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jueves, 23 de enero de 2025

FITUR 2025: a por 100 millones de turistas

Hasta el domingo, se celebra en Madrid FITUR, la 2ª Feria de turismo más importante del mundo. Y el sector está eufórico: 2024 ha sido otro año récord, de turistas (94 millones) e ingresos (126.000 millones de euros), tras el récord de 2023. Además, el turismo creció no sólo en verano, sino mucho más fuera de temporada (récord en el 1º y 2º trimestre), atrayendo a más turistas de EEUU, Latinoamérica y Asia, que no sólo buscan sol y playa sino cultura, ocio, gastronomía y negocios. Y el turismo ha aportado la cuarta parte de nuestro crecimiento en 2024, Ahora, se espera superar los 100 millones de turistas en 2025, una cifra preocupante, por la saturación de turistas en muchas zonas, que ha provocado manifestaciones y exceso de pisos turísticos. Es hora de parar, tras los récords, y trazar una “hoja de ruta” para el futuro: qué turismo queremos y podemos asumir sin costes medioambientales y sociales. Ojo a morir de éxito.

                        FITUR 2025

En vísperas de FITUR (22-26 enero), el Gobierno anticipó el balance del turismo em 2024, cuyos datos oficiales publicará el INE el 3 de febrero: 94 millones de turistas, un +10,72% que en 2023 (85,1 millones), otro año récord histórico y 10,5 millones de visitantes extranjeros más que antes de la pandemia (83,5 millones en 2019). A falta de los datos de diciembre, el aumento de turistas se dio en 2024, sobre todo,  entre los turistas de EEUU (+11,95%), Latinoamérica (+12,01%) y el resto del mundo (+19,38%), aunque también crecieron los turistas europeos (+3,5%, sobre todo los italianos (+12,57%), irlandeses (+11,78%), franceses (+11,47%) y neerlandeses (+10,65%), aunque el grueso de visitantes han sido, como siempre, los británicos (17,5 millones hasta noviembre), franceses (12,2 millones), alemanes (11,3 millones) e italianos (5,06 millones), según el INE.

Este aluvión de turistas extranjeros han ido en 2024 a las 6 autonomías que viven del turismo: Cataluña (18,88 millones de turistas hasta noviembre, +9,93%), Baleares (15,12 millones, +6,10%), Canarias (13,77 millones, +9,56%), Andalucía (12,91 millones, +11,69%), Comunidad Valenciana (11,2 millones, +15,46%, el mayor aumento) y Madrid (8,22 millones, +13,54%), repartiéndose los 8,35 millones de turistas restantes entre  las otras 11 autonomías.

Además, en 2024, el turismo en España ha conseguido otro récord histórico: el gasto de estos turistas extranjeros ha subido a 126.000 millones de euros, un +16% que en 2013, que también fue récord (con 108.789 millones ingresados). Son 35.000 millones más de ingresos por turismo que antes de la pandemia (91.912 millones en 2019. El gasto medio por turista fue de 1.342 euros en 2024 (245 euros más por estancia que antes de la pandemia), debido a que crecen más los turistas que más gastan, los no europeos: 310 euros diarios gasta un turista que viene de Asia (Japón, China o Corea) y 244 un turista norteamericano, frente a 144 euros diarios que gasta un italiano, 139 un francés, 135 un británico, 127 un alemán, 106 un neerlandés o 71 euros diarios que gasta un turista portugués, según el INE.

En paralelo a este aumento récord del turismo extranjero (+10,72%), el turismo nacional ha crecido menos dentro de España (las pernoctaciones en hoteles han aumentado +0,3% y su gasto ha crecido un +3,7%) pero se han disparado los viajes al extranjero (+16%), aumentando mucho los viajes en tren (AVE) y avión dentro de España. En conjunto, los turistas extranjeros y nacionales han permitido que el sector turístico alcance otro año de facturación récord: 207.763 millones de euros, con lo que el sector (PIB turístico) ha crecido un +6,5%, el doble que la economía (3,1%), como viene pasando desde 2021. Y los beneficios del sector turístico han crecido un +8,2%, sobre todo los hoteles urbanos, el ocio y los campos de golf.

Y con ello, el turismo ha vuelto a crear mucho empleo: +72.310 nuevos empleos en 2024, el 96,7% contratos indefinidos, con predominio de los contratos a tiempo completo (el 79%), según la patronal Exceltur. Y si en 2019, 1 de cada 3 contratos turísticos eran temporales, en 2024 lo eran sólo 1 de cada 5. Con ello,  ya hay 2.688.608 personas trabajando en el turismo, casi 1 de cada 7 ocupados (el 12,7%). Y hay que resaltar que 1 de cada 4 empleos creados en España desde 2020 ha sido en el turismo (+493.000 empleos).

El turismo en España no sólo es una fuente de ingresos, actividad y empleo sino que se consolida como el gran motor del crecimiento económico, junto al consumo público y privado y las exportaciones: en 2024, más de la cuarta parte de lo que creció la economía española (el 26,1%) fue por el turismo, según Exceltur, quien estimó en el 70,8% la aportación del turismo al crecimiento de la economía en 2023 y el 68% en 2022. De hecho, el turismo se consolida como la primera industria española, la que más aporta a la actividad económica (el 13,1% del PIB en 2024).

Con todo, el nuevo récord de turistas, ingresos y empleo no es lo único destacado de 2024. El balance del Gobierno destaca 4 datos cualitativos que son muy esperanzadores. El primero y más importante, la “desestacionalización” del turismo que vino a España en 2024: tuvimos un verano récord (31,37 millones de turistas, +7,8%), como es habitual, pero la llegada de turistas creció más en el primer trimestre  (16,1 millones, +17,7%, gracias a que la Semana Santa fue en marzo) y en el 2º trimestre (26,4 millones de turistas,+11,6%). Eso indica que España no es sólo un destino de verano, de sol y playa, sino que los extranjeros hacen “escapadas” a España a lo largo de todo el año, lo que mantiene abiertos hoteles y locales turísticos, los ingresos y el empleo. Un cambio clave.

