lunes, 10 de febrero de 2025
China pincha la burbuja de la IA
El mundo de la tecnología y la Inteligencia Artificial
(IA) sufrió un “shock” a finales de enero: una pequeña
empresa china había desarrollado, con poca inversión, personal y
tiempo, un modelo puntero de IA en código abierto, DeepSeek, que
competía perfectamente con los gigantes USA, como ChatGPT o los de Google,
Microsoft y Meta. En medio de la carrera por monopolizar la IA, China
parece haberse adelantado a EEUU, donde Trump “apadrina” un
proyecto millonario de IA norteamericana. Ahora, podría abrirse el camino para
que Europa y pequeños paises entren en la carrera de la IA, que
va a cambiar nuestras vidas. Europa ha sido pionera en un Reglamento
para controlar la IA, pero va muy retrasada en inversiones, aunque ha puesto en
marcha 7 macrocentros de IA, uno en Barcelona. Y el Gobierno Sánchez
acaba de presentar ALIA, un modelo de IA en español, dentro de
una estrategia para invertir 1.500 millones en avanzar en IA, en las
empresas y servicios. No podemos perder este tren.
En los últimos años, asistimos en el mundo a una auténtica “fiebre
del oro” por la Inteligencia Artificial (IA). Inversores,
Fondos y bancos se han lanzado a apoyar proyectos, mientras los gigantes de
Internet (Google, Meta, Microsoft y Amazon) lanzan modelos de IA o invierten en
gigantescos Centros de Datos (Data Centers) para investigar en la IA. Sólo en
los últimos 5 años, la inversión del capital riesgo en Inteligencia
Artificial ronda los 300.000 millones de dólares, según
el Foro Económico Mundial. Y se estima que la inversión en IA ha superado
los 70.000
millones de dólares en 2024, sobre todo en USA y China. La “fiebre
por la AI” se justifica porque “nadie quiere quedarse fuera” y
todos piensan que será una tecnología que cambie la economía y el mundo
en unos años.
La aparición
de ChatGPT, el 30 de noviembre de 2022, fue un hito en
esta revolución de la IA: una empresa casi desconocida, OpenAI, fundada
en 2015 por varios inversores tecnológicos (entre ellos Elon Musk y Microsoft,
que ya no la controlan) lanzó un modelo de IA para internautas (ChatGPT) y
consiguió un millón de usuarios en 5 días (ahora
tiene 200 millones). Eso disparó las alarmas en los gigantes
de Internet, que llevaban años invirtiendo en IA: Microsoft apostó por Copilot
(febrero 2023), Meta (Facebook) afianzó LlaMA
(febrero 2023) y Google renovó Bard y lanzó Gemini
(diciembre 2023). Todos buscan lo mismo: desarrollar un modelo de IA que
se popularizara y copara el mercado. Es la estrategia de “el
ganador se lo lleva todo",
la búsqueda de un “cuasi monopolio” en IA, como lo han conseguido
Google (buscadores), Microsoft (sistemas operativos), Meta (redes sociales),
Amazon (comercio online), Apple (dispositivos de alta gama) o Tesla (coches
eléctricos).
En medio de esa “loca carrera” por conseguir el dominio
del mercado de la IA (para después imponer sus condiciones, como Google,
Apple o Amazon), OpenAI, la empresa norteamericana líder en IA, aprovechó
la llegada de Trump al poder para lanzar el proyecto
STARGATE, una inversión de 500.000 millones de dólares en 4 años
para infraestructuras de IA, con el apoyo de Oracle (USA) y Softbank (Japón), más Nvidia
(la empresa USA líder en fabricar los microchips que necesita la IA).
Un proyecto millonario, presentado
por Trump el martes 21 de
enero (su 2º día en la Casa Blanca), tras
haber firmado una “orden ejecutiva” (otra) que anulaba las
restricciones (sobre seguridad y control) que Biden había establecido para la
IA . “Se inicia la edad de oro de la IA en Estados Unidos”, declaró
eufórico.
Sólo unos días después, el lunes 27 de enero, estallaba una
noticia que supuso una auténtica conmoción en el mundo tecnológico:
una casi desconocida empresa china lanzaba una
nueva oferta de IA, DeepSeek, igual o superior a ChatGPT y que puede
descargarse gratis. Y además es una herramienta que se ofrece “en
código abierto”, lo que abre la vía a que nuevos desarrolladores la
utilicen y amplíen. Pero lo
más llamativo era que la IA china se había desarrollado sólo en dos
meses, con un reducido equipo de ingenieros y una pequeña inversión
(6 millones de dólares frente a los más de 100 millones que costó el
lanzamiento de ChatGPT en 2022). Y encima, DeepSeek se había lanzado a pesar
de la prohibición a empresas chinas de comprar chips de EEUU, lo que hundió
la cotización de Nvidia
(su valor cayó en 589.000 millones de dólares en un solo día, algo nunca
visto), la 2ª empresa con más valor del mundo (tras Apple), gracias a su
“cuasi monopolio” en la fabricación de chips de alto rendimiento para la
Inteligencia Artificial (IA).
Tras recuperarse de la conmoción inicial, OpenAI
(ChatGPT) denunció que los chinos de DeepSeek lo habían conseguido “copiando”,
utilizando la información de sus años de entrenamiento de ordenadores, algo difícil
de demostrar. Todo indica que DeepSeek hizo de la necesidad virtud
y utilizó otras vías de investigación, recortando procesos, desarrollos, medios
e inversiones. Y parece que el promotor de DeepSeek, Liang
Wenfeng, un ingeniero chino de 39 años, utilizó sus conocimientos de IA
para montar un fondo de inversión con el que ganó una pequeña fortuna para
comprar chips de Nvidia antes del embargo y montar un pequeño equipo, con ingenieros
universitarios chinos…
El caso es que el
lanzamiento de DeepSeek ha provocado una auténtica revolución
en el disparatado mundo de la Inteligencia Artificial (IA), abriendo nuevos
caminos y señalando que la clave no está sólo en invertir sin límite,
que no
es cierto que “el que más gaste será el ganador”. Y ha bajado
los humos a los gigantes USA de Internet y la IA, que tendrán que
afrontar una “cura de humildad”: han invertido más que China y parece
que van por delante en IA, pero no es definitivo. De hecho, el gigante chino Alibaba
ha lanzado otro modelo de IA, Qwen
2,5 Max, que parece también muy competitivo. Pero sobre todo, el ejemplo
de DeepSeek
ha creado muchas esperanzas en Europa, muy atrasada en la carrera
de la IA (apenas invirtió 10.000 millones en 2024), porque demuestra que se
puede avanzar sin presupuestos millonarios, a golpe de innovación e
investigación.
Europa
lleva años fuera de esta carrera
por la Inteligencia Artificial (IA), como ha estado también relegada en
la revolución tecnológica y de Internet, donde los gigantes son multinacionales
USA y alguna china. Sólo ha avanzado en regulación, aprobando en marzo
de 2024 (Parlamento Europeo) el
Reglamento de la IA, la primera norma en el mundo para regular los
avances en la IA. Y poco más. En enero de 2024 puso en marcha un
paquete de medidas para apoyar a las empresas innovadoras y a las pymes
para la utilización de la IA. Y en febrero, se abrió en Bruselas la
Oficina Europea de la IA.
Después, lo más destacado ha sido la aprobación del programa IA
Factory, por el que la Comisión Europea y los paises destinarán 1.500
millones de euros a crear unos Centros europeos de desarrollo de la IA. En
diciembre de 2024, la
Comisión Europea eligió las 7 futuras “fábricas de la IA europea”, instaladas
en Bolonia (Italia), Kajaani (Finlandia), Bisen (Luxemburgo), Linköping
(Suecia), Stuttgart (Alemania), Atenas (Grecia) y Barcelona,
donde se ha elegido el MareNostrum 5, el superordenador del Barcelona
Supercomputing Center (BSC), que es el que tiene mayor capacidad de
almacenamiento de datos en Europa y el tercero con mayor rendimiento del
continente.
Los expertos creen que Europa debe ir más lejos
y apostar al máximo por la IA, creando
un “ecosistema” que promueva avances, apoyados en ayudas, en las
Universidades y centros de investigación y atrayendo a empresas e ingenieros,
que ahora sólo miran a EEUU. Precisamente, la Inteligencia Artificial es uno de
los sectores elegidos en el
Informe Draghi para impulsar la competitividad de Europa en las próximas
décadas, lo que exigirá fuertes inversiones, pero sobre todo apostar por la
innovación, la investigación y el talento.
España busca desde hace años no perder el tren de
la Inteligencia Artificial. Ya en diciembre de 2020, el Gobierno Sánchez
aprobó la Estrategia
Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA), con una inversión de
600 millones de euros. Y después, en 2012, la IA forma parte del Plan
de Recuperación, con una inversión de 500 millones de Fondos europeos
entre 2021 y 2023, que podría crear o mantener 15.986 empleos. Y en mayo de
2024, el Gobierno aprobó la Estrategia
de Inteligencia Artificial 2024, para invertir 1.500 millones entre
2024 y 2025. Una parte de estos recursos han ido a mejorar el superordenador
MareNostrum5 de Barcelona, a la financiación de desarrollos de IA (400 millones
para empresas, dentro del programa Next Tech) y para promover su utilización (350 millones
para que la utilicen las pymes), a becas y formación de expertos en IA y a la creación de la
Oficina Española de IA, la primera abierta en Europa, en La Coruña, inaugurada
en junio de 2024.
