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jueves, 9 de abril de 2020

Confinamiento con luz más renovable


El coronavirus ha desplomado el consumo de electricidad, un -30% hasta Semana Santa. Se debe al parón en la economía, porque las familias, confinadas en casa, gastamos un 20% más de luz. Y aunque el precio bajó en marzo, el próximo recibo subirá entre 16 y 26 euros, mientras la luz seguirá bajando hasta otoño. Un dato muy positivo: en marzo, el 50% de la luz que consumimos fue renovable, algo histórico, gracias al mayor peso de las energías eólica y solar. Eso sí, es una excepción, porque aunque las renovables suponen el 50% de la potencia eléctrica instalada, sólo supusieron el 38,5% de la energía consumida en 2019 y el 45,7% en el primer trimestre de 2020. Y eso porque las eléctricas utilizan mucho el gas, ahora que está barato, que también emite CO2 (menos que el carbón, en desuso). El Gobierno mandó a Bruselas, el 31 de marzo, el Plan contra el Cambio Climático, cuyas inversiones y empleos ayudarán a reconstruir el país. Renovables contra el coronavirus.

enrique ortega

El parón de la economía por el coronavirus se ha reflejado fielmente en una caída drástica del consumo de electricidad, según los datos de Red Eléctrica: el 14 de marzo, día de inicio del estado de alarma, la demanda eléctrica había bajado un -13,17% sobre el 2 de marzo y el 31 de marzo, tras la “hibernación” de la economía (salvo servicios esenciales), había caído un -17,60% en todo el mes de marzo. Y el 8 de abril (miércoles santo), la demanda caía ya otro -12, 3% en este mes, según REE, con lo que la reducción total de la demanda eléctrica por el coronavirus roza ya el -30%. Una caída que se podría atenuar algo la próxima semana, cuando vuelvan a funcionar algunas empresas “estratégicas”, al terminar los días de permisos retribuidos recuperables.


Ha habido menos consumo eléctrico de la economía productiva pero las familias han consumido más electricidad que nunca, al estar confinados en casa desde el 14 de abril (y los estudiantes antes). La estimación es que el consumo de los particulares, que supone un 40% de toda la demanda eléctrica, ha aumentado un +20%, al utilizarse mucho más la luz, las cocinas, los electrodomésticos, la TV (284 minutos por persona al día en marzo, con puntas de 344 minutos algunos días) y los aparatos conectados a Internet. Una parte de este mayor consumo se ha compensado por la bajada del precio de la luz en marzo, por la caída del precio en el mercado mayorista (28 euros MWh, cuando hace un año estaba en 49 euros), debido a la mayor utilización de las energías renovables y del gas (más barato). La estimación de la Comisión de la Competencia (CNMC) es que la factura media haya bajado un -6,4% sobre febrero. Pero como se ha gastado de media un 20% más de luz, el próximo recibo que nos llegue vendrá con subida, entre 16 euros (hogar con 2 personas) y 26 euros (familia con 2 hijos), según cálculos de Selectra.


Como el confinamiento sigue, todo apunta a que el consumo eléctrico de las familias siga elevado, aunque los precios de generarla seguirán bajando (no tanto), al caer la demanda (no tanto como en marzo). Todo indica que los precios de producir  la electricidad seguirán bajando hasta el verano (incluso por debajo de los 25 euros MWh), aunque luego pueden recuperarse en el tercer trimestre, si sube la demanda, por recuperarse la actividad y por el frío.


La tarifa podría bajar mucho más si las eléctricas utilizaran más las renovables para generar la electricidad. El sistema eléctrico está ya preparado: a finales de  2019, la potencia eléctrica renovable instalada en España suponía ya el 50% del parque eléctrico, por primera vez en nuestra historia, cuando en 2016 sólo suponían el 46% del parque eléctrico y en 2008 el 34%,según Red Eléctrica (REE). En el primer trimestre de 2020, la potencia renovable ha seguido aumentando, hasta suponer el 50,14% del parque eléctrico, según los últimos datos de REE, gracias al tirón de la energía eólica (23,35% de la potencia instalada), la solar fotovoltaica (8,06% del total, frente al 4,52% en 2018), la solar térmica (2,09% del parque eléctrico),la  hidráulica (15,53%, como en 2019 y menos que en 2016-2018, porque llueve menos), otras renovables (0,97%) y los residuos renovables (0,14% del parque).


A pesar de que más de la mitad del parque eléctrico instalado son energías renovables, la mayoría de la luz que se genera no lo es. Así, en 2019, sólo el 37,5% de la luz producida era renovable (20,8% eólica, 4% solar fotovoltaica, 2% solar térmica, 9% hidráulica y 1,7% el resto de renovables y residuos) y el resto (62,5%) de la electricidad generada no era renovable. Eso se debe a que las eléctricas, aunque podrían producir más luz renovable, no lo hacen para utilizar su enorme parque de centrales de gas (centrales de ciclo combinado y cogeneración), que el Gobierno Rajoy les fue animando a instalar (remunerando esta electricidad con altos precios)  y que ahora les compensa aún más porque el precio del combustible, el gas natural, lleva meses bajando en el mercado internacional y más en 2010: costaba 3,04 dólares (por millón de termias) el 4 de enero de 2019, 2,17 dólares el 1 de enero de 2020 y 1,62 dólares el 6 de abril, casi la mitad que hace 15 meses. El resultado es que las centrales de ciclo combinado saltaron de producir el 12% de la luz en 2018 al 21,2% en 2019. Y las centrales de cogeneración se mantuvieron en el 11%. Y también utilizan al máximo  la energía nuclear (con instalaciones ya amortizadas por las eléctricas) pasaron de aportar el 20% en 2018 al 21,4% en 2019, mientras caía el peso del carbón (al tener que pagar cuatro veces más por las emisiones de CO2), de aportar el 14% de la luz (2018) al 5% (2019).


