jueves, 12 de septiembre de 2024

2ª bajada (mínima) de los tipos de interés

El BCE ha bajado hoy los tipos de interés, un -0,25% (al 4%), por 2ª vez este año, tras subirlos 10 veces (del 0 al 4,50%) entre julio de 2022 y septiembre de 2023. Lo justifican porque la inflación europea ha bajado al 2,2% (desde el 10,6% en 2022), pero no ha sido por sus drásticas subidas sino por la bajada de energía, materias primas y alimentos, por cambios en los mercados y medidas de los Gobiernos. No reconocen que su “ricino monetario” ha dañado a familias (hipotecas), empresas (créditos) y paises (deuda), beneficiando sólo a la banca. Y ha provocado el estancamiento de la economía europea: apenas crece (+0,2%), mientras decrecen Alemania, Austria, Irlanda, Suecia, Letonia y Hungría. Saben que tienen que bajar tipos, para reanimar la inversión y el consumo, pero lo hacen poco a poco: el dinero cuesta todavía el 4%, el precio más alto desde 2007. Y así, Europa sigue estancada y crece la tercera parte que EEUU.

                             Enrique Ortega

La inflación parece no ser ya el primer problema de la economía mundial, como lo ha sido en 2022 y 2023. De hecho, en la zona euro, la inflación anual ha caído al 2,2% en agosto, desde el máximo del 10,6% que subía en octubre de 2022, tras la invasión de Ucrania y la drástica subida de la energía y las materias primas. Y en EEUU, los precios subieron el 2,5% anual en agosto, la menor inflación desde febrero de 2021 y muy por debajo de la subida máxima alcanzada en junio de 2022, el 9,1%. Con ello, los bancos centrales de Europa (BCE) y USA (Reserva Federal) han visto el momento de bajar los tipos de interés, tras las drásticas subidas aprobadas en 2022 y 2023, para “atajar” la alta inflación. De hecho, EEUU subió 11 veces sus tipos de interés (entre marzo de 2022 y julio de 2023), desde el 0% al 5,25% actual. Y ahora, la Reserva Federal  planea aprobar la primera bajada el próximo miércoles, 18 de septiembre. Y el BCE, que subió 10 veces sus tipos (entre julio de 2022 y septiembre de 2023), del 0 al 4,50%, ha aprobado hoy su 2ª bajada este año, del -0,25%, tras la primera hecha el 6 de junio pasado.

El BCE, como la Reserva Federal, creen en la subida de tipos como en “un dogma de fe”: es la mejor receta contra la inflación, aunque tenga el coste de hundir la actividad y el crecimiento, frenando el empleo. En el caso de que la inflación esté provocada por un fuerte crecimiento económico, por un exceso de consumo (“inflación de demanda”), el “ricino” de la subida de tipos, al encarecer el dinero, puede ayudar a “enfriar la economía”. Pero lo que ha sufrido el mundo tras la invasión de Ucrania y la “hiperinflación” ha sido una “inflación de oferta”, de costes, provocada por una subida disparada de la energía (petróleo y gas), las materias primas y alimentos, con una rotura adicional de las cadenas de suministro mundial. Y en este caso, subir el precio del dinero no es una receta correcta, como señalan muchos expertos, porque no provoca una bajada del petróleo, el gas o los alimentos y sí daña a  las economías, las empresas y las familias.

Pero tanto el BCE como la Reserva Federal (con más motivo, porque la economía USA si estaba algo “recalentada”, mientras Europa no crece) “han seguido en sus trece”, con una subida de tipos drástica (del 0 al 4,50 (en Europa) o al 5,25% (en USA) y muy rápida (en año y medio), que parece haber bajado la inflación. Pero es sólo “un espejismo”: la inflación ha bajado porque se han ajustado los mercados energéticos (más producción de petróleo en EEUU, medidas de ahorro, cambio en los proveedores de gas) y porque los gobiernos han tomado medidas para bajar el precio de la electricidad y subvencionar la energía, las materias primas y los alimentos, con ayudas a empresas y familias. Y gracias al ajuste de los mercados y a las medidas aprobadas, se ha rebajado la inflación, no por las subidas de tipos. Y a pesar de estas críticas, la Reserva Federal y el BCE llevan meses retrasando las bajadas: el BCE ha esperado a junio y EEUU hará la primera rebaja la próxima semana. Todo por insistir en su “ortodoxia”, en su “fundamentalismo monetario”, tan inútil como dañino.

El BCE ya había visto que la economía europea estaba estancada en el primer trimestre (creció sólo un +0,3%), como lo había estado en todo 2023 (la UE creció un +0,6%, la cuarta parte que EEUU: +2,4%), pero esperó al 6 de junio para hacer su 1ª bajada de tipos (desde la 10ª subida, hecha el 14 de septiembre de 2023), un mínimo recorte del 0,25% (dejando los tipos al 4,25%). Su argumento para seguir con la “ortodoxia” era que la inflación seguía alta (ojo: está por debajo del 3% desde febrero de 2024, cuando estaba en el 10,6% en octubre de 2022) y que temían por un repunte de los salarios en Europa (que relanzaran la inflación). Ahora, el BCE ha decidido su 2ª subida (mínima otra vez: -0,25%, dejando los tipos en el 4%) por dos datos. Uno, que la inflación en la zona euro ha bajado al +2,2% en agosto, la más baja desde abril de 2021. Y el otro, que las subidas salariales se han moderado (los costes salariales aumentaron un +3,6% en el 2º trimestre, tras crecer un 4,7% en el primero).

Pero el dato que les debía haberles preocupado más es que, tras la drástica y rápida subida de tipos (recordemos: del 0 al 4,5% en 14 meses), la economía europea está estancada: la UE-27 ha crecido sólo un +0,2% en el 2º trimestre de 2024, según Eurostat, menos que en el 1º (+0,3%), la tercera parte que en todo 2023 (+0,6%) y muy por debajo de lo que crecía Europa antes de la pandemia, la invasión de Ucrania y el inicio de la drástica subida de tipos (+2,2% en 2019 y +3,4% en 2022). Y otro dato: la UE-27 creció en el 2º trimestre (+0,2%), menos de la tercera parte que EEUU (+0,7%), a pesar de que los tipos de la Reserva Federal eran más altos (5,25% frente al 4,50%), lo que significa que Europa estaba estancada mientras EEUU seguía creciendo mucho más, aunque ahora temen un estancamiento próximo.

Y lo peor, lo que tendría que haber llevado al BCE a una mayor rebaja de tipos hoy (y en los próximos meses) es que Alemania, la locomotora europea está “gripada”: cayó en 2023 (decreció un -0,3%, mientras España crecía un +2,4% y Francia un +1%) y sigue estancada (creció un 0,2% en el primer trimestre) e incluso cayendo (-0,1% en el 2º trimestre de 2024). Y no es un caso aislado: en el 2º trimestre ha caído también el PIB en otros 5 paises europeos: Irlanda (-1%), Austria (-0,4%), Suecia (-0,3%), Letonia (-0,9%) y Hungría (-0,2%). Así que la economía UE pasa por un mal momento y no se merece que el BCE mantenga un precio del dinero tan alto: el 4% actual es el más elevado desde junio de 2007 (4%) y contrasta con el 0% que costaba el dinero en Europa entre 2016 y 2022.

Así que ya sabemos a dónde nos ha llevado la “ortodoxia monetaria” del BCE, que pone por delante la bajísima inflación (el 2% como objetivo, que no se conseguirá hasta finales de 2025) al crecimiento, la inversión y el empleo. Ese debería ser el debate económico ahora: Europa debería aceptar una inflación en torno al 3%, a cambio de tipos más bajos (del 2 al 3%) y un mayor crecimiento y empleo en el continente. Pero casi nadie habla de esto.

