jueves, 5 de julio de 2018

Dime qué son tus padres y te diré qué serás tú


Lo llaman “el ascensor social”: que un hijo de padres pobres suba de escalón social (algo difícil) y que un hijo de padres con posibles baje de clase (más difícil todavía). La OCDE revela que el “ascensor social” está averiado en Occidente y que España tiene poca movilidad social a corto plazo (la gente no mejora en unos años), algo más de padres a hijos (pero el 28% de los hijos de familias con bajos ingresos se quedan ahí) y mejora más a largo plazo, aunque hacen falta 4 generaciones para dar “el salto social”. Las causas de esta baja movilidad social en España son el paro y la educación: los jóvenes españoles no están suficientemente preparados, hay demasiado abandono escolar y demasiado paro juvenil. Por eso, la OCDE nos “receta” mejorar las ayudas a los parados, gastar más en educación y becas, ayudar a las familias pobres con niños y aprobar impuestos más progresivos. Para que “el ascensor social” funcione.

enrique ortega

Nace ya criado el que de padre rico es engendrado
Refrán popular
El aumento de la desigualdad, uno de los grandes males de este siglo, acarrea un deterioro de la movilidad social: los ricos son cada vez más ricos y los pobres se mantienen ahí, sin poder mejorar su situación, sin subir en “el ascensor social”, según revela un reciente estudio de la OCDE. Si se compara la desigualdad y el salto de rentas entre generaciones, lo que se llama “la curva del gran Gatsby”, se comprueba que en Occidente hay tres grupos de países, según el estudio de Miguel Requena, catedrático de la UNED. Uno, los países escandinavos y Canadá, con alta movilidad social: menos del 20% de la ventaja o desventaja de los padres se traslada a los hijos. Otro, de los países con baja movilidad social, como EEUU, Reino Unido e Italia, donde la mitad (50%) de la ventaja o desventaja de los padres se traslada a los hijos. Y un tercer grupo, donde estarían España y Francia, con una movilidad intermedia tirando a baja, porque el 40% de la situación de los padres se traslada a los hijos.

En cualquier caso, una de las lacras de esta última crisis, con su secuela de paro y precariedad laboral, es que ya hay muchos hijos que viven peor que sus padres. “El ascensor social en España está parado desde los años 90”, señala Ildefonso Marqués en su libro “La movilidad social en España”. Según sus investigaciones, la movilidad intergeneracional está “estancadadesde hace 25 años, aunque sí ha mejorado la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación, pero no lo suficiente. Y Requena aporta un dato llamativo: el 63% de los hijos de profesionales y directivos logran un título universitario frente a sólo un 26% los hijos de los trabajadores. O sea, que no todos los jóvenes españoles puedan ser universitarios.

Lo que sí es cierto es que España tiene más universitarios que nunca: un 41,2% de españoles entre 30 y 34 años tienen estudios superiores (47,5% mujeres y 41,2% hombres), más que la media europea (39,9% de universitarios), más que Alemania (34%) e Italia  (26,9%) y sólo menos que Francia (44,3%) y Reino Unido (48,3%), según Eurostat. Pero eso tampoco indica que vayan a encontrar un trabajo acorde a su formación. De hecho, a la hora de trabajar, pesa mucho el origen social, según el libro de Marqués, porque juegan mucho los “añadidos” al título universitario (máster, postgrados en el extranjero, idiomas…)  y, sobre todo, las relaciones y “contactos” de la familia del universitario. Así se explica que los universitarios hijos de directivos y profesionales tienen 2,8 veces más probabilidades de llegar a ser directivos o profesionales que los universitarios hijos de trabajadores, según el catedrático Requena. Y 1,4 veces más que los universitarios hijos de las clases medias.

España es uno de los países occidentales con baja movilidad social a corto plazo, según el reciente estudio “A Broken Social Elevator? How to Promote Social Mobility”, de la OCDE: el 55% de la población está “atascado en el mismo escalón social, sin posibilidad de mejorar en unos años. Y esa escasa movilidad a corto plazo se agrava en los extremos: el 20% más pobre de la población española  tiene pocas posibilidades (36%) de mejorar su situación en 4 años, frente al 43% que la mejoran en la OCDE. Y el 20% más rico de españoles permanece en ese alto nivel en los siguientes 4 años, frente al 68% en la OCDE. Esta menor movilidad social a corto en España se explica, según la OCDE, por el alto nivel del paro de larga duración (la mitad de todos los parados llevan más de un año sin trabajar) y por la precariedad laboral, muchos contratos temporales y a tiempo parcial mal pagados.

España mejora algo en la movilidad a medio plazo, de padres a hijos, lo mismo que pasa en los países del sur de Europa, según este informe de la OCDE. Así, el porcentaje de hijos de padres con bajos ingresos que terminan con bajos ingresos es del 28% en España, menos que en la OCDE (31%), siendo también más los que acaban ricos (19% frente a 18% en la OCDE). Y en la franja alta, el porcentaje de hijos de padres con ingresos altos que acaban también con ingresos altos  es el 34%, inferior a la OCDE (42% hijos de ricos acaban ricos), siendo también más los hijos de ricos que bajan de escalón (el 20% frente al 18% en la OCDE). Pero ojo, hay otro dato demoledor: 1 de cada 2 hijos de gerentes acaban de gerentes mientras sólo consiguen ese puesto 1 de cada 5 hijos de un trabajador manual.

