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jueves, 9 de marzo de 2017

Contaminación: ultimátum europeo a España


La Comisión Europea lanzó a mediados de febrero un ultimátum a España y otros 4 países: o toman medidas en 2 meses contra la contaminación en las grandes ciudades o les llevarán al Tribunal europeo de Justicia y les impondrán fuertes multas. Bruselas propone recortar el tráfico, fomentar coches menos contaminantes y subir los impuestos al gasóleo, porque somos el 4º país que los tiene más bajos y donde circulan más coches diésel (los más contaminantes). Pero el Gobierno Rajoy no ha hecho nada todavía, quizás porque el automóvil es la tercera industria del país, mantiene 2 millones de empleos y recauda 26.000 millones al año. Mientras, la contaminación causa 400.000 muertes al año en Europa, 26.800 en España (24 veces más que los accidentes de tráfico). Urge tomar medidas de fondo (renovación  del parque con coches más limpios y subida gasoil), no sólo limitar los coches como han hecho Madrid o Barcelona. El coche es importante pero su contaminación nos mata silenciosamente.
 
enrique ortega

Es la otra cara del Cambio Climático: el crecimiento y el desarrollo insostenibles destrozan no sólo el clima sino también el aire de las ciudades. Así, el 92% de la población mundial vive en lugares donde no se respeta la calidad del aire, según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de septiembre 2016. En Europa, un tercio de los ciudadanos respira un aire contaminado, por encima de los límites que establece la Comisión Europea, quien acaba de recordar que cada año se producen 400.000 muertes por contaminación en Europa, de ellas 26.800 en España (24 veces más que las muertes por accidente de tráfico). Precisamente, un 95% de los españoles (44,8 millones de personas) respiran aire contaminado que supera los límites marcados por la OMS, según un informe de Ecologistas en Acción. Y si se toman los límites de la UE (más laxos), un tercio de los españoles (36%, 16,8 millones) respira un aire que infringe las normas europeas.

En el aire que respiramos cada día hay 5 tipos de contaminantes. El que más ha crecido es el dióxido de nitrógeno (NO2), un gas tóxico que procede en un 80% de los vehículos (sobre todo los diésel) y que afecta sobre todo a Madrid, Barcelona y otras 11 grandes ciudades españolas, con 12 millones de habitantes afectados. El contaminante más grave son las partículas PM10 y PM2,5 (M son micrones: milésimas de milímetro de diámetro), cien veces más finas que un cabello, uno de los principales causantes del cáncer de pulmón, según la OMS. El 65% las producen los automóviles (por la combustión y desgaste de frenos, ruedas y pavimento) y el resto las calefacciones, centrales térmicas e industrias. El tercer contaminante y el más extendido (media España incumple los límites europeos) es el ozono troposférico (O3, el “ozono malo”), producido sobre todo en verano por la fotooxidación de NO2 y compuestos orgánicos volátiles (COVs), procedentes de vehículos, calefacciones e industrias. El cuarto contaminante es el dióxido de azufre (SO2), producido sobre todo por algunas industrias (refinerías y químicas) y que afecta sobre todo a la bahía de Algeciras y Tenerife. Y el último contaminante que respiramos es el benzopireno (BaP), producido por el uso de estufas de madera y calefacciones de biomasa: afecta a 9 de cada 10 habitantes urbanos en Europa, según la Agencia Europea de Medio ambiente (AEMA), aunque en España nos afecta menos y hay pocas estaciones de detección.

Está científicamente demostrado que estos cinco contaminantes en el aire afectan muy negativamente a la salud. El ozono troposférico agrava las enfermedades respiratorias y la contaminación de los motores diésel causa cáncer de pulmón y de vejiga, según certificó la OMS en julio de 2012. La contaminación también provoca enfermedades cardiovasculares y arritmias, asma infantil, problemas en los fetos (bajo peso al nacer), crisis cardiorrespiratorias a los ancianos y hasta diabetes y obesidad, según numerosos estudios médicos. Y lo último: en octubre de 2013, la Agencia de Investigación del Cáncer (IARC) clasificó la contaminación ambiental como “cancerígena, sin ninguna duda científica”. De ahí que se estimen 26.800 muertes al año por la contaminación en España, de ellas 2.000 en el gran Madrid y 3.500 en las 40 ciudades del área metropolitana de  Barcelona.

Un  coste muy alto en vidas humanas, al que hay que sumar el deterioro del medio ambiente y los cultivos. De ahí que la contaminación cueste a España entre 20.000 y 42.000 millones al año, según un cálculo de la AEMA, que estima entre 59.000 y 189.000 millones el coste para toda Europa, entre muertes prematuras, costes de hospitalización, enfermos, pérdidas de horas de trabajo y daños en cosechas y medio ambiente.