Mientras, la política de tipos altos (que se mantiene), ha tenido (y tiene) un alto coste para familias, empresas y paises, a los que el BCE perjudica con su ortodoxia (y lo sabe). Las familias europeas llevan dos años largos pagando más por sus hipotecas, lo que perjudica su poder adquisitivo y su consumo. En España lo saben bien las 4 millones de familias que están pagando una hipoteca y cuya cuota mensual les ha subido drásticamente, de la mano del Euribor: de ser negativo hasta marzo de 2022 (-0,237%), se puso en positivo en abril  y llegó a un máximo del 4,160% en octubre de 2023, encareciendo drásticamente las hipotecas (del 1,3% en 2021 al 3,94% en octubre de 2024). Y aunque ahora ha bajado del 3%, con las dos bajadas de tipos del BCE y las previstas, todavía las hipotecas son mucho más caras que hace dos años. Un ejemplo: una hipoteca de 150.000 euros a 25 años, que paga el Euribor+1%, cuesta ahora 805,57 euros al mes, que es menos que hace un año (883,28 euros en agosto 2023) pero mucho más que hace dos (654,12 euros en agosto 2022).

Además de pagar más por las hipotecas, a pesar de la rebaja de agosto (84,6 euros al mes sobre agosto de 2023), las familias también han visto subir los tipos de sus créditos al consumo, para comprar un coche, irse de vacaciones o cambiar muebles: han subido del 6,10% en 2021 al 7,13% en 2022 y al 8,23% en octubre de 2023, aunque ahora estén en el 7,63% (julio 2024), según el Banco de España. Y también las empresas llevan dos años pagando más por sus créditos. Así, una pyme ha visto subir un crédito de 250.000 euros del 1,69% en 2021 al 3,53% en 2022 y al 5,25% en noviembre de 2023, aunque ahora paguen el 4,66%, según el Banco de España. Y los créditos a empresas superiores al millón de euros han subido del 1,04% (2021) al 4,95% en 2023, aunque ahora están al 4,72%.

También los paises han pagado en sus Presupuestos la drástica subida de tipos del BCE, al encarecerse el interés que tienen que pagar a los inversores para colocar la deuda pública. Así, el bono español a 10 años ha pasado de pagar el 0,41% de interés en noviembre de 2021 al 2,46% en noviembre de 2022 y un máximo del 3,94% en septiembre de 2023, bajando al 3,41% en junio de 2024 y al 2,94% en septiembre de 2024. Eso se traduce en que España tiene que pagar ahora más intereses por su deuda (39.078 millones en 2024 frente a 30.175 en 2022) y por eso puede gastar menos de lo que haría falta en sanidad, educación, dependencia, ayudas públicas o pensiones.

Como se ve, el coste económico y social de la “ortodoxia monetaria” del BCE es muy elevado, aunque hay un sector que sale muy beneficiado: la banca. En España, las familias y empresas han pagado 47.971 millones de euros más en intereses por hipotecas y créditos entre 2022 y 2023 (+14.035 millones los hogares y +33.936 millones las empresas), según los datos del Banco de España. Y esta subida de tipos y márgenes (más la mayor remuneración por el dinero que tienen depositado en el BCE)  ha permitido a los bancos europeos tener beneficios récord. Así, los 6 grandes bancos españoles aumentaron un 28% sus beneficios en 2022 (20.850 millones) y otro 26,4% en 2023 (26.088 millones). Y con el retraso en las bajadas de tipos, los 6 grandes bancos españoles han ganado en el primer semestre de 2024 otros 15.286 millones de euros (+23,4%), el primer semestre mejor de su historia.

Ahora, el BCE anticipa que hará otra pequeña rebaja de tipos (otro -0,25%) el 12 de diciembre, con lo que acabaríamos 2024 con un precio del dinero al 3,75%, el tipo que teníamos en mayo de 2023 y el tipo más alto desde octubre de 2008 (3,75%). Y que seguirá siendo “prudente” en las bajadas durante 2025 (podría aprobar 4 más), con lo que se cerraría el próximo año con los tipos al 2,75%. Eso claro, si no repunta la inflación por la energía y otras causas geopolíticas. Así que nos vaticinan tipos altos (hipotecas y créditos caros), aunque la economía europea siga estancada: se espera un débil crecimiento del 1% este año y un mínimo 1,7% en 2025, siempre por debajo de EEUU.

Mientras la economía europea no despega, algo que no parece preocupar al BCE, la presidenta de la Comisión ultima su Gobierno y se plantea las prioridades para los próximos 5 años. En Bruselas sí preocupa el estancamiento de la economía europea, frente a EEUU y a China, y por eso la Comisión encargó un informe a Mario Draghi, anterior presidente del BCE y ex primer ministro italiano. El informe, divulgado este martes, apuesta por un Plan de reactivación de la economía europea, invirtiendo 800.000 millones al año (inversión privada, pública y emisión de deuda europea) en apostar por la innovación y la tecnología, la reindustrialización, las energías limpias, la industria de la defensa  y avanzar en la integración europea, desde los mercados de capitales a la banca y la competencia. Un nuevo “Plan Marshall” para Europa, de origen europeo, para mejorar la competitividad y reducir distancias con EEUU y China. Un objetivo crucial. Pero el BCE debe contribuir al salto de la economía europea recortando más rápidamente los tipos. Aunque suba algo la inflación. Peor es el estancamiento económico actual, que frena el empleo y la calidad de vida. Recapaciten.

lunes, 9 de septiembre de 2024

La economía bien, la política mal

Tras las vacaciones, España afronta un otoño muy complicado, más en los temas políticos que en la economía. Los datos oficiales revelan que hemos superado la triple crisis de la pandemia, la guerra der Ucrania y la hiperinflación, con mejor nota que la mayoría de Europa: crecemos el triple, creamos más empleo (1,7 millones desde 2019) y la inflación ha bajado al 2,2%. Pero mucha gente no nota esta mejora de la economía, porque sus salarios apenas crecen y todo es más caro. Y les agobia pagar un alquiler, el colegio o la universidad y una sanidad privada o una residencia. Y las autonomías piden más recursos, mientras se enquista una reforma de su financiación. Además, persiste el problema de la inmigración ilegal (manipulada por la ultraderecha) y parece imposible que el Gobierno apruebe un Presupuesto para 2025. Al final, la polarización y el enfrentamiento político impiden mejorar la economía y los problemas que preocupan a los españoles. Estamos ante el riesgo de una “Legislatura fallida”
  
                            Enrique Ortega

Tras cuatro años y medio de continuas crisis, desde la pandemia a la guerra de Ucrania y la hiperinflación, la economía española parece asentar su recuperación, a juzgar por los datos oficiales. Por un lado, somos el país europeo grande que más crece: +0,8% en el 1º y 2º trimestre de 2024, casi el triple que la zona euro y que la UE-27 (+0,3% de crecimiento los dos primeros trimestres) y también por encima de Francia (+0,3%) o Italia (+0,3% en el primer trimestre y +0,2% en el 2º) y mucho mejor que Alemania (su PIB creció un +0,2% en el primer trimestre y cayó un -0,1% en el 2º), según Eurostat. Y lo mismo pasó en 2021 (España creció un 6,4% y la UE-27 un 6%), en 2022 (+5,8% frente al 3,4%) y en 2023 (un +2,4%, cuatro veces más que el +0,6% UE-27), compensando con creces la mayor caída que sufrimos en 2020 con la pandemia (-11,2% frente a -5,6% de caída en la UE-27). 

