Una de las prioridades del nuevo Gobierno es frenar el crecimiento desmesurado del juego, en Internet (se ha quintuplicado en 6 años) y en los salones de barrio, lo que ha provocado un aumento de la ludopatía, sobre todo entre los jóvenes. Para conseguirlo, regulará las
aperturas de nuevos salones y la publicidad del juego online. El sector
ha querido anticiparse y desde ayer, 15 de enero, ha acordado auto
limitar la presencia de “famosos” en los anuncios de juego, aunque con
“truco”: sólo dejarán de salir futbolistas y famosos vinculados a los
niños, no el resto. El Gobierno quiere ir más allá y limitar la publicidad del juego
(como se hace con el alcohol y el tabaco) y la apertura de salones de juego. Y destinar parte de los impuestos
del juego a paliar los daños de la ludopatía, porque no hay medios en la
sanidad pública para atender a los adictos. Jugar
sí, pero con cabeza, sin jugarse la salud y la familia.
Los españoles
seguimos siendo muy aficionados al juego y en 2018 gastamos 47.434 millones en juegos y apuestas,
un 13,4% más que en 2017, según el último informe sobre el juego elaborado por CEJUEGO y la Universidad Carlos
III. Casi dos tercios (29.617
millones) lo gastamos en los juegos
presenciales de siempre: loterías (5.224 millones), primitiva
(3.556 millones), ONCE (2.160 millones), casinos y máquinas (10.257 millones),
bingos (2.055 millones), salones de juego (3.391 millones), apuestas deportivas
(1.878 millones), máquinas en bares (8.716) y bingos (301 millones). Pero año
tras año gana terreno el juego online, que ya
supone el 38% del juego total, con 17.817,9 millones jugados en 2018, una
cifra que supone multiplicar por 5,6 lo jugado en 2013 (3.352 millones de euros), el primer año completo del juego online
en España, legalizado en junio de 2012.
El juego online es el juego que más
crece en España, al amparo del boom de Internet y los móviles, ayudado
también por varias decisiones del Gobierno Rajoy: sucesiva concesión de nuevas licencias (hasta 54
a mediados de 2019), autorización de nuevos
juegos (en enero de 2018 se autorizaron partidas de póquer entre jugadores
de España, Francia, Italia y Portugal), no aprobación de un Decreto para
regular la publicidad (el Decreto
está guardado en un cajón de Hacienda desde 2015), la bajada de impuestos al juego (en el Presupuesto 2018, Montoro les bajó el tipo del 25 al 20% y lo
aplicó sobre el margen neto, cuando antes era sobre el bruto) y la fijación de
un tipo mínimo del 10% a las
empresas que se instalen en Ceuta y
Melilla, para atraer multinacionales de Gibraltar tras el Brexit. Y en 2019, el aumento del negocio y los
beneficios crecientes del sector (de 228 millones de margen neto en 2013 a 699
millones en 2018) han hecho que ya haya 80 licencias de juego online (+28
desde mayo 2019), según los datos de la Dirección General del Juego (DGOJ, Hacienda).
El crecimiento del juego online mejora
trimestre a trimestre. Así, en el tercer trimestre de 2019 (última estadística oficial) se jugaron
online 4.567 millones, un 8% más que un año antes y más del triple que en
el tercer trimestre de 2013 (1.323 millones jugados). La mayoría (49,9%) se
jugó en casinos online (hay un boom
de las tragaperras por Internet), seguido de las apuestas (38,2% de lo jugado), sobre todo deportivas, el póquer (11,4% del juego), bingos digitales (0,5% del juego total)
y concursos (0,01%). A poco que se
mantuviera esta tendencia de aumento en
el 4º trimestre, el año 2019 se
habrá cerrado con unos 18.800 millones
de euros jugados on line, 51,5 millones jugados cada día y 2,14
millones jugados cada hora. Una cifra impresionante si recordamos que
hace sólo 4 años, en 2015, se jugó
online menos de la mitad de ese dinero,
8.843 millones de euros, según la DGOJ.
La “gasolina” del juego online, además del boom de los móviles y
el aumento de operadores y juegos para apostar, es el creciente gasto en marketing y
publicidad que ha hecho el sector del juego: si en 2013 se gastaron 111,44 millones, en 2016 ya lo habían
duplicado (222 millones) y en 2018 lo triplicaron (332,83 millones), según los datos de la Dirección General del Juego (DGOJ). Y en 2019, en sólo 9 meses,
ya han gastado 256,45 millones (+9%). Además de gastar más en marketing y
publicidad, las empresas del juego online (en su mayoría multinacionales) han
cambiado su estrategia y desde 2016 se han volcado en gastar más en bonos para atraer a jugadores (de 13,91 millones invertidos en 2015
han pasado a 31,67 millones en 2018 y a 90,03 millones en sólo 9 meses de 2019)
y en afiliados, en conseguir una
mayor estabilidad de sus jugadores (pasando de gastar ahí 326.000 euros en 2015
a 14,37 millones en 2018 y 28,46 millones entre enero y septiembre de 2019).
Todo esto sin abandonar el gasto en publicidad
(168,07 millones en 2018) y patrocinio
(13,38 millones en 2018).
La publicidad del
juego online, su principal inversión para
crecer, es omnipresente,
sobre todo en las webs y TV (también durante los eventos deportivos),
aunque también en prensa y radio. De hecho, los anuncios de juego online han pasado de 128.000 en 2013 a más de 3 millones en 2018, según Infoadex, que habla de 137.285 anuncios sólo en TV, muchos con el “gancho”
de jugadores, presentadores o actores famosos y el 44,5% en horario infantil,
según denuncia el Consejo Audiovisual de Cataluña. En 2019,
la inversión publicitaria del juego online fue de 130,2 millones de euros, según Infoadex, y el sector es ya el 11º mayor anunciante en España, con el 2,4%
de toda la publicidad, una quinta parte
de lo que invierte el automóvil. Y una importante fuente de ingresos para muchos
medios y grupos de comunicación, que evitan así criticar el auge del juego online y la ludopatía.
El juego online
se ha visto también muy impulsado por la apuestas
deportivas, el juego online que más ha crecido (de 2.009 millones apostados en 2013 a 6.962 en
2018) y donde las empresas consiguen más beneficios (365
millones de margen neto en 2018, el 52%
del beneficio total, según los datos de la DGOJ). Y así, la Liga
española, por ejemplo, ya se ha convertido en la competición europea que más
apuestas deportivas concentra, por delante de la Premier británica, la
Bundesliga, la Ligue 1 francesa o la Serie A italiana, según la publicación Online Gambling Quartery. Y esta doble pasión de los españoles, por
el juego y por el deporte, ha llevado a las empresas del juego a multiplicar
su inversión en patrocinio deportivo. Así, 19 de los 20 equipos de fútbol de Primera
División (todos salvo la Real Sociedad) tienen contratos de patrocinio con
operadores de juego. Y lo mismo 16 de los 22 equipos de Segunda División. Y la propia Liga tiene el patrocinio de Sportium
(empresa líder en salones de apuestas y controlada por el fondo británico
Blackstone).
