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lunes, 18 de mayo de 2026

La inflación nos agobia

La inflación subió un +3,2% anual en abril, el 2º mes que supera el 3%, por la guerra en Oriente Medio, aunque la subida es mucho menor a la que provocó la invasión de Ucrania (hasta +10,8% en julio 2022). El problema es que llueve sobre mojado: en los últimos 5 años, la inflación acumulada sube un +22,9%, siendo mucho mayor la subida de alimentos (+36,4%), alquileres (+42,8%), hoteles y restaurantes (+30,6%) o transporte (+22,3%). Y sobre todo, los precios han subido más que los salarios (+14,93% en los últimos 5 años), con lo que la mayoría de familias han perdido poder adquisitivo, más que en Europa. Por eso, aunque la economía y el empleo crecen más en España, muchos ciudadanos “no notan” esta mejoría y más de la mitad cree que la economía está “mal o muy mal”. Para corregir este pesimismo, sólo queda una salida: subir más los salarios, tras varios años en que las empresas han mejorado mucho sus ventas y beneficios. Urge repartir mejor el crecimiento.

                       Los alimentos han subido +36,4% en los últimos 5 años

España sigue creciendo (+0,6% el primer trimestre 2026, un +2,7% anual) y 2026 será el 5º año consecutivo en que creceremos más que el resto de Europa (+2,1%, según el FMI. Sin embargo, los españoles no tienen la sensación de que “la economía va bien: el 52,8% opina que la economía española va “mal” (38%) o “muy mal(14,8%), según el último Barómetro del CIS (abril 2026). Un porcentaje de “pesimistas” que es mayor al de antes de la pandemia (en junio de 2019, sólo un 39,8% veían la economía entonces mal o muy mal), aunque es mejor que la sensación negativa que tenían tras la invasión de Ucrania (el 72,6% de los encuestados veían la economía “mal” o muy mal” en abril de 2022). Curiosamente, cuando a esas mismas personas se les pregunta cómo es su situación económica particular, son muy optimistas: el 64,7% la calificaban de “buena” (60,7%) y muy buena (4%), el doble de los que pensaban así antes de la pandemia (junio 2019): 32,5% dijeron que “buena” y 1,3% “muy buena”.

La posible explicación a esta aparente contradicción (“España va mal, pero yo voy bien”) puede estar en la caída de la confianza del consumidor tras varias crisis (pandemia, invasión de Ucrania, guerra en Oriente Medio) y, sobre todo, en la preocupación por la inflación y la vivienda, los dos problemas que más destacan los encuestados por los Barómetros del CIS.

La inflación no debería preocupar tanto, porque bajó dos décimas en abril (al 3,2%), gracias a la rebaja de impuestos a los carburantes y a la electricidad (que cuesta la mitad que en Europa, por el mayor peso de las renovables). Y ese 3,2% de inflación está muy lejos de los precios disparados tras la crisis anterior, la que siguió a la invasión de Ucrania (24 febrero 2022): llegó a subir por encima del 10% entre junio y agosto de 2022 (con un máximo del 10,8% de inflación en julio 2022) y no bajó del 4% hasta mayo de 2023. El problema no es la inflación actual, sino que llueve sobre mojado y los consumidores han sufrido subidas constantes de precios en los últimos 5 años que se han comido sus ingresos y ahorros. Veámoslo.

La inflación “acumulada” hasta abril de 2026 (desde abril de 2021) ha sido del +22,9%, según el INE, aunque hay muchas partidas de gasto que han subido mucho más (o bastante): alimentos (+36,4%), restaurantes y hoteles (+30,6%), bebidas y tabaco (+25,2%), transporte (+22,3%), seguros y servicios financieros (+20,6%), cuidados personales (+19%), gastos de vivienda, luz, agua y calefacción (+17%) y muebles (+14,9%). Y los alquileres han subido mucho más: +42,8% entre abril de 2021 y abril de 2026, según Idealista. Y si nos vamos más atrás, hasta abril de 2008, los precios han acumulado en los últimos 18 años (hasta abril 2026) una subida del +41%. Y han subido mucho más los alimentos (+59%), los seguros y servicios financieros (+71,9%), los restaurantes y hoteles (+53,1%), la enseñanza (+47,5%), los gastos de la vivienda (+45,3%) y el transporte (+42%). Y los alquileres subieron  un +76,5%...

Esta subida acumulada de los precios no afecta a todos por igual: daña más a las familias con menos ingresos, porque gastan más porcentualmente en alimentación, energía, transporte y alquileres, los productos y servicios que más se han encarecido, con lo que han tenido que modificar y recortar sus gastos (ahorrando en carnes, pescados y verduras frescas, por ejemplo), con más problemas para llegar a fin de mes. Y además, la subida de precio de los carburantes les afecta más y funciona como “un termómetro emocional” de la inflación, alimentando la creencia de que la economía va “mal” o “muy mal”. Y encima, la subida de la inflación y la incertidumbre geopolítica han frenado en seco la bajada del Euribor, con lo que se les encarece la hipoteca que tienen pendiente (o una que pensaran pedir): el Euribor cerró abril en el 2,747%, el precio más elevado del último año y medio, con lo que la próxima revisión de una hipoteca media (163.378 euros a 25 años, al Euribor+1%) les supondrá pagar 839 euros al mes, 52 euros más que hace un año (+624 euros al año).