La Comisión Europea ya aprobó en 2008 una Directiva (2008/50/CE), que entró en vigor en 2010, estableciendo límites para los contaminantes en el aire, sobre todo el NO2 y las partículas PM10 y PM2,5. Ya entonces, las organizaciones ecologistas y la propia OMS se quejaron de que los límites de la Unión Europea eran bastante laxos, por presiones de la poderosa industria automovilística europea : el doble del límite legal en EEUU y 2,5 veces los límites que recomienda la OMS. Pero aun así, los paises europeos no los cumplen y varias ciudades, como Madrid y Barcelona, pidieron incluso moratorias (denegadas por Bruselas) para retrasar cinco años la obligación de aplicar estos límites.

En 2015, a la vista de que los paises no cumplían ni los suaves límites fijados a la contaminación del aire, la Comisión Europea llevó a España y a otros 11 paises europeos al Tribunal Europeo de Luxemburgo, donde están pendientes de decidir las multas que nos imponen. Y ahora, el 15 de febrero de 2017, la Comisión Europea ha aprobado un dictamen de “última advertencia” a 5 paises europeos “por violación constante de los límites de N02 en muchas ciudades”. Se trata de Alemania (incumple los límites en 28 zonas de Berlín, Múnich, Hamburgo y Colonia), Francia (incumple en 19 zonas de París Marsella y Lyon), Reino Unido (incumple en 16 zonas de Londres, Birmingham, Leeds y Glasgow), Italia (incumple en 12 zonas de Roma, Milán y Turín) y España (incumple en 3 zonas, 1 de Madrid y 2 de Barcelona). Junto a esta advertencia, la Comisión lanza a estos cinco países un ultimátum: o toman medidas antes de 2 meses (15 abril) o llevarán el asunto al Tribunal europeo de Luxemburgo, lo que supone arriesgarse a costosas multas.

La nota de la Comisión recuerda además que estos son los casos más flagrantes y reiterados de incumplimiento, pero que la mala calidad del aire es un problema en 23 de los 28 países miembros de la UE, donde se siguen rebasando los límites establecidos por la Directiva de 2008, concretamente en más de 130 ciudades de toda Europa. A la cabeza de las más contaminadas (en N02) está Londres (supera los 90 microgramos/m3, más del doble del límite legal europeo de 40 microgramos), seguida de Stuttgart (88), Múnich (82), París (80), Marsella (78), Lyon (72), Turín (70), Glasgow (68), Florencia (65) y Roma (65). Berlín (61) está en el puesto 12 del ranking de contaminación, Milán (58) en el  17, Ámsterdam (57) en el 19, Fráncfort (56) en el 21, Nápoles (55) en el 22, Lisboa (54) en el 25 y Madrid (53,5) está en el puesto 27, un puesto por delante de Barcelona (52,5 microgramos NO2). Además, en España superan el límite europeo de 40 microgramos de N02 Valencia (46,4), Tarrasa (45,4), Mollet del Vallés (44,4), Sabadell (43,4), San Adrián de Besós (42,4) Granada (42,4), Murcia (42,4), Barberá del Vallés(40,4) y Badalona (40,4).

Si ahora hay tantos paises y ciudades que incumplen la Directiva europea 2008 contra la contaminación, pronto los incumplimientos serán mayores, porque el Parlamento Europeo aprobó en diciembre pasado una nueva Directiva TNE (techos nacionales de emisión), que tendrán que aplicar todos los paises a partir del 30 de junio de 2018. En ella se fijan límites más estrictos para el año 2030 para las emisiones de óxidos de nitrógeno (-63%), partículas finas (-49% PM2,5), compuestos orgánicos volátiles (-40%), S02 (-79%) y amoniaco (-19%), además de incluirse dos nuevos contaminantes a limitar. El metano (gas efecto invernadero) y las partículas conocidas como “carbono negro”. Esta nueva Directiva obliga a España y a los demás paises europeos a aprobar Planes nacionales con inversiones y medidas adicionales para reducir los contaminantes en el aire de aquí a 2030. 