Además, estos fondos públicos han permitido crear ALIA, el primer modelo de IA en español,
presentado por Pedro Sánchez el 10 de enero pasado. Dado que los modelos
disponibles de IA para internautas y empresas (ChatGPT, Gemini, Copilot, LlaMA
o DeepSeek) se han “entrenado” con textos e información mayoritariamente en
inglés, lo que pretende ALIA es ofrecer un modelo que se ha entrenado
básicamente con contenidos en español (aunque también está disponible
en catalán, valenciano, vasco y gallego). Una
herramienta que tiene un nivel tecnológico (hasta 175.000
millones de parámetros) equiparable a la primera versión de ChatGPT y que tiene dos ventajas: es
gratuita y de código abierto, lo que significa que las empresas (y
expertos) pueden tomarla como punto de partida para desarrollar sus propios
modelos de IA, con la ventaja de utilizar expresiones propias del español.
Ahora falta que todos estos proyectos y estas inversiones
(españolas y europeas) vayan creando un
ecosistema de desarrollo de la IA, desde la Universidad y los
investigadores a empresas propias que desarrollen modelos innovación y modelos
de IA. Y en paralelo, las empresas han de ir incorporando la Inteligencia
Artificial en su día a día, porque hasta ahora la usan poco: sólo el 13,48%
de las empresas europeas utilizaron la IA en 2024, según
Eurostat. España es el país nº 13 en el ranking, con un 11,31% de
empresas que usan la IA, muy por detrás de Dinamarca (27,58%), Bélgica
(27,71%), Finlandia (24,37%), Paises Bajos (23,06%), Alemania (19,75%) o
Irlanda (14,90%), pero por encima de Francia (9,91% empresas usan la IA),
Italia (8,20%) o Portugal (8,63%). La mayoría de empresas españolas usan la IA para
convertir el lenguaje hablado en formato legible y para el análisis del
lenguaje escrito, sobre todo para atención al cliente y toma de decisiones, según
Red.es.
En la sociedad y entre las empresas, hay bastante recelo
ante el uso de la IA, tanto por cuestiones de seguridad
como por temor a perder empleos (los
estudios revelan que se perderán muchos, en sectores automatizables, pero
se crearán muchos otros). Para valorar el potencial real de la IA, el Gobierno encargó
a un grupo de expertos un informe, HispanIA
2040, que aborda las oportunidades y retos de la IA en España. El
Informe, presentado
el 20 de enero, concluye que la Inteligencia Artificial nos ofrece, ya
ahora, “la oportunidad de ser más productivos y realizar algunas tareas
con más rapidez y calidad”. Y detalla
las ventajas que aporta al comercio, la consultoría y el
transporte (mejora atención al cliente y aporta ganancias de eficiencia del
13%), a la Sanidad (ahorra el tiempo para atender a 5 pacientes más en Atención
Primaria y reduce 22 días las listas de espera de especialistas), en
Educación (libera a los profesores el tiempo de 1 día de enseñanza y mejora
enseñanza de Matemáticas como si se impartiera medio año más) y a la Administración
Pública (agiliza los procesos judiciales, la concesión de ayudas, la
gestión medioambiental, el tráfico, la seguridad y defensa, la gestión del agua
y el medio ambiente y hasta de las emergencias).
Los expertos que han elaborado HispanIA 2040 insisten en que
el
mayor desafío es que la IA llegue a la mayoría de empresas y
trabajadores, porque si no perderíamos empleo y competitividad, agravando la desigualdad.
Y para lograrlo, proponen
invertir en IA en áreas estratégicas (biotecnología y ciberseguridad),
crear un sistema de datos integrados que circulen por todo el país (empresas,
instituciones y autonomías), impulsando modelos propios y cuidando el medio
ambiente (los Centros de Datos consumen mucha energía y agua) y la
ciberseguridad. Y defienden
que la IA se despliegue “con criterios éticos”, preservando la
privacidad, la propiedad intelectual y la protección de datos. Y “con
transparencia en los algoritmos”, para que no incurra en sesgos
e injusticias.
Al final, el informe HispanIA
2040 deja claro que “las oportunidades que ofrece la IA son múltiples y
si las aprovechamos de manera responsable deberían compensar con creces los
posibles efectos negativos”. Y que la IA debe “ayudarnos a conseguir una
sociedad más próspera, más justa y con más calidad de vida”. Así que, a
pesar de los miedos que tenemos todos a que las máquinas
desarrollen tareas humanas, estos expertos españoles creen que hay
más ventajas que inconvenientes. Y que España, como Europa, debe volcarse
al máximo en esta revolución tecnológica, la más importante desde la
electricidad e Internet. No podemos perder este tren.
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jueves, 6 de febrero de 2025
Reducción de jornada: ojo a cómo se aplica
El Gobierno ha aprobado la reducción de jornada de 40
a 37,5 horas semanales, para implantarla antes de fin de año. Los españoles
trabajan una media de 38,3 horas, así que la rebaja será de 48
minutos semanales. Pero hay 4 sectores donde se reducirá más de hora
y media: hostelería, información, comercio y agricultura. Otro
cambio: los que tienen un contrato a tiempo parcial, podrán trabajar
menos o pedir subida de sueldo. Además, se aprueba la “desconexión
digital”: no habrá que estar contactado fuera del horario laboral. Y se
obliga a las empresas a un control digital de horarios. Ahora queda lo difícil: aprobarlo en el Parlamento, dada la oposición de Junts y
PP, que apoyan las críticas de las
empresas, por el alto coste y la imposición legal. Habrá cambios y ayudas a las pymes para adaptarse.
Pero la tecnología y los nuevos hábitos llevan al recorte horario. Próxima
estación: más teletrabajo y 4 días de trabajo semanal. Enrique Ortega
Esta es la 4ª vez en poco más de un siglo que España cambia legalmente la jornada laboral. La primera vez fue el 4 de abril de 1919, cuando el Gobierno de Romanones (liberal) aprobó (tras la huelga de "La Canadiense") la jornada laboral máxima de 48 horas semanales (8 horas por 6 días de trabajo, frente a las 12 horas habituales entonces), adelantándose unos meses al primer Convenio mundial por las 48 horas semanales, aprobado por la OIT en octubre de 1919.Tras el largo paréntesis de la dictadura franquista, el 2º cambio llegó en marzo de 1980: el Gobierno Suárez (UCD) aprobó la jornada de 42 horas semanales. Poco después, en julio de 1983, el Gobierno de Felipe González (PSOE) aprobaba la jornada máxima de 40 horas, que rige hoy. Y casi 41 años después, este martes 4 de febrero de 2025, el Gobierno de coalición (PSOE y Sumar) aprobó la jornada laboral de 37,5 horas semanales, media hora menos de trabajo al día.
La jornada laboral se ha reducido en todo el mundo
en las últimas décadas, de la mano de la tecnología y la digitalización y
asentada en un cambio de costumbres, donde se valora cada vez más la
conciliación familiar y el ocio. Con ello, el horario de trabajo medio
en Occidente (36 paises OCDE) era de 1.742
horas anuales en 2023 (horas
efectivas), con los paises más ricos trabajando menos horas (1.343 Alemania,
1.380 Dinamarca, 1.413 Paises Bajos, 1.437 Suecia. 1.500 Francia, 1.524 Reino Unido), salvo EEUU
(1.799 horas), Italia (1.734) y Japón (1.524), ocupando España un horario
intermedio (1.632 horas anuales). Otra estadística, de
Eurostat (2023), que refleja todas las horas (incluidas extras), revela que
la jornada laboral media en Europa es de 40,4 horas semanales y
que España está en linea, con una jornada total (ojo: de los que
trabajan a tiempo completo) de 40,3 horas, algo más que Francia (40
horas) y Alemania o Bélgica (40,2 horas), Paises Bajos (39,3) y Dinamarca
(38,9) y menos horas que Italia (40,5), Portugal (41,3) o Suecia (41,5 horas
semanales).
Las estadísticas internacionales indican que España
no destaca por trabajar más ni menos, está en la media. Pero las estadísticas
españolas revelan que los españoles ya trabajan menos de la jornada semanal
legal de 40 horas. Si tomamos los datos del INE, la EPA de 2024,
los que han trabajado en el 4º trimestre han trabajado 36 horas semanales
de media, aunque hay una gran diferencia entre lo que trabajan los empleadores
(46,8 horas) y lo que trabajan los asalariados (34,9 horas semanales:
36,9 horas los hombres y 32,7 horas las mujeres). La otra manera de medirlo es
ver la jornada pactada en los convenios en 2024, aunque sólo
afecta a los asalariados con convenio (10,6 millones). Eso nos indica que la jornada
media pactada en 2024 fue de 1.755,74 horas, lo que equivale a 38,32
horas semanales. Y hay sectores, como el campo, la hostelería, el comercio
y una parte de la industria que tienen una jornada mayor.