Así que ahora (2º trimestre 2024), España crece a una media anual del 2,9%, cuando Europa está estancada y Alemania roza la recesión. La clave del “éxito” económico español está en un fuerte tirón del turismo (que superará este año los 90 millones de visitantes, con un gasto récord de 128.000 millones de euros), en el mantenimiento del consumo de las familias (por la fuerte creación de empleo: +1,7 millones desde 2019, más estable y mejor pagado), en el pulso de las exportaciones, que se mantienen fuertes en los últimos años, a pesar de la caída en 2024 (-2,4%, en España, menos del -3,2% que caen en UE-27) y por el empuje de los Fondos europeos: España ha adjudicado ya el 55% del total asignado (38.604 millones de euros) y puede adjudicar el resto hasta finales 2026.

Además de crecer más que la mayoría, España ha superado también, como el resto de Europa, el grave problema de la hiperinflación: la inflación anual ha bajado al 2,2% en agosto de 2024, según el INE, como la eurozona (2,2%) y muy lejos del 10,5% que subían los precios en agosto de 2022 (tras la guerra de Ucrania y el tirón de los precios de la energía, las materias primas y los alimentos).Y eso, a pesar de unos tipos de interés récord impuestos por el BCE (en el 4,50%, aunque los bajó en junio al 4,25%, todavía el tipo más alto desde 2008), que han encarecido hipotecas y préstamos, debilitando la recuperación más que la inflación.

A pesar de que “la economía va bien”, la mayoría de los españoles “no lo notan, según las encuestas del CIS. La razón es evidente: tras dos años de fuerte subida de precios (2022 y 2023), todo es mucho más caro ahora. Y a muchas familias les cuesta más llegar a fin de mes, porque sus sueldos han subido menos que la inflación. Es lo que pasa incluso este año: la inflación anual media sube un +3,2% hasta agosto y la subida salarial en los convenios firmados (hasta julio) es del +2,9%. Así que los trabajadores con convenio pierden poder adquisitivo (-0,3%) y los que no tienen convenio más. Y eso ha pasado también en 2022 y en 2021. De hecho, los trabajadores españoles han perdido un -5,16% de poder adquisitivo entre 2020 y agosto de 2024, según los datos del INE y Trabajo.

Eso explica que muchas familias no noten en sus bolsillos “la mejora de la economía”. Eso contrasta con la situación de las empresas, que han mejorado sensiblemente su facturación, márgenes y beneficios en estos últimos cuatro años y medio. El margen bruto sobre ventas se ha disparado: es el 13,5% entre abril y junio, según el Observatorio de Márgenes Empresariales, lo que augura un tercer año récord de márgenes, tras un +12,9% en 2023 y 12,1% en 2021, por encima del 10% de 2020 y 11% de margen en 2019. Así que mientras las familias pierden poder adquisitivo, las empresas suben márgenes (a pesar del aumento de costes), subiendo precios. Y eso les ha permitido aumentar sus beneficios estos años. En 2024, de enero a junio, las empresas cotizadas ganaron 32.099 millones, un +15,22% de aumento, sobre todo las energéticas, eléctricas, bancos y distribución.

Las familias españolas tampoco notan que “la economía va bien” porque siguen con problemas económicos preocupantes en su día a día. Por un lado, los servicios públicos esenciales se han deteriorado y les siguen costando dinero. Es el caso de la Sanidad, donde crecen las listas de espera, no sólo para el especialista, sino para ver al médico de familia, lo que se traduce en que contratan cada vez más un seguro médico privado: 12,4 millones de españoles lo pagan cada mes, 1 de cada 4 personas (un 38,7% en Madrid y un  32,4% en Barcelona). Y también es costosa (y complicada) la educación de los hijos, desde la guardería y el colegio (con gastos crecientes en los concertados) a la Universidad y la FP (cada vez más privada). Y lo mismo el atender a los dependientes (mayores), muchos en espera de ayuda (331 días de media y 130.643 con derecho reconocido y en “lista de espera”)  y otros sin atención y obligados a pagar caras residencias (la mayoría privadas).

Así que tres servicios claves, Sanidad, Educación y Dependencia funcionan “tensionados”, faltos de recursos y personal, lo que obliga a las familias a gastarse dinero en cubrir sus necesidades sanitarias, educativas y dependencia. Y estos servicios los gestionan las autonomías, que se quejan de falta de recursos de la Administración Central. Pero el Gobierno asegura que les anticipará 147.412 millones de euros en 2025, a cuenta de los ingresos que les corresponden por impuestos, un +9,5% sobre 2024 y la mayor aportación de la historia. Y recuerdan que han transferido a las autonomías 178.750 millones más (+40%) durante los Gobiernos de Sánchez (entre 2019 y 2023) que los recibidos con los Gobiernos de Rajoy (2013-2017).

Este otoño volverá con fuerza el tema de la reforma de la financiación autonómica, la petición urgente de todos los Gobiernos regionales para contar con más recursos para atender a los servicios públicos que gestionan (sanidad, educación, dependencia, ayudas y servicios sociales, vivienda…). Una petición justificada porque el actual sistema de financiación se aprobó en 2009 y debía haber sido reformado en 2014. El Gobierno Sánchez promete presentar una reforma a las autonomías este año, pero el problema es la falta de acuerdo político entre el PP (que gobierna en 11 autonomías, más Ceuta y Melilla, aunque no tienen todas una postura común) y el Gobierno. Y eso, porque lo que está en juego son los criterios de reparto de los ingresos que corresponden a cada autonomía.

En el sistema de financiación actual, lo que prima es la población de cada comunidad: las más pobladas reciben más ingresos en el reparto de la recaudación total (también las autonomías más ricas contribuyen con más ingresos). Y eso perjudica a autonomías con menos población, que piden ahora un nuevo sistema de reparto de la financiación que prime más el porcentaje de población mayor o la diseminación de la población y el peso de la España vaciada. Según los criterios que ser fijen, habrá autonomías que reciban comparativamente más dinero que ahora y otras menos (aunque todas ingresarán más).

Con la financiación autonómica actual, hay 5 autonomías “infra financiadas”, que reciben menos recursos por habitante que la media en España (3.365 euros), según el último estudio de FEDEA: Murcia (3.056 euros por habitante), Comunidad Valenciana (3.089), Andalucía (3.182) y Castilla la Mancha (3.193), más Madrid (que recibe 3.364 euros, 1€ menos que la media). Estas autonomías son las que más se quejan de falta de recursos, porque llevan 10 años ya recibiendo menos de lo que les correspondería con un sistema “más justo”. Las 10 autonomías restantes están “sobre financiadas”, reciben más que la media (3.365 euros por habitante). Las 4 regiones que se benefician más del actual sistema son La Rioja (recibe 3.954 euros por habitante, 898 euros más que Murcia), Cantabria (3.944 euros), Baleares (3.877 euros) y Extremadura (3.809 euros por habitante), seguidas de lejos por Canarias (3.696 euros), Castilla y León (3.573 euros), Aragón (3.529 euros), Asturias (3.584), Galicia (3.448) y Cataluña (3.396 euros).

