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lunes, 10 de marzo de 2025

6ª bajada tipos, pero hipotecas más costosas

El Banco Central Europeo (BCE) bajó el jueves los tipos de interés oficiales (-0,25%), por 6ª vez en los últimos nueve meses, tras haberlos subido 10 veces antes, entre 2022 y 2023. Ahora, el BCE podría darse una tregua en las bajadas, por temor a un repunte de la inflación tras los aranceles de Trump. Con todo, el Euribor bajó al 2,40% en febrero y eso abarata la cuota de las hipotecas que se revisen los próximos meses. Pero ojo: la bajada de tipos no abarata las nuevas hipotecas, porque el precio de los pisos se ha disparado y eso provoca que la cuota a pagar ahora sea más alta en muchas ciudades. Y los precios seguirán subiendo, porque hay poca oferta y resulta más barato pagar una hipoteca que un alquiler en las grandes ciudades (para los que tengan ahorros y un salario suficiente, no para jóvenes y familias vulnerables). Por mucho que bajen los tipos, si no se promueven más viviendas, las hipotecas serán prohibitivas.

                            Enrique Ortega

Como se esperaba, el Banco Central Europeo (BCE) bajó el jueves los tipos de interés oficiales, otro -0,25%, la 6ª bajada del precio oficial del dinero en los últimos meses (junio, septiembre, octubre y diciembre de 2024, enero y marzo de 2025), dejándolos en el 2,50%, el tipo en que estaban en diciembre de 2022 y a finales de 2008. Con ello, el BCE desanda parcialmente el camino de las 10 subidas de tipos aprobadas entre julio de 2022 y septiembre de 2023, cuando disparó el precio del dinero del 0 al 4,5%.

Con esta 6ª bajada de tipos, el BCE se distancia de la Reserva Federal USA, que sólo ha aprobado 3 bajadas de tipos en los últimos meses (septiembre, noviembre y diciembre de 2024) y que decidió no bajarlos el 29 de enero, a la vista de la amenaza de aranceles de Trump, aunque los había subido antes que Europa (en marzo de 2022), más veces (11 subidas de tipos entre 2022 y 2024) y los mantiene en un nivel más elevado (4,50%, frente al 2,5% el BCE). Y también se distancia del Banco de Inglaterra, que sólo ha aprobado 3 bajadas de tipos en los últimos meses (agosto y noviembre 2024 y febrero 2025), tras 14 subidas de tipos entre 2021 y 2024 y que también tiene el dinero más caro que Europa: 4,25%.

El BCE ha bajado más veces y más los tipos en los últimos meses (-1,50%) que EEUU (-1%) y Reino Unido (-0,75%) porque la economía europea está estancada y crece mucho menos y los tipos altos no ayudan sino que perjudican la recuperación. En 2024, la zona euro apenas creció un +0,7% (frente al +2,7% que creció USA y el +1% el Reino Unido), mientras Alemania seguía en recesión (-0,2% caía su PIB) y apenas crecían Francia (+1,1%) e Italia (+0,5%), sólo España (+3,2%), según Eurostat. Y el panorama para 2025 no es muy halagüeño, según el propio BCE, que ha rebajado la previsión de crecimiento de la zona euro (+0,9% frente al +1,1% que esperaban crecer hace unos meses). Así que necesitaban bajar los tipos en marzo, para no hundir más la economía europea.

Y se podía hacer, porque la inflación en Europa está medianamente controlada: ha bajado al 2,4% en la zona euro en febrero, tras 4 meses antes de subidas (desde el 1,7% de septiembre al 2,5% de enero). Ahora, el BCE espera que la inflación de la zona euro siga estable y acabe el año en el 2,3%, algo más de lo previsto hace unos meses (2,1%), pero en un nivel asumible, para poder bajar del 2% (su gran objetivo) en 2026.

Con este panorama, la estrategia del BCE era seguir bajando los tipos en 2025, al menos otras dos veces más, hasta acabar el año en el 2%, para no entorpecer el bajo crecimiento europeo. Pero Trump ha trastocado esta estrategia y el BCE ya ha anticipado que podría darse una tregua en las bajadas y no aprobar otro recorte en su próxima reunión, el 17 de abril. El temor es que la amenaza de aranceles de Trump a Europa (a partir del 2 de abril) dispare la inflación en los próximos meses, no sólo en la UE sino en el resto del mundo, por la generalización de aranceles. Y que este proteccionismo provoque una recesión en Europa. Así que el BCE se coloca en posición de “esperar y ver” antes de aprobar nuevas bajadas.

Este complicado panorama económico internacional podría frenar la bajada de tipos no sólo en Europa, sino también en EEUU y el resto del mundo, afectando negativamente a las empresas y a las familias, a la inversión, el consumo y el crecimiento. Y podría frenar la caída del Euribor, que ya ha bajado mucho en los últimos meses: ha caído del 4,16% en octubre de 2024 (tipo más elevado en los últimos 4 años) al 2,40% con que cerró febrero de 2025. Y algunos expertos creen que bajará al 2,2% en verano y rozará el 2% a fin de año.

Todo va a depender de los aranceles y los enfrentamientos geopolíticos, pero, de momento, los 4 millones de familias que están pagando una hipoteca verán reducida su cuota cuando les toque revisar su hipoteca a tipo variable. Ya ahora en marzo, la rebaja será de 110 euros al mes para una hipoteca media de 150.000 euros a 25 años (que paga el Euribor+1%). Y lo notarán más los que revisen su hipoteca a partir de junio, porque el Euribor superó el 4% en junio de 2024 (hasta diciembre, que bajó el 3,67%) y esta primavera rondará el 2,2%, lo que supondrá rebajas de cuotas de unos 160 euros mensuales. También notarán la rebaja de tipos las empresas que tienen créditos referenciados al Euribor.

El problema lo tendrán los que están pensando en pedir una hipoteca nueva para comprar una casa. Con las anteriores rebajas de tipos del BCE, la contratación de hipotecas se ha reanimado y hasta disparado en diciembre de 2024, cuando aumentaron un 30% (32.377 hipotecas), según el INE. Así, en 2024, los españoles contrataron 423.761 hipotecas, +11,2% que en 2023 y la 2ª mayor cifra (tras las 464.107 de 2022) desde la caída iniciada en 2013 (199.703 hipotecas).Ahora, se espera que la demanda de hipotecas siga creciendo, con la bajada de tipos, aunque el precio que se paga apenas haya bajado (3,25% pagado en diciembre de 2024, frente al 3,33% en diciembre de 2023).

Pero los que piensan en contratar una hipoteca tienen un problema, que no son los tipos: el precio de coste de las viviendas que vayan a comprar se ha disparado estos años, más de lo que han bajado los tipos. Y, en consecuencia, las hipotecas son ahora más costosas, hay que pagar una mensualidad más alta, aunque los tipos bajen. Veamos algunos ejemplos.

