Hoy se presentan en el Congreso los Presupuestos 2019, los más "extraños" de la democracia. Un verdadero “monstruo de Frankenstein”: mezclan los ajustes de Rajoy con un “parche” de más gasto social de Sánchez. Y encima, corren el riesgo de no ser aprobados y acabar en un listado de promesas electorales del PSOE. El Gobierno Sánchez quiere evitar elecciones con un Presupuesto que hereda el tope de gasto del PP y trata de superarlo inflando los ingresos y subiendo algunos impuestos, para justificar algunos gastos sociales más, con lo que no cumplirá con el déficit prometido a Europa. Es un parche, “un quiero y no puedo” que trata de ganar tiempo y votantes. Pero aún así, es mejor tenerlo y que estimule el gasto y mejore los ingresos de muchos españoles, lo que fomentaría el crecimiento y el empleo, contrarrestando la debilidad de la recuperación. Si no se aprueba y hay elecciones, se perderán muchos meses claves hasta tener otro. Y si gana la derecha, el ajuste será peor.
enrique ortega |
Los Presupuestos suelen reflejar la política del Gobierno que los presenta. En este caso, la anomalía es que “el primer padre” de los Presupuestos 2019 es Rajoy, porque dejó al Gobierno Sánchez una “herencia” que es una pesada losa: el techo de gasto. Y en cumplimiento de esta herencia, el actual Gobierno no puede gastarse lo que quiera, sino que tiene un límite: que la diferencia de ingresos y gastos no supere un déficit del 1,3% del PIB en 2019 (16.301 millones máximo de déficit). La nueva ministra de Economía, Nadia Calviño, había conseguido en julio que la Comisión Europea “abriera la mano” y permitiera que España tuviera este año un déficit mayor, hasta el 1,8% del PIB (22.571 millones). Eso le daba al Gobierno español un desahogo: podía gastar 6.270 millones más en 2019 con permiso de Bruselas, que también ha abierto la mano con los déficits de Francia e Italia.
Y con este “oxígeno” europeo, el Gobierno Sánchez planteó subir el techo de gasto para 2019 que
había heredado de Rajoy. Pero al
presentarlo en el Congreso, chocó con una cláusula de la Ley de Estabilidad Presupuestaria, aprobada en 2012 por Rajoy: el Senado, donde el PP tiene mayoría
absoluta (por eso lo hizo), podía vetar un techo de gasto más
expansivo. Y lo hizo, el 27 de diciembre 2018, con los votos del PP y Ciudadanos, que lo
veían como una forma de forzar al Gobierno Sánchez a convocar elecciones. Y
aunque el Gobierno recurrió al día siguiente al Constitucional, tiene
que cumplir la Ley. Y se ha visto obligado a presentar un Presupuesto con un corsé: el
déficit de Rajoy y no el que nos permite Bruselas. Eso supone que
tendrán que recortar el déficit del 2,7% previsto para 2018 (32.309 millones)
al 1,3% que les obliga el Senado (16.301 millones). Eso significa que este año
2.019, el Gobierno Sánchez, “de
izquierdas”, tendrá que hacer un “ajuste”
de 16.008 millones de euros, un “ajuste”
(menos gastos y más ingresos) mayor a los que hizo Rajoy entre 2014 y 2018. Y con ello, El
Gobierno Sánchez podrá gastar 6.270
millones menos en 2019 de lo que
gastaría con el déficit autorizado por Europa.
¡Vaya herencia de
Rajoy¡ El Gobierno Sánchez, con este
hándicap, ha hecho un Presupuesto
2019 “con truco” (como todos los Presupuestos): como me obligan a gastar
6.200 millones menos y quiero gastar más (en “gastos sociales”), pues “inflo”
los ingresos (como también hacía el ministro Montoro, año tras año) y
así,
aunque gaste más, como digo que voy a recaudar más, pues no me paso del tope de
déficit “heredado” de Rajoy. La estrategia es muy descarada, a la vista
de las cifras presentadas: esperan recaudar por impuestos 227.356 millones de euros, un récord histórico, 19.746 millones más que el Gobierno
Rajoy en 2018. De ellos, 5.654 millones
los esperan recaudar subiendo algunos
impuestos, pero los 14.092 millones extras
restantes piensan conseguirlos “por
la buena marcha de la economía”. Un “milagro fiscal” (el milagro de la ministra Montero)
porque el año 2018, creciendo la
economía más que este año (2,6% frente al 2,2% previsto para 2019), Hacienda sólo consiguió recaudar 9.595 millones
más el año pasado.
Así que el primer
truco es exagerar los ingresos, algo
que ya le achacaron al Gobierno Sánchez en Bruselas, al enviarles en octubre una
primera versión del Presupuesto. Tampoco es muy creíble la recaudación extra
que dicen van a conseguir con las subidas de impuestos anunciadas en los Presupuestos 2019, 5.654 millones en total : 1.776 millones subiendo el impuesto de sociedades a las grandes empresas, 1.200 millones
extras con la nueva tasa Google a las
multinacionales tecnológicas y 850 millones por el futuro impuesto de transacciones financieras (ambas medidas no entrarían
en vigor hasta junio y los expertos creen que, de aprobarse, recaudarán la
mitad de lo previsto), 339 millones más por subir el impuesto de patrimonio, 328 millones por la subida del IRPF a los que ganan más de 130.000 euros anuales (el
0,5% de los contribuyentes), 670 millones por la subida de impuestos al gasóleo (3,8
céntimos por litro) y 828 millones extras que esperan conseguir con la lucha contra el fraude fiscal, la
morosidad y el control de los pagos en metálico. Y se reducirán impuestos a las pymes
(-260 millones de recaudación) y el IVA
a los servicios veterinarios (del 21% al 10%), compresas (del 10% al 4%), y periódicos, libros y revistas digitales (del 21 al 4%), tres rebajas que reducirán en
77 millones la recaudación fiscal en 2019.