Todo este gasto publicitario y de patrocinio deportivo ha
conseguido que el juego online sea muy
popular en España, sobre todo entre los jóvenes. Los jugadores activos (que han jugado en el último
mes) han pasado de 637.400 en 2013 a 1.476.385 en 2018, según la DGOJ. La
mayoría son hombres (83,25%) y casi 2 de cada 3 jugadores tienen menos de 35
años (397.570 tienen entre 18 y 25 años, 508.058 entre 26 y 35 y 326.578 entre
36 y 45 años), con un cierto nivel de estudios y un nivel económico medio-alto,
según el perfil que publica la DGOJ. El gasto
medio de los jugadores online es de 449 euros al año, aunque gastan más los
que tienen entre 26 y 35 años (465 euros), entre 36 y 45 años (697 euros) y
entre 46 y 55 años (569 euros). El 75%
de los jugadores online acaban
perdiendo (la mayoría, 602.316 jugadores, menos de 100 euros, y 60.772
jugadores pierden más de 30.000 euros) y sólo un 25% ganan finalmente (200.966 jugadores menos de 100 euros y
9.150 ganan más de 3.000 euros), según las estadísticas de la Dirección General del Juego (DGOJ).
El otro frente del juego que ha crecido con fuerza en los
últimos años son los salones de juego que proliferan sobre todo en los barrios
periféricos de las grandes ciudades. Hay dos
tipos: los salones de apuestas
deportivas (Sportium tiene 2.500 locales, Codere más de 1.000 y Reta 500) y
los salones de juego, unos locales
(de 100 a 300 m2) donde se ofrecen a la vez apuestas
online, maquinas con tecnología avanzada, pantallas de TV con retransmisiones
deportivas y bebidas. Son “centros de ocio”, donde apostar y
pasar el rato con los amigos, al estilo
de los antiguos “billares” de barrio. Ha habido un boom en los últimos
años, pasando de 2.362 salones en 2013 a 3.507
salones de juego en 2018, según el informe de CEJUEGO y la Universidad Carlos III. Andalucía es la
autonomía con más salones (799), seguida de Madrid (459), Comunidad Valenciana
(426) y Murcia (con 347 salones es la
región con más densidad de salones: 1 por cada 4.263 habitantes, frente a 1
por cada 13.326 en España), destacando que sólo hay 127 en Cataluña (1 salón
por cada 59.185 habitantes, al exigir una distancia mínima entre salones desde
2004).
El problema de los salones de juego es que se han abierto por doquier (en Madrid,
en la calle Bravo Murillo, hay 15 salones) y muchos buscando la proximidad
de colegios e institutos, para captar a los jóvenes (aunque no pueden
entrar menores). De hecho, 1 de cada 4
nuevos salones abiertos en Madrid están a menos de 150 metros de centros
educativos, según un sondeo hecho por El País. Los salones
crecen porque son un negocio redondo, no sólo porque los visitan 3 millones de españoles sino porque tienen unas máquinas muy sofisticadas
(38.799 máquinas tipo B) que resultan muy rentables: se juegan en ellas
300 euros de media al día y 46 euros diarios
son beneficios, según un informe de Codere. Y si sumamos los márgenes de las apuestas, la
rentabilidad de las ruletas y juegos y
lo que ganan con las consumiciones, el
margen es alto y se ha duplicado: si era 393 millones de margen neto en
2014, ha pasado a 667 millones en 2018, según el informe de CEJUEGO y la Carlos III. Así que las empresas de juego de siempre y muchas multinacionales se han
dedicado a abrir salones, en un sector muy atomizado (hay más de 600 empresas),
centrado en el negocio local y regional y donde sólo hay 8 empresas que operan en
toda España .Las empresas líderes en salones de juego son Novomatic (+250
salones), la murciana Orenes, con 203 salones, Jocker (Veramatic) con 167, y
Toka (de Cirsa), con 121 salones.
El problema de todo este “boom” del juego, online y en salones, es el tremendo aumento de la
ludopatía, como ya han advertido médicos y psicólogos, a los que preocupa que cada vez los adictos
sean más
jóvenes, en muchos casos menores
(que falsifican sus datos y utilizan la tarjeta de sus padres). Y que se
“enganchan” con las promociones que se anuncian por Internet y TV (“entre y utilice 200 euros que le damos
gratis para jugar”) o acudiendo a los salones de juegos y apuestas que
tienen cerca del colegio o de casa.
La cifra oficial
de ludopatía, de la Dirección General del Juego (2016), es que entre
un 3,5% y un 6,3% de la población mayor de 18 años tiene “algún riesgo con el
juego”. Son entre 1.318.724 y 2.373.704 españoles, según el padrón del INE.
Y de ellos, el estudio de la DGOJ considera que son “jugadores patológicos” (enfermos) entre el 0,3 y el 0,9% de
los adultos, entre 113.000 y 339.000 españoles. Pongamos que hay 200.000 ludópatas. Demasiados. Y
muy preocupante por dos razones. Una,
porque cada vez más jóvenes “se enganchan”
(algunos médicos hablan ya de que el juego es “la heroína online”): 1
de cada 5 adolescentes españoles son adictos al juego, la tasa más alta de
Europa, según un estudio de la Federación de Jugadores Rehabilitados (FEJAR) y la
Asociación madrileña de Psicólogos. El otro motivo de preocupación es que la sanidad pública no tiene medios para
afrontar esta enfermedad, ni en los
Centros de Salud ni
en los hospitales (sólo hay 3 unidades especializadas contra la
ludopatía), con lo que las familias afectadas sólo cuentan con la ayuda de ONGs
especializadas (sin medios), como FEJAR o AZAJER.
La preocupación ciudadana y médica por
el auge del juego online y los salones ha llevado a que algunas autonomías tomen medidas,
como hicieron en 2019 la Comunidad de Madrid y el Gobierno vasco, limitando la publicidad del juego en sus TV y radio
públicas. Y en octubre de 2019, Barcelona anunció que durante un año no iba a autorizar nuevos salones de juego.
También la Comunidad de Madrid anunció en noviembre una moratoria, pero no
acaba de aprobarse y las empresas han acelerado 22 nuevas aperturas a finales de 2019. En este ambiente “anti juego”, las empresas del juego online han
querido “lavar su imagen” y
anticiparse al nuevo Gobierno, aprobando un Código de conducta, que entró en vigor el 15 de enero, donde
las empresas del juego se comprometen a no utilizar famosos en su publicidad y
no anunciar bonos o promociones en eventos televisados antes de las 22 horas.