El problema es que esta inflación acumulada en los últimos años se ha “comido” los ingresos de la mayoría de las familias, porque los sueldos han crecido mucho menos y han perdido poder adquisitivo, teniendo que echar mano de los ahorros o endeudándose. En los últimos 5 años (2021-2025), los salarios en convenio crecieron un +14,93%, con lo que las familias perdieron un -8,8% de poder adquisitivo. Y si nos vamos más atrás, al inicio de 2018, los salarios han subido un +47% hasta finales de 2025, mientras la inflación acumulada subía un 41,8%. Así que los españoles han tenido una subida real de sus ingresos en los últimos 18 años del +5,2% (ganan 2.531 euros de media, 812 euros más que en 2008). Con razón vemos que el sueldo no da… Y si miramos lo que pasa este año 2026, seguimos perdiendo poder adquisitivo: los precios han subido un 3,2% anual hasta abril y en estos 4 meses, la subida media pactada en los convenios ha sido del 2,94% (balance: -0,26%) . 

Como pasa con los precios, la pérdida de poder adquisitivo es desigual, según las familias y sus ingresos. Tomando los datos de 2025 (un año en que se ganó poder adquisitivo:+0,5%), hubo 2 millones de trabajadores en empresas privadas que perdieron poder adquisitivo (porque su salario subió menos que la media), +3,5%), 4,4 millones que lo ganaron y otros 3,7 millones que lo mantuvieron. Y los 3,1 millones de empleados públicos lo mantuvieron (sin ganar ni perder). Y con ello, en 2025, España fue el país europeo donde menos aumentó el poder adquisitivo de los trabajadores (+0,5%), menos que Francia (+0,8%) o Dinamarca (+0,6%), Italia (+1,1%), Alemania (+1,4%), Irlanda (+1,8%), Paises Bajos (2,3%), Portugal (+3,8%), Finlandia (+4,1%), Suecia (+6,6%).

Este menor aumento del poder adquisitivo en España tiene 2 causas. Una, que España tiene más inflación que la media europea y que los grandes paises: en abril, la inflación anual de España (el dato “homologado”) fue del +3,5% anual, frente al 3% de media en la zona euro, el 2,9% de Alemania e Italia y el 2,5% en Francia, según Eurostat. Y la otra, que los sueldos en España han subido menos, algo que pasa desde hace décadas : entre 2000 y 2024, los salarios reales (descontando la inflación) han subido un +5,1% en España, frente a una media del +19,4% que subieron en la OCDE (38 paises occidentales), una subida real  del +19,7% en Francia, un +17% en Alemania, un +2,3% en Italia o un 7,3% en Portugal.

Esta mayor pérdida del poder adquisitivo en España alimenta el pesimismo de los que ven la economía “mal” o “muy mal”, máxime cuando estalla otra guerra que dispara la energía y cuando siguen subiendo los alquileres. Y esto se refleja en el índice de Confianza del Consumidor, que publica el CIS, que ha bajado tras la guerra en Irán (del 79,6 en marzo de 2025 al 66,9 en marzo de 2026), aunque se sitúa por encima de antes de la pandemia (63,3 en marzo 2020). Un indicador que refleja que el 29,4% de las familias llegan justo a fin de mes y otro 14,9% lo tienen difícil y han de recurrir a los ahorros o a endeudarse. Eso sí, las ayudas públicas desplegadas por el Gobierno Sánchez por la pandemia y la invasión de Ucrania, más las reformas fiscales, han permitido que las familias más vulnerables (el 20% con menos ingresos) hayan mejorado su poder adquisitivo entre 2017 y 2023, según un reciente estudio del Instituto de Estadios Fiscales, que demuestra que se ha reducido esos años la desigualdad, aunque todavía es elevada: el 10% más rico ingresa 23,1 veces que el 10% más pobre.

Esta pérdida de poder adquisitivo de la mayoría de hogares contrasta con la mejora de ventas, márgenes y beneficios de las empresas, sobre todo a partir de 2023. Los últimos datos del Observatorio de Márgenes Empresariales demuestran que los márgenes empresariales (el excedente bruto de explotación) están en máximos, tanto en cifras absolutas como en los aumentos: crecieron un +10,7% entre 2018 y 2019 y han aumentado un +12,9% en 2024-25. Y si descontamos la inflación, los márgenes empresariales (beneficio bruto) han crecido un +30% entre 2019 y 2025, frente al 13% que han crecido los salarios reales. A lo claro: que en el reparto del pastel del crecimiento (PIB), las empresas han aumentado su trozo casi el doble que los trabajadores. Y los sectores donde ha crecido más el margen real (descontando la inflación) estos últimos años (entre 2018-19 y 2024-25) han sido la energía (+5% de margen sobre ventas), la hostelería y turismo (+4,6%), el comercio mayorista de alimentos (+1,9% de margen real) y la construcción (+1,4%), sectores donde los salarios han perdido peso real.