Un piso cuesta ahora de media en España 2.271 euros/m2, según los datos del portal Idealista, frente a 2.056 euros que costaba en febrero 2024, 1.960 euros en febrero 2023 y 1.801 euros que costaba en febrero 2022 (cuando el Euribor estaba en negativo). Si calculamos la evolución del precio de una vivienda media, de 90 metros cuadrados, el precio ha saltado de 162.090 euros en 2022 a 204.390 en febrero 2025. Y si comparamos el coste mensual de una hipoteca (por el 80% del valor en cada momento, a 25 años y pagando el euribor+1%), comprobamos la subida de la cuota: de 469,28 euros en febrero de 2022 a 787,12 en febrero de 2023 y a 837,24 euros en febrero de 2024. Y tras las 5 bajadas de tipos anteriores del BCE, la mensualidad apenas baja y se quedaba en 810,45 euros en febrero…

Pero eso es la media en el conjunto de España. Si tomamos los precios de las grandes ciudades, resulta que la cuota que pagamos ahora por comprar un piso es más alta que hace un año, a pesar de las bajadas de tipos. En Madrid capital, la hipoteca de un piso medio de 90 metros (que cuesta ahora 471,420 euros, según Idealista) sale por 2.133 euros, frente a los 1.738 euros que había que pagar de hipoteca por ese mismo piso en febrero de 2024 (cuando costaba 384.000 euros). Y en Barcelona, la cuota hipotecaria para comprar un piso de 90 metros (que cuesta ahora 427.590 euros, según Idealista) es de 1.934,70 euros mensuales, frente a los 1.755,12 euros de hipoteca que costaba comprar es mismo piso en febrero de 2024 (cuando costaba 387.900 euros). Y eso mismo pasa en ciudades como Bilbao, Málaga , Valencia, Sevilla, Palma, San Sebastián, Cádiz, Las Palmas, Coruña…: los precios de los pisos han subido mucho más de lo que han bajado los tipos de las hipotecas. Hay que pagar más cuota mensual para comprarlos (y más entrada y gastos).

Este es un grave problema con el que se van a encontrar los jóvenes y familias que piensen ahora en comprar piso, tras haber bajado los tipos: les saldrá más caro. Y más cada mes, porque hay una falta de viviendas en el mercado y los pisos siguen subiendo, tras haberse encarecido un +11,3% en 2024 (según el INE) y un +43,8% entre 2014 y 2023, según el INE. Pero a la vez, mucha gente se hace esta otra cuenta: ahora sale más barato comprar que alquilar. Y es verdad. Un alquiler medio en España cuesta 1.260 euros (14 euros por metro cuadrado, un piso de 90 metros), según el portal Idealista (febrero 2025) y la cuota de una hipoteca por el 80% del precio medio de un piso de 2ª mano (204.390 euros) sale por 810,45 euros, dos tercios del precio del alquiler. En el caso de Madrid capital, el alquiler medio es de 1.908 euros (21,2 €/m2) y una hipoteca para comprarlo (80% de los 471.420 euros de precio de venta) cuesta poco más, 2.133 euros. Y en Barcelona, con un alquiler medio más alto, de 2.133 euros, el coste de una hipoteca para comprarlo (80% de los 427.590 euros de precio de venta) sale por 1.935,70 euros mensuales, menos que el alquiler.

Estas cuentas se pueden hacer extensivas a la mayoría de España: en 2024, en 60 de las 64 ciudades con más de 100.000 habitantes costaba menos la cuota de una hipoteca que el alquiler, según este estudio de UVE Valoraciones. Sólo había cuatro grandes ciudades donde alquiler era más barato que comprar: San Sebastián, Marbella, Cádiz y Palma. Y ahora, en 2025, se ha sumado Madrid, por la fuerte subida precio vivienda en los últimos meses.

Pero estas cuentas no tienen presente un doble problema. Por un lado, que hay muchos jóvenes y familias que no pueden pensar en comprar un piso, aunque la cuota les sea más baja que el alquiler, porque no tienen dinero ahorrado para pagar la entrada (el 20% del valor del piso que no cubre la hipoteca) y los gastos e impuestos que hay que pagar (otro 10% más). O sea, que para comprar un piso “medio” que vale ahora 204.390 euros (no en una gran ciudad, donde este precio se duplica), habría que tener “ahorrados” ( o que se lo dejen los padres) unos 62.000 euros (o 135.000 en el caso de Madrid o Barcelona), algo inalcanzable para la mayoría de los jóvenes y para muchas familias.

Pero además de tener ahorros para la entrada y gastos, conseguir una hipoteca no es algo sencillo, como todo el mundo sabe. Hay que tener unos ingresos regulares y un contrato laboral medianamente estable, pero sobre todo, hay que asegurarle al banco que el pago mensual de la hipoteca no supera el 30% de los ingresos. Así, si un joven o una familia se plantea pedir una hipoteca de 163.500 euros, para pagar el 80% del precio de ese piso “medio” (de 204.390 euros, que “no existe en la mayoría de ciudades), debe saber que la cuota mensual a pagar (810 euros ahora, con el Euribor de febrero) no puede ser más del 30% de su sueldo. O sea, que esa familia tiene que ingresar 2.700 euros al mes… Y si piensa comprar un piso en Madrid, pagando una hipoteca  de 2.133 euros mensuales, debe justificar que la familia gana al menos… 7.110 euros al mes. Algo imposible para casi todos.

Así que bajan los tipos, pero comprar un piso sigue siendo algo difícil para la mayoría, aunque sobre el papel sea “más barato” que alquilar. Sobre la base de las bajadas, los bancos españoles ya preparan “una guerra de hipotecas” para primavera, buscando clientes que puedan pagarlas (no es fácil encontrar quienes tengan sueldos “suficientes). Así que la estrategia es “filtrar” clientes, conseguir aquellos con nóminas estables y suficientes y ofrecerles “tipos escaparate” bajos, a ser posible “fijos” (más rentables para las entidades a medio plazo) y que ronden la cifra mágica del 3%. O tipos variables con el “gancho” de Euribor más 1% y menos, a cambio de que el hipotecado se “vincule” con el banco: nómina, tarjetas, seguros y todo aquello que genere comisiones para sumarlas al margen en los tipos. Es el “secreto” que ha permitido a los 6 grandes bancos españoles ganar 31.768 millones de euros en 2024, más del doble que antes de la pandemia (13.222 millones en 2019).