Pero esta “auto regulación” tiene “truco”: no van a hacer anuncios de juego
con futbolistas ni con presentadores o famosos “que tengan relación con
menores”. El resto de famosos (que son la mayoría) podrán seguir promocionando el juego…
Un espejismo de
marketing hasta que el nuevo
Gobierno tome medidas. El pacto
de Gobierno de coalición entre el PSOE y Podemos incluye un apartado concreto (el 2.10.1) sobre “Regulación urgente de los juegos de azar
para prevenir y frenar la ludopatía”. Y propone 4 medidas concretas,
que se quieren promover desde el nuevo
Ministerio de Consumo: regular de una vez la publicidad del juego (similar
a la del tabaco o alcohol), acordar con las autonomías una regulación estatal
de los salones de juego (para que no abran antes de las 22 horas ni cerca de
centros escolares), trabajar con las empresas del juego en medidas de
información y prevención de las adicciones y, la más importante, destinar un
porcentaje de los impuestos del juego a prevenir
y “reparar” los daños de la ludopatía (se recaudaron 1.748 millones de impuestos sobre el juego en 2018, 1.125 al juego presencial
que ingresan las autonomías y 623 millones el Estado central, por el juego
online y los premios).
Es un principio para poner orden en un sector, el del
juego, que ha campado a sus anchas en los
últimos años, a costa de crear un problema muy serio de adicción en muchos
jóvenes y sus familias. Juego sí, pero limpio
y con cabeza, con controles y medidas eficaces para detectar problemas
primero y atenderlos después en la sanidad pública, como una enfermedad más.
Jugar y apostar, pero sin jugarse la salud y la familia.
Más de 8 millones de niños y adolescentes han vuelto a
clase, afrontando la última mala nota a la educación en España: el informe
PISA 2018, que nos coloca en el puesto 17 y 19 de Europa en ciencias y matemáticas, la peor nota desde 2009. Y con una enorme diferencia entre autonomías:
sitúa a los alumnos en Ceuta 3 cursos por detrás de los de Navarra o Galicia. Y
con el tercer mayor porcentaje de alumnos
repetidores de Europa, donde somos líderes
en abandono escolar. En resumen, tenemos una “mala educación”,
fruto de los recortes, la falta de profesores y medios, y, sobre todo, de una educación memorística,
que no proporciona habilidades para trabajar. Este informe PISA debería servir
para acelerar un Pacto educativo, al margen de las diferencias políticas,
asentado en más recursos para la educación (+11.200 millones para homologarnos
con Europa), más profesores mejor formados y un sistema de enseñanza más
eficaz, que reduzca las tremendas desigualdades entre autonomías. Urge un acuerdo:
nos jugamos el futuro.
Empecemos por el principio. ¿Qué es el Informe PISA? Es un “Programa
internacional para la evaluación de los estudiantes” (significado de PISA)
que realiza cada tres años (desde el 2000) la OCDE, el organismo que agrupa a
los 36 paises más desarrollados de Occidente. Es un examen que se realiza a 600.000 jóvenes de 15 a 16 años en 79 paises, siendo España el país con más alumnos evaluados (36.000 alumnos de 102 centros)
y el que más paga por el estudio a la OCDE, porque es el que realiza una
muestra más desagregada por autonomías. El test mide las habilidades de
los alumnos en comprensión lectora,
matemáticas y ciencias y establece una puntuación media de 500 puntos,
adjudicando a cada país una puntuación en cada materia por encima o por debajo.
Lo importante del informe PISA: no es un test sobre lo que saben los adolescentes sino sobre cómo usan
sus conocimientos. Lo que valora son las habilidades de los
alumnos para “aplicar” sus conocimientos en contextos desconocidos. No vale saber las cuestiones de memoria,
sino aplicarlas a los temas que se plantean, la clave para manejarse en un mundo global.
El último Informe PISA 2018, conocido a principios de diciembre de 2019, revela unos
malos resultados para la mayoría de paises analizados: sólo 7 de los 79 paises mejoran sus resultados, su nota. Y de ellos, de los 7
que mejoran su nota educativa, sólo uno (Portugal) es miembro de la OCDE. El
resto de los grandes paises avanzados en
educación (Corea, Finlandia, Estonia, Holanda, Canadá, Polonia o Nueva
Zelanda) empeoran su nota en 2018. ”Es un
resultado decepcionante”, señaló el secretario general de la OCDE, recordando que la enseñanza internacional
no mejora a pesar de que los paises OCDE
han aumentado un 15% su inversión por estudiante en la última década.
España también
empeora su nota en el Informe PISA 2018, pero además tiene otros dos problemas. Uno, que sigue muy
por detrás de la nota que consiguen la mayoría de grandes paises
occidentales y europeos: en matemáticas,
tiene una nota de 481 puntos, que nos sitúa en el puesto 28 del ranking mundial (de 79
paises) y en el puesto 19 de los paises
UE-28. En ciencias, la nota de 483 puntos nos sitúa en el puesto 25 del ranking mundial y en el puesto 17 de la UE-28. En comprensión lectora, el informe PISA no
ha incluido en 2018 a España, por haber
detectado “respuestas inverosímiles”,
pero en el Informe PISA 2015 ocupamos el puesto 22
en el ranking mundial y el puesto 14
entre los 28 paises UE. El otro problema es que las notas que ha sacado España en el Informe PISA 2018 son las más bajas desde el inicio de la crisis (Informe
2009).
Vayamos a los resultados concretos del Informe
PISA 2018. En matemáticas, la nota media
obtenida por España son 481 puntos, por debajo de los 489 puntos de la OCDE y los 494 puntos de
la UE, en un ranking mundial encabezado por Japón (527 puntos), Corea (526),
Estonia (523), Paises Bajos (519), Polonia (516), Suiza (515), Canadá, Dinamarca
y Eslovenia (509 puntos) y Bélgica (508 puntos). La nota sitúa a España en línea
con Italia (487 puntos), Luxemburgo, Lituania, Hungría y EEUU (478 puntos). Se
trata de una nota inferior a la de 2015
(486 puntos) y la más baja desde 2009 (483 puntos). Además de tener una nota
global más baja. España tiene un menor
porcentaje de alumnos que han sacado una nota excelente en este examen: sólo un 7% de los examinados
españoles, frente al 11% en la OCDE.
Con todo, lo más preocupante es la tremenda disparidad de la nota en matemáticas por autonomías. La que saca mejor
nota es Navarra (503 puntos), al
nivel de Suecia (502), Reino Unido (502), Noruega (501) y Alemania (500),
seguida de Castilla y León (502
puntos), País Vasco (499), Cantabria (499) y Galicia (498), todas por encima de
la media OCDE (489). Y a la cola de España están Ceuta (411 puntos), que se mide con la nota de México (409) o
Colombia (391 puntos, la peor nota mundial), Melilla (432), Canarias (460),
Andalucía (467), Extremadura (470), Comunidad Valenciana (473) y Murcia (474
puntos). Si se considera que 30 puntos de diferencia es un curso, los alumnos
de Ceuta están 3 cursos por detrás que
los de Navarra en matemáticas. Y los andaluces, más de un curso por
detrás.