Así que la jornada real ya está por debajo de las 40
horas semanales (38,32 horas), con grandes empresas en torno a las 35/36
horas y otras por encima de las 39 horas. Dada esta desigualdad horaria
y la tendencia social a reducir la jornada laboral (a la que hay que
sumar una hora larga de ida y otra de vuelta en muchas ciudades), los sindicatos
llevan años forzando a un recorte de jornada, para fomentar la conciliación
familiar y laboral. Y en paralelo, piden un control efectivo de la
jornada, porque muchas empresas “abusan de
las horas extras”: no superan las 40 horas semanales, pero “fuerzan” a
sus plantillas a hacer horas extras, muchas sin pagarlas (ni
cotizar por ellas). Trabajo estima que se hacen 3 millones de horas
extras gratis a la semana, con las que las empresas se ahorran
3.254 millones al año (en salarios y cotizaciones), sobre todo en
hostelería, comercio, industria y educación.
Por todo ello, el Gobierno de coalición incluyó en su
programa para esta Legislatura el recorte de la jornada laboral, tras 41
años sin tocarla. Y lo justifica en que la
productividad ha aumentado un 53% desde 1983 pero eso ha
beneficiado más a las empresas que a los trabajadores, cuyos sueldos
han subido mucho menos y trabajan casi las mismas horas. Además, creen que hay
un apoyo social mayoritario (Encuestas) a reducir la jornada y que
la medida puede mejorar la productividad y reducir
el absentismo. Eso sí, tendrá un coste para las empresas, porque la
condición es bajar la jornada legal manteniendo los salarios.
La idea del Gobierno Sánchez era pactar la rebaja de
jornada con sindicatos y patronal. Pero no ha sido posible,
porque la patronal (CEOE y CEPYME) se retiró de la
negociación en diciembre, tras 11 meses de reuniones, argumentando el
alto coste de la medida y pidiendo que el horario quedara para la negociación
colectiva, no que se impusiera por Ley. Así que la vicepresidenta Yolanda Díaz
pactó la rebaja en solitario con CCOO y UGT, el 20 de diciembre. Y aún
quedaba otra
batalla, en el seno del Gobierno: el ministro de Economía (y el
PSOE) querría haber retrasado la rebaja uno o dos años (hasta el final
de la Legislatura), buscando como fuera (con ayudas) el acuerdo con la patronal,
mientras Yolanda Díaz (Sumar) se ha empecinado en implantar la
jornada de 37,5 horas antes de final de año, para “revitalizar” su imagen
política tras la continua caída en las Encuestas.
En medio del descuerdo social (sin la patronal) y el pacto
político “in extremis” dentro del Gobierno, el Consejo de Ministros aprobó
este martes un
anteproyecto de Ley con 3 cambios importantes. El primero, la
rebaja de la jornada laboral, a 1.712 horas en cómputo anual, que son
las 37,5 horas semanales. Eso supone una rebaja de la jornada semanal
media pactada en convenio (38,32 horas en 2024) de 48 minutos
semanales, según Trabajo.
Pero hay 4 sectores donde la rebaja se va a notar
mucho más, porque la jornada se reducirá más de hora y
media, según
estima Trabajo: hostelería (trabajarán -112 minutos), información
y comunicaciones (-109 minutos), comercio (-98 minutos)
y agricultura (-97 minutos semanales). En otros sectores, la jornada
semanal bajará en torno a una hora: actividades administrativas
y auxiliares (-67 minutos), otros servicios (-66 minutos),
actividades profesionales, científicas y técnicas (-62 minutos), industrias
extractivas (-55), manufacturas (-54 ) y actividades artísticas (-51
minutos semanales). Y se notará poco la rebaja en el transporte y
almacenamiento (-47 minutos semanales), la construcción (-37), sanidad
y servicios sociales (-23), inmobiliarias (-20) y energía
(-13 minutos semanales). Y 4 sectores no tendrán ningún recorte de jornada,
porque ya trabajan menos de 37,5 horas: finanzas y seguros, Administración
Pública, educación y suministro de agua.
Esta reducción de jornada, a 37,5 horas semanales, afectará a
los que tienen contrato a tiempo completo. Pero también
afecta a los que tienen jornada a tiempo parcial: podrán trabajar menos
(el porcentaje en que baje la jornada completa) o mantener su jornada
parcial pero con una subida de sueldo. Así, si alguien trabajaba 30
horas semanales (el 75% de la jornada), ahora trabajará 28,12 horas o, si decide
mantener su anterior jornada, la empresa le debe compensar (en este ejemplo,
subirle un 6,26% el sueldo).
El recorte de jornada beneficiará, según
Trabajo, a 12,5 millones de asalariados (a 2 de cada 3) , de ellos 10,5
millones con un contrato a tiempo completo (que trabajarán algo menos) y 2
millones de trabajadores con contrato a tiempo parcial (1,5 millones son
mujeres). En conjunto, los 4 sectores
más beneficiados por la rebaja de jornada son el comercio
(2.435.500 trabajadores beneficiados), la industria manufacturera
(2.073.500 beneficiados), la hostelería (1.424.100 beneficiados ) y la
construcción (1 millón de beneficiarios), seguidos muy de lejos por las actividades
administrativas (852.600 beneficiados), actividades profesionales,
científicas y técnicas (729.600), sanidad y servicios sociales
(692.400), transporte y almacenamiento (672.900), información y
comunicaciones (626.900), actividades del hogar (601.200), el
campo (460.900), la educación (239.200) y las actividades artísticas,
ocio y entretenimiento (193.000 beneficiarios).
El 2º cambio de la Ley propuesta es que se refuerza
el control horario de las empresas,
que en muchos casos se hace mal o no se hace (pymes), lo que facilita la
proliferación de horas extras y los horarios excesivos. Ahora, se obliga a las
empresas a instalar un sistema de control digital, en un plazo de
6 meses tras la aprobación de la Ley, un sistema que debe estar
disponible online para la inspección de trabajo y para los sindicatos.
Y si no se instala o funciona mal, se multiplican las multas, no por empresa (como
ahora), sino por trabajador.
El tercer cambio es también muy importante: se
implanta la
“desconexión digital”, con lo que los trabajadores ya no estarán
obligados a estar en contacto permanente con su empresa (móvil, correo,
WhatsApp…) y sus jefes no podrán contactarle fuera del horario laboral,
lo que en algunos casos ha provocado estrés laboral y problemas mentales.
La patronal no
apoya esta reforma por dos razones básicas. Una, de principios:
defiende que el horario laboral es un tema a decidir en la negociación
colectiva, entre empresas (patronal) y trabajadores (sindicatos), sin “injerencia”
del Gobierno, un argumento que olvida que hay unos 6 millones de
asalariados sin convenio, que trabajan en pequeñas empresas, sin capacidad de
negociar sus horarios. Y así hemos llegado a la situación actual, donde hay
dos tipos de trabajadores: los de grandes empresas, que trabajan menos,
y los de empresas pequeñas, que trabajan mucho más (y aún más los autónomos).
Por eso, muchos paises fijan por Ley la jornada (como Francia, que la
fijó el año 2000 en 35 horas semanales).
La otra crítica, mucho más razonable, es que reducir la
jornada tiene un coste. Un
estudio de CEPYME lo cifra en 11.792 millones, dos tercios
concentrado en el comercio, la industria, la hostelería y las actividades
administrativas. Y la patronal CEOE habla de un coste de 24.000 millones, unos
2.000 euros por empleado afectado. Este es un tema que merece la pena
analizar con detalle y tratar de resolver con ayudas a las
empresas (pymes) y sectores más afectados, como prometió el
Gobierno a la patronal si pactaba la rebaja de horarios. También habría que
buscar mejoras de productividad para compensar este aumento de
costes. Pero, en cualquier caso, no hay que olvidar un dato: las empresas
llevan 4
años aumentando márgenes y beneficios, mientras los trabajadores
han perdido poder adquisitivo. Ahora se trata de “repartir el
crecimiento”, trabajando algo menos a costa de las mayores ventas y
beneficios de muchas empresas (no todas).
En cualquier caso, estamos ante un anteproyecto de Ley,
aprobado por la vía de urgencia, que ahora pasará las consultas técnicas
y legales, para ser aprobado otra vez por el Gobierno y enviado al
Parlamento. Así que no se debatirá hasta el verano. Y
entonces, el Gobierno deberá lograr el apoyo de Junts, que ya ha
dicho que quiere cambios (ayudas a las empresas y quizás más
flexibilidad). Y el
PP se encontrará con el dilema de votar en contra (como hizo
con la reforma laboral, lo que ahora se ve como una equivocación) o
abstenerse, dado que todas las
Encuestas reflejan que una mayoría de españoles está a favor
de reducir la jornada laboral. En cualquier caso, será difícil que los convenios se adapten a tiempo para que el 31 de diciembre estén en
vigor las 37,5 horas en todas las empresas.
Parece claro que el mundo, con la digitalización y la
tecnología (más
aún con la Inteligencia Artificial) va en la dirección de trabajar
menos horas. Pero no basta con aprobar una Ley para imponerlo. Es
más eficaz pactar la nueva jornada, sector a sector y empresa a empresa,
en una negociación donde entren horarios, sueldos, condiciones de trabajo,
empleo y productividad, aportando el
Estado las ayudas necesarias para que las empresas más vulnerables se adapten.
Esa es la negociación que hará falta una vez se apruebe la Ley, porque
si no, lo que ahora es un deseo generalizado (“trabajar menos”) se nos volverá
en contra, si se aplica mal y daña al crecimiento y al empleo. Por eso hay
que ser flexibles y realistas, no buscar titulares y votos.