En resumen, los tipos bajan, pero podrían no seguir bajando este año, si los aranceles siguen adelante y se despierta la inflación en el mundo y en Europa. Pero el problema es que la rebaja de tipos no beneficia a jóvenes y familias que busquen casa, porque la fuerte subida de precios hace que el coste mensual de las nuevas hipotecas suba, sobre todo en las grandes ciudades. Así que cada vez será más difícil comprar. Y cuanto más suban los alquileres, peor, porque se encarecerán las compras y las hipotecas. Así que la clave no está en las hipotecas y los tipos sino en aumentar la oferta de viviendas (para compra y alquiler), consiguiendo más suelo, financiación y promociones, con un Pacto (que parece imposible) entre el Gobierno, las autonomías, Ayuntamientos, promotores y bancos. Y ayudar a los que tienen viviendas vacías a que las alquilen, con garantías de seguridad y precio. Pero nada de esto se hace y la angustia de los que buscan casa crece cada día. Un problemón.

jueves, 28 de noviembre de 2024

Comprar piso a cualquier precio

El precio de la vivienda se ha puesto por las nubes: más de 200.000 euros un piso de 90 metros y entre 385.000 y 470.000 en Madrid o Barcelona. En el último año, los pisos en venta subieron un +7,8%, acumulando una subida del +50% desde 2014, el doble que la inflación y los sueldos. A pesar de estos precios, las ventas se han disparado, por compras de  inversores, extranjeros y familias que pueden hipotecarse. De hecho, los pisos en venta “vuelan” en días y los compradores “no regatean” e incluso “pujan”, pagando más por la poca oferta disponible. El problema es que faltan pisos, porque ha caído el stock y apenas se construye: 80.000 viviendas en 2023, 7 veces menos que en 2008. Ahora, con los alquileres disparados, habrá más familias (e inversores) que compren piso, con la bajada de tipos. Y la vivienda seguirá subiendo de precio. Urge construir más, para alquiler y compra, porque si no, los precios serán imposibles para la mayoría.

                            Enrique Ortega

Los precios de la vivienda no dejan de subir desde hace una década. En el 2º trimestre de 2024, el precio de compraventa de una vivienda subió en España un +7,8% anual, la mayor subida desde 2022, según el INE. Eso es la subida media, porque la vivienda nueva (de la que menos hay) subió un +11,2% anual, la mayor subida desde los años 2.007 y 2008. Y la vivienda usada, la que más se vende, subió un +7,3%, otro récord. Una subida que cuadriplica la inflación anual (+1,8%) y duplica con creces la subida de sueldos este año (+3,06%). Además, los precios de la vivienda suben más en España que en la mayoría de Europa, según Eurostat: +7,9% en el 2º trimestre, frente al +2,9% en la UE-27, +2,9% en Italia y una caída del -4,6% en Francia o del -2,6% en Alemania (“resaca” tras años de subidas).

El problema es que este aumento de precios de la vivienda “llueve sobre mojado”: la subida acumulada ha sido del +43,8% entre 2014 y 2023, según el INE, superando ya el desplome de precios sufrido tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, cuando cayó un -41,9% entre 2008 y 2013. Otra vez, la vivienda nueva ha subido más en la última década, un +58,7% (frente al -30,5% que cayó con la crisis), mientras se ha encarecido menos la vivienda usada, un +41,2· (frente a una mayor caída antes, del -51,3%). Ahora se espera otra subida en esta segunda mitad de 2024, más del 7%, con lo que la vivienda subirá un +50% entre 2014 y 2023.

Con estas subidas, el precio medio de una vivienda en España estaba en septiembre en 1.921 euros/m2, según el Ministerio de la Vivienda, lo que supone 458 euros más (+31,3%) que el precio mínimo de 2014 (1.463 euros) y el precio más alto de la vivienda en España desde hace 15 años (1.958 costaba al principio de 2009). Eso supone que comprar un piso de 90m2 cuesta ahora unos 173.000 euros, 41.000 euros más que hace una década. Pero ese es el precio medio: una vivienda nueva (con menos de 5 años) costaba 2.255 euros/m2 (unos 203.000 euros) y una usada, 1.911 euros (172.000 euros).

Estos precios que publica la Administración son similares a los que publica la Sociedad de Tasación, que cifra en 1.903 euros/m2 el precio medio de la vivienda en septiembre, aunque baja el precio de la vivienda usada (1.887 euros en junio) y sube más el precio medio de las viviendas nuevas: 2.930 euros/m2 en junio, lo que supone 263.700 euros de coste un piso de 90 m2. Y refleja enormes diferencias según las ciudades. Así, una vivienda nueva en Barcelona cuesta 5.262 euros/m2 (473.000 euros por una casa de 90m2) , 4.493 euros/m2 en Madrid (404.370 euros por 90m2) , 4.378 en San Sebastián y 3.025 euros/m2 en Bilbao, mientras cuesta la tercera parte o menos en Ciudad Real (1.314 euros/m2: 118.260 euros un piso de 90m2), Cáceres (1.327) o Badajoz (1.337 €/m2).

Una tercera estadística, la del Colegio de Registradores, da un coste promedio de la vivienda algo mayor, 2.114 euros/m2 en septiembre de 2024, subiendo el precio de la vivienda usada (hasta 2.080 euros/m2) y alineando el precio de la vivienda nueva con el del Ministerio (2.254 euros/m2). Sus datos reiteran también la gran diferencia de precios entre autonomías y capitales: por encima de los 3.000 euros/m2 de media están San Sebastián (5.613 euros/m2: 505.170 euros “de media” por una casa de 90 m2…), Barcelona (4.466 euros de media, aunque la vivienda nueva cuesta  5.200 euros/m2), Madrid (4.327 euros de media: 390.000 euros por un piso de 90m2 y mucho más si es nuevo), Palma (3.558 euros de media), Bilbao (3.017 euros/m2) y “casi” Málaga (2.917 euros/m2). Y lo más llamativo: el 49% de las ventas registradas son pisos de menos de 90 metros cuadrados

Estos precios tan elevados por una vivienda se deben a la escasez de viviendas en el mercado, debido a la caída del “stock” de viviendas usadas  y a la baja construcción de nuevas viviendas. Por un lado, el stock disponible ha bajado drásticamente, desde 649.780 viviendas que había en 2009 a las 447.691 viviendas disponibles en 2023, según el Ministerio de Transportes. Y además, en la mayoría de provincias, el stock sobre el total de viviendas es bajo (1,66% de media en España), siendo mayor en las ciudades y provincias con más problemas: Madrid, Barcelona, Toledo, Sevilla, Tenerife y litoral mediterráneo, aunque en la mayoría tienen un stock bajo, salvo Madrid (11,4% del parque) y Barcelona (10,86%).

El problema mayor, que explica la escasez de viviendas a la venta, es que se ha desplomado la construcción de nuevas viviendas, desde 2009 y sobre todo desde 2014. Así, frente a un máximo de 597.632 viviendas “libres” (sin ayudas públicas) construidas en 2006, se bajó a 356.555 en 2009, a 121.043 en 2011 y a un mínimo de 35.382 viviendas construidas en 2014. Y a partir de ahí, apenas creció la construcción, alcanzando las 58.853 viviendas terminadas en 2018, las 84.091 en 2021 y las 80.473 viviendas libres construidas en 2023, 7 veces menos que en los años del “boom inmobiliario”, según los datos de Vivienda. Y este año 2024, se han terminado 41.853 viviendas hasta junio (+2,1% que en 2023). Y peor es la construcción de viviendas “protegidas” (VPO): sólo se terminaron 8.847 en 2023 (3.311 en la primera mitad de 2024), frente a 68.587 en 2008.