En ciencias, la nota obtenida por España
en el PISA 2018 son 483 puntos, también
por debajo de los 489 puntos de la OCDE y los 490 de la UE-28, en un ranking mundial encabezado por
Estonia (530 puntos), Japón (529), Finlandia (522), Corea (519), Canadá (518),
Nueva Zelanda (508), Eslovenia (507), Reino Unido (505), Paises Bajos y
Alemania (503 puntos ambos). Se trata también de una nota inferior a la de 2015 (493 puntos) y la más baja desde 2009 (488 puntos). Además de esta baja nota
global, España tiene un menor porcentaje
de alumnos que han sacado una nota excelente en ciencias: sólo un 4% de los españoles, frente al 7% en la OCDE, el 37% en Singapur o el 44% en
China.
Y vuelve a ser preocupante la tremenda disparidad de la nota en ciencias por autonomías. La que saca mejor nota es Galicia (510 puntos), al nivel de Polonia (511), Nueva Zelanda (508) o Eslovenia (507),
seguida por Castilla y León (501
puntos), Asturias (496), Cantabria (495), Aragón (493) y Navarra (493 puntos),
todas por encima de la UE (490) y la OCDE (489). Y a la cola vuelven a estar Ceuta (415 puntos), que se vincula otra
vez a México (419) y Colombia (413 puntos, el “farolillo rojo” mundial), Melilla
(439 puntos), Canarias (470), Andalucía (471), Extremadura (473), Comunidad
Valenciana (478) y Murcia (479). Y de nuevo, los alumnos de Ceuta están 3 cursos por detrás de los de Galicia en
ciencias. Y los andaluces, más de un curso por detrás que los gallegos.
El tercer indicador de PISA 2018, la comprensión lectora, no incluye este año a España, porque se ha
detectado un “comportamiento inverosímil”
en las respuestas de los jóvenes españoles, como responder en menos de 25
segundos una prueba que requiere entre 50 y 120 segundos por cada cuestión. La OCDE descarta la “intencionalidad” en las
respuestas, pero ha iniciado una investigación, en colaboración con Educación y
las autonomías, para detectar qué ha pasado. Ya en el último Informe PISA 2015 chocaba
que la nota de España en “comprensión lectora” fuera 496 puntos, mejor que la
media de la OCDE (493) y que la UE (494 puntos), algo que nunca ha pasado en
los test de matemáticas y ciencias.
Además de estas notas, el Informe PISA 2018 informa sobre los
alumnos de 15 años que han repetido curso. Y el dato es dramático: un 28,7% de los jóvenes españoles han
repetido curso, frente al 13% que
repiten en la UE-28 y el 11,4% en la OCDE. Y nos coloca como el 4º país con más repetidores, tras
Colombia (40,8%), Luxemburgo (32,2%) y Bélgica (30,8%), muy lejos del 3,3% de
repetidores en Finlandia. Y otra vez más, choca que haya 11 autonomías con más repetidores que la media, encabezadas por
Ceuta (49,1% alumnos 15 años han repetido curso), Melilla (45,6%), Canarias
(35,6%), Extremadura (34,7%), Murcia (34,6%), Castilla la Mancha y Rioja
(34,1%) y Andalucía (33,3% de repetidores). Las 6 autonomías con menos repetidores son Cataluña (15,1%), País Vasco
(20%), Navarra (23,9%), Asturias (26,7%), Cantabria (26,9%) y Galicia (27,5%).
El Informe PISA 2018 refleja que hay una relación
directa entre pobreza y alumnos que repiten curso: en España, los alumnos pobres repiten curso 4 veces más que
las familias con más recursos, siendo el 2º país donde más incide la pobreza en
los repetidores (tras Eslovaquia, donde los pobres repiten 4,3 veces más). El
informe también señala que los resultados en las pruebas de ciencias,
matemáticas y lectura tienen mucho que ver con el índice socioeconómico y cultural de los alumnos, en España más (el 12% del rendimiento en
matemáticas se debe al entorno económico de las familias) que en la OCDE (sólo
afecta al 3% del rendimiento) y en la UE (afecta al 4% del rendimiento). En conjunto, Noruega es el país que menos segrega
educativamente por la situación económica
y los que más Chile (recuerden las últimas protestas estudiantiles), Lituania,
Colombia, República Eslovaca, México y Bulgaria, estando España en una
situación intermedia, similar a la media de la OCDE. Y aquí, los alumnos con desventajas económicas
tienen mejores expectativas respecto a los más privilegiados que en la media
OCDE y europea.
El Informe PISA 2018 refleja también que España
tiene un mejor “clima escolar”
que en la mayoría de paises analizados: menor
acoso escolar (17% alumnos expuestos frente al 23% en la OCDE o Alemania,
el 20% de Francia o el 30% de Australia), más
estudiantes “satisfechos” (74%
frente al 67% en la OCDE), menos alumnos
que se sienten solos, incómodos o marginados, y más jóvenes (15 años) con autoconfianza (85%) y menos miedo al
fracaso que en la OCDE. Y además, sus padres
se implican más en la educación de sus hijos y en la gestión de los centros
que en otros paises de la OCDE.
Estos reveladores datos
del Informe PISA 2018 se suman al exhaustivo diagnóstico de la educación en España publicado por la OCDE en septiembre 2019.
Allí se reflejaba otro dato preocupante: España
es líder europeo en abandono escolar temprano (2018), con un 17,9% de jóvenes de 18 a 24 años que
han dejado sus estudios al final de la ESO (etapa obligatoria) y no completan
el Bachillerato o la FP básica, frente al 10,6% de media en la UE-28 y muy por
delante de Holanda o Austria (7,3% de abandono escolar), Finlandia (8,3%),
Francia (8,9%), Alemania (10,3%), Reino Unido (10,7%), Portugal (11,8%) o
Italia (14,5%), según los últimos datos de Eurostat.
Al final, los jóvenes
españoles están peor formados que el resto de jóvenes europeos: entre 25 y 34 años, el 32,3% de los jóvenes están poco
formados (tienen la ESO o menos), frente al 13,6% de los europeos, el 23,4%
tienen una formación media
(Bachiller y FP grado medio) frente al 43,5%
en Europa, y el 44,3% de los
jóvenes españoles son universitarios,
incluso más que en Europa (42,9%), según los últimos datos del “Panorama de la educación 2019” publicado por la OCDE. En consecuencia, los jóvenes españoles tienen menos empleo (21,7%
de jóvenes entre 15 y 24 años frente al 35,4% en la UE-28) y mucho más paro (32,1% en noviembre 2019
frente al 14,3% en la UE-28). Y como consecuencia de esta menor formación y
empleo, España tiene más “ni-nis”, más jóvenes que ni
estudian ni trabajan: un 20,2%
de jóvenes “ni-nis” (1 de cada 5 españoles de 18 a 24 años, 649.000 jóvenes),
frente al 13,1% de media en Europa y
el 9,6% en Alemania.
