domingo, 13 de marzo de 2011

Merkel impone sus recetas de ajuste a Europa

La Cumbre europea del 11 de marzo ha sido una nueva vuelta de tuerca de Merkel y los conservadores europeos para imponer sus recetas a los países del euro: más ajustes y menos políticas sociales, a cambio de ayudas a los que lo están pasando mal ante los mercados. Y lo peor: las recetas no son para salir de la crisis, sino para siempre, ya que habrá exámenes anuales y sanciones a los que se desvíen y no cumplan. Con 11 años de retraso, se busca una política única para una moneda única, pero imponiendo la visión liberal conservadora que manda en la mayoría de Europa y en Bruselas. Zapatero no sólo ha pasado por el aro, como los líderes socialistas de Portugal y Grecia, sino que anuncia otro paquete anticrisis para la Cumbre europea del 24 y 25 de marzo. Más ajustes, menos crecimiento, menos empleo.
En mayo de 2010, tras la crisis griega, en una Cumbre europea como la de este viernes, Merkel y los conservadores europeos impusieron a Zapatero el primer plan de ajuste, con recorte de sueldos, pensiones y gastos sociales, en un intento de frenar los ataques de los mercados. Pero los ataques continuaron y cayó Irlanda en noviembre. Y siguieron los ataques contra Portugal y España. Merkel se negaba a hacerlos frente, ampliando y flexibilizando el Fondo de rescate, que suponía más aportaciones para Alemania .Hace un mes, pactó con Sarkozy un Pacto de Competitividad, que era una lista de duras tareas para los países del euro, a cambio de hacer frente a los mercados. Y para ayudar, la agencia Moodys bajó el rating de España y a Grecia, amenazando a Portugal. Esta semana, la tensión en los mercados era máxima, con Grecia al borde de la quiebra y nuevas presiones sobre Portugal, Irlanda y España.
Un ambiente propicio para que los países acepten el Pacto del Euro, una versión “suavizada” del Pacto de Competitividad, pero que contiene todas las pretensiones de Merkel: moderación de los salarios (ligada a la productividad), contención del gasto en pensiones (con retraso edad de jubilación) y prestaciones sociales, flexibilidad laboral y control por Ley del déficit público y de la deuda.  Además, Bruselas armonizará por ley el impuesto de sociedades (las empresas tendrán menos deducciones) y se creará un sistema ordenado de quiebra de bancos, a los que se harán test europeos de control. Cada país tendrá que concretar cómo va a cumplir con el Pacto y habrá exámenes anuales, con duras sanciones.
A cambio de este nuevo ajuste, Merkel  se ha comprometido a ayudar a los países atacados por los mercados (con condiciones : otro duro ajuste a Grecia y presiones a Irlanda) , ampliando y flexibilizando el Fondo de rescate, para que pueda comprar deuda. Pero primero quiere ver que hacen los deberes y traen nuevas medidas a la Cumbre europea del 24 y 25 de marzo. Portugal ya anunció el mismo viernes un nuevo recorte de 5.000 millones de euros (con un nuevo impuesto a los pensionistas). Y Zapatero (que mandó una carta a la Cumbre aplaudiendo ligar la subida de salarios a la productividad) anunció que “seguramente habrá más ajustes y reformas”. Buen alumno.
Con la amenaza de los mercados, Merkel y los conservadores europeos han impuesto sus recetas políticas a la Europa del sur (gobernada por socialistas) y al resto de países del euro. Van a seguir los ajustes y el recorte del Estado del bienestar, desde las pensiones a la sanidad, pasando por las inversiones públicas. Y lo peor: los países van a perder autonomía para afrontar sus problemas. Por Ley, ningún Gobierno, de ningún signo, podrá incurrir en déficit o en deuda. Un dogmatismo ideológico que impide que los Estados puedan tomar medidas anticíclicas cuando vienen mal dadas y no hay inversión ni consumo (adiós Keynes).
España, como los demás países de la Europa del sur, no ha entrado en crisis por manirrotos. Hay que dejar claro que la deuda pública y el déficit son la consecuencia de la crisis, no la causa. España tenía, hasta 2008, superávits en sus cuentas públicas y menos deuda que Alemania (aún tiene menos). Ha sido la crisis financiera la que nos ha llevado al hoyo de la crisis y ha disparado los gastos sociales y el pago de la deuda, recortado los ingresos. Y si nos hemos endeudado demasiado, mucha culpa es de Alemania: entre 2002 y 2009, dos tercios del ahorro alemán se dirigió en gran parte a España, Irlanda, Portugal y Grecia, para alimentar la burbuja del crecimiento y que viviéramos por encima de nuestras posibilidades. Y ahora, la  que nos vendió la droga nos exige que nos desenganchemos de golpe.
Nadie está en contra de hacer reformas, pero las reformas no crean empleo a corto plazo. Lo que sí provocan son recortes, de gastos y derechos. Y en muchos casos, eso conlleva menos crecimiento, más paro. No es casualidad que España, Portugal, Grecia e Irlanda sean los países que menos han crecido en 2010 y los que menos crezcan (o decrezcan) en 2011. España no es Alemania, que crece y crea empleo. El primer problema para los ciudadanos en España es el paro, el doble que en Europa y el triple que en Alemania. Y con este Pacto y los ajustes (pasados y futuros), con el presupuesto desmantelado, no se crece ni se crea empleo. Y menos cuando suban los tipos de interés en abril. Hace falta hacer otra política, reanimar la economía, fomentar el consumo y la inversión, consolidar y no desmantelar las políticas sociales. Pero ya nadie puede hacerlo en Europa, so pena de sanción. Merkel ha impuesto un su camino para salir de la crisis. Pero ni yo ni la mayoría de los europeos la hemos votado.

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