El bajo crecimiento de los salarios, frente a una alta inflación acumulada, preocupa al Gobierno, porque impide que la mayoría de las familias se beneficien más del alto crecimiento y la importante creación de empleo (+3.326.100 ocupados entre 2020 y 2026). Y proponen qué hacer: “Que nadie nos diga que no se pueden subir los salarios cuando los beneficios crecen”,  declaró el presidente Sánchez en febrero pasado, al firmar el nuevo salario mínimo. Y cara al 1 de mayo, los sindicatos han reiterado a la patronal que se siente a negociar un nuevo Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC), tras el V Acuerdo firmado para 2023-2025. Su propuesta es que los salarios suban un 4% cada año, más un 1,5% adicional si se dispara la inflación. Y subidas extras de hasta el 3% para los trabajadores que cobran menos de la media de su sector. De momento, han pasado 5 meses y la patronal no tiene prisa en negociar las futuras subidas, que defienden menores.

Al final, la mayoría de las familias están “agobiadas” por la inflación, no tanto por la subida de cada mes sino por la acumulada en los últimos años. Aquí poco se puede hacer, salvo vigilar los excesivos márgenes de algunos sectores, aunque mucha inflación es importada, por el aumento de costes de la energía y las materias primas. Donde sí se puede actuar es en los salarios, que deberían subir más por dos razones. Una, porque ahora pueden hacerlo la mayoría de las empresas, que llevan años subiendo ventas y márgenes (no sólo costes, como dicen). Y la otra, porque los sueldos en España siguen siendo de los más bajos de Europa, según Eurostat: 19,5 euros la hora en 2025, frente a 26,2 euros/hora de media en la UE, 34,5 euros en Alemania, 30 euros en Francia y 23 en Italia.

España y sus empresas no pueden seguir compitiendo como la China de Europa, a base de salarios muy bajos que compensen la menor competitividad de los productos y servicios. La economía española está modernizándose y ya hay más empresas con innovación y tecnología, que exportan y mejoran sus márgenes y beneficios, que pueden mejorar los sueldos de sus trabajadores, sobre todo de los que menos ganan (el 40% de los asalariados ganan entre 1.582 y 2.659 euros brutos, según el INE). Y esta mejoría salarial (nada descabellado: piden subir los sueldos un 4%) es necesaria para que más familias se beneficien de la buena marcha de la economía y puedan llegar a fin de mes. Y también para que se mantenga y aumente el consumo, motor clave para crecer y crear empleo, pero clave también para que las empresas vendan y ganen más. Es hora de repartir mejor el aumento del pastel entre empresas y trabajadores. Hay que subir más los salarios para repartir mejor el crecimiento.

lunes, 20 de marzo de 2017

Las empresas ganan más que antes de la crisis


Tras 8 años de crisis, España y los españoles no han recuperado aún la producción y la renta  de antes de la crisis. Pero las empresas sí: en 2016 ganaron ya más dinero que en 2008, según el INE. Los beneficios de las empresas cotizadas aumentaron un 13,2% en 2016 y aumentarán otro 24,8% este año, mientras los sueldos suben un 1,1%. Con ello, las empresas han aumentado su trozo del pastel de la renta desde 2008, mientras los trabajadores tocan a menos. Ahora, cuando las empresas entran en su 4º año con beneficios, deberían aprovecharlos para cumplir 4 tareas claves: invertir, crear más empleo estable, pagar más impuestos (para reducir la pobreza y desigualdad)  y subir más los salarios (del 1,8 al 3%), para relanzar el consumo, el crecimiento y el empleo. Es bueno que las empresas ganen más, pero no puede ser a costa de empleo precario y trabajadores pobres. Hay que repartir mejor el crecimiento y los beneficios.
 
enrique ortega

España lleva tres años seguidos creciendo: un +3,2% en 2016 y 2015, tras subir el PIB un +1,4% en 2014. Pero antes, hemos sufrido cinco años de crisis, con bajadas de la producción y la renta en 2009 (-3,6%), 2010 (+0,01%), 2011 (-1%), 2012 (-2,9%) y 2013 (-1,7%). Y por eso, lo que España produjo el año pasado fue todavía menos de lo que producía en 2008, el último año “bueno” antes de estallar la crisis: la riqueza generada (PIB) en 2016 fue de 1.113.851 millones de euros, frente a 1.116.207 millones producidos en 2008. El ministro de Economía ha dicho que este primer trimestre de 2017, España recuperará la producción y el nivel de vida de 2008. Habrán sido 8 años largos de crisis.

Pero las empresas ya se recuperaron de la crisis en 2016, año en que ganaron por primera vez más que en 2008: 473.032 millones de euros de beneficios (excedentes empresariales) en 2016, frente a 465.182 millones en 2008, según la Contabilidad Nacional del INE. Sin embargo, los trabajadores todavía ganan un 6% menos que en 2008: la masa salarial (remuneración de los asalariados) alcanzó los 526.098 millones en 2016, frente a 559.777 millones de 2008. Y eso porque hay 2,2 millones menos de personas trabajando y los que tienen un empleo han visto bajar o subir muy poco sus salarios en esta crisis.

El resultado de que los beneficios empresariales vayan mejor que los salarios es que se ha producido un cambio en el reparto de la tarta de la renta, en el reparto de la riqueza que España genera. Así, si antes de la crisis, en 2008, los salarios se llevaban el 51,6% de la renta nacional, en 2015 se llevaron sólo un 47,8%, un 4% menos del pastel. Y mientras, los beneficios empresariales han pasado de llevarse el 42,82% de la renta en 2008 al 43,09% en 2015, según los últimos datos del INE, siendo el tercer trozo los impuestos, que también ganan en el reparto del pastel (del 8,8 al 9,23%). Y todo apunta, a falta que el INE publique los datos, que en 2016, los salarios habrán vuelto a perder en el reparto (hasta el 47,2%), a favor de los beneficios empresariales (que subirán al 43,3%).