En el primer trimestre de 2020, las energías no renovables siguen dominando el mercado eléctrico: aportan el 55,3%, porque ha subido el peso de la energía nuclear al 24%, aunque el ciclo combinado (13%) y la cogeneración (11%) aportan menos y también el carbón (que sólo genera el 3% de la electricidad). Pero este año 2020 ha aumentado el peso de las energías renovables, según REE, hasta el 44,70% de la producción eléctrica, gracias sobre todo al mayor peso de la energía hidráulica (tras la sequía de 2019), que aporta el 15% de la electricidad, subiendo también la eólica (23%) y estabilizándose la solar fotovoltaica (4%) y bajando la solar térmica (1%). Lo más esperanzador es lo que ha pasado en marzo, en pleno confinamiento por el coronavirus: las renovables han aportado el 50% de la electricidad producida, gracias a la mayor producción de los molinos de viento y las centrales solares.


Ahora queda ver si marzo es una excepción y, en los próximos meses, las energías renovables no producen la mitad de electricidad, aunque puedan hacerlo. De ser así, será porque las eléctricas buscan rentabilizar al máximo sus centrales nucleares y sus centrales de gas (ciclo combinado y cogeneración), aunque esto tenga dos consecuencias negativas para los consumidores: la luz es más cara y más sucia. Ahora mismo, las energías renovables tienen un desarrollo tecnológico que las hacen muy competitivas en precio, aunque los usuarios paguemos más alto el recibo porque el precio que se fija en el mercado eléctrico es el de las energías más caras (fuel y gas). Y por si fuera poco, las energías renovables no emiten CO2 y son seguras, algo que no pueden decir las no renovables.


El gas y las centrales de ciclo combinado y de cogeneración “se venden” como centrales que contaminan menos que las de carbón y gas. Es verdad. Pero emiten CO2, aunque sea menos. Así, si una central de carbón emite 0,977 Tm de CO2 por MW generado y las centrales de fuel emiten 0,799 Tm, las de ciclo combinado emiten 0,383 TM por MW. O sea, emiten un tercio menos de CO2 que las de carbón, pero mucho más que las energías renovables, que no emiten nada. Y respecto a las centrales nucleares, aunque no emiten CO2, tienen un problema no resuelto de generación y tratamiento de residuos, además del riesgo de seguridad. Y estas energías sucias o inseguras, recordemos, aportan el 55% de la luz que consumimos.


Con todo, el aumento de las energías renovables es imparable y una muestra es que ya aportan el 44,7% de nuestra electricidad  cuando sólo aportaban el 7,6% en 2008. El problema es doble. Que se ha formado una burbuja inversora” en energías renovables, de la mano de fondos de inversión y empresas que apuestan por estas instalaciones, de tal manera que la potencia instalada (34.300 MWh) y con permiso pero no conectada (111.500 MWh) es muy elevada (145.800 MWH) y supera incluso el total de potencia eléctrica instalada (110.000 MWH), que ya es más del doble de la demanda de electricidad (40.000 MWH) Y que es una “burbuja sobre otra burbuja”, al haber un exceso de renovables en un mercado con un exceso de oferta eléctrica. Así que la “burbuja renovable” puede explotar en cualquier momento, poniendo en peligro su futuro. Y el coronavirus puede ser un detonante, si se desploman los precios de la electricidad (eso haría los proyectos renovables menos rentables) o si los bancos e inversores dirigen ahora su dinero a otros destinos.


Pero el coronavirus también puede ayudar a las renovables. Y eso, porque la lucha contra el Cambio Climático (también en el sector eléctrico) puede ser uno de los caminos prioritarios  para reconstruir la economía y salir de la recesión, dado que va a movilizar ingentes inversiones y creará mucho empleo. Por eso, el Gobierno Sánchez, en pleno estado de alarma, el martes 31 de marzo, aprobó y envió a Bruselas el Plan Nacional Integral de Energía y Clima (PNIEC), un programa que pretende movilizar 241.000 millones de euros entre 2021 y 2030  (el 80%, privados y una parte también fondos europeos) para impulsar las energías renovables, medidas de ahorro energético y eficiencia, electrificación y redes. Y un Plan que generará entre 250.000 y 350.000 empleos en esta década, que van a ser cruciales tras la enorme pérdida de empleos que va a acarrear el coronavirus.


Bueno, como se ve, casi todo está conectado con el coronavirus y también nuestro recibo de la luz del mes pasado y el de abril, por lo menos. Pensemos, cuando demos la luz o usemos el ordenador o la TV, que estamos pagando una electricidad que es más cara y sucia de lo que podría ser. Y que cuando salgamos de esta, hay que exigir  al Gobierno y a las eléctricas a que generen una luz más barata y más limpia. La potencia renovable ya la tienen instalada y hay mucha más en espera. Ahora sólo falta que la utilicen.  