El 2º cambio del turismo en 2024, ligado al anterior, es “la diversificación” del turismo, que ya no busca únicamente sol y playa sino que viaja a España buscando cultura, ocio, gastronomía, deporte y negocios o sanidad. Y eso lleva al tercer cambio, la “desconcentración” del turismo, que ya no se dirige sólo a la costa y a las islas sino que busca también la España verde del norte (más con las altas temperaturas del verano) o la España interior. Así, los datos de “pernoctaciones” (estancias en hoteles) revelan que el mayor aumento de ocupación hotelera se ha dado, en 2024, en Asturias (+7,1%), Castilla la Mancha (+5,4%), Extremadura (+5,3%), Castilla y León (+4,9%) y Aragón (+4,5%), por encima de Canarias (+3,8%), Baleares (+3,1%), Cataluña (+2,2%), Madrid (+1,3%)  y Andalucía (+1,2%), según datos del INE (pernoctaciones enero-noviembre 2024).

Y el 4º cambio del turismo en 2024 ha sido “la consolidación de nuevos mercados”, el mayor crecimiento de los turistas que vienen de fuera de Europa, sobre todo de EEUU, Asia y Latinoamérica, con 2.192.000 turistas más de estas procedencias en 2024 que en 2019. Un cambio importante (aunque todavía el 84% de los turistas que vienen son europeos), porque gastan más dinero en España y además ocupan hoteles y nos visitan sobre todo fuera de temporada, buscando otro turismo distinto del modelo de “sol y playa”. Y que buscan calidad, seguridad y una oferta diversificada, frente a otros destinos mediterráneos.

El punto negro del balance, para los turistas extranjeros y nacionales, son los altos precios turísticos, que se han disparado tras la pandemia. En 2024, los hoteles moderaron sus subidas (+3,9%), pero fueron muy altas en 2023 (+7,8%), 2022 (+11,8%) y, sobre todo en 2021 (+31,9%), aunque bajaron en 2020 (-18,3%), según el INE. Con ello, las tarifas hoteleras han subido en España +37,1% desde antes de la pandemia, una barbaridad, con lo que el ingreso medio por habitación es de 147,7 euros en Barcelona, 126,2 en San Sebastián, 119,11 en Málaga 117,3 en Madrid, 116,8 en Palma o 102,8 en Sevilla, según Exceltur. Y también han subido mucho en 2024 los vuelos nacionales (+11,3%), los internacionales (+9%) y el precio del transporte marítimo y los cruceros (+13,2%), según el INE.

Ahora, el sector espera que España supere los 100 millones de turistas en 2025. Si este año los visitantes crecieran otro 10% (como en 2024), se cerraría 2025 con 102,5 millones de turistas, casi el doble que en 2012 (57,46 millones). Y sobre su gasto, la previsión es que podríamos ingresar 146.160 millones de euros por turismo en 2025, el doble que en 2016 (77.416 millones).  Con estas perspectivas, el sector espera crecer este año un +6% (+6,5% en 2024) , otro vez más que la economía (+2,5%) . Y que el turismo sea otro año más el motor de la economía española, aportando la quinta parte del crecimiento (el 20,6%) en 2025.

A favor de este nuevo récord esperado para 2025 está que la economía europea crecerá algo más, que los conflictos en oriente Medio perjudican a otros destinos competidores y que España sigue siendo un destino turístico muy competitivo, máxime si este año aumentan menos los precios turísticos y la inflación general. Pero los expertos destacan dos cuestiones preocupantes. Una, el exceso de turismo en algunas zonas de costa e islas, que ya ha despertado protestas y manifestaciones en Canarias, Baleares, Barcelona, Málaga o Valencia. Un problema, la “turismofobia”, alimentado por las quejas de los vecinos ante el exceso de turistas, la subida consiguiente de precios, los atascos en los servicios (sanidad, seguridad, infraestructuras) y la negativa influencia de los pisos turísticos, que han disparado los alquileres en las capitales más turísticas. De hecho, ya hay 396.883 viviendas turísticas en España, según el INE (agosto 2024). Y en 10 grandes ciudades españolas hay más plazas en pisos turísticos que en hoteles (Málaga, Valencia, Sevilla, Alicante, Granada, Córdoba, Las Palmas, Santander, Gijón y Murcia), según denuncia Exceltur.

El otro problema es que llegar a 100 millones de turistas es insostenible para el medio ambiente, desde el consumo de agua o electricidad a las emisiones de CO2 que se generan (la mayoría de los turistas extranjeros llegan en avión y se mueven en coche), más los desechos y basuras. A nivel mundial, el turismo genera un 8,8% de las emisiones mundiales y han crecido un 3,5% anual entre 2009 y 2019, el doble que las del resto de sectores, según un estudio de Nature Communications. Y España ocupa el puesto número 19 en el ranking de emisiones por turista, sobre todo por los vuelos internacionales.

Ahora, cuando España puede saltar de los 100 millones de turistas, la pregunta es obligada: ¿es sostenible esta cifra? Es evidente que hay destinos turísticos saturados y no sólo las costas e islas en verano, también muchas ciudades cualquier fin de semana (Barcelona, Sevilla, Córdoba, Málaga, Palma, San Sebastián, Toledo, Santiago, Alicante…). Viajar se ha convertido en una “necesidad” tras la pandemia y el turismo (interior y extranjero) colapsa aeropuertos, trenes, carreteras, hoteles, restaurantes, bares y zonas turísticas. Hay que poner orden en este crecimiento, si no queremos “morir de éxito”.

La oportunidad para hacerlo es la “Estrategia de Turismo Sostenible 2030, que debería aprobarse en el primer trimestre de 2025, dentro del Consejo Español del Turismo. Ahí debería acordarse una “hoja de ruta” para el turismo en lo que queda de década, planteando objetivos, inversiones y medidas. Se trata por un lado de adaptar la oferta, para seguir reconvirtiendo (con los Fondos europeos 3.400 millones ya adjudicados) los destinos de sol y playa (en colaboración con los municipios turísticos afectados) y promoviendo los destinos alternativos de turismo de interior, cultural, gastronómico y de ocio, junto al turismo de negocios en las grandes ciudades. Y por otro, reorientar la política de promoción, para dirigirla a destinos más lejanos, a turistas que gastan más y vienen todo el año.

No se trata de batir el récord de turistas cada año, como si no hubiera tope ni existieran problemas medioambientales y de saturación de infraestructuras. Hay que buscar un turismo de más calidad, no más turistas, que sea compatible con la vida de los pueblos y ciudades donde llegan. Es un difícil equilibrio que exige planificación, inversiones y medidas, pero sobre todo acuerdos entre Administraciones. Hace falta un gran Pacto por el futuro del turismo, para que sea sostenible a medio plazo. Tras tantos récords y ante los 100 millones de visitantes, es hora de parar, sentarse y repensar el futuro del turismo. Si no, corremos el riesgo de “matar la gallina de los huevos de oro”.