Una vez que se exagera en los ingresos, el otro”truco” de los Presupuestos 2019 está en los
gastos: forzarlos al máximo y repartirlos lo más posible, para contentar a mucha gente. Si el Gobierno
Sánchez pretende aumentar los ingresos en 19.746 millones
en 2019, el Presupuesto contempla gastar 10.981 millones más (el resto va a reducir el déficit). Pero lo
que hace es recortar algunos gastos
(-5.201 millones en “actividades de carácter general” y -149 millones en
el pago de intereses de la deuda) para
poder gastar más en otras cosas, en lo que llama “política social”: los gastos
sociales suben 12.600 millones para 2019. Y en infraestructuras (+2.161 millones, un 39,9% más, sobre todo en el tren) y Ciencia (+362 millones para I+D+i, un 5,1% más). Y además, como es año electoral, el Presupuesto 2019 aporta 7.860 millones más a las autonomías (+6.487 millones) y
a los Ayuntamientos (+1.373 millones).
Esos 12.600 millones
más de gastos sociales se reparten mucho, con subidas a veces pequeñas pero que
políticamente “suenan muy bien”: pensiones
(+9,030 millones, un 6,2% más que en 2018, para subidas y supresión del copago farmacéutico a jubilados y rentas bajas), otras políticas económicas (+ 1.274 millones, un 8,6% de aumento,
para ampliar el permiso paternidad de 5 a 8 semanas y dedicar 321 millones más a
combatir la pobreza), Dependencia
(831 millones más, un 59,3% de aumento), desempleo
(700 millones más, incluyendo recuperar el seguro de paro para los mayores de
52 a 55 años), servicios públicos
básicos (+781 millones, un 3,9% más), ), subvenciones
al transporte (+281 millones), acceso a la vivienda (+198 millones, un 41% más), educación (+153 millones, un 5,9% más, para becas y libros de texto)…
Un mayor gasto social muy repartido, que va
a beneficiar a mucha gente, tras tantos años de recortes, aunque sea insuficiente
(en educación, por ejemplo,
igualarnos a lo que gasta Europa, supondría gastar
6.700 millones más cada año, no los 153 millones extras de este
Presupuesto). Pero teniendo en cuenta el corsé del déficit y del gasto, es un esfuerzo en el gasto social que beneficia a muchos, como recuerda el Gobierno al presentar los Presupuestos: 8,7 millones de pensionistas, 321.000
familias pobres, 855.000 estudiantes
con becas y ayudas de libros, 166.000
mujeres que han denunciado violencia de género (una partida que tendrá 20
millones más, hasta 220) y 114.000
parados de 52 a 55 años, sin olvidar los 2,5 millones de personas a las que se ha subido el salario mínimo (a 900 euros) y los 2,55 millones de empleados públicos a los que se sube el sueldo un 2,25% (+otro posible 0,25%).
Son muchos españoles que saldrán ganando si se aprueba este Presupuesto. Y si
no, será
el mejor cartel electoral del PSOE, el otro gran objetivo de los
Presupuestos 2019.
Al final, la apuesta del Gobierno Sánchez es
clara: si consigo aprobar estos Presupuestos, aumentaré el gasto en 10.981 millones ( o más: siempre se desvía) y si no consigo ingresar lo que digo
(19.746 millones más), sino menos (12.000 millones, por ejemplo: ya sería
mucho), pues tendré más déficit (el
1,9% o hasta el 2,2% del PIB, según algunos expertos), lo que quería en principio (1,8% de
déficit) pero no le permitía la Ley de
estabilidad presupuestaria impuesta por el PP y Ciudadanos. Y además, he
utilizado el Presupuesto para que la gente vea que “con un Gobierno de izquierdas no hay recortes sino subida de gastos
sociales”, con lo que gano votantes. Y si no consigo aprobar los
Presupuestos, que será lo más probable (el
12 y 13 de febrero se votan las enmiendas a la totalidad y la clave es lo
que harán los independentistas catalanes), pues he quedado como un Gobierno
serio, que presenta unos Presupuestos
rigurosos y a la vez con muchos gastos
sociales (que benefician a mucha gente), pero “la derecha los ha rechazado”.
Así que españoles, ya sabéis: si queréis que vayamos por esta línea y hagamos un Presupuesto mejor, tenéis que
votarnos cuando haya elecciones.
El drama, como país, es que si no se aprueba este Presupuesto y
hay elecciones (o si Sánchez se enroca
en la Moncloa, con los Presupuestos 2018 de Rajoy prorrogados), se
perderán muchos meses para tomar medidas y la falta de Presupuestos
agravará el
enfriamiento de la recuperación. Porque este Presupuesto de Sánchez es “un parche”, pero al aumentar el gasto
(aunque menos de lo que querría y debería) puede
facilitar el consumo de las familias y la inversión y que la economía y el empleo crezcan
algo más de lo
poco que crecerá sin los estímulos de este Presupuesto. Así que estamos
ante un Presupuesto 2019 que es un “quiero
y no puedo”, pero peor será que no se apruebe y se tarden meses en tener
otro. Con el riesgo de que si gana la derecha, como en Andalucía, el próximo Presupuesto
tendrá más recortes y menos gasto social, como los de 2012 a 2018. Seguro.
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