Y en paralelo, hay que ir planificando el trabajo del
futuro, que será mucho menor que ahora, porque una parte de los empleos
los cubrirán ordenadores y máquinas. Hay que ir pensando de otra manera,
en “repartir
el trabajo que haya”, lo que obligará a dar más peso al teletrabajo
(creció con la pandemia, pero se ha recortado) y a pensar en la jornada de 4 días a la
semana , que ya están estudiando paises punteros como Japón o Reino
Unido. Hay que repensar el trabajo actual y su inevitable revolución futura, superando el
debate de la jornada: qué trabajos se van a mantener, cuáles cambiarán radicalmente
y cómo nos adaptamos. Ese es nuestro verdadero reto.
Esta es la 4ª vez en poco más de un siglo que España cambia legalmente la jornada laboral. La primera vez fue el 4 de abril de 1919, cuando el Gobierno de Romanones (liberal) aprobó (tras la huelga de "La Canadiense") la jornada laboral máxima de 48 horas semanales (8 horas por 6 días de trabajo, frente a las 12 horas habituales entonces), adelantándose unos meses al primer Convenio mundial por las 48 horas semanales, aprobado por la OIT en octubre de 1919.Tras el largo paréntesis de la dictadura franquista, el 2º cambio llegó en marzo de 1980: el Gobierno Suárez (UCD) aprobó la jornada de 42 horas semanales. Poco después, en julio de 1983, el Gobierno de Felipe González (PSOE) aprobaba la jornada máxima de 40 horas, que rige hoy. Y casi 41 años después, este martes 4 de febrero de 2025, el Gobierno de coalición (PSOE y Sumar) aprobó la jornada laboral de 37,5 horas semanales, media hora menos de trabajo al día.
Por autonomías, las
regiones donde se trabajan más horas y cuyos trabajadores notarán más la nueva
jornada serán Canarias, Murcia, Andalucía, Comunidad Valenciana, Baleares y
Cataluña.
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lunes, 3 de febrero de 2025
Coche eléctrico: la industria, en apuros
La venta de coches nuevos superó en España el
millón de turismos en 2024, algo que no pasaba desde 2019. Pero las
ventas se estancaron en Europa, haciendo caer la fabricación y exportaciones
españolas. El problema está en la caída de ventas de los coches eléctricos
en Europa (crecen en España), por sus altos precios, pocas ayudas y escasez de
puntos de recarga. Y desde el 1 de enero, la industria del automóvil afronta un
reto difícil: un Reglamento para reducir más las emisiones y vender
más coches eléctricos, so pena de pagar multas o fabricar menos coches de
combustión. Los fabricantes han pedido a Bruselas flexibilidad,
máxime con las amenazas de aranceles de Trump y la pelea con China.
En España, ahora no tenemos ayudas a la compra de coches eléctricos,
al decaer el Decreto ómnibus, pero el Gobierno quiere centralizarlas, porque las
autonomías las retrasan de 1 a 2 años. Urge apoyar más los coches
eléctricos, para salvar el empleo, el medio ambiente y la salud. Enrique Ortega
El estancamiento económico de Europa se ha
traducido en un freno en la venta de coches nuevos en 2024: se
matricularon 10.632.281 turismos, sólo un 0,8% más que en
2013, según
la patronal ACEA. Y cayeron las ventas en los tres principales
mercados: Alemania (2.817.331 matriculaciones, -1%), Francia
(1.718.412, -3,2%) e Italia (1.559.229, -0,5%), aunque crecieron en
España (1.016.885 matriculaciones, +7,1%) y Reino Unido (1.952.000 matriculaciones,
+2,6%). Esta caída de ventas en los principales paises europeos ha provocado
que España, el 2º mayor fabricante europeo, fabricara
menos coches en 2024 (2.376.504 vehículos, -3%) y también exportara menos vehículos (2.123.584, -4%), lo que
ha provocado nuevos ajustes de plantillas en la 2ª mayor industria española
(emplea a 2.210.000 trabajadores): se
perdieron 155.300 empleos en 2024 (39.200 en la industria y el resto en
los concesionarios y talleres de reparación).
España es uno de los paises europeos con mejor
balance del automóvil en 2024, dado que las matriculaciones superaron
de nuevo el millón de turismos (1.016.885, +7,11%), según
la patronal ANFAC, algo que no pasaba desde antes de la pandemia: se vendieron
1.258.251 turismos en 2019 y las ventas cayeron drásticamente en torno a
las 850.000 matriculaciones en 2020, 2021 y 2022, para subir a 949.363 nuevos
turismos vendidos en 2023. El tirón de
ventas se ha dado en diciembre (+28,8%), sobre todo por las mayores compras
de empresas de alquiler y empresas (concesionarios).
Los líderes
de ventas siguen siendo Toyota (95.614), seguida de Volkswagen (66.905),
Seat (65.299), Hyundai (64.841), Renault (64.236), Kia (59.901), Dacia (54.776)
y Peugeot (51.767). Y sigue la “fiebre” por los SUV (más contaminantes,
porque gastan más carburante), que rozan el 60% de todas las ventas. Los
coches más vendidos en 2024
fueron Dacia Sandero (32.994), Toyota Corolla (22.129), Seat Ibiza (22.121), Hyundai
Tucson( 21.595) y MG ZS (20.386).
El problema que ha tenido el sector del automóvil
en Europa (+0,8% ventas e3n 2024) ha sido la caída
de las matriculaciones de coches eléctricos: se vendieron 1.447.934 en
2024, un -5,9% que en 2023. Y sobre todo, el problema ha estado en la caída
drástica en la venta de eléctricos en Alemania: -27,4% (se matricularon
380.609), aunque también cayeron en Francia (-2,6%, con 290.614
matriculados), Italia (-1%, 65.620 vendidos) y Suecia (-15,9%, hasta
94.333). En cambio, subió la venta de coches eléctricos en España
(+11,2%, hasta 57.374), Bélgica (+36,9%, hasta 127.703), Paises Bajos
(+16%), Dinamarca (+42,2%, 89.199 matriculados), Portugal
(+14,7%, hasta 41.757), Noruega (+9,4%, 114.346) y Reino Unido (+21,4%,
hasta 381.970 matriculados, el país líder en ventas de coches
eléctricos).
La realidad es que el coche eléctrico aumenta su peso
en Europa (13,6% de las ventas), pero todavía está lejos de liderar
las matriculaciones. En
2024, los coches más vendidos en Europa fueron los coches de gasolina
tradicionales (3.542.755, el 33,32% de las ventas), seguidos de los coches
híbridos (3.288.862, el 30,93% de cuota), los eléctricos (1.447.934,
el 13,62% del total), los coches diesel tradicionales (1.267.741
vendidos, el 11,92%) y los híbridos enchufables (758.944 matriculados,
el 7,14% de cuota), sumando el resto de vehículos alternativos (gas, GLP)
el 3,07% de cuota restante.
En España, el reparto de las matriculaciones de
turismos en 2024 es algo diferente al europeo, porque pesan
más las ventas de híbridos y menos los coches eléctricos. Lideran las
ventas los coches híbridos (ganan atractivo porque permiten la
etiqueta ECO y no dependen de los postes de recarga), con 392.988 turismos
vendidos (350.838 son híbridos “de gasolina), un 38,58% de cuota de
mercado, según
ANFAC. Les siguen las ventas de coches de gasolina tradicionales (378.687
vendidos, el 37,4% del total) y los coches diesel tradicionales (96.380 vendidos, el 9,48% del
total). Y ya a distancia, los turismos híbridos enchufables (58.558, el 5,76% del total) y los coches
eléctricos “puros” (57.374 matriculados en 2024, el 5,64% del mercado.
Esta cuota del coche eléctrico “puro” en España (5,64%) es de las más bajas en
Europa, donde la cuota es más del doble (13,6%), según
ACEA. Por países, lideran las ventas de coches eléctricos Noruega
(88,89% de las matriculaciones 2024), Dinamarca (51.52%), Suecia (35%),
Paises Bajos (34,66%), Finlandia (29,52%), Bélgica (28,48%), Portugal (19,91%),
Reino Unido (19,56%), Austria (17,58%), Francia (16,91%) y Alemania (13,50%). Y
peor que España en venta de coches eléctricos sólo están Polonia
(3% de las matriculaciones) e Italia
(4,20%), superándonos incluso Grecia (6,35% cuota eléctricos).
¿Por qué no avanzan más los coches eléctricos en Europa e
incluso han caído en 2024? Hay varias
razones. La más inmediata, que algunos paises europeos han recortado
sus ayudas a la compra de coches eléctricos. El caso más claro es Alemania,
donde el Tribunal Constitucional eliminó las ayudas estatales a la
compra a finales de 2023 (desplomando un -27,4% las ventas en 2024). También Francia
ha endurecido la concesión de ayudas (según las emisiones) y se han reducido además
en Bélgica, República Checa, Dinamarca, Letonia y Malta. Otra razón básica es
que los coches eléctricos siguen siendo más caros, entre un 15 y
un 20% más que los de combustión. Y en casi todos los paises, salvo los
nórdicos y Portugal, hay pocos puntos de recarga de baterías, sobre todo
fuera de las ciudades.