Así que no hay viviendas para vender y por eso los precios se disparan, sobre todo porque la demanda crece, aumentan los que buscan piso y las compraventas. Las 10  subidas de tipos del BCE (entre 2022 y 2023) retrajeron las compras, junto a los altísimos precios, pero ahora, con las bajas aprobadas (junio, septiembre y octubre 2024) y las anunciadas, las compras se han disparado: 61.887 en septiembre, un +41,5% anual y la mayor cifra de ventas mensual desde 2007. Con ello, se han vendido ya 467.865 viviendas en 9 meses y de continuar la tendencia (+3,05%), el año 2024 cerrará con 601.000 viviendas vendidas, el tercer mejor dato de ventas tras 2007 (se vendieron 775.300) y 2022 (650.265 viviendas) . Y  100.000 viviendas más vendidas que antes de la pandemia (505.467 en 2019).

¿Quién compra un piso en España con estos precios? Pues hay tres grupos claros de compradores. Uno, los inversores, empresas y ahorradores particulares que compran un piso para invertir y especular, para ponerlo en alquiler primero (inmobiliarias, Fondos de inversión o particulares) y luego venderlo con plusvalías. De hecho, la rentabilidad de la inversión inmobiliaria en España era del +7,2% en septiembre, más del doble de la rentabilidad de los bonos del Estado y de muchas acciones. Un dato que confirma el auge de estos compradores de viviendas (que no las compran para vivir) es que un 35% de las compras se están haciendo sin hipoteca, pagando al contado con fondos propios, según los datos del Colegio de Registradores.

Un 2º grupo de compradores de viviendas son los extranjeros: compraron el 14,90% de las viviendas vendidas en 2023, según los Registradores, un porcentaje mucho mayor en Baleares (32,5% de las compras totales), Comunidad Valenciana (28,45%, aunque hay provincias como Alicante donde son el 44% de los compradores), Canarias (27,25%, aunque suben al 35,7% en Tenerife)), Murcia (24,68%), Cataluña (16,79%) y Andalucía (14,31%, pero suben al 33,7% en Málaga). Este año, la mayoría de los compradores extranjeros siguen siendo los británicos (8,52%) y alemanes (6,43%), aunque han adelantado a los franceses (5,23%) los compradores marroquíes (5,46%), polacos (5,32%) e italianos (5,25%).

El tercer grupo de compradores son las familias que ya tienen una casa y se plantean venderla y comprar otra mejor (pagando la diferencia con ahorros o una hipoteca) o las familias jóvenes que piden una hipoteca ayudados por sus padres. El resto, la mayoría de la población que no tiene casa ni ayuda, es casi imposible que pueda pagar estos precios, salvo que consiga hipotecarse de por vida, forzados por unos alquileres imposibles.

Por todos ellos, la demanda de viviendas existe, aunque los precios estén por las nubes. La prueba no es sólo que se disparen las compraventas sino que las inmobiliarias alertan que tienen problemas para buscar piso a los que quieren comprar. De hecho, las ventas son cada vez más rápidas (antes se tardaba meses y ahora semanas y horas) y los pisos “vuelan”, sin que los compradores puedan “regatear” el precio final como antes. Incluso hay inmobiliarias que hablan de compradores que ofrecen al vendedor hasta un 10% extra para asegurarse el piso que quieren… Es la forma de pujar por lo escaso.

Todo apunta a que los precios de los pisos seguirán subiendo, empujados por la alta demanda, la baja oferta y la mayor presión por comprar (ahora que bajarán las hipotecas) en vez de alquilar, por los elevadísimos precios. Precisamente, los alquileres disparados son la mejor gasolina para la subida de los precios de las viviendas. El mecanismo es fácil de entender: cuanto más me cueste alquilar, más me pensaré comprar, sobre todo ahora que bajan los tipos. Claro que necesito 2 condiciones previas. Una, que los bancos me puedan dar una hipoteca, algo que depende de mi sueldo y tipo de contrato (si es precario, nada). Si paso este filtro y soy de los que pueden “optar” a una hipoteca, queda el 2º filtro: tener ahorrado o que mis padres me presten el 30% del valor del piso, porque la hipoteca sólo se concede por el 80% del valor de tasación y hay que tener un 30% para la entrada (20%) y gastos (10% para notaría, registro, impuestos y gastos iniciales).

Supongamos que podemos conseguir una hipoteca y alguien nos deja ese 30% (o lo ahorramos). Las cuentas están claras: en casi todos los casos, con los tipos actuales, compensa más comprar que alquilar. Vemos algunos ejemplos. Si el precio medio de una vivienda de 90m2 está en 198.810 euros (2.209 euros/m2), deberíamos pedir una hipoteca de 159.048 euros. A 25 años, con el Euribor más 1% (3,69% ahora), nos sale a pagar una mensualidad de 812 euros, una cuota inferior al alquiler medio en España, que es hoy de 1.179 euros. Si el piso está en Madrid, hay que pedir una hipoteca de 261.936 euros, que nos cuesta 1.338 euros al mes, menos que el alquiler medio de la capital (1.854 euros). En Barcelona, la cuota sería 1.690 euros frente a 2.079 euros de alquiler. En Valencia, 1.016 euros de hipoteca frente a 1.296 euros de alquiler. Y en Sevilla, 865 euros mensuales de hipoteca frente a 1.062 euros de alquiler.

Cuanto más bajen los tipos y las hipotecas y más suban los alquileres, más compensará comprar en vez de alquilar. Ojo: sólo si tenemos un trabajo “merecedor” de una hipoteca bancaria” y unos padres que nos presten el 30% del valor, para la entrada y gastos. Esta es la dinámica que seguirá haciendo subir los precios de los pisos, junto al interés de los inversores, Fondos y particulares por comprar para invertir, además del boom de extranjeros que buscan casa en España. Y a su vez, esta subida de los pisos animará a los propietarios a subir los alquileres, para obtener más por una inversión más costosa.

Hay que acabar con esta dinámica, con la “locura” de un mercado donde los precios disparados de compra y alquiler se retroalimentan. Para conseguirlo, el camino no es imponer unos controles de precios, que no se implantan o se evaden (con pisos turísticos, alquileres de temporada o ventas) sino construir más viviendas, aumentar drásticamente la oferta, para bajar precios (de pisos y alquileres). Y para ello, urge actuar en varios frentes. Por un lado, promover un Pacto político entre Gobierno, autonomías y ayuntamientos para conseguir suelo y financiación a los promotores públicos y privados. Hay suelo, pero hace falta catalogarlo y prepararlo para que sea urbanizable y esté a disposición de los promotores, a los que hay que reducir burocracia y plazos. Urge buscar financiación, pública (hay que territorializar el ICO y especializarlo más en la vivienda) y privada, arrastrando a los bancos ahora que no hay Cajas. Y hay que actuar sobre los costes de construcción, mejorar la disponibilidad de mano de obra y agilizar el proceso (se tardan 100 meses en una promoción y habría que reducirlo a 50). Y el Estado (central y periférico) debe gastar el doble en promover viviendas protegidas, directamente y con los promotores privados, para crear un parque de 1 millón de viviendas de VPO que ofrezca alquileres asumibles.

