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lunes, 3 de agosto de 2026

Libros de geopolítica, vivienda y economía

El verano tenemos más tiempo para leer, así que aprovecho para aconsejarles 5 libros recientes, que ayudan a explicar temas económicos de actualidad, desde los conflictos geopolíticos a la vivienda, pasando por las élites que dominan el poder político y económico en España. El primero es una especie de Atlas visual que explica con mapas y gráficos las tensiones geopolíticas en el mundo, desde la energía a las tierras raras. El segundo libro explica la llegada al poder de “los depredadores, desde Trump y Milei a Putin, apoyados en los nuevos conquistadores tecnológicos. El tercero se centra en el grave problema de la vivienda, planteando el conflicto entre caseros e inquilinos y algunas soluciones heterodoxas. El cuarto repasa nuestra historia, desde Al Ándalus hasta hoy, explicando cómo las distintas oligarquías han “chupado” del Estado y de los españoles. Y se complementa con un  5º libro, que analiza las élites que han controlado el poder económico en España desde 1939 hasta hoy. Espero que alguno les interese. ¡Buen verano¡


El primer libro, “Las fuerzas que mueven el mundo: la geopolítica y la economía mundial en mapas” es más un Atlas que un libro al uso, porque consta de múltiples mapas que ayudan a explicar los principales problemas geopolíticos actuales, desde el reparto del petróleo y el gas por paises a las tierras raras o los chips. Su autor es un colectivo, el Orden Mundial, un equipo especializado en el análisis de la economía internacional. A lo largo de sus 205 páginas, en gran formato, aportan múltiples mapas con leyendas, textos y datos que sirven para entender “de un vistazo” los grandes problemas económicos y geopolíticos del mundo actual.

Tras una introducción donde resumen como está cambiando el mundo desde la pandemia (siempre con mapas), analizan los nuevos rumbos políticos, los gigantes tecnológicos, la crisis climática y los problemas comerciales globales, explicando la reorganización de los flujos de mercancías. Es muy importante el bloque que dedican a los recursos que sustentan la economía mundial y su distribución, desde el petróleo al uranio, las tierras raras y los chips, sin olvidar los recursos pesqueros y los alimentos. Otro apartado informa sobre los conflictos en el mundo y los puntos problemáticos, desde el mar de China al Ártico. También detalla la emergencia climática (en mapas) y el declive de la democracia en el mundo, anticipando las “nuevas fronteras”: los polos, los océanos y el espacio. Y destina un capítulo al papel de España en el mundo, también con múltiples mapas y datos, incluido un mapa sobre el uso del español en el mundo.

Tras este Atlas sobre la geopolítica actual, un libro que analiza los cambios en el poder mundial: “La hora de los depredadores”, de Giuliano de Empoli, un ensayo de un sociólogo y asesor político italiano que conoce muy bien los entresijos de la política internacional y que escribió en 2023 una novela imprescindible, “El mago del Kremlin, sobre Rusia y el poder de Putin. En este libro explica la llegada al poder en el mundo actual de los nuevos líderes (los “depredadores”) , que no respetan las reglas ni las instituciones y ejercen el poder a su antojo mediante la fuerza bruta, el engaño y la colaboración de los tecno oligarcas que controlan las redes sociales y la inteligencia artificial.

El libro de Empoli, que es un ensayo pero se lee como una novela, explica el acceso de estos lideres tecnológicos y políticos al poder, con ejemplos concretos: el príncipe Mohamed bin Salman en Arabia Saudita, Bukele en El Salvador, Trump en EEUU y el escándalo de Cambridge Analitics, Elon Musk y su apoyo a la extrema derecha alemana, Sam Altman y el acenso de OpenAI… El autor, que se ha movido en la ONU y foros internacionales como asesor político del italiano Mateo Renzi explica los entresijos de cómo actúan estos personajes en las instituciones internacionales y con los demás gobiernos, detallando las claves de cómo gana terreno su “nuevo orden”, que está llevando al mundo al caos.

Tras estos dos libros, que pueden ayudarnos a entender mejor el complejo mundo que tenemos, un tercer libro sobre el mayor problema de los españoles, la vivienda: “Generación inquilina”, de Javier Gil, un sociólogo investigador del CSIC que trata de explicar qué pasa con la vivienda y plantea alternativas de solución, ciertamente heterodoxas. La primera parte del libro analiza el problema de fondo de la vivienda, que considera estructural y político, no coyuntural: la vivienda ha generado una “economía rentista”, donde la vivienda es una inversión para unos caseros con altos ingresos, inmobiliarias y fondos de inversión, que controlan las Leyes y normativas en su beneficio, perjudicando a una “generación inquilina” que no tiene ningún poder ni influencia y que vive cada vez peor porque les transfiere una parte creciente de su renta, aumentando la desigualdad en España.