Estos datos, junto a los pésimos resultados del PISA 2018,
deberían hacernos reflexionar sobre nuestra “mala educación”. ¿A qué se debe? Los expertos creen que esta caída en la nota del Informe PISA desde 2009 es el
fruto de los recortes educativos iniciados en 2010 y continuados hasta
2015, que han sufrido los jóvenes de 15
años ahora evaluados. De hecho, la autonomía que más empeora en el Informe
PISA es Madrid (la autonomía que menos invierte por escolar, 3.945 euros) y la que
más mejora es el País Vasco (que
invierte 6.502 euros por alumno, un 60% más que Madrid). Estos recortes se han
traducido en que hay 2.214 docentes
menos que hace una década y un 62% más profesores precarios que en 2009. Y
además, se les ha obligado a impartir 3
horas de clase más (reduciendo horas de formación y tutorías) con la LOMCE de 2013, que aumentó también la carga burocrática de los docentes, reduciendo desdobles,
prácticas y laboratorio, en perjuicio de
la calidad de la enseñanza.
Pero no es sólo cuestión de dinero, como demuestra que Galicia o Castilla León tengan unos buenos resultados en el Informe
PISA. Los responsables del estudio recomiendan
a España que cambie el sistema de enseñanza, que los centros trabajen menos la memoria y se centren más en desarrollar la
capacidad crítica, el trabajo en equipo y la creatividad. Que no se busque
tanto “cumplir el programa” como “enseñar
a pensar”, dando las clases de otra manera y no sometidos
a la rigidez de los programas. Y profundizando en las enseñanzas de matemáticas
y ciencias, vinculándolas a otras disciplinas y a una enseñanza “práctica”, que
les proporcione “habilidades”, no sólo conocimientos aprendidos de memoria.
Y la tercera receta, en la que coincide el Informe PISA y
muchos expertos, es mejorar la formación de los profesores, sobre todo en matemáticas y ciencias, inicialmente
en la Universidad y después con formación
permanente. En España hay “poca
especialización docente” en matemáticas y ciencias y muchos profesores
están poco cualificados para estas enseñanzas y las dan mal, con lo que sus alumnos “las tienen miedo” y no les
resultan atractivas, con lo que las aprenden mal. Además de pensar en algún
tipo de formación complementaria para los docentes (al estilo de los MIR de los médicos), habría que
innovar en los métodos de enseñanza, utilizando más herramientas colaborativas
online.
Al final, el Informe PISA 2018 y los últimos datos
educativos de la OCDE deberían impulsar con
más fuerza un Pacto Educativo, para implantar cambios cuanto antes. Urge aumentar
el gasto en educación (subir del 4% del PIB que gastamos ahora al 5% de
media de la OCDE, lo que supone gasta 11.200 millones al año), recomponer plantillas y medios
(mejorando desdobles, refuerzos y clases prácticas y de laboratorio) y poner en
marcha un programa de formación
permanente del profesorado, con un cambio en el sistema de enseñanza, desde infantil a Bachillerato, menos “memorística”
y más práctica. Y con sistemas de
evaluación constantes, no sólo PISA, para detectar los problemas. Una
tarea que llevará décadas, pero que urge
empezar cuanto antes. Nos jugamos el futuro.
Cada año, en enero, suben
muchos productos y servicios, lo que dificulta la ya empinada “cuesta de enero”. Este 2020 suben los billetes de cercanías
y tren (que utilizan 506 millones de viajeros), el taxi y los autobuses en algunas ciudades, la
mayoría de autovías (algunas se quedan “libres” de peajes), los carburantes
(subirán impuestos al gasóleo), los hoteles, la vivienda y los alquileres, el IBI de los pisos en muchas ciudades, las cartas y paquetes de Correos, algunas tarifas de teléfono y muchas comisiones bancarias. Eso sí, bajarán
el gas, la luz, las hipotecas
y las tasas aéreas. Con todo, la inflación subirá algo más que en
2019, un 1% de media frente al 0,7%,
permitiendo mantener el poder adquisitivo de los sueldos (subirán un 2%) y casi el de las pensiones (subirán un 0,9%). Así, subirán algo más los ingresos de
la mayoría de españoles que los precios. Es la “gasolina” necesaria para seguir consumiendo y mantener la
recuperación (más débil) en 2020.
La subida que afecta a
más españoles es la de cercanías y
trenes, que utilizan cada año 506 millones de viajeros. El 1 de enero, Renfe ha subido un 1% las tarifas de cercanías
(utilizadas por 440 millones de viajeros al año y que no subía desde 2015) y
trenes regionales (24,1 millones de
viajeros anuales), salvo los trenes Avant
(que suben un 1,2%). También suben
un 1,10% los billetes de los trenes de largo recorrido (12,3
millones de viajeros) y los del AVE (21,33
millones de pasajeros), aunque Renfe lo encubre con la bajada del nuevo AVE low cost Madrid- Barcelona, que lanzará en Semana Santa,
a un coste de 10 a 60 euros el billete. Esta subida de los AVE y trenes de
larga distancia es la primera que hace Renfe desde 2017.
El transporte público
(metro y autobuses) no sube en Madrid, Valencia o Sevilla, pero ha subido en el área metropolitana de Barcelona, tanto el billete normal (de 2,20 a
2,40 euros) como los bonos de 10 (de 10,20 a 11,35), mientras bajan los abonos
mensuales (de 54 a 40 euros) y para jóvenes
(de 105 a 80 euros). También en Zaragoza y Málaga ha subido 5 céntimos
el billete de autobús. El servicio de taxis
sube también unos céntimos en Madrid, Barcelona, Valencia y otras ciudades
españoles.
Y desde el 1 de enero han subido un 0,84% los peajes del grueso
de autopistas españolas,
concretamente de 1.270 kilómetros de vías de alta velocidad (por las que
circulan unos 21.000 usuarios diarios en cada tramo), una subida inferior a la
de 2019 (+1,67%) y 2018 (+1,91%). En el caso de Galicia, los usuarios de la autopista AP-9 pagan un 2,5% más de peaje, porque a la subida estatal se les suma un canon
por las obras del puente de Rande (Vigo) y para compensar a la empresa Aucalsa
de la gratuidad del tramo Vigo-Pontevedra que regaló a los usuarios Ana Pastor
en 2013. Las 9 autopistas “rescatadas” por el Estado en febrero de 2018 (las 4
radiales de Madrid, la M-12 al aeropuerto, la AP-41 Madrid-Toledo, la AP-36
Ocaña-La Roda, el tramo de la AP-7 entre Cartagena y Vera y la circunvalación
de Alicante), 740 kilómetros, no suben
tarifas. Y hay 2 tramos muy importantes, la AP-7 entre Tarragona y Alicante (374 kilómetros) y la AP-4 entre Sevilla y Cádiz (94 km) que son gratuitas desde el 1 de enero, al haber quedado libres de peaje tras
más de 40 años de concesión, como pasó en diciembre de 2018 con el tramo
Burgos-Armiñón en la AP-1.