Otro problema clave de este otoño, que afectará a las autonomías y a todos nosotros, será la aprobación de los Presupuestos para 2025. El Gobierno promete presentar un proyecto este mes de septiembre, pero no cuenta con mayoría para sacarlo adelante, a la vista de que Junts (el partido de Puigdemont) ya votó en contra del techo de gasto que aprobó el Gobierno en julio (y amenaza con sumarse al PP y Vox en el veto a los Presupuestos de 2025). Si el Gobierno no consigue el apoyo de Junts (y de ERC, el PNV, Bildu o Podemos), tendrá que prorrogar los Presupuestos actuales de 2024 (que ya prorrogaron los de 2023) para 2025, al igual que se prorrogaron los de 2018 (en 2019 y 2020). El problema es que la prórroga obligaría a gastar menos (-22.288 millones), porque el techo de gasto sería el de 2023 (173.065 millones) y no el propuesto para 2025 (195.353 millones). Así que no aprobar el Presupuesto para 2025 supone gastar 22.288 millones menos, que se traduce en menos recursos públicos para sanidad, educación, Dependencia o inversiones que tanta falta hacen…

Con todo, la pelea más “sonora” de este otoño será la inmigración, no porque sea lo que más preocupa a los españoles sino porque la derecha y la ultraderecha creen que es la bandera que les da más votos. Hay un dato preocupante: la inmigración ilegal hacia España se ha disparado: 56.852 inmigrantes ilegales entraron en España en 2023 (39.910 por Canarias), un 82% más que en 2022. Y en la primera mitad del año 2024 han llegado 26.585 inmigrantes ilegales, un 90% más que en 2023. Está claro que hay que frenar este ritmo de llegadas, sobre todo con acuerdos con los paises de salida (ahora Mauritania, Senegal, Mali y Gambia, muchos con conflictos bélicos) y con medidas internas (el Gobierno expulsó a 2.515 inmigrantes irregulares en el primer trimestre).

Pero no se puede hacer demagogia, porque la mayoría de la inmigración se hace por cauces controlados: en 2023, España recibió 639.000 inmigrantes netos, lo que permitió aumentar la población y proveer de mano de obra a muchos sectores (el 40% del nuevo empleo lo consiguen extranjeros). Y en España viven (censados) 4.394.900 extranjeros de fuera de la UE, el 6,4% de la población total (en Europa, los extranjeros no comunitarios son el 9,1%).

Está claro que hay que regular la inmigración, facilitando la llegada de extranjeros de forma legal y limitando la vía de la inmigración ilegal (que no parará). De hecho, España necesita la llegada de  200.000 extranjeros cada año para cubrir trabajos claves, en el campo, el turismo,  la construcción y muchas industrias y servicios. Y para pagar impuestos, cotizar y financiar las pensiones y los servicios públicos, algo de lo que no se habla cuando se identifica a la inmigración con inseguridad y costes. Un debate que debería no ser político y sectario, para  primar la humanidad, los derechos humanos y la economía.

Otro debate clave, más prioritario, es la grave situación de la vivienda en España, que no sólo afecta a los que buscan un techo (jóvenes y nuevas familias) sino a toda la economía, porque hay muchas actividades muy afectadas por la falta de vivienda para sus trabajadores (turismo, industrias, sanidad, colegios y Universidades, servicios…). El problema de fondo está claro: faltan viviendas para vender y alquilar y eso está disparando los precios. Sobre todo del alquiler. Su precio se ha disparado un 30% desde 2019 y cuesta 1.206 euros de media (13,4 euros/m2 en junio), según Idealista, llegando a 1.800 euros en Barcelona y 1.782 euros en Madrid. Cantidades imposibles de pagar para muchos sueldos y que revelan el problema de fondo: la falta de oferta (se ha reducido un 41% desde 2019, por el trasvase a pisos turísticos y de temporada, más ventas) y el tirón de la demanda (se ha duplicado con creces estos años).

La solución pasa por aumentar la oferta de viviendas, aumentando la promoción de viviendas nuevas (se terminaron 80.473 viviendas “libres” en 2023, frente a 356.000 en 2009) y facilitando a los propietarios que pongan su vivienda en alquiler (no “asustándoles” con controles). Y sobre todo, alcanzar un gran Pacto entre Gobierno, Ayuntamientos, autonomías, promotores y bancos para promover 150.000 nuevas viviendas al año, la mayoría para alquilar.

En resumen, “la economía va bien”, pero las familias españolas lo podrían notar más si la política se preocupara de resolver sus problemas cotidianos, desde la mejora de los salarios y el empleo de los jóvenes a la sanidad, la educación a la vivienda y la lucha contra el cambio climático. Pero estamos metidos en una política de “polarización” y enfrentamientos constantes que perjudican a la economía, como la  peligrosa deslegitimación del Gobierno y las instituciones democráticas. Y así resulta imposible sentarse y tratar de buscar una solución a la sanidad, la vivienda, la financiación autonómica o la inmigración, aprobar medidas entre todos que mejoren la vida de la gente. Todo apunta a que, si no hay Presupuestos 2025 ni acuerdos en los problemas básicos, estamos ante “una Legislatura fallida”. Y ante un “parón” político que acabará dañando la economía.

lunes, 5 de agosto de 2024

Cinco libros de economía para leer este verano

El verano es siempre un buen momento para leer más. No hay que tener miedo a leer libros de economía, porque a veces los temas complejos exigen un formato amplio para explicarlos bien. Y cada vez hay más economistas con afán de divulgar. Hoy traigo aquí 5 libros de interés. El primero, sobre el poder de las consultoras, esos gigantes que asesoran a empresas y Gobiernos y les indican lo que tienen que hacer, un ensayo que denuncia su ideología y su tremendo poder. El segundo, un libro sobre los “chips” y su extraordinario papel en la economía y la geopolítica mundial. El tercero, un análisis del protagonismo de la tecnología y la necesidad de controlarla para salvar la democracia. El cuarto, un libro de un inspector de Hacienda sobre los impuestos en España. Y el quinto libro, un análisis crítico del capitalismo y una hoja de ruta para mejorar la economía y el mundo, propuestas utópicas para muchos. Espero que alguno le interese.


El primer libro, “El gran engaño explica “cómo la industria de la consultoría debilita las empresas, infantiliza a los Gobiernos y pervierte la economía”. Una de sus autoras es Mariana Mazzucatto, conocida economista ítalo-norteamericana, que ha escrito numerosos libros y artículos sobre la economía internacional. Este libro, escrito con Rosie Collington nos desvela el importante papel de las grandes consultoras (estadounidenses),  que mueven un negocio mundial de 900.000 millones de dólares (16.000 millones de euros en España) y que controlan 3 grandes consultoras estratégicas (McKinsey, Boston Consulting y Bain &Company) y otras 4 grandes consultoras de auditoría (Price Waterhouse Coopers, Deloitte, KPGM y Ernest&Young, que emplean a 400.000 personas en 130 paises). Son el cerebro” del capitalismo mundial, los que asesoran a empresas y Gobiernos.

El libro analiza el origen y la evolución de estas grandes consultoras, creadas a principios y mediados del siglo XX, que han protagonizado la gestión económica en las últimas décadas, sustituyendo a Gobiernos y empresas, a los que asesoran y crean Planes de trabajo a medio plazo, con estrategias basadas en el beneficio fácil a corto plazo y ganar elecciones. De hecho, estas consultoras están detrás de muchas crisis empresariales (Enron, Word Com, Leman Brothers, Bankia…) y fueron contratadas por muchos Gobiernos para privatizar servicios públicos o afrontar la COVID. Y describe también cómo ayudan a las grandes empresas a no afrontar los retos de la crisis climática. El libro se llama “el gran engaño” porque revela cómo consiguen beneficios millonarios de Gobiernos y empresas a cambio de una asesoría que no crea valor sino que busca crear una “dependencia” del cliente. Una dependencia que impide a Gobiernos y empresas tomar decisiones autónomas más eficientes.