lunes, 23 de julio de 2018

Vigilan la fuerte subida de una luz más sucia



En julio sigue subiendo la luz en el mercado eléctrico, tras subir un 16,4% en el semestre y costar ahora el mayor precio de los últimos 5 años. Eso después de tener la primavera más lluviosa desde 1965, que debería abaratar la luz. Por todo ello, la Comisión de la Competencia (CNMC) investiga este repunte de precios, después de sancionar a Iberdrola y Viesgo por fraude. Al margen de prácticas ilícitas, el mercado eléctrico se rige por un sistema (Aznar) que paga la luz más barata (hidroeléctrica y nuclear) al precio de la más cara (gas y carbón), un contrasentido que pagamos los consumidores. Y con los peajes, pagamos también costes de más en el 42% del recibo, así como más impuestos que en Europa. Así se explica, con tanto extracoste, que paguemos la 3ª luz más cara de Europa. Y la más sucia, culpable del 22% de todas las emisiones de CO2. No podemos seguir así. Urge que el Gobierno pacte una nueva política eléctrica, una de las asignaturas pendientes de la transición.


enrique ortega

A finales de junio, el precio de la luz en el mercado eléctrico estaba a 58,60 euros por MWh, un 16,41% más caro que un año antes y un precio que es un 24% más alto del que ha tenido de media la luz en junio de los últimos  5 años, según ha alertado el secretario de Estado de Industria. Y este mes de julio, sigue la tendencia al alza: hoy lunes, 23 julio, el coste del kilovatio superaba ya los 63 euros por MWh (63,10), según los datos del mercado eléctrico (OMIE) lo que suponía otro 12% de aumento sobre el precio de principios de julio (56,26 euros/MWh). Por todo ello, la Comisión Nacional de la Competencia (CNMC) ha confirmado que está investigando este repunte de precios en el mercado eléctrico, por si detrás de la subida hay “algo más” que una situación coyuntural.

La CNMC sabe de qué habla, porque ya ha sancionado a dos compañías eléctricas por cometer presuntos fraudes en el mercado eléctrico,” inflando artificialmente” precios. La primera, Iberdrola, a la que multó en diciembre de 2013 con 25 millones de euros por parar la producción de sus centrales hidroeléctricas del Duero, Tajo y Sil, provocando una falta de oferta de electricidad barata que obligó a utilizar las centrales de gas (más caras) y disparó el precio de la luz en el mercado eléctrico (y sus beneficios). Hace unos meses, la UCO (Guardia Civil) ha descubierto en Iberdrola correos y archivos que demuestran el fraude. Y en junio, la CNMC ha multado a otra eléctrica, Viesgo, con 6 millones de euros por otra infracción grave por manipular su oferta de la central de los Barros(Cádiz), excluyéndola del mercado diario para luego vender su electricidad en el mercado marginal a precios más elevados.

Todo esto es posible porque el mercado eléctrico ibérico (MIBEL), donde se fija cada día el precio de la luz desde 1998, es un mercado “estrecho” (pequeño) y muy volátil (tiene grandes altibajos de precios), que facilita estos fraudes, al regirse por un sistema de precios “de locos”, que autorizó Aznar (Ley eléctrica de 1997). Es un mercado donde cada empresa va aportando su electricidad, empezando por las más baratas (hidroeléctricas, nucleares, renovables) y siguiendo con las más caras (carbón, fuel y gas). Y al final, es el precio del kilovatio más caro el que se paga a todas las energías, normalmente los 60 euros del kilowatio de las centrales de gas, aunque el kilowatio hidroeléctrico cueste producirlo 10 euros y el nuclear 22 euros. Es como si compráramos carne picada hecha con pollo, cerdo, ternera y chuletón y la pagáramos toda a precio de chuletón. El experto Jorge Fabra estima que los consumidores hemos pagado 20.000 millones de más a las eléctricas, sólo entre 2005 y 2015, por este injustificable sistema de precios.

Así que da igual que llueva o no, porque la luz sube aunque los pantanos hayan estado a rebosar, después de haber tenido la primavera más lluviosa desde 1965. Las centrales hidroeléctricas han subido su peso en la generación de electricidad (del 8% en mayo de 2017, en plena sequía, al 16% en mayo de 2018), pero esta electricidad, como la nuclear o la renovable (las 3 más baratas) no se han pagado a su coste, sino al coste extra de la poca electricidad generada por carbón y gas, cuyo precio subió mucho en el mercado internacional. Así que las eléctricas dueñas de centrales hidroeléctricas, nucleares y renovables se han forrado, cobrando la luz  6 veces o 3 veces lo que les costaba producirla. Y nosotros, los consumidores, aunque haya mucha lluvia, pagamos la luz al precio de lo que cuesta generarla con carbón o gas, aunque sea una parte marginal del mercado. Una locura.

Este precio de la luz en el mercado eléctrico diario influye en una parte del recibo de la luz, supone aproximadamente un 37% de la factura total que pagamos. Por eso, la factura de un consumidor medio (4,4 kw de potencia y 3.900 kwh consumidos)  ha subido, entre abril y junio, un 10,3%, según la CNMC. Antes, había bajado en enero (-6,1%), subido en febrero (+2%) y bajado en marzo (-9%), con lo que el recibo medio del primer semestre habrá bajado un 2,9%. Pero subirá en julio (más de un 4%) y el balance anual de 2018 será de subida del recibo hasta julio. Y todo apunta a que el resto del año, hasta diciembre, la luz va a seguir subiendo, como anticipan los precios del mercado de futuros (compras a plazo) , por el mayor consumo del verano y el turismo, el cierre temporal de dos nucleares (Vandellós y Trillo) y la menor electricidad eólica. Con ello, 2018 podría cerrar con otra subida del recibo de la luz a los hogares, en torno al 5%, tras haber subido un 10,3% en 2017.