Lo que sí subirán en 2020 serán los carburantes. Ya han comenzado el año con unos precios disparados,
debido a la fuerte subida del petróleo en diciembre (de 61 a 66,52 dólares por barril): el gasóleo
ha cerrado 2019 con un precio de 1,23 euros por litro, un 9,37% más caro que un
año antes, y la gasolina a 1,30 euros por litro, un 7,53% más caro. Y todo apunta a que, tras rozar los 70 dólares en enero por el enfrentamiento EEUU-Irán, el crudo va a seguir caro hasta el verano, aunque luego podría bajar, porque
hay un exceso de oferta (la OPEP no consigue reducir la producción real) y
menos demanda. Pero la clave va a estar en los
impuestos, porque si el Gobierno Sánchez consigue aprobar unos Presupuestos
para 2020, podría intentar otra vez subir
el impuesto al gasóleo y a la gasolina, que son diferentes y más bajos que en Europa. Así, el gasóleo paga en España 14,64
céntimos por litro menos de
impuestos (59,09) que la media
UE-28 (73,73 cts./l), según el último Boletín Petrolero europeo. Y la
gasolina (69,88 cts./litro en España frente a 82,10 en la UE-28), 12,22 céntimos menos por litro. Y a su
vez, el gasóleo (59,09 cts.) paga 10,79 céntimos/litro menos de
impuestos que la gasolina (69,88 cts.) en España.
Las tarifas aéreas
en principio no subirán, aunque AENA bajará un 1,44% las tasas aeroportuarias a partir de marzo de 2020.
Pero las compañías aéreas no nos repercutirán esa bajada y lo que podría pasar
incluso es que los billetes de avión
suban en 2020, como ya viene pasando desde septiembre de 2019. Y eso, no sólo la reciente subida del petróleo,
sino porque ha aumentado mucho la demanda y, sobre todo, porque la Comisión
Europea estudia poner una tasa verde a
los vuelos e incluir sus emisiones en el mercado europeo de CO2, con lo que volar (al menos
dentro de Europa) puede ser más caro en 2020.
Junto a los billetes de avión, también han subido los precios de los hoteles en 2019 y podrían seguir
subiendo en 2020, salvo que “pinche” más el turismo. Las tarifas hoteleras subirán un 5% en Barcelona y un 4% en Madrid, las dos ciudades que liderarán las
subidas hoteleras en Europa, según el informe Hotel Monitor 2020 de American Express. Eso sí, subirán menos
los precios en la costa y sobre todo en Canarias y Baleares, aunque se espera
una subida de los hoteles, apartamentos y casas rurales del interior.
Para las familias,
el gasto en el hogar podría bajar algo, ya que este año baja un 4% la tarifa del gas a los 1,6 millones de hogares que tienen la
tarida de último recurso (TUR), por la bajada del gas natural en los mercados
internacionales, que también podría beneficiar al resto de usuarios que tienen
una tarifa “libre” (otros 6,3 millones de hogares). La tarifa del agua no
subirá en la mayoría de ciudades, aunque sí en Sevilla y algunas otras poblaciones. Y la luz podría volver a bajar en 2020, tras una bajada del recibo
del 7% de media en 2019. El Gobierno Sánchez en funciones ha congelado la parte
regulada del recibo (45% de la factura) y la Comisión de la Competencia (CNMC)
ha rebajado un 5,6% el coste que pagamos por el transporte y la distribución de
la electricidad, lo que puede traducirse en una rebaja del 2% en el recibo de 2020. Pero otro 35%
del recibo (el 25% restante son impuestos) depende del coste de producir la
electricidad, de su precio en el mercado eléctrico, un componente que no
debería subir, por el mayor peso de las renovables y el gas, ahora más baratas.
Con todo, la factura
de la luz en 2020 va a depender mucho de a qué hora del día utilicemos la
electricidad, porque el 1 de enero ha entrado en vigor la
discriminación horaria: hay tres franjas del día donde el consumo se paga distinto. El consumo más barato es de 12 de la noche a 8 de la mañana, el
horario ideal para poner la lavadora y el lavavajillas. El precio intermedio (un 20%
más caro que por la noche) es de 8 a 10 de la mañana, de 2 a 6 de la tarde y de
10 a 12 de la noche. Y el consumo más caro (un 50% más costoso que por
la noche) es ahora de 10 a 14 horas de la mañana, de 6 de la tarde a 10 de la noche
y los fines de semana. Téngalo apuntado a
mano, porque puede ahorrar en su recibo.
Un gasto familiar que sí sube para algunos es el pago del IBI municipal, por la
vivienda. Hay 1.005 municipios españoles (1 de cada 8) que los suben en 2020 y
87 que los bajan. De ellos, hay 16
capitales de provincia que suben un 3% el IBI este año (Valencia, Sevilla,
Córdoba, Cádiz, Jaén, Granada, Huelva, A Coruña, Lugo, Valladolid, Palencia,
Tarragona, Girona, Huesca, Teruel y Logroño) y tres capitales que bajan el IBI un 3% (Zaragoza, Castellón y
Guadalajara). Además, habrá autonomías y Ayuntamientos que suban otros
impuestos y tasas, porque la mayoría andan “faltos de ingresos”.
La vivienda es un gasto básico de las familias y todo apunta
a que seguirá subiendo. Los alquileres
podrían subir menos que los años anteriores, entre un 4 y un 6% según los expertos, debido a que los precios han tocado techo en algunas grandes
capitales y a que el próximo Gobierno quiere tomar medidas para limitar las
subidas. En cuanto a los precios de
venta de las viviendas, seguirán subiendo pero menos: si 2019 cerró con una
subida de la vivienda del 5%, en 2020 podría subir un 3% de media (y un 5% las viviendas nuevas), según un sondeo
realizado entre expertos y webs inmobiliarias.
Eso sí, las hipotecas
no subirán de precio en 2020, aunque tampoco parece posible que sigan
bajando los tipos, como en 2019 (2,02% TAE en octubre, frente a 3,24 en enero), porque los bancos tratarán de recuperar
vía tipos y comisiones lo que pierden por tener que pagar ahora impuestos y
costes de notario y registro. Y el Euribor, que cerró el año 2019 en negativo (-0,263%)
no caerá tanto (podría bajar hasta -0,220 a finales de 2020, según Bankinter), con lo que el ahorro en una nueva hipoteca será escaso,
inferior al de este año (-92 euros en el pago de una hipoteca tipo de 120.000
euros a 25 años). Lo que intentarán hacer los bancos es colocar más hipotecas a
tipo fijo (ahora son el 45% del total), porque son más caras que las de tipo variable (3,02% TAE frente a 2,17%). Y si siguen
cayendo los tipos de interés oficial y el Euribor otros dos años más, ellos
ganan más con estas hipotecas a tipo fijo (asegurado).