Hacen falta 250.000 nuevas viviendas al año para cobijar a las nuevas familias (120.000) y a los inmigrantes (330.000 nuevos al año). Se puede conseguir triplicar la construcción de viviendas si los organismos públicos se ponen a la tarea y facilitan suelo y financiación, agilizando las promociones privadas y públicas. Y creando un parque de viviendas VPO, para alquilarlas a las familias con menos ingresos. En paralelo, facilitar a los propietarios que alquilen más y a precios razonables, sin imposiciones, con incentivos fiscales y organismos que les ayuden a gestionar su alquiler. En definitiva, medidas para conseguir que haya más viviendas en el mercado, para compra y alquiler. Más oferta de pisos es la clave.

jueves, 12 de septiembre de 2024

2ª bajada (mínima) de los tipos de interés

El BCE ha bajado hoy los tipos de interés, un -0,25% (al 4%), por 2ª vez este año, tras subirlos 10 veces (del 0 al 4,50%) entre julio de 2022 y septiembre de 2023. Lo justifican porque la inflación europea ha bajado al 2,2% (desde el 10,6% en 2022), pero no ha sido por sus drásticas subidas sino por la bajada de energía, materias primas y alimentos, por cambios en los mercados y medidas de los Gobiernos. No reconocen que su “ricino monetario” ha dañado a familias (hipotecas), empresas (créditos) y paises (deuda), beneficiando sólo a la banca. Y ha provocado el estancamiento de la economía europea: apenas crece (+0,2%), mientras decrecen Alemania, Austria, Irlanda, Suecia, Letonia y Hungría. Saben que tienen que bajar tipos, para reanimar la inversión y el consumo, pero lo hacen poco a poco: el dinero cuesta todavía el 4%, el precio más alto desde 2007. Y así, Europa sigue estancada y crece la tercera parte que EEUU.

                             Enrique Ortega

La inflación parece no ser ya el primer problema de la economía mundial, como lo ha sido en 2022 y 2023. De hecho, en la zona euro, la inflación anual ha caído al 2,2% en agosto, desde el máximo del 10,6% que subía en octubre de 2022, tras la invasión de Ucrania y la drástica subida de la energía y las materias primas. Y en EEUU, los precios subieron el 2,5% anual en agosto, la menor inflación desde febrero de 2021 y muy por debajo de la subida máxima alcanzada en junio de 2022, el 9,1%. Con ello, los bancos centrales de Europa (BCE) y USA (Reserva Federal) han visto el momento de bajar los tipos de interés, tras las drásticas subidas aprobadas en 2022 y 2023, para “atajar” la alta inflación. De hecho, EEUU subió 11 veces sus tipos de interés (entre marzo de 2022 y julio de 2023), desde el 0% al 5,25% actual. Y ahora, la Reserva Federal  planea aprobar la primera bajada el próximo miércoles, 18 de septiembre. Y el BCE, que subió 10 veces sus tipos (entre julio de 2022 y septiembre de 2023), del 0 al 4,50%, ha aprobado hoy su 2ª bajada este año, del -0,25%, tras la primera hecha el 6 de junio pasado.

El BCE, como la Reserva Federal, creen en la subida de tipos como en “un dogma de fe”: es la mejor receta contra la inflación, aunque tenga el coste de hundir la actividad y el crecimiento, frenando el empleo. En el caso de que la inflación esté provocada por un fuerte crecimiento económico, por un exceso de consumo (“inflación de demanda”), el “ricino” de la subida de tipos, al encarecer el dinero, puede ayudar a “enfriar la economía”. Pero lo que ha sufrido el mundo tras la invasión de Ucrania y la “hiperinflación” ha sido una “inflación de oferta”, de costes, provocada por una subida disparada de la energía (petróleo y gas), las materias primas y alimentos, con una rotura adicional de las cadenas de suministro mundial. Y en este caso, subir el precio del dinero no es una receta correcta, como señalan muchos expertos, porque no provoca una bajada del petróleo, el gas o los alimentos y sí daña a  las economías, las empresas y las familias.

Pero tanto el BCE como la Reserva Federal (con más motivo, porque la economía USA si estaba algo “recalentada”, mientras Europa no crece) “han seguido en sus trece”, con una subida de tipos drástica (del 0 al 4,50 (en Europa) o al 5,25% (en USA) y muy rápida (en año y medio), que parece haber bajado la inflación. Pero es sólo “un espejismo”: la inflación ha bajado porque se han ajustado los mercados energéticos (más producción de petróleo en EEUU, medidas de ahorro, cambio en los proveedores de gas) y porque los gobiernos han tomado medidas para bajar el precio de la electricidad y subvencionar la energía, las materias primas y los alimentos, con ayudas a empresas y familias. Y gracias al ajuste de los mercados y a las medidas aprobadas, se ha rebajado la inflación, no por las subidas de tipos. Y a pesar de estas críticas, la Reserva Federal y el BCE llevan meses retrasando las bajadas: el BCE ha esperado a junio y EEUU hará la primera rebaja la próxima semana. Todo por insistir en su “ortodoxia”, en su “fundamentalismo monetario”, tan inútil como dañino.

El BCE ya había visto que la economía europea estaba estancada en el primer trimestre (creció sólo un +0,3%), como lo había estado en todo 2023 (la UE creció un +0,6%, la cuarta parte que EEUU: +2,4%), pero esperó al 6 de junio para hacer su 1ª bajada de tipos (desde la 10ª subida, hecha el 14 de septiembre de 2023), un mínimo recorte del 0,25% (dejando los tipos al 4,25%). Su argumento para seguir con la “ortodoxia” era que la inflación seguía alta (ojo: está por debajo del 3% desde febrero de 2024, cuando estaba en el 10,6% en octubre de 2022) y que temían por un repunte de los salarios en Europa (que relanzaran la inflación). Ahora, el BCE ha decidido su 2ª subida (mínima otra vez: -0,25%, dejando los tipos en el 4%) por dos datos. Uno, que la inflación en la zona euro ha bajado al +2,2% en agosto, la más baja desde abril de 2021. Y el otro, que las subidas salariales se han moderado (los costes salariales aumentaron un +3,6% en el 2º trimestre, tras crecer un 4,7% en el primero).

Pero el dato que les debía haberles preocupado más es que, tras la drástica y rápida subida de tipos (recordemos: del 0 al 4,5% en 14 meses), la economía europea está estancada: la UE-27 ha crecido sólo un +0,2% en el 2º trimestre de 2024, según Eurostat, menos que en el 1º (+0,3%), la tercera parte que en todo 2023 (+0,6%) y muy por debajo de lo que crecía Europa antes de la pandemia, la invasión de Ucrania y el inicio de la drástica subida de tipos (+2,2% en 2019 y +3,4% en 2022). Y otro dato: la UE-27 creció en el 2º trimestre (+0,2%), menos de la tercera parte que EEUU (+0,7%), a pesar de que los tipos de la Reserva Federal eran más altos (5,25% frente al 4,50%), lo que significa que Europa estaba estancada mientras EEUU seguía creciendo mucho más, aunque ahora temen un estancamiento próximo.

