jueves, 20 de julio de 2017

Volvemos a vivir a crédito


Con el verano, muchos españoles “tiran de tarjeta” para pagar sus vacaciones y piden un crédito para cambiar de coche o pagar un viaje. El gasto con tarjeta se ha disparado y se ha batido ya el récord histórico de tarjetas de crédito, con un gasto que supera el efectivo que se saca en los cajeros. Y los créditos al consumo llevan dos años creciendo mes tras mes, con la ayuda de la banca, que vuelve a ofrecer créditos personales a sus clientes, al mayor coste en Europa (casi el 9%). Y se multiplican las entidades que ofrecen créditos rápidos sin mucho papeleo, a tipos de usura. Incluso Movistar ha empezado a ofrecer créditos de hasta 3.000 euros a sus clientes de móviles. Volvemos a la fiebre de “comprar a crédito”, que tanto agobió a muchas familias al comienzo de esta crisis. El riesgo ahora es que van a subir los tipos de interés, en 2018, y habrá que devolverlos más caros. Ojo a endeudarse.



                                                                                       enrique ortega

En España hay más tarjetas bancarias que habitantes. En marzo de 2017 había 75,85 millones de tarjetas, el segundo mayor dato de nuestra historia, tras el récord histórico de 2008: 76,40 millones de tarjetas. Con la crisis, bajaron hasta un mínimo de 67,66 millones en 2014, pero luego empezaron a recuperarse en 2015 (69,92 millones) y 2016 (75,51 millones), hasta hoy, en que somos el quinto país de Europa con más tarjetas, tras Reino Unido (176 millones), Alemania (147), Francia (80) e Italia (77 millones). Y el mayor tirón lo han dado las tarjetas de crédito, que son ya 49,88 millones, un número que es un récord histórico en España, el triple que en el año 2.000 (16,06 millones), según el Banco de España. Y también crecen las tarjetas de débito (pagar en el momento o sacar dinero), 25,97 millones en abril, el mayor número desde 2009 (30,74 millones).

No es sólo que haya crecido el número de tarjetas, es que además se usan mucho más: en 2016 se hicieron más de 3 millones de operaciones con tarjeta, el triple que en 2002 (991.500). Y el gasto pagado con tarjeta fue de 124.406 millones de euros, casi el triple también que en 2002 (46.828 millones). El gasto con tarjeta ha ido subiendo año tras año, sin notar la crisis, porque los españoles se agarraban a ella para compensar sus menores ingresos. Pero en los tres últimos años, el gasto con tarjeta ha crecido por encima del 6% y este año 2017, hasta marzo, crece ya un 9%. Es más, los españoles gastan más con tarjeta del dinero que sacan por los cajeros: eso pasó por primera vez en 2016 (124.406 millones gastados con plásticos frente a 118.275 retirados en cajeros) y sigue pasando este año, hasta marzo (30.327 millones frente a 27.387), según los datos del Banco de España.

Este aumento récord del gasto con tarjetas se debe a cuatro razones. La primera, por supuesto, que hay 8 millones más de tarjetas de crédito que en 2011: 7 de cada 10 españoles tienen hoy una tarjeta de crédito y 5 de cada 10 una de débito, según la Encuesta CrediMarket. La segunda, que se usan más porque hay más tiendas que aceptan las tarjetas: hay 1,71 millones de terminales (TPV), 100.000 más que en 2008. Y los comerciantes ponen menos pegas al pago con tarjeta porque los bancos les han bajado las comisiones, forzados por Bruselas: del 0,81% que les cobraban en 2009 al 0,42% de media que les cobran en 2017.

La tercera razón es que se ha disparado el comercio electrónico, las ventas por la Red que se pagan casi siempre con tarjeta. Si España era uno de los paises europeos con menos ventas a través de Internet (por inseguridad y falta de costumbre), en 2016 el comercio on line ha despegado: creció un 20,8%, facturando 24.185 millones de euros, la casi totalidad pagados con tarjeta. El 20% son compras turísticas (10,7% viajes y 9,3% billetes de avión), el 7,2% ropa, 5,3% entradas de espectáculos y deporte, 4,2% compra de electrónica, imagen y sonido y el 4,1% coches de alquiler y billetes de tren y autobús. Las web españolas se llevan el 53,45 de las ventas y el resto las webs europeas (43,5%).