Volviendo a los beneficios empresariales, 2016 fue el año de su mayor recuperación, con un 13% de mejora global de beneficios, según los datos de la Central de balances del Banco de España. Concretando ya en las 126 mayores empresas que cotizan en Bolsa, sus beneficios aumentaron un 13,32% en 2016, aunque las 35 grandes empresas del IBEX ganaron mucho más, un 65,78% más. ¿Por qué las empresas españolas llevan tres años aumentando sus beneficios, sobre todo en 2016? Básicamente, porque venden más, dentro y fuera de España, y porque han recortado mucho sus costes.

El motor del crecimiento en 2016 fue el consumo, el mayor gasto de las familias y la Administración (tras los recortes de 2012 a 2015). Hay 1,3 millones más de españoles trabajando que en 2013 y aunque sus contratos son muy precarios y sus sueldos bajos, eso se ha traducido en más consumo y más ventas para las empresas, sobre todo porque la inflación media anual ha sido negativa (ha caído) en 2014 (-0,2%), 2015 (-0,5%) y 2016 (-0,2%). Y las ventas no sólo han crecido dentro de España sino también fuera, porque estos últimos tres años han seguido aumentando las exportaciones, alcanzando un récord histórico de ventas fuera de España (254.530 millones en 2016), gracias sobre todo a que nuestras empresas han tirado los precios para competir y a la ayuda de un euro débil. En las grandes empresas, las 35 del IBEX, el negocio fuera de España ha sido clave para aumentar las ventas y beneficios: ya supone un 65,3% de sus ingresos totales (crecen sobre todo las ventas fuera de Europa, en Latinoamérica y Asia), frente al 34,7% del  negocio en España.

Pero si las empresas han ganado más no es sólo porque hayan vendido más sino, sobre todo, porque han recortado mucho sus costes entre 2013 y 2016. Empezando por sus costes salariales. A raíz de la reforma laboral de 2012, los costes laborales unitarios cayeron en 2013 (-0,5%) y 2014 (-0,4%), se estancaron en 2015 (+0,2%)  y apenas subieron en 2016 (+0,8%) ni subirán en 2017 y 2018 (+1,1%), según los datos de la Comisión Europea, siendo España el país que más ha sufrido la devaluación de los salarios estos años, tras Grecia, Portugal, Chipre e Irlanda, donde también cayeron los costes laborales.  Y el resultado es que los costes salariales reales (descontando la inflación) han sido negativos para las empresas, desde 2013 (-0,8%) hasta 2016 (-0,3%) y lo seguirán siendo en 2017 (-0,3% y 2018 (-0,4%), según el informe de febrero de la Comisión Europea.

Todo esto significa que las empresas han podido recomponer sus beneficios gracias a que han recortado los salarios reales de sus trabajadores. Y así, entre 2008 y 2014, el sueldo medio bruto de los españoles ha crecido sólo 81 euros al mes (de 21.883 a 22.858 euros anuales), según el INE. Un aumento del 4,4% que se ha comido con creces la inflación de estos años, del 15,2%, con lo que los trabajadores han perdido poder adquisitivo. Y las subidas de los convenios han sido mínimas. 0,53% en 2013, 0,57% en 2014, 0,48% en 2015 y 1,1% en 2016, el año en que los beneficios de las empresas cotizadas aumentaron un 13,32%. Y para 2017, la patronal CEOE defiende subidas salariales hasta el 1,5%.

Pero las empresas no sólo han recortado sus costes salariales, también sus costes financieros. Primero, porque han aprovechado su aumento de ventas y beneficios para devolver deuda, para “desendeudarse”: si en 2009 las empresas españolas debían 1.200.000 millones de euros, a finales de 2016 debían ya “solo” 915.743 millones de euros (82% del PIB, algo más que las empresas europeas). Y además, han pagado menos intereses por esta menor deuda, porque los tipos han bajado: si en 2012 pagaban por la deuda empresarial un 5,47%, en 2016 han pagado un 3,94%. El ahorro en intereses ha sido importante y un ejemplo puede ser Telefónica: si en 2012 pagaba 3.659 millones de gastos financieros, en 2016 ha pagado 2.219 millones, un tercio menos. Este ahorro financiero ha permitido aumentar los beneficios de muchas empresas, que además han conseguido también créditos más baratos: si en 2011, las empresas españolas pagan un 4% por la financiación bancaria, en 2016 pagaban menos del 2,4%, lo que supone un 40% de ahorro financiero.

Las empresas también han ahorrado estos años en costes energéticos y logísticos. Por un lado, ha bajado entre 2014 y 2016 el petróleo y con él el gasóleo y el transporte. Y también la electricidad, un coste básico en muchas empresas: entre 2013 y 2016, la tarifa eléctrica para uso industrial ha pasado de 1,101 euros por kilovatio a 0,086 euros, lo que supone una rebaja en la factura del 14,85%, según datos del Ministerio de Industria. Un ahorro importante para las empresas, aunque todavía paguen la luz un 30% más cara que en Europa.

