta realizada por MasterCard en 9 paises europeos. Un gasto navideño europeo que se destinará a belleza y cosmética, ropa, “experiencias en vivo”, restaurantes y viajes.

Ya en España, la previsión de gasto navideño es de 795 euros por persona, según el sondeo de la OCU, con un 68% de españoles gastando igual que el año pasado, un 17% gastando más y otro 15% menos. Casi la mitad de este gasto navideño se destinará a comprar regalos (370 euros), otros 132 euros por persona a comidas y cenas, 117 euros a viajes o vacaciones, 73 euros a fiestas y cotillones, 73 euros a Lotería (la media de gasto este año ha sido de 76 euros, desde 121 en Castilla y León a 47 en Canarias) y los 31 euros restantes se gastarán en decoración. Otro estudio, de Cetelem, baja el gasto navideño a 580 euros por persona y refleja las 5 mayores compras: perfumes (47%), moda (43%, juguetes (35%), calzado y complementos (35%) y libros (32%).

Otro gasto típico de esta Navidad serán los viajes: 1 de cada 4 españoles piensan viajar, la mayoría dentro de España, especialmente a Madrid, Cataluña, Andalucía, Comunidad Valenciana y Canarias: las reservas para estas fechas han crecido un +4% sobre el año pasado, según Destinia, con 10 millones de viajes esperados, la mejor cifra de la última década. Los que viajen gastarán una media de 803 euros por persona, según Jetcost, y la mayor parte viajará un máximo de 3 días (el 43%) o entre 3 y 5 días (otro 27%), básicamente en coche (48%), avión (24%) y  tren) (10), en su mayoría en familia (48%).

Este mayor gasto de las familias, desde finales de noviembre a mediados de enero, se ha traducido ya en un aumento de la contratación: la campaña navideña (desde Black Friday a las rebajas de enero) ha supuesto la firma de 452.950 contratos de trabajo temporales (+4,7% sobre el año pasado), según Randstad, concentrados en la hostelería (174.190, +12,1% sobre el año pasado), transporte y logística (160.000, -6,8%) y comercio (119.000 contratos, +12,1%). Y repartidos sobre todo en Andalucía (78.100 contratos,+6%) y Cataluña (69.670, +2,5%), aunque donde más aumenta la contratación es en Extremadura (+7,5%, 7.710 contratos) y Navarra (+6,9%, 6.040 contratos). Pero los empleados de la gran distribución se quejan porque la Navidad será un récord de ventas pero faltan trabajadores (han crecido sólo un 2% desde 2018, frente a un aumento de ventas del +23%), lo que les obliga a largas jornadas con sueldos bajos (17.285 euros, ligeramente por encima del salario mínimo).

Con todo, este gasto navideño será muy desigual, según la situación económica de las familias españolas. Porque hay muchas que tienen ahora más gente trabajando y pueden gastar algo más, pero muchas otras no pueden y hay demasiadas en una situación vulnerable, pensando en cómo sobrevivir y llegar a fin de mes, aunque sea Navidad. Así que no hay una Navidad, sino tres tipos de Navidades, según los ingresos de las familias.

Recordemos que casi la mitad de las familias españolas tienen un problema, que se les agrava en Navidad: les cuesta llegar a fin de mes. Les pasa al 47,4% de las familias (un 1% más que las Navidades pasadas), según el INE: un 9,1% llega a fin de mes “con mucha dificultad, otro 12,7% “con dificultad” y un 25,6% más “con cierta dificultad”. Estas familias tienen dos opciones en Navidad: restringir gastos (en comidas, regalos y viajes) o endeudarse, “tirar de tarjeta” o pedir un crédito. Y a pesar de la bajada de tipos, esto tiene un alto coste. Los créditos personales apenas han bajado (al 6,79%, del 6,97% que costaban la Navidad pasada), según el Banco de España. Y si optan por la tarjeta de crédito, el último tipo era del 18,34% en octubre, similar al 18,54% que costaban en diciembre de 2024. Y si piden una tarjeta “revolving(un crédito que se devuelve con una cuota fija mensual), el tipo supera el 20% (y en ocasiones tipos abusivos del 25 al 30%).

El otro grupo de familias, las más vulnerables, lo tienen aún peor; su problema no es restringir gastos en Navidad o endeudarse sino simplemente “sobrevivir. Y son muchos, En 2024, nada menos que 9.653.000 españoles estaban en situación de “pobreza monetaria”, según las estadísticas europeas, porque ingresaban menos del 60% de la media del país (personas que ganan menos de 827 euros al mes en 14 pagas o familias con dos niños que ingresan menos de 1.737 euros mensuales). Eso significa que un 19,7% (1 de cada 5 personas) está en situación de pobreza en España, el 6º país con más pobreza de Europa, según Eurostat, sólo por detrás de Letonia (22%), Bulgaria (21,7%), Lituania (21,5%), Estonia (20,6%) y Croacia (20,3%) y por encima de Italia (18,9%), Alemania (15,5%) y Francia (15,5%).

Y dentro de este grupo de “españoles pobres”, casi la mitad (4,3 millones de personas) están  en una situación de “exclusión severa”, según un reciente estudio de Foessa (Cáritas), que mide 35 indicadores y refleja que estos “españoles más pobres” son personas que trabajan en muchos casos o que estudian o buscan empleo, no son personas “tiradas en la calle” sino personas que pueden ser “vecinos nuestros”. Y que un 45% de ellos viven en alquiler, lo que en muchos casos los lleva a esa pobreza más extrema. Y no podemos olvidar que hay 2,5 millones de niños y niñas que viven en “hogares pobres”, según Save the Children, quien recuerda que somos el país europeo con más pobreza infantil (29,2%).

Para Cáritas y otras ONGs, el problema de la pobreza en España es que “se ha hecho estructural” y no sólo afecta a minorías marginadas sino a personas y familias que tienen un trabajo (2,5 millones de ocupados son “pobres”) y a españoles que antes tenían una situación saneada y ahora son especialmente vulnerables, sobre todo jóvenes, mujeres, inmigrantes y familias con hijos. Unos colectivos en los que las ONGs concentran sus ayudas estas Navidades, de comida, ropa y techo. Y unas personas a las que deberíamos tener presentes estas Navidades, ayudándoles en lo posible.

En resumen, que las luces y las fiestas nos llevan a gastar más en estos días, pero no deberíamos olvidar que a nuestro lado hay personas que tienen problemas (también estos días) para llegar a fin de mes y para simplemente sobrevivir, comer y pagar el alquiler. Así que celebremos estas fiestas con nuestra familia y amigos, pero sin gastar por gastar y teniendo presente que hay muchas personas que lo pasan mal y a los que podemos ayudar de muchas maneras. Es la mejor manera de celebrar esta Navidad y todas: que sea también una fiesta de la solidaridad con los que tenemos alrededor, con ayudas, atención y cariño.
¡Feliz Navidad¡

lunes, 1 de diciembre de 2025

Los jóvenes, los grandes perdedores

La subida disparatada de pisos y alquileres está siendo la puntilla para los menores de 30 años, que apenas se benefician de la buena marcha de la economía: sólo un 10% del empleo creado este año ha ido a menores de 25 años, que tienen más del doble de paro que el resto y ganan casi la mitad, por tener contratos más precarios. Eso conduce a que muchos jóvenes no pueden emanciparse y tengan más pobreza que el conjunto de españoles: 2,5 millones de jóvenes viven en situación de “exclusión social”, según el informe Foessa (Cáritas), a pesar de que la mayoría trabajan o estudian. Urge un Plan de apoyo a los jóvenes, con medidas desde la formación a las políticas de empleo y vivienda, para evitar que malvivan y sean utilizados por la ultraderecha. Y no cabe enfrentarlos a los mayores, proponer como solución recortar las pensiones y el gasto a los jubilados. Porque los “boomers” no son unos “privilegiados como argumentan algunos. Sobre eso escribiré el próximo Blog.