En España, la venta de coches eléctricos es aún menor
por varias
razones “propias”. Una importante en cuanto a su alto precio:
la diferencia se nota más en los coches de baja gama (pueden costar
entre 7.000 y 10.000 euros más si son eléctricos), que son los más vendidos y
se nota menos en los coches de gama media y alta (más vendidos en Europa y
menos en España). Además, apenas hay coches eléctricos de segunda mano,
el mercado que lidera las ventas en España (se
venden el doble de coches usados que nuevos). Y aquí, dos tercios de las
personas viven en pisos (frente al 42% en Europa y el 20% en Bélgica y
Paises Bajos), lo que dificulta la recarga de eléctricos frente a los que viven
en casas unifamiliares. Y encima, somos el 2º país más extenso de Europa
(tras Francia), lo que obliga a realizar viajes más largos, que exigen más recargas.
Pero los 2 principales problemas con que choca la
penetración del coche eléctrico en España, junto al alto precio, son el
mal funcionamiento las ayudas a la compra y la falta de puestos de recarga.
Respecto a las ayudas, ha habido varios Planes (el Moves
III terminó en diciembre),con bastantes
recursos (hasta 1.500 millones durante varios años), que permitían recibir hasta
7.000 euros si se compra un coche eléctrico y se achatarra el viejo. Pero
el problema es que la gestión de estas ayudas la llevan las
autonomías y la acumulación de peticiones ha colapsado los expedientes, con
lo que el
comprador tarda entre 1 y 2 años en recibir la ayuda a la compra. Y
eso disuade las compras.
Ahora, además, la compra de un coche eléctrico tiene otro
problema adicional: no hay ayudas públicas ni desgravación fiscal
(se podían deducir hasta 3.000 euros en el IRPF), porque ambas medidas iban
en el “Decreto
ómnibus” que aprobó el Gobierno en diciembre y tumbó el PP con Junts
y Vox hace dos semanas. En el nuevo
Decreto aprobado por el Gobierno la semana pasada (para recuperar la
subida de pensiones y otras medidas sociales) no
se incluyen las ayudas ni la desgravación al coche eléctrico, que irán
en un futuro decreto (que se aprobará si quiere Junts…). El Gobierno está
pensando en aprovecharlo para aprobar
un nuevo sistema de ayudas a la compra de coches eléctricos,
como lleva años pidiendo la industria. El gran cambio sería que la
gestión la llevaría directamente el Estado (Industria o el IDAE) y no las autonomías, aunque queda
por saber si la futura ayuda se concederá al momento, restándola del
precio de venta, como pide la industria y los concesionarios.
Un cambio en el sistema de ayudas,
agilizándolo, sería clave para vender más coches eléctricos, aunque la otra
clave es multiplicar la instalación de postes de recarga, rápidos
y ultrarrápidos. Y hay otras medidas que han funcionado en paises
líderes en eléctricos. En
Noruega, por ejemplo, los coches eléctricos no pagan IVA ni tributos
municipales, ni peajes ni aparcamientos…y tienen más de 30.000 puntos de
recarga. En
Portugal, los coches eléctricos no pagan IVA y tienen bonificación en
el impuesto de matriculación, además de una aplicación única para pagar con el
móvil en cualquier punto de recarga. Y Francia está probando un
“leasing social eléctrico”: puedes “probar” un coche eléctrico pagando 100 euros al mes durante
3 años y luego, puedes comprarlo o devolverlo.
Algo hay que hacer, porque España no
puede seguir a la cola de ventas en coches eléctricos,
si queremos reducir las emisiones (el transporte por carretera es culpable del
28,4% de las emisiones totales de CO2) y
mejorar el aire de nuestras ciudades (la contaminación mata a 10.000 españoles
al año), donde sólo
49 capitales han aprobado zonas de bajas emisiones (demasiado
reducidas) y hay casi 100 ciudades que tienen pendientes aplicarlas este
año (la mayoría gobernadas por el PP y Vox, “negacionistas”).
Pero además, España y los restantes paises europeos han de
cumplir lo aprobado por la Comisión Europea, cuyo objetivo es prohibir
en 2035 la venta de coches de combustión
(gasolina y gasoil, que supusieron el 45,24% de las matriculaciones en
2024…). Para conseguirlo, Bruselas ha aprobado una serie de “hitos
intermedios”, en los que obliga a la industria a fabricar coches
menos contaminantes. Uno de ellos entró en vigor el 1 de enero de 2025,
con un Reglamento, la Normativa de
emisiones CAFE, que obliga a rebajar las emisiones de los
coches nuevos (de 115,1 gr/CO2 a 93,6 gramos).
Para cumplir esta nueva Normativa de emisiones en 2025,
la industria europea del automóvil debe
aumentar la cuota de venta de los coches eléctricos al 22% (frente
al 13,6% en 2024). O reducir la fabricación y venta de coches de combustión
(un drama para España, porque estos coches son el 91% de los que se fabrican
aquí). Y si no hace ambas cosas, Bruselas aplicará multas a los fabricantes,
que están buscando cómo evitarlas con acuerdos entre ellos (para compensar los
excesos de emisiones de unos con las menores emisiones de otros). Si no lo
consiguen, sólo les queda fabricar (y vender) más coches eléctricos y reducir
la fabricación de hasta 175.000 coches de combustión (que suponen
reducir el 17,2% de las ventas), lo que provocaría cierre de plantas y despidos
en Europa.
Ante este panorama, la patronal automovilística europea
(ACEA) envió
una carta, el 16 de enero, a
la Comisión y a los líderes europeos, donde les pide “flexibilidad”
en la aplicación de la Normativa de emisiones CAFE y medidas para relanzar las
ventas de coches eléctricos. De momento, el Partido Popular Europeo
(PPE), ganador de las elecciones europeas y que controla la Comisión, se muestra
a favor de “flexibilizar” la normativa,
para que los fabricantes puedan reducir las emisiones sin cerrar plantas y
sin despidos, como ya se han hecho en Alemania (-35.000 en Volkswagen) y en
casi toda Europa. Se trata de conciliar el medio ambiente y la lucha contra
la Crisis Climática con la supervivencia de la primera industria europea (13
millones de empleos), que además está preocupada con los posibles
aranceles a la exportación
de coches a EEUU con que amenaza Trump
y con la pelea con China, a la que Europa aplica, desde octubre
pasado, nuevos
aranceles a los coches eléctricos chinos (entre un 17% y un 35,3% adicional al 10% que tenían).
En resumen, la industria automovilística europea se juega
su futuro (y los empleos e ingresos fiscales de los paises) a la
carta del coche eléctrico, sin que los distintos Gobiernos europeos
(ni el español) apuesten con todas sus armas para renovar el parque y facilitar
que los ciudadanos podamos cambiar a un coche más limpio a un precio asequible,
con ayudas eficaces y puestos de recarga suficientes. Es un reto ineludible, si
queremos salvar empleos, el medio ambiente y nuestra salud. Apoyen al
máximo al coche eléctrico.
Pero quizás disuade aún más al potencial comprador no
saber dónde podrá recargar el coche eléctrico que compre. En España hay 38.725
puntos de recarga de acceso público, 22.696 en zonas urbanas y sólo 16.029
en vías interurbanas, según
datos de Anfac, que denuncia además la existencia de otros 11.496 puntos
de recarga instalados pero que no funcionan. Y el sector se queja de retrasos de 1 a 3 años en la instalación de postes de recarga, por los largos procesos administrativos para conseguir licencias, permisos y ayudas. Con ello, España
está muy lejos de los 83.500 puntos de recarga que debía tener instalados en
2024 para alcanzar el objetivo de 300.000 puntos de recarga en 2030.
El otro problema es que sólo una pequeña parte de estos puntos (4,7%) permiten
una recarga rápida de la batería (de 15 a 27 minutos) y sólo un 3,7% son de
carga ultrarrápida, lo que disuade el uso del coche eléctrico y más para
viajar. Eso restringe su compra a los que tienen una casa unifamiliar donde
recargarlo y a los que lo usan para ciudad, lo que provoca otro problema: los
seguros de los coches eléctricos son más caros (+17%
de media según la OCU), porque las aseguradoras argumentan que tienen
más riesgo de siniestros (al usarse más en ciudad) y sus averías son más
costosas.
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jueves, 30 de enero de 2025
EPA 2024: empleo y paro récords, pero...
El empleo cerró 2024 con la creación de 468.100
nuevos empleos, la 3ª mayor subida, tras 2021 (+840.600 empleos) y 2023 (+783.000). Y lo
más llamativo: el paro bajó al 10,61%, la menor tasa desde junio de
2008. Además, el empleo es de calidad: el 84,5% de los
asalariados tienen ahora un contrato indefinido. Pero no podemos
olvidar dos datos que pesan como una losa: España es el país con más
paro de Europa y la OCDE y tenemos una baja tasa de empleo, por lo
que necesitamos que trabajen otro millón largo de españoles más. No podemos “dormirnos
en los laureles”. Hay que seguir modernizando la economía e invirtiendo para
que trabaje más gente y baje más el paro. Habría que aprobar dos
medidas: un Plan de choque para los parados mayores, mujeres, jóvenes
y 6 regiones con alto paro y una reforma a fondo de las oficinas de empleo,
gestionadas por las autonomías, que no funcionan. Pero ambas medidas
exigen algo hoy imposible: acuerdos políticos, económicos y sociales. Enrique Ortega
Otro año más, las Navidades no han sido buenas para el empleo, que sólo creció en +34.800 personas en el 4º trimestre, un pequeño aumento, aunque mejor que en las Navidades de 2023 (-19.000 empleos) y 2022 (-81.900 empleos). Pero como el resto del año fue bueno para el empleo, sobre todo la primavera (+434.700 empleos en el 2º trimestre), 2024 se ha cerrado con 468.100 personas más trabajando en España, según la EPA publicada el martes. Es el tercer mejor año para el empleo desde la pandemia, tras los anteriores récords de 2021 (+840.600 ocupados) y 2023 (+783.000 ocupados). Con este nuevo aumento, ya trabajan en España 21.857.900 personas, otro récord histórico, que supera con creces el mejor dato de nuestra historia, las 20.646.000 personas que trabajaban en junio de 2008. Y desde antes de la pandemia (2019), España ha creado 1.891.000 nuevos empleos.