Pero la luz no sube sólo porque suban los precios en un mercado eléctrico “de locos”. La segunda parte del recibo, el 42% de la factura que pagamos, no tiene que ver con lo que cueste la luz en cada momento: son los costes regulados que fija el Gobierno cada año, los llamados “peajes”, que llevan cinco años sin subir (tampoco en 2018) pero que son un enorme “cajón de sastre” de costes que encarecen nuestro recibo. Unos son costes “justificados” pero demasiado elevados, como los costes por el transporte (el 2,96% del recibo) y la distribución de la electricidad (10,04%) y otros “injustificados”: ayudas a las renovables (el 17,22% del recibo), por el “parón nuclear” (0,41%), para amortizar la deuda eléctrica acumulada (2,84% del recibo), para compensar a Endesa por producir luz en las islas (4,2% recibo), para compensar a grandes industrias de poder cortarles la luz (no se les ha cortado nunca, pero les pagamos el 3% del recibo), para abaratar la luz a las industrias vascas (y que el PNV apoyara los Presupuestos 2018: 50 millones que pagamos con el recibo), ayudas para que las centrales de gas estén disponibles, etc., etc. Unos “extracostes” que deberían suprimirse o pagarse con los Presupuestos, no a costa de nuestro recibo.

Y todavía queda la tercera parte del recibo, el 21% restante de la factura que pagamos, que son impuestos: un impuesto especial eléctrico (del 5,113% sobre la potencia contratada y el consumo, 1.300 millones anuales que ingresan las autonomías) y el IVA sobre la factura total (incluido el impuesto eléctrico, con lo que pagamos un impuesto sobre otro impuesto). Y aquí, también pagamos de más, porque el IVA de la luz es el 21%, uno de los más altos de Europa: en Reino Unido se paga el 5% de IVA en la luz, el Italia el 10%, en Grecia el 13%, en Irlanda el 13,5%, en Francia el 16,7% y en Alemania, el 19%.

Recapitulando, vemos que en las tres partes del recibo (coste de producirla, peajes que aprueba el Gobierno e impuestos) pagamos costes de más. Pero incluso antes, al contratar la luz, muchos consumidores ya empiezan pagando de más, porque contratan más potencia de la que necesitan, por miedo a que “les salte el automático”: un 20% de españoles tienen contratada más potencia de la que necesitan y pagan 52,82 euros de más al año, según un estudio de Mirubee. Antes no era tan caro hacerlo, pero desde 2013, con la “reforma eléctrica” aprobada por el Gobierno Rajoy, se subió mucho el componente potencia del recibo (+92% a los consumidores domésticos y +145% a los industriales), como una forma de “garantizar ingresos” a las eléctricas en unos años de menos consumo, por la crisis. Y por eso, ahora, pagamos casi tanto por potencia como por consumo. Yo pago 17,98 euros  por potencia y 23,99 por consumo. Miren su recibo. Y si pueden, contraten menos potencia.

Al final, tras sumar tantos extracostes, la factura se ha disparado y los españoles pagamos la tercera luz más cara de Europa, sin impuestos, según los datos de Eurostat. En los hogares, pagamos 0,1712 euros/kWh (finales 2017), sólo por detrás de Irlanda (0,1865) y Bélgica (0,1790) y muy por encima de la media UE-28 (0,122 euros/kwh), zona euro (0,123), Alemania (0,1383), Reino Unido (0,1344), Italia (0,1326, Francia (0,1132) o Portugal (0,1080 euros/kwh). Y si nos fijamos en los precios de la luz industrial, las empresas españolas pagan la cuarta electricidad más cara de Europa, 0,0982 euros/kwh a finales de 2017 (sin impuestos), sólo por detrás de tres islas, Malta (0,1377 euros/kwh), Chipre (0,1258) e Irlanda (0,1093) y un 28,8% más cara que la luz industrial en la UE-28 (0,0766 euros/kwh), un 20,7% más cara que Italia (0,0813 euros/kwh), un 24,9% más cara que Alemania (0,0786 euros/kwh) y un 47% más cara que Francia (0,0666), países con los que competimos.

No sólo tenemos la luz más cara que Europa sino que es una luz más sucia, porque producirla supone emitir cada año más CO2. En 2017, España ha sido el 4º país de Europa que más ha aumentado sus emisiones de CO2, un +7,4%, según publicó Eurostat en mayo (sólo menos que Malta, Estonia y Bulgaria) o un +4,4%, según ha publicado el Ministerio de Transición Energética en julio. Es el mayor aumento anual de emisiones desde 2002 y de los 338,8 millones de toneladas emitidos, 74,9 millones (el 22%) son por la generación de electricidad, según Red Eléctrica. El año 2017, que fue extremadamente seco, obligó a consumir mucho carbón (+21%) y mucho gas (+31,8%), los dos combustibles que generan más emisiones de CO2 para producir electricidad (además de los más caros).Baste decir que las 15 centrales de carbón existentes generaron, ellas solas, el 12,7% de todas las emisiones de CO2 que genera España.

A la vista de este panorama, una luz tan cara y tan sucia, el nuevo Gobierno Sánchez debía intentar reformar a fondo el sistema eléctrico, pactando medidas con el resto de partidos, aunque sea difícil. A corto plazo, ya ha anunciado que va a cerrar en las próximas semanas la primera central de carbón, la de Anllares (León), de Endesa y Gas Natural Fenosa, algo a lo que se oponía el anterior Gobierno Rajoy. Y que su intención es proponer cerrar para 2020 otras 6 centrales de carbón más, 7 centrales en total de las 15 existentes, las que no han realizado (porque no les compensa económicamente) las inversiones medioambientales que exigirá la Unión Europea para 2020.