                        Enrique Ortega

Empecemos por ver cuántos jóvenes viven en España. Son 7.564.300 personas las que tenían entre 16 y 29 años en septiembre, según este informe de Trabajo, más hombres (3.902.100) que mujeres (3.662.300). Suponen ahora el 15,44% de la población total, mucho menos que al principios de siglo (21,6% de la población), cuando había 8.765.195 jóvenes de entre 16 y 19 años (+ 1,2 millones), por la caída drástica de la natalidad en España. Y si contabilizamos los jóvenes de 16 a 24 años, son ahora 4.840.000, unos 600.000 jóvenes menos que el año 2.000.

Sin embargo, los jóvenes han aumentado su peso sobre la población en edad de trabajar, debido al envejecimiento de la población española. Así, esos 7.564.400 jóvenes de 16 a 29 años suponen ahora el 23,6% de las personas en edad de trabajar (16-64 años), 1 millón más de los que había en 2015 (6.583.900, el 21,8%). De este total de jóvenes, el 53% están estudiando, aunque casi la mitad de ellos (el 25,6%) también trabajan, según Trabajo. Y un 14,7% de los jóvenes (16 a 29 años) ni estudian ni trabajan (son “ni-nis”), un porcentaje que ha ido bajando (eran el 20,8% en 2015), aunque es superior al de Europa (11%).

El primer gran problema de los jóvenes españoles es que muchos tardan en encontrar un trabajo (por su baja formación e inexperiencia) y tienen  por ello una baja tasa de empleo: trabajan el 45,9% de los jóvenes de 16 a 29 años (septiembre 2025), más los chicos (48%) que las chicas (43,7%), aún lejos del 68,6% que trabajan en el conjunto de la población (16 a 64 años). Eso se traduce en que trabajan 3.474.000 jóvenes de 16 a 29 años, el 15,51% de todos los ocupados en España (22.387.100 en septiembre de 2025). Son 1 millón más de jóvenes trabajando que hace 10 años (2.463.600 trabajaban en septiembre 2015), pero el conjunto de ocupados ha crecido mucho más (+4,33 millones) en esta década. Y desde 2019, tras la pandemia, el empleo de los jóvenes (16 a 29 años) ha crecido en +701.800, mientras aumentó en +63.900 entre 30 y 49 años y +1,65 millones entre los mayores de 50 años (que se han llevado dos tercios del empleo creado).

Un problema de muchos jóvenes para encontrar trabajo es su bajo nivel educativo (lo tienen el 20% de los ocupados), consecuencia en algunos de que abandonaron sus estudios: el abandono escolar temprano (no terminar la ESO), ha bajado del 20% de los jóvenes de 18 a 24 años (2015) al 13% en 2024, aunque es muy superior a la media UE (9,4%). Y otro millón largo de jóvenes (el 28,7% de los que trabajan) tienen un nivel educativo medio, mientras sólo la mitad de los jóvenes ocupados (1.663.200) tienen un alto nivel de estudios.

Cuando los jóvenes de 16 a 29 años trabajan, generalmente lo hacen en los servicios (2,79 millones hoy, el 81,3% de los jóvenes ocupados), seguidos de la industria (409.400 jóvenes), la construcción (183.600, un 82,7%  más que en 2015) y la agricultura (82.600 jóvenes, un 18,7% menos que hace 10 años). Pero el trabajo de los jóvenes se concentra en unas pocas ramas de actividad: comercio y reparación de vehículos (585.700), hostelería (516.000), industria (375.000), sanidad y servicios sociales (348.500), actividades profesionales y técnicas (237.800) e información y comunicaciones (192.900 jóvenes).

El gran problema del trabajo de los jóvenes es la precariedad de sus contratos. Por un lado, siguen teniendo un alto porcentaje de contratos temporales, aunque su peso se ha reducido desde 2022 gracias a la reforma laboral: 48,7% entre los jóvenes de 16 a 24 años y el 35,8% los jóvenes de 16 a 29 años (el doble que en Europa), frente a sólo el 15,6% de contratos temporales el conjunto de los trabajadores. Y casi la mitad de estos contratos temporales de los jóvenes son “involuntarios”: los tienen porque no encuentran un contrato indefinido. Además, el 24,1% de los jóvenes (16-29 años) tienen contratos a tiempo parcial (por horas o por días), el doble que el conjunto de los trabajadores (12,9%). Y de nuevo, casi la mitad de estos jóvenes con trabajos parciales (el 43,4% en España, frente al 18,1% en Europa) los tienen “de forma involuntaria”, porque no encontraron un empleo a jornada completa.

Estos tres factores, la baja formación, el sector donde trabajan y el tipo de contrato explican que los jóvenes tengan unos bajos salarios, según este informe de Trabajo: ganan 15.364 euros de media (2023)  los ocupados con 20 a 24 años (un 45,3% menos que el conjunto de trabajadores, con 28.049 euros) y 21.039 euros los jóvenes de 25 a 29 años (el 25% menos que la media, aún menos las mujeres: -6,9 adicional), según el INE.

Esto los jóvenes que trabajan, porque hay 812.700 jóvenes en paro, el 10,7% de los jóvenes de 16 a 29 años, según Trabajo. La tasa de paro (parados sobre activos) es muy elevada entre los jóvenes de 16 a 24 años, el 25,4% (casi el doble de la tasa europea, el 14,8% y cuatro veces la alemana, el 6,3%)  y baja al 17,1% entre los de 16 a 29 años, aunque es mucho mayor que la tasa de paro del conjunto de españoles (10,6% en septiembre). De nuevo, la tasa de paro joven depende mucho de la formación: es del 28,9% entre los jóvenes con baja formación, el 19,2% en niveles medios y sólo del 13,5% entre jóvenes con alta formación.

Volviendo a los jóvenes que trabajan, esos 3.474.000 ocupados (el 46% de los jóvenes entre 16 y 29 años), su siguiente problema es que la precariedad de sus contratos y sus bajos salarios no les permiten en muchos casos emanciparse y vivir fuera de casa o formar una familia: 7 de cada 10 jóvenes de 16 a 29 años con empleo siguen viviendo con sus padres, según el Observatorio de la Juventud. Y esta dependencia se ha agravado en los últimos años, al dispararse el precio de los alquileres: En octubre, el alquiler medio en España costaba ya 14,5 euros/m2, según el portal  Idealista, otro máximo histórico (en 2006 costaba 10,1 euros, en 2011 bajó a 7,8 euros y en 2019 10,4 euros/m2, casi un 40% menos que hoy). Una subida de alquileres del +10,9% anual, que se suma al +81% que subieron los alquileres entre 2014 y 2024. Con ello, un joven, con un sueldo medio bruto de 1.502 euros (INE), no puede pagar un alquiler medio en Madrid (1.700 euros) o Barcelona (2.000).