En definitiva, que las empresas españolas llevan tres años mejorando sus beneficios gracias a la mejora de ventas, a la baja inflación y al recorte de muchos de sus costes, sobre todo los salarios. Ahora, la previsión es que, en 2017, las empresas aumenten aún más sus beneficios, un 24,3% las empresas del IBEX, según el consenso de mercado recogido por Factset. Y eso porque se espera que sigan creciendo el consumo y las ventas, aunque quizás menos que en 2016, porque la economía crecerá menos (entre el 2,3 y el 2,5%) y por los temores en la economía y el comercio internacional, ante la política de Trump y la incertidumbre política en Europa. También preocupa que suban los tipos de interés en Europa, ante las subidas en EEUU (la última fue el 15 de marzo), y que eso aumente el coste de la deuda y los créditos de las empresas. Y el petróleo y la luz ya están subiendo en los últimos meses, lo que también podría encarecer los costes energéticos y logísticos  de las empresas.

Por todo ello, no es seguro que la mayoría de las empresas puedan aumentar sus beneficios en 2017 y 2018, aunque las previsiones son optimistas. Pero pase lo que pase, ha llegado la hora de que las empresas asuman cuatro grandes retos, ahora que sus cuentas están más saneadas y han salido de la crisis: invertir más, crear más empleo estable, pagar más impuestos para recomponer las cuentas públicas y el estado del Bienestar y, sobre todo, subir más los salarios, tras cuatro años de sacrificios de los trabajadores.

Invertir más debía ser una de las prioridades de las empresas ahora que tienen beneficios. Y eso porque la inversión empresarial es uno de los principales motores del crecimiento y del empleo del país. Y aunque ha subido desde 2013, la inversión de las empresas en renovar sus instalaciones ha sido en 2016 de 78.489 millones, todavía  un 8% por debajo de la inversión empresarial hecha en 2008. Y muchas grandes empresas se dedican a repartir más dividendo entre sus accionistas o a hacer compras especulativas en vez de invertir parte de sus beneficios en modernizarse. Las empresas deberían aprovechar sus mayores beneficios para “fortalecer sus cimientos”, para invertir en innovación y tecnología, en digitalizar su actividad. Porque el gasto empresarial en I+D+i se ha reducido un 15% entre 2008 y 2015, según datos del INE, y hay 5.000 empresas que han dejado de investigar, un tercio de las 15.000 que lo hacían en 2008. Y en paralelo, las empresas españolas deben afrontar más decididamente el reto digital, porque están retrasadas respecto a las europeas, ocupando el puesto 17 en el ranking europeo de digitalización de empresas.

Otra prioridad de las empresas españolas, ahora que tienen más beneficios, debería ser crear más empleo, porque España tiene el doble de paro que Europa. La creación de empleo se ha ralentizado (de 433.900 empleos creados en 2014 a 525.100 en 2015 y 413.900 empleos en 2016) y este año se espera que sea aún menor : 370.162 empleos nuevos, según estima la Comisión Europea. Las empresas, aunque ganan más, tienen muchas reticencias a contratar y apuestan por tener “plantillas muy justas”, a las que fuerzan a hacer muchas horas extras: a finales de 2016 había 7.778.400 trabajadores (50,5% de los asalariados) haciendo horas extras, de media 5,48 millones a la semana, más de la mitad  sin cobrarlas. Eso evita crear 150.000 empleos nuevos. Y aunque para 2017 se espera que mejoren los beneficios empresariales, sólo el 45% de las empresas se plantean crear empleo este año: otro 35% no aumentará plantilla y un 20% la recortará, según la consultora KPMG.

Una tercera tarea de empresas que ganan más dinero debería ser pagar más impuestos. Con la crisis y, sobre todo, con la rebaja de impuestos que aprobó  a las empresas el Gobierno Zapatero en 2007, se ha derrumbado la recaudación de Hacienda con el impuesto de sociedades: de ingresarse 44.823 millones en 2007 se pasó a recaudar 16.611 millones en 2011. Y el Gobierno Rajoy, aunque aumentó la recaudación por sociedades hasta los 18.713 millones en 2014, les bajó el tipo a las empresas, al 28%, con la reforma fiscal de 2015. Al dispararse el déficit, se vio obligado a subir este impuesto 8.000 millones para 2017, año en que confía recaudar 25.099 millones, todavía casi la mitad que en 2007. Y eso porque las grandes empresas se benefician de múltiples bonificaciones y exenciones, con lo que pagaron sólo el 7,6% sobre sus beneficios en 2015, frente al 18% que pagan las pymes y el 21 % de media los demás contribuyentes. La patronal CEOE ha atacado duramente al Gobierno Rajoy por subirles este año los impuestos (“el discurso de Montoro con las empresas es más agresivo que el de Podemos”…, han dicho), pero el propio ministro de Hacienda les ha replicado que han subido los impuestos “para preservar la cohesión social”. Y así es. En un país con una de las mayores tasas de pobreza y desigualdad de Europa, es crucial que las empresas con beneficios paguen más impuestos para mejorar el Estado del Bienestar y corregir las desigualdades, para ayudar a los españoles que más han sufrido la crisis.

