lunes, 2 de marzo de 2015

El tamaño importa: demasiadas pymes


En España hay una cierta “mística” de las pequeñas y medianas empresas: políticos y economistas presumen de defender a las pymes, asegurando que son la clave de la economía (y más en año electoral). Lo que no dicen es que en esto del tamaño de las empresas, España también “es diferente”: tenemos muchas más micropymes (0-9 empleados) que la mayoría de Europa y muchas menos empresas medianas y grandes. Y la consecuencia es que somos menos competitivos, porque las pymes son menos productivas, crean menos empleo estable, innovan y exportan menos y mueren antes que las empresas más grandes. Demostrado en esta crisis, donde las empresas medianas y grandes han aguantado mejor que las pequeñas y los autónomos. Por eso, si queremos competir mejor, crecer más y crear más empleo estable, hay que fomentar empresas de más tamaño, facilitando que las pequeñas y medianas empresas se fusionen y se hagan más grandes. Porque el tamaño importa y mucho.
enrique ortega

En medio de tanta propaganda sobre lo mucho que crece España, casi nadie habla de la necesidad de cambiar el modelo de crecimiento, para salir de la crisis de verdad. Porque hemos empezado a crecer gracias a un duro ajuste, en base a que las empresas despidan (3,3 millones ocupados menos que en 2008) y recorten salarios (entre un 10 y un 15%), mejorando así su competitividad dentro y fuera de España. Pero ahora, ¿cómo seguir creciendo y a la vez crear empleo y tener salarios dignos? Hay que producir más y mejor, mejorar la productividad de España, que ocupa el puesto 13 en el ranking europeo (UE-28). Ese es el gran reto del que no habla Rajoy (ni la oposición). Y eso obliga a cambiar de modelo de crecimiento, a crecer sobre la base de unas empresas más productivas, mejor organizadas, más innovadoras, más industriales y más internacionales. Y también, en base a unas empresas de mayor tamaño. Porque en economía, el tamaño sí importa.

España es un país de microempresas: empresas de menos de 9 trabajadores y autónomos (que llevan un par de años creciendo por el autoempleo de muchos parados). En total, de las 2.779.146 empresas censadas el 1 de enero de 2015, hay 1.090.021 empresas con 1 a 9 trabajadores y 1.537.788 autónomos sin asalariados. O sea, que el 94,5 % de las empresas españolas son microempresas (0-9 trabajadores), cuando en la UE-28 son el 92,1% y en los países más competitivos, muchas menos: un 81,8% de micropymes en Alemania y un 89,4% en Reino Unido, aunque se nos acercan Italia (94,4%) y Francia (93,9%), según datos de Eurostat. En empresas pequeñas (10-49 trabajadores) tenemos menos (5,4% España frente a 6,6% la UE, 8,7% Gran Bretaña y 15,1% Alemania). En medianas (50-249 trabajadores), tenemos muchas menos: 0,7% del total en España, frente a 1,1% en la UE, 2,6% en Alemania, 1,5% en Gran Bretaña, 0,8% en Francia y 0,5% en Italia. Pero donde hay más diferencia es en las grandes empresas (+250 trabajadores): en España sólo el 0,1% del total de empresas (3.918 empresas en 2015), la quinta parte que en Alemania (0,5%, unas 9.000 empresas) y menos que Reino Unido (0,4%) y Francia (0,2%), aunque igual que Italia (0,1%).

España es pues “diferente” en el tamaño de las empresas: el país europeo con menos peso de la gran empresa, con un enorme peso de las microempresas, quizás por falta de dinastías empresariales y por una iniciativa emprendedora muy ligada a los servicios y el turismo, no a la industria, más unida a la gran empresa y que ha perdido peso desde los años 80. El caso es que las microempresas son en general menos productivas, crean menos valor añadido y menos empleo estable. De hecho, si España hubiera tenido empresas del mismo tamaño que Gran Bretaña, se hubieran salvado del paro 500.000 empleos en esta crisis, según cálculos del Círculo de Empresarios. Y si tuviéramos la misma estructura empresarial de Alemania (más empresas grandes y medianas, menos microempresas), la productividad de nuestra economía sería un 13% mayor. O sea, produciríamos un 13% más sólo por eso.

Las empresas grandes son las que mejor han aguantado la crisis, según un estudio de la Fundación BBVA-Ivie. Han perdido menos negocio (-13% de caída de ventas) que las microempresas (-20%) y pequeñas (-25%) y también menos empleo: incluso hay 1,2 millones de trabajadores más en las grandes empresas que antes de la crisis, según la CEOE, mientras se ha destruido empleo en las pymes (más en las medianas y pequeñas que en las microempresas). Y en 2014, el empleo en grandes empresas creció casi el doble que en las pymes (+3,96% frente al 1,63%).