Tengamos a no hipoteca, todos sufriremos el mayor cobro de comisiones
que va a intentar la banca en 2020,
para hacer frente a su deterioro de márgenes. El Banco Santander ya avisó a sus
clientes que cobrará comisiones por su Cuenta 1,2 y 3 y cobrará 9 euros por su
cuenta Día a Día. El BBVA ha elevado su comisión de mantenimiento de 60 a 100
euros al año. Y también han subido distintas comisiones Bankia y el Sabadell. Y todos buscan
cobrar más comisiones por Fondos, Bolsa, seguros y operativa, tratando además
de “deshacerse” de los no clientes (Bankia les reduce los días de atención) y de los clientes “no rentables”. Así que mire con lupa sus extractos y trate de
pelear la rebaja de comisiones si se las suben.
Otro gasto que sube en 2020 es el envío de cartas (que ya
casi no hacemos) y de paquetes (en auge). Correos ha subido el 1 de enero el envío de cartas y postales, un 8,33% dentro de España (subida inferior al 9% de 2019 y el 10%
de 2018), un 3,57% en los envíos europeos y un 3,5% en los demás envíos
internacionales. Y el envío de paquetes,
el principal negocio de Correos,
sube un 1,34% (el doble que en 2019, cuando subió un 0,88%). Eso sí, de momento
no sabemos lo que subirán el teléfono y
el móvil en febrero o marzo, como pasa todos los años, aunque Movistar ya ha anunciado una subida para el 15 de febrero de sus servicios complementarios de
telefonía (llamada a tres, desvío o restricción de llamadas, mantenimiento o
servicio de contestador). Y seguro que antes o después vuelve a subir sus “paquetes”
de teléfono, internet y TV (a cambio de más servicios) y le siguen el resto.
Bueno, con todas estas subidas, el Gobierno y los expertos esperan algo más de
inflación en 2020: cerrar el nuevo año con un IPC del +1,2%, frente al +0,8%
que subió en 2019. Y una inflación media (la que hay que mirar) en
todo el año del +1%,
frente al 0,7% de inflación media en 2019. Eso permitirá que muchos españoles mejoren su poder adquisitivo en 2020, como ya han hecho en 2019, porque les suban más sus ingresos que los precios.
Por un lado, los que
viven de un sueldo (16,8 millones de españoles) podrían tener este año una
subida salarial algo superior al 2%, en línea con la subida del 2,1% que tuvieron en 2019 y
mucho mayor que la de 2018 (+0,8%), sobre todo si se cumple el acuerdo firmado en 2018 entre la patronal y los sindicatos para que los sueldos
subieran una media del 2% en el trienio 2018-2020, más hasta un 1% adicional
por mejoras de productividad . Y los 2,5 millones de funcionarios públicos tienen asegurada (por su acuerdo plurianual con el Gobierno en 2018) una
subida del +2% en 2020 (más un 0,3%
adicional), frente al 2,5% que les subieron en 2019. Y el salario mínimo podría
subir este año de 900 a 1.000 euros (+11,1%). Con ello, los que viven de un
sueldo ganarán poder adquisitivo en
2020 (como en 2019).
Los pensionistas
no tienen ningún acuerdo de subida para 2020, como los asalariados, pero el
Gobierno Sánchez-Podemos se ha comprometido a subir las pensiones un +0,9%
en 2020 (y más las mínimas), con lo que perderían un 0,1% de poder
adquisitivo o lo mantendrían (depende de lo que haga el IPC medio), tras haber ganado 0,9% de poder adquisitivo en 2019
(y perder un -0,5% global entre 2008 y
2019). La clave estará en conseguir algún acuerdo político a lo largo de
2020, dentro del Pacto de Toledo, para fijar un sistema futuro de revalorización de
pensiones que se pueda financiar y no quiebre el sistema.
Hasta aquí el repaso a las múltiples subidas y escasas bajadas que nos depara 2020. Y a los ingresos previsibles (salarios y
pensiones) que vamos a tener la mayoría de españoles y que nos permitirán consumir algo más, el “motor” que siga tirando del crecimiento y el empleo (menores) en 2020,un año en que van a fallar las exportaciones y el turismo.
Pero no basta con que podamos consumir algo más. Para mantener la recuperación
y que no venga otra crisis hace
falta que no se nuble el panorama internacional (ni
guerras comerciales ni Brexit duro ni sustos del petróleo) y que en España tengamos estabilidad política y económica y un Presupuesto 2020 que no haga recortes, sino que afronte los mayores gastos que hacen falta (en casi todo) con mayores ingresos fiscales (sobre todo de las grandes empresas, bancos,
multinacionales y los más ricos), para poder reducir el déficit y la deuda y
cumplir con las exigencias de Europa. Un puzle difícil de completar.
Estas Navidades, bares y restaurantes han estado a tope. Pero también el resto del
año: somos un país aficionado a los bares
y restaurantes y tenemos más que
ningún país. Y 2019 fue el 5º
año consecutivo en que aumentó nuestro gasto en hostelería, aunque aún es
menor que antes de la crisis. Pero detrás de esta vuelta a “beber y comer fuera de
casa”, hay una reconversión callada: casi 20.000 bares y
cafeterías han desaparecido desde 2010, sobre todo en los extrarradios de
las ciudades y en la España “vaciada”. Y en cambio, se abren sin parar nuevos restaurantes, casi 8.000 desde 2014, sobre todo de
cadenas con varios establecimientos, muchos con fondos de inversión detrás. Y
con un auge de la comida
enviada a domicilio (“food delivery”). Al final, la recuperación ha
aumentado el gasto en bares y restaurantes, pero también la competencia y la especialización, con múltiples cierres y aperturas. Una
“criba” drástica en la hostelería, propiciada por Internet y las redes
sociales.
Los españoles somos un país con mucha tradición
de frecuentar bares y restaurantes, que están por todas partes en pueblos y ciudades, algo que choca mucho (y atrae) a los turistas que nos visitan por primera vez. De hecho, España
es el país del mundo con más bares, uno
por cada 255 habitantes. Y en Europa,
somos el país que más porcentaje de
nuestro presupuesto gastamos en bares y restaurantes: el doble que la media
europea y el triple que Alemania, según la última estadística de Eurostat (2018).
El gasto en bares y
restaurantes cayó drásticamente con la crisis, como el resto del gasto, y lleva
5 años consecutivos recuperándose (desde 2015), aunque todavía gastamos
menos que antes de la crisis (como en lo demás), según la Encuesta de Presupuestos
Familiares del INE. Así, en 2018, el gasto en restaurantes y hoteles
supuso 2.948 euros por hogar, el 4º
mayor gasto de las familias (un 9,9% del total), tras el gasto en vivienda,
agua, gas y electricidad (30,7% del total), el gasto en alimentación y bebidas
(14,1%) y en transporte (12,7%), aunque todavía por debajo del gasto familiar
en restaurantes y hoteles en 2008 (3.069 euros, un 9,6% del total). Si restamos
el gasto en hoteles, el gasto
familiar en bares y restaurantes fue de 2.521 euros en 2018 (un 8,4% del presupuesto
total), todavía por debajo de los 2.783 euros que se gastaban las familias en 2008 (el 8,7%). Y el gasto
por persona en bares y restaurantes era 1.014 euros en 2018 (un 8,4%
del gasto total), algo menor a los 1.041 euros que nos gastábamos en bares y
restaurantes en 2008.