Y el cuarto reto de unas empresas con más beneficios es subir más los salarios a sus trabajadores, tras cuatro años de sacrificios, mejorando además la calidad del empleo, con más contratos estables y a jornada completa (que hoy son 1 de cada 20 nuevos contratos). Es inadmisible que la patronal CEOE no se siente a negociar con los sindicatos, que piden subidas del 1,8 al 3% para 2017, según sectores y empresas, un aumento bastante razonable para empresas que esperan ganar este año un 24,3% más. Subir más los salarios, a cambio de mejoras en la productividad, es una condición básica para que las empresas vendan más, porque sólo con sueldos más altos y contratos más estables se puede recuperar el consumo y las ventas en España, el verdadero motor del crecimiento y el empleo. Los empresarios españoles tienen que entender que no pueden seguir compitiendo a base de sueldos miserables y contratos basura, que no podemos aspirar a ser “la China de Europa”. Que tienen que invertir en renovar, modernizar y digitalizar su actividad, para competir en producto y calidad, no tirando precios y salarios y pagando pocos impuestos.

En resumen, es una buena noticia que las empresas ganen ya más que antes de la crisis, pero han de “compartir” sus beneficios con más inversión, más empleo, más salarios y más impuestos, para que esos mayores beneficios generen futuro y riqueza para todos, no solo para ellos. Si no lo hacen, que no se quejen luego de la mala imagen de los empresarios.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Un año de precios altos (y estancamiento)

Con la crisis y el paro, no se hace mucho caso a la inflación. Pero los precios llevan un año muy altos, cerca del  3%, a pesar de que el consumo está por los suelos. La inflación es el peor impuesto, ya que perjudica a todos, sobre todo a los que menos ganan, empezando por los pensionistas, que no tendrán este año revisión por la subida extra de precios, como tampoco los funcionarios y muchos trabajadores. Ahora, la receta vuelve a ser moderar aún más  los salarios para 2012, aunque apenas suben y 8 millones de españoles son mileuristas. También hay que moderar márgenes y vigilar precios, sobre todo en energía y alimentos.

En noviembre, los precios han bajado una décima, hasta el 2,9%, una inflación menor a la europea (3%), pero que lleva ya un año muy alta, en el entorno del 3 por 100 (con un  máximo del 3,8% en abril), cuando en 2010 estuvo casi todo el año por debajo del 2% (incluso en el 0,9% en febrero). Y eso choca con una economía estancada, que apenas crece y donde no hay ventas: el comercio encadena ya 16 meses seguidos de caídas en su facturación.

Los culpables de la subida de precios son tres renglones: el transporte (un tercio, por la subida de los carburantes, el transporte público y algo los coches), los gastos de la vivienda (casi otro tercio, por la subida de luz y calefacción, conservación y alquileres) y el resto por los alimentos elaborados (+27,8 % azúcar, +12% café…), la ropa  y el tabaco. Bajan, sobre todo, los medicamentos y las comunicaciones (por la guerra de tarifas de móviles y ADSL).

Al final, ¿por qué suben los precios? Básicamente, porque las empresas no consiguen producir y vender más barato. Por un lado, porque les suben los costes: salarios (ahora, más moderados que nunca), financiación, impuestos (subió el IVA en julio de 2010) y otros costes, como el transporte y la energía. Precisamente, España es uno de los países europeos más dependientes de la energía importada y además gastamos más : un 26% más por unidad de producto que la UE-27. Por otro lado, porque hay muchas empresas que con la crisis venden menos y están tratando de recuperar márgenes vía precios, sobre todo en los sectores con menos competencia. Y luego, porque hay empresas que son ineficaces, en los procesos (tecnología) o en la organización del trabajo (productividad) y no pueden producir barato.

Todo apunta a que 2011 cerrará con una inflación cercana al 3%, por las nuevas subidas de la energía en diciembre, sobre todo del gasóleo, al haberse retrasado el invierno. Con ello, todos los españoles perdemos poder adquisitivo, ya que los sueldos están subiendo un 1,1% de media, los funcionarios tienen los sueldos congelados y también los pensionistas. De hecho, con el IPC hasta noviembre (2,9%), sólo se van a compensar a los 3,2 millones de jubilados con pensión mínima, unos 136 euros de media. Y otros 5,4 millones de pensionistas perderán unos 400 euros por haber subido la inflación el triple de lo previsto.

El efecto de esta alta inflación, con ingresos estancados o a la baja, es que se frena más aún el consumo, lo que alimenta más el estancamiento de una economía que no crece y que podría incluso estar cayendo este cuarto trimestre. Más paro y menos consumo. Un círculo vicioso que debería llevar a bajar los precios, aunque hasta ahora no lo haya hecho apenas. Las previsiones internacionales (Comisión Europea y OCDE) apuestan porque la inflación en España bajará del 3 al 1,4 % en 2012, mientras los expertos españoles prevén bajar del 2% en el verano y cerrar el próximo año con una inflación del 1,5%, la mitad que ahora.  

El debate va a estar, otro año más, en si hay que moderar más los salarios para conseguirlo, como propone el Banco de España. Una institución cuyo Gobernador gana 165.026 euros al año y que ha sido incapaz de controlar los sueldos de bancos y Cajas (y las pensiones millonarias de los gestores que les han llevado a la ruina). El hecho cierto es que los salarios llevan dos años moderados (+0,8% subieron los gastos de personal en 2010 y +1,1% en 2011, según el mismo Banco de España), creciendo la tercera parte que los precios. Y los salarios de convenio han subido este año un 2,5% (+1,6% los convenios nuevos), mientras 800.000 trabajadores no han renovado su sueldo desde 2008 (y 5 millones están con convenios atascados). 