Y lo que no acaba de funcionar es la movilidad educativa, donde España se sitúa a la cola de la OCDE, junto a Portugal. Y es que más de dos tercios (69%) de los hijos de padres con alto nivel educativo acaban en la Universidad en España mientras que sólo lo consiguen menos de la cuarta parte (el 22%) de los hijos de padres con bajo nivel educativo, según la OCDE. Y al mismo tiempo, el 56% de los niños de padres con un nivel educativo bajo también permanecen en bajos niveles educativos en España, frente a sólo el 42% en la OCDE. O sea, que falla estrepitosamente el ascensor educativo, aunque creamos que no. Y esto se debe, sobre todo, a los altísimos niveles de “abandono escolar” en España, que afecta más a las familias con bajos ingresos: el 18,3% de los jóvenes (18-24 años) no termina la ESO, frente al 10,6% en la UE-28, el 10% en Alemania o Reino Unido y el 8,9% en Francia, según Eurostat.

En el tercer eslabón, la movilidad social a largo plazo, España mejora, gracias a lo avanzado en la transición y antes de la crisis de 2008, con las mejoras en la educación, las becas y las ayudas públicas, junto a un sistema fiscal más progresivo que el actual. Gracias a todo ello, los niños españoles nacidos en una familia de bajos ingresos tardarían 4 generaciones (los tataranietos de los niños de hoy) en alcanzar el ingreso medio, algo menos que el promedio que tardarían en la OCDE (4,5 generaciones). Eso nos sitúa en una posición intermedia, según la OCDE: peor que los países nórdicos (en Dinamarca tardarán 2 generaciones y en Noruega, Finlandia y Suecia, 3 generaciones), igual que muchos países occidentales (en Nueva Zelanda, Canadá, Grecia, Bélgica, Australia, Japón y Holanda harían falta también 4 generaciones) , mejor que otros (en Portugal, Irlanda, Corea, EEUU, Reino Unido, Italia, Suiza y Austria hay que esperar 5 generaciones) y bastante mejor que el resto (en Francia y Alemania hay que esperar 6 generaciones y en China o India, 7).

Sin saber estos datos concretos, la percepción de los españoles es que “el ascensor social” no funciona: somos el 2º país occidental que menos confía en “la meritocracia” y que más importancia da al “origen social”, según la OCDE: el 53% de españoles cree que tener padres con ingresos y mejor educación es “la clave para triunfar en la vida”, frente al 37% que lo creen en los 35 países de la OCDE. Y también somos los occidentales más pesimistas sobre la posibilidad de mejorar de status: sólo el 25% de los españoles contestaron en la encuesta de la OCDE que iba a mejorar su situación financiera ese año (2015).

En definitiva, que los españoles tenemos interiorizado que la clave para triunfar es la familia donde se nace, no lo que uno se esfuerza después. Y esto se ha agravado con la crisis, porque hay muchos jóvenes que piensan que estar formados ya no sirve: ven que tienen una carrera y hasta un máster y acaban sirviendo en un Burger o de cajera de supermercado. Pero es una percepción errónea, como demuestra el estudio del profesor Requena: la educación es un factor más relevante que el origen social, es el factor clave para el futuro de cualquiera. Y lo demuestra con tres argumentos. Uno, la educación aumenta las posibilidades de ascender en la escala social y más cuanto más bajo se está. Dos, reduce las posibilidades de descender: caen más de clase social los que están menos preparados. Y tres, la educación reduce el riesgo de quedarse en paro: la tasa de paro de los universitarios españoles en del 9,32%, frente al 17,22% de paro entre los que tienen bachillerato, el 22,79% de los que no acabaron la ESO y el 45,89% de paro de los analfabetos, según la EPA de marzo de 2018.

Y aunque no lo parezca, otro factor clave para la movilidad social es la salud. Y eso porque la salud también “se hereda”, depende mucho de la situación social de los progenitores, según el informe SESPAS 2014, que demuestra, con datos empíricos, que los niños y niñas de familias con bajos ingresos corren el riesgo de tener peor salud y con ello un peor nivel educativo, que les mantenga en su misma clase social cuando lleguen a adultos. En caso de familias pobres con niños, el riesgo de estos  niños es que su posible mala salud les haga bajar en el ascensor social. Incluso se ha detectado que niños de familias desfavorecidas tienen mayores problemas para el desarrollo cognitivo en sus primeros años, claves para su formación.