A medio plazo, la intención del Gobierno Sánchez es sustituir paulatinamente las centrales de gas (que sólo funcionan al 15% de su capacidad) por más electricidad de origen renovable (eólica y solar), para lo que han decidido mantener la actual rentabilidad de las plantas renovables en el 7,4%, algo que tendrán que tramitar en el Congreso (no será fácil), porque hay que modificar para ello la Ley del sector eléctrico que aprobó Rajoy. Y también a medio plazo, el Gobierno Sánchez quiere cerrar las centrales nucleares cuando cumplan los 40 años de vida, con lo que, de aprobarse en el Congreso (el PP está en contra), las 5 centrales nucleares en funcionamiento cerrarían sus instalaciones en 2024 (Almaraz y Ascó), 2025 (Ascó) y 2028 (Almaraz y Trillo). Todo ello debe incluirse en la próxima Ley contra el Cambio Climático que el Gobierno ha prometido enviar al Congreso antes de fin de año.

En paralelo a estos cambios legales, el Gobierno debe modificar de una vez el funcionamiento del mercado eléctrico, para que cada tipo de electricidad se pague por su coste y no paguemos la luz que viene de los pantanos al precio de la luz que se genera con fuel o gas. Urge hacer una “auditoria de costes” y remunerar la luz por lo que cuesta  producirla (y transportarla y distribuirla), más un beneficio razonable. Eso permitiría rebajar el recibo un 20%. Y en el siguiente escalón, quitar la mayor parte de los “peajes”, esos extracostes que son “herencias” del pasado y que debían suprimirse o pagarse a cargo del Presupuesto (con los ingresos del IVA eléctrico y nuevos impuestos medioambientales), no de nuestro recibo. Según el informe de los 14 “sabios” que estudiaron el sector eléctrico, quitar los peajes del recibo permitiría bajar un 30% la electricidad a hogares e industrias. O sea, que se puede bajar la luz un 50% tocando el mercado eléctrico y los peajes.

Todas estas medidas suponen recortar los beneficios de las eléctricas, un sector con mucho poder económico, político y mediático, que consiguió una situación de privilegio con la Ley eléctrica de Aznar en 1997 y que ha frenado después todas las reformas posibles. La reconversión del sector eléctrico es una asignatura económica pendiente desde la transición y aunque el panorama político no sea favorable, hay que intentar poner en marcha los cambios más urgentes, para que hogares y familias no paguen la luz más cara de Europa y la más sucia. No deberían esperar más. Luz y taquígrafos para que paguemos por la luz lo que cuesta, no extracostes sin fin para beneficiar a las eléctricas.


lunes, 15 de mayo de 2017

Polémico empujón a las energías renovables


Este miércoles 17 de mayo se celebra una subasta para aprobar nuevas instalaciones de energías renovables, las primeras en 5 años, tras el parón decretado en 2012 por Rajoy, que hundió a las renovables (eólica, solar, biomasa…), un sector donde España era una potencia mundial. Esta subasta es muy polémica, porque el Gobierno enfrenta a unas renovables con otras, permite la especulación y no asegura una rentabilidad futura. España está lejos de cumplir el objetivo europeo de que un 20% de la energía sea renovable para 2020 y tendrá que autorizar nuevas subastas en los próximos años, aunque el Gobierno Rajoy sigue sin apostar por las renovables, cada vez más competitivas y  que ayudan a bajar el recibo de la luz. Habría que volcarse más en las renovables, porque España es el país europeo más dependiente del petróleo y el único que emite ahora más CO2 que en 1.990. Apuesten por el sol y el aire, que nos sobra y es limpio y barato.


                                                                                               Enrique Ortega
España vuelve a andar este año el camino de las energías renovables, tras haberlo desandado desde 2012 a 2016. Antes, a partir de 2007, en España se produjo una burbuja” de renovables, tras las ayudas introducidas por el Gobierno Zapatero, que dispararon las instalaciones. En fotovoltaica, por ejemplo, se esperaba instalar 400 Mw en tres años y se instalaron 3.335 Mw sólo en 2008. La especulación y la afluencia de inversores españoles y extranjeros provocaron un crecimiento desordenado de los “huertos solares” y de las primas a pagar, en un momento en que la tecnología no estaba madura y requería fuertes ayudas públicas. El crecimiento de las instalaciones eólicas fue más ordenado pero también desmesurado. Y al amparo de este “boom”, España construyó un sector de energías renovables que en 2010 era pionero en el mundo, exportando a varios continentes.

En esto llegó la crisis, con una caída de la demanda eléctrica y una explosión del déficit público, que obligó a recortes en las primas e instalaciones ya en 2010 y 2011. Pero el tajo a las renovables se lo dio el Gobierno Rajoy, a partir de 2012, por partida doble: no autorizando nuevas instalaciones y recortando en 2.100 millones anuales las ayudas a las instalaciones existentes, la cuarta parte de lo que recibían, lo que provocó enormes pérdidas a pequeños y grandes inversores, junto a miles de demandas judiciales, dentro y fuera de España (el Gobierno acaba de perder el primer laudo internacional , 128 millones de euros más intereses a pagar a un fondo británico, y hay otras 26 reclamaciones extranjeras esperando). Rajoy justificó estos recortes en que estas ayudas eran excesivas y una de las causas del déficit eléctrico y de la subida de la luz. Pero era sólo una excusa, porque mientras desmantelaba el prometedor sector de las renovables, autorizaba un parque de centrales térmicas de gas, al amparo de importantes ayudas (por construirlas y por tenerlas disponibles, aunque no se usen), a pesar de que había un exceso de capacidad (101.631 Mw de potencia instalada frente a una demanda de 43.527 Mw), sobre todo por las centrales de gas (25.000 Mw frente a 24.000 la eólica y 4.177 Mw la fotovoltaica).