El segundo libro, “La guerra de los chips”, de Chris Miller, considerado el mejor libro económico de 2023 por “The Economist” y “Finantial Times”, narra el origen y la evolución de los “chips”, los microprocesadores que están detrás de todas las tecnologías actuales, desde los misiles a los microondas, de los smartphones a los coches. Hasta hace poco, EEUU era el principal productor, lo que le permitía un liderazgo tecnológico que ahora está en cuestión, amenazado por Taiwán, Corea del Sur y sobre todo China, que ha emprendido un ambicioso Plan para superar a USA en la fabricación de microchips. El libro, muy completo y documentado (544 páginas) cuenta como los microprocesadores han revolucionado el mundo y como la lucha por esta tecnología puede conducir a una nueva guerra fría entre China y EEUU.

El libro de Miller, historiador norteamericano, bucea en los orígenes de los microprocesadores, tras la II Guerra Mundial y su evolución e implantación en las distintas industrias. Y profundiza en los problemas creados tras la pandemia, cuando la industria mundial sufrió la falta de chips. Analiza después esta industria, concentrada en un número reducido de paises y empresas, debido a que es un producto difícil y costoso de fabricar, un mercado dominado por el gigante TSMC, de Taiwán, que controla el 66% de la producción mundial, seguida muy de lejos por la norteamericana Intel y donde el papel de Europa es residual: producimos el 10% de los chips mundiales y el objetivo es duplicarlo hasta el 20%. Cara al futuro, el problema no es solo la pelea por el liderazgo tecnológico y económico sino que los chips son claves para lograr la supremacía militar. De ahí el riesgo de China y su amenaza permanente a Taiwán.

El tercer libro, “Tecnologías: poder y progreso”, de los economistas USA Daron Acemoglu (autor del famoso libro “Por qué fracasan los paises”, muy recomendable) y Simon Johnson, analiza la evolución de la tecnología en el mundo y su contribución a la prosperidad, pero también el riesgo de que un mal uso de la tecnología ponga en peligro la sociedad y la democracia. El libro hace un recorrido sobre la historia de la tecnología, desde la revolución agrícola del Neolítico a la Inteligencia Artificial (IA) y concluye que el ser humano puede controlar la tecnología  y, sobre todo, decidir si sirve a las élites (como en muchas épocas) o al bien común. Su teoría es que el desarrollo tecnológico no tiene por qué llevarnos a la concentración del poder y la riqueza, como parece hoy con los gigantes de Internet, sino que puede ser “una herramienta de empoderamiento y democratización social”, si conseguimos recuperar su control y conseguir que beneficie a la mayoría.

Los autores han escrito este libro para demostrar (históricamente) que la tecnología no lleva automáticamente al progreso de la sociedad y que hoy está enriqueciendo a un reducido grupo de emprendedores e inversores, mientras la mayoría de la población obtiene escasos beneficios y carece de poder de decisión. Por eso, defienden una tecnología más inclusiva, que beneficie a la mayoría, para lo que proponen medidas políticas y económicas de fondo, desde fragmentar las grandes tecnológicas (como se hizo con las petroleras en EEUU a principios del siglo XX), a fomentar el liderazgo tecnológico público, más inversión en formación, mayor protección de datos y medidas fiscales contra los gigantes tecnológicos, que tienen un exceso de poder social y político. “Hay que ejercer un control democrático de la tecnología”, reiteraba Acemoglu en su visita a España.

El cuarto libro, “¿Y esto quien lo paga?”, está escrito por el economista e inspector fiscal Francisco de la Torre, diputado de Ciudadanos de 2016 a 2019. El libro analiza las distintas crisis sufridas en este siglo, desde la crisis financiera a la pandemia, cuál ha sido su coste para España y quien lo ha pagado,  detallando por ejemplo el coste del rescate bancario o las ayudas contra la pandemia y la inflación. Y analiza también con detalle los impuestos en el mundo, tanto de las multinacionales como de los bancos y las grandes tecnológicas, explicando la “ingeniería fiscal” que utilizan para “eludir impuestos y el papel de los paraísos fiscales y los paises con baja tributación (como Irlanda, Holanda o Luxemburgo).

La segunda parte del libro analiza en detalle los impuestos en España, desde el IRPF al IVA o sociedades, el impuesto del patrimonio y los 20 impuestos de sucesiones vigentes en España, revelando claramente quienes pagan más y menos, como se reparte la factura fiscal. Y analiza también el gasto público, desmontando el mito del “despilfarro”, a la vez que desmonta el mito de que pagamos más impuestos que otros paises: revela con datos cómo España recauda menos que la mayoría de Europa, por una serie de “agujeros” en la mayoría de impuestos y porque hay personas y empresas que pagan menos de lo que deben. Y plantea la necesidad de una reforma fiscal, mientras señala la cuestión de fondo: qué impuestos debemos pagar y quienes para crear una sociedad civilizada y justa.

El último libro, “Una hoja de ruta para cambiar el mundo”, del catedrático sevillano Juan Torres López, en su día coautor del programa económico de Podemos, puede parecer una utopía económica, porque pretende reflexionar sobre lo que hay que hacer “para que haya futuro. El libro tiene dos partes. Una primera analiza la realidad del capitalismo hoy en el mundo, que junto al progreso acarrea desigualdad, despilfarro y agotamiento de recursos, creando una gran insatisfacción social, cuyos orígenes analiza con detalle. Por un lado, Torres explica cómo el capitalismo ha mutado al neoliberalismo y como se ha pasado del consenso de la postguerra a los enfrentamientos actuales y la posverdad, con un interesante análisis de cómo las ideas ultraconservadoras (Trump, Milei) consiguen la mayoría en las urnas.

Tras este primer bloque, el libro entra a analizar “a qué podemos aspirar”, si es posible cambiar el mundo que tenemos (y que al autor no le gusta, como a muchos). Y plantea una serie de motores para cambiar el mundo, en especial disponer de un “relato alternativo” al de la derecha y los neoconservadores. Aquí, el autor es muy crítico con la izquierda, porque creen  que ha sido incapaz de articular un relato alternativo, con un exceso de sectarismo y una falta de propuestas trasversales que puedan ser apoyadas por amplias mayorías. Y como epílogo, plantea 10 tareas prioritarias para cambiar la economía y la sociedad, desde educar y denunciar a forjar consensos progresistas, poner en marcha experiencias económicas alternativas, crear espacios de debate y convivencia, reforzar el estado, reivindicar activamente la paz y, sobre todo, frenar “como especie” el cambio climático. Al principio, puede parecer un planteamiento utópico, pero el libro trata de insuflar esperanza y hacernos creer que es posible cambiar el mundo.

Bueno, espero que alguno de estos 5 libros pueda interesarle. Buenas lecturas y buen verano. ¡ Hasta septiembre¡  

jueves, 1 de agosto de 2024

Turismo: el verano de todos los récords

Hoteles, bares, restaurantes, apartamentos, líneas aéreas, autobuses y trenes, coches de alquiler , supermercados y empresas de ocio se preparan para hacer el mejor agosto de su historia. Este verano se batirán todos los récords: de turistas, con 32,8 millones de extranjeros entre julio y septiembre (+4 millones que en 2019), de ingresos (46.500 millones de euros, +22% ) y de precios, con una subida del +10 al +30% en hoteles, apartamentos, comidas y casi todo. Volveremos a ver las costas, las islas y las ciudades más turísticas con un aluvión de gente, sobre todo británicos, alemanes, franceses, norteamericanos, asiáticos y latinoamericanos, mientras los españoles saldrán más al extranjero y otros veranearán menos días, por los precios. Con ello, se espera batir en 2024 todos los récords de turistas, más de 90 millones, camino de los 100 millones en 2025. El sector y muchas zonas turísticas saturadas creen que “hay que parar y poner orden”, porque este turismo masivo es insostenible. Y agobiante para descansar.  