En definitiva, falla el ascensor social, en Occidente y en España, más tras esta dura crisis, por sus secuelas de paro, precariedad, pobreza y desigualdad. Pero hay un factor clave, la educación, que es mucho más preocupante en España, según los datos impactantes de la OCDE (“Panorama de la educación 2017”): un 41,7% de los españoles adultos (25-64 años) tienen un nivel educativo bajo (sólo con la ESO acabada o ni siquiera), frente al 20,3% en Europa o el 22,4% en la OCDE, el peor dato europeo, salvo Portugal (53,1% poco formados), muy lejos del 13,1% de poco formados de Alemania, el 20,2% de Irlanda, el 21,9% de Francia, el 22,9% de Holanda, el 35,7% de Reino Unido o el 39,9% de Italia. En medio, tenemos menos adultos con formación media : el 22,5% de españoles tienen Bachillerato o FP, frente al 46,4% en Europa y el 44,2% en la OCDE, con lo que somos el 2º país europeo con menos adultos de formación media, tras Reino Unido (18,4%), muy lejos de Alemania (58,2% adultos con Bachillerato o FP), Francia (43,5%), Italia (42,4%), Holanda (41,1%), Irlanda (37%) y hasta Grecia (41,4%) o Portugal (23,1%). Y por arriba, tenemos más universitarios que la mayoría: un 35,7% de los adultos en España, frente al 33,4% en Europa, el 36,7% en la OCDE, el 28,3% en Alemania o el 34,6% en Francia.

Y este preocupante panorama educativo se agrava con otros datos, referidos a la calidad de la enseñanza en España. Como los del informe PISA, que revelan el atraso de los jóvenes españoles (15 años) en habilidades importantes para trabajar, como habilidades en Ciencia (493 puntos, el puesto 30 en el ranking mundial), en matemáticas (486 puntos, el puesto 30º), comprensión lectora (496 puntos, el 25º en el ranking) o conocimientos financieros (469 puntos, el país 10º de los 15 evaluados por la OCDE). Otro problema preocupante, es el elevado nivel de abandono escolar temprano, clave para frenar la movilidad social: un 18,3 % de los jóvenes de 18 a 24 años, 3.120.000 jóvenes) que  han abandonado la enseñanza obligatoria antes de terminarla, lo que nos convierte en el 2º país europeo con más abandono escolar, tras Malta (18,6%), muy por encima de la media europea (10,6%). Y encima, somos el 7º país europeo con más “ni-nis”, jóvenes de 18 a 24 años que ni estudian ni trabajan: son el 17,1% (casi 3 millones de jóvenes), frente al 14,3% en Europa.

Si el estado de la educación en España es preocupante, lo es más lo poco que se hace para mejorarla. Por un lado, se gasta menos en educación: un 4% del PIB en España, frente al 4,7% en la UE-28 y Reino Unido, el 6,9% en Dinamarca, el 5,4% en Francia o el 4,2% en Alemania, según Eurostat. Y además, la enseñanza superior es más cara en España: la Universidad tiene las tasas más altas de Europa, sólo por detrás de Irlanda, Reino Unido, Holanda e Irlanda, según un estudio de la Conferencia de Rectores (CRUE). De hecho, el coste medio de un grado en España es de 1.262 euros al año (desde 2.011 euros en Cataluña a 713 en Galicia y 756 en Andalucía), frente a 184 euros en Francia y ningún coste en Alemania, Austria, Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca. Y aún son más caros los másteres: 1.991 euros de media en España frente a 256 euros en Francia y un menor coste en el resto.

Y frente a este mayor coste, España gasta en becas entre la mitad y un tercio que la media de la OCDE. Y además, el gobierno Rajoy rebajó las aportaciones a becas (de 943 millones en 2011 a 838 en 2016) y sus importes medios (de 3.247euros en 2010 a 2.649 euros en 2016). Y también restringió los criterios (económicos y académicos) para concederlas, con lo que hay unos 70.000 universitarios necesitados que se han quedado sin poder solicitar beca, según ha denunciado la Conferencia de Rectores (CRUE).

La OCDE, en su estudio sobre el ascensor social en Occidente, reitera que la clave para que haya más movilidad social es la educación. En el caso de España, la OCDE nos propone 5 medidas: reforzar el apoyo a los parados (mejorando las oficinas de empleo), mejorar la formación de los jóvenes (promoviendo la Formación Profesional) y la educación de adultos, afrontar el abandono escolar temprano, mejorar la calidad de la enseñanza y actuar frente a los altos niveles de pobreza infantil, con ayudas directas a los niños y mejorando los trabajos e ingresos de los padres. Además, la OCDE y los expertos coinciden en otras medidas básicas para mejorar la movilidad social: más gasto en becas y en educación (sobre todo en pre-escolar y primaria, los años claves para reducir las diferencias de origen familiar), universalización y mejora de la sanidad, reducir la evasión fiscal en las herencias y diseñar sistemas fiscales progresivos, que contribuyan a reducir desigualdades. En definitiva, que el Gobierno ayude a evitar que los que nacen pobres mueran pobres y también lo sean sus hijos y nietos. Que el “ascensor social” funcione mejor. Otro gran reto para este siglo.

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