España tiene una contaminación del aire menos grave que Alemania, Francia, Reino Unido o Italia, pero también parte de una situación estructural peorpor cuatro razones. La primera, porque tenemos más coches: somos el cuarto país del mundo con más coches por habitante (479 por 1.000 habitantes), tras Italia (602), Alemania (510) y Francia (495), por delante de EEUU (439) y Japón (450). La segunda, porque además, nuestras ciudades son menos extensas, con lo que se concentran más coches en menos espacio: 5.700 turismos por km2 en Barcelona, 2.600 en Valencia y 2.300 en Madrid frente a 1.500 turismos por km2 en Berlín o Roma y 1.300 en Londres. La tercera, porque tenemos más vehículos antiguos, los que más contaminan: la edad media del parque en España es de 12 años frente a 8 años en la UE.Y el 60% de nuestros vehículos tendrán en 2017 más de 10 años, frente al 35% con esa antigüedad en Reino Unido, el 42% en Francia o el 50% en Italia. Y la cuarta y más importante: somos el país con más coches diésel circulando: un 60% del parque frente al 40% en Europa. Y los diésel emiten 6 veces más NO2 y partículas que los de gasolina.

De momento, el Gobierno Rajoy no ha dicho nada del ultimátum de Bruselas, que exige tomar medidas urgentes antes del 15 de abril y aprobar además un Plan antes del verano de 2018 para cumplir la nueva Directiva europea. En España, lo más urgente es subir los impuestos al gasóleo, algo que ha pedido en su ultimátum (15 febrero) la Comisión Europea, que también lo reiteró en su Informe 2017 sobre España (22 febrero 2017) y en su último informe sobre las políticas ambientales de la UE-28 (3 febrero 2017), tres veces en un mes, tras pedirlo el FMI y la OCDE en múltiples ocasiones. Y eso porque España es el 4º país con los impuestos al gasóleo más bajos: suponen un 50,7% del precio final, cuando en la eurozona son el 57,5%, en Alemania el 56,1%, en Francia el 57,1%, en Italia el 59,6% y en Reino Unido el 56,3%. No se justifica que el gasóleo pague un 5% menos de impuestos, 6 céntimos/litro menos que la gasolina, cuando contamina seis veces más. Por eso somos el país con más turismos diésel de Europa (sin contar camiones y furgonetas, con gasoil, que suponen el 94% del transporte, frente al 75% en Europa, donde pesan más el tren y el barco).

Subir el impuesto al gasoil al nivel de la eurozona supondría subirlo 8,2 céntimos por litro, algo a lo que se niega el Gobierno Rajoy, que no ha subido nunca  este impuesto desde 2011. Pero la Comisión Europea cree que España debería subir además otros impuestos medioambientales, porque somos el tercer país que menos recauda por ellos (tras Lituania y Eslovaquia), a pesar de ser el país europeo que más ha aumentado las emisiones de CO2). Con ello, Bruselas pide al Gobierno que suba los impuestos “verdes” a las empresas y particulares que más contaminan, desde eléctricas y refinerías a cementeras, químicas y acerías. Igualar los impuestos verdes a la eurozona nos permitiría recaudar 6.700 millones de euros más, muy necesarios para luchar contra las emisiones de CO2 y la contaminación.

Harían falta más medidas. Unas dirigidas a renovar el parque de vehículos, sustituyendo coches de gasóleo por coches de gasolina menos contaminantes y más híbridos y eléctricos. España es el 10º país europeo en venta de coches híbridos (31.019 matriculados en 2016) y eléctricos (4.746), que representan sólo el 2,6% de las ventas, muy lejos de Francia, Noruega o Reino Unido, los líderes de un mercado europeo que sólo vende 200.000 coches “alternativos” (híbridos y eléctricos) , de los más de 15 millones de coches vendidos en 2016. Para animar este cambio, habría que subir el impuesto de matriculación a los coches más contaminantes y fomentar (con ayudas e incentivos fiscales) el cambio a coches híbridos y eléctricos, sobre todo de autobuses, taxis, flotas de vehículos comerciales y de reparto, vehículos  de grandes empresas y vehículos de las Administraciones públicas. Y en paralelo, habría que negociar con las grandes petroleras para que redujeran a medio plazo los elementos contaminantes de los carburantes, como hizo Obama en EEUU.

Además, urge fomentar de verdad el transporte público en las ciudades, con tarifas atractivas, mejora del servicio y la calidad, junto a más aparcamientos en zonas de acceso. Y limitar de una vez el tráfico en el centro de las ciudades, sobre todo a los coches más viejos (Barcelona prohibirá circular en 2019 a los vehículos con más de 20 años), una medida inicialmente polémica pero muy efectiva a medio plazo (como lo fue la prohibición de fumar en lugares públicos). Y por supuesto, tomar también medidas para reducir la contaminación de las calefacciones (favoreciendo el cambio de calderas y los sistemas de ahorro) y, sobre todo, de las grandes empresas que contaminan  zonas industriales (vea las 10 que más contaminan) y cuyos contaminantes acaban en los pulmones de personas que viven a cientos de kilómetros.