Recordemos que hay  8 millones de trabajadores son mileuristas o que el sueldo medio de los jóvenes entre 18 y 25 años está en 634 euros al mes, según datos de la Agencia Tributaria. Con estas cifras, parece un sarcasmo pedir más moderación salarial que la pactada ya por sindicatos y patronal, con subidas entre 1,5 y 2,5% para 2012. Acuerdo que ahora rechaza cumplir la CEOE: quiere congelar los salarios hasta 2014.

El problema es que los precios no suben sólo por los costes salariales, sino también por los márgenes y beneficios de las empresas, por la energía (ojo a los efectos en 2012 del conflicto con Irán) y por la ineficacia de los procesos productivos, así como por la falta de competencia en algunos sectores. Y sobre todo esto hay que actuar, no sólo sobre los salarios, porque si se recortan más se hunde el consumo, las ventas y el empleo. Y más recesión y más crisis.

Al final, lo malo de la situación es que tenemos precios altos con una economía estancada, lo que los economistas llaman estanflación.Y eso ataca sobre todo al nivel de vida de los que menos tienen, pero además nos dificulta crecer. Por eso, hay que lanzar una batalla contra la inflación, pero no culpando sólo a los salarios. Con precios más bajos y reanimando la inversión privada (crédito y ayudas)  y la pública (suavizando los recortes, de acuerdo con Bruselas), podríamos empezar a crecer. Y salir del peor de los mundos: precios altos en una economía muerta.

miércoles, 8 de junio de 2011

Multinacionales españolas: el modelo Telefónica

Es una de esas noticias que provocan al personal: Telefónica, la empresa con más beneficios del país occidental  con más paro, despide a una quinta parte de su plantilla. Y mientras, sus directivos se reparten millones en bonus, su presidente es el tercer ejecutivo mejor pagado de España y sus accionistas cobran uno de los dividendos más altos del mundo. Pero lo peor no es eso. El problema es que el modelo Telefónica es el más puro ejemplo de la gestión de las multinacionales españolas, empresas que invierten y crean empleo fuera, que viven pensando en las Bolsas y el dividendo, cuyos directivos tienen sueldos y bonus millonarios y que no crean empleo en España sino que a la menor oportunidad lo destruyen y lo externalizan.
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La noticia no es que Telefónica reduzca plantilla, ya que ha hecho dos grandes ajustes (17.335 empleos en 1.999-2000 y 13.780 en 2003-2007), que han reducido a la mitad su personal en España (de 67.217 a 35.379). Lo provocativo es que lo haga tras ser la primera empresa española que supera los 10.000 millones de beneficios y la empresa con mayor rentabilidad por dividendo de las 50 mayores compañías del mundo, lo que significa que sus accionistas se han embolsado 6.755 millones en 2010 y esperan llevarse el 91 % de los beneficios en 2011. Para redondear el reparto, Telefónica ha aprobado unos bonus de 450 millones de incentivos para 1.900 altos directivos (que tuvieron otro bonus en 2006). Y su presidente, César Alierta es el tercer ejecutivo mejor pagado de España: cobró 8,6 millones de euros en 2010.
Con todo esto, argumentar que han caído las ventas de Telefónica en España y que hay que despedir a 6.500 empleados en tres años, para ahorrar 450 millones al año en gastos de personal, suena poco convincente. Está claro que el fin del monopolio y la dura competencia en el sector afectan a Telefónica, pero el problema clave es su estrategia multinacional, que le lleva a tratar de ajustar sus cuentas en España (reduciendo el 20 % de su plantilla  y vendiendo Atento) para invertir y crear empleo en el extranjero. Y eso que, en 2011, los beneficios sobre  ingresos en España han sido del 44%, un porcentaje superior al conseguido en el resto del mundo y por su competencia. O sea, que los clientes españoles y la plantilla sostienen su internacionalización.
Para poner la guinda, han sido los sindicatos los que han pedido que los despidos suban de 6.500 a 8.500 (aunque finalmente serán 6.500), a cambio de que en 5 años no se tocara la plantilla. Y también, porque hay muchos empleados que quieren convertirse en prejubilados de oro: dejan de trabajar a los 53, tienen dos años de paro y luego cobran un 66% del sueldo bruto (unos 3.000 euros mes) hasta los 61 años y después, el 34% hasta la jubilación (unos 1.500 euros al mes), más las cotizaciones a la SS a cargo de la empresa. Un regalo envenenado, que supone una pérdida de recursos para el país (y eso que no nos toca pagarles dos años de paro, como a otras empresas y a las Cajas) y para Telefónica (que los cambia por becarios y empresas externas). Y una afrenta a los 5 millones de parados.
El problema de fondo es que Telefónica no es un caso aislado, sino el ejemplo más duro de un modelo de gestión, el de las nuevas multinacionales españolas, bancos y empresas, no más de 50, que facturan más fuera de España que dentro. Unas empresas que gestionan su día a día pensando en su valor en Bolsa y en los analistas (los “mercados”), en los Fondos de inversión que tienen de accionistas y que sólo valoran el beneficio y el dividendo, no que creen empleo. Y cuyos directivos gestionan para defender sueldos y bonus multimillonarios, ligados a beneficios y cotización.
Las 35 empresas del IBEX ganaron 51.613 millones de euros en 2010 (+ 24,7%). Además,  su dividendo se ha multiplicado por cinco en los últimos 10 años (repartieron 25.000 millones en 2010), en beneficio de sus accionistas. Los sueldos de sus Consejos de Administración han crecido un 40% en los últimos cinco años, con una subida del 20% sólo en 2010. Y hay 8 altos ejecutivos que ganan más de 4 millones de euros al año, mientras son frecuentes los ejemplos de bancos y empresas que reparten jugosos bonus a sus directivos, bonus que la Unión Europea quiere controlar con una Directiva que el Gobierno español aprobó finalmente el  pasado viernes 3 de junio, sobre todo para bancos y Cajas que reciban ayudas públicas. 
Entre tanto, las multinacionales españolas destruyeron empleo, tanto en 2009 (18 empresas de las 35) como en 2010 (11 empresas). Entre las 35 del IBEX emplean 2.670.774 personas en el mundo (2009), de las que sólo una cuarta parte (559.869) están en España, según UGT. Y la sensación es que si no reducen más plantilla en España, como Telefónica, es por imagen, ya que tienen claro que España es un mercado maduro, donde les sobra plantilla (de un 10 a un 20%), que desearían recortar para crecer más fuera. De momento, abren las puertas a que se vaya (discretamente) el que quiera, fuerzan a empleados a trabajar en otros países y externalizan todo el trabajo que pueden. Además, presionan al Gobierno para que les facilite el ajuste. Así, tras la reunión de 30 grandes empresarios con Zapatero en Moncloa, en noviembre, el Gobierno aprobó en diciembre un Decreto que eliminaba el requisito del mantenimiento del empleo en la libre amortización del impuesto de sociedades. Resultado: los despidos colectivos de grandes empresas han crecido un 210% este año.
Al final, nuestras multinacionales destruyen más empleo del que crean, encabezadas por César Alierta, presidente del Consejo para la Competitividad, un lobby de grandes empresas creado por Zapatero, que se van a repartir 30.000 becarios (que cobrarán 400 euros) de un programa para jóvenes desempleados, impulsado por Economía, que también coordina Alierta. Para nuestra desgracia, estas multinacionales españolas (muchas antiguas empresas públicas) no son la solución contra el desempleo, que tendrá que venir de pymes y autónomos. Pero ellos no tienen su poder ni sus ayudas. Así nos va.  