 

jueves, 5 de octubre de 2023

Turismo: verano récord...pero menos

Ha sido un verano turístico récord, pero menos de lo esperado: en agosto llegaron menos extranjeros que en julio y en ambos meses vinieron 20,2 millones de extranjeros, todavía menos que en 2019 (y que en 2017). El problema ha estado en los turistas alemanes, británicos y nórdicos, que han aumentado menos, por el estancamiento en Europa, los altos precios y las olas de calor, aunque han venido más turistas americanos y del resto del mundo. En cuanto al turismo nacional, en agosto cayeron las pernoctaciones en hoteles, quizás por la subida de tarifas (+6,7%). Lo que sí han batido récords han sido los ingresos por turismo: 73.393 millones de euros hasta finales de agosto, +24,3% que el año pasado y más que en 2019, debido a la subida generalizada de los precios, que ha recortado la estancia de los turistas. Ahora, el turismo parece desinflase (perdió empleo en septiembre) y ayudará menos a crecer este año. Es hora de reconvertirlo a fondo, desestacionalizarlo y hacerlo más sostenible.

                                            Enrique Ortega

No se sabe todavía si ha sido el calor, los precios disparados o el exceso de turistas, pero en agosto no llegaron a España el aluvión de extranjeros que se esperaban. Si en julio se batieron todos los récords, con 10.131.579 visitantes extranjeros (1 millón más que en julio de 2022 y 258.000 más que en 2019, antes de la pandemia), los datos de agosto, con ser muy buenos, han defraudado sobre lo que se esperaba: llegaron 10.076.734 turistas extranjeros, menos que en julio (algo no habitual), 1,2 millones más que en 2022 pero todavía 41.632 turistas menos que en agosto de 2019, según los datos del INE. Con ello, en los dos meses claves para el turismo (julio y agosto) han llegado a España 20,2 millones de turistas extranjeros, solamente 217.000 turistas más que en el verano de 2019. Y todavía menos que el verano récord de la historia, el de 2017: 20.891.183 turistas extranjeros (10,49 millones en julio y 10,39 en agosto, los dos meses entonces mejor que los de ahora).

¿Qué ha pasado este verano con los turistas extranjeros? Pues que algunos de los turistas europeos que más nos visitan han aumentado menos sus viajes a España. En concreto, los británicos (+7% de visitantes en julio y +10% en agosto, por debajo de la media de aumento global: +11,4 y +13,9%), alemanes (+4,8 y +5,8%) y nórdicos (+5,6 y +6,2%), quizás por el estancamiento de sus economías (y sus bolsillos), los altos precios turísticos en España y las sucesivas olas de calor, que les animaban a quedarse en casa. A cambio, ha habido un fuerte aumento de los turistas europeos de fuera de la UE en julio y agosto (+18,9% y +15,1%), sobre todo suizos, así como de los turistas de EEUU (+28,9% y +29,5%), del resto de América (+30.3% y +40,9%) y de Asia y el resto del mundo (+49,8% y +29%). 

Esta llegada de turistas extranjeros se ha retraído más en Canarias (+4% en julio y +2,6% en agosto) y Baleares (+7,2% y +7,3%), quizás por la mayor subida de las tarifas aéreas y hoteleras, junto a la saturación turística, así como en Madrid (+6,1% en julio, pero +39,4% en agosto, el mayor aumento en España ese mes), mientras en el resto de regiones turísticas, el turismo extranjero este verano aumentaba por encima de la media (sobre todo en Andalucía: +18,4% en julio y +19,7% en agosto), según los datos del INE.

En agosto, 3 de cada 4 turistas extranjeros llegaron a España por avión (7,5 de los 10,07 millones), aunque han aumentado mucho (+20,3%) las llegadas por carretera (2,19 millones de turistas franceses, alemanes, italianos y del resto de Europa), a pesar de los precios récord de los carburantes (menores en España), también las llegadas por tren (43.850 turistas, +31,8%), por el nuevo AVE español en Francia y por los puertos (274.626 turistas, +22,2%). 

Y cada vez más, los turistas extranjeros viajan por su cuenta, sin paquete turístico (el 75% de los que llegaron a España en agosto no lo habían contratado). Y aunque la mayoría se alojan en hoteles (6,74 millones  de los 10,07 llegados en agosto), ganan peso el resto de alojamientos turísticos, que crecen más que los hoteles (+6,9%): más de 1 millón de extranjeros alquilaron un apartamento (+29,6%), casi otro millón vinieron a casas de amigos y familiares (+42,5%) y medio millón vinieron a la casa que compraron en España (+18,7%). Y todos, para compensar la subida de precios, redujeron ligeramente su estancia media en agosto, a 7,7 días de media (-0,1 días sobre la estancia media de agosto de 2022), según los recientes datos de Frontur (INE).

Lo que ha pasado este verano, además de crecer menos de lo esperado los turistas extranjeros es que han “pinchado” las estancias en hoteles de extranjeros y españoles, por la tremenda subida de tarifas. Ya en julio, la ocupación hotelera creció sólo un +2,5%, frente a un aumento del +60,7% en julio de 2022, según el INE. Y en agosto, han crecido la mitad, un +1,2%, lo que contrasta con el aumento del 34,3% en agosto de 2022. Además, un tercio de estas pernoctaciones en hoteles, las de los españoles, cayeron (-4%), aumentando sólo las estancias en agosto de los extranjeros (+4,5%). Eso es consecuencia de la fuerte subida de los hoteles en España: +6,3% en agosto, según el INE, una tarifa media de 136,5 euros por habitación, la más cara de nuestra historia. Y si comparamos estas tarifas con las de antes de la pandemia (2019), la subida de los hoteles es del +24%.

La subida generalizada de precios turísticos, desde los paquetes a los hoteles, pasando por el transporte, la restauración, los bares y restaurantes y el ocio, han disparado el gasto turístico de los extranjeros en España (este verano y este año), según los datos de Egatur (INE): en julio, gastaron 13.852 millones de euros (+16,4%) y en agosto otros 13.529 millones (+19,9% sobre agosto 2022), dos cifras récord y muy superiores a las de los meses de verano de 2019, antes de la pandemia (11.941 millones y 11.704). Con ello, España ya ha ingresado 73.393 millones de euros por el turismo extranjero en los 8 primeros meses de 2023, un +24,3% más que el año pasado en ese periodo y un +14,85% más que en 2019.