Todos estamos enganchados al automóvil, pero debemos saber que es el principal causante de la contaminación, sin olvidar las viviendas y las industrias. Reducir la contaminación a niveles saludables exige tiempo y dinero, sin demagogias ni “medidas milagro”, al margen de quienes sean los políticos que manden en cada ciudad.  Pero hay que empezar ya, tomando medidas eficaces, aunque sean duras y costosas. Porque más duras y costosas son las 73 muertes diarias que causa el aire contaminado cada día. En silencio, pero mata.

domingo, 21 de abril de 2013

Respiramos uno de los peores aires de Europa


Ahora que ha dejado de llover, volveremos a preocuparnos de la contaminación, que fue grave a principios de 2011 y 2012. La Agencia Europea de Medio Ambiente nos acaba de recordar que media España respira un aire que supera todos los límites fijados por Bruselas y que somos el único país europeo, con Luxemburgo, cuyo aire ha empeorado. Y esto provoca graves enfermedades y 20.000 muertes al año. El Gobierno acaba de aprobar un Plan Aire 2013-2016, que contempla limitar el acceso de coches a las ciudades y subir los impuestos a los más contaminantes. Pero es insuficiente. Hay que tomar medidas más drásticas, como subir los impuestos al gasóleo (que paga menos y contamina 6 veces más que la gasolina), dar más ayudas para cambiar de coche, no subir tanto el transporte público y conseguir unos carburantes y coches menos contaminantes. Nos jugamos la salud y nuestras ciudades.
enrique ortega

España es uno de los siete países que incumplen los límites a la contaminación impuestos por la Comisión Europea (Directiva 2001/81) para 2010, junto a Luxemburgo, Austria, Francia, Alemania y Bélgica. Y el único, con Luxemburgo, que ha empeorado sus emisiones de gases contaminantes (2011), según el último informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente.

España rebasa los límites europeos en las emisiones a la atmósfera de cuatro gases  contaminantes muy nocivos para la salud: dióxido de nitrógeno (NO2), partículas en suspensión (PM10), ozono troposférico (03) y dióxido de azufre (SO2). Y de un quinto que afecta a las zonas rurales: el amoníaco (NH3), producido en la agricultura y ganadería por el uso de fertilizantes y la gestión del estiércol.

El mayor problema es el incumplimiento límites de dióxido de nitrógeno (NO2), un gas tóxico que procede en un 80% de los vehículos y cuyo techo europeo se ha superado (2011) en 13 ciudades, con 12 millones de habitantes : Madrid (capital, zona sur y corredor del Henares), Barcelona, Vallés y Baix Llobregat, Sevilla, Granada y Palma, según los mapas del Ministerio de Medio Ambiente.

Sin embargo, el incumplimiento más grave es la emisión de partículas (PM10), en un 35-50% también procedentes de los vehículos (el resto, de calefacciones, industrias y térmicas), porque son las más nocivas para la salud. Superan el límite europeo un abanico de ciudades de toda España, con 7,2 millones de habitantes: Barcelona, Vallés y Baix Llobregat, Plana de Vic, Terres de Ponent, La Rioja, Bilbao y bajo Nervión, Gijón y Asturias central, Granada y Bailén.

El incumplimiento más extendido es la superación de los topes de ozono troposférico (O3), el ozono “malo” (el “bueno”, el estratosférico, filtra la radiación solar), producido sobre todo en verano por la fotooxidación de NO2 y compuestos orgánicos volátiles (COVs), procedentes de vehículos, calefacciones, térmicas e industrias. Media España (Madrid, sur de Castilla y León, mitad sur de España, la Rioja, valle del Ebro y Cataluña) incumple los límites europeos de O3, afectando a 22,6 millones de habitantes, según Medio Ambiente. Y España es el país europeo que más veces rebasó los niveles saludables de este gas irritante.

Por último, dos zonas españolas superan los límites europeos de dióxido de azufre (SO2), producido por la industria (refinerías y químicas): la bahía de Algeciras y Santa Cruz de Tenerife, afectando a 580.000 personas.

Estas emisiones de gases son nocivas para la salud y para la tierra (acidifican el suelo y dañan los cultivos), no sólo en España, sino que “viajan” a grandes distancias, produciendo lluvia ácida. Está científicamente demostrado que la contaminación del aire produce enfermedades respiratorias (asma, bronquitis, enfisema), cardiovasculares, tumores, ictus, partos prematuros y hasta diabetes y obesidad, sobre todo en los grupos de riesgo: niños, ancianos y enfermos crónicos. Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha aumentado su alerta y pide a los Gobiernos rebajar más los límites (que ahora se incumplen), sobre todo de las partículas más pequeñas (PM2,5 micras), las más peligrosas y que muchas ciudades no miden.