En definitiva, señala Gil, la vivienda no sube por factores demográficos (más jóvenes y familias) o de escasez (faltan viviendas) sino porque es un activo financiero con el que se especula. Y sube porque hay mucha liquidez y una creciente demanda especulativa que dispara los precios. Y explica el comportamiento de los Fondos de inversión, inmobiliarias, grandes fortunas o ahorradores, que han convertido la vivienda en un activo muy lucrativo (más que la Bolsa o la deuda). Así que cuanto más suba la vivienda y el alquiler, más rentabilidad y más demanda, alimentando la especulación. Por eso cree que la solución no es construir más viviendas: eso alimentará la especulación.
 

Para el autor, la solución al problema de la vivienda no es edificar más sino reordenar el mercado y acabar con la economía rentista, frenar la demanda especulativa y proteger la demanda residencial, facilitando el acceso a la vivienda a los que no tienen un techo y frenando las compras especulativas de viviendas. Pero duda que el Gobierno (este y cualquier otro) se ponga del lado de los inquilinos, que tienen menos peso político y numérico que los propietarios, Fondos y empresas inmobiliarias, con lo que no se atreven a imponer controles y cambiar el modelo de la economía rentista por uno que considere la vivienda como un derecho y un bien social. Por eso, propone que los inquilinos se organicen (Javier Gil es miembro y asesor del Sindicato de Inquilinos) y que multipliquen sus protestas contra los abusos en la vivienda, con la propuesta de una posible huelga de pago de alquileres, como medida de presión para que la vivienda sea un bien social.

El 4º libro, El Estado pesebre, de Carlos Arenas Posadas, un historiador económico de la Universidad de Sevilla, es un libro de historia, pero de otra historia: de cómo las élites y las oligarquías han “parasitado” las cuentas públicas (se lo han “llevado crudo” de forma “legal”) en España, desde la época de Al Ándalus al franquismo y la transición democrática. Es una nueva versión (desconocida) de cómo las élites sociales y los grandes negocios han prosperado siempre en este país a la sombra del Estado. O más bien, cómo el Estado ha sido “parasitado” por las oligarquías, ha sido el verdadero “pesebre” de nuestra historia. Un demoledor repaso histórico de quienes han sido los sucesivos depredadores del dinero público, desde la Edad Media, el imperio, la reconversión liberal, la Restauración, la República, el franquismo y la transición demográfica, con distintos nombres y similares comportamientos.

El historiador hace un detallado repaso de nuestra historia para revelar como los estamentos nobiliarios, eclesiásticos, militares, plutócratas y oligarcas se han enriquecido en el pesebre de los distintos Estados y Gobiernos, utilizando la violencia física, material y moral, la impunidad, las patrañas, los falsos victimismos, trampantojos y bulos dirigidos a legitimar su poder. Y a lo largo los distintos siglos y épocas, desfilan por el libro los protagonistas de lo que el autor llama “el gran Comedero”: señores, frailes, obispos, inquisidores, virreyes, militares, usureros, aristócratas, burgueses, asentistas, reyes, políticos, altos cargos de la Administración, agricultores, industriales, lobistas, banqueros, comisionistas, fondos buitres… Y así hasta hoy, con los casos de corrupción repetidos en el siglo XXI. ¿Y ahora qué? El autor responde que cambiar una trayectoria milenaria no es sencillo, pero aboga por una mayoría social que promueva reformas para lograr un cambio verdadero. Nada fácil…

El 5º libro, “Las élites que dominan España”, ahonda en este tema de los que controlan el poder, con un análisis centrado entre 1939 y hoy, del franquismo a la democracia. Su autor es Andrés Villena Oliver, un sociólogo y profesor de Economía en la Complutense, cuyo libro tiene una reveladora historia: iba a ser publicado por Ariel (Planeta), pero fue descartado en el último momento por la editorial (no se sabe la razón) y se ha publicado en otra (Libros del KO), con una “aureola” de libro “medio prohibido” que ha disparado sus ventas. La tesis del autor es que la élite española de poder se compone de tres elementos (capital, empresas y Estado) que llevan décadas conectados entre sí por puertas giratorias. Es más, sostiene que la estructura de poder que se generó en la España franquista se ha mantenido en lo fundamental, con pocos cambios en los grandes poderes, tanto la banca y las grandes empresas como los grandes cuerpos de funcionarios que controlan el Estado, algo que trata de justificar a lo largo del libro, desde 1.939 hasta hoy, con una investigación documentada sobre lobbies empresariales, bancos, sagas familiares, instituciones políticas y medios de comunicación. Setenta años de historia en los que tecnócratas, financieros, altos funcionarios y empresarios actúan “como piezas de una misma maquinaria, diseñada para que nada esencial cambie”.