Los alquileres disparados han aumentado el porcentaje de jóvenes con problemas para llegar a fin de mes. De hecho, ya en 2024, los datos oficiales señalaron que los jóvenes (y los niños) tienen una tasa de pobreza monetaria mayor que el resto de la sociedad: 1 de cada 5 jóvenes (el 20,7%) de 16 a 29 años es “pobre” (ingresa menos del 60% del ingreso medio del país, menos de 827 euros al mes en 14 pagas (o menos de 1.737 euros mensuales si es una familia con dos niños). Así que 1,5 millones de jóvenes (16 a 29 años) están en situación de pobreza monetaria. Pero si se tienen en cuenta más factores, los jóvenes “excluidos” son más: 2,5 millones de jóvenes menores de 30 años están en exclusión social, según el reciente Informe Foessa (Cáritas) que analiza 37 indicadores de empleo, vivienda, educación, salud, participación e integración social. Y de ellos 723.190 jóvenes (el 11%) vive en exclusión social severa, un número que ha aumentado un 83% desde 2007.

Estos 2,5 millones de jóvenes en exclusión social son, para Cáritas y el informe Foessa, los grandes perdedores del actual modelo socioeconómico. Y rechaza que se les considere “pasotas” y “al margen de la sociedad”, porque más de un tercio de estos jóvenes trabaja (aunque eso no les saca de “pobres”) y una cuarta parte estudia. Y reiteran que las familias de las que proceden y su código postal están detrás de su precaria situación, porque apenas funciona “el ascensor social”, siendo clave el nivel educativo de padres e hijos.

Además, los datos demuestran que las tres últimas crisis (la financiera de 2008-2010, la pandemia y la hiperinflación tras la guerra de Ucrania) han dañado especialmente a los jóvenes españoles: hay una llamativa “desigualdad generacional” según la edad del cabeza de familia. Así, los hogares encabezados por un menor de 35 años han bajado su renta mediana de 31.700 euros en 2020 a 29.100 euros en 2022 (-8,2%), según el Banco de España. Y los hogares encabezados por personas de 35 a 44 años han visto caer su renta real un -0,9% (de 37.300 a 35.600 euros). Luego, a partir de esta edad, los hogares sí han mejorado su renta real: los encabezados por personas de 45 a 54 años un +7,3% (de 34.300 a 36.800), los hogares entre 55 y 64 años mejoran un +0,55% (de 35.900 a 36.100 euros), los de 65 a 74 años un +4,46%, de 29.100 a 30.400) y los hogares encabezados por mayores de 74 años aumentaron sus ingresos un +9,1% entre 2020 y 2022 (de 19.800 a 21.600 euros).

Estos datos y otros sobre el menor patrimonio de los jóvenes han llevado a algunos expertos a plantear un cambio en las políticas públicas: destinar menos recursos a los mayores y más a los jóvenes, una especie de “enfrentamiento generacional” que apoyan expertos neoliberales y  políticos de ultraderecha, que se apoyan en que la pensión media de jubilación (por la que los jubilados han cotizado 35 años o más) era en noviembre de 1.511,51 euros, poco menos que el salario mediano de 2024, que era de 2.001 euros brutos (y un 30% de los asalariados ganaban menos de 1.582 euros. Lo que no dicen es que el 48,37% de todas las pensiones (y el 38,88% de las jubilaciones) cobran menos de 1.000 euros…

Pero cada vez que se da el dato mensual del gasto en pensiones (27.119 millones en noviembre, por la extra de Navidad) o la revalorización para 2026 (+2,7% subirán en 2026), muchos expertos y organismos aprovechan para hablar del “disparatado gasto en pensiones” y lo mal que están los jóvenes. Incluso la OCDE ha presentado un informe donde propone medidas para frenar el gasto futuro en pensiones (ampliar la edad y el periodo de cotización y recortar las pensiones futuras como hizo Rajoy) y destinar una parte del ahorro a vivienda, para ayudar a los jóvenes. Otra vez un enfrentamiento generacional tan injusto como injustificado. Porque los problemas de los jóvenes no se solucionan recortando pensiones y dañando a sus padres y abuelos. Es una demagogia sin fundamento.

Afrontar la preocupante situación de los jóvenes exige de tomar medidas en varios frentes para dar una salida a las nuevas generaciones. Hay que empezar por el principio, por la enseñanza: mejora de la formación en colegios, institutos y Universidades, para adecuarla a lo que necesitan las empresas, mejorando la orientación laboral de los jóvenes y su digitalización. En el mercado laboral, hay que fomentar la contratación indefinida y avanzar en la formación dual (trabajo y formación) y en mejorar las prácticas y becas (el Estatuto del Becario acaba de aprobarse por el Gobierno, tras anunciarse con los sindicatos hace casi 17 meses). Y hay que mejorar la conciliación laboral de las familias jóvenes, con más ayudas por hijos. Pero sobre todo, urge una política de vivienda que facilite el alquiler a los jóvenes, con ayudas que hoy son escasas e ineficaces.

Pero además, hay que poner a los jóvenes como una de las prioridades de todas las políticas económicas y sociales, algo que no viene pasando, quizás porque los distintos Gobiernos han pensado más en los mayores, que son los que más cotizan, pagan impuestos y votan. Pero si queremos tener futuro como país, hay que cambiar las reglas del juego y pensar que son los jóvenes los que han de protagonizar la modernización de la economía y la mejora del nivel de vida, la digitalización, la descarbonización y el salto formativo y  tecnológico que nos hagan más productivos y competitivos. Sin abandonar a los mayores, pero reequilibrando el “contrato generacional” en España. Urge pactar un Plan de medidas a favor de los jóvenes, a corto y medio plazo, para conseguir que los jóvenes de dentro de 20 años vivan mejor que los de hoy. Se lo debemos.

Pero todo esto, sin caer en la tentación de una “guerra entre generaciones”, sin culpar a los mayores (“boomers”) de la situación de los jóvenes, como parece estar de moda. Primero, porque “no se viste a un santo desvistiendo a otro”. Y segundo, porque los mayores en España no son unos privilegiados, ya que chocan con serios problemas en su empleo (a partir de una edad, ninguna empresa los contrata), en el paro, en las condiciones de su jubilación (muchas pensiones por debajo de 1.000 euros), en su salud  y en su ancianidad, sobre todo si son dependientes (27.217 mayores han muerto este año hasta octubre sin recibir las ayudas a la Dependencia a las que tenían derecho). En definitiva, que los “boomers” no somos unos privilegiados y menos a costa de los jóvenes, de los hijos y nietos. Algo sobre lo que escribiré el próximo Blog.

jueves, 31 de octubre de 2024

2,5 millones son "pobres" a pesar de trabajar

Hay 2,5 millones de personas que van cada día a trabajar y son “pobres”: ganan menos del 60% que la media (menos de 916 euros mensuales) y no pueden atender gastos básicos. Son tanto hombres como mujeres, jóvenes y personas de 45 a 59 años, muchos inmigrantes, familias y mujeres solas con niños, personas con poca formación y contratos precarios en el campo, hostelería, construcción, limpieza y servicio doméstico, en el sur y Levante. España es el tercer país europeo con más “trabajadores pobres”, un porcentaje (11,9% de los que trabajan) similar al de 2008. Y Caritas alerta que la mitad de las personas que atienden tienen trabajo. Ahora, la subida de alquileres ha aumentado esta tasa de pobreza laboral, vinculada a empleos precarios y mal pagados, así como a tener hijos. Pero los expertos insisten en que no basta con mejorar empleos y sueldos: urgen políticas para aumentar las ayudas a los más pobres y a las familias con niños. Pobres con empleo.