En agosto, el gasto medio por turista extranjero fue de 1.343 euros, un +5,3% que en agosto de 2022, un gasto inferior al de julio (1.367 euros), que supone una cierta contención del gasto porque la inflación subía más. Por ello, el gasto medio de los turistas extranjeros subió a 185 euros diarios en julio (+9% sobre julio 2022), pero bajó a 173 euros diarios en agosto (+6,7% sobre 2022). Eso se debe a que bajó el gasto de los turistas alemanes (150 euros diarios,-6,6% sobre 2022) y apenas aumentó el de los franceses (121 euros diarios, +1,2%), aunque creció más el de los turistas británicos (179 euros diarios,+11,5%), nórdicos (170 euros, +12,3%), italianos (162 euros, +9,3%) y del resto del mundo (209 euros, +9,4%). El mayor gasto de los extranjeros se da en Madrid (306 euros diarios), Cataluña (200), Baleares (191) y Canarias (188), siendo el menor en Comunidad Valenciana (129 euros) y Andalucía (157).

La subida de precios ha acortado ligeramente la estancia media de los turistas extranjeros, que fue de 7,7 días en agosto (-1,3%, 0,1 días menos que en 2022), aunque varió según el país de origen: 9,1 días de media (-5,8% sobre 2022) los turistas nórdicos, 8,3 días los franceses (+0,2%), 8,2 días los alemanes (+9,7%), 7,4 días los británicos (-5,7%) y 7,6 días de estancia media en agosto los turistas del resto del mundo (-2,1%). La mayor estancia de los extranjeros se da en la Comunidad Valenciana (10,3 días en agosto), Andalucía y Canarias (8,6 días) y la menor en Baleares (7,2) y Madrid (5,4 días), según el INE.

Tras un verano bueno, récord pero menor del esperado, en septiembre también parece haberse “desinflado” el turismo extranjero, sobre todo el europeo, con Alemania en recesión y Reino Unido creciendo al mínimo (+0,2%). Lo que mantiene al sector turístico son los viajes y estancias de los turistas españoles, que, tras la pandemia, tienen entre sus prioridades viajar fuera de temporada, “escaparse” en cuanto pueden: están dispuestos a renunciar a cambiar de coche o de frigorífico y comprar ropa antes que renunciar a salir y viajar. Pero el pinchazo del turismo en septiembre lo revela la caída del empleo: en la hostelería, se perdieron 32.223 afiliados a la Seguridad Social en septiembre, según Trabajo. Eso rompe el récord de empleo en el turismo, alcanzado en agosto: 2.759.166 empleados, el 13,5% del empleo total del país.

En 2022, el turismo fue uno de los motores de la economía (junto al consumo y las exportaciones), aportando un 61% del crecimiento de la economía, según Exceltur. Este año 2023, el turismo también ha tirado de la economía, sobre todo en Semana Santa y de mayo a julio, pero ahora tira con menos fuerza y se teme que se desacelere en el último trimestre del año, por una menor afluencia de turismo extranjero. Y lo mismo al inicio de 2024, si Europa sigue estancada y remonta en otoño la inflación.

Por todo ello, España y el sector turístico deberían “repensar el futurode nuestra primera industria, asentar los cimientos de “la gallina de los huevos de oro”, que sufre una serie de viejos problemas estructurales, a los que se han sumado otros nuevos. Respecto a los viejos retos, hay que avanzar en la “desestacionalización” del turismo (sobre todo extranjero), para evitar que en sólo 3 meses (julio a septiembre) se concentren el 45% de los turistas anuales. En la “desconcentración” del grueso del turismo, que hoy se concentra en 6 autonomías (Cataluña, Baleares, Andalucía, Canarias, Comunidad Valenciana y Madrid aglutinan el 90% de todos los turistas extranjeros que llegan a España). En la reconversión de instalaciones, sobre todo de sol y playa, algunas obsoletas. En la mejora del empleo y la formación del personal, escaso y con horarios y sueldos mejorables. Y, sobre todo, en la digitalización y modernización de la oferta turística española en el mundo.

Pero hay retos nuevos para el turismo, en especial que sea más sostenible, desde una perspectiva social y medio ambiental. Hay zonas turísticas colapsadas, que necesitan “repensar” su futuro, para asegurarlo y afrontar la oposición vecinal a un aumento disparatado del turismo. Eso exige planificar el turismo de las próximas décadas, adecuando infraestructuras y servicios, desde accesos a sanidad y ocio a abastecimiento de agua, accesos y aparcamientos. Y, sobre todo, el turismo ha de afrontar la grave crisis climática, para evitar fugas de turistas del sur de Europa, como ha sucedido este verano. Eso obliga a configurar un turismo más sostenible, que tenga en cuenta las olas de calor y los fenómenos extremos, que prevea incendios y sequías (con más protección civil), que reparta las llegadas fuera de los meses de verano y que fomente el turismo de interior y del norte de España, hoy residual para los extranjeros. Y que cuide más del medio ambiente.

España es la 2ª potencia turística del mundo y el turismo resulta nuestra industria clave, para crear empleo (1 de cada 7), crecimiento y riqueza. Pero la cuidamos poco y pensamos menos en su futuro: sólo se habla de récords de ingresos y turistas, de llegar a los 100 millones de turistas (podríamos cerrar con 83,5 millones en 2023), lo que puede suponer “morir de éxito”. Es hora de que el futuro Gobierno, autonomías, Ayuntamientos, empresas y sindicatos se sienten y acuerden un gran Pacto por el turismo para 2030 y 2050. Otra oferta, otras instalaciones, otras empresas, otro personal, para ser más competitivos y sostenibles. A ello.

jueves, 20 de abril de 2023

España: 10 años de superávit exterior

Hoy se ha conocido el dato de las exportaciones en febrero, que volvieron a crecer más que las europeas, como en enero. Y llevamos ya 12 años de récord exportador, vendiendo más mercancías fuera año tras año, desde 2010. Este “boom” exportador es importante porque aporta casi la mitad del crecimiento español y mantiene 2,5 millones de empleos. Pero hay más. También crecen las exportaciones de servicios (empresas españolas que trabajan fuera) y, sobre todo, los ingresos por turismo. Y con todo ello, España lleva 10 años con superávit con el exterior (somos el 8º país europeo con más superávit exterior), ingresando más divisas de las que pagamos. Algo inaudito en nuestra historia, donde siempre hemos tenido déficit con el exterior, en todo el siglo XX y hasta 2012. Ahora, las exportaciones y el turismo consiguen que tengamos superávit, lo que permite invertir fuera y reducir deuda externa. Y nos convierte en un país económicamente más independiente y más solvente. Parece técnico pero es un cambio histórico, un logro de todos que debemos preservar.