El Gobierno Rajoy ha estado cinco años recortando las ayudas a las renovables y paralizando nuevas instalaciones, con el argumento de que así bajaba el recibo de la luz. No es verdad. Primero, porque las renovables han recibido menos ayudas que las eléctricas tradicionales: entre 1998 y 2011, recibieron 35.000 millones de euros de subvención mientras las eléctricas tradicionales recibían 53.000 millones por “pagos regulados” (costes de transición a la competencia, pagos por disponibilidad, ayudas al carbón y “regalo” de derechos de emisión de CO2 que han vendido). Todo salía de nuestro recibo. Y segundo, el apoyo a las renovables supone el 17,22% del recibo actual, pero hay otro 12% del recibo que pagamos para financiar otras ayudas a las eléctricas que no dicen: compensarles por la luz que producen en las islas, por el consumo de carbón nacional, por la moratoria nuclear, por tener disponibles las centrales de gas, para pagar el bono social y el déficit de tarifa, por las pérdidas de transporte o para compensar a las grandes industrias consumidoras. Y eso sin contar la parte del recibo que destinamos a pagar el transporte (2,96%) y la distribución de la luz (10,04%). En total, un 25% del recibo, más que las ayudas a las renovables.

Los recortes y paralización de las renovables han ahorrado costes al recibo pero han tenido un enorme coste económico para un sector donde España tenía industrias punteras, que han acabado en crisis, compradas por extranjeros (Gamesa por Siemens) o volcadas en instalaciones internacionales, en América, Oriente Medio y Asia. De hecho, las empresas fotovoltaicas han perdido entre el 15 y el 55% de sus ingresos y las eólicas han perdido la mitad de sus plantillas (de 40.000 personas en 2008 a 22.000 hoy). Y este retroceso se ha producido mientras el resto del mundo apostaba por las energías renovables. Así, la potencia eólica instalada entre 2013 y 2015 aumentó un 20% en Europa, un 36% en Asia, un 52% en Norteamérica y sólo un 0,07% en España (el equivalente a 7 aerogeneradores en 2 años).Y la potencia solar fotovoltaica aumentó un 15% en Europa, un 58% en Asia, un 52% en Norteamérica y sólo un 0,3% en España (el país del sol).

Este parón renovable en España durante 5 años (2012-2016) ha provocado que España se haya quedado rezagada en Europa, con un 16,15% de energía renovable sobre el consumo final, según Eurostat,  por detrás del 16,7% de la UE-28 y de 18 paises europeos donde las renovables tienen más peso que en España, entre ellos Noruega y Suecia (69,4%), Finlandia (39,3%), Dinamarca (30,8%), Portugal (28%) e Italia (17,5%). En la electricidad, el 36,9% de la energía que se produce es renovable (49,8% eólica, 31,1% hidráulica, 13,5% solar, 3,9% biocombustibles y 1,7% el resto), en la calefacción el 16,8% y en el transporte sólo el 1,8%.

El gran objetivo de Europa es que el 20% de la energía sea renovable en 2020. Ya hay 11 paises europeos que lo cumplen hoy, pero otros 17 todavía no, entre ellos Grecia (15,1%), Francia (15,2%), Alemania (15,6%), Polonia (11,8%), Reino Unido (8,2%) y España (16,15% de energía renovable en 2015). Por eso, el Gobierno Rajoy se ha visto obligado a convocar una subasta para aprobar nuevas instalaciones renovables, la primera importante desde el parón de 2012 (en enero de 2016 hubo una subasta de 700 Mw, eólicos y biomasa, pero fue un fiasco). La subasta, que se celebra este 17 de mayo, contempla autorizar la instalación de 3.000 Mw renovables nuevos (2.000 + una ampliación de 1.000), un 10% del parque renovable existente hoy (30.000 Mw) y el equivalente a 2 nuevas centrales nucleares.

Es una subasta largamente esperada, pero que ha sido muy polémica por las condiciones que ha impuesto el Gobierno Rajoy. La primera crítica del sector es que la subasta no contempla cupos para las distintas renovables (eólica, solar, biomasa, cogeneración…) sino que todas las energías tendrán que competir entre sí, aunque cada una tiene sus costes y características. Y el sector fotovoltaico (solar) cree que esto beneficia a la energía eólica, que tiene menores costes y más horas de funcionamiento anual, por lo que han recurrido la subasta ante el Supremo. También critican que se valore el menor coste de las instalaciones y no quien ofrece el kilowatio más barato. Y muchos expertos critican que el sistema de subasta, que permite bajas excesivas, fomenta la especulación. Además, se quejan de que el Gobierno no garantiza un precio a medio plazo, una rentabilidad razonable. Y que incluso va a recortar lo que paga por kilowatio renovable, a partir de 2017 (dicen que perderán 600 millones de ingresos entre 2017 y 2019) y sobre todo a partir de 2020, cuando temen que la rentabilidad de las renovables caiga un 40% y muchas instalaciones tengan que cerrar por no ser económicamente sostenibles.