                               Enrique Ortega

Hasta hace 2 décadas, tener un trabajo permitía a las personas vivir “medianamente bien: emanciparse, formar una familia, tener una casa o un coche y mantener un ritmo de vida “digno”. Pero la crisis financiera de 2008 trastocó esta “vida tranquila” de la mayoría de trabajadores: muchos perdieron su empleo y otros vieron recortar sus sueldos y sus expectativas vitales, de la mano de los recortes presupuestarios. Y a partir de 2012, con la reforma laboral aprobada por el Gobierno Rajoy, muchas empresas “cambiaron a su personal”, sustituyendo personal mayor por jóvenes peor pagados y con contratos precarios. Y después, la pandemia y la inflación disparada se comieron parte de los sueldos, que apenas habían subido, deteriorando más la calidad de vida de las familias.

Con todo ello, la pobreza afecta a una parte importante de la sociedad, en Europa y en España. En la UE-27, había 72 millones de personas “pobres” en 2023, un 16,2% de la población que ingresaban menos del 60% de la media del continente, según Eurostat. Y España es el 6º país europeo con más porcentaje de población “pobre”, un 20,2% que ingresa menos del 60% de la media española (10.990 euros al año), 9.715.577 personas en 2023, según la Red Europea de Lucha contra la Pobreza (EAPN), sólo por detrás de Estonia (22,6% son “pobres”), Letonia (22,4%), Rumanía (21,1%), Bulgaria y Lituania (20,6%), según Eurostat, que refleja también un alto nivel de “pobreza monetaria” en Italia (18,9% de la población), Francia (15,4%) y Alemania (14,4%).

Lo que quizás se conoce menos es que muchos de estos “pobres” tienen un trabajo, son “pobres con empleo”. En España, los últimos datos del INE revelan que un 32% de los pobres tenían empleo, mientras otro 22% son parados, un 15% son jubilados y el 31% restantes son inactivos (personas que ni trabajan ni buscan trabajo, la mayoría mujeres y jóvenes). Si se aplica el criterio de “pobreza” a las personas que trabajan, que ingresen menos de 10.989 euros al año (916 euros al mes), que se amplía a 23.078 euros anuales (1.923 euros al mes) para familias con dos progenitores y dos niños, según el INE, resulta que un 11,9% de los que tenían un empleo en 2023 eran “pobres”: casi 2,5 millones de trabajadores “pobres” (2.499.654), según los cálculos de la Red EAPN.

El problema de que hay muchos “trabajadores pobres” no es nuevo: lo arrastramos desde 2008, cuando ya eran “pobres” (ingresaban menos del 60% de la media) el 11,7% de los ocupados: eran 2.370.139 trabajadores “pobres”. Después, el porcentaje aumentó con la crisis, hasta un máximo del 14,8% en 2015, para bajar al 12% en 2020 y volver a subir al 14,3% en 2021, por la pandemia, bajando al 12,5% en 2022 y al 11,9% de 2023. Con este último dato, España se sitúa como el tercer país europeo con más porcentaje de “trabajadores pobres” (11,9%), sólo por detrás de Rumanía (15%) y Bulgaria (11,7%), peor que Portugal (10%) o Grecia (9,85) y por encima de la media de la UE-27 (8,9% de trabajadores “pobres”), así como de Italia (9,9%), Francia (7,8%) o Alemania (6,5%), según Eurostat.

Dentro de estos 2,5 millones de “trabajadores pobres” en España, el grupo más preocupante son los 890.000 trabajadores (el 4,2% de todos los que trabajan) que viven en “pobreza severa”, porque ingresan menos del 40% de la media (menos de 611 euros al mes los individuos y menos de 1.283 euros mensuales las parejas con 2 hijos). Son “los más pobres entre los trabajadores pobres”, un porcentaje que apenas ha mejorado desde 2008 (cuando los trabajadores en pobreza severa eran el 4,3% del total de ocupados). Y están muy lejos de salir de esta situación, según el estudio de la Red EAPN: ingresan de media 4.521 euros al año y tendrían que ingresar 2.805 euros más al año para salir de la pobreza severa. Y ganar 6.469 euros más al año (539 euros más al mes, vez y media lo que ganan) para salir de la pobreza. Algo imposible… En el caso del resto de “trabajadores pobres”, los que ingresan menos del 60% de la media del país, ganan de media 7.705 euros al año, así que necesitan ganar un 22% más (2.423 euros más al año) para dejar de ser pobres. Difícil…

¿Quiénes son estas personas “pobres” a pesar de trabajar? Son algo más hombres (12,4% de ocupados) que mujeres (11,3%), más jóvenes (12,9% de ocupados entre 16 y 29 años) que mayores (11,8% entre 45 y 64 años), aunque sube la pobreza entre los que tienen de 45 a 59 años, según un estudio de Intermón Oxfam, porque este grupo de trabajadores sufrió más la crisis de 2008 y encima tienen en casa a hijos que no pueden emanciparse. Hay más “pobreza laboral” entre los ocupados con baja formación (27,9% de los que sólo tienen primaria son “pobres”) y sobre todo entre los inmigrantes: un 32,3% de trabajadores de fuera de la UE son pobres (19% si vienen de la UE), frente al 9,9% de españoles ocupados “pobres”. Y lo sufren más zonas rurales (15,4%) que urbanas (11,4%).

Un factor clave es el tipo de contrato que tengan: los trabajadores con contrato temporal tienen más tasa de pobreza (17,9%) que los fijos (7,8% son pobres) y lo mismo los que tienen contratos a tiempo parcial, por horas o días (22,5% son pobres) frente a los que trabajan a jornada completa (sólo 10,1% son pobres). Y como estos contratos precarios les suponen ganar menos, muchos son pluriempleados (el 13,4% son pobres). Otro factor decisivo que explica la pobreza laboral es el sector en que se trabaje. Los que salen peor parados son los autónomos, según el estudio de Intermón Oxfam: el 26,9% son pobres, básicamente porque son “falsos autónomos” o porque son actividades que hacen solos, sin empleados). Y entre los asalariados, los más “pobres” son los que trabajan en el campo (31,4% ocupados son pobres), las empleadas de hogar (29,4% pobres), en hostelería (21,1%) y construcción (19,6%), estando por encima del 15% de empleados pobres los que trabajan como monitores deportivos (15,7%) y en Call centers y limpieza de edificios (15,3%).

Por autonomías, las zonas con más porcentaje de “trabajadores pobres” son Andalucía (19,4% ocupados), Extremadura (17,2%), Ceuta (16,3%), Castilla la Mancha (15,4%), Murcia (14,3%), Canarias y Comunidad Valenciana (13,8%), todas por encima de la media. En resumen, el sur y Este de España. Y tienen poca “pobreza laboral” Navarra (6,3%), país Vasco (6,6%), Madrid (7%), Baleares (9,6%), Cantabria o Asturias (9,6%) y Aragón (10%).

Es importante añadir que la composición de los hogares también es decisiva para que un trabajador sea o no pobre, según el estudio de Intermón Oxfam. Así, esta “pobreza laboral” se concentra más en las familias numerosas (el 39% de los hogares con 3 o más hijos) y en los hogares monoparentales (el 75% de ellos con mujeres solas) con niños (el 29,5% de estos hogares donde la madre trabaja son pobres). Los expertos reiteran que la existencia de menores agrava el riesgo de pobreza, se trabaje o no. También es mayor la tasa de pobreza entre los trabajadores que viven solos (13,3%), ya sean jóvenes o mayores.