Y lo peor, lo que tendría que haber llevado al BCE a una mayor rebaja de tipos hoy (y en los próximos meses) es que Alemania, la locomotora europea está “gripada”: cayó en 2023 (decreció un -0,3%, mientras España crecía un +2,4% y Francia un +1%) y sigue estancada (creció un 0,2% en el primer trimestre) e incluso cayendo (-0,1% en el 2º trimestre de 2024). Y no es un caso aislado: en el 2º trimestre ha caído también el PIB en otros 5 paises europeos: Irlanda (-1%), Austria (-0,4%), Suecia (-0,3%), Letonia (-0,9%) y Hungría (-0,2%). Así que la economía UE pasa por un mal momento y no se merece que el BCE mantenga un precio del dinero tan alto: el 4% actual es el más elevado desde junio de 2007 (4%) y contrasta con el 0% que costaba el dinero en Europa entre 2016 y 2022.

Así que ya sabemos a dónde nos ha llevado la “ortodoxia monetaria” del BCE, que pone por delante la bajísima inflación (el 2% como objetivo, que no se conseguirá hasta finales de 2025) al crecimiento, la inversión y el empleo. Ese debería ser el debate económico ahora: Europa debería aceptar una inflación en torno al 3%, a cambio de tipos más bajos (del 2 al 3%) y un mayor crecimiento y empleo en el continente. Pero casi nadie habla de esto.

Mientras, la política de tipos altos (que se mantiene), ha tenido (y tiene) un alto coste para familias, empresas y paises, a los que el BCE perjudica con su ortodoxia (y lo sabe). Las familias europeas llevan dos años largos pagando más por sus hipotecas, lo que perjudica su poder adquisitivo y su consumo. En España lo saben bien las 4 millones de familias que están pagando una hipoteca y cuya cuota mensual les ha subido drásticamente, de la mano del Euribor: de ser negativo hasta marzo de 2022 (-0,237%), se puso en positivo en abril  y llegó a un máximo del 4,160% en octubre de 2023, encareciendo drásticamente las hipotecas (del 1,3% en 2021 al 3,94% en octubre de 2024). Y aunque ahora ha bajado del 3%, con las dos bajadas de tipos del BCE y las previstas, todavía las hipotecas son mucho más caras que hace dos años. Un ejemplo: una hipoteca de 150.000 euros a 25 años, que paga el Euribor+1%, cuesta ahora 805,57 euros al mes, que es menos que hace un año (883,28 euros en agosto 2023) pero mucho más que hace dos (654,12 euros en agosto 2022).

Además de pagar más por las hipotecas, a pesar de la rebaja de agosto (84,6 euros al mes sobre agosto de 2023), las familias también han visto subir los tipos de sus créditos al consumo, para comprar un coche, irse de vacaciones o cambiar muebles: han subido del 6,10% en 2021 al 7,13% en 2022 y al 8,23% en octubre de 2023, aunque ahora estén en el 7,63% (julio 2024), según el Banco de España. Y también las empresas llevan dos años pagando más por sus créditos. Así, una pyme ha visto subir un crédito de 250.000 euros del 1,69% en 2021 al 3,53% en 2022 y al 5,25% en noviembre de 2023, aunque ahora paguen el 4,66%, según el Banco de España. Y los créditos a empresas superiores al millón de euros han subido del 1,04% (2021) al 4,95% en 2023, aunque ahora están al 4,72%.

También los paises han pagado en sus Presupuestos la drástica subida de tipos del BCE, al encarecerse el interés que tienen que pagar a los inversores para colocar la deuda pública. Así, el bono español a 10 años ha pasado de pagar el 0,41% de interés en noviembre de 2021 al 2,46% en noviembre de 2022 y un máximo del 3,94% en septiembre de 2023, bajando al 3,41% en junio de 2024 y al 2,94% en septiembre de 2024. Eso se traduce en que España tiene que pagar ahora más intereses por su deuda (39.078 millones en 2024 frente a 30.175 en 2022) y por eso puede gastar menos de lo que haría falta en sanidad, educación, dependencia, ayudas públicas o pensiones.

Como se ve, el coste económico y social de la “ortodoxia monetaria” del BCE es muy elevado, aunque hay un sector que sale muy beneficiado: la banca. En España, las familias y empresas han pagado 47.971 millones de euros más en intereses por hipotecas y créditos entre 2022 y 2023 (+14.035 millones los hogares y +33.936 millones las empresas), según los datos del Banco de España. Y esta subida de tipos y márgenes (más la mayor remuneración por el dinero que tienen depositado en el BCE)  ha permitido a los bancos europeos tener beneficios récord. Así, los 6 grandes bancos españoles aumentaron un 28% sus beneficios en 2022 (20.850 millones) y otro 26,4% en 2023 (26.088 millones). Y con el retraso en las bajadas de tipos, los 6 grandes bancos españoles han ganado en el primer semestre de 2024 otros 15.286 millones de euros (+23,4%), el primer semestre mejor de su historia.

Ahora, el BCE anticipa que hará otra pequeña rebaja de tipos (otro -0,25%) el 12 de diciembre, con lo que acabaríamos 2024 con un precio del dinero al 3,75%, el tipo que teníamos en mayo de 2023 y el tipo más alto desde octubre de 2008 (3,75%). Y que seguirá siendo “prudente” en las bajadas durante 2025 (podría aprobar 4 más), con lo que se cerraría el próximo año con los tipos al 2,75%. Eso claro, si no repunta la inflación por la energía y otras causas geopolíticas. Así que nos vaticinan tipos altos (hipotecas y créditos caros), aunque la economía europea siga estancada: se espera un débil crecimiento del 1% este año y un mínimo 1,7% en 2025, siempre por debajo de EEUU.

Mientras la economía europea no despega, algo que no parece preocupar al BCE, la presidenta de la Comisión ultima su Gobierno y se plantea las prioridades para los próximos 5 años. En Bruselas sí preocupa el estancamiento de la economía europea, frente a EEUU y a China, y por eso la Comisión encargó un informe a Mario Draghi, anterior presidente del BCE y ex primer ministro italiano. El informe, divulgado este martes, apuesta por un Plan de reactivación de la economía europea, invirtiendo 800.000 millones al año (inversión privada, pública y emisión de deuda europea) en apostar por la innovación y la tecnología, la reindustrialización, las energías limpias, la industria de la defensa  y avanzar en la integración europea, desde los mercados de capitales a la banca y la competencia. Un nuevo “Plan Marshall” para Europa, de origen europeo, para mejorar la competitividad y reducir distancias con EEUU y China. Un objetivo crucial. Pero el BCE debe contribuir al salto de la economía europea recortando más rápidamente los tipos. Aunque suba algo la inflación. Peor es el estancamiento económico actual, que frena el empleo y la calidad de vida. Recapaciten.