Los españoles tenemos muchos más bares y restaurantes que los europeos y además los visitamos mucho más: acudimos a
beber o comer fuera de casa 161 veces al año (eran 186 veces en 2008), frente a
150 veces los franceses o alemanes y 258 veces los italianos, según
datos de la consultora NPD Group. Pero, curiosamente, gastamos más en beber
y “alternar” pero gastamos menos en comer fuera de casa: 800 euros de media, por
detrás de Italia (1.044 euros), Alemania (989 euros), Reino Unido (975 euros) y
Francia (851 euros).
Con todo, la recuperación
económica y el mayor gasto en bares y restaurantes han aumentado
la facturación del sector de la
hostelería desde 2015, alcanzando un negocio de 123.612 millones en 2018,
el 6,2% del PIB. Con ello, la hostelería
se consolida como el tercer sector con más peso económico en España, con el 8,8%
del empleo total (1,7 millones de ocupados), sólo por detrás del comercio
(15,6% del empleo) y la industria (12,8% del empleo total). Si descontamos el
negocio del alojamiento, la restauración
(bares y restaurantes) facturó en
2018 por valor de 93.705 millones de
euros (el 4,7% del PIB español) y dio trabajo a 1,3 millones de personas,
según
el último balance del sector.
Pero el sector de la restauración
(bares y restaurantes) está teniendo una recuperación desigual: crece
mucho más el negocio de los restaurantes
(facturaron 47.090 millones en 2018,
un +3,9%) que el de los bares y
cafeterías (facturaron 36.289
millones, +0,2% en 2018), cuyo número además no para de crecer desde 2010.
Y también crece el negocio de las 17.000 empresas dedicadas a colectividades y catering (facturaron
10.326 millones, +3,8% en 2018). Veámoslo con más
detalle.
En España había 183.306
bares y cafeterías a finales de 2018, lo que supone que siguen
cerrándose establecimientos: -1.124 en
2018 y 19.393 bares y cafeterías
menos que en 2010 (-9,5%), según
el sector. Eso supone que han desaparecido
una media de 2.400 bares por año, la mayoría en la periferia de las
grandes ciudades y muchos en los pueblos, en “la España vaciada”, sobre todo
pubs y discotecas. Las autonomías que han
perdido más bares son Madrid (-3.088 bares que en 2010), Comunidad Valenciana
(-1.924), Cataluña (-1.907) y Galicia (-1.895), aunque porcentualmente destacan
las pérdidas de bares en el País Vasco (-14%), Asturias (-12,9%), Castilla la
Mancha (-12,36%), Galicia (-11,5%) y Castilla y León (-11,33%).
En paralelo, han
crecido los restaurantes (y facturan
un 30% más que los bares), hasta alcanzar un máximo de 78.950 establecimientos a finales de
2018: son casi 8.000 más que en 2014 (cuando alcanzaron su número mínimo)
y 25.000 restaurantes más que hace 20 años. Crecen más los restaurantes y su
facturación porque los españoles hemos empezado a comer y cenar más fuera de
casa y porque esta mayor demanda ha relanzado la inauguración constante de nuevos
restaurantes, empujados por
inversores nacionales e internacionales (fondos que ven la restauración en
España con mucho futuro, tanto por la demanda interior como por el aluvión de
turistas). De hecho, las visitas a los restaurantes
aumentaron un 13,1% en 2018 y ese
aumento se debió a las nuevas aperturas (7%), el aumento de tamaño de algunos
restaurantes (+1,8%), el auge del envío de comida a domicilio (´+2,1%) y por
los nuevos conceptos ligados al restaurante como “experiencia” (+2,2%), según
detalla el Anuario
de la Restauración Organizada 2019.
Mucho de este auge
de los restaurantes en España tiene que ver con el “boom” de las cadenas
de restaurantes (40 empresas y
90 marcas), ligadas a restauradores famosos e inversores, que abren varios
establecimientos donde ofrecen no sólo comida sino también diseño
moderno y servicio esmerado, lo que se entiende como “una experiencia gastronómica”. Estas cadenas
de restaurantes no paran de crecer y en julio 2019 tenían ya una
cuota de mercado del 25,6%. Y cada
mes abren nuevos locales, empujados por importantes restauradores y fondos
de inversión nacionales y extranjeros, muchos enfocados a la elaboración de comida a domicilio, otro componente
clave del crecimiento de los restaurantes. Incluso se prodigan los “restaurantes
fantasmas”, cocinas sin meses que sólo trabajan para atender los
pedidos de comidas que les llegan por Internet (y que entregan las empresas de reparto).
Las palancas que tiran de los restaurantes en general (y no de los bares)
son la comida rápida, la mayor
afluencia de familias, el envío de comida a domicilio y la “sociabilidad”: el comer fuera de
casa, con amigos o conocidos. Y también la llegada de marcas internacionales, según
el Anuario de la Restauración Organizada 2019. En cuanto a bares y
cafeterías, les está salvando algo el
buen tiempo fuera de temporada (terrazas) y el mayor tráfico en las mañanas, con una recuperación de los
desayunos y pinchos a media mañana.
El sector de la hostelería espera seguir creciendo en 2019 y 2020,
en tanto se mantenga el consumo, con un nuevo aumento de los restaurantes y una
nueva caída del número de bares y cafeterías, sobre todo por el aumento de los
alquileres y traspasos. En todos los casos, el sector espera un fuerte aumento de la competencia, un
peso creciente de la comida a domicilio y un fuerte
componente digital del negocio,
donde el futuro se juegue cada vez más en Internet: lo que digan las redes
sociales y las webs de búsqueda sobre la calidad, precio y servicio de tal bar,
cafetería o restaurante será cada vez más importante. Por eso, uno de los grandes
retos del sector hostelero será la
transformación digital. Y el otro,
la especialización: ofrecer algo que no tengan los demás, desde una
tortilla a una carne, unas vistas o un local de diseño. Ya no basta con “dar de comer y beber”.
En definitiva, seguimos siendo un país de bares y restaurantes,
pero más sofisticado, donde la comida y la bebida son cada vez un negocio más profesionalizado y con
mayores inversiones y “ofertas de diseño”, donde las pequeñas iniciativas
sólo sobrevivirán a base de ingenio y especialización, con la ayuda de Internet y las redes sociales. Y en el futuro, crecerán cada
vez más los restaurantes de moda, las “gastro experiencias” y la comida a domicilio, que convertirá nuestras casas en restaurantes a la carta. Nada
que ver con los bares y restaurantes de
siempre, cada vez más difíciles de
encontrar. Aprovéchenlos mientras queden.