Las grandes empresas (como Iberdrola, Acciona o EDP) y algunos fondos de inversión internacionales van a pujar por llevarse la mayor parte de estos 3.000 nuevos Mw renovables, ahora que en todo el mundo aumenta el interés inversor por las nuevas energías, cada vez más competitivas. Y en los próximos dos años, el Gobierno Rajoy tendrá que sacar nuevas subastas, porque España necesita ampliar su parque renovable en otros 8.500 Mw para cumplir con ese 20% de energía renovable que nos exige Bruselas para 2020. Pero el sector pide ya un calendario claro, con fechas y precios, para programar sus inversiones. Y se quejan de que el Gobierno Rajoy, aunque convoque las subastas por imperativo europeo, no está a favor de las energías renovables y no las apoya al hacer estas polémicas subastas y no asegurar futuras rentabilidades. Y también denuncian que, entre ellas, sólo apuesta por la energía eólica, donde más han avanzado las grandes eléctricas españolas.

La oposición debería presionar el Gobierno para ir más allá de ese 20% de energías renovables para 2020, porque España es un país doblemente interesado en estas energías alternativas a los combustibles fósiles. Por un lado, porque somos el país de Europa más dependiente energéticamente del exterior: importamos el 72,3% de la energía total que consumimos, frente al 53% de media en Europa. Y esa dependencia nos supone un alto coste: la factura del petróleo, carbón y gas importado nos costó 29.563 millones de euros en 2016 (y 57.162 millones en 2013, con el petróleo más caro), casi lo que ingresamos neto por turismo (36.000 millones de euros en 2016). Y por otro lado, porque esta enorme dependencia de los combustibles fósiles nos hace un país “muy sucio”: somos el 5º país europeo que emite más CO2 y el único del continente que emite hoy más CO2 que en 1990.

Deberíamos cambiar radicalmente la política energética y apostar por energías que tenemos de sobra en España, como el sol, el aire, la biomasa o las mareas. Unas energías que tecnológicamente han avanzado mucho y que ya son competitivas y tienen costes incluso por debajo de las térmicas de carbón, gas o fuel. Así, un informe de la Agencia Internacional de la Energía (AEI) estudió en 2015 los costes de 181 centrales en 22 paises y concluyó que las centrales eólicas están entre las que producen electricidad más barata y que se ha abaratado mucho la luz de origen fotovoltaico (solar). Incluso un informe de la ONU señala que las energías renovables serán la fuente de energía más barata en el mundo en 10 años.

Así que el Gobierno Rajoy debería dejar de hacer demagogia con las energías renovables (“son caras y encarecen el recibo de la luz”) y apostar más decididamente por ellas para que tengamos una energía más limpia y más barata, con recursos ilimitados dentro de España. Y de paso, apoyar un sector que puede consolidar su liderazgo en el mundo y una prometedora fuente de inversión y trabajo a medio plazo. Hay que dejar de apostar por el carbón, el petróleo y el gas, desviando sus actuales ayudas (que pagamos todos) a las renovables, como ha pedido el G-7, la OCDE, la Comisión Europea y la AEI, para luchar contra el Cambio Climático. Volcarse en las energías renovables, para abaratar la luz, reducir la dependencia exterior y mejorar el medio ambiente. Apostar ya por el futuro.

miércoles, 3 de abril de 2013

Baja la luz,pero sube la deuda con las eléctricas


Aunque parezca increíble, la luz baja este trimestre (por primera vez desde 2009) un 6,62% (por la caída del consumo y la ayuda de las renovables), aunque no lo notaremos en el recibo, porque en abril vuelve a ser bimestral y por tanto pagaremos el doble de lo habitual. Esta bajada, puramente coyuntural, contrasta con la subida del 3% en enero (más otro 2% en 9 autonomías con impuestos verdes) y el 70% que ha subido la electricidad desde 2008, con lo que los españoles pagamos la luz más cara de Europa, salvo Malta y Chipre. Y a pesar de ello, dicen que los precios no cubren los costes y tenemos una deuda histórica con las eléctricas que ha vuelto a subir en 2012, hasta casi 29.000 millones de euros. Un caos de sistema eléctrico al que el Gobierno ha intentado poner parches, cinco en el último año, en vez de hacer una profunda reforma del sector, que ajuste costes y precios, para que paguemos la luz más barata en el futuro.
 
enrique ortega

Cada trimestre se revisan los precios de la luz para cubrir la variación de costes, incluida la  compensación a las eléctricas por los 7 impuestos que les ha puesto el Gobierno desde el 1 de enero y que están trasladando a los consumidores. Unos costes que no están claros, ya que la Comisión Nacional de la Energía (CNE) ha abierto en febrero dos expedientes a las eléctricas por sospecha de “posible manipulación de precios” en el mercado mayorista. Esta vez, los costes de mercado han bajado, por la caída del consumo y la ayuda del clima (lluvia y viento), que han permitido una mayor aportación de energías renovables más baratas. Con ello, la factura baja este trimestre un 6,62% (por primera vez desde julio de 2009), tras subir un 3% en enero (y un 2% más en las 9 autonomías con impuestos medioambientales). Y apenas lo notaremos porque en abril vuelven a mandarnos el recibo cada dos meses. Además, este año habrá 200.000 familias menos que se beneficien del bono social (2,2 millones), con un recibo más barato (- 23%) por estar en paro, ser familia numerosa o cobrar pensiones mínimas.

A pesar de la bajada de abril, la luz ha subido un 30% en los últimos tres años y un 70% desde 2008, con lo que pagamos la electricidad más cara de Europa, tras Chipre o Malta: una tarifa un 33% mayor que la media europea. Y a pesar de ello, el recibo no cubre los costes reconocidos a las eléctricas, por lo que acumulamos con ellas (desde 2002) un déficit de tarifa que ronda los 29.000 millones de euros, tras haber subido otros 4. 281 millones en 2012. Una hipoteca que tenemos los consumidores y que pagaremos en 15 años: esta deuda se convirtió en títulos, “papelitos” que compran los inversores y cuyos intereses y amortizaciones pagamos en el recibo de la luz, a razón de 3 euros al mes hasta 2025.