El libro analiza la estructura del poder en tres bloques. El primero, la dictadura y las redes del poder durante el franquismo, con los cambios de la tecnocracia a partir de 1959. Luego, los cambios de poder en la transición, con las crisis bancarias y los cambios en las grandes empresas. El segundo bloque detalla los cambios en la estructura del poder con la llegada del PSOE en 1982, que supuso la renovación del capitalismo español. Después analiza la llegada de Aznar, las privatizaciones, el clientelismo y el “milagro inmobiliario”. En el tercer bloque, analiza la época tecnocrática de Zapatero, la crisis política del 15-M y el final del bipartidismo, hasta el ascenso de Sánchez y la evolución de su Gobierno. Como conclusión,  dice que “la democracia ha operado como una carcasa, gracias a la cual las élites han maximizado beneficios y poder”. Y plantea que sólo los colectivos sociales pueden generar nuevas oportunidades. Que la respuesta está “en la gente”.

Bueno, confío en que alguno de estos 5 libros le interese. ¡ Buen verano y hasta septiembre !

jueves, 11 de febrero de 2016

La escandalosa desigualdad torpedea el futuro


Se dice pronto, pero es tremendo: los 20 españoles más ricos tienen tanto como los 14 millones de españoles más pobres (el 30% de la población). Y en el mundo, 62 personas poseen la misma riqueza que 3.600 millones (la mitad más pobre). Esta larga crisis ha agravado aún más la desigualdad y España es el segundo país de la OCDE donde más ha empeorado desde 2007, de la mano del paro, los bajos salarios, la política fiscal y los recortes. Pero la desigualdad no es inevitable, sino producto de unas políticas que pueden cambiarse. Y no queda más remedio que reducir la desigualdad, porque no sólo es injusta e inmoral sino que además representa una gran amenaza para la recuperación económica y hasta para la democracia. El Papa Francisco, Obama, el FMI, la OCDE, varios Nobel, muchos economistas y hasta algunos empresarios coinciden: la desigualdad es el mayor desafío de nuestro tiempo. Es un cáncer social. Otra asignatura pendiente para el próximo Gobierno.
 

enrique ortega


Desigualdad social ha habido siempre, pero con esta crisis ha llegado a niveles insoportables. Y así, esta desigualdad extrema se ha convertido en la principal enfermedad del mundo en el siglo XXI. Baste un dato: en 2015, 62 personas poseían la misma riqueza que 3.200 millones (la mitad más pobre de la población mundial), según el último informe de Intermón Oxfam. En 2010, eran 388 personas. Lo que ha pasado es que la crisis ha aumentado aún más la desigualdad, porque esos 62 más ricos han aumentado un 44% su riqueza en los últimos 5 años mientras a los 3.600 millones más pobres se les redujo un 41%. Y en todo el siglo XXI, la mitad del aumento de la riqueza se ha ido al bolsillo del 1% más rico (70 millones de personas), que ya posee más riqueza que el otro 99% de la población mundial (6.930 millones).

La desigualdad ha aumentado en todos los países, pero más en Estados Unidos, el país más desigual del mundo: el 1% más rico (que controla el 40% de la riqueza del país) se ha llevado el 95% del crecimiento generado tras la crisis financiera de 2007. En Europa, la desigualdad es algo menor pero impresionante: el 1% más rico posee el 31% de la riqueza europea, el 9% siguiente posee otro 38%, el 50% de la población poses el 30% de la riqueza y el 40% más pobre de los europeos sólo posee el 1% de la riqueza restante, según Intermón Oxfam.

En España, los datos son también tremendos: los 20 españoles más ricos (ver listado 200 mayores fortunas) tienen tanto patrimonio como el 30% de la población más pobre, como 14 millones de españoles, según el último informe de Intermón Oxfam. Y el 1% de la población, los más ricos (465.000 españoles) poseen tanta riqueza como el 80% de españoles más pobres (36,8 millones). Una tremenda desigualdad que se ha agravado con la crisis: España es el segundo país de la OCDE donde más ha crecido la desigualdad desde 2007, sólo por detrás de Chipre, casi 10 veces más que la media europea (incluso 14 veces más que en Grecia). Y ahora, España es el cuarto país más desigual de Europa, tras Portugal, Italia y Grecia, según un informe de Morgan Stanley.  