                                 Enrique Ortega

El año 2024 va a ser el gran año del turismo en España. Ya empezó con una fuerza inusitada, con un récord de turistas extranjeros y viajes de españoles en el primer trimestre, animados por la Semana Santa. Y ha seguido con fuerza en mayo y junio, animado por la rebaja de la inflación y una cierta recuperación en Europa, junto a la fuerte creación de empleo en España (+426.300 empleos en el último año). Así, entre enero y mayo de 2024 llegaron a España 33.212.538 visitantes extranjeros, +13,62% que en los cinco primeros meses de 2023 y 4 millones más de turistas que en ese mismo periodo de 2019, según el INE.Y se gastaron 43.198 millones de euros, +21,8% que en ese periodo de 2023 y 7.800 millones más de gasto que en los cinco primeros meses de 2019. Doble récord histórico. Y encima, crece más el gasto que los turistas, con lo que los extranjeros que vienen se están gastando más que nunca: 1.263 euros de media, 204 euros de gasto medio diario (+8,6%).

En junio ha seguido la tendencia de un turismo disparado: aunque aún o hay datos de visitantes, si los hay de pernoctaciones en hoteles y marcan otro récord: 160,63 millones de pernoctaciones entre enero y junio de 2024, un 7,5% más que el primer semestre de 2023, según el INE. Y eso, gracias básicamente a las pernoctaciones de extranjeros, que crecieron un +11,2% en la primera mitad del año, mientras las estancias en hoteles de españoles crecen sólo el +0,9%, debido a la fuerte subida de los precios hoteleros (+7,8% anual), con una tarifa media por estancia que ya es de 122 euros diarios.

Ahora se espera un agosto que bata todos los récords de reservas, después de un mes de  julio donde las reservas han subido entre un 10 y un 15% sobre las del verano pasado, con ocupaciones superiores al 85% en muchas zonas, que rondarán el 90 y 95% este mes. Están aumentando las llegadas de turistas europeos, sobre todo británicos y alemanes (que ya han superado a los turistas que llegaban antes de la pandemia), suizos, nórdicos y portugueses, junto a norteamericanos, latinoamericanos y asiáticos, que además están reservando hoteles más caros (de más de 200 euros la noche), según ebooking.com, mientras las reservas de españoles se dirigen a estancias más económicas, en hoteles más baratos, apartamentos, campings y casas de turismo rural.

La previsión del sector hotelero es aumentar su facturación este verano un +5,5%, según la patronal Exceltur, con un mayor negocio en los hoteles urbanos (Cataluña y Madrid), algunas zonas de costa (Andalucía, Comunidad Valenciana y Murcia), islas, el País vasco y algunas zonas de interior y de Asturias y Galicia, apoyadas por temperaturas más bajas. Y también esperan un buen negocio las agencias de viaje, compañías aéreas y ferroviarias, empresas de alquiler de coches y las de ocio, junto a la hostelería y restauración, sin olvidar los supermercados. Todo ello va a tirar del empleo este verano, después de que las empresas turísticas hayan creado 79.000 nuevos empleos hasta junio, según Exceltur.

Lo que preocupa a muchos profesionales del sector es que la fuerte subida de precios turísticos retraiga la demanda, sobre todo de españoles. Y es que los precios llevan varios años subiendo, más de un 30% desde 2019 en muchos apartados. Sólo este año, de enero a junio, los hoteles han subido de media un 31,4%, según el INE (con una subida anual del 9,3%). Y los vuelos nacionales han subido un 21,8% en el primer semestre (y +12,3% en el último año), mientras los internacionales suben un 9,2%. Y los restaurantes suben un 4.7% anual. Pero al final, todo sube, desde los carburantes y los transportes a los hoteles y apartamentos, que han disparado sus precios: en agosto, a pie de playa, un apartamento se está cobrando 1.200 euros por semana, 400 euros más que el año pasado. Todas estas subidas están retrayendo al turistas nacional (no al extranjero), que optan por estar menos días (1 semana frente a 10 o 15 días antes) y gastar lo mismo o poco más.

Pero la subida de precios (disparada) no parece que vaya a frenar el ansia de españoles y extranjeros por viajar este verano, cuando se espera batir todos los récords en turistas y gastos. En julio se espera haber recibido 11,4  millones de turistas extranjeros (10,11 millones en julio 2023) y en agosto podrían alcanzarse los 11,5 millones (frente a 10,18 millones en agosto 2023), para terminar septiembre con 9,9 millones de turistas (frente a 8,8 millones en septiembre 2023). Eso sumaría 32,8 millones de turistas extranjeros este verano, una cifra nunca vista y que supone 4 millones de turistas más que en el verano de 2019, antes de la pandemia (nos visitaron 28.838.788 extranjeros), según el INE

Ya el 12 de julio, el Gobierno anticipó que España iba a recibir 41 millones de turistas entre junio y septiembre de 2024, lo que supone 3,36 millones más que en esos 4 meses de 2019 (37,64 millones de turistas), un aumento del +13%. Pero lo más llamativo es que auguran un gasto de 59.000 millones de euros en esos 4 meses, +22% que en el verano de 2019, lo que reafirma que no sólo vienen más turistas que nunca sino que además gastan mucho más, gracias a que vienen más turistas de EEUU, Latinoamérica y Asia, con más presupuesto (1.560 euros de gasto medio) que los turistas europeos que nos visitan (entre 771 y 1.148 euros). De momento, los altos precios no disuaden a los turistas extranjeros, que valoran la seguridad, la calidad del servicio y las infraestructuras de España frente a otros destinos más baratos.

Al final, todo apunta a que no sólo será el verano de todos los récords (turistas, gasto y precios), sino que 2024 será el mejor año turístico de nuestra historia. Algunas previsiones, como la de CaixaBank Research, apuestan por alcanzar los 90 millones de turistas en 2024, mientras otras previsiones suben la cifra a 93 millones (frente a 85.056.528 visitantes en 2023, que superaron el anterior récord de 83,5 millones den 2019). Eso nos colocaría en posición de alcanzar los 100 millones de turistas en 2025, según muchos expertos, más del doble de los turistas que recibimos el año 2000 (47,9 millones). Un informe de Google y Deloitte retrasa este máximo y señala que España puede alcanzar los 110 millones de turistas en 2040, superando al país líder actual, Francia (109 millones). En cuanto a los ingresos por turismo, algunas previsiones creen que llegaremos a los 128.000 millones de euros en 2024 (+20.000 que en 2023), el 2º país con más ingresos turísticos, tras EEUU.

Con estas previsiones para 2024, el turismo se consolida como la primera industria española, creciendo este año un +4,6% (el doble que toda la economía) y generando una actividad de 202.600 millones de euros, el 13,2% de todo el PIB español. Y el turismo mantiene  2.753.357 ocupados en España, el 13% del empleo total. Pero quizás lo más importante es que el turismo es el principal motor del crecimiento español, junto al consumo, las exportaciones y la inversión. En el 2º trimestre, el tirón del turismo ha sido el causante de que España haya crecido un 0,8%, según el INE. Y será el responsable del 26% de todo el crecimiento de la economía en 2024, según Exceltur.

Pero ojo, este crecimiento del turismo resulta ser ya excesivo, porque está tensando al máximo las infraestructuras (desde los aeropuertos, estaciones de tren y carreteras) y los servicios (desde el agua a la sanidad o la seguridad) . Y está afectando muy negativamente a algunas localidades y zonas turísticas, que hasta multiplican por 10 su población en verano, causando tremendas molestias a los residentes habituales (que se quejan y manifiestan, desde Canarias a Mallorca, Málaga o Barcelona). Y están provocando un serio problema de falta de viviendas en alquiler, al ser desviados a pisos turísticos (el 10% de media y el 30% en algunas zonas). Por todo ello, la patronal del sector ha firmado un Manifiesto en defensa del turismo sostenible, donde piden un rediseño de las zonas turísticas, con colaboración pública y privada, para asegurar un control de los alojamientos turísticos y dotar a las infraestructuras turísticas de  recursos humanos y materiales, para evitar aglomeraciones y quejas. Además, piden una mayor adaptación del turismo al cambio climático, una exigencia vital.