jueves, 6 de junio de 2024

1ª bajada (mínima) de los tipos de interés


El BCE ha bajado hoy jueves el precio oficial del dinero, un -0,25%, tras subirlo 10 veces (del 0 al 4,5%) en 14 meses (julio 2022-septiembre 2023), para recortar la inflación, que bajó por otras medidas (cambios mercado energético y ayudas públicas). El BCE lleva 9 meses retrasando esta bajada, por temor al repunte de la inflación, a pesar del daño que este “ricino” monetario ha hecho a la economía europea (estancada y Alemania en recesión), a familias y empresas: los hogares y compañías españolas han pagado 48.000 millones más en intereses, permitiendo a los bancos beneficios récord. Ahora, el BCE no tiene prisa en aprobar nuevas bajadas, quizás en septiembre (otro -0,25%), si los baja EEUU. Y podría no hacer más rebajas este año, para bajar otro -1% en 2025 (hasta el 3%). Pero el BCE y la Reserva Federal USA) no piensan volver a tipos al  0% (como tuvimos de 2016 a 2022), aunque Europa necesita invertir mucho. La ortodoxia del BCE y la derecha económica defiende tipos altos, caiga quien caiga
 
                     Enrique Ortega

Hoy se ha iniciado una nueva era en la política monetaria internacional, con la primera rebaja de tipos en los últimos 8 años, aprobada por el Banco Central Europeo (BCE), que ha reducido el precio oficial del dinero un -0,25%, dejándolo en el 4,25%, el precio que tenía en agosto de 2023. Una rebaja que ha retrasado 9 meses, tras aprobar en septiembre de 2023 la última subida de tipos (+0,25%), la 10ª subida aprobada en sólo 14 meses (desde julio de 2022 a septiembre de 2023), que elevó el precio del dinero del 0% (en que estaba desde 2016) al 4,50%, el tipo más alto en Europa desde 2008.

Esta subida del BCE, en 2022 y 2023, siguió la estela de otros bancos centrales, que utilizaron la política monetaria (encarecer el dinero) como la herramienta básica para atajar la inflación, desatada tras la pandemia, la invasión de Ucrania y los precios disparados de la energía y las materias primas. El primero en romper la tendencia de tipos al 0% fue el Banco de Inglaterra, que aprobó una primera subida el 16 de diciembre de 2021 (antes de la invasión de Ucrania) y realizó 14 subidas de tipos hasta la última de agosto de 2023 (del 0 al 5,25% actual). Le siguió la Reserva Federal USA, que aprobó su 1ª subida en marzo de 2022 y ha hecho en total 11 subidas, la última en julio de 2023 (del 0 al 5,25% actual). Y quien más retrasó la 1ª subida fue el BCE, hasta el 27 de julio de 2022, realizando 10 subidas en total, la última el 14 de septiembre de 2023 (del 0 al 4,50% de subida en sólo 14 meses).

Los expertos esperaban que la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el BCE iniciaran antes el camino de las bajadas, a finales de 2023 y esta primavera. Pero EEUU no se atrevió a aprobar bajadas, tampoco en mayo pasado, a la vista del último repunte de la inflación (3,4% anual en abril) y de que la economía y el empleo crecen con fuerza. El Banco de Inglaterra ha seguido su senda, de mantener los tipos desde el verano pasado. Y el BCE no se atrevió tampoco a bajarlos en las reuniones de octubre y diciembre de 2023 ni en las de enero, marzo y abril de 2024, a pesar de que muchos expertos y paises pedían “bajar la guardia” y los tipos, para reanimar la economía europea. Pero el BCE ha desaprovechado 5 reuniones para bajar los tipos, porque piensa que la inflación no está controlada, y ha apostado en la reunión de hoy (6 de junio) por una mínima bajada (-0,25%).

Con ello, el BCE mantiene un precio oficial del dinero altísimo (4,25%, el más alto desde 2008) y lo justifica por dos razones. Una, que la inflación no está controlada (2,6% de inflación anual en mayo en la UE-27, por encima de su objetivo del 2%) e incluso ha subido el último mes (+0,2% en la UE y +,04% en Alemania o España). Y temen que todavía suba más en el verano (algo habitual), por los alimentos y la energía. El otro motivo de preocupación del BCE son los salarios, que suben en Europa más que el año pasado (+4,7% en el primer trimestre en la zona euro y +6,2% en Alemania), algo lógico tras dos años de pérdida de poder adquisitivo y de subida disparada de los beneficios empresariales. Pero temen que los mayores salarios se trasladen a precios, olvidando que el mismo BCE indicó que el principal responsable de la subida de precios (dos tercios) fueron los altos márgenes empresariales.

Ahora, el BCE espera a ver qué hacen la inflación y los salarios en los próximos meses para decidir cuando vuelve a bajar los tipos. Otro elemento clave es lo que haga la Reserva Federal USA, que se reúne del 11 al 13 de junio, aunque no se espera que siga al BCE y baje los tipos. La primera bajada en EEUU podría aprobarse en la reunión del 30 y 31 de julio o si no, en la reunión del 17 y 18 de septiembre, la última antes de las elecciones presidenciales del 5 de noviembre. Para el BCE es importante ver lo que hace la Reserva Federal USA por dos razones. Una, porque si el BCE baja tipos y no lo hace EEUU (que mantiene un 5,25% de interés frente al 4,25% en la zona euro), los ahorradores se sentirán aún más atraídos a invertir en Norteamérica, que crece más y tiene más competitividad industrial y tecnológica. Y la otra, que la diferencia de tipos entre USA y Europa puede depreciar al euro (ahora cotiza a 1,0873 dólares, frente a 1,111 a finales de 2023) y eso encarecería las importaciones europeas y nos provocaría “inflación importada”.

Así que el BCE se piensa cuando volver a bajar los tipos. No se espera que lo haga en la próxima reunión, el 18 de julio, aunque hay mayoría de expertos que apuestan porque los baje en la reunión siguiente, el 12 de septiembre (sobre todo si los baja la Fed USA el 31 de julio). No esperan que los baje después, en la reunión del 17 de octubre (en Eslovenia) y dudan si los bajará (por 3ª vez este año) en la reunión del 12 de diciembre. Todo dependerá de lo que haga la inflación, los salarios y la Fed USA, pero la mayoría de expertos creen que el BCE va a ser muy conservador y sólo bajará los tipos 2 veces, hasta el 4% a finales de 2024. Y luego, en 2025, esperan que los baje sólo un -1%, hasta dejarlos en el 3%. 

Todo dependerá también del resultado de las elecciones europeas, porque dentro del BCE hay dos tendencias: los “halcones”, que defienden una mayor “ortodoxia” (hasta que la inflación no se afiance en el 2% objetivo, no hay que bajar mucho los tipos), apoyados por Alemania, Paises Bajos, Austria y los paises bálticos, y las “palomas”, los consejeros del BCE que defienden unos tipos más bajos, para reanimar la deprimida economía europea, apoyados por Francia, Italia y España. Si la derecha conservadora (y la ultraderecha) ganan peso en el Europarlamento y en la futura Comisión Europea, eso jugará a favor de la “ortodoxia” monetaria en el BCE, retrasando y suavizando la bajada de tipos.