Un dato llamativo son los gastos de estos “trabajadores pobres”. El estudio de Intermón Oxfam revela que un tercio viven en alquiler (y el 24% pagan una hipoteca) y que pagarlo se lleva el 53,6% de sus ingresos mensuales  (cuando supone un 22,4% de los ingresos en los hogares sin pobreza). Y otro 25,6% se lo lleva el pago de suministros (luz, agua y gas). Así que entre alquiler (o hipoteca) y pagos del hogar, las familias pobres destinan hasta el 79,2% de sus ingresos (frente al 32% las familias que no son pobres), lo que apenas les deja margen para comida, enseñanza (transporte, comida, uniformes y libros) o sanidad (la mayoría de los hogares pobres no pueden pagar al dentista, las gafas o algunas medicinas). Y por eso, 1 de cada 4 familias pobres acuden a ONGs o a los servicios sociales: Caritas dice que la mitad de las personas a las que atendió en 2023 trabajan.

¿Por qué hay trabajadores que son pobres? La primera causa es que su trabajo es precario y por eso tienen un sueldo bajo, que les dificulta sobrevivir. En España, aunque la reforma laboral ha bajado el porcentaje de contratos temporales (16,4% de los asalariados en septiembre, según la EPA) y a tiempo parcial (12,8%), aún son más que en Europa. Y tenemos  un exceso de trabajos que exigen baja formación y en el sector servicios, que están peor pagados. En  consecuencia, el salario medio bruto en España era de 1.964 euros brutos en 2023, casi un 20% inferior al salario medio en la UE-27, que era de 2.351 euros brutos, según un estudio de Adecco con datos del INE y Eurostat. Y hay 11 paises europeos que cobran más que España: Luxemburgo (4.086 euros brutos mensuales), Holanda (3.771), Irlanda (3.596), Dinamarca (3.494), Austria (3.205), Alemania (3.174), Finlandia (3.040), Bélgica (2.967), Suecia (2.827), Francia (2017) e Italia (2017).

No se trata sólo de que los sueldos sean más bajos, sino que en España se cobra también menos por hora trabajada, según Eurostat: 18,2 euros en 2023, un -24,2% menos que en la UE-27 (24 euros por hora) y bastante menos que en Dinamarca (42 euros/hora), Bélgica (36,3), Irlanda (33,3), Paises Bajos (33), Alemania (31,6), Francia (28,7)o Italia (21,5). Y sólo ganan menos por hora en Portugal (13,7), Grecia (12,6) y los paises del Este.

El segundo problema que explica la pobreza laboral es la inflación, que se ha ido comiendo las subidas de salarios, sobre todo entre 2021 y 2023, pero también antes. Así, el salario medio bruto en España pasó de 1.774 euros en 2008 a 2.128 en 2022 (+20%),  según el INE. Pero como la inflación subió más (+29,9%), pues los salarios reales (descontando la inflación) han bajado, de 1.774 a 1.652 euros. Y esto afecta más a las familias más vulnerables, que son las que sufren más la inflación, por el tipo de gastos que tienen.

Un tercer factor que explica nuestra mayor pobreza laboral es que los salarios se han revalorizado menos en España los últimos años. Así, el salario por hora trabajada aumentó aquí un +27% entre 2008 y 2023,según Eurostat, mientras aumentó un +49% en la UE-27, un 44,95% en Alemania, un +37% en Francia y un +37% en Portugal.

Pero hay más causas que explican por qué tenemos más “trabajadores pobres”. Una es que hemos tenido un salario mínimo muy bajo, menor al del resto de Europa, aunque el Gobierno Sánchez lo haya subido de 736 euros (2018) a 1.134 euros en 2024 (+54%), lo que beneficia a 2,5 millones de trabajadores (muchos han dejado de ser “pobres”, otros no, porque trabajan menos de la jornada completa). Otra causa, clave, es que los trabajadores pobres en España tienen menos ayudas públicas: sólo llegan a un tercio de las familias pobres y su impacto es reducido (suponen el 22% de los ingresos totales), según el estudio de la Red EAPN.

Por eso, los expertos reiteran que no sólo hay que actuar sobre los contratos y los sueldos para reducir la pobreza laboral, sino que hay que aumentar las ayudas públicas a la pobreza, sobre todo a los hogares vulnerables con niños, dado que España destina sólo el 1,5% del PIB a la infancia y la familia, la mitad del gasto que hace la UE (2,4% del PIB). Para ello, habría que ampliar el alcance del Ingreso Mínimo Vital (IMV), que sólo llegaba en septiembre a 661.640 hogares (con 2 millones de beneficiarios). Además, es importante la reforma del seguro de desempleo, que entrará en vigor el 1 de noviembre y permitirá cobrar un subsidio y aceptar un trabajo (para animar a buscarlo), lo que aumentará los ingresos de algunos “trabajadores pobres”. Además, hay que seguir negociando mayores subidas en los convenios para los trabajadores peor pagados, mejorando en paralelo el salario mínimo.

Y será clave mejorar las ayudas a la infancia, porque los hogares con niños son más proclives a la pobreza. En este sentido, es indignante que la Ley de Familia siga estancada en el Congreso (desde febrero en que la envió el Gobierno), porque pretende asentar las ayudas por hijo (100 euros al mes para hijos menores de 3 años), que el Gobierno quiere ampliar a 200 euros en 2025 (ojo, va a tenerlo difícil si no consigue aprobar los Presupuestos) y generalizarla en el futuro para todos los menores hasta los 6 años.

En resumen, que en pleno siglo XXI, hay 2,5 millones de españoles que se levantan cada día para trabajar sabiendo que su empleo no les impide ser pobres y malvivir. Somos un país que crece y crea mucho empleo, pero a muchos eso no les permite vivir dignamente y tienen graves problemas para subsistir. Habría que polarizar menos la política y pactar de una vez un Plan contra la pobreza, que es una vergüenza social y un cáncer para la economía. Contratos y salarios dignos, alquileres y precios asumibles y ayudas para los que se quedan atrás, esos casi 10 millones de españoles pobres, una cuarta parte trabajando.   

jueves, 22 de diciembre de 2022

Las Navidades de la inflación

Tras las dos últimas Navidades marcadas por la pandemia, este año las fiestas están condicionadas por la subida de precios, sobre todo de los alimentos, que encarecen aún más las celebraciones de Navidad, los regalos y los viajes. Aún así, los españoles vamos a gastar más en estas fiestas, sobre todo en ocio y regalos, una media de 634 euros por persona. Eso sí, no todos, porque la pandemia dejó una secuela de 2 millones de personas más en situación de máxima precariedad, un total de 6 millones de españoles ya, a los que la inflación está asfixiando y obligando a recortar gastos y pedir ayuda y alimentos. Son la cara oculta de esta Navidad, donde un 31,5% de hogares tiene graves problemas para atender sus necesidades básicas, según Cáritas. Son, sobre todo, mujeres solas con niños, mayores dependientes, inmigrantes y parados, muchos de ellos vecinos y conocidos nuestros. Aprovechemos estas Navidades para ayudarlos. Y pedir más medidas contra la pobreza en 2023. ¡Feliz Navidad 2022!