A la vuelta de este verano récord, es prioritario que el Gobierno, las autonomías y los grandes municipios turísticos se sienten con las empresas del sector y los sindicatos para alcanzar un gran Pacto por el futuro del turismo, para conseguir que sea sostenible, social y ambientalmente. Porque no puede seguir creciendo sin control, salvo que queramos “matar la gallina de los huevos de oro”. Hay que regular su crecimiento y su futuro, limitando la afluencia de turistas en algunas zonas y fechas, tratando de diversificar y ampliar la oferta, tanto en origen como en destino, para que no lleguen la mitad de los turistas en cuatro meses, sino más a lo largo del año, de nuevos países y a destinos menos masificados.

Un cambio estratégico que tarda tiempo en aplicarse y dar fruto y que exigen cada vez más españoles, hartos de un turismo que se ha vuelto insostenible (social y medioambientalmente). Los que viven en zonas masificadas, porque quieren “huir” en verano de la vorágine de visitantes. Y el resto, porque estamos hartos de hacer cola para todo en vacaciones, en los aeropuertos y estaciones de tren o autobús, en los atascos de las carreteras locales, para encontrar un sitio en la playa, comer en un restaurante o tomar una caña o una copa, incluso para andar por los paseos marítimos o las rutas de montaña. Eso no son vacaciones: no descansamos. Y el riesgo es que un día, la burbuja del turismo estalle, por insostenible, y nos hunda en otra crisis. Estamos a tiempo de evitarlo.

lunes, 29 de julio de 2024

EPA junio 2024: empleo récord y mínimo paro

En España hay 21.684.700 personas trabajando, la mayor cifra de nuestra historia y 1,1 millones más que en septiembre de 2007, en pleno boom inmobiliario, según la EPA publicada el viernes. El mercado laboral sigue mejorando, por el tirón del turismo, la hostelería y el comercio, aunque también aumenta el empleo en los demás sectores. Y el paro baja al 11,2%, un mínimo histórico desde 2008. Con ello, España ha creado ya 1,7 millones de empleos desde 2019, a pesar de la pandemia, la guerra de Ucrania y la inflación, siendo el país europeo que ha creado más empleo (+9,1% en estos años frente al 5% Italia, +2,3% Francia o el 1,8% Alemania). Y ahora, el Gobierno espera crear 875.000 nuevos empleos entre 2024 y 2025. Con todo, el paro español duplica al europeo y deberían trabajar 2 millones de personas más. Por eso, hay que seguir impulsando la economía y el empleo, no "dormirse en los récords". Y es urgente reformar las oficinas de empleo, que no ayudan a recolocar a los parados.

                       Enrique Ortega

El 2º trimestre del año suele ser bueno para el empleo, por los contratos previos al verano y la Semana Santa, aunque este año cayó en marzo (primer trimestre). Este año 2024, tras un primer trimestre donde cayó el empleo (-139.700), el 2º trimestre ha seguido la tradición y se han creado +434.700 nuevos empleos, según la EPA,  el tercer mayor aumento en este trimestre tras los de 2023 (+603.900 empleos) y 2021 (+464.900 empleos). Con ello, se afianza  la recuperación del empleo iniciada en el verano de 2022 y la ocupación aumenta en 426.300  empleos en el último año, con 21.684.700 personas trabajando en España, la mayor cifra de ocupados de toda nuestra historia (el anterior máximo fue en septiembre de 2023: 21.446.500 ocupados).

En el 2º trimestre, el aumento del empleo ha sido gracias a los servicios (+304.000 empleos creados), sobre todo la hostelería (188.700 empleos) y el turismo, pero también han creado empleo la industria (+63.400), la construcción (+61.100) y la agricultura (+6.100 empleos).  El empleo se ha creado básicamente en el sector privado (+427.100 empleos) y poco (+6.900 empleos) en el sector público, por el fin de contratos en enseñanza y sanidad, según la EPA de junio. La mayor creación de empleo se haya dado entre los hombres (+232.100 empleos, frente a +202.600 entre las mujeres) y entre los mayores de 55 años (+100.400 empleos), los jóvenes de 20 a 24 años (+67.500) y los de 35 a 39 años (+64.100 empleos). Y se ha creado más empleo entre los extranjeros (129.700) y con doble nacionalidad (106.700) que entre los españoles (198.300). Por autonomías, el empleo sólo cayó en Cantabria (-3000 empleos) y Asturias (-1.800), creciendo en el resto, más en Andalucía (+101.200), Baleares (+88.900), Comunidad Valenciana (+78.700), País Vasco (+28.600) y Madrid (+25.500 empleos).

La importante mejora del empleo en el 2º trimestre (+434.700 empleos) no se traducido toda en una bajada similar del paro (--222.600 parados), porque en paralelo han aumentado los españoles activos, las personas que buscan trabajo ahora: los “activos” han aumentado en +222.600 personas, impidiendo bajar más las cifras del paro. Es un proceso que se ve trimestre a trimestre (hay 373.300 personas más buscando trabajo que hace un año). Y hay un récord histórico de adultos “activos” (trabajando y buscando trabajo): 24.400.000 activos, 1,25 millones más que antes de la pandemia (23.158.800 “activos” a finales de 2019). Todo apunta a que seguiremos así, con lo que en los próximos meses sucederá lo mismo que ahora: el paro bajará menos de lo que sube el empleo.

El  paro ha bajado en el 2º trimestre (-222.600 parados) gracias sobre todo a los servicios (-190.500 parados), por el tirón en el turismo, la hostelería y el comercio, y a los que perdieron su primer empleo hace un año (-17.620 parados ahora), bajando también en la industria (- 9.300), la agricultura (- 7.300) y, sobre todo, en la construcción (-12.900 parados), según la EPA de junio. El desempleo baja más entre las personas de 25 a 54 años (-179.000 parados), los de más de 55 años (-49.000) y los jóvenes de 20 a 24 años), aumentado entre los jóvenes de 16 a 19 años (+ 32.100 parados). Y baja más el paro entre las mujeres (-113.400) que entre los hombres (-109.200 parados), reduciéndose el triple entre españoles (-166.900) que entre extranjeros (-55.700 parados). Por autonomías, baja en todas, salvo en Cantabria (+2.600 parados) y Aragón (+1.900), destacando la bajada en Andalucía (-54.100), Baleares (-44.800), Comunidad Valenciana(-42.000) y Madrid (-26.500).

La cifra total de parados EPA sigue muy por debajo de los 3 millones (2.755.300 parados a finales de junio 2023), un dato que no se veía desde septiembre de 2008 (2.598.800 parados). Y la tasa de paro baja al 11,27%, según la EPA, mucho más baja que antes de la pandemia (13,78% en 2019) y la menor tasa de paro desde el verano de 2008 (11,33%). Eso sí, todavía duplicamos la tasa de paro europea (6% en la UE-27 en mayo) y cuadruplicamos la alemana (2,9% de paro), según Eurostat. También baja mucho este trimestre la tasa de paro de los jóvenes (menores 25 años), al 26,58% (14,4% en la UE-27).