martes, 23 de noviembre de 2010

La salida de la crisis se retrasa hasta el 2012

Empiezo con una buena noticia económica (y mira que hay pocas): las grandes empresas españolas, las 130 que cotizan en Bolsa, han aumentado sus ventas hasta septiembre un 12 % y sus beneficios un 22%, cuando hasta junio ganaban sólo un 5% más. Todo apunta a que las grandes empresas han hecho ya su ajuste, tras dos años reduciendo deuda, vendiendo lo que han podido, recortando costes (y plantillas) y pagando casi los mismos salarios.
Hasta aquí bien, porque el ajuste de las empresas es la primera condición para salir de la crisis. Pero estamos hablando de las grandes empresas, que han tenido una válvula de escape para salir del túnel: exportar, vender fuera más que dentro en muchos casos. Y ese no es el caso de los millones de empresas restantes, medianas y pequeñas, ya que sólo 40.000 empresas exportan habitualmente en España. A la mayoría, aunque también están más saneadas que hace dos años (las que no han cerrado por el camino), les falta algo fundamental para salir adelante y crear empleo: vender.

Y aquí, la última noticia es muy mala: el consumo ha caído en el tercer trimestre, por primera vez en un año. No es extraño, ya que los españoles con trabajo se han encontrado con una subida del IVA en julio y con que sus sueldos o han bajado (un 5 % para 4 millones de funcionarios) o han subido menos que la inflación (1,3 % este año, frente a un IPC del 2,3%), con lo que han perdido poder adquisitivo. Además,  se han quitado las ayudas a la compra de coches y el sector público ha recortado también sus gastos por el ajuste fiscal.
Con el miedo al paro, los salarios bajos (el 58% de los ocupados gana 1.000 euros al mes o menos) y que apenas van a subir (o que bajan),  las pensiones  congeladas y 4,600.000 personas desempleadas, no parece que el  consumo se vaya a reanimar en lo que queda de año. Ya se anticipan las terceras Navidades en crisis, con un 11% menos de ventas. Y tampoco se ve una recuperación del consumo en 2011. Las ventas fuera de España tampoco ayudarán mucho, porque Europa y Estados Unidos están creciendo menos de lo esperado.
Sin consumo, ni de las familias ni del sector público (con los Ayuntamientos y autonomías en números rojos), resulta difícil que las empresas, aunque estén más saneadas, vendan e inviertan. Y menos con el dinero  caro y escaso, aún más en 2011, porque el BCE está cerrando el grifo a los bancos y persiste la crisis de la deuda y la falta de credibilidad económica de España. Por eso, la OCDE nos acaba de dar la peor noticia del año : España apenas crecerá en 2011 (0,9 %) y habrá que esperar a 2012 para crecer algo más (1,8%) y crear empleo, quizás para el verano, aunque no creen que empecemos a bajar el paro de forma significativa hasta finales de 2012. O sea que tenemos año y medio más de crisis, por lo menos.