Una cuarta razón que explica el uso récord de las tarjetas son los pagos por móvil, que suelen estar asociados a una tarjeta. España lidera el uso del móvil en Internet en Europa, con un 93% de smartphones conectados a la red, por delante de Holanda (88%) y Reino Unido (86%), así como de la media UE (78%). Y 6 de cada 10 usuarios españoles del móvil afirman que ya lo han usado para comprar, ya sea directamente (en una tienda física, el 10%) o a través de una web (el 90% restante). El último año, los bancos han multiplicado sus ofertas de pago por móvil, con tecnología NFC (que permite pagar acercando el móvil a los TPV) y  el móvil se ha convertido en “la nueva tarjeta de crédito”.  

Al final, todo ello se traduce en más compras con tarjeta, recordemos 124.406 millones de euros gastados en 2016, más de 10.000 millones al mes. Y en esa cifra no están incluidas las compras con tarjeta que se hacen a crédito, las compras contarjetas revolving”: se paga cada mes una cantidad fija sobre lo gastado, que es como un crédito por el que se paga intereses. Los créditos con estas “tarjetas revolving” se han disparado también, pasando de 8.343 millones financiados por tarjetas en 2012 a 11.040 millones a finales de 2016, que eran ya 12.285 millones de euros en mayo de 2017, según el Banco de España.

El pago con tarjeta es cómodo, ágil e “indoloro” en el momento, aunque luego haya que hacer frente a ese gasto cada mes, ya sea pagando lo gastado el mes anterior o con una cantidad fija que incluye intereses (tarjetas “revolving”). Pero la realidad es que usar las tarjetas es caro, porque pagamos por varias vías. La primera, el pago de una comisión anual por el “plástico”, que a veces se perdona el primer año pero luego generalmente no: son de 35 a 45 euros al año. La segunda, el pago de intereses cuando se aplaza el pago de lo comprados: un tercio de todas las tarjetas que tenemos son así, las “tarjetas revolving”. Y al aplazar parte del pago, estamos pagando hoy un interés que ronda el 20% anual (interés mensual del 1,5%). El tope de interés a pagar debería ser el 24% anual, que es el máximo admitido por el Tribunal Supremo (sentencia 25 noviembre 2015): más considera que es “usura”. Y queda un tercer pago, los costes por descubierto, por superar el límite de la tarjeta: se pagan dos comisiones, por reclamación de posiciones deudoras (35 euros) y por descubierto (30 euros), más los intereses de demora (a un 20% TAE).

Como se ve, las tarjetas son una fuente de ingresos para la banca, que además cobra una comisión (“tasa de descuento”) a los comercios que venden con tarjeta, comisión que es libre y oscila entre el 0,5% y el 1,10% por operación (según el negocio), con un mínimo (que suele ser de 0,35 euros). Y a veces les cobra también una reducida cuota mensual por el PTV. Luego, el banco que ha instalado el PTV y que recibe el importe de la compra tiene que pagar una comisión (“tasa de intercambio”) al banco emisor de la tarjeta con la que se paga, una comisión fijada por el Gobierno y que tiene un tope máximo (0,3% por operación en las tarjetas de crédito y 0,2% en las de débito). Si tenemos en cuenta que se hacen más de 3 millones de operaciones al año, por importe de más de 120.000 millones de euros, se estima que la banca ingresa por estas comisiones entre 600 y 1.000 millones anuales. Un buen negocio que explica su interés por colocarnos más tarjetas y encarecer las retiradas en cajeros, que les resultan más costosas y les dan problemas de intendencia y seguridad.

Pero no sólo gastamos sin dinero con las tarjetas. La otra vía, cada vez más usada, es pedir un crédito al consumo, para comprar un coche (37%), financiar un viaje (11%), pagar un master, comprar muebles y electrodomésticos o reformar una vivienda. La banca lleva cuatro años aumentando la concesión de estos créditos al consumo, que han pasado de 12.811 millones prestados en 2012 al doble, 25.356 millones de euros en  2016, el nivel más alto en 7 años, según el Banco de España. Y en 2017 sigue la tendencia: se han prestado 11.276 millones hasta mayo, un 13,86% más que en los cinco primeros meses de 2016.