Enrique Ortega

Esta podría ser una Navidad “como las de antes” del COVID-19, tras dos años marcados por un repunte de contagios que impidieron celebrar con normalidad las Navidades de 2020 y 2021. De hecho, el 83% de los españoles espera reunirse en estas fiestas con familiares y amigos, cuando en 2021 sólo lo hicieron el 67%, (por el repunte de contagios) y aún menos en 2020, en lo peor de la pandemia. Pero esta Navidad tampoco será “normal”, por la alta inflación, que se está “comiendo” parte de los ingresos de las familias, que pierden poder adquisitivo por 2º año consecutivo, recortando su gasto. Aunque la inflación anual lleva bajando 4 meses consecutivos (del +10,8% en julio al +6,8% en noviembre) y se acerca a la de hace un año (+6,5% anual en diciembre 2021), el problema es la gran incertidumbre actual, con altibajos en los precios de la energía, y, sobre todo, los altísimos precios de los alimentos: suben un +15,3% anual, el triple que hace un año (+5% en diciembre 2021).

Todo sube desde hace meses y por eso estas son “las Navidades de la inflación”. Ya no nos agobia tanto la factura de la luz (que ha bajado un -22,4% en el último año (según el INE), gracias a la bajada de impuestos y a la excepción ibérica que implantó un tope al precio del gas para producir electricidad), mientras sube menos el gas natural (+10,6% anual) y los carburantes: +18,9% anual el gasóleo y +0,4% la gasolina, gracias a la bajada temporal del petróleo y a la ayuda de 20 céntimos del Gobierno, que terminará a fin de año. Del resto de gastos, las mayores subidas se dan en los muebles (+9,1% anual), el turismo y la hostelería  (+7,8%), el transporte (+7,7%, aunque el transporte público urbano cae un -20%) y, sobre todo la mayoría de los alimentos (+15,3% anual).

De hecho, las subidas de precios más preocupantes se están dando en la comida, con 18 alimentos básicos que suben más del 10% anual, según el INE: azúcar (+50,2%), harinas y otros cereales (+37,6%), mantequilla (+37,5%), leche entera (+30,9%), huevos (+27,1%), aceite de oliva (+25,9%), patatas (+20,5%), queso (+20,3%), carne de ave (+16,6%), pizza (+16,4%), arroz (+15,3%), pan (+14,9%), legumbres y hortalizas (+14,6%), sal y especias (+14,3%), pescado congelado (+13,6%), carne de vacuno (+13,2%), carne de cerdo (+13,2%) y pescado fresco (+10,4%). Ahora, con la Navidad, aún están subiendo más (del 10 al 27%) el pescado, los mariscos, las carnes, algunas verduras y todos los dulces, además del resto de los alimentos, que no se espera empiecen a bajar hasta enero.

Visto el panorama de la inflación, la mayoría de las familias restringen su gasto, aunque estos días de Navidad harán una excepción: se espera que un 40% de los españoles gasten más que el año pasado, mientras un 30% gastarán menos y el resto lo mismo, según una Encuesta realizada por la consultora Deloitte. La mayoría de las familias, aunque están preocupadas por la inflación, va a celebrar estas fiestas con más gasto, tirando de sus ahorros (quedan más de 100.000 millones de ahorro familiar “embolsado” en 2020 y 2021) y con la mayor seguridad que les da tener más empleo (hay 360.000 personas más trabajando que en la Navidad de 2021) y además un empleo más estable (ahora, casi el 80% de los asalariados tiene un trabajo fijo, gracias a la reforma laboral). Y además, el 67% de los encuestados espera mantener o mejorar su situación financiera en 2023, con lo que su incertidumbre personal es menor que la incertidumbre de los precios.

El resultado es que los españoles gastarán casi igual esta Navidad (+0,4%), una media de 634 euros por persona, según la Encuesta de Deloitte. El mayor gasto lo destinarán a regalos (270 euros, un 12,4% más que en 2021), seguidos de comida y bebida (165 euros, +3,3%), en ocio y restaurantes (140 euros, +29%) y en viajes (59 euros, -51,6%), el único gasto que realmente baja estas Navidades, dónde recortan las familias para poder aumentar el resto de gastos. Los españoles que van a gastar más que la media son los que viven en Madrid, Cataluña, Baleares y Cantabria, mientras gastarán menos que la media estas Navidades en las dos Castillas, Aragón, la Rioja, Navarra, País Vasco, Asturias y Murcia. Y otra novedad es que suben las ventas en las tiendas (el 75% del total), tras el auge de las compras online con la pandemia, con preferencia por los comercios locales, salvo en electrónica y productos de lujo, donde predominan las compras en grandes almacenes. Eso sí, más de la mitad de las compras se pagarán con tarjetas, créditos o pagos online, sólo un 48% con efectivo.

Otra Encuesta, de la OCU, sube el gasto en esta Navidad a 735 euros por persona, un 14,66% más que la pasada. Sus respuestas indican que la mitad de los españoles (57%) gastarán igual, un 28% menos y el 15% restante más, destinando más de la mitad de su presupuesto a regalos (393 euros, 203 de ellos para los niños), 103 euros para celebraciones (comidas y fiestas), 101 euros para viajes, 70 para lotería y 32 euros para ocio. También esta Encuesta refleja la vuelta a las tiendas físicas y la bajada del comercio online. Y refleja que 1 de cada 3 personas estánestresados” por las compras de Navidad, mientras casi un tercio se queja de que los regalos que recibe son “poco útiles”.

Como siempre, hay tantas Navidades como familias y el gasto depende de la situación económica y laboral de cada uno, empeorada ahora por la alta inflación y unos salarios y pensiones que apenas han subido en 2022. Por eso, no deberíamos olvidar que en esta Navidad hay muchas familias vulnerables que lo pasan mal. De hecho, en los dos años largos de pandemia (2020 y 2021) aumentaron en 2 millones las personas vulnerables en España, según el último Informe Foessa encargado por Cáritas: pasaron de 4.036.378 personas en exclusión severa en 2018 (el 8,6% de la población) a 6.019.066 personas en 2020, españoles que están afectados por 5 de los 37 indicadores analizados.

Estos 6 millones de españoles que ya sufrían un alto nivel de precariedad son también los más afectados por la fuerte inflación actual, iniciada en el verano de 2021 y agravada con la guerra de Ucrania, según otro informe de Cáritas sobre los efectos de la inflación en las familias, presentado en noviembre de 2022. En conjunto, refleja que el gasto en vivienda, energía y alimentación, lo que más sube, se lleva el 50,3% de los ingresos de las familias españolas. Pero en las familias que ingresan menos de 1.000 euros mensuales, estos gastos básicos (los que más suben ahora) representan casi el 70% de sus ingresos. Y las que ganan de 1.000 a 2.000 euros gastan ahí más del 50% de sus ingresos. Y sólo el 42,2% las familias que ganan más de 5.000 euros mensuales.

Este estudio de Cáritas fija un Presupuesto mínimo de referencia para que las familias paguen sus necesidades básicas de energía, alimentación y transporte, que ya suponen el 71% del gasto total para el conjunto de familias españolas. Y sobre ese coste mínimo de referencia, concluyen que el 31,5% de las familias (6 millones de hogares) tienen hoy “graves dificultades” para pagar esas necesidades básicas. Son las llamadas “familias más vulnerables”, las que están en una situación verdaderamente precaria ante la inflación. Y que han tomado dos decisiones, según la experiencia de Cáritas: recortar gastos (incluso de alimentación, ropa y calzado, medicinas y comedor escolar) y buscar ayuda entre familiares, amigos y ONGs. Sólo Cáritas atiende a 3 millones de personas en España y Cruz Roja a 3,5 millones, mientras el Banco de Alimentos facilita comida a 1,5 millones de personas.