¿Por qué tanta desigualdad? La razón principal es que, desde los años 80 y 90, la rentabilidad del capital, del ahorro y las inversiones, ha crecido muy por encima de los rendimientos del trabajo, como explica el libro “El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty. Dicho de otra manera: el capital, el dinero, se ha quedado cada año con un mayor trozo del pastel de la riqueza, a costa del trabajo. La desregulación económica y financiera, iniciada con Reagan y Thatcher y agravada con los dos Bush, ha aumentado el peso y la influencia del capital financiero y las grandes empresas, que han multiplicado exponencialmente sus beneficios. Y en paralelo, la globalización ha presionado a la baja los salarios, mientras la crisis aumentaba el paro y reducía más los ingresos de la mayoría. La puntilla han sido los impuestos: las empresas y los inversores han visto reducir su fiscalidad (para “fomentar la inversión”) mientras aumentaban los impuestos indirectos, los que “no se ven” (IVA, tasas, impuestos especiales), que perjudican más a los que menos tienen. Recordemos la frase del multimillonario norteamericano Warren Buffet: “Pago menos impuestos que mi secretaria”. Y en los últimos años, los recortes han agravado mucho la desigualdad, porque se han sacrificado los gastos (desempleo, sanidad, educación, pensiones, servicios sociales y dependencia) que benefician más a las rentas más bajas.

Dentro de este abanico de causas de la desigualdad, el informe de Intermón Oxfam da un papel clave a la existencia de paraísos fiscales, que permiten a los más ricos, grandes empresas y multinacionales eludir “legalmente” el pago de impuestos. De hecho, el 90% de las 200 mayores empresas del mundo tienen presencia en paraísos fiscales, igual que las grandes empresas españolas: 34 de las 35 empresas del IBEX tienen sociedades en paraísos fiscales, según Intermón Oxfam. Los  “paraísos fiscales” son claves en la ingeniería fiscal de bancos, grandes empresas y multinacionales para eludir el pago de impuestos. Y su importancia es creciente: al menos la mitad del comercio mundial pasa por un paraíso fiscal y los activos en estos paraísos se estiman entre 20 y 32 billones de dólares, una cifra superior al PIB de EEUU y China juntos, según datos del FMI (2014), recopilados por Intermón Oxfam.

Vistas las causas generales de la desigualdad en el mundo, veamos qué ha pasado en España. Aquí, un factor agravante de la desigualdad es el paro, que ha sido el doble que en Europa y el triple que en EEUU, con la pérdida de 3,7 millones de empleos durante la crisis. Otro, la mayor caída de los salarios durante la crisis, agravando aún más la brecha salarial: los presidentes de las empresas del IBEX cobran 158 veces más que sus trabajadores y mientras los sueldos de los altos ejecutivos de las empresas han subido un 10% con la crisis, la media de los salarios brutos ha caído un 22,2% desde 2007 a 2014, según Intermón Oxfam. Y otro factor clave de la mayor desigualdad en España son los impuestos: las multinacionales apenas pagan, las grandes empresas sólo pagan el 7,3% de sus beneficios (la mitad que las pymes) y las grandes fortunas se refugian en las SICAV (hay 38.000 millones invertidos, una cifra récord), sociedades que les permiten eludir el pago de impuestos. El resultado es que 9 de cada 10 euros recaudados en España proceden de los trabajadores.

La tremenda desigualdad, en el mundo, Europa y España, no es sólo totalmente injusta e inmoral. Es que además, debilita la economía y el crecimiento, según distintos expertos. Un informe del FMI de 2014 ya concluía que los países con una desigualdad elevada tienen periodos de crecimientos más cortos y otro informe de 2015 ha abundado en esta idea, reiterando que si aumenta la renta de los más ricos y no de los más pobres (que suponen un porcentaje mayor del consumo), se reduce el crecimiento (PIB) a medio plazo. Y otro informe de la OCDE sobre 20 países reveló que en Italia y Gran Bretaña, la tasa de crecimiento de los últimos 30 años podría haber sido mayor (entre un 6 y un 9% más) si no hubieran aumentado tanto las desigualdades. En todos los estudios, la razón es la misma: la caída de los ingresos de las clases media y los más pobres reduce el consumo y el crecimiento. Si los de abajo ingresan menos y no pueden comprar, las ventas y el crecimiento se frenan.