Enrique Ortega

España ha sido siempre un país poco abierto económicamente al exterior, al menos hasta el ingreso en la CEE (1986) y en el euro (2000). Pero en este siglo, las exportaciones españolas han crecido con una fuerza desconocida, sobre todo a partir de la crisis de 2008, que forzó a nuestras empresas a vender fuera para compensar la caída de la demanda dentro. De hecho, las exportaciones españolas crecieron, año tras año, desde 1995 a 2022, con sólo tres años de caída (2008,2009 y 2020), según los datos de Comercio. El tirón de las exportaciones se aceleró en 2010 y son ya 12 años consecutivos de récords anuales (2010-2022, salvando la bajada en 2020, por la pandemia). Y con ello, el valor de las exportaciones de mercancías se ha más que duplicado: de 159.889 millones de euros vendidos fuera en 2009 a 389.208 millones exportados en 2022, según Comercio.

Con ello, las exportaciones de mercancías han aumentado su peso en la economía: si en 2009 aportaban sólo el 15% del crecimiento total (PIB), en 2022 aportaron casi el doble (el 29,32% del PIB). Y si sumamos las exportaciones de servicios (los prestados por empresas y entidades españolas en el extranjero y que ayudan al crecimiento del PIB en España), la aportación de la actividad exterior es ya del 35% del PIB, un tercio del crecimiento total. Y lo más importante, las exportaciones (de mercancías y servicios) nos han salvado” ya dos veces en poco más de una década, contrarrestando la crisis económica interna. La primera vez, a raíz de la crisis de 2008: entre 2009 y 2013, la economía española estuvo en recesión, con bajadas del PIB, pero habríamos caído mucho más si las exportaciones no hubieran crecido esos años malos. Baste un ejemplo. En 2009, el PIB cayó un -3,6%, pero hubiera caído más si las exportaciones no hubieran aportado un +2,8% de crecimiento. Ahora, con la pandemia y la crisis por la guerra de Ucrania y la inflación, las exportaciones nos han vuelto a salvar: cayeron menos que la economía en 2020 (-1,9% frente a -10,8% el PIB total) y han ayudado al crecimiento en 2021 (+0,2% de +5,5%) y sobre todo en 2022: las exportaciones aportaron casi la mitad del crecimiento español (+2,6% del 5,5%).

En 2022, las exportaciones españolas crecieron un +22,9%, más que el conjunto de las exportaciones europeas (+20,9% en la UE-27) y de la zona euro (+21%), pero también más que las exportaciones de Alemania (+14,1%), Francia (+19,1%) o Italia (+19,9%), nuestros tres principales competidores y clientes. Y más de lo que crecieron las exportaciones de EEUU (+17,7%), China (+10,5%) y Japón (+18,2%), siendo superados sólo por el aumento de las exportaciones británicas (crecieron +26%), según Comercio. ¿Por qué crecen más las exportaciones españolas? Básicamente, porque son una “válvula de escape” a la baja demanda interior y, sobre todo, porque nos ayuda tener menos inflación (5,5% en diciembre 2022 frente al 10,4% en la UE-27 y 9,6% en Alemania) y salarios mucho más bajos (17,5 euros la hora frente a 22,9% en la UE y 30,3 euros en Alemania), lo que hace nuestros productos más competitivos en Europa y el resto del mundo.

En 2022, las exportaciones españolas crecieron sobre todo a Europa (+24,9% a la UE-27), especialmente a Bélgica (+66,1%), Irlanda (+41,1%), Portugal (+29%), Francia (+18,9%), Italia (+18,5%) y Alemania (+15,6%), pero también aumentaron mucho las exportaciones de mercancías a EEUU (+28,1%), Brasil (+37,6%), Argentina (+32,5%) o México (+26,2%), Arabia Saudita (+56,5%) y Marruecos (+26,2%), cayendo nuestras ventas a China (-7,5%) y Argelia (-45.9%). Por productos, las exportaciones que más crecieron fueron las de energía (+80,1%), medicamentos (+55,5%), buques (+56%), productos químicos (+37%), aceites y grasas (+32,2%), electrodomésticos (+30,6%), leche y huevos (+25,3%), calzado (+22%) y automóviles (+9,7%), según los datos de Comercio.

Si en 2022 se batió el récord histórico de exportaciones, también se alcanzó el récord de importaciones, por culpa de los precios disparados de la energía y los alimentos: alcanzaron los 457.321 millones de euros, +33,4% sobre 2021. Y eso fue porque las importaciones energéticas duplicaron su factura (90.879 millones frente a 46.575 millones en 2021), aumentando también mucho el coste de los alimentos importados (51.917 millones frente a 39.556 en 2021, +31,2%, sobre todo por el encarecimiento de aceites, lácteos, frutas y pesca), los metales, hierro y papel (34.602 millones, +30%), las importaciones de calzado (4.659 millones, +46,5%) y ropa (28.052 millones, +27,8%).

Al final, el shock de la energía y los alimentos en 2022 duplicó con creces el déficit comercial de España, la diferencia entre importaciones y exportaciones: pasó de -26.177,9 millones de euros en 2021 a -68.112 millones en 2022. Un viejo problema de España: compramos fuera más de lo que vendemos, lo que lleva a crear más riqueza y empleo fuera, lo que nos resta riqueza y empleo. De hecho, los paises más ricos de Europa son los que tienen superávit comercial, que venden fuera más de lo que compran: Noruega (+156.000 millones  en 2022), Alemania (+80.367 millones), Paises Bajos (64.624 millones),  Irlanda (+64.411 millones), Suiza (+43.815 millones), Bélgica (+11.909 millones), Dinamarca (+2.317 millones). Mientras, paises punteros tuvieron también déficit comercial en 2022, por el shock energético: Francia (-190.867 millones), Italia (-30.718 millones), Austria (-19.541 millones), Finlandia (-10.638 millones) o Suecia (-4.311 millones).