Este núcleo de 6 millones de españoles más vulnerables, los más precarios, forma parte de los 10.269.765 “pobres(“en riesgo de pobreza o exclusión social”) que hay en España (+550.000 que en 2019) un 21,7% de la población total, personas así consideradas por las estadísticas oficiales (INE) por ingresar menos del 60% de la renta media española en 2021 (menos de 9.535 euros anuales las personas solas y menos de 20.024 los matrimonios con dos niños).  Sobre este grupo de españolesvulnerables” (10,2 millones, 1 de cada 4 personas) o “muy vulnerables” (6 millones, 1 de cada 7,5 españoles) son a quienes hace más daño la actual inflación (tras sufrir también más la pandemia)  y los que tienen más difícil llegar  a fin de mes y ahora, afrontar la Navidad 2022. Son sobre todo, según Cáritas, mujeres solas con niños, familias con varios hijos o dependientes, algunos mayores y jóvenes, inmigrantes y personas en paro o con trabajo precario y a tiempo parcial.

Caritas, Cruz Roja y el resto de ONGs dan una importancia creciente a corregir los dos factores claves de pobreza: el desempleo (o empleo intermitente y precario) y los alquileres, un factor básico de generación de pobreza en los últimos dos años. Por eso piden medidas públicas para promover la formación y el empleo de las personas más vulnerables, a la vez que crear un parque de vivienda pública en alquiler (hoy casi inexistente: el 1,1% del parque total, frente al 38% en Países Bajos, 17,4% en Reino Unido o el 14% en Francia). Además, insisten en pedir cambios en los requisitos del Ingreso Mínimo Vital (IMV), demasiados restrictivos, lo que ha provocado que sólo cuente con 535.732 perceptores y beneficie a 1.495.128 personas, cuando el Gobierno Sánchez prometió que llegaría a 2 millones de beneficiarios. Y además, falta una mayor coordinación entre las ayudas públicas (IMV, rentas mínimas de las autonomías y seguro de desempleo), para sacar el máximo partido al dinero público y ligarlo más a la formación y empleabilidad de los beneficiarios y sus familias.

En definitiva, volvemos a estar ante unas Navidades difíciles, esta vez no por la pandemia (que sigue ahí, estancada y silenciosa: 156 casos por 100.000 habitantes entre mayores de 60 años y sin estadísticas del resto) sino por la inflación y el temor a una recesión en Europa en los próximos meses, con una guerra en Ucrania que dura ya 10 meses. Los españoles, como el empleo aguanta, no han desplomado su consumo y tratan de disfrutar de esta Navidad, gastando más el que puede. Pero no olvidemos a esa cuarta parte de la población que lo siguen pasando más, que sufrieron más la pandemia y sufren más la inflación. Necesitan que se prorroguen las actuales ayudas públicas y que haya una ayuda nueva para afrontar su alimentación. Pero también que cada uno de nosotros les ayudemos en lo posible, con donaciones a ONGs y ayudas directas a quien podamos. No les olvidemos.

¡Feliz Navidad!

jueves, 23 de diciembre de 2021

Una Navidad más desigual

Otra vez estamos en las fiestas de Navidad, el epicentro del consumo anual, con las calles y tiendas llenas, igual que restaurantes, espectáculos y hoteles. A pesar del preocupante repunte de la pandemia, los españoles han recuperado las ganas de disfrutar y gastar, más estas Navidades que las de 2019, según varios estudios, sobre todo en regalos, comidas y viajes. Pero ojo, uno de cada tres españoles va a gastar menos, porque no ve claro el futuro o porque la pandemia ha mermado su economía. No podemos olvidar que hay más pobres que antes de la pandemia: 11 millones de personas vulnerables, según Cáritas, 6 millones de ellos en pobreza severa. Y en cambio, también hay más ricos. Así que esta Navidad será aún más desigual, con unos viajando al Caribe y otros a las colas del hambre (un millón y medio de familias). No es demagogia ni ser “cenizo”, sólo realista. Disfrutemos de la Navidad, pero ayudemos a los que lo están pasando mal. Cuídense. ¡Feliz Navidad!

Enrique Ortega

La pandemia ataca otra vez con virulencia, pero la mayoría de españoles quieren olvidarlo y celebrar la Navidad con más gasto. Se ve en las riadas de gente con bolsas por calles y centros comerciales, la compra de comida, la búsqueda de regalos, las reservas en restaurantes y lugares de ocio o los viajes. Tenemos más contagios que la Navidad pasada, pero la mayoría estamos vacunados y eso nos da cierta seguridad para salir y disfrutar, tras casi dos años de dura pandemia. Y muchos pueden gastar más, porque han ahorrado, siempre que no hayan perdido el trabajo o la empresa. Todo esto lleva a que esta Navidad aumentará el gasto de los españoles, incluso superando a la Navidad de 2019, antes de la pandemia.

Es lo que refleja el estudio del gasto navideño que realiza desde hace 17 años la consultora Deloitte: los hogares españoles gastarán esta Navidad una media de 631 euros, un 14% más que en 2019. Aunque la cifra de gasto parece baja, lo importante es que refleja una tendencia de mayor gasto. Eso sí, el estudio refleja también un gasto desigual: un 62% de los consumidores gastarán más, porque tienen más ahorro,  y otro 38% gastarán menos, básicamente porque se han reducido sus ingresos, por la incertidumbre ante la pandemia y por la fuerte subida de precios. La misma tendencia indica otro estudio de Cetelem: el gasto esta Navidad (531 euros por persona, más “creíble”) será un 11% superior al de antes de la pandemia, a la Navidad de 2019, aunque sólo un 23% de españoles gastarán más, un 21% gastará menos y el 56% restante gastará lo mismo.

La organización de consumidores OCU hace cada año una encuesta sobre el gasto navideño y la de esta Navidad 2021 refleja un gasto por persona de 641 euros, un 22% más de gasto que en 2020 y casi el gasto de 2019 (655 euros). La encuesta también refleja lo que las demás: que aunque parezca que todos vamos a gastar más, sólo lo hará el 25%, mientras que un 17% de personas van a gastar menos y la mayoría (59%) igual. Algo más de la mitad del gasto navideño se irá en regalos (348 euros por persona), seguido de lejos por el gasto en comidas familiares (97 euros), viajes (80), lotería (61), comidas con compañeros de trabajo (31) y fiestas fuera de casa (24 euros por persona de media).

Mucho de este gasto se ha hecho ya en el Black Friday y el resto se ha adelantado, por temor al desabastecimiento y las subidas de precios. Y más de la mitad de las compras navideñas son ya online, disparándose el pago con tarjeta: en noviembre (Black Friday), el gasto con tarjeta en España fue un 40% superior al de noviembre de 2019, según BBVA Research. Esta generalización del pago con tarjeta está permitiendo mayores ingresos por comisiones a los bancos y preocupa el crecimiento de las tarjetas “revolving, esas tarjetas que incorporan un crédito que permite pagar en plazos lo gastado esta Navidad (no todo al mes siguiente, como el resto). Con ello, los consumidores que las usan están pagando un interés elevadísimo: era del 18,8% en julio y ahora los bancos lo han subido al 20,17%.