Frente al aire contaminado, un grave problema en toda Europa (más del 80% de la población europea está expuesta a una contaminación que supera las recomendaciones de la OMS), las soluciones son dispares. Hay ciudades, como Londres, que pusieron en 2003 un peaje diario a los vehículos. Otras, como Milán, tienen desde 2007 un protocolo para cerrar el centro al tráfico cuando hay contaminación excesiva (lo han hecho tres veces). Y en Berlín, desde 2008 se  restringe el tráfico en el centro a los coches más contaminantes, medida que aplican ya más de 400 ciudades europeas. En España, se ha optado por la trampa de cambiar de sitio las estaciones de medida (Madrid o Zaragoza) o pedir una prórroga de cinco años a Bruselas para cumplir los límites (se la ha negado a Barcelona y está pendiente Madrid), sin tomar medidas decididas, a pesar de los graves problemas a principios de 2011 y 2012.

Ahora, el Gobierno Rajoy quiere tomar medidas, con el Plan Aire 2013-2016, que se está debatiendo con autonomías, Ayuntamientos e instituciones. Pretende crear un marco común para todas las ciudades (ahora cada Ayuntamiento va a su aire) y promover tres medidas concretas: limitar la velocidad de circulación, poner colores a los coches (según lo que contaminen) para limitar su acceso a las ciudades (no se atreven a imponerlo a los Ayuntamientos y lo estudiará un Grupo de trabajo para aplicarlo en 2015) y subir el impuesto de circulación a los coches que más contaminen (crean una comisión con Hacienda y los Ayuntamientos).

Es un paso, pero insuficiente. Porque España tiene un problema de contaminación más grave que el resto de Europa. Primero, porque tenemos demasiados coches: en 1980 había uno por cada cinco habitantes y en 2010 son dos, con lo que somos el cuarto país del mundo con más coches por habitante (480 por 1.000), tras Italia (600), Alemania (510) y Francia (495), por delante de EEUU (439) y Japón (450). Pero sobre todo, porque somos “un país diésel: el 60% de vehículos circula con gasóleo frente al 37% en Europa. Un carburante que emite seis veces más NO2 y partículas PM10 que la gasolina.

Por eso, es urgente tomar medidas valientes. La primera, subir el impuesto al gasóleo (compensando a los transportistas), como piden  Bruselas y el FMI, ya que paga menos que en Europa y menos que la gasolina. Para equipararlos, habría que subirlo 7 céntimos litro. La segunda, que paguen más impuestos los coches más contaminantes. La tercera, más rigor en el control de la ITV: un 20% de los coches con más de 10 años (los que más contaminan) no la pasan, según  un estudio de la Universidad Carlos III. Cuarta, aumentar las ayudas para cambiar de coche, porque en 2014 la mitad tendrán más de 10 años. Quinta, fomentar el transporte público de verdad, congelando tarifas (ha subido un 8,1% en 2013 y más del 30% con la crisis) y mejorando el servicio, con autobuses menos contaminantes. Y limitar de verdad el acceso al centro de las ciudades con problemas.

A medio plazo, hay que tomar dos medidas de fondo. Una, conseguir carburantes menos contaminantes, lo contrario de lo que ha hecho el Gobierno este año penalizando doblemente los biocarburantes (bajando su porcentaje del 6,5 al 4,1% y quitándoles la exención fiscal). Un camino que acaba de seguir EEUU: Obama ha aprobado el Plan Tier 3 para reducir los óxidos de nitrógeno (-80%) y el azufre (-60%) en los carburantes para 2017. La otra, pactar con  la industria para fabricar automóviles menos contaminantes, a la vez que se apoyan de verdad (sólo 10 millones de ayudas, retrasadas) los coches híbridos y eléctricos (un fracaso: se venden 1,2 al día).Carburantes y coches más limpios aunque más caros.

Todo ello supone enfrentarse a grupos muy poderosos (petroleras, industria automovilística) y tomar medidas impopulares (penalizar el coche), además de gastar más, en medio de la crisis. Pero no podemos seguir respirando veneno, más en cuanto la economía crezca. La contaminación causa ya 20.000 muertos al año, según Ecologistas en Acción. Y provoca otros costes, sanitarios y medioambientales, por 20.000 millones al año, según el Observatorio de la Sostenibilidad. Hay que pararla antes que nos carguemos nuestras ciudades de forma irreversible.