A la hora de “tapar este déficit comercial”, España ha contado en 2022 con dos aliados. Uno, el aumento de las exportaciones de servicios, los ingresos por asesoría, consultoría y ventas de filiales de empresas españolas en el extranjero: ingresamos 160.000 millones de euros, un +58% sobre 2021. Y lo más importante: los ingresos por turismo extranjero: se ingresaron 87.061 millones de euros, casi el triple que en 2021 (34.903 millones) y un 95% de las divisas por turismo ingresadas en 2019. Con estas dos fuentes de ingresos, exportaciones de servicios e ingresos por turismo extranjero, España pudo “tapar” el déficit comercial y tener superávit con el exterior: +11.800 millones de euros en 2022, según el Banco de España, algo más que en 2021 (+11.500 millones), a pesar del shock energético y la inflación. Con ello, España mantiene un saldo positivo de divisas, un superávit con el exterior que es del +0,9% del PIB, el 8º país con más superávit exterior de Europa, tras Irlanda (18,1% del PIB), Dinamarca (6,7%), Paises Bajos (5,7%), Malta (5,1%), Alemania (+3,7%), Luxemburgo (3,5%) y Suecia (3,3%) del PIB). Y unas cuentas exteriores mucho más saneadas que las de Francia (tiene un déficit exterior del -2,5%) e Italia (superávit del +0,8%), según la Comisión Europea.

Lo importante es que este superávit exterior de España no es fruto de un año, sino que llevamos ya con este superávit exterior una década, desde 2013 (+7.130 millones) a 2022 (+11.800 millones), con dos “picos” en 2016 (+22.306 millones y 2019 (+26.236 millones de superávit exterior). Y que esta “racha”, este saldo positivo de divisas no se ha roto ni con la pandemia (+6.789 millones de superávit exterior en 2020) ni con el shock de la energía y los alimentos de 2021 y 2022. Y esto es algo histórico, porque uno de los males endémicos de España ha sido su déficit con el exterior: lo sufrimos en casi todos los años del siglo XX y al inicio del siglo XXI. Un dato concreto: entre 1961 y 2012, España tuvo déficit exterior 45 de esos 52 años… Y eso condicionó la política económica del franquismo y de la democracia: no teníamos divisas suficientes para importar y eso limitaba nuestro crecimiento económico y nos obligaba a endeudarnos fuera.

Ahora, la situación de la economía española es radicalmente distinta: tenemos superávit con el exterior, ingresamos más divisas de las que gastamos y eso nos da una mayor autonomía económica como país. Podemos importar más, invertir más fuera y devolver parte de la deuda externa que acumulamos cuando nos faltaban divisas. De hecho, esta década de superávit exterior nos ha permitido reducir la deuda externa neta: de rozar el billón de euros en 2013 (96,2% del PIB) se bajó a 926.100 millones en 2019 (74,4%) y a 802.400 millones en 2022 (el 60,5% del PIB, un tercio menos que hace una década), según los datos del Banco de España. Gracias al superávit con el exterior, España podrá seguir reduciendo y amortizando esta deuda con el exterior, a la vez que puede invertir fuera. Y en paralelo, están creciendo también las entradas netas de capital extranjero (+13.200 millones en 2022), que, sumadas a nuestro superávit exterior, aumentó en +25.000 millones nuestro saldo con el resto del mundo en 2022. Unas cuentas que revelan una independencia y solvencia económica que España no ha conocido en su historia reciente, aunque parezca un tema complejo del que no se habla. Unos mejores cimientos económicos que revelan un país más saneado frente al exterior.

Este año 2023 va a ser difícil que España consiga otro récord de exportaciones, aunque el año ha empezado bien: crecieron +16,2% en enero y otro +9,7% en febrero, también más que las exportaciones europeas. Por un lado, se augura un menor crecimiento del comercio mundial: aumentará un +1,7%, casi la mitad que en 2022 (+2,7%), según la previsión de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Y todo apunta a un menor crecimiento de la economía mundial (+2,8% frente al +3,4% en 2021, según el FMI), pero sobre todo de las economías europeas, donde van las tres cuartas partes de las exportaciones españolas: la zona euro sólo crecerá un +0,8% (frente al 3,5% en 2022), Alemania entrará en recesión (-0,1%) y Francia e Italia apenas crecerán (un 0,7%), con perspectivas también de recesión en Reino Unido (-0,3% de caída en 2023), un panorama que también afectará negativamente al turismo y sus ingresos. Y el euro no ayuda, porque está cotizando cerca de 1,10 dólares, lo que encarece los productos españoles (un +14%) en los mercados no europeos que pagan en dólares.

Ante este preocupante panorama, la prioridad debe ser mantener este superávit exterior, lo  que exige seguir apoyando las exportaciones, controlar las importaciones, aumentar la presencia exterior de nuestras empresas y “mimar” el turismo, la clave de que tengamos más divisas. Todo esto exige volcarse en la exportación, aumentando más  las empresas que exportan (hay sólo 43.000 exportadores “regulares”, un 30% más que hace una década pero pocos dado que tenemos 3 millones de empresas), diversificando los compradores en Asia y América, fuera de Europa (donde van el 73,4% de nuestras exportaciones) y mejorando nuestra competitividad e innovación, para conseguir exportar productos con más valor añadido. Tras las elecciones, debería alcanzarse un Pacto de Estado por la exportación y el turismo, para asegurar esos cimientos y mantener el superávit exterior de nuestra economía, un logro histórico que no podemos volver a perder. Es clave para avanzar y crecer como país solvente.

jueves, 18 de enero de 2018

Turismo súper récord: ojo a "morir de éxito"


Esta semana se celebra FITUR y el sector está eufórico porque 2017 se ha cerrado con 82 millones de turistas, el quinto año de récord consecutivo. Y España es ya el 2º país del mundo en turistas (tras Francia) y en ingresos por turismo (tras EEUU). Además, hemos sido reelegidos en 2017 como el país más competitivo en el turismo mundial. Pero entre tanto récord, tenemos algunos problemas serios: la saturación del turismo en algunas zonas (que ha desatado protestas ciudadanas, la “turismofobia”), los todavía bajos ingresos por turista (crece el turismo “low cost”) y la escasez y baja calidad del empleo turístico (45% de los contratos son por menos de 1 semana), así como la excesiva concentración del turismo en Europa (87%) y en 6 autonomías (se llevan el 91% de los turistas). Por todo ello, no hay que dormirse en los récords y urge elaborar un Plan para perfilar el turismo a 20 años vista, reconvirtiendo la oferta y buscando un turismo de más calidad. Ojo a “morir de éxito”.