Pero hay más efectos negativos de la desigualdad extrema. Por un lado, fomenta la desigualdad de género: un estudio del FMI revela que los países con más desigualdad de ingresos son también los que tienen mayor desigualdad  entre hombres y mujeres (en salarios, trabajo, acceso a la sanidad y educación, presencia en las instituciones…). Y además, otros estudios señalan que la desigualdad fomenta las emisiones de CO2 y el cambio climático: los datos señalan que “la huella de carbono” (emisiones)  del 1% más rico puede ser hasta 175 veces mayor que la del 10% más pobre. Y además, la desigualdad debilita la democracia, como ha estudiado el Premio Nobel de Economía 2015, Angus Deaton. Y eso porque la desigualdad debilita la cohesión social, aleja a los más pobres de la política y las instituciones, fomenta los extremismos y aumentan los ciudadanos que no votan.

La desigualdad es el mayor desafío de nuestro tiempo, algo en lo que coinciden el Papa Francisco, Obama, el FMI, la OCDE, la Reserva Federal USA, varios Nobel de Economía, muchose expertos y hasta algunos grandes empresarios. Lo fundamental es tener claro que tanta desigualdad no es “necesaria” (para que los  megaricos “tiren" de la economía, como defienden los conservadores USA y rechaza el Nobel Krugman) ni  inevitable”, como insiste el Nobel Joseph Stiglitz, en su último libro “La gran brecha”. Explica cómo la desigualdad no es una “consecuencia” de la economía, sino el fruto de una serie de políticas, básicamente fiscales y de falta de control del sistema financiero y los sectores básicos de la economía, ese 1% que se ha apropiado de los resortes de la economía y del poder, en EEUU y en todo el mundo, en perjuicio del 99% restante. La otra idea de Stiglitz es que la desigualdad entorpece la recuperación, porque reduce el consumo, frena las posibilidades de los jóvenes (sus familias no pueden invertir en su educación), reduce la recaudación fiscal (y los países no pueden invertir en infraestructuras, tecnología y educación, lo que frena su competitividad) y provoca que la economía sea más vulnerable y más volátil (los ciclos de prosperidad y depresión son más frecuentes y más severos).

El mundo está obligado a luchar contra la desigualdad extrema, no sólo por justicia y dignidad, sino para facilitar la salida de la crisis. A nivel internacional, la principal medida pasa por reducir el peso de los paraísos fiscales y conseguir que las multinacionales, grandes empresas y los más ricos paguen lo que deben. Casi un tercio de la fortuna de los africanos más ricos se encuentra escondida en paraísos fiscales, según Intermón Oxfam. Y la Unión Europea pierde cada año por evasión y elusión fiscal un billón de euros, que rondan los 58.000 millones en el caso de España. Cualquier medida para frenar la evasión fiscal ha de ser a nivel mundial y tanto el G-20 como la OCDE van muy retrasados en esta batalla.

A nivel europeo y español, la lucha contra la desigualdad pasa por terminar con la austeridad (los recortes afectan más a los más pobres) y relanzar las economías, para crecer más y crear más empleo, la medida más efectiva contra la desigualdad. Un empleo decente y mejor pagado, con un aumento del salario mínimo (objetivo: los 1.000 euros) y subidas salariales en línea con la mejora de beneficios y la productividad, reduciendo la brecha salarial (hay una campaña en Europa, 1:12, para que nadie gane más de 12 veces lo que otro). Pero sobre todo, hay que apostar por una política fiscal contra la desigualdad, que aumente la recaudación de los que menos impuestos pagan (multinacionales, grandes empresas y los más ricos) y se vuelque en un gasto público, un Presupuesto  que redistribuya la riqueza en favor de los que menos tienen, a través de la educación, la sanidad, los gastos sociales, las infraestructuras y la lucha contra la pobreza.

La desigualdad extrema se debe y se puede reducir. Hay quien dice que primero salgamos de la crisis y luego lucharemos contra la desigualdad. Es una falacia, porque si no recortamos la desigualdad, será mucho más difícil salir de la crisis de una vez. Por eso, y por pura justicia y ética, hay que emprender una batalla global contra la desigualdad, como una gran prioridad no sólo económica sino también política: la desigualdad erosiona la democracia, fomenta los extremismos y aleja a millones de personas de la política. Es una “bomba de relojería”, un verdadero cáncer de nuestra sociedad, que crece año tras año, torpedeando el futuro.