Hay otros datos preocupantes del paro que también mejoran. El primero, que hay 868.300 hogares con todos sus miembros en paro (109.000 hogares menos  que el trimestre pasado). El segundo, que seguimos con 6 regiones que tienen una tasa de paro “escandalosa”, aunque en la mayoría sigue bajando: Ceuta (29,55%), Melilla (27,93%), Andalucía (16,27%), Extremadura (15,40%), Castilla la Mancha (13,92%) y Canarias (13,86%), que contrastan con 5 autonomías que tienen una tasa de paro casi europea (7,42% Navarra, 7,95% Baleares, 8,11% el País Vasco, 7,15% Baleares, 8,25% Aragón y 8,46% Cantabria). Y el tercero, que bajan los parados de larga duración, los que llevan más de 1 año sin trabajo: son 1.102.700 parados, el  40,02 % de los parados (eran el 40,29% el trimestre pasado, pero el 43,5% a finales de 2019).

Esto provoca que a muchos parados se les acabe el desempleo y no cobren ya ningún subsidio, pasando a una situación de pobreza extrema. En mayo de 2024, último dato de Trabajo, cobraban alguna ayuda 1.694.609 desempleados: menos de la mitad (43,75%) cobraban un subsidio contributivo (según lo cotizado) de 981,60 euros de media y el resto (56,25%) cobraban un subsidio asistencial de 480 euros. Así que sólo el 65% de los parados registrados en las oficinas de empleo cobran algún subsidio. Pero en realidad, con los datos del paro estimado hoy (2.755.300 parados), sólo cobran alguna ayuda el  61,50% de los parados EPA. Eso significa que más de un tercio de los parados (38,50%) no cobran ninguna ayuda pública, manteniendo la baja cobertura de 2019 (no cobraban el 38,5%). Así que baja el paro, pero también los que reciben ayudas.

Vistos los datos del empleo y el paro en el 2º trimestre de 2024, queda patente que España ha superado con creces las últimas crisis, desde la pandemia a la guerra de Ucrania y la inflación, porque tenemos más ocupados (+ 1.717.800)  y menos parados EPA (- 436.600) que a finales de 2019. Y no sólo tenemos un récord histórico de ocupados en España (21.684.700), sino que también hemos alcanzado un récord de afiliados a la Seguridad Social, tras 50 meses consecutivos de aumento: eran 21.167.154 afiliados a finales de junio de 2024, 1,8 millones más que antes de la pandemia, según la SS.

Además, España es el país europeo donde más ha crecido el empleo en los últimos 4 años y medio, desde antes de la pandemia, según los datos de Eurostat: creció un 9,1%, superando al aumento del empleo de los grandes paises europeos como Francia (+5,2%), Italia (+3,9%), Alemania (+1,9%) o Reino Unido (+0,1%), debido sobre todo a que también llevamos varios años creciendo más que la media europea, por el tirón del turismo, el consumo interno, las exportaciones y los Fondos Europeos (la mitad ya adjudicados).

Con todo, la mejor noticia es que el empleo que se sigue creando en 2024 es menos precario, de más calidad, gracias a la reforma laboral aprobada a finales de 2021. Ahora, con los datos de Trabajo del primer semestre, el balance es espectacular: el 43,56% de todos los contratos firmados de enero a junio fueron indefinidos (3.238.200 contratos), un porcentaje algo mayor al de todo 2023 (42,87% de los contratos hechos fueron indefinidos)  y mucho mayor al de 2022 (38,37% de contratos indefinidos) , pero un porcentaje que cuadruplica  los contratos fijos hechos en 2021 (sólo el 10,9% fueron indefinidos).  Y son 7 veces los contratos fijos hechos entre 2014 y 2020 (entre el 6 y el 8% de los contratos fueron indefinidos). Más de la mitad de los nuevos contratos son a tiempo completo (4.215.500, el 56,7% del total), mientras bajan los contratos a tiempo parcial (2.143.100 hasta junio) y también los fijos discontinuos (1.075.000), sobre todo en turismo y hostelería para trabajadores que son fijos aunque trabajan sólo unos meses al año (y el resto del tiempo no cuentan como parados aunque estén inactivos, una norma que viene de 1985).

Tras esta nueva subida del empleo indefinido en el 2º trimestre, aumentan los asalariados con contrato fijo (indefinido): eran ya 15.498.800 asalariados a finales de junio, el 84,05%      % del total,  2,83 millones de trabajadores fijos más que antes de la reforma laboral (había 12.665.800 asalariados fijos a finales de 2021, el 74,61% del total). Y el porcentaje de trabajadores temporales baja del 25,39% al 15,95% ahora, todavía más alto que la media de temporalidad en Europa (11,6% en 2023).

La OCDE acaba de destacar, en su reciente Informe sobre España (9 julio 2024), “el fuerte dinamismo del mercado laboral español”, destacando que la tasa de empleo está en niveles récord (trabajan el 66,29% de los adultos, frente al 56% que trabajaban en 2012) y también ha caído bruscamente la tasa de paro (del 24,78% en 2012 al 11,2% actual), aunque resaltan que todavía España tiene el doble de paro que Europa y menos tasa de empleo: en la UE-27 trabajaban en 2023 el 75,3% de los adultos de 20 a 64 años (y el 81,1% en Alemania), frente al 70,5% en España, lo que significa que todavía necesitamos que trabajen 2 millones más de españoles (llegar a 23,6 millones de ocupados) para equipararnos laboralmente a Europa. Así que hemos mejorado mucho, pero queda mucho empleo por crear.

Para crear más empleo en los próximos años. España tiene que seguir creciendo y creciendo más que el resto de Europa, como ya viene pasando desde 2021.Este año 2024 creceremos más de lo esperado, según las últimas previsiones del FMI (julio 2024): un +2,4%, frente al 1,9% que vaticinaban en abril, más del doble del crecimiento esperado para la zona euro (0,9%) y mucho más que Francia (+0,9%), Italia (+0,7%) y Alemania (+0,2%). Y siguen pensando en que también creceremos bastante en 2025: +2,1%. Con ello, el Gobierno Sánchez ha enviado a Bruselas unas optimistas previsiones de creación de empleo: +507.000 nuevos empleos en 2024 (se crearon +783.000 empleos en 2023, +278.900 en 2022 y +840.700 en 2021) y +368.000 nuevos empleos en 2025, empujados por el turismo, el consumo interno, las exportaciones y el aumento de población (inmigrantes).

Para conseguirlo, hay que seguir reformando y modernizando la economía, para fomentar la tecnología, la industria y los sectores con futuro, pero sobre todo, hay que cambiar radicalmente la gestión del desempleo, en manos de las autonomías, porque sigue siendo un desastre: las oficinas del SEPE sólo consiguieron recolocar al 1,9% de los parados en 2023, el porcentaje más bajo desde 2015, siendo más bajo en Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia, Galicia, Canarias, Madrid y Baleares. Y eso a pesar de que el Gobierno central les transfirió a las autonomías 2.800 millones para políticas activas de empleo, un dinero que no se sabe cómo se ha gastado (suponiendo que no haya ido a otros destinos , como ha pasado con el dinero para Dependencia o Sanidad.) Hace años que nos “venden” que se va a personalizar la recolocación de los parados, ayudando a cada uno a encontrar trabajo, pero no se hace, por falta de personal, medios y voluntad política, en Gobierno y autonomías (que gestionan el SEPE).

En resumen, debemos felicitarnos porque en España trabaje más gente que nunca, pero todavía tenemos poco empleo y demasiado paro, sobre todo concentrado en los mayores, las mujeres y los jóvenes, que siguen esperando una oportunidad. Esto debería ser una de las prioridades de esta Legislatura. Porque el empleo es la base de todo.