enrique ortega

El Gobierno Rajoy lo ha vuelto a hacer, por segundo año consecutivo: “filtrar” antes las estadísticas de visitantes (las publica el INE el 1 de febrero), para anticipar otro récord de turistas. Lo hizo el año pasado el ministro de Turismo y lo acaba de hacer Rajoy, aunque con poco sentido de la oportunidad: en Roma, en una Cumbre de la Europa del sur donde se abordaba el grave problema de los inmigrantes ilegales, aprovechó para “presumir” de los millones de “visitantes legales” (turistas), escondiendo que España sólo ha acogido a 2.000 de los 17.000 refugiados a los que se comprometió. Algo que los medios no destacaron, mientras titulaban que España ha recibido 82 millones de turistas en 2017, un tercio más que antes de la crisis, cuando recibimos 59,2 millones de turistas (2007). Son 22,8 millones de turistas más en 10 años, aunque 14 millones son turistas “prestados” de Turquía, Túnez y Egipto, afectados por el terrorismo y la crisis política, según la patronal Exceltur.

El turismo, la primera industria española (aporta el 11,5% del PIB y mantiene 2,6 millones de empleos), ha vuelto a ser en 2017 el motor de la recuperación, porque ha vuelto a crecer más que el resto de la economía, por 8º año consecutivo (desde 2010): el PIB turístico creció un 4,4% en 2017, por encima del 3,1% que creció la economía, según la estimación de la patronal Exceltur. Y eso ha sido posible gracias al tirón del turismo extranjero, que saltó de 75,5 millones de visitantes en 2016 a más de 82 millones en 2017 (pueden llegar a 82,5 cuando lo publique el INE). Eso convierte a España en el segundo país del mundo que recibe más turistas, sólo por detrás de Francia (ha tenido 89 millones), superando por primera vez a Estados Unidos (que habrá cerrado el año con unos 80 millones de visitantes). Les siguen en turistas recibidos, a mucha distancia, China (63 millones de visitantes) e Italia (57 millones).

Otro dato positivo de 2017 es que han crecido sobre todo los turistas de los países no europeos que más gastan: Rusia (+18,7%), EEUU (+15,6%), países nórdicos (+11,3%), países del Este (+8,3%), Suiza (+7,9%) y Japón (+7,8%), aunque la mayoría del turismo viene de Gran Bretaña (23,09% del total), Alemania (que ha superado as Francia, con un 14,66% de los turistas) y Francia (13,74% del turismo extranjero). La mayor parte de estos visitantes extranjeros van a 6 autonomías: Cataluña (23,42% del turismo extranjero, aunque la crisis política ha frenado la llegada en el último trimestre), Baleares (que ha superado a Canarias como 2º destino, acogiendo al 17,6% del turismo extranjero), Canarias (16,6%), Comunidad Valenciana (10,9%) y Madrid (8%), la autonomía donde más creció el turismo extranjero en 2017 (un 16,2%, frente al 9.1% de media en España hasta finales de noviembre).

En 2017, ha crecido la llegada de turistas por avión (el 81,48%), gracias a los bajos precios del petróleo y la guerra de tarifas, ganando peso también el turismo de cruceros (2,33%), mientras perdían peso los turistas que llegaban por carretera (15,71%) y tren (0,45%). Pero el mayor cambio se ha dado en el tipo de alojamiento, con un gran salto de los turistas que vienen a apartamientos turísticos (+21,3%), debido al auge de las plataformas de alquiler online (tipo Airbnb, Homeway,Wimdu o Homelidays), cuyo éxito se ha disparado a costa de los hoteles (su uso creció un 6,7%). También han crecido mucho los turistas que se alojan en viviendas de familiares y amigos (+13,4%), otro síntoma del auge del turismo barato (low cost).  Y otra muestra más es que lo que más crecen (el 11,2%) son los turistas que vienen sin paquete turístico (7 de cada 10 turistas), mientras pierden peso (crecen sólo un 4,4%) los que vienen con hotel y viaje organizado (el 29,5%).

La patronal turística Exceltur considera que los dos motores del récord turístico de 2017 han sido el auge de los apartamentos turísticos por Internet y la guerra de tarifas aéreas, junto a la mejora de la economía europea. Y destacan que España ha conseguido 6,5 millones más de turistas a pesar de que en 2017 se recuperaron tres países competidores (Turquía, Túnez y Egipto ganaron 8,5 millones de visitantes), que hasta ahora nos”prestaban turistas” (unos 14 millones desde 2010). También valoran muy positivamente que los turistas hayan gastado algo más en 2017: el gasto medio por turista creció un 1,5%, hasta los 733 euros, rompiendo una tendencia de cinco años de caída del gasto turístico, según los datos de Exceltur. Eso sí, si tenemos en cuenta la subida de precios, el gasto real de los turistas extranjeros (descontando la inflación) cayó un 0,9% en 2017, una caída que se produce desde 2005.

Rajoy presumió también en la Cumbre europea de Roma que España es el segundo país del mundo que más ingresa por turismo, 87.000 millones de euros, sólo por detrás de EEUU (200.000 millones de euros) y muy por delante de Tailandia (49.000 millones), China (44.000 millones) y Francia (42.000 millones de euros). Pero ese dato no es el que utilizan el Banco de España y la patronal turística Exceltur, que rebajan los ingresos por turismo a 60.000 millones de euros en 2017, contando la parte del gasto turístico que se queda en España (descontando el precio de los viajes y lo que ingresan los tour operadores extranjeros). En 2017 ha aumentado el gasto medio por turista (1.054 euros, +2,7%), pero se redujo la duración media del viaje a 7,6 días (de 9,1 días en 2016). Lo que pasa es que crece el turismo “low cost”, que viene a apartamentos turísticos y gasta poco (más en menos días).