La imagen “navideña” de millones de personas comprando y tirando de tarjeta de crédito encubre otra realidad: la de millones de españoles que lo están pasando mal, peor tras la pandemia, y que no pueden lanzarse a la fiebre consumista. Aunque no lo parezca, son muchos. Exactamente, 12.495.120 españoles estaban a finales de 2020 en riesgo de pobreza o exclusión social, según la definición europea de la tasa AROPE, que incluye los que tienen bajos ingresos, carencias materiales severas o subempleo. Son el 26% de la población española, frente al 21,9% de europeos que están en esa situación de pobreza o exclusión social (96,5 millones), lo que coloca a España en el 4º lugar del ranking de pobreza y exclusión social, sólo por detrás de Rumania (35,8%), Bulgaria (33,6%) y Grecia (27,5%), según Eurostat. Y si miramos sólo a los que tienen bajos ingresos, los que ganan menos del 60% de la media española (9.626 euros al año un soltero y 20.215 euros una familia con dos niños), resulta que en España hay 9.939.300 personas “pobres” (el 21% de la población), que con esos ingresos tienen muy difícil “gastar con alegría esta Navidad” (y sobrevivir día a día). Son cifras oficiales (INE) de finales de 2020, 142.000 pobres más que la Navidad de 2019. Y habrán aumentado otra vez en este año 2021.

La alegría consumista de la Navidad también encubre que hay muchas familias que no son oficialmente pobres (ganan más de 20.215 euros) pero que tienen apuros económicos, incluso teniendo trabajo. Así, la última Encuesta de Presupuestos Familiares (INE) refleja que un 10% de los españoles (4.740.000 personas) llegan a fin de mes “con mucha dificultad , que un tercio largo (el 35,4%) de las familias no pueden hacer frente a gastos imprevistos, que un 13,5% se retrasa en el pago del alquiler o los recibos, que un 10,9% no puede mantener su vivienda a una temperatura adecuada (el dato es de 2020, antes de dispararse el recibo de la luz) y que un 5,4% no se puede permitir comer carne o pescado cada 2 días…

Esta es la realidad de los datos oficiales, aunque muchas de estas familias se endeuden o “hagan maravillas” para gastar esta Navidad. Eso sí, enfrente hay españoles y familias que viven cada año mejor y gastan sin problemas. De hecho, la pandemia ha hecho que haya más ricos y con más ingresos: las 100 mayores fortunas de España han aumentado su patrimonio un 17% en 2021, según la revista Forbes. Y esto acrecienta la desigualdad, que es muy escandalosa, según el reciente informe del Word Inequality Lab, centro coordinado por el economista francés Thomas Piketty: el 10% más rico concentra el 57,6% de la riqueza española, más de 8 veces la riqueza del 50% más pobre (6,7% del total). Y sólo el 1% más rico tiene el 24,2% de toda la riqueza en España, más que el 40% de en medio (que concentra el 35,8% de la riqueza total). Y ese  1% más rico ha aumentando su trozo del pastel desde 2013 (tenían el 21,1% de la riqueza total del país).

El problema ya no es sólo que vivimos en una sociedad dual, con una minoría de ricos cada vez más ricos y unos pobres cada vez más pobres, sino que no están funcionando los sistemas públicos para reducir las desigualdades (impuestos, ayudas sociales, transferencias e inversiones públicas) y que la pobreza se está haciendo crónica y se hereda. Así, el 30% de los españoles adultos en riesgo de pobreza vivieron en una familia con una mala situación financiera cuando tenían 14 años y de los que vivían en familias con recursos, sólo el 16,6% viven ahora en situación de pobreza, según un reciente estudio de Eurostat, que sitúa a España como el 4º país que más sufre este problema de “pobreza heredada” (tras Bulgaria, Rumanía e Italia). Y otro dato llamativo: la pobreza también depende del nivel educativo de los padres: el 22,9% de los pobres actuales tienen padres con bajo nivel educativo, el doble de pobres (11,4%) que tienen padres con más estudios. Aquí, España es el 7º país de Europa con la mayor brecha de oportunidades por la educación.

Bueno, son datos impactantes, que no pretenden “amargar la Navidad”, sino recordar que 1 de cada 4 españoles lo está pasando mal y habría que tenerlo presente estos días, más que nunca.Esta Navidad, cada portal importa”, es el lema de la campaña de Cáritas, que nos recuerda que hay portales, vecinos, con problemas para comer, pagar el alquiler o los recibos y llegar a fin de mes. De hecho, Caritas atiende a 2,8 millones de personas, mientras la Cruz Roja tiene a otros 1,7 millones en sus programas sociales. Y hasta 1,5 millones de familias reciben comida de los Bancos de alimentos. Es esa otra España que muchos quieren olvidar, pero que está ahí y necesita nuestra ayuda, más incluso en Navidad.

Estas fiestas son fechas de buenos propósitos, pero la España que lo pasa mal necesita medidas, no promesas ni palabras. Un tema clave a mejorar es el ingreso mínimo vital, que no está funcionando como denuncia Cáritas y todas las ONGs: sólo se ha concedido al 18,6% de las familias en pobreza severa y casi a la mitad se le ha denegado, por un exceso de requisitos mal diseñados. El dato es revelador: sólo había 362.017 solicitudes aprobadas (con 824.441 beneficiarios) a fecha 3 de diciembre, menos de la mitad de los 850.000 previstas por el Gobierno. Ahora se espera que los beneficiarios aumenten, al haberse aprobado ya en el Congreso la nueva Ley, que introduce mejoras: se mirarán los ingresos del año en curso (no los de antes de la pandemia), se elevan los umbrales de ingresos y se reduce de 12 a 6 meses la antigüedad de la unidad de convivencia. Además, se ha puesto en marcha el registro de mediadores, que permitirá a las ONGs acreditar la idoneidad de los potenciales beneficiarios. Y ya está aprobado el complemento por hijo, de 100 a 50 euros al mes.

Otro cambio que urge es modificar la Ley de subvenciones, como piden los gerentes de servicios sociales, para simplificar y reducir los trámites que se exigen para cobrar las ayudas básicas (para comida, ropa y pago del alquiler) que conceden los servicios sociales de los Ayuntamientos y que se retrasan ahora hasta 2 meses, por exceso de burocracia. Sería un cambio muy importante porque hablamos de 1 millón de ayudas que se solicitan cada año, con una cuantía media de 184 euros por ayuda.

Y queda afrontar el grave problema de la pobreza infantil, que afecta a 2,2 millones de niños y adolescentes en España (el 28,3% de los menores sufren pobreza y exclusión social), según Save the Children, lo que nos coloca como el tercer país europeo con más pobreza infantil, tras Rumanía y Bulgaria. La Comisión Europea lleva años llamándonos la atención y el Gobierno Sánchez les ha prometido presentar un Plan antes del 15 de marzo de 2022, para destinar 779 millones a luchar contra la pobreza infantil, 527 de ellos serán Fondos europeos. El objetivo es reducir a la mitad la pobreza infantil (de 2,2 a 1,1 millones)… para 2027.

Junto a estas medidas urgentes, es prioritario que toda la política económica y social, que la ansiada recuperación busque reducir la pobreza y la desigualdad, un grave problema antes que ahora ha agravado la pandemia: tenemos 11 millones de personas en situación vulnerable y de exclusión social, 2 millones más que en 2018, según el último informe Foessa presentado por Cáritas en octubre. Y de ellos, 6 millones de personas están en situación de pobreza severa. Un problema no sólo social, también económico (lastra el consumo y con ello el crecimiento y la recaudación) y político (su desapego desarma la democracia y alienta los populismos y extremismos). Por  eso no podemos olvidarles nunca: sin ellos no se puede construir un futuro estable. Tampoco les olvidemos esta Navidad: no son sólo los que piden en los semáforos, pueden ser nuestros vecinos. Ayudémosles si podemos. Y cuidémonos mucho frente al COVID ¡Feliz Navidad!