miércoles, 29 de junio de 2011

El problema es Europa, no Grecia

Se repite la historia de marzo con Portugal. La última Cumbre europea ha dejado a Grecia a los pies de los mercados, forzando al país a un nuevo ajuste, aún más duro, a cambio de nuevas ayudas muy condicionadas. Trece meses después de estallar la primera crisis de la deuda, en mayo de 2011, sigue la inestabilidad  en los mercados y los tres países intervenidos están peor que antes, pagando cada vez más por financiarse, sin crecer y en medio de una grave crisis social. Y España, con un año largo de ajuste duro, sigue presionada por los mercados y tampoco crece ni mejora. El problema no son los países periféricos, sino la errónea política adoptada por los conservadores de Bruselas, injusta e ineficaz. La crisis seguirá.

La última Cumbre europea, del 23 y 24 de junio, ha sido una encerrona a Grecia, como lo fue la Cumbre de marzo con Portugal. En la tarde del jueves, antes de la cita oficial, el presidente del Consejo europeo, Van Rompuy, acompañado de Merkel, Sarkozy y Trichet (presidente BCE), convocó en su despacho al presidente Papandreu para darle un ultimátum: no habría un euro para Grecia si no había garantías de que gobierno y oposición aprobaban un nuevo Plan de ajuste. Primero, la aprobación del Parlamento heleno y luego los 12.000 millones pendientes de entrega del primer Plan de rescate (110.000 millones), que Grecia necesita para pagar su deuda en agosto. Y sólo así se aprobaría en julio un segundo Plan de rescate (100.000 millones, pero poco de ello dinero nuevo).
En paralelo, los Gobiernos europeos se reunían con sus bancos para “pedirles” que echaran una mano a Grecia. Merkel y Sarkozy habían comprendido, tras un año de desgaste, que si Grecia suspendía pagos, iban a tener que pagarlo sus contribuyentes y ellos en las elecciones. Y que la salida era que los bancos e inversores, sobre todo alemanes y franceses (que tienen el 50% de la deuda griega), y el BCE, dieran una tregua a Grecia: renovar la deuda que vence, al menos otros cinco años, en vez de exigir su cobro, como garantía de que algún día la cobrarán. Y mientras, garantizarse el pago de intereses, el doble de los habitualesAbrir algo la mano o forzar las condiciones y no cobrar.
A cambio, Bruselas exige a Grecia un nuevo plan de ajuste, para que recorte gastos y libere 28.300 millones para pagar los intereses de la deuda y no aumentarla. Un durísimo Plan que pasa por el despido de 150.000 funcionarios (1 de cada 4), recorte de sueldos (15%) y pensiones (10%), y un fuerte aumento de impuestos para la inmensa mayoría de griegos. Y un plan de privatizaciones, para ingresar otros 50.000 millones, en el que ya están “pescando” empresas alemanas (Deutsche Telecom, Fraport) y de otros países europeos.
Este nuevo Plan de ajuste va a agravar la crisis económica griega, como los anteriores, que han provocado una recesión (-4,5% PIB en 2010 y -3,5% en 2011), un  paro del 16 % y una caída de rentas (al 89% de la renta UE), con el consumo y la inversión por los suelos. Es lo que ha pasado con Irlanda y Portugal: los planes de ajuste han empeorado la economía, han encarecido los intereses y ven cada día más difícil pagar su deuda. Incluso España, con un año largo de duro ajuste, está pagando un 1% más por la deuda (5,64%) que en mayo de 2010: son 12.400 millones más de gasto para el Presupuesto, se encarece la financiación de bancos y empresas y se dificulta la recuperación y el empleo (deuda 1% más cara = 160.000 empleos).
Las recetas de los conservadores de Bruselas son injustas e inútiles y han hecho perder 13 meses a Europa y muchos millones de euros, que han ganado los especuladores. Hay que ir por otro camino. La clave es admitir que ni Grecia ni los demás países periféricos son los culpables de la crisis: se debe al excesivo endeudamiento, propiciado por los bancos europeos, que se lanzaron a prestar sin tino hasta 2008. Y ahora quieren imponer unas condiciones leoninas a sus deudores. Grecia es un desastre de economía, pero no es la única culpable de tener 320.000 millones de deuda. Y todos saben que no podrá pagarla tal cual.
Por eso, lo primero es renegociarla, ajustar plazos y tipos de interés, flexibilizarla para que puedan pagarla, lo mismo que Portugal o Irlanda. La banca tiene que pagar su parte de esta crisis que ayudó a crear. Y eso va mucho más allá de lo que han aceptado esta semana los bancos franceses y alemanes.Hará falta también emitir deuda europea y un mayor protagonismo del BCE y de Bruselas ante el FMI (que ha llevado la iniciativa en la crisis griega) y ante los mercados (no dejarles que fijen su ley). Y en paralelo, ayudar a estos países a reanimar sus economías, con planes europeos de inversiones, con ayudas estructurales, con políticas sensatas, no con duras políticas de ajuste que van a matar al enfermo en vez de curarlo y a crear una grave fractura social en el sur de Europa.
Pero este camino no interesa a la Europa rica del norte, que ya ha salido de la crisis y que no quiere gastar un euro más en la Europa del sur, con la que se hicieron más ricos sus bancos e inversores. Y eso es lo que representan Bruselas y los gobiernos conservadores de 23 de los 27.Pero no es una cuestión ideológica, sino económica y práctica: por este camino, el de los últimos 13 meses, los países con problemas estarán cada vez peor, los mercados seguirán nerviosos y harán falta nuevas ayudas a cambio de más recortes. Y se condena a una serie de países a una década de atraso y estancamiento, abriendo una peligrosa brecha social y política, con millones de indignados. Hasta que el sistema estalle porque la crisis llegue a un país grande, España o Italia. Está en juego el euro y Europa. Reaccionen y prueben otro camino.

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