En 2024, el aumento del empleo (+468.100
ocupados) se ha dado más entre los hombres (+260.700) que entre las
mujeres (+207.400), concentrándose sobre todo en los mayores de 50 años
(+328.100 empleos, el 70% del total) y entre los más jóvenes (+104.300
empleos entre los menores de 24 años), cayendo sólo la ocupación entre 40 y 45
años. Un dato relevante es el mayor aumento del empleo entre los
extranjeros (+189.900 empleos, +5,72%) y con doble nacionalidad (+218.800 empleos, +21,95%) que entre los españoles
(+59.400 empleos, +1,30%), según el INE. Eso significa que sólo 1 de cada 8 empleos creados en 2024 han ido a españoles (el 12,6%), mientras el 87,4% del nuevo empleo fue para extranjeros y trabajadores con doble nacionalidad. Y que el 15,17% de los ocupados en
España (1 de cada 6,6 trabajadores) son extranjeros.
La mejora del empleo en 2024 se ha debido casi toda al sector
privado (+453.500 empleos) y apenas creció el empleo público
(+14.600 ocupados). Y el motor del empleo volvieron a ser los servicios (+424.600
empleos), sobre todo por el turismo, la hostelería, el comercio, creciendo
también en la industria (+55.300) y la construcción (+44.800), aunque cayó en
el campo (-56.600 ocupados en agricultura). Por autonomías,
el mayor aumento porcentual del empleo se ha dado en Asturias(+8,58%:
+33.900 empleos), Baleares (+5,80%: +32.700 empleos) y Navarra (+5,32%: +16.100 empleos),
aunque en cantidad total, quienes crearon más empleo fueron Madrid (+139.500),
Andalucía (+86.100) y Cataluña (+55.200). Y choca la caída del empleo en
el País Vasco (-43.200) y Murcia (-6.600) y Extremadura (-900).
El paro en 2024 ha bajado más entre las mujeres
(-167.100) que entre los hombres (-98.200), aunque hay más paradas
(1.362.600 frente a 1.232,900 parados) y tienen una mayor tasa de paro
(11,83% frente al 9,53% los hombres). Y el paro ha bajado especialmente entre
los que tienen de 25 a 54 años (-194.300 parados, el 73% de la bajada
total), bajando mucho menos entre los menores de 24 años (-26.600 parados). Con
ello, ha mejorado algo el paro entre los menores de 25 años
(del 28,36 al 24,90%), aunque sigue siendo altísimo y casi duplica al paro
juvenil en Europa (15,3% en la
UE-27), cuadruplicando el alemán (6,4%).
La histórica bajada del paro al 10,61% de los
activos no puede hacernos olvidar que hay 6 regiones con
una tasa de paro muy superior: Melilla (25,80%), Ceuta
(21,79%), Andalucía (15,76%), Extremadura (15,26%), Comunidad
Valenciana (12,33%) y Canarias (11,91%), mientras hay otras 8
autonomías que tienen una tasa de paro “casi europea”(5,9%
es la tasa paro UE-27): Navarra (6,60%), Aragón (7,62%), Cataluña
(7,87%), Asturias (8,09%, cuando tenía el 11,81% en 2023), País Vasco
(8,11%, aunque tenía el 6,33% de paro en 2023), Baleares (8,20%), Castilla
y León y Cantabria (8,23%), además de Madrid (8,58% de paro en
2024). Tampoco podemos olvidar que hay 833.500 hogares (el 4,3% del
total) con todos sus miembros en paro (la cifra más baja desde 2008).
Pero hay otros datos del paro que son muy
positivos. Uno, que ha subido el número de parados que reciben un
subsidio, tras la reciente reforma del desempleo: son 1.802.483
parados, el 70,38% de los parados registrados (eran el 61,53% en
2019) los que se benefician de
alguna ayuda, según
Trabajo (881.656 cobran un subsidio contributivo que ya está en 1.007
euros mensuales y el resto reciben un subsidio asistencial de 463
euros). Y otro, que siguen bajando los parados de larga
duración, los que llevan más de un año sin encontrar trabajo:
eran 999.700 parados a finales de 2024, el 38,51% de todos los
parados, la mayoría de ellos parados mayores de 45 años y mujeres (558.300).
Junto a la bajada histórica de la tasa de paro (al
10,61%), el
otro gran dato relevante de esta EPA 2024 es la calidad del empleo que
tenemos, no solamente que la cantidad (21.857.900 ocupados)
sea récord. Así, gracias a la reforma laboral (que entró en vigor en
marzo de 2022), en 2024 no sólo trabaja mucha más gente sino que sigue
aumentando el número de asalariados con contrato indefinido: eran 15.712.500
trabajadores, el
84,52% del total, cuando eran el 83,50% a finales de 2023 (y el 74,6%
a finales de 2021). En cambio, han bajado algo los ocupados a tiempo
completo (del 86,5% al 86%) y aumentan algo los trabajadores con contrato
a tiempo parcial (del 13,50 al 14%), que ya han superado los 3
millones a finales de 2024 (de esos 3.059.000 empleos parciales, 2.121.000
los tienen mujeres).
Ahora, en 2015, el Gobierno y los expertos creen que España
seguirá creando empleo, más que el resto de Europa pero menos que en
2023 y 2024, porque creceremos algo menos (+2,4%, frente al +3,2% en 2024).
La previsión
enviada por el Gobierno a
Bruselas, en octubre de 2024, apostaba por crear 1,6
millones de empleos entre 2024 (+556.132 empleos, aunque realmente
se han creado +468.100), 2025 (548.645 empleos) y 2026 (494.878
empleos), con el objetivo de que España roce
los 23 millones de empleos (22.989.350 en 2026) y baje su tasa de
paro del 10% en 2026 (ahora parece más factible).
Los datos
de la EPA 2024 indican que estamos en el buen camino para lograr
ambos objetivos. Pero el Gobierno Sánchez no puede “lanzar las
campanas al vuelo” con el empleo y el paro, por dos razones.
Una, porque seguimos siendo el país de Europa y de la OCDE (36 paises) con
la mayor tasa de paro: 10,61% en España frente al 5,9% en la
UE-27 y el
4,9% en la OCDE. Y la otra, porque la tasa de empleo en
España es mucho más baja que en Europa: a finales de 2023 trabajaban el
70,5% de los que tienen entre 20 y 64 años, frente al 75,3% que
trabajaban en Europa, el 74,4% en Francia o el 81,2% en Alemania, según
Eurostat. A lo claro :que España tiene todavía 1,14 millones de
personas menos trabajando que las que deberíamos tener si fuéramos como la
media europea. Y que trabajan 2,5 millones de españoles menos de los que
deberían trabajar si tuviéramos la tasa
de empleo de Alemania.
Ese es nuestro gran reto: reformar la economía para
que ofrezca empleo a más gente (entre 1 y 2 millones más) y eso
permita reducir la tasa de paro “a niveles europeos”. En eso
deberíamos centrarnos a medio plazo, sin regodearnos en los récords. Y
eso implica tomar 2 medidas a corto plazo, que exigen (¡ cómo no¡ ) un
pacto político económico y social. Una, aprobar un
Plan de empleo, para fomentar la contratación de parados mayores de 45
años, mujeres y jóvenes, sobre todo en esas 6 regiones con más paro que la
media, canalizando inversiones públicas y privadas e incentivos a las contrataciones.
Y la otra medida, reformar
de verdad las oficinas de empleo, porque no ayudan a los parados a
recolocarse. Pronto van a cumplirse 2 años de la
Ley de Empleo (entró en vigor el 2 de marzo de 2023) y no ha
funcionado: ni se ha hecho un perfil de los parados ni se les ayuda
individualmente a colocarse. De hecho, las oficinas de empleo sólo
colocan a menos del 3% de los parados y menos
del 10% de los desempleados hacen cursos de formación (largos y poco
útiles). Y en la web del
SEPE sólo hay registradas 81.000 empresas y 26.227 ofertas de
empleo. Urge cambiar la operativa y dotar de medios a estas oficinas, gestionadas
por las autonomías (cada una a su aire).
En resumen, España crece y crea más empleo que el resto de
Europa, pero no podemos "dormirnos" en los récords. Porque seguimos con un grave problema de fondo: trabaja menos gente y tenemos más paro que Europa. Resolverlo debería ser el gran reto y el primer objetivo de todo lo que hagamos, porque
es la clave para mejorar el futuro. Pero no podemos hacerlo sin grandes
acuerdos económicos, políticos y sociales. Y hoy son imposibles.