Cara a 2018, la patronal Exceltur cree que el turismo volverá a ser este año el motor de la economía, aunque crecerá menos que en 2017: un 3,3% (frente al 4,4%), por encima del 2,4% que se prevé crezca toda la economía. Y eso por la situación política en Cataluña (restará un 0,5% al PIB turístico), el Brexit, la recuperación de los países competidores y la saturación turística en algunas zonas, además de un menor dinamismo del turismo de los españoles. Dos factores que pueden hacer mucho daño al turismo en 2018 son la subida del petróleo (ronda los 70 dólares barril) y la subida del euro (por encima de 1,20 euros/dólar), que encarece ya más de un 14% los precios a los turistas de fuera de la zona euro. Con todo, las empresas turísticas esperan aumentar ventas y beneficios, sobre todo en zonas urbanas.

España afronta el futuro del turismo con un dato incontestable: es el destino más competitivo del mundo, según el ranking bianual del World Economic Forum, que nos coloca en primer lugar en 2017 (y en 2015), con 5,4 puntos sobre 7, por delante de Francia, Alemania y Japón (5,3 puntos), Reino Unido (5,2 puntos) y EEUU (5,1 puntos), por infraestructuras, seguridad, sanidad, clima  y patrimonio cultural, aunque no somos la oferta más barata. Y la inversión apuesta por los hoteles, con un récord de compras en 2017: 3.907 millones (+79% que en 2016). Pero también hay temas preocupantes cara al futuro, sobre todo tres: la saturación turística en algunas zonas (con el surgimiento de la “turismofobia”), la precariedad del empleo turístico y la excesiva concentración de la oferta (origen y destino).

La patronal turística Exceltur alerta del auge de las protestas contra el turismo (“turismofobia”) en algunas zonas, por culpa del crecimiento desordenado y excesivo de los apartamentos turísticos, que disparan los precios de los alquileres y molestan o expulsan a los vecinos de ciertos barrios en Barcelona, Palma, San Sebastián y Madrid, con riesgo de que se extiendan a Málaga, Granada, Alicante o Santiago, ciudades que tienen también una gran presión turística. Por eso piden control y freno a los apartamentos turísticos, que en muchos casos no pagan impuestos. Esta misma semana, los Ayuntamientos de Barcelona, Madrid y San Sebastián  han dicho que preparan medidas para frenar el crecimiento descontrolado de los apartamentos turísticos.

Otro problema que no señala la patronal pero sí los sindicatos es que el boom turístico se ha hecho a costa de los trabajadores del sector, que tienen unos contratos precarios y mal pagados mientras crecen  los beneficios empresariales (un 6,3% en 2017). Primero hay que decir que aunque el turismo es el motor de la recuperación, crea poco empleo: la ocupación aumentó en 85.813 personas el último año, 1 de cada 6 empleos creados, hasta dar trabajo a 2.660.915 españoles. Y en los 5 años de récord turístico (2012-2017), el empleo en el turismo ha crecido en 466.766 personas. Pero lo peor es que son empleos muy precarios: un 39,5% tienen contratos temporales (más que la media de España, que es del 27,5%) y casi la mitad (el 45,2% duran menos de una semana, según los sindicatos. Y un tercio son contratos a tiempo parcial, por horas, que “esconden” trabajos a jornada completa. Y además, hay un exceso de trabajadores “externalizados”, en contratas de empresas ajenas al hotel, como camareras de piso, limpiadoras, personal de mantenimiento o recepcionistas.

Y con tanta precariedad, los salarios del turismo, a pesar de todos los récords, son de los más bajos de España. Concretamente, el coste salarial bruto en la hostelería es de 1.177 euros, un 60% del sueldo medio bruto en España (1.941 euros), según el INE (2017). Y sólo ha subido 58 euros brutos al mes en los últimos cinco años. Y eso son sueldos medios, ya que hay trabajadores, como las camareras de piso (las famosas “Kellys) que están cobrando 800 euros al mes por hacer 400 habitaciones. Los bajos salarios y la precariedad se acompañan de plantillas ajustadas y poca formación, lo que repercute en una pérdida de calidad del turismo.

El tercer problema, junto a la turismofobia y la precariedad laboral, es la excesiva concentración de la oferta turística, por origen y destino de los turistas. En 2017, el 87% de todos los turistas que llegaron a España vinieron de Europa y sólo un 13,03 % procedían de América, Asia (sólo vinieron unos 400.000 turistas chinos) y del resto del mundo, las zonas donde más crece el gasto turístico. Urge conseguir más turistas de fuera de Europa, sobre todo en EEUU, Latinoamérica, China y Oriente Medio. Y, en paralelo, hay que diversificar también donde van, porque el 90,78% de los turistas extranjeros se dirigen a 6 autonomías españolas (Cataluña, Canarias, Andalucía, Comunidad Valenciana y Madrid), mientras las 11 restantes sólo captan un 9,12% del récord turístico. Y eso provoca que las zonas de sol y playa, sobre todo en Baleares, Canarias y Levante estén supersaturadas, con problemas incluso de servicios (agua, accesos, aparcamientos e infraestructuras). Urge diversificar la oferta, promoviendo nuevos destinos y otro turismo, como el cultural, sanitario, de negocios, deportivo y gastronómico, que atraiga visitantes fuera del verano.

Además de afrontar estos problemas estructurales, el turismo español tiene por delante una serie de retos a medio plazo, entre ellos la digitalización del sector, para aprovechar al máximo la potencialidad de Internet y sus plataformas en la captación de turismo de calidad. Otra es la renovación de la oferta hotelera, con inversiones en hoteles e infraestructuras que hay que renovar, con ayudas públicas y de la mano de fusiones, para conseguir grupos turísticos más potentes, que puedan negociar con los poderosos tour operadores extranjeros que controlan el turismo español (alemanes y británicos).  Otro reto es mejorar la calidad de la oferta, con un empleo más estable y mejor pagado. Y por supuesto, gastar más en promoción exterior, con una política turística más coordinada entre el Gobierno central y las autonomías, muchas de las cuales van a su aire.

Ahora que estamos en años de bonanza turística es cuando hay que aprovechar para consolidar los récords y repensar el futuro de la primera industria española a 20 años vista, con un gran “Pacto por el turismo”. Dejarse del triunfalismo de las cifras anuales y buscar un crecimiento sostenible a medio plazo, asentado en un turismo de calidad más que en millones de “turistas low cost”. Gastar dinero e inteligencia en reforzar el turismo, en desarrollar su potencial y resolver sus puntos negros, en competir con una oferta imbatible, no sólo con bajos precios (cada vez más altos). Aprobar un Plan para configurar el futuro del turismo, no dormirse en los récords. Ojo a “morir de éxito”.