Esto se debe a que las pymes tienen más “mortalidad” que las grandes empresas: se crean muchas microempresas y autónomos (el 75% de las nuevas empresas es autoempleo), pero la mayoría no cuajan. Así, sólo el 39% de autónomos sobrevive a los cinco años y un 42% de las microempresas (1-9 trabajadores), mientras lo logran un 54% de las empresas con más de 10 trabajadores, según BBVA-Ivie. Y sólo el 14% de las microempresas cumplen 20 años, mientras lo hacen el 43% de las empresas con más de 20 empleados, según datos del DIRCE.

Las empresas medianas y grandes “viven más porque son más productivas. La productividad por empleado de la gran empresa industrial fue de 77.077 euros en 2013, según el INE, el triple que las microempresas (27.099 euros). Y si España tiene menos productividad que Alemania, Reino Unido, Francia o Italia, se debe sobre todo a que nuestras pymes son menos productivas, ya que en la gran empresa no hay tanta diferencia (incluso algunas grandes empresas españolas son más productivas que las alemanas, según un estudio de la Caixa). Las grandes empresas son más productivas que las pymes porque aprovechan economías de escala (al fabricar más, les bajan los costes medios), emplean a trabajadores más formados y utilizan más capital, se financian mejor, están mejor organizados, innovan más y están más volcadas en la exportación que las pymes.

La tecnología es un factor clave para mejorar la productividad. Y España fabrica en sectores con baja y mediana tecnología, ocupando el último lugar entre los grandes países europeos en sectores de media-alta y alta tecnología, que suelen estar ligados a grandes empresas industriales, con poco peso en España. El exceso de microempresas, que apenas invierten en innovación y tecnología, también explica el retraso tecnológico de España (junto a los recortes públicos en I+D+i).  Y el tamaño también tiene mucho que ver con la financiación: las pymes tienen menos acceso al crédito y les sale más caro (una pyme española paga un 2% de interés más por un crédito que una alemana, mientras una gran empresa sólo un 0,87% más), además de exigirles más garantías para prestarles. Por último, el tamaño tiene mucho que ver con exportar, un factor clave para sobrevivir: sólo exportan un 0,9% de las microempresas, frente al 44% de las pequeñas, el 79% de las medianas y el 88% de las grandes. Y la mitad de toda la exportación española se concentra en 222 grandes empresas.

Parece claro, con tantos datos abrumadores, que el tamaño importa y mucho. “Lo pequeño es bello” , pero mejor nos iría si tuviéramos más medianas y grandes empresas, que producirían más, serían más competitivas, más innovadoras, exportarían más y, sobre todo, crearían empleos más estables ante futuras crisis (que volverán). Por eso, España debería fomentar la fusión de empresas, de las pequeñas para convertirse en medianas y de las medianas para que se hagan grandes. Es lo que pretende una iniciativa muy interesante, el proyecto Cre100do, impulsado por el Icex, Círculo de Empresarios y Bankinter: ayudar a 100 empresas medianas de distintos sectores a convertirse en grandes en un plazo de cinco años.

El Gobierno debería poner en marcha un Plan similar más ambicioso, para que las empresas españolas ganen tamaño, para reducir el raquitismo empresarial. Porque no podemos competir ni crear empleo suficiente cuando el 97,6% de nuestras empresas facturan menos de 2 millones de euros y sólo 500 empresas facturan más de 250 millones. Hay que ganar tamaño, aumentar el número de empresas medianas y grandes, que además van a ser el motor de despegue de las pymes, “tirando” de ellas dentro y fuera de España.

Para conseguirlo, el Gobierno debería poner en marcha un Plan de ayudas fiscales y financieras a las fusiones de empresas, sector a sector. Y revisar el plan de ayudas públicas vigente, porque muchas se pierden cuando las empresas dejan de ser pequeñas o medianas (al tener más de 50 o 250 empleados, por ejemplo). Y también a nivel fiscal: muchas empresas no quieren crecer de tamaño, porque temen que Hacienda les vigile más. Y lo mismo pasa a nivel sindical: las empresas de más de 50 trabajadores están obligadas a tener Comité de empresa y liberados sindicales. Todo esto hay que revisarlo, con un gran acuerdo político, económico y laboral que tenga un solo objetivo: conseguir empresas más grandes. Dejar de hacer demagogia con las pymes y los emprendedores y apostar más por la mediana y gran empresa, que son las que mejor pueden asegurarnos el crecimiento y el empleo futuros. Y bajo su paraguas, fortalecido, crecerán también más las pymes. Lo dicho, el tamaño importa.

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