Otro año más, las Navidades no han sido buenas para el empleo, que sólo creció en +34.800 personas en el 4º trimestre, un pequeño aumento, aunque mejor que en las Navidades de 2023 (-19.000 empleos) y 2022 (-81.900 empleos). Pero como el resto del año fue bueno para el empleo, sobre todo la primavera (+434.700 empleos en el 2º trimestre), 2024 se ha cerrado con 468.100 personas más trabajando en España, según la EPA publicada el martes. Es el tercer mejor año para el empleo desde la pandemia, tras los anteriores récords de 2021 (+840.600 ocupados) y 2023 (+783.000 ocupados). Con este nuevo aumento, ya trabajan en España 21.857.900 personas, otro récord histórico, que supera con creces el mejor dato de nuestra historia, las 20.646.000 personas que trabajaban en junio de 2008. Y desde antes de la pandemia (2019), España ha creado 1.891.000 nuevos empleos.
El aumento del empleo (+468.100) ha sido mayor que la
bajada del paro, que se ha reducido en -265.300 personas en todo 2024, debido
a que han vuelto a subir “los activos”, las personas que se han
“animado” a buscar trabajo (han crecido en +202.800), alcanzando otro récord
histórico (24.453.300 “activos”). Con todo, este año 2024 ha habido muchas
menos personas que se han “animado” a buscar trabajo, sólo +202.800 frente a +682.400
en 2023 (la tercera parte). Eso puede deberse a una menor entrada de
extranjeros y a que hay menos mujeres y jóvenes que buscan ahora trabajo. La
consecuencia es que tenemos una cifra de parados de las más bajas de nuestra
historia: 2.595.500
parados a finales de 2024. Y
una tasa de paro del 10,61%, que ha bajado del 11% por primera vez
desde junio de 2008 (entonces era del 10,36%), aunque todavía no hemos
alcanzado “el suelo” de junio de 2007 (cuando la tasa de paro era del 7,93%).
El paro ha bajado
sobre todo en los servicios (-100.000 parados) y entre los que perdieron
su empleo hace más de un año (-109.100 parados) y los que lo buscan por 1ª vez
(-56.200 parados), estancándose la cifra de parados en industria, construcción
y agricultura. Y resalta la bajada del paro en Asturias
(-27,32%), Navarra (-26,99%), Canarias (-26.67%) y Baleares
(-24,75%), quizás por el turismo, mientras destaca la subida del paro en
2024 en el País Vasco (+24,88%). Murcia (+18,32%) y Cantabria (+14,69%), según la EPA.
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lunes, 27 de enero de 2025
Medicamentos: bajada y cambio copagos
Ha pasado desapercibido, pero el 1 de diciembre bajaron
miles de medicamentos, muchos sólo unos céntimos, aunque supone un
ahorro de 65 millones en nuestras compras en farmacias. Son ya 15
años con rebajas anuales, para compensar la subida del gasto
farmacéutico, que sigue en cifras récord. Una rebaja que tiene dos
efectos negativos: hunde los ingresos de las farmacias pequeñas
(imprescindibles) y fomenta que “falten” algunos medicamentos (766 ahora), porque a los laboratorios no les compensan los bajos precios (la
mitad de las medicinas cuestan menos de 5 euros) y las exportan a
paises europeos donde cuestan más. Para asegurar el suministro y la
investigación, el Gobierno ha pactado con las farmacéuticas una Estrategia
2024-28, para potenciar esta industria y conseguir que España sea más autosuficiente (también Europa). Además,
en unas semanas, aprobará nuevos copagos para los medicamentos:
los que ganen menos de 35.000 euros pagarán igual y el resto algo más, para controlar
el gasto en recetas y reducir el despilfarro. Evitemos tener una farmacia
en casa. Enrique Ortega
El gasto farmacéutico imparable ha sido y es una obsesión de todos los Gobiernos, porque cada vez vivimos más, hay más atención sanitaria, crecen las enfermedades crónicas y aparecen medicamentos innovadores (más costosos). En España, el gasto farmacéutico se disparó en 2009, con un récord de recetas (casi 1.000 millones) y 12.505 millones de gasto en recetas y otros 4.000 millones más de gasto farmacéutico en hospitales. A partir de 2010, se empezaron a bajar cada año “los precios de referencia”, un sistema creado en 1997 por el que la sanidad pública (el SNS) sólo financia un precio máximo por cada medicamento recetado y si el fármaco tiene un precio superior, el farmacéutico está obligado a suministrar al paciente un medicamento más barato, preferentemente un genérico (con la patente caducada), que ya suponen el 66% de los fármacos vendidos en España.
Esta rebaja
de los precios de referencia (normalmente el 1 de enero, aunque en
2016 se hizo dos veces) supone que cada año se fijan los nuevos precios
máximos de muchos medicamentos, para conseguir un ahorro del gasto. Esta vez, la
rebaja entró en vigor un mes
antes, el 1 de diciembre de 2024, y afecta al precio
de 17.655 medicamentos (13.933 que se venden en farmacia y 3.722 que se
dispensan en hospitales. Sanidad
señala que esta nueva rebaja de los precios de referencia supone un
ahorro total de 139,05 millones de euros en 2025, la mayor parte para
los usuarios que compramos medicinas en las farmacias (65,54 millones de ahorro)
y el resto (73,51 millones) para los hospitales.
Esta rebaja global (-139,05 millones) es menor
que la de los últimos años (fue de -217,89 millones en 2024, -270,89 en 2021,
-234,13 en 2022 y -170 millones en 2021), pero este es el año en que se produce
la mayor rebaja a los medicamentos que se venden en las farmacias
(-65,54 millones, frente a -57,13 en 2014, -41,75 en 2023, -64,72 en 2022 y -43,92
en 2021). Quizás no haya notado esta rebaja cuando haya ido con su
receta a la farmacia, porque los
nuevos precios bajan sólo unos céntimos o pocos euros en el PVP. Por
ejemplo, Crestor, un medicamento para el colesterol, baja de 9,85 a 9,83
céntimos (-0,20%). Aldactone, un diurético, baja de 3,62 a 2,50 euros (-30,94%).
Deltius (Vitamina D) baja de 15,61 a 9,37 euros (-39,97). Finasterida
(para la hiperplasia de próstata) baja de 2,92 a 2,50 euros (-14,38%).
Y Janumet (un antidiabético), baja de 28,1 a 27,3 euros (-2,70%).
Otra vía menos conocida, que utiliza el Gobierno (éste y los
anteriores) para frenar la factura farmacéutica es la
revisión mensual de precios de algunas medicamentos (pocos) según van
caducando las patentes y entran los genéricos: cada mes, Sanidad envía una
comunicación a los Colegios farmacéuticos con los precios que bajan y el precio
máximo que paga el SNS por esos medicamentos con receta. Y la farmacia rebaja el
PVP del medicamento afectado: si el laboratorio de marca no baja su precio,
estará obligada a vendernos un genérico.
Por las dos vías, los precios de los medicamentos que
compramos llevan
15 años bajando, aunque apenas lo notamos porque suelen
ser unos céntimos y además nosotros no pagamos el PVP del medicamento,
sino el
copago que nos corresponde (del
10 y 40% al 60% máximo, según seamos pensionistas o activos y nuestros
ingresos). Pero los que sí notan esta rebaja, de forma negativa,
son las farmacias y los laboratorios farmacéuticos, que critican este
sistema de precios de referencia y las rebajas mensuales porque reducen mucho sus
ingresos y apenas suponen un ahorro del gasto farmacéutico, que
sigue al alza.
El primer impacto de la bajada de precios (anual y mensual) lo
sufren las
22.222 farmacias españolas, sobre
todo las más pequeñas (3.000 venden menos de 300.000 euros anuales) y
especialmente las 707 farmacias “con viabilidad económica
comprometida” , la mayoría rurales. Lo que les sucede a la mayoría
de farmacias es que dispensan muchas
más recetas que hace años y facturan menos. Eso pone en riesgo la
viabilidad económica de muchas farmacias, claves en la atención sanitaria
de los españoles, como se vio claramente durante la pandemia:
ven reducir sus ingresos mientras les aumentan sus costes. Y tratan de
buscar alternativas en las ventas sin receta (cremas y demás), que les
suponen el 30% de los ingresos. Pero el núcleo de su actividad, las recetas
(70% ventas), se resiente cada año.
Otro impacto negativo de estas bajadas de precios lo sufren los
laboratorios farmacéuticos. Tras 15 años de rebajas impuestas, los
medicamentos en España son
los más baratos de Europa, un 15% por debajo del precio medio en la
eurozona. Y tras cada bajada (anual y mensual), muchos laboratorios se ven
desincentivados a vender en España, donde más de la mitad de los
medicamentos (55,9%) cuestan menos de 5 euros y el 37,9% cuestan menos de
2,5 euros (sólo el 14,8% de los fármacos valen más de 20 euros), según
Farmaindustria. Y esos son precios de venta al público (PVP), porque nosotros pagamos mucho menos, por los copagos (la mayoría, del 10 al 40% del PVP), con lo que la mayoría de las medicinas nos cuestan menos que un café o una cerveza... Estos bajos precios de venta en España provocan dos problemas:
hay desabastecimiento de algunos medicamentos (porque ya no les compensa
fabricarlos) y otros “se desvían” a la venta en paises del centro y
norte de Europa, donde se cobran más caros que en España.