Nos suben habitualmente la luz y encima no llega con el recibo para pagar los costes que dicen tiene producirla. Un despropósito que tiene su origen en la liberalización puesta en marcha por el Gobierno Aznar con la Ley del Sector Eléctrico (LSE) de 1997. Allí se estableció un doble sistema de precios. Unos, los de mercado: se fijaba el precio de la luz según lo que le costaba producirla a la central más cara (las térmicas de gas y fuel), lo que beneficiaba a las que producían con menos costes (hidráulicas y nucleares). Es como pagar igual la carne picada, al margen de que se haga con pollo o chuletón de ternera. Y como con ese precio, la mayoría de las centrales (todas menos hidráulicas y nucleares) apenas cubrían costes y no inversiones, se les compensa con otros ingresos, los pagos regulados , que son los que aprueba el Gobierno: primas, pagos por capacidad, incentivos a la inversión o disponibilidad…

Al final, lo que baja en abril son los precios de mercado y el Gobierno no toca los pagos regulados (tampoco lo hizo en enero) para que el recibo no suba. Y es esta parte la que ha tratado de recortar en el último año, dando un tajo sobre todo a las primas a las energías renovables, a las que muchos culpan del déficit de tarifa. Pero no es verdad. Entre 1998 y 2011, las energías renovables (y co-generación) recibieron pagos regulados por 35.000 millones, mientras las centrales convencionales (hidráulicas, nucleares y térmicas) recibieron 53.000 millones. Además, la LSE de Aznar (asesor hoy de Endesa) fijó una compensación a las centrales hidráulicas y nucleares (los CTC), por el cambio de normativa, por importe de 8.660 millones que cobrarían vía tarifas en 13 años. Pero resulta que en junio de 2005 ya habían ingresado ese dinero y siguieron cobrando de más hasta que se quitó un año después (2.500 millones extras de CTC que les hemos “regalado” con el recibo).

En definitiva, que en estos 15 años de la  Ley Eléctrica de 1997, los consumidores hemos pagado más de lo que costaba producir el kilowatio hidráulico y nuclear (pagamos carne picada de pollo a precio de ternera), además de pagarles una compensación extra (CTC) incluso en exceso, y otro sobrecoste en forma de primas a todas las centrales, muchas ya amortizadas (hidráulicas y nucleares), disfrazadas de múltiples conceptos: transporte, distribución, inversiones, disponibilidad…  Tantos costes que no hay recibo que los  cubra.

El Gobierno Rajoy, en lugar de afrontar el problema de fondo (los costes no son reales) ha hecho como Zapatero: subir tarifas y dejar que crezca la pelota del déficit. Además, ha aprobado cinco reformas que son cinco parches: moratoria a las nuevas renovables (no tendrán ayudas), recortes en algunos pagos a las eléctricas tradicionales, supresión del límite de déficit 2012 y olvidar la promesa de liquidarlo en 2013, recorte primas a las renovables en 2013 y, sobre todo, la creación de 7 impuestos eléctricos, para recaudar más y reducir el déficit de tarifa, impuestos que nos repercuten las eléctricas en el recibo.

Cinco cambios inútiles, porque el déficit eléctrico ha crecido en 2012 (+4.281 millones), lo que ha obligado a aprobar un crédito extraordinario de 2.200 millones, que pagamos todos con nuestros impuestos. Y volverá a crecer en 2013 : sólo en enero, el déficit ha sido de 692 millones (+25% sobre enero 2012). Por eso, el Gobierno prepara un sexto parche para antes del verano: recortará otros 2.000 millones de pagos a las eléctricas  (en transporte, distribución y primas a las renovables) y cargará otros 2.000 millones de deficit a los Presupuestos, que pagaríamos todos los contribuyentes.

¿Cómo arreglar este disparate de sistema eléctrico? Pues yendo al origen del problema: ajustando producción (sobran centrales: hay 100.000 Mw instalados para un consumo de 40.000Mw) y costes, pagando el kilowatio por lo que cuesta realmente producirlo, sin regalos para las hidroeléctricas y nucleares (ya amortizadas), pinchando la burbuja del gas (centrales muy subvencionadas y que sólo funcionan a un tercio de capacidad) y recortando subvenciones injustificadas al transporte, la distribución y la disponibilidad, así como  a las grandes empresas consumidoras (les subvencionamos con 749 millones este año). En total, unos 4.000 millones al año menos de costes y de nuestro recibo.

Y todo ello, apoyando y no penalizando a las energías renovables, porque son la garantía de futuro: entre 2015 y 2020, las tres principales tecnologías (eólica, fotovoltaica y solar de concentración) alcanzarán costes de producción inferiores a las centrales térmicas de fuel y gas. Y además, España (el país más dependiente del petróleo y gas importados)  tiene que cumplir la exigencia europea de que un 40% de la electricidad se produzca con renovables para 2020 (ahora es un 32%).

Hay que recortar costes e ingresos no justificados a las centrales hidráulicas, nucleares y de gas, no a las renovables. El problema es que ningún Gobierno se atreve, porque es enfrentarse a un poderoso oligopolio. Pero no hacerlo es mantener la actual locura de costes y con ello, un recibo por las nubes y unos precios de  la luz que impiden a nuestras empresas competir con Europa. Es una de las grandes reformas pendientes, de una vez y para muchos años. Hay que pactarla ya y dejarse de parches que pagamos todos en cada recibo.