La realidad es que esta “ortodoxia” monetaria se ha revelado “inútil” y “dañina para Europa, por lo que urge cambiarla. “Inútil” porque la drástica subida de tipos (la más rápida en la historia del BCE) apenas ha contribuido a rebajar la inflación en Europa, que se ha recortado por otros motivos. Y eso porque no hemos sufrido una “inflación de demanda (la economía crece mucho, está “recalentada” y por eso se disparan los precios, que pueden frenar una subida de tipos), sino una “inflación de oferta”, de costes, motivada por la subida disparada de la energía y los alimentos, ya antes de la invasión de Ucrania y agravada después. Así que por mucho que subieran los tipos, eso no iba a bajar los precios del petróleo, el gas, la electricidad o los alimentos. Por eso, la inflación subió del 8,6% en junio de 2021 al 11,1% en noviembre y en agosto de 2023 todavía estaban en el 5,3%, a pesar de las 9 primeras subidas de tipos del BCE. Y la inflación europea bajó del 3% en octubre pasado, no por las subidas de tipos sino por las medidas tomadas para reducir el consumo de gas ruso, los cambios en el mercado eléctrico y las ayudas públicas contra la inflación.

Pero lo más grave es que estos tipos disparados han sido “dañinos” para la economía europea, sus empresas y familias. El balance económico es evidente: la zona euro acabó el año 2023 en recesión (el PIB de los 19 paises euro cayó un -0.1% en el 3º y 4º trimestre), la UE27 estancada (+0% creció el PIB entre junio y diciembre) y Alemania, “el motor” del continente cayó un -0,3% en todo 2023, mientras Francia creció sólo un +0,7% e Italia un +0,9% (sólo España creación un 2,5%), según Eurostat. Y este año 2024, en el primer trimestre, la economía europea sigue estancada, crece sólo un +0,3%, con un mínimo crecimiento de Alemania y Francia (+0,2%) e Italia (+0,3%), algo más España (+0.7%).

Europa está estancada y las 10 subidas de tipos han sido “la puntilla”, al recortar drásticamente el consumo y la inversión, mucho más que los precios. El coste de las subidas de tipos para España es impresionante, según los datos del Banco de España: las familias y las empresas han pagado 47.971 millones de euros más en intereses por hipotecas y créditos entre 2022 y 2023 (+14.035 millones los hogares y +33.936 millones las empresas), multiplicando por 2,6 los intereses pagados entre 2023 y 2021. Esta enorme factura de intereses extras explica que la banca española haya tenido unos beneficios récord en 2023: 26.088 millones ganados entre los 5 grandes (Santander, BBVA, Caixa, Sabadell y Bankinter), un 26% más que en 2022.Y este año 2024, gracias a que el BCE no ha bajado antes los tipos, la gran banca ganó 6.676 millones en el primer trimestre (+17,2%). Y eso gracias a que cobran más por hipotecas y créditos, pero apenas pagan más por los depósitos: la banca española es la 5ª que menos paga por los depósitos a plazo, una media del 2,49% (marzo 2024), frente al 3,16% de media en la zona euro, 3,75% en Italia, 3,59% en Francia o 3,22% que pagan en Alemania, según el BCE. Y por el ahorro a la vista, el 0,19%.

El daño de los tipos altos a la economía se concreta en el daño a las familias, las empresas y los Gobiernos (por el mayor coste de la deuda pública). Respecto a los hogares, la mayor factura son la subida de las hipotecas, que están pagando 4 millones de familias y que han subido con el Euribor: de ser negativo hasta marzo de 2022 (-0,237%), ha subido después mes a mes, hasta un máximo del +4,160% en octubre de 2023, encareciendo la revisión de hipotecas (anual o semestral). Y aunque el Euribor baja en los últimos meses, cerrando a 3,680% en mayo, las últimas revisiones de hipotecas apenas reducen la factura (16 euros al mes las que se revisen en junio). Y todavía las hipotecas son muy caras: 833 euros al mes ahora (150.000 euros a 25 años, con Euribor+1%), frente a 585 euros que costaban hace dos años. Y si pedimos un crédito personal, nos cobran el 7,78% (marzo 2024), similar al de hace un año (7,95%) y mucho más caro que en 2021 (6,10%), según el Banco de España.

Las empresas también han visto encarecer sus créditos, además de ser más difíciles. Los créditos hasta 250.000 euros han pasado del 1,69% en 2021 al 4,30% en marzo de 2023 y al 5,13% en marzo de 2024, según el Banco de España. Los créditos de 250.000 a 1 millón de euros han pasado de 1,29% al 4,15% y el 4,86%. Y los créditos superiores al millón de euros pasaron de costar 1,04% a 3,94% y 4,72% en marzo 2024. También los Gobiernos europeos tienen que pagar más por colocar su deuda pública. En el caso de España, el bono a 10 años ha saltado de pagar 0,41% en noviembre 2021 a 2,46% en noviembre 2022, 3,94% en septiembre 2023 (el máximo) y 3,29% en junio 2024. Más gasto público en intereses que no se puede gastar en sanidad, educación, Dependencia, pensiones y ayudas sociales.

Como se ve, el coste económico y social de la “ortodoxia monetaria” del BCE ha sido y es elevado, aunque no parecen tener prisa en “bajar la guardia”, al menos hasta que la inflación baje al 2% objetivo (tras el verano de 2025). Por eso, parece evidente que Europa (y el mundo) no volveremos por un tiempo a los tipos al 0% , que tuvimos en Europa y en EEUU durante 6 años (entre marzo de 2016 y marzo o julio de 2022). La idea del BCE es bajar este año un -0,5% y otro -1% en 2025, manteniendo después los tipos en el 3% “el tiempo que haga falta”. Y algo parecido en EEUU y Reino Unido. Eso suponiendo que la derecha más conservadora (y más “ortodoxa” monetariamente) no avance en Europa e imponga tipos de interés altos, combinados con más austeridad presupuestaria.

Frente a esta “ortodoxia monetaria”, algunos expertos defienden un cambio de política del BCE, que pasaría por subir ligeramente el objetivo de inflación, del 2 al 3%, para reanimar a la economía europea , que está estancada frente a la economía USA (su PIB creció un 2,5% en 2023, frente al 0,4% que creció la zona euro y la UE-27). Eso permitiría rebajar algo más los tipos, al entorno del 1-2%, y facilitar las inversiones que tanta falta hacen en Europa: en energías renovables y descarbonización, digitalización, tecnología, Defensa y Seguridad, reindustrialización y mejora de la competitividad. Para todo eso hace falta un proyecto europeo, que se juega en las elecciones de este domingo, pero también otra política monetaria, un BCE, que ayude a la economía, empresas y familias, no que las hunda con una “ortodoxia trasnochada”, que prioriza la inflación y no el crecimiento y el empleo. Un debate que nadie abre y que resulta clave para nuestro futuro.