El problema es serio porque estos bajos precios son
una de las causas del desabastecimiento de algunos medicamentos
en España, junto a otras (como los problemas de producción de principios activos
en paises emergentes o en las cadenas internacionales de suministro). Y cada
vez hay más medicamentos “en falta” en las farmacias. Ahora hay 766
medicamentos en falta, según la
web de la Agencia del Medicamento, que quita importancia al problema
señalando que afecta
sólo al 4,28% de las presentaciones. Pero inquieta a los que
necesitan Concerta (para su hijo con TDAH), Ozempic (para la
diabetes), Kreon (para el cáncer de páncreas), Hydrea (para la
leucemia) o Pylera (para el Hellycobacter Pilori), sólo 5 ejemplos de fármacos
ahora “en falta” (aunque se pueden sustituir por otros).
La cuestión de fondo es que rebajar año tras año
los precios de los medicamentos no parece la mejor solución para frenar
el gasto farmacéutico, mientras afecta negativamente a las cuentas de las farmacias
y a los laboratorios. De hecho, la factura farmacéutica se moderó en los
primeros años de aplicación de los precios de referencia (2010) y con la
implantación de los copagos (Rajoy en julio de 2012), pero
después ha
seguido creciendo, por el envejecimiento de la población, la mayor
atención sanitaria, el aumento de las enfermedades crónicas y la irrupción de
medicamentos innovadores. Y por otra causa de la que poco se habla: los
médicos tienen cada vez menos tiempo para atender a sus pacientes y se
ven presionados a recetar a tutiplén, mientras todos gastamos de
más en medicamentos (muchos nos cuestan, con los copagos, menos que un
café o una cerveza) y tenemos “una farmacia en casa”.
La consecuencia es que el gasto en
farmacias no ha parado de crecer, después de bajar entre 2009
(máximo de 12.506 millones) hasta 2013 (9.183
millones): subió a 10.792 millones en 2019 y a 12.720 millones en
2023 (otro máximo). Y en
2024, el gasto fue de 12.217
millones hasta noviembre, con lo que alcanzará otro récord histórico:
13.300 millones y 1.200 millones de recetas ( ojo, son 3,3
millones de recetas diarias). Y a este gasto en farmacias hay que sumar
el
gasto farmacéutico en hospitales, que se ha disparado, pasando
de 6.579 millones en 2015 a 7.489 en 2019 y 9.603 millones en 2023. Y a la
vista de los
datos hasta octubre, 2024 se cerrará con 10.720 millones de
gasto farmacéutico en hospitales. En total, 24.020 millones de gasto
farmacéutico en 2024.
Una cifra que “asusta”, porque supone el 20% del
gasto sanitario en España. Sin embargo, algunos
expertos creen que estamos en un gasto farmacéutico “asumible”,
porque supone un porcentaje del PIB (1,55%) inferior al de 2009 (1,70%) y 2021
(1,72%), como en 2003 (1,56%). Y porque nuestro gasto farmacéutico por
habitante (284,4 euros en 2022) es más bajo que el de la eurozona (425,9 euros/habitante)
y que el de paises como Alemania (643,4 euros/habitante), Francia (491,1),
Italia (326,5) o Finlandia (319), según
Farmaindustria. Y además, el 80% de los medicamentos (unidades) que
se venden en las farmacias están a precio de genérico. Y donde compiten,
los genéricos tienen ya una cuota del 66%.
Con todo, preocupa el elevado gasto farmacéutico,
porque irá a más a medida que aparezcan nuevos medicamentos innovadores
contra más enfermedades, a un alto coste. Por eso, ya desde la época de
Montoro (ministro de Hacienda con Rajoy), los distintos Gobiernos han
pactado con la industria farmacéutica (Farmaindustria) para intentar
controlar la subida de la factura farmacéutica, por distintas vías
(desde los precios de referencia a las revisiones anuales y la negociación del
precio de nuevos fármacos). Y tras la pandemia, donde quedó clara
la dependencia exterior de Europa y España en suministros farmacéuticos, Bruselas
se ha obsesionado con asegurar un mayor autoabastecimiento farmacéutico para
Europa, reforzando la industria farmacéutica europea.
En este contexto, el Parlamento Europeo aprobó, en noviembre
de 2021, la
Estrategia Farmacéutica Europea, que contempla ayudas públicas a la
investigación para conseguir nuevos fármacos “europeos” a precios asequibles,
potenciando las compras públicas (como se hizo con las vacunas) y tratando de
fortalecer a los laboratorios europeos. En ese camino, el Gobierno español
aprobó, ya en noviembre de 2021, un Plan, el
PERTE de Salud de Vanguardia, para movilizar y financiar la fabricación
de medicamentos y terapias innovadoras, destinando 982 millones de Fondos
europeos en 2022 y 2023.
Este Plan ha dado sus frutos, consolidando a España como
el 2º país del mundo (tras EEUU) con más ensayos clínicos de
nuevos fármacos. Y en diciembre de 2022, los directivos de las 14 principales
multinacionales farmacéuticas y grandes laboratorios españoles acudieron
a la Moncloa para ofrecer al presidente Sánchez su colaboración para
convertir a España en un “polo europeo” de producción de nuevos medicamentos,
al igual que somos el 2º mayor fabricante europeo de automóviles: se
comprometieron a invertir 8.000 millones de euros entre 2023 y 2025
para impulsar la investigación y producción de nuevos fármacos en España, donde
las
farmacéuticas tienen 174 plantas y emplean a 54.965 trabajadores, con
una facturación de 23.000 millones de euros. A cambio, el Gobierno se
comprometió a elaborar con ellos un Plan Estratégico a medio plazo, para
asegurar el futuro del sector, garantizar el autoabastecimiento y colaborar en
la sostenibilidad del gasto farmacéutico.
Recientemente, en diciembre de 2024, el Gobierno ha aprobado
la
Estrategia de la Industria Farmacéutica 2024-2028, con la colaboración
del sector. Se trata de una
“hoja de ruta” para garantizar el acceso a medicamentos de
calidad, fomentar la innovación y asegurar la estabilidad presupuestaria
con un gasto farmacéutico “asumible”, buscando que España sea uno de los paises
líderes de la industria farmacéutica europea. Dentro de esta estrategia a medio
plazo se incluyen medidas para evaluar la eficacia y el coste de los
medicamentos y un nuevo sistema de fijación de precios, concretado también en diciembre, con la
aprobación de un Decreto-ley para una nueva regulación de los
precios de los medicamentos, que busca reforzar los genéricos y
biosimilares, además de mejorar los criterios de inclusión de nuevos
medicamentos, con más participación de médicos y pacientes.
En paralelo, Sanidad aprobará en las próximas semanas
una
nueva Ley del Medicamento (la actual es de 2006), que permitirá recetar
a enfermeras y fisioterapeutas, facilitará la sustitución de medicamentos por
los farmacéuticos, dará más poder a la Agencia del Medicamento para prevenir desabastecimientos
y, sobre todo, cambiará el actual sistema de copagos (impuestos
por Rajoy en 2012). Por
lo que se ha filtrado, el cambio está en que se cambian los 3 tramos de
ingresos actuales por
6 tramos; pagarán lo mismo los activos que ganen
menos de 18.000 euros (40% copago) y hasta 35.000 euros (50%), pero pagarán más
los que ganan de 35.000 a 65.000 (55%, ahora 50%) y de 60.000 a 100.000 (60%,
ahora 50%), así como los que ganan más de 100.000 (65% copago, ahora 60%). Y en
cuanto a los
pensionistas, seguirán pagando un copago del 10% si la pensión está
por debajo de 60.000 euros, subiendo al 60% los que reciben de 60.000 a 100.000
euros de pensión (ahora pagan el 10%) y el 65% los que reciben más de 100.000
(ahora su copago es el 60%), subiéndoles también el límite mensual si reciben
entre 60.000 y 100.000 euros de pensión.
En resumen, que los medicamentos nos cuestan algo menos
desde el 1 de diciembre, pero lo importante es conseguir que
tengan un precio “suficiente”
para que las pequeñas farmacias no tengan que cerrar y a los laboratorios les
compense fabricarlos. Y para asegurar el abastecimiento y que las farmacéuticas
investiguen y ofrezcan nuevos fármacos. Europa
y España han aprobado Estrategias a medio plazo, que garanticen
fármacos, ingresos, investigación y precios asumibles, para los países y
pacientes. Y además, se van a modificar los copagos, para que
trabajadores y pensionistas paguen en función de sus ingresos reales, para reducir el despilfarro de medicamentos. Nos jugamos la salud
y el bolsillo.
El gasto farmacéutico imparable ha sido y es una obsesión de todos los Gobiernos, porque cada vez vivimos más, hay más atención sanitaria, crecen las enfermedades crónicas y aparecen medicamentos innovadores (más costosos). En España, el gasto farmacéutico se disparó en 2009, con un récord de recetas (casi 1.000 millones) y 12.505 millones de gasto en recetas y otros 4.000 millones más de gasto farmacéutico en hospitales. A partir de 2010, se empezaron a bajar cada año “los precios de referencia”, un sistema creado en 1997 por el que la sanidad pública (el SNS) sólo financia un precio máximo por cada medicamento recetado y si el fármaco tiene un precio superior, el farmacéutico está obligado a suministrar al paciente un medicamento más barato, preferentemente un genérico (con la patente caducada), que ya suponen el 66% de los fármacos vendidos en España.
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