El Banco de España reconoce en su último informe que la banca española “ha relajado” la concesión de préstamos al consumo entre enero y marzo de 2017, “por 5º trimestre consecutivo”, mientras endurece los créditos a las empresas (no se fían). La razón es doble. Por un lado, les sobra liquidez y le falta negocio, con lo que tiene que buscar a quién colocar un préstamo. Y por otro, los créditos al consumo les resultan un gran negocio: en marzo de 2017, el tipo de interés medio que cobraba la banca española por estos préstamos al consumo era el 8,77%, 2,5% más caros que la media cobrada por los bancos europeos (6,21%), según los datos del Banco de España. Y este interés es un gran negocio para los bancos, teniendo en cuenta el dinero les cuesta el 0% (precio oficial del dinero) y que recogen dinero de sus clientes pagándoles de media un 0,09 % por los depósitos a 1 año. Además de este alto  interés (un 0,63% más elevado del 8,14% que cobraban por estos créditos en diciembre de 2016), los bancos también cobran varias comisiones al dar estos créditos al consumo: comisión de apertura (1 al 2%, con un mínimo de 100-150 euros) y comisión de amortización anticipada (0,5%), más los gastos de notario y registro.

Hoy por hoy, no solo bancos y Cajas están lanzados a “colocarnos” un crédito al consumo o un anticipo sobre la nómina, sino también las financieras (como El Corte Inglés, con 11 millones de tarjetas, a las que ofrece créditos “preconcedidos”), entidades especializadas en préstamos (como Cofidis o Cetelem) y más de 1.000 entidades que proliferan por Internet ofreciendo mini créditos “rápidos y fáciles, sin papeleo”, para los que necesitan dinero más desesperadamente. El último en lanzarse al ruedo de los créditos al consumo ha sido Movistar, que ha creado con La Caixa (en junio de 2017) Movistar Money, una entidad que ofrece créditos rápidos (en 48 horas) de 600 a 3.000 euros, al 16,48 % TAE a devolver en 12,24 y 36 meses, sólo con el DNI y el contrato de móvil con Movistar. Y Orange hará lo mismo en 2018, con su Orange Bank.

El auge de los créditos al consumo empieza a preocupar al Banco de España, que cree que van a seguir creciendo en los próximos meses. Y ha alertado al Defensor del Pueblo, que ya ha iniciado una investigación sobre las empresas de créditos rápidos. Porque muchas son “chiringuitos financieros” poco fiables, con sólo una web y poco capital detrás. Y están cobrando intereses claramente abusivos: según un estudio de Facua, algunas cobran entre el 1.269,7% TAE (Vivas) y el 4.507% TAE (Préstamo 10). Hay ofertas, como la de Kredito24.es que cobra 35 euros de interés por prestar 100 euros a 30 días. O Pepe Dinero, que cobra 30 euros de intereses. El problema radica en que a las entidades que prestan menos de 200 euros sólo se les obliga a estar registradas en el Ministerio de Sanidad y Consumo, sin estar vigiladas por el Banco de España, como bancos y financieras. Y las sanciones dependen de las autonomías, que apenas las vigilan. Todo esto ha disparado los fraudes en el mercado del dinero rápido, como denuncia el documental El descrédito” (verlo aquí).

Sea por las compras con tarjetas o sea pidiendo créditos al consumo, el hecho cierto es que los españoles nos hemos lanzado otra vez a “gastar a crédito, con “alegría”, olvidando que hace sólo unos años estábamos endeudados hasta los ojos y eso nos ha complicado la salida de la crisis. Y lo peor no es sólo que ahora tengamos más deudas, sino que los tipos de interés van a subir seguro en 2018, porque el Banco Central Europeo (BCE) acabará con su política de dinero gratis y subirá los tipos, como los ha subido ya dos veces Estados Unidos (tipos al 0,75-1%). Y con ello, pasaremos a pagar más del 10% de interés por los créditos que tengamos y cerca del 24% por las tarjetas. Una losa, sobre todo para los que tengan un trabajo precario y un sueldo de mileurista. Así que piénselo dos veces antes de “gastar a crédito”. “El que nada debe, nada teme”, dice el refrán. No se pille los dedos otra vez.

 

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